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Carta a una abuela fallecida

Carta a mi abuela, por Cristian Márquez Romo

Hoy te fuiste, abuela. Nunca pensé que cuando me despedí y te abracé aquel día, sería la última vez. Más que no pensarlo, me rehusaba a creerlo. Tenía miedo de que aquel beso que te di en la frente, con lágrimas en los ojos, sería el último. Y aunque desde luego si algo no tenía eran certezas, me invadió un miedo insondable cuando caí en cuenta de que tus ojos también se cristalizaban. Aquel gesto me dejó mudo, me marcó profundamente, pues pocas veces que te vi llorar. Ese día sentí, como si tú supieras de forma anticipada, que sería la última vez que estaríamos juntos. Y así fue.

Perdona si tardé demasiado en regresar. Perdona, también, si me fui tantas veces. Ahora tengo la certeza de que cada segundo a tu lado se queda aquí, conmigo para siempre. Tú me dijiste que seguiríamos juntos; que seguirías esperándome hasta que yo regresara; que todo seguiría igual. Pero esta vez fue distinto. No estaba en ti: cada viaje, cada periodo en el extranjero, estaba acostumbrado a saber que al regresar bastaba con llegar a casa para encontrarte feliz, sana, enérgica, contando historias y haciendo bromas. Hoy, en la distancia, sabiendo que ya no estás con nosotros, cierro los ojos y me imagino entrando a tu casa, mientras me miras con una enorme sonrisa.

Siempre supe que esa última vez que me despedí de tí sería distinta. Esta vez me dijiste: ‘‘Aquí estamos, mijo’’, con un aire de resignación. Tú silencio me dijo mucho aquel día. En ese momento no lo pensé, pero hoy me queda claro que reaccioné inmediatamente al tono de tus palabras. Y si nunca antes me permití decirlo, hoy sé que tus palabras entraron a mis oídos como una suerte de vaticinio. Por primera vez sentí que había probabilidades reales de que, si no regresaba pronto, sería la última vez que te tendría en mis brazos. Ese día cuando mi madre me vio llorar, ella lloró a mi lado. Sabía perfectamente lo que sentía. No pude evitar interpretar su abrazo como una especie de consuelo anticipado. Estando lejos, el día de tu partida, recuerdo aquella sensación como una fuerte dosis de tranquilidad. Como cuando mi tío Alfredo se despedía de ti, abuela, cada vez que se iba a Estados Unidos, cerrando los ojos para tratar de encontrar un ápice de tranquilidad en medio de la incertidumbre de si te encontraría de nuevo. Yo sé que es tarde para pensar en eso. Como sea, me siento culpable de no haber entendido cuando me decías que este último periodo no había sido el mejor para ti. Me dijiste, muchas veces, que estabas cansada. Cansada de tantas pastillas, tratamientos, dolores, cuidados y cosas. No estabas acostumbrada a la enfermedad, abuela. Y nosotros tampoco a verte así. Verte decaer y perder energía nos dolió: por primera empezamos a caer en cuenta de que no serías eterna.

Me duele tu partida, pero al mismo tiempo me llena de felicidad. Con casi cien años de vida, es difícil tener la energía que tú tenías, abuela. La alegría, el ánimo, la fortaleza y la vitalidad siempre te acompañó, hizo que probablemente nosotros nos mal acostumbráramos a la idea de verte sana, enérgica y feliz, aunque te acercaras al siglo de vida. ¡Y como no hacerlo! Hoy recuerdo perfectamente aquella fiesta en la que cumpliste quince años por sexta vez, baliando de cachetito, gritando de emoción y llorando de alegría. Aunque no me arrepiento de nada, hoy te repito lo aquella vez te dije: nadie como tú me ha enseñado que la juventud se lleva en el alma.

Tal vez nos olvidamos, abuela, de que no estarías siempre con nosotros para llenarnos de vida, alegrarnos el día, para unir a la familia. Pero por eso, precisamente, creo que no es momento de tristeza. Hoy recuerdo y celebro tus palabras: ‘‘Cuando me llegue el día, no quiero que me lloren. Ni se despidan. Yo fui feliz y quiero que lo sigan siendo ustedes; yo me voy tranquila, como un libro que termina; una página que cuenta su final’’. Si bien no llorar no te lo prometo, abuela, sí te prometo, desde luego, no despedirme de ti. En lugar de eso, te escribo esta carta como un hasta pronto. Te escribo para comenzar a comenzar a vivir con tu ausencia. Tú me lo dijiste muchas veces, con toda razón: no somos más que polvo; pequeñas piezas insignificantes de este universo. Hoy sé que cuando me llegue la hora de partir, recordaré tus palabras. Al imaginar que tomo tu mano, no tendré miedo. Me iré feliz, como tú, con la certeza de que falta poco para encontrarte de nuevo. Mientras tanto, me quedo con tus recuerdos, no para llenarme de nostalgia, sino de felicidad. Proyectaré tu sonrisa en mi mente al recordar todas las historias y enseñanzas que me dejaste. Para recordar tu compañía, tu cariño, el inmenso amor que le dejaste a tus hijos, nietos y bisnietos. Como uno más de ellos, te agradezco por tu amor, presencia y enorme legado: hasta pronto, querida abuela.

Cristian Márquez Romo

Josefina Calderón Hinojosa

Mi abuela, la más bonita estrella en el cielo

Mi abuela fue el mejor regalo que pudieron ofrecerme mi mamá y mi papá. Es el tesoro más preciado de mi infancia que aún hoy atesoro en mi corazón. Y aunque la extrañe en todo momento, siento que me acompaña día a día con sus legados y enseñanzas.

Su herencia ha sido tan inmensa en mi ser que la siento presente todos los días. Cada noche que la echo de menos, simplemente miro al firmamento. Porque yo sé muy bien dónde se encuentra esa entrañable luz que ilumina mis pasos.

Hoy miro el firmamento con admiración y algo de nostalgia. Porque, entre lágrimas y melancolía, asumo que mi abuela hoy es la más bonita estrella en el cielo. La más grande de todas, aquella que naturalmente destaca por su belleza.

Es allí donde encuentro el consuelo a tu ausencia, esa que tanto me hiere. Es también ahí mismo donde puedo encontrar la respuesta a todas mis dudas. Aprecio esa misma energía que señala el camino que debo seguir. Aún sin contar con su presencia física, se convirtió en mi modelo y ejemplo de vida a seguir.

Mi abuela, la más hermosa marca emocional

Mi abuela es la más hermosa marca emocional que llevaré por siempre en mi alma. Llevo cada una de sus palabras y consejos tatuados en mi piel; poseo, además, un anecdotario colmado de los momentos más bellos de mi vida.

Se trata de la mentora de los más bonitos y tiernos recuerdos que conservo de mi niñez. Aquella dulce señora de cabellos canos y manos corrugadas a fuerza del tiempo.

La del peculiar aroma a dulce colonia, y la eterna amante de las ‘reliquias’, siempre velando por los objetos de decoración y chuchería.

Mi abuela es esa marca emocional que logra que yo crea en mí misma. Su orgullo y admiración hacían que me viera como una artista, siempre talentosa. Coleccionista de dibujos y cartas, público exclusivo de bailes y monerías. También contadora de cuentos oficial a tiemplo completo y consentidora compulsiva.

Sus brazos siempre estaban disponibles para alzarme. Con el tiempo, nada cambió, pues siguieron forjando los más sanadores abrazos. Pañuelos de lágrimas con una atenta escucha sin igual. Un beso dado a tiempo, la caricia más suave; un recuerdo enamorado que bajo ningún punto quiere partir.

«Entre lágrimas y melancolía, asumo que mi abuela hoy es la más bonita estrella en el cielo. La más grande de todas, aquella que naturalmente destaca por su belleza. Aunque a veces pueda no verla, sé que siempre estará allí»

Mi abuela, la estrella que jamás morirá, se hará invisible para descansar

Mi abuela es una estrella. Aunque a veces pueda no verla, sé que siempre estará allí. Ella jamás morirá en mi corazón, pues tiene el don de la eternidad e inmortalidad. Puede que simplemente se haga invisible para poder descansar.

Mi abuela fue esa heroína con cabello blanco durante mi infancia. Aquella que me enseñó sobre la confidencialidad de nuestros secretos y el valor de la sonrisa de un ser amado. Ella era devoción y cariño en estado puro; un amor desbordante, ilimitado e infinito. Sencillamente indescriptible.

Tardes de juegos, cantos y cuentos. Olor a bizcochos y delicias varias que coronaban cada merienda especial. Todos los caprichos habidos y por haber, cumplidos. Muchas enseñanzas de índole emocional gracias a su inagotable sabiduría y experiencia de vida.

Ella hoy sigue aquí, alumbrando mi destino, guiando mis pasos. Desde el cielo. Y qué más da la distancia, si tienes el don de estar siempre al lado mío. Acompañando y apoyando, como siempre. Y qué más da no poder tocarte, si sé que aún cuento contigo gracias a la gran herencia que me dejaste tras tu partida.

Brilla como solo tú sabes hacerlo, mi abuelita hermosa. Yo siempre miraré hacia arriba esperando verte, para seguir amándote. Para sentir que jamás te has ido físicamente de este mundo. Para saber que aún estás aquí. Porque no lograste partir con el recuerdo.

Dicen que uno no está donde el cuerpo, sino donde más se lo extraña. Justamente aquí se te extraña en demasía. Mi abuela de mi corazón, permaneces viva en este corazón que no deja de amarte y llorarte. No obstante, lucha cada día para que tu esencia no desaparezca. Sigues conmigo, por siempre.

Querida abuela

Me lleno de valor para escribirte esta pequeña carta. Mientras, mis lágrimas discurren sin parar. Cuesta, y mucho más, cuando debo sacar fuerzas de mis entrañas. Abuela Carmen, tengo tantas cosas que decirte y muchas han quedado en el tintero…Te doy las gracias por enseñarme a ser fuerte, luchadora, tenaz… todo eso que has sido y serás. Cuantos calificativos podría decir y siempre me quedaría corta. Te quiero abuela por todo, por las largas horas que pasabas hablando conmigo, contándome historias de tu juventud. Fui tu niña, esa chiquilla que no dejaba de hablar como una cotorra, y que siempre te admiró por ser como eres.
Te quiero abuelita, por no enfadarte mucho con aquella chiquilla traste e inquieta. Porque siempre me dejabas jugar con tu caja de costura, tus hilos y telas. Por ser mi cómplice en cada uno de esos momentos que me ha costado salir adelante. Te quiero, por darme tanto a cambio de nada… Me has dado lo más importante: tu cariño, sonrisas, lágrimas, miedos… pero todo ello lo hemos ido capeando como si de una tempestad se tratase.
Cierto día te jure que te cuidaría hasta el final, no sé si lo hice bien o mal abuelita… Pero ahí he estado. No te he soltado la mano durante las largas noches. No dejé de hablarte, de darte besos y decirte que te quiero. No dejé de susurrarte que estaba a tu lado, y que nunca te dejaría… Abuela Carmen, necesito decir a los cuatro vientos; te he amado, te amo y te amaré… aunque hayas decidido partir la mañana veraniega del 17 de agosto. Contigo se ha ido una parte de mí. Me encuentro sola con tu partida. Daría lo que fuese por retroceder en el tiempo y haber ganado la batalla a esta maldita enfermedad.
Cómo decir lo que te necesito, que no me resigno a que hayas partido. Abuela Carmen, desde donde estés, te pido que cuides de mí, que seas mi guardián. Que me guíes en este largo caminar.Como colofón me quedo con las palabras de un gran escritor y espero que se cumplan: “quiero soñar que cuando un día, cuando esté durmiendo nuestras propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada…”.

Para mi abuela, que se marchó de este mundo más rápido de lo que imaginé

Aún es difícil de creer que ya no estás. Sigo deseando despertar de esta horrible pesadilla, que alguien me diga que sólo ha sido un mal sueño y aún estás aquí, pero no. Es real y duele más que mil cuchillos atravesando mi cuerpo. Te has ido abuela, y jamás volverás a estar a mi lado.

A veces pienso que serás tú la que contesta el teléfono cuando llamó y que de nuevo volveré a escuchar tu voz, pero luego me doy cuenta que lo único que escucharé es el tono de llamada cuando nadie responde. Quisiera tener el poder de retroceder el tiempo y llamarte más veces de las que lo hice; hacer más largas esas conversaciones por teléfono. Llamarte por cualquier motivo, aunque sea para saber cómo estabas o qué estabas haciendo.

A veces creo que te encontraré sentada en el sillón de la sala cuando salgo de mi cuarto un domingo por la mañana; que podré volver a sentir ese cálido abrazo al saludarte y ese tierno beso en mi mejilla. Pero no, lo único que encuentro es el sofá vacío como esperando a que llegues y te sientes una vez más.

Desearía haber aprovechado más el tiempo a tu lado. Haber pasado más tiempo escuchando tus anécdotas, sentarme junto a ti tan sólo para hacerte compañía. Desearía alargar más esos abrazos que me hacían sentir que estaba en casa. Haberte pedido más consejos, o simplemente desearía haberme quedado más tiempo a tu lado mirándote, tomando tu mano y sintiendo tu respiración. En verdad me gustaría haber tenido más tiempo junto a ti, te fuiste demasiado rápido de mi vida. Mucho antes de lo que algún día imaginé.

Quisiera poder entrar a tu habitación de nuevo, sentarme a ver la tele junto a ti, esos programas que tanto te gustaban y que, debo confesar, a mí me parecían aburrídisimos. Charlar contigo de las cosas de la vida. Preguntarte tu opinión acerca de lo que estaba haciendo de mi vida, si creías que era o no lo mejor para mí. Preguntarte que esperabas de mí y llenarme de tu experiencia. Seguir tu ejemplo, ese que siempre nos dejaba reflexionando acerca de lo difícil que puede ser la vida, pero que siempre se puede salir adelante cuando se desea.

De verdad daría todo por volverme a sentar en la mesa a degustar esos deliciosos platillos que sólo tu sabías preparar. Jamás volveré a comer algo tan delicioso como lo que tu nos hacías con tanto amor. Me gustaría agradecerte todas las veces que cuidaste de mí, que me defendiste de mamá y me hiciste sentir protegida.

Quisiera volver a escuchar tu risa cuando te contábamos algún chiste. Ver como los ojos te brillaban de lo orgullosa que te sentías de tu familia. Desearía que hubieras estado a mi lado el día de mi graduación y haberte dado la noticia de mi primer trabajo. La vida es tan injusta que te perdí en los mejores años de mi vida, mi futuro esposo no te conocerá y mis hijos no tendrán el honor de haber conocido al ser más maravilloso que habitó este mundo.

Sé que siempre estuviste orgullosa de mí, y que desde donde estás lo sigues estando. Siempre estuviste dispuesta a apoyarme incondicionalemente y a hacer todo porque estuviera feliz. Tengo tantas cosas que agradecerte que no acabaría. Hay tantas palabras que se quedaron en mi garganta y no pudiste escuchar. Aún quedaban tantas aventuras que jamás podré compartir contigo, pero aún así siempre estarás presente en mi vida.

A ti te dedico todos mis triunfos, los que he tenido y los que tendré a lo largo de mi vida. Sólo me queda decirte que fuiste, eres y siempre serás la mejor, y aunque me falto mucho más tiempo por compartir a tu lado, siempre estarás conmigo, porque como dicen por ahí: una persona jamás morirá mientras viva en tu corazón. Te amo por siempre abuela.

Carta Para Mi Abuela Que Esta En El Cielo

Aunque a veces pueda no verla sé que siempre estará allí.

Carta para mi abuela que esta en el cielo. Unsubscribe from cristina granados. Más allá del mismo tiempo y la eternidad habré de encontrarme contigo. Para ti todo mi amor y todo mi cariño por siempre eras y serás mi otra mamá. Tiene la misma enfermedad que tenia mi abuela muerta y esta tratando de salir siento que se me. Por siempre te amo. No esperes su partida para decirle lo mucho que lo amas lo importante que es en tu vida y la falta que te haría si un día no llegara a estar a tu lado. Mi abuela es una estrella. Difrutado un monton de cosas. En la casa en los almuerzos familiares siempre te recordamos contando anécdotas simpáticas que terminan en lágrimas en el rostro de la abuela. Que increible es identificarse con algo asi cuando has pasado x la misma situacion mi abuela era todo y bueno lo sigue siendo una mama para todos una amiga mas que eso pero no puedo decir que no la tenemos solo que no la vemos fisicamente yo en el fondo se que un pedacito de ella esta en cada uno de nosotros. Get youtube without the ads. Popurri lilly goodman al final cúbreme yo sin ti. Para mi abuelita que esta en el cielo youtube. Ella jamás morirá en mi corazón pues tiene el don de la eternidad e inmortalidad.

Más intenso que el calor del sol será el momento de nuestro encuentro. ǝmmanuel karrillo 46623 views. Te envío al más grande y fuerte abrazo que existe un beso también uno tan grande que llegue desde la tierra al cielo en el que estás. Pero aquí todos notan tu ausencia. Para mi abuela que esta en el cielo te quiero cristina granados. Para mi abuelita que está en el cielo más allá del cielo y la esperanza te encuentras tu abuelita. Será que en el cielo también te sientas a fumar tu pipa y sigues leyendo las novelas que te apasionan. Disfruta la paz que trasciende lo conocido aquí siempre tendrás tu lugar. Si tu nombre aparece en esta lista es probable que seas mamá en 2018. Subscribe subscribed unsubscribe 163. Mi nieto es el pedacito de cielo que dios me dio es la felicidad más grande que puede tener un ser humano después de los hijos porque esto es una partecita chiquitica de mis hijos. Mi nieto es mi felicidad eterna después de haber criado a mis hijos durante muchos años y verlos crecer ayudarlos en todo y que ahora se hayan ido. Tú no me extrañas pues me ves todos los días. Mi abuela la estrella que jamás morirá se hará invisible para descansar.

Más allá de mi propia vida esperaré tu encuentro. Una carta al cielo para mi ángel. Una carta al cielo para mi ángel. No tengo ni una foto de ella o le gustaba sacarse fotos el unico recuerdo que me queda esta en mi mente y am medida que pasa el tiempo algunos recuerdos se van. Abuela descansa en paz duration. Carta a mi abuelo que está en el cielo.

Aquí información sobre el carta para mi abuela que esta en el cielo podemos compartir. Administrador blog Varios Cartas 2019 también recopila imágenes relacionadas con carta para mi abuela que esta en el cielo se detalla a continuación.

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