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Etapas de la pareja

Tabla de contenidos

Las películas románticas y las canciones de amor, son preciosas pero no cuentan toda la verdad. Normalmente solo hablan de dos fases: la de enamoramiento o la de ruptura y desesperación. Sería poco atractivo para un guión de Hollywood, explicar el día a día de una pareja que lleva 10 o 20 años y que ya no se pasan el día mirándose embobados el uno al otro.
Pero en la vida real, la gran mayoría es lo que buscamos, una relación de pareja estable, formar una familia…
Aunque vamos poco preparados. Nadie nos lo explica y las películas nos confunden más si cabe.
Una relación de pareja es algo que está en constante evolución, crece con nosotros, pasa crisis como nosotros, madura, envejece y cambia. Necesariamente debe cambiar porque si no lo hace, desaparecerá.
Y los cambios muchas veces van precedidos de crisis. Crisis personales, crisis de pareja, crisis laborales, crisis existenciales, etc…

Todos hemos tenido alguna vez dudas sobre el amor, dudas sobre si seguir en una relación de pareja o no. Y esto no significa necesariamente que se tenga que acabar. Una relación estable requiere dedicación, es como un jardín que necesita abono, cuidados y agua.
Sin embargo, a pesar de que se trate de algo tan común, muchos de nosotros no estamos preparados para sentir estas dudas en el amor y lo solemos pasar muy mal. ¿Significa esto que no es la persona adecuada para mí? ¿Deberíamos romper, a pesar de que hasta ahora todo ha ido bien?
Las prisas no son buenas, hay que saber esperar la respuesta: “ni antes ni después todo llega exactamente cuando tiene que llegar”

Ahora ya sabemos que las dudas y las crisis pueden ser normales en una relación de pareja estable. Veremos las más frecuentes:

EL FINAL DEL ENAMORAMIENTO

El amor no está en el corazón, está en el cerebro y en concreto en el núcleo caudado (ganglios basales) y en el área tegmental ventral. El núcleo causado está en lo más profundo de nuestro cerebro, el más antiguo.
Helen Fisher una prestigiosa antropóloga de EEUU que ha dedicado años de su carrera a estudiar el enamoramiento descubrió dónde se localiza y cómo funciona:

“Cuando vi por primera vez las imágenes del cerebro enamorado con las regiones activas iluminadas de amarillo brillante y naranja sentí una admiración sobrecogedora. He visto la actividad del flujo sanguíneo en esas áreas y comprobado las sustancias químicas. Hay dos regiones muy activas: el núcleo caudado, una primitiva región en forma de C descubierta hace poco y relacionada con el sistema de recompensa del cerebro, la excitación sexual, las sensaciones de placer y la motivación para lograr recompensas. La otra es el área tegmental ventral, ATV, la veta madre de las células que producen dopamina. La dopamina en grandes cantidades, además de aumentar el nivel de testosterona – la hormona del deseo sexual-, está asociada con una gran capacidad de concentración, euforia y dependencia, que son síntomas de adicción”
Así que la fase de enamoramiento es una especie de adicción a la persona amada. Solo estamos bien cuando estamos con él/ella. Perdemos el apetito, sentimos euforia y nos obsesionamos con el amado/a. Este estado no puede durar mucho, porque entonces nuestra especie estaría en riesgo de extinción. Si nuestros antepasados hubiesen estado enamorados largos períodos de tiempo habrían sido devorados por los leones en más de una ocasión.

Esta fase suele durar entre 6 meses y 1 año. ¿Y después qué? Pues justo aquí, al final de esta fase, es dónde se dan más rupturas. La pareja puede pasar a un amor más realista y más tranquilo donde el ser amado deja de ser idealizado y vemos tanto sus virtudes como sus defectos. O la pareja puede sufrir una ruptura.
Al llegar aquí, muchas personas piensan, si ya he perdido la magia y solo llevamos un año (o dos años) ¿qué pasará cuando llevemos 20? Y no entienden que una relación está en continuo movimiento, que cambia, evoluciona y pasa crisis. También puede acabarse, claro, es una opción tan válida como cualquier otra, puede que se acabe el amor.

LA CONVIVENCIA Y EL COMPROMISO

A los cuatro años de relación (o a los tres o a los cinco, depende de cada relación) aparece la necesidad de pasar al siguiente nivel. Al del compromiso. Y aquí nos volvemos a plantear muchas cosas. Puede ser que los dos lleguen a este punto con el mismo compromiso y deseen iniciar la convivencia, pero también puede pasar que el nivel de compromiso no sea el mismo.
Habrá parejas que se irán a vivir juntos pero también habrá parejas que se separarán.
Convivir no es tan sencillo, sin darnos cuenta, vamos a formar toda una red de normas implícitas que guiarán nuestros comportamientos futuros. Quién se encarga de tal cosa y de tal otra. Qué comemos, cómo nos organizamos, qué normas cumplimos y qué normas nos saltamos, etc…
A veces esto se formará solo, sin grandes dificultades pero otras veces no. Dependerá del nivel de compromiso de los dos y de la funcionalidad de la pareja. Si son capaces de formar un equipo, ganarán el partido. No me sirve de nada que todos mis jugadores sean delanteros, necesito delanteros y defensas. Si tu eres bueno metiendo goles haz de delantero y no critiques a tu pareja porque siempre te toca meter a ti los goles, al final la suma de los dos es lo que hace ganar un partido.

EL NACIMIENTO DE LOS HIJOS

Otro gran momento de la pareja. Pasaremos de ser solo dos, de dedicarnos el uno al otro y a nosotros mismos, a ser tres o cuatro (si vienen gemelos). Nuestros roles van a cambiar, ahora además vamos a ser padres.
Esta es una fase complicada. Por lo tanto si a alguien se le ocurre ir a buscar un bebé para solucionar los problemas de pareja que se lo piense dos veces. Tener un hijo es una prueba de fuego para la relación y no todo el mundo la supera.

Los primeros meses no tienes tiempo de nada, la situación te supera y las noches sin dormir te vuelven loco. Estamos irritables y cansados y aquí empiezan los reproches.
Parece una visión pesimista de la situación, no es que solo hayan cosas malas, es que son las que he resaltado. También es cierto que es un momento muy bonito, mágico y único. Algo que recordarás el resto de tu vida.
Pero si la relación de pareja llega a este momento débil o coja, sufrirá las consecuencias. Este es un momento donde se producen un gran número de rupturas.
Y es que en esta etapa la pareja queda relegada a un segundo plano, porque el principal rol a asumir es el de padres. Los hijos se convierten en la prioridad. A veces hay desacuerdos en el modelo de crianza. En otros casos uno de los dos llega a sentir que tanta responsabilidad le desborda. Es probable que la imposibilidad de tramitar esos conflictos lleve a una ruptura. Si logran superar estas dificultades, la pareja se convertirá en una familia además de una pareja.

¿Qué nos puede ayudar a superar esta etapa?

  1. La flexibilidad, entender la pareja como algo en movimiento que cambia según las necesidades del momento.
  2. No aferrarse al pasado. Hay personas que reclaman la atención de su pareja tal y como era antes y no entienden que esto a partir de ahora va a cambiar.
  3. En la medida de lo posible, no descuidar totalmente la relación de pareja. Adoptar el rol de padre o madre no significa no ser nada más. Si yo me vuelco en la crianza y dejo de cuidar mi relación, esta se morirá. Si dejas de regar un jardín, ¿qué pasa?
  4. Formar equipo. Entender que los dos estamos en este mismo barco, el barco de la paternidad y que si colaboramos todo irá mucho mejor
  5. Comunicarnos bien. Hablar de lo que sentimos, de los cambios, de lo que necesitamos. No es lo mismo decir: “desde que nació “Elena” te echo mucho de menos, me encantaría estar más contigo” que decir “estoy harto/a de esta niña llorona que no nos deja tiempo ni de respirar”.
  6. Tiempo en pareja. El pediatra debería recetarlo en la primera visita de nuestro bebé. Vete a cenar con tu pareja y deja a tu hijo/a dos hojitas con la abuela. Y conforme el hijo/a va creciendo, en cada revisión del pediatra que vaya aumentando la dosis, cada vez un poquito más de tiempo en pareja.

ME ATRAE OTRA PERSONA

Cuando se instaura la monotonía, es fácil que en algún momento nos sintamos atraídos por otra persona. No tiene porqué ser el fin de nuestra relación estable, puede ser solo un obstáculo que salvar. Una vez más nuestra tolerancia a la flexibilidad podrá ayudarnos a pasar este momento.

Hay personas que en cuanto sienten una duda, ya sentencian la relación, “si siento algo por otra persona es que ya no le quiero” y puede que acaben con una relación antes de tiempo. Si tenemos paciencia, al final las cosas caen por su propio peso. Si es cierto que el amor se acaba lo veré, no tengo que precipitarme. Pero en la incertidumbre nos manejamos muy mal.

A veces lo que nos atrae no es en sí otra persona, a veces es más un deseo de volver a sentir esa fase de enamoramiento otra vez. En el fondo, todos somos un poco adictos al amor.
Una relación de pareja es como un jardín, deja de regarlo y verás que pronto se muere, deja de cuidarlo y verás que pronto se llena de malas hierbas. Por eso es importante, en una relación estable de varios años dedicar un poco de tiempo el uno al otro.

¿Qué podemos hacer?

No tomes decisiones precipitadas, deja el tiempo suficiente para entender lo que te pasa. Tal vez solo sea una mala hierba del jardín que acabarás arrancando, o tal vez sea síntoma de algo más. Pero si no nos precipitamos seguro que podremos tomar mejores decisiones.
Cuida tu relación de pareja si quieres que dure y que sea hermosa.
Analiza qué te atrae de esta nueva persona, a veces es exactamente lo mismo que te atrajo de tu actual pareja, a veces es justo lo que echas de menos del inicio de vuestra relación. Si es así, probablemente lo que te pasa es que sientes nostalgia del pasado, de esa relación que teníais al principio. Lo que puedes hacer es buscar esos momentos del pasado para ponerlos en el presente, como por ejemplo ir a ese hotel en el que se declaró o poner esa canción que tanto significa para los dos. Es importante rememorar aquellos momentos para recordar qué nos une.
Si al final, esta atracción se queda en nada, sigue con tu relación y dale la importancia que tiene. No es fácil conseguir una relación de pareja sana y estable, por eso hay que valorarla. Si por el contrario esa atracción es síntoma de algo más y el amor se acaba, no pasa nada por dejar tu relación de pareja sana y estable e iniciar otra relación. Pero recuerda que aquella persona fue importante en tu vida una vez, no la trates con odio, permite que la relación se transforme y pase de ser una relación amorosa a una relación de respeto y cariño.

EL NIDO VACÍO. ¿NOS CONOCEMOS DE ALGO?

Cuando los hijos se van de casa es otro de los momentos importantes en toda relación. Llevamos 20 ó 30 años siendo padres y ahora dejamos de serlo para volver a ser pareja. De pronto, nos vemos sentados el uno frente al otro después de tantos años y no nos reconocemos. Volvemos a tener tiempo libre para estar juntos, pero no recordamos qué hacíamos cuando no teníamos hijos.

Hay que reinventarse. Nuestra relación de pareja debe adaptarse a esta nueva situación. Para algunos será más fácil que para otros. Será más fácil en aquellas parejas que durante la crianza han mantenido actividades de ocio individuales y de pareja, relación con amigos etc…
Para las parejas que se han volcado mucho en la maternidad-paternidad, será un poco más complicado, pero no imposible. Tendrán que buscar nuevas maneras de pasar el tiempo tanto juntos como por separado.

Puede ser útil apuntarse a clases de baile juntos o a algún grupo excursionista para empezar a realizar nuevas actividades en pareja.
Debemos reencontrar el placer de pasar tiempo de pareja, salir a cenar, a visitar algún pueblecito…
También debemos respetar espacios de individualidad, respetar que mi pareja haga algo solo/a. No hace falta que lo hagamos todo juntos, porque no nos gustarán exactamente las mismas cosas.
Hay un ejercicio que a mí me gusta en especial que es el de montar el álbum de los recuerdos, de aquellas cosas entrañables que hemos compartido a lo largo de tantos años de relación. Nos ayudará a valorar lo que tenemos y lo que hemos construido juntos.

CONCLUSIONES:

Como suelo decir en las sesiones de terapia: “la relación de pareja es como un jardín, tu deja de regarlo y ya verás lo que pasa”

Cuida tu relación si quieres que supere estos y otros momentos de crisis que seguro aparecerán. Si la relación está fuerte y bien consolidada, los aguantará y saldrá reforzada de cada una de las crisis.

Sé flexible, la vida está en constante cambio y por lo tanto las relaciones deben adaptarse y necesariamente deben cambiar de forma, de intensidad, de color o de lo que sea, pero cambiar. Una relación rígida e inflexible no superará ninguna crisis, una relación que intente tener exactamente lo mismo que tenía antes de ser padres y se aferre al pasado, no podrá evolucionar y tenderá a romperse.

Pasa tiempo en pareja, aunque a veces sea más y a veces menos, que nunca se convierta en cero.

Crisis de pareja: síntomas y pautas para superarla

Sonia Castro (Psicó)

Cuando hablamos y nos referimos a crisis de pareja, lo primero que debemos hacer es comprender el significado real de este concepto antes de entrar a abordarlo en profundidad.

No hay que tener miedo a la palabra crisis ya que su significado es “cambio inevitable”, se trata de un cambio necesario y la palabra no tiene por qué tener connotaciones negativas, aunque habitualmente así ocurre.

Es importante entender que a lo largo de cualquier relación sentimental, matrimonial y/o amorosa es completamente normal e inevitable que toda pareja pase por diferentes etapas en las que se pueden encontrar ante situaciones diversas de crisis. En estas etapas o estadíos seguir haciendo las cosas como se estaban haciendo hasta ese momento es insostenible, por lo que la persona deberá adaptarse y decidir si crecer por sí sola o crecer con la otra persona, crecer juntos.

¿Has intentado mejorar la situación y no lo has conseguido? ¿Crees que podría ayudarte el apoyo de un experto? Tenemos un servicio específico de terapia de parejas online y presencial en Madrid, conoce de primera mano cómo podemos ayudarte.

Estas crisis de pareja o cambios inevitables pueden deberse a factores externos o internos, y es que la pareja es un concepto muy complejo donde ambos miembros evolucionan de manera paralela y las circunstancias de ambas personas son cambiantes, a ello también se le suman estresores externos, como los factores económicos, los hijos… que también afectan mucho en cualquier relación.

Que exista una crisis de pareja no lleva irremediablemente a la ruptura, es decir, crisis de pareja no es sinónimo de ruptura o de final de la relación.

Los problemas pueden llegar cuando la palabra “crisis” va acompañada de la nada beneficiosa connotación negativa, de esta forma la persona tenderá a evitar la situación de crisis a través de diferentes vías: utilizando la negación (“aquí no pasa nada”), mediante la evasión (“no quiero hablar del tema”, “no hay nada que hablar”), utilizando el reproche o incluso empleando el ataque como forma de defensa.

Por el contrario, la ruptura no llegará si somos capaces de incorporar nuevos elementos en nuestro día a día de pareja, asumiendo estos cambios, logrando así superar la crisis.

Síntomas y causas de una crisis

Aquí os dejamos un listado con los síntomas y causas más habituales y comunes que aparecen cuando se avecina o estamos en plena crisis de pareja:

Indiferencia y actitud pasiva

La apatía generalizada es como si fueras un mero espectador y no el protagonista de la relación, te dejas llevar, dejas de hacer, no actúas. No te implicas para nada en la pareja, dejas que los días vayan pasando y que de esta forma sea el tiempo y la rutina la que dictamine el éxito o el fracaso final de la relación.

Falta de implicación

¿Hay una comida para los trabajadores de la empresa de tu pareja y no quieres ir?, ¿tu pareja toca en un grupo de música y no has ido ni una sola vez a verle tocar?, ¿tu pareja te pide varias veces que le acompañes a esa exposición de arte que sabes que le hace mucha ilusión y no haces nada?

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Falta de interés

¿Dejas de escuchar y desconectas cuando tu pareja te está relatando con todo detalle e ilusionada una situación concreta que le ha pasado en su trabajo?, ¿se te ha olvidado felicitarle por su cumpleaños?

Problemas de comunicación

La comunicación es uno de los pilares fundamentales en cualquier relación. Si funciona, si está cuidada, si hay un respeto y un espacio para que los dos miembros de la pareja expresen, habrá una herramienta importante y eso será un factor de protección ante cualquier situación que haya que afrontar en el presente o en el futuro.

Por el contrario si la comunicación falla, el resultado puede llevar a continuas discusiones y enfrentamientos o también a la falta de ella, es decir a la no comunicación, a “vivir como extraños”.

Permanente estado de irascibilidad

La persona se siente cabreada continuamente, enfadada, salta a la mínima, con ira contenida y acumulada y no se siente tranquila ni relajada en su relación.

Abandono de proyectos en común que antes sí generaban ilusión

¿Habéis dejado de ir juntos al gimnasio y antes os encantaba hacerlo?, ¿ya no hacéis vuestras maratones de series juntos porque ya no te apetece, ni te hace ilusión?, ¿has dejado de organizar las vacaciones de verano con la ilusión con la que las organizabas antes?

Disminución de momentos positivos compartidos

¿Antes ibais todas los meses al cine porque era vuestro momento y ahora ni lo pisáis?, ¿hace cuánto tiempo que no hacéis una escapada de fin de semana? Si disminuye la cantidad de estos momentos, también disminuirá la calidad de la relación.

Pérdida de la confianza

La capacidad de comunicarse “de corazón a corazón” puede verse afectada y cada vez cuesta más abrirse al otro. Si haces memoria y piensas en cómo os encontrabais al inicio de la relación, seguramente, tanto tú como tu pareja erais capaces de confiaros secretos inconfesables y os explicabais cómo os sentíais en cada momento.

¿Hace mucho tiempo que no tienes una conversación profunda, íntima y 100% sincera con tu pareja?

Aumento de la desconfianza y celos

Al perder la confianza, tal y como hemos detallado en el punto anterior, es inevitable que la desconfianza aumente y empiecen a vislumbrarse los celos continuos, ¿por qué? porque los celos son sinónimo de falta de confianza.

Sentirse culpable ante la ilusión del otro.

La persona lo define como no sentir alegría ante la ilusión por algo positivo que le ocurre a su pareja, lo que les lleva además a sentirse culpables. ¿No te alegras por el ascenso laboral de tu pareja y hasta parece como que te molesta e incluso te da rabia?

Disminución de la actividad sexual

La vida sexual de una pareja puede verse afectada en muchos momentos vitales y por distintos motivos: etapa de fuerte estrés, el diagnóstico de una enfermedad grave, la llegada de un bebé al hogar… pero si no hay nada concreto y entendible que pueda explicar esto, quizás sí sea un síntoma de una crisis de pareja.

Disminución de la empatía

A la persona le cuesta mucho más que antes ponerse en el lugar del otro, esto hace que le juzgue y le critique constantemente, en vez de entender su forma de pensar y de actuar. Si en algo se basan las relaciones afectivas es en la comprensión de las debilidades y las necesidades del otro.

Soluciones para superar problemas y crisis de pareja

A continuación os detallamos 13 pautas y pautas para llevar a cabo ante la llegada de una crisis de pareja. ¡Toma nota!

  1. Busca el diálogo y la comunicación óptima: Sé , humilde, trata de no imponer tu punto de vista de manera constante.
  2. Utiliza “mensajes yo”: cuando hables con tu pareja, de esta manera asumirás la responsabilidad. Por ejemplo: “yo me sentí mal cuando me dijiste que qué calladito había estado toda la noche” en lugar de “tú me hiciste sentir mal” y es que hablar desde el “tú”, provocará más conflictos y nos aleja de una solución.
  3. Mejora la asertividad: Intenta decir las cosas cuando te molesten (que es cuando las expresamos con nuestras mejores palabras) y nunca cuando te harten (que es cuando las expresamos con nuestras mejores ofensas).
  4. Céntrate en el momento actual: en el presente e intenta no rememorar ni remover conflictos pasados, ni sacar a la luz viejos fantasmas del pasado.
  5. Evita buscar culpables: Muchas veces las reflexiones de pareja en crisis llevan a culpabilizar al otro constantemente, esto no tiene ningún sentido, trata de no hacerlo más.
  6. Presta atención al momento en el que das el feedback: El feedback caduca, así que o lo damos inmediatamente, o lo damos en la siguiente situación parecida o no lo damos. Si algo es lo suficientemente importante, trasmítelo y si no es lo suficientemente importante, déjalo ir.
  7. Entiende las diferencias y los desacuerdos. En la pareja como algo normal. Ser pareja no implica estar de acuerdo en todo, al contrario, amar a alguien exige respetar las diferencias, compartir unos mismos valores y también otros distintos y aprender de los desacuerdos.
  8. Sé más detallista: Una sorpresa, un regalo, un guiño, una pequeña broma de matices dulces e inteligentes cuando la situación está tensa, una caricia, una mirada cómplice, un cuerpo que busca un abrazo, un detalle inesperado… trata de buscar los detalles y cuidarlos.
  9. No te focalices sólo en las cosas negativas: o en lo que no te gustan de tu pareja. Intenta quitar la lupa de las cosas que tu pareja no hace bien o que no te gustan e intenta ver el cuadro completo y es que cuando estamos enfadados, tendemos a filtrar la realidad para enfocarnos en lo que no nos cuadra. Intenta hacer el ejercicio contrario y prueba a intenta pillar a tu pareja haciendo algo bien. Seguro que te sorprendes y ya ni te acordabas 😉
  10. Pon el foco en las conductas y comportamientos y no en la persona.
  11. ¡Stop! Reflexiona antes de actuar y sé más prudente: Cuando la situación está tensa y las emociones nos desborden, lo mejor es darnos un tiempo. Para, respira, cálmate, piensa más de una vez, vuelve a respirar y reflexiona antes de actuar. No te dejes llevar por los impulsos inmediatos y actúa mejor en frío.
  12. Aprende a escuchar: ¡Ojo aquí! No oír, sino ¡ES-CU-CHAR!
  13. Busca actividades en común: para compartir más tiempo juntos. Recupera esas actividades que os gustaba hacer juntos y organiza también otras nuevas: un viaje sorpresa, una noche de cena y teatro, una escapada rural, una tarde de spa… después dejaros llevar por la espontaneidad, sin obligaciones, sin seguir un planning, disfrutando así de la experiencia. Las relaciones son, fundamentalmente, ese conjunto de momentos compartidos en los que expresamos afecto e intimidad. Y es que el simple hecho de haber pasado muchos momentos juntos en el pasado no hace que la relación amorosa persista.
  14. Trabaja la confianza: Confía en tu pareja, no le agobies y no le ahogues con llamadas o mensajes continuamente. Respeta su parcela y su espacio personal. La libertad es el germen del amor verdadero, la confianza es clave en todo vínculo auténtico, en todo lazo que deseemos cuidar y preservar. No se puede vivir en pareja, ni tener una relación de pareja sana sin libertad.
  15. Cuídate: Si tú no te encuentras bien, es difícil que la pareja esté bien. Cuida tu salud física y emocional, muchas veces llevamos y traspasamos nuestros miedos, inquietudes y problemas personales a la pareja. Mímate, satisface tus necesidades personales y dedícate tiempo para sentirte bien

A continuación presta atención al siguiente vídeo, donde resumimos parte de lo que hemos detallado a lo largo del post y nos da pautas sobre cómo arreglar una relación de pareja en crisis:

Etapas

Algunos ejemplos de estos momentos marcados en las relaciones de pareja que son más susceptibles de que se genere una crisis de pareja pueden ser:

  1. En el primer año de relación: Cuando empiezas a conocer más a la otra persona y a ver no sólo lo positivo y lo que es.
  2. A los 2 años de relación: Cuando toca poner normas, límites, buscar acuerdos, suele ocurrir , aquí tendremos que ceder y dar nuestro brazo a torcer en muchas ocasiones.
  3. A los 3 años: ¿Queréis dar el paso hacia un mayor compromiso y ha llegado el momento de convivir juntos?
  4. A los 5 años de relación: Cuando la pasión, el impulso sexual y las hormonas han dejado de estar en su punto álgido, .
  5. Tras los 7 años: Cuando os estáis planteando ser padres y buscáis el primer hijo.
  6. A los 10 años de relación: Tras la llegada de un segundo hijo y el aumento de la familia,
  7. Después de 15 años: La rutina se ha instalado en vuestro día a día y no hay forma de salir de ella.

Para terminar no quiero dejar de resaltar que muchas veces, tras una crisis de pareja, aparece una oportunidad de mejora, en ocasiones tras pasar y sufrir una crisis de pareja la relación sale reforzada y estrecha mucho más el vínculo de unión entre los miembros que antes. Esta es la idea positiva de crisis, donde no existe una idea preconcebida negativa y sirve para mejorar y avanzar.

Una vez dicho todo esto, ¿tiene sentido aguantar una relación que realmente no funciona? La respuesta es no, es importante avanzar, pasar el duelo y asumir la ruptura de pareja. No tiene sentido continuar sufriendo y prolongar y prolongar, un mundo de relaciones sanas y nutritivas están ahí fuera.

Si después de lo que has leído y de ver el vídeo, consideras que puedes estar inmerso en una crisis de pareja, o te sientes y no puedes dejar de sentir insatisfacción, o piensas que tu pareja ha entrado en bucle y no estáis siendo capaces de superar cosas pendientes, quizás sea el momento de pedir consejo profesional. La terapia de pareja puede ser un terreno neutral y puede serviros para entrenar estrategias que os saquen de la crisis en la que estáis inmersos.

CUÁLES SON LAS CRISIS DE PAREJA QUE SE VIVEN EN UNA RELACIÓN ESTABLE

Concebimos la vida en pareja porque vivimos en la era moderna en la que no existe dependencia económica por parte de ninguno de los miembros. Por ello cuando se presentan algunas de las crisis de pareja que vamos a comentar es habitual que uno o dos de los miembros decidan tirar la toalla o, como mínimo, hacer balance de si realmente esa relación merece la pena. ¿Te sientes reconocido con alguna de estas crisis de pareja que se viven en una relación estable habitualmente?

La crisis del año: adiós a la limerencia

La limerencia es un término que fue acuñado por la psicóloga Dorothy Tennov en 1977 y que representaría un estado mental involuntario que resulta de una atracción romántica. Cuando no es correspondido se convertiría en la enfermedad del amor pero cuando sí lo es se trata de una fiesta de hormonas del placer y la felicidad que nos hace ver al otro como a nuestra pareja perfecta.

El gran problema surge cuando, pasados de unos meses a un año (en el caso de relaciones maduras en las que se ven todos los días y pasan varias noches en casa del otro), se empieza a ver al otro con sus defectos y no solo con sus virtudes. También se aprecia que no se es tan parecido a la pareja y cada cual trata de recuperar su espacio. Todo esto acarrea una crisis de pareja. No es extraño que durante el primer año o año y medio se produzcan numerosas rupturas de relaciones que eran aparentemente perfectas. En estos casos no hay terapia que os pueda ayudar ya que, simplemente, puede que esa persona y tu no tengáis tanto en común como se podía esperar.

La crisis de los tres años: ¿Sigue habiendo amor?

Aunque cada pareja vive la relación a su ritmo, es habitual en parejas estables (y mayores de 25 años, en la mayor parte de los casos) que a los tres años de relación se pase “al siguiente nivel” que es querer cohabitar. Además de las razones económicas habituales (que una parte de la pareja pasa más tiempo en casa de la otra que la suya propia, por ejemplo) también hay un potente motivo para querer la convivencia: la necesidad de dar otro paso. Estábais bien juntos y os preguntáis, ¿Por qué no?

Un gran porcentaje de las rupturas de la crisis de los tres años se debe al fracaso de la convivencia y de la comunicación. Es entonces cuando uno o ambos miembros de la pareja vuelven a “ser ellos mismos”, cuando quieren tomar su espacio personal. También la crisis se puede dar por no haber hablado acerca de tener hijos. A menudo es cuando uno de los dos miembros quiere dar otro paso más ya que ya han convivido juntos. La superación de esta fase implica un paso fundamental hacia la madurez de la pareja: de la idealización a la aceptación.

La crisis de los diez años: no somos pareja, somos padres

Tener hijos no fortalece a la pareja, simplemente deja ver las grietas que ya existían. Lo que sí puede conseguir es separar a ambos, pero no a la familia. ¿Cuántas veces se ha escuchado eso de que se sigue con el otro por los hijos, por no pasar por un divorcio o por no tener que pasar por el papeleo de la venta de los inmuebles conjuntos?

A los diez años de relación aproximadamente (normalmente coincidiendo con la muy cuestionada crisis de los 40), los hijos deben ser educados y es cuando se miden los diferentes modelos de educación que hay en la pareja. También ocasionan gran parte de los conflictos de la pareja. El sexo ha pasado a un segundo plano debido a que no hay tiempo para la intimidad en la pareja. Muchas relaciones, especialmente aquellas que tuvieron hijos muy jóvenes, experimentan la necesidad de empezar de nuevo cuando ven que se acercan los cuarenta.

La crisis del nido vacío: viviendo con un desconocido

La nueva situación socioeconómica ha sido el caldo de cultivo para una crisis de pareja que antes llegaba mucho antes, coincidiendo con la crisis de los cuarenta. Actualmente hay parejas que tienen hijos dependientes económicamente hasta pasados los cincuenta. Esta necesidad de cuidado conlleva que no se centren en su pareja hasta pasada la mitad de la vida.

De repente se marchan los hijos y la pareja queda sola después de más de treinta años centrados en ellos y en el trabajo. Es entonces cuando surgen muchas rupturas (cada vez más) debido a que los miembros de esa pareja también han cambiado y se dan cuenta de que son absolutos desconocidos para el otro. ¿El resultado? Crisis de pareja y, quizás, el final definitivo.

¿Estás atravesando un momento crítico en tu relación? ¡Podemos ayudaros!

Autora: Alex Bayorti (colaboradora de nuestro Blog)

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Las 6 etapas de las relaciones de pareja

Las relaciones de pareja crecen, evolucionan y cambian, en función de unas etapas bien diferenciadas y definidas. Esto explica por qué no sentimos lo mismo cuando han pasado unos años de relación que cuando nos conocimos. Conocer estas etapas de las relaciones de pareja nos aporta seguridad y tranquilidad en la forma de enfocar las diferencias, así como para resolver los conflictos o sentimientos encontrados.

Así como las personas cambiamos, aprendemos, crecemos y maduramos, también ocurre con las relaciones de pareja, e identificarlo nos ayudará a disfrutar plenamente de la relación con la persona elegida para compartir nuestra vida. Las diferentes etapas de las relaciones de pareja son las siguientes.

«Recuerda que para empezar una nueva etapa tienes que cerrar otra. No tengas miedo a decir adiós. Es parte de la vida»

-Anónimo-

1. Enamoramiento

El enamoramiento es una de las etapas de las relaciones de pareja llena de emociones intensas, “mariposas en el estómago” y fuertes deseos de permanecer junto a la persona enamorada. El deseo y la pasión, con o sin actividad sexual, se convierten en los ingredientes principales de esta etapa, que hacen aflorar una intensa fantasía y creatividad, con la que sorprender a la otra persona.

En el enamoramiento toda la atención está puesta en los aspectos comunes que comparten los enamorados. Por tanto, el entendimiento y la comprensión están presentes en sus encuentros, sin percibir apenas los aspectos que los diferencian como personas distintas.

Debido a la magia del momento, y de los encuentros deseados, se tienden a evitar las discusiones y los conflictos. Por lo tanto, el comienzo en las relaciones de pareja, es con una etapa especial y apasionante,de descubrimiento del otro, lo cual querríamos que no se acabase nunca.

2. Conocimiento

En esta segunda de las etapas de las relaciones de pareja, el enamoramiento da paso al conocimiento más profundo e íntimo de la otra persona. Y necesariamente, al descubrimiento de las diferencias y peculiaridades de ambos…

Cada persona, única y singular, empieza a mostrarse como es realmente, en su totalidad y autonomía. Cada persona empieza a compartir sus experiencias y vivencias personales. Ya no hay tanta idealización, sino que el encuentro comienza a ser más real.

“Recuerda que el más grande amor y los más grandes logros conllevan mayores riesgos”

-Anónimo-

3. Convivencia

La pareja se establece como tal, tras un periodo de conocimiento de ambos, donde la atención principalmente ha estado en la proyección de una vida en común y en proyectos. Se decide a compartir una vida, desde la convivencia y el hogar elegido por ambos.

La actividad sexual desciende, debido a la rutina, las responsabilidades y las cargas. El amor de la pareja se expresa de forma más afectiva, respetuosa y en forma de apoyo y entendimiento por una vida en común. Pueden surgir diferencias en la forma de resolver los conflictos y será necesaria la búsqueda de acuerdos y negociaciones.

4. Autoafirmación

Tras un tiempo de convivencia, de desear compartir todo, surgen las necesidades individuales, y la defensa de las mismas. Es el momento de plantearse hacer actividades por separado, respetando el vínculo y compromiso establecido en la pareja. En esta etapa pueden surgir conflictos debido a crisis personales no resueltas.

Es como un reencuentro con uno mismo tras haber estado una temporada centrados en el otro y en la relación de pareja. Al surgir de nuevo las necesidades individuales, cada uno de los miembros de la pareja, decide centrarse en sí mismo, al menos durante algunos momentos.

5. Crecimiento

Llegados hasta aquí, la pareja decide profundizar en su relación, que se torna más madura y estable. Es el momento de tomar decisiones como la de llevar a cabo proyectos en común como tener familia.

Es una etapa donde aparece de nuevo la ilusión, la emoción y el entusiasmo por compartir lo que ambos han decidido crear. Por seguir construyendo entre los dos su futuro y proyecto de vida juntos.

“El amor son dos almas que se ven a través de los cuerpos”

-Anónimo-

6. Adaptación

La vida sigue, y se dan los cambios, si la pareja se adapta a éstos, se consolida y madura. Es un momento para la pareja de consolidación o ruptura, ya que se cuestionan la escala de valores personales y la compartida. Surgen nuevos intereses debido a los cambios, como la independencia de los hijos, la jubilación, enfermedades, etc..

Puede ser una de las etapas de relaciones de pareja de re-encuentro, ya que las exigencias, responsabilidades y cargas de la vida son menores, y podemos volver a centrarnos en la pareja, para compartir nuevos proyectos, como fue en el principio de la relación.

¿Has pasado por todas estas etapas de las relaciones de pareja?

Las 6 etapas de la pareja: descubrí en cuál estás

1. Enamoramiento o fusión (del primer mes a los 18 meses, máximo 30 meses).

Esta es una etapa llena de esperanza. Quieren estar todo el tiempo juntos; se sienten unidos, en simbiosis y están extasiados el uno con el otro. La pareja tiene la sensación de afecto mutuo y de reciprocidad. Además, se vive especialmente el deseo y la pasión, con o sin actividad sexual, pero con una intensa fantasía. No tienen en cuenta las diferencias, sino que se fijan y destacan lo que tienen en común. Comparten todo, hacen las cosas que le gustan a uno y luego, al otro. Los dos se entienden y se sienten comprendidos. En esta etapa se tiene miedo a tener discusiones y a que el otro se enfade, así que se evitan. Una discusión parece el fin del mundo porque no se tiene experiencia de cómo se va a resolver. En esta etapa, en vez de aferrarse, hay que aprender a dejar ir. Las relaciones que tienen éxito aprenden a equilibrar el querer estar próximos y no perder la propia autonomía.

Aprendizaje de esta etapa: tienen que aprender a mostrarse tal como son, sin miedo de no gustar si dejan de complacer al otro. Según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York: “Los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses”. Hazan entrevistó y estudió a 5.000 personas de 37 culturas diferentes y descubrió que el enamoramiento posee un “tiempo de vida” lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga descendencia. Esto confirma que los circuitos de la dopamina y norepinefrina en el cerebro -los llamados “circuitos de recompensa”- son los mismos estimulados por drogas, por ejemplo, la cocaína. Y tal como ocurre con esta última, el cerebro genera mecanismos de “tolerancia” o acostumbramiento a los neurotransmisores sobrestimulados, es decir, se necesitan cada vez mayores cantidades de estimulante para producir el mismo efecto. Tal vez, si la estimulación se mantuviera siempre constante, esto redundaría en un daño cerebral mental para la persona. Algunos de mis clientes pensaban que se habían desenamorado cuando perdieron la euforia inicial de la etapa de fusión o enamoramiento. Aunque seguían sintiendo afecto por la pareja, el hecho de no “sentir las mariposas en el estómago” les hacía dudar de si seguían o no enamorados.

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2. Relación y vinculación (18 meses a 3 años).

Los integrantes de la pareja se muestran afectivos el uno con el otro, pero también empiezan a mostrar su autonomía. La pareja diferencia el “yo-tú” del “nosotros” y se empieza a mostrar más manejable. La relación ya no es tan pasional, sino más compañera; deja de ser tan simbiótica y trasciende el dormitorio. Se puede pasar de crear un vínculo amoroso a vivir juntos o proponerse crear un hogar. Al haberse pasado el apasionamiento significa que aquellos temas que se habían reprimido durante la etapa de fusión (por miedo a la discusión y conflicto) empiezan a resurgir. Aquí empiezan a observarse las diferencias y es el momento de hacer uso de habilidades relacionales o de aprenderlas. Se significan las diferencias entre los roles masculinos y femeninos y, si conviven, quién hace qué en la casa. En esta etapa se vuelven a integrar a amigos y familia, y esto puede causar más tensiones.

Aprendizaje de esta etapa: aprender a mostrar y distinguir la individualidad y diferencias de género para un mejor entendimiento.

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3. Convivencia (2º y 3° año).

El nivel sexual baja, se manifiesta el amor con más compañerismo y el nido o el hogar. Se decora la casa, se hace confortable. Aquí el amor se alimenta con el compañerismo y el apego amoroso. Pueden surgir los problemas por la familiaridad y la rutina (“donde hay confianza da asco”) y esto puede crear molestias, irritación y enfados. Las discusiones son sobre las funciones domésticas: los roles en la casa. Se producen discusiones y malentendidos porque se presuponen muchas cosas que no son ciertas. También intervienen los familiares políticos, que pueden ser motivos de discusión.

Aprendizaje de esta etapa: aprender a dialogar y discutir. El discutir enseña la destreza de llegar a acuerdos.

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4. Autoafirmación (del 3° al 4º año). Es el momento de sentirse lo suficientemente seguro para hacer actividades por separado. Si no se tienen en cuenta las necesidades individuales, se crea resentimiento y problemas de identidad de los miembros de la pareja. Hasta aquí la pareja se fijó en las cosas que tenían en común; ahora se empiezan a fijar en las diferencias, pero se tienen que sentir lo suficientemente cómodos para poder hacer actividades independientes. Los integrantes de la pareja empiezan a balancear sus intereses personales con los de la pareja. Esto puede ser un shock, porque hasta aquí predominaban los intereses del dúo. Pueden surgir problemas por las diferencias evolutivas. Si un integrante de la pareja tiene baja autoestima y se apoyaba en el otro, el establecer una identidad separada o paralela le puede asustar. La persona insegura puede tener miedo de que la pareja pase tiempo sola. Puede que una pareja evite que la otra pase tiempo sola por miedo a que se acabe la pareja. Surgen luchas de poder.

Aprendizaje de esta etapa: hay que desarrollar la capacidad de compromiso. Si uno de los integrantes tiene baja autoestima, conviene que ponga atención a su desarrollo personal, porque su miedo se puede convertir en una profecía autocumplida. Muchos matrimonios se rompen al cuarto año, parece ser un número que se da en diferentes culturas y países, según un estudio.

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5. Colaboración (del 5º al 15º año). Si la pareja ya se unió para hacer proyectos juntos, como los hijos, y éstos ya empezaron a ser independientes puede ser un momento mucha fricción. Esto puede ser debido a que los hijos adolescentes causan tensiones o a que cada uno quiere tener un proyecto propio y la pareja se resiente.

En otros casos, puede ser un momento de colaboración, en el que la pareja se une para hacer proyectos en común, como hablar del futuro de los hijos hasta que los hijos se vayan y establecer proyectos juntos. Si se convierte en un momento en que una pareja apoya a la otra para hacer algo, la relación vuelve a tener un resurgir. La seriedad y la sensación de fiabilidad reemplazan la inseguridad y el miedo a la pérdida de las etapas anteriores. Aquí se produce un resurgir del entusiasmo.

En cuanto a los nuevos proyectos, si se tiene en cuenta que hoy se retrasa la paternidad, éstos pueden incluir a los hijos o crear una empresa juntos. Esto trae cosas nuevas a la relación y evita el aburrimiento. En la colaboración se comprueba que se puede depender y confiar. Ya desarrollaron las destrezas de la convivencia, saben lo que piensa el otro y pueden resolver las diferencias. El problema más común es dar las cosas por supuestas. También pueden surgir problemas debido a la diferente capacidad para evolucionar o desarrollarse como personas, ya que crecen a distintos ritmos. Si hay mala comunicación, un integrante de la pareja se mete demasiado en el proyecto y se olvida del otro. Hay que tener mucho cuidado con la fina línea que separa tener independencia y llevar vidas distantes. Ésta es posiblemente la etapa más dura y por eso la media de lo que duran los matrimonios suele estar alrededor de once años.

Aprendizaje de esta etapa: si en la primera parte la compatibilidad y las metas comunes eran los ingredientes necesarios, en las etapas posteriores la falta de posesividad es primordial.

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6. Adaptación (del 15º al 25º año). En esta etapa las parejas deben adaptarse a los cambios externos: hijos, “achaques”, familiares en la vejez… Éste es el momento en que las fantasías o ilusiones de cómo podría ser la pareja se desmoronan y se ve la realidad de frente. Con la madurez y la conciencia de cómo pasa la vida hay algunas personas que tienen miedo de perder el tren y, si coincide con la crisis de la mediana edad o la siguiente (la de la menopausia y andropausia), puede ser un momento en que la pareja o bien se rompe, o se consolida en las nuevas rutinas sin hijos. Es un momento especialmente duro y en el que nos cuestionamos nuestros valores y los de los demás. Puede haber un resurgir por nuevos intereses, se puede buscar la manera de sentirse útiles, productivos, y tratamos de aportar cosas a la sociedad.

Extractos del libro «Botiquín para un corazón roto. Consejos para curar las heridas del amor y transformar el sufrimiento en autoconocimiento», de Victoria Cadarso, Editorial El Ateneo. Victoria es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y psicoterapeuta de Terapia Centrada en el Cliente, Gestalt y Psicodinámica.

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¿Amas a tu pareja pero ya no te sientes como el primer día? ¿Notas que el sentimiento que sientes hacia tu pareja se ha ido transformando a lo largo del tiempo? Son sensaciones completamente normales que describen los cambios en la manera de sentir e interpretar lo que una relación significa para nosotros.

Esto ocurre porque el amor de pareja tiene distintas fases y etapas, todas ellas con sus características definitorias. Si en el artículo “Las 5 fases para superar el duelo de la ruptura de pareja” se hablaba de las etapas del desamor, en este texto trataremos las distintas fases del amor.

El amor también evoluciona

Es importante destacar que, a pesar de que éste es un fenómeno que ha despertado mucho interés entre los profesionales de la psicología, existen discrepancias sobre el número de fases del amor y las características que las definen.

Ahora bien, según el psicólogo John Gottman, autor del libro Principa Amoris: The New Science of Love, el amor romántico tiene tres fases bien diferenciadas que van apareciendo de forma secuencial, del mismo modo en el que las personas nacen, crecen y envejecen.

Sus investigaciones han demostrado que el amor es una experiencia compleja, y han servido para identificar algunas etapas de la vida de la pareja en las cuales el amor se puede deteriorar o seguir evolucionando hacia adelante hasta llegar a la forma de vínculo emocional más profundo.

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Las etapas del amor: limerencia, amor romántico y amor maduro

¿Cuáles son estas etapas del amor? ¿Qué características presentan? A continuación las puedes ver descritas y explicadas.

Fase 1: Limerencia

Esta etapa también recibe el nombre de fase de enamoramiento o de lujuria, y es la fase en la que estamos más ilusionados y deseosos de ver a la otra persona. Los sentimientos y emociones de los amantes tienen que ver con la euforia y con los cambios rápidos del estado de ánimo.

El término “limerencia” fue acuñado por Dorothy Tennov, y según ésta, la sintomatología característica de esta etapa son algunos cambios físicos como enrojecimiento, los temblores o palpitaciones; excitación y nerviosismo, pensamiento intrusivo, obsesión, pensamientos fantasiosos y el miedo al rechazo.

El enamoramiento es algo excepcional

En el libro La alquimia del amor y la lujuria, la Dra. Theresa Crenshaw explica que no cualquiera puede hacernos desencadenar la cascada de hormonas y neurotransmisores que acompaña a la emocionante primera fase del amor. Pero cuando el enamoramiento ocurre, entonces, y solo entonces, la cascada de neuroquímicos del enamoramiento estalla cambiando nuestra percepción del mundo.

El psicólogo y director de comunicación de la revista Psicología y Mente, Jonathan García-Allen, en su artículo “La química del amor: una droga muy potente”, explica que “en esta fase el cerebro libera grandes cantidades de dopamina, serotonina o noradrenalina, es por eso que cuando nos enamoramos nos sentimos excitados, llenos de energía y nuestra percepción de la vida es magnífica. Exactamente igual que si consumimos sustancias psicoactivas”.

En resumen, cuando nos enamoramos, nuestro cerebro segrega:

  • Feniletilamina (PEA): es una anfetamina natural que nuestro cuerpo produce y recibe el nombre de “molécula del amor”.
  • Feromonas: derivadas del DHEA, influyen en la sensualidad más que en la sexualidad, creando una increíble sensación de bienestar y confort. Además, las feromonas podrían influir en nuestra toma de decisiones sin que nos demos cuenta de ello.
  • Oxitocina: también llamada la hormona de los abrazos, ayuda a crear vínculos cercanos con la otra persona. Cuando nos sentimos cerca de esa persona y tenemos relaciones intimas nuestro cuerpo se encarga de segregarla. Este compuesto químico tiene una duración en el cerebro de unos 4 años según la teoría de Donald F. Klein y Michael Lebowitz
  • Dopamina: está relacionada con el placer y es el neurotransmisor que desempeña un papel importante en los juegos de azar, el uso de drogas, y también en el amor. Es importante ya que está implicada en el sistema de recompensa, es decir, nos ayuda a repetir conductas placenteras.
  • Noradrenalina: también conocida como norepinefrina, se asocia a la sensación de euforia, excitando el cuerpo y dándole una dosis de adrenalina natural.
  • Serotonina: actúa sobre las emociones y el estado de ánimo. Es la responsable del bienestar, genera optimismo, buen humor y sociabilidad.

Este cambio brusco en la generación y hormonas y neurotransmisores hace que tendamos a ser menos estables emocionalmente, al menos durante un tiempo y, específicamente, cuando pensamos en la otra persona o la sentimos cerca.

Fase 2: Amor romántico (construyendo confianza)

Las preguntas que pueden surgir durante esta fase son: “¿estarás ahí para mi?” “¿puedo confiar en ti?” “¿puedo contar contigo para los buenos y los malos momentos?” Estas son algunas de las reflexiones que hacemos para saber si queremos seguir con esa persona que tanto nos ha hecho sentir y si realmente estamos con la persona correcta para este largo viaje del amor.

Cuando no podemos responder positivamente a estas preguntas, los conflictos surgen una y otra vez y pueden erosionar seriamente la relación. Las respuestas a estas preguntas son la base del apego seguro o inseguro a la relación.

Un reto para la gestión de las emociones

Por lo dicho, es común que en esta etapa existan crisis. Salir airosas de ellas supone un crecimiento en la relación y el fortalecimiento de los lazos afectivos. En cambio, si las dudas se confirman, la frustración, la decepción, la tristeza y la ira pueden aparecer.

Estas crisis pueden aparecer alrededor de los 2 o 3 años y, en muchas ocasiones, el resultado de estas peleas viene determinado por la capacidad de negociación y de comunicación de los miembros.

El desarrollo o la construcción de confianza se basa en tener en cuenta las necesidades del otro miembro de la pareja también. Esto se consigue:

  • Siendo consciente del dolor de la otra persona
  • Teniendo tolerancia hacia su punto de vista además del tuyo
  • Cubriendo las necesidades de la pareja
  • Con una escucha activa y no defensiva
  • Con actitud de empatía

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Fase 3: Amor maduro (construyendo compromiso y lealtad)

Si la pareja logra superar la etapa anterior, alcanza la fase de la unión o amor maduro. Esta etapa se caracteriza por la construcción de un compromiso real y leal. Se trata de la etapa de confianza más profunda, en la que se toman decisiones más racionales. Es decir, se produce una valoración más profunda de la otra persona y existe una unión que predomina sobre el el torrente emocional y la agitación del comienzo de la relación.

En esta etapa se valora más la calma y la paz, y el la otra persona se convierte en un punto de apoyo. Se da más importancia al apego, la ternura, el afecto profundo, y amor alcanza, entonces, otro nivel.

Consolidando la relación estable

En esta etapa el amor se alimenta de la comprensión, del respeto por parte de los dos miembros de la pareja. De algún modo, el amor pasa a experimentarse de un modo menos individualista, pensando en la pareja como una unidad que es más que la suma de sus partes.

El vínculo emocional no es tan obsesivo como en la primera fase y da paso a un amor libre, basado en la comunicación, el diálogo y la negociación. En esta fase es muy poco frecuente que aparezcan problemas de comunicación que antes no estuvieran presentes, a no ser que se deban a un hecho concreto y fácil de identificar que quiebre la salud de la relación.

Para llegar a esta fase hay que tener en cuenta que el amor no nace, se construye a través del tiempo y se se va cuidando de manera constante. El simple paso del tiempo no hace que se llegue a la última de las principales fases del amor; por ejemplo, podría hacer que el vínculo emocional se deteriorase si se deja de dedicarle atención.

¿Quieres saber más sobre el amor maduro? Este artículo te puede interesar: » Amor maduro: ¿por qué el segundo amor es mejor que el primero?»

LA RELACIÓN DE PAREJA Y SUS FASES.

Hablaremos de pareja para referirnos a la relación afectiva, más o menos formalizada, que mantienen dos personas en un espacio determinado de tiempo.

Una relación de pareja, especialmente cuando se mantiene a largo plazo, pasa por distintas fases. En todas ellas, es necesario que vayamos adaptándonos a los cambios que el concepto de la misma va requiriendo y que sus miembros, por tanto, modifiquen aquellos hábitos y comportamientos para que la relación se pueda mantener en el tiempo.

La primera es conocida como ENAMORAMIENTO. Es una etapa caracterizada por una felicidad y euforia máxima, donde el mundo se vuelve de color de rosa, la persona que tenemos a nuestro lado es la más maravillosa y no concebimos los días sin saber nada del otro. Es como si se parara el tiempo y solo existieran ellos dos.

La atención que se prestan es constante y continua, el deseo de estar juntos no hace más que crecer, las discusiones a penas tienen cabida y, si las hay, rápidamente encuentran la forma de solucionarlas. Todo son planes para hacer en pareja.

Es una etapa donde la pasión y el deseo se viven muy intensamente y las relaciones sexuales son muy numerosas. Es la fase más pasional del proceso amoroso. Es todo tan idílico en esta fase que no vemos los defectos o las diferencias que tenemos con el otro, pues en este punto únicamente se ven aquellos aspectos que tenemos en común, lo que hace que la unión se refuerce aun más y nos preguntemos cómo es posible que hayamos pasado tanto tiempo sin esa persona a nuestro lado. Se llega incluso a idealizar a la otra persona percibiéndola como insustituible y creyéndonos incapaces de encontrar a nadie como él/ella.

Sin embargo, es una etapa que aunque puede ser muy agradable para ambos y en la que todo parece funcionar sobre ruedas, hay que tratar de tener los pies en la tierra y buscar un equilibrio entre pasar tiempo juntos y respetar la individualidad de cada uno. Buscar este equilibrio requiere esfuerzo pero, si no se trabaja y no se busca, podemos caer, desde bien temprano, en una relación de dependencia donde dejamos de tener nuestro propio espacio dentro de la pareja para pasar a depender de la otra persona para todo. Hay que dejarse llevar, pero siendo equilibrados y racionales. No hay que perder tampoco la manera de ser de cada uno por complacer o cumplir las expectativas del otro. Está claro que queremos gustarle, pero sin tener que perder nuestra esencia.

Es una fase en la que es bastante común mentir a la otra persona diciendo que somos de determinada manera o que nos gustan determinadas cosas, sin embargo, crear esta falsa personalidad, simulando algo que no somos, lo único que puede ocasionar son frustraciones y dificultades futuras. Por tanto, tratemos de gustar, sí, pero sin dejar de ser nosotros mismos.

Pasados los 6 u 8 meses iniciales, esa euforia de la que hemos estado hablando se vuelve más sosegada y va disminuyendo poco a poco. Perdura hasta los 18 o 30 meses según cada pareja, aunque una vez alcanzado ese tiempo, esa fogosidad desaparece dando paso a un amor más calmo y racional.

Nos encontramos ahora en la fase de NOVIAZGO. Es la que sigue al enamoramiento y la que precede a la convivencia, por lo que es importante en esta fase que la pareja llegue a entenderse y consolidarse correctamente para que el paso a las posteriores sea más fácil y llevadero.

Esta etapa, dependiendo de cuándo se forme la pareja y de la situación en la que ambos estén (estudios, trabajos, familia…) puede prolongarse más o menos, retrasando o avanzando la fase de convivencia. Por ejemplo, una pareja que se conoce al inicio de la universidad, puede tardar más en poder ir a vivir juntos porque necesitan primero acabar la carrera, encontrar un trabajo estable, etc. Sin embargo, si una pareja se conoce cuando cada uno ya tiene un trabajo y mayor estabilidad, ésta puede ser muy corta y prácticamente pasar del enamoramiento a la convivencia e, incluso, en la fase del enamoramiento iniciar ya la convivencia. Evidentemente, esto variará de una pareja a otra, no obstante, comentaremos igualmente todas las fases y lo más característico de cada una de ellas.

En el Noviazgo siguen habiendo conductas altamente gratificantes, como resultado de la unión, pero comienza a notarse más la autonomía de cada uno. Digamos que se pasa de ser dos en uno, a ser dos personas claramente diferenciadas dentro de la relación. El tiempo que se dedican el/la uno/a al otro/a disminuye, empiezan a salir, bien juntos o por separado, con los amigos de cada uno de ellos. Entra en juego la familia: presentaciones de las respectivas, eventos familiares como cumpleaños, comidas, fechas importantes… Por lo que se pasa a contextualizar la relación más allá del tú y yo a ampliarla a todos los ámbitos de la persona.

Aunque la relación ya no es tan pasional y fogosa, sí que sigue habiendo deseo por ambas partes. Asimismo, se continúan teniendo conductas altamente gratificantes: ir al cine, pasear, salir a cenar, quedar para tener sexo… Son planes que ambos realizan gustosamente y que al ser todos ellos positivos y de ocio, siguen afianzando su unión y dejándose conocer en más contextos y situaciones, por lo que la relación va consolidándose con más fuerza. Ambos se sienten seguros y confiados estando juntos, ya no sienten tanto miedo a tener una discusión. Van mostrándose más como son y exponiendo sus puntos de vista y opiniones, aun siendo distintos a los del otro. Disfrutan de este mayor conocimiento mutuo.

Pero, ¿qué ocurre cuando esto no se vive como estamos explicando? ¿Qué pasa si en vez de volvernos los dos algo más independientes solo es uno de nosotros? ¿Y si solo compartimos los amigos y la familia de uno? ¿O si sigo aparentando una personalidad que encaja con el otro pero no como yo soy en realidad? Pues ocurre que empezamos a poner los grilletes de nuestra propia cárcel y, lejos de ir formando una sana relación de pareja, lo que hacemos es caer en una relación de dependencia.

Empezamos a ver cosas en el/la otro/a que no nos gustan, que no encajan con nosotros y con lo que esperamos de una relación de pareja, pero creemos que no es importante, que con el tiempo cambiará y se amoldará a lo que en realidad queremos. Por tanto, en una fase donde descubrirnos de verdad, donde vemos virtudes pero también reconocemos defectos y somos más conscientes para poder hablarlos y trabajarlos, la persona dependiente los va dejando pasar, tratando de adaptarse al otro en todo momento y esperando inconsciente y conscientemente que algún día se dé cuenta de todo lo que está haciendo por él/ella y cambie.

Nos adaptamos al otro por miedo, por miedo a no tener cubiertas alguna de nuestras necesidades (afecto, seguridad económica, estabilidad familiar…) y, por evitar que nos suceda eso que tanto tememos, establecemos este tipo de relaciones tan poco sanas: bien sea implicándonos hasta la médula, exigiendo atención constante, pidiendo continuas muestras de afecto, haciendo todo lo que es mejor para el otro aun cuando no es mejor para nosotros… O bien poniéndonos una coraza y aparentando una frialdad y una falta de compromiso en la relación creyendo así tener mayor control sobre ella y sobre nuestros sentimientos para que, si en algún momento las cosas van mal, seguir aparentando que llevamos el control, que somos fuertes y que no nos afecta. En el primer caso estaríamos hablando de Dependencia Afectiva, mientras que en el segundo de Desapego y, aunque en este curso nos centraremos en el primero, no hay que olvidar que son dos caras de la misma moneda, es decir, dos estilos diferentes de manifestar unas mismas necesidades.

Transcurrida la fase de noviazgo, entramos en la CONVIVENCIA. Suele ser una fase muy esperada por los dos miembros de la pareja, fase que acogen con muchísima ilusión y alegría. Empezar a buscar una vivienda, compararla con otras, elegir la zona, los muebles, etc., puede generar cierto estrés pero suele ser un período que se vive muy felizmente al considerarlo su primer gran proyecto juntos.

Al inicio de la convivencia las cosas suelen funcionar perfectamente. Todo implica novedad y suele ser un momento en el que la pareja se siente reforzada y más unida por lo que están construyendo juntos.

En esta etapa del amor, empiezan a destacar aspectos más psicológicos del proceso como la negociación de roles dentro de la pareja, la solución de los primeros conflictos, el aumento del compromiso de lealtad… que, si no se trabajan bien, las discusiones por las tareas domésticas, el estrés del trabajo, las diferencias entre los roles que adopta cada uno, la distribución del tiempo de ocio, las reuniones con amigos y familiares, el empleo del dinero… pueden generar malestar en la pareja y empezar con las primeras diferencias ya irreconciliables, especialmente si lo que hemos ido forjando durante el noviazgo es una relación de dependencia.

Por tanto, hay que tener en cuenta que dado que es una fase que puede durar siempre, hay que comprender que habrá momentos difíciles en los que será importante que la pareja sepa mirar en la misma dirección y tratar de ponerse en el lugar del otro. Será oportuno trabajar la comunicación, la negociación y la resolución de conflictos para que, cuando lleguen momentos difíciles, se tengan herramientas y recursos para poder hacerles frente y que la relación se vea afectada lo menos posible. Sin embargo, todos esos recursos que decimos están carentes en la persona dependiente. No porque no los tenga, sino porque no hace uso de ellos o, más bien, el uso que hace no es el adecuado, lo que lejos de ayudarle a ella misma y a su relación, hace que siga teniendo la sensación de que ésta se le escapa de las manos, cada vez se parezca menos a lo que hubiera deseado y lejos de sentirse feliz, la ansiedad empieza a hacerse patente y el miedo a que la dejen hace que siga aceptando todo lo que el otro quiere.

En esta fase donde la AUTOAFIRMACIÓN ha de hacerse más patente, aunque bien es cierto que lo ideal sería que estuviera durante toda la relación, cada vez lo hace menos. Es decir, como pareja es muy importante compartir aficiones y momentos juntos, pero igual de importante es hacerlo por separado. Realizar actividades independientes como salir cada uno con sus amigos y amigas, practicar algún tipo de deporte… favorecerá a que ambos tengan tiempo para ellos mismos y puedan sentirse libres dentro de la relación. De hecho, mantener el espacio personal de cada uno, lejos de apartarte del otro, lo que hace es unirte más a él/ella. Sentir que cada uno tiene su vida, además de la que juntos comparten, refuerza el sentimiento de unión entre los dos al basar la relación en el respeto y el bienestar de cada uno. Hay que desarrollar la capacidad de compromiso y aceptación. Si uno de los miembros de la pareja tiene baja autoestima, inseguridades, falta de confianza… esto de pasar tiempo separados puede generarle mayores inseguridades y refugiarse en la irracionalidad de perder al otro (dependencia). Al ganar fuerza sus miedos, puede tratar de retener a la pareja privándole de su libertad, terminando por convertir la relación en una cárcel. Es, por tanto, muy importante conocerse a uno mismo y tratar de trabajar estas inseguridades para ganar en confianza individual y por supuesto, ver estos resultados en la unión.

Se dice que “cuanta más libertad me das, más me acerco a ti”, y en este caso así es. Poder estar con una persona que te respeta, que confía en ti, que te entiende y no invade tus espacios y tu individualidad, es estar con una pareja madura y comprometida con ella misma y con la relación, por lo que estar junto a esa persona, será mucho más satisfactorio y sano.

Con el paso del tiempo, y sobre todo durante la convivencia, también crecen los proyectos comunes, por lo que llegamos a una nueva fase, la de COLABORACIÓN. Pueden ser proyectos de muy diversa índole, desde laborales, como crear una empresa juntos, hasta familiares, como la decisión de tener hijos. Éste último, tener hijos, es el más común en la mayoría de parejas, así que será en el que profundizaremos.

Cuando ambos deciden optar por tener hijos, la pareja tiene un nuevo aliciente y vuelve a reavivarse. Quedarse embarazados, comprar todo lo necesario para el bebé, preparar su habitación, etc., hace que la pareja sienta de nuevo la sensación de tener una unión más fuerte entre ambos, por lo que vuelven a pasar por momentos de mayor intimidad y cercanía afectiva. Sin embargo, cuando se ha ido construyendo una relación de dependencia, aunque la persona dependiente también lo pueda sentir así, una parte de ella lo vive también como una forma de mantener unido al otro, creyendo así que con un hijo de por medio, será más difícil que la relación se rompa y, por tanto, que permanezcan juntos para siempre, por lo que vive una época un poco más calmada en cuanto a ansiedad, porque vive en esa falsa tranquilidad de “así estaremos juntos para siempre”.

Cuando los hijos llegan, las obligaciones se multiplican y a veces resulta muy complicado cumplir con todos los quehaceres y dedicarse tiempo para ellos como pareja. Van dejándolo para el último lugar y priorizan todo lo demás, por lo que el dependiente empieza de nuevo con las exigencias y el malestar emocional que esta situación le genera y, lejos de vivir esa etapa idílica y sosegada que esperaba, la falta de tiempo para uno mismo y la ausencia en las expectativas que esperaba del otro, no hacen más que desestabilizarlo más y sumirlo en una gran tristeza difícil de llevar.

Es muy bonito tener hijos pero no hay que olvidar lo que significa ser pareja por el hecho de habernos convertido en padre o madre. Hay que reorganizar la vida familiar y de pareja para que ambas tengan cabida y ninguna tape a la otra. Es momento de volver a priorizar, de reestructurar la relación y de llegar a acuerdos para que ambos estén satisfechos y puedan adaptarse a los nuevos cambios, algo que, con dependencia emocional, resulta prácticamente imposible realizar sin la ayuda necesaria.

Una vez los hijos han crecido y empiezan a desligarse del núcleo familiar para formar su propia vida y también su propia familia, llegamos a la fase del NIDO VACÍO.

Es una fase en la que nos podemos encontrar con diferentes situaciones. Por una lado, muchas parejas se dan cuenta que durante años han sido más compañeros de piso que pareja. Si bien aparentemente siguen unidos, ese vínculo hace tiempo que ha dejado de existir. Han compartido preocupaciones, el cuidado de los hijos, los gastos… y han seguido unidos para hacer frente a todo ello, sin embargo, esa unión no ha sido más que la de dos compañeros que se han ayudado frente a las adversidades pero que hace tiempo que han dejado de ser pareja.

Por otro, nos encontramos con parejas a las que les desestabiliza el que los hijos dejen el hogar familiar. Es momento de volver a reestructurar la unión y sus prioridades, para adaptarlas a este nuevo cambio. La edad de cada uno ha ido aumentando y sus intereses y valores son diferentes a los que tenían al principio de la relación, no les atrae lo mismo ni con la misma intensidad que antes, por lo que deberán tener esto en cuenta para determinar cuáles son estos valores y adaptarlos al nuevo momento vital. En cambio, hay otras que lo viven intensamente porque pueden volver a gozar de mayor intimidad y tienen menos preocupaciones y obligaciones con la marcha de los hijos. Viven esta fase como una segunda juventud donde poder reconectar con su pareja y dedicarse más tiempo a ellos mismos, tanto de manera individual como conjunta. Pero, ¿puede vivir algo así la relación que se ha basado en la dependencia para seguir adelante? No, de ninguna manera. Ahora que ya no tiene a sus hijos para centrarse en ellos, las carencias del dependiente vuelven a hacerse más intensas y, si bien había podido ir sosegándolas con los hijos, al estos ya no estar en casa vuelven a dirigirse a la pareja, por lo que empieza otro período de malestar más intenso entre ambos. El miembro dependiente puede sentirse más solo que nunca y pretender que su pareja le devuelva la felicidad y le aparte de esa sensación de soledad pero, incluso llegando a hacerlo, para el dependiente nunca será suficiente porque esas carencias parten de su propio ser, por lo que no pueden ser llenadas por el cariño del otro, han de hacerse desde dentro, desde uno mismo, para llegar a la verdadera sanación. Así pues, las personas dependientes pueden pasarse su vida al lado de otra persona que no las hace felices pero que esperan que en algún momento llegue a hacerlo y así, esperando del otro lo que han de darse por ellos mismos, la vida se les va.

Puede que haya personas que no se sientan identificadas con estas fases y ello no tiene nada malo. Si bien para cada pareja puede ser distinto, suele ser habitual que muchas de ellas pasen por cada una de las mismas. Con cada etapa se crean nuevas condiciones, tanto personales como provenientes del exterior, a las que tanto de manera individual como en pareja tenemos que tratar de adaptarnos para poder hacerles frente y superarlas saliendo reforzados. Así, cada fase nos aporta un aprendizaje vital y un enriquecimiento personal que nos permite seguir creciendo como individuos a la vez que fortalecemos la relación.

¿Sabrías identificar en qué fase te encuentras?

De nuestro Curso Online «DEPENDENCIA EMOCIONAL: LA GRAN CARGA»

CIARA MOLINAPsicóloga Emocional
Máster en Dirección de Recursos HumanosSesiones y Cursos Online

Videoclase sobre las etapas en las relaciones de pareja

Las relaciones de pareja, como todo vínculo, experimentan cambios a lo largo del tiempo, atravesando diversas etapas o fases; en este sentido, en Terapia de Pareja se habla de cinco fases. Si bien no necesariamente pasamos por todas las etapas en nuestra relación, el hecho de nombrarlas nos ayuda a tomar consciencia de que todo vínculo evoluciona, y que las vivencias/etapas son, como todo en la vida, transitorias.

¿Te interesa integrar herramientas del ámbito de la Terapia de Pareja?

En nuestras relaciones de pareja enfrentamos, cada cierto tiempo, “nudos de bambú”, nudos que, una vez atravesados, nos “catapultan” hacia nuevas formas de vincularnos y de vivirnos. Si permanecemos atentos y receptivos a ello, la pareja entonces se puede convertir en un camino de autoconsciencia, al tiempo que en una puerta de acceso al Amor con mayúsculas.

Veamos a continuación con más detalle los ciclos que atraviesa una relación de pareja.

Las cinco fases en la relación de pareja:

1º: Fase de la atracción

En esta primera fase, sentimos una atracción muy intensa hacia el otro. No es casual que sintamos atracción hacia esa persona, y no hacia otra… En este sentido, es interesante que observemos y reflexionemos qué características y cualidades nos atraen del otro.

Esta etapa se resume en la siguiente frase:

“Me siento fuertemente atraído/a

2º: Fase del enamoramiento pasional

La fase anterior puede abrir la puerta a los amantes al siguiente escalón: el del enamoramiento pasional.

Se trata de una etapa caracterizada por un derroche de hormonas, sexualidad intensa y proyecciones a menudo idealizadas del otro; vemos su cara más luminosa, al tiempo que proyectamos lo mejor de nosotros/as en el otro).

Movidos por la fuerza del Eros, lo vemos todo de un color más brillante, al tiempo que nos sentimos con mucha energía e incluso capaces de “comernos el mundo”.

Su tuviéramos que expresar en una frase la vivencia de esta etapa, sería:

“Me mueves mucho, pero te veo poco”

3º: Fase del enamoramiento sereno

Si la pareja persiste en la relación, atravesará la etapa de la atracción y del enamoramiento pasional, entrando en un vínculo más sereno y profundo. Las hormonas siguen mandando en esta fase, aunque menos.

En esta etapa comenzamos a intuir y a ver las sombras del otro/a, lo que puede no gustarnos tanto.

En realidad, esta es la puerta previa al amor consciente…

Aquí la pareja se comienza a vivir en la:

Plenitud amorosa

4º: Fase del amor consciente

En esta etapa se podría decir que pasamos, de alguna forma, del “te quiero” al “te quiero querer”. Desde este estado más sereno, elegimos si decir “sí” o “no” al amor con esa persona, y esto pasa a ser una elección consciente en la que, en cierta medida, media la voluntad. Elegimos amar por amar o, dicho de otra forma, elegimos amar al otro como camino de vida. Esta etapa puede abrir la puerta de acceso a un amor mayor.

En esta fase podemos hablar del triángulo de la relación; triángulo en cuyos extremos ubicamos:

El «otro»; yo; el vínculo

Es decir, la mirada se ensancha para dar cabida a este tercer elemento, como si fuera una entidad más en la relación: la relación en sí misma. En este sentido, el compromiso va más allá incluso del otro: de alguna forma, el amor en la relación dependerá de en qué medida estoy dispuesto/a a amar y a cuidar la relación.

La esencia de esta fase se puede expresar en:

“Ahora te veo más”

Muchas parejas se rompen en esta fase, dado que el nivel de hormonas disminuye. Debido al “bajón hormonal”, disminuye la intensidad de la atracción, del sexo y del deseo, entrando en escena sentimientos tales como ternura, intimidad y complicidad. Si la pareja persiste, pueden acceder a la siguiente fase:

5º: Fase del compromiso

En esta fase la pareja puede tomar la decisión de dar un paso más, formalizando el vínculo a través de una boda, yéndose a vivir juntos, etc.

En esta etapa la pareja comienza a ser un sistema propio. Si la pareja comparte un proyecto vital, las motivaciones para cuidar el vínculo y amar al otro van más allá incluso de las propias necesidades y carencias egoicas.

En cualquiera de las etapas que nos vivamos, la relación puede constituir un camino de crecimiento y autoconsciencia compartido; un camino de amor que puede trascender a los propios miembros, para revertir en otros.

Evolución de la relación de pareja: ¿en qué fase estoy?

Posted at 07:51h in Relaciones de pareja by AIDE

LA EVOLUCIÓN DE LA RELACION DE PAREJA: ¿en qué fase estoy?

Las relaciones de pareja no son algo estático. Evolucionan y cambian, atraviesan una serie de fases, con el tiempo y es interesante conocer las etapas por las que pasan para que no nos pillen desprevenidos, así como para analizar las posibles dificultades que se pueden presentar en cada una de ellas. Según Susan Campbell, en su “The Couple’s Journey”, existen cinco etapas en este viaje de la pareja.

1. IDILIO: es la etapa del enamoramiento, del deseo de fusión constante, la etapa en la que sentimos que somos “tan iguales”, que imaginamos que el futuro sólo puede ser armonioso. Ambos miembros enamorados, damos la mejor versión de nosotros mismos, a la vez que anulamos nuestro espíritu crítico y tendemos a no ver lo que no nos gusta del otro (o lo minimizamos). Idealizamos al otro y nos enamora la idea de estar enamorados. Esta fase encajaría a la perfección dentro del ingrediente de la “pasión”, del que ya hablamos en un articulo anterior (para más info: https://aidepsicologia.com/los-ingredientes-del-amor/)

2. LUCHA DE PODER: en esta etapa bajamos a nuestra pareja del pedestal y ahora sí, activamos la actitud crítica de nuevo. Ahora caemos en que “no eres como yo creía” (y viceversa). La lucha de poder empieza cuando intentamos que el otro/a sea del modo que creo que debería ser, en lugar de aceptar la ventaja que supone que el otro/a sea diferente. Esta etapa es la última para muchas parejas ya que, bajar a la tierra después del Olimpo del idilio, les resulta insuperable. A veces, los mitos y “los cuentos de hadas” nos juegan malas pasadas… https://aidepsicologia.com/mitosenlasrelacionesdepareja/

3. ESTABILIDAD: en esta etapa renunciamos a cambiar al otro/a, le aceptamos y aprendemos de el/ella. Ya no luchamos por ganar o porque funcione, sino que negociamos una serie de reglas que nos van bien y hacen que la relación fluya. El mayor aprendizaje de esta etapa es que nuestra pareja no va a satisfacer todas nuestras necesidades. El riesgo de esta etapa es que esta “paz” nos puede hacer caer en la rutina, la cotidianeidad y… ¿La apatía?

4. COMPROMISO: esta es la etapa en la que sentimos que “somos un equipo”. Ya no sólo no tenemos la necesidad de remodelar al otro ni de estar de acuerdo en todo, sino que además, nos amamos desde el “te quiero” y no desde el “te necesito”. Pero el llegar a esta etapa no implica que ya esté todo hecho. De hecho, este es su principal enemigo.

5. CREACIÓN CONJUNTA: en esta etapa existe un profundo sentido de unión, la sensación de que el equipo es indestructible y eso nos lleva a querer compartir cuestiones creativas: una nueva casa, ampliar la familia, compartir una actividad de ocio nueva… Igual que en la etapa anterior, en ésta no hay que olvidar mimar la relación, no sea que con tanta “creación” la relación se resienta.

¿Y tú?¿En qué etapa del viaje dirías que te encuentras?

Rebeca Lajos Rañó

Psicóloga-Terapeuta de Pareja en Aidé

Las Tres etapas de las relaciones amorosas

Se ha comprobado que las relaciones amorosas atraviesan por tres etapas muy bien definidas: los sentimientos iniciales de deseo llamados también románticos, la atracción física y, finalmente, una conexión emocional más profunda.

Se ha comprobado que las relaciones amorosas atraviesan por tres etapas muy bien definidas: los sentimientos iniciales de deseo llamados también románticos, la atracción física y, finalmente, una conexión emocional más profunda.
Según la autora Laurie Pawlik-Kienlen, psicóloga canadiense que ha escrito varios libros, entre ellos ‘75 maneras de dejar ir al ser amado’ y ‘80 formas de decir te quiero’, la última etapa amatoria no solamente se relaciona con la suerte o la aceptación incondicional, para llegar a ella es necesario conocer las siete claves de una vida amorosa sana a través de cada una de las mencionadas etapas y, lógicamente, aprender a manejarlas.

¿Cómo son estas etapas?

Según la autora estas etapas no están necesariamente separadas unas de otras por fechas que marcan los aniversarios sino que las tres se juntan en una sola fuente de profundo amor. Sin embargo, no todos logramos alcanzarlas ni quedarnos en la etapa final y es entonces cuando la separación o el divorcio se pueden convertir en una opción. Revisemos de qué manera describe la autora a cada una de las etapas del amor:

1. Los sentimientos románticos o el deseo
Este amor romántico es manejado por la testosterona y el estrógeno. Juntarse es el propósito evolutivo de este estado del amor. Esto desarrolla una atracción física fuerte y establece el período de acercamiento emocional.

Durante esta etapa del amor las endorfinas invaden el cerebro y no sumerjamos en sensaciones intensas y placenteras. Esto hace que el ser amado nos parezca perfecto, ideal, hecho a la medida para cada uno de nosotros. A lo largo de este estado del amor nos sentimos altamente estimulados (algo similar a lo que se siente cuando comemos un delicioso pastel de chocolate o cuando hemos realizado un ejercicio extraordinario que nos deja exhaustos pero a la vez llenos de energía). Nos sentimos como si estuviéramos caminando sobre las nubes.

2. la Atracción física y las luchas de poder

Son las características del segundo estado del amor (la fase conocida como la enfermedad amatoria). Cuando llegamos a ella perdemos el apetito, necesitamos dormir menos y soñamos despiertos con el amor de la vida mientras vamos en el bus, durante las reuniones en el trabajo, bajo la ducha. En este estado del amor, la dopamina y la serotonina desarrollan una marcha maratónica dentro de nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Esta etapa se caracteriza asimismo porque adicionalmente estamos intentando convertir al ser amado en la imagen que tenemos de la pareja ideal y, lógicamente, es cuando las luchas de poder aparecen.

Es durante este estado de la relación que nos volvemos más realistas y empezamos a pelear por algo, cualquier cosa por absurda que fuera, nos lanzamos a duras y largas discusiones sobre temas triviales como si se debería o no comprar comida orgánica o escuchar música romántica.

En realidad lo que está sucediendo es que estamos empezando a perder la ilusión, una fuerte cercanía emocional ha llegado y los sentimientos de capricho y apasionamiento empiezan a desvanecerse.

3. El acercamiento emocional

El amor no es tan solo un vehículo que proporciona felicidad y contento a nuestra vida (o amargura y dolor). El amor es un ser viviente y dinámico que cambia, crece y necesita atención, y nosotros debemos alimentarlo. En todas las tres etapas del amor, se revela cómo somos realmente en todo nuestro esplendor y nuestra debilidad. Todas las etapas del amor nos pueden ayudar a aceptar nuestras fortalezas y debilidades y también nos ayudan a descubrir las fortalezas y debilidades de nuestra pareja.

7 consejos que nos ayudarán a enfrentar las tres etapas del amor:

1 Es necesario enfocarse en lo que podemos controlar, eso es en nuestra actitud, nuestro comportamiento y palabras y en nuestra energía. Si queremos que algo cambie durante cualquiera de las etapas de una relación amorosa, deberán ser nuestras características o acciones las que lo consigan y no las de nuestra pareja.

2 Debemos aprender formas saludables de expresar nuestro descontento, rabia o frustración. Ser honestos y auténticos, amables y amorosas en todas las etapas de las relaciones.

3 Recordar permanentemente la primera etapa del amor. Esos sentimientos de deseo, atracción y pasión por la pareja. Pensar en las características que nos atrajeron y dejar que esos viejos sentimientos vuelvan a la vida.

4 Apreciar las buenas cualidades de la pareja, sentirnos agradecidos por la vida que compartimos. La gratitud puede mejorar todas las etapas de las relaciones.

5 Hay que enfocarse en la intimidad emocional en todas las etapas del amor.Debemos estar dispuestos siempre a conseguir una vida amorosa sana.

6 Ser dueños de nuestros sentimientos. Tu pareja no puede hacer que te sientas estúpido o sin valor. Si te sientes disminuido o triste con tu vida, mira tus sueños y metas. ¿Estás siguiendo el camino que te programaste? ¿Escuchas a tu corazón? Desarrolla tu personalidad, mente y espíritu. Hay que averiguar qué nos hace felices en esa etapa el amor y empezar a crear la vida que queremos vivir.

7 Considera ir a un consejero en cualquiera de las etapas del amor. Si has perdido el sentimiento amatorio pudiera ser que se deba a algo individual que necesitas manejar o a algo que les concierne como pareja y que deben enfrentarlo juntos. Un punto de vista objetivo de un terapeuta o un amigo en quien se puede confiar, pudiera ser de gran ayuda en todas las etapas de las relaciones.

Por último pero no por ello menos vital, no importa en cuál de las etapas del amor te encuentres, necesitas conocer la mejor manera de decir “Te quiero”.

Tener una relación no es cosa fácil, y a pesar de que todo comienza muy bonito y las cosas avanzan de una manera muy perfecta, llegan momentos en que se tienen desacuerdos, y algunas veces peleas, pero todo esto resulta ser normal ya que en todas las relaciones de pareja existen etapas.

Las personas estamos en constante cambio, evolucionamos, crecemos y nos adaptamos a nuestro entorno, las relaciones amorosas funcionan similar, y si deseas disfrutar tu relación al máximo aquí te dejamos las etapas por las que pasarás o has pasado con tu pareja y que no son motivo de preocupación o de ruptura.

1.Enamoramiento (inicio- 3 meses)

Es una de las etapas más bonitas del noviazgo. El inicio de toda relación es un cocktail hormonal que transcurre de uno a tres meses. El deseo y la pasión predominan en esta etapa, así como las cosas positivas; es difícil identificar los defectos de tu pareja, ya que las hormonas se intensifican y hace que comencemos a ilusionarnos y a fantasear con esa persona perfecta que está a nuestro lado.

2.Conocimiento (4 meses a 7 meses)

Esta etapa se desarrolla al querer conocer todo de tu pareja, hasta las cosas más íntimas. En la relación se empiezan a ver las similitudes y las diferencias y se aprenden a aceptarlas. Algo muy típico de esta etapa es contar todas las vivencias y experiencias que ambos han pasado. La relación se vuelve más formal y entran personas externas importantes en la vida de los dos, familia, amigos y círculo social.

3.Acoplamiento (de los 7 meses al año y medio)

Si llegas a esta fase con tu pareja, van por muy buen camino, ya que están destinados a estar un largo periodo juntos. En esta etapa aprenden a convivir y a acoplarse en la vida del otro, en los compromisos, en lo familiar. Un punto clave de esta etapa es recordar que cada quien tiene su vida y que deciden día a día estar juntos, eso no significa que tu pareja te pertenezca; es importante reforzar en esta etapa la comunicación, llegar acuerdos equilibrados y a respetar los tiempos del otro.

4.Estabilidad (1 año y medio a 2 años)

Felicidades, han logrado superar las etapas más difíciles. La estabilidad llega después de que ambos se acoplaron y se complementan; han sabido solucionar sus diferencias y entablaron un equilibrio en el que se sienten a gusto. En esta fase el amor se refuerza y se fortalece cada día más la relación con ayuda del entendimiento y su conexión.

5. Autoafirmación (2 años y medio en adelante)

La relación ha madurado y se encuentran en una etapa estable, pero comenzarán a surgir intereses y necesidades individuales. No te preocupes, a veces es necesario que ambos hagan una introspección y se reafirmen en el ámbito personal como en el profesional. Esta fase no significa que dejarás de importarle a tu pareja, solo que es un momento en el que se replanteen de manera personal sus anhelos y deseos por el resto de sus vidas. La comunicación es importante en todo momento, pero sobre todo el apoyo a la pareja.

Etapas de la pareja. Fuente: | www.capi.com.mx

Así como cada persona pasa por diferentes etapas a lo largo de su vida, las relaciones o la forma en la cual actúan los miembros de la pareja hacen lo mismo. Varios expertos se han dado a la tarea de estudiar el comportamiento de las parejas, con el fin de acabar con varios mitos. Lee lo siguiente e identifica en que etapa te encuentras tú:

ENAMORAMIENTO O FUSIÓN (DEL PRIMER MES A LOS 18 MESES, 30 MESES COMO MÁXIMO)

Es una de las etapas más bonitas de la relación, ya que está llena de esperanza e ilusión. Se desea estar todo el tiempo juntos y están deseosos de conocerse. La pareja tiene la sensación de amor correspondido. Además, se vive especialmente el deseo y la pasión, con o sin actividad sexual, pero con una intensa fantasía.

En esta etapa difícilmente se dan discusiones, ya que se hace todo lo posible por evitarlas. Una discusión parece el fin del mundo porque no se tiene experiencia de cómo se va a resolver. Según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell, en Nueva York:

Los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre los 18 y 30 meses.

RELACIÓN Y VINCULACIÓN (18 MESES A 3 AÑOS)

Los integrantes de la pareja se muestran afectivos el uno con el otro, pero también empiezan a mostrar su atonomía. Se puede pasar de crear un vínculo amoroso o a vivir juntos o proponerse crear un hogar. Al haberse pasado el apasionamiento significa que aquellos temas que se habían reprimido durante la etapa de fusión (por miedo a la discusión y conflicto) empiezan a surgir.

Durante esta etapa se establecen los roles que cada uno desempeñará en el hogar y cada uno integra a amigos y familiares, lo cual en algunos casos puede producir tensiones.

CONVIENCIA (2° Y 3° AÑO)

Aunque el nivel sexual baja, el amor se manifiesta con más compañerismo. La casa se hace confortable. Aquí el amor se alimenta con el compañerismo y el apego amoroso. Se presentan los primeros problemas ocasionados por la rutina y las discusiones son sobre las funciones domésticas: los roles en la casa.

AUTOAFIRMACIÓN (DEL 3° AL 4° AÑO)

En esta etapa es donde se ya tienen la seguridad para empezar a realizar actividades por separado. Hasta aquí la pareja se fijó en las cosas que tenían en común; ahora se empiezan a fijar en las diferencia, pero se tienen que sentir lo suficientemente cómodos para poder hacer actividades independientes.

En está etapa se puede presentar el problema de que si, unos de los miembros de la pareja tiene baja autoestima, le costará trabajo adaptarse a las actividades, o dejar que el otro realice actividades en solitario. Puede que uno evite que el otro pase tiempo solo por medio a que se acabe la relación.

COLABORACIÓN (DEL 5° AL 15° AÑO)

Si la pareja ya se unió para hacer proyectos juntos, como los hijos y éstos ya empezaron a ser independientes puede ser un momento de mucha fricción. Esto puede ser debido a que los hijos adolescentes causan tensiones o a que cada uno quiere tener un proyecto propio y la pareja no está de acuerdo.

En esta etapa se produce el llamado ‘nido vacío’, es decir cuando los hijos se van y la pareja empieza a establecer proyectos juntos. En este momento se apoyan y la relación vuelve a resurgir. La seriedad y la sensación de fiabilidad reemplazan la inseguridad y el miedo a la pérdida de las etapas anteriores. Aquí se produce de nuevo el entusiasmo.

ADAPTACIÓN (DEL 15° AL 25° AÑO)

En está fase las parejas deben de adaptarse a los cambios externos: hijos, ‘achaques’, familiares en la vejez. Aquí las fantasías o ilusiones se van y se enfrenta a la realidad. La andropausia y menopausia se hacen presentes y puede ser un momento en que la pareja o bien se rompe o se consolida en las nuevas rutinas sin hijos.

En todas fases de la relación se producen crisis, pero depende de la pareja la forma en la cual las toma: como la decisión de que es mejor terminar o estas reafirman el amor que se tiene el uno por el otro y las ganas de permanecer juntos.

¿MITO O REALIDAD?, LA CRISIS DE LOS 7 AÑOS

Fuente: ‘Botiquín para un corazón roto. Consejos para curar las heridas del amor y transformar el sufrimiento en autoconocimiento’ de Victoria Cadarso. Editorial El Ateneo. Victoria es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y psicoterapeuta de Terapia Centrada en el Cliente, Gestalt y Psicodinámica.

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