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Alma obregón josé luis obregón

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Almacenista Fino del Puerto (González Obregón)

Fino

Published on December 20th, 2016 | by Ruben

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A Lustau bottling sourced from the well-known almacenista Obregón

José Luis González Obregón is one of the better known almacenistas these days. He has three wines in the Almacenistas series from Bodegas Lustau (an Amontillado 1|10, this Fino 1|143 and an Oloroso 1|110) and he’s offering rather notorious food in his Tabanco Obregón, as well as wines directly from the barrel of course.

Obregón is the oldest tabanco in El Puerto de Santa Maria. It was founded in 1935 and the family started the bar in 1947. You’re actually sitting in a part of the bodega. No tables or chairs, just a couple of ledges to lean your elbow on as you sip away.

Fino del Puerto – José Luis González Obregón (15%, Lustau Almacenista 2016, 1|143, 50 cl)

Nose: rather robust, with lots of toasted nuts (almonds, macadamias), seaweed and intense minerals. A faint meaty hint and a slight smoky hint. Yeast. There is a subtle hint of yellow apple, but overall this is quite umami.

Mouth: dry and velvety, although perhaps a little thinner than I expected from the nose. Good attack, weaker middle, but an intense end. Flor notes, chamomile, lightly herbal notes. More almonds. A racy sharpness as well, with some iodine and preserved lemon. Again some meaty notes in the long finish, with roasted nuts.

Availability: the Almacenista range is widely available. Around € 18 for a 50 cl bottle.

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Summary: A good Fino del Puerto, though perhaps not a classic example. It unites plenty of robust aromas but manages to deliver them in a kind of weightless, round way.

Dice Alma Obregón (Bilbao, 1984) que, aunque no llegó a conocerla, su tía abuela era pastelera… y añade que su madre «cocina muy bien». Lo de los cupcakes, de todas formas, no puede venirle de familia porque hace cinco años nadie sabía qué eran, en España. A la Real Academia, de hecho, ni siquiera le ha dado tiempo de incluir el término en suDiccionario panhispánico de dudas. Ella ha ido mucho más deprisa: blog, cursos presenciales, un libro, un programa de televisión… y ahora el salto a la repostería de gran formato con Objetivo: tarta perfecta (El País Aguilar, 2013). La carrera de Alma Obregón está siendo meteórica (y muy dulce).

Te habrán confundido muchas veces con Ana Obregón…

¿Cómo empezó tu relación con los cupcakes?

Empecé hace tres años, cuando estaba estudiando el doctorado en Alemania. Los había visto poco antes en Inglaterra, en unas vacaciones, y como en Alemania hacía muy mal tiempo y no conocía a casi nadie, ¡empecé a hornear! Los cupcakes me alegraban y yo me pasaba las tardes subiendo fotos al blog…

No habría muchas referencias en español, hace tres años…

¡Nada! Como mucho, dos o tres recetas. Pero empecé a buscar en páginas inglesas o americanas y tuve la suerte de poder volver a Inglaterra, donde me apunté a algún curso. Así empecé.

¿Qué es un cupcake?

Es como un trozo de tarta pero con forma de madalena y con la crema por fuera. Lo de confundirlo con las madalenas es un error habitual y, de hecho, en muchas pastelerías españolas le echan un chorrete de crema encima y ya las llaman cupcakes…

¡Pero no es lo mismo!

¡No! Un cupcake tiene que ser superjugoso. Como una tarta, que se te deshaga en la boca. Si haces madalenas, haces madalenas. ¡Y están muy buenas! Pero son para lo que son: para desayunar, para cenar… Yo también las hago pero no para una fiesta. Esa es la diferencia.

Te llaman «la reina de los cupcakes»…

¡Ya! ¡Y no me gusta nada! Me siento la obsesionada, más que la reina. Pero bueno, mucha gente me pedía que le enseñara, empecé a dar cursos… y de ahí surgió lo del libro, el programa de televisión… ¡No me lo podía creer! Y bueno, ahora, la tienda.

Ahora sacas un libro de tartas. ¡Te estás expandiendo!

Objetivo: tarta perfecta, sí. 50 recetas…

¿Qué es más difícil, hacer un cupcake o una tarta?

En el fondo es lo mismo y, cuando le coges el truco, todo es fácil. Pero las tartas requieren más tiempo. Para preparar, para montar…

¿Qué es lo más difícil que has hecho, como repostera?

Los macarons franceses. Lo intenté en casa y no me salieron. Lo volví a intentar y no me salieron. Lo volví a intentar y se me pegaron todos. Esa vez me salió una especie de macaron gigante del tamaño de la bandeja del horno… Pero bueno, no sé si cambié yo, el horno o la receta, pero un día me empezaron a salir y, desde entonces, nada se me resiste.

¿Ves MasterChef?

No tengo televisión en casa…

¿Cómo?

Tengo pero vivo de alquiler y no sé dónde está la antena… así que todo lo que veo, lo veo por Internet. Nunca he visto mi propio programa en directo en la tele, de hecho.

Hay gente que odia los cupcakes…

Sí… y mucha gente me critica, pero yo creo que son un postre como cualquier otro.

¿Estallará la burbuja de los cupcakes?

¡Yo creo que no! Bajará la locura colectiva pero el cupcake, como postre, como dulce o como minitarta para las bodas, se mantendrá. En EE UU hubo un boom y ahora ha bajado pero sin llegar a desaparecer. Yo espero que en España se acaben integrandose en en el resto de cosas que tenemos. La repostería tradicional tradicional es la caña. Siempre insisto en el blog: ¡que no se pierda!

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Alma Obregón: «Gracias al deporte salí de la anorexia»

Siempre sonriente y derrochando energía positiva, Alma Obregón nos transmite buenas vibraciones desde sus primeras palabras. De reina de los cupcakes a la corredora de la sonrisa, como algunos la denominan. Aquella joven que nos descubrió otra forma de apasionarnos por los dulces, se desnuda ahora en su nuevo libro y nos cuenta cómo el running le ayudó a vencer sus problemas con la alimentación y la convirtió en una persona más segura de sí misma. A nosotras su historia nos ha parecido todo un ejemplo a seguir. ¿Quieres conocerla?

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© Alma Obregón

¿Qué podemos encontrar en tu libro ‘¡A correr!’?

Cuando la editorial me planteó escribir un libro de correr pensé: «Yo, ¿qué tengo que aportar? Si yo soy una corredora popular. Mis marcas están bien pero no he ganado nunca nada.» Tampoco me veía como un ejemplo de vida sana… ¡Es evidente que como cupcakes! De repente, un día en una firma de libros de repostería, una chica se me acercó y me dijo que gracias a mí había empezado a correr pero me decía que nunca iba a ser capaz de hacerlo como yo porque a mí me veía como una deportista profesional. Y para nada, yo nunca he sido deportista. Por eso, este libro no pretendía ser un libro sobre el running. Es un libro que demuestra que si pones de tu parte puedes conseguir cosas.

En este libro hablas sobre la anorexia que padeciste. ¿Qué recuerdas de aquellos años?

Escribir el libro ha sido muy difícil porque mis problemas con la comida son algo de lo que no hablo con nadie y durante años me negué a creer que había pasado por ello. De hecho, cuando me puse a recopilar las fotos para el libro acabé totalmente destrozada y pensaba ¿Cómo puede ser que la mente te haga esto? En su momento me veía gorda y ahora solo veo huesos por todas partes.
Toda la vida he sido gordita, era «la gordita de la clase» y tuve muchos problemas en el colegio: siempre se metieron conmigo, me llené de complejos y en un momento determinado se me fue de las manos. Cuando llegué a la universidad, empecé con una dieta, le cogí el truco a adelgazar y, a pesar de que la gente me decía que cada día estaba más fea, yo seguía en ese bucle. Me dejó de bajar la regla, estaba hecha polvo, no tenía fuerza para nada… Y seguía insistiendo en que quería estar más delgada. Lo único que saqué de bueno es que, por querer estar más delgada, empecé a hacer deporte.Y en el momento en el que empecé a correr, la comida ya no era algo malo, era algo que necesitaba.
Ahora pienso que el problema de estos trastornos es que por el resto de mi vida arrastraré ciertos complejos. Ya no me veo como entonces pero siempre está esa insatisfacción. Ahora soy consciente de que estoy bien y que estoy sana, que es lo importante.

¿Cuándo comenzaste a hacer ejercicio?

Empecé a hacer ejercicio para adelgazar y después comencé a correr porque era algo que disfrutaba realmente. De hecho, engordé cuando comencé a correr porque gané músculo. Me di cuenta de que salía a correr y no tenía fuerza y si quería hacer deporte, tenía que empezar a comer más.
¿Por qué correr? Supongo que con otros deportes o cuando voy al gimnasio no siento lo mismo que cuando corro. Estoy yo sola corriendo; lo veo como un medio de superación, lo puedo hacer en cualquier sitio. Voy conmigo misma, pensando en mis cosas y lo único que me importa es correr hacia adelante… Correr me enganchó y desde entonces, lo he hecho cinco años sin parar.
De hecho, comienzo mi libro con una frase de Cristopher McDougall que dice «Si no encuentras respuestas a tus problemas tras correr durante cuatro horas, es que no vas a encontrarlas». ¡Es totalmente cierto!

¿Cómo crees que puede ayudar tu historia a otras chicas en tu misma situación?

Muchas chicas llegan a mis firmas con historias similares: chicas con un montón de complejos a las que les encanta cocinar y estoy segura de que no prueban un dulce porque están en ese bucle. Así que pienso que con que una sola de esas personas pueda aprovechar mi experiencia, habrá merecido la pena.
Es un tema muy complicado y del que nadie habla pero estoy segura de que mucha gente conocida ha pasado por esto y cuando estás ahí metida piensas que estás sola. Todas tenemos los mismos pensamientos y, quizás, viendo que más gente ha salido gracias al deporte es una forma de dar alas y hacer que más chicas lo consigan.

La Carrera de la Mujer fue la primera en la que participaste, ¿cómo te decidiste a dar el paso?

Yo estaba en un momento fatal: llena de inseguridades y malestar con mi cuerpo. Fui a correr la carrera de la mujer. y durante aquellos seis kilómetros me daba igual todo eso. Por primera vez, durante media hora no pensé en nada de eso. Me daba igual si se me marcaba el culo cuando corría con las mallas… Me daba absolutamente igual. Aquella media hora me cambió la vida.

¿Cuáles han sido los siguientes pasos en ese camino hacia la felicidad?

Cuando empiezas a correr, empiezas con carreras de 5 km y después lees y empiezas a darte cuenta de que puedes participar en una maratón. Así sucedió con la Maratón de Madrid: me sentía tan feliz cuando estaba llegando a meta que no podía dejar de hacerlo. En la Maratón de Chicago, la llegada a meta también fue muy emocionante. Terminas una de estas carreras y dices ¡La leche, lo que he conseguido! La sensación final es ‘cuánto he sufrido pero qué feliz soy’

¿Cómo llevas esa dualidad entre la Alma deportista y la Alma repostera?

Al principio, mezclaba ambas facetas pero, poco a poco, he ido separando ambas partes y encontrando un equilibrio. A veces leemos un libro de vida sana y pensamos que es imposible ponerla en práctica en nuestra vida pero yo llevo una vida normal: salgo y me tomo unas cervezas, me como una tarrina de helado cuando vuelvo de entrenar pero después equilibro mi vida con el deporte.

Creo que la vida en este mundo es limitada y no vale la pena estar machacándonos y no darnos un capricho de vez en cuando. Comer un dulce no está mal y, de hecho, nos va a hacer más felices. El secreto está en encontrar el equilibrio.

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El viaje de Ana Casanova y Alma Obregón desde la anorexia hasta la plena recuperación vendría a ser lo mismo que haber salido del infierno de la mano del diablo. La primera se gana la vida con la fotografía gastronómica. La segunda, haciendo cupcakes. Mientras estuvieron enfermas, las dos se entregaron a aquello que era su peor enemigo, y cocinaron hasta decirle basta a su trastorno.

En el caso de Ana Casanova era su particular forma de cuidar de los demás y contarles que, aunque ella se estuviera autodestruyendo, le seguían importando. Sobre todo a su madre.

Para Alma Obregón, que se fue a vivir sola a Alemania, cocinar se convirtió en una necesidad para poder alimentar lo que se había convertido en su gran pasión: correr. Si no comía, no podía correr.

Puede resultar sorprendente pero, según algunos médicos, el peculiar proceso personal de Ana y Alma no es extraño. Hay anoréxicas que, una vez curadas, estudian para ser psicólogas o enfermeras, mientras que otras mantienen la cocina como una forma de mimar aquello o a aquellos que más quieren.

Cocinaba para cuidar de los míos”

A Ana Casanova (Montgat, 1978) siempre le había gustado comer y por eso siempre decía “que nunca podría ser anoréxica”. Pero lo fue. Ahora se dedica a la fotografía gastronómica. A los 16 años, ingresó en el hospital Sant Joan de Déu, en la unidad de trastornos alimentarios de la planta 9, justo por debajo de oncología. “Ellos se morían sin quererlo, y nosotras nos estábamos muriendo porque así lo decidíamos”, explica al recordar los cuatro meses que permaneció hospitalizada.

Cayó en la anorexia como tantas otras adolescentes. Nada excepcional. “No es que me viera gorda. Me sentía gorda”, explica. “Siempre he sido poco convencional y me ha gustado ir contracorriente, pero al final fueron un cúmulo de muchas circunstancias”. De aquella época en Sant Joan de Déu recuerda al doctor Francisco Palomero –ya fallecido–, al que considera clave en su recuperación, seguramente porque era tan poco convencional como ella, y que en una sesión le bailó un jota. Ana mide 1,70 y llegó a pesar 40 kilos.

ANA CASANOVA FOTOGRAFA GASTRONOMICA (Otras Fuentes)

Mientras estuvo enferma, no dejó nunca de cocinar, aunque no probaba nada de lo que preparaba. “Tenía obsesión por que los demás comieran”, cuenta. Sobre todo su madre –que los primeros días en el hospital dormía con ella en una butaca de Urgencias–, a la que le preparaba la merienda hasta con seis tipos distintos de galletas. Más tarde, los médicos le explicaron que esa conducta obedecía de hecho a la voluntad de cuidar de los suyos.

Fue una época en la que era capaz de preparar cuatro tartas en una tarde, leía libros y revistas de cocina y tenía una libreta de recetas, que aún conserva. Al mismo tiempo, contaba y se sabía las calorías de todo lo que comía. Le daba a su perra aquello que sabía que más engordaba.

Trabajó ocho años en una panadería de Montgat, rodeada de panes y bollería

Salió de Sant Joan de Déu con 17 años y 47 kilos. Se empleó en una panadería de Montgat, en la que trabajó ocho años rodeada de pan, croissants y magdalenas. Ella como mucho mordisqueaba una manzana. No fue hasta al cabo de un tiempo que fue capaz de comerse una lionesa, y poco a poco fue picoteando lo que ella misma ayudaba a preparar.

Ana explica que era muy buena estudiante pero, cuando fue el momento de retomar los estudios, decidió que lo que quería estudiar era cocina, y se matriculó en la Escuela Superior de Hostelería de Barcelona. En esos momentos, había vuelto a engordar porque tuvo un episodio bulímico. Dejó las clases al cabo de poco tiempo, porque un profesor se burló de su aspecto. Mientras, seguía en la panadería: “Eres como una yonqui a la que le ponen una bandeja con speed, otra con cocaína, otra con heroína… Si sufres un desorden alimentario, se pasa muy mal, y más si trabajas rodeada de comida (…). Estaba encerrada en el cuerpo que más odiaba”.

Retoma el bachillerato, aprueba la selectividad, pero estudia un grado superior de FP en asesoría de imagen. Por aquel entonces, su cuerpo se ha empezado a regularizar gracias a su pareja, los dietistas y a su propio esfuerzo. Recuerda, perfectamente, el día que empezó a reconciliarse con la comida: “Fue en el Sorrento. Me comí media lasaña y una pizza. Mi familia no se lo podía creer”.

A partir de ahí empezó a aplicar lo que había aprendido como asesora de imagen a las bandejas de bollería de la panadería, a hacer fotos y a cocinar. Una Navidad su padre le preguntó qué quería que le regalara: si una thermomix o una cámara reflex. Ana eligió la cámara y desde entonces aúna su “pasión por las recetas y por cocinar con la fotografía gastro­nómica”.

Se interesó por la gastrosofía (el arte de los placeres de la mesa) y afirma que lo que un día fue su peor enemigo ahora es “la mejor forma de demostrar amor por los demás”. En Instagram a Ana se la conoce por @lovefood­_es.

Sin comer no podía correr, eso me salvó”

Siempre fue la gordita de la clase, pero es vasca –aunque vive en Madrid– y le gustaba comer. Reconoce que comía mucho. Alma Obregón fue anoréxica y ahora, con 31 años y felizmente embarazada de su primer hijo, tiene una página web en la que publica recetas de repostería (www.objetivocupcake.com), un taller en el que imparte clases y una tienda de accesorios para repostería. Además, su cuenta de Instagram tiene casi 95.000 seguidores. Alma salió de la anorexia sola, sin acudir jamás a terapia. Gracias a su pasión por correr y porque se dio cuenta de que, si no comía, no podía hacer ejercicio.

En su caso la anorexia no apareció durante la adolescencia, sino cuando entró en la universidad. Una amiga la convenció para hacer “la dieta del café” y adelgazó 5 kilos en muy poco tiempo. Desde entonces, lo único que le importaba era perder peso. Perdió 22 kilos en seis meses. “Todos mis pensamientos giraban alrededor de la comida. Ahora me veo en las fotos y no me lo puedo creer, pero es que cuando estás metida en eso no ves ni te das cuenta de nada”.

Además iba al gimnasio y se “machacaba”. Estuvo así tres años. Su entorno se dio cuenta de lo que pasaba, pero “no logró que volviera a comer”. “Me obsesionaba la cocina y, aunque no me comía lo que cocinaba, empecé a interesarme por las dietas y las recetas fáciles de hacer”, dice Alma.

Autora de una web de cupcakes que fue anoréxica (Otras Fuentes)

En su caso nunca estuvo ingresada ni acudió jamás a terapia de ningún tipo. Según explica ella misma, lo que la sacó de la anorexia fue empezar a correr: “Una chica que conocí en el gimnasio me contó que se había apuntado a una carrera, y me preguntó por qué no me apuntaba yo también”.

Ahora Alma corre maratones y ultramaratones y correr se ha convertido, junto a la repostería, en su gran pasión. Ambas vinieron de la mano: “Correr me salvó. Me di cuenta de que, sin comer, no podía correr”. Y así empezó un lento proceso de recuperación en el que “lo racionalicé todo y empecé a cocinar”.

“Antes viajaba con frecuencia a Londres, donde los cupcakes estaban muy de moda, y así fue como entré en contacto con la repostería”, explica. Además, cuando empezó a sentirse mejor comenzó a interesarse por “todo aquello que me había privado de comer durante todos esos años, y claro, los dulces y los pasteles estaban los primeros en la lista”. El empujón final llegó cuando se fue a vivir sola a Alemania y empezó a hacer cursos de cocina como pasatiempo. Alma dice que eso fue importante para que empezara a ver el hecho de cocinar y la comida no como sus enemigos, sino como sus aliados. Ahora hasta se ha sacado un título en la escuela de cocina Cordon Bleu.

Como Ana, Alma reconoce que todo el proceso para salir de la anorexia fue muy difícil, pero que ahora ha aprendido a valorarse a ella misma por lo que hace y no por la apariencia y a establecer una relación diferente con su cuerpo. En su caso, además, valora que su entorno no la presionara y dejara que hiciera “su propio proceso”. Alma Obregón ha publicado varios libros de recetas, pero su última obra ( ¡A correr! El País-Aguilar, 2015) está dedicada a contar toda su experiencia.

