0

Foros reduccion senos

Entrevista desde la neurociencia: MARTA GARCÍA ORTÍN

Marta García Ortín es cirujana. Tras licenciarse en Medicina por la Universidad de Zaragoza, se marchó a México, donde se especializó en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Allí, tras siete intensos años de estudio y trabajo aprendió toda la técnica que hoy aplica en sus pacientes en Zaragoza.
Dentro del campo de la cirugía plástica, la Dra. García Ortín se sub especializó en cirugía reconstructiva en pacientes oncológicos y en cirugía craneofacial para la corrección de malformaciones congénitas, en la escuela del Dr. Ortiz Monasterio. Actualmente, de todo su volumen de trabajo, aproximadamente, un 60% de las cirugías que hace son reconstructivas.
Convive a diario con emociones fuertes, las de sus pacientes, que ella misma en ocasiones modula y gestiona para que el proceso de la cirugía sea todo un éxito.

Es una mujer con valores. Los mismos que intenta inculcar a diario a sus dos hijos, siendo un ejemplo para ellos. El que destaca, y que cree que se está perdiendo, es el honor: tener palabra. Ser coherente con lo que se dice, lo que se piensa y cómo se actúa frente a los demás.

El día que elegimos para la entrevista es un caluroso viernes de julio, hacia el final de la mañana, cuando Marta ha terminado todos los “papeleos” que tenía pendientes. Me recibe en su despacho impecablemente vestida, coordinada en tonos sobrios y con pequeños detalles ornamentales, que complementan su conjunto e imagen cuidada. Su melena rubia y lacia, que aún huele a acondicionador, le da un aspecto juvenil. Mi primera impresión es que la Dra. García Ortin, haciendo gala a su especialidad, tiene gusto por la belleza.

Ustedes se preguntarán, ¿hay algún código genético que nos permita explicar bioquímicamente el gusto y sentido por la belleza, por el arte, por las proporciones estéticas? La moderna neurociencia, de la mano del profesor Llinás, dice que la clave está los qualia: aquellas percepciones y experiencias conscientes (sensoriales, emotivas, motivacionales o ilusorias) que invaden nuestra mente para dar rienda suelta a la creatividad, el arte y la belleza.

Marta afirma que la belleza es importante en su vida. De hecho me confiesa que de niña le llamaba más la atención el arte y el dibujo que la medicina. Hoy, está convencida de que lo ideal es tener una buena combinación de belleza interna y externa.

El arte y la estética van de la mano del desarrollo intelectual, y en tu caso puede que retroalimentada por tu formación profesional. ¿Cómo se aplica la creatividad en quirófano?
Como bien dices, la cirugía plástica es, de las especialidades quirúrgicas, quizá la más creativa. Cuando estoy en quirófano puedo crear, y al hacerlo consigo una gran motivación… sobre todo en la cirugía reconstructiva, que es la que más me llena, porque le devuelves a la persona la posibilidad de vivir como si no hubiese padecido una enfermedad o accidente, que la hubiese dejado sin media cara, por ejemplo.

¿Cómo manejas las emociones, el estrés, esa motivación extra en quirófano donde has de estar tan concentrada?
En mi caso bien, porque me concentro con facilidad. Pero, a ti que te gusta el estudio del cerebro y del comportamiento humano, te encantaría abrir una curiosa investigación observando la manera de ser de los cirujanos en general. Si quieres ver realmente quién es quién, obsérvalo con el bisturí en la mano y verás las verdaderas emociones que todos llevamos dentro; si la persona es tranquila, nerviosa, gestiona bien las emociones o si es impulsivo… Es realmente curioso.

Tener un padre médico, ¿te influyó de alguna manera para que te visualizases con la bata blanca?
Sí, puede que sí. Recuerdo, cuando yo tenía como 5 o 6 años, que le acompañaba a la facultad de Medicina, donde era profesor. Mientras él estudiaba en los laboratorios yo me entretenía viendo a los conejitos y otros animales pequeños que tenían allí. Después, cuando crecí un poco más, le acompañaba también al hospital, los fines de semana.

