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El calabacin se pela

Este post nace a raíz de un comentario un tanto indignado de uno de mis seguidores que no se aclaraba con el pelado o no pelado de las hortalizas en general antes de cocinarlas o simplemente cocerlas, ya que no había unanimidad en ello.
¡Y no es para menos!

Ya sabéis, los que me seguís, que yo discrepo bastante de lo que se ha hecho siempre y de lo que muchos siguen haciendo, alegando como justificación «que siempre se ha hecho así», quizás porque todavía seamos pocos los que aunamos los últimos conocimientos de nutrición con las técnicas modernas no solo culinarias sino de manipulación de alimentos.
El que compruebe lo que yo digo o afirmo, haciéndolo, se convencerá.
Como decía Eugene Ionesco “Pensar contra la corriente del tiempo es heroico, decirlo, una locura”.

Vamos a pasar revista a la mayoría de nuestras hortalizas o verduras, por lo menos a las más utilizadas.
Aclaro de nuevo que las verduras son las hortalizas de color verde.

Lavar las verduras en agua abundante pero rápidamente para eliminar al máximo los restos de pesticidas que pudieran tener, aunque la legislación actual prohíbe la recolección si no han transcurridos unos determinados días después del último tratamiento.
¿Por qué es bueno conservar estas pieles siempre que sea posible?
Sería el caso de berenjenas, calabacines, patatas…
Porque es dónde mayor concentración de fibra existe, y nuestra población no suele cumplir el requisito recomendado de la Organización Mundial de la Salud, OMS, de 30 g diarios.

Patatas
La patata es una hortaliza de la que nos comemos su tubérculo o raíz.
¿Hay que pelarla siempre?
¿Cuándo, antes o después de cocinada?
Si son patatas nuevas, recién recolectadas, se pueden lavar con un estropajo fuerte y cocinarse tal cual, sobre todo si se van a tomar hervidas, como guarnición, o con alguna salsa picante tipo mojo picón o salsa barbacoa casera.
De hecho las “papas arrugás” de Canarias se suelen tomar sin pelar y a veces se pueden ver patatas chips industriales que han conservado su filo casi diminuto de piel puesto que están cortadas muy finas.

También se deben cocer, siempre que se pueda, con su piel, al vapor, con 10 cucharadas de agua que nunca las tocará, en 6 o 7 minutos en la olla superrápida.
Para cocer escogerlas siempre pequeñas, de las que se denominan “para guarnición”, porque son mucho más finas, y las muy gordas dejarlas para cuando se deben pelar para freír o guisar.
Debajo de la piel de la patata se acumula la mayor cantidad de vitaminas y minerales, que se pierden en gran parte aunque se pelen con un pela verduras de cuchilla transversal que es el que menos cantidad arranca.
Y como esta piel también las protege durante su elaboración, por ello hay que conservarla la mayor cantidad de veces que se pueda.

Calabacín y berenjena
Ya vimos las múltiples razones para no pelar nunca la berenjena.
En cuanto al calabacín, se decía que su piel amargaba si su color exterior era verde fuerte, y yo misma lo he escrito en publicaciones antiguas.
Pero después de realizar varios experimentos con distintas variedades de color oscuro os puedo asegurar que, actualmente, no amargan en absoluto, por lo menos las distintas clases que he probado… ,y conservamos toda su fibra.

Calabaza naranja
Tiene una piel o corteza muy dura que hay que cortar encima de una tabla de cocina, para que resulte más fácil, después de trocearla en porciones no demasiado grandes.
Parece ser, y esto no lo he comprobado yo, que si se cuecen con piel estos trozos medianos en una olla superrápida, para elaborar después un puré o una crema de calabaza, se ablandan igual que el resto de la pieza y la preparación conseguida resulta muy buena y más espesita, precisamente por toda esta fibra de la corteza.
Probadlo.

Pepinos
Tampoco hay que pelarlos nunca, solo escogerlos pequeños y muy duros al tacto para que en su interior tengan poca agua y pocas semillas, lo mismo que sucede en los calabacines.
Si son así, y de buena calidad, no se repiten nunca en crudo, de ahí que haya que añadirlos así al gazpacho tradicional y al gazpacho de pepino.

Espárragos verdes
Parece que la «última novedad o sofisticación» consiste en pelar las partes centrales y posteriores del tallo obviando las puntas.
Nunca los he pelado, ni finos ni gordos y, en mi opinión es una operación totalmente innecesaria puesto que desaprovechamos parte de su fibra, y una pérdida de tiempo increíble, por mucho que se haga con el pelador mágico.
Otra cosa son los espárragos blancos que hay que pelar enteros, a partir de sus yemas, por su composición muy fibrosa y estropajosa.

Rabanitos
Nunca deben pelarse porque precisamente el color carmín tan bonito de su piel se debe a la presencia de antocianinas que forman parte de los polifenoles, y se definen como flavonoides fenólicos de los que cada día se van conociendo más propiedades interesantes.
Aunque se presenten en forma de flor, que resulta muy decorativa, hay que tomarse la piel que está formando como pétalos ya separados.

Zanahorias y nabos
Si son nuevos, como en el caso de la patatas, prácticamente no tendrán piel y se podrán cocinar directamente después de frotados con un estropajo fuerte.
Los nabos se pueden cocer siempre con piel aunque no sean tan tempranos porque su piel es… como si formara un todo y no fuera distinta en el interior.
En cuanto a las zanahorias, como las tenemos durante todo el año, si ya se ve que tienen la piel fea, pelarlas siempre con el maravilloso pelapatatas o pela verduras.

Cebollas y cebolletas
Las cebollas secas son tan duras, por lo menos las que yo encuentro, que ya siempre compro cebolletas tiernas.
Si tenéis varias que vais a usar, o a conservar congeladas, encima de la tabla de cocina cortar de una sola tajada, con un cuchillo grande, todos los tallos verdes de un manojo, conservando solo las partes blancas.
No hace falta ni quitarles la goma que las junta, todo se corta de una sola vez y se tira, a no ser que hagáis a menudo sopas de verduras y queráis guardar estas partes feas para congelarlas y usarlas ese día.
Será entonces cuando las lavaremos bien.
Todas se tiraran después de cocidas, pero habrán proporcionado su sabor a la sopa o caldo de verduras.

Cortar ahora a cada cebolleta las «barbas» del otro extremo, y para eliminar la primera capa que puede estar sucia, rota o ser muy dura partirlas por la mitad a lo largo, nunca a lo ancho.
De esta manera se retira a cada una de estas mitades esta primera capa con más facilidad, y con un cuchillito, esta vez pequeño, se retira el resto feo, de color más intenso, del que salían las barbas y que suele ser muy duro.
¡Nadie lo hace!… pero probarlo y veréis que tardáis mucho menos tiempo.
Ahora ya se pueden picar en trocitos en una picadora, o en rodajas finas a mano, o con una mandolina más o menos rudimentaria.
Tanto picada, como en anillas, la cebolla congela maravillosamente, y el día que las necesitéis, una vez descongeladas, solo tendréis que espachurrarlas fuertemente contra las paredes del tupper pues sueltan bastante agua.
Si os habéis olvidado de descongelarlas, hacerlo en un momento en el microondas, a una potencia de 300 o 350 vatios.
Es muy cómodo tener siempre cebollas congeladas de estas 2 formas, ya que nos facilitan mucho la vida.
También se pueden congelar cocidas o ablandadas en el micro, sofritas y doraditas, o incluso caramelizadas.

Habas
Ya vimos que no había que quitarles nunca la segunda piel o “calzón”.
Como éste puede resultar algo basto al paladar, dependiendo de la variedad y de su época de recolección, lo que hay que hacer es escogerlas muy tiernitas, como hacen en la provincia de Murcia donde las consumen durante todo el año crudas.
O escoger, para cocinar, las congeladas que sean realmente baby.

Tomates
Aunque tampoco deberían pelarse, es verdad que actualmente hay variedades que tienen no solo una especie de ”corazón” interior duro, fibroso y muy desagradable al paladar, sino también una piel muy basta, entre ellos las variedades de pera que son ideales para la conserva precisamente por la dureza de esta piel.
De todas maneras aunque los peléis, si están bien rojos, seguirán teniendo una buena cantidad de licopeno, poderoso antioxidante.
Pero cuando tengáis que hacer salsa de tomate debéis conservarla porque con las potentes trituradoras de las que hoy disponemos desparecerá completamente.

Champiñones
Otra nueva moda, en mi opinión totalmente absurda, es pelarlos, aunque estén de un blanco precioso, ya que no solo perdemos tiempo, que actualmente es cada día más escaso, sino que les eliminamos gran parte de su fibra, que es una de sus propiedades más interesantes.
Adquirirlos muy blancos, sin mancha alguna, lo que querrá decir que son muy frescos y lavarlos y cocinarlos como ya os he explicado muchas veces, nunca pelados.

Alcachofas
En cuanto a las alcachofas merecen una mención aparte, pues aunque no se pelan, cuando se les quitan todas las hojas para conseguir los corazones completamente limpios, es como si los peláramos exhaustivamente.
Cortarles todas las partes duras de las hojas, pero en cuanto aparezcan las hojas verdes, cortarles solamente las puntas que son duras pero conservando estos trocitos de hoja pegados al corazón.
Hacerlo de una sola vez, como hacíamos con las acelgas.
Si son muy tiernas, frescas y de calidad se pueden aprovechar hasta sus rabos largos que, en este caso, sí pelaremos.

Espero no haberme olvidado de ninguna.

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Pelar o no pelar

El mundo de las cremas de calabacin es todo un arco iris.
Las hay blancas…

Amarillas…

Verdes…

Yo siempre he sido de verde.
Y nunca me había cuestionado su verdor hasta que un día alguien, en el momento tupper de la comida en mi trabajo, confundió mi crema (un poco espesa, todo hay que decirlo) con guacamole… un compañero se ofreció a ir a comprar nachos para acompañar mientras otro más ya se dirigía a su mesa a buscar una botella de tequila que guardaba para una buena ocasión, comentarios, risas, se oye una ranchera de fondo… ¡oh, crema mía! ¡jamás hubieras imaginado ser objeto de mofas por tan superficial característica!

Y a partir de ese momento no pude evitar fijarme en los tonos de las cremas de calabacín ajenas.
Me encontré con una amplia mayoría de blancas y algunas con tono verdoso, pero en todo caso, ninguna con un verde tan intenso como la mía.

Podría convertir la burla en orgullo: “¡¡yo la tengo más verde que la tuuuyaaa!!” y esgrimir tal (verde) argumento hacia aquellas críticas destructivas infundadas por la (verde) envidia.

Pero como soy una persona que gusta de poner en duda hasta los pilares más asentados, tengo que ver si por desconocimiento verdeé lo que debería ser blanco o, por el contrario, también la crema verde que te quiero verde.

¿Por qué unas son verdes y otras blancas?
Es la presencia o ausencia de la piel del calabacin en el triturado la que determinará su color.
A igualdad de ingredientes, con calabacines pelados saldrá tirando a blanca y sin pelar, verde.

¿Y por qué algunas personas pelan (B:”pro-crema blanca”) y otras no (V:”pro-crema verde”)?
Algunos de los motivos que he ido recogiendo:

1. Falta de tiempo o ganas (V).

Pelar el calabacin antes de ponerlo a hervir es un tiempo añadido que hay personas que no están dispuestas a invertir.

2. La piel del calabacin es amarga (B)

Un análisis de componentes de la piel del calabacin hubiera sido muy útil para tratarlo de la forma más objetiva posible.
En la Base de datos Española de Composición de Alimentos, a día de hoy, no existe ninguna entrada para el calabacin.

Sin embargo, la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria afirma que es un mito.

No hay muchos datos al respecto, pero ¿qué os dice la experiencia?
A mi me dice que no lo es, y llevo haciendo “cremas verdes” mucho tiempo. No obstante, si alguna vez has encontrado con alguno que sí lo es, te aconsejo que le des una segunda oportunidad.

3. Para asegurar una correcta limpieza y, como la piel está en contacto directo con pesticidas, mejor eliminarla (B)
Igual que ocurre con el resto de frutas y verduras cuya piel es comestible, debería ser suficiente con un lavado con agua potable para eliminar cualquier residuo de pesticida con capacidad para dañar al consumidor.

Cito textualmente lo que dice la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición sobre la evaluación de los riesgos sobre la ingesta de frutas sin pelar:

“La autorización de utilización de un producto fitosanitario requiere la evaluación previa de las consecuencias que ello conlleva para la salud de los consumidores, teniéndose en cuenta los efectos a corto y largo plazo de esa ingesta, así como los grupos vulnerables de la población, como los niños, y siempre desde un enfoque del “peor caso posible”, es decir, aquella situación en la que tras la realización de ensayos supervisados se ha observado la mayor presencia de residuos en la fruta.”
“Las frutas y verduras deben lavarse colocándolas bajo un chorro de agua. Si están muy sucias pueden sumergirse o emplearse desinfectantes como la lejía de uso alimentario.”

4. En la piel es donde se concentra la mayor cantidad de vitaminas y fibra (V)
No es una característica del calabacin: en general en frutas y verduras, es la piel la parte más rica en cuanto a vitaminas y fibra.

5. Eliminar la piel para la comida del bebé (B) pero conservarla para los adultos (V)
No he encontrado ninguna opinión de alguien con criterio suficiente que apoye que la piel del calabacín pueda causar molestias al sistema digestivo de un bebé.

En definitiva, parecen haber más puntos a favor de conservar la piel que a favor de quitarla.
Sin embargo faltaba la prueba definitiva: cocinar una crema sin piel. El resultado fue un color blanco con un suave tono verde, más parecido a las que había visto a mi alrededor, con un sabor más suave y una textura más fina. Me atrevería a decir, algo aburrida.
Y como “crema” no rima con “aburrida”, en mis cazuelas, seguirá siendo de su color original.

Por cierto, si queréis recetas para hacer cremas de calabacin de diferentes colores, podéis tomar como referencia los sitios de donde he sacado las fotos.
No las he probado, así que no garantizo que los colores obtenidos sean los que hay en las fotos.

Fotos de las cremas extraídas de:

  • Blanca – Petifchef
  • Amarilla – Petitchef
  • Verde – Cristina cocina facil

Aunque hay alimentos que podemos ingerir en crudo sin problemas, muchos otros deben cocerse antes de comerlos para poder digerirlos bien. Unas veces será porque contienen bacterias y parásitos que pueden afectar nuestra salud, otras porque nuestro sistema digestivo no puede procesarlos bien, e incluso porque crudos pueden resultar venenosos. Por eso vamos a explicaros cuáles son los 11 alimentos que no se deben comer crudos nunca.

Seguramente, cuando veáis la siguiente lista, pensaréis que «realmente» nunca comeríais alguno de estos alimentos sin cocinar, porque no os apetece en absoluto, pero debéis saber que de hacerlo pondríais vuestra salud en juego. Sin duda, hay muchos ingredientes que es mejor consumirlos frescos y crudos, pensemos en la mayoría de vegetales como zanahorias, pepinos o lechugas, pero hay otros que deben cocinarse para que podamos beneficiarnos de ellos. ¿Descubrimos cuáles son?

1. Judías rojas

Si directamente comiéramos esta legumbre cruda, no solo nos sabría mal sino que en un par de horas tendríamos náuseas, vómitos y malestar estomacal. ¿La culpable? Una toxina natural llamada lectina, por eso es mejor remojar las judías rojas en agua durante al menos cinco horas antes de cocinarlas y hervirlas durante al menos 30 minutos antes de comerlas.

Las judías rojas están llenas de proteínas, fibra y antioxidantes, pero comerlas crudos puede causar estragos en nuestro estómago pues también continen una lectina llamada fitohemaglutinina, que puede causar molestias gastrointestinales desagradables y síntomas similares a la intoxicación alimentaria. Cuando se cocinan, la cantidad de este compuesto venenoso se reduce significativamente, lo que permite que el cuerpo digiera este ingrediento inofensivamente.

2. Almendras amargas

Las almendras que habitualmente comemos son almendras «dulces» y hay muchas razones de salud para no cambiar de hábitos, pero las almendras amargas son como su hermana malvada, pues contienen ácido hidrociánico, que es una combinación peligrosa de cianuro de hidrógeno y agua. Para que os hagáis una idea, bastarían únicamente unas 70 almendras crudas amargas para matar a un adulto. Afortunadamente, son inocuas si están cocinadas, y la mayoría de las tiendas de comestibles no las venden. Los lugares más probables donde podéis encontrarlas son en el extracto de almendra y los licores con sabor a almendra.

La intoxicación por cianuro de hidrógeno incluye los síntomas de mareos y dolor de cabeza a vómitos y convulsiones, según la cantidad de almendras amargas que se haya comido, por eso es muy importante blanquear o tostar este alimento, pues así se destruye se componente dañino.

3. Patatas

Probablemente no queráis comer patatas crudas, pero en realidad hay una muy buena razón por la que no deberíais comerlas. Las patatas crudas no solo contienen toxinas que pueden dañar vuestro cuerpo, sino que su almidón crudo también puede causar molestias digestivas, como hinchazón. Por eso es necesario hervirlas, hornearlas, freírlas o tostarlas para descomponer esos almidones.

También debéis tener en cuenta que si las patatas crudas pasan mucho tiempo en un área cálida o húmeda, pueden volverse verdes y desarrollar una toxina llamada solanina. Si una patata parece tener manchas verdes, debéis evitar comerla por completo, ya que la solanina podría causar intoxicación alimentaria y producir dolor de estómago, dolor de cabeza o incluso parálisis.

4. Yuca

La yuca (o raíz de yuca) contiene cianuro o glucósidos cianogénicos, sustancias químicas que liberan cianuro cuando se comen. Se encuentran altos niveles de esta toxina en sus hojas, lo que impide que los insectos y animales la coman, pero en ocasiones también llegan a la raíz comestible. Para que este tubérculo almidonado sea comestible debe remojarse en agua, enjuagarse bien, pelarse y cocerse tan pronto como sea posible después de la cosecha.

Este vegetal de raíz, un alimento básico de la cocina sudamericana y africana pues es muy fácil de cultivar en climas húmedos, está lleno de vitaminas y minerales. Pero también está ocultando un ingrediente furtivo y potencialmente letal. Algo que también debéis saber es que la yuca tiene muchos nombres: arrurruz, mandioca, tapioca, kassave, mandioca y yuca, pero como sea que se llame, solo debéis comerla cocinada (habitualmente frita). Las hojas de yuca, cuyo sabor es parecido a las coles, no requieren tanto cuidado, pero aun así deben cocerse.

5. Setas

Los hongos son saludables, no hay duda, sin embargo, consumirlos crudos puede ser duro para nuestro sistema digestivo. Hay dos razones principales para cocinar las setas en lugar de servirlas crudas. Los hongos silvestres crudos pueden ser difíciles de digerir, por lo que cocinarlos os ayudara a evitar la molestia gastrointestinal, pero también muchos son tóxicos y potencialmente mortales cuando están crudos. Cocinar descompone esos compuestos dañinos.

Las paredes celulares de las setas son diferentes de las paredes celulares de las frutas y verduras, y la cocción las descompone, por lo que nuestros cuerpos pueden manejar el procesamiento de las células fúngicas resistentes. Romper esas paredes celulares con la cocina también ayuda a incrementar su valor nutricional.

6. Cerdo

Si bien el peligro asociado con comer carne de cerdo cruda o poco cocinada ha disminuido desde los años 70 y 80, porque estos animales se crían en mejores condiciones higiénicas y ya no se alimentan de basura, es mejor que no comamos esta carne cruda, pues aún existe el riesgo de contraer uno de los dos parásitos que puede contener: la triquinosis o la tenia del cerdo.

La triquinosis es un parásito, que se instala en el intestino delgado después de comer carne infectada y se reproduce rápidamente, entrando en el torrente sanguíneo y produciendo muchos síntomas que van desde dolor muscular hasta el ojo rosado, en el peor de los casos incluso puede producir la muerte. Por su parte, la tenia del cerdo es una de las principales causas de convulsiones en todo el mundo. Ahora ya sé porqué mi abuela no come carne de cerdo en verano y además la cocina siempre mucho.

7. Leche cruda

Cuando era niña, mi madre me enviaba a comprar la leche cruda con una lechera, lo primero que hacía cuando se la llevaba era hervirla y me advertía que nunca tomara esa leche sin hervirla previamente varias veces. Hoy en día la leche cruda parece estar de moda, y se están levantando las prohibiciones para su comercialización, pero no es tan saludable como nos dicen y tomarla sin hervir puede resultar perjudicial para nuestra salud.

La leche que proviene directamente de una vaca, sin ser pasteurizada, puede contener bacterias dañinas como E. coli y Salmonella. La leche cruda tiene 150 veces más probabilidades de causar enfermedades transmitidas por los alimentos que otros productos lácteos, por eso es siempre mejor que nos decidamos por leche pasteurizada, es decir, leche que ha sido sometida a un calentamiento suave (70º-90ºC) durante unos segundos para inactivar microbios como algunos patógenos (causantes de enfermedades), sin modificar sensiblemente las cualidades del alimento y evitando que se deteriore inmediatamente.

8. Pollo

Entre el camino que va desde la planta de procesamiento y el supermercado, el pollo crudo puede recoger montones y montones de pequeños microbios que pueden resultar dañinos para nuestra salud. Por eso debemos asegurarnos que todo el pollo que comamos esté cocido. Por cierto, no hay necesidad de enjuagar el pollo antes de cocinarlo: las bacterias se matarán durante la cocción y el agua que salpique podría infectar toda la cocina, por eso es importante también limpiar a conciencia la tabla donde lo hayamos cortado.

9. Huevos

Desde el mismo momento en que una gallina pone un huevo este está expuesto a contagiarse de bacterias dañinas, como la salmonella, que puede ser transportada en la superficie de las cáscaras de huevo o absorbida en el huevo mismo. La contaminación también puede verse influenciada por factores como la edad y el tamaño del pollo, qué está comiendo, cuánto estrés tiene (sí, estrés) y cuán limpio está el ambiente donde se encuentra, entre otros.

Si bien el riesgo real de que un huevo tenga salmonella es bastante bajo, no vale la pena arriesgarse, pues causa síntomas de intoxicación alimentaria como calambres estomacales, diarrea, náuseas, fiebre y dolor de cabeza, estos síntomas pueden aparecer dentro de las primeras seis a 48 horas de consumo de huevos crudos y pueden durar hasta siete días. La única manera de asegurarnos de que los huevos que estamos consumiendo están libres de salmonella es cocinarlos a fondo o usar huevos pasteurizados.

10. Hojas de ruibarbo

Es posible que hayáis oído que el ruibarbo es venenoso cuando está crudo, pero en realidad son las hojas las que debemos evitar a toda costa, pues contienen niveles increíblemente altos de una toxina llamada ácido oxálico, que cuando se consume puede causar daño renal grave, y posiblemente incluso la muerte.

Si se comen crudas, las hojas de ruibarbo pueden causar problemas para respirar, diarrea, dolor en los ojos e incluso convulsiones. Solo una pequeña cantidad es todo lo que necesitas para que os arrepintáis de haber tomado un bocado. Esta es la razón por la que podéis haber notado que las hojas de ruibarbo han sido eliminadas en vuestra tienda local. ¡Mejor hagamos un batido de ruibarbo de fresa con tallos de ruibarbo!

11. Aceitunas

Las aceitunas directamente cogidas del árbol contienen una alta concentración de un compuesto llamado oleuropeína, que les da un sabor amargo. Saltearlas y aliñarlas descompone la oleuropeína, produciendo las deliciosas aceitunas que todos conocemos y amamos.

Hay varias formas diferentes de preparar aceitunas para que sean apetecibles. Remojarlas en agua dulce eliminará parte de su amargura, pero es preferible usar una salmuera durante algunas semanas o incluso algunos meses en agua salada o envasarlos en sal. Las aceitunas preparadas aún contienen algo de oleuropeína, pero no lo suficiente como para dar un sabor desagradable

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El calabacín es una hortaliza que encontramos todo el año en el mercado, pero su temporada es el verano, por lo que es cuando más nos gusta preparar recetas con ella. Es muy versátil, se puede cocinar a la plancha, al vapor, frita, al horno… y también se puede comer cruda, ya os hemos comentado en varias ocasiones lo que nos gusta el calabacín sin cocinar porque proporciona una textura ideal para combinar con ciertos alimentos, y un sabor suave que acepta cantidad de armonías.

Algunas de las que más nos gustan las vais a poder ver en este recopilatorio de ocho recetas para comer calabacín crudo, nos encanta con albahaca, con mostaza, con frutas dulces… Consumir esta hortaliza sin cocinar también nos garantiza que conservará más nutrientes que cocinado, y según nuestra experiencia, que las personas que no son muy amigas de las verduras, disfrutarán del calabacín de otra forma que no sea con el clásico puré.

Las formas en las que habitualmente preparamos el calabacín para comerlo crudo es cortándolo muy fino, como si fueran tallarines, para lo que se puede utilizar una mandolina o un pelador de patatas, o cortándolo en daditos. Esperamos que estas propuestas os tienten lo suficiente como para probarlas, son recetas muy fáciles y rápidas de hacer, ideales para cualquier día de la semana. Ya nos contaréis qué os parecen, ¿os gusta el calabacín crudo?

Cecina, calabacín y sésamo

Calabacín encurtido

Ensalada de calabacín con migas

Ensalada de calabacín y parmesano

Ensalada de pasta con calabacín, mango y vinagreta de mostaza

Lentejas con calabacín y albahaca

Quinua con calabacín y nueces

Solomillo de pavo con ensalada de mango y calabacín

Los beneficios del calabacín o zucchini para la salud

Aporta minerales y vitaminas esenciales

El calabacín contiene vitaminas y minerales esenciales para la salud del cuerpo. El potasio contribuye a regular la presión arterial , según afirma este estudio realizado por la Clínica Las Condes (Chile) y a eliminar toxinas del cuepo.

Aporta minerales beneficiosos para la salud de los huesos, como calcio, fósforo y magnesio.

Las vitaminas del grupo B, son esenciales para la función cognitiva, según afirma este estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid.Por su parte, el ácido fólico, es una vitamina que ayuda a la salud del sistema nervioso y el sistema inmunitario.

Debido a su bajo nivel de sodio, el calabacín puede ser apto para quienes padecen hipertensióno tienen exceso de colesterol.

Cómo elegir y conservar el calabacín

En general, conviene elegir calabacines no muy grandes, ya que suelen tener una pulpa más dura y muchas semillas.

El tono del calabacín no tiene relación con su calidad, sino que es fundamentalmente una cuestión de variedad. Hay varios tipos de calabacines.

En cuanto a su conservación, es bastante sencillo de conservar ya que puede durar hasta dos semanas en el refrigerador.

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