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Ciclo de violencia

CICLOS DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

La situación de violencia que la mujer sufre por parte de su pareja en su relación, se explica porque la víctima se vuelve cada vez más vulnerable, perdiendo con ello su capacidad de autodefensa.

Todo comienza con una parte invisible o silenciosa que puede durar desde 1 a los 10 años de convivencia. Se inicia siempre de forma sutil, invisible a los ojos de la mujer. En estos comienzos se aprecia un exceso de control por parte del hombre hacia su pareja, que ella suele confundir con celos, con una preocupación excesiva por su parte o, incluso, como signos de un gran amor hacia ella. Esta actitud controladora se evidencia en muchos aspectos (su forma de vestir, su trabajo, control de sus gastos, control de salidas y de las amistades, intentos de separación de su familia) así como humillación o menosprecio de las cualidades o características de la mujer, intentando dejarla en muchas ocasiones en ridículo, A veces, delante de los demás, y en la mayoría de los casos, en la intimidad del hogar. De forma que va consiguiendo que ésta vaya perdiendo poco a poco su autoestima, su autonomía e incluso su capacidad o reacción o defensa ante esta situación.

El comportamiento agresivo del varón va aumentando en frecuencia en intensidad, hasta que la mujer decide consultar o pedir ayuda, ésta se convierte en la fase visible. Donde muchos/as se enteran de la situación por la que están pasando. Muchas de ellas, se encuentran que no son creídas, dado que algunos de estos maltratadores suelen comportarse fuera de los muros del hogar de forma admirable, siendo, a los ojos de la sociedad, “el marido perfecto”

Nos encontramos con que el ciclo de la violencia es una secuencia repetitiva, que explica en muchas ocasiones los casos del maltrato crónico.

Se describen tres fases en este ciclo: acumulación de tensión, explosión y reconciliación, denominada, más comúnmente, “luna de miel”.

– Fase de acumulación de la tensión: En esta fase los actos o actitudes hostiles hacia la mujer se suceden, produciendo conflictos dentro de la pareja. El maltratador demuestra su violencia de forma verbal y , en algunas ocasiones, con agresiones físicas, con cambios repentinos de ánimo, que la mujer no acierta a comprender y que suele justificar, ya que no es consciente del proceso de violencia en el que se encuentra involucrada. De esta forma, la víctima siempre intenta calmar a su pareja, complacerla y no realizar aquello que le moleste, con la creencia de que así evitará los conflictos, e incluso, con la equivoca creencia de que esos conflictos son provocados por ella, en algunas ocasiones. Esta fase seguirá en aumento.

– Fase de agresión. En esta fase el maltratador se muestra tal cual es y se producen de forma ya visible los malos tratos, tanto psicológicos, como físicos y/o sexuales. Ya en esta fase se producen estados de ansiedad y temor en la mujer, temores fundados que suelen conducirla a consultara alguna amiga, a pedir ayuda o a tomar la decisión de denunciar a su agresor.

– Fase de reconciliación, más conocida como “fase de luna de miel”: Tras los episodios violentos, el maltratador suele pedir perdón, mostrarse amable y cariñoso, suele llorar para que estas palabras resulten más creíbles, jura y promete que no volverá a repetirse, que ha explotado por “otros problemas” siempre ajenos a él. Jura y promete que la quiere con locura y que no sabe cómo ha sucedido. Incluso se dan casos en los que puede llegar a hacer creer a la víctima que esa fase de violencia se ha dado como consecuencia de una actitud de ella, que ella la ha provocado, haciendo incluso que ésta llegue a creerlo. Con estas manipulaciones el maltratador conseguirá hacer creer a su pareja que “no ha sido para tanto”, que “sólo ha sido una pelea de nada”, verá la parte cariñosa de él (la que él quiere mostrarle para que la relación no se rompa y seguir manejándola). La mujer que desea el cambio, suele confiar en estas palabras y en estas “muestras de amor”, creyendo que podrá ayudarle a cambiar. Algo que los maltratadores suelen hacer con mucha normalidad “pedirles a ellas que les ayuden a cambiar”. Por desgracia ésta es sólo una fase más del ciclo, volviendo a iniciarse, nuevamente, con la fase de acumulación de la tensión.

Por desgracia estos ciclos suelen conducir a un aumento de la violencia, lo que conlleva a un elevado y creciente peligro para la mujer, quien comienza a pensar que no hay salida a esta situación.

Estos sucesión de ciclos a lo largo de la vida del maltratador es lo que explica porqué muchas víctimas de malos tratos vuelven con el agresor, retirando, incluso, la denuncia que le había interpuesto.