Desde luego, es un gran ejemplo de cómo las emociones influyen a la hora de tomar decisiones… Con respecto a tus pacientes, ¿vienen movidos y movidas también por las emociones?
La gente viene buscando ilusión y buscando poder cambiar aquello que no les agrada en su físico y que les llega a generar angustia. Te encuentras con pacientes jóvenes que tienen grandes complejos e inseguridades y que no pueden desarrollar una relación normal con las personas de su alrededor hasta que no se sienten seguros de sí mismos. De algún modo, les ayudamos a vencer no solo una barrera física, sino -y más importante- una barrera psicológica que puede llegar a cambiar la vida a la gente.

¿Cómo de emocional ha de ser la decisión de someterse a una cirugía plástica?
Hay que llegar a un término medio. Evidentemente, ha de existir una emoción, una motivación grande, que te lleve a someterte a una agresión al cuerpo como es pasar por una anestesia, las heridas, los puntos… pero también es una decisión que tiene que estar muy tamizada por la razón. A veces hay gente que viene después de un acontecimiento muy importante en su vida, como puede ser un divorcio, y quieren hacer cambios cuanto antes mejor. Yo les digo que es mejor meditar bien la decisión, pensarlo tranquilamente, y después dar el paso. Hay que ser 100% honesta en esta profesión, Sara…

¿Te contagias de las emociones de tus pacientes?
Sí, hasta cierto punto. Tanto de las positivas, cuando mejoras la estética de algún paciente; como de lo menos positivo, cuando viene una persona con cáncer. En este último caso, practico inevitablemente la empatía. Me pongo en su piel y siento la obligación de trabajar en la reconstrucción de la más meticulosa y mejor manera que sé. Además, voy más allá de la estricta relación cirujano – paciente. Date cuenta de que estamos hablando de situaciones de desesperación, de frustración… De personas que necesitan cariño, y una mano que te dé una palmada en el hombro mientras te dice: “tranquilo, que esto lo vamos a solucionar”. Así es como trabajo yo.

¿Y eso no agota? ¿De dónde sacas la energía?
En cirugía plástica tienes, a grandes rasgos, dos tipos de pacientes: estos que te acabo de comentar, con patologías que han desencadenado una malformación anatómica; y otros, igual de importantes, que están bien, pero que buscan mejorar.
La positividad que recibo de este tipo de pacientes cuando ven sus resultados, me da una fuerza extraordinaria para motivarme y ayudar mejor a los que vienen con sus miedos, con sus temores…

Digamos que de alguna manera consigues canalizar las emociones positivas de unos pacientes para volcar lo mejor de ti misma en otros que están en condiciones menos favorables…
Así es. La clave del éxito es saber qué necesita cada paciente y cómo necesita recibirlo, también a nivel emocional.

Y las emociones, entre los pacientes -o potenciales pacientes-, ¿se contagian? Es decir, ¿hay modas en la cirugía plástica?
Totalmente. Ahora, desde hace un par de años, se ha puesto muy de moda el tema de la cirugía íntima femenina: reducción de labios menores, corrección de zonas que hayan quedado dañadas o deterioradas después de los partos, blanqueamientos de las zonas genitales y demás… es la novedad de la cirugía estética en estos momentos. Hay congresos, libros, charlas… Esto da que pensar que igual que la educación sexual ha cambiado, el cuidado por la estética de los órganos sexuales también lo está haciendo.

O sea, que tu especialidad, utilizando la zona racional del cerebro, ves que está ligada completamente a las emociones…
Y tanto… emociones individuales y sociales.

Las nuevas exigencias del mercado, imagino que hacen que estés en constante aprendizaje… tu plasticidad neuronal (esa capacidad del cerebro de adaptarse a nuevos escenarios) debe estar muy trabajada…
Sí, en parte por dos factores: los años de profesión, que te dan experiencia y las nuevas técnicas quirúrgicas que van saliendo. Eso te hace estar en constante actualización de conocimientos.
A veces, cuando tengo una cirugía en la que me toca reconstruir una zona un poco complicada, la miro y pienso, “¿y ahora por dónde empiezo?”… Si tengo que quitar medio párpado, y rehacerlo… “¿cómo procederé?”
En esas situaciones entra en juego una combinación casi siempre ganadora: la experiencia y la proyección a futuro y la creatividad, guiada por las técnicas que han demostrado mejores resultados y que una ha tenido que aprender a hacer…

¿Crees que es importante la gestión emocional del paciente antes de entrar en quirófano?
Por supuesto. Es fundamental. Por mi experiencia, sé que a la gente positiva siempre le va mucho mejor, tanto la intervención como el post operatorio.
La positividad es muy importante ante cualquier tipo de cirugía: el dolor va a ser menor, la recuperación va ser más rápida y el resultado eventualmente mejorará.

Hablamos constantemente de positividad, motivación, ilusión… todas esas emociones, ¿generan una relación distinta a la médico-paciente tradicional?
Sí, claro. Realmente muchos pacientes se convierten después en amigos de por vida. Viven conmigo de la mano un camino que les va a cambiar la vida para bien, lleno de emociones. Eso hace un vínculo muy especial.
Además, cada cierto tiempo vas viéndolos en las revisiones y el contacto nunca se pierde. Al final, mucha gente pasa por la consulta solo para verme un rato: saludarme, charlar unos minutos y disfrutar un poquito.

Tú, a través de la cirugía plástica, cargas de seguridad personal a tus pacientes… Y, ¿a ti? ¿Quién te da seguridad, en sentido vital?
Hay dos personas muy importantes para mí en esta vida: mi padre y mi marido. Mi padre es una persona que siempre me ha dado su apoyo incondicional para todo. Para estudiar medicina, para hacer la especialidad de cirugía plástica… Siempre está ahí apoyándome y dándome tranquilidad, ciertamente…
Mi marido, Juan, es para mí una persona esencial. Sé que lo tengo siempre a mi lado para darme apoyo, en lo profesional, por supuesto, pero en lo emocional también… Para mí es primordial porque me ayuda muchísimo a dar una buena educación a nuestros hijos.

Que tu marido se dedique también a la medicina y viva su profesión con intensidad, ¿hace que de alguna manera os comprendáis y apoyéis mejor?
Sí. Juan tiene un grupo de investigación en la Universidad de Zaragoza. Hacen investigaciones de genética, en mutaciones y enfermedades raras. Nos complementamos muy bien y nos entendemos a pesar de que nuestra profesión, dentro de la medicina, es completamente distinta: yo tengo un contacto directo con el paciente, y él se comunica con sus pacientes a través del ADN…
Tener a alguien como Juan en mi vida me ayuda mucho. Yo soy más emocional, más inquieta. Él, por el contrario, es más tranquilo, más calmado… Más reflexivo, también. Eso me aporta mucha seguridad. Es un apoyo fundamental en mi vida.

En casa es tan importante tener un buen apoyo emocional… Cuando llegas a la tuya, tras una de esas maratonianas jornadas de quirófano por la mañana, consulta por la tarde, y visita a los pacientes por la noche… ¿eres capaz de desconectar totalmente?
Sí. Eso sí lo hago… porque llego tan cansada que suelo desconectar con cierta facilidad. No tengo problema. Además tengo la enorme suerte de que mi entorno en casa me ayuda mucho: tanto mis hijos (Ana, que tiene 16 años; y Andrés, que tiene 12), como mi marido, como te acabo de comentar…

Marta, ¿cómo ves tu vida de aquí a cinco años?
A gusto. Con mis hijos creciendo y desarrollándose como buenas personas. Con mis seres queridos cerca y contando con el apoyo incondicional de mi marido…
Y que todo siga igual, porque creo que tengo suerte en la vida, afortunadamente.

TERMÓMETRO EMOCIONAL
Marta valora del 1 al 10, las emociones básicas de Paul Ekman (indispensables para la supervivencia) según te sientas en el momento actual:

Alegría → 7
Tristeza → 3
Ira → 4
Sorpresa → 8
Asco → 1
Miedo → 1

ANÁLISIS DE LA CNV
Marta García Ortín es una mujer intensa y equilibrada. Divide su cerebro en vivir con pasión su profesión y cuidar de su familia con gran responsabilidad. La transmisión de valores, la sencillez y la transparencia son constantes en su comunicación no verbal, ya que continuamente me muestra las palmas de las manos. Para realizar la entrevista, nos sentamos en un sofá de su consulta. Al comienzo, Marta se atrincheró en la esquina opuesta a la mía, celosa de no querer mostrar sus emociones al hablar de su actividad profesional. Está claro que delimita muy bien las parcelas personal y laboral. Cuando se refiere a que a veces tiene que proyectar ilusiones en sus pacientes entrelaza sus manos en forma de capilla, en búsqueda de seguridad y equilibrio. Sin duda, lo que le da un respiro es hablar de la gente positiva, momento en el cual se siente distendida, despega sus manos y relaja su mirada.
Al referirse al pasado, a su infancia y a sus tiempos de estudiante en México, lleva la mirada hacia abajo buscando una conexión con su interior. Le cuesta bucear en su hipocampo -el almacén de la memoria del cerebro- que parece estar rebosando, por el incesante movimiento ocular.
“Creo que cuando eres más joven es más fácil adaptarte a las nuevas circunstancias. Conforme pasan los años te vuelves más rígida”. Tras estas palabras de sinceridad que compartió conmigo, sonríe de forma natural, porque no es mujer pretenciosa.
Maneja bien los silencios, es intuitiva y aunque es mujer de palabra, en ella las acciones y los gestos hablan mucho más.

Reducción de pecho: los expertos resuelven las dudas más frecuentes

La operación se realiza bajo anestesia general, en el quirófano de un hospital, y tiene una duración aproximada de entre 2 y 3 horas. Lo habitual es que la paciente pase un día ingresada.

Cuidados en el postoperatorio

Tras la operación, la paciente se despierta con un tubo de drenaje en cada pecho y un vendaje. Pero a las 24-48 horas, según el doctor Julio Puig, «podrá hacer vida casi normal. La mayoría de las molestias se controlan con la medicación prescrita por el cirujano plástico».

Pasados unos días se retira el vendaje y los apósitos, que serán sustituidos por un sujetador especial que hay que llevar entre 4 y 6 semanas, incluso durante la noche. Aunque se puede hacer vida casi normal pasadas 1-2 semanas, hay que evitar, según el experto, «las actividades físicas fuertes, hasta la recuperación total».

Las consecuencias más visibles de la reducción de pecho son las cicatrices, que se irán atenuando con el paso del tiempo, aunque no llegarán a desaparecer.

¿La reducción es definitiva?

El doctor Julio Puig señala que «pasarán unos meses hasta que las mamas adquieran el aspecto definitivo, y pueden cambiar ante estímulos hormonales normales, como el embarazo, y también por los cambios de peso». Además, hay que tener en cuenta que el pecho es una de las zonas más propensas a la flacidez, por lo que esto también puede provocar algún cambio en la forma.

Es importante saber que tras una cirugía de reducción de pecho no será posible la lactancia materna.

Por qué me sometí a una operación de reducción de pecho

Este artículo se publicó originalmente en VICE Francia .

Para mí, antes el verano implicaba tener que aguantar a algún tío gritándome, «¡Joder, vaya tetorras!» mientras cruzaba la calle. La escena se repetía casi siempre: yo lo ignoraba y él me llamaba zorra, simplemente porque, los días de mucho calor, me apetecía ponerme un top ajustado. Era siempre igual. Todos los veranos. Hasta que, después de diez años llevando sujetadores de copa D, decidí someterme al bisturí para retirar parte de mis voluminosos pechos.

Este tipo de cirugía se realiza con mucha menos frecuencia que la de aumento de pecho. Según la Sociedad Internacional de Cirugía Estética y Plástica, en 2015, 1.300.000 mujeres de todo el mundo se sometieron a una operación para ponerse implantes de silicona, cifra que hace que esta sea la intervención más frecuente a nivel mundial. El número de reducciones de pecho ese mismo año, en cambio, fue de 423.000.

Yo era plana como una tabla hasta los 16 años. Alcancé la pubertad tarde y, hasta entonces, nunca había tenido la necesidad de llevar sujetador. Los chicos se burlaban de mi falta de pechos, pero no me importaba, a mí me gustaban así. Como los de las modelos, pensaba. Pero un día empezaron a crecer a un ritmo vertiginoso, un proceso bastante doloroso. En tres meses subí tres tallas de copa. No puedo decir que fuera algo inesperado, porque todas las mujeres de mi familia tienen pechos grandes, un rasgo que es hereditario como el color de los ojos o el pelo. En cualquier caso, nunca ha sido motivo de orgullo en mi familia como lo es, por ejemplo, para las Kardashian.

De hecho, tener tetas de Kardashian cuando no eres una de ellas no es tan genial como puede parecer. Es más: incluso la propia Kim confesó una vez haber sufrido complejo de tetas grandes de adolescente. «Recuerdo llorar en la bañera. Luego cogía una toalla, la mojaba con agua muy caliente, me la ponía sobre el pecho y rezaba: ‘¡por favor, que no crezcan más! ¡Me siento avergonzada!'», dijo en una entrevista para Shape en 2010.

Un pecho grande puede pesar cerca de 1,5 kilos. Es como llevar un melón atado al cuerpo a todas horas y al final la espalda acusa todo ese peso. Por eso en mi país, Francia, la seguridad social cubre las reducciones de pecho cuando estos superan los 300 gramos de peso cada uno. En el Reino Unido, por ejemplo, el Servicio Nacional de Salud también cubre la intervención en los casos en que las mujeres sufran dolor de espalda, de cuello e irritación de la piel.

Tener pechos grandes puede ser molesto, pero las reacciones de la gente al verlos pueden resultar incluso peores. A un montón de hombres y mujeres les parece normal mirar con descaro a mujeres con pechos grandes, hacer comentarios al respecto. Y no hablo solo de desconocidos insolentes, sino de gente cercana a ti. Una vez, en una fiesta, un amigo se acercó a mí por detrás y le pareció «gracioso» sorprenderme agarrándome las tetas como si fueran de propiedad pública. La gracia me costó un ron con cola y a él el precio de una camisa nueva.

«Mis peores experiencias las viví en el instituto», me explica Manon, de 26 años, quien en octubre pasó de una 36E a una copa B. «Los chicos a esa edad son insoportables». Sé muy bien de lo que habla: cuando era jovencita, se dedicaban a quitarme el sujetador y a pasárselo de mano en mano como si fuera una pelota. A veces incluso me manoseaban, como si fuera un objeto que alguien hubiera llevado allí para exhibirlo y toquetearlo. Me sentía fatal, pero a nadie parecía escandalizarle. En ese momento no nos dábamos cuenta de la gravedad del asunto, de que aquello era simple y llanamente acoso sexual.

«Muchas veces oía a algún tío detrás de mí decir que tenía ‘un buen par’ y luego enumerar las cosas que me haría»

Hace seis meses, Stephanie se sometió a una reducción de pecho. Me explica que fue precisamente el acoso sexual lo que la llevó a sentirse asqueada de su propio cuerpo. «No me gusta que los hombres me miren; ni siquiera hoy día», me cuenta. «No quiero complacer a los hombres con mi aspecto porque ellos no me complacen a mí». Manon sopesó la decisión durante cinco años hasta que finalmente se sometió a la operación. «Es agotador; al final te pasa factura. Todo se vuelve insoportable».

«Muchas veces oía a algún tío detrás de mí decir que tenía ‘un buen par’ y luego enumerar las cosas que me haría», explica Manon. «Hay tíos que no se lo piensan y gesticulan una cubana en plena calle».

También me di cuenta de que, en la cama, hay hombres a los que solo les interesan tus tetas y se olvidan del resto de tu cuerpo: la boca, la espalda o incluso el clítoris. No es que sea una puritana, pero si un hombre se pasa una hora chupándome el pezón ,al final me hace sentir como una madre amamantando a su hijo, en el mejor de los casos, o como una vaca en el peor. Y como comprenderás, no es una sensación muy excitante.

Luego hay tíos que, ante la visión de un par de pechos generosos durante el sexo, optan por ignorarlos por completo. Eso también resulta frustrante, sobre todo cuando tienes unos pechos difíciles de ignorar.

En el trabajo tampoco mejora demasiado la cosa. Manon recuerda un día en que llegó al trabajo y se le saltó un botón de la camisa al quitarse el abrigo, dejando su talla E a la vista de todos, especialmente «de un tío insufrible que llevaba meses echándome miradas de baboso».

«Al final, yo opté por vestirme de forma más discreta», explica Leonie, de 35 años y empleada en una empresa del sector privado. Cambió las blusas que la «hacían parecer un pibón» por jerséis anchos y camisetas holgadas hasta que se operó. «Un día un compañero me dijo que tenía que trabajar mucho más que yo porque él no tenía las tetas grandes», recuerda.

Los amigos pueden llegar a tener tan poco tacto con este tema como los compañeros de trabajo. Manon recuerda que sus amigos le dijeron que cometía una estupidez sometiéndose a una operación de reducción de pecho. «Me decían que tener las tetas grandes era genial, tanto para satisfacer a los hombres como para amamantar», explica. Un argumento que parte del supuesto de que el objetivo de Manon es satisfacer a los hombres, de que a todos los hombres les gustan los pechos grandes y de que quiere tener hijos y amamantarlos. Pero aunque quisiera, una reducción de pechos no es impedimento para dar de mamar a un futuro hijo.

Las mujeres con las que he hablado del tema no se arrepienten de su decisión. «A mí me cambió la vida», afirma Johanna. «Ahora puedo volver a llevar bikini y desvestirme delante de mi pareja sin sentirme incómoda». Stephanie es la única que ha quedado un poco decepcionada. Pidió que le redujeran la talla a una copa B, pero por alguna razón ha terminado teniendo una D. «Sigo acomplejada. Creo que mi cirujano se rigió por los estándares de belleza actuales y no priorizó mi bienestar ni lo que le pedí. Ahora tengo que esperar dos años para volver a operarme».

Yo dudé mucho antes de decidirme a operarme. Me causaba ansiedad la idea de que alguien te arranque una parte de la zona más sensible del cuerpo y, además, los hospitales me dan pavor. No me atraía demasiado el hecho de tener que pasarte tres horas tumbada en una mesa de quirófano, con anestesia general y expuesta a sufrir lesiones en el tejido del pezón. Por otro lado, muchas mujeres de mi entorno me decía que estaba loca, que ellas soñaban con tener tetas como las mías. Las ignoré. En enero de 2016, tres días después de mi 26 cumpleaños, me hice una reducción de pecho. Hoy sigo convencida de que es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Ahora mis pechos han dejado de ser una carga para mí.

Traducción por Mario Abad.

Aumento y reducción de pecho: las 10 preguntas más importantes que debes hacerte

Más sobre:

Cirugía

Pecho y escote

Es la intervención más demandada entre las españolas. Las últimas estadísticas dicen que más de 65.000 mujeres se someten todos los años a una cirugía estética de mamas (aumento, reducción o elevación de pecho) en nuestro país. Y la mayoría de ellas no supera los 35 años.
Como ejemplo, un dato. Dulceida, la reina de las redes sociales, explicaba hace unos meses cómo y por qué se sometió a una reducción de pecho. El vídeo va ya camino del millón y medio de reproducciones, es uno de los más vistos en su canal de Youtube. Hablaba de sus miedos, sus inquietudes y sus cicatrices, y lo hacía de tú a tú. Como una amiga que te está contando su experiencia.

Sin embargo existen muchos mitos y dudas acerca de esta operación. Qué mejoras reales puedes esperar, qué deberías tener en cuenta antes de entrar en quirófano o cuántos días necesitarás después para recuperarte. En Glamour.es ponemos en palabras las 10 preguntas que deberías hacerte antes de operarte y te damos una guía de soluciones.

1. ¿Quién me puede ayudar?
Lo primero y más importante es que te asegures en la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE, tel.: 902 409 060) de que el cirujano al que vas a acudir tiene la formación adecuada para tu intervención.
2. ¿Qué porcentaje real de mejora puedo esperar?
«Muchas mujeres desean un aumento tras un embarazo o una lactancia que ha dejado vacío y caído el pecho. Por otra parte, la reducción se realiza generalmente para aliviar un problema físico, mas que por motivos puramente estéticos», aclaran en SECPRE. Sea cual sea tu caso, como paciente «debes exponer tus expectativas de manera sincera y franca, para que el cirujano plástico sea también franco y te muestre las alternativas disponibles para tu problema, con los riesgos y limitaciones de cada una de ellas», recomiendan.
3. Aumento de mamas: la duda más frecuente
¿Cómo evolucionará el aspecto del pecho con el paso del tiempo? Dice la SECPRE que muchas mujeres desean un aumento tras un embarazo o una lactancia que ha dejado vacío y caído el pecho. «Aunque no existe riego de que el aumento altere futuros embarazos, sí debes saber que las mamas pueden volver a descolgarse algo tras un nuevo embarazo», clarifican.

