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Crucero capitales balticas opiniones

 ¿Qué ropa llevar a un crucero por el Báltico? FAQ 

A continuación os pongo la lista de cosas necesarias, algunas mas o menos según quien seas, que tenemos que meter en la maleta y que ha publicado un forero de otro hilo y que es interesante porque sirve de recordatorio:
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REPASEMOS UN POCO LA LISTA DE LO QUE NO OS DEBE FALTAR EN VUESTRO EQUIPAJE:
DOCUMENTACION Y PAPELEO
– DOCUMENTACION DE PULLMANTUR RELATIVA A VUELOS, CAMAROTES Y SEGUROS.
-D.N.I
– PASAPORTE ORIGINAL Y COPIA DE LOS PASAPORTES (PARA PODER PASAR EL CONTROL DE PASAPORTES DE SAN PETERSBURGO)
´-E-TOUR-TICKETS, (PARA AQUELLOS QUE LLEVÉIS CONTRATADAS LAS EXCURSIONES DESDE ESPAÑA CON ALGUNA AGENCIA RUSA).
Estos e-tours-tickets, os los deben de enviar la agencia rusa con la que hayáis contratado, previamente a la fecha de la salida de vuestro viaje por mail , y en ellos deben constar vuestros nombres y apellidos completos así como el nº de vuestro pasaporte). Es necesario presentar en el Control de Aduana un e-tour-ticket por persona.
– TARJETA DE CREDITO O DINERO EFECTIVO (si podéis conseguir algún rublo mucho mejor)
-TARJETA SANITARIA EUROPEA (para aquellos que no la tengan, la pueden solicitar previamente, vía Internet, a la Seguridad Social o también os lo tramitan en las oficinas de la Delegación de la Seguridad Social que os corresponda por zona)
– RELACIÓN CON LOS Nº DE CABINA DE TODOS, (PARA AQUELLOS QUE VAYAN EN GRUPO ORGANIZADO)
-UN MINI-MAPA DEL EMPRESS para no perderos los primeros días (OS LO DARAN EN EL PROPIO BARCO)
-RESUMEN DE LOS ITINERARIOS Y ESCALAS (PARA LOS QUE LLEVAN CONCERTADAS LAS EXCURSIONES)
MEDICINAS
– Tiritas, algún Antiinflamatorio, Paracetamol, Antidiarreico, Iboprufeno)
VESTIMENTA Y CALZADO
– ROPA FORMAL PARA LAS GALAS Y FIESTUKIS DEL BARCO, ASI COMO LA INFORMAL PARA VISITAR LAS DISTINTAS CIUDADES EN PLAN TURISTA.
-ZAPATO COMODO PARA ANDAR Y PATEAR LAS ESCALAS Y ZAPATO DE TACON PARA LA FIESTA DE GALA
-PIJAMAS
– BAÑADORES (PARA HACER USO DE LA PISCINA, SI EL TIEMPO ACOMPAÑA)
-CREMA PROTECTORA PARA EL SOL (aunque nos la pondremos nosotros, al sol no le hace falta protegerse de nada). Indicado especialmente para todos aquellos que se vayan al Báltico en los meses de verano.
-PARAGÜAS (por si no nos hace falta ni los bañadores, ni la gorra, ni la crema protectora) y Ojala no os haga falta a ninguno
-CHUBASQUERO
COSAS DE ASEO
-LO NECESARIO PARA EL AFEITADO: CUCHILLAS O MAQUINILLAS, BROCHA Y ESPUMA
-CEPILLO Y PASTA DE DIENTES
-DESODORANTE
-COLONIA,PERFUME
-PRODUCTOS PARA EL PELO (ESPUMA,LACA,PEINES,CEPILLOS,HORQUILLAS,ETC)
-MAQUILLAJES Y PRODUCTOS DESMAQUILLADORES
OTROS
-CAMARA DE FOTO Y/O VIDEO CON SU CARGADOR
-TARJETAS DE MEMORIA O CARRETES (éstos últimos en desuso).
-MINI SET DE COSTURA
-MOVILES CON SU CORRESPONDIENTE CARGADOR
-ENCHUFE TRIFÁSICO PARA PODER CARGAR SIMULTANEAMENTE VARIOS APARATOS ELECTRÓNICOS
-GAFAS DE SOL Y LAS GRADUADAS (para los que lo necesiten)
-ESTUCHE Y LIQUIDO PARA LAS LENTES DE CONTACTO (también sólo para aquellos que lo necesiten)
-BOLSITA PARA LOS BOCATAS QUE PODAIS PILLAR EN EL BUFFET DEL BARCO, PARA TOMAR UN TENTEMPIE
-DINERO PREPARADO EN SOBRES (para agilizar el pago de excusiones de aquellos grupos que ya las tengan contratadas desde España)
-ACTIVAR EL ROAMING DE LOS MOVILES
-ALGUNA GORRA O VISERAS (Por si tenéis la suerte de que os aprieta el Sol en el Báltico)
-PULSERAS,COLLARES,PENDIENTES….(PARA IR GLAMOUROSAS EN LAS NOCHES DE FIESTA)
-UNA BOLSA DE ESAS PLEGADITAS Y ALGUNA CON AUTOCIERRE PARA LLEVARLA EN EL BOLSO, (por si hay compras o metes algún tentempié en la mochila)
-UN MINI SET DE MANICURA (que incluyen lima, pinzas, cortaúñas y tijeras pequeñas)
SOLICITUD DE LA TARJETA SANITARIA EUROPEA
Para los que todavía no hayan sacado la tarjeta sanitaria europea (TSE):
Debéis ir a la Oficina de la Seguridad Social (INSS), que os corresponda por zona, con la cartilla de la seguridad social (ojo, no confundir con la tarjeta sanitaria, porque ésta no vale), es esa famosa cartilla antigua blanca con funda de plástico transparente.
También, y ésto es lo más cómodo y rápido, podéis solicitarla vía internet en la siguiente dirección, www.seg-social.es/Inte…htm?URL=98 y si todos los datos son correctos, en unos días os la envían a vuestro domicilio.
Copio algunas cosas interesantes relativas a este documento:
«la TSE es el documento acreditativo del derecho a recibir las prestaciones sanitarias que resulten necesarias, desde un punto de vista médico, durante su estancia temporal, por motivos de trabajo, estudios, turismo…, en el territorio de otro Estado Miembro.»
«esta tarjeta es personal e intransferible, se extenderá una tarjeta por cada uno de los miembros de la unidad familiar».
«la utilización de la tarjeta sanitaria europea, durante el periodo de validez de la misma, se encuentra condicionada además a que su titular continúe reuniendo los requisitos que dieron lugar a su obtención.En otro caso, los gastos que se originen podrían ser reclamados en concepto de prestaciones indebidas, de acuerdo con lo previsto en el Artº.84 bis del Reglamento (CEE) 1.408/71
Estados en los que la TSE tiene validez:
Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungria, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Luxemburgo, Malta, Noruega, Paises Bajos, Portugal, Polonia, Reino Unido, República Checa, Rumanía, Suecia y Suiza.
Para Rusia no vale, así que es recomendable hacer un seguro aparte.
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Desde luego es bien completita.
Saludos para mi primo «Santivigo»

Por el mundo en Crucero

Como ya sabéis una de las particularidades de los cruceros que los diferencia de otro tipo de viajes es que nos ofrecen la posibilidad de visitar un gran número de lugares distintos sin tener que cargar con nuestras maletas de un sitio para otro. El crucero capitales bálticas nos lleva, a través de unos itinerarios de crucero incomparables, a las grandes ciudades del norte de Europa.