¿Por qué la mujer agredida no deja a su agresor? ¿Por qué no denuncia los ataques? ¿Por qué después de denunciar muchas veces retiran la denuncia? ¿Qué sienten las víctimas agredidas en las diferentes etapas de la agresión? ¿Cómo llegan a convertirse en víctimas?

Todos hemos oído este tipo de preguntas entre la opinión pública. Podemos darle respuesta si nos fijamos detenidamente en el proceso de victimización, que como ya indica el nombre no es una situación que se dé de forma puntual y aislada, sino algo que se va desarrollando a lo largo del tiempo. Una relación donde existe maltrato no suele empezar a producirse de la noche a la mañana.

Es un proceso que empieza muchas veces de forma sutil y que provoca que la víctima no siempre sea consciente de la gravedad de la situación que está viviendo.

El ciclo de la violencia y el proceso de victimización

En el año 1979 la reconocida psicóloga americana Leonore Walker arrojó luz sobre cómo funcionan los procesos de victimización a partir de sus investigaciones diseñadas para tratar de entender y de dar respuesta a las preguntas anteriormente planteadas.

A partir de los testimonios de mujeres maltratadas se dio cuenta que no son agredidas todo el tiempo ni de la misma manera, sino que existen fases para la violencia, que tienen variada duración y diferentes manifestaciones. Esto es lo que se ha llamado el ciclo de la violencia,una de las teorías sobre dinámicas internas a las relaciones violentas más difundida en el mundo.

Esta teoría contempla la existencia de cuatro fases en toda dinámica de violencia relacional. Las fases en las que se divida el ciclo de la violencia se van sucediendo las unas a las otras, hecho que precisamente dificulta que el ciclo se pueda romper. En una misma relación, el ciclo puede repetirse infinitas veces y la duración de sus fases puede ser variable.

Las 4 fases del maltrato

A continuación describiré las distintas fases por las que pasa una persona maltratada.

1. Fase de Calma

En una primera fase, la situación está calmada. No se detectan desacuerdos y todo se vive de manera idílica. Pero, cuando el ciclo se ha repetido varias veces, la víctima puede empezar a tener la sensación que la calma se mantiene porque todo está correcto según el punto de vista del agresor que es, en última instancia, el motor del ciclo.

2. Fase de Acumulación de Tensión

Comienzan los pequeños desacuerdos, pues el agresor se siente cuestionado por su víctima de manera creciente. Puede ser que la víctima, en su intento por mantener las cosas como el agresor quiere, cometa algún error pues el aumento de la tensión afecta su capacidad para concentrarse. En esta fase, de hecho, se comienza a ejercer un maltrato psicológico basado en la idea de control y que es una señal de alarma de lo que está por venir.

Muchos agresores se excusan precisamente diciendo que estuvieron avisando a su víctima pero que ésta no les hizo caso y les siguió provocando. La mujer intenta calmar, complacer o, al menos, no hacer aquello que le pueda molestar a la pareja, en la creencia irreal de que ella puede controlar la agresión.

Las tensiones se construyen y se manifiestan de forma específica como determinadas conductas de agresión verbal o física de carácter leve y aislado, a partir de pequeños incidentes: sutiles menosprecios, insinuaciones, ira contenida, sarcasmo, largos silencios, demandas irracionales, etcétera. La víctima va adoptando una serie de medidas para gestionar dicho ambiente, y progresivamente va adquiriendo mecanismos de autodefensa psicológicos de anticipación o evitación de la agresión.

Las acciones del agresor van dirigidas a un objetivo: desestabilizar a la víctima. En esta fase la víctima tiende a minimizar o negar el problema (“tenemos nuestros más y nuestros menos, como todo el mundo”), justificación de la conducta violenta del agresor (“como es muy pasional, se deja llevar por el enfado…”), y hacer alusiones a aspectos positivos de su pareja (“él es mi único apoyo en la vida”).

3. Fase de Explosión

El agresor pasa a la acción. Se caracteriza por una fuerte descarga de las tensiones provocadas en la anterior fase por el agresor. Se producen las agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales más importantes.

En comparación con las otras fases, esta es la más corta pero también la que es vivida con mayor intensidad. Las consecuencias más importantes para la víctima se producen en este momento, tanto en el plano físico como en el psíquico, donde continúan instaurándose una serie de alteraciones psicológicas por la situación vivida.

En esta fase la víctima puede mantener elevadas expectativas de cambio en su pareja (“con el tiempo cambiará, hay que darle tiempo…”), y aparecen sentimientos de culpa (“me lo tengo merecido”, “la culpa es mía por haberle elegido a él”).

