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Como freir croquetas congeladas

Preparación de las Croquetas caseras en microondas

Preparación: < 15 min + enfriado + freírlas Dificultad: 1/5 Unidades: 16 Coste: < 3 €

Ingredientes

  • Harina de trigo, 65 g
  • Aceite de oliva virgen extra, 65 g
  • Cebolla, 1 pequeña
  • Leche, 500 ml
  • Jamón serrano, 75 g
  • Queso manchego tierno, 75 g
  • Sal
  • Pimienta
  • Pan rallado
  • Huevos, 2
  • Aceite para freír
  • Para la masa de croquetas en microondas:
  • Para freír las croquetas:

Ha llegado el día que muchos estábais esperando, la receta que a algunos os puede cambiar la vida, la receta para hacer masa de croquetas caseras en microondas. Ya nunca más podréis poner como excusa la pereza de tener que remover la bechamel durante un buen rato para hacer la masa por el método tradicional, ya nunca tendréis que echar de menos los túpers de mamá.

Solo necesitas el microondas, una batidora y el relleno que tú quieras para hacer unas croquetas que quedarán cremosísimas al freírlas -la parte de la fritura, como ya os dije en su momento cuando os di todos nuestros trucos para freír las croquetas perfectas, tiene que ser en sartén o freidora-. En esta ocasión yo las he hecho de jamón serrano y queso manchego, pero casi cualquier cosa rica que haya sobrado se puede usar para croquetas, pollo, carne asada, pescado,…

Como la preparación de la masa va a ser muy rápida os recomiendo tenerlo todo a mano y preparado antes de empezar, el jamón picadito, el queso rallado, la cebolla pelada y cortada en trozos menudos. Así lo que queda será esperar los tiempos de las siguientes fases en el microondas.

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En un bol apto para microondas que no sea de plástico y que tenga al menos 3 litros de capacidad ponemos el aceite de oliva virgen extra, la cebolla picada y una pizca de sal, mezclamos todo y calentamos durante 3 minutos a 800 W sin tapar hasta que la cebolla esté transparente. Disculpad la mala calidad de algunas fotos, pero entre que utilicé un Picual de un color amarillo verdoso muy intenso y la luz del fluorescente de la cocina, el aceite parece un poco radiactivo 😛

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Añadimos la harina, mezclamos bien con el tenedor y calentamos 1 minuto y 30 segundos a 800W. Sacamos, echamos la leche -no pasa nada si está de la nevera- y salpimentamos al gusto. No hay que remover, simplemente echar la leche por encima y calentar en dos tandas de 3 minutos a 800 W. En esta ocasión yo he dejado la sal para el final porque el jamón y el queso ya iban a soltar bastante.

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Pasado este tiempo, la bechamel estará espesa y con algunos grumos grandes, así que trituramos con la batidora de brazo y desaparecen con facilidad. Los grumos grandes se deshacen fácilmente, en cambio si hubiésemos mezclado justo al echar la leche, tendríamos grumitos pequeños mucho más difíciles de deshacer.

Añadimos el jamón y el queso rallado.

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Mezclamos bien y calentamos 2 minutos a 800 W, sacamos, probamos, rectificamos de sal si es necesario y calentamos otros 2 minutos a 800 W. Si os gustan las croquetas menos cremosas y más compactas, se pueden calentar otros dos minutos más.

Dejamos enfriar la masa en el mismo bol o en una fuente y cuando esté completamente fría ya podemos dar forma a las croquetas pasándolas por pan rallado, huevo batido y pan rallado.

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Freímos siguiendo las recomendaciones para conseguir las croquetas perfectas y servimos inmediatamente.

Resultado

A partir de ahora si no coméis croquetas caseras es porque no queréis, porque es una receta que le sale bien a alguien que no haya cocinado en su vida.

Otra cosa, antes de darle el último calentón a la masa, cuando rectifiquéis de sal le podéis añadir un poco de nuez moscada. Yo esta vez no se lo he puesto porque no me entusiasma demasiado en las croquetas de jamón.

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1- Vamos a empezar fuerte. Nunca recalientes una croqueta. Jamás. Nunca acerques una croqueta a un microondas (Satán) ni a ninguna otra fuente de calor una vez ya la has freído. El resultado de esta acción será esa croqueta blanda y mustia, todo lo contrario de la croqueta crujiente por fuera y cremosa por dentro que esperamos. Cada vez que recalentamos una croqueta, especialmente aquellos que tienen un bar, estamos haciendo un flaco favor al mundo de la croqueta en particular y al de la gastronomía en general. Haz siempre las croquetas justas, no hagas de más por si sobran y las aproveches para la noche: piensa que freír correctamente una croqueta son cinco minutos, de manera que puedes tenerlas en el congelador y hacerlas siempre al momento.

2- No seas tacaño con el aceite. A veces creemos que si echamos poco aceite la croqueta engordará menos y será menos aceitosa, y resulta que ocurre todo lo contrario. Lo ideal para freír croquetas (y cualquier cosa en realidad) será siempre la freidora, pero si no tenemos hay que optar por una sartén llena de aceite, que cubra por completo toda la croqueta. La idea es sumergir por completo el producto en un aceite bien caliente, cuya temperatura debe rondar los 180º, de manera que la croqueta quede bien crujiente y el aceite no penetre en el interior, cosa que arruinaría nuestra croqueta. Hay que evitar, pues, ese dedito de aceite medio templado que lo único que hará es meterse en el interior de la croqueta y estropearla.

3- Fríe sólo 3 o 4 croquetas en cada tanda. Que sí, que tienes prisa, que estás deseoso de hincarles el diente y por ello introduces 10 croquetas de golpe en la sartén o la freidora. Craso error. Este gesto va a echar por tierra todas las horas que has estado enrollando tus croquetitas cuchara mediante. Si echas todas las croquetas de golpe, la temperatura del aceite va a bajar, de manera que perderemos el efecto crujiente del que hablábamos. Una vez fritas, es importante colocarlas en un papel de cocina para que pierdan el exceso de aceite.

4- La bechamel no se hace en 5 minutos. Y si lo haces así, es que lo haces mal. Para que la salsa bechamel no quede excesivamente harinosa, y el sabor a harina no arruine tu ibérico estupendo o ese pollo de corral que has comprado, es importante que la harina se cueza. Para ello debes hacer un ‘rouge’, o lo que es lo mismo, hacer una pasta con la harina y la mantequilla y dejar que se cueza durante unos 10 minutos. Es importante también que la leche la eches poco a poco y que esté templada, de manera que ese ‘rouge’ vaya convirtiéndose poco a poco en una crema homogénea. Si lo haces así evitarás los grumos.

5- No uses jamón del malo. Los ingredientes de la croqueta deben ser de primera calidad si queremos conseguir una croqueta perfecta. Si podemos usar un buen ibérico, mejor que un jamón regular, que además puede arruinar el plato si está demasiado salado. Una idea estupenda es, por supuesto, elaborar las clásicas croquetas de cocido con las sobras del caldo. ¿Otra idea? Infusionar un hueso de jamón con la leche si vamos a hacer croquetas de ibérico: es increíble como la croqueta adquiere un sabor mucho menos láctico y más cárnico, que, al fin, es lo que nos interesa.

6- Rebozar con pan rallado. Ahora ya nos ponemos chulos, porque sabemos que el pan rallado es lo más común en las casas para los rebozados. Pero si lo que queremos con unas croquetas de verdadero órdago, es interesante recurrir al panko, una pan rallado japonés elaborado sólo con la miga, mucho más ligero que el pan rallado, con más grumos y que absorbe menos aceite, nuestras croquetas serán muchísimo más crujientes y ligeras. Podemos encontrarlo en cualquier tienda de productos asiáticos y, cada vez más, en las grandes superficies.

7- El tamaño sí importa. En materia de croquetas existen tres tamaños estándar más o menos consensuados. Por un lado está la grande, una croqueta que funciona como plato principal, acompañada de una guarnición, esos croquetones deliciosos que se comen con cuchillo y tenedor. Es cierto que cada vez son menos usuales, ya que la croqueta que se lleva la palma es la que todos imaginamos, la clásica del tapeo, esa que podemos comer en dos bocados y con las manos. Ese tipo de croqueta es perfecto para entrante o picoteo, y es la que la mayoría elabora en sus casas. Por último, está la croquetita de aperitivo, esa que nos ponen en las bodas y que se come de un solo bocado, mucho menos recomendable al ser también muchísimo más calórica.

8- Comes croquetas con cualquier cosa. Y no lo decimos porque no pueda hacerse, ya que la croqueta marida con (casi) todo. Pero es un bocado excesivamente calórico que nos va a aportar una carga energética muy difícil de quemar. Muchos nutricionistas aseguran que no tiene por qué ser malo comer croquetas a menudo, pero que es importante combinarlas con otros alimentos con menos calorías. ¿Brócoli y croquetas? Claro. ¿Bravas, croquetas y ensaladilla rusa? Ocasionalmente, si no queremos que nuestra figura lo note.

9- Tener miedo a innovar. La croqueta ama la innovación, de manera que puedes hacer croquetas de cualquier cosa. No te cortes, no creas que sólo el clásico pollo, el jamón y las espinacas son aptos para la croqueta: puedes hacer croquetas de lo que te dé la gana y con las combinaciones que quieras. Puedes sustituir la leche de la bechamel por leche de almendras, la mantequilla por aceite de oliva y la harina de trigo por una de garbanzos o arroz. Puedes hacerlas al horno o utilizar incluso caldo de verduras en lugar de leche. Puedes echar cebolla a la bechamel, hacer croquetas de quesos, de marisco, de rabo de toro, de setas o de foie. Puedes, incluso, hacer croquetas de chocolate si amas el dulce. Y es que en materia de croquetas, y esta es su grandeza, todo vale (menos recalentar).

10- Tener miedo a congelar. Si sabes congelar y descongelar y no haces barbaridades, tener croquetas congeladas siempre a punto es el mejor de los planes. Se trata de que cuando metas las manos en la masa hagas croquetas para un regimiento, y que las vayas congelando, asegurándote siempre de que estén cerradas herméticamente y no se impregnen de otros sabores. Intenta sacarlas unas horas antes para que se descongelen a temperatura ambiente y a la sartén. Hay quien las congela sin rebozar, para darles el último toque justo antes de freír, y quien prefiere que ya estén rebozadas. Cualquier opción es buena siempre que no las frías congeladas, pues estropearás la fritura.

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No hay nada como las croquetas caseras, una vez las pruebas ya no quieres volver a consumir croquetas precocinadas ¿verdad?, pero para ser sincera, elaborar croquetas requiere de tiempo y a veces no tenemos ese tiempo. Así que os recomiendo que el día que os pongáis a hacer croquetas hagáis más cantidad de las que vayáis a consumir y que congeléis el resto en bolsas para ese fin. Pero surge el problema de cómo freírlas una vez fuera del congelador, pues bien os voy a decir cómo debéis hacerlo, espero que os sea útil:

  • Lo primero que debes saber es que las croquetas se congelan siempre rebozadas.
  • Seguidamente coloca las croquetas bien separadas en una bandeja.
  • Cuando las croquetas estén bien frías introduce las croquetas en bolsas de congelación, porque ya no se pegarán entre sí ni perderán su forma.
  • El día que desees consumirlas, sácalas del congelador, si tienes tiempo te aconsejo que las descongeles por completo sino dispones de tiempo puedes freírlas congeladas, que es el tema de este tutorial, por lo tanto seguimos con los puntos.
  • A continuación vierte abundante aceite de girasol en una sartén amplia, el suficiente para que cubra totalmente las croquetas y caliéntalo a fuego medio, nº 6 de la placa vitrocerámica.
  • Cuando el aceite esté caliente, echa las croquetas en tandas pequeñas (no llenes la sartén de croquetas pues corres el riesgo de que se abran y además la baja temperatura de las croquetas reducirá la temperatura del aceite y nos arruinará el proceso).
  • Déjalas hacer hasta que estén un poco doradas, girándolas frecuentemente con tu espumadera para que se hagan igual por todos lados.
  • Cuando las croquetas tengan un poco de color sube el fuego al máximo y deja hacer las croquetas girándolas con tu espumadera cada cierto tiempo y cuidando de que no se quemen.
  • Cuando las croquetas estén doradas sácalas de la sartén con la ayuda de una espumadera y déjalas reposar sobre un plato llano cubierto de papel de cocina, de esta forma eliminaremos la grasa sobrante.
  • Tras esto retira la sartén del fuego y deja que el aceite se enfríe un poco, cuando el aceite haya perdido un poco de temperatura vuelve a ponerlo a fuego medio, echa la siguiente tanda de croquetas y repite la operación.
  • Si al servirlas descubres que la croquetas están frías por dentro, no te preocupes, introdúcelas medio minuto en el microondas a mínima potencia. De esta forma el crujiente no se irá y la masa se calentará.
  • Este truco del microondas sólo sirve para las croquetas recién hechas y que se han quedado algo frías en su interior. Nunca, calentéis en el microondas unas croquetas ya frías pues lo único que conseguiréis será una masa uniforme.

Espero que este tutorial os sea de utilidad.
Feliz día.

Para comer con menos grasas lo primero que evitamos es la bollería, los embutidos o las grasas adicionales además de los fritos.

Hay otra forma de hacer los fritos igual de sabrosos pero mucho más sanos, usa esta técnica que te propongo y que recomiendo: “freír en el horno”.

