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Despues de 20 años nos volvemos a encontrar

4 historias de reencuentros que te harán volver a creer en el amor

El ‘amor de tu vida’ puede acabar siendo cualquiera. Te has pasado años creyendo que aparecerá de repente donde menos te lo esperes, que lo encontrarás por ahí en otro trabajo, en un viaje o que será el amigo de otro amigo. Pero lo que nunca habías pensado es que tal vez ya os conozcáis, que esa persona ya esté coladísima por ti en secreto o que esa amiga del colegio que siempre te cayó genial volverá a cruzarse en tu vida y no podrás dejarla ir. Estas son historias de personas que se reencontraron años después de haberse conocido y se enamoraron locamente. Historias de esas que te hacen creer en el destino o en el ‘si lo nuestro tiene que ser, volveremos a encontrarnos’.

Miriam y Dani

La suya fue una de esas amistades infantiles en la que él le tira del pelo a ella porque le gusta. A ella también le gustaba él, era su amor platónico, y así pasaron juntos sus años de colegio, entre risas y llantos, de los tres a los 12 años. Ese amor-odio se acabó cuando al padre de Daniel le destinaron por trabajo a un pueblo lejos de la ciudad donde habían conocido a Miriam. No fue hasta los 27 años que, gracias Facebook, se volvieron a unir después de 15 años sin saber nada el uno del otro. El amor platónico aparecía en su timeline, ¿quién iba a cerrarle la puerta?

Después de una relación tóxica que duró nueve años, Miriam no quería saber nada de volver a enamorarse cuando Daniel le mandó un mensaje y le propuso tomar un café para ponerse al día. Empezaron a verse, como amigos, para ir al teatro y otras cien cosas que iban enamorando a Daniel, mientras Miriam seguía en su coraza, con miedo al dolor. Tuvieron que pasar muchos meses hasta que, con paciencia, ella decidió abrirse y dejarse querer. Él había estado ahí, sin cruzar ni un milímetro la ralla que ella había marcado en su relación. Dos años después él le pidió que pasaran toda su vida juntos, tal como la habían comenzado. Y eso hicieron.

Belén y Paco

Paco y Belén eran vecinos desde pequeños. Vivían puerta con puerta y él fue el primer amigo chico que tuvo ella, alumna de un colegio de monjas. Él siempre le pedía besos y ella siempre le decía que no. Pero su afán era tal que incluso, una vez en un cumpleaños suyo organizó una boda falsa en la que Paco era el novio, Belén la novia y les ‘casaba’ un amigo suyo, pero lo único que consiguió fue un beso en la mejilla. Pasaron mucho tiempo juntos hasta que, cuando tenían 10 años, los padres de Belén se separaron y se mudó con su madre a otro barrio. No se volvieron a ver hasta que se reencontraron en las calles de una Valencia en fallas cinco años después y fue allí cuando, por fin, él tuvo su primer beso.

Como la mayoría de los amores adolescentes, tan emocionantes e inocentes, la vida les llevó por caminos diferentes. Tras cinco años, lo suyo se había estancado. Belén se fue a Londres a mejorar su inglés y él se quedó, así que cortaron. Pero lo suyo no iba a quedar así. Pasó el tiempo y ambos tuvieron otras parejas, pero él se seguía acordándose de ella y quería volver a verla. Y como su historia va de cinco en cinco, fue a los 25 años cuando Paco volvió a contactar con Belén. La veía cuando ella venía a visitar a su padre los fines de semana, que seguía viviendo en la finca donde crecieron, y decidió dejarle una nota con su teléfono en el salpicadero de su coche. La curiosidad y la nostalgia invadieron a Belén, así que le llamó y volvieron a enamorarse. Ya llevan más de diez años juntos desde entonces, se han casado ‘por segunda vez’ y tienen dos hijos fruto de las casualidades y el empeño de Paco. Belén sigue guardando ese anillo de plástico que le dió Paco cuando, de pequeños y jugando, se prometieron amor eterno sin saber que, en realidad, aquello sí sería para siempre.

Isabelle y Jérôme

De madre catalana y padre suizo, Isabelle nació y creció en Ginebra y allí es donde conoció a los 19 años a Jérôme, que por aquel entonces era estudiante de medicina. Se enamoraron y estuvieron juntos varios años, pero a esas edades la vocación y las ganas de descubrir mundo van por delante y ella se marchó a vivir a Moscú después de terminar sus estudios de literatura rusa. Lo suyo continuó un poco a distancia, se querían, pero les faltaban años y experiencias vitales para poder valorar lo que tenían. Así que se acabaron separando definitivamente y estuvieron cinco años sin saber el uno del otro. Durante este tiempo, ella volvió a su país e incluso llegaron a trabajar a una parada de metro, pero a ellos el azar hizo que ni se cruzaran.

Parecía que sus vidas habían seguido cursos diferentes. Él con pareja durante varios años, ella trotando el mundo, estudiando y trabajando en diferentes países, hasta que un día a Isabelle le picaba la curiosidad y le escribió un mensaje. Pensaba que ya podrían ser amigos, que después de todos esos años el fuego se habría apagado y se podía construir una amistad. Pero desde el primer café que se tomaron juntos se dieron cuenta de que nada más lejos de la verdad, de que se querían como a los 19 años pero con la experiencia que les ha dado los otros 15 que vinieron después. Hace ya un año y medio del reencuentro y ya se están planteando sellarlo pasando a una siguiente etapa en la vida.

Celia y Héctor

Quién les iba a decir a ellos en aquel campamento del año 1999 que 18 años más tarde estarían casados y tendrían dos preciosos torbellinos como bebés. A Celia seguro que le habría dado un ataque, porque ese chico con pelo cenicero y un tinte de estos rubios que se ponen cuando se pierden apuestas, ni siquiera le cayó especialmente bien. Ella tenía 16 años y Héctor 17 y pasaron dos semanas de acampada que probablemente todo el mundo habría olvidado, de no ser porque años después era la anécdota más contada cuando se dieron el ‘sí quiero’ en una preciosa ceremonia una tarde de julio.

El camino entre esos dos momentos fue largo y les llevó lejos, concretamente a Dublín, donde Héctor se mudó a trabajar después de terminar la carrera de ingeniero informático. Él ya llevaba unos años allí cuando en 2007 llegó ella para aprender inglés y el azar, y una amiga en común, les volvieron a juntar para no separarles más. Desde entonces, las fotos de aquel campamento comenzaron a cobrar un sentido completamente diferente y, lo que en su día no era más que indiferencia adolescente, unos años más tarde hizo chispas y hoy ha dado como fruto una preciosa familia de ojos azules y grandes sonrisas.

Por qué cuando te encuentras con tu primer amor acabas volviendo

16/06/2013 06:00 – Actualizado: 15/09/2014 17:25

La memoria es traicionera y más cuando se trata de cuestiones amorosas. El instinto de supervivencia nos hace tender a recordar sólo lo mejor de nuestras relaciones y dejar a un lado lo que nos llevó a dejar a alguien o a que alguien nos dejara. Exceptuando rupturas traumáticas o relaciones en las que por una cuestión de negocios o hijos en común o simple afinidad, se ha seguido teniendo contacto con el ex, los estudios y los expertos afirman que en esto del amor las segundas partes son buenas. Que en esos casos la memoria no nos suele jugar malas pasadas y que si en un momento bajo o después de una ruptura complicada o cuando las cosas con nuestra pareja actual van regular, uno tiende a pensar en aquel amor de la universidad o en esa relación de la primera madurez no es por casualidad. A veces, la experiencia, el tiempo y los cambios vitales hacen que una pareja que no funcionó hace 15 años pueda convertirse en el amor de nuestra vida, de los de verdad.

Un estudio de la Universidad Estatal de California, dirigido por la doctora Nancy Kalish, ha demostrado que las parejas que vuelven a estar juntas cinco años después de haberse separado tienen un 76% de posibilidades de permanecer unidas, frente al 40% de supervivencia que tendría un matrimonio entre personas que no han estado antes juntas. Y, según se deriva del estudio, el asunto mítico del “primer amor” parece que funciona porque un 55% habían buscado a las parejas que habían tenido a los 17 años o antes, mientras que un 29% se había inclinado a buscar a su media naranja de cuando rondaban los 20 años.

Efectivamente, hay una serie de páginas web con un éxito enorme que se dedican a encontrar amistades del pasado y, obviamente, también, amores de la adolescencia o la juventud. Eso se puede hacer en Facebook o en Twitter, pero hay otras más específicas y certeras como Reunión, Classmates o Friendster.

Las consecuencias sentimentales de los reencuentros

Mara González, de 47 años, casada desde hace dos con el que fue su primer novio, reconoce que lo encontró gracias a internet. En su caso, el medio fue Facebook. “Me acababa de separar y la verdad es que a mis 44 años empezaba a darme cuenta de que no tenía muchas opciones para volver a encontrar pareja”, explica. “Por otro lado, estaba con la autoestima por los suelos, mi ex se había ido con otra y la última etapa de la relación había sido un infierno. De repente empecé a acordarme de Jaime Ortega, que había sido un compañero de clase con el que había estado saliendo desde primero de BUP hasta que me fui a Granada a estudiar y él se quedó en Málaga. Pregunté a algunos compañeros del instituto con los que seguía teniendo contacto y al final le localicé por Facebook. Lo primero que miré era si estaba casado y no ponía nada en su estatus, así que le escribí. En plan ‘hola qué tal, casualmente te he encontrado’ (me había tirado casi un mes buscándole, pero no se lo iba a decir). Nos vimos y a los dos meses estábamos viviendo juntos. De repente fue como si no hubiera pasado el tiempo, nos compenetrábamos de maravilla. Y lo cierto es la ruptura fue por la distancia, por tonterías, ni nos acordábamos de por qué habíamos roto realmente. Llevamos dos años casados y nunca he sido tan feliz”.Las parejas que vuelven a estar juntas cinco años después de haberse separado tienen un 76% de posibilidades de permanecer unidas

El psicoanalista Martín Alonso asegura que este tipo de reencuentros acaban funcionando por factores que claro que tienen que ver con lo consciente, pero también con lo inconsciente. “Normalmente creamos un patrón de atracción hacia alguien”, explica, “que sí tiene que ver con lo aprendido, con cualidades o defectos que vemos en nuestros padres… pero lo que suele quedarse para siempre es el del primer o los primeros amores. La gente evoluciona, tiene otras parejas, pero seguramente si pensamos en la primera persona con la que salimos o de quien nos enamoramos (porque aquí también hay que incluir historias inconclusas, donde uno se enamoró pero no fue correspondido) hay una serie de rasgos que se repiten. Físicos y/o psicológicos”, explica.

No es tan extraño, por lo tanto, que cuando uno empieza a hacer repaso de su vida, piense en esa primera persona que amó. “En mi consulta”, continúa Alonso, “vienen muchos clientes –en el caso de las mujeres, cuando rondan los 40, y en el de los hombres, 10 años más tarde– que a la hora de encontrar un amor nombran a aquél primero. No todo el mundo tiene el coraje de buscarlo o si lo busca a lo mejor está felizmente casado o es gay, esto me ha pasado en más de una ocasión… pero puedo decir que cuando todo es favorable, es muy raro que ese reencuentro no acabe en una relación. La idealización es importante para establecer unas bases que luego son más realistas. Pero hay una sensación de haber reencontrado a tu media naranja”.

Fuente constante de celos

Efectivamente, no siempre esos reencuentros son con personas con las que se ha sido pareja, a veces se trata de un amor platónico. Tal es el caso de Emilio Álamo, de 57 años, que hace seis conquistó a aquella adolescente, amiga de su hermana, de la que estuvo enamorado cuando él estaba en la universidad. “Yo tenía 20 años y Elisa debía rondar los 16. Era amiga de mi hermana pequeña y venía mucho por casa. Elisa ha sido siempre muy madura para su edad. Leía, tenía claro que iba a ser escritora y yo estudiaba periodismo y la verdad es que entre las chicas de mi edad no encontraba demasiadas con las inquietudes de ella. Yo estaba perdidamente enamorado de ella, y cuando nos reencontramos, me confesó que ella también pero que como era tan tímida no se le ocurrió demostrarlo jamás. Estuvimos años charlando, incluso cuando yo me fui a hacer un master a Londres, nos escribíamos, pero ella empezó a salir con un chico, luego se casó, yo me casé también y como me fui a vivir fuera de Madrid perdimos el contacto totalmente. En la boda de mi hermana nos volvimos a encontrar, ambos fuimos con nuestras respectivas parejas, pero fue vernos y sentir algo muy especial. Un año después nos habíamos separado y empezamos a vivir juntos. No sabría explicarlo, pero lo cierto es que durante todos esos años no se me había quitado de la cabeza. Y al parecer yo a ella tampoco”.

El doctor Alonso aporta un punto de vista interesante sobre este asunto. “Un dato que creo que es relevante para entender este asunto”, afirma, “es que muchos de los problemas de celos que hay en las parejas tienen que ver con esos primeros amores. Es algo que la persona reconoce que es irracional. La mayoría de las veces se dan sin que la pareja haya contactado con esa persona, pero hay algo que nos hace estar en guardia. Entre otras cosas, nosotros mismos sabemos lo que sentimos ante el que nos dio el primer beso. A veces incluso, con esos celos, hacemos que el otro se acuerde más de aquélla persona y sea lo que le lleve a buscarla. El amor de juventud está siempre presente, así que en la vida de pareja no es una excepción”.

Luis Miguel canta en palabras de Armando Manzanero «en la vida hay amores que nunca pueden olvidarse», y según psicólogos norteamericanos esto, no sólo es real sino que también puede ser perjudicial.
Los expertos advierten que reencender las viejas flamas puede tener consecuencias irreversibles, con matrimonios rotos y familias devastadas.
Jeannie T. conoce esa sensación. «Sentimos una fuerte chispa cuando nos vimos», dijo, luego de reencontrarse con su ex novio Ben en una reunión de ex alumnos de una secundaria del centro de Missouri, al que había dejado de ver desde que el había sido enviado a Vietnam.
«Se arrodilló a mi lado y me dijo que dejarme había sido la cosa más dura que jamás había hecho», contó Jeannie, ahora una agente inmobiliaria en Florida, de 60 años.
Pero Jeannie no está sola y con una edad más cercana a ser abuela ante que a tener un apasionado romance, no está sola: Mike T., su marido desde hace 13 años, dijo que tan pronto como su esposa retornó de la reunión, ella y Ben se mantuvieron en contacto por Internet, primero con mensajes de correo electrónico y luego con charlas de texto.
Desde ese momento, el marido fue testigo del cambio de actitud de su esposa quien no podía contener la sonrisa, las miradas evasivas, las largas temporadas frente a la pantalla de computadora y un renovado color rojo en sus mejillas.
Los investigadores dicen que estas experiencias son muy comunes. Las hormonas adolescentes tallan esos primeros amores en nuestros cerebros, dice la antropóloga Helen Fisher, de la Rutgers University, autora del libro Por qué amamos.
La voz o el tacto del amor perdido provocan deseos, necesidad y ansiedad en el cerebro de la misma manera que en aquellos adictos a la cocaína, subraya Fisher.
Una química inmediata
Luego de ser abandonada por su marido Rudolph Giuliani, quien ahora aspira a la presidencia de Estados Unidos, Donna Hanover reanudó un romance adolescente 30 años después. Ella dice que sintió «una química inmediata» entre ellos.
Hanover publicó su historia, junto a otras 49 mujeres, incluyendo la diseñadora de vestuario Nicole Miller y las actrices Carol Channing y Suzanne Pleshette, en El regreso de mi novio.
Sin embargo, los romances recuperados pueden tornarse rápidamente amargos, si ambos tienen otras relaciones, dijo la psicóloga Nancy Kalish, de la Universidad del Estado de California en Sacramento, quien ha estudiado tales relaciones durante 14 años.
Un estudio de Kalish en 1997, llamado Amantes perdidos y recuperados, reveló que las viudas y divorciadas usualmente se reencontraban con su Príncipe Encantado a través de encuentros casuales.
Pero ahora con la llegada de Internet la posibilidad de caer en la tentación de una aventura extramarital. Según la psicóloga hay una «inundación de infidelidades» en las cuales las mujeres han tomado las riendas de una «doble vida» y ya no son la «típicas víctimas» de un desamor sino todo lo contrario.
«Cuando un ese primer amor vuelve a aparece luego de una experiencia de vida vivida lejos de la inocencia de lo que los unió, es muy probable que algo ocurra. Y es así como Internet ayuda a que el «encuentro» sea más fácil: él escribe, ella responde, aparece el problema».

Marcados por el primer amor

El corazón tiene razones que la razón no comprende. Si hay sentimientos que no podemos dominar voluntariamente, son los que tienen que ver con el amor, porque nunca son claros, se mezclan con otros afectos y acumulan la historia vivida desde nuestro nacimiento. Los encuentros amorosos en la edad adulta son, en parte, reencuentros con los misteriosos lazos que nos unen a nuestros primeros objetos de amor: la madre, el padre, los hermanos y otras personas.

Si todo fue bien con ellos, el afecto y la ternura quedaron enlazados y aprendimos a querer a los otros. Con el tiempo, el primer amor infantil hacia la madre se irá desplazando hacia otras personas. Y, si bien conserva algunos rastros y huellas de esa relación, esta tiene que encontrarse lo suficientemente alejada y diferenciada para permitir la plenitud de un encuentro amoroso satisfactorio.

Mónica tenía una cita en la consulta de su psicoanalista. No le apetecía ir, pues en la última sesión había sentido que la terapeuta la culpaba de lo que le estaba sucediendo. «Venía oyendo en la radio del coche una canción que no se me va de la cabeza -dice-. Aunque solo me acuerdo de una estrofa: «Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor». Tras pronunciar aquella frase, las asociaciones que se le habían ido ocurriendo la condujeron a desentrañar una maraña de conflictos inconscientes que habían determinado sus relaciones amorosas.

Repetir lo que se detesta

La primera parte de la frase a la que hacía referencia Mónica aludía al rechazo que había sentido por su psicoanalista, al transferir hacia ella lo que había vivido con su madre. Nunca se abía sentido querida por ella. La ambivalencia de amor y odio que había sentido hacia su progenitora, y que no había podido resolver en su momento, inundaba sus relaciones amorosas. Mónica elegía hombres protectores y cariñosos, buscando lo que añoró en la infancia.

Pero luego, no sabía por qué, sentía que la dominaban y se sentía asfixiada por su protección. Sin saberlo, repetía con sus parejas el guion amoroso que habñia organizado en su infancia. Los colocaba en el lugar de una madre protectora, pero se sentía poco querida. Descubrir cómo sus deseos jugaban en la relación de pareja la liberó y la alargada sombra de la relación con sus padres, que impregnaba su forma de amar, se fue modificando para vivir su relación de forma más adulta.

Puede que repitamos con la pareja una relación como la que tenían nuestros padres. Si fue buena, nos habrán transmitido una ley interna que nos permitirá tener éxito con los siguientes amores. En caso contrario, debemos tener cuidado, porque también se repite lo que se detesta. Si hemos sufrido inhibiciones en la evolución emocional, el proceso de emancipación respecto a la figura paterna y materna no se producirá de forma adecuada.

La elección amorosa depende de la actitud inconsciente frente a los padres y de cómo elaboramos psiquicamente los primeros amores. Esa elaboración queda en el inconsciente como el molde donde se formará la relación amorosa. El margen de libertad para componer la pareja que deseamos está en el grado de maduración psicológica. Conocer las claves de cómo elegimos pareja puede ayudarnos en un conocimiento interior que nos permitirá organizar una relación más placentera.

La idealización del primer amor de la adolescencia o juventud se promueve porque produce la añoranza de una relación frustada, que no pudo ser, y moviliza intensas emociones. Esta fuerza se extre de lo que inevitablemente fue frustado en el comienzo de nuestros primeros amores infantiles, ya que no todo lo que quisimos pudo ser. En el juego de identificaciones y deseos que el niño y la niña organicen con su padre y su madre se sentarán las bases del mapa amoroso que cada uno construya con su pareja en su vida adulta.

Evitar errores

Construimos la relación amorosa sobre los cimientos de lo que vivimos en nuestra infancia. Los primeros amores de nuestra vida (el de la madre, el del padre…) nos son dados. Después los sustituimos por otros que elegimos desde nuestros deseos. Podemos acabar escogiendo a alguien que evoca a uno de nuestros progenitores para así poder resolver algo que no pudimos elaborar.

Qué podemos hacer

Aceptar que gran parte de nuestra vida amorosa se mueve en márgenes inconscientes, que no podamos controlar. Pero, aunque no somos culpables de lo que nos pasa, sí somos responsables, por lo que debemos intentar resolverlo. Si idealizamos el primer amor, conviene que reflexionemos sobre nuestra tolerancia a resistir las frustaciones que el amor adulto impone.

  • OPORTUNIDAD. Era su novia del colegio, por culpa de chismes se dejaron, hoy la vida y el Facebook la pusieron nuevamente en su camino para armar un proyecto juntos

Era mi novia eterna de colegio, mi gran y único amor, solo que el destino nos jugó una mala pasada, ninguno de los dos entiende cómo pudimos estar el uno sin el otro tanto tiempo, y todo por culpa de un chisme. Ella me había puesto la cruz porque yo le di un beso a su mejor amiga, eso llegó a sus oídos y terminó todo, terminó el año y ella viajó a Ciudad del Este, nunca más supe nada hasta ahora, luego de veinte años.

Ella me encontró por las redes sociales, me pidió mi número y empezamos a chatear, mi corazón casi salió por la boca al verla tan bella, en sus fotos, con hijos y todo, pero no había ninguna pareja con ella, fue lo primero que le pregunté: ¿te casaste?

Con toda la sinceridad del mundo, me contó su historia, muy triste por cierto, se casó con un tipo que la tenía peor que un trapo de piso, hasta le pegaba, pero ya está separada, con 4 hijos que quedaron a su cargo.

Yo no tengo mucho que contar -le dije-, tuve muchas mujeres, una hija, pero ninguna relación fue como la apasionada historia de amor que vivimos, cuántas locuras de amor pasaron por mi mente en un segundo.

Te cuento licenciada que lloré al escuchar su mensaje de voz, che mopirîmba, no podía creer, quedamos en volver a vernos y pasar toda una noche juntos, como en los viejos tiempos. Tengo miedo, ¿será que se puede volver a empezar después de tanto tiempo?

RICHARD, DE ASUNCIÓN, 39 AÑOS

RESPUESTA. Todo reencuentro es como una caja de Pandora, pueden fluir muchos recuerdos, emociones, que despierten nuevamente la química del amor o se queden allí solamente en los buenos recuerdos. Una herramienta que ha impulsado el retorno de muchas parejas del pasado son las redes sociales en Internet.

Algunas quedan en un saludo de cortesía, otros quieren la revancha, como en tu caso. Tenés que estar preparado para ambas cosas, aunque puedes ver mucho de su pasado en las redes sociales siempre habrán cosas que no, ese es el gran desafío, descubrir si pueden tener un plan juntos, después de toda la emoción por volverse a ver. La vida da muchas vueltas.

Un estudio realizado por la Universidad de Virginia a partir de las declaraciones y reacciones de un grupo de recién separados señalaba que es lógico que se intenten olvidar aquellas relaciones que fracasaron, como un mecanismo de defensa. Sin embargo, también se descubrió que “aunque esta estrategia es normal, la mayor parte de las veces no hace más que empeorar las cosas.

Cuanto más énfasis se pone en sacarse de la cabeza una relación fracasada y no deseada, con más facilidad vuelve ésta a nuestros pensamientos. Y si por el contrario, nos encontramos ante una historia que ha terminado mal, pero sigue siendo deseada, las reacciones emocionales de esta persona pueden agudizarse”.

Es lo que ocurre cuando nos reencontramos con alguien a quien deseábamos, pero las circunstancias externas nos separaron: nuestros sentimientos seguramente serán mucho más fuertes que ante alguien a quien recién conocemos, porque compartimos un pasado en común que percibimos como ideal, y pretendemos ajustar cuentas con el mismo.

POSITIVO

A veces buscamos en el presente lo hermoso de nuestro pasado, lo que sentimos que dio significado positivo a nuestra existencia.

IDEALISMO

Con frecuencia sucede que el presente choca demasiado con las imágenes idealizadas de otras personas del pasado.

¿Recuerdas tu primer amor? Llevabas tiempo observándola y habíais intercambiado algunas palabras. Pero no fue hasta el cumpleaños de un amigo común que no os acercasteis de verdad. A ella le gustaban los gusanitos. A ti los sándwiches de paté. Le preguntaste si quería ser tu novia. Ella se encogió de hombros, dijo que sí y se fue a jugar con los globos.

Nunca más volvisteis a hablar de ello. Sobre todo porque se metió una cera roja por la nariz y se la llevaron a urgencias, y luego llegó el verano y al año siguiente te cambiaron de guardería. Fue breve pero intenso. Inolvidable.

El primer amor deja marca

Dicen que el primer amor no se olvida. No solemos prestar atención a recuerdos tan lejanos como el primer amor de juventud, pero si nos paramos a pensar en esa persona, seguramente encontremos que sigue presente. No tanto en nuestra mente «consciente», sino en nuestra memoria sentimental. ¿Qué quiere decir esto? Que el amor mancha, siempre. Y el primer amor mancha como tinta de calamar.

El amor de juventud, ese que suele aparecer en la adolescencia, tiene mucho de romántico. ¡Es la primera experiencia! Cuando pega, pega fuerte como un Mike Tyson con alitas de querubín y deja una impronta en nuestras emociones como… bueno, como si ese Cupido/Tyson nos hubiera dado un derechazo con todo su amor. La huella es lo suficientemente profunda como para marcar el resto de nuestra vida sentimental.

Esa impronta es como un molde. Según diversos estudios, parece que nos atraen quienes tengan características similares a las de ese primer amor de juventud. Buscamos que las siguientes parejas nos hagan sentir como nos sentimos aquella primera vez.

Muy romántico, sí, pero ¿es bueno o es malo? Según como se mire.

El lado chungo

Lo malo de repetir patrones es eso: repetir patrones. Los rasgos negativos se perpetúan. Si alguna vez te has quejado de mala suerte con tus parejas, a lo mejor es que estás repitiendo un patrón de atracción que te hace acercarte a quien no te conviene.

Y a lo mejor la culpa de todo la tiene aquel chico tan mono del que te enamoraste en el verano del 95. Un chico qu te hizo sentir algo muy profundo e importante. Pero puede que hayas idealizado su recuerdo y te hayas olvidado de lo que fue mal. ¿Lo estarás repitiendo con los demás?

Porque no olvidemos que el primer amor no se libra de cosas como las rupturas, la amargura o el no ser correspondidos. Quizá buscas en todas las chicas a una que se parezca a la amiga de tu hermana que te enloquecía aunque no te hizo ni caso. Pero eso lo has olvidado.

Además, buscando versiones alternativas del primer amor podríamos estar rechazando a personas maravillosas que no cuadran con nuestro modelo. ¡Amores perdidos!

Lo bonito

El primer amor se acaba, sea por lo que sea. Pero ahí queda. Lo más curioso es que se ha descubierto que las parejas que se reencuentran después de diez, quince o treinta años establecen relaciones duraderas y exitosas con más facilidad que las otras. ¿El motivo? Obviamente, nadie va a encajar mejor en esa marca de tu corazón que la persona que la talló.

Al mismo tiempo, lo que hizo fracasar a la relación en su momento ya ha pasado: evolucionamos, maduramos, cambiamos y corregimos los errores. Si lo bueno permanece y las dificultades del principio han desaparecido, es normal que la relación recuperada funcione mejor.

En definitiva, al final quedan el amor, los gusanitos y los sándwiches de paté. ¡Y nada de meterse ceras por la nariz! Y tú, ¿recuerdas a tu primer amor? ¿Qué tiene en común con tus otras parejas?

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