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Canciones de miedo

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Canciones de Miedo y Risas

La Familia Scalofrini, tres monstruosos músicos multiinstrumentistas, presentan su nuevo espectáculo musical «Radio Scalofrini» en Conde Duque en navidad.

Lugar: Centro Cultural Conde Duque.
Fecha: navidad 2018/19.
Precio: 3 euros. Venta entradas.
Edad recomendada: a partir 5 años.

Radio Scalofrini es un espectáculo de teatro puro en el más estricto de sus sentidos. Los multiinstrumentistas de Familia Scalofrini dan vida a este espectáculo en el que música y canciones soportan el peso de la dramaturgia. Sonarán instrumentos como el saxo, tuba, trompeta, guitarras, flauta, clarinete, ukelele y hasta un theremin.

En Radio Scalofrini encontramos a tres personajes llenos de ilusiones y frustraciones a los que su programa de radio los llena de vitalidad y a través del cual inventan un mundo propio, un mundo en el que conviven seres con un denominador común: su necesidad de comunicar sus penas, alegrías e inquietudes.

La Familia Scalofrini son los músicos que dan forma al espectáculo de Canciones de Miedo y Risas.

El núcleo lo componen:

Bruno Duque: Voz, Guitarra, Flauta, Saxos. Composición y dirección musical.

Marcel Mihok: Contrabajo, Bajo eléctrico, Guitarras.

Miguel Bestard: Tuba, Fliscornio, Trompeta, Clarinete, Guitarra, Teclado.

Canciones de Miedo y Risas propone disfrutar con una mezcla inteligente de miedo y humor. Canciones originales y populares específicas para el público infantil. Juegos musicales participativos, narraciones inquietantes y divertidas.
El repertorio, el concepto del show y su dinámica de desarrollo parten de la idea de que el público al que van dirigidas, [email protected] niñ@s, es inteligente y disfruta con propuestas que le estimulan.
¿Quién ha dicho que los monstruos no se divierten? ¿Que los esqueletos no tienen sentimientos? ¿Que los espíritus no son presumidos?. Quien dice eso, es que en realidad no les conoce.
Canciones de Miedo y Risas es un proyecto de música infantil que propone precisamente eso: pasar un poco de miedo y reírnos mucho junto a monstruos, fantasmas, vampiros y otros invitados inciertos. Son canciones infantiles, es un espectáculo de directo y es un proyecto didáctico.

Edad recomendada: a partir de 5 años.

Más información en www.cancionesdemiedoyrisas.com

Que las bandas sonoras son parte nuclear de una película de terror es algo que no se le escapa a nadie. El «tachán» a destiempo, con el volumen al 11 y con su buena dosis de percusión y cuerdas desgarradas es esencial en una película de terror, como también lo son los violines desafinados para que te zambullas en una atmósfera crispada, o un lejano arrullo de sintetizador para favorecer un espectral misterio. Al mismo nivel que las imágenes sugerentes o las interpretaciones al límite, las bandas sonoras son una pata esencial para construir una película de miedo memorable.

Pero hay veces en las que los temas principales de las bandas sonoras de terror se convierten en algo que va más allá de un mero acompañamiento de una situación de suspense o una ayuda para construir la tensión. A veces son la misma identidad de las películas: un tema pop de ribetes inquietantes, un par de acordes que simbolizan al monstruo con más precisión que cualquier línea de diálogo, una fanfarria perfecta para acompañar un logo inmortal en los créditos.

Hemos seleccionado algunas de esas ocasiones en las que las bandas sonoras han hecho más que crear atmósfera: se han convertido en el ADN del mejor cine de terror. Sube el volumen y escóndete debajo del sofá, no sin antes tener muy en cuenta nuestro inevitable disclaimer: primero, esta selección es absolutamente personal del arriba firmante. Te invitamos a que compartas tus propuestas en los comentarios. Y segundo, hemos intentado no repetir autores, que es el motivo de que no haya treinta bandas sonoras de Carpenter y otras tantas de Goblin. Nuestra intención es darte un panorama lo más variado posible.

Drácula (1958)

Compositor: James Bernard

El muy habitual de la Hammer James Bernard (suyas son las BSOs de los Dráculas de la casa, así como de los Quatermass, entre muchas otras) dio aquí con el tono perfecto que tendrían los grandes éxitos de la compañía en el género del terror. Es decir, clásico pero a la vez grandilocuente, tremebundo, rozando la exageración premeditada, sinuosa como los intervalos sensuales del erotismo hammeriano y avasalladora como aquella violencia nunca vista antes en la gran pantalla. Estos míticos compases del tema principal de la primera ‘Drácula’ de Christopher Lee serían reformulados en otras películas colmilleras de la Casa, como en la también extraordinaria banda sonora de ‘Drácula, Príncipe de las Tinieblas’.

Psicosis (1960)

Compositor: Berrnard Herrmann

Quizás la banda sonora más famosa de la historia del cine de terror, en perfecta consonancia con las intenciones de Alfred Hitchcock con su película: hasta bien avanzada la trama, nada de lo que sucede es especialmente inquietante. Es anodino incluso: pero ahí están esas furibundas cuerdas de Herrmann para recordarnos que algo no va bien, pese a los matices evocadores que tiene la melodía. Y luego, la secuencia de la ducha: Hitchcock quería que la única banda sonora fuera el agua, los gritos y las cuchilladas. Herrmann le convenció de que el sonido de un violín aullador reforzaría la escena. Y vaya si lo hizo.

La semilla del diablo (1968)

Compositor: Krzysztof Komeda

Komeda, compatriota polaco de Polanski, fue un respetado compositor de jazz, pero será recordado por la nana que Mia Farrow canta en los créditos iniciales de ‘La semilla del diablo’, pura perversidad presatánica con el mero acompañamiento de un clavecín. El resultado, en tiempos mucho menos explícitos que los actuales, fue revolucionario, y ahora prácticamente no podemos escuchar una nana en una película (del género que sea) sin que un escalofrío nos sacuda el espinazo. El resto de la banda sonora también es excelente, jugueteando con texturas eróticas, atmosféricas y disonantes.

El exorcista (1973)

Compositor: Mike Oldfield

Cuando William Friedkin decidió desechar la (excelente, aunque esa es otra historia) banda sonora de Lalo Schifrin para ‘El exorcista’, la elección de esta sustituta fue casi casual. El director estaba visitando las oficinas de Atlantic Records -distribuidora en Estados Unidos de ‘Tubular Bells’, el primer disco recién publicado de Mike Oldfield-, cogió un disco sin etiqueta al azar y lo hizo sonar. Decidió que los primeros compases eran perfectos para su película, y la inclusión de este tema en la banda sonora de la película de terror que cambió el mundo convirtió el tema de Oldfied en un hit internacional. Una de las asociaciones artísticas más insólitas de la historia del cine de terror, y también una de las más imborrables.

El hombre de mimbre (1973)

Compositor: Paul Giovanni

Junto al tema principal de Riz Ortolani para ‘Holocausto Caníbal’, uno de esos temas de la historia del cine de terror que parecen inocentes y hasta podrían ser aislados éxitos pop, pero que en el contexto de sus respectivas películas reciben una capa de perversidad que las convierten en auténticos himnos oscuros. En este caso, ‘Willow’s Song’ es el tema que la hija del posadero, Britt Ekland, canta a la enjuta voz de la razón personificada por el protagonista de ‘El hombre de mimbre’. De ritmo estructurado como una espiral ascendente, con una percusión cada vez más física y tangible, su letra incluye fragmentos de poemas populares y también de significado levemente pagano, esquinado e impío. El resultado es capaz de enloquecer hasta al más cristiano de los oficiales de las fuerzas del orden de Su Majestad.

La matanza de Texas (1974)

Compositores: Tobe Hooper y Wayne Bell

Como todo lo que rodea a la película más aterradora y brutal de todos los tiempos, una afortunadísima mezcla de improvisación, intuición, talento desbocado e imprudencia juvenil dio como fruto esta abstracción demencial que mezcla experimentación y country zumbado. Las cacofonías imposibles (emisiones de radio, golpes en cacerolas, lo que hoy llamaríamos drones desbocados) adquieren un cuerpo extrañamente rítmico. Un milagro creativo y la representación más exacta del pánico sonoro jamás plasmada en celuloide, y que ha influido a lumbreras como Animal Collective y la facción más redneck del freak folk.

Tiburón (1975)

Compositor: John Williams

Una auténtica muestra de creatividad y genio por parte de un Williams facturando la primera de sus muchas composiciones icónicas para Steven Spielberg. La originalidad de la composición está en que con una tremenda sencillez melódica consigue comunicar al espectador la violenta y cerval intención del tiburón, y cómo su instinto asesino se modula bajo el agua. Se dice que cuando Williams le presentó la partitura a Spielberg, interpretándola con dos teclas de piano, este pensó que era una broma, tal era la intuitiva sencillez de una de las bandas sonoras de terror más tarareadas de todos los tiempos.

Suspiria (1975)

Compositor: Goblin

Como en tantas otras entradas de este artículo, la discografía de Goblin da para texto propio, pero si hay que elegir nos quedamos (después de competir fieramente con su música para ‘Zombi’ de Romero) con su tema para ‘Suspiria’, la épica historia de brujas y danza clásica en Nueva York de Dario Argento. Argento pidió a esta banda de prog-rock italiana, comandada por Claudio Simonetti, que más que un acompañamiento a las imágenes, compusieran temas que enhebraran la atmósfera pesadillesca que él buscaba, de ahí los inolvidables temas circulares, cacofónicos, y los gritos de «Bruja, bruja», así como la experimentación melenuda con disonancias y ritmos poco convencionales. Al lado de esto, los esfuerzos de Thom Yorke dan algo de cosica.

Rocky Horror Picture Show (1975)

Compositor: Richard O’Brian

Por supuesto que estuvimos dándole vueltas a varios musicales de temática macabra para incluir por aquí, de la demoledora ‘Cannibal’ a ‘El Fantasma del Paraíso’ que adorna nuestra cabecera, pasando por ‘La tienda de los horrores’. Nos quedamos con ‘Rocky Horror Picture Show’ por ser epítome del más puro cine de culto, y porque la entregadísima declaración de amor que hace en sus títulos de crédito al cine de género sigue haciendo que se nos salten las lágrimas. Puede que no sea la película más aterradora de esta lista, pero desde luego es la que mejor nos representa. Programas dobles, siempre, todo el rato.

La profecía (1976)

Compositor: Jerry Goldsmith

Ya pisando el acelerador de la moda satánica de los setenta, tras el bombazo de ‘El exorcista’, Goldsmith se puso demoniaco del todo, dejando atrás la sugerente y extrañisima atmósfera, casi casual, que Friedkin consiguió empleando la abstracta ‘Tubular Bells’ para su película. Aquí ya vamos con un «Viva Satán» como un castillo, en el aterrador tema principal de ‘La profecía’ de Richard Donner. El resultado hiela la sangre y fue nominado al Oscar, tanto la BSO en su conjunto como este tema que, francamente, si yo fuera disc-jockey, lo pondría como punto final de cualquier rave. La idea de crear una misa negra sonora, invirtiendo frases de la consagración de una misa cristina en latín es de una perversidad considerable. Ha tenido, como es natural, múltiples versiones, pero nos quedamos con la locura de la superbanda de art-grindcore Fantômas.

La noche de Halloween (1978)

Compositor: John Carpenter

Si nos ponemos con las bandas sonoras de Carpenter, el maestro se nos come el artículo: ya hicimos una selección de sus mejores bandas sonoras aquí, pero posiblemente la cima de su muy representativo estilo sintetizado sea una de las primeras, ‘La noche de Halloween’. El poco habitual compás de 5/4 al que discurre (insólito en la música pop) le da una atmósfera de extrañeza, igual que los sonidos sintetizados envolventes que se desploman sobre las reconocibles y crispadas notas de la melodía principal. El mismo Carpenter lo reformularía con más o menos disimulo en el resto de su filmografía, hasta el punto de contagiar a nada menos que a Ennio Morricone en la también sensacional música para ‘La cosa’. Un clásico absoluto. Por cierto, si quieres conocer a un heredero tronadísimo de la locura sintetizada de Carpenter, acércate a la BSO de Harry Bromley Davenport para su propia ‘XTRO’.

Nosferatu, vampiro de la noche (1979)

Compositor: Popol Vuh

La banda de krautrock y música avanzada -entre otras muchas etiquetas que no les hacen justicia del todo- Popol Vuh fueron los responsables de poner música a esta lírica oda a lo putrefacto de Werner Herzog. No fue la única vez que colaboraron Herzog y Popol Vuh (también lo hicieron en ‘Aguirre, la cólera de Dios’ o ‘Fitzcarraldo’), aunque sí fue la más destacada. Aquí, la banda se inspiró tanto en Wagner como en el folclore georgiano, lo que lleva al empleo de instrumentos atípicos que acercan sus temas al folk más clásico: entre sitares y guitarras acústicas. El resultado propone un contraste brutal con el inhumano monstruo al que da no-vida Klaus Kinski, a la vez que hunde sus uñas en los orígenes milenarios, vinculados a la Tierra y la Naturaleza, del vampiro y sus pasiones.

Nueva York bajo el terror de los zombies (1979)

Compositor: Fabio Frizzi

Fabio Frizzi es tan responsable de la atmósfera cadavérica, putrefacta y renqueante de las películas de Lucio Fulci como el propio director italiano. Absolutamente todas sus bandas sonoras para el maestro del horror de los ochenta son imprescindibles (la de ‘Miedo en la ciudad de los muertos vivientes’, por ejemplo, es mi favorita personal), pero quizás la de esta ‘Zombi 2’ es la más icónica. Aún imita los ramalazos progresivos de los Goblin que rubricaron la increíble partitura de la original ‘Zombi’ de George A. Romero, pero esta propuesta de Frizzi es más atmosférica y fatalista gracias a ese bombo sintetizado inexorable y eterno, como la avalancha de muertos en el puente de Brooklyn. Ojo al resto de la banda sonora que, acorde con el argumento de la película, se desliza por zonas de insospechado exotismo africano.

Alien, el octavo pasajero (1979)

Compositor: Jerry Goldsmith

Aunque este tema principal parece pertenecer a una banda sonora de género más clásica, el trabajo completo de Godsmith para la película es a ratos mucho más arriesgada, que muchos en su momento calificaron de avant-garde, como se puede oir en los créditos iniciales. Pero aparte de esa valiosísima experimentación sonora y que tan bien conecta con los horrores anti-humanos que presenta la película, la parte más reconocible y convencional, que Scott apenas usó en el film -para disgusto de Goldsmith-, es también perfecto. La formación como compositor de bandas sonoras clásicas de Goldsmith permitió imbuir de cierto romanticismo los pasillos de la nave y los páramos del planeta, consiguiendo que la película fuera, más que una película de horror puro, una elegía a la poética de lo desconocido.

Phantasma (1979)

Compositores: Fred Myrow y Malcolm Seagrave

Hay dos influencias muy claras en esta banda sonora de Myrow y Seagrave: las macabras sinfonías rock de Goblin para Argento (especialmente ‘Suspiria’) y ‘Tubular Bells’. A ello se suma que coincidió prácticamente en el tiempo con otro tema que hacía de los teclados circulares y obsesivos su leit-motiv: ‘La noche de Halloween’, aunque Myrow y Seagrave carecen de la fría y obsesiva abstracción de John Carpenter. La de ‘Phantasma’ es una banda sonora más convencional, más de película de terror de la época, pero los altibajos de piano de su melodía siguen dando sinuosa forma a uno de los sonidos clásicos del mejor cine de terror de los ochenta. ¿Nuestra réplica favorita? Sin duda, ‘El hombre alto’ de Ningoonies.

El resplandor (1980)

Compositor: Wendy Carlos y Rachel Elkind.

La reconocibilísima y muy siniestra melodía electrónica, llena de efectos y cacofonías, que acompaña a Jack Torrance y su familia de camino al Hotel Overlook en los ominosos, amenazantes títulos de crédito de la película fue la única de todas las que compusieron Carlos y Elkind que acabó usando Stanley Kubrick. Eso provocó un roce considerable entre Carlos y Kubrick (que ya habían colaborado en ‘La naranja mecánica’), pero no impidió que esta pieza, abiertamente inspirada en el 5º movimiento de la ‘Sinfonía fantástica’ de Berlioz (a su vez procedente del famoso himno medieval ‘Dies Irae’) se convirtiera en un clásico incomparable de lo salvajemente oscuro.

Viernes 13 (1980)

Compositor: Harry Manfredini.

Pese a la fama de subproducto de la película de Sean S. Cunningham, la banda sonora de Manfredini es todo un prodigio, y es empleada con mucha inteligencia en la película: su famoso tema principal solo suena cuando aparece el asesino real. Manfredini se inspiró abiertamente en la banda sonora de John Williams para ‘Tiburón’, inspirado en su monstruo eternamente ausente, así como en el Bernard Herrmann de ‘Psicosis’, por la clara base argumental del film. La guinda: el mítico ‘ki ki ki ma ma ma’, contracción rítmica del ‘Kill her, mommy’ que Pamela Voorhes escucha en su cabeza y para cuya composición Manfredini se inspiró en la obra del compositor Krzysztof Penderecki.

Creepshow (1982)

Compositor: John Harrison

Soberbia y perfecta composición de John Harrison para el mítico film de episodios de George A. Romero y Stephen King que homenajea los clásicos del terror de EC Comics. Harrison (que colaboró con Romero en películas como ‘El día de los muertos’) entiende el tono inocente que exige la película y brinda una banda sonora llena de efectos de sonido chanantes, ritmos de piano macabros y sencillos e inquietantes cánticos infantiles. Un ejemplo perfecto de cómo rendirse por completo a los pies de la película y que el resultado funcione por sí mismo.

Pesadilla en Elm Street (1984)

Compositor: Charles Bernstein.

Cuando pensamos en las bandas sonoras de terror de los ochenta a golpe de sintetizador, John Carpenter es el primer autor que se nos viene a la cabeza. Pero el tema principal de Charles Bernstein para el clásico de Wes Craven no es nada desdeñable: usa los sonidos etéreos y electrónicos para crear esa atmósfera entre canción infantil y sueño viscoso que tan bien le sienta a la película. Bernstein no fue demasiado prolífico y apenas se dejaría ver en otras bandas sonoras, aunque dentro del género de terror se le puede encontrar poniendo música a películas como ‘El ente’, ‘Cujo’, ‘Inocentada sangrienta’ o ‘Amiga mortal’.

Re-Animator (1985)

Compositor: Richard Band

El tronchante tema principal de la banda sonora de ‘Re-Animator’ es un plagio abierto y confeso del mítico tema principal de Bernard Herrmann para ‘Psicosis’: un chiste a la vez tan llano y frontal como sofisticado, en perfecta consonancia con la película a la que acompaña, do de pecho del gore bufo de los ochenta. Absolutamente todo lo que rodea a esta pieza de menos de tres minutos es sublime, desde la caradura de Band a los propios títulos de crédito, con modelos anatómicos brillando con neones chirriantes. Pero el resto de la banda sonora, sarcástica y evocadora, demuestra que Band es mucho más que un plagiario. Para no repetirnos no vamos a zascandilear por el resto de sus estupendas composiciones para la Empire de su hermano Charles Band, pero aquí seleccionamos unas cuantas de las mejores abanderadas de su reconocibilísimo sonido.

Los viajeros de la noche (1987)

Compositor: Tangerine Dream

Si crees que los espesos sonidos ambientales de las últimas formas de synthwave (sin duda, melodías perfectas para películas de terror que nunca existieron) han inventado algo, deberías revisar las extraordinarias bandas sonoras sintetizadas de Tangerine Dream. Sus demoledoras y atmosféricas composiciones para títulos como ‘Carga maldita’ o ‘Thief’ son tan merecedoras de respeto como las partituras, más poperas, de Mike Oldfield en ‘El exorcista’ o de Vangelis en ‘Blade Runner’. Lo que este trío de alemanes tramaron en la obra maestra vampírica de Kathryn Bigelow es casi representativo de las diferencias entre esta road movie con colmillos y su coetánea ‘Jóvenes ocultos’, de banda sonora también estupenda, pero muy diferente. A medio camino entre el synth-pop más rítmico y las atmósferas de Carpenter, esta banda sonora de Tangerine Dream merece salir de la oscuridad ya mismo.

Hellraiser (1987)

Compositor: Christopher Young

Clive Barker quería al dúo de electrónica experimental Coil para que pusiera banda sonora a las andanzas de sus cenobitas (un trabajo que acabó editándose de forma independiente), pero los productores se negaron, conscientes del extrañísimo nivel al que brillaban las composiciones del par de chiflados. El sustituto fue un adecuado Christopher Young, un soberbio compositor que nunca ha llegado a recibir del todo el reconocimiento que merece y que dio a luz aquí a una de sus mejores partituras. El resultado es inquietante pero moderno, mezclando de forma única atmósfera cargada de electrónica y guiños a los clásicos góticos, que sin duda complacieron al Barker más enamorado de la Hammer.

Cementerio de animales (1989)

Compositor: The Ramones

Hay películas de terror o afines que se han caracterizado por una banda sonora pop que, en buena parte, tiene la responsabilidad de su éxito. Y juntas, conforman una amalgama indivisible. Es el caso de producciones como ‘El cuervo’, imposible de entender sin su avalancha de goth-rock industrial y su estética de ojeras y gabardinas. Sin embargo, nuestro impacto preferido entre pop y horror es ‘Cementerio de animales’, porque nada en esta vida marina tan bien como Stephen King y los Ramones. La historia de cómo se conocieron los reyes del punk-rock y el soberano de la literatura de miedo ya justifica la colaboración, pero es que además, ‘Pet Sematary’ es un perfecto trallazo ramoniano, con una letra salida de un buen tebeo de terror («And the night, when the moon is bright / Someone cries, something ain’t right») y todos los tics autorales de los neoyorquinos.

Saw (2004)

Compositor: Charlie Clouser.

Seña de identidad absoluta de la franquicia ‘Saw’ al nivel del muñeco en el triciclo, la careta de cerdo o las frases metafísicas de Jigsaw. Ha sido mil veces parodiada por su tono en eterno crescendo, perfecto para acompañar las disparatadas revelaciones del final de cada película de la saga: Clouser fue miembro de la banda de rock industrial Nine Inch Nails y se nota en los arreglos del tema ‘Hello Zepp’, llenos de percusiones metálicas y tonos ominosos. Clouser no ha hecho muchas más bandas sonoras, aunque siempre ha permanecido cerca de las producciones de terror de James Wan (su trabajo en ‘Silencio desde el mal’ es también soberbio). Fuera de la égida del director, sin duda destacan en su filmografía los magistrales créditos de la televisiva ‘American History Horror’, ya puritito NiN.

It Follows (2014)

Compositor: Disasterpeace.

Disasterpeace, seudónimo artístico de Rich Vreeland, es habitual de las bandas sonoras de videojuegos, algunas tan memorables como las de ‘Hyper Light Drifter’ o ‘REZ’. Su estilo sintético, que bebe del chiptune, de las atmósferas electrónicas de los ochenta y de nuevas corrientes como el synthwave, rinde tributo inequívoco a las reiteraciones obsesivas de John Carpenter, a quien homenajea con descaro en ‘It Follows’. A base de constantes que se repiten a lo largo de todo el disco, Disasterpeace compone un acompañamiento perfecto para la película de David Robert Mitchell, uno que arroja tantas preguntas sin responder como la propia película, y que respira el mismo aire de amenaza sin especificar. Por cierto, que volvieron a colaborar en ‘Lo que esconde Silver Lake’, ya con una banda sonora orquestal que demuestra que su talento solo ha empezado a despuntar.

Playlist para una noche de miedo

En estas fiestas es muy importante el ambiente: hay que encontrar un hilo musical que no distraiga y que a la vez consiga meter el miedo en el cuerpo a todos los asistentes. Hemos seleccionado para ti las mejores canciones de películas de terror de todos los tiempos. ¡Los tendrás en tensión toda la noche! Busca el cojín que tengas más cerca y abrázate a él. ¡Lo vas a necesitar! Seguro que la banda sonora de estas películas de miedo te han puesto los pelos de punta, pero a continuación te descubrimos las mejores canciones para aterrorizar a tus invitados…

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Descubre: Las 101 mejores películas de terror para Halloween

© El silencio de los corderos

John Carpenter – Halloween

Empezamos con una de las películas más míticas. Los expertos aseguran que el estreno de esta cinta supuso un antes y un después en el género de terror, y gran parte de la culpa es de la banda sonora. Compuesta e interpretada por el propio director de la película, consigue, pese a su simplicidad, un efecto aterrador.

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Mike Oldfield – El Exorcista

La posesión más famosa de la gran pantalla no podía faltar aquí. La música de Mike Oldfield y su Tubular Bells le valió un Grammy y reconocimiento internacional. ¡Te pondrá los pelos de punta!

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Bernard Herrmann – Psicosis

La escena de la bañera se ha convertido en todo un hito en la historia del cine y en una de las escenas más icónicas y recordadas de las películas de miedo, y la música es el cincuenta por ciento de ese momento. ¡Hitchcock sabía lo que hacía!

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Jerry Goldsmith – Poltergeist

¿Quién no ha tenido miedo al ver a la pequeña Carol contactar con los espíritus a través de la televisión? La banda sonora del veterano Jerry Goldsmith tuvo buena parte de la culpa.

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Pino Donaggio – Carrie

Carrie es una de las películas favoritas de los adolescentes estadounidenses para Halloween. Una rubia guapísima, el chico de sus sueños y un baile de graduación, ¿qué puede salir mal? Todo.

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Jerry Goldsmith – La profecía

El único Óscar que ganó el compositor Goldsmith en sus 17 nominaciones fue por esta cinta. La profecía es una de las poquísimas películas que han logrado trascender el género y convertirse en un mito del cine más allá del terror… ¡Y eso que miedo da un rato!

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Charles Bernstein – Pesadilla en Elm Street

Aquí podemos ver a un jovencísimo Johnny Depp en su primera película, que terminó convirtiéndose en todo un éxito. En esta ocasión, Bernstein utiliza sintetizadores en vez de la tradicional orquesta musical, y el resultado es terrorífico.

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Marc Shaiman – Misery

Stephen King tiene la fama de maestro del terror ganada a pulso. Aquí tenemos una película más basada en una novela suya con un reparto de lujo. Y la música no se queda atrás.

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Steve Jablonsky – La matanza de Texas

La matanza de Texas se ha convertido en toda una saga de películas. En este caso te proponemos una canción de (ojo) la precuela del remake. La banda sonora de Jablonsky no tiene tanta fama como la original, pero os aseguramos que consigue ponerte en tensión.

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Harry Manfredini – Viernes 13

La banda sonora de Manfredini es un elemento fundamental en esta película. La música solo suena cuando aparece el asesino, quedando así para siempre unido a él. Si la careta de Jason se ha convertido en un icono del cine, el tema principal no ha sido menos.

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James Newton Howard – El Incidente

Mark Wahlberg y Zooey Deschanel se dan cita en esta película de suspense del director de El sexto sentido. La banda sonora corre a cargo de James Newton Howard, que ha estado siete veces nominado al Óscar a mejor banda sonora, ¡incluyendo esta!

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Philip Glass – Candyman, el demonio de la mente

Philip Glass es uno de los compositores más influyentes del siglo XX y su banda sonora para Candyman es sin duda uno de los puntos fuertes de la película. ¡La tensión es insoportable!

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Richard Bellis- IT

¡Toda una generación tiene pánico a los payasos por culpa de esta película! La cara y los gestos del bufón dan auténtico pánico, y todo está perfectamente acompañado por la banda sonora, que le dio a Richard Bellis su único Emmy.

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Wendy Carlos – El Resplandor

Jack Nicholson ni siquiera estuvo nominado a los Oscar por esta interpretación, pero es uno de sus papeles más recordados. Jack Torrance es un villano espectacular y la banda sonora es de las que no te deja ni respirar.

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Jerry Goldsmith – Gremlins

La primera película de la saga con los adorables bichitos tenía momentos de humor negro y tensión a raudales. La banda sonora, otra más de Goldsmith, es ideal para contar historias de miedo.

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Escucha estas y otras canciones de miedo en nuestra playlist de Spotify. ¿Te atreves?

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¡No te pierdas esta peculiar versión de la música de Juego de Tronos!

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Descubre la segunda parte de nuestra playlist para Halloween
Todo sobre Halloween en nuestro especial

Las 10 mejores canciones de películas de terror para atormentar a tus vecinos

Esto no se trata de las canciones temáticas de películas sino de bandas que ya conocías desde antes.

Existen temas musicales que relacionamos con películas de terror pero este no es el caso. En este artículo te recordamos las canciones que ya conocías pero el director de cada película decidió adoptarlas y hacerlas parte de su obra. Ahora, cada vez que las escuchamos nos acordamos de esa escena especial de la película. Por ejemplo, en el 2017, El conjuro 2 adaptó la famosa canción de ‘Can’t Stop Falling in Love With You’ de Elvis Presley, los niños protagonistas cantan angelicalmente y se vuelve una escena romántica a pesar de ser una película de terror.

“Red Right Hand”

Nick Cave & the Bad Seed

Película: Scream (1996)

«He’ll wrap you in his arms
Tell you that you’ve been a good boy
He’ll rekindle all the dreams
It took you a lifetime to destroy
He’ll reach deep into the hole
Heal your shrinking soul».

Can’t Stop Falling in Love With You

Elvis Presley

Película: The Conjuring 2 (2016)

«Like a river flows surely to the sea
Darling so it goes
Some things are meant to be
Take my hand, take my whole life too
For I can’t help falling in love with you»

“The Man Comes Around”

Johnny Cash

Película: Dawn of the Dead

«The hairs on your arm will stand up
At the terror in each sip and in each sup
Will you partake of that last offered cup
Or disappear into the potter’s ground?
When the man comes around»

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“Tiptoe Through the Tulips”

Tiny Tim

Película: Jeepers Creepers (2000)

«Tip-toe from the garden
By the garden of a lily tree
And tip-toe through the tulips with me

Knee deep in flowers we’ll stray
We’ll keep the showers away»

You Are My Sunshine

Johnny Cash

Película: Anabelle (2014)

«You are my sunshine
My only sunshine
You make me happy
When sky’s are gray
You’ll never know, dear
How much I love you
Please don’t take my sunshine away»

«Bad Moon Rising»

Creedence Clearwater Revival

Película: American Werewolf in London (1981)

«I hear hurricanes a-blowing
I know the end is coming soon
I fear rivers over flowing
I hear the voice of rage and ruin

Don’t go ‘round tonight
It’s bound to take your life
There’s a bad moon on the rise»

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«Rocky Mountain»

John Denver

Película: Final Destination (2000)

«Well, he’s tellin’ us this
And he’s tellin’ us that
Changes it every day
Says it doesn’t matter
Bases are loaded and Casey’s at bat
Playin’ it play by play
Time to change the batter»

«Love is a Lie»

Lion

Película: Friday the 13th (1980)

«Can’t bite my tongue forever
While you try to play it cool
You can hide behind your stories
But don’t take me for a fool»

Heaven in the Backseat

Romeo’s Daughter

Película: A Nightmare on Elm Street (1991)

«Oh, baby, start me up
(Heaven in the backseat)
I’ll drive you crazy
With my backseat love

Come on, fire me up
(Heaven in the backseat)
You’ll be in Heaven
In my backseat, baby»

«Hush»

Kula Shaker

Película: I Know What You Did Last Summer (1997)

Seguramente alguna te recordó esa escena por la que duraste días sin dormir.

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Época moderna

A partir de la década del 2000, el concepto de la música incidental de terror no varió mucho ni propuso nuevas tendencias, más bien, se empezaron a reciclar conceptos antiguos como los códigos de Carpenter, por ejemplo. La música incidental en estos años tiene una clara tendencia hacia lo tecnológico, sonidos nuevos, uso de teclados, sintetizadores, percusiones electrónicas, sonidos extraños muy trabajados y es aquí cuando aparece un concepto que, si bien ya se utilizaba, ahora será fundamental en la música incidental de terror o suspenso, que serán los drones. Los drones son sonidos no musicales, es decir, sin alturas definidas y a veces son sonidos clásicos modificados y tratados; por ejempl,o un clúster de piano en el registro grave pero con ausencia del ataque. Lo que proponen entonces los drones son sonidos indefinidos, telúricos, de ultratumba, y muy oscuros, ideales para acompañar escenas de misterio. Los drones podrán ser construidos a partir de distintos timbres siendo éstos modificados, tratados y sobreproducidos. Actualmente, los drones vienen hechos y existen ya grandes librerías de ellos.

Algunas claves

Para dar con las claves o la receta de una buena música de terror no existirá una receta específica, sino más bien una serie de elementos que bien combinados nos darán los resultados esperados.

El bitonalismo: superposición de tonalidades que da como resultado armonías y acordes poco convencionales y con sonoridades más bien extrañas, ideal para este género.

El hexafonismo: uso de la escala hexáfona (escala por tonos), que de por sí tiene una sonoridad especial al carecer de semitonos, y el sistema armónico que se desprende de ésta que da como resultado sólo acordes aumentados.

El código Carpenter: se basa en el intervalo de 5ta justa y un semitono sobre ésta.

En el uso de drones, se cuenta la utilización de los clúster (armonizaciones extremadamente cerradas y disonantes). Por ejemplo, un clúster de cuerdas bien agudo más un pedal, sin duda resulta un sonido paralizante.

La música infantil o incluso de cuna también se han utilizado como código de miedo, pareciendo una contradicción vital pero ahí está la gracia de este código que generalmente va mezclado con drones.

El uso de percusiones graves, ya sean electrónicas o acústicas en distintos pulsos y métricas, pero siempre graves, o sonoridades oscuras o ultragraves.

Bandas sonoras a mencionar:

1- Todas las películas de Alfred Hitchcock

2- La saga completa de “Halloween”

3- Tiburón

4- Drácula

5- El exorcista

6- La huérfana

7- El orfanato

8- La saga completa de “Pesadilla”

9- La saga completa de “Martes 13”

10- La habitación del niño

11- Encuentros cercanos del tercer tipo

12- La saga completa de “El juego del miedo”

13- El aro

14- El grito (versión norte-americana)

15- El conjuro

16- Terror en Amityville

17- La casa de cera

18- La aparición

19- El pacto

20- Sesión satánica

Lo hemos visto cientos de veces en televisión. Niños con la cabeza cubierta por la capucha de la sudadera tirando piedras a los soldados. Un gesto que ya se ha convertido en un rito, una suerte de ceremonia tan arraigada como la de los niños que esta tarde tiran bolas de nieve a los taxis que pasan por las solitarias y destartaladas callejuelas de Ramala, la capital política de Palestina. Ha empezado a anochecer, y la ciudad, de 65.000 habitantes, parece semidesierta. Se ven chicos en grupos pequeños que fuman ociosos y peatones con bolsas, camino de casa. Nada que ver con el bullicio de restaurantes y bares donde expenden copas hasta bien entrada la madrugada y en los que se nota la presencia de cooperantes, llegados desde diferentes lugares del mundo. En Fuego, un local palestino-mexicano, corren los margaritas y las pipas de agua. “Estoy harto de la música de repertorio. Prefiero arriesgar con un proyecto atrevido antes que repetir los mismo discos”, dice el productor Javier Limón, recién llegado a la capital palestina.

El viaje podría tener la banda sonora de esas canciones que se conocen como de ida y vuelta porque viajaron en las gargantas de los esclavos africanos, pero en este caso en sentido inverso, músicos palestinos que vuelven a su hogar después de haber enriquecido su formación musical en el extranjero. Promesas de tierra (Casa Limón), el nuevo trabajo del productor de Lágrimas negras, supone un recorrido vital que arranca en Boston y desemboca en Ramala, aunque antes de llegar hasta la capital palestina conviene recordar cómo nació esta historia: “Fue fruto de una equivocación”. Limón buscaba por los pasillos de la escuela de Berklee, donde imparte clases, un guitarrista que pusiera la banda sonora en la entrega del título de doctor honoris causa a su amigo Paco de Lucía, pero se equivocó de cuarto de ensayo y de manera accidental escuchó los sonidos del qanun que brotaban de los dedos de Alí Ams (Ramala, 1991). Ahí mismo empezó una colaboración que ha llevado al productor español por nuevos senderos musicales. “En Berklee, los palestinos son superestrellas. Tanto como lo fueron en su momento los artistas cubanos o los venezolanos. En este momento podría grabar con cualquier músico de primera fila, pero lo que me emociona son estos artistas”. Antes, Limón tenía su estudio madrileño lleno de artistas de origen gitano y cubanos, pero ahora lo invaden los sonidos del Mediterráneo. El latin jazz se ha convertido en una institución sonora, y hasta Jerry García parece ya un músico español. No se trata del primer viaje que Limón realiza a una de las zonas más conflictivas del planeta. Al tiempo que prueba sonidos con palestinos, produce el nuevo disco del contrabajista israelí Avishai Cohen.

Sin embargo, aquí israelíes y palestinos viven separados por una decena de kilómetros (algo así como el estrecho de Gibraltar), pero para encontrarse con los segundos hay que cruzar la frontera de Calandia, con sus muros plagados de pintadas en las que se reconoce a Arafat. Los palestinos, salvo excepciones, tienen prohibida la entrada en Jerusalén, y tampoco les conviene a los israelíes, si aprecian sus vidas, adentrarse en esta franja de Cisjordania. En teoría, todas las músicas son iguales, sobre todo si se interpretan con el corazón. Cada zona aporta cosas especiales, desde sonidos hasta armonías o ritmos, pero aquí pesa más el odio que el arte.

En berklee, los palestinos son superestrellas”

Ramala parece una película en blanco y negro. El humo de los cigarrillos envuelve la sala del hotel donde ensayan algunos de los músicos que Limón quiere escuchar para su disco. Los ceniceros rebosan colillas. El ritual se repite cada vez que dos palestinos son presentados: ¿De dónde procede tu familia? Desde la guerra de independencia en 1948, la diáspora ha sido tan enorme que necesitan, mucho más que cualquier otro pueblo, indagar en las raíces. La familia de Mohamed Najem fue expulsada entonces de Jaffa, dentro del municipio de Tel Aviv, y ahora viven en Belén. Mohamed aprendía a leer y escribir cuando estalló la primera Intifada. Algunos días no pudo volver desde la escuela hasta su casa, un amigo murió por las balas de los soldados y uno de sus tíos acabó en la cárcel. Mohamed, que ahora tiene 28 años, creció escuchando el ruego de sus padres: “¡Ojo, no te acerques a la ventana!”. Cuando empezaban los disparos o se acercaban los tanques, le embargaba un miedo horrible que se calmaba cuando el vecino de al lado tocaba la flauta. Su música suponía un bálsamo, por eso se matriculó en el conservatorio Edward Said y desde el principio tuvo claro que ese sería el instrumento que elegiría. La música desarrolló su personalidad y le ayudó a superar barreras. En 2006 consiguió una beca para estudiar en la ciudad francesa de Angers. Podría haberse quedado en Europa con su esposa francesa, pero decidió volver y ayudar a sus compatriotas impartiendo clases de música. Como ayudan la mayor parte de los músicos que se juntan hoy en este hotel: bateristas, cantantes, laudistas… más de medio centenar de miembros de distintas bandas llegados desde Cisjordania, la franja de Gaza y los Altos del Golán. Ensayan para la presentación en público, esa misma tarde, de Naqsh, un disco con composiciones propias y en el que los sonidos orientales se fusionan con el rock y el jazz. Su objetivo: cambiar el panorama musical. Pertenecen a la tercera generación de palestinos expulsados de sus territorios, casi ninguno ha cumplido la treintena y no son muchachos sin futuro que vivan al día. Casi todos tienen una graduación en alguna de las sedes del conservatorio Edward Said; la mayoría, con estudios ampliados, gracias a becas, en Europa o en Estados Unidos. De ahí la conexión con el productor español, que aprovecha esta excepcional reunión para realizar su propia cata. Armado de su Pro Tools, Limón graba melodías que luego mezclará en Boston con las de los alumnos de la escuela.

Charlie Rishmawi (Kuwait, 1986), uno de los impulsores de Naqsh, toca el oud eléctrico. “Se trata de un proyecto que aporta muchas energías”, asegura sobre la excepcional reunión de estos artistas. “Hasta hace poco, la mejor música árabe procedía de Egipto, Líbano o Libia, pero ya es hora de crear melodías palestinas”, cuenta Rishmawi en un descanso. Cuando los oudistas escuchan los sonidos de uno de los instrumentos más populares de Oriente Próximo, amplificados al ser enchufados a un micrófono, protestan por lo que suponen un atentado a la tradición, pero Rishmawi no quiere oír esos lamentos: “Las nuevas generaciones tocan el buzuq, pero también el piano, la batería y la guitarra eléctrica”. Nació en Kuwait, pero a los seis años volvió con sus padres a Palestina. Tras graduarse en el conservatorio de Belén ejerce como profesor, pero compone bandas sonoras y trabaja como arreglista. Le llegan propuestas de fuera, pero moverse por el mundo con pasaporte palestino resulta complicado. No puede utilizar el aeropuerto de Tel Aviv para salir del país –“aunque pudiera, no lo haría”–, así que cada excursión le supone usar al menos cinco autobuses distintos y algunos taxis para llegar al aeropuerto de Jordania. Como va cargado de instrumentos, tiene que solventar un montón de problemas logísticos y pagar tasas a unos y otros antes de desembarcar en el aeropuerto de Ammán, donde empieza el viaje.

Conseguir los visados supone un problema añadido y no solo para los músicos. Los padres de Alí Ams (él, abogado, y ella, fiscal, muy vinculados a Al Fatah) no han podido presenciar la graduación de su hijo en Boston. Lo cuenta Reem Ams, hermana menor de Alí, en la mansión de sus padres, ubicada en una zona destinada al cuerpo diplomático. Muy pocas casas parecen habitadas en este lujoso complejo. Los suelos son de mármol; los muebles, de diseño, y desde las ventanas se ven los montes de Jerusalén y el mar. Los sonidos del buzuq acompañan las voces de las mujeres. Reem y una amiga abogada –encargada de una organización que defiende a los presos– tararean una melodía de Fairus, triste y melancólica, que habla del otoño. Siguiendo la tradición de sus hermanos, Reem ha elegido la música como profesión, aunque ha compaginado los estudios con los de farmacia y un máster de empresas que ha realizado en Estambul: Reem ha vuelto ahora, después de tres años, a Ramala: “La cultura musical ha cambiado, en parte gracias a Internet. Antes no había información, pero ahora se puede escuchar todo. Además nos hemos juntado una red de músicos que formamos bandas y tocamos en pequeñas salas donde suenan lo mismo Norah Jones que Um Kulthum”.

Su madre y su abuela, de origen marroquí, se cubren la cabeza con velo, aunque visten al estilo occidental, pero Reem luce una espléndida melena al viento, pantalones blancos ceñidos y botines. Olvidado en un sofá descansa un bolso de Vuitton. Conduce su propio coche y disfruta de una libertad de la que carecen la mayoría de las mujeres árabes. En realidad, Ramala es una burbuja dentro de los propios territorios palestinos. Para Reem, la llegada masiva de cooperantes y los cuantiosos fondos que reciben en concepto de ayuda internacional han facilitado el fuerte impacto cultural y económico. Por todos lados se levantan edificios nuevos en medio de un paisaje arquitectónico en el que se mezclan, en agudo contraste, antiguas casitas con limonero en la puerta, infraviviendas y mansiones de porte millonario con cochazo en el garaje. El origen cristiano de esta ciudad posibilita que muchas mujeres no se cubran con velo y no es extraño ver a chicas jóvenes en los bares y fumando mientras se divierten con amigos, algo impensable en Gaza. “Las mujeres asumen las responsabilidades familiares cuando los maridos están en la cárcel y eso las hace más fuertes y difíciles de oprimir que en otros lugares”, dice Reem, que olvida las reivindicaciones políticas para volver a cantar.

Casi todos tienen una graduación en el conservatorio”

Entre los invitados en la casa de Alí en Ramala figura Tareq Abboushi (Dubai, 1979), virtuoso del buzuk, un instrumento que antaño tocaban los príncipes. Su historia también es la de un viaje de ida y vuelta. Tras graduarse en la Universidad William Paterson, en Nueva York, formó su propio grupo, con el que se movía por distintos locales dando conciertos con un grupo de amigos hasta que decidió regresar a Ramala. Mientras estudiaba fuera, cada verano volvía a su tierra a impartir clases a los chicos matriculados en el conservatorio. Desde el principio, el trabajo con niños le resultó de lo más gratificante. “Los avances se notan muy rápido”, asegura. Su pelo largo, las gafas de montura transparente y el abrigo largo de buen paño le dan un aire de poeta sufí. Desde octubre trabaja como profesor en Ramala. Sigue componiendo para su grupo, Shu Usmu (que significa “cómo se dice”). “En Estados Unidos da igual si enseñas o no; si no estoy yo, habrá otro profesor igual de bueno, pero aquí siempre se puede aportar. He hecho todo lo que quería hacer: tocar y experimentar con músicos me abrió muchas puertas y oportunidades, llevo todo eso dentro, ahora compagino la composición con la enseñanza. En Nueva York, la vida es muy loca, no hay tiempo para nada, hay que preocuparse por el alquiler, las facturas…”.

La entrevista se interrumpe porque Tareq es requerido para una nueva sesión de música improvisada en la que Ahmed Deid (Siria, 1987) se ocupa del contrabajo. Lleva el pelo rapado y el cráneo cubierto con un gorro de lana, un aro en la nariz, pendientes distintos en cada oreja y una bonita parka verde que completa su imagen occidental. Acaba de llegar de Colonia, donde estudia, becado por la universidad alemana. Vive entre ambos mundos, tocando con bandas de ambos lados con las que desarrolla su proyecto musical. No le importa la raza, ni el color, ni la nacionalidad de las personas; tampoco le interesa la política, pero no tocaría en un proyecto israelí. Se ha vuelto muy escéptico, no cree que el conflicto tenga solución.

En Oriente Próximo es impensable ver a un músico palestino tocando con un israelí. Sin embargo, en la escuela de Berklee ocurre lo contrario. “Cuando a los músicos jóvenes se les libera de la presión política y de la falta de derechos, su actitud cambia sustancialmente y se vuelven artistas mucho más versátiles y abiertos a otras culturas, incluida la cultura opresora”, sostiene Limón, en pleno proceso de mezclas del que será su nuevo trabajo, Promesas de tierra, la segunda parte de una trilogía que comenzó con Mujeres de agua, dedicada al Mediterráneo.

Miedo a la música

Julie Hope tiene 63 años, está casada y tiene cinco hijos, “muchos” nietos y cinco bisnietos. Ha sufrido de epilepsia casi toda su vida. Cuidadora profesional jubilada, Julie siempre ha amado la música, pero ha tenido que afrontar que durante largo tiempo la música haya sido un “disparador” de sus crisis. Julie sufre de epilepsia musicogénica.
Vice: ¿Cuándo tuvo por primera vez un episodio de epilepsia musicogénica?
Julie Hope: Tuvo que ser durante mi luna de miel, cuando fuimos a un concierto de rock fusión. No recuerdo el nombre del grupo, pero la música sonaba increíblemente alta y había mucha gente saltando encima del escenario. Las notas subían y bajaban, era algo frenético. Empecé a temblar. Los bajos hacían que sintiera como si me estuviera ahogando. Me recordó un episodio de status epilepticus anterior en el que estuve a un paso de morir. Comencé a alucinar. Hubo un momento en que lo único que veía era a los músicos agitándose como hojas en el escenario. Me hizo pensar en cómo deben verme los demás durante un ataque de convulsiones tónico-clónicas. Me sacaron del lugar en silla de ruedas. Supe que en adelante debería alejarme de ese tipo de música.
¿Qué hace para adaptarse a un mundo en el que la música está en todas partes?
Siempre he tenido una gran determinación. Si se me presenta un problema, hago todo lo posible por superarlo. Intento darle la vuelta y pensar de forma positiva, escuchando sólo la parte buena de la música y bloqueando la mala.
¿Cuáles son para usted esas partes buenas y malas?
Para mí, música buena sería algo como “In the arms of an angel”, de Sarah McLachlan, que me encanta. Las notas suenan como si subieran y bajaran lentamente, como si se movieran a mi alrededor. Me produce una sensación de protección, como si nada me pudiera afectar, ni siquiera un ataque epiléptico. La música de arpa también me resulta beneficiosa, es apacible y me calma. Con los ojos cerrados y el cuerpo y la mente relajados, nada te puede tocar. Ni un ataque.
Asocio la mala música con el estallido de un trueno: hay silencio y, después, un fuerte estrépito o el agudo chillido de un instrumento, que me deja aterrorizada, presa del miedo. Un ejemplo sería cualquier tipo de marcha, como las que tocan en los funerales militares. Los clarines, las cornetas, los saxofones, las percusiones apagadas, el sonido de los pies marchando… Para mí, eso no tiene nada de “canción”; son sólo sonidos fuertes. También me encanta Elvis, pero en algunas canciones se ponía intenso y salvaje y no puedo con ellas. No recuerdo sus títulos porque mi cerebro no me permite pensar mucho tiempo cuando escucho algo que creo que me puede provocar una crisis.
¿Siente que se está perdiendo algo?
Hay conciertos a los que me encantaría ir, pero mi fobia me lo impide. Todos hablan tanto de AC/DC que me gustaría ir y verlos, pero, por lo que he oído mencionar, seguramente sufriría un ataque. Ah, ¡Ashley Tisdale! Para mí, toda su música es mala. Los instrumentos y el ruido de fondo ahogan las canciones en sí. ¡No se entiende lo que canta! Tantos efectos y ruidos me paralizan el cerebro. Si por casualidad oigo suyo en televisión tengo que irme a toda prisa de la habitación o cambiar de canal porque puedo tener un ataque. El cerebro es algo extraño, muy diferente de persona a persona.
¿Qué le diría a alguien que cree que ha desarrollado melofobia?
Primero, que se pregunte si no es sencillamente que la música no le gusta, que es algo que le pasa a mucha gente. Pero si de verdad le gusta la música y hay algo que se interpone, que trate de averiguar qué está provocando el problema. ¿Yo? Yo soy testaruda y tomé la determinación de averiguarlo. Descubrí que la raíz de mi problema estaba en algo que me había sucedido y que mi cerebro había bloqueado. Lo más importante es encontrar la raíz de esa melofobia y, partiendo de ahí, trabajar para hallar una solución.

Puede encontrarse información y recursos en www.tinnitus-pjj.com o en la web de la Tinnitus Practitioners Association, www.tinnituspractitioners.com.

ILUSTRACIONES DE TARA SINN

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