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Hombre marroqui en la cama

Educados con Youporn: por qué los hombres marroquíes no saben hacer el amor

23/06/2019 19:36 – Actualizado: 24/06/2019 09:34

Aysha* tuvo que salir de Marruecos para tener su primer orgasmo. Como muchas mujeres, sufrió en sus carnes, literalmente, la distorsionada formación afectivo-sexual de los marroquíes. En una sociedad donde el sexo es tabú, los hombres se educan desde tiernas edades con porno de baja calidad que luego exigen poner en práctica con sus parejas. Quieran ellas o no.

«Casi todos los compañeros sexuales de una noche de mi juventud me trataban como si estuviesen en una película porno», explica esta feminista de 35 años, quien desde hace tres años vive en España empoderando a mujeres migrantes. “Chúpamela, hazme esto, hazme lo otro, déjame correrme en tu cara. No había besos, tampoco caricias, ni estimulación del clítoris, solo penetración”, relata.

Marruecos es uno de los países que más porno consume del mundo. Es uno de los cinco donde más se busca ‘sexo’ en Google y lidera a los 22 países árabes reflejados en los datos de Google Trends. Además, es el tercero del globo que más busca ‘videos x’, solo por detrás de Argelia y Francia.

Las féminas marroquíes, jóvenes y no tan jóvenes, cada vez están más concienciadas de que sus compañeros sexuales no las tratan como deberían. Las coaccionan para practicar ciertos actos que no les apetece a veces exigiendo de malas formas emular las fantasías pornográficas que ven en la pantalla de sus móviles. Echan de menos las caricias estimulantes, las carantoñas y que les practiquen sexo oral.

“No tienen información ni interés en aprender a hacerlo mejor. Y como nosotras no hemos probado otra cosa, ni nos descubrimos a nosotras mismas, tampoco les podemos enseñar”, reconoce Aysha. Romper el tabú fue paulatino. Comenzó a leer sobre cuestiones sexuales, a charlar sobre el tema con amigas extranjeras y decidió dejar de tener relaciones sexuales con hombres marroquíes. “Se que la situación ha cambiado un poco entre algunos jóvenes marroquíes más liberales. Pero, al final, acabé por irme a vivir a España”, reconoce. Y aquí comenzó a disfrutar de la cama.

Sexo bestial sin erotismo

Los prejuicios sobre la educación sexual dejan a los marroquíes con Internet como única vía para informarse. Pero sustituir la educación sexual por porno de baja calidad -ese que denigra a la mujer convirtiéndola en mero objeto donde volcar fantasías y fetiches- viene con un elevado precio para la sociedad.

El primero, en forma de una violencia soterrada contra la mujer que pocas veces se hace pública. Este año, un hombre desfiguró a su pareja por negarse a tener relaciones sexuales con él. Para los expertos, este tipo de incidentes son un aviso de cómo el porno refuerza los patrones de dominación sexual masculinos extendidos más allá del mundo árabe.

Para los expertos, este tipo de incidentes explican cómo el porno refuerza los patrones de dominación sexual masculinos extendidos en el mundo árabe

“Si tu única fuente de inspiración, formación y educación respecto al sexo es el porno crees que las mujeres están a tu entera disposición. No admites un ‘no’ como respuesta para las prácticas que has visto en las películas y que deseas experimentar en la vida real y no sabes nada sobre preliminares, caricias eróticas y mimos provocadores”, explica la socióloga Soumaya Naamane a El Confidencial. “El sexo se lleva a cabo de una manera bestial, sin romanticismo ni afecto ni erotismo”, añade la experta marroquí en sexualidad.

También afecta a los hombres, que quieren un sexo largo, tal y como ven en sus pantallas, y miembros de película. Todos quieren ser Rocco Siffredi. Comienzan a tomar pastillas y todo tipo de productos para conseguirlo. Y llegan las frustraciones.

“Todos estos varones desconocen que porque el sexo sea más largo no significa que sea más placentero para la mujer. Alargan las fases de penetración, pero no de juegos y preliminares para estimular a las féminas. Y añade Soumaya, “El sexo que repiten por imitación de las pelis porno no es un sexo de calidad sino solo una ‘performance’. Sexo animal, muy bruto, que en muchos casos incomoda y violenta a las mujeres”.

‘No te toques la vulva’

Las mujeres marroquíes no solo sufren de relaciones sexuales poco placenteras. También se les niega el autoplacer. Desde niñas les han inculcado un repudio hacia sus genitales y han alimentado la culpabilidad que siente ante la masturbación y el disfrute personal, hasta el punto de que ni siquiera existe un pálabra en árabe para definir la masturbación femenina -ya que el término solo aplica para la masturbación masculina-.

“Es como si no existiera y nunca hubiera existido. Como si no pudiera existir. Un verdadero tabú del que muy pocas mujeres hablan”, explica Soumaya.

Las marroquíes están como en España hasta no hace tanto. Pocas saben dónde está el clítoris, cómo acariciarlo o incluso se avergüenzan de pronunciar ese nombre. Mucho menos se atreverían a pedir o enseñar a sus maridos, novios o compañeros sexuales cómo rozarlo, tocarlo, excitarlo, besarlo. Pero eso no impide que los hombres exijan el sexo oral abusivo típico de las páginas porno.

“Muchas mujeres aquí tienen esa mirada seria, huidiza, preocupada, como si estuvieran –ellas, el mundo, alguien- siempre apunto de romper alguna regla. Es duro pensar el mundo como un bazar de reglas frágiles y a mí mismo elefante”, escribía en 2010 el reportero argentino Martín Caparrós sobre las mujeres de Marruecos. El elefante, el hombre heterosexual, blanco y occidental, que puede avanzar con pesadas zancadas y destrozar todas y cada una de las reglas que son inquebrantables para ellas.

En Marruecos también está prohibido por ley tener sexo fuera del matrimonio y está penado hasta con un año de cárcel

Por si fuera poco, en Marruecos también está prohibido por ley tener sexo fuera del matrimonio y está penado hasta con un año de cárcel según el artículo 490 del Código Penal. La edad media para contraer matrimonio es de 28 años para ellas y 31 para ellos. Por ello, los expertos hablan del ‘celibato obligatorio prolongado’ de los jóvenes. Pero, ¿es un celibato? ¿Qué hacen hasta ese momento los hombres y mujeres marroquíes? Obviamente, masturbarse y tener relaciones sexuales extramaritales. Pero no de forma segura, ni placentera.

Sexo anal y abusos

La prohibición de mantener relaciones sexuales hasta el matrimonio ha generado un aumento del sexo anal, una práctica que permite a las mujeres conservar el himen hasta la boda y a los hombres replicar una de las ficciones pornográficas. Pero esa misma ausencia de educación sexual y pornografía de baja calidad hace que las relaciones se consumen sin preservativo, provocando un aumento de VIH en los jóvenes.

La amenaza legal provoca que los hombres quieran evadir sus responsabilidades si hay un embarazo inesperado o enfermedades de transmisión sexual. “No quieren exponerse, ya que lo que están haciendo está prohibido por la ley. Y toda esa frustración acumulada ante la demonización del acto sexual provoca casos de abusos callejeros, intimidaciones y violencia sexual”, opina el sexólogo Abdessamad Dialmy.

Más de la mitad de las mujeres marroquíes han sufrieron algún tipo de violencia el año pasado -física, sexual, psicológica, económica, electrónica-, según la última encuesta nacional del Ministerio de la Familia publicada en mayo. La Ley 103-13 para combatir la violencia contra las mujeres, adoptada hace más de un año, ha logrado algunos avances, como la creación del delito de acoso sexual.

Sin embargo, según las asociaciones feministas, el nuevo marco legal no ha logrado mejorar el trato a las víctimas, ni tampoco cubre la violencia sexual dentro del matrimonio.

Educación y placer

Charlar con Izaskun Zarrandikoetxea es una delicia y, en este caso, necesario. Esta mujer vasca dirige Mundo Ivaginario, una organización que trabaja en programas de empoderamiento con mujeres magrebíes y subsaharianas en riesgo de exclusión social en Bilbao. Esto, por supuesto, incluye tratar la sexualidad y placer femeninos.

“La educación sexual está presente en todos los ámbitos: en la escuela, en la religión, en la familia. El problema es que es una educación sexual inadecuada. Y este repercute a todo desde la base, desde que son chiquititos”, explica Zarrandikoetxea en una entrevista con El Confidencial. “Si hubiese una educación sexual óptima, sabrían que el porno en sí mismo no está mal, pero hay que verlo sabiendo lo que es, tomándose el porno como una ficción. No puedes ver Superman y creerte que puedes volar”, explica Izaskun a El Confidencial.

«Hay que ver el porno sabiendo lo que es, tomándoselo como una ficción. No puedes ver Superman y creerte que puedes volar”

En sus programas y talleres les empieza hablando de salud para, poco a poco, explicarles sobre la anatomía de sus genitales, la fisionomía de la vulva y la importancia de conocerse, descubrir su sexualidad y sus placeres.

“Cuando empiezas a hablar con ellas te das cuenta de que casi nunca han hablado de la regla, de la vagina, del clítoris, de explorarse los genitales. Les da vergüenza. Se ponen rojas y empiezan las risitas. Pero cuando se crea un espacio de seguridad, se empiezan a soltar”, cuenta.

El objetivo de Mundo Ivaginario es incorporar programas similares en la educación marroquí, para enseñar a las mujeres -y también a los hombres- a abordar su sexualidad de forma más sana. La importancia de los sentimientos y también sobre la autonomía del gozo. Entender que el placer viene de ellas mismas y que no necesitan necesariamente a un hombre para disfrutar y ser felices.

“No solo en el sexo, en todos los aspectos”, relata. “Si te da el viento en la cara y sientes placer es porque tu cuerpo siente placer. No te lo da el viento”.

Según el Feki, en Egipto, el noventa por ciento de las mujeres menores de cincuenta años que están casadas, o lo han estado.

Han pasado por la mutilación de su clítoris, con la finalidad de evitar que puedan ostentar un apetito insaciable.

Y lo peor, es que entre las adolescentes de quince a diecisiete años, esta cifra el del 80 por ciento.

Lo que quiere decir, que la tendencia ha descendido escasamente.

En contraparte, cuando los hombres ven películas porno, se encuentran con mujeres que no han sido circuncidadas.

Estas mantienen relaciones sexuales con dos o más hombres a la vez, lo que les refuerza la creencia a los musulmanes, que deben circuncidar a sus hijas.

Porque ellos creen que las mujeres de este lado del mundo, se la pasan constantemente haciendo tríos.

Pero las esposas no tienen siquiera el derecho a quejarse de la falta de interés sexual de su pareja.

Porque esto puede provocar sospecha sobre su pasado, y es considerado impropio.

El sexo y la religión

Este libro del feki indica que la represión del placer no es de ninguna manera culpa del islam.

Ya que en el pasado, la religión era explícitamente abierta a lo sexual, como un elemento de crecimiento espiritual.

Según los historiadores, hay historias famosas que relata como el profeta recibía en la mezquita a personas que tenían dudas sobre la intimidad.

Una muy famosa señala de una joven que se quejo porque su noche de bodas, su marido solo rezó, y no la tocó.

A lo que el profeta le exhorto diciéndole que se debía ocupar de su mujer en la cama.

La religión está exenta de toda culpa, puesto que hay anécdotas libidinosas que van desde relaciones homoeróticas, hasta animales.

Además, se incluyen consejos para conversar después del coito, y las caricias propias luego del acto.

Es contradictorio, que mientras en el pasado habían unas mil palabras para referirse a hacer el amor, hoy no tengan un término árabe para la sexualidad.

Te recomiendo nuestro artículo oracion a la sangre de cristo contra todo.

Sexo

Las seis cosas que todos los hombres quieren en la cama pero nunca dicen

Las generalidades nunca son buenas porque siempre dejan a alguien fuera, pero cuando muchas opiniones son mayoritarias es porque esa suele ser la tónica general. Tras bucear por investigaciones, encuestas, foros y vivir la vida hemos recopilado lo que ellos quieren en la cama pero no suelen decir.

El sexo tiene numerosas connotaciones y variantes, pero el heterosexual suele regirse por las mismas normas. Así que, tras un minucioso análisis, hemos concretado que estas son las seis cosas que todo hombre quiere en el sexo:

1) Quieren mucho sexo

La mayoría de los hombres quieren sexo más que las mujeres, sobre todo a medida que va avanzando la relación y si llegan hijos a la familia, que es cuando ellas suelen querer intimar con menos frecuencia.

En una encuesta realizada por ‘Men’s Health’ a 6.700 hombres y mujeres, se concluyó que tanto ellos como ellas tenían relaciones sexuales al menos dos o tres veces por semana. La diferencia radicó en que las mujeres se mostraron más satisfechas con esta regularidad (71%) que los hombres (51%), pues lo consideraban insuficiente.

2) Que ella sea proactiva

Muchos hombre se quejan de que tienen que ser ellos los que siempre inicien el encuentro sexual, y al final acaban sintiendo que están presionando de algún modo a su compañera a hacer algo que no le apetece del todo.

Ellos suelen querer que sus parejas sean más proactivas, que propongan más tener sexo y hacer nuevas cosas en la cama.

Está harto de pedirlo siempre Gtres

3) Que les digan cumplidos

Cuando uno está en una pareja se echa un poco a perder, a lo que se suma la rutina y el hastío de lo conocido. Desaparecen los piropos y las noches de ponerse guapo para deslumbrar al ser amado. Por eso, ellos echan en falta que ellas les digan más cumplidos, sobre todo en la cama.

4) Que no se hable demasiado

Los hombres, por norma general, se concentran cuando están alcanzando el clímax, y no es buena idea que ella se ponga a decir o hacer nada llamativo. Está bien que se hable durante la relación, pero es justo en ese momento cuando mujer callada vale por dos.

Durante la llegada del orgasmo hay que estarse calladito, y va para todos Gtres

5) Quieren probar la estimulación anal

La mayoría nunca reconocerá esto y hay muchos hombres que cuando lo prueban no pueden parar de pedirlo de nuevo. La estimulación anal, tanto por el exterior del recto como por el interior, es sumamente placentero para ellos, pero muchos no se atreven a pedirlo por vergüenza y por el absurdo cliché de que es una práctica poco sexy.

6) Un poco de cariño

Además de lo mencionado anteriormente, los hombres también quieren cariño entre las sábanas, por mucho que a la mayoría le cueste reconocerlo. Sentirse queridos, amados y deseados es el combo perfecto para que disfruten en la cama al máximo, al igual que sucede con ellas.

Numerosas investigaciones han demostrado, de hecho, que tanto hombres como mujeres encuentran atractivos los comportamientos románticos y afectivos, por eso no extraña que cuando el sexo se disfruta en pareja es mucho más satisfactorio, sobre todo para los hombres.

Unos arrumacos siempre vienen bien Gtres

Esquizofrenia y angustia son dos de las palabras que más se repiten en el libro de Leila Slimani Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Cabaret Voltaire, 2018). Así es como viven muchas mujeres su sexualidad, según la escritora, en un país “en el que el Islam es una religión de Estado y las leyes son muy conservadoras”. En donde la sociedad también gira en torno a dos pilares que obstaculizan la liberación: la noción de dependencia del grupo y el concepto de h´chuma (vergüenza o reparo) que se inculca desde la infancia. Y en donde, finalmente, “el honor es lo primero”. Todo lo anterior lleva a la mentira y a una hipocresía social que fomenta la miseria sexual de minorías y mujeres.

Podemos decir que Sexo y mentiras salió al encuentro de Slimani. En su gira de promoción de su anterior obra Dans le jardin de l´ogre (Gallimard, 2014), una historia sobre sexo narrado con total libertad, sintió “una revelación” cuando varias mujeres se acercaron para contarle sus historias. Aquellas confidencias le hicieron ver la necesidad de ponerlas por escrito, y así lo hizo hasta completar este volumen, traducido de manera excepcional nada menos que por Malika Embarek (Premio Nacional de traducción 2017) y salpicado con comentarios de la autora, que introduce la opinión de activistas como Fatima Mernissi o Mona Elthaway o de cineastas como Nabil Ayouch que sufrió la prohibición de la proyección de su película Much Loved. Con Sexo y mentiras, Slimani logra completar otro enfoque, matiza que no es un tratado sociológico ni un ensayo: el de entregar la palabra sin pulir, reivindicando la necesidad de restaurar los derechos sexuales, auténticos derechos humanos, pisoteados en su país.

En sociedades donde la libertad sexual no existe “el sexo se convierte en objeto de ciega obsesión”, se lee en el libro. La virginidad se convierte así en objeto de preocupación colectiva en lugar de ser una cuestión de orden privado y a la postre “un maná económico” como denuncia Soraya, la primera de las entrevistadas, para los cirujanos que practican himenoplastias. Para ilustrarlo basta mencionar que el código penal marroquí penaliza las relaciones sexuales fuera del matrimonio o la homosexualidad, entre otros.

Pero los tabúes en el seno de un sistema en el que no existe la educación sexual en los centros escolares están comenzando a ponerse en cuestión. Un ejemplo revitalizador es el de uno de los múltiples casos que recoge el libro; el de Amina Filali: una adolescente víctima del artículo 475 del Código Penal marroquí -según el cual “si un violador se casa con su víctima queda exculpado por la justicia”- acabó suicidándose ingiriendo matarratas. Sin embargo, la movilización de la sociedad civil consiguió que dicho párrafo se aboliera. Un paso más para ponerse enfrente de leyes arcaicas en el seno de una opinión pública dividida en muchos aspectos, con el problema sexual como fondo de una telaraña de situaciones sociales, económicas y culturares diversas, pero que gracias a los medios de comunicación y a las redes sociales comienza a debatir sobre estas cuestiones. Sobre todo las mujeres que han liberado la palabra, en un país en el que la gente no acostumbra a tomarla en público. Un ejemplo es la reciente respuesta feminista ante la campaña machista Sé un hombre, cubre a tus mujeres.

En el libro dedica, además, un capítulo a la cuestión del Islam, a través de la entrevista con Asma Lamrabet, investigadora en Teología y reformista, quien habla de una “incultura religiosa generalizada” y quien afirma que sobre la cuestión de la sexualidad, el Corán guarda silencio, y que es una determinada interpretación de este texto, dentro de una sociedad patriarcal, lo que lleva a la opresión de las mujeres.

Sexo y mentiras, que ha tenido también edición en formato cómic, especialmente dirigido a los más jóvenes y Paroles d’honneur (Les Arènes, 2017) con ilustraciones de Laetitia Coryn, no se ha librado de las críticas tanto desde dentro como desde fuera de Marruecos. La escritora ya plasma algunas en su libro: “Me acusan de ser islamófoba por oportunismo, o de no respetar los valores de Marruecos. Y la madre de todos los reproches es que me he vendido a Occidente”, tal y como ocurrió con la polémica suscitada por Houria Boutedja, entre otros. Slimani, por su parte, invita al debate y a la necesidad de pensar por uno mismo.

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La sexualidad sin velos

En estos tiempos en que se habla de la Primavera árabe, con las revoluciones y protestas a favor de la libertad, la analista aprovecha la oportunidad para expresar que no habrá dicha completa si esta no se da también en el plano personal. Una anécdota cuenta que cuando Barack Obama le preguntó al presidente del Estado de Israel, Shimon Peres, cuál era el principal impedimento para la democracia en Oriente Medio, este respondió categóricamente: “Los maridos”. Por su parte, El Feki cree que “conquistar la justicia, la dignidad y la igualdad en lo privado es importante para que estos objetivos se den en lo público y viceversa: política y sexualidad son compañeras naturales de cama”.
En la región, las mujeres ocupan menos del diez por ciento de los escaños parlamentarios y menos de una cuarta parte de ellas tiene trabajo. Sin embargo, El Feki decidió ingresar a un territorio más íntimo con la convicción de que “si quieres conocer realmente a un pueblo, empieza por revisar sus dormitorios”. Y lo que encontró en los de Egipto es que el 90 por ciento de las mujeres menores de 50 años, casadas o que lo han estado, han pasado por la mutilación de su clítoris con el fin de evitar que ostenten un apetito insaciable. Agrega que lo más alarmante es que entre las jóvenes de 15 a 17 años esta cifra es del 80 por ciento, lo que demuestra que la tendencia escasamente ha descendido.
“Cuando los hombres árabes ven películas pornográficas se encuentran con mujeres occidentales que no han sido ‘circuncidadas’ y que mantienen relaciones sexuales con dos y hasta tres al mismo tiempo, y eso les refuerza la creencia de que es importante practicarles el procedimiento a sus hijas”, le explicó la autora a The Sunday Times. “Es deprimente cómo la globalización puede llegar a ser una fuerza que genera retroceso. El porno de occidente es omnipresente y por eso los musulmanes tienen la idea de que en el otro lado del mundo todas están constantemente haciendo tríos”.
Paradójicamente, los esposos se quejarían de la falta de interés sexual de sus parejas. Pero si les salen muy inspiradas pueden sospechar de su pasado. Entre tanto, ellas expresan tímidamente su descontento ante el hecho de que los maridos engorden y sean egoístas, pese a que reconocen su temor para manifestar sus deseos porque lo consideran impropio. La periodista cuenta cómo una de sus fuentes le confesó que ellos nunca les dicen a sus esposas que las aman durante el primer año de matrimonio porque el gesto sería visto como un signo de debilidad.
El Feki señala que la represión del placer no es culpa del islam. Por el contrario, dice que en el pasado la religión era explícitamente abierta a lo sexual como un elemento de crecimiento espiritual: “Que ninguno de ustedes vaya a su mujer como un animal”, relata un hadiz, que es la narración de una acción de Mahoma. “Hay historias famosas acerca de cómo el profeta recibía en la mezquita a personas que le preguntaban sobre la intimidad. La más famosa cuenta que una joven en su noche de bodas se quejó con él de que su marido estaba muy ocupado rezando y que no la había tocado. Su respuesta habría sido amonestar al hombre e instruirlo para que se dedicara a su mujer”, explica un texto titulado “Lo que las musulmanas quieren en la cama”, de Shelina Janmohamed. Para El Feki también se trata de recuperar la fuerza erótica que fue característica intrínseca del mundo árabe.
Prueba de esta es La enciclopedia del placer, una extensa obra llena de anécdotas libidinosas que van desde relaciones homoeróticas hasta animales, y que incluye consejos como conversar después del coito. Este Kamasutra de medio oriente, capaz de hacer sonrojar a los jóvenes de hoy, fue publicado por el musulmán Ali ibn Nasr a finales del siglo X. Suena contradictorio que mientras en el pasado había “unas mil palabras para referirse a hacer el amor”, hoy “no hay un término en árabe para sexualidad” y abundan las mujeres que no saben cómo llamar sus genitales, reflexiona el Feki.
En «Sex and the Citadel» se retrata una especie de viaje al estilo turismo sexual que habría realizado Gustave Flaubert en Egipto. El autor de Madame Bovary habría dicho de una de sus amantes que “se retorcía como una tigresa”. La periodista colombiana Catalina Gómez, radicada en Teherán,le explicó a FUCSIA que algo de ese erotismo y feminidad que se oculta con velos y burkas hacia el exterior está presente en lo íntimo: “No hay que olvidarse de la manera como Cleopatra manejaba a los hombres.
En esta región las mujeres van a los almacenes de ropa interior y compran todo tipo de accesorios explícitos que por vergüenza uno no se pondría”. Aun así, advierte que esta actitud está ligada a su intención de complacer y conservar a los maridos. “A las mujeres, sean musulmanas o de otra religión, les gusta estar a la moda. Esto tiene que ver con el capitalismo y quizá solo los que apoyan la yihad rechazan esta fuerza”, opina Ezgi Dikdere, artista textil de Turquía. En Egipto los famosos sex shops mantienen cierta clandestinidad. Se dice que el sexy-disfraz favorito en El Cairo es el de Gatúbela, y las autoridades hacen advertencias cuando consideran que un maniquí tiene un atuendo muy provocativo.
“En Turquía, pese a ser un país más secular, hubo políticos que promovieron la idea de que las mujeres embarazadas no salieran a caminar porque esto hacía pensar en sexo. El islam puede caer en esta locura cuando se encuentra en manos equivocadas”, concluye Dikdere. También Gómez es clara en que los límites tienen que ver con una interpretación fundamentalista de la religión, “pero eso sucede con todas las creencias, como cuando la iglesia hablaba del sexo solo para procrear”.
En el caso del islam, El Feki argumenta que tales posiciones extremas se fortalecieron como defensa ante el colonialismo para protegerse contra supuestos modos de vida inmorales provenientes del exterior. En su opinión eso solo habría contribuido a una actitud hipócrita en la cual se venera la castidad pero existen categorías de matrimonios como las bodas temporales de verano: para no violar los preceptos sagrados, las adolescentes serían vendidas mediante una especie de contrato nupcial a turistas ricos, y luego de las vacaciones vendría el divorcio. El padre de la novia recibiría el equivalente a dos años de salario.
Las familias cuidan con celo la virginidad de sus hijas en tanto que “les representa beneficios económicos en el momento de casarlas”, señala Gómez. En las áreas más pobres es común que las madres asistan a la noche de bodas para testificar que las sábanas se manchen. Por esta actitud, el sexo oral y anal tiene muchas adeptas y la reparación del himen se ha vuelto un procedimiento tan común que una ginecóloga aseguró a El Feki que le llegaban dos casos por semana. Membranas falsas chinas se convirtieron en una sensación que tuvo que ser llevada a instancias parlamentarias. El costo de la intervención oscilaría entre 30 y 300 dólares. Los castigos no serían tan severos para quienes cometan crímenes de honor en contra de mujeres que hayan dañado la reputación familiar con alguna infracción sexual.
El Feki está convencido de que muchas mujeres árabes comparten los presupuestos sexistas de su cultura, aunque sufran sus efectos. Están las que creen que sus maridos tienen derecho a golpearlas si se rehúsan a satisfacerlos y las que responsabilizan a la forma de vestir seductora de sus congéneres del excesivo acoso callejero. Y le parece curioso que se hayan olvidado de una leyenda árabe antigua tradicional según la cual, cuando Dios creó el deseo, lo dividió en diez partes: una la entregó a los hombres y el resto a las mujeres.

Abdessamad Dialmy, sociólogo de la sexualidad

Abdessamad Dialmy es sociólogo de la sexualidad, el género y la religión. Ha sido catedrático en las universidades de Fez y Rabat y es visitante habitual de diferentes universidades europeas. Es uno de los primeros autores árabes que se interrogan sobre la masculinidad en su país y en la cultura islámica, una militancia valiente que le ha supuesto varias amenazas contra su integridad física. Dialmy pronunció la conferencia inaugural titulada «La masculinidad árabe transicional», del ciclo internacional sobre nuevas masculinidades Men in Movement, celebrado los días 16 y 17 de noviembre.

¿La masculinidad del hombre árabe ha evolucionado y se encuentra en transición, como reza el título de su conferencia?

Sin duda. He intentado trasladarle a la audiencia una teoría que he elaborado para poder entender la sexualidad en Marruecos. Bajo mi punto de vista, se divide en tres estadios: en el primero, tanto las normas que rigen la sexualidad como la práctica del sexo son religiosas; en el segundo, las normas sexuales son todavía religiosas, pero la práctica sexual es secular; y en el tercer y último estadio, tanto las normas sexuales como la práctica sexual son seculares, que es lo que sucede en Occidente.

¿En qué estadio se encuentra el hombre árabe?

En Marruecos nos encontramos en la segunda etapa: un divorcio entre la norma y la práctica. Dado este escenario, cuando hablo de una masculinidad árabe en transición me refiero a que hay hombres que aplican normas religiosas a su sexualidad, pero tienen un comportamiento sexual secular. Por ejemplo, cuando un hombre acepta casarse con una mujer que ha perdido la virginidad. Esto no solo es una evolución, es una auténtica revolución en Marruecos. Cuando el hombre árabe cree en la norma pero no la respeta, es cuando hablo de una masculinidad en transición.

No es fácil escribir sobre determinados temas en su país.

Llevo muchos años estudiando la identidad masculina en el mundo árabe. Uno de mis retos ha sido mostrar hasta qué punto el hombre marroquí es consciente de la dominación que ejerce sobre la mujer y cuán arbitraria y socialmente construida es esa dominación. Para el hombre esa superioridad es natural, biológica y religiosa. Piense que aún hoy la mayoría de hombres, pese a tener una práctica sexual moderna, son prisioneros en su mente de las normas religiosas, no son plenamente felices. Soy el autor del primer ensayo sobre la masculinidad, no solo en Marruecos, sino en todo el mundo árabe.

¿Cómo han sido recibidas esas reflexiones?

Publiqué mi ensayo sobre la masculinidad hace quince años y era la primera vez que un ensayo interpelaba al hombre marroquí sobre estos aspectos. Yo pretendía mostrar hasta qué punto está en crisis esa masculinidad tradicional debido a la evolución social y a la revolución y la emancipación femeninas. No fue fácil, me enfrenté a muchas resistencias y amenazas, incluso de muerte. Plantear ciertas cuestiones ante los fundamentalistas es arriesgado. Según ellos, todas las respuestas están en el islam. ¿Puede una mujer mantener relaciones sexuales antes del matrimonio? Para un fundamentalista esta cuestión es inaceptable, porque el islam ya le dio la respuesta y esta es: «Solo después del matrimonio». ¿Es el homosexual un hombre de pleno derecho? Para ellos no, no es un ser humano, es un animal y merece que le maten.

Usted ha señalado que en su país los hombres más jóvenes no son necesariamente los más abiertos de mente. Es un dato inquietante.

Sobre todo porque yo veo una regresión. La gente mayor tiene el poder, a todos los niveles: domina la situación, no necesita ser igualitaria, tiene actitudes permisivas –en algunos campos, incluso abiertas–, pero porque goza del poder y está instalada en él. Por el contrario, los jóvenes no tienen poder, se sienten débiles, sin trabajo y sin dinero. Su masculinidad no tiene una base económica para ejercer el poder sobre la mujer; por eso son más conservadores y usan la religión para justificar su superioridad y dominación sobre ellas. «No tengo dinero ni trabajo ni poder, pero al menos Dios ha decidido darme el poder sobre ti, mujer»: esa es su lógica.

Algunas mujeres han empezado a trabajar y a contribuir económicamente a la estructura familiar. ¿Significa eso un avance hacia una relativa normalización?

Desafortunadamente no. Aunque trabajen y contribuyan al presupuesto familiar, su poder decisorio es todavía muy débil. En general sus salarios son más bajos y, aunque sean iguales, el marido es todavía el señor sobre la base de la religión y puede usar incluso la violencia si la mujer no es obediente. También se ha intensificado el uso del sexo como herramienta de dominación: «Eres mi mujer, puedo hacer lo que quiera contigo sin tu consentimiento y la religión lo avala, porque soy un hombre de verdad».

¿Cómo se transmite esa cultura de superioridad del hombre sobre la mujer?

En la propia familia, en las primeras etapas de la socialización. Las tareas domésticas son divididas según el género desde muy temprano: los chicos salen de casa y no se les puede molestar, las chicas se quedan en casa. El hombre tiene una proyección en el ámbito público, pero la mujer solo en el doméstico. La escuela transmite esta cultura: que la mujer es inferior, que debe ocultar su cuerpo, que ella es el origen del caos social y del mal. El hombre integra esas ideas desde la infancia.

Y esto sucede en 2017, con toda la información existente, con el acceso a internet…

El fundamentalismo está en la escuela, en el propio currículo escolar, y luego es diversificado en todos los aspectos de la vida y en la televisión. Además es muy eficaz. Hay muchos profesores conservadores. A mí me invitan a hablar en televisión, pero nunca para hacerlo sobre estos temas, sobre todo porque lo hago desde una visión antipatriarcal, que es contraria a la visión dominante y oficial islámica.

¿Cómo se han organizado las mujeres? ¿Se puede hablar de algún tipo de resistencia?

Por supuesto, a partir de los años ochenta mujeres militantes de partidos de izquierda empezaron a organizarse, porque ni en sus propios partidos veían sus aspiraciones canalizadas, eran marginadas. A partir de 1985 fundaron su propio movimiento y nacieron dos organizaciones feministas que obtuvieron las primeras conquistas tímidas en 1993 con Hassan II. En 1999 hubo una segunda oleada de logros de la mano del gobierno de izquierdas, que lo era por primera vez en la historia de Marruecos. Hubo un alzamiento popular en Casablanca de rechazo a esas mejoras y tuvo que intervenir el rey Mohamed VI. Se formó una comisión que diseñó un nuevo código de familia gracias a la presión feminista. Se consiguió que la familia fuera definida como un espacio de cooperación entre marido y mujer y no como algo que emana de un amo; la noción de obediencia desapareció. Se hizo una lectura diferente del texto coránico, fue una conciliación entre feminismo moderno e islam, una relectura. Aunque no pocos jueces y legisladores tradicionales se opusieron claramente y le han plantado cara.

El matrimonio no pasa por su mejor momento en el mundo occidental, sin embargo en Marruecos sigue siendo muy importante.

Es la norma. Para estar integrado socialmente y ser reconocido hay que casarse. Si un hombre se queda soltero, se convierte en sospechoso y, en el caso de la mujer, es una deshonra. Según el censo nacional de 2014, la media de edad a la que se contrae matrimonio es de veintidós seis años para las mujeres y treinta y uno para los hombres. El hecho de tener que esperar tanto antes de poderse casar hace que algunas personas tengan relaciones sexuales antes del matrimonio, pero se tienen a escondidas, porque según el Código penal marroquí es un delito que conlleva pena de prisión. Encuestas recientes muestran que el sexo comienza antes del matrimonio. Las chicas tienen sus primeras relaciones a los diecisiete años y los chicos, un año antes, normalmente con prostitutas. La diferencia entre la edad en la que comienza la sexualidad y la edad del matrimonio es una evidencia de que existen prácticas sexuales prematrimoniales. Esta sexualidad se oculta porque es ilegal según el Código penal, que la considera una perversión, y porque la prohíbe la sharía, que la considera fornicación.

Ni los moros son malos ni muchas veces moros

¿Alguna vez te has preguntado cómo son los marroquíes? . Voy a tratar de mostrároslo desde nuestra propia experiencia.

Pero antes cabe aclarar que existe un gran desconocimiento de algunos términos como: árabe, musulmán, moro…

Marruecos es un país musulmán – religión del islam- . Mucha de su población musulmana es árabe – grupo procedente de la península árabe – y otro gran grupo es bereber – habitantes del norte de África desde la antigüedad –.

La palabra moro proviene de la época romana para referirse a la población del norte de África – zona conocida por los romanos como Mauretania– . Entre esta población (moros) se encontraban los bereberes, pero no la población árabe, que llegó siglos más tarde al norte de África. Tras su llegada, el pueblo bereber se convirtió al islam y desde España se comenzó a utilizar la palabra moro – de la palabra latina maurus, usada por los romanos – para referirse a cualquier persona musulmana, independientemente de si eran bereberes, árabes o convertidos al islam.

La denominación de moro, hoy en día, sigue siendo usada para referirse a cualquier persona musulmana, muchas veces de una manera despectiva, además de incorrecta.

Después de explicar la segunda parte del título de este post, paso a explicaros el porqué de la primera parte “Los ‘moros’ no son malos” , contado desde una experiencia humana que vivimos en Meknes y que hizo que nos fuéramos de esta ciudad con un gran sabor de boca. Esperamos que, al terminar de leer esta historia, os hagáis una ligera idea de cómo son los marroquíes.

Sugerencia

Una vez que termines de leer este artículo, puede que te interese conocer más sobre Marruecos.

Giacomo Casanova

“El hombre debe primero aprender a leer, y después viajar para poder rectificar.”

Hoy, no sólo me he llevado de Meknes esta pulsera de recuerdo. Si es de plata o no, es lo de menos… Para mí es un regalo que guardaré siempre con mucho cariño.

El día comenzaba siendo frío. No teníamos mucha idea de lo que Meknes nos tenía preparado, y ni mucho menos de que la visita a la ciudad iba a pasar a un segundo plano.

Tras ver su zoco, su plaza principal, una madraza y el mausoleo, la ruta monumental se vio interrumpida para dar paso a un tour que no aparece ni en blogs ni en ninguna guía. Un tour privado cargado de sentimientos, experiencias, vivencias y emociones que me hicieron saltar el vello de punta, tanto que casi podría decir que me torné lampiña.

Al salir del mausoleo, buscando una sombra para huir de aquel sol abrasador que había querido dar tregua a esa mañana fría, quisimos adentrarnos en un barrio que parecía ser de lo más humilde, y salirnos un poco de las calles más turísticas, ver un poco el corazón y la esencia de la gente de Meknes. Puestos de fruta, peluquerías, pequeños sitios donde comer, kioscos, niños jugando… David y yo somos así, nos gusta salirnos del camino e improvisar.

Foto que deja claro cómo son los marroquíes

David, cámara en mano, se detuvo a grabar a un grupo de chicos que jugaban con un balón. No creáis que se sintieron intimidados, no, sino todo lo contrario. Pusieron mucho más esmero en hacer piruetas, toques de balón, regates… todo ello para demostrar su talento. Me fijé en uno de ellos, tocaba el balón como si formase parte de su cuerpo, un anexo más. Pronto se hizo un corrillo a su alrededor, aplausos y risas le animaban a continuar, se notaba que estaba en su salsa. Todos nos decían que él era el mejor.

En cuestión de minutos no pude evitar preguntarme a mi misma, ¿y si hubiera nacido este chico en otro barrio?, ¿Y si hubiera nacido en otro lugar con más oportunidades? Estoy segura de que cualquier equipo importante le habría echado el ojo… pero mira… ¡son todo felicidad! y de repente… ¡zas! un balonazo en mi cabeza me hizo despertar, “ohh mis gafas de sol se han roto”. Muy apurados, todos, me pidieron disculpas, pero no le di importancia. Pronto se acercó uno de los chicos que había estado animando el corrillo. Llevaba una bolsa con compra. Nos hizo un gesto para que le acompañásemos, quería arreglar las gafas.

Era un chico muy alto y delgado, con una sonrisa tímida que a la vez irradiaba felicidad e ilusión. David y yo nos miramos, no hizo falta que nos preguntásemos qué hacer. Nuestros pies comenzaron a caminar tras él. Callejeamos como unos cinco minutos, en los cuales, con un francés algo pobre, pudimos presentarnos. Su nombre era Zacarias. Nos dijo que él no era un gran jugador de fútbol, pero que tenía algo que mostrarnos, su familia, de la cual se sentía muy orgulloso.

Una vez en la puerta de su casa, nuestras miradas se volvieron a cruzar, y esa vez sí que nos preguntamos: -” ¿qué hacemos?” A lo que los dos, casi al unísono, dijimos -“venga vamos, entremos…”

Una planta, otra y otra, en la que allí, justamente enfrente, se encontraban tres mujeres comiendo algo parecido a lentejas y pan. Su gesto era de asombro, casi de miedo diría yo. Antes de que todas ellas se sincopasen, Zacarias les avisó. -“Mamá, aquí os traigo dos invitados. Son españoles y quiero mostrarles como es la cultura marroquí.” La madre comenzó a organizar la fiesta. Pusieron sobre la mesa refrescos. Zacarias fue al altillo, estuvo ausente como diez minutos, bajaba con un instrumento que habíamos escuchado tocar antes en Fez, pero que nunca habíamos visto desde tan cerca, un Guemri. No convencido de cómo sonaba, llamó por teléfono a un vecino para que le dejase prestado el suyo, que sonaba mucho mejor.

Comenzó un concierto de música, típico familiar marroquí. El estilo musical era Gnawa; palmas, risas… no pude evitar emocionarme. La madre, al ver lagrimas en mis ojos, me dio un abrazo muy especial, un abrazo de esos que te transmiten energía positiva y que dicen mucho más que un millón de palabras juntas. Nos sentíamos afortunados de poder intercambiar impresiones con gente de otra cultura, cultura que tenemos tan cerca y que desconocemos tanto…

¿Os vais haciendo una idea de cómo son los marroquíes?. Esta familia es árabe – que no moros – , marroquíes, humildes, trabajadores, cariñosos y encantadores. Esta familia explica a la perfección cómo son los marroquíes.

La madre es Fátima Zahae, mujer maternal donde las haya y preocupada por sus hijos. Es madre de dos mujeres y tres varones: el mayor, y nuestro anfitrión, es Zacarías, trabaja en una panadería; Yaunesse es quien toca el Guemri y trabaja en un taller pintando carrocerías; Medhi, el pequeño, también es panadero; Widad, la hermana menor, es ama de casa, y Majida, con quien nos entendemos mejor, es la la mayor de las mujeres; chica dulce y tierna de 21 años, estudiante de derecho que habla algo de español, inglés y francés. Es ella la que hace de intérprete. Y es ya desde ese día una buena amiga con la que sigo teniendo contacto por las redes sociales.

Miramos el reloj, nos teníamos que marchar para coger el tren, dirección Fez. Fátima y todos querían que regresásemos el viernes para comer cuscús todos juntos, ¡qué pena!, nuestro itinerario no nos lo hacia posible. Antes de marcharnos, Majida y Widad me pusieron una pulsera en mi muñeca. Yo no dudé en quitarme mis pendientes de mariposa y regalárselos también.

Majida nos acompañó hasta la plaza principal de Meknes para fundirnos allí en un abrazo de agradecimiento y felicidad por los momentos vividos. Ahora entiendo por qué David ha estado cuatro veces en Marruecos…

Espero no perder el contacto con ellos. El día de mañana, si tengo hijos, quiero volver a este país y visitar a esta gran familia para mostrarles a mis pequeños que fuera de nuestras fronteras también hay gente buena, personas que lo da todo sin esperar nada a cambio.

Me siento afortunada, ¡Sí! ya lo sabía, pero ahora aun más. He podido comprobar de primera mano que viajar es bueno, viajar te enriquece y te hace expulsar una cantidad de endorfinas peligrosas que una vez que las pruebas quieres más y más, las “endorfinas de la Felicidad”.

Existen valores que no sólo se enseñan… se aprenden sintiéndolos . Ese día me sirvió para reafirmar que no hay nada peor que vivir en nuestra propia ignorancia, en tener prejuicios sin contrastar antes dichas auto-afirmaciones.

Los moros árabes marroquíes , bueno… lo que sea, no son mejores ni peores, son simplemente como nosotros. Una etnia o cultura no es sinónimo de ser mejor o peor, somos todos de carne y hueso, tenemos ojos, piel, sistema nervioso central y sobre todo corazón.

Para mí, sin dudarlo, Marruecos, que tan cerca está y que a su vez es tan diferente, ha sido y será un país para no olvidar. Y creo que puedo afirmar que sé, de primera mano, “cómo son los marroquíes”, o al menos, los que he podido conocer.

A continuación os dejamos el programa de radio que realizamos sobre Marruecos en Radio Viajera:

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Poliamor en Marruecos (solo para hombres): «Exijo no ser considerada una puta»

06/04/2019 05:00 – Actualizado: 07/04/2019 20:52

Entre los musulmanes, la poligamia solo está permitida para los hombres. Pero las mujeres marroquíes también quieren gozar de este derecho. O, la abolición definitiva de este privilegio para los hombres. Una opción o la otra. Si no está mal visto que los hombres sean, de un modo y otro, polígamos, infieles o poliamorosos… ¿por qué ellas tiene que llegar vírgenes al matrimonio y “reservarse” para un solo hombre? Si no, adjetivo al canto: p-u-t-a.

Mujeres y hombres de Marruecos imaginan que podría pasar en el país gobernado por los islamistas, si ellas reivindicaran su derecho a ser polígamas y plantearan a sus maridos relaciones abiertas y relaciones de poliamor.

¿Es posible que esto suceda a corto plazo en Marruecos? De ningún modo. Pero El Confidencial, con testimonios de hombres y mujeres marroquíes, ha jugado a vaticinar un hipotético mundo al revés en el que son las mujeres las que plantean a sus esposos introducir un segundo marido o un amante en la relación, hasta ese momento monógama.

-¿Te gustaría decirle a tu marido que te has encaprichado o enamorado de otro hombre, que le quieres de igual manera que a él, pero que no puedes renunciar a ninguno de los dos?

-Claro, cómo no. Pero tal y como está contemplada la sociedad marroquí actual es impensable.

-Lo sé, pero intenta imaginártelo. ¿Cómo sería?

-Pues en el caso de que los hombres nos permitieran llegar a este punto… Me lo quiero imaginar precioso y maravilloso. Dos hombres a los que quiero mucho, por igual, conmigo. En perfecta armonía. Que se lleven bien el uno con el otro. Risas, conversaciones interesantes entre los tres. Cada uno de buena gana con los hijos del otro. Juegos, música. Risas. Pero lo cierto es que hasta que la mujer no tenga independencia económica y no este bien considerada cultural y socialmente es imposible que esto suceda de tal forma. La realidad sería bien distinta de cómo me lo estoy imaginando… Todos los días cocinando y lavando la ropa de dos hombres. O tres. ¡Imagínate! Y de cada uno de nuestros hijos. Ama de casa. De dos hombres. Dos dan más trabajo que uno. Además, creo que ni si quiera harían el esfuerzo que hacen las mujeres en los matrimonio polígamos por convivir y llevarse bien entre ellas. Sería un desastre.

La que habla es Khadiya. Tiene 35 años. Está casada con un hombre mayor que ella y tiene dos hijos. Ella trabaja a media jornada en una librería. Es abierta de mente y culta. Y, además, tiene razón: para empezar a plantearnos que las mujeres puedan tener relaciones sexuales y afectivas con varios hombres a la vez o, simplemente, enlazando relaciones, una después de otra, habría que empezar por reconocer su posición en la esfera económica y laboral. Mientras tanto, seguirán dependiendo de los hombres y aceptando las proposiciones de su marido a casarse con una segunda, tercera o cuarta esposa.

En el año 2004 se reformó la Mudawana, el Código de la Familia marroquí. Y se empezó a regularizar la poligamia, por orden expresa de Mohamed VI, quien siempre ha rechazado practicar la poligamia aunque su padre, el rey Hassan II, tuvo cuatro mujeres. En esa reforma, se introdujo por primera vez la obligación de tener que pedir permiso a la primera mujer para casarse por segunda vez. Una vez se consigue esta primera autorización, la decisión definitiva la dictamina un juez de familia, dependiendo de tus ingresos económicos, etc. Pero aún así, este permiso -el de la primera mujer- no es del todo real, “ya que las mujeres están en desigualdad de condiciones económicas y sociales”, tal y como expone la activista feminista Omnia Nur, una de las impulsoras del 20-F, la primavera árabe marroquí.

El psicólogo Reda Mhasni, psicoanalista experto en temas de crisis de parejas, matrimonios y divorcios, está de acuerdo con ella. Explica que en la mayoría de las casos, cuando la primera mujer se niega, inmediatamente al día siguiente, tiene una petición de divorcio. Por lo tanto, “esa decisión, la mujer no la está tomando con una capacidad de decisión plenamente libre, sino influenciada por su dependencia económica, social y afectiva del hombre”, añade Mhasni. Y además, hay una serie de resquicios legales, que te permite casarte con la segunda esposa incluso no teniendo el consentimiento de la primera. “Muchos se dan de alta como solteros en el registro de otra área o zona, ya que todos estos registro funcionan de manera territorial, y se casa con otra mujer esa misma zona donde previamente se ha registrado como soltero”, continúa.

¿Quién es polígamo de verdad?

Con todo, la poligamia es una práctica minoritaria en Marruecos. Una encuesta realizada recientemente estimó que el 44% de los marroquíes está a favor de la poligamia. Siempre y cuando puedan permitírsela económicamente. Sin embargo, solo el 0,26% de los matrimonios registrados son polígamos, según datos expuestos en “Regards sur le droit de la famille dans les pays du Maghreb” y confirmados por el Ministerio de Justicia marroquí. Cada año se celebran entre 800 y 900 matrimonios. Desde 2013 no hay cifras oficiales, pero ese año se produjeron, exactamente, 787 casos. Sobre todo en hombres con alto poder adquisitivo. Solo el 3% de estos matrimonios se producen en familias más pobres.

No es una cifra muy elevada en comparación a la totalidad de los enlaces matrimoniales que se producen en el reino alauí en un año, pero, “alta de igual modo teniendo en cuenta el daño que produce en las mujeres”. Tal y cómo expone el psicólogo clínico y terapeuta Mhasni, los celos y las situaciones de presión a las que están sometidas estas mujeres son muy perjudiciales para su equilibrio mental y su bienestar. “La psicología clínica nos enseña que los celos no son patológicos en sí mismo, pero la poligamia musulmana niega el derecho a los celos y a determinados malestares que la convivencia con otra mujer, en la misma casa, en total situación de inferioridad respecto al hombre provocan”, desarrolla Mhasni.

Utópica locura colectiva

– “¿Pero qué dices? ¿Que tengamos las mujeres cuatro esposos? Tú estás loca. Loca, loca”.

– Imagínate un mundo al revés en el que seas tú la que vas a trabajar y cuando llegas del trabajo tienes a tres o cuatro hombres en casa esperándote. Y tienes que repartir tu tiempo entre ellos. Cada noche dormir con uno, tener hijos con cada uno de ellos.

Fatna, de 50 años, se lleva las manos a la cabeza. No puede evitar soltar una sonrisilla tímida e inocente cuando le hago la proposición. Alucina. Como si estuviera oyendo que un ovni va a venir a recogerla a Rabat, donde vive, para llevársela a otro planeta. “Eso no puede ser. El Corán especifica que solo los hombres pueden tener cuatro mujeres. Además, yo no sabría qué hacer con tantos hombres en casa. Sí estoy acostumbrada a estar sola, con mi hija, ¿cómo pasar de estar sola a estar con cuatro hombres a la vez? A lo mejor se aliarían entre ellos y a mi no me harían ni caso. Solo para trabajar para ellos en la casa. O, a lo mejor, estarían todo el día bebiendo, de pelea y bronca. O saliendo con otras mujeres. No, no. Ni en bromas. Estoy mejor sola”, concluye Fatna, divorciada y madre soltera de una hija de 12 años. Su ex le puso la mano encima en más de una ocasión. Consiguió separarse y, desde entonces, no quiere ni oír hablar nada de volver a convivir ni casarse con un hombre. ¡Menos con dos o con cuatro!

Manifestación feminista en Marruecos. (EFE)

Por su parte, Facial, un joven de 32 años, tras muchos esfuerzos por imaginarse esa situación, no puede hacerlo. “Si ellas se empiezan a organizar para conseguir ser polígamas o demandar abiertamente tener amantes acabarían mal. Es impensable. No pueden plantearlo. Va en contra del Islam, tendrían que reinterpretar el Corán y no creo que los islamistas se lo permitieran nunca. Jamás”, se alarma.

Según Omnia Nur, los islamistas y el Partido Justicia y Desarrollo (PJD), también islamista, jamás consentiría que las sociedad marroquí se cuestionara el Corán ni el Islam. Ni en esta materia ni en ninguna otra. “Saben que si empezamos a cuestionarnos el islam, a partir de ahí podríamos empezar a cuestionar y poner en duda cualquier cosa. El conformismo en el que se basa la sociedad marroquí explotaría. No les interesa que esto ocurra, porque se verían perjudicados en muchas otras cosas sobre las que está construida la política y la sociedad marroquí. Es más fácil pensar si así lo quiere Dios, pues así tendrá que ser. Casi todas las voces que pelean sobre este tema en Marruecos, lo hacen desde el anonimato”, explica Nur.

Precisamente esa reinterpretación del Corán es por lo que apuestan las feministas islámicas. Muchos consejos de sabios, miles de consejos sabios, por los siglos de los siglos, han hecho las interpretaciones del Corán que consideraban pertinentes, todas favorables a los derechos y privilegios de los hombres. Las feministas musulmanas exigen una reinterpretación del Corán hecha por mujeres. Para ellas lo que es machista no es el Islam, si no las interpretaciones que se han hecho del texto sagrado. “¡Cómo vamos a tener las mujeres varios maridos, nunca se sabría de qué hombre es cada hijo!”, argumentan.

Doble moral

El sociólogo experto en sexualidad, Abdessamad Dialmy, escritor de una bibliografía extensa de más de una veintena de ensayos sobre sexo y género en el islam, expone que para hablar de poligamia deberíamos empezar hablando de la liberación de las relaciones sexuales consentidas entre adultos. En su opinión, es imposible imaginarse un mundo en el que las mujeres puedan practicar el poliamor si no se permiten las relaciones sexuales consentidas entre adultos y se deja a un lado la falsa moral de vivir la sexualidad en el anonimato y a escondidas. Con todo lo que esto conlleva: sexo anal que provoca mayor índice de sida en los jóvenes marroquíes, peligrosos abortos clandestinos, hímenes falsos en la noche de bodas… Y esta doble moral afecta mucho más a las mujeres que a lo hombres.

“Que los hombres tengan más relaciones sexuales, sean infieles y practiquen sexo con amantes siempre ha estado bien visto. En cambio, si lo hace una mujer es considerada una puta. Esto viene desde la época de la esclavitud porque a los señores se les permitía tener relaciones sexuales con su mujer y la concubina. La esclavitud en Marruecos se prohibió en 1926 y la marcha final de los esclavos en 1940, pero este pensamiento colectivo sigue prevaleciendo”, explica Dialmy.

Y eso es precisamente lo que quiere Fadoua. “A mí me da igual que me dejen casarme con 4 hombres o no. Prefiero empezar por acostarme con los hombres que me dé la gana y no tener que ocultarlo para que no me llamen puta y me señalen por la calle, en el mejor de los casos. O ir a la cárcel, en el peor. Exijo mi derecho a dejar de ser considerada una puta por acostarme con los hombres que me de la gana”, explica a El Confidencial. Pero es que aparte de esa carga moral de ser señalada como una puta, como una mujer no deseable, con la que nadie va a querer casarse, simplemente porque ha estado con varios hombres, es que es ilegal. Y esta ilegalidad de las relaciones sexuales entre personas adultas fuera del matrimonio da lugar a muchísimos chantajes y situaciones que no hacen sino que aumentar la situación de desventaja de la mujer, según reconoce el psicólogo matrimonial Mhasni.

Según su punto de vista, la mujer está considerada como una propiedad privada. Por eso ella nunca va a poder estar en posesión de dos, tres o cuatro hombres. Ellas “carecen de individualización, educación, capacidad crítica y medios alternativos para enfrentarse a todo esto”. De hecho, de las mujeres que defienden todas estas prácticas patriarcales, Mhasni dice que sufren “un síndrome de Estocolmo respecto a su marido y, de esa manera, defienden los mismos fantasmas que el hombre”.

En el otro extremo, y como un rara avis, están los jóvenes marroquíes que llevan relaciones abiertas. Los pocos que existen lo llevan completamente en secreto. Jamás podrán hablar a sus familiares ni a nadie de su entorno sobre esa realidad. “Si mi madre no me dejaba ni ponerme un tampón, hasta que no estuviera casada… cómo le voy a contar que tengo una relación abierta con un chico”, exclama una joven marroquí menor de 30 años que no quiere desvelar su identidad. “Fui yo la que se lo plantee a mi chico después de mi estancia en Europa y él alucino, pero le hice entender ciertos factores que eran beneficiosos para la relación y acepto. Aunque se que esto no es muy normal en este país”, sigue explicando.

“Mejor una esposa que una amante”

Aunque cada vez la poligamia musulmana sea una práctica menos común, es entre los islamistas dónde más se practica. “Una esposa sale más barata que una amante. La esposa siempre busca ahorrar el dinero de su marido y de sus hijos, mientras que la amante quiere sacarte todo el dinero”, decía entre risas el ex primer ministro, Abdelilah Benkiranne, en una reunión con dirigentes islamistas. “El hombre que no diga desear la poligamia, miente”, expresó también en una entrevista con una revista saudí. En la que seguía explicando que él no práctica la poligamia por el amor que siente por su mujer.

Por otro lado, el actual Ministro de Derecho Humanos, Mustafa Ramid, que ha calificado en más de una ocasión de ‘basura’ a los gays, también es polígamo. Ramid fue, a su vez, el impulsor de un Código Penal que aumentaba las penas de prisión para las relaciones sexuales fuera del matrimonio entre personas adultas. Otro ministro, el de Empleo, también protagonizó un escándalo de poligamia con su fisioterapeuta, 30 años más joven que él. El ministro le pidió matrimonio, pero su primera esposa se opuso.

“Todo esto nos da una idea acerca de lo socialmente aceptada que están las relaciones polígamas y las infidelidades entre los hombres. Y lo instaurado que está el islam político en la sociedad marroquí. Mientras sigamos la línea del islam político es imposible pretender hacer ningún cambio social en contra del patriarcado y apostar por la libertad sexual de las mujeres”, concluye Mhadi.

El miedo de los islamistas

Para Omnia Nur, la revolución feminista hacia la libertad sexual tiene que empezar en el interior de cada uno. Según sus palabras, la revolución del 20 de febrero falló precisamente por esto, porque no estaban preparados a nivel individual. Buscar ahora mismo una alianza entre mujeres para reclamar relaciones de poliamor es prácticamente imposible. Quizá dentro de unos años, si cada uno ha hecho el esfuerzo necesario y se ha educado a las nuevas generaciones como es debido, no estarán tan cerca de conseguirlo, según Nur.

Mhadi añade: “Esto del mundo al revés en cuanto a la poligamia o la libertad poliamorosa de las mujeres no es tan descabellado. Al fin y al cabo es de lo que tienen miedo los islamistas. Piensan: vamos a protegernos y ampararnos en leyes que nos protejan que si no ellas conseguirán los mismos privilegios que nosotros”.

«Fue absolutamente horrible»: las mujeres a las que la noche de bodas les arruinó sus matrimonios

Derechos de autor de la imagen Getty Images Image caption Las pruebas de virginidad femenina son una costumbre antigua, y los motivos para llevarlas a cabo y los métodos de inspección difieren de una sociedad a otra.

Para algunas personas la noche de bodas es inolvidable por las razones equivocadas.

El servicio árabe de la BBC habló con mujeres de distintas edades y clases sociales, que viven en países árabes y musulmanes, sobre el impacto de la noche de bodas en sus matrimonios y cómo les afectó la falta de una educación sexual.

Estos son los testimonios de cuatro de ellas, cuyos nombres fueron cambiados a pedido suyo.

Manchas de sangre

Somayya tuvo que enfrentarse asu familia para poder casarse con Ibrahim, el hombre al que amaba.

La joven estaba estudiando literatura árabe en la Universidad de Damasco, en Siria, y su futuro marido le había prometido que nada se interpondría con su graduación.

Todo parecía de ensueño. Somayya había apostado por el amor y el apoyo de Ibrahim. Pero la noche de bodas fue su primera decepción.

Su nuevo esposo, «con impaciencia» y sin darle ni un momento para «recuperar el aliento», se dispuso a penetrarla «tan pronto como pudo», alegando que su amor por ella justificaba su ímpetu, cuenta Somayya, de 23 años.

«Fui cooperativa», dice, «y a pesar de mi agotamiento, cumplí».

Cualquier rastro de romanticismo terminó de desaparecer cuando la cara de él se transformó. «No hay manchas de sangre», le dijo.

Ella de inmediato entendió lo que su marido estaba sugiriendo: que no era virgen, tal como se espera de las recién casadas en muchos países árabes y musulmanes.

Y si bien muchas mujeres sangran en cantidades variables tras la ruptura del himen, de acuerdo con doctores y expertos, no es algo que ocurra en todos los casos.

Además, mientras que algunos hímenes son tan delicados que se rompen sin sangrar, otros solo pueden ser penetrados quirúrgicamente; algunas niñas nacen sin esa membrana o se les rompe accidentalmente como resultado de una lesión.

Al describir la reacción de su esposo, Somayya dice: «Su mirada se me clavaba como una daga en el pecho. Me mató sin saberlo».

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«Ni siquiera intentó hablar conmigo. Me sentí abandonada, como si fuera un sospechoso en espera de juicio», cuenta.

«Antes del matrimonio, habíamos hablado de muchas cosas», agrega, «incluso de nuestra noche de bodas, la que se suponía sería la mejor noche de nuestras vidas».

«Pensamos que sabíamos mucho el uno del otro, pero todo se derrumbó cuando no surgió ninguna ‘señal de virginidad'».

El día después

Aunque este tipo de incidentes son comunes en su sociedad, Somayya no esperaba vivirlo.

Asumió que las actitudes y opiniones de los hombres jóvenes habían cambiado respecto a la generación de sus abuelos, especialmente porque su prometido era un intelectual, de mentalidad abierta y educación universitaria.

Al día siguiente él le sugirió visitar a un médico para confirmar su virginidad.

Ella se quedó estupefacta.

Las pruebas de virginidad femenina son una costumbre antigua, y los motivos para llevarlas a cabo y los métodos de inspección difieren de una sociedad a otra.

En las familias más conservadoras no es raro celebrar la virginidad de la novia en su noche de bodas, mostrando a las familias de los novios las sábanas ensangrentadas.

Pero eso es algo que se puede lograr incluso si la novia ya tuvo relaciones sexuales antes.

Es relativamente fácil «volver a coser» el himen quirúrgicamente.

Incluso existen hímenes artificiales hechos en China, prótesis que aparentan ser una membrana intacta y liberan un líquido rojo que parece sangre cuando se someten a presión.

Y es que hay lugares en los que una mujer, ante la sospecha de que no llegó virgen al casamiento, puede ser asesinada en nombre del «honor».

Tradicional y sumisa

Al visitar a un ginecólogo al día siguiente, Somayya descubrió que su himen era grueso y le dijeron que solo se rompería si daba a luz de forma natural.

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Su esposo respiró aliviado y una sonrisa se dibujó en su rostro, pero ya era demasiado tarde. Somayya estaba decidida a divorciarse.

«Mi esposo se convirtió en un extraño para mí», explica.

«No podía predecir qué iba a hacer. Todo era posible. Ya no podía confiar en alguien que deshizo una relación de varios años en cuestión de segundos».

Después de una breve pausa, agrega: «No sé describir cómo me sentí tras aquello, pero no podía soportar vivir con él después de que redujo todo mi ser a un membrana inútil. Soy un ser humano, no solo tejido membranal».

Desde ese día, el bienestar psicológico de Somayya se fue deteriorado. Empezó a rechazar visitas y evitar salir.

Sentía que estaba jugando el tradicional rol de género, donde la esposa es sumisa e indefensa.

Durante los siguientes tres meses, tuvo relaciones sexuales con él varias veces. «Cuando me penetraba, la repulsión se apoderaba de mí», cuenta.

«No lo quería y no sentía nada en absoluto. Mi pasión se había extinguido aquella noche», reconoce.

«Simplemente esperaba a que terminara y me dejara en paz. Tener sexo con él se sentía sucio y fraudulento, porque era como un deber, una tarea que tenía que realizar, en lugar de un acto de amor».

Sin divorcio

Unos meses más tarde, Somayya habló con su esposo sobre su deseo de terminar con el matrimonio, diciendo que no había forma de revertir su decisión porque temía por su vida y porque ya no le quedaba amor ni pasión después de esa fatídica primera noche.

También le explicó que su sospecha «insensible» la había ofendido y degradado.

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«Él estaba en shock, porque se sentía que, como hombre, tenía derecho a cuestionar si su esposa había tenido relaciones sexuales o no», cuenta.

«Me dijo que no se divorciaría mientras viviera y me aconsejó que pensara en mi ‘comportamiento rebelde’ con cuidado, ya que me iba a llevar al ‘arrepentimiento y remordimiento'».

«Nuestra sociedad tiene un doble estándar», dice Somayya.

«Las hazañas sexuales de los hombres son reconocidas e incluso alabadas, pero cuando se trata de las mujeres, ese comportamiento es motivo de rechazo social y, a veces, se castiga con la muerte», reclama.

«Mi marido era uno de esos hombres, jactándose a las risas con sus amigos sobre su historial sexual, pero poniéndose furioso si yo hacía una broma sutil».

Después de que su familia se negara a apoyarla para conseguir el divorcio, describiendo su razonamiento como «mezquino y trivial», Somayya dejó Siria en junio pasado y se dirigió a Europa.

El dolor 20 años después

Jumanah, de 45 años, vivió toda su vida en Alepo, Siria, hasta 2016, cuando se mudó a Bruselas, Bélgica.

«Tenía 19 años cuando mi padre decidió que debía casarme con mi primo en contra de mi voluntad», le cuenta a la BBC.

«No lo quería, pero me incitaron a creer que él era la persona adecuada para mí y que en algún momento me acostumbraría a él. ‘El amor vendrá más tarde’, me dijeron».

Jumanah recuerda su noche de bodas vívidamente y con un dolor palpable, como si acabara de suceder.

«Cerró la puerta y dijo que debíamos darnos prisa, ya que los ancianos de la familia esperaban la verificación».

«Fue absolutamente horrible», dice ella. «Mi esposo no me habló, pero se dedicó a terminar su tarea sin molestarse en hablarme mientras yo temblaba de miedo y repulsión».

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«A pesar de mi dolor físico y angustia emocional, la única preocupación de mi esposo era esa mancha de sangre», prosigue.

«No sangré esa noche, así que mi esposo rompió el silencio gritándome: ‘¡No hay sangre!’. Y desató un aluvión de improperios que no puedo repetir. Sus ojos eran como carbones ardiendo».

Durante una hora más o menos se sintió atrapada por el miedo. Quedó atónita e incapaz de pronunciar palabra.

En su caso, no esperaron hasta la mañana: esa misma noche la llevaron a un ginecólogo que confirmó su virginidad.

«Recuerdo al doctor consolándome como si fuera mi padre», cuenta, «y regañando a mi esposo por lo que hizo».

Jumanah se vio obligada a vivir con su esposo, quien públicamente la ridiculizó, porque su familia y amigos no la apoyaron en su deseo de separarse, ni esa noche ni durante 20 años de conflictos matrimoniales.

Cirugía de himen

Rozana llevaba cinco años comprometida cuando se separó.

«Confiaba en él y lo amaba mucho», cuenta. «Él insistía con tener sexo diciendo que técnicamente ya era su esposa. Un día me sometí a su insistencia y lo hice».

Seis meses después, sin embargo, las familias de ella y su prometido tuvieron un gran encontronazo y Rozana terminó separándose.

«En nuestra sociedad no se debate qué castigo se aplica por la pérdida de la virginidad», dice, agregando que puede llegar a ser la muerte.

«Afortunadamente una amiga me aconsejó que visitara a un ginecólogo discreto con el cual podía someterme a una cirugía de reparación de himen y ponerme uno fabricado en China».

«Sin esa cirugía menor habría muerto hace mucho tiempo», afirma.

Derechos de autor de la imagen Getty Images

Amina, quien proviene de una familia conservadora y pobre, sufrió una caída en la puerta del baño y sangró un poco.

Sin entender lo que había pasado, le contó a su madre, quien la llevó a un ginecólogo para que la revisara. Fue allí que descubrió que se había roto el himen.

«Ese día fue un calvario para mi madre. No sabía qué hacer», cuenta.

«Después de consultar a mis tres tías, reservamos una cita para la cirugía de reparación del himen», prosigue.

«Tales procedimientos se realizan en completo secreto, ya que están prohibidos en nuestro país y porque la mayoría de la gente no habría creído que había sufrido un accidente y habría puesto en duda mi virginidad por el resto de mi vida».

Pruebas de virginidad

En varios países árabes y musulmanes muchas mujeres son sometidas a pruebas de virginidad previas al matrimonio.

De pasarlas, la futura novia recibe un certificado que confirma su virginidad.

La organización Human Rights Watch (HRW) ha señalado a varios países donde se llevan a cabo estas dolorosas pruebas.

En general, son mujeres mayores las que realizan la inspección invasiva, que implica la inserción de dos dedos en la vagina para determinar si el himen está allí o no.

La práctica, generalizada en Medio Oriente y el norte de África, fue descrita por HRW en un informe publicado en 2014 como «una forma de violencia de género y discriminación inhumana contra las mujeres y una violación flagrante de los derechos humanos».

Un estudio realizado por la BBC reveló que en India, Afganistán, Bangladesh, Irán, Egipto, Jordania, Libia, Marruecos y Sudáfrica se llevan a cabo.

Y según el informe de HRW, Egipto, Marruecos, Jordania y Libia se encuentran entre los países donde la prueba de virginidad se practica más ampliamente.

En respuesta, las autoridades de Marruecos y Egipto negaron rotundamente el reclamo y reiteraron la ilegalidad de la práctica.

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Como su propio nombre indica, la cultura árabe nació en Arabia, una península situada entre el Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Esta importante ubicación fue rechaza, hasta el siglo VII, por los centros históricos de la zona, actuando únicamente como lugar de paso para comerciantes y viajeros. Siendo Yatrib y la Meca los puntos más significativos. A pesar de lo que muchos creen, los árabes no formaban un país, sino que se organizaban en tribus de costumbres y creencias propias. Con el paso del tiempo, todas ellas se unieron en una única religión predicada por el profeta Mahoma y que reconocía la existencia de un solo dios: Alá. Esta nueva doctrina es conocida como el Islam, que en árabe significa “sumisión a Dios”.

Con la llegada del Islam, los pueblos árabes se unieron de una vez por todas.

El Islam fue el encargado de aunar, por fin, al pueblo árabe. Lanzándolo después a una expansión militar de gran envergadura. Los califas y musulmanes se apoderaron, tras siglos de lucha, del norte de África, Siria, Palestina y el Imperio Persa, con Medina como capital de esta ya superpotencia. Después, llegó Marruecos y la Península Ibérica. Gracias a esta increíble expansión, la cultura árabe asimiló multitud de matices de todos los pueblos sometidos. Creando además su propia mentalidad y lenguaje.

Entre sus muchos inventos destacan la pólvora, el papel o la brújula. Así como algunas ciencias de suma importancia: la geografía, la astronomía o la medicina, entre otras. Todos estos datos, son reconocidos hoy en día por expertos en la materia. Sin embargo, existen aún algunos detalles de esta cultura que permanecen ocultos para la mayoría de nosotros. A continuación, 5 curiosidades de la cultura árabe que te sorprenderán.

Un idioma restringido…

El idioma árabe es el quinto idioma más hablado del mundo.

Todos los musulmanes comprenden y dominan el idioma árabe estándar. Sin embargo, este no se habla en la calle ni en lugares públicos. Solo es utilizado por las instituciones y medios de comunicación, como lengua en centros de enseñanza o para escribir cualquier documento de carácter administrativo.

… y muy rico

La lengua árabe posee una gran cantidad de vocabulario. Por ejemplo, la palabra ‘león’ incluye más de trescientos sinónimos, mientras que ‘amor’ cuenta con otros cincuenta. Aún así, estamos ante el quinto idioma más hablado del mundo y, detrás del latín, es también el que más ha influido en el castellano. Vocablos como azúcar, naranja, guitarra y ojalá proceden del árabe. Entre otros 4.000 términos españoles.

Muy educados

El saludo es una costumbre muy bien vista en la cultura árabe.

Los árabes saludan tanto a las personas que conocen, como a los extraños. De otro modo, esa indiferencia es considerada un completo agravio. De hecho, es muy común que este tipo de cortesía se realice también al entrar o salir de una habitación. Dicho saludo debe ser siempre: “La paz sea con vosotros”, aunque se esté en presencia de un solo individuo.

Cuidado con los zapatos

En la cultura árabe, los zapatos son considerados un objeto impuro. Tocar con esta prenda a otra persona se traduce en un insulto o desprecio hacia ella. Además, apuntar con la suela a alguien que se sitúe enfrente resulta también muy ofensivo. Si esto ocurre cuando estás sentado, la mejor opción es cruzar las piernas.

Modales islámicos

La mano izquierda no puede utilizarse para tocar la comida, pues se considera impura.

Los árabes nunca sirven y tocan los alimentos con la mano izquierda, esto se considera de mala educación. Tampoco está bien visto que los invitados cojan la comida que se encuentra más lejos de su asiento, sino la más cercana. Así todos los comensales estarán en igualdad de condiciones.

Emiratos Árabes Unidos (EAU) vuelve a encabezar este año las preferencias de los jóvenes árabes como modelo al que les gustaría que se pareciera su país (36%) y lugar preferido para vivir (35%), según la encuesta sobre Juventud Árabe de ASDA’A Burson-Marsteller. Dada la imagen de EAU, la elección parece proyectar un deseo de modernidad que se compadece mal con el hecho de que la mayoría de los hombres (hasta el 90% en algunos lugares) espera controlar a sus esposas, desde cómo se visten hasta con qué frecuencia mantienen relaciones sexuales, de acuerdo con un estudio de la ONU y Promundo.

Esta investigación, más amplia en el número de encuestados aunque limitada a cuatro países (Egipto, Líbano, Marruecos y los territorios palestinos), no se centra específicamente en los jóvenes, sino en las actitudes masculinas hacia la igualdad de género. Sin embargo, para sorpresa de muchos observadores, ha constatado que las nuevas generaciones son tan conservadoras o más que sus padres respecto a los derechos de la mujer.

Menos de la mitad de los entrevistados considera que las mujeres deben tener el mismo derecho a trabajar que los hombres. Aunque al menos una cuarta parte declara apoyar la igualdad para las mujeres, la mayoría opina que el cometido principal de estas es el hogar.

Lo que es aún más llamativo, las propias mujeres siguen apoyando los papeles tradicionales. Si bien más del 70% de las encuestadas defienden su derecho al trabajo, la mayoría está de acuerdo en que si este escasea, los hombres deben tener prioridad. Aquí, sin embargo, los autores han detectado un avance generacional. A diferencia de los jóvenes, las jóvenes son más abiertas que sus madres o abuelas.

Desde el primer Informe sobre Desarrollo Humano en el Mundo Árabe en 2002, los expertos de la ONU vienen advirtiendo del coste que la marginación de la mujer está teniendo para esta región geopolítica y el Banco Mundial ha cuantificado esas diferencias. EAU ha tomado nota de ese lastre y se ha embarcado en la promoción de sus ciudadanas.

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