Si tu objetivo es bajar de peso debes limitar los fritos de tu alimentación porque esta técnica es una de las que más incrementan el nivel energético de los alimentos. Pero son tan apetecibles que es difícil resistirse, por ejemplo, a unas patatas o unos huevos cocinados con esta técnica tan mediterránea.

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Por qué no conviene abusar de los fritos.

Que sean una bomba de calorías no es el único motivo por el que no debes tomarlos habitualmente:

  • Tienen un nivel alto de PGA (Productos de Glicosilación Avanzada; en inglés AEG: Advanced Glycation End-Products) debido a las reacciones de Maillard, unas sustancias que se forman cuando los alimentos ricos en proteínas y grasas se cocinan a altas temperaturas (como ocurren con los fritos) y que se relacionan con la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. Son también las que le otorgan el olor y el sabor tan apetecible.
  • Favorece la hipertensión si se consumen de forma habitual. Si además se sigue un estilo de vida sedentario, su efecto nocivo es aún mayor.
Tómalos, pero solo como capricho y moderadamente.

Como sucede con la mayoría de alimentos y preparaciones, tampoco se trata de prohibir las frituras. Un estudio publicado por la Sociedad Americana de Nutrición llevado a cabo por el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y el grupo de investigación EPIC revela que las personas que más alimentos fritos consumen tienen mayor índice de obesidad, cosa que no sucede si se toman ocasionalmente.

Y con fritos no sólo me refiero a la técnica casera, los snacks fritos (aperitivos, frutos secos, patatas, etc), evidentemente también influyen en un incremento de peso y enfermedades asociadas.

Alternativas más saludables.

Si te apetece algo frito pero no quieres pasarte, la tecnología está de tu parte, sácale partido. Es posible freír en el horno obteniendo un resultado similar pero restando calorías. Si ir más lejos, cada vez son más los productos refrigerados que ofrecen la posibilidad de elaborarlos en el horno. Utilizando esta técnica puedes conseguir que las 236Kcal (aprox.) que proporcionan 100gr de patatas fritas se reduzcan más de la mitad.

Otros platos que puedes elaborar al horno en sustitución al frito son:

  • Huevos al plato. Si lo pruebas repites, sorprende el resultado, ya que la clara queda igualmente cuajada y la yema líquida. Además, se pueden preparar en cazuelas individuales con una base de verduras. Llevarlo al horno a una temperatura suave.
  • Croquetas. Son uno de los platos que más gustan a los niños, y por su textura suave se incluyen también en los menús de los mayores. Se trata de un alimento nutritivo, pero su aporte calórico aumenta considerablemente con la fritura, puede alcanzar las 300 calorías. Si las haces al horno, además de ser más saludables, ahorras aceite y serán más digestivas. Coloca las croquetas en una bandeja o recipiente untado ligeramente con aceite para que no se peguen o sobre papel de horno, dales la vuelta a mitad de la cocción.
  • Barritas de pescado. El pescado es un excelente alimento y los blancos poseen un bajo contenido en grasa. Para no incrementar sus calorías es preferible asarlo en lugar de freírlo. Para las barritas de pescado precocinadas que ya llevan una capa de aceite puedes usar el mismo procedimiento que para las croquetas y evitar la sartén o freidora. Pescado empanado al horno: mojar la pieza elegida en leche, salpimentar, pásala por harina y pan rallado. Colócala sobre una fuente engrasada ligeramente y cocina hasta que esté dorada.
  • Empanadillas. Al horno ganarán en sabor y presencia. Saltea el relleno para concentrar sabores, coloca sobre papel vegetal, pinta las empanadillas con huevo y hornea a temperatura media. Las empanadillas congeladas puedes prepararlas del mismo modo que las croquetas o las barritas de pescado.
  • Patatas congeladas listas para freír. Estas patatas están fritas ligeramente previamente a su envasado, ya llevan una capa de grasa que podemos aprovechar si las introducimos al horno fuerte unos minutos hasta que estén crujientes. Con una pizca de sal en escamas y pimienta rosa conseguirás unas patatas ligeras, exóticamente especiadas y con un toque gourmet.

Gracias a este método de cocción los fritos conservan mejor el sabor original de sus ingredientes y no resultan tan pesados.

¿Te animas a cocinar con esta técnica? ¡Dale un giro a tu cocina!

Bibliografía.
  • Base de Datos Española de Composición de los Alimentos. BEDCA.
  • Scientific Electromedic Library Online. Cuba. Scielo.sld.cu/scielo.php Los procesos de glucosilación no enzimática. http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1025-02552009000600020&script=sci_arttext
  • American Society for Nutrition.

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