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Pilar reyes magos colegio infame con castigos físicos
El dolor más grande de mi vida fue llevar allí a mi hijo. Y sólo con pasar por el infantil le destrozo su vida su alegría y sus ganas de aprender. Y lo mismo paso con los niños que allí había.
Con el paso de los años los niños empezaron a hablar. La profesora de 3 infantil C.T. los pegaba a todas horas, les pateaba las sillas para que se cayeran y los levantaba del pelo, les tiraba por las escaleras del patio, y el colegio lo sabía porque la colocaron en una clase con doble puerta muy discreta para que no se oyeran sus critoS. Por eso les ponía de los nervios que llegarás tarde, por la posibilidad de pescarla in fraganti. Dejar a los niños por la mañana era una odisea, muchos lloraban y se aferraban a la valla, de donde ella les arrancaba violentamente.
Si el niños se retrasaba en sus tareas te lo mandaban al psicólogo. En esto tenían el otro pilar del colegio. Ambos psicólogos eran los sicarios del colegio que bajo una apariencia de os vamos a ayudar con vuestro niño lo que hacían era formarse un dossier con todo tipo de pruebas que obviamente utilizaban en tu contra para decirte que podían con tres años predecir el fracaso eScolR de tu hijo en este colegio.
Con 3 años llegue a recoger a mi hijo antes de la hora y se pusieron muy nerviosos porque lo había encerrado a oscuras en la caseta de las jaulas donde guardan los materiales de gimnAsia. No se el tiempo que paso allí pero debió de ser terrorífico para un niño de tres años.
Cuando los niños se hicieron mayores, 6-7 años, los padres que habíamos salido ya del colegio y que todavía estábamos recogiendo los pedacitos de nuestro hijo nos pusimos de acuerdo para denunciar penalmente a todas esas profesoras que maltrataron a los niños. Buscamos apoyo de otros padres y lamentablemente no lo encontramos. Allí impera la ley del silencio y todos los padres tienen miedo de hablar, les aterroriza que a sus hijos les ocurra lo mismo que vieron o supieron por sus niños que les ocurrió a los nuestros.
Al final ellos siempre ganan, sólo hay testigos mudos y víctimas acalladas que hablan en su madurez en las salas de terapia.
Por favor, no llevéis allí a vuestros niños o no os lo perdonaréis jamás.

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La publicación el pasado día 13 por EL PAÍS de un caso de abusos cometido por el marianista Manuel Briñas ha acabado por destapar lo que durante más de tres décadas fue una rutina de agresiones sexuales a niños en dos colegios de Madrid: el Hermanos Amorós, en el barrio de Carabanchel, y el Santa María del Pilar, en el distrito de Retiro. Este diario ha recabado más de una docena de testimonios de exalumnos que detallan cómo entre 1964 y 1997 y cuando tenían entre 7 y 13 años sufrieron desde “tocamientos y caricias” a “masturbaciones y felaciones” por quien también fue durante 20 años responsable de la cantera del Atlético de Madrid.

Ningún abuso conocido se produjo en el seno del club. “Yo iba al Amorós, a los campamentos de verano y a la cantera del Atleti. Abusó de mí en todas partes menos en el club. Ahí se contenía”, explica una víctima. Algunos niños fueron agredidos de forma repetida durante más de tres años. “Abusó de decenas de nosotros. Nunca se sabrá de cuántos. Era un depredador”, afirman, con palabras muy parecidas, cuatro víctimas.

Los marianistas, que han abierto una investigación interna, habían recibido el pasado lunes siete denuncias. En algunos casos —no todos— se trata de las mismas personas que han contado su historia a este diario. Briñas, que hasta hace dos semanas hacía vida normal y vivía en una residencia de la orden en el centro de Madrid, “ha sido recluido y permanece incomunicado”, según un portavoz. La orden mantiene en secreto su localización. “Su situación psicológica no es normal. No podíamos esperar una reacción normal de alguien como él”, añadió este portavoz, sin querer entrar en más detalles. Briñas, que hoy tiene 88 años, sufre problemas de corazón.

La primera denuncia presentada ante la policía por una víctima de los abusos de Manuel Briñas está a punto de llegar a un juzgado de Madrid. Fue presentada el pasado día 13 en Salamanca por un hombre que asegura haber sido agredido entre 1990 y 1994. La denuncia, a la que ha tenido acceso este diario, fue remitida al juzgado de guardia de la ciudad y, desde ahí, ha sido remitida a Madrid, donde está pendiente de reparto.

La víctima suscribe que cuando se hacía “daño por un lance del juego”, Briñas lo llevaba a “una especie de enfermería, donde comenzaba a darle masajes que acababan en los genitales”. «Poco a poco», sigue la denuncia, los masajes se convirtieron en «masturbaciones» y luego en «felaciones».

La forma de conseguir el silencio era “con regalos como cintas de música, chándales, entradas de fútbol…”, asegura la víctima en su relato transcrito por la policía.

Los primeros abusos se remontan “a 1964, quizá 1965”. “Yo tenía 9 ó 10 años e iba al Santa María del Pilar”, recuerda G. “Briñas era el jefe de la manada verde de los lobatos, la rama de los más pequeños de los scouts. Una noche nos hizo dormir a mí y a otro niño en su tienda. Lo que pasó allí no lo he olvidado en la vida”, añade.

En algún momento a finales de los años 60, Briñas fue trasladado de colegio y acabó en el Hermanos Amorós. Tanto G. como Miguel M.H,. la primera persona que denunció los abusos, sospechan que “fue trasladado por una queja”. “Lo incomprensible es que le dejaran hacer durante décadas en otro colegio”, añaden.

Un portavoz de los marianistas asegura que “no consta” que Briñas fuera trasladado de centro por este motivo. “Estamos en las primeras fases de la investigación, escuchando a las víctimas y tratando de hacernos una idea del alcance de lo ocurrido”, afirma este portavoz. Otras fuentes afirman que el ambiente en la orden es de “conmoción y desolación absoluta por la magnitud de lo conocido”.

R. G. es uno de los nuevos testimonios. “Fui al campamento de verano del Amorós en 1975, con 7 años. No podíamos ir con menos de 10, pero a mí me dejaron porque mi hermano mayor iba”, cuenta. “Éramos solo dos niños tan pequeños. Briñas nos llevó a su tienda e hizo lo que quiso con nosotros. Es algo que siempre me ha marcado”, asegura.

Los testimonios coinciden en gran parte de los detalles de la forma de actuar de Briñas. En los campamentos de verano, los abusos se producían en la tienda denominada “enfermería”. “Si te dolía la tripa o te habías torcido un tobillo, era su excusa para empezar a sobarte. De ahí seguía a los genitales y hasta lo que quisiera llegar. Estabas en sus manos porque era tal su poder que nadie se atrevía a decir nada. Era repugnante”, afirma M. A. M.

La furgoneta que Briñas llevaba a los campamentos era otro escenario habitual de abusos. “Le iba muy bien porque te hacía subir y te llevaba a cualquier rincón tranquilo”, recuerda M. Á. “A veces incluso hacía bromas diciendo que tenía la mano loca. Yo aprendí a escaquearme para no subir”, añade.

En el colegio Hermanos Amorós, varias víctimas recuerdan un espacio junto a los vestuarios donde “tenía una lámpara de calor y una camilla”. Allí Briñas tumbaba a los niños y los desnudaba para abusar de ellos. Uno recuerda cómo el marianista “eyaculó” encima de él.

En las dos últimas semanas, Briñas ha pasado de ser una figura reverenciada en los colegios marianistas de Madrid y el Atlético de Madrid a alguien con el que nadie quiere mantener vínculo alguno. El club rompió toda relación con él el pasado 14 de febrero, al igual que los organizadores de los campamentos de verano que Briñas inició hace 30 años.

Muchas víctimas recelan de estos movimientos. “No puede ser que nadie se diera cuenta de nada durante más de 30 años. Nos dejaron a nosotros, los más vulnerables, en sus manos. Al final ha tenido que ser el más valiente de nosotros el que diera el primer paso”, aplauden cinco de ellas.

Si conoce algún caso de abusos sexuales que no haya visto la luz, escríbanos con su denuncia a [email protected]

Estos son los mejores colegios de Madrid (y Froilán ha ido a casi todos)

09/03/2017 18:02 – Actualizado: 11/03/2017 00:59

Un año más se ha publicado la lista de los mejores colegios de España. Un ranking de 100 en el que aparecen ordenados por orden de prestigio y tipología de enseñanza. Entre ellos, también una vez más, los de Madrid destacan por ocupar los puestos de cabeza. Descubre cuáles son los cinco mejores de la capital y quiénes son sus ilustres alumnos. Como curiosidad, Froilán ha pasado parte de su vida escolar en más de uno. Estudió en el San Patricio (1º en el ranking Madrid), en Santa María del Pilar (4º) y también pasó por la sede en Sigüenza de la Sagrada Familia (35º).

Ubicados en algunas de las zonas más vips de Madrid, los cinco colegios que encabezan el listado referente a esta comunidad coinciden en más de un aspecto. Elitistas, privados (o concertados) y sobre todo exclusivos, estos centros han sido los elegidos por empresarios, cantantes, artistas, políticos y hasta royals de dentro y fuera de nuestras fronteras.

Fotomontaje realizado por Vanitatis

Colegio San Patricio

Ubicado en el exclusivo barrio de La Moraleja (Alcobendas, Madrid), el colegio San Patricio encabeza la lista madrileña convirtiéndose en el mejor de la capital. Se trata de un centro privado católico y de enseñanza bilingüe en inglés (el 89% de sus alumnos aprueba los exámenes oficiales de Cambridge frente al 68% de aprobados de otros centros, según recogen en sus propias estadísticas).

Imagen del Colegio San Patricio (web del centro)

Su posición no ha sido casualidad. También suele obtener las puntuaciones más altas cuando la Comunidad de Madrid valora académicamente sus centros (tanto este como el dedicado a los más pequeños, San Patricio Nursery, en la calle Serrano). Por este motivo, a nadie le extraña que haya sido tantas veces elegido por miembros de la jet set española para encargarles la formación de sus hijos.

En este centro estudiaron Felipe Juan Froilán y su hermana, Victoria Federica, antes de viajar a Inglaterra a perfeccionar el idioma durante un año a un internado. Y no solo ellos, también Mar Flores eligió este centro para sus hijos Mauro y Beltrán, así como los hijos de Patricia Rato, algunos sobrinos de Ana Obregón y los hijos de Xabi Alonso y Nagore Aramburu, que podrían matricularse de nuevo en este colegio ahora que sus padres estudian su regreso a España tras su retirada del fútbol.

Froilán y su hermana Victoria Federica en una imagen de archivo (Gtres)

Colegio Estudio

El Colegio Estudio es una institución privada y laica ubicada al noroeste de la capital, concretamente en el distrito Moncloa-Aravaca, en la zona de Valdemarín, muy cercana al palacio de la Zarzuela y donde los Reyes Felipe y Letizia suelen disfrutar de agradables momentos con sus amigos en los restaurantes que hay alrededor.

Colegio Estudio (Google Maps)

Este centro ocupa el segundo puesto en el ranking madrileño gracias a su particular método educativo basado en el razonamiento, la creatividad y la experiencia, y en el que el diálogo es la base de todo el sistema.

Un método pedagógico en el que también han confiado un gran número de vips de nuestro país. Por sus aulas han pasado los hijos de Raúl González Blanco hasta que abandonó el Real Madrid, uno de los sobrinos de José Ignacio Wert, Ana Obregón, la actriz Irene Visedo, las hijas de Joaquín Sabina, el hijo de Fernando Colomo, el nieto de Luis García Berlanga, el hijo de Miriam Díaz Aroca, el hijo de Jiménez Losantos y el escritor Javier Marías.

Colegio Nuestra Señora de las Maravillas

Sin duda uno de los centros más prestigiosos del país. El Maravillas, con sede en El Viso, ha sido durante generaciones uno de los mejores colegios de Madrid. Privado, católico y con un método pedagógico basado en la tradición y el respeto, ha albergado en sus pasillos la infancia y juventud de grandes personajes del panorama español y de sus hijos.

Fachada del colegio Nuestra Señora de las Maravillas (web del centro)

Entre sus ilustres exalumnos destacan Pedro López Quesada (íntimo amigo de Felipe VI), el periodista José María García, el expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, Enrique Loewe, Carlos Lesmes (presidente del Tribunal Supremo de España y del Consejo General del Poder Judicial), el hijo de Carmen Sevilla y Augusto Algueró, Eduardo Torres-Dulce (ex fiscal general del Estado) y José María Aznar Jr., entre otros.

