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Eduardo noriega trinidad oteros

Además de la estrella de cine por excelencia del festival, Julia Roberts, que hoy será galardonada con el premio Donostia, y la primera aparición en España de Javier Bardem tras conocerse su próxima paternidad, el atractivo actor español Eduardo Noriega no ha pasado desapercibido en el festival. Tras ser jurado del certamen en 2007 y tener el honor de entregarle el premio Donostia a Meryl Streep en 2008, Eduardo Noriega no ha querido faltar a esta cita en la que además de convertirse en el presentador de la gala inaugural en el Kursaal junto a Edurne Ormazabal, el actor está rodando un documental sobre el certamen, Una historia de Zinemaldia, dirigido por Diego Galán.

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Eduardo, de 37 años, ha viajado a la capital donostiarra junto a su novia,Trinidad, una bella cordobesa con quien le hemos visto paseando por la ciudad y haciendo turismo en sus horas de descanso. Desde hace seis años la pareja mantiene una relación muy estable pero durante todo este tiempo han preferido mantenerla en la más estricta intimidad. La pareja se conoció en el aeropuerto de Barajas después de que se retrasara un vuelo de Noriega y desde entonces están juntos. En más de una ocasión, el protagonista de Abre los ojos ha confesado que es su novia quien le da estabilidad que él necesita, ya que no tiene nada que ver con el mundo del cine y “para ella es lo mismo si le presento a un director famoso o a un guionista desconocido. No se deja deslumbrar”.

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Eduardo y Trinidad recorrieron la ciudad como dos turistas más y visitaron algunos de los lugares más emblemáticos de esta ciudad tan romántica. La joven, que vive en Madrid, no tuvo problema en escaparse unos días para estar cerca de su chico y compartir este bonito momento profesional. Además de ser presentador de la gala y rodar parte del documental, durante el fin de semana se ‘proyecto el filme El mal ajeno, película que Noriega protagoniza junto a Belén Rueda.

Eduardo Noriega: «Mi hija tiene dos años y empiezo a dormir ahora»

Eduardo Noriega, en e plató de ‘El Hormiguero’. CORDON

El actor presenta en unos días ‘Nuestros Amantes’, que protagoniza junto a Michelle Jenner, Gabino Diego, Amaia Salamanca y Fele Martínez

Noriega se casó en 2011 con la cordobesa Trinidad Otero, a quien conoció en el aeropuerto de Barajas tras el retraso de un vuelo

15/04/2016 05:38

Veinte años después del petardazo con Tesis y Abre los ojos, Eduardo Noriega (42) continúa demostrando su pasión por el cine. Así lo hace con Nuestros amantes, cinta que ha coproducido y que presentará en el próximo Festival de Málaga a finales de mes. No es el único tema del que habla con LOC. Además de hablar de Sara Carbonero, su rodaje con Arnold Schwarzenegger y demás experiencias en Hollywood, el santanderino confiesa la estabilidad que le proporciona Trinidad Oteros, a quien conoció hace una década en una historia propia de una comedia romántica española: en el aeropuerto de Barajas, Madrid, tras el retraso de un vuelo.

Y como en las películas del género, Noriega y su chica terminaron comiendo perdices. Con esta joven cordobesa se casó civilmente y en secreto en febrero de 2011 y con ella tuvo una niña que acaba de cumplir los dos años.

En unos días presenta ‘Nuestros Amantes’… Es una película y dirigida por Miguel Ángel Lamata. Está protagonizada por Michelle Jenner y en la que también salen Gabino Diego, Amaia Salamanca y Fele Martínez, con quien no coincidía profesionalmente desde hace 20 años, desde Abre los ojos. Es una comedia romántica, con mucho humor, con mucho humor y muchos libros. El personaje es un guionista de mucho éxito, pero muy frustrado porque sus películas no le gustan nada. Es una película muy especial, muy diferente y en la que confío muchísimo, porque soy además coproductor. Vamos a concurso al Festival de Málaga, pero espero que sea una plataforma buenísima para el estreno en junio en salas. ¿Ha llegado a hacer películas en las que no confiaba, pero que ha aceptado por dinero? No. Por suerte, lo que me han ofrecido nunca ha sido tan disparatado. En alguna vez sí que he dicho no porque la peli era un disparate, pero esa sensación de hacer una película sólo por dinero no he tenido nunca. ¿Se atreve a confesar un proyecto del que, si lo llega a saber, no lo hace? No, una película que hice en el extranjero que fue un disparate . La dirigió una señora que nunca había hecho cine. El guión no estaba mal y me daba la oportunidad de trabajar en Francia en francés. Era un personaje corso, con un acento corso… Estaban también Marisa Paredes y Rossy de Palma. Para que te hagas una idea, la película no la he visto. Fue un disparate aquello. Usted se hico muy popular hace 20 años con ‘Tesis’. ¿Cómo ha vivido los altibajos, que en el caso de un actor como usted suelen ser muy acusados? Yo soy como el clima de Santa Fe. Todo el mundo piensa que es un clima frío e invernal, pero en realidad es húmedo y templado, sin mucho frío ni calor. Por suerte, no tuve ningún boom de salir en todas las revistas ni hacer todas las películas, aunque lo hubiera deseado en ese momento. Cuando vives ese boom, es inevitable tener un contraste. Después de Tesis, hice Abre los ojos… Fui muy poquito a poco. Nunca he tenido ninguna crisis, ni bajonazo. Sabe que fue un sex symbol del cine español en los 90, ¿verdad? Pero no viví un boom como Miguel Ángel Silvestre, Hugo Silva, Mario Casas… Ellos sí que han sido bombazos, que han hecho todas las pelis. Ahora le pasa a Dani Rovira por otros motivos. Yo no viví eso y ahora lo agradezco. Creo recordar una entrevista de Sara Carbonero en la que confesaba que tenía pósters de usted colgados en su habitación. ¡Pero qué me estás contando! (se ríe). ¡Por favor! ¡Si yo estoy enamorado platónicamente de Sara Carbonero! (se ríe). Ahora usted está casado. ¿Es difícil mantener el amor en una profesión como la suya? Es una profesión muy inestable. Nunca sabes si vas a seguir trabajando, si dónde o cuándo. Por eso, en mi vida personal, busco cierta estabilidad. Es algo inconsciente, porque no se puede decidir estar 20 años con una persona. Pero en mi caso, le da cierto equilibrio a la inestabilidad de esta profesión. También ha sido padre de una niña. ¿Qué tal se le da el papel? Muy bien. ¿Le está resultando fácil? No es fácil, es dificilísimo. Tiene dos años y estoy empezando a dormir ahora (se ríe). ¿Se plantea ser padre de nuevo? ¿Quién sabe? ¿Por qué no? ¿Se ha quedado a las puertas de algún papel en Hollywood? ¡Muchos! Por ejemplo, recuerdo el casting que hice para ‘Juego de tronos’. Un papelazo. Al final, se lo llevó un actor chileno. Se estaba emitiendo ya la segunda temporada, era para la cuarta temporada. Yo ya era fan de la serie y, cuando me llamaron, yo dije: ¿Cómo?». ¿Llegó a llorar cuando se enteró de que se había quedado fuera en el proyecto? En este caso no, pero me hacía mucha ilusión. ¿Algún otro papel de Hollywood? No he dicho que no a muchos papeles de Hollywood. Sólo lo hice en una ocasión y me salió bien, porque me llamaron para una película con Schwarzenegger. Tenía que hacer de ayudante de un sheriff que nunca había salido de su pueblo natal… Yo podía hacer un personaje con ese acento y dije que no. A los meses, me llamaron para hacer de malo de otra película con Schwarzenegger -‘El último desafío’ (2013)- y la hice, claro. Me salió bien. ¿Y cómo es Schwarzenegger en persona? Es un tío muy cercano. También estaba por la labor, porque era su primera película después de estar en política. Tenía muchas ganas de volver al cine y se le notaba. Estaba súper amable y simpático con todo el mundo. Además, era súper político: no entraba en ningún tema escabroso. ¿Se atrevería a decir alguna estrella de allí que resultara inaccesible? Inaccesible, no, pero las estrellas de Hollywood no tienen el concepto que tienen aquí los actores. Aquí todos trabajamos codo con codo. Hay a veces que cambiamos la secuencia o cambiar una frase antes de rodarla. Allí no. El sistema de rodar norteamericano no te permite trabajar una frase de guión con un actor. No la cambia ni el director. Habría que llamar primero a los abogados del productor. El sistema es muy directivo. La relación entre el actor y los directores es muy distante, así que a la ‘mega star’ casi ni la ves.

Eduardo Noriega: «Conocí a a mi mujer en un festival solidario»

Hace unas semanas, se presentó en el FesTVal —Festival de televisión de Vitoria—, la producción de Telemundo International Studios, en colaboración con Isla Audiovisual, No te puedes esconder, una serie rodada entre España y México, con un reparto de actores de ambos países, entre los que figuran nombres como: Blanca Soto, Maribel Verdú, Iván Sánchez, o Eduardo Noriega, este último todavía sorprendido de que hayan contado con él para un papel de acción…

Es que probablemente es la serie con más secuencias de acción, peleas, saltos o disparos, que he tenido en mucho tiempo. Y a mí me han hecho correr, saltar y disparar, aunque el personaje me gusta porque oculta algo y cuando, al fin, encuentra un motivo por el que pelear y levantarse, seguirá escondiendo un secreto que le atormenta. La serie tiene muy buena pinta, mucha fuerza visual… Encima, el hecho de rodar en dos países le da mayor categoría.

Corazón Además es de los pocos que ha tenido que rodar allí y aquí.

Eduardo Noriega Sí y eso siempre es un gancho. No muchos proyectos se ruedan en Madrid y México, al mismo tiempo. Aquí, en Madrid, se han mostrado lugares emblemáticos y señoriales como el edificio de Correos, la Puerta de Alcalá, la Plaza del Callao…He rodado en la Gran Vía, 21 años después de Abre los ojos… Se han mezclado estos lugares simbólicos, con vocación de vender la ciudad de Madrid a un mercado americano, con lugares más populares y coloridos de México. Todo eso le da un empaque a la serie y una gran factura visual.

C. Sabemos que su personaje es el de un policía alcohólico…

E.N. Es una persona que no está pasando por el mejor momento de su vida, le han echado del cuerpo y se ha dejado embaucar por criminales que le ofrecen dinero a cambio de matar. Él no está hecho de esa pasta, no es un criminal que asesine a sangre fría, aunque en un momento de desesperación cree que puede hacerlo.

C. Y, Eduardo Noriega, ¿cómo es? ¿Crees que alguna vez en la vida podemos llegar a saber cómo somos?

E.N. Creo que podemos llegar a hacernos una idea… Tengo entendido que usted quería ser médico, piloto o futbolista… Eran deseos infantiles. Ahora, cuando hablo con mi niña de cinco años, me dice: «Papi, quiero ser demasiadas cosas y no me va a dar tiempo a serlo todo en un día». «En un día no, cariño, pero en una vida vas a tener tiempo de probar muchas de esas cosas», le digo

C. Ser actor es una forma de poder desempeñar muchos roles. Quizás podría darle la idea a su hija, para que le de tiempo a hacer lo que quiera…

E.N. Mejor no voy a darle pistas (risas), aunque la idea la va a tener, indudablemente. Siempre quiere ver mis películas y yo le digo que no son para una niña de cinco años, pero me pide que le cuente el argumento, asi que imagino que será inevitable…

Mis padres me inculcaron la importancia de ser solidario»

C. Sí está claro es que es un hombre preocupado por muchas causas solidarias…

E.N. Mi padre, no sé por qué, hace muchos años, tuvo que cuidar de su abuelo enfermo y eso hizo que faltara mucho a clase. Aquello se le quedó grabado toda la vida. Por eso, siempre que podía, colaboraba con la escuela del pueblo. Estaba obsesionado con la educación, era como una espina clavada. Mi madre también era muy solidaria. Recuerdo que se ocupaba de una familia de gitanos en Santander, con 17 hijos. La llamaban: ‘la madrina’, yo la acompañaba y llevábamos cajas con comida. Si operaban a la madre, cogía a los niños y los traía a casa. Nos lo han inculcado desde niños. Además, yo trabajo en una profesión que tiene mucha repercusión y tengo el privilegio de tener un micrófono delante, algo que es un lujo, pero también una responsabilidad, porque para hablar de ciertos temas tienes que documentarte.

C. Colabora con ACTAYS, que nació para encontrar la cura de las enfermedades de Tay-Sachs y Sandhoff…

E.N. Es una asociación creada por una madre con una hija enferma que, desgraciadamente, falleció. Esta mujer transformó todo su dolor en algo positivo. Dijo: «tengo que hacer algo por estos padres que van a vivir esta situación. Yo no tuve a nadie, ni siquiera un teléfono al que llamar». Me pidió colaborar y pensé: ¡cómo no voy a echar una mano a esta persona que está dedicando toda su vida a esto! Yo solo tengo que ir a alguna reunión, dar alguna charla, mandar una foto… Solo hago que esto tenga algo más de repercusión, lo mío es fácil. Otra asociación con la que colaboro es Mundo Justo, de chicas con trastorno de alimentación, gente que está hundida por las drogas… Mi mujer trabajó allí como educadora social y me dio la oportunidad de tratar a esta gente.

C. Hablando de su mujer, creo que la conoció, precisamente, en el Festival solidario de cine español de Cáceres…

E.N. Colaboro con ellos desde hace años, como jurado permanente y es bonito ver cómo el público se vuelca, pagando una entrada para la gala, porque todo el dinero va para distintas causas. Me gusta, porque es mezclar algo tan lúdico como el cine, con la solidaridad y merece la pena hacer ese viaje anual a Cáceres. Y sí, allí, curiosamente, conocí a mi mujer hace ya 15 años.

Eduardo Noriega en una imagen de la Fundación Actays.

C. Está ligado a diferentes organizaciones como UNICEF, con la que ha tenido ocasión de visitar Panamá.

E.N. Fue bonita la experiencia porque allí, en el barrio de El Chorrillo, hasta hace muy poco, nadie se atrevía a entrar. Hay una asociación escuela que ha intentado atacar el problema desde la raíz, atrayendo a chavales que estaban en la calle, que eran carne de cañón para las drogas, para la delincuencia, dándoles amistad y apoyo… un estímulo para gente que vive, casi, en la calle. No puedes imaginarte con la ilusión que van a estudiar… Si consiguen que uno de cada diez de esos chavales salga adelante, será un logro maravilloso. Verlo allí te toca y es cuando realmente te emociona.

C. Estamos en septiembre, ¿cómo se presenta la vuelta al cole?

E.N. ‘No te puedes esconder’ se estrena el día 30 de septiembre en Telemundo, y antes de que finalice el año, en Netflix para todo el mundo. Se lanza también, en la misma plataforma, a finales de octubre, una serie española original: H, de género policíaco, cine negro, años 60, Barcelona… Me apetecía ir a una época que, aunque está aquí al ladito, apenas 60 años atrás, muestra una España muy distinta a la de ahora. Es una historia con una mujer protagonista, que interpreta Adriana Ugarte. Yo soy un policía.

C. ¿De nuevo?

E.N. Pero esta vez en activo. Un policía de Madrid al que mandan a Barcelona, huyendo también de un dolor por una pérdida.

C. Y ha empezado a rodar otra serie: Inés del alma mía, basada en la novela de Isabel Allende.

E.N. Interpreto a Pedro de Valdivia, conquistador de Chile. Rodaremos en el desierto de Atacama, en la selva del sur del país. No haremos las mismas peripecias que los personajes reales, pero me siento muy afortunado por tener la oportunidad de rodar en lugares inhóspitos y, a la vez, maravillosos.

Eduardo Noriega muestra su lado más íntimo: Me partieron por la mitad

Desde hace cuatro años Eduardo Noriega está felizmente casado con Trinidad Oteros, con la que además comparte una hija de veinte meses. Pero llegar a está feliz situación al parecer no ha sido un camino de rosas. El actor ha reconocido para ICON, revista de El País, que a los 25 años sufrió un duro desamor.
«Me partieron por la mitad. Enfermé de desamor. Recuerdo que un amigo me decía: ‘Siento que estás enfermo, pero no hay ninguna medicina para tu enfermedad, sólo el tiempo. Lo único que puedo hacer es acompañarte, estar aquí contigo, no tengo palabras de consuelo'», afirma el actor para la publicación.
Eduardo Noriega se abre en canal y profundiza en las sensaciones de aquel difícil momento para ICON. «No creía en el amor y en el ser humano. La vida no tenía mucho sentido para mí en aquella época. Estuve jodido mucho tiempo, sí, sí. Era una pareja estable, y ella tenía un niño. En ese momento de duelo no hay nada que te consuele. Me duró mucho tiempo. Y cuando ya pensé que estaba curado, me encontré con ella en un ascensor. Fue horroroso. Me di cuenta de que seguía fatal. Fue una recaída. No hablé con ella, pero me di cuenta de que no estaba curado», comenta.
Con la película ‘Los miércoles no existen’ recién estrenada y a la espera de presentar el próximo año ‘La sonata del silencio’ y ‘Nuestros amantes’, el actor hace tiempo que dejó atrás este duro suceso amoroso a golpe de trabajo y siendo consciente de que en ocasiones estos desastres sentimentales se dan.
No se avergüenza de asumir además que «los hombres reaccionamos de forma más patética cuando nos dejan. Porque no estamos acostumbrados a expresar nuestros sentimientos, a llorar. Tenemos poca práctica» asegura el actor cántabro, que hace tiempo que rehízo su vida y que ahora está más feliz que nunca con su reciente paternidad.

Eduardo Noriega está bebiendo pacharán y hablando de Arnold Schwarzenegger. Como no son dos temas que estén muy asociados al actor español, dejamos que la cosa fluya. “Me encontré con Schwarzenegger en un gimnasio”.

Cuente, cuente, por favor.
Fue cuando rodé con él El último desafío . Coincidíamos en el gimnasio del hotel. Él se presentaba con sus cuatro guardaespaldas. Yo me había prometido no pedirle una foto. Tuve que contenerme, porque era tentador hacerse una con él levantando pesas y luego subirla a Twitter. La verdad es que tiene una buena fachada y está en forma. Pero una persona con esos bíceps tan grandes toda la vida no puede tener una buena salud de músculos, tendones y huesos. Levantaba pesas con mucho cuidado. Pero está en forma y es muy divertido.

No creía en el amor ni en el ser humano. La vida no tenía mucho sentido para mí en aquella época. Estuve jodido mucho tiempo, sí, sí”

Son las cinco de la tarde y estamos en una terraza de aspecto bohemio en el centro de Madrid. Y solos. Nada que reprochar al actor por la elección de su bebida, a la que atiza cortos tragos mientras charla. Su nueva película es Los miércoles no existen (en cartel), de Peris Romano y con Inma Cuesta: trata las complejas relaciones de pareja entre treintañeros y cuarentones. “Los hombres reaccionamos de forma más patética cuando nos dejan. Porque no estamos acostumbrados a expresar nuestros sentimientos, a llorar. Tenemos poca práctica. No hemos visto a nuestros padres llorar, no les hemos visto abrirse sentimentalmente. Ahora lo hacemos, pero resultamos bastante patéticos”.

Reconoce que ha pasado por ello. Pocas veces, pero una en concreto fue durísima. “Me partieron por la mitad. Enfermé de desamor. Recuerdo que un amigo me decía: ‘Siento que estás enfermo, pero no hay ninguna medicina para tu enfermedad, sólo el tiempo. Lo único que puedo hacer es acompañarte, estar aquí contigo, no tengo palabras de consuelo”. Noriega, con 25 años en aquella época, no comía, no dormía. «No creía en el amor y en el ser humano. La vida no tenía mucho sentido para mí en aquella época. Estuve jodido mucho tiempo, sí, sí. Era una pareja estable, y ella tenía un niño. En ese momento de duelo no hay nada que te consuele. Me duró mucho tiempo. Y cuando ya pensé que estaba curado, me encontré con ella en un ascensor. Fue horroroso. Me di cuenta de que seguía fatal. Fue una recaída. No hablé con ella, pero me di cuenta de que no estaba curado». Vivió un largo tiempo de duelo, hasta que una mañana se levantó y, voilá, el dolor desapareció: “La segunda vez que me encontré con ella no sentí nada. Se me quedó una gran sonrisa. Pensaba: ‘Estoy curado, no siento nada. Sí, sí, a tomar por culo. Estoy curado”. Un nuevo sorbito al pacharán.

ampliar foto El actor lleva tanto el mono como la camiseta de Balmain x H&M. Gorka Postigo

“No tomo muchas bebidas fuertes, pero consumo casi a diario vino y cerveza. Son hábitos que no me voy a quitar. No probar grasas ni alcohol ni dulce es como: ‘Mira tío, métete en un convento’. Sería una vida de asceta que no tengo intención de hacer. No, no es mi caso”. A pesar de lo que puede reflejar esta reflexión, Eduardo se cuida. El santanderino exhibe 42 envidiables años, su famosa cabellera peinada con raya al lado luce frondosa, y no se vislumbran demasiados desperfectos físicos. Alguna arruguilla, nada de sobrepeso, sonrisa seductora…

“Mi secreto de belleza es una dieta saludable, variada. Ya lo he dicho, como grasas y bebo alcohol, pero procuro no abusar. Lo que sí que hago religiosamente es comer fruta en ayunas por la mañana. Cuatro o cinco piezas. Las bato y me las bebo. Me levanto, y el cuerpo me pide fruta. De hecho, ahora se la doy a mi niña. En cuanto se levanta, le hago fruta batida, y le encanta”. En efecto, Eduardo ha estrenado recientemente paternidad. Se casó hace cuatro años con Trinidad Oteros, que, sorpresa, no es actriz. Tienen una niña de 20 meses que le hace evocar aquellos alocados deseos que tenía de ser un padre joven. Con 25 ya pensaba en ello. “Y ahora me digo: ‘Menos mal que no lo fui’. Porque esto me pilla con veintitantos y no sé si hubiese sido capaz. Hay que tener mucha tranquilidad y calma para ser padre. Es difícil de afrontar cuando tienes la efervescencia y la ambición de un chico joven. Es que el tiempo desaparece… El tipo de vida que llevabas hasta esa fecha desaparece. Y es muy brusco”. Otro trago al pacharán.

No tomo muchas bebidas fuertes, pero consumo casi a diario vino y cerveza. Son hábitos que no me voy a quitar. No probar grasas ni alcohol ni dulce es como: ‘Mira tío, métete en un convento»

A pesar de su aspecto de tipo que transmite elegancia, algunas veces incluso rayando un perfil de jugador de golf de abultada cuenta bancaria, Noriega tiene una expresión inquietante que saca a relucir con frecuencia. Es la misma que vio Alejandro Amenábar para darle los papeles turbios de Tesis o Abre los ojos, y Montxo Armendáriz, para Historias del Kronen. “Cuando leí la novela flipé: que si me levanto a las cinco de la tarde, que si me drogo, que si voy en dirección contraria por la carretera… ¡Pero esto qué es! Esto no son jóvenes, ¡son kamikazes enfermos! Era mucho para mí, un chico de Santander de clase media”.

Cuando se instaló en Madrid, con veintipocos, tuvo su propio Kronen. Al recordarlo, se lanza a contar una anécdota de cuando se coló, con nocturnidad e intenciones libidinosas, en un colegio interno de monjas para citarse con una chica. La historia (con carreras por los pasillos, subidas al tejado, reprimenda de las religiosas y alboroto de las adolescentes) es tan mítica que el otro día le paró una chica por la calle, que estudia ahora en ese colegio, y le preguntó si aquello era verdad.

Habla de su actualidad profesional: «Los miércoles no existen es una comedia muy divertida sobre las relaciones de pareja. Tiene una parte de musical muy interesante. Son dos músicos que aparecen en la pantalla, y nosotros vamos cantando, pero todo muy encajado en la trama. Obviamente, no somos grandes cantantes, pero está tan integrado en el relato que no es importante. Salvo Inma Cuesta, claro, que canta muy bien”. Además, está rodando, junto a Marta Etura, La sonata del silencio, serie ambientada en la España de la posguerra. Se emitirá en 2016 en TVE.

Para el final de la entrevista Noriega nos tiene preparada una sorpresa. Habla de Sam Shepard, quizá el dramaturgo estadounidense vivo más respetado. Shepard también es actor, con el que coincidió en la película Blackthorn (2011): “Yo creo que ya se puede decir: hizo la vida imposible a todo el mundo. Cada vez que hacíamos un esfuerzo y le demostrábamos nuestra amabilidad, era peor. Lo que estaba buscando a gritos era un conflicto. Es un tipo intelectualmente interesante, pero amargado. Como me dijeron que le gustaba Machado, le compré un libro con poemas suyos y la traducción al inglés. Lo miró con desdén y dijo: ‘Ya lo tengo’, y lo lanzó a una esquina. Admiraba a Shepard como escritor, pero desde entonces ya no he leído nada suyo. No me interesa”. Lingotazo al pacharán.

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