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Cuanto dura la nata montada en la nevera

Este es el truco que te dirá si un bote de conserva está en buen estado

Las conservas son una opción muy versátil en la cocina, tanto por la variedad de alimentos que contienen como por la rapidez y facilidad en la que se cocinan y se disfruta de un plato suculento. Ya sean de verduras, de legumbres o de carne, es difícil encontrar una despensa en lo que no haya algún bote de cristal almacenado para una emergencia gastronómica.

Sean caseras o industriales, al preparar una de estas elaboraciones hay que someter el envase en el que se preparan a un proceso térmico (el conocido como baño María en las cocinas familiares) que elimina todos los microorganismos que crecen en los alimentos y garantiza que se conserven en buen estado durante más tiempo.

Llegado el momento de su consumo, si al intentar abrir el bote, la tapa no ofrece resistencia o no se oye el típico «plop», mejor tirar su contenido a la basura, pues es señal de que se ha perdido la estanqueidad y el vacío del recipiente. Al perder este tratamiento, los microorganismos y bacterias pueden volver a aparecer en el alimento en cuestión.

¿Cuál es el riesgo?

En caso de comer un alimento en mal estado, lo más probable es que se padezca una intoxicación alimentaria, producida por bacterias de sobra conocidas por la población, como la salmonella, la histamina, el anisakis o el e.coli.

No obstante, una conserva mal realizada o en mal estado tiene riesgo de convertirse en fuente de botulismo, una enfermedad muy infrecuente pero grave que además de provoca fatiga intensa, dificultad para tragar y hablar, vómitos, diarrea e inflamación abdominal y que puede afectar en los casos más graves a los músculos respiratorios y a los de la parte inferior del cuerpo. La responsable de esta patología es la bacteria Clostridium botulinu, que produce la toxina botulínica y solo se desarrolla en ausencia de oxígeno (por eso, las conservas de alimentos son el entorno perfecto para su desarrollo).

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La inclusión de estos y otros ingredientes cumple distintos objetivos. Así, en el tomate industrial, el almidón modificado se utiliza para «espesar y mejorar la textura y la consistencia»; el azúcar, en contra de lo que podemos creer, «aporta volumen y textura y se une al agua impidiendo que la utilicen los microorganismo y alargando la vida útil del producto»; y algunas marcas también incluyen concentrado de tomate («tomate triturado al que se le ha eliminado el agua y tiene un sabor y un color más intenso»), explica Robles.

Precisamente el azúcar añadido es uno de los mayores problemas que presenta la salsa más vendida de nuestro país. Pese a que su misión principal no sea dotarlo de sabor, no deja de ser azúcar libre, una sustancia que debemos limitar a un máximo de 25 gramos al día y que se encuentra oculta en muchos alimentos. Sánchez señala además que es difícil saber qué porcentaje de azúcar es añadido y cuánto es natural. «Actualmente, la ley no obliga a etiquetar exactamente la cantidad de azúcar añadido, así que los gramos que vemos en la famosa tabla nutricional corresponden al conjunto de azúcares añadidos y azúcares naturalmente presentes, no siendo estos últimos un problema para la salud».

Por lo tanto, la única forma de intuir la cantidad de azúcar añadido de un bote de tomate frito es acudir a la lista de ingredientes, donde aparecerán ordenados de mayor a menor cantidad. «Si el azúcar ocupa las últimas posiciones, la cantidad será pequeña y no debería preocuparnos», asegura el experto en tecnología de los alimentos que hace algún tiempo escribió un ilustrativo post ahondando en «la movida tomatil».

Ni «casero» ni «natural»

Ambos expertos coinciden en que la gran diferencia entre una buena salsa de tomate y una mala, además de en la cantidad de tomate que lleven, radica en el aceite utilizado para elaborarla. «La mayoría lleva aceite de girasol o de oliva refinados que, en ese proceso de refinado, no es interesante nutricionalmente ni equiparable a un aceite virgen», afirma la experta en seguridad alimentaria. «La calidad nutricional de un buen tomate frito la va a marcar el tipo de aceite vegetal utilizado en su composición, siendo el aceite virgen extra la mejor opción», confirma por su parte el autor de Sefifood.

