0

Juego de la galleta

Cinco amigos y tres galletas con semen: mi primera vez en ‘el juego de la galleta’

Este artículo apareció originalmente en VICE MX.

«Hablando de juegos de adolescentes calientes, yo me sé uno bien bueno”, dijo uno de mis amigos. Fue así como, en una conversación casual, me enteré del famoso ‘juego de la galleta’. La mecánica es sencilla: un grupo de amigos se reúnen alrededor de una galleta —de preferencia con chispas de chocolate, según la tradición— y comienzan a masturbarse. A diferencia de una relación sexual de la vida adulta, donde venirse rápido es sinónimo de fracaso, aquí venirse de una significa triunfo. El primero que eyacula es declarado campeón y de esa forma se van asignando los lugares del podio, según vayan terminando. Por supuesto hay un gran perdedor: el que eyacula al final. Este recibirá como castigo comerse la galleta empapada por el semen del resto de los participantes.

Al enterarme de esta actividad tan sui generis sentí morbo y envidia. ¿Dónde estaban esos amigos calientes en mi pubertad? ¿Por qué con los míos lo más atrevido que hacíamos era esconder las mochilas de las niñas o ponerle apodos a los profesores? En fin. Como más vale tarde que nunca, me propuse reunir a mi propia liga de gente desinhibida dispuesta a entrarle al famoso juego. Y como no hay red social de levante más efectiva que Facebook —gracias, Mark Zuckerberg— publiqué el mensaje que dio pie a todo: «busco voluntarios para entrarle al juego de la galleta. Obviamente hombres y que sepan de lo que se trata».

Tarde más en publicarlo que en tener decenas de comentarios. Muchos de ellos voluntarios, otros que entraron a morbosear a ver quiénes se apuntaban, y los más despistados, a preguntar de qué se trataba el mentado juego. Y así fue como, después de un proceso de casting, me armé un escuadrón que prometía ponerse interesante. Lo siguiente fue crear un grupo de Whatsapp, al que nombré El Club de la Galleta, con el emoji de la galletita y toda la cosa. Ahí les informé cómo estaría la onda: nos veríamos en el Hotel Mazatlán, famoso sitio de folladera homosexual en la Ciudad de México, y ahí llevaríamos a cabo el desafío.

Al principio en el grupo de Whatsapp todos estaban algo tímidos. Sólo uno, aficionado al cruising (sexo en lugares públicos), empezó a dar más información y a mostrarse más abierto. Cliente asiduo del Maza —como también lo llaman cariñosamente sus parroquianos— nos dijo que lo mejor era llegar pasando las diez de la noche. Luego, al fin, otro amigo le puso sabor al caldo: «bueno, ya manden los packs, ¿no?» Digo, para ir entrando en ambiente». Y sonaba sensato: si ya nos íbamos a ver el pipí en un rato, ¿por qué no empezar de una vez? Así llegaron las primeras fotos de penes y entonces me sentí orgulloso: había hecho una muy buena selección de machos.

Por supuesto, el amigo que me informó del juego estaba entre los invitados. ¿Quería revivir viejas glorias, acaso? Entonces recordé, en un súbito flashback, cómo justo el día en que me contó del juego también confesó: «la verdad es que yo solo lo hacía para verle las vergas a mis amigos. Además, siempre perdía a propósito para comerme la galleta».

Cinco hombres encuerados, tres galletas Chokis

Al hotel Mazatlán llegamos en tandas. Los primeros, por supuesto, fuimos los dos organizadores. En teoría íbamos a ser siete, pero al final solo llegaron cinco. Y ya mi amigo me lo había advertido: «vas a ver cómo todos son bien hocicones y no falta el que se eche para atrás». Y dicho y hecho: uno quesque dejó el celular en casa, otro que ya no llegó porque “algo se le atravesó”. En fin, con un quinteto decidimos que estaba más que bien para ponernos a jugar.

Ya estando los cinco en la habitación, como si fuera el primer día de clases (¿alguien dijo regresiones a la adolescencia?) todos nos presentamos. Si ya nos íbamos a ver la herramienta, al menos teníamos que saludarnos como la gente, ¿no? Lo siguiente fue decidir cuál sería la ambientación: raro para un hotel de encuentros gays, en los canales porno solo había películas para heterosexuales. Ni modo, a conformarse con ver vaginas, vulvas y tetas, cosa que, al menos para cinco maricones, no sonaba precisamente inspirador.

Ya resuelto ese tema, pasamos a lo que nos ocupaba: ¿cómo pondríamos la galleta? Porque aunque el plan A era llevar una galleta grande, nos comió la logística y terminamos utilizando unas Chokis que compramos en la tiendita de la contraesquina del Mazatlán. Cuando vimos el tamaño de las galletas notamos que tendría su grado de complejidad atinarle, por lo que decidimos que si ya habíamos comprado un paquete completo, lo mejor sería poner 3, dispuestas sobre el empaque abierto. Eso haría más fácil dar en el blanco, en caso de que alguien no tuviera muy buena puntería.

Como ya no quedaba mucho más por hacer procedimos a lo importante: encuerarnos y ahora sí, comenzar la carrera contra el tiempo. El vencedor quedaría como el semental alfa, mientras que el gran perdedor acabaría engullendo la galleta con cubierta cremosa.

Tit, tac, tic, tac. ¡Y el gran perdedor es…!

Ya sin ropa, formando un semicírculo, empezamos a masturbarnos. Mi amigo, nada perdido, dijo: “¿cuándo voy a tener otra oportunidad así?” y se lanzó a romper la frágil capa de hielo que en algún momento tenía que colapsar: se dispuso a devorarnos la verga y a plantarnos los primeros besos. Ahí fue fue donde se reveló la gran diferencia entre jugar eso con los amigos y hacerlo entre gays declarados y calados. Mientras en la adolescencia el juego consistía en tener una excusa para verle el pene al compañero de al lado pero sin perder la virilidad (“sí te quiero ver el pene y en una de esas hasta me como tu semen, pero no vayas a creer que soy marica, ¿eh?”), aquí esas barreras simplemente no existían. Estábamos cinco cabrones en un cuarto de hotel metiéndonos mano, chupándonos los miembros, enroscando nuestras lenguas en una batalla múltiple.

Lo estaba gozando muchísimo, sí. Además los seleccioné a todos como me gustaban: con vello facial, bien dotados y con carnita de dónde agarrar. Un pinche buffet, para pronto. ¡¿ENTONCES POR QUÉ CARAJOS NO SE ME PARABA?! Luego entendí que yo estaba jugando en franca desventaja: mientras ellos no se conocían entre sí, yo sí los conocía a todos ellos, algunos de hecho eran amigos con los que nunca había contemplado la posibilidad de hacer nada sexual.

«Pável, concéntrate. Están guapetones, besan chido, maman rico. ¡Ponte pilas, chingado!» Nada. Al parecer mi verga estaba en huelga y a menos de que algo extraordinario ocurriera, yo iba a terminar comiéndome esa galleta. De pronto, echando por tierra mi pronóstico, mi amigo el que ya conocía el juego —el gran sonsacador—, comenzó a gemir: fue el primero en vaciar su semen encima de las tres galletas. Fuck, quedábamos cuatro en la contienda. No mucho tiempo después, un segundo lo lograba también, dejándonos a tres echándole ganas para no ser los perdedores.

Nos la jalábamos, nos besábamos entre nosotros. Decidí alejarme un poco, tendiéndome sobre la cama: tal vez si veía a los otros dos cómo se seguían besando y masturbando, mi lado voyeurista lograba al fin conseguir la erección. Sí, se veían riquísimos, pero mi miembro parecía dispuesto a no reaccionar. De repente me di casi por derrotado y exclamé: «ni modo, creo que vamos a tener que poner un límite de tiempo. ¿Les parecen cinco minutos? Los que no lo logremos en ese tiempo, tendremos que compartir las galletas». Los demás accedieron.

De repente, vino la iluminación: «güey, claro, si no estás lográndolo es porque son tus amigos, pero, ¡estás en un hotel lleno de hombres anónimos dispuestos a coger!» Y así, totalmente desnudo, me salí a deambular por los pasillos. Había varias puertas abiertas, hasta que vi a un tipo que me gustó. Sin decir nada me metí a su habitación y comenzamos a cachondear. Unos cuantos besos y listo, en tiempo récord ahí estaba la erección. Nos masturbamos mutuamente hasta que empecé a sentir los espasmos inequívocos que anuncian el orgasmo. Sin despedirme del pobre sujeto y corriendo otra vez encuerado por el pasillo, pero ahora con una erección, volví a entrar a la habitación del juego: ahí uno de los otros dos que quedaban estaba terminando. Yo era el cuarto en lograrlo y le di a esas galletas su última descarga de semen. El perdedor estaba designado.

«En mi defensa tengo que decir que me vine hace unas cuatro horas», pronunció mi amigo adicto al cruising, que resultó ser el vencido en la contienda. Sin más miramientos se comió una de las galletas, no sin antes posarme para la foto, pues el momento debía quedar inmortalizado para la posteridad. Ya fuera del juego y con la dignidad a salvo, sucumbí a la curiosidad de probar a lo que sabía y dije: «¿pues ya qué? Me chingo una». Así que tomé una de las galletas que quedaban y me la eché a la boca, con singular alegría.

Ese día conocí más a fondo a cuatro amigos que si bien ya me caían muy bien, ahora gracias a una galleta cremosa y a una travesura adolescente a destiempo, se forjó una especie de hermandad secreta. Algo ya había leído de que tener sexo fortalece la amistad, pero no había tenido oportunidad de comprobarlo hasta que esa noche besé, mamé y finalmente me comí el semen de cuatro cabrones a los que en definitiva ahora quiero más. Si usted, querido lector, gusta entrarle a esta actividad, basta decir que lo recomiendo ampliamente: se va a divertir y seguro es algo que recordará por el resto de su vida. ¡Bon appetit!

@PaveloRockstar

El vídeo del ‘juego de la galleta’ de un alto cargo del PP y C´s en Andalucía

Lejos de enmendar su error, Bautista vuelve a las andadas y publica una nueva grabación jugando a comerse una galleta en la terraza de un bar. “Sin audio queda fatal”, le advierte la mujer encargada de inmortalizar el momento. Advertencia de la que hizo caso omiso el delegado de Salud de Familias de la Junta de Andalucía en Málaga, quien acabó publicando el vídeo en su canal de Youtube bajo el siguiente titular: “Jajajjajajajajjj”.

En definitiva, se trata de un documento tan surrealista como las declaraciones que realizó a los 10 días de su nombramiento a puerta cerrada pero que se filtraron en las redes sociales. “Treinta y seis años y siete meses en el poder dan muchas facilidades para haber creado tramas muy difíciles de desliar por decirlo con una palabra educada. Cesar a ciertas personas significaría paralizar la sanidad durante muchos meses y no nos podemos permitir ese lujo ahora mismo”, afirmaba Bautista.

Bautista admitió su “torpeza” porque “pensaba que estaba rodeado de compañeros, pero algún compañero que no lo es tanto lo ha filtrado”.Bautista explica en esa conversación grabada su hoja de ruta: “Les vamos a poner al lado a un funcionarios que no sea del régimen anterior, o gente válida, o que esté evaluada en función de sus méritos y capacidades y cuando vayan cogiendo ritmo y vayan aprendiendo, los iremos relevando poco a poco”.

Solo con lápiz y papel

Llueve. No hay electricidad. ¡Se quedó sin batería tu PSP! La televisión está aburrida. No se puede salir. Puede ser que te pase alguna de estas cosas, o simplemente que quieras pasar una tarde tranquilo y sin muchos cables a tu alrededor. En ese caso, ponemos a tu disposición una tecnología que tal vez hayas olvidado. Lápiz y papel te pueden desafiar, entretener y hacer pensar como cualquier otro juego o juguete… ¿Lo dudas?
Tres en raya
También conocido como tatetí, dos jugadores se identifican como O y X. El tablero es un espacio de 3×3. Gana el que consigue tener tres de sus símbolos en línea horizontal, vertical o diagonal. ¿Sabías que el tres el raya perfecto es el que termina en empate?

Galleta
Se necesita una hoja cuadriculada, hasta cuatro personas. Cada jugador une dos puntos de la cuadrícula por turnos. Cuando alguien logra formar un cuadrito, escribe su inicial en él y gana ese punto. ¿Sabías que, según las matemáticas, la galleta es un juego imparcial? Sí, pues todos los jugadores tienen las mismas oportunidades de ganar.

Batalla naval (1900)
Dos jugadores, cada uno con su tablero de 10×10 casillas, distribuyen sus naves de manera que el oponente no las vea. Casilla a casilla, uno debe adivinar dónde están las naves del otro y hundirlas. ¿Sabías que la batalla naval te deja tener un portaaviones, buque de guerra, submarino, bote patrulla, entre otros tipos de naves?
Ahorcado
Adivina la palabra, letra a letra, tú solo o por equipos. Si te equivocas, el que conduce el juego dibujará una parte de tu silueta. Si te sigues equivocando, perdiste. ¿Sabías que la E es la letra más usada del idioma español? La siguen la A, la O, la S, la R y la N. ¿Qué les habrá pasado a la I y a la U?

Sudoku
El objetivo es rellenar una cuadrícula de 9×9 celdas (81 casillas) dividida en subcuadrículas de 3×3, con las cifras del 1 al 9. Muchos de nuestros lectores ya deben ser unos expertos. ¿Sabías que aunque usa números no es un juego de matemáticas, sino de lógica?
Sopa de letras
Un bloque de letras bien alineadas, que al parecer no tienen ningún significado. Pero en sentido horizontal o vertical, diagonal, hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia arriba o hacia abajo, hay palabras escondidas.

Laberinto
Tienes suerte de que exista la versión en lápiz y papel. En la antigüedad, los laberintos eran ciudades o edificios construidos para confundir al que caminara por ellos. ¿Sabías que hay muchos tipos de laberintos, dependiendo de la forma que les dio su creador?

Vice

El reto de tener sexo con un grupo de personas de las que una tiene sida, el de beber hasta quedar inconsciente y muchos más han renacido o surgido gracias al tan usado Internet, sin embargo; ninguno de ellos es como este.

Su nombre parece inocente pero no lo es, «el juego de la galleta» se ha estado poniendo de moda y consiste en que un grupo de hombres se sienta frente a unas cuantas galletas, comienza a masturbarse y el que «termine» al final se debe comer las golosinas con lo que sea que haya caído en ellas.

El origen de este juego es bastante antiguo, dicen que es de 1960 y en Reino Unido, pero después se movió hacia Australia y así sucesivamente hasta llegar a casi cualquier parte del mundo. Muchos lo tachan de ser un juego para «gays», sin embargo; existen varios heterosexuales que han aceptado haberlo practicado por el mero hecho de pasar un rato divertido, demostrar su hombría y hacer sufrir a sus amigos, así que en realidad tus preferencias no determinan si puedes o no jugarlo.

También te puede interesar:#Viral Comer cápsulas de detergente, el nuevo y peligroso reto de Internet (+VIDEO)

Obviamente este pasatiempo no tiene consecuencias del todo negativas como podría tenerlas algún otro tipo de contacto sexual, pero eso sí, quien sea el desafortunado que tenga que comer la famosa galleta llena de quién sabe qué deberá estar consciente de que es muy probable que contraiga algún tipo de infección en la boca a causa de los fluidos.

Así que aunque a muchos no se les hace llamativo el probar esta forma de divertirse, para otros es la oportunidad perfecta de conocer su sexualidad y experimentar de forma más «calmada».

También te puede interesar:Comer romero y tener sexo desenfrenado son algunos de los secretos para tener una vida larga

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *