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Complejo de edipo

Origen del Complejo de Edipo

El complejo de Edipo es un término acuñado por Sigmund Freud en su teoría de las etapas psicosexuales del desarrollo para describir sentimientos de deseo de un niño por su progenitor del sexo opuesto, y los celos y la ira hacia el progenitor de su mismo sexo. Básicamente se refiere a que el niño siente que está compitiendo con su padre por la posesión de su madre, mientras que una chica siente que está compitiendo con su madre por el afecto de su padre.

Según Freud, los niños ven su padre del mismo sexo como un rival para la atención y el afecto del padre del sexo opuesto.

Freud propuso por primera vez el concepto del complejo de Edipo en su libro de 1899 La interpretación de los sueños, a pesar de que no comenzó formalmente el uso del término complejo de Edipo hasta el año 1910.

¿De dónde sale el nombre de Edipo?

Freud pone este nombre al complejo a raíz del personaje de Sófocles de la mitología griega, que mata al rey Edipo, que es su padre y se casa con su madre. En la leyenda, Edipo es abandonado al nacer y por lo tanto no sabe quiénes son sus padres. Es sólo después de que ha matado a su padre para casarse con su madre, que descubre sus verdaderas identidades.

¿En qué consiste el complejo de Edipo de Freud?

En la teoría psicoanalítica, el complejo de Edipo se refiere al deseo del niño de tener una relación sexual con el padre del sexo opuesto, pero sobre todo se refiere a la atención erótica de un niño varón hacia su madre. Este deseo se mantiene en el inconsciente a través de la represión, pero Freud creía que este sentimiento todavía ejerce una fuerte influencia sobre el comportamiento del niño y juega un importante papel en el desarrollo infantil.

Freud afirmaba que el complejo de Edipo tenía un papel importante en la etapa fálica del desarrollo psicosexual, entre los 3 y los 5 años. También creía que la finalización con éxito de esta etapa consistía en la identificación con el padre del mismo sexo, que en última instancia conduce al desarrollo de una identidad sexual madura.

Según Freud, el niño desea poseer a su madre y reemplazar a su padre, pues lo ve como un rival en el logro del afecto de la madre.

Algunas manifestaciones del comportamiento de este complejo podrían implicar que un niño exprese posesión hacia la figura de su madre, diciéndole a su padre que no abrace o bese a su madre. Las niñas a esta edad pueden decir que planean casarse con sus padres cuando sean mayores.

Complejo de Electra y la envidia del pene

La etapa análoga para las niñas es conocida como el complejo de Electra en el que las niñas sienten deseo de sus padres y celos de sus madres. El término complejo de Electra fue introducido por Carl Jung para describir cómo este complejo se manifiesta en las niñas. Freud, sin embargo, define el término complejo de Edipo para referirse tanto a los niños como a las niñas, aunque creía que cada sexo experimenta esta etapa de manera diferente.

Freud también sugiere que cuando las niñas descubren que no tienen pene, desarrollan envidia del pene y resentimiento hacia sus madres por «enviarlas al mundo insuficientemente equipadas.» Con el tiempo, este resentimiento da paso a la identificación con su madre y el proceso de internalización de los atributos y características de su progenitor del mismo sexo.

Críticas a la teoría psicosexual de Freud

Estos puntos de vista de Freud sobre la sexualidad femenina fueron intensamente criticados. La psicoanalista Karen Horney refutó completamente el concepto de la envidia del pene de Freud, y en su lugar sugirió que los hombres experimentan envidia vientre debido a su incapacidad de tener hijos.

El mismo Freud admitió que su comprensión de la mujer fue quizá la menos acertada. «Sabemos menos sobre la vida sexual de las niñas que en los niños», explicó. «Pero no tenemos que sentir vergüenza de esta distinción. Después de todo, la vida sexual de las mujeres adultas es un ‘continente negro’ para la psicología.»

¿Cómo se resuelve el complejo de Edipo?

En cada etapa de la teoría del desarrollo psicosexual de Freud, los niños se enfrentan a un conflicto de desarrollo que debe ser resuelto con el fin de formar una personalidad adulta saludable.

Con el fin de convertirse en un adulto exitoso con una identidad sana, el niño debe identificarse con el padre del mismo sexo con el fin de resolver el conflicto de la etapa fálica.

Entonces, ¿cómo resuelve el niño el complejo de Edipo? Freud sugirió que mientras en un primer momento el Ello quiere eliminar al padre, el Yo, mucho más realista, sabe que el padre es mucho más fuerte. El Ello, como sabemos, es la fuente primaria de energía que busca satisfacer de inmediato todos los impulsos inconscientes. El Yo es la parte de la personalidad que emerge tras mediar entre los impulsos del ello y las exigencias de la realidad.

La angustia de castración

Según Freud, el niño experimenta a continuación lo que llamó la angustia de castración o el miedo a la castración, tanto literal como figurado. Freud creía que a medida que el niño se da cuenta de las diferencias físicas entre hombres y mujeres, asume que el pene del sexo femenino ha sido retirado y que su padre también lo puede castrar como castigo por desear a su madre.

en este punto es cuando se forma el Super-yo se forma. El Super-yo se convierte en una especie de autoridad moral interna, que interioriza la figura del padre y se esfuerza por reprimir los impulsos del Ello.

El Superyó del niño es el que reprime finalmente el Complejo de edipo. Las influencias externas, incluyendo las normas sociales, las enseñanzas religiosas, y otras influencias culturales ayudan a contribuir a la represión del complejo de Edipo.

Es a partir de todo este proceso es cuando surge la conciencia del niño, o su sentido general de lo correcto e incorrecto. En algunos casos, sin embargo, Freud también sugiere que estos sentimientos reprimidos también podrían dar lugar a un sentimiento inconsciente de culpa.

¿Qué ocurre si no se supera el complejo de Edipo?

Según Freud, a medida que los conflictos en otras etapas psicosexuales no se resuelven, permanece una fijación en ese punto del desarrollo infantil. Freud sugiere que los niños que no superan este conflicto efectivamente, se quedan con una «fijación materna», mientras que las niñas generan una «obsesión por el padre». Posteriormente, como adultos, estos individuos buscarán parejas sentimentales que se parezcan a su progenitor del sexo opuesto.

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Qué es el Complejo de Edipo según Freud

El complejo de Edipo es un concepto que fue defendido por el psicoanalista Sigmund Freud, que se refiere a una fase de desarrollo psicosexual del niño llamada fase fálica, en la que comienza a sentir deseo por el elemento paternal del sexo opuesto y rabia y celos por el elemento del mismo sexo.

Según Freud la fase fálica ocurre alrededor de los tres años de edad, cuando el niño empieza a darse cuenta que no es el centro del mundo y que el amor de los padres no es sólo para él, sino que también se comparte entre ellos. Es también en esta fase, que el niño comienza a descubrir su órgano genital manipulándolo con más frecuencia, siendo este comportamiento generalmente reprobado por los padres, creando en el niño el miedo a la castración. Esto hace que ese amor y deseo por la madre retroceda, ya que el padre es un rival muy superior a él.

Esta es una fase determinante para su comportamiento en la edad adulta, principalmente en relación a su vida sexual.

Cuáles son las fases del complejo de edipo

Alrededor de los 3 años de edad el niño comienza a apegarse más a la madre, deseándola sólo para él, pero como descubre que su padre también ama a su madre, siente que es su rival. Como el niño no consigue eliminar a su «rival», que es el padre, puede comenzar a desobedecer y a tener algunas actitudes agresivas.

Además de esto, cuando el niño entra en la fase fálica comienza a dirigir su interés y su curiosidad para su órgano genital, actitud que puede ser notada por los padres debido a que el niño lo manipula con frecuencia, siendo una actitud reprobada por ellos, creando en el niño el miedo a la castración.

Según Freud es también en esta fase que los niños y las niñas están preocupados por las diferencias anatómicas entre los sexos. Las niñas pasan a sentir envidia del órgano masculino y los niños tienen miedo a la castración porque piensan que el pene de la niña fue cortado. Por otro lado, la niña, al descubrir la ausencia de un pene, se siente inferior y culpa a la madre, desarrollando un sentimiento de odio.

Con el paso del tiempo el niño comienza a apreciar las cualidades del padre comenzando generalmente a imitar su comportamiento, y a medida que avanza en la edad adulta, el niño se va despegando de la madre haciéndose independiente, empezando a interesarse por otras mujeres.

Los mismos síntomas pueden ocurrir en las niñas, pero el sentimiento de deseo se da en relación al padre y el de rabia y celos en relación a la madre. En las niñas a esta fase se le da el nombre de Complejo de Electra.

¿Qué es el complejo de edipo no resuelto?

Los hombres que no logran vencer el complejo de Edipo pueden llegar a ser afeminados y desarrollar ciertos miedos, mientras que en el caso de las mujeres pueden adquirir comportamientos característicos de los hombres. Ambos se vuelven fríos y tímidos sexualmente, y experimentan sentimientos de inferioridad y miedo a la desaprobación.

Además de esto, según Freud, es frecuente que cuando el complejo de Edipo se prolonga en la edad adulta, pueda provocar la homosexualidad masculina o femenina.

¿Qué es el Complejo de Edipo?

El médico neurólogo Austriaco, padre del psicoanálisis, identifica el Complejo de Edipo en una de las etapas del desarrollo psicosexual del niño. Freud relaciona diferentes tipos de neurosis con la posible represión sexual.

Así pues, desarrolla una teoría basada en etapas que debe ir superando y dejando atrás un niño para que su desarrollo termine siendo el adecuado y sano.

El complejo de Edipo se podría situar, dentro del desarrollo infantil, en la etapa comprendida entre los 3 y 6 años. Esta etapa estaría caracterizada por el sentimiento de admiración, deseo y amor absoluto hacia la madre frente a la rivalidad, enfrentamiento, rechazo o incluso odio hacia el padre.

A día de hoy, si los diferentes tipos de complejos nos despiertan mucha curiosidad, el complejo de Edipo es el que más interés nos produce. Aun sabiendo que es un término que se acuñó en el año 1999, y que responde en gran parte a la fuerte represión del deseo sexual que existía en la época, y que afortunadamente no sufrimos en la actualidad.

Sigue llamándonos mucho la atención todo lo referente a este complejo y las consecuencias que pudiera tener el mismo.

¿Cuál es el origen del Complejo de Edipo?

Complejo de Edipo es un concepto de la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud quien la citó por primera vez en su obra “La interpretación de los sueños”.

Freud se basa en la mitología griega para explicar su concepto. Concretamente en la historia de amor entre Edipo y su madre, el cual llega a enfrentarse y matar a su propio padre, el rey Tebas, para poder ocupar su lugar, llegándose a casar, incluso, con su propia madre, la reina Yocasta.

Posibles manifestaciones de Complejo de Edipo en los niños.

En el caso de los niños: “Mi mamá es la más guapa del mundo”, “Soy el novio de mamá”, “Papá, no te quiero”.

En el caso de las niñas: “Mi papá es el más guapo del mundo”, “Cuando sea mayor me casaré con papá”, “Tú NO, quiero que me ayude papá”.

Estas serían frases típicas de los niños y las niñas durante la etapa de los 3 a los 6 años.

¿Tengo complejo de Edipo?

La superación de este Complejo se resolvería de manera espontánea y natural en todos aquellos niños que llevasen un correcto desarrollo evolutivo sin ocasionar ninguna consecuencia negativa. Por eso, según la teoría del psicoanálisis, será muy importante respetar al niño y sus necesidades en esta etapa, sin reprimirlas.

No obstante, el no superar dicha etapa conllevaría el quedarse estancado en este estadio del desarrollo psicosexual y por lo tanto, ya en una etapa de adulto, este podría desarrollar problemas y conflictos asociados a este hecho.

¿Las mujeres pueden sufrir Complejo de Edipo?

Aunque muchos autores defienden el hecho de que la teoría del desarrollo psicosexual de Freud contempla tanto el desarrollo de los niños como el de las niñas, Jung, discípulo de Freud, consideró necesario desarrollar otra teoría. Esta teoría se denominaría Complejo de Electra. Con este concepto desarrolló una teoría análoga al del complejo de Edipo, pero en este caso que contemplase a la niña y por tanto al género femenino.

Consecuencias del Complejo de Edipo y Electra en la edad adulta

Freud y la Teoría del psicoanálisis identifica en la persona adulta consecuencias como problemas emocionales, de relación con los demás, problemas relacionados con el sexo o con la pareja asociadas un complejo de Edipo o Electra no resuelto.

No obstante, si se diera la existencia de esta problemática, independientemente del origen que tuviera, lo fundamental sería abordarlo terapéuticamente con ayuda de un profesional.

Autora Marta Camacho (Psicólogos de Psicomaster)

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El complejo de Edipo

A esta edad, niños y niñas comienzan a tomar conciencia de su sexo y se interesan por cómo papá y mamá les trajeron al mundo. Inician así un largo viaje que les llevará a identificarse como niña o niño. El “complejo de Edipo” es una etapa en este camino. Freud lo bautizó así en referencia a la tragedia griega de Sófocles titulada “Edipo Rey” en la que Edipo, sin saberlo, mata a su padre y se casa con su madre. En las niñas, el complejo toma el nombre de “Electra”.

Sentimientos encontrados

En torno a los 3 años, el niño -o la niña- empieza a mostrar interés por su propio cuerpo y por los roles asociados a su sexo. Sus modelos para identificarse sexualmente son sus progenitores. Imita en todo a su padre si es un niño o a su madre si es una niña. Y como papá, quiere seducir a mamá para que le quiera como le quiere a él. Desea ganar todo su afecto, ocupar el lugar de papá en su corazón.
Este deseo de lograr el amor de su madre, desplazando a su padre lleva implícitos fuertes sentimientos encontrados que el pequeño debe superar con vuestra ayuda:

• Amor y odio. Por un lado el niño quiere a su padre y le admira pero por otro lo ve como un rival. Fantasea con ganarle la partida. En la niña, sucede lo mismo pero la contradicción que vive es mayor porque su rival de ahora es su primer amor. Esta duplicidad de sentimientos repercute en el estado emocional del niño y de la niña.

• Culpabilidad y miedo. Son los estados emocionales más frecuentes en esta etapa. El niño o la niña no puede evitar tener deseos inconfesables de victoria pero se siente mal por el hecho de tenerlos. Se siente culpable y tiene miedo de perder el cariño de su padre o su madre a causa de la rivalidad que imagina existir entre ellos.

Cómo afrontar el complejo de Edipo

Vuestra actitud es importante para que el niño se identifique con su rol sexual y comprenda mejor las relaciones familiares.
• Considera esta etapa como algo normal y pasajero en su desarrollo.
• No te burles. Para él, es un tema muy serio aunque a ti, te resulte a veces divertido.
• No entres en su juego. Él está confuso y tú debes ayudarle. Si te dice que se quiere casar contigo, dile que eso no puede ser que ya estás casada con papá y que él ya conocerá a una chica con la que se enamorará como papá de ti.
• Preserva momentos de intimidad con tu pareja y enseña a tu hijo a respetarlos.

Mucho cuidado si…

Ciertas circunstancias complican una buena resolución del complejo de Edipo. Es importante estar muy atento si…
• Tienes hijos del mismo sexo de edades parecidas. Estarán viviendo su complejo de Edipo a la vez. La rivalidad se dará con el progenitor del mismo sexo y también con el hermano. Este enfrentamiento se puede agravar si existen celos entre ambos. Conviene no alimentarlos y manifestar la misma atención y afecto a ambos.
• En caso de separación o crisis de pareja durante esta etapa. El sentimiento de culpabilidad del hijo puede verse agravado al fantasear con la idea de que los problemas de sus padres se deben a sus deseos y fantasías de rival. Es importante que entienda que él no es responsable de vuestros problemas de pareja y que ambos le seguís queriendo igual.

El complejo de Edipo es el deseo del niño de mantener relaciones sexuales con el padre del sexo opuesto (niños atraídos por madres y niñas atraídas por padres).

Se produce en la tercera etapa de la fase fálica (3-6 años) de los cinco estadios de desarrollo psicosexual: oral, anal, fálico, latente y genital – en el cual la fuente del placer libidinal está en una zona erógena diferente del cuerpo del infante.

Sigmund Freud (1856 – 1939), fundador del Psicoanálisis, realizó una gran cantidad de aportes a la Psicología profunda, entre los cuales destaca el complejo de Edipo como uno de los pilares de su teoría sobre el Inconsciente y la sexualidad.

El nombre se debe al mito del rey Edipo, cuyo relato trata sobre un hombre que, sin saberlo, mata a su padre Layo y toma a su madre Yocasta como esposa, con quien tiene cuatro hijos. Al enterarse de lo que había hecho se quitó los ojos y se exilió de Tebas, la tierra de la que era rey.

Freud comienza a reflexionar sobre el complejo de Edipo al desarrollar su teoría de la pulsión, las teorías sexuales infantiles y el desarrollo de la sexualidad infantil en general.

Es necesario aclarar de antemano que El complejo de Edipo es, con ciertas variaciones, el mismo en el niño y en la niña, por lo que no existe el complejo de Electra.

El complejo de Edipo se origina como respuesta a la seducción de la madre a través de sus cuidados. Estos no son intencionadamente sensuales, pero acciones como bañar, limpiar o acariciar al bebé erogenizan el cuerpo del infante y permite el nacimiento de las pulsiones. Esta seducción es de naturaleza fálica porque el niño cobra estatuto de falo para la madre.

En el desarrollo de la sexualidad infantil, Freud desarrolla 4 etapas según el objeto con el cual se satisface la pulsión sexual: Oral (el objeto es la boca), Anal (el objeto es el ano), Fálica (el objeto es el pene en los niños, el clítoris en la niña), un período de latencia y finalmente la genital (la sumisión de las pulsiones parciales a la genitalidad y reproducción).

El complejo de Edipo inicia durante la etapa fálica, cuando el infante desarrolla las teorías sexuales infantiles, siendo la más relevante para este complejo la teoría de que sólo existe un genital, el pene. Según esta teoría, el niño piensa que todos los humanos tenemos un genital, el pene, y que su madre también tiene uno.

Atravesamiento del Complejo de Edipo

Fuente: http://oedipuscomplexhamlet.weebly.com/the-oedipus-complex.html

El complejo de Edipo es vivido de manera distinta por niños y por niñas, por lo que detallaremos su atravesamiento en dos apartados distintos.

Es necesario mencionar que, para Freud, tanto la masculinidad como la feminidad eran independientes del género de la persona. Para él, ambas eran posiciones subjetivas, es decir, formas que tienen los individuos de relacionarse con los demás, el ambiente que les rodea y consigo mismo.

En el niño

Como dijimos antes, durante la etapa fálica, el niño desarrolla teorías sexuales infantiles, siendo la más relevante para el complejo de Edipo la noción de que tanto los niños como las niñas tienen pene, como consecuencia de las exploraciones sobre su propio cuerpo y la seducción materna.

En este estadío el pene toma el estatuto de falo, es decir, de objeto simbólico de poder y ley. El niño, que es a su vez un objeto fálico para su madre, quiere tomarla a ésta como pareja pero se encuentra con su padre, quien ya la tiene como tal.

Su gran interés reside en la esperanza de que, gracias a que posee un pene, en el futuro podrá acceder al objeto incestuoso o un otro equivalente.

El niño capta esto al ver que hay una satisfacción que la madre no se procura en él, sino por medio de su padre. Él quiere ser todo para ella. El niño entra, pues, en un conflicto con el padre: desea hacerlo a un lado, sacarlo del triángulo amoroso para ocupar él su lugar.

El onanismo del niño en esta época se liga a la satisfacción fantaseada del complejo de Edipo.

El niño ha sido amenazado en varias ocasiones con que “se le va a caer el pene” o “se lo van a cortar” por jugar con su genital. La amenaza es, por lo general, dada por la madre en referencia al padre, quien sería el agente castrador.

Dicha amenaza cobra un significado distinto al mirar los genitales femeninos. Al encontrarse con que la niña no tiene pene, la amenaza se vuelve real para el niño, realmente cree poder perder su pene a causa de su comportamiento y sus pretensiones respecto de su madre.

Dicha amenaza le angustia, desarrollando la angustia de castración que lo llevará a tener un complejo de Castración. La única forma en que el niño puede resolver este complejo es renunciando a tomar a su madre como pareja y resignándose a la fantasía como única forma de satisfacción sexual que le queda.

A su vez, la satisfacción que se procura ahora ya no es la misma que antes; esta desilusión le lleva también al sepultamiento del complejo de Edipo.

El complejo no está resuelto (y nunca se resolverá) pero queda sepultado en el inconsciente. Como consecuencia el niño enlaza, inconscientemente, lo femenino con un pene perdido, lo pasivo, y lo masculino con la posibilidad de perder el pene, lo activo.