4. Fase de Luna de Miel

Al principio, acostumbra a ser la fase responsable de que la víctima se mantenga en el ciclo pues en ella el agresor inicia una serie de conductas compensatorias para demostrar a la víctima que lo siente y que no volverá a pasar más. Esto hace que la víctima vea también la parte positiva del agresor y queda atrapada en reflexiones acerca de cómo conseguir que esta parte aparezca más frecuentemente.

Esta fase se caracteriza por una extrema amabilidad y conductas “cariñosas” por parte del agresor (atenciones, regalos, promesas…). El agresor trata de influir sobre familiares y amistades para que convenzan a la víctima de que le perdone. Suele ser frecuente tratar de hacer ver a la víctima que el agresor necesita ayuda profesional y el apoyo de ella, y que no puede abandonarlo en dicha situación; motivo por el que algunas víctimas vuelven con el agresor (en caso de que éstas hubieran cesado la convivencia con él) y/o retiran la denuncia que habían presentado anteriormente.

Pero, pasado el tiempo, esta fase suele ir desapareciendo y el ciclo queda reducido solamente a tres fases: calma, acumulación de tensión y explosión. Esta desaparición de la fase de luna de miel concuerda con una verbalización que muchas víctimas hacen cuando comentan que “yo, mientras no me chille y no me maltrate, ya me basta” obviando así que una relación se sostiene en cosas que van más allá de la ausencia de malos tratos.

Al acortarse la fase de luna de miel las agresiones van siendo cada vez más fuertes y frecuentes, lo que disminuye los recursos psicológicos de las mujeres para salir de la espiral de la violencia.

Conectando con la Teoría de la Indefensión Aprendida

Leonore Walker postuló que la Teoría de la Indefensión Aprendida de Seligman era una de las teorías que podían explicar las reacciones psicológicas y conductuales de las mujeres que sufrían maltrato.

Siguiendo esta teoría, el maltrato continúo provocaría la percepción cognitiva de que se es incapaz de manejar o resolver la situación por la que se atraviesa, que se generalizaría a situaciones futuras. Este sentimiento de indefensión llevaría a un aumento de depresión, ansiedad, y produciría un efecto debilitador en las habilidades de resolución de problemas.

Las mujeres maltratadas llegarían a un punto en que reconocerían que sus respuestas no tienen ningún impacto sobre su situación de maltrato por haber puesto en práctica diferentes alternativas para cambiar su propia conducta o la del agresor y a pesar de ellos haber seguido sufriendo malos tratos.

Reflexiones finales

Algunos autores han criticado la teoría de la indefensión aprendida aplicada a mujeres maltratadas, ya que puede ser mal interpretada y utilizada para apoyar los conceptos estereotipados de mujer pasiva o de víctimas indefensas. Walker declara que se debe utilizar el término “indefensión” con mucho cuidado, ya que da una imagen de las mujeres maltratadas como personas poco capaces y responsables. Por eso hay que hacer hincapié en que uno de los pilares para trabajar con las víctimas es fomentar su autonomía/autocuidado, su autoestima y su propia responsabilidad.

Las mujeres maltratadas no son culpables de lo que les ha sucedido, pero sí son responsables, después del trabajo terapéutico y de ser conscientes de la naturaleza del ciclo de violencia, de prevenir que una nueva situación de violencia se dé en una futura relación de pareja. En ese punto estarán capacitadas para identificar señales que indiquen que una relación no es “sana”.

Referencias bibliográficas:

  • Echeburúa, E. & Corral, P. (1998). Manual de violencia familiar. Madrid, Siglo Veintiuno.
  • Walker, L. E. (1984). The battered woman syndrome. New York, NY: Springer.

Junta de Andalucía

La Ley 13/2007 de 26 de noviembre, de Medidas de Prevención y Protección Integral contra la Violencia de Género, define el concepto de violencia de género o violencia machista como:

  • «Toda conducta que atenta contra la dignidad e integridad física y moral de las mujeres por el hecho de serlo, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres».
  • «La violencia comprende cualquier acto de violencia basada en género que tenga como consecuencia, o que tenga posibilidades de tener como consecuencia, perjuicio o sufrimiento en la salud física, sexual o psicológica de la mujer, incluyendo amenazas de dichos actos, coerción o privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada.»

El Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad la define como “una de las manifestaciones más claras de la desigualdad, subordinación y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres”, razón por la que se habla con frecuencia de violencia de género contra las mujeres o de violencia machista.

Una variante de la violencia de género que ha sido tolerada durante años es la violencia doméstica, un término que no abarca en su totalidad la gravedad del problema dado que reduce al terreno de lo íntimo un problema social, que facilita su ocultamiento y la impunidad de quien comete la agresión.