Conocida como la reina del “cupcake” y autora del exitoso blog de repostería creativa “Objetivo: Cupcake Perfecto”, Alma Obregón (Bilbao, 1984) tiene, no obstante, formación en Comunicación Audiovisual y Pedagogía del Violín. Autora de varios libros de recetas, es popular por sus programas televisivos (“Dulces con Alma” en Canal Cocina y “Cupcakes Maniacs” en Divinity) y como la fresa es acaso su producto fetiche, ejerce como embajadora para el mercado nacional de la campaña “Fresas de Europa”. Por eso, hemos compartido con ella un reciente viaje a Huelva, donde hemos descubierto también otra sorprendente faceta de esta mujer tan versátil: lleva corridos ocho maratones y hasta algún ultramaratón. Pura energía.

Texto: Luis Ramírez. Fotos: Alma Obregón y Origen

¿Cuál es su personaje histórico favorito?

Podrían ser muchos, pero, según están las cosas, me quedo con Martín Luther King,

¿Y de ficción?

Alguien un poco friki, Han Solo

Recomiéndeme un libro…

“Expiación”, de Ian McEwan

¿Cuál es su viaje favorito?

Mi viaje de novios con Lucas, un mes de recorrido por Estados Unidos, sobre todo por los Parques Nacionales

¿Cuál es su viaje pendiente?

Volver a Japón sin obligaciones de trabajo ni tantas prisas, como Dios manda.

¿Cuál es su comida favorita?

Me gusta todo, porque soy muy tragona. Pero, por citar una receta, el hummus.

¿Qué representa lo dulce en su vida?

Era mi pasión desde siempre y, a pesar de ser mi profesión, cada vez me gusta más.

¿Qué pasión ha descubierto recientemente?

La maternidad. No pensaba que me fuera a gustar tanto. Me ha cambiado la vida.

¿Cómo vive la emoción de la Naturaleza?

Me encanta en todos sus sentidos: senderismo, correr por la montaña, la escalada, los animales, hacer deporte al aire libre.

¿Qué le pide a un vino?

Solo que me guste y que acompañe la comida. No tengo mucho conocimiento.

¿Qué ve en televisión?

Series, sobre todo con Netflix

¿Dónde le gustaría vivir?

Donde vivo, en las afueras de Madrid, que se vive realmente bien. O quizá en algún pueblo norteamericano perdido, rodeada de montañas.

¿Cuál es su ocupación favorita?

Correr

¿Su posesión más preciada?

Aunque no son posesiones, mi marido y mi hijo.

¿Cuál considera su mayor logro?

Haber podido dedicarme al mundo dulce. Era mi sueño y se ha hecho realidad.

¿Qué talento le hubiera gustado tener?

Pintar, porque hago muchas cosas con las manos, pero la pintura se me da fatal. También me gustaría saber coser.

¿Cuál será la meta de su próxima carrera?

Literalmente, Boston, donde correré la maratón. Y metafóricamente, poder montar, además de la escuela de reposteria que ya tengo, una de panadería.

¿Qué rasgo de su carácter la define?

Soy muy positiva y alegre.

¿Cuándo derramó su última lágrima?

Fue de felicidad con el nacimiento de Bruno

¿Cuál es la cualidad que más valora en las personas?

La sinceridad y la honestidad

¿Y su principal cualidad?

Quizá ese positivismo, porque, además, intento transmitirlo.

¿Qué es lo que más detesta?

Las mentiras y la gente que siempre intenta restar y no sumar.

¿Y qué le inspira indulgencia?

Lo perdono todo. No guardo rencor ni siento ira.

¿Qué le parte el corazón?

Todas esas enfermedades que nos quitan a personas cercanas y no tan cercanas.

¿Qué le alegra la vida?

Aparte de mi hijo y mi marido, el buen tiempo para disfrutar de la Naturaleza. Y también cuando dispongo de algún día de descanso.

Si pudiera cambiar una sola cosa del mundo, ¿qué elegiría?

Erradicar la pobreza, aunque suene a mito

¿Qué es la fresa para usted?

Siempre ha sido mi fruta favorita. Tengo fotos con dos años zampando fresas como loca. Es una gran aliada en la repostería y muy versátil, tanto para lo salado como para lo dulce.

¿Cuál es su lema?

Hay que perseguir los sueños pase lo que pase.

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