El Norte de Europa es un área muy extensa que comprende tres mares diferentes, más de una decena de países con culturas dispares y una enorme multitud de puertos que visitar. Es por ello que podemos encontrar una gran variedad de itinerarios de crucero diferentes entre los que elegir para que un crucero capitales bálticas se ajuste a nuestros gustos y nos transporte exactamente a donde queramos ir. De los puertos cargados de historia de San Petersburgo o Copenhague a los majestuosos paisajes helados de los fiordos noruegos o la volcánica Islandia.

Por una parte tenemos el Mar Báltico, que baña las costas de ocho países diferentes, como Rusia, Dinamarca o Suecia. Los principales puertos que podremos visitar mientras nuestro crucero por el Báltico surca sus aguas son Copenhague, San Petersburgo, Helsinki o Estocolmo. Compañías como NCL Norwegian Cruise Line nos ofrecen itinerarios dedicados a esta zona en el Norte de Europa.

Itinerario por el Mar Báltico con NCL Norwegian Cruise Line

Otros itinerarios de crucero se internan en las aguas del Mar del Norte y el Océano Atlántico. Estas rutas pueden incluir tramos de navegación más largos, ya que nos pueden transportar de Islandia a Noruega, o de Copenhague a Dublín. También podríamos visitar Amsterdam, Brujas, Le Havre o Southampton.

Para los cruceros por el norte de Europa y en especial para los cruceros por el mar Báltico, la temporada baja transcurre en los meses de mayo y septiembre. Durante estas fechas la afluencia de turistas es mucho menor y los precios son más ventajosos. Podemos encontrar ofertas de cruceros baratos aunque las temperaturas son más bajas, por lo que la ropa de abrigo se hace aún más imprescindible. La temporada alta va del mes de Junio, ideal para contemplar el sol de medianoche, hasta Agosto. En esta época los precios serán más altos y nos veremos más rodeados de turistas, aunque las temperaturas también serán algo más agradables.

Pero tened siempre en cuenta para un crucero capitales bálticas que, debido a la latitud en la que se encuentran, el clima nunca será tan cálido y apacible como en el Mediterráneo. Las lluvias y tormentas son habituales, y la ropa de abrigo resultará imprescindible.

Todo está listo para iniciar nuestro gran viaje por las principales ciudades del mar Báltico. Estamos a bordo de uno de los buques de la compañía MSC Cruceros, una buena forma de relajarse y de disfrutar de entretenimiento en alta mar, con propuestas que incluyen espectáculos como Cirque du Soleil, tratamientos de spa exclusivos y alta gastronomía con chefs de estrella Michelin.

Una oferta que se suma a la visita a localidades con mucho encanto, desde la pequeña localidad de Tallin hasta la monumental San Peterburgo, pasando por dos capitales líderes en diseño y gastronomía como son Helsinki y Copenhague. ¿Os animáis a embarcaros en un viaje de ocho días que reúne lo mejor de alta mar y de tierra firme?

Copenhague: gastronomía, comunas anarquistas y sirenas

El barrio de Nyhavn en Copenhague, Dinamarca (MissPassionPhotography / Getty Images/iStockphoto)

La ciudad danesa se ha ganado a pulso el reconocimiento de capital gastronómica del norte. La revolución culinaria de sus chefs es indiscutible –con grandes hitos como el restaurante Noma, que ha vuelto a abrir en una antigua bodega de la ciudad–, con centenares de bares y restaurantes de gran calidad que apuestan por productos locales y de proximidad. También es obligada una visita a alguna de sus cafeterías, máximas precursoras del hygge (palabra danesa intraducible que define un ambiente alegre, íntimo y cálido), que satisfacen plenamente a un ciudadano que toma de cuatro a cinco tazas de café al día. Razón suficiente para empezar el día en la capital danesa con un buen desayuno y seguir después con un paseo por el centro.

Si os gustan las atracciones de época, vale la pena desviarse hasta los Jardines Tivoli, un parque de atracciones en funcionamiento desde 1843 donde podemos aprender sobre folklore y cuentos populares, especialmente sobre los de Hans Christian Andersen, y acabar con una visita a la famosa calle Nyhavn.

Es obligada una visita a alguna de sus cafeterías, máximas precursoras del ‘hygge’

Pero si preferís descubrir otras maneras de entender la sociedad actual, la recomendación es coger un autobús hasta la Ciudad libre de Christiania, un barrio parcialmente autogobernado que tiene sus orígenes en una comuna anarquista de los años setenta. Dentro del recinto encontraréis cafeterías, tiendas y exposiciones de arte, además de librerías con novelas que explican el origen y el funcionamiento de un barrio que no se considera parte de la Unión Europea.

La última parada es para visitar uno de los grandes emblemas de Copenhague: La Sirenita , una escultura que descansa pensativa ante el mar y que nos recuerda que ya es hora de volver al barco.

Helsinki: saunas, iglesias excavadas en piedra y mercados centenarios

Atardecer en el puerto de Helsinki, Finlandia. (Marco_Piunti / Getty Images)

Una capital con alma de pueblo. Así es Helsinki, una ciudad tranquila y relajada que parece vivir a otro ritmo. En el corto paseo que conecta el puerto con el centro histórico, la capital finlandesa nos recibe con un gran mural en el que vemos escenas cotidianas de sus ciudadanos: gente tomando café, niños jugando en la calle, amigos charlando en una sauna… Y, precisamente, visitar una sauna pública (se dice que en la ciudad hay más saunas que coches) es una de las recomendaciones para nuestra visita. Como curiosidad, estos centros siempre son nudistas, y es habitual darse golpes con un vihta, o ramillete de abedul, para ayudar a la circulación.

Pero, además de baños de vapor, la capital finlandesa también ofrece diversos planes culturales y gastronómicos. Uno de los más recomendables es visitar el Vanha Kauppahalli (mercado viejo de Helsinki), abierto desde 1889, donde podremos tomar un café y comer unas sapas (término local para decir “tapas”), así como comprar productos curiosos, entre ellos, carne de oso en lata, láminas liofilizadas de carne de ciervo, korvapuusti (rollos de canela) e incluso pimentón de La Vera, en la única parada española del mercado.

Se dice que en la ciudad hay más saunas que coches

También es interesante visitar alguno de los centros de culto de la localidad, como la imponente catedral de Helsinki, con buenas vistas sobre la capital; la catedral ortodoxa de Uspenski, que cuenta con arte moscovita del siglo XVI; o la sorprendente iglesia Temppeliaukio, excavada en una roca natural y que ofrece conciertos de música clásica regularmente. Y si os queda algo de tiempo, recordad que Helsinki fue la Capital Mundial del Diseño en 2012 y que cuenta con un interesante Distrito del Diseño, repleto de edificios de estilo modernista y bonitas tiendas de creadores locales.

San Petersburgo: una historia convulsa y artística

La iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada en San Petersburgo, Rusia. (ZX-6R / Getty Images/iStockphoto)

La segunda ciudad más poblada de Rusia enamora a cualquiera que pasee por sus calles, puentes y grandes plazas. Con una arquitectura inspirada en los países centroeuropeos (de ahí también el origen alemán del nombre “San Peterbusgo”, que los rusos prefieren denominar simplemente “Peter”), esta ciudad es, sin duda, la parada más especial de nuestro crucero por el Báltico.

Empezamos nuestro recorrido por uno de los grandes clásicos de la ciudad: el Museo del Hermitage. Compuesto por seis edificios y con una colección de más de tres millones de piezas, su nombre francés (lengua de moda entre la aristocracia de la época) hace referencia a la tranquilidad que se respiraba en el palacio de Invierno. Esta “ermita” a orillas del río Neva es una ciudad en sí misma, con miles de espacios que descubrir, entre ellos, una sala con obras de Velázquez, el Greco, Goya y Murillo. Si tenéis suerte, os toparéis con los gatos que viven en el museo desde que Isabel I de Rusia los acogiera en el año 1714, una curiosa iniciativa que se mantiene a día de hoy. Poca broma: ¡los gatos del Hermitage incluso tienen un secretario de prensa!

Adolf Hitler planeó aquí un gran banquete para celebrar la caída de Leningrado, que nunca llegó a celebrarse

Por la tarde podemos visitar la catedral de San Pedro y San Pablo, un templo ortodoxo donde descansan los restos de muchos emperadores, desde Pedro el Grande (fundador de San Petersburgo en el año 1703) hasta Nicolás II. También vale la pena dirigirse hacia la iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, construida en el lugar donde el zar Alejandro II fue asesinado. Muy cerca, el Hotel Astoria cuenta con una leyenda curiosa: Adolf Hitler planeó aquí un gran banquete para celebrar la caída de Leningrado, que nunca llegó a celebrarse.

Tallin: pasado medieval y arquitectura moderna

Tallin, Estonia (TomasSereda / Getty Images/iStockphoto)

Llegamos al puerto de Tallin a primera hora de la mañana, y solo tenemos que caminar un poco para empezar a encontrarnos con bonitas casas de colores, calles empedradas y colinas verdes, que conforman una ciudad de espíritu medieval que parece sacada de un cuento de hadas. Y es que la capital de Estonia, ubicada a orillas del golfo de Finlandia, fusiona como ninguna otra su pasado soviético con el carácter nórdico.

Para aprovechar bien el día, podemos dirigirnos hacia el casco antiguo de Vanalinn, popularmente conocido como la Ciudad Vieja. En el centro, la acogedora plaza del Ayuntamiento (donde supuestamente se colocó el primer árbol de Navidad decorado del mundo) nos encandila con un mercadillo de ropa, artesanías y souvenirs varios. De ahí podemos andar hasta la cercana plaza de la Libertad, que rememora la independencia del país en el año 1991, y subir por las empinadas calles que llevan hasta la catedral de Alejandro Nevski, de culto ortodoxo.

Parece sacada de un cuento de hadas

Si seguimos caminando, nos toparemos con la colina de Toompea y la parte alta del casco antiguo. Aunque es una zona bastante turística, esconde plazas tranquilas con amplios miradores sobre la capital.

De bajada, y para tener una experiencia de la Tallin más contemporánea, podemos visitar el Telliskivi Creative City, un barrio muy de moda actualmente que está conformado por antiguos edificios ferroviarios que se han reconvertido en restaurantes, cafeterías y tiendas de diseño de lo más chic.

La capital de Estoniafusiona como ninguna otra su pasado soviético con el carácter nórdico

CAPITALES BÁLTICAS

¿Sabes cuáles son las capitales bálticas? Políticamente, capitales bálticas o capitales de repúblicas bálticas son Tallin, Riga y Vilnius, que corresponden, respectivamente, a Estonia, Letonia, Lituania. Estos tres países rodean el mar Báltico, lo que da origen a la denominación; pero sólo Letonia y Lituania hablan lenguas bálticas. Los estonios hablan estonio, un idioma próximo al finlandés.

Las capitales del báltico cuentan con cascos históricos declarados Patrimonio de la Humanidad. Muchos de sus edificios y monumentos se remontan a la época medieval; es cuestión de atravesar una de las puertas de las antiguas murallas y sumergirse en sus calles empedradas y su historia.

En este artículo te contaremos qué visitar en las capitales bálticas.

¿CUÁL ES EL CLIMA DE LAS CAPITALES BÁLTICAS?

Las temperaturas de las capitales bálticas son frías en invierno y agradables en verano. En invierno nieva y hay largas horas de oscuridad; son frecuentes las temperaturas bajo cero. En verano, al contrario, los días se alargan hasta la noche, llueve seguido y la temperatura tiene una media de 18°C, pudiendo alcanzar los 30.

El clima en capitales bálticas en septiembre ronda los 12 °C: es el mes límite para aprovechar los paseos al aire libre.

Al ser países chicos y próximos, es posible combinarlos en un mismo viaje a capitales bálticas, o incluso hacer el circuito capitales bálticas y Rusia, ya que de Tallin a San Petersburgo son 370 kilómetros: 5 horas y media en coche; 8 horas en tren.

¿Qué ropa llevar a capitales bálticas? Por más que viajes en verano, ropa de abrigo no debe faltarte, y no olvides un impermeable para la lluvia.

Para conocer en detalle qué ver en Estonia, Lituania y Letonia, entra aquí y mira la lista completa de circuitos por capitales bálticas.

QUÉ VER CAPITALES BÁLTICAS

Te presentamos a continuación los circuitos a capitales bálticas 2019:

  • Tallin capital de Estonia

Tiene un pasado de caballeros, espadas y leyendas con dragones. Penetrando la muralla a través de la Puerta Viru accedes a la Plaza del Ayuntamiento, en cuyo edificio, de 1404, destaca una torre octogonal que puedes subir para obtener una vista panorámica de la ciudad.

Enfrente está la Farmacia del Ayuntamiento, de 1422, que conserva en perfecto estado sus instalaciones y los aparatos de medición. Verás frascos que contienen pócimas curativas, arañas, manos de momia y otras tantas curiosidades.

El Pasaje de Santa Catalina, angosto, adoquinado, medieval, está ceñido al muro de un antiguo monasterio dominico; camínalo, todo en él remite a un pasado de leyenda. En la parte alta del barrio del castillo puedes subir al Mirador Patkuli.

Otro paseo recomendable es rodear las murallas; el trayecto va alternando entre la parte baja y las pasarelas elevadas. La Torre de Margarita La Gorda es Museo Marítimo. En Tallin hay muchísimos museos.

También puedes caminar por el antiguo puerto pesquero, meterte en alguna de sus tabernas, ver los barcos amarrados al puerto y escuchar sus sirenas al atardecer. Y si tienes 3 días en Tallin, adéntrate en el barrio de Kalamaja, antiguo barrio obrero de casas de madera.

  • Riga capital de Letonia

Riga es el mayor centro cultural, educativo y comercial de la región del mar Báltico. En el circuito capitales bálticas el viaje a Riga impone su arquitectura Art Nouveau. Se la llama “la ciudad de las mil caras” porque abundan los rostros moldeados decorando puertas y ventanas; cuerpos desnudos cumpliendo la función de columnas; rostros de ángeles, reyes, hombres, mujeres; incluso dragones.

La Plaza del Ayuntamiento fue sede de mercados medievales; hoy sigue siendo el centro neurálgico de la ciudad. La Catedral católica combina distintos estilos arquitectónicos y ofrece conciertos de música clásica que puedes agendar en tu viaje por capitales bálticas.

El Monumento a la Libertad es un pedestal de granito, símbolo de Letonia; se encuentra junto al parque Bastejkalna, enorme, frondoso, que separa el casco antiguo de la zona comercial. La Puerta Sueca se conserva desde la época medieval. Si eres afín a los museos, verás varios al interior del Castillo de Riga, del siglo XVI.

En el Barrio Ruso está el rascacielos de Stalin, construido bajo dominación soviética. En el piso 17 queda la Academia de las Ciencias. Si la visitas, sal al balcón para contemplar la mejor vista de la ciudad.

  • Vilnius capital de Lituania

En este viaje a repúblicas bálticas falta Vilnius, con uno de los mejores cascos antiguos de Europa del Este. Pilies Gatve es su calle principal, de edificios barrocos, terrazas para descansar y comer y salida a dos plazas: la de la Catedral y la del Ayuntamiento.

También puedes caminar por la calle de la Literatura, peatonal, que homenajea a los escritores más emblemáticos de Lituania.

La Iglesia Ortodoxa del Espíritu Santo destaca por sus cúpulas rosas; la de Santa Ana por su estilo gótico. Y si hablamos de templos, puedes sumar al paseo la Sinagoga judía, como exponente de la importancia que tuvo el pueblo judío en el pasado.

La Universidad, del siglo XVI, alberga patios que se suceden por puertas y pasillos como en un laberinto. Sube al campanario para disfrutar su vista panorámica. Otro mirador fantástico lo tienes en la Colina de Gediminas. Su torre domina la ciudad; formó parte de un castillo. Al pie de la colina tienes el Museo Nacional, el Palacio de los Grandes Duques de Lituania y la Catedral.

La ruta por los países bálticos a través de sus capitales es la forma de conocer la historia y la cultura de la región. Son, a decir verdad, las ciudades bálticas más bonitas. Puedes ir de una a otra en tren, autobús o coche propio. Si bien las repúblicas bálticas en coche permiten explorar otros sitios, como Parques Nacionales y pintorescos pueblos costeros, hay una cuarta opción que no queremos dejar de mencionarte.

CAPITALES BÁLTICAS CRUCERO

Los cruceros capitales bálticas 2019 hacen en realidad alusión a un crucero por el báltico y no necesariamente a un viaje exclusivo por Tallin, Riga y Vilnius. Finlandia, Noruega, Suecia y Rusia son los países que suelen sumarse a la lista. Es un modo de acercarte a importantes focos turísticos del Norte de Europa y conocer el Museo Hermitage de San Petersburgo —una de las mayores pinacotecas y museos de antigüedades del mundo—, la fortaleza de Suomenlinna de Helsinki, sus playas, u otros enclaves naturales destacados como la isla de Pihlajasaari, muy próxima a Estocolmo, capital de Suecia.

Los cruceros por el báltico ofrecen viajes todo incluido. Durante los trayectos podrás disfrutar de la piscina y el confort del barco, la contemplación del mar, una gastronomía excepcional y actividades especialmente armadas para el turista.

Las paradas son los momentos para recorrer la ciudad. Hay distintas rutas, distintos itinerarios, distintos precios. Para encontrar una oferta a capitales bálticas, aprovecha la temporada baja. ¿Qué ropa llevar a un crucero por capitales bálticas? Como dijimos al comienzo, ropa de abrigo, aunque viajes en verano, y un impermeable para la lluvia; pero si el crucero cuenta con piscina cubierta guarda el traje de baño en la maleta.

En las capitales bálticas el turismo está en constante crecimiento. De ser un destino poco conocido, cada vez cobran más fama sus cascos antiguos medievales y la salida privilegiada al mar. Los restaurantes despliegan sus terrazas alrededor de las plazas históricas; las noches también tienen movimiento.

¿Qué esperas para sumar nuevos destinos a tus vacaciones?

El pasado mayo hice un crucero por las Capitales Bálticas y cuando regresé a casa mi vida había cambiado. Ojo, no digo que un crucero te cambie la vida (ojalá fuera tan fácil), pero mira por dónde, tu vida puede cambiar mientras estás de crucero.

La invitación me llegó en unos días agitados, de esos en los que no sabes si andas hacia atrás o hacia adelante, y no tardé ni dos segundos en decidir subirme al barco. Para mí, un crucero no es un “viaje” (tal y como yo lo entiendo), pero por experiencias anteriores sabía que me lo iba a pasar muy bien, justo lo que necesitaba en aquellos momentos.

A un crucero vas a eso: a divertirte. Ni más ni menos. Así que dejas aparcado (solo por unos días) tu afán de exploración y la libreta de reportero (?), cambias mochila por maleta, y te relajas, dispuesta a dejarte llevar y a ser tratada a cuerpo de reina. Que los escenarios desfilen delante de ti, sin más. Que te den de comer bien. Y de beber, ilimitadamente. Echarte unas risas. Y de paso, como aderezo, te haces con unas cuantas postales de un puñado de ciudades. No está mal, ¿no? Eso para mí son vacaciones.

El crucero por las Capitales Bálticas de Costa Cruceros dura una semana en la que se visitan cuatro ciudades: Estocolmo, Helsinki, Tallín y San Petersburgo. Todas desconocidas para mí, excepto la última, donde había estado cuatro años atrás durante el Transmongoliano.

El itinerario me apetecía mucho porque el norte de Europa es una zona que tengo poco explorada. Entre unas cosas y otras siempre lo dejo para más adelante, cuando tenga más dinero (ya que no son países precisamente baratos) o menos fuerzas para trotar con la mochila al hombro por carreteras llenas de baches. Viajando en crucero sabes que no vas a profundizar, pero te llevas una primera impresión general y los gastos están controlados. Y queda para el futuro el volver a aquellos lugares que más te hayan gustado.

Por otra parte, sea cual sea el itinerario elegido, no hay que olvidar que el centro neurálgico del crucero siempre es el barco. Lo demás son añadidos. Es en el buque donde transcurre la acción principal, donde socializas, comes, duermes y (llegado el caso) también bailas. A mí el ambiente de los cruceros siempre me ha recordado al de una fiesta de fin de curso (aunque con invitados un poco mayores… todo hay que decirlo): miles de personas con ganas de divertirse. Siempre que sepas a lo que vas, y que te rodees de un buen grupo de amigos con el mismo espíritu, el plan no puede salir mal.

Helsinki, Finlandia

Dejando atrás Estocolmo, de donde partimos y a donde regresaríamos el último día, Helsinki fue nuestra primera escala y, debo decirlo, la ciudad que menos me conmovió del itinerario. Apenas pasamos unas horas en ella, así que no tengo una base sólida para juzgarla, pero sinceramente no fue un amor a primera vista: me pareció un poco fría o, en otras palabras, no es una ciudad en la que viviría.

También tuvimos un poco de mala suerte, ya que llovió y efectivamente hacía bastante frío. Esto nos llevó a recorrerla a paso apresurado. Lo bueno es que sus principales puntos de interés están cerca unos de otros, así que no nos faltó tiempo para hacernos, al menos, una idea general: paseamos por el centro, curioseamos en los puestos de comida del puerto, visitamos la Catedral luterana, y llegamos hasta la puertas de la Catedral Uspenski (ortodoxa), a la que no pudimos entrar porque en esos momentos estaba cerrada.

Tras eso, vuelta al calorcito y comodidades del barco (que pueden llegar a enganchar, os lo aseguro). En mi caso, al Samsara Spa, cuyo suplemento pagué de forma independiente para disfrutar de sus saunas, baños turcos, termas, duchas y piscina de talasoterapia por tiempo ilimitado durante toda la semana. Por cien euros más, creo que lo amorticé de sobra; en el crucero hay mucho tiempo libre, además de una jornada solo de navegación, y no hubo día que me saltase mi sesión de “wellness». Al fin y al cabo, había ido a dejarme mimar, ¿no? Pues hasta sus últimas consecuencias. Lo disfruté muchísimo.

San Petersburgo, Rusia

Nuestra segunda escala fue en San Petersburgo; una ciudad en la que, al contrario que Helsinki, no me importaría vivir una temporada. Me encanta: es preciosa, tiene vida y el romanticismo propio de las capitales rusas, siempre rodeadas por un halo de Historia y leyendas.

El Costa Luminosa hizo una parada de dos días en ella; un tiempo ni de lejos suficiente para conocerla, y ni siquiera para ver sus lugares más emblemáticos, aunque la visites en una excursión organizada que te lleve a ellos a tiro hecho. El problema es que en San Petersburgo hay TANTO por ver que las excursiones se organizan y dividen en diferentes itinerarios que visitan apenas una parte de ella. Toca, pues, elegir. De todas formas, dudo mucho que a alguien no le guste San Petersburgo, así que este es el claro ejemplo de ciudad a la que volverás más adelante. Seguro. La escala en el crucero es solo un pequeño aperitivo para abrir el apetito de un futuro viaje a Rusia

Por otra parte, hay que señalar que en este caso la excursión no es opcional (a menos que quieras quedarte los dos días en el barco, claro), ya que debido a las limitaciones del visado que se da a los cruceristas, San Petersburgo es la única escala que no se puede organizar por cuenta propia; tienes que hacerlo necesariamente acompañado por un guía, cosas de la burocracia. De entre todas las opciones que ofrece Costa para visitarla, nosotros nos apuntamos a la más completa, el “Gran Tour de San Petersburgo + Espectáculo de Ballet”.

Lo que más me gustó de la excursión fue la guía que nos tocó en gracia: una base de datos de la Historia de su país, con un español perfecto y una predisposición encomiable a contarnos hasta la última curiosidad de la calle mas estrecha. Sin embargo, la joven se enfrentaba a un factor que no dependía ni de ella ni de nosotros: el tiempo disponible. El «Gran Tour de San Petersburgo» es fiel a su nombre y trata de abarcar más de lo que humanamente es posible ver (y disfrutar) en solo dos días, de modo que al final vas corriendo de un lado a otro, pasas casi más horas en el autobús que en los lugares que visitas, te quedas a medias en todo, y en general, terminas bastante cansado. Y eso excluyendo de partida lugares tan emblemáticos como la Fortaleza de San Pedro y San Pablo o la Catedral de San Isaac, que no vimos más que en la distancia.

Yo dentro de lo que cabe tuve suerte porque ya conocía San Petersburgo. Cuando hice el Transmongoliano pasé cuatro días recorriendo sus calles, viajando en su fascinante metro, contemplando durante horas la belleza (exterior e interior) de la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada y bebiendo cerveza en lata con los rusos sentada en un canal. Es decir, había tenido ocasión de vivirla. Por su parte, esta excursión me permitió «completar la foto», dándome acceso a algunos lugares que por tiempo o presupuesto en aquel viaje quedaron fuera de mi alcance, como el Museo Hermitage, el Palacio de Catalina, y los jardines del Palacio Peterhof. Especialmente en el caso de los dos últimos, la excursión es muy útil, ya que ambos se encuentran en las afueras de la ciudad y de ir por libre hay que buscarse la vida para llegar hasta ellos.

Pero, sin duda, el mejor recuerdo que me llevo de esta segunda (y fugaz) visita a San Petersburgo es la noche en el Teatro del Hermitage para asistir al ballet ruso. Concretamente asistimos a la representación de El lago de los cisnes, todo un lujo, más cuando eran «días de noches blancas» y a la salida del espectáculo nos esperaba otro aún mayor en forma de interminable ocaso sobre el río Nevá. En conjunto fue una experiencia preciosa que me alegro de haber vivido, y una bonita forma de despedirnos de San Petersburgo… hasta la próxima vez.

Tallín, Estonia

De Tallín me llevé un gorro, literalmente. Y no un gorro cualquiera: el gorro definitivo. Un gorro de lana tan largo que da para envolverse varias veces en él y hace las veces de bufanda. En Estonia saben bastante de frío.

Bromas aparte, Tallín es una ciudad bellísima y con un brillante pasado como ciudad Hanseática durante la Edad Media que todavía se puede sentir gracias al excelente estado de conservación de su trazado urbano y edificios (a pesar de haber sido bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le confiere más mérito). No se puede negar que vive para el turismo, pero es lo menos que puede esperarse de un lugar con tanto encanto. Bien por los estonios; para mí, eso no merma ni un ápice su atractivo.

No importa la cantidad de restaurantes y tiendas que te cruces en el camino; si no sales de la Ciudad antigua (declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997), sientes que estás en el pueblecito de un cuento, bonito hasta decir basta y tan recogido que, al contrario de San Petersburgo, un día da para verlo bastante bien, aunque resulta tan acogedor que apetece quedarse mucho más. Además, los restaurantes y tiendecitas también son una monada; las personas que los atienden, encantadoras; por lo que el único riesgo que representan es el de volver a casa con un gorro como el mío. Solo me quedé con ganas de cenar en una de las coquetas terrazas de la Plaza del Ayuntamiento; tuvimos tiempo (el crucero hace noche allí), pero no supimos organizarnos.

Estocolmo, Suecia

Y para terminar, Estocolmo. Por inclinaciones personales yo me sigo quedando con la antigua Leningrado, pero hay que reconocer que, puestos a ser objetivos, Estocolmo es (de todas las del crucero) la ciudad que más invita a vivir en ella. Aúna modernidad con el encanto de sus barrios más antiguos (siento tirar de frases hechas, pero es la verdad), goza de un nivel de vida espectacular y, lo más importante de todo: tiene un ambientazo. Hacia las doce del mediodía, todas las terrazas estaban abarrotadas de gente tomando sus cervezas y copas de vino blanco. ¡Qué diferencia con Helsinki, por favor! (Aunque a ésta seguiré dándole el beneficio de la duda, por si la pillamos en un mal día).

Así, paseando por Estocolmo, terminó nuestro crucero por las Capitales Bálticas. Una semana muy bien aprovechada en la que disfruté tanto fuera como dentro de barco, entre copas, música, saunas, interminables partidas de billar y mucho cachondeo.

Y, como decía al comienzo, cuando llegué a casa mi vida había cambiado. Parece ser cierto que a veces solo hay que desconectar y dejar que las cosas, simplemente, pasen.

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SAN PETERSBURGO
Amanecía a mitad del mar Báltico y desayunamos entrando al puerto de San Petersburgo donde estaríamos dos días. A través de el foro «Los viajeros» contacté con gente de Jaén y montaron una excursión de dos días con todo organizado a un precio irrisorio frente al del barco. Nuestra guía Natasha, nos puso al día de la historia de Rusia, la antigua URRS y sobretodo de los zares.
Sin duda, ciudad para visitar antes de morir. Del barco, tras los papeleos en la aduana (con los «simpáticos» policías Rusos), directos al Hermitage. Espectacular pinacoteca. Detrás del Hermitage se encuentra la Casita de Pedro I, primera casa del zar Pedro el Grande en San Petersburgo. Junto al Hermitage, cabe destacar la Plaza del palacio.
De aquí fuímos en barco a Petergoff, impresionante complejo de palacios y parques de los zares, también llamado «El Versalles Ruso».
La ciudad tiene muchas catedrales realmente monumentales. A mi la que más me impresionó fue la de Sangre Derramada. Seguramente la más «turística» iglesia en San Petersburgo, construida en el lugar del asesinato del zar ruso Alejandro II. Fantástica decoración de mosaica exterior e interior, hecha por los mejores artistas rusos de la época.
De aquí hicimos una visita un poco rara pero no menos espectacular. Fuimos al metro de San Peterburgo. No se si todas las estaciones eran así, aunque Natasha nos llevó a un par que realmente valía la pena ver. Es algo que no os podéis perder, y las excursiones del barco no lo ofrecen.
Con todo ello, al barco, cena, descanso y pronto arriba que quedaba mucho por ver.
A las 8 de la mañana nos esperaba Natasha junto al autobús. De aquí directos a Fortaleza de Pedro y Pablo – el núcleo de San Petersburgo, aquí se empezó la ciudad. Dentro de la Fortaleza se encuentra la Catedral de San Pedro y San Pablo, con las tumbas de los zares rusos, incluyendo el último zar Nicolás II con su familia.
Vista la fortaleza, nos dirigíamos al Palacio de Catalina en Pushkin. La residencia veraniega de los zares rusos con la famosa Cámara de Ámbar (o el Salón de Ámbar). El palacio no tiene desperdicio. Aunque hay que coger transporte para verlo, es imprescindible su visita.
Ya después de comer, vimos un par de catedrales que nos faltaban entre ellas, la Catedral de San Isaac – la más grandiosa de las iglesias de la ciudad. Su altura es de 101,5 metros. Aparte de ver la catedral con una espectacular decoración interior, se puede subir a la columnata para disfrutar de una preciosa vista panorámica de San Petersburgo. A destacar Catedral de Nuestra Señora de Kazán y la Catedral de San Nicolás
Seguidamente, una compras no vienen mal en la Avenida Nevsky la mayor calle de San Petersburgo, centro comercial, financiero y neurológico de la ciudad. Cabe destacar la Avenida de Moscú (Moskovsky Prospect) – una larga y ancha avenida, construida en la época de Stalin, llena de los edificios de época. Podemos encontrar la gran estatua de un no demasiado bien valorado por los rusos que conocimos, Lenin.
Con todo ello, sólo quedaba tiempo para hacer un paseo en barco por el Río Neva, y disfrutar de magníficas postales desde el barco.
Llevábamos tres días de crucero y no habíamos visto el barco!!!! jaja
Hasta el momento muy intenso el viaje. A partir de ahora las visitas serán más suaves y se compaginarán con el disfrute del barco.

Hacer un crucero es una experiencia de ciencia-ficción. Como estar en un Benidorm flotante o en un Marina-Waterworld. En el satélite donde se han quedado a vivir los humanos sedentarios de Wall-E. Aunque en este crucero imperase más la vigorexia. Por los salones desfilan niñas disfrazadas de princesas por un día; chinos que juegan a la ruleta; animadores con gorros de alce que chapurrean cinco idiomas y al despedirse gritan: “Chau, chau”; sexagenarias parejas amarteladas que se miran con arrobo mientras escuchan duetos melódicos que cada día entonan Strangers in the Night a la misma hora.

ampliar foto Muñecas rusas en una tienda de recuerdos de San Petersburgo. Jon Hicks

Soy una crucerista bisoña, pero durante ocho días entro en contacto con cruceristas profesionales: gente de todas las edades que acumula cruceros y recorre el mundo mientras charla no solo de si Palermo es más hermosa que Alejandría, sino también de si el embarque de los Royal Caribbean es más rápido que el de los Costa. Los cruceristas profesionales tienen dos reglas de oro: saber enseguida si te ha correspondido el primer o el segundo turno para la cena y contratar las excursiones inmediatamente para poder visitar las ciudades en las que se hace escala.

Partimos de Estocolmo. Visitaremos la ciudad a la vuelta. Al embarcar nos hacen una foto que ahora se exhibe con 2.000 fotos más en el puente tres. La compramos para que no esté expuesta demasiado tiempo: detrás del timón hemos salido bastante feos. Desde la terraza del camarote contemplamos los cientos de islas que adornan el Báltico a la salida de Estocolmo rumbo a Helsinki. El protocolo para realizar las excursiones es siempre el mismo: llegados a puerto, se nos pone una pegatina con un número y subimos al correspondiente autobús donde una guía nos proporciona datos culturales, sociales, históricos y económicos de la ciudad y el país visitados. Recorremos las ciudades dentro del autobús y, a veces, bajamos y seguimos a la guía, que lleva en la mano una paleta con el número de nuestro bus.

Helsinki

ampliar foto Un catamarán con la catedral de Helsinki al fondo. Holger Leue

Nunca pensé que viajaría como una turista japonesa, pero me hace gracia y me dedico a hacer fotos de manera sospechosamente compulsiva. Helsinki me agrada mucho. Me gusta la zona del puerto; los barcos; cómo la ciudad, igual que la desnudísima estatua de la fuente de la sirena Havis Amanda, mira al mar; el Senado; la catedral ortodoxa y la plaza del mercado adornada con la columna de un águila bicéfala que expresa la relación que el pueblo finlandés ha mantenido siempre con el gigante ruso. Me encantan el caserío modernista y las modernas viviendas, los bulevares y la estación de ferrocarril. Son impresionantes los edificios proyectados por Alvar Aalto, como el Finlandia Hall y el Enso-Gutzeit, conocido popularmente como el “terrón de azúcar”.

ampliar foto Monumento a Sibelius en Helsinki. Jon Hicks

Es ineludible la visita al monumento en honor de Sibelius: unos tubos que de lejos parecen un árbol de plata y vistos desde abajo constituyen un curioso racimo tubular. Nuestra guía nos lleva a la “iglesia de la roca”, cuyo interior sobresale por su acústica y su techumbre circular. La excursión dura cuatro horas. Queremos reservarnos para los días que nos esperan en San Petersburgo. Regresamos al barco y, si bien las cenas están servidas por camareros eficaces que nos ofrecen pantagruélicos menús, el bufé de la comida recuerda al metro en hora punta. Aun así, los amantes del dulce disfrutan mucho de los postrecitos.

San Petersburgo

ampliar foto La iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, en San Petersburgo. Rickson Liebano

San Petersburgo es una ciudad tan hermosa que tengo la impresión de que la he soñado. La grandiosidad del Neva y el color verde de la fachada del Palacio de Invierno. El arranque de la perspectiva Nevski, por donde deambulaban los personajes de Gogol y Dostoievski: las excursiones de los cruceros no sienten mucho interés por lo literario y no encuentro ninguna visita a la casa de Pushkin o Dostoievski. Me maravilla el entorno del antiguo puerto de San Petersburgo, con sus dos columnas rostradas de fuste rojo y el edificio de la Bolsa. La fortaleza de Pedro y Pablo, donde están enterrados los Romanov. Me cae simpática Elizaveta, que se casó con el cantante del coro enamorada de sus trinos.

