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Contractura en el pectoral

Síntomas y diagnóstico de una contractura muscular

Los síntomas más característicos y comunes de las contracturas musculares son el dolor y la limitación de movimientos. Ambos parámetros ofrecen un amplio abanico de gravedad, ya que en algunos casos las contracturas pasan de ser pequeñas molestias sin impedimento alguno a lesiones completamente invalidantes.

La sintomatología oscila en función de dos parámetros: zona afectada y extensión de la contractura. Centrándonos en el primer parámetro, encontramos por ejemplo que en regiones altas del cuerpo, como puede ser el caso de la zona cervical, las contracturas llegan a desencadenar cuadros verdaderamente agresivos como mareos, vértigos, migrañas… Un síndrome de escalenos (atrapamiento del paquete vásculo-nervioso del cuello, por inflamación o contractura del vientre muscular de los músculos escalenos) provoca sensación de pesadez del brazo, dolor profundo, o parestesia y manos frías. Un músculo piramidal que aumenta su grosor a causa de una contractura puede comprimir las estructuras adyacentes e inducir una falsa ciática.

En cuanto al segundo parámetro, la extensión de la contractura, es evidente que una mayor dimensión de la contractura enfatizará y agravará los efectos mencionados.

Diagnóstico de una contractura muscular

La diagnosis pasa por una correcta interpretación de los síntomas que manifestará el paciente. Posteriormente, el diagnóstico se centrará en la palpación de la zona afecta, en busca de abultamientos o zonas musculares con mayor tensión. Un vasto muscular ofrece una resistencia determinada a la palpación mientras se deslizan los dedos sobre este, y encontrar un punto con mayor resistencia significaría que, en ese punto concreto, las fibras musculares están contraídas. Esta apreciación, unida a la señal de dolor que provocará al paciente la palpación de ese punto, constatará la presencia de una contractura muscular.

Igualmente, testando las limitaciones en el rango de movimiento, se observará como el musculo lesionado no alcanza los mismos grados de movilidad que el músculo sano del lado opuesto.

Nudos en la espalda, contracturas musculares. Causas y tratamientos

Los nudos de los que mucha gente se queja no son otra cosa que contracturas musculares. Son muy comunes y no suelen ser graves. El motivo por el que se le llama nudo es que muchas veces las contracturas musculares son palpables a través de la piel como unos bultos dolorosos.

¿Qué es una contractura muscular?

Una contractura muscular (1) no es más que una contracción exagerada e involuntaria de las fibras que forman el músculo, de manera continuada por múltiples causas, estas pueden ocurrir en cualquier músculo y por lo general la persona refiere una tensión en la zona.

En ocasiones la contractura muscular se puede palpar a través de la piel como si fuera un bulto o zona endurecida que produce dolor local y altera el funcionamiento normal del músculo. A veces el dolor se puede irradiar hacia otra zona, producir dolores de cabeza, mareos, hormigueos o sensación de adormecimiento en extremidades.

Contracturas musculares – Cómo suceden y cuáles son sus causas.

Aprende en este vídeo los procesos fisiológicos que se dan en una contractura y las causas que pueden desencadenar o provocar las contracturas o agarrotamientos musculares:

¿Por qué aparecen las contracturas musculares?

La contractura muscular puede aparecer por varias causas (2), como son:

  • Al exigirle un esfuerzo superior al que es capaz de soportar, ya sea en un momento puntual o por esfuerzos repetitivos, generamos en el músculo una fatiga.
  • Cuando el músculo está debilitado y no tiene la fuerza necesaria para realizar la actividad que vayamos a realizar.
  • A consecuencia del sedentarismo, los músculos no están en las mejores condiciones por lo que son más susceptibles de sufrir contracturas musculares ante un pequeño esfuerzo.
  • También por posturas repetitivas, forzadas y mantenidas por largo tiempo; por ejemplo, sujetar el teléfono con la oreja y el hombro, estudiar con la cabeza muy agachada, estar mirando el móvil todo el día puede desencadenar una contractura muscular.
  • Por estiramiento brusco de un grupo muscular: el músculo como defensa para evitar una rotura de sus fibras se contrae.
  • El frío puede provocar una contracción defensiva que, mantenida en el tiempo, puede producir una contractura.
  • Mala alimentación e hidratación, que a la larga puede producir un acúmulo de toxinas y un mal funcionamiento de ciertos órganos como hígado y riñón.
  • Ciertas emociones como el estrés o la ansiedad liberan una serie de elementos químicos que llevan al músculo a un estado de contracción mantenida.

¿Cómo se forman las contracturas musculares?

Cuando realizamos un esfuerzo físico, una serie de desechos metabólicos se van acumulando dentro de la fibra muscular, lo que hace que la sangre no llegue de manera adecuada. Al no haber una irrigación suficiente, los desechos tóxicos de las fibras musculares no son capaces de eliminarse y por lo tanto cada vez es mayor el cúmulo de toxinas. Esta acumulación irrita las terminaciones nerviosas provocándonos dolor localizado e irradiado y como consecuencia aumentará el tono muscular. Este tono aumentado de modo constante es lo que llamamos contractura. El tono muscular aumentado, hará que nuestro músculo esté más duro, más tenso y por lo tanto la capacidad de movimiento de este músculo será menor.

¿Cómo evito las contracturas musculares?

Una vez comprendidas las causas por las que están formadas las contracturas musculares será mas fácil evitarlas. Para evitar la aparición de contracturas musculares lo mejor es la prevención:

  • Realizar un calentamiento o entrada en calor adecuado para preparar al músculo antes de un esfuerzo, actividad física, entrenamiento o práctica deportiva.
  • Ir aumentando progresivamente la intensidad y cargas en diversos ejercicios.
  • Evitar movimientos repetidos y estados de fatiga muscular.
  • Estiramientos antes, durante y después de las actividades laborales o deportivas para mejorar la flexibilidad muscular y facilitar la recuperación del músculo tras la actividad.
  • Evitar posturas incorrectas mantenidas en el tiempo. Acostumbra a cambiar de posturas y hacer estiramientos ligeros a lo largo de la jornada laboral.

Ya tengo la contractura muscular, ¿qué hago?

Cuando ya tenemos la contractura muscular no nos queda más remedio que tratarla.

No es conveniente tratar una contractura muscular por nuestra cuenta con masajes inapropiados o fármacos aconsejados por algún conocido, lo mejor es ir al médico o fisioterapeuta para que realmente pueda evaluar si realmente el dolor es de tipo muscular ocasionado por una contractura muscular o no.

Lo primero que debes hacer es dejar descansar el área en el que tienes la contractura muscular, evitando cualquier forma de actividad física intensa de dos a tres días. Si la contractura no es severa, puedes empezar a aplicar calor y masajear el área para mantener el flujo de sangre hacia la zona. Además, recuerda comer sano y tomar tus vitaminas para ayudar a tu organismos a sanarse más rápido.

Acude a un profesional, especialmente si:

  • La contractura impide el movimiento y las actividades de la vida diaria.
  • Además del dolor sientes pinchazos o sensación de descarga eléctrica, hormigueos o adormecimiento de una extremidad (puede existir compromiso nervioso).
  • No puedes dormir o descansar debido a la contractura.
  • No cede el dolor en más de una semana.

A continuación verás algunos vídeos de autotratamiento realizados por fisioterapeutas que van a ayudarte a solucionar tu contractura muscular, los automasajes y autoestiramientos puedes realizarlos en casa sin inconvenientes ya que el riesgo de lesión o daño que puedes hacerte es bajo o nulo.

Automasaje de cuello, hombros y cervicales con palo

Masaje de la zona cervical o cuello para aliviar contracturas, tensión o dolor de cuello en problemas de artrosis o simplemente tensiones por estrés:

Tratamiento de la contractura cervical o de trapecios

La contractura o tensión cervical es uno de los problemas más frecuentes que las personas sufren en el cuello y además muchas veces tiene un fácil tratamiento y solución:

¿Qué harán el médico o el fisioterapeuta ante una contractura muscular?

El médico podrá recetar miorrelajantes y antiinflamatorios con el objetivo de relajar la musculatura reduciendo la contracción, pero ten en cuenta que estos fármacos no tratarán la contractura. Suelen prescribirse en casos en los que el dolor es muy fuerte.

Las contracturas musculares son la principal causa de consulta en fisioterapia. El fisioterapeuta dispone de una serie de herramientas para resolverlas. La duración del tratamiento (3) varía en función de la gravedad de la contractura.

  • Calor: ya sea una manta eléctrica, un saquito de semillas o el chorro de la ducha caliente, conseguimos un efecto analgésico y relajante.
  • Masajes: con el masaje provocamos que llegue más cantidad de sangre hacia el lugar de la contractura muscular favoreciendo la recuperación del tejido y eliminando metabolitos. Como consecuencia, se consigue una relajación del músculo y por lo tanto una disminución del dolor. Lo aconsejable es acudir a un centro donde te de un masaje una persona titulada en fisioterapia, ya que si lo realizara una persona sin los conocimientos necesarios, podría empeorar la contractura.
  • Estiramientos: la flexibilidad es importante como método preventivo de contracturas musculares y como técnica de tratamiento, ya que la buena elasticidad muscular así como los propios estiramientos y técnicas de respiración durante ellos favorecen a que desaparezca la contractura al cabo de pocas sesiones de fisioterapia.
  • Cada profesional empleará sus conocimientos para eliminar la contractura muscular dependiendo de la persona y el estado de la lesión: estiramientos y autoestiramientos, vendaje neuromuscular, osteopatía.
  • Tratamiento de los puntos gatillo miofasciales que aparecen o están presentes en músculos que sufren contracturas con técnicas como la digitopresión o la punción seca.
  • Técnicas para la liberación miofascial o autoliberación miofascial con rodillo.

Tres cosas que debes saber sobre la contractura y los puntos gatillo

Las contracturas musculares es un problema frecuente en la sociedad moderna, y en ocasiones también se presentan los puntos gatillo. En este vídeo se diferencia de forma pormenorizada en qué consiste cada problema:

Es importante tomar en cuenta los siguientes puntos:

  • Las contracturas pueden ocurrir en cualquier músculo debido a la tensión en la zona.
  • Las contracturas musculares pueden evitarse siempre que se tenga precaución con las actividades que realizamos y sobre todo cómo las realizamos.
  • La actividad física regular es ideal para prevenir la aparición de contracturas musculares.
  • Para el tratamiento de la contracturas musculares puedes aplicar los consejos que os hemos brindado, sin embargo, es importante que acudas a un fisioterapeuta, que es el profesional especializado para tratar una contractura muscular de manera más efectiva y exitosa, sobre todo si los síntomas son más severos.

Conclusión

Las contracturas musculares son muy comunes en personas sedentarias, que trabajan muchas horas sentadas, que realizan trabajos de esfuerzo físico, amas de casa e incluso deportistas. Pueden ocurrir en cualquier momento, pero es importante señalar que como medida preventiva de las contracturas musculares puedes realizar constantemente autoestiramientos para una buena flexibilidad de la musculatura, así como practicar automasajes, evitar las posturas inadecuadas, cargas de peso y situaciones de estrés. Además, siempre que sea necesario, acude al fisioterapeuta que es el profesional más capacitado para terminar con tu contractura.

Referencias Bibliográficas

(1)Cochrane Library: Movimientos pasivos para el tratamiento y la prevención de contracturas

(2)ScienceDirect: Pathogenesis and molecular mechanism of muscle contracture in rat soleus muscles

(3)Cochrane Library: Stretch for the treatment and prevention of contractures

Contractura y molestia en el corazón

Actualizado viernes 07/07/2006 16:49 (CET)

Tengo 23 años y llevo dos meses con dolores musculares. Me diagnosticaron contractura muscular tensional cervical aunque ahora tenga contracturada prácticamente toda la espalda y me afecta a las piernas y los brazos.

Durante estos dos meses me han ido cambiando el tratamiento aunque básicamente todo eran antiinflamatorios, analgésicos, calmantes y relajantes musculares. El médico particular me hizo una analítica de sangre ya que tenía los ganglios del cuello inflamados y pensaba que podía ser debido a algún virus mononucleótico o de hepatitis. La analítica salió bien. Aunque los ganglios continúan.

El problema es que he ido a fisioterapia y al reumatólogo. Me han dado un tratamiento con antiinflamatorio (Antalgin) y Tryptizol que tengo que tomarme durante dos semanas. Por ahora el dolor continua y llevo una semana tomándolo aunque el dolor de cabeza está mejor. Hace una semana que noto palpitar el corazón con mucha fuerza, sobre todo cuando hago esfuerzo y también noto como si tuviera la parte del pecho como contracturada. ¿Puede ser debido a una contractura cercana al pecho que me haga esta sensación en el corazón? ¿O puede ser debido a alguna reacción secundaria a estos fármacos?

– No puede ser secundario a una contractura cercana al corazón, lo que si puede ser es que la propia contractura muscular que tiene sea la que le está produciendo esa sensación que dice.

MANUEL J. RODRÍGUEZ
Jefe de la Unidad de Dolor, Hospital Carlos Haya (Málaga)
Presidente pasado de la Sociedad Española del Dolor

Sensación de ahogo, hiperventilación, parestesias, pérdida del control del propio cuerpo…son síntomas habituales de las crisis de ansiedad. Pero si hay un síntoma que genera especialmente el miedo a morir cuando tenemos una de estas crisis es la existencia de dolor torácico.

Y es que el dolor en el pecho por ansiedad es un síntoma realmente molesto, siendo tomado a menudo por quienes lo padecen por primera vez como indicativo del principio del fin. A lo largo de este artículo vamos a hablar de este tipo de dolor, indicando algunas de sus causas y cómo tratarlo.

  • Artículo relacionado: «Tipos de Trastornos de Ansiedad y sus características»

Dolor en el pecho por ansiedad: síntomas básicos

Cuando hablamos de dolor en el pecho por ansiedad hacemos referencia a la percepción de dolor generado por la somatización de un estado ansioso que puede ocurrir en el contexto de una crisis de ansiedad, como pródromo de ésta o ante la percepción de un estrés continuado sin tener porqué llegar a una crisis.

Este dolor suele percibirse y clasificarse como punzante, siendo habitual que se dé en forma de pinchazos y que puede aparecer en diferentes puntos del torso. El dolor de este tipo suele desaparecer con prontitud (pueden llegar a un cuarto de hora, pero lo más habitual es que no duren más que unos minutos), además de no modificarse tanto si hacemos o no esfuerzos físicos.

Además del propio dolor es habitual que aparezcan junto con él síntomas tales como hiperventilación, adormecimiento de las extremidades y de forma habitual una sensación de estar enloqueciendo, muriendo o perdiendo por completo el control sobre el propio cuerpo.

Confusión frecuente con problemas de corazón

El dolor de pecho es un fenómeno frecuente en la somatización de la ansiedad, pero tal y como comentábamos en la introducción el hecho de que también se trate de un síntoma típico de problemas cardíacos y especialmente de anginas de pecho e infartos de miocardio hace que a menudo se confundan ambos problemas.

