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Fumar adelgaza o engorda

Aumento de peso luego de dejar de fumar: qué hacer

Mientras se prepara para dejar de fumar, aquí hay algunas medidas que puede tomar para mantener su peso bajo control.

  • Actívese. La actividad física le ayuda a quemar calorías. También puede ayudarlo a soportar los antojos de alimentos poco saludables o de cigarrillos. Si usted ya hace ejercicio, podría necesitar entrenar por más tiempo o más frecuentemente para quemar las calorías que la nicotina ayudaba a eliminar.
  • Compre alimentos saludables. Decida lo que comprará antes de llegar a la tienda. Haga una lista de alimentos saludables como frutas, verduras y yogur bajo en grasa que usted pueda disfrutar sin consumir demasiadas calorías. Abastézcase de «refrigerios» bajos en calorías que puedan mantener sus manos ocupadas, como rebanadas de manzana, zanahorias baby o nueces sin sal en porciones preparadas previamente.
  • Abastézcase de goma de mascar sin azúcar. Eso puede mantener su boca ocupada sin añadir calorías o exponer sus dientes al azúcar.
  • Cree hábitos alimentarios saludables. Haga un plan de comidas saludable por adelantado de manera que pueda combatir los antojos cuando lleguen. Es más fácil decir «no» a los bocaditos de pollo frito si tiene por delante una cena de pollo rostizado con verduras.
  • Nunca deje que le dé demasiada hambre. Un poco de hambre es algo bueno, pero si está tan hambriento que tiene que comer de inmediato, es más probable que opte por una opción que arruinará su dieta. Aprender a comer alimentos que lo llenan también puede ayudar a mantener el hambre a raya.
  • Duerma bien. Si con frecuencia usted no duerme suficiente, está en mayor riesgo de aumentar de peso.
  • Controle su consumo de alcohol. El alcohol, los refrescos azucarados y los jugos endulzados pueden ser agradables de beber, pero se acumulan y pueden llevar a un aumento de peso. Pruebe el agua mineral con 100% de jugo de frutas o té herbal en su lugar.

Corazón | Salud | elmundo.es

En total, durante los 25 años de seguimiento se dieron 631 eventos coronarios en 3.251 personas. La incidencia fue casi el doble entre los fumadores sin diabetes que en los que habían dejado de fumar (5,9 por cada 100 individuos frente a 3,1) y, después de ajustar otros factores de riesgo cardiovascular, «vimos que, en comparación con los fumadores, quienes ya no tenían este hábito tenían un 54% menos de riesgo de enfermedades cardiovasculares», reza el artículo. «Las estimaciones entre los participantes con diabetes fueron similares».

Ante tales resultados, afirma Clair, queda claro que, con o sin diabetes, e independientemente de la subida de peso, dejar de fumar se asocia a menor riesgo cardiovascular, en comparación con los que siguen consumiendo cigarrillos.

Una conclusión interesante, comenta Susana Monereo, responsable de la Unidad de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Getafe Madrid). «El aumento de peso es una de las limitaciones para dejar de fumar, sobre todo en mujeres y en gente joven que ni se lo planteaban o si lo hacían, muchos recaían». Esto ratifica que «aunque se gane un poco de peso el beneficio es enorme».

Según el equipo de Clair, no hay estudios publicados en este sentido. Sólo uno japonés realizado en hombres sin diabetes que analizaba el efecto del abandono del tabaco en los factores de riesgo cardiovascular, como los niveles del colesterol, pero no valoraba los eventos coronarios. Por eso, aunque este estudio tiene algunas limitaciones (no tiene en cuenta cuánto fuman los individuos), remarca otro de los investigadores, James Meigs, del Hospital General de Massachusetts: «Ahora podemos decir sin duda alguna que dejar el tabaco tiene un efecto positivo en la salud del corazón tanto si el individuo tiene diabetes como si no, incluso si han aumentado su peso». Y, además, afirma un editorial que acompaña el estudio, «los médicos pueden utilizar esta información para aclarar a sus pacientes su preocupación con el peso».

Ya no hay excusas ni hay que tener miedo a dejar de fumar, animan los dos expertos españoles, porque, además, «la obesidad se puede controlar». La doctora Monereo recomienda que lo mejor es planear el abandono del tabaco, seguir una dieta adecuada, controlar la ansiedad y hacer ejercicio. Hoy en día, añade, «hay medicamentos inhibidores de recaptación de la serotonina (para aumentarla) que ayudan a reducir la ansiedad y en cuanto a la dieta, conviene introducir hidratos de carbono de absorción lenta en la comida (pasta o legumbres, por ejemplo). Produce saciedad y calma la ansiedad. Lo que hay que evitar para no engordar son los dulces».

El aumento de peso que se produce al dejar de fumar es sólo temporal

«La ganancia coyuntural de peso, una media de 2,5 kilos persona, puede ser fácilmente neutralizadaEl aumento de peso se produce por la falta de la habitual nicotina que «modifica los procesos termorreguladores y tiene como efecto el que se depositen más sustancias grasas en el organismo», explica. Además, también afecta que aumente la ingestión de alimentos debido a la recuperación del olfato y el gusto.

El aumento de peso y la irritabilidad, provocados por el ansia de nicotina, según los expertos, son una de las más importantes razones para dudar en dejar de fumar, insiste la doctora Redondo. «Tales síntomas están relacionados con un síndrome de abstinencia que se presenta escasas horas después de haber dejado el tabaco, aunque alcanzan su cota máxima durante los dos días siguientes y no desaparecen hasta pasado un mes, aproximadamente, si bien el aumento del apetito puede llegar a mantenerse durante meses», señala.

El aumento del apetito puede llegar a mantenerse durante meses

En cuanto a los beneficios, recuerda que, aunque los problemas con el peso inciden más en las mujeres, también son ellas las que obtienen más beneficios de un eventual abandono del tabaco, ya que mejora del cutis y retrasa la aparición de arrugas. Aunque, a su juicio, «lo principal es que mejorarán todos sus parámetros de salud y de prevención, y no digamos si además están embarazadas».

Por otra parte, recuerda que los hijos de madres fumadoras suelen nacer con un significativo déficit de peso, «aunque basta que se deje de fumar al comienzo de la gestación para que el niño nazca con las mimas características que los de madres no fumadoras». Asimismo, indica que la eliminación del tabaco durante la gestación puede prevenir el 5% de las muertes perinatales, un 20% de nacimientos con bajo peso y un 8% de casos de prematuridad.

Por otro lado, y por si no fuera suficiente aliciente saber que la retirada del tabaco es el mejor freno contra el cáncer de pulmón y otras patologías respiratorias y cardiovasculares, junto a la mejor manera de ganar en años y calidad de vida, las mujeres que dejan de fumar retrasan también la menopausia hasta la edad en que generalmente aparece en las no fumadoras.

El 70% de los exfumadores engorda y, de hecho, esa es a menudo una de las razones que muchos esgrimen para no dejar de fumar. Ahí esta el vaso medio vacío. El medio lleno es que el tabaco adelgaza. La pregunta es: ¿cómo lo hace? Si se descubriera, ¿se podría crear un fármaco que copiara su efecto, obviamente sin los efectos negativos del tabaco? El trabajo que publicará Miguel López, de la Universidad de Santiago de Compostela, en la revista Diabetes, ya publicado electrónicamente, supone un paso en esa dirección.

“El arsenal terapéutico actual para tratar la obesidad es muy limitado”, escriben los autores del trabajo. “Aparte de las intervenciones en la dieta, el ejercicio y los cambios de comportamiento, los tratamientos farmacológicos escasean. Por ello, y dada la urgencia del problema, decidimos concentrarnos en aquello para lo que hay evidencias de que hace perder peso, como fumar. Numerosos estudios epidemiológicos han revelado una estrecha relación entre el tabaquismo y el peso corporal; que los no fumadores pesan más que los fumadores”.

López se ha concentrado en la nicotina, el principal componente adictivo del tabaco y del que se sabe que inhibe el apetito y produce pérdida de peso. Ha estudiado su efecto sobre los mecanismos cerebrales que regulan las ganas de comer y el gasto energético del organismo.

En concreto, los investigadores han apuntado a una enzima llamada AMPK, que es clave en el metabolismo de la grasa y que actúa en las áreas del hipotálamo relacionadas con la obesidad inhibiendo el gasto energético y estimulando la ingesta.

El descubrimiento abre una nueva vía en la investigación de tratamientos contra la obesidad

Este grupo de científicos es uno de los pioneros en la identificación de la enzima AMPK como una de las claves de la obesidad. Actuando sobre esta y otras moléculas que intervienen en el metabolismo de las grasas en el cerebro, en los últimos años estos investigadores han conseguido alterar sustancialmente la masa corporal de animales de experimentación: han conseguido que animales que comen poco engorden y, al contrario, que otros con una ingesta desmedida pierdan mucho peso.

Los investigadores pensaron en la relación entre la nicotina y la AMPK por experimentos previos que indicaban que ambas sustancias debían tener efecto tanto sobre la ingesta como sobre el gasto energético, es decir, los dos términos de la ecuación de la obesidad.

Lo que ha hallado el grupo de López en ratas es que la nicotina adelgaza porque inactiva la acción de esta proteína en una determinada región cerebral. Y cuando esto ocurre se come menos y se gasta más, porque se moviliza la llamada grasa parda —que al ser consumida aumenta la temperatura del organismo— y se acelera el metabolismo de las grasas en general. Por el contrario, cuando la nicotina deja de actuar sobre la AMPK, o cuando los investigadores activan esta enzima a propósito en las regiones cerebrales adecuadas, los animales engordan de nuevo.

“Nosotros no decimos que se trate la obesidad con nicotina o fumando”, señala López, “pero el efecto está ahí: hemos identificado una diana farmacológica que puede ser muy interesante, porque modula tanto la ingesta como el gasto energético, lo que la hace incluso más atractiva”. La mayoría de los tratamientos actuales para perder peso inciden bien sobre la ingesta o bien sobre el gasto energético, pero no sobre ambos. Y está, además, la nueva diana ahora identificada, que podría servir no solo para tratar la obesidad, sino también para dejar de fumar.

Fumar engorda. No empieces a fumar o intenta dejarlo cuanto antes

Texto publicado originalmente en noviembre de 2012 en el blog de La Sirena, (cuando todavía colaboraba con dicho blog).

Hay decisiones que no conviene demorar mucho tiempo, y la de dejar de fumar es una de ellas. Uno de los motivos nos lo da la prevención de la obesidad. ¿Sabías que los exfumadores pesan más, en general, que las personas que nunca han fumado? Un nuevo estudio, que comentaré a continuación, corrobora que dejar de fumar (algo que tarde o temprano debe hacer todo fumador si se preocupa por su salud) puede hacernos ganar peso. Por eso este post se titula “fumar engorda”: empezar a fumar es tomar un camino equivocado que, al desandarlo es posible que tengamos que pagar ciertos “tributos” llamados “kilos de más”. Por suerte, el precio de dicho impuesto no sólo es pequeñísimo con relación a los beneficios obtenidos, sino que además es negociable.

En el terreno de los estudios científicos la máxima evidencia es la que nos aporta un tipo de investigación llamada “metaanálisis”. Se trata de la pieza clave en la toma de decisiones en la llamada Medicina Basada en la Evidencia. Es una rigurosa valoración de estudios con un método cuantitativo –estadística- y mediante la combinación de resultados de investigaciones independientes sobre un tema en concreto. El tema en concreto que evaluó un reciente metaanálisis es de una importancia mayúscula: engordar tras dejar de fumar.

Según el estudio, coordinado por Henri-Jean Aubin, y publicado en la revista British Medical Journal (BMJ), al cabo de un año de dejar de fumar, la media de ganancia de peso asciende a unos 4,7 kilos. Malas noticias, sobre todo al saber que el 13% de las personas que dejó de fumar ganó más de 10 kilos. Aunque no tan malas si tomamos en cuenta otro dato interesante: entre el 16% y el 21% de los exfumadores no sólo no ganó peso sino que incluso adelgazó. El caso es que, como norma general, y como decía al principio, fumar engorda, porque al dejar de hacerlo es muy posible que ganemos unos 5 kilos de más.

Desde mi punto de vista se trata de un argumento más para no empezar a fumar, pero sobre todo para abandonar cuanto antes el tabaco. Te aconsejo que además de pedir ayuda médica visites esta web del Ministerio de Sanidad y Política Social: www.msps.es/ciudadanos/proteccionSalud/tabaco. En cuanto al control de peso, he empezado este post indicando que el precio a pagar (ganar kilos) por desandar el camino equivocado (empezar a fumar) es “negociable”, y lo es si tienes en cuenta estas seis consideraciones que detallé en mis libros No más dieta” y “Secretos de la gente sana”

  1. Acude a un dietista-nutricionista si debes perder peso. Es la persona indicada para cualquier modificación que tengas que hacer en tu manera de alimentarte.
  2. Valora la posibilidad de acudir a un psicoterapeuta. Modificar nuestras conductas y hábitos puede ser algo complejo, ya que se mezclan múltiples aspectos psicológicos. Decía Francisco Grande Covián que “es más difícil cambiar de hábitos alimentarios que de religión”.
  3. Apúntate a una dieta sana. Prioriza el consumo de alimentos de origen vegetal (frutas frescas y hortalizas, sin olvidarte de integrales, legumbres y frutos secos). Todos ellos son ricos en un nutriente crucial: fibra dietética. Los alimentos superfluos es mejor que los consumas de forma muy esporádica.
  4. Reduce un poco la ración. Reducir la ración de tus platos no te supondrá un esfuerzo significativo y a cambio puede reportarte resultados exitosos a medio-largo plazo.
  5. Apunta tu peso y lo que comes. Hoy sabemos que el autocontrol del peso y de los alimentos ingeridos, es de ayuda en la prevención y el tratamiento del exceso de peso.
  6. Inscríbete a una vida activa. Mantendrás el tono muscular y aumentará la energía que gasta tu cuerpo, entre otras muchas ventajas. Un reciente consenso señala que aumentar el gasto energético en tan solo 100 kilocalorías cada día puede traducirse en la pérdida de 4,5 kilos al cabo de cinco años.

Bibliografía:

Julio Basulto. Noviembre de 2012

P.D. (1 de octubre de 2019). Un nuevo estudio ha constatado un incremento sustancial de peso en mujeres después de dejar de fumar, pero también ha observado que el ejercicio físico y las modificaciones dietéticas evitaron la mayor parte de dicho incremento. Fuente: Priyanka Jain, et al. Epidemiology. 2019 Sep 26. . Disponible en: www.pubmed.gov/31569119

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Fumar puede ser útil para adelgazar…el cerebro.

Julio Basulto

@JulioBasulto_DN

Aunque no se lo crean, muchas personas o bien fuman para mantener su figura, o bien no abandonan el tabaco por miedo a engordar. Se trata de una actitud contraproducente, según indiqué en el texto titulado “Fumar engorda”, porque tarde o temprano se dejará de fumar y ello se puede acompañar de un aumento (de media) de unos 5 kilos. No todo el mundo gana peso, desde luego (entre el 16% y el 21% de los exfumadores no lo hace) pero lo cierto es que cuanto antes se deje de fumar, menores serán las posibilidades de llevarse, de premio, unos kilos de más. Y si nunca se empieza a fumar, mucho mejor, porque no tendremos que pagar ese y otros “tributos” con nuestro propio cuerpo.

En el citado texto incluí algunos consejos para abordar esta cuestión, el más importante de los cuales es pedir ayuda sanitaria (sea de un médico o de un psicólogo), dada la enorme dificultad que conlleva hoy por hoy dejar de fumar: los cigarrillos, traen en la actualidad muchas más sustancias adictivas que hace cuarenta años. Concretamente entre cuatrocientas y seiscientas sustancias más. ¿Por qué? Muy sencillo, para «enganchar aún más a los consumidores”, según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. Tienen consejos para dejar de fumar en este enlace del Ministerio de Sanidad y Política Social: www.msps.es/ciudadanos/proteccionSalud/tabaco.

En todo caso, hoy quiero hablar brevemente de algo que se suma a la larga y creciente lista de razones para dejar de fumar, y que también tiene que ver con la pérdida de peso, pero no abdominal o gluteofemoral, sino cerebral. Diversos estudios han mostrado que fumar se asocia a claras anormalidades cerebrales, pero no fue hasta diciembre de 2010 que supimos que también reduce la corteza cerebral, un área específica del cerebro responsable de funciones tan importantes como el lenguaje, el procesamiento de información, la memoria y el proceso de envejecimiento. El estudio, publicado en Biological Psychiatry, mostró que a más tabaquismo, más “adelgazamiento” del tejido cortical. Investigaciones más recientes, como la de Durazzo y colaboradores (Alzheimers Dement. 2014;10(3 Suppl):S122-45), han relacionado esta clase de “delgadez” con una enfermedad poco romántica llamada Alzheimer.

La primera firmante del estudio de 2010, la Dra. Simone Kühn, declaró en una nota de prensa publicada por Elsevier, lo siguiente:

«Dado que la región del cerebro en la que encontramos el adelgazamiento asociado al tabaquismo se ha relacionado con control de los impulsos, los procesos de recompensa y la toma de decisiones, esto podría explicar cómo se produce la adicción a la nicotina».

Así pues, hay algo en el tabaco que nos “adelgaza” el cerebro, y ello se traducirá en que somos todavía más vulnerables a convertirnos en fumadores. Una bicoca. Pero no todo está perdido. La Dra. Kühn tiene esperanzas de que la deshabituación tabáquica se traduzca en mejoras cerebrales. Es decir, dejar de fumar nos haría ganar peso ¡cerebral! Así da gusto “engordar”, ¿no les parece?

Que dejar de fumar engorda es algo conocido. Pero sobre cuánto peso se gana tras dejar el tabaco había muchas incertidumbres. Un análisis a 62 estudios sobre la materia publicado en la prestigiosa revista médica British Medical Journal arroja algo de luz, al concluir que, de media, un año después de dejar de fumar, la ganancia de peso es de 4,7 kilos. Lo relevante es que la cifra está muy por encima de los 2,9, que un estudio similar concluyó hace 20 años. Aun así, la revista incluye un editorial en el que concluye que los beneficios de dejar de fumar compensa con creces el ligero sobrepeso de dejarlo.

Cuando uno deja de fumar engorda por dos factores. El primero es que la nicotina tiene un cierto efecto anorexígeno, sacia el apetito. El segundo tiene que ver con el hábito, con sustituir los cigarrillos por algo de picar.

La ganancia de peso se produce sobre todo los tres primeros meses

Como señalan los autores del estudio, “la ganancia de peso es importante porque es una preocupación extendida entre los fumadores y podría retraer a algunos de intentarlo”. Por eso, tras analizar 62 estudios que, con diferentes fines, siguieron a exfumadores durante un año, concluyen que el primer mes la media engorda 1,12 kilos; el segundo 2,26 kilos; 2,85 al tercero; 4,23 a los seis meses y 4,67 al año de dejarlo. Eso es la media porque hay importantes variaciones, ya que al año entre el 16% y el 21% perdía peso y un 13% de los que dejaban de fumar engordaba más de 10 kilos.

El estudio lo ha liderado el francés Henri-Jean Aubin, profesor de psiquiatría y experto en adicción. Este explica por teléfono que no le ha sorprendido tanto lo que se engorda sino la variación con los meses: “Se engorda al principio sobre todo. Y es importante saberlo porque si una mujer muy preocupada con su silueta deja de fumar y gana un kilo el primer mes puede decidir que no sigue para no ganar 12 kilos en un año. Pero hay que decirle que se deja pronto de engordar”.

Entre el 16% y el 21% de las personas analizadas perdía peso

El dato es muy relevante porque, según estudios previos citados en el análisis, las fumadoras dispuestas a dejar el hábito afirman que consideran tolerable engordar 2,3 kilos de media.

El estudio no explora la diferencia por sexos, pero Aubin explica que la ganancia es ligeramente mayor en las mujeres. Otro aspecto clave que resalta es que hay una enorme variación en la respuesta: “No se puede predecir. El que lo deja puede pensar que estará entre el 20% que incluso adelgaza”. Además, hay que tener en cuenta que quien no fuma también engorda con la edad (una media de 0,3 kilos al año), así que cesar el tabaquismo es en muchos casos un desencadenante.

Para que no haya dudas sobre las ventajas de abandonar los cigarrillos, Aubin lanza un alegato contra el tabaco: “Dejar de fumar es la mejor decisión que podría tomar una persona, incluso si está muy preocupada por su figura. Alguien de 40 años que lo deje hoy ganará nueve años de esperanza de vida. El tabaquismo es la principal causa de evitable de muerte en el mundo”.

Esteve Fernandez, experto en tabaquismo del Instituto Catalán de Oncología, señala que el estudio está bien hecho y que es relevante este tipo de meta-análisis. Pero matiza: “El estudio tiene algún sesgo, como que se basa en fumadores que han acudido a consultas o a participar en ensayos clínicos. Es probable que esos sean fumadores más empedernidos y a los que les cuesta más dejarlo. Así que en otros la cifra sería menor”.

Aubin admite que esa duda existe pero considera que el número de estudios es lo suficientemente amplio como para pensar que es representativo. De hecho, afirma que emprendió la revisión científica convencido que la ganancia de peso era superior a los tres kilos establecidos hace 20 años. Para lo que no tiene respuesta es para conocer la evolución después de ese año.

Fernández firma en la revista un artículo de opinión junto al epidemiólogo australiano Simon Chapman en el que expresan el temor de que este estudio retraiga a los fumadores de intentar dejarlo: “Podría ser poco atinado incorporar ese mensaje a las prácticas sanitarias. Los datos se extrajeron de ensayos clínicos, no del mundo real”. Y concluyen: “Aunque la obesidad está relacionada con un aumento de la mortalidad, estudios de cohortes indican que una pequeña ganancia de peso no aumenta el riesgo de muerte”.

Esteve cuenta por teléfono que no se puede mezclar el aumento de peso tras dejar de fumar con el problema de la obesidad. “Ganar cinco kilos no es un problema de salud y un no fumador también engorda”.

Como decíamos engordar es uno de los efectos más temidos al dejar de fumar y lo primero que debemos tener claro es que es cierto que este efecto se suele producir en un gran número de casos. Debemos entender que la responsable de que esto suceda es la nicotina. Al igual que esta sustancia crea adicción, también disminuye el apetito, genera sensación de saciedad y además favorece la segregación de adrenalina, consumiendo de esta manera más energía. Al dejar de fumar, esos efectos no se producen y además aumenta el deseo por alimentos grasos y calóricos. Por este motivo, con una dieta equilibrada y sana ese efecto se puede controlar y reducir ese aumento de peso. Además, si se cogen unos kilos al poco tiempo de dejar de fumar, cuando ya llevemos más tiempo sin fumar, será más sencillo controlar la ansiedad y volver a cuidar la dieta y a practicar más ejercicio.

Se suele engordar, de media, entre 4 y 5 kilos el primer año al dejar de fumar, según recoge un estudio publicado en la revista British Medical Journal. No es una cantidad desorbitada y los beneficios de dejar de fumar son infinitamente mayores, por lo que con un poco de vida sana y ejercicio, se puede solucionar. Hay varios motivos por los que se engorda al dejar el tabaco, además de lo que ya hemos comentado: en primer lugar, la nicotina acelera el metabolismo, por lo que se quema más grasa, en segundo lugar, al dejar de fumar, aparecen el síndrome de abstinencia y la ansiedad, lo que conduce a comer y a recurrir a alimentos más grasos y calóricos y, por último, la nicotina genera adrenalina, y sin ese chute de adrenalina, el cuerpo nos pide glucosa para sustituirla, recurriendo a alimentos ricos en azúcar. Todos estos procesos se producen al principio, pero después el metabolismo se normaliza.

Si pones en una balanza los kilos de más que se pueden coger al dejar el tabaco y los beneficios de no fumar (menor riesgo de cáncer, mejor salud cardiovascular, piel con elasticidad y vida, más salud, mejor estado físico, etc.), ¿qué puede más? No hay duda, deja de fumar.

De todos modos, hay pautas que pueden ayudarnos a no subir de peso al dejar de fumar. Te los contamos en nuestra galería: “Cómo evitar engordar al dejar de fumar”.

Según diversos estudios y revisiones sistémicas, el primer año tras abandonar el tabaco se gana una media de 4-5 kg de peso corporal, motivo por el cual son muchos los que usan dicha ganancia de peso como excusa para no abandonar este funesto hábito tóxico. La realidad es que, hasta el momento, eran varias las hipótesis que podían explicar por qué se producía este fenómeno, pero ninguna se sustentaba en una evidencia científica sustancial.

Ahora, un nuevo trabajo publicado en Nature Medicine afirma haber encontrado una explicación causal molecular, es decir, una explicación biológica: las mismas proteínas que controlan la dependencia a la nicotina a nivel cerebral también regulan el metabolismo de algunas células grasas.

Engordar tras dejar de fumar: así se altera el metabolismo

Ya en anteriores estudios los investigadores habían detectado que un tipo de células grasas, las células grasas termogénicas o tejido graso pardo, beige o marrón, un tipo totalmente diferente a las típicas y más conocidas células grasas blancas, serían capaces de activarse y quemar energía mediante un proceso de termogénesis.

En este trabajo los investigadores se centraron en esta grasa marrón activada, descubriendo que hay una molécula relacionada directamente con el proceso de termogénesis: el receptor colinérgico nicotínico alfa-2 o CHRNA2, un receptor también conocido por regular la dependencia de la nicotina en las células cerebrales.

Según la nueva investigación, el CHRNA2 solo funciona en la grasa marrón en roedores y humanos, pero no en la grasa blanca que almacena energía, lo cual indica que esta proteína tiene un importante papel en el metabolismo energético. Esto no implicaría que fumar es bueno, ya que implicaría una mayor activación del CHRNA2, sino que existe cierta explicación molecular para el aumento de peso cuando se deja de fumar. El beneficio-riesgo de dejar el hábito tabáquico no es comparable a la posible ganancia de peso.

Por otro lado, cabe destacar el hecho de que la nicotina por sí misma ha demostrado suprimir el apetito en los individuos fumadores, pero este nuevo trabajo habría identificado una forma más directa de actuación de la nicotina sobre el metabolismo humano, algo que ayudaría a la creación de nuevas formas de combatir la ganancia de peso al dejar de fumar.

Investigación en ratones y humanos

En este caso, los investigadores de la Universidad de Michigan analizaron tanto células humanas como células de ratón y células de ratón modificadas genéticamente. En todas ellas se detectó que el receptor CHRNA2 puede activarse tanto por la nicotina como por las moléculas de acetilcolina producidas por las células inmunes cercanas. Tanto si recibe una sustancia como si recibe otra, el receptor CHRNA2 se activa y da lugar a la quema de energía.

Para comprobar y cerciorarse más del papel de este receptor en el metabolismo, los investigadores analizaron ratones sin el gen necesario para producir esta proteína, demostrando que dichos roedores estaban metabólicamente capados y en peores condiciones que el grupo control: los ratones sin CHRNA2, al ser alimentados con una dieta alta en grasas, aumentaron más su peso que el grupo control, acaparando más grasa corporal, mayores niveles de glucosa en sangre y peores indicadores de resistencia a la insulina.

Por todo ello, los investigadores sugieren que esta vía metabólica específica que implica al receptor CHRNA2 podría ser una nueva diana terapéutica no solo para evitar la ganancia de peso al dejar de fumar, sino también para tratar trastornos como la obesidad o el síndrome metabólico.

El aumento de peso en los primeros meses sin fumar es mayor de lo que se creía. Las personas que logran dejar de fumar experimentan un aumento de entre cuatro y cinco kilos en el primer año, según un estudio de la revista British Medical Journal, basado en 62 estudios clínicos sobre pacientes que lograron dejar de fumar, con y sin tratamiento.

Según informa la Agencia SINC, los autores admiten que el aumento de peso es más alto de lo esperado, ya que siempre se había situado en los 2,9 kg. “El resultado puede ser peligroso porque los beneficios de dejar de fumar superan notablemente los posibles riesgos de ganar peso”, explica Esteve Fernández, director de la Unidad de Control del Tabaquismo (UCT) del Instituto de Oncología de Cataluña (ICO), y coautor del editorial Dejar de fumar y aumentar peso: la extraña pareja que acompaña el artículo.

En España, 56.000 personas mueren cada año por culpa del tabaco, 20.000 de ellas por cáncer de pulmon. Las ventas legales de cigarrillos caerán este año un 41% respecto a los niveles previos a la crisis, hasta situar el mercado en unos 53.000 millones de cigarrillos, según estiman fuentes de la industria tabaquera, que han intentado presionar al Gobierno para una bajada de precios. El presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, ha anunciado junto a otras medidas -como el alza del IVA y la supresión de las pagas de Navidad a funcionarios- un aumento del impuesto al tabaco.

Según es citado estudio, los pacientes que no siguieron ninguna terapia para dejar de fumar habían ganado 1,1 kg el primer mes; 2,3 kg hasta el segundo; 2,9 kg en tres meses; 4,2 kg en medio año y 4,7 kg a los 12 meses. Unos resultados muy similares a quienes lo hicieron con algún tratamiento. Sin embargo, hay excepciones en los resultados del estudio. Mientras que el 13% gana más de 10 kg después del año, un 16% de los exfumadores pierde peso.

El trabajo señala que ganar peso es algo que inquieta a las personas que intentan abandonar el hábito tabáquico, sobre todo a las mujeres. Según los resultados, las fumadoras solo están dispuestas a engordar, como máximo, 2,3 kg si dejan de fumar.

Los investigadores concluyen que son necesarios más análisis para identificar qué personas corren más riesgo de aumentar peso y prevenirlo. Tratar el miedo a engordar mejora el abandono del tabaco, según un estudio publicado en 2010 en Archives of Internal Medicine.

Esteve Fernández señala que, según sus datos, tres de cada cuatro personas dejan de fumar sin ayuda externa.

Si estás dejando de fumar, prepárate para echarte kilos encima, dicta la sabiduría popular: la ansiedad provocada por la adicción a la nicotina nos llevará a darnos atracones sustitutivos. Esta creencia ha llevado a prácticas insanas, como evitar dejar el tabaco por miedo a engordar, pero un estudio de la Universidad de Búfalo (UB) de EEUU apunta a que la relación no es ni mecánica ni directa como puede parecer.

El estudio, publicado en la revista Drug and Alcohol Dependence, tiene una base psicológica y económica: ¿cuánto dinero se gastan los fumadores, y en qué, cuando no pueden fumar? Los resultados, escriben los autores, son indicativos de cómo los diferentes sistemas controlan los mecanismos de motivación y recompensa: ¿realmente revertimos nuestros recursos en comida y bebida como compensación a los cigarillos que dejamos de consumir?

«Lo que nos dice la muestra de este estudio es que las motivaciones para fumar, para comer y para beber no influyen mucho las unas sobre las otras», explica Stephen Tiffany, profesor del Departamento de Psicología de la UB. Aunque el estudio solo abordó la abstinencia al tabaco a corto plazo, las conclusiones apuntan a que la comida no se vuelve más deseable para el fumador cuando, por el motivo que sea, no puede echar mano de un pitillo cuando desea.

Lo cierto es que la relación estadística entre el peso y el tabaco es un hecho, reconoce Tifanny. «Los fumadores, de media, pesan menos; y cuando tratan de dejarlo, tienden a engordar». Pero, ¿por qué ocurre esto? La hipótesis que quisieron poner a prueba fue que, en ausencia de cigarrillos, se produce un aumento del apetito y la comida resulta más apetecible a ojos del sujeto.

Para esta prueba, se seleccionaron 50 fumadores habituales que tuvieron que abstenerse de cualquier consumo durante doce horas. A continuación se les sentó delante de una caja con una puerta corredera, y en su interior, tres objetos diferentes: una cajetilla de su tabaco, una barrita de chocolate preferido, y un vaso de agua. Cada uno de estos ítems se les fue presentando acompañados de una señal sonora, y los participantes debían evaluar en qué medida les resultaban deseables.

Previamente, los investigadores les habían entregado nueve dólares. Ahora debían valorar con una nota del 1 al 7 el deseo que les provocaba el tabaco, la comida y la bebida respectivamente, y estimar cuánto de su presupuesto estaban dispuestos a gastar en cada uno. Se produjo entonces una forma de «subasta»: cuánto más gastasen, mayor sería la probabilidad de que la puerta corredera se abriese para que pudieran acceder al objeto de sus deseos.

Lo que ocurrió es que los fumadores no demostraron una mayor predisposición a gastar dinero en comida antes del periodo de abstinencia que después de las doce horas de ascetismo. Aunque se habían vuelto más ansiosos, apuntan los autores, no se observaba una «hipersensibilidad» ante los estímulos. «Si está en un avión y no puedes fumar, no parece probable que vayas a gastar más en aperitivos de lo normal», explica Tifanny, que también es miembro del Instituto de Investigación Clínica de las Adicciones de la UB.

Deseo, estímulo y recaída

La clave está en poder reproducir en laboratorio el concepto de craving, la mezcla de antojo, deseo y ansiedad que acompaña a la abstinencia de la nicotina. Esto se consigue, explica Tifanny, induciendo los estímulos (cues) que hacen que las personas que tratan de dejarlo recuerden los cigarillos. «La gente no recae por que sí», subraya. «Recae en presencia de oportunidades a su alcance que se desencadenan mediante estímulos».

El experimento con «dinero de bolsillo», en el que las decisiones (incluida la de no ‘pujar’ por nada y quedarse los nueve dólares) de los participantes tenían una recompensa tangible e inmediata, es significativo de cómo ciertos eventos afectan de forma determinante y sirven de estímulo para los actos de los fumadores. «Hay que pagar un precio», concluye Tifanny. «Como con todo en la vida».

¿Cigarrillos electrónicos para adelgazar? Cinco preguntas frecuentes

En 2016 Morean y su compañera Amelia Wedel, encuestaron a 459 adultos usuarios de cigarrillos electrónicos que se autoidentificaron como deseosos de perder peso o de mantenerlo. Alrededor de 14% de los que contestaron afirmó que utilizaba cigarrillos electrónicos para controlar su peso, y a diferencia de los estudios sobre tabaquismo, el mismo número de hombres que de mujeres afirmó que utilizaba cigarrillos electrónicos como método para adelgazar.

Sin embargo, el control del peso no es probablemente el motivo principal para utilizar cigarrillos electrónicos en la mayoría de los casos, explicó Morean, y añadió que «algunas personas lo usan con este objetivo».

Recientemente, Morean llevó a cabo un estudio, todavía no publicado, sobre la motivación para utilizar cigarrillos electrónicos en adolescentes, y halló que un porcentaje bajo similar lo hace para controlar el apetito.

El estudio 2015 Youth Risk Behavior Surveillance, realizado en jóvenes de 14 a 18 años, dos tercios de género femenino, encontró que casi la mitad de los adolescentes usuarios del cigarrillo electrónico estaba intentado adelgazar.

Los fumadores de los cigarrillos para controlar el peso tienen más probabilidades de ser usuarios actuales de cigarrillos electrónicos. Una encuesta en internet examinó las razones para fumar relacionadas con la alimentación y con el peso, notificadas por los participantes. Los fumadores que afirmaron que fumaban para inhibir el apetito y/o para no comer demasiado tenían más probabilidades de utilizar cigarrillos electrónicos.

Los adultos con trastornos de la alimentación autoinformados también son más propensos a utilizar cigarrillos electrónicos para perder peso, y un estudio concluyó que se debía a la disponibilidad de sabores dulces y al hecho de que el comportamiento se ocultaba fácilmente.

Obviamente, no habrá nadie que recomiende fumar para perder peso. Las supuestas cualidades para adelgazar del tabaco, si las hubiera, nunca podrían compensar los múltiples y graves perjuicios para la salud. Sin embargo, es cierto que existe la creencia de que el tabaco adelgaza. Aunque, a decir verdad, más bien se suele apuntar mirándolo desde el punto de vista contrario, esto es, que dejar de fumar engorda. De hecho, se trata de una de las excusas más tradicionales entre los fumadores para no abandonar ese hábito. Los datos apuntan a que la mayoría de los que dejan el tabaco ganan algunos kilos en los primeros meses. En casos más extremos, llegan a engordar bastante y, después, les cuesta mucho volver al peso inicial. Pero, en esos casos, la realidad es que el esfuerzo a realizar es exactamente el mismo que entre los que no han fumado nunca y quieren adelgazar.

¿Es cierto que fumar adelgaza?

Para conseguir perder peso no hay fórmulas mágicas. Se trata de cambiar los hábitos alimenticios para seguir una dieta equilibrada y saludable, libre de cualquier sustancia que pueda afectar negativamente. A esto hay que unirle la realización de ejercicio. No es necesario convertirse en un atleta. Muchas veces basta con caminar varias veces a la semana durante más de media hora.

Existen, por otra parte, una serie de alimentos o complementos que pueden convertirse en valiosos aliados para perder el peso que nos sobra. Se trata de productos cuya composición puede acelerar o facilitar el proceso. Entre ellos, evidentemente, no se encuentra el tabaco, a pesar del riesgo de engordar que mencionábamos antes. Pero ¿a qué se debe que se engorde después de dejar fumar?. ¿Es cierto que el tabaco adelgaza o es un mito?.

¿Por qué se dice que se puede adelgazar con tabaco?

Como señalábamos antes, esa vinculación entre el tabaco y la pérdida de peso se debe más bien al efecto contrario. Esto es, cuando se abandona esa adicción es muy frecuente que se ganen unos kilos. No es algo que suceda el cien por cien de las veces, pero si las suficientes para que se haya convertido en una creencia (y en un temor) común. Sin ir más lejos, cuando nos planteamos dejar de fumar, una de las primeras preocupaciones que nos vienen a la cabeza es si engordaremos o no. La media de peso ganado cuando se abandonan los cigarros se calcula entre 4 o 5 kilos, que pueden ser muchos más si nuestros hábitos alimentarios no son correctos. En ese caso, se pueden llegar a sobrepasar los 10 kilos de sobrepeso.

La cuestión es descubrir las causas que llevan a este fenómeno. Es cierto que fumar conlleva un gasto calórico y que, por lo tanto, puede tener un suave efecto adelgazante. Pero ese efecto, no justifica para nada la ganancia de peso al dejar el mal hábito. Los expertos aseguran que la pérdida debida a ese gasto calórico es muy limitada y, para nada, explicaría que después se pudieran coger esos kilos. Sin embargo, hay otros muchos factores que explican que ocurra eso. Algunos, psicológicos, y otros, físicos. Ninguno de ellos apunta a que el tabaco, como producto adelgace.

Destapando el mito de perder peso con tabaco

Dejando un lado el pequeño gasto calórico antes mencionado, existen varias circunstancias que explican la ganancia de peso tras abandonar el tabaco. La primera, sin duda, es la ansiedad. Dejar una sustancia tan adictiva como la nicotina provoca síndrome de abstinencia, como cualquier otra droga. Uno de los efectos de ese síndrome es la aparición de una gran ansiedad. El tabaco afecta a las áreas del placer de cerebro y, cuando ese estímulo desaparece, tendemos a compensarlo de alguna forma. La manera más frecuente de eliminar la ansiedad es comer. Y no comer una fruta o algo sano. Se sabe que los alimentos con azúcar o procesados llevan ingredientes, no saludables, que estimulan las mismas áreas de placer.

Entre una cosa y otra, al final se acaba picando continuamente cualquier snack que aparezca en la casa, haciendo que se engorde. Otra razón es que fumar, según han descubierto estudios recientes, inhibe la sensación de hambre de la persona. Al dejar de hacerlo, se vuelve a sentir esa sensación, lo que unido a la ansiedad de la que hablábamos, provoca atracones nada recomendables. Por último, el dejar el tabaco hace que nuestro sentido del gusto y del olfato mejore sensiblemente. Esto que es un efecto muy positivo, provoca, sin embargo, que recuperemos los sabores de la comida al cien por cien. Al final, se corre el riesgo de ingerir más de la cuenta.

En definitiva, no es que el tabaco adelgace por si mismo. Podríamos afirmar que se trata de una especie de efecto secundario de la adicción y, por supuesto, no justifica para nada mantener el hábito. Como señala alguna campaña anti-tabaquismo: el tabaco no adelgaza, mata.

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