Información

Las excursiones petersburguesas borran minuciosamente el recuerdo de Leningrado —solo hay un detalle de la resistencia contra los nazis en el Ermitage— y se vuelcan en el pasado zarista con sus historias y su anecdotario erótico: la fundación de Pedro I, su obsesión por que San Petersburgo se asemejara a Ámsterdam, los canales y templos de inspiración holandesa, los amores de Catalina la Grande, que por lo que nos relatan debería haber sido apodada Catalina la Monumental… La visita al Ermitage resulta agotadora no solo por la belleza del continente y del contenido —madonas de Leonardo, inolvidables lienzos de Rem­brandt, hallazgos egipcios, babilónicos o asirios…—, sino por el hacinamiento. Se agradece la salida al exterior y la visita a dos espectaculares edificaciones religiosas: la catedral de San Isaac, en la misma plaza donde se sitúa el hotel Astoria y el palacio Mariinski, y la iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada… El colorido de sus cúpulas es alucinógeno y me vienen a la cabeza golosinas, casitas de chocolate, el brillo de mil lámparas maravillosas.

ampliar foto El café Ziferburg, en San Petersburgo.

Nos llevan a comer a un restaurante donde nos ofrecen un menú típico: ensaladilla rusa, blinis con yogur y huevas de salmón, sopa y trocitos de carne a la Strógonoff. Todo regado con un champán que sabe a sidra y una copita de vodka que me reconforta mucho. Por la tarde, la ineludible visita a una tienda de souvenirs. Nos dejamos llevar por las circunstancias y compramos un par de camisetas y una de esas bolas que cuando le das la vuelta crea el efecto de la nieve. Llegamos muertos al camarote y con algunos malestares físicos, de modo que nos dirigimos a la farmacia del buque. En los barcos hay médicos —¿recuerdan al doctor Bricker de Vacaciones en el mar?— y sus visitas no son baratas. A bordo de un crucero casi nada lo es. Estamos tan cansados que decidimos ahorrarnos las charlas sobre cómo dejar de retener líquidos, las lecciones de bailes de salón o el bingo.

Cualquier vista del centro de San Petersburgo es magnífica. Cualquier perfil. Pero desde donde mejor se aprecia la magnificencia de sus construcciones es haciendo un pequeño crucero por el Neva y por los dos ríos/canales principales de la ciudad: el Fontanka y el Moika. Desde allí deslumbra de nuevo el equilibrio colorista del Palacio de Invierno; los bastiones de la fortaleza de Pedro y Pablo, que antes de ser mausoleo de zares fue lugar de detención de los prisioneros políticos anteriores a la Revolución de Octubre, y el Palacio de Mármol con el que Catalina agradeció a su amante Orlov su ayuda en el asesinato del plasta de su marido.

El crucero por los canales culmina con la visita al palacio Yusupov, donde asesinaron a Rasputín. La leyenda cuenta que Rasputín no se moría ni con el veneno, ni con los golpes, ni con los disparos. Solo dejó de respirar cuando lo arrojaron al Neva, en el que los petersburgueses no se bañan en verano para evitar el contraste térmico; sin embargo, en invierno hacen agujeros en la capa de hielo porque sumergirse en las gélidas aguas entibiece la sensación térmica de un exterior a 20 bajo cero. El palacio es hermosísimo y en él destaca su teatro, una bombonera rococó. Rojo y dorado. De recoletas proporciones. Nos vamos de San Petersburgo con la convicción de que regresaremos porque todo nos ha maravillado y somos conscientes de que, pese al celo de las guías, no hemos visto ni una décima parte.

Tallin

ampliar foto La ciudad medieval de Tallin, Estonia. Totororo/Getty

Otra de las ventajas de los cruceros es que te acuestas —en colchones comodísimos— y a la mañana siguiente ya estás en otro puerto y siguiendo a otro guía con otra paleta numerada en la mano. El guía de Tallin se llama Víctor. Le gustan los chistes. Es discreto respecto al pasado de Estonia como república soviética y nos hace un ameno recorrido por la ciudad alta y la baja. Vemos las emparejadas torres de Hermann el Largo y de Margarita la Gorda —todo nos hace gracia porque estamos de buen humor—, las murallas de fortificación, la catedral de Alejandro Nevski y la de Santa María… En la plaza del Ayuntamiento, un bonito edificio gótico, se encuentra la farmacia más antigua del Báltico. Callejeamos y atravesamos el pasaje de Santa Catalina, cuya autenticidad medieval le ha valido ser escenario de varias películas. Otra vez en el barco, bebemos una cerveza que nos sirve uno de los 900 miembros de la tripulación de este buque de 11 puentes.

Estocolmo

Javier Belloso

Cuando dejamos Tallin se celebra en el barco una de las dos cenas de gala. Una cena de máscaras (que cuestan unos 14 euros). Decidimos ir de gala, pero no enmascarados. A la mañana siguiente amanecemos en Estocolmo. Desde cualquiera de las islas que la integran las panorámicas son una postal. Nuestra guía es una chica boliviana que se las sabe todas. Nos pasea por la isla de los bohemios y allí nos muestra el moderno edificio donde Lisbeth Salander trabaja como hacker en Millennium. También nos enseña la escultura de una mano que conmemora la participación sueca en las Brigadas Internacionales. En la isla de los Animales se ubica el Museo Vasa: el buque naufragado es magnífico y fantasmagórico, pero lo que más nos impresiona es el moderno edificio diseñado para albergar esa joya náutica que protagoniza un episodio tragicómico de la historia sueca. El Palacio Real merece una visita, pero el Ayuntamiento sobrecoge por un exotismo que, para nuestra inteligencia, es casi una imposibilidad: el interior del edificio, diseñado por Westman y Östberg, emula una plaza italiana del Renacimiento. La sala, llamada Azul, es rojiza, de ladrillo visto. En la segunda planta, los mosaicos de la Sala de Oro evocan Bizancio. Es un lugar ajeno, enajenado, extemporáneo, una locura que levantó las iras de algunos holmienses pese al mosaico de la reina del lago Mälaren, que como una reina preside el espacio y simboliza la ciudad de Estocolmo.

La guía recrea la cena de gala de los Nobel: la bajada por la escalinata de los premiados, que se alojan siempre en el Gran Hotel; la precisión con la que cientos de camareros sirven las mesas. Podemos verlo, igual que nos representamos en el barrio del centro, Gamla Stan, la masacre que el rey Christian de Dinamarca perpetró en 1520 contra los nobles suecos. Solo se libró un Vasa que fundó dinastía. El horror tuvo lugar en la colorista plaza Stortorget, donde se encuentra el edificio de la Academia Sueca. Somos unos insensibles y, después de imaginarnos a los nobles pasados a cuchillo, nos vamos a comer albondiguillas suecas y filetes de reno. No nos sale tan caro como preveíamos. En el autobús, la guía nos señala la entrada del parque de atracciones y del Museo Abba. Nos explica el significado de la socialdemocracia y el amor de los suecos por las actividades al aire libre y los karaokes.

El Báltico es un mar que huele poco a sal. Las gaviotas nos han acompañado al zarpar y nos han avisado de la proximidad de tierra firme. Esta noche, cuando nos levantemos de la cama, se nos va a hacer muy raro no haber atracado en el puerto de otra maravillosa ciudad.

Marta Sanz ganó el Premio Herralde 2015 con su novela Farándula.

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MSC MAGNIFICA CAPITALES BALTICAS

Ayer regresamos de este crucero iniciado el 01/07/2012. Eramos un grupo de amigos (5 parejas) de los cuales todos menos nosotros ya habían estado en otros cruceros previamente.
Aunque la conclusión de nuestro grupo ha sido que no volvemos a repetir con esta compañía también ha tenido cosas buenas.Paso a detallar nuestra experiencia:
– Embarque. En Kiel. Contratamos el vuelo que ofrece MSC (no era opcional),9 horas de viaje con una escala de avión (menos mal que vivimos en Madrid) y hora y media de autobús, aunque íbamos con tantas ganas e ilusión y en tan buena compañía que no se nos hizo tan pesado como pueda parecer. Nadie hispanohablante en el check-in aunque sabían que embarcábamos 40 españoles pero fue rápido puesto que llegamos a última hora con todo el pasaje ya embarcado y no había colas.
– Camarotes. Los cogimos en el puente 10 con balcón (hay otros dos puentes con balcón por debajo) y no se ajustaban a los planos que publican en su web. Eran (los 5) claramente más pequeños, tanto que para mí fue lo peor del barco pues estuve muy agobiada. No tenían el sofá que pintan en plano, sólo cabía una pequeña butaca con una mesa mínima. Mis amigos comentaron que aunque en los otros cruceros habían cogido una categoría similar los camarotes eran más amplios. Y no será porque no quedaban pues reservamos con 9 meses de antelación.
– Comidas. En general de muy buena calidad en el restaurante y mejorables en el buffet que estaba muy orientado a los alemanes (eran mayoría en el barco) y casi siempre tenía lo mismo. Las raciones en el restaurante suelen ser muy pequeñas pero te permiten pedir todos los platos que quieras (aunque en ningún sitio te informan de este detalle, si tienes suerte lo descubres tu solito). Horarios muy reducidos (además el buffet comienzan a cerrarlo unos 30 minutos antes de la hora indicada) y para nada orientados a los embarques y excursiones, realmente parece que no quieren que comas en el barco.
– Bebidas. Llevábamos el paquete Allegrissimo y aunque yo en concreto no bebo nada de alcohol y el precio te hace dudar (23€ por persona y día) creo que merece la pena, pues el recorrido tiene dos días de navegación y además de las bebidas propiamente dichas incluye todo tipo de cafés, zumos naturales, helados (no las copas)….. aunque la información y la organización no es su fuerte; el paquete incluye cualquier bebida no alcohólica pero nos quisieron cobrar una cerveza sin alcohol en el restaurante pues decían que no la tenían de barril y que si era de botella no estaba incluida aunque a la hora de la comida nos la habían dado sin problema en el buffet. La broma eran 5,18€ que después de los 23€ ya pagados nos escocían un poco. A partir de ese momento como protestamos bastante (todo en inglés), en el restaurante nos dijeron siempre que se habían agotado pero en el buffet nos la seguían sirviendo sin problemas.
– Instalaciones. El barco está en muy buen estado con una apariencia impecable y unas zonas comunes amplias y variadas. Fallan algunas cosillas como el cine 4D que de ocho butacas sólo funcionaban 4 y el mantenimiento en las habitaciones pues se me fundió el segundo día la bombilla de mi mesita y aunque lo avisé únicamente conseguí que me la quitaran, no que la repusieran y terminé mi crucero sin ella.
– Limpieza. Tanto en las habitaciones como en las zonas comunes me pareció perfecta.
– Excursiones. Quizás porque dos de ellas las llevábamos contratadas desde España con guías locales sólo para nosotros (totalmente recomendable) y otra la hicimos por nuestra cuenta, las dos contratadas con MSC nos parecieron un auténtico timo. Cogimos una en Copenhague y el día que desembarcamos, la de Hamburgo. La primera de tres horas nos costó 64€ por persona, incluidas entradas al Tívoli. Parada 10 minutos en la Sirenita, 10 minutos en la fuente de Gefion, media hora en Amalienborg y una hora en el Tivoli todo esto por libre y sin la compañía del guia. No paro en Nyhavn (de lo más emblemático de la ciudad)ni para hacer una foto. Tuvimos que compartir excursión con italianos por lo que la mitad del tiempo se iba en explicaciones en este idioma. Si hacemos cuentas pagamos por pareja 128€ por un paseo en autobús, dos entradas a un parque y media hora de explicaciones en castellano. Pero creo que la de Hamburgo fue peor. Nos costó la friolera de 160€ por pareja supuestamente por 6 horas de excursión, (sin entradas ni almuerzo) pero en ese tiempo estaba incluido el traslado a Hamburgo de hora y media (ya pagado dentro de los traslados del crucero) y la vuelta del mismo tiempo que no íbamos a utilizar pues nos quedábamos en el aeropuerto. Para ponerlo peor tuvimos que compartir el autocar con franceses y retrasar la salida unos 20minutos pues una familia francesa no aparecía por lo que al final el tiempo de estancia en la ciudad se redujo a 2 horas y media. Lo único bueno de la excursión fue la guía simpática y risueña a más no poder. En ningún caso hubo problemas para desembarcar, de hecho lo hicimos los primeros en los puertos donde habíamos contratado nosotros las excursiones con guías locales.
– Idioma. Si no hablas o inglés o italiano o alemán, date por muerto pues salvo una persona de la recepción y tres de animación no te entienden ni palabra. Es cierto que en el teatro y los ejercicios de emergencia te lo dicen en español, pero eso sí, en último lugar. Para los que les guste un café con leche normal y corriente al estilo de aquí que pidan «American white» (me costó todo el crucero descubrirlo). La programación diaria te la dejan por la noche y siempre en español aunque un día fue ininteligible os copio un trozo literal «saldremos en primera mañana, costearemos el lado oriental de la isla de Gotland que será visible sobre el recto barco. Enseguida después de asumiremos roto SSW dirigido hacia el puerto». En definitiva mucho que mejorar.
– Personal. En general amables y serviciales con la excepción del buffet que tenía la mayor concentración de antipáticos, ineptos y bordes del barco. De los muchos que hubo daré un detalle, a uno de nosotros le perdieron la tarjeta de MSC de abordo (vamos, que se la dieron a otro pasajero) y en vez de disculparse y gestionarle una nueva le dijeron en mitad del desayuno que bajase a recepción cuanto antes, dijese que él la había perdido y que solicitara una copia (todo en inglés). Menos mal que el nuevo destinatario fue honrado y no hizo ningún cargo pues imagino el lío para deshacer el entuerto.
– Factura final. A parte de los 7€ diarios de propinas, por persona y día, según su publicidad para mantener la «excelencia en el servicio y hacerte la vida más cómoda a bordo» que por lo que cuentan ellos mismos, los trabajadores nunca ven en sus nóminas te cargan 2€ de donación a Unicef. Como comprenderéis la cantidad no hace mella en ningún bolsillo pero me molestó la falta de ética con la que lo hacen. No preguntan en ningún momento si quieres colaborar o no, simplemente te lo cargan y luego en el libro del barco que tienes en la habitación aparece una foto del presidente de la compañia entregando un enorme cheque simbólico donde pone que MSC cruceros dona un millón de euros a Unicef, no sus pasajeros que son quienes realmente lo han hecho.
– Desembarco. Después de una reunión «desinformativa» dos días antes (nada de lo que allí dijeron fue así) recogieron las maletas a la una y veinte aunque el plazo terminaba a las 2, nos hicieron cubrir 4 etiquetas azules que en ningún momento hicieron falta (supuestamente nos las iban a pedir al bajar del barco) las maletas las tuvimos que recoger en el puerto aunque iban a estar en el aeropuerto……..
Además indicaban que el camarote lo tenías que dejar libre a las 7 de la mañana pero el desembarco no comenzaba hasta las 8 y media. Vamos un ramillete de aciertos y facilidades aunque si es cierto que todo se desarrolló con bastante rapidez.
Espero que si has aguantado este rollo y leído hasta aquí la información te pueda servir para algo. He intentado ser lo más objetiva posible y poner siempre pros y contras. Espero haberlo conseguido.

admin

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