Además de la Ley autonómica, España aprobó, por unanimidad, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Su objetivo es la superación de las limitaciones y barreras que dificultan la igualdad real entre mujeres y hombres y la discriminación de la mujer que impide que, en la práctica, gocen de los mismos derechos y libertades que los hombres y que, con frecuencia, se refleja en actos de violencia contra la mujer por el mero hecho de ser mujer.

Tipos de violencia de género

Se considera violencia de género:

  • La violencia física: cualquier acto de fuerza contra el cuerpo de la mujer, con resultado o riesgo de producir lesión física o daño, ejercida por quien sea o haya sido su cónyuge o esté o haya estado ligado a ella por una relación de afectividad similar, aún sin convivencia. También tendrán la consideración de actos de violencia física contra la mujer los ejercidos por hombres en su entorno familiar o en su entorno social y/o laboral.
  • La violencia psicológica: toda conducta, verbal o no verbal, que produzca en la mujer desvalorización o sufrimiento, a través de amenazas, humillaciones o vejaciones, exigencia de obediencia o sumisión, coerción, insultos, aislamiento, culpabilización o limitaciones de su ámbito de libertad, ejercida por quien esté o haya estado ligado a ella por una relación de afectividad similar, aún sin convivencia. Asimismo, tendrán la consideración de actos de violencia psicológica contra la mujer los ejercidos por hombres en su entorno familiar o en su entorno social y/o laboral.
  • La violencia económica: la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico de la mujer y de sus hijas e hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la pareja.
  • La violencia sexual y abusos sexuales: cualquier acto de naturaleza sexual forzada por el agresor o no consentida por la mujer, abarcando la imposición, mediante la fuerza o con intimidación, de relaciones sexuales no consentidas, y el abuso sexual, con independencia de que el agresor guarde o no relación conyugal, de pareja, afectiva o de parentesco con la víctima.

Fases del ciclo de la violencia de género

Las personas que trabajan en la atención y recuperación de las víctimas de la violencia de género han identificado el CICLO DE LA VIOLENCIA, que permite entender e identificar las situaciones en las que se producen los malos tratos y cómo se mantienen en el tiempo. Las fases del Ciclo de la Violencia son:

  1. Fase de TENSIÓN: el agresor acumula gradualmente tensión, y de forma imprevista y negativa cambia repentinamente del estado de ánimo, actuando de forma inesperada. Aunque la mujer se esfuerce en calmarle, complacerle y minimizar la tensión, creyendo que puede controlarle, la tensión sigue en aumento.
  2. Fase de EXPLOSION DE VIOLENCIA O AGRESIÓN: es la fase del dominio donde estalla la violencia y se producen las agresiones físicas, psicológicas y sexuales hacia la mujer y/o sus hijas e hijos. En esta fase suele producirse la denuncia y contar lo que está pasando.
  3. Fase de ARREPENTIMIENTO O LUNA DE MIEL: el agresor se arrepiente, pide perdón, busca excusas para explicar su conducta, hace promesas de cambio, hace regalos, da muestras de importarle la pareja, la familia, fomentando la idea de cambio e incluso puede ir a tratamiento. Su fin es mantener la relación. Por ello, muchas mujeres retiran la denuncia y minimizan el comportamiento agresivo y perduran en el tiempo.

Todas estas fases se repetirán, cada vez con más frecuencia, hasta quedarse reducidas a una sola: LA DE EXPLOSIÓN O AGRESIÓN.

Primeros signos

El Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad identifica una serie de comportamientos, actitudes, etc, que son manifestaciones de la violencia de género. Puedes consultar cuáles son esos primeros signos que identifican un caso de violencia de género en el siguiente enlace:

  • Primeros signos del maltrato
  • Estadísticas de violencia de género
  • Recursos en materia de violencia de género

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Si tienes cualquier duda o necesitas más información puedes llamar al teléfono 955 062 627 o escribir al correo [email protected]

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Resultado:

¿Qué es el ciclo de la violencia?

