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Dia de santa laura

Laura es un nombre para niña de origen latino que significa ‘la triunfadora’, toda una declaración de intenciones para vuestra hija que llevará un nombre con una larga tradición, pero que aún está de plena actualidad.

El nombre de vuestra hija viene rodeado de leyendas románticas y de mitos antiguos relacionados con ese árbol que simboliza el éxito que es el laurel. Celebra su onomástica el 1 de junio, que es el día de Santa Laura.

Curiosidades sobre el nombre Laura

Por el significado de su nombre, Laura posee una personalidad carismática y muy emotiva. Laura triunfa en las relaciones sociales por su especial sensibilidad para con los problemas ajenos, siempre dispuesta a prestar su apoyo incondicional a quien lo necesite. Además, Laura destaca por su creatividad y por su capacidad de esfuerzo, algo que la convierte en la persona ideal para sacar adelante nuevos proyectos.

El nombre Laura es conocido en todo el mundo sin apenas variantes. Tan sólo encontramos el francés Laure y el alemán Lora, que poseen una musicalidad especial, por lo que también son válidos para vuestra niña. Además, Laura es el equivalente latino de otro nombre de gran belleza, el griego Dafne, ligado por la mitología al dios Apolo y al laurel.

Podemos destacar del nombre de vuestra hija su relación con el laurel, que desde siempre se ha considerado el árbol de la inspiración y de la victoria y por eso se coronaba tanto a los poetas como a los deportistas vencedores con una guirnalda de laurel. Y desde antiguo, mujeres que han dejado una gran huella han llevado este nombre, como es el caso de la inolvidable Laura, amada de Petrarca.

En la actualidad, conocemos a varias mujeres con el nombre de vuestra hija, todas ellas ligadas a la creatividad y derrochadoras de talento, como las escritoras Laura Restrepo y Laura Espido Freire o la cantante italiana Laura Pausini, Un nombre con connotaciones de belleza y armonía que vuestra hija llevará encantada.

Para conocer el origen y significado de otros nombres que celebran su santo en el mes de junio, consulta nuestro calendario de los nombres de santos de junio. Encontrarás todas las curiosidades relacionadas con el nombre y la fecha de su onomástica.

Y además, tenemos la guía más completa de nombres para bebés de niños y de niñas. Aquí encontrarás todos los nombres para bebés ordenados alfabéticamente para conocer su origen y significado.

Laura Vélez. Redactora de Guiainfantil.com

SANTORAL – ONOMÁSTICA

ONOMÁSTICA

Santos del día 1 de Junio

Nuestra Señora de la Luz Patrona de los empleados del gas i la electricidad; Justino, Simeon, Esteban, Benito, Juvéncio, Felino, Gratiniano, Tespesio y Firmo mártires; Gerardo, Conrado y Gaudéncio obispos; Floro, Cándida, Claudio y Zenón confesores;Iñigo abad; Juan soldado. Laura, Jeremías, Segismundo, Oroncio

LAURA

Laurus es la palabra latina de la que procede el nombre de Laura. Es el laurel, es la corona del triunfo, es la victoria y… desde Petrarca es la pasión. Laura es el nombre femenino del laurel, que de este modo incorpora la gracia y la belleza femenina a su altísimo valor simbólico. El laurel es un árbol sagrado procedente de la India, que mantiene su prestigio desde la antigua Grecia, hasta nuestros días. Su verdor perenne, su elegancia, su perfume y las virtudes que le acompañan, han hecho del laurel el símbolo de la inspiración y de la victoria. Por eso se han coronado con él los poetas y los vencedores. Con ser el de Laura un nombre bellísimo, nunca se ha prodigado en exceso, por lo que mantiene esa aura de nombre selecto que contribuye a ennoblecerlo. Celebran su onomástica las Lauras el 1 de junio, pero pueden optar también por el 18 de agosto, el 19 de octubre o el 22 de enero.

Laura de Noves (1308-1348) fue la musa de Petrarca, el aliento de su poesía, la inspiración de su vida. Conoció Petrarca a Laura en Aviñón, donde vivían ambos, un viernes santo. Fue verla y enamorarse. El nombre tuvo también su parte en el enamoramiento.Petrarca soñaba con la gloria, amaba los laureles. El Senado de Roma y la universidad de París le coronaron con el laurel de los poetas. Pero su auténtica corona de laurel, su inspiración, su pasión única e inextinguible era Laura. Fue el de Petrarca un amor romántico, apasionado, inspirado. Era Laura una mujer casada, y Petrarca un hombre de recta conciencia, por lo que siempre le atormentaron los escrúpulos sobre su relación con su amada, que no fue tan solo espiritual y poética. Pero sus versos nunca fueron profanados por nada que no fuerse la llama misteriosa de su pasión, la gentileza, el éxtasis intelectual, el deseo sofocado apenas nacido. Fue el carácter de amor imposible lo que hizo que se transformase su amor por Laura en amor poético, amor cortés. Gustaba hablar de la esclavitud a que le tenía sometido Laura. Era recibido Petrarca en casa de ésta, pues al marido le halagaba sobremanera ser el anfitrión de tan ilustre visitante, que en una inspiración inagotable dedicaba a Laura sus bellos homenajes literarios. Pero cuando la pasión de Petrarca arreció tanto que temió Laura caer en la infidelidad, lo rechazó y lo alejó de su casa, sin que por ello se apagase el amor mutuo que se profesaban. Murió Laura víctima de la peste que asoló Aviñón, y fue enterrada en la iglesia de los frailes menores de esta ciudad. Cuando se enteró Patrarca de la muerte de su amada, su alma cambió desde lo más hondo. Su poesía mudó la alegría por la gravedad, la profundidad, la religiosidad. Petrarca siguió cosechando los laureles de la gloria, pero sin Laura no tenían el mismo perfume ni el mismo valor.

Es el de Laura un nombre de por sí bellísimo y evocador. En él están las virtudes del laurel: su fuerza inspiradora, su perennidad, su capacidad de ahuyentar los rayos, su fuerza curativa. Y en él están también la nobleza que le han añadido siglos de historia representando el triunfo. Y por si algo le faltaba, el nombre de Laura encierra todo el amor de uno de los mayores poetas. ¡Felicidades!

«Fundadora de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. Enalteció el papel de la mujer y evangelizó a los indígenas, negros y mestizos de Colombia, su país»

Laura Montoya Upegui nació en Jericó, Antioquia, Colombia, el 26 de mayo de 1874; era la pequeña de tres hermanos. La elección de su nombre de pila fue acertado, como ella misma reconoció relacionando la connotación de inmortalidad que lleva consigo el laurel, de donde aquél proviene, con la estela de la caridad perpetua concebida por el Padre para sus hijos. Éste fue el amor que ella conquistó vivificando la gracia que recibió en el bautismo, sacramento sobre el que reflexionó ocupándose de plasmar el hondo significado que tenía en su acontecer.

Cuando tenía 2 años por sus convicciones religiosas asesinaron a su padre, Juan de la Cruz, médico y comerciante, hombre de fe, defensor de los débiles. Expoliados sus bienes, la familia se vio abocada a la pobreza, pero sin resentimientos; Dolores, la madre, inculcó a todos el perdón. Sus abuelos acogieron a Laura forzados por la situación. Al momento de tomar la primera comunión se fijó en cuestiones nimias que agrandó llevada de su espíritu infantil. Le molestó tener que ayunar, que le rezaran al oído, y el sabor del Cuerpo de Cristo, que imaginó sería distinto. Tales sentimientos pueriles pronto fenecieron.

A los 11 años inició estudios con muchachas pudientes en un prestigioso centro. Vivía en un hogar de huérfanos regido por una tía suya religiosa y fundadora. La diferencia de clases le hizo pasar momentos difíciles. Mientras cuidaba a un familiar enfermo, leyó textos espirituales y emergió su vocación carmelita. Cuando su abuelo falleció, la situación económica empeoró, y vieron oportuno que estudiase magisterio en Medellín. Tenía 16 años. Fue una etapa en la que mostró su madurez, acrisolada por tan precoces sufrimientos, como pudo constatarse en el manicomio que dirigió aceptando el ofrecimiento de su tía, y donde residió mientras cursaba estudios con una beca. En 1893 obtuvo el título de maestra. A partir de entonces inició una fecunda labor pedagógica por centros de Amalfi, Fredonia, Santo Domingo y Medellín; en esta ciudad, en 1897 asumió el cargo de vicedirectora del colegio de la Inmaculada destinado a hijas de familias con recursos. Supo por un sacerdote que en las proximidades de Jardín (Antioquia) se hallaba la reserva india de Guapa. Y la posibilidad de trabajar y convivir con los indígenas hizo que respondiera afirmativamente a la oferta que éste le planteó de fundar una escuela allí. Así comenzó la labor apostólica que signaría su vida. Dio realce al papel de la mujer en una sociedad que la ninguneaba, mostrando que era un valor seguro para difundir el Evangelio.

Los inconformistas, cargados de prejuicios y cegueras, se ocuparon de cubrirla de sinsabores. El rechazo social que atrajo su labor, se empañó aún más tras la publicación en 1905 de la novela Hija espiritual. En esta obra, de cariz tendencioso, Laura era más que una simple referencia. Aunque inicialmente la sociedad medellinense y la Iglesia se puso en su contra, cuando la joven dio réplica por carta, con humildad y de forma inteligentísima, le tendieron la mano. Entonces el autor se apresuró a desmentir que estuviera aludiendo a ella en su libro. Pero a la santa le negaron todo. Parecía que con ayuda de Gregorio, un hombre de color que construyó un horno, y la venta del pan que amasara, iban a salir adelante, pero él murió. Laura le lloró como se hace con un hermano: «¡A ese hombre negro le debíamos el pan! Quedamos perfectamente establecidas. ¡Por supuesto que mi dolor era mayor por no haber sabido lo que tenía en la casa! ¡Así mueren los santos que han preferido la humillación a todo! Supe que Gregorio comulgaba todos los días pero nadie lo sabía porque lo hacía en la misa de 4 (a.m.) y cambiaba de Iglesia todos los días…».

En 1907 dio clases en Marinilla. Inició su labor con los indígenas de Antioquia sin perder su vocación carmelita. Incomprendida por las autoridades eclesiásticas, se dirigió a los poderes públicos solicitando apoyo. Al ver que no tenía eco su petición de defensa de esas comunidades, ni siquiera en distintas órdenes religiosas, escribió al presidente y después al papa Pío X. Fue en 1914 cuando contó con la autorización de Mons. Maximiliano Crespo, obispo de Santa Fe de Antioquia. Y con cinco mujeres, entre otras su madre, se dedicó a catequizar en Dabeiba. Fue el origen de su fundación. Como pidió Dios le proporcionó mujeres que no temieron el clima, las fatigas de la selva y los farragosos viajes en canoa en los que debían sortear muchos riesgos. Cuando llegó el momento de profesar como religiosa, a instancias de este prelado conservó el nombre de Laura. Compartió su fe con el pueblo de Urabá, sin importarle las dificultades que se presentaron, incluida la oposición de los jefes de la tribu. Y arrebató la conversión de numerosos aborígenes que se bautizaron en distintos departamentos del país. San Pedro de Uré fue la sexta fundación dirigida a negros y a mestizos. Nuevamente conllevó grandes dificultades y oposiciones de varios eclesiásticos.

En 1924 fue elegida superiora general. De ella se dijo que «el espíritu de oración y unión con Dios que poseía… inspiraba respeto a cuantos la contemplaban». En 1930 viajó por Roma y manifestó: «Tuve fuerte deseo de tener tres largas vidas: La una para dedicarla a la adoración, la otra para pasarla en las humillaciones y la tercera para las misiones; pero al ofrecerle al Señor estos imposibles deseos, me pareció demasiado poco una vida para las misiones y le ofrecí el deseo de tener un millón de vidas para sacrificarlas en las misiones entre infieles! Mas, ¡he quedado muy triste! y le he repetido mucho al Señor de mi alma esta saetilla: ¡Ay! Que yo me muero al ver que nada soy y que te quiero!». Escribió más de treinta libros. Fue condecorada con la Cruz de Boyacá en 1939. Estuvo en silla de ruedas los últimos nueve años de su vida y murió acuciada por intensos sufrimientos el 21 de octubre de 1949. Juan Pablo II la beatificó el 25 de abril de 2004. Francisco la canonizó el 12 de mayo de 2013.

Laura es un nombre femenino de origen latino, cuyo significado es ‘laurel’. Hoy, en España, 256.381 mujeres celebran su santo gracias a Madre Laura de Santa Catalina de Siena.

Laura Montoya Upegui nació en Jericó (Antioquia, Colombia) el 26 de mayo de 1874; sus padres, Juan de la Cruz Montoya y Dolores Upegui, eran profundamente cristianos. Recibió el Bautismo ese mismo día y el sacerdote le impuso el nombre de María Laura de Jesús.

Cuando Laura tenía dos años su padre fue asesinado, durante una guerra cruel y fraticida, por defender la religión y la patria, y sus bienes fueron confiscados; su familia quedó en extrema pobreza. Su madre le enseñó a perdonar y a fortalecer su carácter con sentimientos cristianos. Desde niña, vivió intensas experiencias trinitarias que la llevaron a crecer constantemente en una dimensión mística.

Quedó huérfana e ingresó a los 16 años en la “Normal de Institutoras de Medellín”. Concluidos los estudios, se siente llamada a realizar lo que llamaba “la Obra de los indios”. En 1907 estando en la población de Marinilla, escribe: «me vi en Dios y como que me arropaba con su paternidad haciéndome madre, del modo más intenso, de los infieles. Me dolía como verdaderos hijos».

El ardiente “Sitio” -Tengo sed”- de Cristo en la Cruz, la impulso a saciar esta sed del crucificado y a un trabajo heroico al servicio de los indígenas de la selva que lleva, en 1914, Mons. Maximiliano Crespo, obispo de Santa Fe de Antioquia, a fundar la congregación de las “Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena”.

Comprendiendo la dignidad humana y la vocación divina de los indígenas, se inserta en su cultura y en su vida cotidiana, derribando el muro de discriminación racial de quienes la juzgaban y no comprendían el anhelo de extender la fe y el conocimiento de Dios hasta los lugares más remotos e inaccesibles, brindando una catequesis viva del Evangelio.

Pasó los últimos nueve años en silla de ruedas sin dejar su apostolado de la palabra y de la pluma. Después de una larga agonía, murió en Medellín el 21 de octubre de 1949. Fue beatificada el 25 de abril de 2004 por el papa Juan Pablo II y canonizada el 12 de mayo de 2013 por el papa Francisco.

Este y otros santos son celebrados durante el 21 de octubre:

Santa Úrsula y compañeras mártires

San Bertoldo de Parma

Santa Cilina de Laon

San Hilarión anacoreta

San Juan Thwing de Bridlington

San Malco monje

San Mauronto de Marsella

San Pedro Yu Tae-ch’l

San Severino de Burdeos

San Vendelino de Tréveris

San Viator de Lyon

Beatos Luigi y María Beltrame

Beato Pedro Capucci

Santa Laura Montoya

  • Domingo Octubre 20 de 2019
  • Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  • Alejandro Londoño Posada, S.J.
  • Ordinario

Mañana lunes celebraremos la fiesta de la patrona de la Ecología en Colombia, Santa Laura Montoya, la gran misionera nacida en Jericó Antioquia. Su fiesta tiene mucho que ver con el evangelio y con la lectura de Pablo a Timoteo.

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El juez de la parábola de Jesús no tenía temor a Dios ni respeto a los hombres, pero al fin escuchó a la viuda que venía a pedirle la defendiera de un enemigo. Así mismo la Madre Laura, tuvo muchos problemas cuando se fue como misionera a trabajar con las tribus indígenas del Urabá.

Ella de algún modo siguió los consejos de Pablo a Timoteo: “predica la palabra de Dios, hazte presente a tiempo y a destiempo, convence a los que yerran, da órdenes e infunde aliento, enseñando siempre con mucha paciencia”.

Basta leer el precioso libro escrito por ella por mandato de un obispo, sobre su Autobiografía. En él leemos su amor por los pobres, por los indígenas abandonados al norte de Antioquia y del Chocó. También su gran amor por la Creación, cuando habla bellezas de la naturaleza.

Ella seguía el consejo de Jesús de clamar a Dios día y noche, como escribe Lucas en su evangelio. Pues así saldrá Él en defensa de los escogidos

La encíclica LAUDATO SI también nos invita a vivir ese contacto con la naturaleza, que tan fuertemente vivió la Madre Laura: “Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera, sino desde dentro, reconociendo los lazos con que el Padre nos ha unido a todos los seres” (L. S., nr. 220).

Santinha Laura

Padroeiro:

Dos indígenas.

História:

Laura Montoya Upegui, a primeira mulher colombiana a receber o título de Santa, nasceu em Jericó, Colômbia, no dia 26 de maio de 1874. Foi batizada no mesmo dia de seu nascimento com o nome de Maria Laura de Jesus.

Depois de perder seu pai, a infância e a adolescência de Laura mudariam radicalmente, pois todos os bens de sua família, foram confiscados. Sua mãe, repudiada e humilhada até por sua própria família, passou fome e toda espécie de necessidades, até que o avô materno chamou ela e aos filhos para que fossem viver em sua casa, em Amalfi, onde as penúrias continuaram, onde foi obrigada a passar boa parte do dia no campo, o que serviu para que ela se tornasse uma pessoa contemplativa e amante da natureza.

Laura foi depois levada para um orfanato que era dirigido por sua tia Maria de Jesus Upegui, religiosa fundadora da Comunidade das Servas do Santíssimo e da Caridade. Como não teve instrução, aos 11 de idade sua tia a inscreveu como externa no Colégio do Espírito Santo, uma instituição de educação frequentada por meninas da classe alta da cidade.

No ano seguinte foi morar em San Cristóbal. Ali se entregou às leituras espirituais que despertaram o desejo de ser uma religiosa carmelita. Em 1887 voltou a Medellin para estar com sua mãe e pouco tempo depois seu avô adoeceu e ela foi para Amalfi para cuidar dele até sua morte. A morte de seu avô piorou ainda mais a situação financeira da família.

Aos 16 anos, demonstrando seu carácter e sua decisão de conseguir o que se propunha, se apresentou diante da reitora da Escola Normal de Medellín a quem expos a necessidade que tinha de estudar. E em 1893 se formou como professora elementar.

Depois de grande êxito como professora e diretora, sua vida profissional também foi selada pela dor, porém isto não a fez esmorecer. Enquanto a vida ia passando, Laura continuava empenhada em ser monja carmelita, cultivava uma mística profunda e a oração contemplativa. Mas seu caminho estava destinado à outra causa: ser missionária nas selvas para resgatar do esquecimento os ”infiéis”, ou as suas ”chagas”, como ela chamou as pessoas que viviam sem alimento espiritual e sem conhecer a Deus.

Após o fechamento do colégio em que dirigia, Laura soube que seria missionária em 1908, quando, acompanhada por algumas amigas e pelo sacerdote Ezequiel Pérez, viajou para Guapá, trilha de Chocó.

Seu trabalho missionário a fez se interessar pelos índios e dar facilidades para o trabalho com eles.

Aos 39 anos, Laura decidiu mudar-se para o povoado de Dabeiba, com a aprovação do Bispo de Santa Fé e em companhia de seis catequistas passou a trabalhar com os indígenas Emberá Katíos.

À medida que sua missão continuava nas selvas, Madre Laura desejava fundar centros missionários, sem importar-se com a falta de comodidades ou com as dificuldades. Tão pouco lhe importava sua precária saúde, nem viajar para Roma para buscar o decreto laudatório para a congregação que queria fundar. Como sempre, conseguiu o que se propunha. Depois de sua morte, em 1968, a congregação de direito pontifício, Missionárias de Maria Imaculada e Santa Catarina de Siena, foi aprovada.

Depois de infatigáveis jornadas missionárias, Madre Laura passou seus últimos 9 anos de vida em uma cadeira de rodas, sem deixar seu apostolado, dando o exemplo, a palavra e os escritos. Faleceu em Medellin em 21 de outubro de 1949, após uma longa e penosa agonia. A Congregação de missionárias contava com 93 casas no momento de sua morte, com 467 religiosas trabalhando em três países.

Oração:

Hoje venho a ti, madre Laura, Santa misericordiosa, para rogar teu forte abrigo e tua luz intensa na escuridão dos meus dias.

Dai-nos força ao invés de medo e interceda por nós para que nossas súplicas sejam ouvidas pelo nosso Pai.

Amém

Mensagem:

História de Beata Laura Vicuña

Origens

Laura Vicuña foi a filha mais velha do casamento de José Domingo Vicuña e Mercedes Pino. José era militar, pertencente a uma família nobre do Chile. Já sua mãe vinha de uma classe social mais baixa. Por isso, tal casamento não foi querido pela família do pai de Laura.

Perigo

No final do Século XIX, o Chile enfrentava uma Guerra Civil e também de Sucessão. Cláudio Vicuña, parente distante do pai de Laura, envolveu-se na disputa pelo poder, levando risco de perseguição e morte a toda a família. Por isso, vários membros da família tiveram que fugir para outros países.

Perda do pai

Em 1894, nasceu a a segunda filha do casal, chamada Júlia Amanda. Pouco tempo depois, o pai, José Domingo, veio a falecer. A mãe, Mercedes, ficou sem recursos, praticamente na miséria. Além disso, portanto o sobrenome Vicuña corria outros riscos. Por isso, as três mudaram-se para a Argentina, a fim de esconderem-se durante um certo tempo, até que os conflitos no Chile terminassem.

Primeiros anos na Argentina

Laura, sua mãe e sua irmã foram morar em perto de Neuquén, Argentina. Mercedes, mãe de Laura, procurou trabalho para o sustento da família e para poder pagar estudos das filhas. Procurando trabalho, chegou à estância de Quilquihué, que pertencia a Manuel Mora. Este, aproximou-se logo de Mercedes e pressionou-a para se tornar sua amante. Em troca, ele abrigaria as três na estância e pagaria o estudo das meninas. Sem outra alternativa, Mercedes aceitou.

Estudo e fé

Dessa maneira, Laura teve acesso ao colégio Las Hijas de María Auxiliadora (As Filhas de Maria Auxiliadora), que pertencia à Congregação Salesiana. Lá, ela foi instruída cultural e religiosamente. No dia dois de junho de 1901 ela fez sua primeira comunhão. Já neste momento, manifestou a vocação religiosa. Queria servir a Deus e afirmava disposição para entregar a vida para não pecar. E quis oferecer sua vida a Jesus e a Nossa Senhora pela conversão de sua mãe e de sua irmã. Dedicava-se à oração profunda desde menina.

Assédio do padrasto

Durante um período de férias escolares, Laura foi vítima de dois assédios violentos vindos de Manuel Mora. Laura, porém, resistiu. Em represália, Manuel deixou de pagar o estudo das meninas. Então, o Colégio Salesiano permitiu que elas continuassem estudando. Mas, Laura sofria com a situação de sua mãe e pensava que nada tinha feito para ajuda-la.

Sacrifício pela conversão da mãe

Certo dia, Laura decidiu entregar sua vida a Deus em troca da salvação de Mercedes, sua mãe. Dali a poucos meses, caiu doente. Numa outra visita à sua mãe, Manuel Mora a agrediu e feriu de morte. Mas antes de falecer Laura revela a sua mãe dizendo:

“Morro; eu mesma o pedi a Jesus. Faz dois anos que ofereci minha vida por ti, para pedir a graça de sua conversão, mamãe. Antes de morrer, terei a sorte de ver-te arrependida?”

Mercedes, chorando, respondeu: «Te juro que farei o que me pedes. Deus é testemunha de minha promessa.»

O futuro da mãe

Depois da morte de Laura, sua mãe, Mercedes, ficou escondida por um tempo na Argentina. Depois, mudou-se para Temuco. No ano 1906, voltou para Junín de los Andes. Lá, sua filha Amanda se casou com um jovem chamado Horácio Jones. Amanda tinha apenas 12 anos. Com o casamento de Amanda, Mercedes mudou-se para Freire. Lá, casou-se no civil e na igreja com um homem chamado Malitón Parra. Este, era honesto, justo e trabalhador. Mercedes e seu marido viveram 23 anos juntos. Ela faleceu em 1929.

Veneração e milagre

Os restos mortais de Laura Vicuña, permaneceram no cemitério de Neuquén de 1937 a 1958. Depois, foram trasladados para Bahía Blanca, onde estão até hoje. As salesianas encarregaram-se do seu processo de canonização nos anos 1950. Em 1986, Laura Vicuña foi oficialmente declarada Venerável. Em 1955 um milagre aconteceu em favor da freira Ofélia del Carmen Arellano, desenganada por problemas pulmonares e curada sem explicação científica, pela intercessão de Laura Vicuña. Este milagre impulsionou sua causa de beatificação que, de fato, aconteceu em 1988 através do Papa João Paulo II.

Santuário

Na cidade de Santiago, capital do Chile, foi construído o Santuário dedicado à Beata Laura Vicuña. Ele ocupa uma área de 30 hectares e fica aos pés do Cerro Renca. Também na cidade de Junín de los Andes foi restaurada uma igreja e dedicada a ela em 1999.

Oração à Beata Laura Vicuña

“Ó Beata Laura Vicuña, tu que viveste até o heroísmo sua configuração a Cristo, acolhe a nossa confiante oração. Obtende as graças de que necessitamos e ajudai-nos a aderir com coração puro e doce à Vontade do Pai. Doa às nossas famílias a paz e a fidelidade. Faz com que mesmo na nossa vida, assim como na tua, resplandeçam fé coerente, pureza corajosa, caridade atenta e solícita para o bem dos irmãos. Amém.”

Laura

Nombre de bebé: Laura

Género: Femenino

Santo de Laura: 19 de Octubre

Origen del nombre Laura: Latino

Significado del nombre Laura:

El nombre femenino de Laura proviene de la palabra latina ‘laurel’, la cual representa al venerado árbol cuyas ramas daban forma a las coronas de los poetas y vencedores en la antigüedad. Por ello el significado de este nombre es el de «victoriosa».

Las mujeres que se llaman Laura destacan por ser muy sinceras y francas. No soportan las mentiras y no se andan con rodeos. Destacan por decir siempre lo que piensan a los demás. Son trabajadoras y suelen lograr los objetivos que se proponen. Ponen gran dedicación, empeño y esfuerzo en su trabajo hasta que consiguen sus metas. Además son personas muy sentimentales por lo que necesitan tener cerca a sus seres queridos y que les muestren cariño en todo momento.

En el amor son personas que se enamoran de forma muy rápida, por ello a veces le hacen daño. Son muy cariñosas y necesitan que su parejas también lo sean. Además destacan por ser muy fieles.

Amor:

Es cariñosa y fiel con la persona que ama.

El día que las mujeres llamadas Laura celebran su santo es el 19 de octubre, el día de Santa Laura.

Entre las mujeres famosas con este nombre destacan Laura Matamoros, la modelo Laura Sánchez, la actriz Laura Pamplona o la cantante Laura Pausini.

Países donde es común Laura: España, Austria, Suiza

Famosos con nombre Laura:

¡Feliz santo! ¿Sabes qué santos se celebran hoy, 21 de octubre? Consulta el santoral

21/10/2019 05:00

Tal y como es habitual que suceda en cada uno de los días del año, la Iglesia Católica conmemora hoy la vida y canonización de algunas de sus figuras más representativas, ya sean estas santificadas o beatificadas. Entre ellas, en la jornada de hoy, 21 de octubre, destaca la de la Madre Laura de Santa Catalina de Siena, aunque bien es cierto que ella comparte día y protagonismo con Santa Úrsula y compañeras mártires.

Durante toda la jornada de hoy, según los datos facilitados por el INE, un total de 55.011 mujeres de todo el país, llamadas Catalina, podrían recibir felicitaciones por parte de sus familiares y allegados.

La Madre Laura Montoya Upegui o Madre Laura de Santa Catalina de Siena, como se le conoce de forma habitual, nació en Jericó, una pequeña población colombiana, el 26 de mayo de 1874 en el seno de una familia profundamente cristiana. Tan solo cuatro horas después de su nacimiento recibió las aguas del bautismo y el sacerdote le dio el nombre de María Laura de Jesús. Tan solo dos años después fue asesinado su padre, víctima de una guerra por defender la religión y la patria, por lo que su esposa se tuvo que hacer cargo de los tres hijos en tiempos de pobreza. A pesar de ello, Laura aprendió a perdonar y a fortalecer su carácter con sentimientos cristianos.

Estas situaciones llevaron a Laura a llevar una vida de dolor e incomprensiones desde muy joven, puesto que supo lo que significa sufrir por ser huérfana, llegando a mendigar cariño entre los familiares. De este modo, con el paso de los años, el espíritu de Dios y la lectura espiritual, especialmente la de la Sagrada Escritura, la fueron llevando por los caminos de la oración contemplativa, penitenciaria y el deseo de hacerse religiosa.

A pesar de carecer de estudios por la pobreza que vive su familia, Laura acaba ejerciendo como maestra de educación elemental y, en 1914, apoyada por el monseñor Maximiliano Crespo, obispo de Santa Fe de Antioquia, funda una familia religiosa: Las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, una obra que rompe moldes y estructuras insuficientes para llevar a cabo su ideal misionero.

Ya en el año 1964 se inicia oficialmente su proceso de beatificación y cuatro años más tarde se lleva a cabo la aprobación pontificia de la congregación. En 1973, Juan Pablo II la declara Sierva de Dios y 18 años después el mismo papa la declara Venerable. Tras ello, el papa promulga el decreto sobre el milagro y ya en 2004, Juan Pablo II la proclama Beata.

Además de honrar a la Madre Laura de Santa Catalina de Siena, hoy, 21 de octubre, también se recuerda a otras figuras religiosas. Esta es la lista completa del santoral de hoy:

  • Madre Laura de Santa Catalina de Siena
  • Santa Úrsula y compañeras mártires
  • San Bertoldo de Parma
  • Santa Cilina de Laon
  • San Hilarión anacoreta
  • San Juan Thwing de Bridlington
  • San Malco monje
  • San Mauronto de Marsella
  • San Pedro Yu Tae-ch’l
  • San Severino de Burdeos
  • San Vendelino de Tréveris
  • San Viator de Lyon
  • Beatos Luigi y María Beltrame
  • Beato Pedro Capucci

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