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Atraccion entre dos personas casadas

¿Son las mujeres casadas las amantes perfectas?

Los infieles colombianos creen que las mujeres casadas son las ideales para tener un ‘affaire’. Conozca cinco mitos sobre esta afirmación.

Si pensaba que por tener una argolla de matrimonio en su mano derecha usted estaba fuera del mercado de las mujeres deseadas por los hombres, se equivoca. Al contrario, es una potencial ‘amante perfecta’ según Ashley Madison.com La página web de infieles más reconocida en el mundo reveló -a través de una encuesta hecha a 1.950 usuarios colombianos- que las mujeres casadas, profesionales y con curvas son las candidatas ideales para tener un ‘affaire’. Por encima de las solteras y las divorciadas, los hombres con un promedio de edad de 39 años prefirieron tener una aventura con una mujer casada.El 68 % de los encuestados aseguró que la amante casada es la mejor opción si la idea es tener solo un romance pasajero. Con 22 % le siguen las mujeres sin compromiso y en último lugar, con un 7 %, quedaron las separadas.“Es que no hay situación más complicada para un infiel que tener de amante a una mujer soltera, porque por lo general ellas tienden a enamorarse y su objetivo en el fondo es ser las oficiales”, dice el sexólogo Fernando Calero de la Pava. En cambio, una mujer casada se puede decir que tiene cubiertas ya varias facetas de su vida: la profesional, el amor, el hogar, la maternidad (si tiene hijos) y la económica. “La sexual muy seguramente no, por eso algunas aceptan vivir un ‘affaire’, pero solo eso y sin compromisos”, aclara Calero. Siguiendo con el perfil de la ‘amante perfecta’ de los infieles colombianos, están las mujeres con una carrera profesional, quienes cuentan con la preferencia del 38 % de los usuarios de Ashley Madison. Mientras las amas de casa fueron la opción del 28 %.Contrario a lo que la mayoría de mujeres creen, los hombres no las prefieren muy delgadas. El 61 % de los hombres afirmó que les encantan las mujeres con curvas, el 21 % eligió a las mujeres con peso promedio, ni muy gordas ni muy delgadas, y solo un 8 % piensa que las mujeres delgadas son las amantes ideales.Se piensa que los infieles son personas malas, pero no es así, dice la sexóloga Flavia Dos Santos. “Cuando una mujer es infiel no está buscando lastimar al otro; no se despierta un día dispuesta a complicarse la vida, pero sí se despierta dispuesta a sentir excitación, a sentir que su deseo se satisface”, dice la brasilera. Conozca los mitos más frecuentes sobre la amante casada.Mito 1: “La casada es más discreta”Si ambos son casados el ‘affaire’ -según los infieles- tendrá mayor discreción. La mujer casada no va a alardear como una adolescente de su aventura sexual fuera de casa. “Conozco casos de mujeres que llevan 20 años siendo infieles, sin que sus esposos sospechen lo más mínimo. Ellas saben mentir muy bien y ser más discretas que ellos”, asegura el sexólogo Fernando Calero De la Pava. Mito 2: “va a lo que va”Calidad, más que cantidad de tiempo es lo que ofrece una mujer casada. Sus compromisos laborales, sociales y familiares no le permiten disfrutar de largos encuentros extramatrimoniales. Los infieles creen que la amante casada no se expondrá a ser vista en ciertos lugares con otro hombre diferente a su esposo, lo que las hará ser más creativas en horarios y lugares de encuentro.Mito 3: “Como tiene mal sexo en casa…”“…lo buscará fogosamente en otro hombre”. Eso es lo que creen algunos en relación a la mujer casada. Muchas mujeres no revelan sus fantasías sexuales a sus esposos, por miedo a perder su imagen ante ellos, pero sí prefieren hacerlas realidad con un amante. Algunas casadas aceptan tener un ‘affaire’ luego de haber tenido fallidas terapias de pareja para revivir la pasión en casa. “Ese es un dilema, porque por lo general cuando la mujer se involucra sexualmente se enamora”, dice el sicólogo Luis Eduardo Peña.Mito 4: “No será intensa”Los infieles encuestados aseguraron que las llamadas a la medianoche, los fines de semana o los mensajes de texto en plena reunión familiar no son un problema cuando la amante es casada. Primero, porque a ella tampoco le conviene y segundo, porque no busca acabar con un matrimonio. “Las mujeres con ese estado civil siempre serán ideales para una aventura porque en su mayoría no quieren un romance serio, simplemente quieren salir de la rutina y pasarlo bien sin compromisos”, dice Francisco Goic, country manager de AshleyMadison.com. Tampoco hay peligro de que se enamoren -dicen- pues el amor seguro lo tienen ya en casa.Mito 5: “No sale costosa””Las mujeres casadas y profesionales no necesitan tener un amante que les proporcione estabilidad, económica porque la mayoría ya la tiene. La invitación a un restaurante lujoso o un viaje no deslumbra a una casada de perfil alto como sí lo haría con una soltera que está en proceso de crecimiento económico y profesional”, asegura el sexólogo Fernando Calero.Creen los infieles que a una mujer casada no le conviene recibir una joya cara, pues eso la delatará ante su esposo. Incluso es posible que sea la casada la que los invite, dicen los más tacaños.Causa de infidelidad: Falta de sexo¿Qué lleva a los casados a buscar una aventura extramatrimonial? El 62 % de los hombres y el 41 % de las mujeres inscritas en 26 países del mundo a la página AshleyMadison.com aseguraron que la falta de sexo es la principal razón por la que cayeron en la tentación de buscar un amante. En el caso particular de Colombia, el 41 % de los hombres y el 48 % de las mujeres afirmó que sólo tiene sexo con su pareja una vez cada 2 o 3 meses. Y solo el 22 % de los hombres admitió sentirse mal por haber sido infiel. Por el contrario, 8 de cada 10 mujeres piensa que su relación extramatrimonial tuvo un impacto positivo en la relación con su esposo.La realidad de las amantesSi ha estado tentado a ser infiel, los sicólogos le recomiendan hacer estas reflexiones para no pecar: ¿Le gustaría que le fueran infiel a usted? Como dice el refrán “No haga a otros lo que no le gustaría que le hicieran a usted”. Simple, solo aplíquelo. “Aunque él le asegure que tiene mil problemas con su esposa, que entre los dos ya no hay nada, solo ellos pueden resolverlos. Y usted puede complicar cualquier solución”, asegura Alexandra Pumarejo, autora del libro de consejos para pareja ‘De tu lado con Alex’.¿Busca una relación estable? Si su objetivo en el fondo es formalizar un noviazgo con esa persona que hoy está comprometida con otra, está perdiendo su tiempo. Según terapeutas de pareja, un porcentaje muy pequeño de las relaciones que surgen de una infidelidad sobreviviven. ¿Estaría dispuesta a pasar fechas especiales sola? Olvídese de que, como amante, pasará Navidad, Año Nuevo y cumpleaños al lado del ser amado. La familia siempre será prioridad en esos momentos para un infiel.¿De verdad piensa que será feliz en el futuro con esa persona? Solo pregúntese algo: ¿Ahora que usted será la pareja oficial le será fiel ciento por ciento?

Cómo tener un amante sin que tu pareja se dé cuenta: trucos eficaces

10/01/2018 05:00 – Actualizado: 11/01/2018 00:44

Ser infiel ocasionalmente no es lo mismo que tener un amante. Lo primero es una canita al aire, un escarceo amoroso (más bien sexual), que se produce con una persona determinada en un momento determinado. Lo segundo es una relación secreta, en la que además de sexo también juegan los sentimientos. Diferenciar entre ambos casos es crucial, sobre todo a la hora de ocultar estos encuentros a la pareja en cuestión. Ojo, no decimos que esté bien ni abogamos por ello (y tampoco pensamos lo contrario) pero tanto si eres de los que pone los cuernos como si no, es importante que leas lo que tenemos que contarte.

Una infidelidad de una noche (de dos, de tres…) con personas diferentes, es muy fácil de ocultar a tu media naranja. Solo has de ducharte, vigilar que no te haya visto nadie y, si fuera necesario, tener una coartada con alguien. Imagina que te vas a una cena a, pongamos, Valencia, y ahí conoces a una persona interesante, sexualmente al menos. Y una cosa lleva a la otra, risitas, que si qué divertida, que si qué guapa, que si otra copa de vino, que si un bailecito… y cuando te quieres dar cuenta, estás entre las piernas de ese ser que acabas de conocer, y te has olvidado por completo que llevas una alianza en la mano. Bueno, en ese caso, si no deseas confesar la infidelidad, no tienes más que decir a tu novio o novia que «la noche fue bien, un poco aburrida, tomamos algunas copas, cariño, ya sabes, lo típico, me fui a dormir pronto al hotel porque, ya sabes, con gente tan sosa no había mucho que hacer, me puse con el móvil hasta las tantas y me desvelé, y claro, por eso tengo esta cara de cansado…», etc. No hay peligro. Un único consejo: no des muchos detalles de tu noche ni seas demasiado ambiguo, porque te acabarán pillando, sobre todo si la cornuda es una mujer (somos más intuitivas y captamos mejor el lenguaje no verbal).

Es mucho más fácil esconder escarceos de una noche que una relación extramatrimonial duradera. Debes hacerlo bien si quieres que no te pillen

Ahora bien, si se trata de un amante la cosa se complica a la par que se hace más interesante. Un amante no es un encuentro ocasional en un baño de discoteca o en una deprimente habitación de hotel. Un amante es una persona por la que se siente algo (amor, empatía, cariño, cercanía, comprensión) y con la que se mantienen relaciones sexuales (normalmente más placenteras que con la pareja formal) de forma periódica. Puede ser una vez a la semana, una vez al mes… pero no todos los días. Estos encuentros, además, suelen producirse entre semana.

Una vez diferenciado el escarceo ocasional con una relación extramarital, pasemos al punto que nos ocupa: cómo tener un amante sin que la pareja se dé cuenta. Si tienes uno, te estás planteando la idea o sospechas que tu amorcín te la pega, muy atento a los trucos supereficaces para que no le pillen a uno.

1) Ser sincero con el amante

Si a alguien tienes que ocultarle cosas es a tu pareja. Lo mejor es que tu amante sepa que mantienes una relación sentimental normal (por normal entendemos formal, convencional) con otra persona. De lo contrario, se podría complicar todo aún más. ¿Por qué? Tu affaire podría enamorarse de ti e intentar iniciar un noviazgo, hacer planes, llamarte cuando estés con tu novio o novia…

Lo ideal es que sepa cuáles son las reglas del juego, y si quiere aceptarlas, se quede; y si no, adiós. «Tengo mujer, dos hijos, pero me gustas. Quiero seguir viéndote, me aportas mucho y me lo paso muy bien contigo. El sexo es genial. Pero tienes que saber que no voy a dejar a mi familia. Y es algo que debes respetar si quieres que sigamos con esto». Más o menos sería así.

La otra persona es libre de aceptar las condiciones o no. Todo será mucho más fácil así, tanto si decide seguir quedando contigo como si no. Sabrá que tienes una vida con alguien y que no quieres perderla, pero tampoco a tu amante. Es complicado, pero es algo que sucede. Sin ir más lejos, tenemos un caso que ha copado los medios del corazón durante el último mes: la relación secreta, de ocho años de duración, entre María Lapiedra y Gustavo González.

Si ambos estáis de acuerdo en las condiciones, y sabéis cuál es vuestro lugar en la vida del otro, tu pareja nunca tendrá por qué enterarse.

2) Buscarse un amante con pareja

Lo perfecto es que tu amante tenga pareja formal, como tú. Así los dos tendréis algo valioso que perder si el affaire sale a la luz. La relación está más clara cuando ambos jugáis bajo las mismas reglas. Además, así os comprenderéis mutuamente. Si nunca has tenido un amante, puede que no lo sepas, pero es bastante duro mantener dos relaciones a la vez, querer a dos personas. Una te aporta una cosa, y la otra te proporciona otras. Ambas son compatibles, pero sabes que no puedes elegir una sola. Por eso mantienes ambas a la vez. Hasta que la bomba estalle, de una forma u otra: esa relación extramarital no va a durar siempre. De hecho, lo mejor es que no se alargue demasiado en el tiempo o acabarás como Picasso: dejando a tu pareja por tu amante, para luego volver a dejar a tu pareja-examante por una nueva amante, y así. El que es infiel, lo es siempre, no lo olvides nunca.

Si a alguien tienes que ocultarle cosas es a tu pareja. Lo mejor es que tu amante sepa que mantienes una relación formal con otra persona

3) Que pertenezcan a mundos distintos

Tu amante y tu pareja no deben conocerse. Lo haría todo mucho más turbio. Al final, tu amante se convertirá en tu amigo, tu confesor, tu apoyo, así que es inevitable que acabes hablándole de tu marido o mujer, pero lo recomendable es que no des demasiados datos. No porque el otro vaya a volverse loco y a contárselo, pero cuanto más seáis sólo dos, mucho mejor para vuestra relación y la que mantenéis con otras personas. Vamos, parafraseando a Maluma, para que seáis felices los cuatro.

Si no se conocen, además, evitaréis situaciones incómodas. Vale que hay individuos como Donald Trump que ven mucho morbo en follarse a las mujeres de sus amigos, pero es demasiado turbio como para que se mantenga en secreto y en el tiempo. Eso no acabará bien de ninguna manera posible.

4) Cuidado con las mascotas

Si no quieres que te pillen, ten mucho cuidado si los encuentros se producen en casa de tu amante. ¿Por qué? Es más que probable que en su hogar haya cabellos suyos (por mucho que limpie) y que las almohadas, el sofá o el aroma del apartamento en general huelan a él o a ella. Por ello, revísate siempre antes de salir. Y si el susodicho tiene mascotas, como gatos o perros, tienes que estar más alerta aún. Un amigo nos contó hace poco que su ahora exmujer le pilló porque un día llegó a casa con la camiseta negra cubierta de pelos de gato. Y claro, la excusa de «cariño es que el del bar ha adoptado a un minino» no sonó muy creíble.

Lo más probable es que tu affaire tenga algún utensilio para retirar los pelos de las mascotas. Pásatelo antes de salir si no te cambias de ropa. O hazte con uno y pásalo por las prendas cuando llegues a tu casa. También sirve un trapo húmedo. Y no cometas el error de principiante de pensar que con meterlo a la lavadora se irán los pelos, porque no es así: se quedarán impregnados en la ropa aunque la laves.

5) Ducharse bien, pero no con jabones ajenos

Si te vas a duchar en casa de tu amante ten cuidado con los productos que usas. Sobre todo si eres hombre y estás engañando a una mujer. Ellas, con los olores de los cosméticos, son más perspicaces que ellos. Si utilizas un gel que no es el de casa, o un champú diferente, lo olerá y tendrás que dar más de una explicación. No obstante, una buena excusa es decir que es el del gimnasio.

6) Las quedadas, solo entresemana

Lo mejor es que durante los fines de semana no quedes con tu amante, pues tendrás que dar demasiadas explicaciones y corres el riesgo de que te pillen. Convivas o no con tu pareja, los viernes, sábados y domingos es mejor pasarlos con esta o dedicarlo a los amigos. En estos días, la gente sale de su zona de confort, y puede que en «vuestro bar secreto» te encuentres a la mejor amiga de tu mujer, que ha quedado con unos conocidos que viven por la zona.

A diario, todo el mundo suele tener la misma rutina, por lo que si tu pareja todos los martes, por ejemplo, tiene spinning, el martes que has quedado con tu amante, también tendrá spinning. Siempre se trata de reducir los riesgos.

Ten mucho cuidado si los encuentros se producen en casa de tu amante. Es más que probable que en su hogar haya pelos suyos o de sus mascotas

7) No ser regular en los encuentros

Quedar entre semana, sí, pero no siempre los mismos días. Si te ves con tu amante todos los jueves, por ejemplo, acabarían pillándote seguro. Conocemos un caso real. Ella tenía todos los martes una «salida de chicas», y la mayoría de esas noches se quedaba a dormir en casa de una compañera. Al final él comenzó a dudar y un día la siguió. Sorpresa: estaba con su amante. Lo suyo es que no tengas rutinas.

8) Esto no es un truco

No somos nadie para decirte lo que está bien ni lo que está mal. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con su vida, con quien quiera, siempre y cuando no haga daño a terceras personas. Si consideras que no estás hiriendo a nadie, ni siquiera a ti mismo, adelante. Si hay un atisbo de duda acerca del sufrimiento personal o ajeno, te recomendamos que pienses bien las cosas antes de hacerlas, pues puedes perder todo en un segundo.

Los casados felices también son infieles

Las relaciones de pareja han sufrido un cambio extremo: hoy no solo es permitido tener relaciones sexuales antes del matrimonio, sino que quienes nunca se casan han logrado derechos legales idénticos a los que sí lo hacen. Los casados, además, pueden optar por divorciarse, lo que demuestra que el matrimonio ya no va hasta que la muerte los separe, sino hasta que el amor se acabe. A pesar de esas nuevas libertades, la infidelidad sigue intacta, generando el mismo estigma de siempre. Las parejas se prometen exclusividad y transgredir ese pacto es una traición que puede acabar el vínculo afectivo a un costo emocional muy alto. Aun las mentes más liberales la condenan, y eso quedó claro en un sondeo de Gallup en el que 91 por ciento de los encuestados consideran la infidelidad moralmente mala.

A pesar de eso, Esther Perel, una sexóloga belga radicada en Nueva York y autora del libro Mating in Captivity, calcula que 80 por ciento de los seres humanos ha estado en algún momento de su vida directamente afectado por una traición de este tipo. Y a pesar de ser tan común, la ciencia aún no ha logrado entender del todo a la infidelidad. Se conoce, por supuesto, la devastación que causa en la pareja ofendida y la compasión que el cornudo genera en los demás. Pero poco se sabe sobre los motivos que llevan al infiel a cruzar ese terreno prohibido y arriesgarlo todo.

En contexto: No hay que pedirle demasiado al matrimonio

En su nuevo libro The State of Affairs, la psicóloga dice que muchos creen que la infidelidad proviene de un matrimonio disfuncional. “La idea es que si usted tiene todo en casa, como promete el matrimonio moderno, no es necesario salir a buscar algo. Por lo tanto, la infidelidad es un síntoma de una relación defectuosa”, dice. En efecto, muchos señalan ser infieles para llenar un vacío ya sea de soledad o falta de sexo; o también como una puerta de escape a un matrimonio al que ya le han echado los santos óleos. Pero esa teoría, según ella, tiene el problema de dar por sentado que existe un matrimonio perfecto. Además, no resuelve el interrogante de por qué muchos en relaciones estables y felices también tienen aventuras amorosas. A partir de 1990 el adulterio en las mujeres ha aumentado 40 por ciento, y así como los hombres, ellas son adúlteras por causas que no encajan en los argumentos de siempre.

En estos 30 años de consulta con sus pacientes, Perel señala haber visto un motivo poco explorado, que nada tiene que ver con la estabilidad del matrimonio ni con los defectos del otro. “Es la necesidad de autoconocerse, la búsqueda de un nuevo yo o de una identidad perdida”, dice. Para Perel esta es una de las verdades más incómodas de la infidelidad, porque mientras para la víctima es una dolorosa traición “para el infiel, una aventura involucra crecimiento, exploración y transformación”. Es el caso de una mujer llamada Priya, de 40 años, con una vida envidiable: casada con un hombre encantador, con quien tiene dos hijos en un hogar sin afugias económicas. Aun así, ella tiene un amante con quien nunca se casaría, pero, como se lo ha confesado a Perel en varias ocasiones, la hace sentir viva.

A diario Perel se encuentra con hombres y mujeres que, como Priya, le dicen “amo a mi pareja. Somos grandes amigos. Tenemos una vida feliz juntos” para luego rematar con un “pero tengo una aventura”. Esas personas han sido fieles por años y hasta décadas, se ven maduros y balanceados, comprensivos y muy comprometidos con la relación. Todo esto indica que un buen matrimonio no garantiza la fidelidad.

Aunque el afectado recibe la aventura del otro como una agresión personal, en la mayoría de los casos su comportamiento no tiene nada que ver con su media naranja ni con la relación. Perel dice que cuando estas parejas buscan amante no lo hacen para alejarse de su pareja, sino de la persona en que se han convertido. “No buscamos a otro, sino a otra versión de nosotros mismos”, explica. En otras palabras la gente escapa de su papel en la relación: ser el que gana menos, o el que siempre evade los conflictos. O simplemente huye de lo que ella llama la gradual fusión del ‘yo’ al ‘nosotros’ que sucede en todo matrimonio y hace perder la individualidad.

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Para Perel la infidelidad no es un síntoma ni una patología, sino una crisis de identidad. Pero es más fácil que los infieles se justifiquen con las falencias del matrimonio que aceptar este comportamiento como una reorganización interna de la personalidad. El escritor mexicano Octavio Paz llama al erotismo la sed de la otredad y, según Perel, el otro más intoxicante en una aventura no es la nueva pareja, sino el nuevo yo. Por eso en un affaire el sexo no excita tanto como la idea de sentirse deseados. En el caso de Priya, ese universo paralelo con su amante la transportó a una adolescencia que por diversos motivos ella no pudo vivir a plenitud, pero para otros es un viaje de vuelta a su yo anterior al matrimonio. Incluso para algunos es la oportunidad de ser personas que nunca habían podido ser.

Como habla de la infidelidad sin juzgar, muchos creen que la apoya. “Yo les aseguro que no tomo una infidelidad a la ligera”, dice, y explica que su papel de terapeuta es encontrar un espacio para que la experiencia de ambos, el infiel y el afectado, se pueda analizar con compasión. “Analizo el amor ilícito para entender las grietas del corazón”.

El gran dilema es cómo lograr ese nuevo yo sin necesidad de sufrir los altos costos de una infidelidad. Perel siempre pregunta “¿cuándo se sienten más atraídos por su pareja?”. Y la respuesta más común es “cuando ella atrae a un tercero”. Esto sucede porque el triángulo es altamente erótico. Por eso, la primera propuesta de Perel es hablar sin tapujos de los deseos de cada uno, aunque no tengan que ver con su media naranja. La segunda es invitar a ese otro, “con la imaginación, con su representación, observando, acompañando o disfrutando de un reporte completo”. Según ella, aceptar la existencia de un tercero, así sea como una posibilidad, confirma que cada uno tiene una eroticidad separada y que las parejas no se pertenecen, sino que están en préstamo, renovable o no.

En su opinión la infidelidad no necesariamente debe llevar a la ruptura, sino a un aprendizaje para tener una relación más sólida. La mayoría de las aventuras son utópicas por naturaleza, idealizadas porque sus protagonistas las viven de manera limitada y sin responsabilidades cotidianas. Muchas comienzan y terminan como lo que son. Y de aquellas que pasan de la clandestinidad a la luz solo unas pocas logran sobrevivir. “En mi experiencia los ‘affaires’ siempre terminan así acaben con el matrimonio”, dice Perel.

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Ella aconseja hablar claro desde el comienzo sobre temas como la monogamia, las mentiras y la transgresión, y de las fantasías eróticas. Porque de los romances clandestinos se aprende que la mayoría siente una gran atracción por lo desconocido y lo prohibido. “El reto de las parejas es encontrar vías para colaborar en la transgresión en lugar de transgredir al otro o a la relación. Solo cada cual puede saber esas cosas que le dan energía erótica a su relación”. Para algunos de sus clientes esto significa ir a un bar a observar a su esposa sin hacer contacto, como si fuera la mirada de un extraño. Otros se dan licencia para flirtear hasta cierto límite. Estas parejas en lugar de ignorar lo prohibido lo han invitado a su relación para el beneficio de ambos.

Con estas tácticas ambos fortalecen su relación, y cuando ese vínculo es fuerte, dice ella, es menos probable un engaño. Eso no significa que queden protegidos de la infidelidad. No se puede perder la curiosidad por el otro, ni hacer compromisos flojos, ni repetir rutinas tediosas y nunca caer en la desalentadora resignación. Porque asi como“la muerte del amor es una crisis de la imaginación, el ‘affaire’ es una inmersión en la más creativa historia de la mente”, dice Perel.

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Apreciaciones acerca del enamoramiento, los amantes y el amor. Como un sentimiento que nace espontáneamente y con gran intensidad, es definido el enamoramiento. Esta «extraña sensación» como la llaman algunos, se mantiene durante un tiempo y luego disminuye. En unos casos desaparece y en otros se transforma en amor.

Para que dos personas se enamoren deben darse ciertas circunstancias como la atracción física, que se complementen intelectualmente, cierto grado de intimidad emocional entre ambos, acercamiento, deseo de estar juntos entre otras. Sin embargo, se dan casos en que no necesariamente se cumplen estas condiciones y las personas, de todas maneras se enamoran.

El enamoramiento es una experiencia afectiva muy intensa que lleva a las personas a involucrarse de manera profunda entre ellas y generalmente se le atribuye a la etapa de la adolescencia. Pero, algunas personas repiten este mismo patrón de conducta durante el resto de su vida. Todos los pensamientos e ideas que se tienen del otro, son positivos, irracionales e idealizados.

De manera general y en su primera fase, el amor se manifiesta como una atracción que reúne una serie de características en las cuales, intervienen cambios químicos que provocan las típicas emociones del enamoramiento. Es en este momento, cuando cada uno comienza a hacerse un arquetipo de la persona que al otro le debe gustar y comienza a «venderse» como no es, tratando de parecerse a ese arquetipo.

Si después de un tiempo ambos deciden vivir juntos, cada uno bajará la guardia y comenzarán a mostrarse tal cual y como son. Es aquí entonces cuando comienzan los conflictos.

También, ambos miembros de la pareja, se muestran tolerantes en extremo para de esta manera, poder mantener la intensidad del enamoramiento. A cualquier inconveniente, por muy grave que este sea, no se le da importancia pues lo que priva es el deseo de estar enamorado y querer al otro. Se experimenta una especie de sentido de protección, basado en la profunda convicción de «creer saber» qué es lo mejor para el otro.

Quienes se encuentran en el período de enamoramiento -que generalmente es al inicio de la relación-, se plantean ideales que con el tiempo son imposibles de lograr, porque comienzan a imaginarse una serie de situaciones con su pareja, que no pasan de ser simples ideales.

«Seremos el uno para el otro», «no importa, ella cambiará gracias a mi amor», «los dos seremos uno solo» y así, una gran cantidad de pensamientos pasan por la mente de cada persona, que luego, al enfrentarse a la realidad, ninguno puede llevar a cabo.

Estas ideas, si bien llevan consigo la necesidad -muy altruista, por cierto- de tener una relación romántica perfecta, lo único que muestra es que existen aspectos de la personalidad del otro que no nos satisfacen, pero que no expresamos o discutimos de manera asertiva y concertada con la pareja, pues así, estaríamos rompiendo el «encantamiento».

Algunos dicen: «Ya habrá tiempo para resolver los problemas» mientras que en su interior, sienten insatisfacción por los defectos o cualidades negativas de la persona amada. En este tipo de actuación, está latente el deseo interior de que con el tiempo y el amor se modifiquen las conductas de nuestra pareja que en la actualidad no nos gustan.

No queremos expresar con esto que el enamoramiento sea malo. Por el contrario, esta actitud favorece y facilita la formación de la pareja. Tanto los hombres como las mujeres sienten impulsos que emiten señales inconscientes -gestos, miradas, sonrisas, etc.- que provocan reacciones instantáneas en ambos. Es lo que se define como química del amor. Lo que no debemos establecer es una relación de enamoramiento enfermizo que nos lleve en un futuro a tener conflictos, que nos pueden llevar, no sólo a una separación inminente de la persona que amamos, sino también a desconocer lo importante de una relación menos intensa pero más profunda y estable basada en el amor.

LA IMPORTANCIA DEL NOVIAZGO

Una vez que las personas deciden formar pareja para toda la vida, inician la etapa del noviazgo, que no es más que una prueba en la que miden cuán compatibles o no son, cuales son las diferencia o las semejanzas que unen a ambas personas, entre otras cosas. Inclusive se miden hasta los grados de complementariedad de las familias de ambos, por aquello de que al casarse con su pareja, lo hacen también con su familia.

En este período, los novios manifiestan intereses comunes y se hacen expectativas para el futuro y aun cuando no se establece cuál es el tiempo adecuado para mantener un noviazgo, se ha determinado que los matrimonios cuya pareja tuvo un tiempo de noviazgo corto, tienden más al fracaso. No así los matrimonios en los que la pareja tuvo más tiempo para conocerse en la etapa de novios. Sin embargo, lo importante en esta etapa, no es solamente querer a la persona sino mantener con ella un elevado nivel de comunicación que nos permita saber quien es ella y si se adecua a lo que nosotros queremos y necesitamos como pareja.

Elegir a una persona y hacer una vida en común es una de las decisiones más trascendentes en la vida de todos. Es por ello que, si bien nos enamoramos y queremos a nuestra pareja, también debemos racionalizar si se ajusta a lo que nosotros queremos y nos hemos planteado acerca de cómo debe ser la persona que nos acompañe en la ardua tarea de consolidar una familia.

LOS AMANTES

Este es un tema del que las personas poco hablan. Dicho de otra manera, prefieren no hablar.

Por lo general, la relación de amantes es poco aceptada socialmente, pues la misma trae consigo el entorpecimiento de las buenas relaciones entre una pareja, la ruptura de ésta y en el peor de los casos, la disolución de una familia.

Sin embargo, es preferible no hacer juicios acerca de por qué una persona decide tener un amante o ser amante de alguien.

Por lo general, las personas se entusiasman con aquel o aquella que después será su amante. Es preciso resaltar que pocas veces, este entusiasmo es amor Muchas veces es enamoramiento pues idealizamos y exaltamos en el o la amante cualidades que creemos no tiene o perdió nuestra pareja. Generalmente, en el plano emocional y sentimental, se pierde más de lo que se gana en una relación de este tipo. Por ejemplo, compartir espacios con el o la amante es muy limitado por lo que llegar a tener una relación comprometida es difícil. A algunos les da resultados, pero después de haber pagado un alto precio. Compartir momentos importantes es difícil lo que va cargando de frustración a quienes se involucran en esta relación. Una vez que se da y aun cuando es muy placentera, resulta muy doloroso el término de la misma.

Existe una confusión tal de sentimientos en ambos que complica la situación de ruptura entre los amantes. Se autocuestionan por el engaño del que es producto su pareja formal pero al mismo tiempo la culpabilizan, tratando así de justificar su «segundo frente».

Viven una vida complicada tratando de cumplir con todo el mundo: la pareja, los hijos, el o la amante. Restan tiempo productivo al trabajo para poder estar con la persona que consideran es el refugio y apoyo para todos sus problemas.

En el plano familiar, generan un ambiente adverso debido a que maximizan los defectos de su pareja y minimizan sus virtudes, recriminándoles siempre por cualquier tontería y creando así un clima de incomunicación.

Las causas que llevan a una persona a la búsqueda de una relación diferente a la formal, pudieran ser muchas. Pero la principal es la incomunicación. No son pocas las parejas que comienzan a manifestar insatisfacciones, no sólo en el plano sexual sino en el plano general de la relación.

Esto se debe a que cuando decidimos formar una pareja, nos imaginamos interactuando con ella de una forma determinada, por lo que cargamos nuestra relación con una serie de expectativas que después no se cumplen. Al no cumplirse, nos llenamos de frustración y comenzamos el juego de buscar en otras personas lo que supuestamente nuestra pareja no nos da.

Decimos supuestamente, porque en la mayoría de los casos son situaciones imaginadas por nosotros mismos y no circunstancias reales, las que nos llevan a cometer errores en la relación con nuestra pareja.

Es por ello que, se hace necesario el conocimiento profundo de la persona con la que decidimos unirnos y no el planteamiento imaginario de situaciones que sólo están en nuestra cabeza.

Si la necesidad de realizar lo que nosotros creemos debe ser una relación es imperiosa, tenemos entonces que conversar con nuestra pareja. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que cuando dos deciden tener vida en común, se unen con sus defectos, virtudes, cualidades y costumbres y no podemos trabajar jamás en función de cambiar al otro. Dejemos de exigir que las cosas sean como nos las hemos imaginado. La fantasía es una cosa y la realidad es otra. Ambos deben lograr acuerdos para que las cosas fluyan en un ambiente donde los dos se sientan satisfechos. De esta manera estaremos respetando nuestra relación, a nuestra pareja y evitamos buscar en otros «lo que no conseguimos en nuestra pareja». Al final, tampoco estamos seguros de que otros nos puedan dar lo que imaginariamente estamos necesitando. Démosle sentido a la comunicación, el respeto mutuo y el verdadero amor.

La pareja que lleva 15 años junta pese a estar casados con otros

Tenía 19 cuando ingresé a una entidad financiera para hacer un reemplazo de cuatro meses como asistente. El trabajo era rutinario, pero de vez en cuando salíamos con mis compañeros de oficina a tomarnos unas cervezas. Era un plan tranquilo.
Cuando yo iba por la mitad del tiempo del reemplazo tuvimos otra salida, pero en esta ocurrió algo inesperado. Mi jefe, quien para entonces tenía 29 años, me confesó que se sentía muy atraído por mí.

Fue algo inesperado. Él jamás me demostró algo o me insinúo alguna cosa. Todo fue muy raro. Estábamos tomando y en un momento sentí que su mano tomó la mía debajo de la mesa. Quedé paralizada. Apenas atiné a mirarlo y me dijo: ¿no te habías dado cuenta de lo mucho que me gustas?
Desde ese día empezamos a hablar y el sentimiento se volvió mutuo. La siguiente semana repetimos salida, pero esta vez solos. Fuimos a tomarnos unas cervezas cerca al Andino y al otro día fuimos a comer. A mí me agradaba también y me parecía extremo salir con él porque era mi jefe y porque yo tenía otra relación, dos cosas que al final no fueron impedimento para estar juntos. Un contundente beso sellaría el inicio de nuestra relación a escondidas.
Para ese entonces yo tenía un novio con quien llevaba 2 años y medio, y mi jefe estaba solo. De cara a la verdad, él siempre acepto mi noviazgo, siempre me dijo que no quería nada serio y así, con todo y mi relación, le parecía ideal.

Esa fue la forma en la que se inició esta relación candente, emocionante y muy pasional. Las reglas eran claras, o eso pensábamos: nos veíamos todos los días después del trabajo, y los fines de semana eran para mi novio.
Mi jefe fue enfático en que no le metiéramos a este aventura ni amor ni ningún sentimiento, y si soy sincera, para mí fue perfecto… hasta que él empezó a enamorarse. Puso la regla y la quebrantó.
Cuando ya llevábamos cinco meses decidió presentarme como su novia oficial y de un momento a otro ya había conocido a mis segundos suegros. A este punto yo ya lo quería y por tanto me interesaba saber cómo vivía, quiénes eran sus hermanos, cómo eran sus papás. No le vi problema a ir. De todas maneras, siempre le parecí muy niña a sus papás. Pero éramos felices. Casa vez que iba a su casa terminábamos en su habitación arrunchados. Era nuestro nido de amor.
A esta altura, él ya no era mi jefe. Hice el reemplazo en esa empresa, conseguí trabajo en otro, pero nuestro amor siguió.
La relación siguió tomando fuerza, se volvió estable y sí, ambos le metimos amor. Era inevitable. Cuando cumplimos un año, él ya empezó a mostrar incomodidad por mi ‘relación oficial’. Ahí empezaron los problemas.

Yo pensaba que sería un berrinche pasajero y que en unos días me buscaría, pero no fue así. El hombre se llenó de fuerzas y decidió dejarme del todo

Yo no iba a dejar a mi novio. Mejor dicho, no me sentía capaz. Yo apenas tenía 19, era inmadura. No creía que pudiera enfrentar a mi pareja y decirle que me había enamorado de otro. Preferí no hacerle daño y seguir con él. A él yo también lo quería. Además, mi exjefe empezó a hablar de matrimonio, de irnos a vivir juntos y eso me causó temor. Yo era muy joven para tomar decisiones como esas.
Ya cansado de esperar que yo tomara la decisión de terminar con mi noviazgo oficial, de ser el segundo y anhelar que tuviera una relación solo con él, mi exjefe decidió dar un paso al costado y terminó con todo.
Yo pensaba que sería un berrinche pasajero y que en unos días me buscaría, pero no fue así. El hombre se llenó de fuerzas y decidió dejarme del todo.
Ahí empezó mi tormento porque yo también me había enamorado. Lo extrañaba, aunque siempre dudé si un hombre 10 años mayor que yo era lo que yo necesitaba.
No me aguanté y a los dos meses lo busqué al ver que no daba señales de vida. Pero había dejado pasar demasiado tiempo, él ya había tomado fuerzas, y me rechazó, me dijo que era demasiado tarde y que no había nada que hacer.
Así que empecé el tortuoso y lento camino de la tusa. Me costó lagrimas… muchas. En el medio, yo seguía con la relación con mi novio, a quien tenía que fingirle que estaba feliz y tranquila, pero el dolor lo llevaba por dentro. Sabía que había perdido a alguien muy especial.
Meses después, me enteré que mi jefe había iniciado una relación con una compañera de la especialización, y eso me dolió más, pero a ese punto tenía que aceptar que había perdido. Me resigné.
Empecé mis estudios universitarios de pregrado y eso me mantuvo “distraída”. Había tardado un poco porque hasta ese momento obtuve el cupo en la universidad que yo quería. Pero con eso también vino la fiesta y bebí hasta más no poder tratando de sacarlo de mi corazón. En muchas ocasiones, con tragos en la cabeza, lo llamé, le puse canciones y le dije que me perdonara, pero ahora era él el que andaba tranquilo con su nueva relación y no se inmutaba.
Por un tiempo la dinámica mía fue así: yo lo llamaba borracha y al otro día despertaba con el guayabo moral de haberlo buscado en ese estado .
Pasó un año y medio y terminé con mi novio. Tuve algunos problemas con su mamá y, la verdad, yo ya no lo quería. Nuestra relación se había tornado tormentosa.
Duré sola un año, pero el pasado se encargó de alcanzarme. Mi examante volvió.
Contactó a mi hermana, empezó a escribirle para llegar a mí y una noche terminé sentada en el computador escribiéndole y saludándolo. Aquí íbamos de nuevo, empezando a salir, pero esta vez con los papeles cambiados : yo me volví su amante mientras él seguía con su relación.

Por un tiempo la dinámica mía fue así: yo lo llamaba borracha y al otro día despertaba con el guayabo moral de haberlo buscado en ese estado

Creo que lo hizo para que yo sintiera en carne propia lo que él había tenido que vivir a mi lado. Ahora nos veíamos a escondidas de su novia y empezamos una relación muy pasional. Mejor dicho: solamente pasional. Ahí no pasaba a más.
Es evidente que siempre nos ha unido el sexo. En la cama somos bomba y nos entendemos a la perfección. Él conoce perfectamente todo lo que me gusta y yo sé hacerlo llegar a su punto máximo. Somos una mezcla peligrosa y eso selló nuestras almas, nuestros destinos, todo.
Duramos tres años así. ¡Tres años! Él con su novia de la especialización yo ahí detrás de él esperando, como antes él lo había hecho, a que tomara la decisión de dejar y poder, por fin, tener algo solo los dos.
Entonces conocí a un hombre espectacular y empezamos a salir. Ahí decidí alejarme completamente del fulano porque esta vez yo quería iniciar una relación con todas las de la ley.
Logramos estar lejos algunos meses, pero me volvió a llamar. Esa primera cita era, supuestamente, para tomarnos un café, pero el café terminó en una cama de motel haciendo lo que más nos gusta… Y aquí íbamos de nuevo. Cada quien con su pareja y siendo amantes otra vez. Nos veíamos esporádicamente y ya sabíamos para qué.
Llegamos a perdernos por meses y hasta años, pero siempre alguno de los dos era débil y llamaba al otro. La escena se repetía y, al final, pasaba lo de siempre.
Yo lo quería mucho, sentía todavía muchas cosas por él y sé que él por mí. No entiendo por qué no fuimos capaces de darnos una oportunidad y de tener una relación normal estando solos. Estoy segura que hoy seríamos muy felices, pero no sucedió.
Me gradúe de la universidad y empezaron a cumplirse las etapas que se suponen deben pasar. Mi novio me propuso matrimonio, así que dije que sí. ¿Por qué lo hice? Porque mi novio era un hombre espectacular. Me decidí a amarlo y me resigné a perder mi exjefe.
Nos faltaron pantalones, ímpetu. En eso coincidimos ambos. Siempre pensábamos en no hacerle daño a terceros. Fuimos cobardes y esa es la razón por la que no estamos juntos hoy en día.
Entonces, me casé. Al cabo de un tiempo, él dejo a su novia y empezó otra relación con quien hoy es su esposa. Después de casados pensamos que habíamos podido darle punto final a nuestra historia. Ambos ya teníamos parejas muy estables, compromisos e hijos. Por un tiempo no tuvimos contacto y luego, esporádicamente, hablábamos por celular.
Pero las llamadas se convirtieron en salidas a almorzar para contarnos cómo iban nuestras vidas de casados. Los almuerzos eran más seguidos y con cogida de mano y abrazos prolongados. Cuando nos dimos cuenta ya volvíamos a estar en un motel amándonos de nuevo y saciando todo lo que solo él y yo necesitamos, deseamos y queremos del otro.

Nos faltaron pantalones, ímpetu. En eso coincidimos ambos. Siempre pensábamos en no hacerle daño a terceros. Fuimos cobardes y esa es la razón por la que no estamos juntos hoy en día

Desde hace cinco años nos vemos un par de veces al año. En algunas ocasiones solo almorzamos. En otras, eso incluye volver a amarnos, volver a terminar en una cama. Somos conscientes del riesgo y lo peligroso que resulta tener algo ahora porque ya tenemos familia, pero hemos sido muy cautelosos.
Tenemos claro que ninguno va dejar su familia para poder intentar algo juntos. Ahora tenemos hijos y son nuestra prioridad y nos sentimos bien con nuestras parejas. Así que seguiremos este camino de la vida separados, aunque nos una el mismo cielo.
Ya es muy tarde para coger fuerzas y hacer las cosas diferentes. Ya veremos qué nos depara la vejez.
Lo más difícil es que es este amor es más racional, más inteligente y respetamos profundamente los espacios con la familia de cada uno. Nos une un sentimiento poderoso de amistad y admiración.
15 años han pasado y no hemos podido parar con esto.

Posdata de la autora: Si lees esta columna, es un homenaje anónimo por estos primeros 15 años en los que no he dejado de quererte.
«No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió» Joaquín Sabina.

Anónimo*
*Por petición se protege el nombre de la autora.

¿Tiene una historia de amor curiosa o poco común? Nos interesa conocerla y publicarla en #MensajeDirecto. Escríbala y envíela a los correos [email protected] y [email protected] y lo contactaremos. Debe tener un mínimo de extensión de dos hojas y un máximo de cuatro hojas.

La química emocional entre dos personas

¿Cómo saber si hay química emocional entre dos personas? Tenemos que admitir que, en ocasiones, nos resulta complicado saber si hay una atracción mutua entre dos personas. Las señales no siempre son claras y a veces es mejor preguntar directamente antes que caer en un malentendido. De todos modos, hay unas señales que pueden ayudarnos a saber si existe una atracción o conexión.

Lenguaje corporal

A veces, no nos atrevemos a expresar esa conexión de manera verbal, pero nuestro cuerpo nos delata. Cuando dos personas se acercan más de lo normal y no apartan su mirada (o por lo contrario se miran furtivamente) suele ser una señal clara de que entre ellos hay una fuerte química. También son síntomas de atracción el ponerse nervioso cuando hablamos con esa persona, tener las pupilas dilatadas, juguetear con algún objeto mientras hablamos, tocarnos el pelo…

Intereses compartidos

Una vez pasada la barrera de los nervios, empieza a surgir la confianza. La conexión mental entre dos personas empieza a hacerse evidente cuando empiezan a hablar y descubren que comparten muchos intereses. Tener temas de conversación en común refuerza el lazo emocional y la confianza en el otro. Además, el hecho de compartir opiniones evita conflictos y discusiones futuras.

Largas conversaciones

Al compartir pasiones es inevitable tener largas conversaciones, ya sea hablar de películas, series, recetas, animales… Es en ese momento cuando se da un paso más y las personas que tienen una fuerte química empiezan a compartir espacios personales, a quedar a solas y a abrirse con sus intimidades. La confianza va surgiendo lentamente. En este punto, la química emocional ya es evidente.

Pasión

Cuando la atracción es inevitable muchas veces desemboca en pasión, ya sea en contacto sexual o en la creación de un fuerte lazo emocional perdurable en el tiempo. Ambas muestras de pasión suelen ser un punto de inflexión en la relación entre dos personas. La química emocional toma un papel protagonista en ellos y esto puede aportar grandes beneficios en su relación.

Experta revela los gestos que delatan a dos personas cuando se gustan

24Horas.cl TVN
12.02.2016

Hay veces en que la complicidad entre dos personas que se gustan se hace tan evidente, que el entorno de ambos no tarda en captar la química que se produce cuando están juntos o simplemente compartiendo en un grupo en común.

Sin embargo, cuando la llama del amor recién se prende aparecen pequeños detalles que para los demás son imperceptibles todavía. Ante ello, la psicóloga estadounidense experta en parejas Mila Cahue dio a conocer esas tempranas señales inequívocas.

«Aunque dos personas que se quieren estén sentadas en cada extremo de una mesa, siempre que se miran están diciéndose que no se olvida el uno del otro, que están pendientes uno de otro», explica la facultativa.

Como decíamos anteriormente, es necesario partir de la base de que muchos guiños entre los que se aman a veces no se pueden percibir y que nunca serán detectados por los demás, ya que pertenecen a esa esfera íntima que sólo la pareja comparte y que les hace especial al uno y al otro. «Son códigos que pasan desapercibidos para el resto de las personas que estén alrededor, que sólo captan y tienen un significado para los miembros de la pareja. Ponerse entremedias de forma muy sutil cuando uno sabe que al otro le molesta algo, hablar o callarse o echarle/la un capote para evitar una conversación que al otro le disgusta son esos gestos íntimos, solo exclusivos de ellos. Y que nadie percibe», asegura Cahue, en dichos que son reproducidos por el diario ABC.

Hay gestos de amor aún más difíciles de detectar. La psicóloga explica algunos de ellos: «La conexión con la persona querida también se demuestra cuando la pupila se dilata. Cuando se tocan con gestos cariñosos y delicados, como pasar la mano suavemente por el hombro. Cuando en compañía de un grupo, la pareja se encuentra alejada y termina por acortar esa distancia y juntarse. Cuando el tono con el que se hablan entre ellos es más confidencial y bajo en volumen, no porque quieran mantener algo en secreto sino porque existe una complicidad. La complicidad va acompañada de un gesto de comprensión: ‘estamos de acuerdo’; de una sonrisa y de un rostro relajado».

Y en el día las muestras de cariño son continuas. «Siempre basadas en el respeto», asegura Cahue. «Las llamadas a diario para ver como estás, para informar si vas o no a comer como una forma de respeto hacia la persona con la que se convive y se comparte espacio, tiempo y vida, no como forma de pedir permiso», detalla.

Entre dos personas que se quieren todos los días se produce siempre un pequeño gesto de reconocimiento, atención y cariño, que demuestra que el otro es especial. Cahue lo ilustra con algunos ejemplos: «El hecho de preparar una cosita especial para la cena, de comprar unas entradas para ver una película en el cine el fin de semana, darse un beso antes de marcharse a trabajar o de buenas noches, las ganas por llegar a casa o que llegue el fin de semana por estar juntos».

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El porqué de la atracción hacia personas comprometidas

Un estudio publicado por la psicóloga Stephanie Newmanm en el Psychology Today evaluó un grupo de mujeres para conocer cómo prefieren a los hombres.

La pregunta era sencilla, ¿les gusta el hombre que ven en pantalla? Inicialmente, el 90% de las mujeres encuestadas aseguró que el sujeto sí era de su interés. El 10% restante dijo que no. Luego de la respuesta (sí o no) se les mencionó que el sujeto que veían, era casado y tenía una relación estable y duradera.

El 59% que dijo sí desde un inicio, mantuvo su postura. Las mujeres sentían atracción por él sin importar que estuviera en una relación. Solo el 31% (del 90% inicial) cambió de opinión. Respetaron su situación sentimental.

El psiquiatra y profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia, Álvaro Rodríguez, resolvió los interrogantes del estudio.

Rodríguez asegura que el interés de una persona por un sujeto comprometido se debe a diferentes factores que involucran los siguientes aspectos:

Las personas comprometidas demuestran que han sido atractivas para otros y por ende evidencian que poseen cualidades llamativas para sostener una vida en pareja estable.

Quien busca personas comprometidas suele tener mayor autoestima y confianza en sí misma, cree que sus cualidades físicas y aptitudinales superan las de su ‘rival’.

Adicional a los gustos de la persona, también está el deseo de compartir con personas mayores y con mayor recorrido emocional, individuos que por lo general ya tienen pareja establecida.

Es claro que el estudio no representa al 100% de las mujeres del planeta. Sin embargo, la población es consciente que es un fenómeno que se puede presentar en cualquier momento y población.

Las mujeres no son las únicas que se fijan por hombres casados o comprometidos. Existen sujetos que tienen afinidad por las casadas, pero no serían por las mismas razones mencionadas por Rodríguez.

En el caso de los hombres, buscan mujeres casadas con intenciones netamente sexuales debido a que, algunas, solo muestran interés por el coito y no en aspectos emocionales.

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