Leonore E. Walker investigó, en 1979, las razones que imposibilitan a las mujeres maltratadas a pensar y crear alternativas para salir de la situación de maltrato. En esta investigación, la autora, concluyó que la violencia se producía en tres fases que se repetían de modo cíclico. Estas son:

  1. Fase de acumulación de tensión. Aumenta la tensión en la pareja, el hombre se muestra cada vez más enfadado con la mujer sin motivo aparente y se incrementa la violencia de tipo verbal. Estos ataques los suele tomar la mujer como episodios aislados que puede controlar y que acabarán por desaparecer.
  2. Fase de explosión o agresión. La situación estalla en forma de agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales.
  3. Fase de calma, reconciliación o luna de miel. El agresor pide perdón a la mujer, le dice que está muy arrepentido y que no volverá a pasar. Utiliza estrategias de manipulación afectiva para intentar que la relación no se rompa, como dándole regalos, invitándola a cenar o a ir al cine, haciéndole promesas, mostrándose cariñoso, etc. Muchas veces la mujer cree que el agresor realmente quiere cambiar y le perdona, sin saber que esto refuerza la posición de él.

Ciclo de la violencia

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El Ciclo de la Violencia de Lenore Walker

Lenore E. Walker es una psicóloga norteamericana, que en su obra «The Battered Woman» de 1979, recoge lo que la autora denomina «Cycle of abuse» o «Ciclo de la Violencia», en referencia al ciclo que las víctimas de violencia de género, viven respecto de su maltratador.

Según Walker, este ciclo esta compuesto por 4 fases:

Fase de Calma

Como su propio nombre indica, esta fase del ciclo de la violencia de Lenore Walker, corresponde a una etapa calmada, sin discusiones entre las partes.

Si la víctima ha vivido ya el ciclo completo, puede tener la sensación de que esta fase existe, porque según el agresor todo está bien.

Fase de Acumulación de Tensión

En esta fase, la tensión entre las partes va en aumento, existiendo diferencias entre ellas. Es importante saber que aquí, el agresor comienza a ejercer un maltrato psicológico.

El agresor quiere controlar a la víctima.

Es habitual que en esta etapa, la víctima intente complacer al agresor, para que la tensión entre ellos no vaya en aumento.

La tensión, se manifiesta mediante diversas conductas como: menosprecios, insinuaciones, ira, sarcasmo, largos silencios, etc… y pueden también producirse agresiones físicas.

La víctima tiende a minimizar el problema y a justificar la conducta del agresor.

Fase de Explosión

En esta etapa del ciclo de la violencia de Lenore Walker, el agresor descarga toda la tensión de la fase anterior. Se caracteriza porque en ella, se producen las agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales más importantes.

Fase de Luna de Miel

En esta etapa, el agresor muestra arrepentimiento por lo sucedido e inicia conductas compensatorias, para demostrar a la víctima que siente lo ocurrido y que no volverá a pasar nunca.

Esta fase, hace que la víctima, pueda observar el lado positivo de la relación con el agresor.

El círculo de la violencia de Leonor Walker

El círculo de la violencia de Leonor Walker es una teoría que contempla la existencia de cuatro fases en toda dinámica de violencia de género. Esta investigadora y psicóloga trabaja desde hace más de cuarenta años sobre este tipo de violencia. Su idea es que es una violencia posible de desarticular y combina su ocupación profesional con la labor de acompañar ante la justicia a mujeres que han sido maltratadas y luchan por defenderse.

Según esta experta, las víctimas no delatan a su maltratador abiertamente por temor a represalias o a empeorar la situación que están viviendo, sobre todo en el caso de depender económicamente de su agresor. Walter ha aportado a la psicología de la violencia de género un instrumento muy útil para entender el sufrimiento de las mujeres maltratadas y el difícil camino que atraviesan para romper definitivamente con su maltratador.

En 1979 publicó las conclusiones de su teoría de fases extraída a partir de los testimonios de mujeres maltratadas con las que trabajó. Walter se percató de que estas mujeres no son agredidas todo el tiempo ni de la misma manera, sino que existen fases de violencia que tienen una duración variada y diferentes manifestaciones.

Estableció un patrón de conducta similar en todas las situaciones de maltrato y observó cómo estas pautas de conducta se reproducen de forma cíclica. Así, el círculo de la violencia descrito por Walker nos ayuda a entender cómo se produce la violencia de género.

Investigaciones recientes contribuyen a explicar que la imposibilidad de salir del ciclo de la violencia agrava las consecuencias y abre camino a un desenlace fatal. La violencia de género supone la pérdida de los soportes que componen la personalidad del ser humano, que son los condicionantes biológicos, psicológicos y sociales.

El círculo de la violencia: fases del maltrato

Esto es a lo que se ha llamado el ciclo de la violencia de L. Walker, una de las teorías más difundidas sobre las fases por las que atraviesa la violencia de género.

Fase de acumulación de la tensión

En esta fase se produce una escalada gradual de tensión que se caracteriza por la frecuencia de pugnas continuas y actos violentos. Es una etapa sin duración determinada, puede ser cuestión de semanas, meses o años. Se dan incidentes de celos, gritos o pequeñas peleas.