Colegio Santa María del Pilar

Concertado, religioso y mixto, Santa María del Pilar (epicentro de la vida escolar del barrio de La Estrella) es otro de los centros con más prestigio de Madrid. Con más de 2.000 alumnos y la oportunidad de aprender simultáneamente cuatro idiomas (inglés, francés, alemán y chino), ocupa el cuarto puesto de esta lista que supone un referente en este campo.

También cuenta con un aval personal de excepción. Además de haber sido el elegido por la infanta Elena y Jaime de Marichalar para que Froilán cursara parte de sus estudios, por sus pasillos han corrido otros miembros de la jet set patria.

Liceo Europeo

También ubicado en La Moraleja, a pocos metros del colegio San Patricio, el Liceo Europeo es otro de los que encabezan este ranking. Su método pedagógico basado en “no perturbar la niñez y la adolescencia, adelantando en ellas la hora de las divisiones humanas”, unido a su amplia oferta de actividades deportivas y culturales, le ha convertido en uno de los más aclamados de la capital y, por lo tanto, también de los más elegidos por las personalidades y famosos para educar a sus pequeños.

La actriz Ana Duato ha sido una de las que confió en sus profesores para instruir a sus dos hijos, María y Miguel.

Entrada al Liceo Europeo (web del centro)

El mejor de España está en Barcelona

A pesar de que los colegios de Madrid triunfan numéricamente en la lista, lo cierto es que el que encabeza este aclamado ranking es el colegio Montserrat. Un centro con más de 90 años de historia, ubicado en Barcelona, y que se ha convertido en todo un referente a nivel mundial por su calidad e innovación educativa (cuyos resultados han quedado año tras año suficientemente avalados en Selectividad).

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Fui al colegio de élite de El Pilar en Madrid

En una ocasión me enteré de que uno de estos pijales andaba criticando a mis padres por no disponer de casa propia (andar fijándose en esas cosas con 10 años tiene mérito) y a mi madre y abuela por simpatizar con Felipe González. Decía que sospechaba que votaban al PSOE. Joder, si se llega a enterar de que mi padre era un fiel de Julio Anguita le da un síncope. Los profesores no andaban con esas. Eran mujeres y hombres íntegros, buenos profesionales.

El nivel de enseñanza era alto, aunque no estoy seguro de haberlo aprovechado del todo. Estaba centrado en otros menesteres, como en exprimir su paciencia hasta que no quedara ni una sola gota. Mi mayor objetivo era el jefe de estudios, aka «el Barbas». Venía precedido por una gran fama de ogro: sus broncas en el despacho eran monumentales.

Seguía una secuencia determinada. Te recibía sereno y esperaba a escuchar tu explicación sobre lo sucedido. Era una alocución imposible de terminar, pues él la cortaba de súbito para comenzar su función. Parecía ensayado: buscaba un resorte, el que fuera, para entrar en cólera. Podía ser una mera sonrisa

Y, después del clásico “¡Me cago en Dios!” (el colegio era religioso hasta que la cosa se ponía fea) comenzaba el show. Siempre era lo mismo. Con un brazo arrasaba lo que había en su mesa. El número central era el salto por los aires de un teléfono que forzosamente tenía que ser de pega: es imposible que hubiese soportado tantos pollos. Después se acercaba a ti, a un centímetro de tu cara, y te daba golpecitos en el pecho mientras te lanzaba improperios por lo bajini. Algunos no llegaban enteros a este punto y se derrumbaban antes. Yo no, yo me descojoné.

«Recuerdo un vídeo que nos pusieron cuando éramos muy pequeños en el que se podía ver a una mujer introduciéndose siete botellines de cerveza en la vagina»

La primera vez que me mandaron a su despacho me embargó la ilusión. Por fin iba a saber si todo lo que contaban era cierto o no. Mi expectación era tal que comencé a reírme muy pronto, de manera incontenible además. Mi amigo, nervioso, me hacía gestos con la mano para que parase al tiempo que se disculpaba con el jefe de estudios. Yo no podía parar y, en el fondo, quería que ese monstruo diese rienda suelta a su ira. Vino hacía mí lentamente, tal vez sorprendido por mi osadía, y me preguntó: «¿De qué te ríes? ¿Acaso tengo monos en la cara?». Respondí que no, aunque sin dejar de reírme. Su réplica me sigue pareciendo maravillosa. «¡Pues sí, los tengo bien grandes, los tengo aquí, bien grandes!», gritó como un poseso.

Fui muchas veces más a ese despacho: allí me oriné de risa (“¿Te has meado encima o es otra cosa”?), charlé sobre el futuro, le expliqué el tipo de música tocaba Negu Gorriak y hasta fui tentado a reconvertirme en soplón (“Dime quién mueve la red interna de droga en el colegio”).

Donde sí flojeaba un poco el Pilar era en educación sexual. Recuerdo un vídeo que nos pusieron cuando éramos muy pequeños en el que se podía ver a una mujer introduciéndose siete botellines de cerveza en la vagina. Yo giré la cara, incapaz de seguir visualizando un documento así y un cura me reprendió, alegando que si no prestaba atención, no sabría lo que está bien o lo que está mal en materia sexual. Hombre, yo era un crío, pero no necesitaba un vídeo de esas características para saber que eso no iba conmigo.

Porque era un colegio religioso, sí, pero tengo la sensación de que no tanto. Había unos cuantos curas que vivían allí, rezabas antes de empezar las clases y durante algunos años te obligaban a ir a misa. Después eso pasaba a ser facultativo. A mí, directamente, me aconsejaban no ir a la capilla y dedicarme a otras cosas. Hice la comunión pero no me confirmé. Dejé de ir a catequesis durante un tiempo y luego quise reengancharme, pero solo porque iban a hacer un retiro espiritual fuera de Madrid y vi una buena oportunidad de hacer cachondeo en ese viaje. Le hice firmar a mi padre una nota como el padre Pitillas de la parroquia más cercana a mi casa confirmando que habíamos ido a catequesis con él. No coló.

«A ver, es verdad que allí fueron Aznar y Rubalcaba y Sabater y Ansón y Cebrián. Pero también fuimos nosotros y Roky, el niño que comía caca»

Debo reconocer que hay una mácula –a la vista está que son muchas más, pero ellos perdonan los pecados- en mi carrera como pilarista y esa llegó justo al final, cuando me expulsaron. Eran las fiestas del colegio y había organizados una serie de torneos deportivos. Como nuestro equipo había sido eliminado nos fuimos a delinquir (pero siempre dentro del colegio, en eso éramos muy decentes). Encontramos una nevera con los refrescos que después nos iban a dar (así que realmente no fue un robo, eso iba a ser nuestro poco después) y nos llevamos un botín exiguo: un par de Fantas y una Coca Cola. Muy a lo lejos nos divisó un profesor al que no conocía mucho, creo que tenía problemas de oído y recibía el mote de «Sonic», por el videojuego.

No habíamos hecho algo tan grave pero como empezó a perseguirnos, nosotros comenzamos a escapar a través de los pasillos del edificio, yendo de un piso para otro alrededor del pabellón mientras el campeonato seguía en marcha. Acabamos en el último piso, yo en un lado y «Sonic» en el otro, a modo de duelo del salvaje oeste. El partido había acabado y el público ahora nos miraba a nosotros. Sentí una punzada de compasión, pero finalmente lo hice: desenfundé mi revólver imaginario y disparé y disparé. Pum, pum, pum. Nacho, un sobrio profesor de educación física pitó su silbato indicando que, efectivamente, todo había terminado.

Me expulsaron del colegio aunque me permitieron ir a la selectividad (como posiblemente aprobaría, no perjudicaría a la media). De mi grupo de amigos terminaron en el Pilar cuatro y otros dos se buscaron la vida fuera. Esos macarras aún hoy siguen siendo una familia, mi familia. Es lo más valioso que saqué del colegio. En conclusión —y como me ocurre con muchos sitios— en el Pilar fui feliz a ratos, estuvo bien pero creo que no volvería.

A raíz de las últimas apariciones del colegio en la prensa, en nuestro grupo de Whatsapp debatíamos si definitivamente el Pilar era o no un lugar elitista. Uno de mis amigos dio en el clavo al resumir: «A ver, es verdad que allí fueron Aznar y Rubalcaba y Sabater y Ansón y Cebrián. Pero también fuimos nosotros y Roky, el niño que comía caca».

Y así se compensa todo.

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