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Clinica lopez ibor precios

Aunque su fundador falleció hace un lustro, sí vive Socorro Aliño Testor quien fue no sólo su mujer y la madre de sus 12 hijos, cuatro de ellos psiquiatras, sino su más eficaz colaboradora. Si el profesor López Ibor dirigió la atención psiquiátrica de su hospital, ella se ocupó de todo lo demás, y a sus 75 años lo sigue haciendo con sorprendente energía y el poder que le otorga el ser la administradora única. El presidente de la clínica es ahora su hijo mayor, Juan José López Ibor Aliño, de 56 años, jefe también del servicio de psiquiatría del hospital Universitario San Carlos.

«A mi marido le gustaba que yo trabajara. Me había licenciado en Filosofía y Letras y no tenía estudios médicos, pero él me enseñó a hacer los test psicológicos y las historias clínicas, e incluso cuando había algún caso que requería una especial discreción, sólo podía atenderlo yo», cuenta doña Socorro, como todo el mundo la llama, una mujer de fuerte carácter que fuma cigarrillos extralargos y en cuya biografía los santos han desempeñado un papel importante:» «Nací el día de san Agustín, conocí a mi marido el día del Corpus Christi y me casé el día de la Virgen de Lourdes», comenta con una mezcla de humor y religiosidad.

El psiquiátrico de Puerta de Hierro no fue la primera clínica que puso en marcha López Ibor en Madrid. En los cincuenta funcionaba otro centro de su propiedad llamado La Brújula, en un chalé de la calle de Isaac Peral. «Al principio se iba a llamar La Flecha», rememora doña Socorro, «y ya tenía toda la ropa bordada con el anagrama, pero había una casa de citas que se llamaba igual. Le pusimos un círculo a la flecha y la rebautizamos como La Brújula para evitar confusiones».

«Cuando empezaron a llegar enfermos extranjeros, esa clínica se quedó pequeña y pensamos abrir un gran centro. Nuestra idea, era que los enfermos mentales tuvieran el mismo estilo de vida que el resto de la gente, y buscamos un diseño arquitectónico que se asemejara a un hotel. De hecho, la clínica de Puerta de Hierro está inspirada en el Hilton de Pakistán, donde nos alojamos en uno de nuestros viajes. Introdujimos además tratamientos innovadores contra la depresión, y fue la primera clínica del país que utilizó sales de litio para tratar las psicosis maníaco-depresivas».

La apertura de la López Ibor coincidió con el nacimiento del movimiento hippy, y éste se convirtió en objeto de análisis de la psiquiatría oficial, con sorprendentes conclusiones. En un informe de la Sociedad Española de Psiquiatría de 1966 se advertía de la pretensión de los hippies y jóvenes rebeldes, de «sustituir a la familia tradicional por la comunidad gregaria con vida y libertades limítrofes a lo zoológico», y metía en el mismo saco a hippies, drogadictos, delincuentes, homosexuales y desertores, a los que consideraba víctimas de algún tipo de patología familiar. Entre los peligros que acechaban a la familia tradicional se incluía también «la divulgación de la pornografía con música africana, sofisticada y erotizada» y «el señuelo del utópico amor universal a lo Marcuse».

«Efectivamente, muchas familias que tenían hijos hippies los traían a la clínica muy preocupados por su salud mental», admite López Ibor Aliño, que ya en los sesenta trabajaba con su padre. «Era muy importante en estos casos hacer un diagnóstico diferencial de lo que era una manera de ser, un estilo de vida, de una enfermedad mental. Y en mi opinión, tan grave era que un hippy pasara por enfermo como que un enfermo pasara por hippy».

Sin embargo, los psiquiatras de la dictadura no advertían en sus informes de las funestas consecuencias de las leyes franquistas para la salud mental de sus ciudadanos. La imposibilidad de divorciarse, por poner un ejemplo, causó muchas depresiones. «Sí existía ese problema», reconoce López Ibor, «de hecho, la patología conyugal era muy frecuente cuando se inauguró la clínica, y ahora es indiscutible que ha descendido».

La psiquiatría que se ejerció tras la guerra civil, controlada por Juan José López Ibor, no tuvo contestación hasta 1971, cuando una veintena de jóvenes psiquiatras se encerró en un pabellón del hospital Francisco Franco, hoy Gregorio Marañón, para exigir cambios en la política asistencial. La prensa se hizo eco de la protesta, que se hizo muy popular. Uno de los líderes de este movimiento, la antipsiquiatría, fue Enrique González Duro, que había trabajado en las clínicas de Lopez lbor. «El tenía el monopolio de todo el aparato psiquiátrico en España, desde la asistencia pública y privada hasta la enseñanza. Era el único psiquiatra reconocido por Franco», afirma González Duro, quien reconoce que era un hombre brillante, instruido y culto. «Era un psiquiatra humanista, pero con una base muy tradicional. Odiaba a Freud y, el psicoanálisis porque creía que no había que remover los demonios internos. En su clínica estaba prohibida la psicoterapia, se podría escuchar al paciente, pero no replicar; yo me tuve que psicoanalizar clandestinamente.

González Duro, de 57 años, trabaja en el Gregorio Marañón. En 1973 puso en marcha el primer hospital de día en España, y entre sus obras destacan Historia de la locura en España y La paranoia y Franco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de diciembre de 1997

Clínica López Ibor, un ejemplo de lo insano

En este caso voy a copiar el texto que me envía una persona, Giovanna, que merece todos mis respetos, afecto y credibilidad. Si tuviese alguna duda de la veracidad de su narración no la publicaría, pero no la tengo. Y que una clínica del renombre de la López Ibor tenga el funcionamiento que describe es, cuanto menos, para publicarlo.

Personalmente no me extraña demasiado. Hace ya muchos años, en vida del fundador a quien conocí, al igual que uno de sus hijos pues tuve que ayudarle tras un accidente en motocicleta que dio con su cabeza en el bordillo, como digo conozco de entonces algún caso muy serio que no puedo narrar porque carezco de autorización para ello. Pero sí puedo copiar el siguiente porque estoy autorizado para hacerlo y quien lo lea, que juzgue por sí mismo intentando ponerse en el lugar de la persona afectada. Dice así:

¡Ponga usted una querella o las denuncias que la dé la gana, pero aquí no llame más! Sin más, sin que yo pueda responder, cuelga. Quien me sugiere y, a la vez, coarta mi libertad prohibiendo algo que tengo que seguir haciendo, es la persona que trabaja en la centralita de la Clínica López Ibor. Vuelvo a llamar porque el trato es completamente vejatorio, lo de hoy es ya algo habitual, no es la primera vez ni será la última, no sé si será el protocolo a seguir, parece que sí. Me pregunto si así tratan a todas las personas que, por desgracia, sufrimos enfermedades mentales y que, por ende, son las que le dan de comer tanto a ella como a todos los trabajadores de la Clínica López Ibor. Sin nosotros no habría clínica. Vuelve a ponerse la misma persona, eso sí, como siempre tienes que esperar una media de más de veinte minutos, cuando no es casi dos horas tratándose de una urgencia, o sencillamente no responde nadie al teléfono; la pregunto, en un tono bastante sereno, teniendo en cuenta lo escuchado minutos antes, que si considera que es un trato correcto el que… no he podido terminar la frase ya que me ha dicho que mi informe está allí y me ha colgado de nuevo. Obviamente la crisis de ansiedad que se desencadena la tengo yo, no ella. La impotencia, el sentirme una mierda, el que tenga más ganas de quitarme la vida porque hasta una persona que no me conoce, ni conoce cuál es mi problemática se atreve a hacer de ti lo que quiere, ¡claro! Como soy una enferma mental, mi opinión, mis sentimientos no cuentan.

Pongo en antecedentes. Desde hace meses soy paciente de una psiquiatra de la Clínica López Ibor. Mis citas con ella son cada dos semanas, los miércoles. La última que la vi fue el 14 de abril de 2010, en esta ocasión no me dijo que pidiera cita para dos semanas después, pensé que fue un despiste por parte de ella al que no le di importancia, ya que estuvimos celebrando mi cumpleaños que había sido el día anterior. Total, tampoco tiene que estar diciéndomelo cada vez que voy, ya es la dinámica habitual. Por un trauma que arrastro y otra casuística nueva, pero con relación con éste, hace que mi ansiedad aumente, que el insomnio sea imposible de combatir, que la medicación sea precaria para el estado en que me encuentro, y que vaya cayendo en una depresión más profunda.