Los insultos o la violencia verbal son interpretados por la víctima como casos aislados que se pueden controlar. El agresor experimenta cambios de ánimo repentinos, se enfada por cosas insignificantes y se muestra tenso e irritado.

La víctima trata de llevar a cabo comportamientos que no alteren a la pareja, intenta calmarla creyendo que así se acabarán los conflictos. Tiende a autoculpabilizarse justificando la conducta que muestra el agresor. Cada vez que se produce un incidente de agresión menor hay efectos residuales de aumento de la tensión por parte del agresor que incitado por la aparente pasividad de la víctima no trata de controlarse a sí mismo.

Fase de agresión

Es la más breve de las tres fases. Aquí estalla la violencia. Hay una falta de control absoluto y se producen las agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales. La víctima experimenta incredulidad, ansiedad, tiende a aislarse y se siente impotente ante lo que ha ocurrido. Suelen pasar varios días antes de pedir ayuda.

Fase de conciliación

En esta fase el agresor suele pedir perdón y promete a la víctima que este comportamiento no volverá a repetirse. Utiliza estrategias de manipulación afectiva para intentar que la relación no termine.

La aceptación de regalos, invitaciones o promesas no hacen más que reforzar la conducta violenta. La tensión acumulada durante la fase de acumulación de la tensión y la fase de agresión han desaparecido.

En esta fase se dificulta la posibilidad de que la mujer denuncie la situación por la que está pasando: el cambio de actitud de la pareja le lleva a pensar que ha sido un hecho puntual y que no volverá a repetirse. La víctima quiere creer que no volverá a sufrir abusos jamás. La moderación del agresor apoya la creencia de que puede cambiar, debido a su comportamiento cariñoso durante esta fase. Esta fase de conciliación finaliza cuando acaba la calma y comienzan de nuevo los pequeños incidentes y las vejaciones.

«Cualquier momento del día o de la noche es bueno para decir basta y poner fin a una etapa de tu vida que hubieras deseado no vivir».

-Raimunda de Peñaflor-

¿Cómo romper el círculo de la violencia?

Para romper el círculo de la violencia es necesario que la víctima sea consciente de su situación. A partir de ese reconocimiento ya podrá empezar a recibir ayuda emocional y profesional.

En estos últimos años se ha dado visibilidad a un problema que ha resultado ser mucho más grave y profundo de lo que se creía. La sociedad ha reaccionado con medidas legislativas como la «Ley integral de la Violencia de Género» y la «Ley de Igualdad», pero estamos lejos de los objetivos y crece la inquietud por la aparición de signos de involución en la percepción social.

«Si alguien te pone las manos encima, asegúrate que no las pone encima de nadie más».

-Malcolm X-

El ciclo de la violencia de género, según Lenore Walker

La violencia de género es un tipo de violencia que afecta a las mujeres por el mero hecho de serlo. Constituye un atentado contra su integridad, su dignidad y su libertad, independientemente del ámbito en el que se produzca.

Engloba tanto la violencia física -que suele ser la forma más fácilmente detectable- como la sexual, la psicológica, la económica o incluso la violencia contra la libertad de pensamiento.

La violencia de género puede ser física, económica, psicológica, sexual o contra la libertad de pensamiento.

Las tres fases del ciclo de la violencia

En este post nos centraremos en estudiar el ciclo de la violencia de género definido por la psicóloga estadounidense Lenore Walker. El ciclo consta de tres fases secuenciales: el aumento de la tensión, el incidente agudo de agresión y “la luna de miel” o etapa de conciliación. La teoría de Walker es una de las más difundidas y aceptadas sobre las fases de la violencia de género.

Explica cómo las mujeres llegan a ser víctimas y cómo, a raíz del comportamiento manipulador y dominante del agresor, en muchas ocasiones no intentan escapar ni denunciar. En este vídeo te explicamos brevemente las tres fases:

Como has visto, al terminar la tercera fase de conciliación, en la que el agresor se muestra arrepentido de lo ocurrido y amable con la víctima, se vuelve a pasar a la primera fase y, por tanto, comienza un nuevo ciclo de violencia. En este sentido, vuelven las discusiones, gritos y agresiones de baja intensidad características de la primera fase del ciclo, acompañados de pensamientos como “tal vez lo merecía”.

En este punto es conveniente repasar qué indicadores nos alertan de que puede existir violencia de género:

  • Elevado grado de control. Siempre pide explicaciones sobre lo que hace y ejerce un control en muchos aspectos y situaciones: controla su teléfono, con quién está o tiene contacto, su manera de vestir y también la economía familiar.
  • Elevado grado de intimidación o de celos. Atemoriza con miradas y gestos, levanta la mano y la acusa de flirtear con otros hombres, los celos le pueden.
  • Aislamiento de la mujer. Le prohíbe relacionarse con amigos o familiares y le aísla de otro tipo de relaciones.
  • Constante culpabilización. Le responsabiliza de todo lo que no funciona en la relación y no le pide perdón.
  • Abuso de poder reiterado. El hombre establece las reglas de la relación, le da constantemente órdenes y decide sobre ella sin tener en cuenta su opinión o preferencias.
  • Pensamiento narcisista. Los comentarios despectivos sobre las mujeres suelen ser constantes.

La violencia de género y cómo ayudar a víctimas de este tipo de violencia lo abordarás extensamente durante el Grado Superior de Integración Social.

El Ciclo de Violencia

Fase de Acumulación de Tensión

Al principio de la mayoría de las relaciones rara vez se exhibe violencia. El agresor se sobrepasará expresando a menudo que la pareja nueva “es la única con la cual puede comunicarse” o que el agresor “nunca ha sido querido antes de igual manera.” La relación es usualmente de infatuación.
Al avanzar la relación, las demandas (mentales, emocionales y físicas) aumentan, al igual que el estrés. Hay un aumento en el comportamiento agresivo, usualmente hacia objetos en vez de la pareja, como por ejemplo, golpeando puertas, tirando objetos, etc. El abuso emocional y mental comienza durante este período. Este abuso se caracteriza por comentarios acerca de la vestimenta, los amigos y la familia de la pareja, y los celos obsesivos se vuelven más obvios. El agresor puede tratar de justificar los celos expresando que los mismos son una forma de expresar su amor. La violencia pasa de objetos a la pareja. Puede haber un aumento en el abuso verbal y físico. La pareja puede alterar el comportamiento para tratar de detener la violencia. Algunos ejemplos son manteniendo la casa limpia, los niños más callados, etc.
El agresor puede volverse obsesivamente celoso y tratar de controlar la mayoría de la conducta y tiempo de la pareja, por ejemplo, decir con quién y dónde puede ir la pareja, cómo debe vestirse, etc.

El agresor puede tratar de aislar a la pareja de la familia y amigos. El abusador le puede decir a su compañera que si lo ama no necesita de los demás y si está casada, entonces el lugar de la compañera es junto al abusador.

La fase de acumulación de tensión es diferente en cada caso. El lapso de esta fase puede ser de días o semanas y la severidad varía.

Incidente de Golpes Severo

Durante esta fase ocurre la violencia física. El abusador escoge la forma de agredir. Por ejemplo, decide el lugar y la hora para el episodio, hace una decisión consciente de la parte del cuerpo que va a golpear y si lo hará con el puño o la mano abierta, etc.

Esta es la etapa en la que usualmente la policía se involucra. Cuando la policía llega, el abusador usualmente actúa calmado y relajado después de haber liberado la tensión. La pareja, por otro lado, actúa histérica y confundida por el episodio.

Reconciliación

Esta fase se caracteriza por un período de calma, sin violencia, o de amor. Durante esta fase, el abusador puede hacerse en parte responsable por su conducta, dándole así a la pareja esperanzas de un cambio. El abusador puede que ruegue perdón, prometa no hacerlo de nuevo y buscar ayuda, dará regalos, etc.

Fase de Calma, también conocida como la “Luna de Miel”

El incidente de abuso se olvida y es la fase “normal” de la relación. Esta es la fase más peligrosa del ciclo de violencia. Durante esta fase, la víctima puede ser atraída por el “buen comportamiento” del agresor y a menudo se restaura su falsa esperanza de que el agresor cambiará. La víctima ve al agresor como la persona de la cual se enamoró.

Si no hay intervención y la relación continúa, hay muchas posibilidades de que la violencia escale y la severidad aumente. El ciclo puede pasar cientos de veces en una relación abusiva. Cada etapa dura un período diferente de tiempo en una relación. El ciclo total puede tardar desde pocas horas hasta un año o más para que se complete.

Es importante recordar que no todas las relaciones violentas de parejas íntimas se amoldan a este ciclo. A menudo, a medida que pasa el tiempo, las etapas de “reconciliación” y calma desaparecen.
Si usted necesita ayuda, comuníquese con el Programa de Refugio para Mujeres al (805) 781-6400.
Si usted no vive en el condado de San Luis Obispo, llame a su Refugio para Mujeres local o llame al 1-800-799-SAFE para encontrar un refugio cerca de usted.

Si está en peligro inminente, llame al 911. Si no hay servicios de 911 disponibles en su área, llame al departamento de policía local.

Círculo de la violencia: qué es y cómo puedes salir de él

Ojalá fuese una excepción, pero lo cierto es que es una realidad padecida por muchas mujeres. Las denuncias hechas hace unas semanas por Valentina Henríquez, expareja de Camilo Castaldi, a estas alturas exvocalista del grupo Los Tetas, no hacen más que dar muestras de una situación que viven muchas parejas hoy por hoy: la violencia hacia la mujer.

Pese a que aún la justicia no dictamina la culpabilidad del artista, que recibió todo el repudio del medio, lo cierto es que las marcas que muestra en su cuerpo Valentina, sumadas a los testimonios de muchas personas del entorno del cantante, hacen que esté casi clara la culpabilidad del músico.

Y lo que cuenta su expareja se condice con el clásico caso de maltratador de mujeres:

«Empezó a golpearme en la cara, me agarraba los brazos y me pegaba cabezazos o me escupía, también me tapaba la boca dejándome sin poder respirar y él encima mío, yo pensaba que iba a morir, me pegaba en la mandíbula muy fuerte porque yo lloraba y me decía ‘cállate perra’, eso fue lo primero. Luego venía la etapa de reconciliación donde me pedía disculpas porque estaba drogado o curado y que no terminara con él».

Esta es parte de la declaración inicial que hizo Valentina en una historia que, lamentablemente, muchas identificaron como suya.

El círculo de la violencia en 4 etapas

Y es que para salir de este espiral de malos tratos y pedir ayuda primero debes reconocer las señales del círculo o ciclo de violencia. Con el fin de ayudarte a ti o a tus cercanas, preparamos una lista con las etapas que componen esta dinámica:

  • Calma: Al principio todo es miel sobre hojuelas, como al inicio de toda relación amorosa. El enamoramiento hace que no existan desacuerdos y que la relación transcurra como un idilio. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo la víctima comienza a tener la sensación de que esta calma se mantiene gracias a que es ella la que no produce inconvenientes al potencial agresor.
  • Acumulación de tensión: En esta etapa surgen desacuerdos que comienzan a hacer que el agresor muestre su verdadera personalidad. De esta forma, comienza a maltratar psicológicamente a su pareja, basado principalmente en controlarla. Esto es una señal de alarma y muchos agresores incluso lo explicitan. Menosprecios que al principio parecen pequeños, sarcasmos molestos, ira contenida y peticiones descabelladas suelen aparecer en esta fase del círculo.
  • Explosión: Su nombre lo dice todo. Acá se produce una descarga fuerte de las tensiones acumuladas y vienen las agresiones más graves, que pueden ser psicológicas, físicas o incluso sexuales. Lo peor es cuando todas estas se mezclan. Para pesar de muchas, en esta etapa la víctima comienza a justificar la actitud del agresor y a mostrar una falsa esperanza de que éste, en el mediano o largo plazo, cambiará para mejor.
  • Luna de miel: Para cerrar el nocivo círculo, en esta etapa el agresor comienza a compensar a la víctima y a prometer que no volverá a maltratarla. Esto alimenta la fútil esperanza de cambio de la mujer maltratada, hasta que se vuelven a acumular tensiones y se repite el ciclo.

Cómo romper el cículo de violencia

Ahora que conoces las etapas viene la parte más compleja: salir de allí. Las constantes disculpas y manifestaciones de arrepentimiento de la pareja agresora pueden hacer extremadamente difícil generar un quiebre en la relación (o pedir ayuda). El problema es que mientras más tiempo la persona maltratada se quede en esta relación abusiva, más violenta se volverá la otra persona y más difícil será poner un punto final.

La agredida puede sentirse deprimida, nerviosa e incluso puede comenzar a creer las mentiras del otro, justificando la agresividad y los malos tratos.

Según la psicóloga Leonore Walker, las víctimas del círculo de la violencia pueden llegar a pensar que sus reacciones y acciones no tienen impacto alguno en el cambio de conducta del agresor, lo que se suma a un efecto debilitador al momento de tomar decisiones y resolver problemas.

Es cierto, las mujeres maltratadas no tienen la culpa del infierno por el que pasan, pero está en ellas el identificar a un potencial agresor y alejarse de ellos. Ahora bien, si identifican que están inmersas en este ciclo, ninguna medida sobra: alerta a tus familiares, amigos o autoridades. Lo más importante es tu vida y bienestar.

¿Todavía no te atreves a hablarlo con un ser cercano? En la sección «Situaciones de riesgo» de nuestro foro puedes expresarte sin miedo y de forma completamente anónima.

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