Otra consecuencia, no menos importante, es que el niño deja de pretender deshacerse de su padre a desear ser como él. Se identifica con su padre para poder tener a su madre en su fantasía. Esto se conoce como una cicatriz del complejo de Edipo, donde la madre subsiste como la primera seductora.

Otra parte de su sexualidad es sublimada en otras actividades; el niño entra en la etapa de latencia y se dedica a explorar y aprender sobre el medio en el que vive.

En la niña

El complejo de Edipo es asimétrico entre el niño y la niña, por ocurrir las mismas etapas en un orden distinto.

La niña, durante la etapa fálica, toma a su clítoris como falo y objeto de satisfacción. En su inconsciente sostiene la teoría de que tanto hombres como mujeres tienen pene. Entre ellas, su madre también se encuentra incluida.

La madre ocupa el lugar de primera seductora, tal como ocurre con el varón. La madre, por ocupar un lugar activo y masculino, además de seducir a su hija le hace creer que tiene un pene, por lo cual la niña fantasea que en un futuro también tendrá uno que le permitirá acceder al objeto incestuoso.

Una vez cae en la cuenta de que su madre no tiene un pene y a ella tampoco le crecerá uno, la niña pasa a odiarla. La madre se vuelve un objeto siniestro al hacerla responsable de su falta de pene, cosa que no puede perdonarle.

En otras palabras, culpa a su madre de su propia castración por encontrarse ella misma (la madre) castrada también. La niña suponía una madre fálica porque ella, la hija, ocupaba el lugar de falo sin saberlo.

Desarrolla la envidia del pene, que es su forma de vivir el Complejo de Castración y que subsistirá en su inconsciente de ahora en adelante.

Freud desarrolla tres posibles salidas para la mujer del complejo de Castración:

  1. Inhibición sexual – Conlleva al desarrollo de una neurosis. La mujer reprime su sexualidad por creer que, al carecer de un pene, es incapaz de disfrutarla.
  1. Alteración del carácter – La mujer desarrolla un complejo de masculinidad. Se comporta como si tuviera un pene al equipararlo al falo. Lo masculino se vuelve parte de su carácter. No es una enfermedad.
  1. Feminidad normal – La mujer se define fálicamente (es decir, carente de un falo) como tal. Se le conoce también como la salida fálica a lo femenino. Es la entrada en el complejo de Edipo.

La niña supone ahora que hay algo más que la madre y regisnifica la percepción de su propia castración. Es por ello que troca (es decir, cambia una cosa por la otra) su zona erógena y su objeto de amor; la zona erógena deja de ser el clítoris y pasa a ser la vagina, mientras que el objeto deja de ser su madre (que ahora es odiada) y pasa a ser su padre.

La niña asume que lo femenino es la ausencia de lo fálico y que el desear es femenino puesto que se desea algo que no se tiene. El falo pasará a representar la falta de un objeto.

La niña ingresa finalmente al complejo de Edipo, deseando que su padre le dé un hijo, sustituto del falo perdido. Saldrá de este complejo al aceptar que no recibirá un hijo del padre y lo buscará en otros hombres. Su posición permanece masculina por ser activa en su búsqueda.

Ninguna de las tres resoluciones del complejo de castración se da sola. Más bien ocurre una mezcla de todas, siendo una más evidente que las demás.

Resulta interesante destacar que en el caso de la niña nunca se da un sepultamiento del complejo de Edipo.

¿Qué ocurre después?

Freud afirma que el atravesamiento de este complejo deja cicatrices permanentes en el psiquismo del infante. La particularidad de su trayectoria, así como su posterior sepultamiento (o no), condicionarán de forma muy grande la relación que tendrá el individuo con sus objetos de amor, tanto en su elección como en su forma de relacionarse e interactuar.

Un niño cuyo padre fue muy severo durante esta etapa, que sufrió a causa de la angustia de castración, es capaz de desarrollar una fobia (tal es el famoso caso del pequeño Hans y su fobia a los caballos), o tener luego dificultades para relacionarse con otros hombres una vez sea adulto.

Una niña que tenga dificultades para salir del complejo de Edipo podría sentirse constantemente insatisfecha respecto de sus parejas por no estar a la “altura” de su padre.

Hay dos secuelas importantes del complejo de Edipo: la formación del superyó y la fantasía.

El superyó es el heredero de la autoridad paterna. Existe gracias a las identificaciones esenciales ocurridas durante el complejo, cuando el Yo era endeble. También, y de esto dependerá su severidad también, es el heredero de las leyes y la moralidad, contemporáneas y posteriores al complejo.

Este superyó es introyectado por el sujeto, es decir que se vuelve inconciente y pasa a formar parte del carácter. En la fantasía subsisten los deseos incestuosos y queda como el único lugar donde el niño aún puede obtener satisfacción.

Una vez se ha finalizado el atravesamiento, el niño entra en la etapa de latencia, caracterizada por el olvido de los deseos incestuosos y el abrupto cese a las exploraciones sexuales y sobre el propio cuerpo por parte del niño.

Se erigen las barreras éticas y estéticas en el Yo, se empiezan a explorar los límites del niño con su medio. Es la etapa del pequeño científico, donde el niño constantemente experimenta con el medio, como forma de conocer aquello que puede o no puede hacer, aquello que le gusta y cómo obtenerlo, etc.

En resumen, si bien el complejo de Edipo es similar en muchos aspectos tanto para el niño como la niña, sus diferencias resultan importantísimas al definir al niño y a la niña como tales.

Esto se debe a que antes de la entrada en el complejo, tanto el niño como la niña son bisexuales por naturaleza y carecen de conciencia respecto de su género, llegando a identificarse con uno hasta después.

En este artículo puedes conocer las teorías más conocidas de Freud.

Referencias

«Quiero mucho a mamá» es algo que a todas las madres les gusta escuchar de sus hijos. Sin embargo, los sentimientos de amor de un niño hacia su madre pueden confundirse y convertirse en lo que Freud llamó complejo de Edipo. ¿En qué consiste? ¿Se puede tratar? Te lo contamos todo en este artículo.

Origen del complejo de Edipo

Según Freud es el sentimiento de amor de un hijo hacia su madre y el rechazo total hacia el padre.

También denominado conflicto edípico, se trata de un concepto que se encuentra dentro de la teoría psicoanalítica de Freud. Se basa en un personaje de la mitología griega que mata al rey Edipo (su padre) y se casa con su madre.

Según Freud el complejo de Edipo es el deseo inconsciente de un hijo de mantener una relación sexual incestuosa con la madre y de eliminar al padre.

De acuerdo con la teoría de Freud, este complejo se desarrolla en la infancia y se revive en la pubertad.

Para el psicoanalista hay dos maneras distintas en las que se puede presentar este complejo:

  • Positivo: Rivalidad hacia el progenitor del mismo sexo y atracción sexual hacia el del sexo contrario.
  • Negativo: Amor hacia el progenitor del mismo sexo y rechazo u odio hacia el progenitor del sexo opuesto.

Síntomas del complejo de Edipo

El niño suele decir que quiere casarse con su madre.

El complejo suele aparecer entre los tres y siete años y algunos de sus síntomas son:

  • Reclamar atención de la madre de forma constante.
  • A menudo, el niño puede expresar su deseo de casarse con mamá.
  • Sentimientos de posesión hacia la madre.
  • Enfados y celos.
  • Pesadillas recurrentes.

¿Cómo se supera?

Fomentar la relación padre e hijo será fundamental para superar este complejo.

Según Freud, este complejo puede desembocar en una “fijación materna” y en la época adulta buscarán parejas sentimentales que se parezcan a su progenitor. Por ello es importante poner «freno» desde las primeras señales:

  • Lo primero tomarlo con calma y tranquilidad y pensar que no llegará a mayores si se pone remedio.
  • Hay que empezar por explicarle al niño, que nunca podrá casarse con su madre, sino que lo hará con una persona distinta.
  • Indicarle que debe respetar la zona íntima de los padres (el dormitorio, por ejemplo).
  • Dedicar suficiente tiempo al niño para mostrarle afecto y dedicación.
  • Reforzar las actividades y el vínculo con el padre.
  • Evitar las críticas y/o burlas al niño por mostrar este complejo.
  • Acudir a un terapeuta si los síntomas persisten.

El complejo de Edipo y el teórico enamoramiento de los niños hacia sus madres según Freud

En psicoanálisis se conoce como complejo de Edipo a un conjunto de emociones y sentimientos que se experimentan en la infancia y se caracteriza, de forma general, por un sentimiento de atracción hacia el progenitor del sexo opuesto y un sentimiento de odio o rechazo hacia el progenitor del mismo sexo. Este concepto forma parte de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, que utilizó por primera vez el término en su libro Interpretación de los sueños, en 1899, aunque no lo utilizó formalmente hasta 1910.
Freud determinó que hacia los tres años, el niño desarrolla un deseo sexual inconsciente hacia el progenitor del sexo opuesto, es decir, un sentimiento incestuoso. Al mismo tiempo, desarrollaría un sentimiento inconsciente de eliminar al progenitor del mismo sexo. El concepto fue acuñado haciendo referencia al rey mitológico Edipo, quien, sin saberlo, mató a su padre y desposó a su madre, ya que fue abandonado al nacer. Aunque el concepto se diseñó de manera que hiciese referencia principalmente a los varones, Freud lo adaptó ligeramente para que englobase a las niñas. Sin embargo, fue más tarde cuando Carl Jung propuso el complejo de Electra para los casos femeninos. En este caso hace referencia al mito de Electra, quien mató a su madre, Clitemnestra, para vengar el aseinato de su padre, Agamenón, que había sido perpetrado por esta última.

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Etapas del desarrollo psicosexual según Freud

Según la teoría del desarrollo psicosexual de Freud, los niños pasan por tres etapas: la oral, la anal y la fálica. Así, el complejo de Edipo se manifiesta en la etapa fálica coincidiendo con el desarrollo de la libido, lo que tiene lugar entre los tres y seis años de edad.

  • La etapa oral tiene lugar durante los primeros 18 meses de vida, aproximadamente. En ella, el niño utiliza la boca como medio para obtener placer y la utiliza, además, para experimentar y conocer el entorno.
  • La etapa anal se inicia con el fin de la anterior y dura hasta los 3 años de edad. Es el periodo durante el que el niño aprende a controlar sus esfínteres, actividad que para Freud está relacionada con el placer y la sexualidad.
  • La etapa fálica dura desde los 3 hasta los 6 años de edad. La zona erógena asociada durante este periodo son los genitales. Según Freud, en este periodo el niño experimenta placer al orinar y comienza a interesarse por las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres. Es en esta etapa cuando se manifiesta el complejo de Edipo: los niños sentirían atracción hacia quien ejerce el rol de madre y miedo o rechazo por quien ejerce el rol de padre.
  • La etapa de latencia comienza a los 7 años de edad y se extiende hasta la pubertad. A esta zona no se le asocia una zona erógena concreta. En su lugar, el individuo experimenta una congelación en lo que a materia sexual se refiere. Esto se puede deber a los castigos y amonestaciones que ha recibido en etapas anteriores cuando ha intentado experimentar con su sexualidad. Así, en esta etapa Freud describe que la sexualidad queda camuflada.
  • La etapa genital se inicia en la pubertad y se prolonga hacia delante. Viene acompañada de los cambios físicos propios de la adolescencia. En esta etapa, además, el deseo sexual es muy intenso y no se puede reprimir, según Freud, con la misma facilidad. De nuevo los genitales son la zona erógenarelacionada en este periodo. Es el inicio de la sexualidad adulta.

El conflicto en el pequeño se resuelve con la identificación progresiva con el padre (si se trata de un niño) o la madre (si es una niña). De acuerdo con esta teoría, las pulsiones sexuales del complejo de Edipo reavivarían durante la pubertad.

¿Cómo se manifiesta el complejo de Edipo?

Según Freud, hacia los tres años, incluso los dos años y medio, el niño comienza a ser posesivo con su madre y demanda de ella más cariño. Podría ocurrir, incluso, que intente entrometerse en la intimidad sexual de sus padres, por ejemplo, entrando a su habitación sin llamar. Las niñas, por su parte, manifiestan este sentimiento coqueteando con su padre, llamando su atención e intentando rivalizar con su madre por su cariño.
Como se ha explicado más arriba, esto ocurriría según el psicoanalista durante la fase fálica, la etapa en la que el niño descubre que el pene es un elemento clave en la intimidad de sus padres, una esfera en la que se siente excluido. Así, cuando el niño experimenta el complejo de Edipo, se frustra al comprobar que no consigue nada con sus maniobras inconscientes de seducción y al no poder expresar con palabras lo que siente. Así, tiende a reprimir su contrariedad, expresándola entonces con enfados y pesadillas.
Para salir de esta situación de forma progresiva, Freud explica que el niño inicia un periodo que denomina la resolución, según el cual renuncia a ocupar el puesto del progenitor del mismo sexo y reprime de forma inconsciente sus emociones y pasiones.
Tiempo después hacia los 6 y 7 años, los niños tienden a imitar a sus padres del mismo modo que las niñas tienden a imitar a sus madres. Esta etapa se denomina complejo o ansiedad de castración, ya que el deseo del niño ha sido reprimido por el padre, un castigo que el niño ha aceptado.

¿Cómo deben actuar los padres?

El complejo o ansiedad de castración con el resultado del conflicto entre el ello, instancia dominada por las puslsiones que quiere eliminar al padre, y el yo, instancia mediadora que asume que el padre es más fuerte. Según Freud, el niño desarrolla un miedo a la emasculación –ablación de sus órganos genitales.
Freud entiende que la superación del complejo de Edipo es clave para la construcción de la sexualidad y de la personalidad, una etapa normal que, sin embargo, requiere una atención constante por parte de los padres. Ellos son quienes deben hacerle entender al pequeño o la pequeña, que puede volverse agresivo y que no podrá establecer una relación en términos sexuales con su padre o su madre. Así, los padres son la autoridad que pone límites a los deseos e instintos del niño.

Consecuencias del complejo de Edipo

Para Freud, un complejo de Edipo mal resuelto durante el desarrollo del niño podría ser el principio de la inmensa mayoría de los trastornos psíquicos de los hombres. Sin embargo, este complejo parece que no sólo existe en familias nucleares –aquellas en las que los progenitores y los hijos viven en el mismo núcleo familiar. La emergencia cada vez mayor frecuencia de nuevas formas de familias –familias monoparentales u homoparentales– conduce al psicoanálisis moderno a considerar los casos en los que la figura paterna está ausente, es intermitente o está dividida en varios hombres.
Ya en su teoría psicoanalítica Freud definió dos constelaciones distintas que pueden presentarse en este conflicto:

  • Complejo de Edipo positivo: explica que el niño o niña siente odio o rivalidad hacia el ascendiente del mismo sexo y atracción hacia el adcendiente del sexo opuesto.
  • Complejo de Edipo negativo: explica que el niño o niña siente amor o atracción hacia el ascendiente del mismo sexo y odio hacia el ascendiente del sexo opuesto.

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Soluciones y consejos para el complejo de Edipo

De forma natural, y como parte de proceso del desarrollo psicosexual del pequeño, sobre los cinco años, el menor abandonará el complejo de Edipo y pasará a la etapa siguiente, donde el padre deja de ser un amenaza para convertirse en un ejemplo, produciéndose en muchos casos un acercamiento a su figura, por un fenómeno de identificación con su padre y con lo que él representa.

Por lo tanto, si los padres empiezan a ver un comportamiento excesivamente amoroso hacia la madre, con mayores y ostentosas atenciones a ella, y de rechazo al padre, evitándolo o poniéndole malas caras, han de estar tranquilos, sabiendo que es parte del proceso natural del desarrollo del pequeño, sin preocuparse por ello, ya que cuando pase el tiempo, este complejo desaparecerá sin dejar mayores consecuencias en él.

Únicamente cuando el menor se muestre demasiado alterado por la situación, de manera que se vuelva insoportable, con rabietas constantes y gritos ante el padre, o que no deje salir a la madre sola a ningún sitio sin él, ni siquiera dejarla que hable con otras personas por celos, o bien si se producen pesadillas reiterativas, es cuando es necesario prestar más atención. En estos casos de complejo de Edipo estas son algunas soluciones y consejos que se pueden llevar a cabo:

  • Evitar manifestaciones de cariño entre la pareja en presencia del pequeño que puedan incrementar sus celos.
  • Procurar dedicar suficiente tiempo al pequeño, para que no se sienta desplazado en su cariño.
  • Permitir que tenga momentos de esparcimiento con el padre, de forma que este se convierta en fuente de diversión y ocio, con el que compensar los sentimientos propios del complejo.
  • Evitar criticar, juzgar o burlarse de las actitudes y comportamientos propiciados por el complejo de Edipo en el pequeño, ya que este lo ve como algo normal, aunque para el adulto pueda parecer raro o absurdo.
  • Evitar competiciones por la atención de la madre, repartiendo esta su tiempo entre ambos, de forma que no se incentiven los sentimientos negativos hacia el padre.

Complejo de Edipo

Por Psic. Manuel Jesús Tello Colli.

Todo interesado por el inconciente deberá conocer a exactitud esta etapa por el cual todo ser humano atraviesa, el cual determinara la estructura, personalidad y sexualidad del individuo.

En un principio la madre y el hijo forman un todo, una simbiosis donde ambos obtienen beneficios formando así la tan famosa díada psicológica; alrededor de los 2 a los 6 años, aparece la figura del padre antes “ignorado” o “lejano” para realizar una crucial tarea, romper disolver la díada, poner prohibiciones en ambas partes de esta y establecer la ley.

Tanto para las mujeres como para los varones el primer objeto de amor es la madre; pero hay importantes distinciones en el Edipo de la niña y el niño, por lo que explicare primero el Edipo en el varón. El niño busca a su madre con deseos sexuales y odia a su padre, por ser su rival; a lo que el padre anuncia la “amenaza de castración” y ante la observación del cuerpo de la niña privado de pene, sale del complejo de Edipo, tomando al padre como modelo; conformando así el superyo, quien censura, prohíbe y establece la ley. Hay que ser énfasis en la tarea del padre, que es establecer la ley. En los nuevos contextos familiares donde el padre esta ausente o no existe, esta tarea podrá ser desempeñada por el abuelo (Sigmund Freud, decía el superyo no solo es la voz del padre, sino también la voz del padre del padre: el abuelo) o el medico, el sacerdote, el maestro o en especial el tío materno, puede estar presente desde lo real, lo simbólico, lo imaginario o el lenguaje. Lo descrito anteriormente ejemplifica un Edipo Positivo o esperado que permita consolidar una estructura de neurosis, una personalidad neurótica y una sexualidad heterosexual.

El Edipo Negativo en el varón se da por la falta de quien realice las prohibiciones y establezca la ley, o el padre tuvo un rol ausente en la dinámica, por lo que el niño no rompe la díada y termina por identificarse con la madre, la introyecta, dando una estructura de “perversión” (significa: otra versión del padre), una personalidad perversa y una sexualidad homosexual, bisexual o cualquier otra parafilia.

En la mujer hay cambios significativos, en principio el término Complejo de Electra, no es aceptado, ya que Freud y Jacques Lacan, no lo describen y utilizan Edipo tanto para la niña como el niño. Como mencione también para la niña el primer objeto de amor es la madre, etapa que se conoce como “complejo de Masculinidad” debido a la fantasía propia de la fase falica: la premisa fundamental del pene; es decir el niño y la niña de esta edad cree que todo tiene pene, incluyendo ella misma, por lo que se dirige a la madre para darle un hijo, al darse cuenta que ella no tiene y no le crecerá, ni saldrá, se dirige al padre para que el de un hijo, ante la imposibilidad de esto la niña sale del complejo de Edipo por amor a los dos, saliendo con una estructura de neurosis, personalidad neurótica y una sexualidad heterosexual; esto en un Edipo positivo. En el Edipo Negativo, la niña no sale del “complejo de masculinidad” debido a que el padre de igual manera estuvo ausente o tuvo un rol pasivo, o permisivo; dando una estructura de Perversión, Personalidad Perversa y una sexualidad homosexual, bisexual o cualquier otra parafilia.

Por lo que Sigmund Freud afirma que al salir del complejo de Edipo alrededor de los 6 a los 8 años el niño tiene definida su sexualidad y el objeto de su deseo sexual, es decir una posición heterosexual o homosexual misma que podra ser asumida, reprimida o sublimada. Cabe mencionar que cuando los hombre y mujeres tiene sus hijos el Edipo se reedita es decir los deseos incestuosos se reviven de manera inconciente. El Edipo siempre estará en nosotros es lo que nos hace amar de manera sublimada al padre y a la madre.