Resulta más que habitual que las marcas utilicen reclamos como «casero», «natural», «artesano», «suave», o «mediterráneo» para que los consumidores nos fijemos en productos que realmente no ofrecen nada extraordinario. «Este tipo de nomenclaturas intentan desviarnos de lo verdaderamente importante, que es el listado de ingredientes. Legalmente, estos términos no ofrecen al consumidor ningún tipo de garantías ni beneficios asociados al producto. En la práctica, no significan absolutamente nada y deberíamos desconfiar cuando los vemos en el envase», afirma Sánchez.

De igual forma, que las marcas promocionen un tomate frito como «sin conservantes» o «sin colorantes» tampoco significa nada. Se trata de una estrategia de marketing que se vale de la «quimiofobia» (el miedo irracional de los consumidores a los aditivos) para intentar convencer al consumidor de que está adquiriendo un producto mejor. «La mayoría de estos productos no tienen aditivos en función conservante porque, por su composición (volvemos al azúcar, la sal y la acidez) y el propio proceso de fabricación (que incluye esterilización por calor), no los necesitan», comenta Robles, quien señala que todos los aditivos que utiliza la industria son sometidos a rigurosos controles de evaluación y son seguros.

Dicho esto, ¿podemos afirmar que el tomate frito que elaboramos en casa es mejor que el de fabricación industrial? Sí. ¿Por qué? Principalmente, porque controlamos los ingredientes con los que lo elaboramos. Así, según apuntan los expertos, la mejor opción es comprar un bote de tomate triturado natural en conserva y un buen aceite de oliva virgen extra y ponerse a los fogones. ¿Hay opciones en el mercado que pueden ser saludables? También. Aunque, como siempre, más allá de la fama o lo atractivo que pueda parecernos un producto, la verdadera respuesta sólo estará en la etiqueta. Eso sí, nada podrá compararse con el tomate frito de tu abuela.

En época de buenos tomates, además de disfrutarlos en la mesa, es también tiempo de elaborar con ellos una rica Salsa casera de Tomate frito. Con ella enriqueceremos luego multitud de platos, para acompañar la pasta y por supuesto para nuestras pizzas caseras.

Siguiendo la tradición de mi abuela y de mi madre, en casa preparamos conservas de tomate frito y de tomate natural, que luego tendremos disponibles durante todo el año.

Lo más importante va a ser disponer de tomates de buena calidad, a ser posible de huerta casera o de agricultura ecológica. Hay una buena diferencia entre el sabor de estos y los que se cultivan de manera extensiva en invernadero. En mi caso, tengo la suerte de contar con los hermosos tomates de mi abuela Inés. Da gusto verlos, y más aún el comerlos, os lo aseguro.

Preparar esta salsa casera lleva su tiempo, por lo que os recomiendo que utilicéis una buena cantidad de tomate, por lo menos 3 Kg. Luego se os conservará muchos meses en conserva, e incluso podéis congelarla.

Ingredientes:

3 kg. de tomate natural maduro
1 pimiento verde
2 cebollas grandes
2 dientes de ajo
Sal
Azúcar
Aceite de oliva virgen extra
Para la conserva: Botes de cristal

Dificultad: fácil
Tiempo: 120 minutos

Preparación de la salsa y la conserva:

Para el último paso necesitaremos disponer de un buen número de botes de cristal, que podéis comprar o como yo, vais reutilizando los que se van “gastando” en casa. Es casi mejor que los botes sean de distinto tamaño, así luego adaptáis la cantidad de salsa a las necesidades de cada momento.

Para esterilizar los botes: empezamos por dar un repaso a los botes de cristal, comprobando que no tienen defectos y que las tapas cierran y encajan perfectamente. En una cazuela grande, con agua caliente, sumergimos los botes y sus tapas. Una vez comience a hervir, los dejamos 5 min. Retiramos, y luego los secamos bien una vez enfríen.

Las tapas las reservamos en el agua, hasta el momento final del proceso. Otra opción es lavarlos en el lavavajillas, aunque os llevará más tiempo.

Pelamos los tomates: los lavamos bien, y les quitamos las hojas/rabito. A cada uno, le hacemos un corte en cruz en su parte inferior (luego será más fácil pelarlos), y los escaldamos en agua hirviendo durante 1 minuto, retiramos y los ponemos a reposar en agua fría.

En cuanto podamos echarles la mano, les quitamos las partes duras o estropeadas. Desde el corte en cruz, los pelamos con facilidad.

La salsa: picamos la cebolla en juliana, el pimiento en tiras (de similar tamaño) y el ajo fino. Añadimos un buen chorro de aceite a la cazuela y comenzamos por sofreír la cebolla 5 min. a fuego medio. Echamos ahora el ajo y el pimiento, y cocinados otros 5 min más. Salamos al gusto.

Toca el turno de los tomates. Los cortamos en cuartos, los echamos a la cazuela y mezclamos con cuidado. Dejamos que se cocine todo 30 minutos, a fuego medio-bajo.

Pasado el tiempo, pasamos por un pasapuré. No uséis batidora, ya que machacará demasiado la salsa y la textura final no será la que queremos.

Tras el pasapuré, la salsa obtenida vamos a cocinarla a fuego bajo unos 60 minutos. Salamos al gusto y le añadimos una cucharada sopera de azúcar, para contrarrestar la acidez del tomate natural. De vez en cuando (10-15 min.) echadle un vistazo a la cazuela, y removed la salsa. Retiramos del fuego y dejamos atemperar.

Proceso de embotado: rellenamos los botes hasta la zona de rosca, y cerramos bien, con la tapa en caliente. En una olla grande con agua caliente, los introducimos en vertical, dejando unos 4-5 cm. de agua por encima de las tapas.

Si son muchos botes, podemos colocar una segunda fila de botes, separadas con un paño. Otro consejo es que uséis también un paño entre los botes, para que no se golpeen entre ellos. Los mantenemos al baño maría durante unos 20 minutos, para que así queden cerrados herméticamente.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar dentro de la cazuela. Una vez fríos, los retiramos y los secamos con un paño. Ya tendremos lista las conservas caseras de Salsa de Tomate para cuando las necesitemos. Las guardaremos en un armario o despensa, que sea un lugar fresco y seco.

Estas conservas aguantarán perfectamente varios meses. En el momento de abrir el bote escucharéis un característico “pop”, que indicará su estado óptimo de conservación. Una vez abierto y usado, debéis conservarlo en el frigorífico, y lo recomendable es consumirlo en los 3-4 días siguientes.

Podemos encontrar la nata en spray, para cocinar, para montar, UHT, etc. Un surtido variado que debemos conocer para elegir el más adecuado para nuestras preparaciones gastronómicas. Siempre es útil tener más información sobre un producto, en este caso la nata.

Dependiendo del tratamiento térmico que soporta la nata, se dan dos tipos, la esterilizada y la UHT. Las dos se conservan hasta 6 meses y dependiendo de la cantidad de grasa que contengan, si es más de un 30% será apta para montar. En caso de que no llegue al 20%, solo será apta para cocinar.

En la cocina podemos utilizar la nata UHT para montar, aunque es mejor utilizar una específica para cocina porque contiene menos grasa, además debemos fijarnos que no tenga azúcar añadido. La nata de cocina no se puede montar porque no tiene suficiente grasa, pues realmente es la grasa la que hace que el líquido sea denso y se produzca una espuma más estable. La nata no es un alimento difícil de digerir y más si ha sufrido cocción, ya que durante este proceso la grasa se separa de la parte acuosa, de esta manera se modifica la estructura del alimento y se ralentiza el proceso de la digestión. La nata no es un “condimento” calórico y más si la utilizamos con moderación y sin añadir otros alimentos que sean ricos en grasa.

En la cocina se utiliza frecuentemente por la capacidad que tiene para suavizar el sabor de las salsas llegando a ocultar las posibles asperezas que contenga la base de la salsa, como la acidez. Para elaborar ricos postres la nata en spray es ideal, sobre todo para las creaciones artísticas porque para sabor, preferimos la tradicional, la que vamos a buscar siempre a la pastelería.

Para obtener la nata en spray envasan una nata UHT a presión, de manera que al entrar en contacto con el aire, ésta se hincha. En este tipo de nata, añaden azúcar, estabilizantes, aromas y aditivos, a diferencia de la que compramos en la pastelería. Como ya hemos dicho, esta nata es ideal para decorar nuestras preparaciones reposteras, ya que dependiendo del tipo de cánula podemos obtener unas formas decorativas ideales.

Otro tipo de nata es la que se utiliza para el café, se vende en envases, en cápsulas o dosis muy pequeñas. Este tipo de nata, no tiene casi grasa y es más bien líquida.

Si deseas congelar la nata, recuerda que sólo puedes congelar la que sea montada, tenga o no azúcar. No hay duda de que la nata es una de las reinas en una gran variedad de elaboraciones gastronómicas, sean frías o calientes.

Más información | Puleva Salud Más información | Es.geocities

¿QUE HACER CON LA NATA CORTADA?

¿Qué hacer si se corta la nata al montarla? primero tranquilizarse y no tirarla…. y después…

Espero que os sirva de utilidad ya que en alguna ocasión es probable que os pase esto. Yo recomiendo nata vegetal de montar, porque tiene una calidad muy buena , además de que está muy rica y es muy difícil que se os corte, prácticamente todas las pastelerías es la única que usan.

En los supermercados hay varias calidades de nata y que monte bien tiene que tener al menos un 35% de grasa. Tener el vaso frío, la nata bien fría, y estar atento del sonido ya que cuando empieza a montar cambia el sonido y de vez en cuando mirar para comprobar la textura… En un solo segundo podemos pasar de una nata perfectamente montada a una nata de textura granulosa en la que la grasa se convierte en mantequilla y comienza a separarse del suero, si eso sucede podemos solucionarlo de varias maneras…..

Si nos damos cuenta a tiempo:

  1. Justo cuando empieza a ponerse granulosa podremos recuperarla inmediatamente añadiendo una cucharada de nata adidional y mezclarla delicadamente con ayuda de una espátula por ello es una buena idea es reservar siempre una cucharada de nata sin montar por si las moscas…

Si nos hemos despistado más de la cuenta:

2. Si el suero líquido se ha separado de la grasa y ya esta granulada ,también podemos solucionarlo tenemos 2 posibles formas de aprovechar la nata:

  • La primera si la queremos aprovecharla en forma de mantequilla y aprovecharla de otra manera es seguir batiendo hasta que se termine de separar por completo y así podremos aprovechar por un lado la mantequilla y por el otro el suero o buttermilk, que podremos guardar en el congelador para usarlo cuando nos lo pidan en alguna receta.
  • La segunda si lo que queremos es recuperarla en forma de nata montada , hay otro truco que en este caso lo que haremos es: Pasar la nata cortada a un recipiente apto para microondas y calentarla durante 30-40 segundos, ó en el Thermomix® poniéndola a temperatura 90 grados el tiempo dependerá de la cantidad de nata que se haya cortado, con esto buscamos simplemente que la grasa se funda y flote sobre la superficie en forma líquida. .A continuación batimos muy bien hasta conseguir emulsionar el suero con la grasa líquida. Llevamos a la parte baja de la nevera donde se enfrié mejor y dejamos durante unas horas hasta que esté bien fría . Montamos la nata de nuevo, pero esta vez intentamos estar más atentos para que no se nos corte de nuevo con el vaso bien frío a velocidad 3´5. Espero que os sirva de utilidad!!!

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