Las semejanzas son muchas pero pueden distinguirse por el hecho de que en el caso de los dolores propios de una cardiopatía el dolor suele ser más específico de puntos concretos del pecho y el brazo (si bien hay que tener en cuenta que los típicos síntomas de infarto suelen referirse al caso de los hombres, siendo la localización más generalizada en el caso de las mujeres), tienden a persistir en el tiempo y empeorar con el esfuerzo físico y al contrario que en la ansiedad no suele darse ni alteraciones respiratorias ni pérdida de control.

En cualquier caso, es posible que un problema cardíaco pueda llegar a generar ansiedad y resulta recomendable acudir cuanto antes a un servicio médico para garantizar que el problema en cuestión es ansiedad y no un problema médico real.

Causas

Teniendo en cuenta que el dolor en el pecho por ansiedad no es producto de una cardiopatía, es lícito preguntarse el porqué de su aparición. La causa última es el padecimiento de un elevado nivel de ansiedad. Sin embargo el motivo de que la somatización de la ansiedad aparezca en forma de dolor obedece a numerosos aspectos fisiológicos que pueden aparecer como consecuencia de la activación producida por esta.

En primer lugar, cuando estamos estresados, tenemos miedo o estamos ansiosos estamos generando un elevado nivel de adrenalina y cortisol, algo que a nivel fisiológico se traduce en la activación del sistema nervioso autónomo simpático (encargado de activar el cuerpo para permitir reacciones como las de lucha o huida). Cuando surge la crisis de ansiedad, esta activación genera una elevada tensión muscular de cara a preparar el cuerpo para responder rápidamente. Esta tensión continuada puede llegar a generar cierto nivel de dolor en diferentes partes del cuerpo, siendo el pecho una de ellas.

Asimismo el miedo y el nerviosismo también suelen generar un aumento de la actividad pulmonar, llegando a generar hiperventilación. Dicha hiperventilación supone también un elevado nivel de movimiento de la musculatura torácica y del diafragma, algo que junto a la tensión muscular favorece el dolor. Además, el hecho de estar haciendo de forma constante inhalaciones cortas y superficiales hace que vaya apareciendo la sensación de estar ahogándose, algo que a su vez generará más activación nerviosa y una mayor cantidad de inhalaciones.

Otra alteración frecuente en momentos de ansiedad y que participa en el dolor en el pecho por ansiedad es la alteración de la motilidad gástrica y la dilatación del tubo digestivo, que incluso puede generar un pinzamiento en los nervios del torso, o la acumulación de gases en el estómago que pueden subirse al pecho y generan dolor.

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Tratamiento

Para tratar el dolor en el pecho por ansiedad se va a tener que tratar en primer lugar la causa que lo genera, es decir la ansiedad en sí.

A nivel cognitivo en primer lugar lo primero que hay que valorar es el porqué ha surgido dicha sensación de ansiedad, siendo necesario analizar qué factores externos o internos nos remueven y agitan internamente hasta tal punto que nuestro cuerpo necesita expresarlo a través del cuerpo.

También hay que valorar si estamos ante algo ante lo que podamos o no actuar directamente. En caso de poder hacer algo para cambiarlo podemos pasar a intentar generar algún tipo de modificación conductual o elaborar alguna estrategia para solucionar el problema en cuestión. En caso de que la ansiedad se deba a algo no controlable e inmodificable, tendremos que reestructurar nuestra forma de relacionarnos con dicha situación. Se trataría de relativizar el problema, reduciendo su importancia y valorando si este o sus posibles consecuencias son realmente tan relevantes para el propio sujeto.

Otro aspecto que puede servir de gran ayuda es el entrenamiento y la práctica de diferentes ejercicios de relajación, que tengan en cuenta especialmente la respiración aunque también son de utilidad técnicas de relajación muscular. El yoga, la meditación o el mindfulness son también prácticas de gran utilidad que dificultan que se instaure la ansiedad y permiten relativizar las situaciones ansiógenas.

Si estamos en plena crisis de ansiedad, lo primero que hay que valorar es que la ansiedad no nos va a matar y que dicho dolor es algo pasajero y producto de la propia reacción a ésta. Debemos intentar, en la medida de lo posible, tranquilizarnos (si bien no es fácil). Asimismo debemos intentar centrarnos en nuestra respiración, evitando en la medida de lo posible la hiperventilación y procurando hacer inhalaciones profundas y lentas. La crisis terminará pasando.

Referencias bibliográficas:

Los síntomas físicos de la ansiedad son muchos y muy variados. A veces provoca una sensación de ahogo e hiperventilación, otras veces puede causar un dolor de cabeza emocional o incluso hay personas que experimentan mareos por ansiedad. Sin embargo, uno de los síntomas que más temor causa es el dolor en el pecho por ansiedad.

El problema es que muchas personas confunden ese dolor torácico por ansiedad con un infarto, lo cual exacerba aún más el miedo y el malestar. No obstante, el dolor en el pecho es uno de los síntomas más comunes en los trastornos de ansiedad, por lo que es importante aprender a reconocerlo y aliviarlo. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Texas desveló que una de cada diez personas que sufren ataques de pánico experimentan dolor en el pecho.

Los síntomas del dolor de pecho por ansiedad

El dolor en el pecho por angustia suele experimentarse como una incómoda sensación punzante. Algunas personas lo perciben como pinchazos en diferentes partes del tórax. Otros lo experimentan como una sensación de opresión, como si tuvieran un peso encima del pecho que les impide respirar.

El dolor en el pecho por ansiedad suele aparecer repentinamente, sobre todo cuando la persona se siente particularmente ansiosa, estresada o angustiada. También suele desaparecer bastante rápido, lo usual es que no dure más de diez minutos, aunque en algunos casos puede durar hasta un cuarto de hora, sobre todo si la persona se asusta mucho ya que de esta manera refuerza el síntoma.

Este síntoma no suele aparecer solo sino que se acompaña de otros signos de ansiedad:

– Mareos

– Sensación de desmayo

– Dificultades para respirar con normalidad

– Temblores

– Cambios en la temperatura corporal

– Sentir que la situación está fuera de control

– Entumecimiento y sudoración en los pies y las manos

– Taquicardias por ansiedad

¿Cómo diferenciar el dolor en el pecho por estrés de un infarto?

El dolor en el pecho también es uno de los síntomas típicos de las anginas e infartos de miocardio, por lo que a menudo ambos problemas se confunden. No obstante, existen algunas diferencias:

– El dolor torácico por ansiedad suele aparecer cuando estamos en reposo, mientras que el dolor por un ataque cardíaco suele aparecer cuando estamos en actividad.

– El dolor de un ataque cardíaco con frecuencia se extiende desde el pecho hasta otras partes del cuerpo, como la mandíbula, los hombros y los brazos, pero el dolor de pecho por ansiedad se limita a la zona torácica.

– El dolor de pecho por estrés suele desarrollarse rápidamente y luego se desvanece tan rápido como apareció, pero el dolor en el corazón comienza lentamente y aumenta su intensidad gradualmente.

– El dolor causado por un problema en el corazón suele persistir a lo largo del tiempo y empeora con el esfuerzo físico mientras que el dolor causado por la ansiedad se alivia rápidamente cuando logramos relajarnos.

En cualquier caso, ante las dudas, siempre es conveniente acudir cuanto antes al servicio médico para que nos garantice que se trata de un trastorno provocado por la ansiedad y no un problema cardíaco.

La «buena noticia» es que un estudio realizado en la Harvard Medical School desveló que aproximadamente un cuarto de los pacientes que acuden a urgencias con dolor en el pecho tienen una crisis de ansiedad y otra investigación llevada a cabo en la Universidad de Misuri indicó que en el 50% de los casos ese dolor no tiene una razón cardíaca.

Sin embargo, saber que ese dolor torácico no tiene un origen cardíaco nos tranquiliza momentáneamente pero no suele ser suficiente. Si no se encuentra una explicación convincente y el tratamiento adecuado, seguiremos sufriendo y es probable que el dolor se vuelva más recurrente y crónico. No es casualidad que aproximadamente el 50% de las personas que sufren dolor de pecho por ansiedad terminan desarrollando agorafobia en algún momento a lo largo del primer año desde que sufrió el primer episodio. También aumenta el riesgo de padecer depresión y abusar de sustancias, normalmente psicofármacos.

Por otra parte, no hay que perder de vista el hecho de que los ataques de pánico y la ansiedad fóbica están vinculados con un mayor riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular mortal. Los mecanismos no se han esclarecido pero puede deberse a los cambios a nivel fisiológico que provoca el estrés sostenido.

¿Qué causa el dolor en el pecho por ansiedad?

El dolor en el pecho por estrés es una respuesta psicosomática; es decir, un reflejo físico de lo que ocurre en la mente. No obstante, eso no significa que el dolor esté solo en tu mente.

La ansiedad activa la respuesta fisiológica del estrés, el cual provoca inmediatamente cambios fisiológicos, psicológicos y emocionales específicos en el cuerpo que nos preparan para enfrentar la supuesta amenaza.

Algunos de esos cambios incluyen tensar los músculos del cuerpo para que puedan resistir mejor el daño, y eso incluye los músculos del área del pecho y la caja torácica. El dolor en el pecho sería el reflejo de esa tensión de los músculos del tórax y de la caja torácica cuando estamos ansiosos. Sin embargo, todo no termina ahí.

Cuando el estrés se mantiene a lo largo del tiempo, el cuerpo no llega a recuperarse y se mantiene en un estado de tensión constante. Eso hace que el organismo se mantenga semi-hiperestimulado debido a la liberación constante de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés. Cuando el cuerpo se mantiene hiperestimulado puede responder con sensaciones y síntomas similares a los que se activan ante una situación específica de estrés.

De hecho, uno de los cambios que provoca el estrés es la hiperventilación, inhalar demasiado oxígeno al respirar, lo cual suele deberse a contracciones musculares rápidas y al exceso de aire en los pulmones. La hiperventilación contrae vasos sanguíneos y también contribuye a causar dolor en el pecho ya que demanda un elevado nivel de movimiento de la musculatura torácica y el diafragma. Además, las inhalaciones cortas, superficiales y constantes hacen que aparezca la sensación de estar ahogándose, lo cual generará una mayor activación nerviosa y una mayor cantidad de inhalaciones, provocando un círculo vicioso.

Otra causa del dolor de pecho por ansiedad son las alteraciones de la motilidad gástrica y la dilatación del tubo digestivo. En algunos casos incluso pueden causar un pinzamiento en los nervios del torso, o la acumulación de gases en el estómago que pueden subir hasta el pecho y causar ese dolor.

Tratamiento del dolor en el pecho por ansiedad: 5 formas para aliviarlo inmediatamente

Para tratar el dolor torácico por ansiedad es necesario erradicar su causa. Eso significa que tendrás que combatir la ansiedad en su origen. Por tanto, necesitas analizar qué factores externos e internos están causando esa respuesta ansiógena. Se trata de un trabajo psicológico profundo en el que no solo debes analizar tu estilo de vida y los factores del medio que te generan estrés y angustia, sino que también debes analizar cómo tu forma de pensar y reaccionar pueden exacerbar la ansiedad. En algunos casos, cuando se trata de ansiedad generalizada, es probable que necesites la ayuda de un psicólogo.

No obstante, también puedes recurrir a algunas técnicas que te ayudarán a aliviar rápidamente el dolor en el pecho y salir de esa situación:

  1. Aplica técnicas de respiración. Basta una media de ocho minutos de respiración pausada y profunda para que la función respiratoria y cardiovascular se acompasen. Busca una zona tranquila e inhala contando hasta 10 y luego exhala suavemente contando hasta 10. Repítelo hasta que te sientas tranquilo. No obstante, existen muchos otros ejercicios de respiración que pueden serte útiles, solo tienes que encontrar la que funciona mejor para ti.
  2. Pon las cosas en perspectiva. Es fundamental que comprendas que se trata tan solo de un dolor en el pecho por ansiedad, que no vas a morir y que puedes retomar el control de la situación cuando quieras. Se trata de poner las cosas en perspectiva, asumir una distancia psicológica de lo que te está ocurriendo para que no caigas en un bucle ansioso.
  3. No luches contra los pensamientos y emociones negativas. El primer impulso suele ser intentar acallar los pensamientos negativos que generan la ansiedad y rechazar las emociones desagradables que estás experimentando. Sin embargo, generalmente esa estrategia suele ser contraproducente e incluso genera más ansiedad ante cada intento infructuoso. Por eso, lo ideal es asumir la situación con una actitud mindfulness. Es decir, sé consciente de tus pensamientos y emociones negativas pero no te resistas. Cuando aceptas lo que te está ocurriendo, esos pensamientos y emociones se irán difuminando solos.
  4. Usa la visualización. Cuando te sientas ansioso, intenta visualizar un lugar que te calme. Esta técnica es especialmente útil cuando no puedes abandonar el sitio donde te encuentras. Cuantos más detalles logres visualizar, mejor. Si en algún momento te desconcentras, no te enfades, simplemente reconduce tu pensamiento a la visualización suavemente.
  5. Aplica técnicas de relajación.Las técnicas de relajación no solo te ayudarán a aliviar el dolor en el pecho por ansiedad sino que también te permitirán disminuir el nivel de estrés cotidiano. Existen diferentes opciones, desde la práctica de yoga hasta la técnica de relajación muscular profunda, el entrenamiento autógeno de Shultz o la meditación mindfulness. Tendrás que encontrar la que mejor funcione para ti.

Fuentes:

Katerndahl, D. A. (2008) Chest Pain and Its Importance in Patients With Panic Disorder: An Updated Literature Review. Prim Care Companion J Clin Psychiatry; 10(5): 376–383.

Fleet, R. & Beitman, B. (1997) Reviews Unexplained Chest Pain: When Is It Panic Disorder? Clin. Cardiol; 20: 187-194.

Síntomas del músculo torácico

Los músculos del pecho son importantes para muchas funciones diferentes. Están junto con los músculos de los brazos, están ocupados en objetos de elevación, nos permiten doblar y son incapaces de rodar de lado a lado cuando está acostado en la cama.

El músculo pectoral es un tipo de lesión que causa daño a cualquier músculo en el área del pecho. El daño puede ser en forma de una lágrima de sólo unas pocas fibras musculares, mientras que algunos pacientes terminan con daño más complejo, cuando más fibras musculares se rasgan. En la mayoría de los casos, se informa que el daño ocurre en el área de unión de los músculos del pecho y sus tendones.

Los músculos torácicos pélvicos en una lesión, afecta predominantemente a los atletas, así como a las personas involucradas en el trabajo manual de cualquier tipo. Los síntomas de la lesión varían y generalmente ocurren dentro de las 24 horas posteriores a la lesión.

¿Cuáles son los síntomas del músculo torácico?

El síntoma más destacado del músculo del pecho es el dolor. El dolor en el pecho puede sentirse en reposo y tiende a ser aún más intenso si el músculo lesionado se contrae, se estira o se usa de cualquier manera. El dolor es el más severo si uno realiza movimientos de empuje tales como presión de banco o flexiones.

Además, el músculo lesionado temporal se vuelve débil. La cantidad de fuerza perdida depende de la gravedad de una lesión.

Aparte de los dos síntomas anteriores una persona que ha experimentado un tirón en el músculo de pecho puede también divulgar la hinchazón en el área dañada. También se produce el espasmo muscular.

La radiografía del área lesionada puede indicar la presencia de calcificación de músculos y tendones del área lesionada, mientras que el examen físico y la palpación del músculo afectado pueden ir acompañados de una crepitación, un sonido de agrietamiento que se desarrolla durante la palpación del músculo en particular.

Clasificación del músculo del pecho torácico

Dependiendo de la gravedad de la lesión, el músculo del pecho extraído se puede clasificar en tres grados.

▪ Grado 1 de las características de la lesión con malestar leve. La persona siente dolor en el área lesionada y conserva el mismo rango de movimiento que antes de la lesión.

▪ En el grado 2, el dolor es moderado. El área lesionada es más frecuentemente inflamada y posteriormente hinchada. La persona lesionada informa dolor agudo durante el nivel alto de cualquier tipo de actividad física.

▪ Y finalmente, en el grado 3, el paciente se queja de dolor insoportable y espasmos musculares. El músculo está tierno, hinchado y la piel circundante está magullada.

El grado mismo de la lesión se caracteriza por diferentes daños al músculo. A saber, si el músculo está tirado ligeramente, no hay rasgón mientras que la lesión moderada y severa conduce a las lágrimas del músculo afectado, del tendón o de su conexión a la costilla. En la lesión más grave el tendón del músculo se rompe y requiere reparación quirúrgica.

Etiquetas: fibras musculares, músculo pectoral, Salud, Síntomas del músculo torácico

¿Qué es la contractura muscular?

Una contractura muscular es la contracción persistente e involuntaria de un músculo.

Puede presentarse como causa o consecuencia de un dolor, se da cuando el músculo no puede realizar un esfuerzo correctamente, ya sea por que no este preparado o por que este débil.

Las contracturas musculares son comunes, más no graves.

Todos podemos diferenciar cuando tenemos un músculo contracturado al sentirlo duro y doloroso al tacto o a la presión.

Otras causas comunes de las contracturas son:

  • Posturas estáticas: Hacen que el músculo este en la misma posición por mas tiempo del adecuado. Esto hace que el músculo se fatigue por soportar cargas inadecuadamente.
  • Sedentarismo: Ya que los músculos no están en condiciones optimas de salud por lo que las contracturas son más susceptibles ante cualquier esfuerzo.
  • Estrés: Por la liberación de elementos químicos que llevan a la contracción involuntria y sostenida del músculo.

¿Cómo se produce una contractura muscular?

Una contractura puede formar básicamente como consecuencia de dos procesos:

1. Cuando se le exige al músculo un trabajo superior al que esta capacitado de realizar, ya sea puntual e intenso (como en el caso de las lesiones por esfuerzo repetitivo) o bien, por un esfuerzo mantenido pero no tan fuerte, por ejemplo al estar en una misma posición inadecuada por algún tiempo.

2. Cuando el músculo esta débil y no tiene potencia suficiente para llevar a cabo trabajos que tiene que realizar.
Este es el caso típico de las contracturas de los músculos paravertebrales de un lado específico de la espalda a causa de una escoliosis, ya que un lado de la musculatura se atrofia lo que lleva a la asimetría de cargas y pesos para el otro lado.

Una persona sedentaria puede experimentar contracturas al realizar algún trabajo doméstico o un ejercicio simple.

Tipos de contracturas

Básicamente existen dos tipos de contracturas:

  • Durante el esfuerzo: Son contracturas que se producen por el acumulo de desechos metabólicos dentro de la fibra muscular.

    Cuando se efectúa un movimiento brusco, los vasos sanguíneos musculares no están preparados para trabajar tan rápido y cuando se liberan los elementos tóxicos provocan al mismo tiempo dolor y contracturas. Esta es una de las razones por las cuales el calentamiento previo al ejercicio es tan importante.

  • Después del esfuerzo: En este caso las contracturas ocurren por el estiramiento de la fibra y/o su trabajo excesivo que hizo en el esfuerzo, lo cual le produce lesiones y dolor.

Tratamiento y recomendaciones

Las contracturas si bien con comunes, son fáciles de evitar. Para ello siga estos consejos:

  • Realice siempre un calentamiento previo al ejercicio de unos 10 minutos.
  • Estire correctamente después del ejercicio. Si no sabe como estirar, pídale a un instructor o profesional que le guíe.
  • Recuerde hacer el ejercicio de manera progresiva.
  • Si entrena con pesas, levante el peso con el que pueda resistir y completar la serie.
  • No mantenga una misma posición por mucho tiempo. Si su trabajo le exige estar sentado o de pie toda la jornada. Tómese 5-10min de cada hora para cambiar de posición y hacer estiramientos ligeros.

Cuando sufra una contractura, visite un fisioterapeuta. El tratamiento dura dependiendo de la gravedad de la contractura.

El tratamiento base de una contractura muscular es:

  • Masaje descontracturante
  • Termoterapia con compresas calientes, bolsas de agua, bolsas químicas, envolturas calientes, etc.
  • Estiramiento muscular
  • Electroterapia

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No siempre es un infarto: otras siete causas de dolor de pecho

1. Acidez

Uno de cada cinco españoles sufre enfermedad por reflujo gastroesofáfico (ERGE). Se produce como consecuencia de la relajación o debilidad del músculo que une el estómago con el esófago, responsable del paso de los alimentos. El reflujo gastroesofágico se manifiesta generalmente en forma de ardor, una ‘quemazón’, retroesternal. Suele estar relacionado con el período postprandial, después de las comidas, cuando el contenido gástrico, que es ácido, refluye hacia el esófago. Puede provocar un espasmo del esófago que puede confundirse con los síntomas de un infarto o de una angina de pecho. No olvidemos que el dolor del infarto puede ser en el epigastrio (lo que conocemos como la boca del estómago). Los protectores de estómago ocupan desde hace algunos años los primeros puestos de medicamentos más vendidos y consumidos en nuestro país.

2. Tensión muscular

Los dolores musculares están entre las causas más frecuentes de dolor torácico. Es lo que tiene pasar de estar tumbado todo el día en el sofá a pretender participar en una ‘ironman’. Puede aparecer en el pecho, pero suele cambiar con la postura o relacionarse con algún golpe o ejercicio. Puede estar desencadenado o empeorar con los movimientos, con la respiración o aplicando una presión sobre la zona afectada. Suele responder bien al tratamiento con fármacos analgésicos convencionales.

3. Costocondritis

La costocondritis es una inflamación de los cartílagos costales. El dolor, que tiene las características de dolor osteomuscular, se localiza normalmente cerca del esternón. Suele empeorar al tocar la zona afectada.

4. Herpes zoster

El herpes zoster lo provoca el mismo virus de la varicela. En las personas que la han tenido, este virus se puede quedar inactivo en algunos nervios. Si el virus se activa, da lugar a una erupción cutánea que se caracteriza por la aparición de vesículas, pequeñas burbujas en la piel, que se agrupan en racimos. La erupción aparece sólo en un lado del cuerpo y es dolorosa. El diagnóstico diferencial es fácil. Los medicamentos antivirales pueden disminuir el dolor y acortar la duración de los síntomas, pero sólo si se toman dentro de las 72 horas posteriores a la aparición de la erupción. ¡Cuidado! Un estudio avalado por el Centro Médico Olmsted y la Clínica Mayo, en EE UU, descubrió que se incrementa el riesgo de sufrir un ictus o un infarto de miocardio en los mayores de 50 años que sufren un episodio de herpes zóster en los tres meses siguientes a tenerlo.

5. Pericarditis

La pericarditis es una inflamación del pericardio, una membrana (o un saco) que envuelve el corazón dándole protección. La causa más frecuente es una infección por un virus. Esta inflamación produce un dolor muy parecido al de un infarto, que suele aumentar con la inspiración y empeorar cuando el paciente se tumba y mejora al sentarse. El electrocardiograma ayuda mucho a hacer el diagnóstico diferencial.

6. Pancreatitis

La pancreatitis (inflamación del páncreas) puede hacer que suframos un intenso dolor abdominal que puede irradiar hasta el pecho. Como la colecistitis (inflamación de la vesícula biliar), es una causa infrecuente de dolor torácico. No obstante, en estos casos, siempre hay que ir a urgencias. La pancreatitis, al igual que el infarto, es un evento urgente que puede poner en riesgo la vida del enfermo. Se suele acompañar de fiebre y alteraciones analíticas.

7. Enfermedad coronaria

El corazón tiene tres arterias coronarias principales. La enfermedad coronaria se caracteriza por la presencia de placas de ateroma (placas con contenido lipídico, calcio y células inflamatorias) dentro de las arterias coronarias. Éstas son las arterias responsables del riego del corazón. Estas placas pueden provocar estrecheces de las arterias. Debido a una enfermedad de la pared de la arteria (aterosclerosis), la coronaria puede ocluirse. A llegar menos sangre a las zonas dependientes de la arteria afectada, se produce un desequilibrio entre el aporte y la demanda de oxígeno. A este desequilibro se le llama isquemia. A su vez, la isquemia del corazón es responsable del síntoma típico de le enfermedad coronaria: la angina de pecho. Si la placa rompe agudamente su contenido, al entrar en contacto con la sangre, puede provocar la formación de un coágulo que puede incluso bloquear completamente el flujo de la arteria. Si esto ocurre, se puede producir un infarto de miocardio. El tratamiento consiste en abrir la arteria realizando una angioplastia.

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