Para una mejor comprensión del complejo de Edipo te recomiendo la lectura de los siguientes artículos de Sigmund Freud “la organización genital infantil” el “caso de juanito” donde se describe un Edipo positivo y “ un recuerdo infantil de Leonardo da vinci” donde es descrito un Edipo negativo y “la disolución del complejo de Edipo”. Al igual te recomiendo el libro de “lecturas de psicoanálisis” de Oscar Masotta, es una lectura de Freud, desde Lacan.

Complejo de Edipo

Tiene lugar de manera aproximada, entre los tres y los cinco años. El complejo de Edipo es una de las concepciones mas controvertidas del sistema freudiano. Y según la forma en que el sujeto resuelve este conflicto nuclear aparecerán o no perturbaciones neuróticas posteriores.

En cuando a su significado esencial es que el niño se halla situado en una especie de triángulo afectivo con relación a sus padres, de modo que está envuelto en una red de deseos amorosos hostiles con respecto a aquéllos. Este conflicto puede presentarse bajo dos formas :

  • Complejo de Edipo positivo : el triángulo afectivo se resuelve a favor del progenitor de sexo opuesto ; la hostilidad por tanto, será dirigida hacia el progenitor del mismo sexo ( la madre en el caso de la niña y el padre en el caso del varón).

  • Complejo Edipo negativo : en esta forma el progenitor del mismo sexo la madre, en el casi de la niña, y el padre en el caso del varón, se convierten en los depositarios del complejo edípico.

En su última etapa, Freud planteó que ambas formas podían darse de forma concomitante en todo sujeto, lo que pasó a denominar con el nombre de complejo de Edipo completo.

Según Freud, el Edipo se resuelve por el temor ( la fantasía del varón a ser castrado por su padre ). Evidentemente, este postulado es radicalmente abstracto. Una manera de explicarlo, lo más sencillamente posible, sería ésta : el padre se interpone en una suerte de <<idilio>> entre madre e hijo. Sin embargo el niño percibe que el padre es el sujeto amoroso de la madre (es su rival). Por otro lado también participa del afecto de su padre, del que se siente corresponsable. Este conflicto ira perdiendo fuerza ( es decir, el niño renunciará a poseer a la madre), en la medida que el niño se sienta ligado al padre por un fuerte afecto, y por el temor de ser castigado por el.

De esta manera, la madre deja de ser el todo para el niño, el cual realizara un desplazamiento de sus sentimientos amorosos hacia otros objetos.

Freud desatendió los mecanismo de Edipo en el caos de las niñas, para limitarse a afirmar que el complejo de castración ( es decir, el resentimiento por la ausencia del pene) promueve su entrada al complejo de Edipo. Ciertamente ni siquiera a un nivel simbólico es aceptable este postulado, el cual implica que la fisiología distinta de la niña , con respecto al varón, es el núcleo del problema. El mito bíblico de la creación de Eva de una costilla de Adán, parece estar implícito en esta concepción , a la que no poca psicoanalistas consideran portadora de resabios machistas.

Resolución del conflicto edípico.

Siguiendo a Freud, la formas de encarar el Edipo tendrá mucha importancia en la elección del objeto sexual del adulto ( es decir puede condicionar tanto la heterosexualidad como la homosexualidad).

El heredero del complejo del Edipo es el Super Yo que representa la conciencia moral ( en parte consciente y en parte inconsciente) del sujeto, así como sus ideales. El Superyó se estructura en oposición al Yó (que se identifica con la conciencia, con el sentido de la realidad). Otra instancia del mundo psíquico freudiano es el Ello, que constituye el mundo inconsciente de las pulsaciones del sujeto , y por tanto abiertamente opuesto al superyo que, como vimos, representa la sublimación positiva y creadora de los instintos inconscientes.

Muy sonoramente, podríamos concluir que toda la teoría psicoanalítica freudiana se basa sobre la supremacía de los instintos o, para ser mas exactos con su terminología, las pulsiones del sujeto, y por tanto abiertamente opuesto al superyo que, como vimos, representa la sublimación positiva y creadora de los instintos inconscientes.

Muy someramente , podríamos concluir que toda la teoría psicoanalítica freudiana se basa sobre la supremacía de los instintos o, para ser mas exactos con su terminología , las pulsiones de naturaleza libidinosa. Éstas constituyen el motor que pone en marcha la formación de la personalidad del individuo. Éste debe superar las distintas fases de evolución pulsional hasta acceder al estado de madurez, en que los instintos primigenios son sacrificados en aras de un desarrollo armonioso de las potencialidades creadoras humanas..

Sin desestimar el papel importantísimo de la sexualidad, muchos psicoanalistas posteriores han reprochado a Freud el determinismo que concede a todo lo sexual en la elaboración de su teoría. Si el hombree, al igual que el resto de los animales , es portador de instintos, tampoco es menos cierto que tienen unas necesidades específicamente humanas derivadas de su propia situación ante la naturaleza. Y una de ellas es ella afecto , que le ayuda a afrontar situaciones nuevas en un mundo en el que constantemente ha de asumir nuevas situaciones y renunciar a seguridades pasadas .

La necesidad física que el niño pequeño siente hacia su madre- a esta edad sería prematuro hablar de afecto- se justifica porque ésta es su único asidero frente a un mundo en el que se siente perdido. Es esta necesidad ña que puede justificar, en última estancia el complejo de Edipo, y no un impulso exclusivamente biológico.

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Complejo de edipo no es enfermedad mental ni diagnóstico. En cambio es frecuente que se use como término peyorativo que puede oírse por la calle en expresiones del estilo de “usted es acomplejado”: un insulto que se usa para significar apocado, temeroso, complicado, susceptible, como se diría en el Caribe colombiano “usted es lleno de requeñeques”, y en Bogotá, “usted es culísimo’. Además se emplea coloquialmente para referirse con desdén al adulto apegado a sus padres o como un defecto del que demanda de su pareja cuidados infantiles.

En cambio para nosotros, los psicoanalistas, se trata de un modelo teórico que describe el desarrollo psicológico de los niños; ideado por Sigmund Freud (1,856-1,939), quien se inspiró en la tragedia Edipo Rey de Sófocles (496-406), que además se considera su obra maestra, y cumple con el requisito aristotélico para el buen teatro, es catártica por ser muy conmovedora. En esencia relata cómo Edipo dilucidó el homicidio del rey Layo, su padre, aun cuando no lo sabían: cuenta cómo buscó la verdad hasta sus últimas consecuencias, descubriendo para su pesar el vaticinio del Oráculo de Delfos anunciando que mataría a su padre y luego, como si fuera poco, se casaría con su madre, Yocasta; entonces el rey estupefacto lo desterró para eludir el destino aciago, pero para los griegos la fuerza del destino era ineludible, así que no logró evitar la fatalidad, se encontraron y Edipo mató a Layo, además desposó a su mamá cumpliendo sus designios involuntariamente; al final, Yocasta se suicidó y Edipo se sacó los ojos, mientras le pidió a Creonte que lo condujera al destierro por haber cometido los crímenes máximos: el parricidio y el incesto.

Freud utilizó este clásico como apoyo pedagógico para explicar las vicisitudes infantiles hasta alcanzar madurez, adquiriendo identidad sexual, sistemas de valores morales y de ideales, así como la capacidad de reflexionar sobre las consecuencias. Su planteamiento partió de que al principio los infantes no tienen barreras de sexo ni de especie, tampoco autonomía, pero al crecer, alrededor de los cinco años -posteriormente Melanie Klein (1,882-1,960) situó el inicio del proceso mucho antes, en el primer año de vida-, los niños adquiren consciencia de las diferencias anatómicas entre los géneros y se identifican con sus padres según el momento de su desarrollo; ahora se sabe que se da en la medida en que el cerebro termina de madurar hasta la adolescencia, y sus regiones sensitivas, al igual que las relacionadas con la memoria, en especial la autobiográfica, así como las áreas del lenguaje, apenas llegan a funcionar plenamente al cabo de los cinco años. En condiciones ideales el recién nacido está ligado a la madre y luego descubre al padre, se alinea con él conservando el modelo materno como objeto ideal de amor. En cambio para las niñas, como siempre sucede, la situación es más compleja: de igual forma nacen vinculadas a la madre y luego descubren al padre, pero regresan a la identificación con ella, mientras lo conservaban a él como objeto ideal de amor, hasta que por último se independizan de ella una vez más -se lo advertí paciente lector, el proceso femenino es complejísimo-; y posteriormente estos avatares se denominaron ‘complejo de electra’, expresión que no hizo mucha carrera, en la actualidad se habla simplemente de complejo de edipo masculino o femenino, según el caso.

El edipo suele suceder en la fantasía, esto es lo normal, por lo general no se da en el mundo concreto, como en el caso de Edipo. Las transformaciones de la mentalidad infantil hasta llegar a la adultez suponen desmitificar creencias y personas a cambio de construir una perspectiva más amplia, equilibrada y realista sobre sí mismo y los demás, se trata de un proceso iconoclasta, después de todo, el mundo en nada se parece a lo imaginado, la realidad es más rica, y la vida se comporta como una escuela donde a diario se aprende a partir de la experiencia, no sin cierto dolor, que además explica las resistencias a la introspección –como le sucedía a Edipo: necesitaba conocer, pero la verdad era terrible, a la vez que negar la realidad tozuda era vano-; al cabo que aferrarse a ilusiones pasadas explica síntomas y la estela de dolor que deja vivir con la arrogancia de la falsa convicción de poseer la verdad.

Entonces el complejo abarca los aspectos amorosos de las relaciones entre padres e hijos, pero también la rivalidad y la agresividad que habitualmente hacen parte de la vida familiar, después de todo, los padres tienen momentos que excluyen a los niños, dejándolos a merced de su imaginación sobre lo que los adultos hacen en privado, además compiten con los hermanos por el afecto y la atención de los progenitores. Pero estas frustraciones no son dañinas, promueven la capacidad de los niños de pensar y aplazar gratificaciones, ambos logros invaluables, mientras, por el contrario, nada es más nocivo que los padres perfectos, si es que existen, pues siempre es formativo decir “no” a los hijos.

Así que el incesto y el parricidio, o el matricidio según sea niño o niña, son fantasías infantiles primitivas y normales, pero el bienestar depende de transformarlas en habilidad para tolerar la incertidumbre y la diversidad humana, en la destreza de vivir cómodo consigo mismo, disfrutando de la continuidad existencial y asumiendo la responsabilidad que supone. En suma, alcanzar la madurez depende del devenir de la relación con los adultos que los rodean en la cotidianidad, así los lactantes sean incapaces de narraciones autobiográficas, la información queda en memorias de sensaciones, patrones de respuestas emocionales y físicas, conductas que el bebé aprendió a partir de las reacciones de otros frente a sus iniciativas. Sin embargo, el edipo no es un tatuaje en la mente infantil con consecuencias perennes, más bien es un conjunto de ideas, sentimientos, modelos y mecanismos de defensa que se modifican con las experiencias, se trata de un universo en equilibrio dinámico, que además dificulta encontrar la causalidad psíquica: al preguntarse por qué alguien obra así o asá, por ejemplo, puede aspirarse a comprenderlo, entenderlo es una meta elevada.

Y otra característica de la mente es que percibe con facilidad lo conocido, mientras lo novedoso exige repeticiones, aprendizaje, trabajo, consume tiempo y esfuerzo. En la elección de pareja, el complejo de edipo es un modelo basado en sucesos remotos que se comporta como una guía inconsciente abarcando lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo amoroso y lo agresivo que hay en las relaciones, después de todo sus raíces infantiles y primitivas dan el carácter fantasioso y exagerado al enamoramiento. Que por otra parte, al madurar y hacerse más realista, abre la posibilidad de elegir de manera más conveniente, dándole mejor pronóstico a la pareja. Así que la felicidad romántica se encuentra en realizar el complejo de edipo en una versión adulta, con una pareja factible, no incestuosas. En todo caso, Freud planteó el edipo en 1,905, en Viena, cuando la familia era triangular, constaba del hijo, el padre y la madre; pero a principio del siglo XXI la familia se transformó, ahora es común que las personas tengan múltiples divorcios y uniones, con innumerables maneras de estar juntos, así que el complejo de edipo de la actualidad involucra más gente, se hizo polihédrico, se enriqueció, lo cual no es bueno ni malo, todo depende del caso por caso.

Dado que los conflictos esenciales del ser humano siguen iguales, y así como Edipo Rey plantea un caso extremo del complejo, la película Savage Grace, http://www.youtube.com/watch?v=HLCHif_hBRQ , dirigida por Tom Kalin, con Julianne Moore, Stephen Dillane y Eddie Redmayne, ofrece una descripción pertinente y detallada de su desenlace nefasto, la locura. En ella una madre egocéntrica construye un nexo pasional con su único hijo: desarrolla un mundo inexpugnable solo para ellos, con lenguaje y sistema de valores propios, que además no permite el acceso a otros, ni aun al padre, cuya función natural es rescatar al niño de la influencia regresiva de la madre, sin embargo este hombre no esta interesado en asumir su papel requerido en la constelación familiar, así que en esta cinta el parricidio es simbólico. Con los años ella se entrega a sus sombrías pinturas figurativas y macabras, llenas de nostalgia por la lactancia; a la vez que el padre, cada día más ausente, opta finalmente por divorciarse y formar un nuevo hogar con una joven virginal que lo adoraba como a un dios; mientras el muchacho crece en su falso universo de ensoñación materna, cruel, homosexual, melancólico, incapaz de comunicarse con su papá por desconocer cómo hacerlo con alguien diferente de su madre, pues su capacidad de pensamiento es limitada. Y al final, como en la obra de Sófocles, ella muere mientras él se pierde en el exilio, por supuesto, de una manera sorprendente y novedosa. Se trata de una producción interesantísima, adecuada para los deseen en una experiencia catártica y la oportunidad de reflexionar sobre la influencia de los padres en los hijos, así sea bien intencionada.

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