En un principio la dejo un recado en el contestador, no me gusta ser pesada, ni molestar, aunque ella me tiene dicho que llame siempre que lo necesite, da igual la hora. Según transcurren los días, insisto de nuevo, pero a pesar de que me da línea nadie lo coge y al final salta el contestador, vuelvo a dejarla recado. Según se agrava mi estado, ya no soy la única que intenta dar con la psiquiatra; la psicóloga que me trata, que ya ha hablado varias veces con ella, tampoco lo consigue, y un tercero, conocido también por la primera. Son muchísimos recados en la que se la informa de la gravedad, pero no hay respuesta. También se intenta a través del teléfono de la Clínica López Ibor, pero quien se pone argumenta que ese día no trabaja, que llame otro día, etc., pero en ningún momento la verdad.

El sábado 8 de Mayo llamo a Urgencias de la Clínica López Ibor, ya que mi psiquiatra está desaparecida y mi situación es insostenible. Es de madrugada, me encuentro fatal, con una crisis muy fuerte, síntomas horribles, llevo cinco días sin dormir, hundida. Me pasan con el médico de guardia, intento contarle cómo me siento, lo que me sucede, pero me corta, se limita a preguntar cuál es la medicación que tomo, le respondo, alude que no puede subir la dosis porque la que tomo es muy alta y que además no me conoce, tampoco hace nada por saber qué me ocurre, a pesar de escucharme llorar, de rogarle para que me ayudase; creo que cualquiera sin ser médico podía percibir mi desesperación, en ningún momento me “invita” a que vaya a la clínica para ser tratada o proceder a un ingreso, me recomienda que tome un Orfidal y que espere a que tenga cita con mi psiquiatra, sea cuando sea y, a continuación, cuelga.

Al día siguiente, 9 de Mayo llamo de nuevo, sigo igual, incluso he tenido que auto medicarme con procedimientos de otros médicos en caso de caos, límite… he pasado la noche despierta y sintiéndome peor a raíz de la respuesta del médico, quedé estupefacta, sin articular palabra cuando colgó, pido que me digan su nombre y número de colegiado para interponer una queja, incluso una demanda, la persona que me atiende al teléfono me dice que esos datos no me los puede dar, luego realmente dice que no la da la gana dármelos. Pido hablar con el médico de guardia, cuando éste escucha lo ocurrido con su colega, me pide disculpas, intenta camelarme amablemente para subsanar la mala praxis de su colega, pero ya mi estado es muy lamentable, intenta que le cuente y así lo hago, incluso llega a hablar con un familiar mío. En ese momento se produce una crisis psicógena en mi persona, en la que intento quitarme la vida. Es mi familiar quien tiene que pelear y luchar hasta conseguir poder hacerse conmigo, lo consigue porque sabe qué hay que hacer, pero de haberme pillado sola o con otra persona hubiese conseguido lo que las voces querían que hiciera, y ahora no estaría escribiendo. Toda la vida se lo agradeceré, pues estoy viva gracias a él. La crisis no sé si se hubiese producido o no igualmente, pero si el psiquiatra la noche anterior me hubiese ayudado las cosas no habrían tenido ese final, un final que se me ha quedado bien marcado en la memoria.

A la mañana siguiente se consiguió saber dónde estaba mi psiquiatra, información que no obtuve a través de la Clínica López Ibor, sino a través de terceros. Estaba de vacaciones, información que tenía que haberme dicho la última vez que la vi, al menos, para saber qué pasaba conmigo en ese periodo, como por ejemplo para ser derivada a otro profesional mientras ella, con todo su derecho, disfrutaba de su mes de vacaciones. Esa misma mañana, la misma persona que consiguió que no me quitara la vida, que aguantó mi rigidez, mis patadas, mis golpes, se puso en contacto con una psiquiatra porque tenía mucho miedo por si se repetía, mi familia sabe que debido a un ingreso psiquiátrico, y lo que sucedió en éste, no quiero volver a ingresar. Pero se necesitaba una valoración de un psiquiatra por si tenían que pedir una orden judicial, psiquiatra que tuve que pagar de mi bolsillo.

Días más tarde volví a llamar a la clínica, cuando desvelé que mi psiquiatra estaba de vacaciones entonces se me echaron encima, creo que es la supervisora, me dijo que sí, que lo sabían, pero que no era una información que tuviesen que decirme, que allí no se derivaban los pacientes cuando un psiquiatra se iba de vacaciones, en un tono muy hostil durante toda la conversación. Pedí hablar con la directora, dicen que no va por allí. Creo, y de esto sé, que debe haber una persona que se encargue de la clínica. Esa persona me dijo que, cuando volviese mi doctora, lo hablase con ella, y fuera a ésta a quien argumentara lo ocurrido. Cosa que no entiendo, no entiendo que no den la cara, que tenga que dejar recados a una auxiliar en prácticas que no sabe ni qué responder. En todo momento me he identificado, cuando pedí el nombre de la persona con la que hablaba me dijo que no me lo daba y otra vez por los mismos motivos, vamos, porque no la daba la gana. Me dijo que sabía quién era yo, y colgó.

El día 01 de Junio llamé a la Clínica López Ibor porque me encontraba fatal, incluso sin contar con nadie, pensaba ingresarme. Por casualidad, pregunté por mi doctora y me dijeron que estaba de guardia, se puso al teléfono. La pedí explicaciones y se defendió con un tema que no quiero tratar, yo soy legal y fiel a lo que me cuentan, hablamos y me comentó que no tenía ni idea de lo ocurrido y que lo pondría de manifiesto a la directora. La cuestión es que estuvo hablando conmigo muy amablemente durante un buen rato, tuvo una urgencia y la primera que la dijo que corriera fui yo, pues he estado en esa situación, me dijo que la volviera a llamar en media hora. No pensaba llamarla, pero quería darla las gracias y despedirme, y pedir cita con ella para verla, me tiré más de dos horas llamando sin que nadie me cogiera el teléfono. Cuando volví a hablar con mi psiquiatra, algo había ocurrido, ya no era la misma, me dijo que ella era honesta y que lo sentía pero que no podía ayudarme, y colgó. No comprendí nada.

Como ahora tengo que volver a buscar a otro psiquiatra, la he llamado varias veces a la clínica pero no he dado con ella hasta pasado varias semanas, quería un informe del tiempo que he estado siendo tratada con ella.

La llamada de hoy era para saber si estaba el informe y si podían mandármelo por correo ordinario, pues tengo una depresión muy fuerte, y no tengo una persona que pueda desplazarse hasta allí, me han dicho que no, lo he aceptado, y he preguntado por la doctora porque tenía un tema que tratar con ella, allí no saben ni que médico está o no pasando consulta. Así me han tenido mareándome estas dos últimas semanas, diciendo que llamara que la doctora sí estaba, luego que llamara más tarde porque aún no había llegado, para después de pasar horas, confirmar que la doctora ese día no trabajaba. También ha ocurrido al contrario.

Hoy, he preguntado a la señorita que coge el teléfono, ya que no soy ya paciente de la doctora, qué pasaba con el tema de hablar con la directora, me ha intentado pasar con otra persona, no con la directora, cuando creía que ya me habían pasado se volvía a poner ella, y volvía a decirme que volvía a pasarme, y así más de quince veces, como siempre. Me han colgado. He vuelto a llamar y me han dicho que para hablar con la directora había que pedir cita, algo que jamás se me había dicho antes, he pedido que me pasaran, otra vez he hablado con la señorita de la centralita, ha intentado volverme a pasar con alguien que ella ha dicho que se llamaba Geli, de pronto, al ponerse de nuevo, me ha preguntado si era Giovanna, he respondido que sí, me ha dicho que siguiera a la espera, me he mantenido a la espera, y al volverse a poner es cuando me ha soltado “¡Ponga usted una querella o las denuncias que la dé la gana, pero aquí no llame más!”. Como he mencionado, he vuelto a llamar y cuando he intentado a hablar lo único que me ha dicho es “Aquí tienes el informe” y, a continuación, ha colgado.

Un saludo
JLF y Giovanna Palamidessi

Fuente: Mirada Crítica

LUIS LOPEZ-IBOR

Dr. Luis López-Ibor was born in Madrid in 1955. He attended medical school at the Complutense University of Madrid and underwent six years of postgraduate training at Pitié-Saltpêtrière University Hospitals in Paris, France, under the tutelage of Prof. Jean Metzger. He worked with Prof. Pierre Lasjaunias at Hospital Bicetre during the next five years, before returning to Spain to become the youngest Department Chair in Radiology at the Santiago de Compostela Hospital and leading the country’s first MRI unit. In 1990 he returned to Madrid to found and direct the MRI units in Hospital Virgen de la Paloma and Hospital de la Zarzuela, while performing as a high-level consultant interventional neuroradiologist in several hospitals throughout Spain. He has since began working with and training professionals in the field of interventional neuroradiology in many countries in Latin America, including Colombia, Ecuador, Peru, Venezuela, Brazil, and Mexico. In recent 2008 years his practice is centered in the Hospital Clinico San Carlos in Madrid, where he leads the Neurointerventional Radiology Unit. His current research interests include the treatment of giant brain AVMs, spinal vascular malformations, and cerebrospinal venous insufficiency, as well as promoting international sharing of opinions and information through his yearly NeuroInterventional Master Course (NeuroIMC).

Dr. López-Ibor is a member of the following societies: Sociedad Española de Neurorradiología (SENR)
European Society of Neuroradiology (ESNR)
World Federation of Interventional and Therapeutic Neuroradiology (WFITN)
Sociedad Mexicana de Neurorradiología Diagnóstica y Terapéutica- Founding member
Asociación Venezolana de Neurorradiología Diagnóstica y Terapéutica – Founding member
Sociedad Latinoamericana de Neurorradiología (SILAN) – Founding member

Clínica López Ibor

Por qué es un centro médico de primer nivel

Fundada en 1957, la Clínica López Ibor es un célebre centro especializado en Psiquiatría que cuenta con casi 50 años de experiencia. Fundada por el Profesor Juan José López Ibor, la clínica está dirigida actualmente por uno de sus hijos, el Dr. Juan José López-Ibor de Alcocer. En el año 2007, la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid le otorgó la Medalla de Plata por su larga trayectoria profesional tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de las enfermedades mentales. Desde el año 2011, la clínica tiene la acreditación de Madrid Excelente. La clínica cuenta con varias unidades especializadas en esquizofrenia, trastornos depresivos, trastornos bipolares, trastornos vinculados al estrés, discapacidad intelectual y trastornos de déficit de atención, entre otros. Ofrece un servicio de hospitalización a sus pacientes, disponiendo de 67 habitaciones individuales con posibilidad de añadir una cama para un acompañante, además de dos suites. Los pacientes ingresados pueden disfrutar de un amplio programa de actividades de rehabilitación y recuperación, actividades de terapia ocupacional y ocio, y servicios como peluquería y gimnasio.

López Ibor, Javier

Especialidad

Psicología

Formación

El Dr. López-Ibor, Neuropsicólogo Clínico y Forense por la Universidades Complutense de Madrid y las de Paris y Chicago, es PRESIDENTE de la EUROPEAN SOCIETY FOR THE ADVANCE OF THE NEUROSCIENCE (ESAN) y Director del departamento de ciencias forenses (forensic neuroscience Division); Es miembro del comité ejecutivo de la World Association for the History of Psychiatry (WAHP); Subdirector del comité organizador de NeuroIMC-Neurointerventional Master Course; y en colaboración con OMICS Group es miembro del comité organizador de los congresos Addiction Research & Therapy de Chicago y Alzheimer Disease & Dementia de Valencia.

Trayectoria laboral

Actualmente el Dr. ejerce su profesión en las ciudades de Marbella y Madrid. Las especialidades en las que se desenvuelve son la psicología clínica y de la salud, la neuropsicología clínica y cognitiva, la psicología pediátrica y la psicología legal, forense y criminal.

Experiencia docente

Profesor en Marbella International University y en la UNED

Miembro de

López-Ibor es miembro de diversas asociaciones científicas internacionales entre las que destacan el Colegio Oficial de Psicólogos Español, the American Psychological Association, the Society for the Evaluation, Measurement, and Statistics for Qualitative Inquiry in Psychology, the Behavioral Neuroscience and Comparative Psychology association, The Society for Theoretical and Philosophical Psychology the American society of psychological hypnosis, the clinical neuropsychology association, the american law-psychology society, the division of international psychology, the society of pediatric psychology, the American Society for the Advancement of Pharmacotherapy, the Israeli medical association, the British psychological society Association y la Association Française de Nouvelle Hypnose.

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