Consejos básicos para una adecuada recuperación:

  • Uno de los consejos fundamentales es decidirse a esta intervención con unos objetivos o expectativas razonables que se deben comentar con el cirujano, quien le informará acerca de la posibilidad de esos resultados una vez analizada la situación de sus pechos y antes de la operación, junto con los consejos a seguir en el preoperatorio.
  • Al finalizar la operación se colocan un vendaje adhesivo que no debe tocarse ni manipularse por la paciente.
  • El sujetador especial tipo deportivo debe utilizarse durante todo el tiempo recomendado por el cirujano. Normalmente se suele utilizar durante un mes y durante al menos tres meses se deben evitar los sujetadores con aros que puedan ejercer presión sobre la zona operada.
  • La paciente no debe tocar las heridas con los dedos y se recomienda no exponerlas al aire, al sol o al polvo ambiental.
  • Para reducir los riesgos y las molestias solo debe tomarse la medicación que prescriba el cirujano, evitando siempre la automedicación y en todo caso nunca debe tomarse medicación que contenga ácido acetilsalicílico (aspirina y similares).
    La recuperación de la reducción de pechos suele ser rápida y sin complicaciones
  • Ante cualquier situación que la paciente considere anormal debe consultarse con el cirujano para evitar complicaciones no deseadas.
  • Todos los cirujanos recomiendan beber mucha agua antes y después de la intervención .
  • Se debe evitar dormir boca abajo durante los primeros días o semanas. Dormir boca arriba y con una almohada cómoda ayuda a la recuperación.
  • No se puede tomar el sol en la zona operada durante al menos tres meses.
  • La paciente debe usar ropa lo más cómoda posible y que no oprima los pechos.
  • Se debe dejar de fumar durante las cuatro semanas anteriores a la reducción de pecho y al menos durante tres semanas después de la operación. El tabaco dificulta una correcta cicatrización, ya que disminuye los niveles de oxígeno en la sangre.
  • Tras la reducción de pecho, la piel queda más tensa de lo normal por lo que muchos cirujanos recomiendan utilizar cremas hidratantes pero sin que lleguen a tocar o cubrir las cicatrices.
  • El ejercicio moderado como pasear es muy recomendable así como el reposo durante varias horas al día para permitir una correcta recuperación.
  • Se debe evitar encoger los hombros, la espalda siempre debe estar recta.
  • La paciente debe realizar un seguimiento diario de la evolución de la zona operada para detectar la aparición de una posible infección con síntomas como fiebre, inflamación, enrojecimiento, supuración, etc. El cirujano comentará todos los signos o síntomas que deben vigilarse para evitar problemas con una infección no tratada. Si aparecen estos síntomas y se tratan a tiempo suelen desaparecer con la medicación adecuada sin convertirse en una complicación grave.

La paciente debe conocer en todo momento que resulta imposible practicar una reducción de pecho sin dejar cicatrices visibles en el pecho durante un tiempo. Según la evolución de cada paciente esa visibilidad irá disminuyendo progresivamente mejorando su forma y tamaño aunque siempre terminarán siendo visibles en mayor o menor medida.

Las ventajas estéticas en cuanto a forma y tamaño siempre compensa la presencia de las cicatrices que deben ser aceptadas por la paciente como un efecto secundario de la reducción de pecho. Unas mamas demasiado grandes y demasiado caídas siempre llaman la atención y pueden provocar problemas emocionales en las pacientes, ya que la creciente práctica de mostrar los pechos en playas y piscinas hace que el defecto resulte muy evidente. Sin embargo, las cicatrices solo son perceptibles a corta distancia.

BonoMédico te ofrece esta operación de reducción de pecho en Málaga, Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Palma de Mallorca, entre otras muchas ciudades. Con cirujanos expertos en este tipo de cirugías.

¿Sabías que financiamos tu intervención desde 60 €/mes? Consulta tu cuota

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *