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Karaoke master plato

Master Plató Disco-Karaoke

parece que va a ser o que es mucho mejor de lo que en realidad es, sabado, dicen de aforo completo pero se esta agusto con mucho sitio (medio vacío) y tras casi 4 horas tan solo han puesto 2 canciones de las que habia pedido nuestro grupo, (eramos 12…) el dj me explica (porque yo le pregunto) que ha puesto 4-5 canciones de las que nuestro grupo a pedido, (solo han salido 2 parejas, 2 canciones) tras menos de medio minuto me insta a que me vaya del local tras recriminarle lo sucedido. yo lo siento pero si esto se llevase adecuandamente sería la ostia, pero asi? y con esa prepotencia? quiza alguno tengais suerte y os pongan vuestra cancion (hubo grupos que salieron esas 4-5 veces que decia el dj que habiamos salido nosotros) si sois sus colegomanos, (ya pienso) quiza os las pongan, per vamos, local vacio, 4h ahi, y que ponga solo 2 canciones de las pedidas desde el inicio (que hay que apuntarse en una lista) pues es como de cachondeo, y si encima el dj intenta reirse de ti porque se cree el super amo de la musica por poner las canciones que le piden, y ni si quiera, pues es para ir alli en total desconocimiento y encontrarte el percal, lo siento pero no, acabo de llegar a casa y os ganais mi critica negativa, la idea es buena, el dj es gilipollas, y sabe perfectamente quien soy y quien se lo dice, enjoy man, has hundido el sitio, tu! si tu! LLevabamos 4 horas, con en local medio vacio y solo pusó 2 de las canciones pedidas!?!?!?!?!?, aunque él asegura que han sido 5 (ya firmemente)!!??!?!? nos fuimos deinitivamente y este sitio vetado… gracias dj!

Una figura solitaria se camufla entre alaridos etílicos y dúos desentonados. La parroquia está despistada eligiendo el próximo tema que perpetrar. Los trajeados que vienen de la cena de empresa parten con un beso y una flor por Nino Bravo. El cuarteto que celebra su despido de un lugar de trabajo indeseado desgarra tema tras tema, como una ola. Como cada día, todo el mundo le saluda al llegar por su nombre de pila. Él, cual divo, reparte besos y abrazos. Se pide el primer Ballantines con agua. Las cuerdas vocales están a punto. Su nombre aparece en la pantalla: Ramón va a dar el espectáculo que todos esperan. Muchos son los que llenan los karaokes, pero muy pocos los karaokeros.

Ramón Midonçe es sin duda de la segunda clase. Los habituales de Máster Plató, en la plaza de los Mostenses, saben que los sábados en torno a las cuatro de la mañana, los dos metros de altura de este neoyorquino afincado en Madrid destacan en este establecimiento escondido en un aparcamiento subterráneo. Cada karaoke tiene su estrella, Ramón, desde luego, es la de Máster Plató, de donde ha llegado a salir en hombros. Sus actuaciones hacen vibrar a la clientela, porque él les da lo que quieren: gorgoritos, actitud y espectáculo.

“Yo soy un artista que necesita a su público, you know?”, espeta a la vez que se aparta su mechón canoso de la frente. “Nunca me pongo nervioso, yo soy consciente del instrumento que tengo en la voz. Soy de los pocos castrati que queda. Falso castrato, pero mi voz abarca dos escalas y tres cuartos”, afirma este sexagenario de bigotes dalinianos. Su sello personal son los agudos de soprano que solo él es capaz de alcanzar y de los que presume cada vez que puede. “Mi objetivo es que la gente joven ame la buena música, creo que yo para ellos soy como un ídolo”, afirma, ufano. Por la mañana da clases de inglés y alemán. Por la noche es un artista: “Cuando subo al escenario me pongo como un pavo real”.

Una de las habituales en el karaoke Cher’s. KIKE PARA

Máster Plató. En el aparcamiento subterráneo de la plaza de los Mostenses. Presume de ser uno de los que mejor sonido tienen y de los históricos de Madrid.

Brindis. Tres Cruces, 8. Su ubicación, al lado de la Gran Vía, es su punto fuerte. Lugar habitual para acabar una cena de empresa o una despedida de soltero/a.

Marfil. Modesto Lafuente, 63. Es un karaoke con ambiente más íntimo. Es un cubículo en el que los clientes cantan sentados a la barra o en medio del bar, sin escenario.

Cher’s. Huertas, 50. Uno de los históricos. Su letrero en neones fucsias alumbra Huertas desde hace más de 20 años.

La Cocina Rock Bar. Alberto Alcocer, 48. La parte de abajo se convierte los jueves en un karaoke con música en directo. Ambiente y actitud roquera.

Adam’s Apple. Avenida del Mediterráneo, 6. Además de karaoke, ofrece multitud de espectáculos, desde striptease hasta magia.

Central Park. Menéndez Pelayo, 67. Este establecimiento también ofrece clases de baile.

Nabucco. Alcalá, 259. Si alguien quiere cantar, mejor que vaya entre semana. Los fines de semana se convierte en una discoteca.

Los karaokeros profesionales se caracterizan por tener en alta estima sus capacidades vocales. Eso sí, ejecutan los temas con pasión, en ambos sentidos del verbo. Suelen acudir solos y esperar su turno en la barra. Se toman cada actuación como si fuera la última, se concentran delante del micrófono como si fueran a pasar un examen. El karaoke es para muchos de ellos la oportunidad que la vida les ha brindado para mostrar todo el talento oculto en su día a día. Esconden su verdadera identidad. Como los superhéroes.

“Hay que diferenciar entre los que cantan bien y los artistas. Ramón es de los segundos”, explica Jorge González, uno de los dos hermanos que regentan Master Plató. Sus padres inauguraron el establecimiento hace 18 años, en el lugar que antes había ocupado una famosa discoteca, el Disco Parking. Colocaron varias pantallas, sillones y bolas de colores en el techo y comenzó a funcionar Máster Plató. “Quedan pocos karaokeros puros”, reconoce.

Las asociaciones hosteleras madrileñas no cuentan con un registro de locales de este tipo, porque se inscriben dentro de establecimientos con música en vivo, una categoría que incluye, por ejemplo, bares con conciertos. Con una rápida búsqueda en Internet, se pueden encontrar una treintena de karaokes en la capital. Sin embargo, algunos de ellos solo lo son a medias. Algunos bares han optado desde hace unos años por reservar uno o varios días a la semana para dejar que la clientela cante, pero el resto del tiempo siguen funcionando como locales de copas. La Cocina Rock Bar, ubicado en la zona de Colombia, se convierte en karaoke con música en vivo los jueves. El Nabucco, en Ventas, deja que sean los cantantes profesionales los que amenicen la noche de los viernes y los sábados porque enchufan el reaggeton y apenas hay hueco para el karaoke. La Maripepa, en Huertas, lo relega a la planta de abajo para fiestas privadas previa cita.

En esta selva de ofertas, un nigeriano que aspira a triunfar en la música encontró su perfecto local de ensayos. Leeroy Estillo (nombre artístico), de 28 años, llegó a España hace uno en busca de una carrera artística que en su país no podía desarrollar. Tras grabar un puñado de sencillos en un estudio en Palma de Mallorca, se vio obligado a volver a Madrid para trabajar como pizzero los meses invernales. “Me sentía vacío hasta que un amigo me llevó al Brindis”, señala este proyecto de cantante, de momento, con el título de karaokero, tras sus gafas de pasta.

Brindis es el local situado en la calle de las Tres Cruces que Leeroy visita semanalmente para practicar las actuaciones que él espera realizar un día ante su propio público. “Cuando estoy en el karaoke veo las reacciones de la gente, lo que hago bien, lo que hago mal, y me siento feliz”, apunta con una enorme sonrisa dibujada en su cara. Ha elegido su canción fetiche, Faith, de George Michael, y ya ha visto su nombre rotulado en la pantalla azul. Está nervioso. Mira el reloj y a un grupo de chicas, y entonces suenan los primeros acordes que preceden al momento de atención generalizada por la sorpresa de escuchar a alguien cantando bien entre tanto aullido y desentone. Al final, recibe una ovación generalizada y él lo agradece en inglés.

Los karaokes tienen algo de decadente. El ambiente oscuro, con una decoración un poco kitsch y los vídeos que acompañan a las canciones rodados no antes de los ochenta fomentan esta impresión. Uno de los veteranos de la noche madrileña es el Cher’s, en la calle de las Huertas. Con sus neones rosas que dan la bienvenida al cliente y sus taburetes desvencijados con tapicería de leopardo, parece mantenerse impasible en el tiempo. Las estrellas de Cher’s son Maite, chulapa y castiza se autopresenta, y Marisa, dos sexagenarias profesionales del cante que los domingos por la tarde se apoderan del micro; lo mismo les da la copla española que la balada. Maite, pelo rosa y deje muy madrileño, frecuenta este local desde hace casi una década. “Es que soy una artista”. Antoni, el encargado búlgaro, las conoce y las trata con cariño. “En mi país el karaoke es muy diferente, tienes que apuntarte en una lista cuando abren el bar y sabes exactamente a qué hora te va a tocar”, cuenta tras la barra.

Hace ya 20 años que Eulogio Revuelta cambió el bingo por el micro. No ganaba nunca y ahora, al menos, gana la atención de la gente cada vez que se marca un tema. Su campo de acción cada semana está en el karaoke Marfil, en el barrio de Chamberí. Es un local muy particular, sin escenario, en el que no valen los complejos (si es que se pueden tener cuando se traspasa el umbral de un karaoke). Es un establecimiento diminuto en el que uno canta a escasos centímetros del que apura su copa en la barra. Esto fomenta que se den dos tipos de actuaciones: la del que hace de todo el bar su escenario y recorre toda la superficie al ritmo de la canción, y la del que se apoltrona en su taburete para cantar. Una voz potente emerge de un hombre diminuto de jersey morado. Eulogio borda a Rocío Dúrcal y una rubia animada le hace las veces de bailarina.

El micrófono es la extensión de su brazo, necesitan al público para vivir y para ellos cantar es algo muy serio. Son una especie en extinción. Son los karaokeros puros que salen por la noche en busca de su momento estelar.

El karaoke Marfil. SANTI BURGOS

¿Quién no ha soñado alguna vez con ser una estrella del rock? Conciertos, giras, un público entregado, exigencias extravagantes en los camerinos… The Class karaoke band puede ofrecer lo primero, todos los extras que conlleva ser un Mick Jagger de la vida hay que imaginárselos. Esta banda ofrece su batería, su bajo y su guitarra para que 25 afortunados puedan sentir en cada espectáculo lo que experimenta un verdadero líder roquero cuando se pone delante de sus fieles. Tienen un repertorio de 118 temas entre los que los asistentes a sus conciertos pueden elegir uno que les lance a la fama. Carlos Gómez es miembro de la formación: «En los conciertos siempre decimos que si cantas bien te aplaudiremos, pero si cantas mal, te ovacionaremos». Su lista de canciones se diferencia un poco de los típicos temas karaokeros. Uno no puede creerse estrella del rock cantando a Rocío Jurado, eso es otra cosa. Los acordes que normalmente tocan pertenecen a grupos como ACDC, Metallica, Depeche Mode o Muse. En el Coliseo romano el público decidía entre la muerte y la vida de los gladiadores, The Class no son tan radicales, por eso al final de cada canción piden al público que decida si el cantante provisional del grupo merece una baqueta o no. Hay algunos que lo dan todo por recibir este honor. Que se lo digan al director de cine Nacho Vigalondo, incondicional de este espectáculo, que en una ocasión se dejó un diente interpretando a The Strokes. El funcionamiento es sencillo: el grupo anuncia sus próximas actuaciones en su web y en las redes sociales, ponen a disposición de los futuros cantantes una lista para apuntarse y el día del concierto los karaokeros roqueros van desfilando por el escenario en busca de sus baquetas. No obstante, si alguien es de los que se anima cuando siente los acordes, siempre hay posibilidad de inscribirse en el local. «La banda ha llegado a tocar durante cuatro horas seguidas y acabar casi sin sentir los brazos», reconoce Gómez. La sala Charada, la Siroco o We rock son sus lugares habituales. Suelen ofrecer un par de espectáculos cada mes.

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Are you looking to groove a bit and belt out your favorite jams with some friends? You may know that Madrid has tons of cocktail bars, and rooftop bars, but did you know that there are also tons of karaoke bars? Yup! Spanish people, just like the rest of us, have no problem embarassing themselves with a few throwback songs in a dark and cozy bar! With a little bit of liquid courage, you too can get in on the fun! A few drinks, some songs that will make you feel nostalgic, and laughs with friends are the recipe for the perfect weekend out in Madrid. Here’s a list of the best karaoke bars in Madrid.

You ready?

Brindis Pub

Barrio: Sol

Address: Calle de las Tres Cruces 8

Cheers Karaoke

Barrio: Huertas

Address:

Calle de las Huertas, 50 – Kapikas Karaoke Barrio: Castellana Address: Calle José Castán Tobenas, 128020 – Master Plató Barrio: Universitario Address: Plaza de los Mostenses, s/n – Katakana Karaoke Barrio: Avenida de América Address: Avenida de América, 22 – Adam’s Apple Barrio: Retiro Address: Avenida Mediterraneo, 628007 – Karaoke Marfil Barrio: Nuevos Ministerios Address: CalleModesto Lafuente, 6328003 – Duarciñan Barrio: Madrid Río Address: Calle Paradinas, 128005

Bildquelle: (CC0 1.0) 955169, .com

Fue inventado por los japoneses y vuelve locos a los finlandeses ¡pero los alemanes y los españoles también cantan karaoke! Ahora bien, existen un par de pequeñas pero sutiles diferencias.

Estaba de nuevo en Madrid. Y eso suponía irremediablemente cantar karaoke. Porque, a diferencia de mis amigos alemanes, bastante escépticos por lo que respecta a esta diversión, mis amigos españoles sí comparten esa pasión. Aunque en principio Alemania no se queda atrás frente a España en materia de karaoke. En ambos países existe una cultura del karaoke muy viva y la posibilidad de disfrutar de esta diversión está garantizada con bares de karaoke más o menos cutres (¡esos son los mejores!). Y eso a pesar de que esta forma de cantar no tiene su patria ni en el provinciano bar de la esquina alemán ni en el ruidoso bar de tapas español:
fue inventado en los años 70 por un japonés que, por desgracia, pasó por alto patentar su aparato de karaoke y por eso jamás se hizo rico, a pesar de la marcha triunfal de su invento en todo el mundo. A los alemanes y a los españoles les gusta el karaoke más bien “a la finlandesa”: mientras que en Japón se suele cantar en cabinas cerradas, evitando así el riesgo de tener que tararear delante de extraños, los fineses (los reyes secretos del karaoke), los alemanes y los españoles no tienen miedo del “public shaming” y les gusta cantar ante el público. Aunque en Alemania está muy extendida la curiosa opinión de que el karaoke es sólo para estrellas de la canción especialmente talentosas: “¿Karaoke?! ¡Pero si yo no sé cantar!” Por el contrario, los finlandeses y los españoles parecen dar más importancia a divertirse que a exhibir públicamente su arte canoro. Pero nosotros, los alemanes, nos tomamos en serio eso de cantar karaoke: en el Parque del Muro de Berlín hay valientes que cantan cada domingo delante de cientos de espectadores, cosa que realmente es bastante cool. Aunque, desgraciadamente, entre ellos suele haber intérpretes que parecen confundir el parque con el escenario de “Alemania busca a la superestrella”. Y eso es justo lo que no debe ocurrir en el karaoke: ¡que sólo canten los que saben hacerlo!
En los karaokes españoles el público es bastante variopinto: hay gente que sabe cantar, gente que bebe para darse valor para cantar y gente que no sabe cantar y a la que precisamente por eso se la aplaude con ganas. Y luego tenemos también a los señores mayores españoles: al principio están de pie junto al bar sin llamar la atención pero, en un momento dado, entonan una canción popular española con el típico cante potente y ligeramente ronco al estilo flamenco y te dejan boquiabierto. Después vuelven discretamente a su cerveza, satisfechos de haber cantado su canción pero sin el menor asomo de presunción. Probablemente es por ellos por lo que en los libros de canciones de los karaokes españoles hay sobre todo canciones del país. Además, los jóvenes españoles también conocen al dedillo las letras del folclore patrio. Sin embargo, a los alemanes les gusta tararear mucho en inglés.
Al principio me sorprendía un poco que en España normalmente se calcule una bebida por canción. Esa norma no se cumple estrictamente siempre ni en todas partes pero puede hacer que una noche de karaoke salga bastante cara, por no hablar del dolor de cabeza a la mañana siguiente. Pero quizá eso también explique por qué los españoles se lanzan a cantar karaoke con tanta desenvoltura…
Hablando de desenvoltura: el profesional del karaoke experimentado tiene siempre dos o tres canciones en su repertorio que domina con total seguridad (¡no sólo el estribillo!). Las apunta directamente en la ficha de temas nada más entrar en el bar y se la entrega al DJ. Así ya sabe que pronto le llegará su turno y mientras tanto puede escuchar relajadamente al resto de los cantantes.
¿Y cuál es el mejor sitio para cantar karaoke? Puedo recomendar encarecidamente un par de bares en Berlín y en Madrid: en el legendario Monster Ronson’s Ichiban Karaoke en la Warschauer Straße hay cabinas para alquilar y un gran escenario para los valientes. En el local alternativo de culto Schokoladen de la Rosenthaler Platz el responsable del karaoke es el DJ Der Käpt’n. En Madrid merece la pena pasarse por el Marfil (Nuevos Ministerios), allí también hay libros de canciones inglesas. Y, ya entrada la noche, el pequeño Andeandarás en Delicias ofrece un ambiente muy acogedor y, gracias a la amplia selección de canciones españolas, a veces resulta muy pero que muy sentimental.

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