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Hacer una buena paja

¿Cómo aprender a hacer una paja?

Habré hecho miles de pajas en mi vida. Supongo que es una actividad que me ha acompañado desde que soy adulta, y que en ningún sitio me han enseñado a hacer bien paso a paso.

Lo cierto es que dominar las artes masturbatorias puede contribuir a que la felicidad de mi pareja vaya en aumento (porque no todo en la vida es penetración), y porque una pajita por la mañana es un alivio antes de ir a trabajar o antes de cualquier cosa que se atraviese en el camino.

Con una paja mi pareja la pasa bien, y yo también, de paso. No es un secreto para nadie que producir placer es una de las mejores formas para sentir placer propio; y además porque para un hombre sentir que alguien más lo masturba es mucho más erótico que hacerlo solo frente al celular o el computador. Una paja es un acto sexual de cariño entre José Miel y yo, es algo que hacemos con frecuencia y que se produce con mayor facilidad que un polvo ¡y eso que practicamos mucho lo segundo!

Hacerla bien es algo que puntúa alto, sin importar la cultura en la que se haga. Por ejemplo, en Japón la cultura de la paja está tan extendida que ya existen los programas de televisión donde te hacen una paja mientras cantas en un karaoke (no hace falta que vean este video, en serio).

Ahora bien: ¿cuáles son los secretos para una buena paja a mano?

Antes que nada, debemos recordar que cada hombre tiene su propia velocidad. No todas las pollas son iguales ni sienten lo mismo, pero hay algo que a todas les gusta: que les hagan una paja con esmero. Eso es algo que les quita el aire a todos sin excepción

Secreto 1: acostado es más fácil que de pie
Para que una paja sea infalible lo más sencillo es hacerla sobre el colchón. Así es más directo poder coger el pene con la mano mientras el hombre se tiende relajado y espera a que el milagro blanco ocurra. En la cama no hay peligro de que se le empiecen a cansar las rodillas, un clásico inconveniente de las pajas de pie.

Secreto 2: descubre tu mano virtuosa
Ya seas zurda o diestra, hay una mano con la que haces mejor las pajas. Lo recomendable es que esa mano sea la que domine la escena. Cuando empiezas a cambiar de mano, el pene será el primero en darse cuenta de que no es lo mismo tu derecha que tu izquierda y puede perder su duro entusiasmo con el cambio.

Secreto 3: no corras
¡Algunos hombres se empiezan a enloquecer al sentir el tacto de una mano en su pene! Lo importante es que más allá de lo que digan o rebuznen, seas capaz de entender que el ritmo en una paja es fundamental. Las mejores pajas no son las más rápidas, ni las más lentas, son las que más hacen disfrutar a tu pareja de una estimulación gloriosa, atenta a los movimientos y a dar el mayor placer

Secreto 4: no aprietes
Yo pensaba que si ejercía una fuerte presión con mi mano sobre el pene de mi pareja eso iba a excitarle aún más. Falso. Lo que hace que una paja sea rica para un hombre es que la mano pueda deslizarse por el pene sin producir dolor y sin que se sienta que hay algo que aprieta el glande o el tallo. Aunque tengas una mano grandísima o pequeña siempre podrás subir y bajar sin necesidad de estrangular el miembro e en cuestión

Secreto 5: usa un gel lubricante
Este es el secreto más útil de todos. Cualquier actividad que vayas a hacer en el sexo se ve facilitada por un gel lubricante. Si pones un poco de gel en la mano, no hace falta que eches la botella entera, sobre el pene verás que tu mano rueda con extrema facilidad y produce placer. Olvídate de las cremas del baño, no son apropiadas y podrían producir irritación o molestia porque no están pensadas para su pene.

Secreto 6 : estimulación visual
Los hombres son muy visuales, es por eso que la gran mayoría de los adultos contemporáneos se declara usuario de las antiguas revistas pornográficas en sus primeras pajas. Para un hombre es clave ver algo excitante mientras le hacen una paja. Una mirada de deseo, tu boca abierta o tus tetas hacen parte de lo que puede hacerle perder el control y le cause un enorme placer antes de eyacular.

Secreto 7: ya sabes el resultado…
Sabes tan bien como yo que el resultado de una paja es una cantidad saltona de semen blanco sobre tu mano y sobre su piel. Tu relación con ese resultado hará que las pajas sean más agradables para ti y para él. A mí, por ejemplo, me encanta el semen de José Miel, tiene todo lo que me gusta de él, y me hace sentir muy bien que sea mi mano la que sea capaz de extraerlo con una buena paja por las mañanas.

¿Crees que con estos secretos puedes convertirte en una experta en hacer pajas que quitan el sentido?

CÁDIZDIRECTO.- Si eres hombre estas de suerte, hoy te mostraremos 22 maneras de darte placer sexual tu mismo, para que no te aburras, para que no caigas en la monotonía, y para que según la forma de tu miembro logres el climax de diferente manera.

Estas formas de pajearse pueden hacer que salgas de la monotonía a la hora de masturbarte y obtener placer de manera solitaria.

1) Granulado. Ponte un condón en tu miembro erecto. Coge otro profiláctico y rellénalo de granos como arroz, colócate el relleno encima y empieza a masajearte. Una forma diferente y muy placentera.

2) El plátano pasivo Toma un plátano fresco que no tenga su piel demasiado blanda. Corta una de sus puntas, sácale el relleno sin romper la cáscara aproximadamente la mitad de tu longitud del pene. El resto ya lo sabes, introduce y masajea.

3) La almohada .Coge una almohada o cojín largo. A continuación túmbate sobre ella frota todo lo que puedas tu pene sobre ella moviendo bien la pelvis.

4) Hidropaja. Es quizas de las más complicadas, agua fría, mete la mano en tu miembro y masajea esto puede durar bastante tiempo por la baja temperatura del agua pero el orgamo es más intento.

5) Lésbica. Introdúcete en la bañera, ducha, o cualquier otro lugar donde podamos obtener un buen chorro con presión de agua caliente. Desenrosca el difusor de ducha de su manguera y saca la junta. A continuación con el pene ya masajeado y algo erecto sujétatelo con una mano y con la otra apúntate el chorro a presión sobre el glande

6) La violación de la bolsa. Llena una bolsa de la compra de plástico de agua caliente y ciérrala haciéndole un nudo. Enjabona su superficie, y seguidamente frótatela enérgicamente por tu pene, cuidado no revientes la bolsa.

7) La egocéntrica. Frente al espejo con alguna prenda fetiche. Mírate y practica mientras llegas al clímax.

8) La esquimal. Pasta de dientes, una vez erecto embadúrnate el pene de pasta, y sigue masturbándote, el frescor en tu pene te causará un doble placer.

9) La mano anónima. Corta la circulación de uno de tus brazos durante unos minutos, ya sea sentándote sobre él o anudándote una goma bien apretada a la altura del bíceps. Cuando lo tengas dormido procede a masturbarte, parecerá que lo hace otra persona.

10) El váter. Arrodíllate sobre el suelo frente a un váter, e introduce tu pene erecto entre una de las dos aberturas entre tapas muévete como si estuvieras haciendo la postura de “el perrito”.

11) El penitente . Masajéate el pene hasta ponértelo duro y a continuación enróllate papel de plata sobre él. Aunque al principio de la paja el papel de plata esté relativamente liso, conforme más vayas tardando en correrte, más arrugas tendrá y más te dolerá.

12) El inquisidor . Ten a mano una vela encendida y arrójate gotitas de cera mientras te masturbas, pero que no caiga sobre el glande, el calor duplicará tu placer.

13) Marcando el territorio. Debe ser en un lugar público, mastúrbate y eyacula sobre algún lugar que vaya a tocar luego alguien.

14) La invertida . Esta es una novedosa forma de pajearse en la cual la mano permanece en reposo, siendo la pelvis la que realiza el movimientocontinuo.

15) La zurda .Hazla con la mano contraria a la hábil, es decir con la izquierda. En caso de que seas zurdo, debes realizar la paja con la mano derecha.

16) La horaria. Utiliza tu masturbación por la mañana para comenzar bien el día, la siestera para la digestión, y la nocturna para poder dormir, liberación de testosterona y adrenalina que mejora tu sistema nervioso.

17) La profiláctica. Cualquiera de las anteriores pero con un condón. Ideal para los que lancen su corrida a fuerte presión.

18) La caníbal . Posiblemente una de las pajas más difíciles de culminar. Consiste en ponerse al final boca arriba en la cama con los pies sobre la pared de tal manera que las piernas queden por encima de la cabeza y el pene justo sobre la boca. Remata la paja corriéndote sobre tu boca y traga tu propio semen.

19) La resbalosa .Se unta el pene con toda clase de sustancias lubricantes como pueden ser vaselina, aceites, cremas, lociones o ungüentos. No utilice sustancias que irriten la piel.

20) El gran filete. Coloca un filete de vacuno de medianas dimensiones en el microondas durante aproximadamente 40 segundos, una vez caliente el filete se procede a enrollarlo en el pene y luego se da comienzo a la paja.

21) Ejecutiva. La variedad la que quieras, pero en la oficina, seguro que así mejoras tu rendimiento laboral.

22) El paraguas. Con las yemas de tus dedos y tu mano puesta en forma de “paragua” masajea solo la punta de tu miembro.

Y de regalo una manera más que es pajearte en la ducha y que resulta muy placentera a la vez de higiénica.

Por ideas que no quede, lo importante es satisfacer nuestro deseo sexual, a pesar de que algunas formas de placer den risa, puede que sea justo en esa donde encuentres el verdadero climax, es cuestión de probar ¿Con cual te atreves?

No deberías de perderte esta comunidad de adictos a la masturbación que se disolvió al filtrarse entre ellos la foto de una modelo.

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Cómo masturbar a un hombre para que se desmaye de placer en tus manos

Por norma, cada vez que tenemos que masturbar a un chico, nos los sudores fríos porque no tenemos ni idea de por dónde empezar. Las masturbaciones son una parte importante de los preliminares y fundamental para calentar el ambiente. Por eso, si quieres saber cómo masturbar a un hombre correctamente, deberás empezar por lo esencial: la anatomía del miembro viril.

Una clase exprés de anatomía masculina

El pene es ese maravilloso pasatiempo que te libra de tu aburrimiento más profundo con tan solo verle hacer el helicóptero. Más allá de eso, el pene tiene partes muy (MUY) sensibles que debes conocer. ¿Sabías que el glande tiene las mismas terminaciones nerviosas que el clítoris? Pero en vez de estar concentradas, están más dispersas y engloban toda la zona. Por eso, cada vez que toques un glande piensa en cómo te gustaría que empezaran a acariciarte el clítoris: suave y con tacto. Otra parte importante es el prepucio, la piel suave que rodea el pene; y el frenillo, un pliegue que une el prepucio con el glande y que evita que la piel se vaya para atrás. Estos dos conceptos son básicos en una masturbación: nunca JAMÁS estires el prepucio con fuerza y más allá de su límite porque el frenillo cumplirá su función y al chico le harás tanto daño que se desmayará (not really, pero casi).

¿Qué le da placer a los hombres durante la masturbación?

Durante una felación, el glande está siendo estimulado por la lengua y la boca, por lo tanto, podemos acompañarlo (o no) de un movimiento arriba-abajo del prepucio, pero no es necesario para que se provoque placer. En las masturbaciones solo está presente la mano. ¿Cómo se puede estimular el glande, entonces? Muy sencillo: con la ayuda del prepucio. Según Canela Anahí, educadora sexual para adultos, «a base de observar muchas masturbaciones masculinas, lo que les encanta es que sea suave pero con determinación y que el prepucio roce todo el glande, de forma lenta. ¿Sabes cuando masajeas una cabeza de forma lenta pero con cierta presión? Pues igual». En definitiva, no es el prepucio subiendo y bajando lo que les provoca placer, es el prepucio acariciando el glande. Y sí, en caso de que tu compañero esté circuncidado, sigue siendo el glande lo que le provoca placer. En otras palabras: no es necesario bajar la piel y volverla a subir como si no hubiese mañana, simplemente centrándonos en la zona del glande y haciendo movimientos lentos será suficiente para estimular.

Cada hombre, un universo aparte

No hay un manual recopilatorio de ‘las mejores técnicas de masturbación masculina’ capaz de englobar a todos los hombres del planeta. Es imposible. Los hay que tienen el glande muy sensible y desean una caricia muy suave, los que son súper brutos y han aprendido a masturbase de forma rápida y fuerte, y los que simplemente, no les gusta que les toquen demasiado. Por eso, antes de empezar a tocar un pene extraño, lo mejor es preguntar qué es lo que le gusta: «¿suave o fuerte?, ¿lento o rápido?». Y en todo caso, dejar claro que si en algún momento lo estás haciendo mal, él tiene la posibilidad de enseñarte.

Por supuesto, existen ciertas reglas básicas de placer masculino instantáneo-universal. Los hombres suelen ser muy básicos y buscan un buen «arriba y abajo» que les resulte placentero. Recuerda que lo más importante es hacer movimientos suaves y cortos, centrándote en todo el glande. Otra técnica que suele funcionar, según Canela Anahí, es «imitar a una boca con la mano. Con la mano que no sueles utilizar (normalmente la izquierda), bajas todo el prepucio y la dejas fija. Con la otra mano (la derecha), le echas saliva o lubricante, y haces con forma de cuenco fijada en el glande. Subes y bajas el prepucio con la izquierda y con la mano que está en el glande, masajeas la zona como si fuese una boca».

No te olvides de los testículos, una parte que puedes estimular con la boca. Mientras lames sus ¿bolitas? puedes masturbarle. Una buena estrategia pre-felación o post-calentónenelcoche.

Escupe, experimenta, pregunta y déjate llevar. Lo más importante es mostrar ese instinto animal que llevas dentro. Pero sobre todo, no cohibirte y disfrutar de lo que estás haciendo. Eso lo tiene muy claro Canela quien afirma que «demasiadas veces cuando masturbamos, lo hacemos para dar placer a otra persona y como paso previo al coito. Por lo tanto, nos cansamos y eso se transmite. Tenemos que disfrutar de la zona, como si no hubiese nada más». Eso será el mayor placer visual que le puedas ofrecer. Garantizado.

Crédito de la imagen: Emmanuel Rosario

Cuando nos descubren haciéndonos una paja

Artículo publicado por VICE Argentina

En el Olimpo de vergüenzas posibles, que nuestros padres nos encuentren con las manos en la masa es una de las peores. Por escándalo y no hay mente superada que la sostenga: la intimísima genitalidad caliente y nuestros padres y madres son cosas que no deberían mezclarse jamás. Son antagonistas en el desarrollo de la sexualidad. Pero muchas veces el destino presta estos giros que, con el tiempo, sólo con el tiempo, se vuelven pasos de comedia. No obstante, vale la aclaración, pocos son los que pasaron por el sigiloso acto de la masturbación en casa de sus padres sin ser descubiertos. Y, por lo demás, también pide pista esta otra aclaración, el ser descubierto late para siempre como un corazón delator: el tema está ahí, pero (casi) nadie se anima a tratarlo. Y, posiblemente, así seguirá: guardado en el arcón de los recuerdos, censurado por el inconsciente y bloqueado por el hipotálamo. No, no y no: esto no pasó.

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Felizmente, en muchas oportunidades, nuestros padres han jugado a los oídos sordos. Se yergue tenso un “aquí no ha pasado”. Es preferible el “siga, siga” que la huella mnémica de un trauma irresoluble: los pantalones bajos hasta la pantorrilla y los dedos en posición de ataque. Aún así, vaya a saber por qué razón, hubo otras oportunidades en las que esa puerta se abrió y quedó prendido “el regalo del cielo”: la humillación más jodida de todas. ¡Ufff! ¿Duro, no? Ni hablar del sermón posterior o la potencial “charla técnica” ante nuestros progenitores. Esos minutos larguísimos que quieren aclarar lo que a nosotros nos consta. A propósito, nunca vienen mal los consejos de educación sexual, pero el punto sensible es que hay momentos y momentos. Algunos son de autoexperimentación y otros, simplemente, de prestar atención.

Sin embargo, nada ni nadie frena el impulso cachondo. No hay busted! ni game over que frene a la paja. Siempre hubo un borrón y cuenta nueva. Por eso, nos consta, todo vale a la hora del onanismo. De añejas revistas de moda a almohadas que se frotan, de lentísimas conexiones a dial-up a peines con doble uso. Lo sabemos y eso sí no nos avergüenza ni nos da ningún tipo de pudor: la paja es el mejor amigo del hombre. Y como el tiempo todo lo cura y no hay anécdota oscurita que no se torne luz, este es un repaso de algunas historias de jóvenes que han sido encontrados por sus padres en pleno proceso masturbatorio:

Cuarto compartido

Me pasó de adolescente. De piba compartía cuarto con mis hermanos más grandes, pero como ellos ya eran más adolescentes y salían los fines de semana o por las noches, nunca estaban. Se iban de joda así que pensé que podía aprovechar esa racha para chusmear un canal de cable que después de las 23 horas pasaban películas eróticas. Nunca mostraban coito pero para mí ya era un montón que se toquen las tetas. La tele estaba justo al lado de la puerta y la cama enfrente, perpendicular a esta. Me acuerdo de estar acostada del lado de los pies cuando hice zapping y enganché una una película de lesbianas. Eran dos chicas jóvenes, desnudas, una detrás de la otra, tocándose suavemente todo el cuerpo. Me calentó y ni lo pensé. Es posible que haya sido mi primera paja también, tanto no recuerdo. Una mano sostenía el control remoto y la otra entró en mi bombacha y me empecé a tocar. Ni pensé que podía entrar alguien. De hecho, esa puerta siquiera tenía cerradura, la trababa con un pedazo de tela rosa satén. Estaba empezando a disfrutarlo hasta que entró mi vieja con el golpe seco del empuje, y lo primero que hago es disimular la figura de mis piernas abiertas debajo de las colchas. Se dio vuelta para ver qué estaba mirando y atiné rápido a cambiar de canal pero seguro fui más lenta que su metida. Me puse colorada y me dijo: “Aldana, ¿qué haces?”, pero no esperó respuesta. Estaba más incomoda que yo. No esperaba que le dijera nada, porque no quería corroborar lo que vio. Tampoco lo hablamos nunca ni entonces ni años después. Conociéndola, ya lo habrá borrado de su mente y si lee esto seguro se espanta. En el momento, me dio vergüenza porque era chica de edad y mujer: por ese entonces no se hablaba de masturbación y, si me lo imagino, creo que nunca me lo hubiese venido venir. Siquiera tenía conciencia de privacidad. Algo con respecto a tocarme con mujeres quedó latente, porque tampoco tenía claro lo que significaba que me masturbara y me gustara eso. Ser lesbiana tampoco estaba permitido en mi casa. La bisexualidad o la pansexualidad ni existían como posibilidades. Hoy me causa gracia y me alegra haber sido una teen con deseos y ánimos de experimentar con mi cuerpo. Si surge el tema, les recriminaría el espacio. Es necesario, como dice Virginia Woolf, tener un cuarto propio.

— Aldana, 28 años, ilustradora y diseñadora gráfica

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El pacto

Retrato de Martín

Esto me pasó cuando tendría unos 12 años. A mí me gustaba tocarme mirando las revistas Emannuelle de mi vieja. La Emmanuelle era una publicación dedicada a la mujer con circulación en los años 80. Un día las puse todas en el piso de su habitación, abriendo en donde aparecía un par de pechos, y justo entró mi mamá. Era verano y había estado en la pileta. Yo estaba arrodillado, con la malla baja, cuando ella entró a su pieza y vio esa escena. Se quedó un segundo en silencio y me dijo: «¿Qué hacés cambiándote acá?». En ese momento agradecí que no se haya dado cuenta, pero de más grande supe que en realidad me había tirado un centro para que no me muriera de vergüenza. Cuando me vio me quedé helado. Si me hubiese dicho algo me hubiese aferrado a la idea de huir de casa. Nunca hablé con ella sobre el tema. Creo que fue un pacto de silencio implícito. Todavía me sigue avergonzando y espero que mamá no lea VICE.

— Martín, 40 años, diseñador gráfico

El fin de una era

Retrato de Rocío

Mi prima se había quedado a dormir en mi casa. Ella me dijo que alguien del cole le comentó que, si se movían sobre un almohadón no muy grande, muchas chicas podían sentir la sensación que sentían los grandes cuando hacían el amor. Así, yo, que me quise hacer la experta ante mi prima 2 años mayor, le dije: “Claro, yo lo hago siempre, se sienten cosquillas y está re bueno”. Entonces, queriendo representar la acción, tomando el almohadón y toda la cuestión, lo hice y, en ese momento, mi madre abrió la puerta, me vio en esa situación y me increpó al grito de “¡¡¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!!!” A lo que se me ocurrió como primera instancia tirar una frase como manotazo de ahogado: “Es que me duele la pierna”. Intentando justificar los movimientos boca abajo. A lo que mi mamá, con tono lapidario, dijo: “Se terminó todo, Ro” y cerró la puerta. Esa noche nos dormimos con mi prima en silencio como si alguien o algo se hubiera muerto. Al amanecer, luego del desayuno, mi prima se fue a mirar la televisión y me quedé sola con mis padres. Mi viejo también se levantó a leer el diario como sabiendo sobre lo que se me iba a confesar. Y ahí fue, como pensando que me iban a retar o hacer preguntas incomodas, mi vieja me confesó algo que yo no esperaba. De manera muy seria, suspiró y dijo: “Desde anoche pienso en que ya sos lo suficientemente grande como para recibir ciertos privilegios de niña, así que los regalos no van a cambiar pero sí es necesario que sepas que Los Reyes Magos no existen”.

— Rocío, 24 años, actriz

El virus de la paja

Retrato de Matías

Cuando ya existía la banda ancha pero aún no la tenía en casa, solía ir a mi cybercafé amigo y, con un diskette, me baja fotos de los chicos que me gustaban. No necesariamente eran porno: muchos eran actores o jugadores de fútbol. Cuando llegaba a casa, las bajaba a mi PC y me masturbaba a piacere. Mi viejo siempre fue un metido que nunca en su vida aprendió a tocar la puerta. Una tarde me estaba pajeando una foto de Tomás Fonzi en cuero, en la época de Costumbres Argentinas, cuando ¡plop! apareció mi viejo. Al toque me preguntó qué estaba haciendo y quién era el chico de la foto que estaba en la pantalla. Yo cerré todo rápidamente, incluida mi bragueta. Temblando, muerto de miedo y de vergüenza, le dije que “era un virus” y que no sabía cómo había llegado esa foto hasta ahí. Me morí de vergüenza, pero creo que sentí más miedo que otra cosa. Yo era muy pendejo, recién me estaba dando cuenta de que era gay, y con un viejo retirado de la policía bonaerense, es normal que pensara que me podía pasar lo peor. Mi viejo se fue matándose de risa. Pobre, en ese momento le habrá caído la ficha de que tenía un hijo puto. O quizás no, porque recién cuando cumplí 25 años se atrevió a hablar conmigo sobre mi gusto por los chabones.

— Matías, 26 años, productor audiovisual

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El dildo homemade

Retrato de Agustina

A los 15 años me había ido con mi vieja y el novio de vacaciones al sur. Justo ese año había perdido la virginidad y estaba todo el día caliente. Todo el mes que duro el viaje vivía haciéndome la paja cada vez que tenía un rato sola en el departamento donde nos estábamos quedando. Como me daba “cosa” todavía tocarme con mis propios dedos, lo hacía con un peine con un mango bastante grueso que tenía. Un día mi mamá y el novio habían salido a pasar la tarde y yo estaba muy cansada, así que decidí quedarme a dormir la siesta. Cuando me despierto, todavía pensando que estaba sola, empiezo a masturbarme haciendo bastante ruido porque pensaba que nadie me iba a escuchar. Cabe aclarar que en aquel entonces siempre me hacia la paja abajo de las sábanas. En una de esas se abre la puerta y aparece mi vieja. Del susto que me agarro, solté a la mierda el peine y terminó en el piso. Todo pegoteado y completamente a la vista. Mi vieja no sabía dónde meterse y yo estaba nerviosísima. De la vergüenza, no nos hablamos como por dos días después de eso. Pero hoy ya es algo superadísimo. Y aunque pasó ya bastante tiempo, ahora a veces me jode con ese día.

— Agustina, 19 años, estudiante de Diseño de Imagen y Sonido

Silenzio stampa

Retrato de Mariel

Cuando mi vieja me encontró pajeándome era muy chica. Aprovechando que mi vieja se había ido a la puerta aproveche para pajearme con la almohada boca arriba. Por cierto, me masturbo con la almohada desde que tengo memoria, creyendo que era un juego. Mi vieja iba siempre a la puerta y se pasaba horas hablando con la vecina. Yo estaba en mi pieza la cual compartía con mi hermana menor. En ese momento no sabía qué era específicamente lo que hacía pero me producía placer. Mi vieja no tardó lo suficiente y abrió la puerta de mi pieza. Y me vio. No tengo idea qué vino a hacer porque abrió la puerta y, sin más, se fue. Lo más incómodo fue que hubo una mirada directa a los ojos: era imposible hacernos las boludas, cosa que haríamos después. Nunca se tocó el tema por parte de ninguna de las dos, por suerte. A mí me dio mucha vergüenza y supongo que mi vieja no supo que decirme. Digamos que nunca fue buena hablando de sexualidad de chicas.

— Mariel, 25 años, docente

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¿Por qué el acto de masturbarse se conoce como ‘hacerse una paja’?

Esta es una etimología algo discutida pero la mayoría de expertos apuntan que se denomina ‘paja’ a la masturbación (en un principio masculina y después generalizadamente) debido a que el movimiento de bajar y subir la piel del pene recordaba el gesto que se hacía en el entorno agrícola a la hora de separar la semilla del cereal del tallo en el que crece (lo que comúnmente conocemos paja).

Por otra parte, hay quien defiende que es consecuencia de una curiosa transformación desde el verbo latino ‘pascere’, cuyo significado era ‘satisfacer’, ‘dar gusto’ y que en una de esas carambolas de la lengua acabó evolucionando en el árabe ‘paššaša’ (acariciar) de ahí a ser acortada en ‘pašša’ que dio como resultado la mencionada ‘paja’. Una etimología algo rebuscada pero que, tal y como indico al inicio del párrafo, es defendida por algunos lingüistas.

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Fuentes de consulta: Historia íntima del pene: la nueva sexualidad masculina de José Luis Arrondo (Google Books) / Federico Corriente (pdf)
Fuente de la imagen: pxhere

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¿Quién no conoce la expresión «hacerse una paja»? Y seguro que también habéis oído la de «tocar la zambomba». Pero, ¿cuántos conocéis el origen de estas expresiones? Pues descubrirlo es muy fácil. Tan sólo hay que seguir leyendo.

Balas de paja. Autor: Ángel Gallardo. Licencia: CC BY-NC-ND 2.0

Hacerse una paja

Aunque hoy en día usamos la expresión «hacerse una paja» tanto para referirnos a la masturbación masculina como a la femenina, en un principio se asociaba más a la masturbación masculina. Y es que una de las posibles explicaciones sobre su origen estaría en la similitud entre el movimiento que se hace para separar la paja del cereal y el que se realiza al masturbar un pene.

Hacerse una paja por similitud con el movimiento de retirar el cereal de la paja. Licencia: Dominio público.

Esta sería la interpretación popular, pero también existe un posible origen etimológico para este dicho.

Según el arabista, lexicógrafo y académico Federico Corriente Córdoba, paja tendría su origen en el verbo andalusí paššáš. Así lo explicó en su discurso de ingreso en la RAE:

…origen del verbo andalusí paššáš, en principio ‘apaciguar’, pero con una evolución semántica hacia ‘halagar’, y luego por una metonimia de los arrieros moriscos, ‘masturbar’, que ha acabado generando la acepción obscena en registro ínfimo del castellano paja.

Tocar la zambomba

La zambomba es un instrumento de percusión que se suele relacionar con las fiestas navideñas porque, con frecuencia, hace de acompañamiento a villancicos.

Para ponernos en situación, una zambomba está compuesta de tres partes. El cuerpo, lo que sería el recipiente; el parche, la membrana de piel, y el astil o vara. Bien, pues su sonido se produce cuando la membrana vibra al friccionar el astil. ¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo se toca la zambomba? Humedeciendo la mano que va a sostener el astil y moviéndolo de arriba a abajo para que haya fricción entre mano y vara y así la membrana produzca el sonido.

Este movimiento os recuerda a otro, ¿verdad? Al igual que sucedía con la expresión de hacerse una paja, tocar la zambomba vendría de la semejanza entre el «meneo» que hay que pegarle a la zambomba para que suene y el acto de masturbarse.

Pero más allá esta similitud de movimientos, la zambomba también se asocia con diferentes ritos de paso, iniciáticos, de preparación para la vida sexual y otros ritos africanos. Según se cree, fueron los esclavos originarios de Zaire quienes introdujeron y difundieron este instrumento en España alrededor del siglo XV.

Y hasta aquí el origen de dos de las expresiones más clásicas para referirse a la masturbación, sobre todo la masculina.

Hoy ha quedado un post más cortito de lo habitual, pero si os quedáis con ganas de más, siempre podréis echar un vistazo a otras entradas sobre el origen de las expresiones.

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