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El amor es para siempre

Cuando el amor es para siempre (Restless) – Disponible en DVD

Restless, título original de este film, no se trata de aquellas historias que buscan la lágrima pues en evidencia está la desgracia de una temprana partida y la ironía de un amor naciente. El film se concentra en los momentos que restan por vivir, en la necesidad de entregar amor, de sonreír y disfrutar sin pensar en el tiempo o en cualquier otra consecuencia. Su historia es de esos amores poco convencionales.

El trabajo de los dos protagonistas, la ya conocida actriz australiana Mia Wasikowska (Los niños están bien) y el novato Henry Hopper, es muy bello. Ambos entendieron perfectamente la transparencia y el buen espíritu de esta historia y la necesidad de llevar un mensaje moderno, natural y esperanzador sobre el proceso de la muerte.

La música de la película es sutil, como la ambientación en tonos rosas y el vestuario vintage de algunos de los personajes. Restless, es una tragedia abordada desde una perspectiva menos dramática, con toques tanto modernos como clásicos. Esto aclara la intención del cineasta de plantear una historia que bien puede pasar en cualquier espacio o tiempo o persona, pues el DVD también incluye la versión muda de la película.

Por supuesto, aún sin verla, ya se sabe cual será su final pero a este llegamos desde otro ángulo, desde la perspectiva como deberíamos todos percibir y aceptar la muerte, de lo importante de despedirse con alegría puesto que finalmente, quien se ha ido, sean cuales sean las circunstancias de su partida, ya ha completado una parte esencial de su ser y se dirige a su nuevo camino de trascendencia.

Gus Van Sant es un director que siempre propene cosas novedosas, incluso cuando un tema se ha tratado mucho. Sus obras se destacan por el estilo, las imágenes y la narrativa simple en medio de dramas profundos y complejos.

Tenemos DVDs de la película que llega al país bajo la distribución de Cine Color Home Entertainment. Si quieres acceder a uno de estos materiales contesta las siguientes preguntas:

1. ¿Qué otra película de este director hemos comentado en CineVista? – Milk

2. ¿Cuál es el problema médico que le detectan a la protagonista? – Tumor maligno en el cerebro

3. ¿Cuántos reportajes incluye el DVD? – 5

Envía las respuestas a [email protected]
Título del Mensaje: DVD RESTLESS.

Condiciones
1. Concurso válido para BOGOTÁ.
2. Solo un miembro por familia podrá participar y acceder al premio.
3. Los participantes deben ser lectores de CineVista y deberán estar inscritos en el club de CineVistaAmigos: http://www.cinevistablog.com/registro-cinevistamigos/
4. Solo los lectores que envíen sus respuestas al correo electrónico indicado serán tenidos en cuenta para los pases. No se aceptan respuestas a través de la casilla de comentarios de la página.

Los ganadores de los obsequios serán anunciados el próximo 26 de Abril de 2012, a sus respectivos correos electrónicos (información que han suministrado en el Club de CineVistAmigos).

Si pasada la fecha indicada no recibes un correo de CineVista Blog confirmándote el obsequio, significa que no fuiste ganador.

CineVista Blog sortea los obsequios con los lectores que contestan correctamente la(s) pregunta(s) en el caso de las preguntas No Abiertas. Para ello utiliza un programa que arroja números aleatoriamente. El número asignado a cada lector corresponde al orden de llegada de su respuesta a nuestro correo [email protected] o el orden de llegada en la casilla de comentarios.

Ficha Técnica
Director: Gus Van Sant
Guionista: Jason Lew
Género: Drama
Duración: 1hr 35Min
Reparto: Mia Wasikowska (Annabel Cotton), Henry Hopper (Enoch Brae), Ryo Kase (Hiroshi Takahashi), Chin Han (Dr. Lee), Schuyler Fisk (Elizabeth Cotton), Lusia Strus (Rachel Cotton)
Edición: Elliot Graham
Vestuario: Danny Glicker
Fotografía: harris Savides
Música: Danny Elfman
País: Estados Unidos, Reino Unido
Año: 2011

A pesar de lo que prodiguen los poetas, el amor no es para siempre. Al menos el amor químicamente puro, si se me permite la licencia. Otra cosa es que, tras caducar el amor neuroquímico, una pareja continúe unida y feliz, aunque no necesariamente bajo el manto del amor sino de muchos otros sentimientos similares. El cariño, la camaradería, la complicidad y otros.

Bueno, esto es siempre si obviamos a los mutantes. Porque hay mutantes que sí se pueden enamorar para siempre.

Los psicólogos sociales han detectado, en la mayoría de relaciones de pareja a largo plazo, una fase inicial de amor romántico y apasionado que acostumbra a durar de 9 meses a 2 años. Es una fase inicial, pues, en la que nuestro juicio está un poco distorsionado por los aflujos neuroquímicos (y quizá deberían cambiarse algunas leyes para adecuarse a ello: ya que en EEUU se estipula una espera de entre 6 y 24 meses para conceder un divorcio, quizá también debería estipularse una espera similar para conceder el matrimonio).

Pero antes os hablaba de una serie de mutantes, personas que pueden estar enamoradas siempre de la misma pareja. La mayoría de nosotros, tras ese lapso de enamoramiento inicial, según los escáneres cerebrales, ya no mostramos una activación intensa del centro dopaminérgico de la ATV (la dopamina es liberada desde neuronas situadas en el área tegumental ventral (ATV). Pero en algunas personas que siguen emparejadas y asegurando que su pasión es idéntica a la del primer día, el circuito del placer de la ATV se sigue activando con fuerza al ver el rostro del ser amado.

La razón de existan estos casos tan particulares no está clara: ¿depende de la clase de persona de la que nos enamoramos, porque quizá es una suerte de media naranja perfecta? ¿O más bien es algo que ya poseemos biológicamente determinado?

Un equipo del Albert Einstein College of Medicine encabezado por la neurobióloga Lucy Brown hizo un estudio con hombres y mujeres de esta clase, los X-Men-Lovers, podríamos llamarlos. Explica el estudio el neurólogo David J. Linden en su libro La brújula del placer:

Se obtuvieron escáneres cerebrales de los sujetos mientras contemplaban una fotografía de la cara de la persona amada. Como tarea de control, y tras una actividad de distracción para dejar que la pasión se enfriara, los sujetos miraban la fotografía de un conocido del mismo sexo y la misma edad que su amado, pero que no les despertaba ningún sentimiento en especial (…) Naturalmente, este estudio era puramente correlacional: no demostraba que las regiones que se activaban o desactivaban subyacieran a la sensación de enamoramiento. También debemos preguntarnos hasta qué punto estos resultados se deben únicamente al sentido de la vista. (…) Con todo, la pauta de los cambios cerebrales que acompañaban la visión del rostro del ser amado fue extraordinariamente coherente con los informes que habían elaborado los sujetos. (…) Y ¿qué reveló este estudio sobre el placer intenso y eufórico del enamoramiento? Pues que se corresponde con una fuerte activación del circuito dopaminérgico del placer, es decir, de la ATV y de ciertas áreas de proyección como el núcleo caudado. Como hemos visto, esta pauta de activación es similar a la respuesta a la cocaína o la heroína. Y ¿qué hay de la incapacidad de juzgar con objetividad a la persona amada? Podría deberse a la desactivación de la corteza prefrontal, uno de los centros de la capacidad de discernir, y a la desactivación de los polos temporales y de la unión parietotemporal, las regiones de la corteza que intervienen en la cognición social.

El problema es que los estudios realizados con escáner cerebral no permiten determinar si las diferencias observadas en la activación cerebral de los hombres y las mujeres se deben a influencias socioculturales, a diferencias genéticas o epigenéticas, o a ambas cosas.

Un famoso profesor se encuentra con un grupo de jóvenes que habla contra el matrimonio
Argumentaron que lo que mantiene a una pareja es el romanticismo y que es preferible acabar con la relación cuando este se apaga, en lugar de someterse a la triste monotonía del matrimonio.

El maestro dijo que respetaba su opinión, pero les contó la siguiente historia: “Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi madre bajó las escaleras para hacer el café y sufrió un infarto. Mi padre corrió hasta ella, la levantó como él pudo y casi arrastrando la llevó hasta la camioneta. Manejó a toda velocidad hasta el hospital, pero cuando llegó, desgraciadamente ella ya estaba muerta.
Durante el velorio, mi padre no habló. Se pasó todo el tiempo mirando la nada. Casi no lloró. Yo y mis hermanos intentamos, en vano, romper la nostalgia recordando momentos divertidos.
En el momento del entierro, mi papá, ya no más tranquilo, pasó la mano sobre la tumba y habló con emoción:

“Mis hijos, fueron 55 buenos años.. Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con alguien durante tanto tiempo”.

Hizo una pausa, secó sus lágrimas y siguió:

“ Ella y yo estuvimos juntos en muchas crisis. He cambiado de empleo, renovamos todo el mobiliario cuando vendimos la casa y cambiamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos concluyendo la facultad, lloramos uno al lado del otro cuando los seres queridos partían. Rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el momento del dolor, cambiamos abrazos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores. Hijos, ahora ella se fue y estoy contento. ¿Y saben por que? Porque ella se fue antes de mi y no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Soy yo que voy pasar por esta situación, y agradezco a Dios por eso. Yo la amo tanto que no me gustaría que sufriese así.
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo estábamos con el rostro cubiertos de lágrimas. Nosotros los abrazamos y él nos consuela, diciendo: Está todo bien, mis hijos, podemos ir para casa”.

Este fue un buen día. Y, por fin, el profesor concluyó: En aquel día comprendí lo que es el verdadero amor.
Esta mucho más allá del romanticismo, y no tiene mucho a ver con el erotismo, pero esta vinculada a trabajar y al cuidado a que se profesan dos personas realmente comprometidas. Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieran argumentar. Este tipo de amor era algo que no conocían.
El verdadero amor se revela en los pequeños gestos, en el día a día y por todos los días. El verdadero amor no es egoísta, no es presuncioso tampoco alimenta el deseo de posesión sobre la persona amada.
“Quien camina solo puede incluso llegar más rápido, pero aquel que va acompañado con seguridad llegara más lejos. “La paciencia puede ser amarga, pero sus frutos son dulces”

Traducción y Adaptación: Thaís Rufino de Azevedo
Autor: Profesor Felipe Aquino
Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva. –

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¿El amor es para siempre?

El amor no es para toda la vida
Está comprobado científicamente que el enamoramiento sí que caduca al cabo, aproximadamente, de los cuatro años. Es curioso comprobar que el punto máximo de divorcios coincide con los cuatro años de convivencia. Pero la ciencia también nos dice que cuando la pasión se acaba, debemos dejar paso al amor. Desde un punto de vista científico, la felitenamina (producto de la pasión) debe dejar paso a la endorfina (producto del amor). Es decir, hay
que aprender a conducir la pasión hacia el amor, que suele ser más tierno y
sosegado, pero más duradero.

No sólo de sexo vive la pareja
Si el amor ha llegado alguna vez a tu vida, sin duda el sexo se ha convertido en pilar fundamental de vuestra relación durante los primeros años. Pero esta pasión suele decaer con el tiempo, por eso la mera atracción física o sexual no servirá para manteneros unidos toda la vida, aunque sea
un elemento muy importante.

Por eso, si quieres que nuestra relación perdure a lo largo del tiempo es imprescindible que cuenten con otros factores como el cariño, los gustos,
vuestras prioridades… Y es que, ¿quién ha dicho que mantener la felicidad en pareja eternamente sea algo sencillo?

Manos a la obra
Lo más importante es ser conscientes de que el amor de cuento de hadas, del príncipe azul y la princesa viviendo felices eternamente en su castillo
encantado, no existe. El amor es un ser vivo que necesita ser alimentarlo para crecer, desarrollarse, evolucionar.

En este proceso seguro que sufrirán numerosos altibajos, entrarán las dudas y deberán luchar para conseguir que vuestra historia perdure. Pero si
disponen de las herramientas adecuadas, serán capaces de superar cualquier situación.

Toma nota de algunos ingredientes de los que siempre deberás disponer para elaborar la fórmula magistral del amor eterno.

Mucha comunicación
Es el ingrediente más importante. Hazle partícipe de todo lo que te pasa, de tus sentimientos, de tus sueños, de tus problemas. Pero esto no significa que os debáis pasar todo el tiempo hablando, a veces los silencios pueden ser igual de comunicativos.

Una buena porción de saber escuchar
Tan importante es saber mostrarte a tu
pareja, como permitir que tu pareja muestre su propio yo. Si no aprendes a escuchar, nunca llegarás a conocer a tu compañero. Además, puedes generar en él un sentimiento de frustración al no mostrar interés por lo que tiene que decir.

Unas gotitas de intimidad
Conviene que de vez en cuando se den un respiro y se regalen momentos de soledad, intimidad y reflexión. Muy importante para el desarrollo personal de cada uno de ustedes, que les permita ser ustedes mismos y no una imagen del otro.

El otro día, en un curso presencial sobre “cómo aprender a amar”, una de las personas asistentes me preguntó: las parejas, ¿son para siempre

Creo que la respuesta más adecuada es, simplemente, darse cuenta que el amor sí es para siempre, ya que siempre podemos desear el máximo bien para mí y para la otra persona. Pero lo que sí puede cambiar, sin embargo, es la forma concreta en cómo el amor se expresa.

¿Lo investigamos?

EL AMOR COMO CAPACIDAD

El amor puede estar presente en todas y cada una de las relaciones que establecemos con las personas que nos rodean, si entendemos que amar es buscar el máximo bien de las personas implicadas. No importa si tenemos al lado la pareja, un padre, una madre, un hermano/a, los hijos/as, un compañero/a de trabajo… el amor está presente.

De nosotros depende, única y exclusivamente, convocar este deseo de felicidad en nuestro interior. Por otro lado, es importante reconocer las formas concretas que toma cada relación de amor, pues eso nos permitirá amar con mayor sabiduría. A continuación, hablaremos sobre algunas de ellas.

AMOR CONSCIENTE DE PAREJA

Esta es la forma más habitual que actualmente toma el amor «romántico» en nuestra sociedad, pero no eso no quiere decir que sea la única forma de amor posible.

La función de la pareja o similar es compartir la vida, compartir la felicidad que tenemos. Nos convertimos en un nosotros feliz, sin perder nuestra individualidad. No hay jerarquía, sino igualdad en la relación. Hay ayuda, apoyo mutuo, interés por la felicidad propia y del otro, corresponsabilidad. Naturalmente, es imprescindible que nuestras parejas nos caigan bien o la relación está llamada al fracaso.

El amor consciente de pareja no tiene fecha de caducidad marcada con antelación, pero si la otra persona nos dijera que desea dejarnos y deseamos su bien, solamente podemos apoyar su decisión. Por otra parte, si nuestra convivencia continua deja de ser un espacio de felicidad, lo adecuado es transformar la relación siendo conscientes que lo que cambia es el modo de relación, pero que el amor sigue ahí vivo.

AMOR CONSCIENTE A LOS HIJOS/AS

Somos padres/madres con la intención de dar la vida a alguien que no podemos escoger, pero con quien hacemos una promesa de apoyarlo en su crecimiento hasta que sea independiente. Así pues, no es necesario que nuestros hijos/as nos caigan bien: ¡y esto no suele decirse nunca y es fuente de sufrimiento para muchas personas que lo viven en silencio! Solamente es necesario que nos sea posible mantener el amor que les hemos prometido: buscar su máximo bien.

Pero en el amor hacia los hijos/as hay otro elemento clave: el poder, autoridad o jerarquía. Vamos a decidir por ellos/as en los temas donde sean incapaces de decidir y asumir el resultado de sus decisiones. A medida que pueden decidir y asumir el resultado de sus decisiones en ciertas áreas, vamos reduciendo nuestra intervención y los dejamos decidir a ellos/as para que aprendan de las consecuencias. Eso implica respetar su libertad sin interferir, relacionándonos desde la igualdad.

AMOR CONSCIENTE A AMIGOS/AS

La función de la amistad es compartir felicidad, pero sin mayor compromiso a largo plazo que mientras sea adecuado y, además, sabiendo que solo compartimos ratitos en actividades/intereses que tengamos en común. La amistad implica igualdad, no jerarquía: estamos en el mismo nivel y somos libres.

La amistad conlleva tener intereses comunes a los que dedicamos tiempo, pero también admirar los valores de nuestros amigos/as, poder hacer acuerdos con ellos y negociar cuando estamos en desacuerdo en algún tema.

También es imprescindible, como en la pareja, que nos caigan bien. Sin embargo, ello no es necesario en ninguna otra relación… ¡qué a menudo lo olvidamos exigiendo que los demás nos caigan bien y confundiendo eso con el amor!

AMOR CONSCIENTE A LOS PROGENITORES

La función filial es devolver una pequeña parte del amor recibido en la infancia si los padres/madres no pueden decidir por ellos mismos.

Mientras los padres son autónomos la relación con ellos es de igualdad, sin interferencias, sin querer cambiarlos. En cambio, cuando no pueden valerse por sí mismos/as, no es obligatorio cuidarles (sería aceptar que los hijos/as se engendran para cuidar a los progenitores), pero sí podemos hacerlo como una opción amorosa consciente que nos ayude a crecer y como una forma de devolverles una pequeña parte del amor recibido. Evidentemente, es muy noble devolver el amor recibido, siempre que no lo entendamos como una obligación.

Amarlos sabiamente implica no querer retenerlos cuando su vida se acaba, dejarlos ir cuando su tiempo se ha terminado, ayudarlos a morir sabiamente.

EL AMOR QUE NO DAS, TE LO QUITAS

En el amor no hay polaridad, ni tampoco dependencias: siempre puede sostenerse.

Recuerda: el amor que das, te lo das. El amor que no das, te lo quitas.

8 señales de que un amor durará para siempre

Si mañana conocieras una adivina con la capacidad de decirte cualquier cosa sobre tu futuro… ¿Qué le preguntarías?
Apuesto a que una de las ideas que se te cruzó por la mente tuvo que ver con el amor. Es que todos deseamos saber si seremos amados. Y más aún, deseamos saber también cuán amados seremos.
Cuando estás enamorado, sobre todo en los primeros momentos, crees que ese amor nunca se acabará. Pero, aunque todo el mundo piensa lo mismo cuando se enamora, no todas las parejas duran para siempre.

Aunque no haya ninguna adivina a quien recurrir, puedes fijarte en estas 8 señales para saber si ese amor tan especial puede durar toda la vida.

1. Ninguna demostración de cariño parece demasiado
Las demostraciones de afecto son especiales en una pareja. Los besos, los abrazos, los jugueteos… Cuando se está enamorado parece que nunca alcanza, que quieres estar en contacto con la otra persona por siempre.
En las relaciones destinadas a perdurar, aunque el fuego inicial se apague, nunca te molestarán las demostraciones de cariño.
Si, por el contrario, cualquier manifestación de afecto te resulta molesta, puede que no estés con la persona indicada.

2. Se cuidan mutuamente
Frases como “abrígate que hace frío” o “mejor descansa que mañana tienes un día largo”, no son solo «de madres». Cuando aparecen en la pareja es que posiblemente se trata de una relación madura que está destinada a durar.
Cuando hay un genuino interés por lo que le ocurre a la otra persona y deseos de cuidarla y de protegerla es que el amor es verdadero.

3. Hay buena comunicación
A veces las parejas sienten que hablan mucho, pero en realidad no se están diciendo nada. Hablar de cosas triviales está muy bien, es el primer paso.
Pero si has logrado encontrar a alguien con quien puedes hablar de tu vida, que te cuenta cuestiones íntimas, a quien puedes decirle sin miramientos lo que piensas… Eres un verdadero afortunado.
Las relaciones que se afianzan verdaderamente son aquellas en las que la comunicación es profunda y fluida.

4. Piensan en el futuro
Si han hablado sobre el futuro y se han puesto de acuerdo, sin dudas que esa relación va por buen camino. A veces, las mayores crisis de las parejas pasan por querer cosas distintas para la vida.
Si, en cambio, su perspectiva a largo plazo es similar, y los dos son capaces de imaginarse en el mañana juntos, seguramente ese mañana llegará.

5. Saben resolver los problemas
A veces, las relaciones con mejor aspecto son las que menos duran. El motivo es muy simple: porque ocultan los problemas.
Cuando no hay compromiso, los problemas que surgen se guardan, se postergan, se dejan para otro momento. ¡Si ahora es todo tan lindo! Pero esa acumulación de cuestiones irresueltas puede terminar poniendo en riesgo a la pareja.
Si, en cambio, cuando surge un problema deciden inmediatamente hablarlo y discutirlo hasta llegar a un acuerdo, seguramente tienen buenas perspectivas a futuro.

6. Forman un buen equipo
Las parejas que duran en el tiempo saben hacer las cosas de a dos. En los momentos en los que deben enfrentar el mundo, serán el “dream team” y, si es necesario, se convertirán en una sola persona.
Esto no quiere decir que pierdan su individualidad. Simplemente es que se complementan lo suficientemente bien como para afrontar de la mejor manera hasta las cuestiones más difíciles. Cuando esto sucede, sin duda la pareja tiene buena perspectiva de éxito.
7. Se tienen paciencia
Todos tenemos nuestros malos días. Si la persona que tienes al lado sabe tenerte paciencia incluso esos días en los que ni tú mismo puedes soportarte, seguramente es alguien muy valioso.
Las parejas que duran han entendido el significado de “en las buenas y en las malas”, y sostendrán a su compañero incluso en sus peores momentos.
8. Están dispuestos a hacer sacrificios
No, no hablamos de matar una cabra ni nada de brujería. Hacer sacrificios en el mejor sentido de la palabra. Porque las parejas que duran saben que no siempre todo en la vida, ni en la relación, será color de rosas. Pero están dispuestos a enfrentar cualquier desafío con tal de no perder a la persona amada.

Luego de leer esto, ¿crees que tu amor durará para siempre?

¿Existe el amor o es solo una fantasía?

Todo ser humano anhela en su corazón hallar el amor, vivir el amor y morir habiéndose sentido amado. Por más que se denigre de él o se niegue su existencia siempre soñamos el lugar donde lo podamos encontrar. No se puede vivir sin creer en el amor. Ese constante rastrearlo nos ha encaminado a exigir pruebas de su existencia, a pedir a los demás que nos den una evidencia irrefutable de su realidad, que no es una mera ilusión, ni una efímera emoción intestinal que el tiempo sabe acabar; pero desafortunadamente buscamos en otros lo que deberíamos empezar a buscar en nosotros mismos.

Ése es el primer gran error: buscar el amor en otros y no en el propio interior y la propia convicción. Creemos que son los demás quienes nos han de convencer que no estamos ante una fantasía y que únicamente cuando lo hagan tangible entonces llegaremos a la conclusión de no vivir un maravilloso cuento de hadas. Desconocemos una verdad de a puño: el amor existe en quien cree en él, pues ese ya es un indicio de su presencia. Lo que sucede es que se necesita educación, guía, maduración para que lo que inicia como una mera exaltación de los sentidos y las emociones se convierta en una decisión que nada ni nadie la pueda hacer cambiar en el corazón. Cuando se ama de verdad, y ese amor ha sido producto de la convicción, no existe poder humano alguno que nos haga retroceder en lo que queremos de nosotros mismos. En ese sentido considero no válido a quienes piensan que “si me amas te amo” o “te trato como me tratas”. Independientemente de la miseria que cada quien cultive en su interior, cuando el amor se ha desarrollado es capaz de permanecer por encima de cualquier adversidad pues quien ama no permite que sean los demás los que determinen la calidad de lo que ofrece.

¿Y qué pensar de quienes en ese afán por conocer la fuerza de un amor son capaces de pedir “pruebas” de ello?

1. No existen pruebas de amor pues lo que hoy se puede hacer por alguien, mañana puede no volver a hacerse.

2. Cualquier prueba pedida es una forma de manipulación velada.

3. “Cuando das al ratón el queso, volverá a pedirte la leche”. Siempre se pedirá más y más y más pruebas de amor. Nunca es suficiente.

4. Cuando la prueba pedida es de carácter sexual la mujer debe recordar que la facilidad de su respuesta la convierte al mismo tiempo en una “chica fácil”. La misma prueba de amor se vuelve prueba de su facilidad.

5. En el amor se puede emplear la misma fórmula cristiana que para la prohibición del juramento: hay que decir sí o no; o crees o no en él. En esto, la sinceridad es lo que cuenta.

Amar es la vocación de todo ser humano, para él fuimos creados, es nuestro principio, nuestro medio y nuestro fin, pero en ese inacabable deseo por poseerlo, por experimentarlo cometemos grandes equivocaciones pues se cree que para llegar a él cualquier cosa es válida, incluyendo el pisotear a los demás. No se construye una vida sobre las cenizas de otra. Quien niega a los demás el derecho al amor, se lo niega a sí mismo. No vivimos solos el amor, siempre es una vocación de todos.

Es fundamental entender que el amor es una actitud de construcción del otro y cada uno se convierte en medio para que alcance la finalidad de su propia existencia (el otro no es un medio mío, soy yo un medio para él). Ya no se trata únicamente de “no hacer a los otros lo que no deseamos que nos hagan” sino de “hacer por los demás lo que deseamos que hagan por nosotros”. El amor, para que exista, debe ir más allá del puro sentimiento y emoción y es capaz de colocarse por encima de los estados anímicos que suelen acompañar nuestros días.

El amor, como tal, no busca ni siquiera instaurar la justicia puesto que ésta puede existir sin aquel (pero no aquel sin ésta) ya que el amor es capaz de dar por encima de la justicia misma y va más allá del merecimiento para convertirse en donación total.

El problema de todo esto radica en el hecho de que no hemos comprendido que el amor necesita también adiestramiento, enseñanza y aprendizaje para ser capaces de asimilar que no todo queda en un “bello sentimiento” que cuando desaparece creemos que ya todo se ha acabado. Independientemente que no existan emociones fuertes que muevan el interior el amor persiste como comportamiento, como actitud permanente y como donación irrestricta.

No estamos hablando de algo nimio o algo que se encuentre en la esquina de la pasión ni en la simplicidad de la simpatía o el enamoramiento; el amor tiene piel pero no es epidérmico, tiene besos pero no busca la pasión, tiene abrazos pero no es posesivo, tiene cuerpo pero no tiene revestimiento de genitalidad. Estamos hablando de aquello que le es esencial al hombre y por lo tanto es lo que le ha de llevar a la perfección de su vida.

Sólo el amor da orientación a la vida, salva del sin sentido de la existencia, da plenitud al ser y nos eterniza en el tiempo. Quien quiera ser debe amar y quien ama se vuelve “dios” sin ser Dios.

El amor no existe

Verse y sentir que están destinados a estar juntos, bailar a la luz de la luna, despertar a su lado y sentir que todo está bien, pensar que no hay nadie más importante en el mundo, querer formar una familia feliz con un perro y creer que será la única persona en tu vida son cosas que, demostrado científicamente, son falsas.

Últimos estudios de la Universidad College de Londres han demostrado que cuando nos “enamoramos” realmente sucede algo químico en nuestro cerebro que nos impide pensar de manera racional y emitir juicios objetivos; a lo que se resume que el amor, literalmente no existe.

La explicación se basa en un proceso de reproducción y biología básicos del ser humano, en el que buscamos e intimamos con personas que nos causan una armonía cerebral, en la que nuestro instinto de sobrevivencia es la que escoge a la persona con la que necesitamos estar y no su linda forma de ser con nosotros.
El salir a bailar, ir a cenar o al cine y hasta tener sexo no son acciones que hacemos porque queremos estar con la persona que «amamos», es algo que tu cuerpo y hormonas piden para tener una relación sexual, en la que se libera oxitocina, hormona que hace creer que el vínculo emocional es más grande que todo lo demás que sucede a su alrededor. Aunque las reacciones sean distintas en hombres y mujeres, a los primeros los hace dormir y a ellas las hace más conversadoras, si tienen la cantidad suficiente de sexo la hormona actúa rápidamente el cerebro para hacer creer al individuo que la persona que tiene frente a él es lo mejor que le pudo haber pasado en el mundo.

El enamoramiento no es más que una combinación de drogas que segrega nuestro cerebro, por eso nuestra sensación de placer al estar a lado de la persona que nos provoca que nuestro sistema nervioso esté vuelto loco.
A través de estos estados, en los que el ser humano se convierte a personalidades que no está acostumbrado a ser, encuentra en el «enamoramiento» una forma de pasar el día a día, ya que la mayoría de las personas se sienten solas y ese vacío -y drogas- ayudan a mitigar la sensación de soledad y creer que todo lo que se proponga es posible.
Estas conductas hacen que el individuo comience a tener sentimientos más positivos. La pareja que lo acompaña es una guía para que juntos puedad lograr cosas significativas mientras la droga en el cerebro siga funcionando. Tiempo después de que estos químicos en el cerebro han estado formando nuevas conexiones neuronales, la persona se siente más sana, pero todo tiene un límite, y es cuando la pareja comienza a tener sentimientos de obsesión por el otro; casos en que estas conductas llegan a ser catastróficas.

Un abrazo, apretón de manos o tocar a alguien que nos hace sentir deseos sexuales generará que nuestro cerebro produzca químicos que nos hagan sentir bien y activen nuestros deseos sexuales. Se dice que una persona que tiende a buscar mucho sexo, con el paso del tiempo, puede limitar sus deseos y ser alguien completamente monógamo, inclusive si ya carga con un gen de infidelidad. El cerebro tiene la capacidad de luchar contra la genética.
Si somos conscientes de qué hacemos cuando nuestro cuerpo se encuentra bajo el efecto de las drogas cerebrales y razonamos que tener una relación implica fracasos, podremos convivir con alguien de forma buena y construir cosas más duraderas y sólidas que bajo el efecto de la oxitocina costarán mas trabajo sostener.

EL IDEAL ROMÁNTICO

Hacer este balance, en la era posmoderna, es difícil porque nuestras expectativas sobre “lo que el otro debería ser” suelen ser demasiado altas. “Son unas expectativas demasiado hollywoodienses –afirma Nuñez–; tanta es la exigencia a la hora de seleccionar y elegir que ya nos aboca a una decepción previa o prematura”.Pero ¿cómo y por qué construimos esas expectativas que hasta nosotros mismos juzgamos inalcanzables? “El romance y el romanticismo se han convertido en mercancía. El capitalismo es quien está dictando lo que uno tiene que sentir cuando está enamorado de otra persona e, incluso también, lo que tiene que hacer”, explica Sampedro.

Han pasado tan sólo unos 60 años desde que descubrimos que disfrutar de un viaje a París, pasar el fin de semana en una casa rural, salir a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad o regalar flores son gestos románticos que de vez en cuando debemos compartir con la pareja. “El capitalismo ofrece rituales para todos los presupuestos, y eso permite que las parejas con menos recursos también puedan vivir los rituales románticos”, afirma Sérgio Costa, profesor de Sociología de la Universidad Libre de Berlín y autor del estudio ¿Amores fáciles? Romanticismo y consumo en la modernidad tardía. Para Costa, “el amor es la última utopía capitalista, pero a la vez es la utopía que alimenta el consumo y la acumulación de capital”. Ya no son el cine, la literatura o el arte quienes imitan al amor, sino que hoy en día son las parejas quienes imitan al arte, al cine o a la literatura. “Tomamos ejemplo de la industria cultural, de esa utopía romántica que nos ofrecen las artes, al punto de que vivimos soñando con cosas que en la vida cotidiana nunca podremos cumplir”, explica el sociólogo.

La industria cultural, y sobre todo el cine hollywoodiense, nos ofrece constantemente historias de amor exitosas, cargadas de personajes idealizados y tramas mitificadas que nos hacen creer que sólo a través del amor verdadero es posible alcanzar la felicidad plena, la armonía y la abundancia. “Ahora que vivimos en la era del vacío, como dice el filósofo francés Gilles Lipovets­ky, es fácil aferrarnos a estas promesas. Buscamos emociones fuertes y estamos hambrientos de sensaciones rápidas e intensas, de sentimientos que nos llenen el vacío”, asegura Coral Herrera, consultora de género y autora del libro La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos). “La frustración llega cuando nos damos cuenta de que ese amor verdadero, eterno y maravilloso, que nos hacen creer que existe en realidad., es tan sólo un ideal”, añade Herrera.

FRUSTRACIÓN Y REALIDAD

Pocos cuentos acaban con un final como el de Cenicienta o Blancanieves, pero aunque seamos conscientes de que el “fueron felices y comieron perdices” sólo está reservado para un pequeño porcentaje de historias, la idea de tener que afrontar la realidad tal como es no suele atraernos demasiado. “Somos generaciones poco preparadas para la frustración y tener pareja es naturalmente frustrante”, afirma Pilar Sampedro. ¿Por qué? Siempre existirán intereses y necesidades individuales que se impongan a las colectivas y que abran un pequeño abismo entre la pareja.

Nuestros abuelos sabían, de mejor o peor manera, sobrellevar las diferencias; “pero ahora nosotros queremos todo en el mismo lote, encontrar a alguien con quien configurar un proyecto de vida, sentirnos siempre enamorados y que el deseo sexual nunca se agote –explica la psicóloga–; y hay que tener claro que la pareja no puede cubrir todas nuestras necesidades, ni que siempre va a ser todo tan maravilloso como nos muestra la ficción”. En la realidad, el otro es un simple ser humano, con las mismas imperfecciones y defectos que nosotros mismos podemos tener.
“Es muy fácil anhelar la tierra prometida, pero la tierra prometida hay que caminarla”, afirma Joan Garriga, psicólogo gestálsico y autor de El buen amor en la pareja (Destino). “La pareja no está pensada para que por sí misma nos dé la felicidad, sino que hay que trabajar la relación constantemente –añade Garriga–; lo que pasa es que en este siglo parece que todo tiene que servir sólo al yo”.

¿INDIVIDUALISMO Y AMOR?

La ecuación es simple: a más libertad y mayor posibilidad de elección, más individualismo. “Vivimos en tiempos muy nuevos, en menos de 100 o 50 años el yo se ha convertido en el epicentro del vivir”, explica Garriga. Ahora somos más egocéntricos e inconformistas de lo que fueron nuestros antepasados. “El ego está muy ligado a la libertad, y ahora al tener más libertad tenemos mucha más incertidumbre”, continua el psicólogo. Un siglo atrás pocas opciones existían, “o te casabas pronto, o te metías a monje, o te desesperabas mucho hasta asumir tu soltería o optabas por la opción de la prostitución y de la vida ligera –añade Garriga–; ahora puedes estar soltero sin que nadie te mire mal, ser prostituta estando casada, tener hijos por aquí y por allá… hay mil opciones de vida”.

Los cánones se han resquebrajado configurando una sociedad libre, pero también provocando un gran estrés. Buscamos desesperadamente sin saber lo que buscamos y eso, en ocasiones, nos hace infelices. “Antes uno sabía lo que tenía que hacer: casarse, tener hijos, etcétera. Ahora hay muchas opciones, por lo que muchas personas andan desorientadas”, afirma Garriga.Ese es el motivo por el que “nos aferramos a paraísos individuales, a utopías emocionales de carácter individualista que empleamos para evadirnos de un mundo que no podemos cambiar”, explica la consultora de género Coral Herrera. En definitiva, nos aferramos al amor romántico como si se tratara de una nueva religión, creyendo que encontrar al amor verdadero es nuestra salvación y que sólo tropezando con nuestra media naranja podremos dar sentido a nuestras vidas. Pero como casi siempre, la realidad supera a la ficción.

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