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Hijos entre hermanos

Los hermanos siempre estarán unidos por el corazón

Los hermanos son aquellas personas que están más allá de todo y de todos. Son compañeros del alma, de vida y de corazón. Normalmente son relaciones que permanecen a pesar de los conflictos, momentos que nos hacen sonreír aunque en su día nos tirásemos de los pelos.

Hemos podido discutir cientos de veces, renegar de ellos, querer ignorarlos y que los tragase la tierra, molestarlos y hacerles más de una chapuza de manera intencional.

Probablemente todo esto ha sido mutuo pues, tal y como se dice, los hermanos son los “enemigos” con los que más pelearemos y, a su vez, más amaremos.

Si bien la relación entre los hermanos puede torcerse, lo normal y lo natural es que entre ellos permanezca un sentimiento de amor incondicional.

Un cariño que se forja en las peleas de niños que quisieron que sus juegos prevalecieran, que sus opiniones fuesen consideradas y que su presencia captara toda la atención.

No hay mejor regalo que un hermano

No hay mejor regalo de unos padres a sus hijos que la posibilidad de crecer junto a un hermano, de aprender a compartir amor, alegrías, enfados, juguetesy tristezas. Así, la convivencia con los hermanos brinda grandes aprendizajespero, sobre todo, el de la unión de dos corazones.

Una unión que ofrece la posibilidad de aprender a cuidar, de no preocuparse solo por uno mismo y de velar por la seguridad y el bienestar del otro. Cuidar de un hermano no es comparable a nada más en la vida.

Puede que las circunstancias nos cambien o nos alejen de nuestros hermanos, pero sabemos que el amor permanece invariable a pesar del tiempo. En definitiva, aunque las prioridades cambien, un hermano lo es para siempre.

Dijo José Hernández en su obra, La Vuelta del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque, si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”.

Lecciones que aprendemos de los hermanos

Gracias a la relación con un hermano,tenemos la oportunidad de asumir cientos de aprendizajes. Esto nos permite crecer siendo muy conscientes de la realidad que nos acompañará cuando salgamos del nido o del mundo real.

1. Aprendemos a tener en cuenta a los demás

No todo es como uno quiere y cuando uno quiere. Podemos dramatizar y generar el mayor caos jamás visto, pero la realidad es que tenemos que adecuarnos a las necesidades y las aspiraciones de los demás si queremos sobrevivir.

2. Aprendemos el valor de la permanencia y de las disculpas

Asimismo, sabemos que los agravios que nos hagamos en malos momentos se pueden solventar con un guiño cómplice o cualquier otro gesto apaciguador.

Los hermanos no necesitan decirse nada. Pueden estar sentados el uno al lado del otro sin sentirse incómodos y pueden calmarse sin mediar palabra.

En la relación entre hermanos el perdón está por encima de todo. No hay nada comparable a las miradas que intentan zanjar un agravio. La capacidad de perdón y de olvido es algo que completa el desarrollo de una persona, pues a partir de ahí se comprende que no hay distancias insalvables entre dos personas que se quieren.

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3. Aprendemos a superarnos

Quien tiene hermanos sabe mejor que nadie que las cosas hay que ganárselas y que para uno mayor hay otro superior. Seguro que, si tuviste hermanos, creíste necesario competir con ellos.

Esa misma fuente de frustración y de ambición continua nos obligó y nos ayudó en su día a sacar lo mejor de nosotros. Algo de lo que, sin duda, recogemos hoy la cosecha.

4. Aprendemos de los errores

Compartir nuestra vida significa hacer lo propio con los errores y los logros. Sus meteduras de pata son, de alguna forma, también nuestras. Al igual que sus éxitos, los cuales recordamos con el tiempo como uno de los sabores más dulces de nuestra vida.

5. Aprendemos a compartir

Compartir significó ceder el espacio, los juguetes y la ropa; pero también fue ofrecer parte de lo inmaterial, parte del amor y la atención de nuestros padres, parte de nuestro destino y de nuestras metas.

Asimismo, la relación entre hermanos nos hace comprender la importancia de replantearnos nuestras prioridades de manera constante. De alguna forma, cuando tienes hermanos sabes que no hay nada que sea tuyo al 100%, aunque reclames que lo sea con todas sus fuerzas.

Aunque esto era objeto de disputas interminables, en el fondo daba lo mismo, pues tener alguien con quien compartir alegrías y desdichas no tenía (ni tiene) precio.

6. Aprendemos a vivir fuera del efecto tiempo

Sabemos que, en la vida, hay ciertas cosas que son totalmente atemporales. Por eso, pasen los años que pasen, seguiremos compartiendo bromas familiares, risas, penas, llantos y alegrías de manera invariable, pues la unión fraterna permanece inmutable por siempre.

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7. Aprendemos a trabajar en equipo

Hay un proverbio chino que dice: cuando dos hermanos trabajan juntos, las montañas se convierten en oro. La clave de nuestro éxito está precisamente en aprender a cooperar y en entender que no hay fuerza que tenga más poder que el alcanzar el entendimiento y la unión por un objetivo común.

Gracias a la relación con nuestros hermanos, aprendemos que toda diferencia es salvable. Siempre que pongamos interés en ello y estemos dispuestos a cooperar. En definitiva: la unión hace la fuerza.

8. Aprendemos a amar de manera incondicional

Por último, tener un hermano te enseña a amar sobre todas las cosas, a amar a alguien que no siempre te dice lo que quieres oír, que te molesta, que te incordia, que te enfada, que quiere lo que tú quieres e intenta por todos los medios conseguirlo.

Por todo esto, un hermano es un amigo que no ha sido necesario escoger, una figura irreemplazable y esencial en nuestra vida. Por eso no hay otra unión como la de hermano a hermano.

Ana y Daniel Parra son hermanos, novios y, además, esperan un hijo juntos

Dicen que el amor no entiende de edad, de sexo o de religión… Y ahora parece que tampoco de genética. Al menos en el caso de los hermanos Ana (28) y Daniel Parra (25), dos jóvenes catalanes, que no solo comparten parentesco, también tienen una relación de pareja. De hecho, están esperando un hijo juntos que nacerá a finales de este año. Y, por si te lo estás preguntando, no se trata del manido drama familiar en el que ambos descubren que son hermanos cuando ya se han enamorado. No. En este caso conocían su vínculo fraternal desde el principio. Su historia se ha dado a conocer a raíz de que ambos participasen en el programa de Telecinco Cámbiame, al que acudieron para someterse a un cambio de estilo, y de paso, soltar la bomba: «Aparte de ser hermanos nos hemos enamorado y somos pareja», explicaba Daniel al final del programa.

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Se conocieron a través de Facebook

Cuando Ana tenía solo cinco meses, su padre se marchó de casa para comenzar una nueva vida junto a otra mujer, abandonándola a ella y a su madre. Ella no volvió a saber nada de él hasta que, a los 20 años, descubrió que su progenitor había tenido un hijo con otra mujer. Ana decidió buscar a su hermano a través de las redes sociales para establecer un primer contacto con él y lo encontró en Facebook. Le agregó, comenzaron a hablar y quedaron para conocerse en persona.

© Web vía TV Notas

Ana estaba pasando por un bache personal, pues hacía poco que había terminado la relación con su anterior pareja. Ella y Daniel se convirtieron en amigos, se apoyaron el uno al otro e incluso se fueron a vivir juntos al piso que Ana tiene en Granollers (Barcelona). Aquí lo de que el roce hace el cariño se ve que se cumplió al pie de la letra, pues con el tiempo ambos enamoraron. «Una noche salimos de fiesta y la besé en medio de la discoteca», explica Daniel en una entrevista para Univisón. «Ana se quedó en shock, pero confesamos nuestros sentimientos y decidimos tirar para delante».

Ambos esperan un hijo

Al principio intentaron ocultar su relación, especialmente a sus familias y al padre de ambos (que retomó de nuevo el contacto con Ana), pero después decidieron no ocultar lo que sentían. De hecho lo hicieron público en la televisión: «Cuando lo soltamos en el programa nuestro padre nos dijo que algo se olía. Mi madre no se lo tomó muy bien al principio, pero ahora está encantada porque va a ser abuela», comenta Ana. Desde que su historia se diese a conocer, ambos han recibido tanto felicitaciones por contar su historia sin prejuicios, como críticas por su incesto.

El Código Civil prohíbe su matrimonio

Aunque en España el incesto no está reconocido como delito en la legislación desde 1978, el Código Civil prohíbe el matrimonio entre parientes directos. Este es uno de los «problemas» a los que se enfrentan Ana y Daniel, quien han confesado su deseo de casarse. Pero no es la única traba que presenta su relación, pues al ser hermanos, Daniel tampoco podría figurar legalmente como el padre del hijo que esperan, lo haría como su tío.

En cuanto al bebé (seguro que a estas alturas de la historia te lo has preguntado), este está creciendo sano y fuerte, según ha certificado las ecografías y el test genético que se ha realizado. De momento no se ha detectado ninguna anomalía fruto de los genes que sus padres comparten.

La historia de Ana y Daniel no es única en nuestro país, de hecho guarda bastante similitud con la de los hermanos Rosa y Daniel Moya (A Coruña), quienes comparten también ADN paterno, llevan 40 años juntos y tienen dos hijos en común. En su día, ambos lograron ser reconocidos como progenitores legales de sus hijos… ¿Lo conseguirán los hermanos Parra?

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El amor, incesto y embarazo de los hermanos Parra

Daniel besa el vientre de Ana en una imagen del Facebook de la pareja.

Hace un año, Ana y Daniel Parra confesaron en un programa de televisión que aparte de ser hermanos por parte de padre también eran novios

Se buscaron por redes sociales tiempo atrás al saber que compartían padre y ahora ellos esperan su primer hijo. «Ya tenemos representante», dicen

Imagínese que una chica de 20 años se entera de que su padre, el hombre que la abandonó de bebé y del que no ha vuelto a saber nada, ha tenido un hijo fruto de otra relación. Imagínese que un día encuentra a ese hermano por Facebook, empiezan a hablar y entablan una bonita amistad. Imagínese que ambos se dan cuenta al cabo de unos meses que se han enamorado y deciden romper con las estructuras amorosas convencionales y comenzar una relación en secreto durante dos años. Hasta que, hartos de esconderse, se atreven a sacar a la luz su historia a lo grande en un programa de televisión. Y, ahora, un año después de su confesión en público, esperan un hijo.

La historia de los hermanos Parra podría tener un prólogo sobre el amor sin barreras ni prejuicios que rompa con el tabú del incesto. Un tema recurrente para grandes novelistas de la talla de Gabriel García Márquez y Francis Scott Fitzgerald. O de la saga literaria de Juego de Tronos de George R.R. Martin. En España, el incestuoso amor de los Parra va camino de ser tan mediático como el de ficción entre Jaime y Cersei Lannister. «Ya tenemos representante y estamos pactando entrevistas exclusivas remuneradas en televisión», suelta Ana explicando el motivo por el que ahora no quiere hablar con la prensa.

Ana y Daniel Parra son novios y también hermanos. Es así de extraño. No busque una explicación racional porque el amor, si de algo carece, es de racionalidad. Ella tiene 28 años y trabaja en una tienda de decoración. Él, de 25 años, es encargado en un supermercado. Esta atípica pareja de Granollers (Barcelona) comparte apellido, apartamento, sentimientos, perro y en 13 semanas también serán padres. «Aún no sabemos hasta qué punto queremos llevar un embarazo mediático», responde por Whatsapp una dubitativa Ana. Sí que sabe que los embarazos de parejas en los que hay consanguinidad tienen sus riesgos. «Todos estamos en peligro de transmitir enfermedades genéticas recesivas (como la fibrosis quística) a nuestros hijos, aunque no haya síntomas y antecedentes en la familia. En el caso de esta pareja, por ser hermanos y compartir carga genética, las probabilidades aumentan un 25%», explica la doctora Carmen Márquez, experta en biología de la reproducción y directora de Gravida (instituto de reproducción asistida del Hospital de Barcelona).

El único caso similar al de los Parra conocido en España lo encontramos en el hogar de los hermanos Moya Peña en Cambre (A Coruña). Rosa y Daniel, que comparten ADN paterno, llevan 40 años juntos y tienen dos hijos. Un ejemplo para los hermanos catalanes, que se dieron conocer el 11 de abril de 2016 cuando Telecinco emitió un programa que transformaría para siempre sus vidas. Acudieron como hermanos a Cámbiame con la excusa de renovar su estilismo. Todo transcurrió con normalidad hasta que al final del programa soltaron la bomba que dejó boquiabierto a todo el público. «Aparte de ser hermanos nos hemos enamorado y somos pareja», contó Daniel sin titubear.

Se conocieron por Facebook

Para entender esta historia de amor hay que mirar 28 años atrás. Ana tenía sólo cinco meses cuando su padre abandonó a su familia y empezó una relación con otra mujer. Tres años después nacería Daniel. Pasado el tiempo, una adolescente Ana se enteraría de que su padre había tenido otro hijo. Entonces no dudó en buscar a su hermano en las redes sociales. El azar o el destino les hizo encontrarse a través de Facebook. El portal donde hoy comparten con normalidad todas sus aventuras amorosas. En su día se agregaron, empezaron a hablar y quedaron para conocerse en persona. Así, al principio, surgió una amistad fraternal. En aquel momento, Ana acababa de dejar a su anterior pareja y se fue a vivir sola a un apartamento en Granollers. Su hermano Daniel se mudó con ella. Conviviendo en la misma casa ambos se dieron cuenta de que su conexión iba más allá de una simple relación de amistad. Se gustaban aunque les daba miedo cruzar esa puerta por el qué dirán. «Una noche, salimos de fiesta y la besé en medio de la discoteca. Ana se quedó en shock, pero confesamos nuestros sentimientos y decidimos tirar para delante», contó Daniel en una entrevista a Univisión.

Durante los dos primeros años, decidieron llevarlo en secreto aparentando de cara al público y familia una estrecha relación de hermanos. El padre de ambos, que retomó la relación con su hija Ana, tampoco sabía nada. Los dos tenían claro que si querían tener futuro como pareja debían llevar su relación con normalidad acabando con los rumores que había en su entorno. «Cuando lo soltamos en el programa de televisión nuestro padre nos dijo que algo se olía. Mi madre no se lo tomó muy bien al principio pero ahora está encantada porque va a ser abuela», reconoció Ana. Tras la confesión en la pequeña pantalla, el padre de ambos saltó al plató para abrazarse a sus hijos; incluso comentaron en tono de broma padre e hija que si ya se podían llamar suegro y nuera. La pareja ha recibido felicitaciones por contar su historia y críticas por llevar una relación incestuosa.

Ana y Daniel, que serán padres en diciembre, tienen en mente casarse, aunque el Código Civil prohíbe el matrimonio entre parientes directos, pese a que el incesto no es delito desde 1978. Otro de los contratiempos a los que se pueden enfrentar por su condición de hermanos es a la hora de que Dani aparezca en el libro de familia como padre del bebé. A ojos de la ley española, figuraría como su tío. «Está previsto en el Código Civil que cuando los padres son consanguíneos, sólo se puede inscribir a la madre y no al padre, salvo que haya autorización judicial con intervención del fiscal», afirma Luis Zarraluqui, presidente de honor de la Asociación Española de Abogados de Familia. «El padre tiene que alegar que es en beneficio del menor. No creo que un juez deje al crío en una situación anómala».

Polémico amor: son hermanos y esperan un hijo

El tabú del incesto. No se conocían, ni siquiera sabían de su existencia. Ana Parra tenía tan sólo cinco meses cuando su padre abandonó a su familia y comenzó una relación con otra mujer. Tres años después, nació Daniel Parra.

Durante la adolescencia, ella quería saber de su hermano. Por eso decidió buscarlo a través de las redes sociales. Desde ese día, entablaron una hermosa relación de amistad. Él se mudó con ella y una noche fueron a un boliche, se besaron y nunca más se separaron.

Quizás fue el azar, quizás el destino. Lo cierto es que pasaron dos años escondiéndose y fingiendo que nada entre ellos pasaban. Hasta que un día se animaron a romper el silencio y con las estructuras amorosas convencionales.

A través de un programa de televisión en Barcelona, España, ambos contaron su historia. “Cuando lo soltamos, nuestro padre nos dijo que algo se olía. Mi madre no se lo tomó muy bien al principio, pero ahora está encantada porque va a ser abuela”, contó Ana.

Ana y Daniel van a ser padres en 13 semanas. Si bien el incesto no es delito desde 1978, nada es fácil para esta pareja que rompe con los esquemas tradicionales. El Código Civil les prohíbe casarse y además, él no podrá figurar como padre del bebé que viene en camino.

Llevar la misma sangre en las venas no les impide vivir su amor al máximo. ¡Conoce su historia!

Ana y Daniel Parra son dos hermanos originarios de España que se atrevieron a lo inimaginable: ¡gritar a los cuatro vientos que están enamorados y son pareja!

Pese a que su relación incestuosa les ha acarreado serios problemas familiares y han sido juzgados por la sociedad, estos hermanos no consideran descabellada la idea de casarse, de hecho quieren hacerlo.

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La pareja contó su historia al programa de televisión Primer Impacto. Ana relató que su padre abandonó a su mamá cuando ella era pequeña y muchos años después se enteró que su papá había tenido otro hijo, por lo que sintió curiosidad y lo buscó en redes sociales.

Ana agregó a Daniel en redes sociales, vía por la que empezaron a conversar. Dos días más tarde, los hermanos decidieron citarse para conocerse en persona. En una ocasión fueron a una fiesta y fue ahí donde se besaron por primera vez.

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Entre los problemas que han tenido destaca que la mamá de Ana no tomó bien su relación y el padre de ambos no lo creía al principio, pero terminó por aceptarla. Por otra parte, la pareja expresó que algunos de sus conocidos hasta les han deseado la muerte, pero muchos otros sí los apoyan.

A Daniel y Rosa Moya Peña, hermanos carnales que ya suman 35 años “de relación matrimonial”, no les preocupa que no puedan casarse. Y no se sienten concernidos por la sentencia del Tribunal de Estrasburgo avalando la penalización del incesto en Alemania —en España no lo es desde 1978— que anhelaban revocar dos hermanos en parecida situación a la suya. Pero en su larga batalla por legalizar “con todos los derechos” su insólita situación, la pareja de Cambre (A Coruña) ha conseguido ser reconocida a todos los efectos como progenitores de sus hijos, Cristina, de 26 años, e Iván, de 19. Son legalmente una familia, ahora ampliada con los dos pequeños de Cristina que también viven con sus abuelos maternos en su casa, a los pies del bosque animado que inspiró a Wenceslao Fernández Flórez.

Por sentencia judicial, Daniel ha dejado de ser el tío de sus hijos y Rosa la madre soltera de los mismos. Tienen libro de familia y los dos jóvenes han cambiado en sus DNI sus apellidos para llevar los de sus progenitores: Moya Moya. “Ahora, si muero, pueden heredar de mí, son legalmente mis hijos, no mis sobrinos. Aunque me hubiera gustado que ocurriera antes, porque de pequeños lo pasaron mal por el morbo de la gente”, afirma Daniel, de 57 años, quien añade: “Seguiré peleando para intentar que la Seguridad Social reconozca también a la que considero mi mujer y el amor de mi vida”. “A muchas parejas sin casar se les reconoce el derecho a una pensión cuando uno de los dos fallece, por los años de convivencia que llevaron”, razona. Y subraya que la inscripción de la pareja en el registro de uniones libres de Cambre, que tanto ruido causó en 1997, “no vale para nada”.

Fue el abogado de un famoso el que les advirtió de la posibilidad de convertirse legalmente en familia. Entonces, la pareja y sus hijos paseaban en platós de televisión de medio mundo “dando la cara”, como dice Daniel, con su historia de amor iniciada por casualidad cuando ambos desconocían ser hermanos de padre y madre. El mismo Código Civil que en su artículo 47 prohíbe contraer matrimonio a parientes en línea recta —solo pueden hacerlo tíos y sobrinos, aunque con licencia judicial, y entre primos— establece que progenitores que sean hermanos pueden reconocer legalmente la filiación de menores. Para ello se necesita una autorización judicial, dice el artículo 125. Más de dos años y un juicio, en el que declararon los cuatro integrantes de la familia, les costó a los Moya Peña conseguir una resolución a la que se opuso la fiscalía. La sentencia, que data de noviembre de 2010, del Juzgado número 3 de A Coruña es concisa: “Debo declarar que Daniel Moya Peña es padre de Cristina y del menor Iván a todos los efectos legales”.

“Nosotros tuvimos que pagar un abogado y un procurador para conseguir el puñetero libro de familia”, se queja Rosa, de 52 años. Pero con el fallo judicial en la mano, no tardaron “ni cinco minutos” en el Registro Civil en cambiar las partidas de nacimiento de sus hijos para que constara Daniel con nombre y apellidos como el padre.

Y de inmediato los jóvenes —Iván aún no había cumplido los 18 años— hicieron los trámites para cambiar sus DNI. Hasta entonces, la titular única del libro de familia era Rosa y en la casilla del padre aparecía el nombre de Daniel, a secas. Era lo máximo que el funcionario, cuando nació Cristina en 1985, había accedido entonces a inscribir. “Estaba empeñado en poner ‘padre desconocido’, pero ¿cómo iba a serlo si yo estaba ante él en carne viva?”. Rosa recuerda con amargura cómo en el hospital, cuando nació su hijo Iván, en 1993, incluso intentaron convencerles de que lo dieran en adopción.

Los Moya Peña están curtidos en “pelear y dar la cara” por una relación que fue llevada en 2005 a la gran pantalla, en la película Más que hermanos. “Damos la batalla por nuestros derechos, y si los tenemos, queremos ejercerlos. Lo del incesto es puritanismo. ¿A quién perjudica mi relación con Rosa?”, interpela Daniel.

La conoció en Madrid, en 1977, sin saber ambos que eran hermanos de padre y madre, cuya traumática separación, dos décadas antes, descompuso una familia con un total de siete hijos de corta edad. Él se crió con su madre y otra hermana sin saber que tenía más. Ella creció con su hermano gemelo (ya fallecido) en un orfanato. Cuando siendo ya pareja se enteraron del lazo sanguíneo, rompieron. Pero, tras cinco meses, volvieron a juntarse aunque ocultándolo al principio. “Teníamos dos relaciones: de puertas para adentro como matrimonio, y en la calle como dos hermanos que viven juntos, hasta que se nos hincharon las narices. Si la gente traga, bien, y si no también”, rememora Daniel. Insiste en que no es el mismo caso que el de los dos alemanes que sabían que eran hermanos cuando se conocieron y ella era menor de edad. “Además, a ellos no les salieron bien los hijos”, apunta el padre. “¿Eres subnormal? Qué asco’, siempre me lo preguntaban, en el colegio, en la televisión”, interviene Iván. A él y su hermana les “da igual” el morbo que despierta la historia de sus padres.

Lo pasaron mal de pequeños, pero solo les importa que su relación “marche bien”. “Lo único que perdimos fueron días de escuela por tantos viajes como hicimos” para recorrer platós de televisión que estaban ávidos de tener con ellos a esta singular familia.

Sexo entre parientes, ¿hijos con anomalías genéticas?

Las relaciones sexuales entre parientes no siempre han sido vistas con tal censura como en la actualidad, sin embargo, nunca han estado libres de discusiones morales, religiosas e incluso, científicas. ¿Cuál es la verdad de lo que se dice?

Incesto, entre el tabú y la realidad

El principal motivo de controversia respecto a las relaciones íntimas entre parientes (ya sea entre padres e hijos, entre hermanos o primos), se refiere a los riesgos al tener descendencia. Existe gran cantidad de mitos, entre los que destacan que los hijos nacerían con deformidades, anomalías (como que los hijos de una relación entre primos «nacen con cola de cerdo») o síndrome de Down, e incluso se ha dicho que alguno de los enamorados se condena a morir joven.

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Fundamentadas o no en bases científicas, estas afirmaciones generan temor en parejas consanguíneas (endogamia) que se atreven a defender el amor que se tienen a pesar del rechazo de su propia familia.

Todo surge a raíz de la definición de incesto que muchos consideran no sólo las relaciones entre padres, hijos y hermanos sino cualquier relación entre personas con parentesco.

Genes y relaciones de consanguinidad

La principal objeción es que implica relaciones de consanguinidad, es decir, que parte del mismo tronco o raíz familiar.

Todo ser humano está formado de trillones de células, y cada una aloja 46 cromosomas, de los cuales 23 son aportados por espermatozoide y 23 por el óvulo. La combinación de genes que da origen a un nuevo ser, es infinita, aunque siempre habrán características de ambos padres.

Dichos genes pueden clasificarse en dominantes y recesivos, cuando una persona nace con algún padecimiento significa que fue trasmitido por un gen dominante, pero si sólo es portador y no presenta síntomas, se trata de uno recesivo.

Actualmente se conocen más de 7 mil 800 anomalías genéticas, por lo que podrían estar en cualquier persona y ser susceptibles a transmitirse a los hijos.

Anomalías genéticas

El riesgo de afecciones en hijos de parientes se multiplica cuando los padres son portadores del mismo gen que produce enfermedades, puesto que ellos lo heredaron de sus antecesores. El problema aumenta con los genes recesivos, ya que el hijo presenta 1 de 4 posibilidades de heredar dos copias de dicho gen, por lo que resultaría en anomalía o enfermedad.

En una pareja de primos, por ejemplo, 1 de cada 12 de sus genes son iguales, mientras que en dos personas sin lazos sanguíneos en común, 1 de cada 3 mil genes son idénticos, por tanto, la procreación entre parientes implica riesgo.

El Dr. Emilio José Yunis Turbay, médico colombiano, considerado pionero en el estudio de la genética humana en América Latina, indica que por tal razón, en una familia endogámica (matrimonio entre personas de ascendencia común) existe la posibilidad de que se presente una forma de retraso mental, sordera, ceguera y otra de carácter genético.

¿Cómo detectar los riesgos?

Mediante un examen genético (o de ADN) al que puede someterse la pareja antes de tomar la decisión de formar una familia. La toma de esta muestra sanguínea debe realizarse en laboratorios especializados que cuenten con la infraestructura necesaria.

Estos expertos revisaron los estudios previos al respecto y sus resultados fueron publicados en «Plos Biology». Indicaron que los bebés de matrimonios entre primos hermanos es un 1,7% mayor y la tasa de mortalidad es un 4,4% más elevada que el de las parejas que no tienen relación sanguínea. Estas son las mismas cifras que surgen en mujeres que son madres después de los 40 años.

Tras los datos obtenidos, Paul y Spencer afirmaron que no existe base científica ninguna que impida tener hijos sanos a parejas que son primos hermanos. A pesar de ello, hoy en día hay países que prohiben el matrimonio entre primos. Esta legislación vigente, entre ellos 31 estados de USA, China, Taiwán y las dos Coreas. En otros muchos países, sin embargo, a pesar de no existir legislación vigente sí es un hecho muy mal visto por la sociedad en general y la familia en particular.

Matrimonio entre primos hermanos

El matrimonio entre primos es algo normal en algunos países donde incluso se promueve, como el Medio Oriente y, a lo largo de la historia encontramos matirmonios muy conocidos entre primos: Charles Darwin, se casó con su prima Emma Wedgwoodkf y tuvieron 10 hijos, Albert Einstein se casó con su prima segunda Elsa y el pianista Jerry Lee Lewis, con su prima de 13 años. Literatos como Edgar Alan Poe, H.G. Wells o Mario Vargas Llosa, también se casaron con sus primas. Las distintas monarquías están, por supuesto, llenas de historias de matrimonios entre primos.

En muchas sociedades, sin embargo, se considera una relación incestuosa, ya que ambos han compartido una misma experiencia vital, juegos, vivencias. Hay un vínculo entre ellos similar al de los hermanos. Y, cuando dos primos hermanos se enamoran, han de enfrentarse al juicio de su propia familia, a los conflictos que ello provoca e incluso al rechazo.

Es por ello que muchas parejas de primos hermanos mantienen en secreto su relación e incluso, cuando llega a formalizarse su matrimonio, sus amigos y conocidos desconocen que son primos.

Problemas genéticos en hijos de primos hermanos

Lo que sí plantea la genética es que si en la familia hay algún tipo de antecedente de enfermedad genética, sí debe ser estudiado para evitar que pase al bebé por parte de ambos progenitores.

Más allá de esto, ni los bebés nacen con cola de cerdo, ni los niños nacen con Síndrome de Down sí o sí, o son embarazos que tienen muchas posibilidades de no llegar a término.

Seguro que conoces de algún matrimonio entre primos hermanos del que nacieron hijos sanos, yo al menos, conozco uno muy cercano que sigue viviendo en amor y compañía, cuyos hijos, ya mayores, son profesionales de éxito. Lejos quedó la revolución familiar al dar la noticia y los miedos por la poca información genética al respecto. Y no… esos niños no nacieron con cola de cerdo.

La familia, esa institución natural creada por Dios, está formada por el padre, la madre y los hijos. Es la familia nuclear. Padre y madre provienen, cada uno, de otras familias nucleares, donde los abuelos y los tíos las formaban.
La familia es una comunidad de amor, originada por el amor mutuo de los padres y por la decisión que ellos libremente tomaron el día de su boda. Es una comunidad formada por varias personas, padres e hijos, que se relacionan todos entre sí.
LAS RELACIONES ENTRE LOS ESPOSOS
La primera relación familiar es entre los cónyuges. Es una relación entre dos personas que, libre y voluntariamente, por amor, decidieron unir sus vidas para formar una nueva familia, y que se han comprometido ante Dios Nuestro Señor, a amarse y respetarse todos los días de la vida. Esta unión es bendecida por el mismo Jesucristo a través del sacramento del matrimonio.
La armonía familiar depende de que esta relación sea amorosa, amable y sólida. Si los esposos se aman, se comprenden y se apoyan mutuamente, la unión familiar se dará. Cada uno de ellos aportará al matrimonio y a la familia su riqueza personal, él como hombre, ella, como mujer.
Si esa relación conyugal brilla por la entrega, la generosidad y el amor, los hijos crecerán sanamente, llenos de seguridad, pues saben que sus padres se aman.
Desgraciadamente, en muchos matrimonios, se olvida la relación conyugal como base de la armonía familiar, se olvidan de que primero son esposos, antes que ser padres. Se centran en ser padre o madre y destruyen su matrimonio y a la familia entera.
La relación conyugal mantiene el diálogo entre esposos, aumenta el cariño, el amor, la ternura y la confianza. Si padre y madre están unidos como esposos y como padres, la familia quedará revestida del verdadero amor, y los hijos crecerán aprendiendo a amar al ver el amor de sus padres.
LAS RELACIONES DE LOS PADRES CON LOS HIJOS
Para que los hijos se sientan amados y aceptados en la familia, hay que dedicarles un tiempo especial. Convivir con ellos. El padre con todos y cada uno de los hijos, al igual que la madre. Cada hijo es una persona única e irrepetible y necesita atención personal.
Ser cariñoso y atento con todos y cada uno de los hijos. Cuando los padres lleguen del trabajo o de otras actividades, aunque estén cansados, jugar con ellos, escucharlos, atenderlos. Que se sientan amados y aceptados. ¡Que descubran en el rostro de sus padres la alegría y el deseo de estar con ellos!. Cuando un hijo se siente rechazado por el padre o la madre, sufrirá mucho en las diferentes etapas de su vida.
Que esa relación esté llena de cariño, paciencia, interés, amabilidad, detalles. No dejar que la comodidad, la flojera o el egoísmo dominen sobre estos sentimientos. Si los padres están cansados, pedirle a Dios fuerzas para darle el mejor tiempo a los hijos.
Aceptar a los hijos tal cual son, con sus cualidades y sus defectos; dar gracias a Dios por tenerlos, ser cariñosos, afectuosos, amorosos; respetarlos, comprenderlos y tenerles mucha paciencia.
Ser responsables de su educación, ser justos con ellos y tratarlos según su edad.
Deberes de los padres
El papel de los padres en la educación de sus hijos tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Lo que sus padres no hagan por ellos, nada ni nadie lo hará. De ahí que el derecho y el deber de los padres de educar a sus hijos sean la primera obligación que no se la pueden delegar a nadie. Ellos son los que deben realizarla.
Para llevar a cabo esta educación a los hijos, los padres deben de verlos como hijos de Dios, como imágenes y semejanza de Dios. Más aún, ver al mismo Jesucristo en ellos:
Nos dice San Mateo:Porque tuve hambre, y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber;… Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber,… ? … En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de estos más pequeños, a mí me lo hicieron.
Así, al ver a Jesucristo mismo en esas caritas inocentes de los hijos, los padres de familia los educarán respetando ante todo su dignidad como personas.
Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Al crear el hogar adquieren esta responsabilidad. Por tanto, un hogar, especialmente si es cristiano, tendrá como normas a la ternura entre todos sus miembros, el perdón sincero y amoroso ante los errores, el respeto en el trato entre todos, la fidelidad y el servicio desinteresado a los demás miembros del hogar.
a)La educación de las virtudes
El lugar más apropiado para que los hijos crezcan en las virtudes es la familia. Será necesario su esfuerzo constante y asiduo por dar buen ejemplo constantemente. Pues es parte de su gran responsabilidad. Pero, ¿cómo podrán los padres educar a sus hijos en algunas virtudes que ellos mismos no tengan, si se ha dicho que es fundamental educar con el ejemplo?. No es necesario ser perfecto. Basta a los hijos ver que los padres también se esfuerzan en practicar esa virtud. El ejemplo del esfuerzo es lo que arrastrará a los hijos.
Al reconocer ante los hijos los propios defectos, un padre de familia se hace más apto para guiarlos y corregirlos.
Nos dice la Sagrada Escritura:
“El que ama a su hijo, le corrige sin cesar… el que enseña a su hijo, sacará provecho de él” (Si 30, 1-2).
“Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Ef 6,4).
El hogar es un medio natural para que los hijos aprendan a vivir en sociedad. Aprovechen los padres esta realidad para enseñar a sus hijos a guardarse de los peligros, riesgos y degradaciones que amenazan a las sociedades humanas.
b)La educación en la fe
Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Los papás serán los primeros mensajeros de la fe para sus hijos. ¡Qué hermoso es ver a una madre y a un padre que, desde los primeros años de vida de su hijo, le empiezan a hablar de Dios! ¡Qué alegría le da al Señor ver a aquellos niños muy pequeños acercarse a Él en la Iglesia y mandarle un beso cariñoso! ¡Benditos los padres que van introduciendo poco a poco a sus hijos al contacto personal con Dios!
¿Cómo será la vida de fe del niño cuando sea adulto? Será según los cimientos que sus padres le dieron de niño.
Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios. Así, en ese contacto con Dios, la familia crecerá como cristianos. ¡La familia que reza unida, permanecerá unida!.
c)Proveer a las necesidades físicas y espirituales de los hijos
El respeto y el afecto de los padres se traducen, durante la infancia de los hijos, ante todo en el cuidado y la atención que consagran para educar a sus hijos, y para proveer a sus necesidades físicas y espirituales.
No basta procrear a los hijos. Es necesario proveerles de todo lo necesario para que puedan desarrollarse integralmente como personas. Esfuércense los padres en dar a sus hijos, en la medida de sus posibilidades, todo lo que requieran: casa, comida, sustento. No escatimen los esfuerzos para lograrlo.
Dentro de las necesidades espirituales se encuentra el enseñar a los niños a pensar bien, para que sean capaces de decidir por lo mejor. Esto es educarlos para la vida.
Finalmente, será deber de los padres, apoyar a sus hijos cuando sean mayores al elegir su profesión y estado de vida. Ellos decidirán lo que crean más conveniente, siempre que sea algo honesto. En esos momentos, los padres, en un ambiente de confianza y respeto, den sus consejos y pareceres a los hijos. Al igual, no presionen a sus hijos en la elección de su futuro cónyuge. Sin embargo, ayuden a sus hijos con consejos juiciosos.
Deberes de los hijos
Dado que la paternidad humana tiene su fuente en la paternidad divina, los hijos honren a sus padres. El respeto de los hijos a sus padres se nutre del afecto natural nacido de la familia. Es exigido por el precepto divino, el cuarto mandamiento de la ley de Dios: honrarás a tu padre y a tu madre
La piedad filial, es decir, el respeto a los padres, está hecho de gratitud para quienes con su amor, su trabajo y su vida, han traído a sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia.
Recordemos lo que dice el libro del Eclesiástico, en las Sagradas Escrituras:
Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?. (Si. 7, 27-28).
El respeto de los hijos se expresa sobretodo en la docilidad y la obediencia verdaderas.
Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre. Grábalos constantemente en tu corazón, cuélgalos a tu cuello. Ellos guiarán tus pasos, te velarán cuando duermas, y te hablarán al despertar (Proverbios 6,20-22).
Mientras el hijo vive con sus padres, debe obedecer a todo lo que éstos dispongan para su bien o el de la familia.
San Pablo en su carta a los colosenses: Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque esto es grato a Dios en el Señor(Col. 3,20).
El cuarto mandamiento de la ley de Dios, recuerda a los hijos cuando ya sean mayores de edad su responsabilidad para con sus padres. En la medida de sus posibilidades han de prestarles toda la ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, incluso en momentos de soledad y de abatimiento.
Nos dice la Sagrada Escritura:
El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre (Si. 3,2-6).
Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor… Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre (Si 3,12-13.16).
LAS RELACIONES ENTRE HERMANOS
Los hermanos deben aprender a cultivar la solidaridad entre ellos. Los padres deben ayudar y fomentar el amor entre los hermanos, el respeto entre ellos y sobre todo, el sentido de amor por el más débil. Son los hermanos el principal sostén cuando uno de ellos pasa una dificultad económica, de salud o trabajo y si no aprenden a ayudarse desde pequeños, de mayores les será más difícil.
El gran fruto de las relaciones familiares será el amor, la confianza, el cariño, la unión familiar, la alegría de vivir.
Buscar el ejemplo de la Sagrada Familia: en la Biblia, en San Lucas 1-3, se puede observar a José dedicado a su familia, María educando a Jesús, y el niño Jesús sujeto a sus padres.
Contemplar la relación amorosa de Jesús con su Padre Celestial. Siempre dialogando con Él a través de la oración, contándole todas sus alegrías y sus penas. (Oración en el Huerto de Getsemaní: San Lucas 22, 39-46)

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Hablamos con hermanos y hermanas que viven relaciones incestuosas

Artículo publicado originalmente por VICE Reino Unido.

En 2015 publiqué un libro, Generation Z: Their Voices, Their Lives (Generación Z: sus voces, sus vidas); el producto de miles de entrevistas con niños de la generación Z de todo el Reino Unido; y quedé muy satisfecha con los temas que se discutieron: racismo, sexo, crimen, luchas de género, sexualidad, muerte, discapacidad y desigualdad, entre otras cosas. Los testimonios que no aparecen ahí se perdieron debido al espacio, por repetición o por razones legales. Pero hubo uno que dejé fuera por una razón completamente diferente.

A Grace la conocí al principio del proceso de investigación. Quería hablarme sobre sus problemas de salud mental y de alimentación, de sus padres —el tipo de personas a las que nunca se les debería permitir criar a un hijo— y de sus cuidadores ineficaces e indiferentes. El daño colateral que sufrió la joven de 17 años fue profundo: ansiedad aguda, TOC, una combinación de anorexia, bulimia y atracones que la había dejado hospitalizada tres veces, varios intentos fallidos de suicidio y una tendencia a tomar cualquier bebida, drogas o encuentros sexuales que se le presentaban.

Lo único rescatable y transformador en la vida de Grace parecía ser su novio Adam que era muy tranquilo y estable. Según su descripción, él le había «arreglado» la vida. Claramente lo amaba profundamente, y me dio una idea positiva de él. Hasta unos meses después.

En algún momento del proceso de la entrevista, Grace admitió que, además de ser su novio, Adam también era su hermano. Su hermano de sangre. Ni hermanastro ni medio hermano.

Después de pasar los cuatro años anteriores entrevistando a jóvenes de todo tipo de entornos, mi cara para disimular sorpresa era bastante buena, pero frente a alguien que admitía algo tan tabú, fue difícil no hacer las preguntas obvias. ¿Dormían juntos? Sí, todo el tiempo. ¿Lo sabían sus padres? No tenían idea de dónde estaban sus padres y esperaban que estuvieran muertos. ¿Alguien más sabía sobre sus antecedentes? No. ¿Veía un futuro para ellos como pareja, es decir, como matrimonio y familia, etc? Sí, absolutamente.

Grace eventualmente me contó toda la historia de cómo se juntaron. Debido a su fragilidad y la naturaleza increíblemente controvertida de su historia, me preocupó que la prensa realmente pudiera darse cuenta y quisiera saber quiénes eran Grace y Adam, así que mis editores y yo decidimos dejar la historia fuera de mi libro. Grace y Adam todavía siguen juntos, y ella se puso feliz de que los mencionara aquí.

Este encuentro con Grace y Adam me despertó un interés en la prevalencia y la dinámica de este tipo de relaciones. Siempre asumí que las relaciones incestuosas eran raras y producto del abuso. Pero aunque el incesto parental es ilegal en la mayoría de los países, otros lugares adoptan una postura mucho más liberal sobre el incesto entre hermanos.

Un mapa que muestra la legalidad del sexo consensuado entre hermanos en Europa.

Ahondar en este tema tan peculiar y tácito es revelar que las relaciones incestuosas no solo son más comunes de lo que cualquiera podría esperar, sino que en algunos casos están motivadas por las mismas razones que las relaciones más convencionales: romance, necesidad, deseo, soledad y atracción. Esto plantea todo tipo de preguntas éticas sobre el consentimiento, la victimización, la legalidad y la moral, pero también plantea otra gran pregunta: ¿alguien puede tener realmente una relación sexual, emocional saludable y consensuada con un pariente cercano o de sangre?

Anna, de 23 años, piensa que sí es posible. Ella describe a su hermano gemelo como «más que un novio» a lo largo de su adolescencia. Según ella, «comenzaron a tener sentimientos el uno por el otro» casi empezando la adolescencia, y finalmente se manifestó en una intensa relación sexual y emocional que impidió que Anna o su gemelo, Stephen tuvieran cualquier otra relación romántica.

Su relación no platónica finalmente se terminó cuando Anna conoció a su pareja actual en su tercer año de universidad. La pareja y los padres de Anna no tienen idea de su relación pasada, aunque Anna sostiene que fue una de las mejores cosas que le pasaron y fue vital para el desarrollo sexual y emocional tanto de ella como de su hermano.

Daryl *, de 24 años, no está de acuerdo con que cualquiera pueda tener una relación romántica saludable con un pariente de sangre. Él tuvo una relación romántica y sexual con su media hermana, Jessica, y terminó causando un daño enorme tanto a ellos como a toda la familia, cuando finalmente los descubrieron en «circunstancias bastante dramáticas».

Hacer que los profesionales hablen sobre el incesto fuera del ámbito del abuso es difícil, porque comprensiblemente temen que eso lo legitime y debilite a las víctimas del incesto no consensual. Pero el consenso general es que uno de los factores impulsores de las relaciones incestuosas más consensuadas parece ser, paradójicamente, tanto la naturaleza fracturada de las familias modernas como la cercanía de otras familias.

Si no crecieron juntos, como en el caso de Grace y Adam, no tienen el factor de asco y la familiaridad inmediata que otros hermanos desarrollan al vivir juntos desde el nacimiento. Del mismo modo, a pesar de nuestra hiperconectividad, las personas están más aisladas que nunca. A medida que los grupos de amistad y la cultura de citas se retraen, muchas personas socializan y se juntan con miembros de la familia, especialmente cuando tienen una edad cercana. Aunque es raro, claramente no está fuera del alcance de la posibilidad de que esto pueda llevar a otro lugar que no sea jugar Playstation juntos, como fue el caso de los gemelos, Anna y Stephen.

Las estadísticas sobre lo que podríamos llamar «incesto consensual» en realidad no existen, y la mayoría de los expertos sostienen que, particularmente en el caso del incesto de los padres, no existe tal cosa, que siempre es violación o coerción (por parte del padre). Internet, por supuesto, cuenta una historia diferente. Hay comunidades extensas y activas «pro-incesto» en todo el mundo, que discuten sus propias relaciones incestuosas en tonos que van desde la culpa hasta el orgullo y la calentura abierta. Estas comunidades también se ofrecen apoyo mutuo y discuten temas legales y formas de hacer campaña por el incesto legalizado.

Para confundir aún más el problema, el incesto se ve de manera muy diferente dependiendo de dónde te encuentres y quién esté involucrado. Mi investigación se centró por completo en las personas más jóvenes (generación Z y millennials) y en la dinámica de hermanos/hermanastros/ medios hermanos, precisamente porque es un área mucho más gris en muchas partes del mundo.

El incesto parental/infantil parece, con razón, ser visto universalmente como abuso, sobre todo porque la dinámica de poder desigual en una relación padre/hijo prohíbe cualquier argumento sólido de consentimiento. Pero la dinámica entre hermanos parece (en algunos sectores) enturbiar las aguas legales, éticas y morales. Por ejemplo, en un caso de una relación incestuosa de medios hermanos que había dado como resultado cuatro hijos, en 2014 el Consejo de Ética alemán concluyó que «el derecho de los hermanos adultos a tener autodeterminación sexual en una relación consensuada pesa más en estos casos que el bien abstracto de la familia».

Si bien la recopilación de datos sobre el extremo más «consensual» del espectro del incesto no ha sucedido en ninguna parte del mundo, las estadísticas son bastante sorprendentes. En EE. UU., en la década de 1990, se estimaba que ocurrían anualmente de 100.000 a 1 millón de casos de incesto. La escala del incesto global varía según las cifras que se miren, principalmente porque la naturaleza altamente privada del fenómeno oscurece la precisión completa, pero se cree que el incesto ocurre en algún lugar entre el 2 y el 10 al 20 por ciento de la población. En Brasil, la prevalencia de las estimaciones de incesto varía ampliamente, de 0.05 por ciento a 21 por ciento.

Hermanos Cersei y Jaime Lannister en ‘Game of Thrones’. Imagen: HBO

A pesar de las diferencias de actitud sobre este tema en todo el mundo, la sociedad en general todavía tiende a ver las relaciones incestuosas con aprensión, y de manera incomprensible. Sin embargo, la cultura popular —y sobre todo el tipo de cultura popular que la mayoría de nosotros consumimos y amamos— está lleno de incesto. Los hermanos amantes de Game of Thrones, Jaime y Cersei Lannister, parecían excitar al público mucho más que causar asco, con las redes sociales inundadas de memes sobre nuestra incomodidad por detener su relación claramente no platónica.

El mismo programa presentaba una intensa relación sexual entre tía y sobrino, Daenerys Targaryen y Jon Snow, y una de las características centrales sobre la última temporada de GoT (aparte del hecho de que todos la odiaron) era lo poco indiferentes que se mostraron todos sobre la revelación de que parientes de sangre habían estado teniendo sexo.

El incesto no solo está reservado para series de espadas y dragones. La razón por la que Flowers in the Attic ha sido un libro que tienes que esconder debajo de la cama (y una película protagonizada por Kiernan Shipka) para generaciones de chicas adolescentes (y algunos chicos) se debe absolutamente a la relación incestuosa y repulsiva entre los hermanos, Chris y Catherine. Fuera de los libros, las relaciones entre familiares también se han aludido abierta o encubiertamente en todo, desde Star Wars y Cruel Intentions hasta Dexter y Arrested Development.

Pero donde el incesto realmente sale de su escondite es en la pornografía: el porno de incesto es uno de los géneros de pornografía más vistos. Aunque la industria se sale con la suya poniendo títulos como: «Fucking my Step-brother» (Cogiéndome a mi hermanastro) y «Casting my Naughty Stepdaughter» (Castigando a mi hermanastra traviesa), uno sospecha que los espectadores lo ven más por su contenido altamente tabú y prohibido. Si bien la pornografía no es exactamente un reflejo del comportamiento del mundo real, sí refleja el deseo y las fantasías sexuales humanas. Si Freud estuviera vivo hoy, tendría un día de campo con las estadísticas de Pornhub y otras páginas de porno.

Dicho esto, las relaciones incestuosas, incluso las que los participantes describen como consensuales, pueden tener terribles consecuencias y pueden causar daños reales. Con eso en mente, es poco probable que el incesto sea aceptado como «normal» o se convierta en una dinámica de relación con la que nos sintamos cómodos.

El juicio de la sociedad agrava esa sensación que tiene Grace de ser una aberración (y sin duda de otros como ella), pero no cambia lo que siente por su novio/hermano. Grace y Adam evitan a extraños porque temen ser descubiertos y rechazados, pero ese es el precio que tienen que pagar por romper un tabú tan transgresor.

Un profesor de psicología en Oxford, que pidió permanecer anónimo, comentó que «el problema con nuestras actitudes prohibitivas y morales hacia la sexualidad que consideramos aprensiva o inmoral, por ejemplo, el incesto o las actitudes sexuales que son ilegales, es que nos impiden mirarlos objetivamente. En lugar de aceptar que está ahí y tratar de trabajar en eso y comprenderlo mejor, tratamos a estas personas como parias y los rechazamos con horquillas literales y metafóricas como lo hicimos en la Edad Media. La gente tiene relaciones sexuales con parientes de sangre cercanos, y a veces eso tiene mucho más matices con los que tal vez nos sentimos cómodos».

*Los nombres fueron cambiados.

@WriteClubUK / lilylambiekiernan.com

Las relaciones entre hermanos

Los hermanos a menudo ofrecen la primera y, probablemente, la más intensa relación de un niño o una niña con un igual. Además de tener en común los genes, la clase social, la raza, la cultura, la generación…, comparten las experiencias familiares y los acontecimientos de la vida.

A los hermanos les une el hecho de compartir también los juguetes, la ropa, el dormitorio, el baño, los espacios íntimos, los recuerdos. Todo ello va a hacerles establecer fuertes alianzas, sólidos lazos afectivos. Normalmente, los hermanos van a recibir la misma educación, los mismos valores intergeneracionales, que van conformando la propia identidad como «nieto/a de», «hijo/a de», «del barrio de», «alumno/a de»…

Las relaciones filiales en los niños y adolescentes

El hermano durante la infancia: en la infancia, los hermanos son una fuente constante de compañía mutua. Lo característico de las interacciones entre hermanas y hermanos pequeños son las expresiones intensas y desinhibidas de amor, afecto, lealtad, hostilidad, odio y resentimiento.

El hermano durante los años escolares: para establecer nuevas relaciones, los hermanos ponen en práctica las habilidades sociales que han aprendido del otro. Se enseñan mutuamente habilidades para la resolución de conflictos, frente a situaciones de competitividad, rivalidad, ante los compromisos y en materia de educación.

El hermano durante la adolescencia: recurren unos a otros y se convierten en confidentes, consejeros y asesores, particularmente con relación a las amistades, las presiones de los compañeros, la sexualidad y ante los problemas que puedan surgir. Son grandes aliados. En la madurez, cuando los hermanos comienzan a tener sus propios hijos, y ya asumiendo su papel de tíos y tías, pueden proveer una red adicional de cariño y apoyo para todos.

Los hermanos durante la vejez

A una edad avanzada, cuando los chicos han crecido y se han ido del hogar, cuando los cónyuges han fallecido, los hermanos se proporcionan nuevamente apoyo y tejen una red social mutua. En muchos casos, se restablece el contacto frecuente y, en ocasiones, incluso se mudan de casa para estar cerca, brindándose compañía en esta etapa de la vida, de la misma forma que lo hicieron desde el comienzo de su existencia.

La importancia de los hermanos

En definitiva, la relación fraternal es un sistema de apoyo único, ya que los hermanos son los miembros de la familia que, con toda probabilidad, más van a coexistir temporalmente a lo largo de la vida. Están más cerca que los propios padres, son maestros, modelos a imitar debido a que esta relación a menudo está basada en la admiración, el cariño, la confianza y la simpatía.

Podríamos decir que un hermano mejora la calidad de vida, dado que aumenta el bienestar emocional, proporciona compañía, ofrece cariño y, con mucha frecuencia, aporta seguridad de carácter duradero. Hay padres que deciden no tener otro hijo porque piensan que no podrán mantener económicamente a más de uno o no dispondrán de todo el tiempo que le querrían dedicar.

Consideran que no podrían conciliar la vida familiar y la profesional…. Es cierto que los hijos únicos se granjean grandes amigos y muchos aseguran no haber añorado nunca un hermano. Pero también es cierto que, cuando se pregunta acerca de la persona más significativa en su vida, la mayoría de la gente pone al mismo nivel a un hermano que a un padre y tiene mucho que decir sobre lo que aporta un hermano a lo largo de la existencia, no únicamente en la infancia.

María del Mar García Orgaz. Psicóloga infantil

El amor en la propia familia: las relaciones entre hermanos son más comunes de lo que se cree

Patrick S., de 31 años, y Susan K., de 23, crecieron separados porque Patrick, cuando tenía tres años, fue apartado de su familia para protegerlo de su padre alcohólico. Cuando cumplió 23 años, Patrick quiso establecer contacto con su familia biológica, por lo que acordó con su madre un encuentro para el 20 de mayo de 2000, según informó el portal de noticias 20minutos.es.
A su llegada a Leipzig, se encontró con que sus padres se habían separado y su madre tenía un nuevo compañero sentimental. Además, se enteró de que sus hermanos mayores habían muerto y conoció a una chica de 16 años que, según le explicaron, era su hermana. Pero no pudo evitar enamorarse, y fue correspondido.
Pero no es el único caso. En Inglaterra se dio a conocer hace poco tiempo la historia de dos hermanos mellizos separados al nacer que se enteraron de su parentesco después de casados.
Hace años, se difundió también el caso de dos hermanos españoles que habían sido criados por separado y que, tras conocerse y enamorarse en una disco, como cualquier pareja, se enteraron por casualidad de que eran hermanos.

En la Argentina también saltó a la luz la historia de dos hermanitos y su conflictiva historia sentimental.
Como en cualquier relación, a medida que pasa el tiempo y el amor se afianza, también aflora el deseo de tener hijos. ¿Es un mito o una realidad que los chicos nacidos de estas uniones tienen posibilidades de padecer problemas de salud?
El médico clínico Natalio Daitch explicó, en diálogo con minutouno.com, que “algunas enfermedades sanguíneas, como el caso de la hemofilia, se da más frecuentemente en los hijos fruto de uniones entre familiares. Esto se debe a que si hay un gen defectuoso en sus progenitores la herencia de ese gen a los descendientes va a ser doble, haciendo que el niño sea más propenso a desarrollar esa enfermedad. Por eso, no es conveniente”.
Pero cuando se habla de incesto no sólo se involucran consecuencias biológicas sino también psicológicas. “La función paterna es separar al hijo de la madre -si no seríamos todos psicóticos-, y desear a la mujer . Pero esto se complica cuando la madre es la hermana. Además, de su relación incestuosa se desprende que esta fución paterna no funcionó en su caso”, explicó a minutouno.com el presidente de la Asociación de Piscólogos y Psiquiatras de Buenso Aires, Hugo Pisanelli.
Y agregó: “El problema también lo van a tener los hijos fruto de esa relación ya que la cultura rechaza este tipo de uniones. Quizá mucha gente piense que «están enfermos» y los trate diferente. Desde los chistes crueles como «vos no tenés mamá, tenés tía» hasta cosas peores pueden generarles traumas diferentes”.
Pese a esto, el fenómeno es mucho más amplio de lo que se conoce: basta con hacer una búsqueda del tema en la Web para dar con cientos de foros en los que los anónimos internautas confiesan sus relaciones prohibidas y piden opinión y consejo.
En algunos países, como Alemania, el incesto está penado por la ley, aunque sea consentido entre los miembros de la pareja. ¿Y en la Argentina?

El Código Civil establece varios impedimentos de la celebración del matrimonio. Entre ellos, el parentesco por consanguinidad (art 166 inc 4). Para la ley está prohibido el matrimonio entre ascendientes y descendientes, como así también entre hermanos y medio hermanos. Lo mismo vale para los parientes afines en línea recta: abuelos, padres, hijos o nietos del ex-cónyuge.

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