0

Activia de Danone

Todo lo que un yogur puede hacer por ti

En Ufesa estamos tan contentos con nuestra yogurtera que queremos conocer todo sobre el yogur. ¿Cuántos yogures debemos tomar al día?, ¿son tan beneficiosos como dicen?, ¿cómo ayudan a nuestro organismo? Te contamos aquí todos los beneficios de este delicioso manjar, pero antes…

¿Cómo se hace el yogur?

El yogur es un producto lácteo que se obtiene a través de la fermentación de la leche. En este proceso, en el que intervienen microorganismos -Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus – el azúcar que contiene la leche se convierte en ácido láctico. El resultado es un conjunto de microorganismos muy beneficiosos para nuestro organismo. De ahí que el yogur sea un alimento probiótico.

  1. El yogur contiene entre 10 y 100 millones de microorganismos vivos que nos ayudan a regenerar la flora intestinal y evitar futuras infecciones.
  1. Tiene un ingrediente fundamental para la salud de nuestros huesos: el calcio. Eso sí, para que el calcio pase a los huesos es imprescindible hacer ejercicio.
  1. Es rico en vitaminas y minerales, con calcio, magnesio, potasio, fósforo y vitaminas A, D y del grupo B.
  1. Mejora el tránsito intestinal: al ser un alimento probiótico, el yogur ayuda a mantener la flora intestinal en buenas condiciones, lo que evita alteraciones.
  1. Facilita la digestión: contiene menos lactosa que la leche de vaca, por lo que los intolerantes a la lactosa lo toleran mejor. Si no es así, siempre podemos hacer nuestro propio yogur casero con leche vegetal, de soja, almendra, coco…

¡Estos son los 5 beneficios del yogur! Si quieres disfrutar de todos ellos, no hay nada como un yogur casero y natural. Podemos hacerlos fácilmente en la yogurtera, como podrás ver en este vídeo, y añadirles después los ingredientes que más nos gusten (miel, virutas de chocolate, cereales, fruta…)

¿Cuántos yogures debemos tomar al día?

Más que una cantidad de yogures al día, se recomienda consumir 1.000 mg de calcio. Puede ser leche, yogures, queso, natillas, salsa bechamel… Todos los productos elaborados con leche. Para que nos hagamos una idea, cada uno de los siete vasos de la yogurtera contiene 200 ml de yogur, por lo que dos raciones de yogur al día sería la cantidad idónea.

Hay que tener en cuenta que los yogures tienen un alto nivel calórico y que debemos integrarlos en una dieta variada, en la que haya también otros productos.

¡Te proponemos dos consejos!

Utiliza el yogur para hacer salsas saludables. Su aroma combina a la perfección con la ensalada y con carnes blancas de ave.

Desayuna cuenco de yogur con cereales, es una buena manera de empezar el día. No sólo mejorará tu flora intestinal, sino que te dará toda la energía necesarios para afrontar tu día.

Y tú, ¿cómo integras el yogur en tu dieta diaria? ¡Compártelo con nosotros en nuestro Facebook! 😉

El yogur es un producto lácteo fermentado que se obtiene al inocular en la leche un cultivo de microorganismos, sobre todo Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus. En el proceso de fermentación la leche se coagula, una parte de la lactosa (el azúcar de le leche) se transforma en ácido láctico y se producen otros compuestos, en su mayoría ácidos.

Este alimento tiene un valor nutricional similar al de la leche: aporta una cantidad de lactosa algo inferior a esta y es una fuente excelente de calcio y fósforo. También es rico en proteínas y lípidos (grasas) que están parcialmente digeridos, por eso resulta tan digestible.

Se estima que los niños deben tomar entre dos y cuatro raciones al día de lácteos (dos yogures equivalen a una ración), en los que se incluyen los platos que se elaboran con leche (natillas, arroz con leche, bechamel, etc.).

Consumir una cantidad superior de lácteos impide que el niño tome otros alimentos importantes para su salud (como la fruta, que aporta fibra y vitaminas) y contribuye a la aparición de algunos trastornos digestivos, como el estreñimiento.

No todos los productos lácteos que hay en el mercado son yogures. Los que han sido fermentados por gérmenes distintos a los del yogur (por ejemplo, por Lactobacillus), no se consideran yogur, sino leches fermentadas.

En los últimos años las marcas han desarrollado una gran variedad de leches fermentadas, a las que se atribuyen propiedades beneficiosas para la salud. Sin duda pueden ser interesantes, aunque por el momento no hay datos que demuestren estos efectos.

Son muchos los alimentos sobre los que se han generado interesantes debates en relación con sus beneficios y sus inconvenientes desde un punto de vista nutricional. Un ejemplo muy claro es el huevo, como demuestra el hecho de que si bien hasta no hace mucho se recomendaba limitar su consumo, ahora se insiste en que no hay pruebas que inviten a tomar como indiscutible tal limitación. Pero no es el único. Desde hace algún tiempo el yogur se ha puesto bajo el foco, de tal modo que muchas voces reclaman que no es tan saludable como siempre se ha creído. Esta visión negativa se ha extendido, sobre todo, a partir de un estudio que realizó en Reino Unido que demostró que la mayoría de yogures contienen azúcares en una proporción muy por encima de los parámetros recomendados por la OMS.

Por fortuna, para los amantes de los lácteos en general, y de los yogures en particular, existen algunas variedades que escapan de esta situación. De entre todos los tipos de yogur analizados, los únicos que recibieron una opinión positiva fueron los naturales y los griegos. El análisis demostró que estas variedades sí son saludables y pueden consumirse sin mayores problemas. De hecho, existen estudios que demuestran que no solo no son perjudiciales, sino que además son una buena fuente de calcio, vitamina D, potasio y proteína. Un hecho que es reconocido por entidades de diferentes países, como la Fundación Española del Corazón o la Oficina de Prevención de Enfermedades y Promoción de la Salud de Estados Unidos, quien así lo confirma en su Guía de pautas dietéticas 2010-2015. En esta guía, además, se apunta a que el yogur puede ser considerado un alimento muy recomendable para las personas que sufren diabetes del tipo 2, siempre que, evidentemente, no contenga azúcares añadidos.

Una de las características de los yogures, al igual que otros alimentos fermentados, es que contienen unas bacterias llamadas probióticos. Diversos estudios científicos parecen estar de acuerdo en que estos probióticos mejoran la salud intestinal. Aunque es un ámbito en el que todavía se está trabajando para obtener pruebas concluyentes, sí parece existir un consenso en que las bacterias intestinales pueden estar relacionadas con otras condiciones de salud, tales como la diabetes y la obesidad.

Un estudio publicado en el International Journal of Preventive Medicine en 2016 mostró que el consumo de yogures probióticos favoreció una reducción significativa en la presión arterial, en los niveles de glucosa en sangre, en marcadores inflamatorios y en colesterol.

Otras investigaciones apuntan a que el consumo de yogur podría estar asociado con niveles más bajos de resistencia a la glucosa y la insulina, así como a una presión arterial sistólica más baja. En esta línea encontramos un análisis de trece estudios publicado en el Journal of Nutrition en 2017, que concluyó que el consumo de yogur, como parte de una dieta saludable, puede reducir el riesgo de diabetes tipo 2 en adultos sanos y adultos mayores.

Otro estudio, también publicado en 2017, esta vez en Evidence-Based Care Journal, sugería que las personas con diabetes tipo 2 que consumían tres porciones de 100 gramos de yogur probiótico por día tenían menos glucosa en la sangre, colesterol y presión arterial diastólica que un conjunto de individuos que no consumió yogur.

El yogur griego es valioso por sus valores nutricionales. Carrefour

Yogur sí, pero no cualquiera

Si bien, como hemos visto, los yogures son un complemento muy adecuado en la dieta de personas con diabetes, no todos son iguales. Desde hace algún tiempo, los consumidores han podido observar como los espacios reservados a este alimento cobijan cada vez una mayor variedad, desde la elaboradas con recetas más tradicionales hasta el yogur líquido, muy querido por los niños, pasando por innovadores versiones como las que incorporan un extra de proteínas.

A pesar de que todos estos se adaptan a la definición de yogur, la realidad es que cada uno de ellos posee unos valores nutricionales muy diferentes. Uno de los elementos diferenciales más importantes es el azúcar añadido. Por eso, las personas con diabetes deben tener un especial cuidado en escoger bien cuál se lleva a casa. Una buena opción es el yogur natural, sin ningún tipo de edulcorante ni sabor añadidos. Pero no es el único.

El yogur griego es otra muy buena posibilidad. La diferencia con el yogur normal se basa en el proceso de elaboración, ya que se cuela para eliminar el suero líquido y la lactosa. De esta forma se consigue un producto hace más grueso y cremoso. Y muy saludable, también para quienes sufren diabetes, ya que el yogur griego sin azúcar puede contener hasta el doble de proteínas y la mitad de los carbohidratos del yogur normal. Eso sí, deben tener en cuenta que el yogur griego de leche entera puede contener casi tres veces la grasa del yogur normal. Si esto resulta un inconveniente, basta con que, siempre que sea posible, se inclinen por bajas en grasa o sin grasa.

Otra magnífica alternativa es el kéfir, una bebida láctea con un enorme parecido al yogur, pero con un sabor agrio, ácido y ligero. La diferencia con el yogur se debe al proceso de elaboración, ya que se utilizan unas pequeñas perlas gelatinosas que contienen una variedad de bacterias y levaduras que se encargan de fermentar la lactosa en ácido láctico. en un proceso que dura unas 24 horas. Además de no contener ningún tipo de azúcares, algo fundamental en estos casos, se caracterizan por ser una muy buena fuente de proteínas, calcio y probióticos.

Además, aporta otros muchos beneficios: ayuda a mantener el nivel de azúcar en la sangre más bajoque cuando se consume leche fermentada de forma convencional; que sus probióticos juegan un papel importante en el colesterolque el cuerpo absorbe de los alimentos; facilitala digestión de la lactosa, mejora la salud intestinal, y tiene un potencial beneficioso contra enfermedades como la gastroenteritis, infecciones por hongos e infecciones vaginales. Por último, también es muy útil para controlar el peso y en la lucha contra la obesidad.

Activia, ¿ayuda a tu digestión y te hace sentirte bien?

Si te digo que una leche fermentada que a todas luces parece un yogur (aquí puedes ver por qué no son lo mismo) “ayuda a tu digestión”, ¿a qué crees que debe estas virtudes?

A los microorganismos que contiene. Concretamente a los bífidus.

¿Tajantemente verdad?

Pues otra vez la respuesta es otra. Y de nuevo tu memoria te está jugando una mala pasada.

Porque esos beneficios que Danone está anunciando a todas horas con la imagen de Maribel Verdú y el reclamo “Únete al desafío” tienen poco que ver (nada) con las virtudes de sus bacterias.

¿No te lo crees? Mira, mira.

Desmontando el anuncio de Activia

A ver, porque esto parece “De los creadores de los cereales que te van a cambiar la vida llega el yogur que te hará sentirte bien”.

Y no me lo estoy inventando o exagerando. La campaña se promociona en las redes sociales con la etiqueta #SentirseBien.

En qué consiste.

Pues de nuevo tenemos una mujer conocida prestando su imagen para hablar de los beneficios que tiene una leche fermentada sobre su digestión.

La idea de la campaña es que al empezar el año todos tenemos desafíos a los que enfrentarnos.

No está escogido al azar el término. Desafío. Un reto, un objetivo que alcanzar. Motivación a tope.

Incluye una serie de videos con “gente muy normal” hablando de cuáles son sus propósitos (todos relacionados con un estilo de vida saludable) y todo muy de andar por casa, que conecte con los consumidores que verán el anuncio.

A partir de aquí ya aparece Maribel Verdú hablándonos de su desafío que es “hacer algo que me ayude a sentirme bien por dentro”, con la cámara enfocando a si barriga.

¿Quedan pocas dudas de a qué se refiere verdad?

Luego animan a participar en el desafío subiendo un vídeo a las redes sociales en el que cuentes con un Activia en la mano cómo te sientes después de comer Activia (supongo que si estás deprimido no encaja con lo que están buscando) y puedes ganar 14.000€ (si te parece una oportunidad fantástica llegas tarde, acaba de terminar la promoción).

Como todas las campañas, la han movido en las redes sociales tirando de más caras conocidas como Nuria Roca, Vanessa Lorenzo, Judit Mascó, Marta Hazas o David Bustamante que, en imágenes aparentemente naturales, con fotos o videos sacados con apariencia de haber sido hechos por ellos mismos (ejem) en plan selfie, están felicísimos por haber aceptado el desafío.

Y se retan unos a otros a seguirlo.

Todo como muy espontáneo. Una fiesta vaya.

Y hasta aquí podrías decir que no es nada que no se haya hecho ya con este tipo de anuncios que prometen de una manera velada (la mano en la tripa) que nuestra salud intestinal va a mejorar gracias a que nos comemos su producto.

Porque desde hace años, aunque los anuncios no lo digan, tenemos asociado el consumo de productos fermentados con bífidobacterias con una mejora del tránsito intestinal (José Coronado mediante).

Es lo que tiene la buena publicidad, que el mensaje se queda en nuestra memoria y da igual que desde la entrada en vigor del Reglamento 1924/2006 (y con su consecución en la publicación de la lista de propiedades saludables con el Reglamento 432/2012) no se puedan hacer alegaciones sobre los microorganismos de las leches fermentadas porque la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no les reconoce ninguna propiedad.

Y por lo tanto no está autorizado el uso de estas alegaciones.

La EFSA no reconoce ninguna propiedad a los microorganismos de los yogures y no está autorizado el uso de estas alegaciones.

El mensaje quedó ahí y parece inmutable.

José Manuel López Nicolás habla de ello en su blog y de cómo el mensaje “Barrigas felices” (que claro, no es una alegación de propiedades saludables) nos remite de nuevo a nuestro tránsito intestinal (si, es un truquillo).

Pero esta vez hay una diferencia. Importante.

Porque en esta campaña sí se habla directamente de que “Activia ayuda a mi digestión”.

Y esta sí es una alegación de propiedad saludable y por lo tanto tiene que cumplir con el Reglamento 1924/2006 y el Reglamento 432/2012.

¿Cómo lo hacen?

Pues si te fijas en el anuncio y en la página web, verás que en algún sitio pone “Activia contiene cloruros presentes de forma natural, que provienen de las sales minerales, y que contribuyen a una digestión normal mediante la producción de ácido clorhídrico en el estómago.”

Fuente https://desafio.activia.es/

Y resulta que los cloruros sí que tienen reconocida esta alegación de propiedades saludables “contribuyen a una digestión normal mediante la producción de ácido clorhídrico en el estómago” y por lo tanto se puede usar en el etiquetado y la publicidad de este producto.

De este producto y de todos los que contengan cloruros, siempre que cumplan con una cantidad mínima.

Las condiciones que el Reglamento 432/2012 establece para poder hacer esta declaración de propiedades saludables es que se utilice en ”alimentos que son, como mínimo, fuente de cloruro de acuerdo con la declaración FUENTE DE Y/O que figura en el anexo del Reglamento (CE) no 1924/2006”.

Y que “no podrá utilizarse esta declaración si el cloruro procede del cloruro sódico” (o sea, de la sal).

Puede ser considerado una fuente de cloruro, según el Reglamento 1924/2006, si el producto contiene como mínimo una cantidad significativa tal como se define en el Anexo de la Directiva 90/496/CEE.

La Directiva 90/496 está derogada por el Reglamento 1169/2011, que es el que se aplicaría y que nos indica que la cantidad significativa es “el 15 % de los valores de referencia de nutrientes especificados en el punto 1 (para el cloro el valor de referencia es 800mg), suministrado por 100 g o 100 ml, en el caso de los productos distintos de las bebidas” o “15% de los valores de referencia de nutrientes especificados en el punto 1 por porción, si el envase solo contiene una porción”.

Hacemos las cuentas y el 15% de 800mg es 120mg.

Una cantidad de cloruros que según la opinión científica de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (en la que se basa la Comisión Europea para admitir la alegación) es “fácil de consumir como parte de una dieta equilibrada”.

En España, las Ingestas Dietéticas de Referencia de cloro están entre 2000mg y 2300mg al día, que obtenemos de alimentos como el queso, los cereales y hasta del agua.

¿Y sabes cuánto cloruro tiene un envase de Activia?

Lo has adivinado: 120mg.

No voy a ser mala.

En realidad, 120mg en unos envases que comercializa con 120g de producto (una cantidad no muy convencional, se suelen vender en formatos de 125g) y 125mg en los envases de 125g.

O lo que es lo mismo: 100mg de cloruro por cada 100g de producto.

Que, en envases de 120mg cumple milimétricamente con el requisito de contener el 15% de los valores de referencia de nutrientes especificados en el punto 1 (800mg) por porción, si el envase solo contiene una porción.

Ni un miligramo más (ni uno menos, seamos justos) de lo que exige la normativa para poder hacer la alegación de propiedades saludables.

En los envases de 125g incluso “sobran” 5mg para poder declarar que contribuyen a una digestión normal mediante la producción de ácido clorhídrico en el estómago.

Así que no, que sea una leche fermentada o que contenga su famoso Bifidus actiregularis no te va a ayudar a tu regularidad intestinal ni va a hacer más ligeras y felices tus digestiones.

Contiene cloruro.

Eso es todo.

No todo vale

Y volvemos a las estrategias de marketing y cómo van dirigidas a un público muy concreto. En este caso, de nuevo a las mujeres.

Es verdad que en su origen fue José Coronado el que cogió el toro por los cuernos y se “atrevió” a prestar su imagen a un producto que directamente prometía mejorar tu número de visitas al baño.

Pero no nos engañemos.

No creo que sea cosa mía que, guiada por mi susceptibilidad, piense que hay una especie de complot universal para poner a las mujeres como diana de estos anuncios.

Ya sabes, los de las digestiones ligeras, y los cereales que alimentan mi fuerza.

Porque si fuera así, la página web de Activia no estaría plagada de imágenes de mujeres, principalmente en el trabajo, ni su campaña InSync hablaría exclusivamente a mujeres (usando adjetivos siempre femeninos) ni contaría las “historias de estas mujeres con talento para averiguar cómo aprovecharon su gran potencial para lograr sus objetivos personales”.

Otra muestra: “Cuando estás conectada con tu fuerza interior, viviendo InSync, es cuando puedes alcanzar todo tu potencial. Se trata de ser la mejor versión posible de una misma.” (sic)

Que esa es otra.

¿Una leche fermentada que “te sincroniza”? ¿Con qué?

En realidad se refiere a ese sentimiento de estar completamente en equilibrio, de tener la mente y el cuerpo en armonía, de estar viviendo en el momento… Ese maravilloso estado mental en el que te puede poner…una leche fermentada.

¿En serio?

Pues sí, y aderezado con historias de mujeres valientes, emprendedoras a las que no se les puso nada por delante y consiguieron metas que parecían imposibles…

Y que lo son para la mayoría de [email protected] mortales (de bailar en una favela a una compañía de danza de Nueva York, de profesora de educación física en un instituto a dar la vuelta al mundo navegando en solitario).

Eso sí, acompañadas de otras historias más cotidianas (para que nos podamos identificar mejor y no nos sintamos diminutas al lado de mujeres extraordinarias).

Con mujeres igualmente luchadoras, optimistas, comprometidas con su trabajo, con pequeños logros diarios y el lema “El talento empieza en el interior”. No sé si por interior se refieren a la salud intestinal (dado que seguimos en la página web de un alimento que presume de beneficiar el sistema digestivo) o es algo más filosófico.

Y tenemos otra vez la imagen de la mujer que puede con todo, que tiene una vida llena de actividades que le entusiasman (porque pone mucha pasión en todo, todo, todo), que siente que su talento es reconocido y además es una grandísima y comprometida profesional enamorada de su trabajo, porque trabaja en lo que verdaderamente le gusta (me encantaría saber cuántas mujeres se identifican con esto).

Pero a la que su propia vocación sólo le da 10 minutos al día para comer, con el consecuente malestar digestivo posterior…que arregla tomándose un Activia.

Es un tipo de publicidad dirigida a mujeres que insiste en destacar nuestros talentos y mostrarnos cómo un producto alimentario nos ayuda a llegar todavía más lejos.

Vaya, que a toda esta imagen le quitas la parte de que puedes con todo (muchos días ya no puedes ni con tu alma y encima te sientes culpable por ello), de que todas tus actividades diarias te entusiasman (¿qué porcentaje de tu día dedicas a algo que realmente te llena?) y de que a diario eres admirada por tu talento (como si alguien fuese consciente de verdad de que simplemente hacerte cargo de todo lo que haces es un mérito increíble)…y tienes un retrato de tu vida.

Pero no es sorprendente y no es nada nuevo.

Es una estrategia que Danone (y otras muchas marcas) utilizan en todo el mundo.

En EEUU, Jamie Lee Curtis fue su imagen en anuncios similares (aquí puedes ver el anuncio original “ligeramente” modificado), en los que se alega que gracias “a sus exclusivos probióticos Bifidus actiregularis, Activia ayuda a regular tu sistema digestivo en dos semanas”.

Y por supuesto se incluyen testimonios de mujeres corrientes que ven cómo su vida mejora gracias a Activia, mientras Jaime Lee nos dice “Get ready for a new you” (prepárate para una nueva “Tú”).

La campaña fue objeto de muchas parodias que intentan poner en evidencia el mensaje que se lanza: una mujer que pese a estar envejeciendo está orgullosa de sí misma y se siente a gusto con su cuerpo, es más ella que nunca…porque come un producto con bífidus.

Que lo sé. Que el marketing sirve para que aspiremos a algo, para mostrarnos cómo podría ser la vida con ese producto que no tenemos. No soy una ingenua y lo entiendo.

Pero a veces convierte la vida de las mujeres en una caricatura y nos estereotipa (¿nos pasamos el día intentando ser “más nosotras mismas”?).

Y lo peor, lo hace como si estuviera apoyándonos.

¿De verdad que este mensaje tiene éxito? Y como supongo que sí, porque se repite una y otra vez, entonces la pregunta es otra:

¿Por qué este mensaje tiene éxito?

¿Todo es negativo?

No.

Dejando a un lado la publicidad de estos productos, desde el punto de vista nutricional una leche fermentada como esta, o como los yogures “tradicionales” (fermentados con Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus) puede ser un alimento saludable.

Pero cuidado.

Porque se puede caer en el error de pensar que no pasa nada si sigues una dieta poco saludable porque luego lo compensas con este tipo de productos.

O inconscientemente podrías equiparar leche fermentada con salud, y no son sinónimos.

Su perfil nutricional dependerá también de qué ingredientes tenga (para muestra, esta imagen del valioso proyecto de Antonio R. Estrada).

Por eso la semana que viene entraré en profundidad en las propiedades reales, contrastadas y con evidencia científica, de los probióticos. (Hace años estas leches fermentadas se consideraban probióticos, también veremos por qué ya no).

En resumen…

Ya lo he dicho más veces pero…sé escéptico.

Recibe la publicidad de los productos alimentarios con una mirada crítica.

Sé consciente del poder de elección que tienes simplemente por el hecho de ser un consumidor.

Lee las etiquetas (contienen información muy valiosa) y compara productos similares (a veces tienen contenidos similares de nutrientes pero unos hacen alegaciones de propiedades y otros son más discretos…y más baratos).

Y recuerda que los más saludables (los alimentos frescos, los del mercado) no tienen una etiqueta que resalte sus propiedades con letras enormes, sellos llamativos y gráficos de diseño.

Aló, Comidista vuelve como un clavo a su cita mensual. En este consultorio vale todo: dudas culinarias, enigmas gastronómicos, problemas psicológicos, cuestiones metafísicas y dramas de la vida contemporánea. Sólo tenéis que enviarme un mail a elcomidistagmail.com. Responderé a vuestras chorradas preocupaciones el primer viernes de cada mes, salvo festivos, puentes, enfermedad grave o fallecimiento.

Ana: Mi madre insiste en comprar yogures con bífidus de esos que te ayudan a ir al baño, y a mí me da que son un poco timo… ¿Sirven realmente para algo o se está gastando el dinero para nada?

Mario: Siguiendo los consejos de mi nutricionista super-eco-guay he empezado a tomar yogures del tipo «activia», y no paro de expeler gases tóxicos. ¿Está probada esta causa-efecto científicamente?

Queridos Ana y Mario, contesto a la vez vuestras dudas bífidas. La causa-efecto entre esos yogures y los gases no está probada científicamente. Como ninguno de sus presuntos efectos beneficiosos en el aparato digestivo, más allá de los que pueda tener cualquier yogur normal y corriente, y por lo tanto, más barato. Esto no lo digo yo, sino la máxima autoridad europea en seguridad alimentaria, la EFSA, que nunca ha avalado las virtudes mágicas de activias, actimeles y demás inventos lactobacilescos. Y también lo dice el último metaanálisis de la Universidad de Copenhague, que dice textualmente: «No existen pruebas convincentes de que que los probióticos tengan ningún efecto consistente en la flora intestinal fecal de adultos sanos».

Mi consejo personal: aléjate de ese «nutricionista super-eco-guay» que recomienda estos productos, que me da a mí que tiene de científico lo que yo de campesino norcoreano. Y si quieres tirar el dinero dándoselo a charlatanes sacacuartos, mejor llama a algún astrólogo o vete a que te lean el tarot, que al menos eso no da gases.

Eli: Si en una receta de bizcocho pone que tengo que echar un huevo tamaño L, y sólo tengo tamaño M, ¿pongo dos?

Querida Eli, o me tomas el pelo, o formas parte de la confabulación mundial para que me se me crucen los cables y decida arrojarme al vacío desde un piso 14. ¿En qué mundo vive exactamente una persona que cree que un huevo L es igual a dos M? Vamos a ver, alma de cántaro: con unas bragas L no te puedes hacer dos M, ¿verdad? Pues con los huevos, lo mismo. Uno L pesa entre 63 y 73 gramos. Uno M, entre 53 y 63. Así que si la receta te pide huevos L, tendrás que echar uno M más una quinta o sexta parte de otro. Esto lo habrías intuido si cuando fueras a comprar huevos al Mercadona te fijaras en lo que estás haciendo, en vez de estar pensando en tu novio o en bobadas.

Javier: ¿El té es astringente o todo lo contrario? Tengo la eterna discusión con mi chico sobre si es lo uno o lo otro. Yo siempre he creído lo primero, pero mi novio dice todo lo contrario, que se lo desrecomendaron ante un virus estomacal tremendo y todo. Recurro a Google y obtengo ambas respuestas. ¿Me lo puedes aclarar por el bien de mi estómago y mi relación de pareja?

Querido Javier, tu correo saca a la luz la oscura y terrible realidad de muchos hombres homosexuales, que en vez de bailar en discotecas, esnifar popper o fornicar al aire libre se pasan el día discutiendo sobre si el jarrón queda mejor en mesilla o en la estantería o sobre si el té ayuda o no a defecar. También saca a la luz el verbo “desrecomendar”, que bien podía haber permanecido oculto hasta el fin de la humanidad.

Pero vamos a lo que vamos. El té es una bebida astringente y su consumo se desaconseja tanto a las personas que padecen estreñimiento crónico como a aquellas que sufren una gastroenteritis, según afirma nuestra querida nutricionista Anna Amengual. “¿A qué se debe esto? Como bien dice Javier, la acción del té es contraria a la del café en cuanto al efecto digestivo se refiere, pero también contiene cafeína (erróneamente referida como teína) la cual le confiere propiedades excitantes”. Cuando una persona tiene la mucosa digestiva irritada porque tiene gastroenteritis o sufre una patología inflamatoria intestinal, dicha cafeína empeora la situación. “En consulta”, añade Amengual, “suelo desaconsejar cualquier tipo de té por estos motivos, sin distinción de si es blanco, negro, rojo o verde. En cambio, sí se pueden consumir infusiones tibias sin cafeína como por ejemplo la manzanillla”.

Cuando los gays se lo pasaban bien. GIPHY

Mónica: ¿Por qué en la tele, vídeos y demás imágenes en movimiento de expertos cocineros, estos cortan las hortalizas (cebollas, zanahorias, etc) con toda facilidad, seguido y con ritmo, mientras que a mí la segunda rebanada, o como se llame, se me pega siempre al cuchillo, elevándose al hacerlo, impidiéndome cortar la tercera rebanada como es debido, y provocando una catástrofe? ¿Eh? Nada que ver con las preciosas hortalizas cortaditas ordenadamente de los expertos.

Querida Mónica, eso te pasa porque eres una manazas y una torpe, y no tienes ni idea de cómo usar un cuchillo. También es bastante probable que seas una cutre, y que tus cuchillos no corten un pimiento porque son una basura o porque nunca te hayas preocupado en afilarlos. Normal, tienes cosas más importantes que hacer, como ver Gran Hermano Revolution o subir stories a Instagram que no interesan a nadie. Como las personas de tu estilo me gustan, te daré varios consejos. Primero, aprende a coger el cuchillo, cogiendo bien el mango y agarrando la base de la hoja con el pulgar y el índice, como se explica en este vídeo. Segundo, mírate este otro vídeo sobre cómo cortar verduras. Tercero, afila tus cuchillos. Cuarto, hazte con cuchillo con alveolado, que se supone evita (en parte) el efecto pegote del que hablas. Quinto, deja de perder el tiempo en estupideces y céntrate en las cosas importantes de la vida.

Mari Carmen: Hoy me he encontrado en ‘El Correo Gallego,’ esta foto que ilustra la noticia de la celebración de la fiesta de la patata en Coristanco (A Coruña). Os la mando, porque ya que sois del ramo de las cosas del comer, igual sabéis decirme qué es lo que representa tamaña escultura, que yo no acabo de verlo.

Querida Mari Carmen, gracias por mandar noticias de la Galicia rural, tierra fértil en fenómenos extraños que estimulan la imaginación. No tengo la menor idea de qué representará dicha escultura, pero a bote pronto se me ocurren tres cosas: a) es un mosquito gigante, b) es un homenaje a Alien, c) es la obra de Manoliño, el hijo de Maruxa que se fue a estudiar Bellas Artes a Santiago y volvió decidido a convertirse en la Louise Bourgeois de la patata gallega.

Ignacio: Me diagnosticaron hace poco una intolerancia a la lactosa, y mi problema es que el queso es casi el epicentro de mi felicidad gastronómica. He buscado alternativas sin lactosa y me gustaría preguntarte si este tipo de productos (los sin lactosa) son de por sí menos sanos o si depende del resto del producto. Si me dijeras alguna marca que tenga más variedades de queso sin lactosa ya sería lo mejor.

Querido Ignacio, no tienes ninguna necesidad de acudir a esos quesos industriales que se venden con la etiqueta “sin lactosa”. No porque sean insanos en sí mismos, sino porque cuentas con una alternativa mucho más satisfactoria en términos de calidad y sabor: los quesos artesanos de maduración larga o fermentación láctica pura, que no tienen lactosa. “Hay un porrón de ellos”, explica Xevi Miró, sabio del queso y propietario de la tienda de quesos Llet Crua. “La lactosa es el azúcar de la leche y es lo primero que los fermentos lácticos transforman al acidificarla. Además, la mayor parte de la lactosa se va con el suero cuando se prensa el queso”. ¿Ejemplos concretos? “El parmigiano regiano, al ser un queso con una maduración de más de un año mínimo, no tendrá lactosa. La mayoría de los quesos tipo suizo (las pastas cocidas como el gruyère, sbrinz, appenzeller o l’etivaz) tampoco tienen lactosa si han sido envejecidos más de 12 meses”.

Alicia: Me gustaría darle una sorpresa a mi hermana por su 45 cumpleaños. ¿Osarías quedar con ella para charlar de gastronomía?

Querida Alicia, no, no me atrevería. Más que nada porque, si estás escribiendo a El Comidista, la posibilidad de que tú o tu hermana seáis psicópatas asesinas peligrosas es bastante alta, y ahora mismo no me apetece ser torturado, empalado o desollado por dos locas.

Alicia y su hermana, en 1980. GIPHWAVE

Alba: Soy una estudiante veinteañera que viene de una familia acostumbrada a cocinarlo TODO en la olla exprés. Ahora comparto piso con tres treintañeros –nótese la diferencia de edad– que cada vez que me ven usarla no pueden evitar comentar «uy, qué tranquila te veo, qué raro», «ten cuidado, vaya a explotar» o «¿no te da miedo?». Y ya no puedo evitar cocinar lentejas sin mirar el artefacto con recelo, o incluso sin irme de la cocina a ratos porsidiossabequé, así que te imploro que me contestes: 1. ¿Podría explotar una olla a presión moderna? –comprada hace un par de años–. 2. ¿Por qué podría pasar eso?, y 3. ¿Qué consejos me das para que nunca me ocurra y convenza a mis compañeros para que dejen de mirarme cual etarra cada domingo?

Querida Alba, entiendo perfectamente tu drama, porque a mí también me han mirado como si fuera Txapote por hacer unos garbanzos en la olla rápida. Debes disolver las reticencias tecnofóbicas de tus compañeros de piso con argumentos sólidos: las ollas a presión actuales disponen de dispositivos de seguridad que hacen prácticamente imposible una explosión: si uno falla, actúa el otro. Mantener tu olla limpia y en buen estado es suficiente para que no corras ningún riesgo. Por lo demás, este tipo de cacharros son todo ventajas: cocinas más rápido, gastas menos energía, y muchas preparaciones -los caldos, por ejemplo- quedan definitivamente mejor.

Txe: Lo siento, pero fue verlo y acordarme de ti. Gano el premio a mejor presentación en un concurso de paellas en la Sociedad Deportiva Anaitasuna, Pamplona. Ya ves que igual nos da txistorra, patxaran que paella.

Querido Txe, muchas gracias por enviarnos este engendro. Desde aquí sugiero a sus autores que se presenten al Concurso Mundial de Paellas, que seguro que los valencianos más ortodoxos reciben con gran entusiasmo la incorporación al plato de pimientos del piquillo, alitas de pollo y un moñeco de pingüino con miedo a la muerte hecho de berenjena.

Aina: El leído el artículo sobre las rachas de avena y me he animado a cocinadas. Pero tengo una duda. Se pueden preparar la noche anterior? Entre semana me levanto a las 6.15 de la mañana y no tengo ganas de ponerme a cocinar. Me entiendes verdad?

Querida Aina, te entiendo pero con dificultad, porque como has escrito tu correo en evidente estado de embriaguez, hay que descodificarlo para saber de qué estás hablando. Que te levantarás a las 6.15 entre semana, pero el finde bien que le das a la chichiparra hasta que te pones más ciega que un topo. Como el artículo de las «rachas» no lo escribí yo, sino Mònica Escudero, te pongo con ella.

«Puedes prepararlas la noche anterior sin problema, y hay una manera especialmente fácil para los madrugadores, los fiesteros y los que mutan de buho por la noche a marmota mañanera», explica Mònica». «En inglés se llaman overnight oats, y consiste en coger la avena con la leche o el líquido que prefieras, mezclarlo en un bol, tarro o tartera y dejarlo toda la noche en la nevera. El tiempo hará el mismo trabajo que el calor, y por la mañana estará listo para comértelo, frío de la nevera o previamente calentado. Lo que sí haría justo antes de comerlo es añadirle la fruta cortada o frutos secos para que no se te queden pochos o blandurrios, excepto en el caso de la fruta deshidratada como pasas, orejones o dátiles, que dejarán parte de su dulzor en las gachas y se hincharán. La proporción de líquido / avena puede variar bastante dependiendo de si buscas un resultado más o menos espeso: prueba con un vaso de lo primero y tres cucharadas rasas de lo segundo para empezar y ajústalo después como prefieras».

Isabel: Hay opiniones diversas sobre cómo cocer las lentejas y si hay que ponerlas en remojo. Aquí en Francia no las ponen. ¿Hacen mal? ¿Y cómo se cuecen para que estén en su punto y no se pongan duras? Sácame de dudas honorable (bueno, a veces no tan honorable) Comidista.

Querida Isabel, gracias por dudar de mi honor: así me gustan a mí las lectoras. Por mi experiencia y por lo que dice el muy fiable libro La cocina de las legumbres, de la Fundación Alicia, no es necesario poner las lentejas a remojo, al contrario que los garbanzos o las judías. Las lentejas se ponen a cocer en agua fría, a razón de 2 o 3 litros por cada medio kilo. Se mantiene el fuego fuerte hasta que empiece a hervir, y a los dos minutos, se baja el fuego a suave. Si se quedan sin agua, hay que añadirla caliente. En olla normal suelen tardar entre media y una hora; en olla a presión, donde necesitarán la mitad de agua, entre 10 y 20 minutos.

José Luis e Inma: Dame un consejo…

Queridos José Luis e Inma, dejadlo vivir. Adoptadlo incluso. Total, se pudrirá y morirá en un par de semanas.

Santi: Me ofrecieron, hace como dos meses, un aparato hidrogenador del agua como la panacea para tener una salud de hierro. Argumentando razones de ralentización de la oxidación de las células, te lo ofrecían por la módica cantidad de 1200€… No habría dado oído al asunto si no fuera porque hace un par de años mi mujer fue intervenida de un carcinoma, del que se recupera satisfactoriamente, y todo el tema del cuidado de la salud se ha instalado en casa de forma imperativa. Me gustaría que desde El Comidista pudierais arrojarnos algo de luz acerca de estos artilugios y si de verdad sirven para algo más que para dedicar el sueldo de un mes a su adquisición. Para que podáis tener referencias os dejo los enlaces de DispensadoraAguaHidrogenada.es, Hidrolux y RemediosNaturales.es.

Querido Santi, por lo que he visto en las webs que mandas, esto del hidrogenador de agua me suena a timazo nivel reiki. Pero para estar 100% seguro, he decidido dejar el caso en nuestro dietista-nutricionista de cabecera Juan Revenga, que descuartiza paparruchas pseudocientíficas como Van Helsing mata vampiros. “No es momento ni ocasión de desmontar una a una las descacharrantes afirmaciones que se hacen en los enlaces que has facilitado sobre el agua hidrogenada, pero déjame que te dé una especie de guía para identificar timos de este pelo, en especial los relacionados con el agua, tan abundantes. Recela o manda directamente a paseo cualquier sistema, mecanismo, cacharro, técnica o conjuro que contenga este tipo de expresiones:

  • Referencias a los niveles de energía, vibraciones, vórtices, hidratación celular, resonancia, equilibrio del pH, infrarrojo lejano, oxígeno o hidrógeno incipiente, iones hidruro, iones negativos del hidrógeno, configuraciones moleculares especiales, microclusters, nanoclusters, biofotones o electrones.

  • Aguas que se describan como vivas, activadas, energizadas, magnetizadas, ionizadas, revitalizadas, oxigenadas, hidrogenadas, estructuradas, agrupadas, no agrupadas, hexagonales, ricas en electrones o que poseen spin.

  • Cualquier alusión, aunque sea solapada, a que el producto retrasa el envejecimiento, reduce la posibilidad de cáncer o repara el ADN. Es signo inequívoco de que el asunto es una trola tan grande como Hogwarts, el colegio de Magia y Hechicería de Harry Potter.

  • Comparaciones del resultado del uso del aparato con el agua que se pueda encontrar en los conocidos como manantiales de agua mineromedicinal.

  • Referencias a mediciones de parámetros muy poco habituales para la población general, tales como potenciales red-ox (u ORP por sus sigla en inglés), unidades Bovis o elementos alcalinizantes o propiedades antioxidantes.

  • ‘Usado, implantado, reconocido en Japón o Corea del Sur’. Desconozco las razones por las que la charlatanería en torno del agua tiene este epicentro asiático, habría que preguntárselo a algún antropólogo. Lo que sí tengo claro es que no tiene nada que ver con la ciencia”.

“Lo siento Santi, pero tus enlaces cumplen con el 90% de cada una de estas alarmas. Es cierto que la hidrogenoterapia tiene algo de emergente en cuanto a uso terapéutico, pero así llevamos varios años, con resultados parciales en pruebas in vitro o en animales que no se han concretado en la investigación en humanos. En cualquier caso, de salir adelante puedes estar seguro que no se aplicará con el uso de estos cacharros, que si bien es cierto, tampoco parecen perjudiciales para la salud. Bueno, la de tu bolsillo la dejará maltrecha, eso sí”.

Nisi: Un estudiante de máster que anda haciendo sus prácticas en el centro de investigación en el que trabajo, en vistas de que la ciencia no da de comer, se ha buscado curro de repartidor. El otro día nos trajo una caja de tabletas de chocolate de las que no diré la marca (bueno sí, Milka) que estaban caducadas de hace unos días (bueno, casi un mes). Mi sorpresa no fue ver que contenía aceite de palma, sino un emulgente misterioso (lecitina slonecznikwoa) además de pasta de laskwoych y, lo más preocupante, que el chocolate podía “comprender tuercas”.

Querida Nisi, a mí también me perturba que la industria alimentaria haya inventado una chocolatina capaz de comprender a las tuercas, con lo difíciles que son de entender. En cuanto a la pasta de laskwoych y la lecitina de slonecznikwoa, supongo que son ingredientes ya utilizados en la Polonia comunista para hacer soylent green con los disidentes, así que no me extraña nada que Suchard los haya introducido en sus productos.

Clara: Me encanta la merluza al horno con patatas panaderas, esas que son bien jugositas y que se parten con el tenedor sin esfuerzo. Sin embargo, a mí siempre me quedan crujientes, casi más al estilo patatas fritas que patatas al horno. No sé cómo hacerlo. He probado de todo. Menos temperatura y más tiempo, más temperatura y menos tiempo, más aceite… ¿Cuál es tu secreto?

Querida Clara, mientras la mitad de la humanidad se esfuerza en obtener patatas crujientes en el horno, tú las quieres blandurrias. Te gusta ir a la contra, ¿eh? ¿Quién te crees, una revolucionaria? ¿Acaso militas en el sector anticapitalista de Podemos o en el Arran de la cocina? Para subvertir el orden constitucional, lo primero que debes hacer es no cortar demasiado finas las patatas, sino intentar conseguir rodajas de medio centímetro aproximadamente. Segundo paso: pocharlas antes de meterlas al horno en una cantidad generosa de aceite de oliva durante unos 5-10 minutos. No se trata de que se hagan del todo, sino de que entren en el horno algo cocidas y que se terminen de cocinar allí. Ése es mi método para las patatas panadera de la merluza; supongo que si quieres que queden aún más blandas y acabar para siempre con el régimen del 78, salpica las patatas con dos o tres cucharadas de agua antes de meterlas en el horno.

Raúl: En un consultorio anterior recomendábais no tirar el líquido de las legumbres de bote. ¿Qué uso se le da a ese líquido del bote? Descarto la guerra biológica porque para eso ya tenemos el vinagre balsámico y tampoco creo que sea como combustible aeroespacial, como crecepelo o siquiera como anticongelante…

Querido Raúl, no hay que ser un lince, y está claro que tú no perteneces a dicha especie de felinos, para entender que el agua de las legumbres puede usarse, por ejemplo, en una sopa o un guiso (siempre que la conserva sea de buena calidad y no tenga kilos de conservantes ácidos de regustillo raruno, claro). Por si eres imbécil y eso te parece propio de abuelas, también te recomiendo que te apuntarte a una de las modas que arrasa en el mundillo vegano: hacer aquafaba. ¿Que qué es eso? Pues el sustituto perfecto de las claras de huevo en cualquier preparado de cocina o repostería. Su elaboración es simple: bates dicho líquido hasta que se monte, y ya lo puedes utilizar en merengues, macarons, mousses, helados o lo que te salga de la faba.

Blog

Cuando vamos al supermercado y nos acercamos a la nevera donde están los yogures, las natillas, los flanes, los yogures líquidos… y todo este inmenso grupo de alimentos, empiezan a generarse corto circuitos en la mente, porque las opciones que hay son tantísimas que no somos capaces de decidir cuál de todos estos es el mejor para nosotros. Tenemos asumido, que somos más felices cuanto más libres somos, y que somos más libres cuantas más opciones tenemos a nuestra disposición. Pero la realidad no es tan sencilla. A partir de un cierto número de opciones, la elección se vuelve demasiado complicada: examinar todas las posibilidades nos exige demasiado tiempo, nos genera dudas y, en última instancia, puede hacer que nos bloqueemos. En otras palabras, el exceso de alternativas no nos ayuda a ser más felices, sino todo lo contrario. Esta conclusión es la que sostiene Barry Schwartz en su libro The Paradox of Choice.

Ante este mar de dudas o incluso bloqueo, lo que acostumbra a pasar pues normalmente, es que nos decidimos o bien por la marca comercial que ya conocemos, porque el envase nos resulta atractivo por algún motivo, por los supuestos beneficios que hemos visto en algún anuncio publicitario o por el precio, ¿pero ésta es la mejor manera de elegir? Muchas veces escogemos bajo estos criterios y tomamos decisiones poco acertadas para nuestra salud.

La clave de hacer una buena elección es tener información de lo que es un buen producto y saber que queremos obtener con la compra de dicho producto.

Lo primero de todo, es saber que necesitamos. No todos necesitamos lo mismo, ya que no hay los mismos objetivos nutricionales en un deportista, que un niño o que una persona con una actividad física media. Pero sí que hay unos criterios básicos que debe cumplir un yogurt para ser de calidad. Entonces… ¿Qué es lo primero que tenemos que mirar?

Antes de entrar en que mirar, cabe destacar que los yogures son una fuente de proteínas y calcio, sin embargo, no es un alimento imprescindible, podemos conseguir proteína y calcio a partir de otros alimentos. Y también es importante saber que los yogures o leches fermentadas, tienen la ventaja que incluyen bacterias beneficiosas para el organismo, sobre todo para la microbiota y su porcentaje en lactosa es menor que el de otro tipo de lácteos. Dicho esto. Ahora sí, qué es lo que debemos mirar:

La ETIQUETA, olvídate de lo que ponga en letras grandes en el envase, ni que sea un 0 gigantesco, dale la vuelta y mira:

  • Al darle la vuelta verás que aparecen 2 columnas una donde pone por 100 g y otra que pone por ración, 125g, es esta columna la que has de tener en cuenta, ya que será la cantidad de consumirás. Luego….
  • no mires las calorías que contiene, sino pasa a mirar el azúcar que contiene…
  • Busca los hidratos de carbono y de aquí observar la fila que pone: de los cuales azúcares… Lo ideal sería que no sobrepasara de los 4-5 g de azúcar libre.
  • Otro dato importante obviamente es la grasa que contiene, ya que el producto lácteo contiene grasas saturadas y es importante tenerlas bajo control. Obviamente los desnatados tendrán un aporte mucho menor, por debajo de 1 g, mientras los naturales 3 o 4 gramos, si pasamos postres lácteos tipo natillas, griegos, copas de chocolate, este número ya se dispara mucho sobre los 11 g o más.
  • Otra cosa indispensable es mirar los ingredientes, recuerda que el primer ingrediente de la lista es del que más cantidad hay y así sucesivamente. Los ingredientes básicos de un yogurt son: leche fresca pasteurizada y fermentos lácteos. Todo lo que haya de más, son elementos que adornan la base de un buen yogurt de calidad.

Vamos a hacer una comparativa muy sencilla entre un yogurt natural sin edulcorar y un yogur activia con frutos del bosque. ¡A ver qué pasa!

Como podéis ver el contenido en azúcares es muy superior uno que el otro y el efecto probiótico que supuestamente tiene el activia, es importante mencionar que La EFSA no ha reconocido ninguna alegación saludable para el fermento exclusivo de Danone, Bifidobacterium animalis sp. Lactis CNCM I-2494.

Aquí tenéis esta tabla extraída de la web de Lucia Martínez, donde compara diferentes tipos de yogures activia para que veáis la diferencia.

Con esta tabla puedes reflexionar un poco más sobre lo comentado hasta ahora.

Dicho esto, lo más recomendable pues que busques la sencillez de las cosas, sin añadidos y sin florituras. Si quieres que un yogur sepa a algo, añádeselo tú mismo, así te aseguras de lo que hay, ponle frutas, ponle cereales, ponle chocolate o ponle frutos secos, pero de primera calidad y sin azúcar.

En este enlace que tienes a continuación podrás ver según la OCU los mejores yogures del mercado con una buena relación entre calidad y precio

Conclusión

  • Antes de comprar un yogurt mira la ETIQUETA
  • No te dejes convencer por lo llamativo que sea el producto o pos sus supuestos beneficios milagrosos.
  • Si te apetece un yogurt con sabor a fresa, ponle fresa.

Estos son pequeños cambios que te ayudan a mejorar tu alimentación.

¡Tu puedes elegir alimentar tu bienestar!

Tags: comparativa, etiqueta nutricional, OCU, yogures

Radiografía de… Yogurt bebible Activia de Danone

27 febrero 2013. El solo hecho de que contenga altas cantidades de azúcar ya implica que se trata de un producto no recomendable para su consumo por el riesgo a la salud que supone el que supere las cantidades máximas toleradas diarias de azúcar para mujeres y niños; en el caso de los hombres cubre el 93% de azúcar máxima tolerada para todo el día.

La publicidad del yogurt Activia engaña al consumidor, al promover su imagen como un remedio para el estreñimiento o inflamación, dando la impresión (falsa) de que es un producto saludable.

Además, menciona que el yohurt Activia es una buena opción para consumir diario, siendo que un solo bote de 250 mililitros supera el máximo tolerado de azúcar para todo el día.

En contraste, su contenido de fibra es apenas de medio gramo, por lo que contiene escasas cantidades de ciruela.

Observa la radiografía con la que la nutrióloga Xaviera Cabada, coordinadora de Salud Alimentaria de El Poder del Consumidor, nos desentraña las verdaderas características y el valor nutricional de este producto.

Yogurt bebible Activia, de Danone, ciruela pasa 250 ml (equivalente a 1 taza):

Azúcar:

32.5 gramos por envase, lo cual equivale a 6.5 cucharadas cafeteras* de azúcar. Esto cubre del 93 al 130% de lo que un adulto puede de consumir para todo el día, de acuerdo con la Asociación Americana del Corazón (AAC o AHA, por sus siglas en inglés), que es de cinco a siete cucharadas cafeteras de azúcar para todo un día (circ.ahajournals.org/content/120/11/1011.full.pdf+html).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que no se debe superar más del 10% de las calorías totales, no excediendo 10 cucharadas de azúcar añadida para todo el día (). Un solo yogurt Activia, de Danone, de 250 mililitros cubre el 65% de azúcar, de acuerdo con el límite máximo establecido por la OMS.

Fibra:

Contiene 0.5 gramos por envase, cuando en la leyenda establece que contiene ciruela (alimento lácteo fermentado con ciruela pasa). Sin embargo, las cantidades de ciruela son escasas, ya que el contenido de fibra es apenas medio gramo.

Ingredientes:

Segundo ingrediente es preparado de fruta (9%) y el primer ingrediente es azúcar; luego ciruela, almidón modificado, ácido cítrico, sorbato de potasio, colorantes naturales , saborizante idéntico al natural ciruela (es decir, no es natural), goma xantana, goma de algarrobo (las gomas son utilizadas para dar mayor espesor al producto).

El siguiente ingrediente al preparado de fruta es azúcar, luego crema de vaca, sólidos de leche, almidón modificado (también utilizado para dar espesor), sólidos de jarabe de maíz (otro tipo de azúcar), agar y por último bifidobacterias y cultivos lácticos.

Contiene tres veces algún tipo de azúcar y colorante caramelo IV para dar color a ciruela. Es importante mencionar que el colorante IV es elaborado con sulfitos y amonio, que a través del calor y la presión durante el proceso de elaboración, genera una sustancia llamada 4-metilimidazol, la cual se ha demostrado tener efectos cancerígenos.

En el estado de California productos que puedan exponer a la gente a más de 16 microgramos del componente 4-MEI por día, deben contener una leyenda que diga: “ADVERTENCIA: Este producto contiene un químico reconocido por el estado de California causante de cáncer, defectos de nacimiento y otros daños reproductivos” (www.elpoderdelconsumidor.org/saludnutricional/reconoce-california-riesgo-de-cancer-en-coca-cola/).

El solo hecho de que contenga altas cantidades de azúcar ya implica que se trata de un producto no recomendable para su consumo por el riesgo a la salud que supone el que supere las cantidades máximas toleradas diarias de azúcar para mujeres y niños; en el caso de los hombres cubre el 93% de azúcar máxima tolerada para todo el día.

Lo preocupante es el tipo de publicidad que se le da a este producto, la cual se analiza en el siguiente apartado.

Etiquetado:

El empaque completo es verde, con el nombre de Activia en blanco, lo cual es bastante contrastante.

Asimismo, se observa que debajo del nombre tiene una flecha amarilla que va hacia abajo hacia unas imágenes de ciruelas.

En letras pequeñas arriba del nombre Activia dice “actiregularis”. En la parte lateral derecha justo arriba de la información nutrimental especifica que “acti-regularis” es un bífido (una bacteria). La definición que le dan es “Actiregularis®, que ayuda a mejorar la salud digestiva, reduciendo la sensación de inflamación”.

Sin embargo, dicha palabra no existe, sino que es una palabra creada por la industria Danone haciendo referencia a una bifidobacteria. Llama la atención observar cómo repetidamente, algunas empresas de alimentos inventan nombres de ciertos componentes en sus productos, haciendo creer que son componentes reales.

Por otro lado, observamos que en la parte frontal del etiquetado, los colores son bastante contrastantes (verde y blanco) y en la parte lateral en dónde se encuentra la información nutrimental los colores no lo son; además, las letras son pequeñas y con sombreado, lo que hace más difícil su nitidez y lectura.

La información nutrimental está proporcionada por envase, lo cual es positivo, ya que frecuentemente en los etiquetados se suele proporcionar la información por porción más que por contenido total.

Esto nos dice que conforme los consumidores vamos exigiendo mejores etiquetados, la industria va mejorando sus formas de presentación.

Es importante que los consumidores exijamos información clara y verás, que no induzca al engaño.

Si bien la información está proporcionada por envase, aún así es difícil su comprensión.

Se ha visto que la mejor forma de comprender si el contenido de los productos es bueno o no, es a través de los colores del semáforo. Este es el tipo de etiquetado que se promueve en el Reino Unido, que es en forma de semáforo. El color verde indica que no es de riesgo; el amarillo, moderado; y el rojo, alto. De esta manera, los consumidores podemos verificar rápidamente si dicho producto nos conviene o no.

Los etiquetados que maneja en la actualidad la industria de alimentos, son etiquetados realmente confusos y que no orientan o realmente informan al consumidor lo que contienen. Al contrario, se utilizan técnicas desleales para confundir al consumidor. Por ejemplo, el yogurt Activia, en la parte lateral indica que “Tomando Activia a diario, ayuda a mejorar la salud digestiva, mejorando el tránsito lento”. Esta leyenda es totalmente engañosa, ya que induce a creer que consumiendo dicho producto obtendrás ciertos beneficios y que, de hecho, es recomendable consumidor el producto.

Sin embargo, consumir productos como este, que contienen seis y media cucharadas de azúcar no es recomendable en absoluto, sino todo lo contrario; estaría contraindicado. Los mismos organismos internacionales establecen que el consumo de azúcares añadidos debe ser moderado. En un solo yogurt se está consumiendo la totalidad del azúcar máxima tolerada para todo un día. Si un niño o niña lo consume, estaría consumiendo casi el doble del azúcar máxima tolerada para la edad.

Es preocupante que la industria proporciones “recomendaciones nutricionales” de sus productos como si tuvieran propiedades terapéuticas, cuando realmente no es así. Consumir diario un producto como Activia incrementa considerablemente el riesgo de obesidad y no sólo eso, sino también de diabetes. Existen estudios que han asociado el alto consumo de azucares con un mayor riesgo a padecer diabetes. Los expertos recomiendan que los productos que contienen altas cantidades de azúcares deban traer una leyenda precautoria del riesgo (news.usc.edu/#!/article/44415/high-fructose-corn-syrup-linked-to-diabetes/).

El etiquetado es la única orientación que el consumidor realmente tiene para conocer cuál es la calidad nutricia de los productos industrializados. Por ello, es importante que el etiquetado no induzca al error, puesto que está claramente establecido en la norma oficial de etiquetado, NOM-051-SCFI/SSA1-2010, que la información no debe inducir a error y debe ser clara (ver http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5137518&fecha=05/04/2010).

Un factor que ha sido determinante para presentar mayor riesgo a padecer diabetes es el alto consumo de azúcares añadidos. Alguien que consume diario o frecuentemente este tipo de productos tiene un mucho mayor riesgo a padecer obesidad y diabetes .

Además, se ha observado que los altos consumos de azúcar provoca adicción, por lo cual, una vez que se convierte en hábito, es mucho más difícil dejarla de consumir .

Toda la publicidad de Activia es inductiva: hace creer que es bueno para la digestión y para curar el estreñimiento.

También se observa que su publicidad va dirigida principalmente a las mujeres, para lograr “una figura estética”.

En su página web (www.activia.com.mx) incluso te preparan –dice– tu propio plan para “desinflamarte”, haciendo referencia a que Activia cuida tu digestión (ver imagen).

En dicho plan recomiendan que tomes Activia durante 14 días y te sentirás mucho mejor. “Por eso, te recomendamos tomar Activia todos los días” –dicen–. Pero, tomar Activia todos los días no es recomendable, al contrario, con las altas concentraciones de azúcar, sería una contraindicación. Para una persona con diabetes debería contener una leyenda advirtiendo que dicho producto contiene altas cantidades de azúcar y puede impactar fuertemente el metabolismo de una persona con diabetes.

Las propiedades del producto se exacerban y en realidad no se sabe si la “mejor digestión” es por el producto en sí o por la recomendación que hacen de “mejorar hábitos y consumir mayor cantidad de agua”. Para que un producto con cultivos lácticos tenga beneficio en el organismo debe haber suficiente cantidad de bacterias que sobrevivan la digestión y lleguen al intestino. En realidad no se sabe si el producto contiene la suficiente cantidad de bacterias como para tener un impacto en el tracto digestivo.

Cabe recordar que el valor de la mujer no está en su cuerpo ni su estética.

Como se puede observar, el mercadeo va dirigido por completo a las mujeres… y las niñas (ver video).

Es importante que este tipo de publicidad tan inductiva y engañosa tenga una regulación, ya que muchas mujeres no logramos detectar que el producto anunciado dista de ser saludable y que ante su consumo diario (como lo recomienda la publicidad) implica un riesgo para la salud.

Para una mujer es difícil estar haciendo grandes esfuerzos para bajar peso, recurrir a productos como el que se analiza en esta ocasión y que, sin saber, son productos como este los que han contribuido a la gran pandemia de sobrepeso y obesidad que se vive hoy en día.

Valoración general:

No recomendado para consumo habitual.

Se puede consumir sólo de manera muy ocasional como un postre.

Alternativa:

Yogurt casero con ciruela pasa**

Nota: Algunos tipos de industrias, especialmente aquellas que son de índole monopólica o transnacional, usan cada vez más diferentes estrategias para incidir en el mercado y generar mayores utilidades. El tipo de publicidad que se usa dependerá del tipo de población a quien se dirige.

En este caso, la publicidad del producto analizado engaña al consumidor, al promover la imagen del yogurt Activia como un remedio para el estreñimiento o inflamación, dando la impresión (falsa) de que es un producto saludable.

Además, menciona que el yogurt Activia es una buena opción para consumir diario, siendo que un solo bote de 250 mililitros supera el máximo tolerado de azúcar para todo el día.

Es importante estar alerta a los productos que se anuncian como saludables, ya que pueden resultar más peligrosos, dado que creemos que estamos consumiendo algo saludable y resulta que en realidad no lo es; sólo son engaños publicitarios. De esta manera, los consumidores no logramos detectar que dichos productos pueden ser nocivos para la salud. Es importante tener cuidado, en particular si hay alguna condición especial como diabetes o hipertensión. Los consumidores confiados en los etiquetados frontales y las leyendas más visibles frecuentemente hacemos caso a las promociones o a la información que más se resalta en los productos.

* Breve guía para determinar las cucharadas de azúcar presentes en los productos: los azúcares totales hay que dividirlos sobre cinco (que son los gramos que mide una cucharada cafetera). Si el producto no presenta los gramos totales, sino que maneja la información por porción, hay que multiplicar los gramos de azúcar por el número de porciones y posteriormente dividir entre cinco para determinar las cucharadas de azúcar. Podemos hacer este ejercicio con los distintos productos, especialmente los yogurts para beber y las bebidas azucaradas.

** Se puede licuar un litro de yogurt casero con ciruela pasa, tal vez un poco de miel y guardar. Vaciar en un recipiente para llevar si se desea utilizar como colación fuera de casa.

Notas relacionadas

Radiografía de… Antiox arándano, Del Valle, 1 litro > leer

Radiografía de… Levité sabor jamaica de 500 ml > leer

Radiografía de… Licuado de yogurt de Nestlé (480 ml) > leer

Radiografía de… Yogurt con fresas Yoplait Mini (1 botecito) > leer

Radiografía de… La Lechera Flakes de Nestlé (60g) > leer

¿Es bueno tomar el yogur Activia de Danone?

yogurt image by Renato Francia from Fotolia.com

Activia, de Danone, surgió en el mercado como un yogur sano que regula naturalmente la digestión y previene el hinchazón. Sin embargo, muchos de los yogures que se destacan por ser sanos, en realidad contienen niveles muy altos de grasas y azúcares -sobre todo los que tienen una base de fruta- que los hace poco saludables. Entonces, ¿será verdad lo que comunica Danone de su producto?

Gordura

Una porción de Activia es de 4 onz. (113.40g) y 120 calorías, de las cuales 20 son grasas. Según recomendaciones de la U.S. Food and Drug Administration, este es sólo el 3 por ciento de las grasas que deberías ingerir a diario. Sin embargo, estas grasas también incluyen 1.5g de grasas saturadas, que aumenta al 8 por ciento el consumo diario. No hay grasas trans malsanas. En general, Activia es un yogur con menos grasas que los otros y la cantidad que ingieres con una porción es muy poca.

Carbohidratos

La porción estándar tiene 22g de carbohidratos que ayudan a abastecer el cuerpo. 18 de esos gramos son de azúcares, y ninguno de fibra. Como tu cuerpo no digiere esta fibra, te llenas más rápido sin ingerir calorías que pueden modificar tu peso. Por otro lado, las azúcares son nada más que carbohidratos, por lo que te pueden salir caries y puedes subir de peso.

Proteína

Con 4 onz. (113.40 gramos) de Activia consumes 4 gramos de proteína. Según el National Institutes of Health, en promedio, un persona necesita entre 50 y 60 gramos de proteína por día. Tu cuerpo la usa para muchos procesos y más que nada para fortalecer huesos, músculos y la piel. Los 4 gramos que te puede dar Activia son meramente un 8 por ciento de lo que necesitas de todos los días; es la misma cantidad que te daría parte de un buen desayuno.

En conclusión, Activia es un yogur con un nivel alto de azúcares y bajo en grasas. Hasta aquí tu consumo de calorías «malas» sigue siendo bajo. Además de ser una es una buena fuente de proteína es uno de los únicos yogures que usa la técnica bifidus regularis, que ayuda a regular el sistema digestivo. Si lo complementas con una vida activa y una dieta balanceada, Activia puede ser un yogur beneficioso.

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *