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Embarazo a los 38

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Estos son los puntos principales que debe saber sobre el embarazo después de os 35 años de edad:

  • El embarazo después de los 35 años de edad significa que hay más probabilidades de que ciertas complicaciones surjan, como el nacimiento prematuro, los defectos de nacimiento y el embarazo múltiple.
  • Si tiene más de 35 años, quizás le convenga hacerse pruebas prenatales de detección para ver si su bebé corre riesgo de tener ciertos defectos de nacimiento.
  • Las mujeres mayores de 35 pueden tener problemas para quedar embarazadas. Si esto le sucede, hable con su profesional de la salud.

¿Qué complicaciones del embarazo son más probables en las mujeres mayores de 35 años?

Con la edad, usted corre más riesgo que las mujeres más jóvenes de tener ciertas condiciones de salud que pueden causar complicaciones antes y durante el embarazo, incluyendo:

  • Dificultad para quedar embarazada (problemas de fertilidad). Cada mujer nace con una cantidad determinada de óvulos. Se libera un óvulo cada vez que ovula, aproximandamente 14 días antes de que le llegue el período menstrual. Entonces, con la edad, tendrá menos y menos óvulos, y los que tiene no se fertilizan fácilmente por el espermatozoide del hombre. Todo esto dificulta el embarazo. Si tiene más de 35 años y ha estado intentando quedar embarazada durante 6 meses, avísele a su profesional de la salud. Es posible que le recomiende tratamientos para la fertilidad que pueden ayudarla a quedar embarazada.
  • Diabetes preexistente. La diabetes sucede cuando tiene demasiada azúcar en la sangre (llamada azúcar en sangre o glucosa). Demasiada azúcar en la sangre puede dañar los órganos del cuerpo como los vasos sanguíneos, los nervios, los ojos y los riñones. La diabetes preexistente significa que usted tiene diabetes antes de quedar embarazada.
  • Diabetes gestacional. Es un tipo de diabetes que algunas mujeres tienen durante el embarazo.
  • Alta presión arterial (también llamada hipertensión). La alta presión arterial es cuando la fuerza de la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos es demasiado grande.
  • Preeclampsia. Esta afección puede suceder después de la semana 20 de embarazo o inmediatamente después del embarazo. Sucede cuando la embarazada tiene alta presión arterial y señales de que algunos de sus órganos, como los riñones y el hígado, no están funcionando normalmente. Las señales de la preeclampsia incluyen tener proteína en la orina, cambios en la vista y dolor de cabeza grave. Si tiene más de 40 años, su riesgo de preeclampsia es más alto que en las mujeres jóvenes.

Estos problemas médicos pueden causar complicaciones durante el embarazo, incluyendo:

  • Nacimiento prematuro. Sucede cuando su bebé nace demasiado pronto, antes de las 37 semanas de embarazo. Los bebés prematuros corren más riesgo que los bebés nacidos a término de tener problemas de salud al nacer y más tarde en la vida.
  • Bajo peso al nacer. Sucede cuando su bebé nace pesando menos de 5 libras y 8 onzas.
  • Estar embarazada con más de un bebé, como mellizos, trillizos o más. Las mujeres de más edad son más propensas que las jóvenes a quedar embarazadas con múltiples. Eso puede suceder naturalmente y es más probable el embarazo múltiple con algunos tratamientos para la fertilidad. El embarazo múltiple puede causar problemas durante el embarazo, como nacimiento prematuro, preeclampsia, diabetes del embarazo y problemas con el crecimiento de su bebé. Si se está haciendo un tratamiento para la fertilidad, pregunte a su profesional cuál es aquel que le puede ayudar a quedar embarazada de un solo bebé.
  • Defectos de nacimiento incluido el síndrome de Down. Los defectos de nacimiento son problemas de salud que están presentes cuando el bebé nace. Esos defectos cambian la forma o función de una o más partes del cuerpo. Pueden ocasionar problemas en la salud en general, en cómo se desarrolla el cuerpo o cómo funciona. Es más probable que las mujeres de más edad tengan un bebé con un defecto de nacimiento que las mujeres jóvenes.
  • Necesitar una cesárea. La cesárea es una operación en la que su bebé nace mediante un corte que el médico le hace a usted en el abdomen y en el útero (matriz). Al igual que otras cirugías, la cesárea tiene riesgos, tales como infección y reacción a la anestesia. Cuanto más edad tenga, más probable es que sufra complicaciones con el embarazo que hacen necesaria la cesárea.
  • Aborto espontáneo. Sucede cuando el bebé muere en la matriz antes de las 20 semanas de embarazo.
  • Nacimiento sin vida. El nacimiento sin vida sucede cuando el bebé muere en la matriz después de las 20 semanas de embarazo.

Si es mayor de 35 años, ¿necesita pruebas prenatales especiales?

Como las mujeres de más edad son más propensas que las mujeres jóvenes a tener un bebé con un defecto de nacimiento, si usted es mayor de 35 años, le convendrá hacerse algunas pruebas prenatales para ver si su bebé corre riesgo. Las pruebas de detección como la prueba del ADN fetal libre de células o el análisis de la sangre materna le analizan la sangre para ver si su bebé corre riesgo de tener ciertos defectos de nacimiento. La prueba de detección no le dice con seguridad si su bebé tiene un defecto de nacimiento. Solo le dice si su bebé corre riesgo de tener un defecto de nacimiento.

Si los resultados de las pruebas de detección muestran que su bebé tiene el riesgo de ciertos defectos de nacimiento, tal vez le convenga hacerse algunas pruebas de diagnóstico. Esas pruebas le dicen con seguridad si su bebé tiene o no un defecto de nacimiento. Esas pruebas incluyen la muestra de la vellosidad coriónica y la amniocentesis.

Hable con su profesional sobre estas pruebas para decidir si son adecuadas para usted.

Si es mayor de 35 años, ¿qué puede hacer para ayudarla a tener un bebé sano?

