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Amigos que parecen novios

Cómo saber si tu AMIGO se está convirtiendo en tu NOVIO

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Un amigo es alguien que te respeta, con el que te diviertes y con quien compartes valores. La amistad entre dos personas es algo muy importante que debe cuidarse. Las personas invierten tiempo en la construcción de una amistad, y en ocasiones esa fuerte conexión se puede convertir en atracción sexual. Pero, ¿cómo saber que un AMIGO se está convirtiendo en un NOVIO?

Y no me refiero únicamente a las relaciones sexuales, porque tú puedes mantener sexo con algún amigo “con derechos” pero sin que exista nada romántico entre ustedes… yo me refiero a cuando el sentimiento es más profundo.

Observa qué está ocurriendo

Si estás pensando en la posibilidad de que tu amigo se está convirtiendo en novio, es porque están empezando a haber sentimientos más fuertes que únicamente de amistad, el amor se está abriendo paso entre ustedes.

Presta atención a tu comportamiento, pero también al comportamiento de tu amigo. ¿Está nervioso o quizá está preocupado? Observa su lenguaje corporal y también las cosas que te dice y cómo te las dice. Fíjate si tu amigo busca oportunidades para tener contacto físico contigo como sujetarte del brazo e incluso la mano.

También es posible que sostenga la mirada buscando el contacto ocular contigo. Si está interesado en ti como algo más que un amigo, es posible que mantenga su mirada por unos segundos más de lo normal y si rompe el contacto visual para mirar tu boca es que siente atracción sexual hacia ti. O piensa… ¿A ti también te ocurre?

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Busca señales

Si quieres asegurarte si piensa en ti como algo más que una amiga puedes buscar señales y fijarte en cómo reacciona. Por ejemplo, puedes sugerir que en el fin de semana hagan algo los dos solos, como ver una película o conocer a amigos tuyos que no conocía antes.

Habla sobre relaciones y pregúntale directamente qué busca en una pareja. Si te interesa como pareja puedes decirle que las mejores relaciones empiezan con una bonita amistad.

Si estás totalmente segura que quieres convertir tu amistad de un romance y crees que tu amigo también está dispuesto a ello… es el momento de reunir el valor y preguntarte directamente qué piensa al respecto. Puedes preguntarle algo como: “¿Te gustaría que quedásemos este fin de semana como una cita en plan romántico? A ver qué te dice…

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En su libro Mitos maritales (Ippem Editorial), Arnold A. Lazarus –nacido en Sudáfrica, considerado como uno de los diez psicólogos más influyentes en Estados Unidos y conocido por su valiosa contribución a la terapia cognitivo conductual– define algunas de las creencias más generalizadas sobre la pareja; afirmaciones que contienen una parte de verdad, pero que, llevadas al extremo, pueden desequilibrar la relación. Una de ellas es que quienes forman una pareja deberían ser también los mejores amigos.

Este experto sostiene que la estructura de una relación de pareja se superpone a la amistad, pero no es su sinónimo. La pareja comparte íntimamente, mientras que los amigos comparten la intimidad. Los amigos satisfacen juntos, como individuos independientes, sus necesidades e intereses. Una pareja, generalmente, comparte los eventos diarios y gestiona sus necesidades e intereses normalmente dentro del ámbito de la familia.

La valiosa conexión que existe entre los amigos es, sin lugar a dudas, uno de los pilares de la salud emocional y física. La libertad de expresión de sentimientos y emociones; el deseo mutuo de cooperación y no de competencia; la facilidad con que se sabe lo que nuestro amigo o amiga piensa y siente, y lo que cada uno siente y piensa sobre el otro; la disponibilidad para escuchar y apoyar cuando surgen las dudas y los conflictos; la valoración de cualidades y logros; la aceptación de las debilidades y errores y un largo etcétera. Pero, ¿no describe todo esto también al compañero de vida, cuyo vínculo se basa en el amor, la comprensión, la lealtad, la tolerancia y otro largo etcétera? Es estupendo cuando así es, pero no siempre es fácil mantener este tipo de relación en el espacio de la pareja, pues la cercanía física continua y las cargas y responsabilidades compartidas interfieren y pueden erosionar la relación; es preciso reservar un espacio emocional propio. Con frecuencia el día a día y la dinámica de la vida familiar no responden a las expectativas depositadas en la relación y el problema de convertir a la pareja en el mejor amigo –que por definición es el confidente más íntimo, lo que supone un alto grado de sinceridad, disposición, participación exclusiva, la ausencia de tabúes emocionales o temas prohibidos– es que se convierta en el depositario de todas las necesidades de la relación.

“Compartimos –si no todo, porque eso es prácticamente impensable– la mayor parte de las cosas. Eso no significa que no haya algunas que solamente explico a mis amigos más cercanos, a veces cuesta explicar todo lo que están pensando o pasando a quien vive junto a ti. Estoy seguro de que a ella le pasa lo mismo. Nos conocemos y coincidimos en los aspectos importantes, pero creo que aunque la pareja y la amistad van juntas, hay matices diferentes en una y otra relación”, comenta Joan, de 38 años.

Es vital la amistad en la pareja, pero no es menos importante contar con amigos con quienes disfrutar de todo lo positivo que nos ofrece la vida y con quienes comentar, de forma distendida o confidencial, inquietudes, proyectos, dudas, batallitas cotidianas, problemas y preocupaciones. Es una forma de dar un respiro a la relación. Y no significa ocultar o engañar, es contar con perspectivas externas, tan útiles y necesarias en muchas de las circunstancias en las que se ven inmersas las parejas. Es una de las funciones de los amigos, de los que se ha escrito en varias ocasiones en estas páginas.

“Hemos enfrentado y superado situaciones y problemas propios de toda relación y de muchas familias, porque ante todo somos amigos y confiamos el uno en el otro; tenemos los mismos valores, vamos en el mismo barco y hemos sobrevivido a muchos temporales”, afirma Ignacio, de 51 años.

“Perdí a mi marido en un accidente absurdo (supongo que todos lo son). Estuvimos juntos durante 25 años, los últimos veinte como matrimonio. Compartíamos opiniones y gustos. Entre nosotros había un grado de conexión que nunca experimenté con nadie más. Cuando llegaron los hijos, estuvimos de acuerdo en lo que queríamos darles y en lo que creíamos que necesitaban. Vivimos experiencias felices y afrontamos juntos grandes dificultades. Creo que nadie me ha conocido como él y que a él nadie lo conoció tanto como yo. Reconocíamos y admirábamos las cualidades de cada uno, tolerábamos los defectos y participábamos de los éxitos individuales; soñábamos juntos en el futuro compartido y fuimos leales el uno con el otro. Puedo decir que, con él, también perdí a mi gran amigo”, explica Teresa, de 52 años.

Cuando se describe la relación de pareja, por lo general se mencionan el amor, el compromiso, la responsabilidad, la fidelidad, pero no se incluye el término amistad; vínculo que implica confianza y entrega, que con el tiempo aumenta, se corrige, se perfecciona. ¿Por qué se puede ser un mejor amigo y en cambio, con frecuencia, cuesta tanto ser un gran amigo de la pareja? ¿Por qué una amistad puede durar muchos años mientras las parejas estables parecen estar en peligro de extinción?, se pregunta Charles Rivers en su libro How to become your spouse’s best friend, una especie de guía para convertirse en el mejor amigo de la pareja.

La relación de pareja es, ante todo, compartir, formar parte de la vida del otro y hacerle partícipe de la propia. ¿Por qué es a veces tan complicada? La vida compartida pasa por experiencias difíciles, e incluso dolorosas, que dan lugar a todo tipo de desavenencias y, en muchos casos, los miembros de la pareja se olvidan de ser amigos.

Cada pareja es diferente y tiene sus propias expectativas. El nivel de su sentido de la amistad dentro de la relación varía siguiendo las diferencias individuales. Algunos, opinan al respecto, “también somos amigos”, “somos amigos”, “buenos amigos”, “grandes amigos”, “los mejores amigos”… Por supuesto hay quienes dicen que son dos vínculos diferentes aunque se coincida en muchos aspectos en uno y en otro. Y otros también afirman que son relaciones distintas, como lo son las de padres e hijos, que no somos amigos de nuestros cónyuges o de nuestros hijos. Que podemos tener una relación estupenda, pero que somos, ante todo, pareja, padres o hijos.

Desde luego, la pareja es una relación exclusiva, diferente de todas las demás. Pero cuánto mayor sea el grado de amistad que tenemos con él o ella, mejor será la relación. Será importante trabajar para conseguirlo, algunos tendrán que trabajar más que otros. También será clave para mantener una conexión emocional saludable, pues es fácil amarse cuando todo sale bien, pero no lo es tanto cuando las duras pruebas de la vida se presentan sin avisar.

Con frecuencia requiere salir de la zona segura y no hay que darla por supuesta. Se demuestra con sinceridad, generosidad y lealtad. Es sin duda uno de los componentes esenciales del vínculo y en muchos casos, el más duradero. Será importante para iniciar una vida conjunta, con la consiguiente adaptación a los cambios que supone el inicio de una trayectoria en común. Básica para recorrer el camino que implica la formación de un proyecto común y a la vez el crecimiento personal.

“Fue muy difícil afrontar la pérdida de mi marido y mejor amigo; con el tiempo me di cuenta de que había sacrificado mis amistades para conseguir una cercanía y complicidad en un matrimonio que ya no existe”, explica Gemma de 46 años. Cobra mayor importancia cuando aparecen los fantasmas de la madurez y la vejez, porque la falta de cimientos sólidos puede dar lugar a la coexistencia de dos mundos muy diferentes bajo el mismo techo, en los que no se expresan las necesidades, los miedos o conflictos por temor a los cambios, a la confrontación o a herir los sentimientos del otro. Y es entonces cuando ocurren muchas rupturas que a veces se viven como la pérdida del compañero y del amigo. A veces es esta última pérdida la que ocasiona más dolor y frustración.

Podemos hacernos algunas preguntas relacionadas con la pareja y la amistad. ¿Comparto sus opiniones, gustos, alegrías, diversiones, problemas, prioridades, amistades? ¿Me siento cómodo poniendo en común los acontecimientos cotidianos? ¿Omito expresar muchas de las cosas que pienso? ¿Reprimo, oculto o evito mostrar lo que siento en algunos temas o circunstancias? ¿Puede confiar en mí? ¿Le escucho y entiendo? ¿Creo que me escucha y entiende? ¿Me muestro tal como soy o, por el contrario, generalmente evito revelar mis debilidades? ¿Coincidimos en lo que esperamos el uno del otro? ¿Compartimos sueños y metas? ¿Puedo imaginar cómo estaremos dentro de uno, cinco, diez, quince o veinte años? ¿Entiendo lo que nos une y acepto y asumo lo que nos diferencia?

No hay respuestas buenas o malas. Simplemente pueden darnos pistas sobre la percepción que tenemos de la relación que nos pone a prueba como parejas y como amigos.

Paul Newman y Joanne Woodward presumían de haber conseguido un hito poco frecuente entre las parejas de Hollywood, en especial aquellas cuyas uniones comenzaron con una ceremonia civil en Las Vegas. Pocos meses antes de morir el gran actor, celebraron su cincuenta aniversario de boda. La larga duración no es la única característica de la relación de la famosa pareja, que decidió vivir una vida íntima, lejos de las luces y el glamur de las alfombras rojas. Ellos la definieron en términos de identificación, pasión y complicidad. Aparecieron juntos en diez películas –El largo y cálido verano, Esperando a Mr. Bridge…– , y él la dirigió en cinco –entre ellas, Rachel, Rachel, nominada por la Academia de Hollywood a la mejor película–. Woodward ganó el Oscar a la mejor actriz por su interpretación en Las tres caras de Eva y cuando a los sesenta años obtuvo su grado universitario, a la vez que la hija de la pareja, un Newman orgulloso y emocionado tomó la palabra en la ceremonia de entrega de los diplomas. En una entrevista para la revista Playboy, en 1968, hizo célebre su frase: “Tengo solomillo en casa ¿porqué he de ir a buscar hamburguesas?”.

Otra pareja que hablan de si son amigos o no es la formada por William H. Macy y Felicity Huffman. William H. Macy, actor y director de teatro, cine y televisión, debutó en el año 1980, con la película Amor por sorpresa bajo la dirección de David Mamet, quien se convirtió en su director habitual. Ha aparecido como actor principal o secundario en títulos de Woody Allen –Días de radio y Sombras y niebla–. Pero su interpretación en Fargo, de los hermanos Joel y Ethan Coen, le otorgaría la fama internacional. Su filmografía incluye, entre otras, Air force one; el remake de Psicosis, de Gus Van Sant, y Magnolia. En Las cosas cambian (1988) coincidió con la actriz Felicity Huffman, intérprete de Lynette Scavo en la serie Mujeres desesperadas (cadena ABC), y que ha trabajado en series como Sports night, Frasier o El ala oeste de la Casa Blanca. Forman parte de las parejas que prefieren llevar una vida tranquila fuera de Hollywood y lejos del alcance de los tabloides. Se casaron en 1997, tras 15 años de relación, y ella asegura que uno de los aspectos importantes en su relación es el compañerismo y las bases de una relación de amistad.

Los amigos de mi pareja. ¿Enemigos de mi relación?

¿Sientes que tu pareja no te da el lugar que mereces? ¿Sus amigos son un punto débil y afecta el noviazgo? Estos puntos te ayudarán a lograr un justo equilibrio entre ambas relaciones y no morir en el intento.

Erika Otero Romero

Tener una relación estable con alguien maravilloso es uno de los sueños de cada persona en el mundo. Seamos honestos, sin embargo, y aceptemos que las relaciones perfectas no existen, se CONSTRUYEN y eso requiere de muchos aspectos, entre ellos CONFIANZA y TIEMPO.

Antes de seguir adelante dejemos algo claro: cada persona trae tras de sí experiencias, amigos, familia, gustos e intereses, y una relación entre dos personas se establece a través de conocer poco a poco todas estas facetas. Obviamente, llegar a un conocimiento pleno de nuestra pareja es un asunto complejo, y no se pretende que se acepten a ciegas los gustos del otro y viceversa. Una relación sentimental es mucho más que eso, es dar y recibir, quitar o cambiar lo que no es bueno ni sano de cada uno; mejorar con la ayuda de nuestra pareja y aprender del otro; pero todo esto requiere un proceso que implica paciencia.

Una de las condiciones que solemos “arrastrar” a una relación son los amigos, que de una u otra manera ejercen influencia en nuestro vínculo de pareja. Deseamos tener tiempo para pasar con ellos, pero también anhelamos poder compartir momentos agradables con nuestro amor y entre las dos relaciones no podemos pretender que haya una lucha de intereses, pues seguro surgirá un conflicto entre las partes y nadie quiere pasar por una situación así.

Teniendo esto en cuenta es necesario llegar a un punto medio, donde ni tus amigos ni los amigos de tu pareja generen presión entre los dos; es cosa de compaginar las dos relaciones en un justo equilibrio. Para esto, te dejo algunos consejos que pueden ayudarte a encontrar la forma de tolerar a los amigos de tu pareja y llevar una relación amorosa feliz:

No le pidas a tu pareja que escoja

entre tú o sus amigos. Es una de las peores cosas que puedes llegar a hacer. Nadie desea sentirse manipulado u obligado a hacer algo que no le apetece, y seguramente dejar tus amistades es algo que no estarías dispuesto a hacer.

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Procura hacerte amigo de los amigos de tu pareja

Conócelos mejor y permite que ellos lo hagan, porque quizás te estés perdiendo la oportunidad de conocer gente maravillosa; es también una buena técnica para saber cómo es tu pareja cuando convive con otras personas.

No abandones a tus amigos porque tienes pareja

Es una verdad que aprendí en carne propia; tu vida no se limita a la relación sentimental. Somos seres sociales y necesitamos relacionarnos, esto nos ayuda a conocernos mejor, nos libera de presión y si la relación llegara a terminar en cualquier momento te da la oportunidad de tenerlos cerca.

No critiques a los amigos de tu pareja

Gran error, y más si son personas a las que ella conoce hace tiempo; eso generará disputas absurdas y puede llevar al rompimiento de tu relación.

No muestres celos

Este es signo evidente de inseguridad. Mencioné en el segundo punto que si te das la oportunidad de conocer a los amigos de tu pareja podrías conocer a las personas con las que se relaciona, y a través de ellos puedes conocerla mejor, eso evitará que en ti surjan los “malignos” celos, que son emociones que pueden llegar a deteriorar cualquier relación.

Distribuye tu tiempo

Para ti, que gozas de estar con tus amigos tanto como con tu pareja, dispón de una buena distribución de tiempo y actividades. Recuerda también guardar momentos para ti mismo, y de este modo gozar de estar a solas, que siempre hace tanto bien.

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Elige actividades a realizar cuando no estés con tu pareja

Dicho en palabras coloquiales, ten vida aparte; es justo y necesario, justo porque tu pareja no siempre va a tener tiempo para estar contigo y necesario porque no es sano para ninguna relación “ahogar” a la otra persona con tu presencia. Eso da la oportunidad asimismo de que la relación se “refresque”; de esta manera, cuando agende una cita tendrá un repertorio variado del cual hacer acopio en sus conversaciones.

Observa de “lejos” a las amistades de tu pareja

Una relación se basa en la confianza mutua y en la buena comunicación. Debe existir la suficiente sinceridad y respeto para hacerle ver a tu pareja algunos detalles que a ti no te gustan de sus amigos, de aconsejarla sin temores con “pruebas de base”, suficientes para que ella esté alerta ante posibles situaciones de riesgo en su círculo amistoso.

Cuando se trate de tomar decisiones de pareja no

involucres a los amigos. Esto genera malos entendidos y situaciones incómodas; recuerda siempre que la relación es de dos y un tercero siempre sale sobrando. No quiere decir que un amigo no te pueda consolar o escuchar cuando tengas problemas, pero su participación –por así decirlo– se debe limitar a eso.

Concluyo diciendo que el amor debe ser alimentado día a día, y muestra de ello es que comprendas que tu pareja no es perfecta; es saludable hablar de lo que te gusta o no de la relación, porque cuando se ama a alguien no se exige. Ten presente que el egoísmo no debe existir; y considera siempre que no por el hecho de estar juntos la relación debe ser el único vínculo social con el mundo. Una relación sentimental sólida debe tener buenas bases desde el principio si es que pretendes llegar hasta el altar con tu pareja.

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El pasado 14 de junio, Taylor Swift lanzó una nueva canción con videoclip, You Need To Calm Down. El vídeo, en consonancia con el mensaje antihaters y proLGBTI+ de la canción, estaba lleno de cameos de celebrities de la comunidad y fue muy comentado y analizado, pero uno de los detalles que más titulares llenó no tenía nada que ver con el tema. En la escena final, una Taylor Swift disfrazada de patatas fritas se encuentra con una Katy Perry disfrazada de hamburguesa. Se reconocen entre la multitud, se acercan la una a la otra, y se abrazan. Internet estalló en júbilo.

El vídeo se leyó como el entierro final del hacha de guerra entre ambas cantantes que, tras ser muy amigas, mantuvieron una enemistad muy pública a partir de 2014. Quizá, si hubieran ido a terapia, habría resuelto sus problemas antes. Pero, si bien la terapia de pareja es algo normal y conocido, ir a terapia con un amigo es una posibilidad que a muy poca gente se le ocurre.

“Los conflictos entre las amistades están mucho más normalizados que los conflictos dentro de una pareja”, explica a Verne por correo electrónico David Blanco Castañeda, de Cenit Psicólogos. Tendemos a idealizar la unión sentimental como “la unión más importante y que hay que cuidar constantemente”, añade, “cuando se ha demostrado que los dos tipos de relación garantizan el bienestar y la estabilidad de las personas”.

La psicóloga y sexóloga Georgina Burgos apunta por teléfono otra razón: “la terapia cuesta dinero”. Por ello, hay que tener una “motivación” fuerte para acudir a ella. En el caso de una pareja puede haber elementos como hijos en común o una hipoteca que hacen que se tomen más medidas para “salvar la relación”.

Y está también la creencia “muy extendida y errónea” de que uno debe resolver sus problemas por sí mismo, indica por correo electrónico Nayara Malnero, psicóloga y sexóloga responsable de Sexperimentando. “Cada vez la terapia de pareja es más frecuente porque estamos descubriendo que no nacemos aprendidos en esto del amor, pero ¿por qué seguimos pensando que en la amistad sí? Seguimos siendo dos personas diferentes con el objetivo de compartir tiempo feliz y que, al ser cada uno diferente, no siempre nos entendemos”, explica.

David Blanco coincide. “Cuando hay un conflicto entre dos amigos, se tiende a pensar que la amistad en sí misma es garantía suficiente de solución del conflicto, y eso no es más que una falacia”.

Los conflictos de la amistad

Perder a un amigo, ya sea por un conflicto o un simple distanciamiento, es doloroso, por lo que no sorprende que los problemas con las amistades sean temas que salen a menudo en las consultas del psicólogo. “Aunque no es el motivo principal para venir a una consulta, a menudo nos encontramos en la práctica que las rupturas entre los amigos dejan la misma huella que una ruptura de pareja”, dice Blanco.

Las razones por las que nos peleamos con nuestros amigos o nos distanciamos de ellos suelen tener que ver con cuestiones “muy propias de las relaciones interpersonales”, explica Burgos. Entre ellas están las “dificultades en la comunicación, expectativas frustradas, formas diferentes de concebir la amistad, tiempo compartido de ocio que a lo mejor satisface a uno pero no al otro…”. En ocasiones, la terapia puede destapar que uno de los amigos tiene problemas relacionales propios, por lo que daría “la oportunidad para una terapia individual”, afirma la psicóloga.

Pero tener un conflicto con un amigo no significa que haya que ir corriendo a buscar un psicólogo. “Lo primero es intentar solucionar los problemas por nosotros mismos y, si el problema se agrava o se enquista, acudir a un profesional”, recomienda el experto de Cenit Psicólogos. “Tener un conflicto no es en sí patológico”, añade.

Por ello, lo primero sería dejar de “marear la perdiz” y dedicar “varias tardes a escucharse”. Y puntualiza que insiste en la idea de varias tardes: “una conversación no es suficiente para solucionar los conflictos, por mucho que las películas y series nos digan lo contrario”.

En Friends, Chandler le robaba la novia a Joey. Pero solucionaban el conflicto en menos que dura un capítulo de 22 minutos, encerrando a Chandler en una caja como muestra de arrepentimiento.

Cómo sería una sesión

Si nada funciona, entonces ya sí sería recomendable ir con nuestro amigo o amiga a un psicólogo para intentar salvar la amistad. Aunque no es algo nada habitual (en un artículo en Mic la autora cuenta que cuando quiso ir a terapia con una amiga les costó mucho encontrar a un profesional dispuesto a ayudarlas), todos los expertos consultados para este artículo dicen que aceptarían.

Nayara Malnero explica que lo enfocaría igual que una terapia de pareja. “El primer día juntos y luego cada semana ver a uno de los dos para ir dándoles herramientas y deberes”. Todo para ir avanzando y llegar a un punto con “otra sesión final conjunta en la que ya no me necesiten”, asegura.

Por su parte, Georgina Burgos recomienda abordar el conflicto a través de una mediación, algo en lo que coincide David Blanco. “Se cerraría una sesión con las dos partes implicadas (pueden ser dos amigos, o un grupo de ellos) y se definiría con ellos los problemas. Se dejaría hablar a cada uno, dejando que expresen su punto de vista particular, la importancia del asunto y los intentos de solución que han hecho hasta el momento”, dice el experto. Después “se establecerían unos objetivos” y se empezaría a trabajar hacia ellos.

¿Podrían volver Katy Perry y Taylor Swift a esa amistad que, al menos de cara al público, tenían en 2008? David Blanco apunta que ese querer volver al principio es un error común y algo imposible. “Han pasado una serie de cosas”, dice, por lo que “se insiste en la importancia de que no podemos volver al pasado”. Lo que sí podemos es “aceptar y entender los cambios en nosotros para seguir evolucionando y seguir manteniéndonos en nuestras vidas”. comenta.

La terapia es una buena idea porque “permite una conversación sosegada, donde se expresa realmente el dolor por lo sucedido y no solo el enfado y la decepción”, continúa el experto. Y ahí, al forzarnos a escuchar, “vemos realmente a nuestro amigo sufriendo, vemos su dolor y lo integramos como nuestro, y ahí es cuando sacamos la bandera blanca y le abrazamos. Así los conflictos comienzan a solucionarse”.

“Cuando una amistad merece la pena, merece la pena luchar por conservarla”, concluye Georgina Burgos. Seguro que Taylor y Katy están de acuerdo.

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