Aunque sea menor de 35 años, tomar estos pasos antes y durante el embarazo puede ayudarla a tener un embarazo sano y un bebé sano:

Antes del embarazo

  • Hágase un chequeo preconcepcional. Es un chequeo médico que ayuda a asegurar que usted está sana antes de quedar embarazada. En este chequeo, hable con su profesional sobre su historial médico familiar, vacunas que necesita y medicamentos que toma. Su historial médico familiar es un registro de los problemas de salud y tratamientos que usted, su pareja y todos los parientes de sus familias han tenido. Ayuda a su profesional de la salud a detectar problemas médicos que son hereditarios en su familia y que pueden afectar su embarazo. Las vacunas pueden protegerla de ciertas enfermedades.
  • Reciba tratamiento para las condiciones de salud que tenga, como diabetes, alta presión arterial y depresión. Asegúrese de que su profesional de la salud sepa qué medicamentos toma para esos problemas. Quizás deba cambiar a un medicamento que sea más seguro durante el embarazo.
  • Tome una multivitamina con 400 microgramos de ácido fólico todos los días. El ácido fólico es una vitamina que cada célula de su cuerpo necesita para el crecimiento y desarrollo normales. Tomar ácido fólico antes y durante el comienzo del embarazo puede ayudar a prevenir defectos de nacimiento del cerebro y la médula espinal llamados defectos del tubo neural y defectos de nacimiento en la boca del bebé llamados labio leporino y fisura palatina.
  • Llegue a un peso sano. Es más probable que tenga problemas de salud durante el embarazo si tiene sobrepeso (pesa demasiado) o tiene poco peso. Para alcanzar un peso sano antes de quedar embarazada, coma alimentos sanos y haga algo activo todos los días.
  • No fume, no beba alcohol, no use drogas ilegales y no se abuse de medicamentos recetados. Avise al profesional de la salud si necesita ayuda para dejar el hábito.
  • Protéjase contra sustancias químicas perjudiciales en la casa o el trabajo. Utilizar algunas sustancias químicas, como productos de limpieza y pinturas, puede aumentar sus probabilidades de tener un bebé con un defecto de nacimiento.
  • Reduzca el estrés. Su profesional puede ayudarla a buscar las formas de reducir el estrés para que no afecte a su embarazo.

Durante el embarazo

  • Acuda a todas las visitas de cuidado prenatal aunque se sienta bien. Hacerse chequeos prenatales regulares le permite a su profesional controlar su salud y la de su bebé en crecimiento. Vaya a su primera cita de cuidado prenatal en cuanto sepa que está embarazada. Hable con su profesional de la salud sobre las pruebas prenatales que conviene hacerse y las vacunas que necesita. Algunas vacunas, como la vacuna contra la influenza, son seguras si se las da durante el embarazo.
  • Mantenga el tratamiento de los problemas de salud que tenga. Asegúrese de que su profesional de la salud sepa qué medicamentos toma para esos problemas. Quizás deba cambiar a un medicamento menos riesgoso para su bebé durante el embarazo.
  • Aumente la cantidad adecuada de peso. La cantidad de peso que aumentar durante el embarazo depende de lo que pesaba antes de quedar embarazada. Hable con su profesional de la salud sobre la cantidad de peso que debe aumentar. Coma alimentos sanos, tome su vitamina prenatal y haga algo activo todos los días.
  • No fume, no beba alcohol, no use drogas ilegales y no se abuse de medicamentos recetados. Hable con su profesional de la salud si necesita ayuda para dejar algún mal hábito.
  • Protéjase de sustancias químicas perjudiciales en casa o en el trabajo que pueden ser peligrosas para su bebé, y reduzca su estrés.

Revisado en abril de 2016

«Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos». Gloria Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz. Acaba de narrar la historia de su fracaso reproductivo. Una historia que arranca con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño. En ese momento su cerebro hizo click. Tras seis años de intentos finalmente tiraba la toalla. Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con acunar. Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.

La edad media a la que las españolas son madres no ha hecho más que aumentar. En 1980 era de 28,2 años. En 2014, 32,2. Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en mujeres de más de 40 años que en 2000. Pero todos estos datos no muestran una cara de esta nueva realidad: el dolor de las mujeres y parejas que se quedan por el camino. Los que no alcanzan su sueño. Por problemas de fertilidad. Por causas desconocidas. O porque se pusieron demasiado tarde a intentarlo.

La tasa de embarazo de la mujer según su edad cae irremediablemente. Con 25 años, hay un 25% de opciones por ciclo de lograrlo. Con 30, un 22%. Con 35, un 12%. Con 40, un 5%. Y con 45, un 1%. Y sin embargo, miles de mujeres se ponen a ello cada año rozando ya edades difíciles o imposibles. Isidoro Bruna, de la Sociedad Española de Fertilidad, explica el por qué: “Asumen que si su aspecto físico es bueno, también lo será su fertilidad y creen que lo lograrán al igual que las famosas que tienen hijos pero no explican que son fruto de la ovodonación, que son un tercio de todas las fecundaciones que se realizan. Es una pena que durante sus chequeos rutinarios los ginecólogos rara vez les informen de la caída de su reserva ovárica”.

El límite de 40 años que fija la sanidad pública para someter a una mujer a un tratamiento de fertilidad empuja a miles de parejas y mujeres a una de las 200 clínicas privadas que hay en el país. En torno al 3,2% de los niños nacidos en España fueron gestados mediante técnicas de fertilidad. En 2013, 27.780 pacientes se sometieron a una fecundación in vitro (con un coste medio de 4.000 euros). Pero un 10% de ellos, según la estimación del sector, no lo lograron.

A la vista de que la edad media de las pacientes que pisan una clínica privada con idea de someterse a un tratamiento para ser madres es de 38,2 años, varios expertos de la Sociedad Española de Fertilidad redactaron un documento para que los ginecólogos ayuden a las mujeres, a unas edades más tempranas, abrir los ojos a la realidad. “En 2012 les hicimos llegar un texto con información sobre cómo informarles sobre su reserva ovárica”, dice Isidoro Bruna, uno de los autores. “Pero, desgraciadamente, caló a pocos”. Bruna defiende que los ginecólogos deberían preguntar a las mujeres en sus chequeos rutinarios si han valorado la maternidad.

Sin embargo, Tirso Pérez Medina, Vicepresidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y Jefe de Servicio del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, cree que el asunto es mucho más delicado. “Les puede hacer sentir mal. Lo que sí hago es decirles que, si tienen pensado quedarse embarazadas, no esperen demasiado para ponerse a ello”.

Laia (nombre ficticio), arquitecta y catalana, retrasó la búsqueda del bebé. Hasta ese momento no había parado de trabajar. «Por la crisis intuía que me podía quedar sin trabajo, así que esperé un poco. Todos a mí alrededor, incluida mi ginecóloga, me decían que 37 años no eran tantos. No imaginé lo que se me iba a venir encima». Tras dos tratamientos en una clínica privada le dijeron que sus óvulos no eran de buena calidad y que por eso no se quedaba embarazada. Le propusieron una técnica que implicaba someterse a varios ciclos para obtener 10 embriones, analizarlos y transferirle los de más calidad, pero Laia y su marido no quisieron seguir adelante. Como muchas parejas, el sufrimiento que les causó cada intento fue suficiente para decidir parar. “Sé que puedo ser feliz de otras maneras”, dice Laia. «A veces pienso que me he rendido, pero me resulta más fácil asumirlo a la posibilidad de que se me cierren más puertas. Con 42 años he entendido que hay cosas que tengo que asumir. ¿Conformista? Tal vez. Ahora lo que más miedo me da es el futuro, cuando sea una abuelita sin energía. Me da miedo imaginarme sola el día de Navidad. Qué paranoica, ¿no?».

Una de las consecuencias del inicio tardío de la natalidad es que las mujeres gestan menos hijos que antes, otra de las causas de que en el primer semestre de 2015 haya habido más muertes en España que nacimientos. Pero no siempre es una decisión meditada. Cristina, 42 años, tuvo a su primer hijo mediante tratamiento en una clínica privada. Con 39 años volvió al mismo sitio buscando un segundo bebé pero su reserva ovárica no respondió. O se conformaba o intentaba una ovodonación. «Tenía 41 años y me deprimí muchísimo. Estábamos en la playa, mi marido jugando con nuestro hijo y yo no podía parar de llorar. Era una lucha interna enorme».

Angustiada, buscó información en Internet como muchas otras parejas y mujeres. Acupuntura para la fertilidad. Meditación. Acompañamiento para sobrellevar el estrés (como ofrece Eva Bernal, que tuvo tres hijos tras someterse a 18 tratamientos). Charlas para entender el proceso de cada miembro de la pareja… De todo lo que encontró, a Cristina le interesó especialmente un método basado en la alimentación que ofrece la enfermera Virginia Ruipérez. «Me cambió la dieta por una sanísima. Ella defiende que ayuda. Yo no lo sé. Desde luego malo no puede ser y quería hacer todo lo que estuviera en mi mano». Tras tres meses ella y su marido optaron por intentar la ovodonación. Pero tras el tercer fracaso, en diciembre pasado, decidieron parar. «Daría todo lo que tengo si me aseguraran que con un tratamiento más lograría el embarazo, pero no puedo vivir obsesionada por algo que no existe ni va quizá a existir».

Tras el cuarto aborto, la ginecóloga de la clínica pública en la que Gloria Labay se sometió a todos sus tratamientos, le hizo un segundo estudio de fertilidad. El primero había salido bien, pero en el segundo comprobaron que su útero tenía forma de corazón (arcuato). Gloria se quedará con la duda de si ese fue el motivo de sus abortos. Sí sabe por qué no le dejaron adoptar. Cuando inició el proceso lo hizo en Nepal como familia monoparental. Pero muy pronto se cerraron las adopciones con ese país por falta de controles. Tres años más tarde le ofrecieron abrir una nueva vía y al contar que tenía novio, le negaron la idoneidad. «Ahora tengo 51 años», empieza la matrona. «Diariamente por mi profesión soy testigo del milagro de ver nacer a una criatura y es duro comprobar que es un tren que para mí ya pasó, aunque ahora ya no pienso en ello todos los días. Pero hay que reinventarse. No tener hijos también tiene ventajas, puedes disponer de tu vida como quieras, tienes más dinero para lo que te dé la gana. Una psicóloga me dijo que quizá no podría ser madre, pero sí podría ser la mejor tía. El año pasado me fui con tres sobrinas, de 8, 6 y 4 años, a un camping. Este año ya estoy planeando un viaje al Pirineo catalán. De momento tenemos feeling. Pero lo de la maternidad será siempre mi herida de guerra».

4. Cero alcohol

Si eres de las mujeres que consumen bebidas alcohólicas, necesitas dejarlas. No podrás tomar licor, cerveza, vino o mezclas de vino con frutas durante los 9 meses de gestación.

5. Fumar y utilizar drogas

Está prohibido.

¿Mi edad afecta la fertilidad?

Como ya hemos hablado en informaciones anteriores, las mujeres comienzan a disminuir su fertilidad a partir de los 30 años. Los expertos de Narcersano.org indican que esto se debe a una menor frecuencia de ovulación o a problemas como la endometriosis, que ocurre cuando el útero se adhiere a los ovarios o trompas de falopio e interfieren a la hora de quedar embarazada.

De acuerdo a la experiencia de los médicos de GeoSalud, las mujeres de 35 años o más que traten de quedar embarazadas por seis meses y no lo logren, tendrán que acudir al médico. Y aunque podrían tener más dificultades para ser mamá, también tienen mayor probabilidad de tener mellizos incluso hasta los 39 años. Conoce más sobre el calendario de fertilidad.

¿Podría enfrentar problemas de salud?

Sin importar la edad, cualquier mujer necesitar ir al ginecólogo antes de intentar quedar embarazada. Principalmente aquellas entre los 35 a 50 años de edad, pues podrían poner el riesgo su salud y la del bebé.

Es muy común que aparezcan problemas como diabetes y presión arterial en futuras madres mayores de 35 años. Un estudio realizado por la Universidad de California en Davis, descubrió que las madres primerizas de más de 40 años tienen un 60% más de probabilidades de desarrollar este tipo de enfermedades que madres de 20 a 30 años.

¿Existe riesgo de aborto?

Los abortos espontáneos ocurren en los primeros tres meses de embarazo en mujeres de cualquier edad. Las investigaciones calculan que el riesgo de perder a su bebé es de 12 a 15% en las mamás de entre 20 y 30 años; sin embargo aumenta en un 25% cuando las mamás superan los 40 años.

¿Hay riesgo de que mi bebé nazca con algún padecimiento?

El transtorno más común es el síndrome de Down. Las mamás de 25 años, tiene una probabilidad entre 1260 casos; la de 30 años una entre 952; a los 35, una entre 378 y a los 40, una entre 106.

Conoce sobre cuáles son las mejores posiciones para quedar embarazada.

En los países desarrollados, las mujeres se convierten en madres a edades cada vez más avanzadas. Las causas de este fenómeno son un conjunto de factores relacionados con el estilo de vida que han ido retrasando la edad de ser madre en los últimos años. Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en España la edad media de las madres primerizas es de 32,2 años y un 30% de las mujeres tiene su primer hijo con más de 35 años.

Sin lugar a dudas, la edad materna es un factor influyente en el desarrollo de los hijos. La madurez con la que se enfrenta la mujer a la maternidad evidentemente repercute en la crianza de los hijos y en su vida futura. Mencionamos seis grandes ventajas de ser madre después de los 35.

Si bien quedar embarazada a edades avanzadas es el doble de difícil y está relacionado con mayores riesgos en el embarazo y el parto, hoy en día, gracias a los controles médicos periódicos y a llevar un embarazo saludable, son muchas las mujeres que tienen su primer hijo pasados los 35 sin ninguna complicación.

Además, hay muchas ventajas de ser madre a los 35, cuando la mujer ha alcanzado cierta estabilidad laboral y socioeconómica que le anima a vivir la experiencia de la maternidad. Estas son algunas:

Mejoran las habilidades mentales

Son diversos los estudios que relacionan la edad materna avanzada con una mejora de las habilidades mentales. Según un estudio publicado en Journal of the American Geriatrics Society las mujeres que tienen a su primer hijo después de los 35 obtienen mejores resultados en los tests de agudeza mental, de resolución de problemas y de capacidades verbales.

Uno de los motivos podría deberse a que el aumento de hormonas que se produce durante el embarazo podría afectar la química del cerebro, y que a mayor edad de la madre, más durarán esos cambios en su cerebro. Ello se traduce en una mejor función cognitiva en edades avanzadas.

Castigan menos a los hijos

Pero los beneficios no sólo son para ellas, sino también para los hijos y la forma en la que estos serán educados. Un nuevo estudio sobre casi 5.000 madres en Dinamarca, publicado en una edición reciente de la revista European Journal of Developmental Psychology, ha encontrado que las madres mayores son menos propensas a gritar a sus hijos e imponer castigos severos, y que los niños son menos propensos a tener problemas sociales, emocionales y de comportamiento.

Al comprobar on arriba en los niños de madres con edades de 7, 11 y 15. Se encontró que los niños de madres mayores tienen menos problemas sociales, emocionales y de comportamiento en las edades de 7 y 11, pero no por 15. También edad observado que la madres mayores eran menos propensos a regañar duramente y disciplinar a sus hijos.

Tienen una mejor situación económica

A estas edades, la mujer suele contar con una mejor situación económica y una situación laboral consolidada. La estabilidad económica permite afrontar la crianza de los hijos con mayor tranquilidad.

Son más maduras

La madurez psicológica es una ventaja en sí misma. Hay padres y madres que han tenido hijos en sus veinte y han vuelto a tenerlos en sus cuarenta y dicen que la diferencia es muy notoria. Priorizan las preocupaciones realmente importantes y evaden aquellas que no lo son tanto.

Se vuelven más flexibles y tolerantes, generando un ambiente positivo y menos estructurado, lo cual conduce a una crianza más sana y feliz.

Llevan una vida más sana

Generalmente, a edades avanzadas, las mujeres tienen mayor conciencia sobre nutrición saludable. Son más cuidadosas con la dieta, se preocupan más por la calidad de alimentos que consumen, y ello repercute en una mejor alimentación de los hijos.

Tienen mayor autoconfianza

A su vez, tienen una percepción más positiva de su cuerpo, se conoce mejor y una mayor confianza en las decisiones que toma. Esta seguridad también repercute en la coherencia a la hora de educar a los hijos. No quiere decir que las mujeres de menor edad no la tengan, pero evidentemente la experiencia de vida contribuye a tomar mejores decisiones para nuestros hijos.

En Bebés y más | Los bebés que nacen de mujeres mayores de 35 años podrían ser más inteligentes

Este es un escrito simbólico y de fundamental importancia en mi vida: el relato de mi experiencia y lo que ha significado para mí convertirme en madre por primera vez en el umbral de mis 40 años.

El hecho de convertirme en madre es el impulso que me ha conducido hasta este instante en el que me encuentro escribiendo estas líneas. Finalmente, plasmando y concretando uno de los grandes anhelos de mi vida: escribir.

Gracias al nacimiento de mi hijo y a mi nuevo rol de mamá, estoy aquí compartiendo mis vivencias y reflexiones con ustedes.

Esas son las maravillosas causalidades con las cuales la vida nos sorprende todos los días.

SOY UNA MAMÁ A LOS 40

El Inicio

Realmente, mi recorrido en el camino de la maternidad inició “casi” a mis 40 años. Inicié mi embarazo a los 38 años. Tenía 39 años cuando mi hijo nació y cuando él cumplió sus 7 meses de edad, yo cumplí mis 40 años.

Los 40 años, esa edad que se ha convertido en un hito para casi todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres. Por alguna razón, cumplir 40 años entraña un cierto detenerte en el camino, un reflexionar sobre los 20 años anteriores de tu vida en los que has vivido tu etapa de adulto.

Ese es el motivo por el cual quizá nos sentimos obligados a hacer ese alto en el camino para realizar una introspección, reflexionar, preguntarnos qué hemos hecho, hacia donde nos dirigimos, cómo nos sentimos hasta ahora con nuestras vidas, si somos felices, si nos hemos realizado personal y profesionalmente, si hemos cumplido con nuestros propósitos establecidos a priori, evaluar si necesitamos hacer cambios o ajustes y… seguir adelante.

Y resulta ser que en ese hito de la vida personal, yo alcancé otro indiscutible hito en la vida de toda mujer: me convertí en MADRE.

Hoy en día, ser madre a los 40 años no es un evento tan inusual como lo hubiese sido probablemente hace 20 años. Muchas mujeres posponen la maternidad para formarse académicamente, desarrollarse en el ámbito profesional, conocerse a sí mismas, experimentar la vida, lograr una estabilidad económica y por muchos otros motivos.

Probablemente, cuando consideran que ya han cumplido con esas etapas y sienten el deseo, o consideran, que ya están listas para ser madres es muy probable que se encuentren viviendo su década de los 30.

En mi caso, los eventos de mi vida siempre se han sucedido a un ritmo particular. No tan rápido como la sociedad dictamina o según lo socialmente establecido como la “norma” o el promedio, pero terminan ocurriendo y de la mejor manera posible (¡comprobado!).

Y así ha sido con todo: con mi tesis de grado de licenciatura, con mi matrimonio y, como no podía ser de otra manera, con la llegada de mi hijo.

Es una constante en mi vida, y son esas constantes de la vida que son buenas identificar, reconocer y establecer una buena relación para poder colaborar en correspondencia con ellas a lo largo de tu experiencia vital.

En pocas palabras, en mi vida no hubo apresuramientos excesivos… ¡hasta que me convertí en Madre!

Decidir el Momento

Hablando desde el punto de vista de una maternidad consciente, decidir el momento de querer ser madre puede ser motivado por diferentes e innumerables razones, según mujeres existan. Para mí, ese momento se presentó a mis 36 años de edad.

Después de plantearme en múltiples ocasiones las razones o motivos por los cuales deseaba tener un hijo, a los 36 años me sentí lista para asumir la responsabilidad de cuidar de una vida. Por supuesto, en este punto no sabes a lo que te vas a enfrentar hasta que lo experimentas, pero de eso va el tema, y por eso creo que realmente nunca estás 100% lista para ser madre.

No decidí que quería ser madre por una supuesta obligación social o porque es lo que se supone que debemos hacer como mujeres. Decidí que quería ser Madre porque deseaba experimentar la maternidad y ofrecer amor a un ser que estuviese bajo mi responsabilidad, cuidados y guía. Esos fueron mis motivos.

Expectativa vs. Realidad

A mis 36 años me enfrenté a la cruda realidad que quedar embarazada no me fue tan “fácil” como yo esperaba. Al contrario se convirtió en un tema que me eludía constantemente.

Cada mes que recibía la confirmación silenciosa de la naturaleza de que no se había concretado un embarazo, me entristecía. Al principio, sentía una tristeza leve acompañada de un desconcertante asombro luego se convirtió en una tristeza profunda acompañada de una gran desilusión.

La Incomprensión Social

El tiempo seguía pasando y aparte de enfrentar mi propia desilusión, me enfrenté a otro tema que terminé denominando “la incomprensión social”, disfrazada de “buenas intenciones”. (Para matizarlo en el post le he llamado “incomprensión social”, pero realmente lo considero una “crueldad social”).

Cuándo ya has pasado los 35 años y tienes una relación de pareja estable, pareciera ser que la pregunta obligada de la sociedad es “¿y tú, cuándo?”. Entiéndase por esta pregunta, “¿y tú… para cuándo un embarazo?”.

O escuchas frases del tipo “espero que el próximo año para el Día de la Madre ya seas mamá y pueda felicitarte”. Y están los otros que empiezan a ofrecerte “ayuda” no solicitada, ya sea espiritual, de consejos, etc. para lograr ese embarazo que, por cierto, la mayoría asume que estás buscando porque tú no se lo has comentado a nadie y no tienes por qué hacerlo.

El resultado es que empiezas a esquivar las reuniones familiares y los compromisos sociales, solamente para evitar esas preguntas que no aceptas recibir y las cuales no tienes el deber de responder.

En fin, yo terminé denominando a este comportamiento que parece ser muy “natural” y “bienintencionado”, una “incomprensión social”, con ciertos tintes de desconsideración y crueldad. Y cuándo esas preguntas provienen de otras mujeres/madres, cuesta más entenderlo.

Soy partidaria de la regla de oro “trata a los demás como querrías que te tratarán a ti”, y desde el más absoluto respeto que siento por la vida de los demás, ni en el pasado ni en el presente y seguramente ni en el futuro creo que actuaría de esa forma con ninguna congénere.

Así que en este punto del camino, me enfrentaba a mi propia tristeza, desilusión personal y a la incomprensión social del entorno. Entonces, empecé a evaluar la posibilidad de hacer un cambio de planes o establecer un Plan B.

Cambio de Planes o Plan B

Cuando por diversas razones toqué fondo sobre este tema, que ya me estaba causando mucha incomodidad personal, me planteé la posibilidad de que no sería madre.

Empecé a aceptar tibiamente la idea de que quizá mi experiencia de vida radicaría en dedicarme a mí y a mi relación de pareja. A mejorar como ser humano y como mujer y a realizarme en todos aquellos aspectos del ser en los que podría realizarme: física, emocional y espiritualmente. Por ende, decidí evaluar otras opciones para mi vida.

Curiosamente, en ese momento, me encontré en una disyuntiva: optar por un programa de fitness (ejercicios + alimentación) o por un curso de escritura creativa (como ya les he dicho la escritura es mi gran pasión).

Opté por el plan de fitness, decidí que si mejoraba mi condición física (que no estaba tan mal, pero definitivamente no estaba en óptimas condiciones), podría entonces tener la energía, la vitalidad y la disposición para enfrentar las demás tareas y actividades que desease ejecutar, entre ellas, escribir.

Como soy una fiel creyente en hacer todo desde la comodidad de mi casa, me inscribí en un programa de fitness virtual. Con una coach que te asesoraba directa y constantemente, te proporcionaba un plan de ejercicios (con vídeos para realizar en casa) y un plan de alimentación en tres niveles diseñado por ella misma. Además, podía acceder a un grupo de apoyo compuesto por mujeres de todo el mundo con las cuales tenía la oportunidad de compartir inquietudes e intercambiar experiencias y consejos.

Así me veía 2 meses antes de quedar embarazada.

Entiendo ahora que esa fue la mejor decisión que pude haber tomado. A esa decisión le atribuyo una gran parte del logro de mi embarazo.

¡El Resultado Positivo!

Siete meses después de iniciar mi programa fitness, resulté embarazada. Aparecía en la prueba de embarazo casera una tenue rayita que alimentó mi frágil esperanza de convertirme en madre. No me permití emocionarme, lo confieso, lo tomé con calma y esperé a confirmar todo con los exámenes médicos antes de sentirme feliz, aunque con reservas.

Cuando resulté embarazada me encontraba en un excelente momento físico y emocional. Físicamente, me ejercitaba diariamente, 6 veces por semana. Mi cuerpo había experimentado cambios notorios. Me alimentaba saludablemente. Mi alimentación estaba compuesta mayoritariamente por frutas, vegetales, verduras y pescado, eliminé y/o reduje significativamente el consumo de azúcar, lácteos y cafeína.

Emocionalmente, había experimentado procesos de sanación muy profundos. En términos generales, me sentía estupendamente.

Pienso que fue un trabajo en conjunto, yo hice mi parte, me dediqué a mejorarme a mí misma y la vida recompensó mi esfuerzo otorgándome su manifestación más esplendorosa: otra Vida.

Esta foto fue tomada exactamente 2 meses antes de nacer mi hijo.

A mis casi 40 años vivencié un excelente embarazo, no experimenté náuseas, vómitos, ni hubo presión alta y no fue tratado como un embarazo de alto riesgo. Fue un embarazo sereno y tranquilo.

Como epílogo de ese sereno embarazo, para el nacimiento de mi hijo todas las circunstancias se alinearon y pude experimentar un parto natural, en casa, sin fármacos, en una piscina de parto, donde pude recibir a mi hijo en la quietud e intimidad de mi hogar, acompañada de mi esposo y mis padres, y asistida por dos maravillosos médicos gineco-obstetras.

Te invito a leer la Historia de mi Parto en Casa y del Nacimiento de mi Hijo Primera Parte: La Decisión y Segunda Parte: La Labor de Parto, Sensaciones y Sentimientos

Mi Experiencia como Madre a los 40

No podría yo comparar como es ser madre a los 20 o a los 30 o a los 40 años, sólo puedo hablar de cómo he experimentado mi maternidad que resulta ser la estoy vivenciando a mis 40 años.

· He experimentado las mismas inseguridades que cualquier otra madre primeriza podría tener sobre cómo cuidar a mi hijo, cómo tratarlo y decidir qué es lo mejor para él. Sobre todo, en los primeros meses y primer año de su vida en los que me estaba ajustando a mi nuevo rol y aprendiendo sobre un mundo TOTALMENTE nuevo para mí. Al mismo tiempo que conocía a mi bebé, me adaptaba a él y él a mí, porque no debemos perder de vista que cada niño o niña viene con su particular forma de ser, carácter y personalidad y lo irás conociendo y adaptándote a él así como él te irá conociendo y adaptándose a ti.

· Ser madre a esta edad me permitió cumplir con todos esos requisitos académicos se supone debemos cumplir a cierta edad y que nos proporcionan una cierta satisfacción o tranquilidad que nos libera tensión y nos permite enfocarnos más en la maternidad, es decir, contar con una profesión y haber cursado y terminado mis estudios universitarios superiores.

· Desde el punto de vista profesional, emprender antes de ser madre también me permitió dedicarle más tiempo a mi emprendimiento y a adquirir experiencias en el ejercicio de mi profesión. Un tiempo que ahora viéndolo en retrospectiva no hubiese podido dedicar en la misma magnitud con las responsabilidades y la dedicación que conlleva criar a un hijo.

· Gracias a todo lo anterior, logré concretar mi deseo y decisión de ser una madre en casa y dedicarme 100% al cuidado y crianza de mi hijo en sus dos primeros años de vida, luego de los cuales me he ido integrando poco a poco al mundo profesional, siempre de forma independiente para estar el máximo de tiempo con él.

· Antes de ser madre, me dediqué a recorrer un camino de autoconocimiento y de introspección, de análisis y reflexión sobre la vida (el cual todavía estoy recorriendo y sinceramente estimo que es de por vida), gracias al cual he obtenido un entendimiento y comprensión de muchos temas que me ayudan a reafirmarme cada día acerca de las decisiones que tomo sobre la crianza y educación de mi hijo.

· Mi experiencia me hizo entender y comprender que en la Vida todo ocurre en su justo momento, aun cuando previamente no eres capaz de darte cuenta y te desesperas porque los hechos no suceden en el tiempo o a la velocidad que deseas.

· A mis 40 años estoy clara acerca de mi deseo de estar presente física y emocionalmente en la vida de mi hijo el mayor tiempo posible. Soy una fiel creyente de que el Amor es el Fundamento de la Vida, es el sentimiento determinante en nuestros primeros años para cimentar nuestros afectos, proporcionándonos la seguridad y la confianza que nos permite descubrir, explorar y aprender el mundo sintiéndonos respaldados y seguros. Mi presencia a diario en la vida de mi hijo y los resultados que observo en su conducta y desarrollo me lo confirman. Ese descubrimiento y esa certeza se los debo a mis años previos de experiencias, aprendizajes y reflexiones.

Por supuesto, no existe la edad perfecta como tampoco existe una receta única para ser madre ni para establecer las mejores pautas, normas de conducta o reglas sobre la maternidad.

Desde mi punto de vista, lo más importante son las circunstancias que rodean a esa concepción, a ese nacimiento, a esa vida y a los cuidados y al amor que se le brinda desde sus inicios.

Ser Madre: El Evento de mi Vida.

Constantemente afirmo que convertirme en madre es el evento más importante de mi Vida.

Cuando ya había liberado la idea de ser madre, un día la vida me entregó el mejor de los obsequios: otra vida. Una vida para cuidar, educar y AMAR.

Hoy en día, esa vida me acompaña diariamente: camina, corre, habla, conversa, canta, llora, piensa, explora, aprende, experimenta, expresa sus emociones… mi Pequeñito se encuentra aquí conmigo.

Mi Pequeñito, ese maravilloso Ser Humano que ha revolucionado mi Vida en todos los aspectos y que todos los días me inspira para ser la mejor persona, mujer y madre que puedo ser.

Para finalizar con mi historia, desde lo más profundo de mi alma, comparto con ustedes este escrito que refleja mis sentimientos hacia el camino de la Maternidad.

Así es mi experiencia siendo una mamá a los 40 o el inicio de mi recorrido en el camino de la Maternidad.

Hoy quiero dar una vuelta de tuerca (no digo si apretando o aflojando) al tema de la concepción y la reproducción con otro de los factores que genera debate social, cuál es la mejor edad para tener hijos.
La edad media de maternidad en España son los 29’3 años, cifra que nos sitúa en el puesto antepenúltimo de Europa, y un 30% de las mujeres tiene su primer hijo con más de 35 años.

Esta cifra podría explicarse con varias razones que han provocado que la edad media haya ido creciendo hasta la fecha:

  • Inestabilidad laboral y económica: estamos en la era del trabajo temporal y de la necesidad de un amplio currículum para encontrar un puesto. Esto ha hecho que pocas parejas hayan tenido la seguridad económica que necesitaban para tener un hijo.
  • El precio abusivo que han tenido los pisos hasta ahora: punto asociable al anterior y que ha hecho que a muchas parejas les haya costado acceder a una vivienda.
  • El estrés generalizado de la población: un ritmo de vida demasiado acelerado dedicado al trabajo y al consumo que nos ha hecho entrar en una rueda de “necesito más, gasto más, trabajo más para pagar lo que he comprado”.
  • El descenso de la calidad del esperma: asociado al estrés, a la alimentación, al sedentarismo, etc.
  • El “primero vamos a vivir la vida”: en que muchas parejas deciden viajar y disfrutar de sus primeros años como pareja retrasando el momento de tener hijos.
  • El trabajo como única fuente de realización personal: mujeres y hombres basan su estatus personal en su nivel de estatus laboral. El trabajo en casa y el tiempo que se dedica a criar a los niños ha pasado a un plano secundario en la sociedad que lo ve como una carga o un freno a la progresión laboral y personal.
  • La estabilidad emocional de pareja: que puede no llegar a darse hasta edades avanzadas. Lo entiendo, tal y como está el mercado masculino (me incluyo en la crítica, que no en el mercado) cuesta decidirse a pasar el resto de la vida con según qué individuo.

Y biológicamente ¿cómo está el tema?

La probabilidad de quedarse embarazada va disminuyendo con la edad. Una mujer de unos 20 años que esté tratando de quedarse embarazada en sus días fértiles tiene un 25% de probabilidades de conseguirlo, rondando los 30 años tiene un 15%, a partir de los 35 descienden las posibilidades a un 8% y a un 3% a partir de los 38 años.

Este descenso de la fertilidad está haciendo que muchas parejas lleguen a la inesperada y desesperada situación de no lograr tener ningún hijo (se estima que cada año 44.000 parejas se añaden al “colectivo” de parejas estériles).

¿Entonces cuándo es mejor?

Los jóvenes defendemos (me posiciono aquí pues tuve mi primer hijo con 26 años) que teniendo los hijos antes de los treinta la energía es mayor. Supone decir no a muchos placeres de la vida que podríamos disfrutar en esta edad, pero entendemos que son aplazables o directamente innecesarios.

Una vez los niños crecen y tienen cierta autonomía (por ejemplo 7-10 años) seguiremos siendo relativamente jóvenes (digamos unos 35-40 años) para retomar hobbies o viajar con o sin ellos.

Como contrapunto muchos notamos una maduración vertiginosa, casi a golpes, sin tiempo casi a digerirlo (la adolescencia cada vez llega antes y cada vez se va más tarde) y es posible que en algunos momentos echemos de menos más experiencia vital que podría venir bien en momentos aciagos.

Los que deciden tener hijos más adelante, cuando las aguas están más calmadas, defienden (y estoy de acuerdo) que se encuentran en un estado de madurez emocional superior, más tranquilos y entregados.

Hay más estabilidad económica y una posición social más definida que hacen que un descanso para tener hijos genere menos inquietud sobre el “qué pasará después cuando vuelva a trabajar”.

Existe también un mayor autoconocimiento distinguiendo virtudes y limitaciones y una mayor autonomía en general, pues la experiencia de la vida aporta mayores capacidades de decisión.

Como desventajas diría que el mismo factor que aporta experiencia y sabiduría, la edad, supone un hándicap en cuanto a fuerza física. No es condición sine qua non, pues mujeres y hombres de más de 40 años con una energía envidiable los hay y muchos, sin embargo la adolescencia de los hijos llega cuando los padres rondan los 50 años y es mayor la probabilidad de falta de conexión o la sensación de estar en dos planos de comunicación demasiado alejados para el entendimiento mutuo.

Otra desventaja es la crítica social. Tener hijos a partir de los 35-40 años supone ser marcada con la etiqueta de “embarazo de alto riesgo” a nivel sanitario y con la de “egoísta” para muchos sectores de la sociedad.

En el fondo, siento que hagas lo que hagas “nunca llueve a gusto de todos”, así que la decisión, por supuesto, depende de cada pareja.

¿Cuál creéis que es la mejor edad para tener hijos?

Más información | Terra mujer
Fotos | Flickr (davhor), Flickr (teresawer)
En Bebés y más | El reloj biológico no engaña, Ser madre después de los 35, el doble de difícil

En los últimos días, se han conocido dos noticias de embarazos en edades denominadas tardías. Una, la pareja del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, la gallega Eva Cárdenas, que a sus 51 años espera su segundo hijo (el primero con el político). Y en la misma semana, el anuncio de que una médico gallega, Lina Álvarez, afronta su tercera maternidad a los 62 años y después de dos décadas de menopausia. De hecho este es su segundo embarazo tras la retirada de la regla ya que su hijo pequeño, de 10 años, también es fruto de una fecundación in vitro (FIV). Aunque estos casos sean algo exagerados, lo cierto es que cada vez más mujeres retrasan la edad de tener hijos y ya no son nada excepcionales las embarazadas de 40 años o más. ¿Cuáles son los riesgos? ¿Se aborda de la misma forma la experiencia de la maternidad cuando ya se tiene más edad?

El primer riesgo de ser madre tarde es, precisamente, no conseguirlo. Aunque, técnicamente, mientras hay regla puede haber embarazo, las posibilidades de quedarse de forma natural comienzan a disminuir a partir de los 32 años. «La fertilidad de la mujer suele ser óptima hasta los 30-31 años», explica el doctor Isidoro Bruna, director médico del HM Fertility Center, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Fertilidad y codirector del Máster de Reproducción Humana de la Universidad Complutense. «A partir de esa edad, exhibe un declinar progresivo año a año, y va descendiendo rápidamente a partir de los 38 años, hasta llegar a ser potencialmente nula a mediados de la cuarta década de la vida de la mujer». Esto no significa que no se pueda ser madre a partir de los 40, de forma natural ya que no hay imposibles categóricos en la biología, pero lo que es cierto es que «la edad de la mujer disminuye sus oportunidades tanto de forma natural como mediante los tratamientos de reproducción asistida». Según Bruna, «cada año va disminuyendo la reserva funcional ovárica. Por tanto, la edad de la mujer es el factor predictivo más relacionado con el estatus endocrinológico y la fertilidad natural».

Ya con 35 años, las probabilidades de un embarazo natural han disminuido notablemente. «En general, a partir de los 37-38 años la única solución de la disfunción reproductiva es apelar a un tratamiento de fecundación in vitro», afirma Bruna. Más allá de los 41-42 años, con óvulos de la propia mujer, la FIV solo alcanza un 20% de éxito por ciclo iniciado, según datos recogidos por el Registro Nacional de la Sociedad Española de Fertilidad y por los registros internacionales.

Desde el año 1975, la edad del primer parto ha aumentado unos cinco años y va en progresión creciente, lo que, según el experto en fertilidad, es el principal motivo por el cual ha aumentado la infertilidad en las españolas. La edad media de las españolas que buscan su primer hijo ya ha alcanzado los 32,4 años, «es como si el inconsciente colectivo femenino, por el hecho de haber prolongado significativamente su esperanza de vida, hubiera olvidado que la capacidad de ser fértil con sus propios óvulos está fisiológicamente limitada en el tiempo», sostiene Bruna.

Sin embargo no es la única razón. También hay que poner el foco en la parte masculina, puesto que un embarazo es responsabilidad a partes iguales de óvulo y espermatozoide. La calidad espermática está disminuyendo y ello parece tener su origen en la propia dinámica de las sociedades industrializadas en Occidente: «Convivimos con múltiples disruptores endocrinos (pesticidas organofosforados que nos permiten comer frutas y verduras durante todo el año), además de que nuestros trabajos cada vez son más sedentarios, lo que suele ser perjudicial para la calidad del esperma», explica.

A más edad, más riesgos

Aunque la última ley de reproducción asistida (mayo de 2006) no señala una edad a partir de la cual esté prohibido buscar un embarazo por estas técnicas, existe el consenso generalizado entre los profesionales de la medicina de la reproducción española de no buscar una gestación por encima de los 50 años. Este consenso está avalado por la Sociedad Española de Fertilidad en base al riesgo obstétrico que supone una gestación a partir de esa edad. Isidoro Bruna considera que «como en todo en la vida, habrá algún caso en que las condiciones físicas de la mujer permitan hacer una excepción, pero las excepciones, en contra de lo que dice el refrán popular, nunca pueden confirmar una regla…». Así, «en nuestros centros nunca procedemos a hacer un tratamiento de reproducción asistida a una mujer de más de 48 años y siempre que la edad exceda los 42 años, es preceptivo el aval previo de un chequeo médico a cargo del servicio de medicina interna, donde se indique que un posible embarazo no va a suponer un riesgo grave para la salud de la mujer».

Los principales riesgos de los embarazos tardíos, explica el médico, son la diabetes gestacional, la preeclamsia, el bajo peso del feto, la prematuridad y las cromosopatías (alteraciones de los cromosomas, que pueden causar defectos congénitos). Tampoco hay que desdeñar la posibilidad de tener embarazos múltiples, que se ha multiplicado por las técnicas de reproducción asistida.

Ventajas de una maternidad tardía

Aunque en el plano físico la maternidad a una edad más avanzada supone más riesgos, en el plano psicológico puede suponer algunas ventajas, una vez superadas las reticencias o presiones iniciales. «Las mujeres en general son las que sienten una fuerte presión por agarrar el último tren que, debido a su edad, pueden perder, por lo que es importante evaluar más en profundidad las razones reales que le llevan, en la mayoría de los casos, a iniciar un tratamiento de fertilidad y la posible futura maternidad», opina Ángeles Sanz, psicóloga clínica en Cinteco.

Para Sanz, las ventajas de experimentar la maternidad a una mayor edad «se desprenden de la madurez personal y emocional que se supone que tiene esa mujer, que decide que es el momento adecuado para ejercer su rol de madre». Además, «muchas veces, el hecho de intentarlo les hace sentirse más jóvenes, más fuertes, con una ilusión renovada en sus vidas, ya que van a tener y educar a un hijo con todas las fuerzas e intensidad posibles».

Cristina Núñez, directora del veterano centro de preparación al parto Más Natural, explica que en muchos casos, las embarazadas con más edad viven la experiencia de una forma más consciente. «Cada vez recibimos más alumnas conscientes de la importancia de vivir un parto lo más natural posible. Entre ellas, las gestantes mayores de 40 años muestran un mayor interés, no sólo respecto a sus partos sino también a sus cuidados prenatales, posiblemente por sus características especiales». «Hoy en día la edad, con alimentación y cuidados adecuados y buena información, no supone una traba a la hora de poder vivir una experiencia de parto saludable y disfrutada», opina.

«También puede producir un aumento de la autoestima porque se sienten capaces y fuertes para aceptar ese reto al que se van a dedicar muy profundamente, ya que es probable que otros retos de sus vidas los hayan conseguido o estén en camino de lograrlos», añade Sanz.

Otro factor positivo para la psicóloga es que «a su alrededor normalmente hay otras familias jóvenes, de forma que pueden conocer la realidad de la crianza del hijo de una forma mas realista que cuando se es más joven y se desconoce lo que realmente supone el tener un hijo». Y por último, «la estabilidad económica y social es otra factor que en estas edades es una ventaja, ya que es probable que se cuenten con unos recursos que con menor edad no se hubieran conseguido».

Dentro de las maternidades tardías hay algunas, como la de la facultativa gallega Lina Álvarez (y otros casos en España y otros países) que superan con creces la barrera de los 50. Ángeles Sanz, psicóloga clínica en Cinteco, considera que éstas no deberían denominarse tardías sino «maternidades fuera de control desde el punto de vista de lo fisiológico». Para la psicóloga «hay una gran diferencia entre ser madre con 45 y serlo con 60».

Es verdad, agrega, «que la medicina ha avanzado mucho y muy eficazmente para ayudar a las mujeres a formar una familia, a que ese ‘milagro’ sea posible». Pero es importante «tener muy en cuenta las necesidades afectivas y emocionales de ese hijo que nace en una contexto en el que está condenado a afrontar un sentimiento de pérdida de apego muy profundo, porque por ley de vida, su madre o sus padres le van a faltar antes de los 12, 14, o incluso 10 años de vida, un sentimiento de orfandad que lo marcará para siempre».

Además, sostiene Sanz, «es importante tener muy presentes las expectativas emocionales reales en cuanto a la educación que se le va a dar a un hijo cuando la madre o los padres se encuentran en un momento de madurez en el que las posibilidades de flexibilidad emocional, de tolerancia y aceptación pueden encontrase mermadas simplemente por la propia historia personal y los avatares de sus propias vidas».

Y, concluye, «también es importante tener en cuenta las razones emocionales personales de la madre o los padres que, llegado ese momento de sus vidas, deciden afrontar la maternidad, o paternidad cuando se van a sentir, en pocos años, más cansados para lidiar con las necesidades de un preadolescente o adolescente».

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A pesar de que el momento idóneo para ser madre, según nuestra biología son los 25 años, las estadísticas nos indican que es cada vez más frecuente que las mujeres posterguen la edad de un primer embarazo hasta los 32-33 años. Y la tendencia parece indicar que la mayoría preferimos tenerlos con mayor edad.

Las razones que nos mueven a ello son múltiples: buscamos trabajo estable, pareja, tener piso en propiedad, estabilidad económica… O simplemente que no se ha “despertado” nuestro reloj biológico, nuestra necesidad de ser madre. En Guiainfantil.com vamos a analizar cómo con por las características de los embarazos a partir de los 35 años y después de los 40.

Ventajas y desventajas de ser madre a partir de los 35 años

Ventajas: Es probable que las mujeres de 35 años tengan un estilo de vida más sano, comprendan mejor las necesidades de su organismo, y se cuiden más en lo que se refiere a la preparación física y la nutrición.

Hay estudios que señalan que las mujeres a esta edad tienen una imagen más positiva de su cuerpo y que toleran con mayor facilidad los síntomas típicos del embarazo, como acidez estomacal o frecuencia urinaria aumentada.

Bienestar fetal: todos los estudios coinciden en que, para el bebé, el resultado final es tan favorable como para los nacidos de madres jóvenes, según lo demuestran las puntuaciones de Apgar, que evalúan el bienestar del bebé inmediatamente después del parto, y las demás pruebas y revisiones médicas que se hacen durante la niñez.

Desventajas: Tras los 35 años, la fertilidad decrece drásticamente (en aproximadamente el 50% de las posibilidades de una mujer de 20 años). No sólo se ve afectada la cantidad de óvulos, sino su calidad también existe mayor probabilidad de tener fetos con alteraciones cromosómicas.

Riesgos en el parto: Las mujeres de 35 años en adelante tienen una mayor probabilidad de tener un parto inducido, un diagnóstico de sufrimiento fetal, anestesia epidural, o un parto con fórceps o ventosas, y prácticamente todos los estudios están de acuerdo en que la tasa de partos por cesárea crece con el aumento de la edad. Sin embargo, este aumento no parece estar relacionado con ningún problema específico.

Ventajas y desventajas de ser madre a partir de los 40 años

Ventajas: Suelen ser más cuidadosas con la dieta, acondicionamiento físico.

Desventajas: La posibilidad de quedar embarazada se reduce marcadamente (aproximadamente en un 10% de las posibilidades de una mujer de 20 años), aumenta considerablemente la probabilidad de tener niños con alteraciones cromosómicas (Sdme de Down, de Edwards…).

A más edad tienen más probabilidades de haber desarrollado ciertas enfermedades, como diabetes, algunos problemas relacionados con hipertensión o fibromas uterinos, que pueden afectar el embarazo y el nacimiento del bebé. Los estudios sobre el efecto de la edad materna en el embarazo y el nacimiento también indican un aumento en la frecuencia de las complicaciones durante embarazo, como hipertensión, diabetes gestacional, hemorragias durante el tercer trimestre, y colocación baja de la placenta.

Riesgos para el bebé: Inexplicablemente, un mayor número de bebés mueren antes de nacer, al final del embarazo, en este grupo de mujeres (1 de cada 440 embarazos de mujeres de 35 años o más, contra 1 de cada 1.000 embarazos de mujeres más jóvenes). Por este motivo, los médicos suelen vigilar más a las madres embarazadas que tienen más de 35 años durante las últimas semanas del embarazo.

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