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La mujer 10

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Tiempo de lectura: 4 minutos

Lamentablemente, la desigualdad entre hombres y mujeres es estructural en nuestra sociedad. ¿Cuántas mujeres conoces que dediquen parte de su tiempo de ocio a las tareas del hogar? ¿Te viene a la cabeza alguna mujer que haya cogido una temporada de descanso en el trabajo para cuidar de sus hijos o hijas? Estas situaciones que vemos constantemente en nuestra vida diaria son solo dos ejemplos de desigualdad entre hombres y mujeres, que no solo se extienden al ámbito laboral y doméstico, sino a muchas otras áreas. ¡Conócelas!

Una mujer apta para desempeñar un trabajo no siempre recibe el mismo trato que se le da a un hombre, y tampoco parte de las mismas condiciones en materia de educación o conciliación, lo que podemos considerar desigualdad de género. Hoy queremos hablar de 5 ejemplos de desigualdad entre hombres y mujeres que seguro que reconoces y para los que debemos tratar de encontrar una solución. Son datos de la publicación Mujeres y Hombres en España, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y actualizados en julio de 2019. ¡Debes conocerlos!

Desigualdad entre hombres y mujeres, ejemplos

Estudios

Las mujeres que superan el acceso a la universidad son casi el 60%, mientras que la cifra en los hombres es de un 41%. En cuanto a los resultados, ellas aprueban un 82%; ellos, un 72%. Unos datos que contrastan con las cifras de brecha salarial que veremos a continuación.

El salario medio anual de una mujer es un 22,17% más bajo que el de un hombre, un buen ejemplo de la desigualdad de género. La tasa de empleo en mujeres es del 44% mientras que la de los hombres es del 55,7%.

Por otra parte, las mujeres invierten 26,5 horas en trabajo no remunerado, mientras que los hombres solo dedican 14 h horas a estos trabajos.

En el caso de las pensiones, según datos de 2018, la diferencia también es significativa. Una pensionista recibe una media de 740,2 euros mensuales, mientras que su equivalente masculino cobra alrededor de 1.162,3 euros.

Conciliación

En cuestiones de conciliación también se aprecia desigualdad de género. De entre las personas que no han podido costear servicios para el cuidado de los hijos y, por ello, no buscan empleo, el 35,8% son mujeres y solo el 9% son hombres. En el caso de que solo decidan realizar un recorte de jornada, el 95% de los ocupados a tiempo parcial por estos motivos son mujeres. Además, las cifras relativas a trabajadores que han dejado de ejercer por un periodo mayor de un año con motivo del nacimiento de un hijo también son esclarecedoras: en el caso de los hombres, el porcentaje es de un 7,4%, mientras que el de mujeres es de un 38,2%

Hogar

Las tareas del hogar se reparten también de forma poco equitativa. En general, las mujeres dedican una media semanal de 20 horas a poner a punto su casa, mientras que los hombres solamente una media de 11 horas. Además, la tasa de riesgo de pobreza también es mayor en la población femenina, un 21,3% frente al 20,1% de los hombres.

Poder

También en política podemos ver la desigualdad entre ambos géneros. La participación de las mujeres en cargos ejecutivos de los principales partidos políticos se cifra en un 38%. Y según datos de la ONU, el 90% de los jefes de estado del mundo son hombres, y, en cuanto a las personas que conforman los parlamentos, ¡encontramos que la cifra de hombres es del 76%!

¿Cómo podemos reducir la brecha de desigualdad de género?

En los últimos años parece que esta brecha de desigualdad de género se está reduciendo poco a poco, aunque todavía queda mucho por hacer, especialmente en los países del sur donde además del reto del desarrollo existe el reto de la equidad entre hombres y mujeres.

Organizaciones como Oxfam Intermón velan por el respeto a los derechos de las mujeres a través de sus programas:

  • Programa Doméstico: a través de este programa apoyamos económicamente y técnicamente a organizaciones de la sociedad civil española que luchan contra la violencia hacia las mujeres.
  • Avanzadoras, donde se aplica un enfoque de género para asegurar el rol de las mujeres en su propio desarrollo.
  • También lo hace en iniciativas como las de Comercio Justo, donde se asegura que los productos están elaborados respetando la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Educar en igualdad de género en la infancia para prevenir la desigualdad en el futuro

Parece una idea extremadamente lógica, pero entonces… ¿por qué seguimos perpetuando los estereotipos de género en vez de fomentar la igualdad entre niños y niñas?

El Global Early Adolescent Study puede ser un aliciente para cambiar esta dinámica. Ha sido desarrollado en 15 países alrededor del mundo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Universidad de John Hopkins de Baltimore, en Estados Unidos.

Este estudio, en el que se han entrevistado a adolescentes y progenitores de diversos países, nos muestra que en la adolescencia temprana, la etapa que iría desde los 10 a los 14 años, se conforman las expectativas de género y cómo los niños y niñas llegan a la adolescencia con unas conductas adquiridas. Algo que se produce tanto en países desarrollados como en países en desarrollo. ¿Lo intuías?

Los resultados se recogen en el análisis It Begins at Ten: How Gender Expectations Shape Early Adolescence Around the World. ¿Y qué nos dicen las respuestas de adolescentes y progenitores?

  • La sociedad sigue asociando roles a niños y niñas. Los chicos son fuertes e independientes, y ellas son vulnerables y deben ser protegidas.

  • Hay conductas que no son válidas si eres una niña. A las niñas se las restringe salir de casa y, si llegan tarde, sus progenitores se molestarán, pero es algo que no está mal visto si eres un niño.

  • A cada género se le presupone un determinado comportamiento. La sociedad espera una forma de ser, una apariencia o vestimenta definida según el género. Y no está bien visto quién no dé el “perfil”, por lo que puede sufrir presiones o castigos para ajustarse al comportamiento que es considerado el apropiado para su género.

  • En el deporte sucede algo similar. A las niñas y a los niños se les incita a practicar juegos diferentes, y es el profesorado quien debe velar por la igualdad de condiciones en la práctica de cualquier deporte, ya sea nivel curricular o en actividades de tiempo libre o extraescolares. Es en la educación donde podemos actuar de raíz para eliminar la desigualdad entre hombres y mujeres. Los padres y las madres tienen un papel crucial en estos detalles de la vida cotidiana, y es importante evitar dar por hecho simplemente lo que viene dado por tradición.

“Hablas como un marimacho”, “este tiene un estilo afeminado”, “no te vistas así, que vas provocando”, “un hombre no llora”… Son frases muy habituales hoy en día que nos demuestran que los roles o estereotipos de género afectan tanto a niños como a niñas. Pero si tanto unos como otras crecen con una serie de restricciones sociales determinadas por su género, en su etapa adulta serán hombres y mujeres que habrán interiorizado ideas como que las mujeres son débiles y los hombres son poderosos. ¿No crees?

Es importante que todos (hombres y mujeres) seamos conscientes de situaciones como las que hoy te hemos contado y las denunciemos cuando está en nuestras manos. Desdichadamente, todavía queda mucho camino por recorrer. ¿Por qué no lo hacemos juntos y juntas?

Tú, con tu actitud y tu ejemplo, decides en qué tipo de sociedad quieres vivir. ¿Apostamos por una en la que no exista ninguna clase de desigualdad y en la que toda su ciudadanía, hombres, mujeres, niños y niñas, viva plenamente sus derechos? ¡Está en nuestras manos!

Material complementario

Guías

  • Mujeres: Contribuyendo a un mundo mejor

  • Lenguaje no sexista: ¿Lo utilizas?

Virales

  • Descubre 13 de los anuncios más machistas de este siglo

  • ¿Cuánto sabes sobre la situación y los derechos de las mujeres alrededor del mundo?

Artículos

  • Derecho a la no discriminación de las mujeres, ¿por qué es importante?

  • ¿En qué consiste el activismo feminista?

  • El feminismo actual: 3 destacadas representantes

  • El sexismo lingüístico y la visibilidad de la mujer

  • Estereotipos de género que escuchamos cada día

  • Ejemplos de desigualdad de género en el trabajo

  • Frases de igualdad de género que inspiran

  • Situaciones actuales que son ejemplos de micromachismos

  • Causas que explican la discriminación de la mujer

Desigualdades de género: problemas «pasados» y futuras posibilidades

Violencia

Otro problema que destacan tanto académicos como activistas es la persistencia de la violencia contra las mujeres, en sus múltiples manifestaciones. Como observa Kelly (2015), en los medios de comunicación nacionales o internacionales todas las semanas aparece una noticia que recoge casos de violencia contra las mujeres, que incluyen mutilación genital, violación y asalto, tráfico de personas y violencia relacionada con cuestiones de honor, violencia sexual en países en conflicto, violencia doméstica y violencia relacionada con problemas migratorios, búsqueda de asilo y crisis de refugiados. También se ha puesto el acento en cómo las respuestas políticas en estas áreas diversas tienen una dimensión de género y en cómo influyen en la identidad de las mujeres y en sus relaciones con las demás, así como en los actos cotidianos de violencia no denunciada tanto en el Sur como en el Norte globales. En todo caso, este tipo de desigualdad de género ha sido uno de los grandes objetivos del activismo internacional, que combate estas manifestaciones diversas de violencia y sus efectos de desigualdad en las mujeres. Por otra parte, se ha producido en la última década una aceptación creciente de que los hombres, aunque son los principales perpetradores de violencia contra las mujeres, en determinados contextos y grupos de edad también sufren violencia, en especial por parte de otros hombres. En este sentido, cabe citar como ejemplo la Sudáfrica actual, donde la primera causa de mortalidad en los varones jóvenes negros y pobres es la violencia, incluido el asesinato a manos de otros hombres, a menudo vinculado a actividades criminales y de bandas o mafias.

Este enfoque más exhaustivo del combate contra la violencia se pone de manifiesto, por ejemplo, en la creación del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en 2016, seguido de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género. Lo más interesante de esta iniciativa es que la violencia contra las mujeres se reconoció y debatió en el contexto de su impacto sobre las mujeres, los hombres, las niñas y los niños. También se admitió que había tanto hombres como mujeres que se esforzaban por ayudar a víctimas y agresores, además de luchar contra la violencia global en todas sus vertientes.

En 2018, la Universidad Médica de Tokio manipuló a la baja los resultados de las pruebas de ingreso de las jóvenes aspirantes a la carrera de medicina, a fin de asegurarse de que más varones llegarían a ser médicos

Además, los académicos están desarrollando nuevas metodologías para medir la violencia y dar más visibilidad a una parte antes oculta de la violencia de género (Walby et al., 2016). Hace solo una década, habría sido inimaginable que, en 2018, Nueva Zelanda aprobara una legislación que reconociera a las víctimas de violencia doméstica el derecho a una baja remunerada de diez días para permitirles alejarse de sus parejas, buscar protección para ellas y sus hijos y cambiar de domicilio.

Nuevas formas de activismo internacional de las mujeres

El activismo internacional de las mujeres nos ofrece un caso de estudio que plantea preguntas interesantes y de suma importancia. Permite centrar la atención en aspectos estructurales y permanentes, como las relaciones de poder de género, la discriminación y las desigualdades institucionales y estructurales, así como su impacto en la vida cotidiana. Por otra parte, propicia un debate sobre la capacidad de acción, el optimismo y la colaboración entre las personas, así como el creciente papel de las redes sociales en las campañas de los activistas y los análisis académicos.

Así, en los últimos diez años hemos visto a las mujeres participar, por ejemplo, en las revoluciones en el Oriente Próximo, las protestas en Delhi y otras zonas de la India contra las violaciones y las agresiones sexuales generalizadas y en los ampliamente documentados movimientos de protesta contra las políticas de Donald Trump en Estados Unidos. Tal y como apunta Nickie Charles (2015), este resurgir del activismo feminista se ha interpretado, en parte, como la continuación del feminismo de la «tercera ola», cuya historia se remonta, al menos, a las sufragistas de Reino Unido y al movimiento internacional de liberación de la mujer de la década de 1970. Otros, sin embargo, han entendido este renacer del activismo internacional como el anuncio de una nueva era de protesta, con las redes sociales como abanderado con potencial para dar un alcance verdaderamente mundial a estas protestas contra la desigualdad de género, por vías antes inexistentes. Además, muchos hombres de una generación más joven no vacilan en declararse feministas y trabajar codo con codo junto a las mujeres en diversos temas y campañas. El movimiento LGBTQ (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero y queer) ha permitido cuestionar ideas tradicionales sobre la existencia de solo dos géneros, con una reconceptualización de la idea de género y argumentos a favor de la fluidez entre géneros. También en la última década se ha vivido una creciente aceptación de las personas transgénero (aunque no en todo el mundo y no sin numerosos debates y controversias sobre quién está capacitado para considerarse mujer u hombre o sobre la validez de la asignación de sexo al nacer). En todo caso, ha sido una cuestión esencial e ineludible en el último decenio y lo seguirá siendo en el próximo (ver Jackson y Scott, 2017). Por último, el énfasis en la interseccionalidad y las vinculaciones entre el género y otras categorías, como la raza y la etnia, la edad y la clase, moldea las campañas actuales y sigue siendo una de las principales preocupaciones de las feministas y del movimiento de las mujeres.

La campaña #MeToo en las redes, surgida en 2017 tras las acusaciones contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein de conducta sexual inapropiada, ponía de relieve las agresiones y el acoso sexuales contra las mujeres, con el foco de atención inicial en Hollywood y la industria del espectáculo. Como destaca Lawtom (2017), en Facebook los comentarios y reacciones sobre la campaña superaron los 12 millones de mensajes en 24 horas. Por otra parte, Alka Kurian (2018) en su blog The Conversation reflexiona sobre el movimiento #MeToo y sostiene que las actuales interpretaciones jurídicas y morales del «consentimiento» han dejado de cumplir su función, en especial en una generación más joven de mujeres y hombres que frecuentan las redes sociales y cuestionan los roles e identidades sexuales y de género tradicionales. Kurian también comenta el potencial, en todo el mundo, de las redes sociales y de otras campañas similares en línea:

A principios del siglo XXI, las jóvenes indias de las generaciones que han alcanzado la edad adulta en este milenio pusieron en marcha un fenómeno político feminista radicalmente nuevo e inédito. Inspiradas por un vocabulario sobre derechos y unos modos de protesta comunes a los de jóvenes de todo el mundo, como los protagonistas de Occupy Wall Street y la Primavera Árabe, iniciaron una serie de campañas en los medios sociales contra la cultura de la violencia sexual (Kurian, 2018, p. 4).

Estas campañas tienen detractores; por ejemplo, hay disparidad de opiniones acerca de la definición de abuso sexual y cómo determinar si hay o no consentimiento. Tampoco se puede dar por hecho que este tipo de campañas tenga el mismo efecto en todo el mundo. Japón, por ejemplo, es un país donde las adolescentes y los niños están sobrerrepresentados en la pornografía y la tasa de delitos sexuales va en aumento. También se le ha criticado el tratamiento que da a las víctimas o supervivientes de una violación. Para algunos, esto prueba que las campañas como la del movimiento #MeToo no pueden, por sí solas, dar una respuesta efectiva a las desigualdades estructurales y las relaciones de poder de género de las sociedades capitalistas. Hay comentaristas incluso que sostienen que las campañas en línea, de hecho, desvían el foco de atención de la lucha anticapitalista. Además, aunque se esté produciendo un cambio a escala mundial, sigue habiendo casos como Taiwán. En este país, el primero de Asia que tiene previsto legalizar el matrimonio homosexual gracias a los esfuerzos del movimiento LGBTQ en el país, hay grupos conservadores (que incluyen a muchas iglesias cristianas) intentando impedir la promulgación de la ley, prevista para mayo de 2019.

La educación y la violencia son dos de los ámbitos de la desigualdad de género que en la última década han sido dos de los grandes objetivos del activismo internacional

Respecto a los esfuerzos de los activistas taiwaneses para hacer posible esta ley, Ting-Fang (2017) comenta: «Esta revolución civil no solo se da en las salas de reunión de la asamblea legislativa (Yuan Legislativo), también se desarrolla en las calles y alrededor de la mesa». Se pone así de relieve la necesidad de que los activistas conecten con la imaginación de la población de maneras nuevas y en frentes diversos.

De un modo similar y respecto a la situación en India, Utsa Mukherjee (2018) destaca que estamos en un punto de inflexión no solo en dicho país, también en el movimiento por los derechos queer de todo el mundo. Así, el Tribunal Supremo de India acaba de despenalizar los actos homosexuales consentidos entre adultos. Mukherjee también señala que la resistencia a la ley ahora derogada es «tan vieja como la ley misma» y que la lucha jurídica contra una norma tan caduca (procede de la época colonial) empezó hace muchas décadas en forma de protesta contra la marginación colonial de las «expresiones de género y las sexualidades no normativas», que forzaba a dichas sexualidades a encajar en las categorías de Occidente y, de paso, las criminalizaba. Esta reflexión histórica revela la necesidad de tener en cuenta las experiencias y protestas de épocas pasadas, anteriores a la existencia de las redes sociales y las recientes campañas en línea. Ello permite descubrir unas prioridades distintas, así como maneras diversas de organizarse.

Otro ejemplo de cómo tanto el activismo como la tecnología están modificando las respuestas de los indidivuos y sus modos de protestar contra las desigualdades de género en sus múltiples manifestaciones tiene que ver con la salud reproductiva y, en especial, con el derecho al aborto:

Hay por todo Dublín pequeñas pegatinas (en farolas, paredes, en las puertas de cubículos de aseos de mujeres) con el anuncio «ABORTO SEGURO MEDIANTE PÍLDORAS», acompañado de la dirección web. La información que consta en esta pegatina, en teoría, es ilegal: anuncia unos comprimidos prohibidos en Irlanda y vulnera la legislación irlandesa sobre el tipo de información sobre el aborto que puede distribuirse de forma lícita. La web anunciada en esta pegatina pone en contacto con una red internacional de voluntarios proaborto que asesoran sobre cómo conseguir píldoras abortivas seguras, cómo tomarlas y cómo monitorizar sus efectos (Calkin, 2018, p. 1).

En un referéndum celebrado en mayo de 2018, la República de Irlanda votó abrumadoramente a favor de derogar la prohibición del aborto. Antes de ello, el aborto solo se permitía si corría peligro la vida de la mujer, pero no en los supuestos de incesto, violación o malformación fetal incompatible con la vida. En todo caso, Calkin señala que el 40% de las mujeres del mundo residen en países con una legislación muy restrictiva en materia de aborto. Además, aunque solo cinco países prohíben totalmente el aborto, mujeres de todo el mundo se enfrentan a restricciones y sanciones de gran dureza cuando intentan abortar. Sin embargo, Calkin sostiene que, en términos generales, se están reduciendo las medidas de los gobiernos para limitar el acceso al aborto y atribuye el hecho a los avances en las comunicaciones y la tecnología médica, pero también al activismo transnacional y transfronterizo, que trabaja proporcionando rutas alternativas para que las mujeres puedan abortar de forma segura.

Manifestación junto al bar Stonewall Inn, en el Greenwich Village de Nueva York, lugar de referencia para el movimiento por los derechos de los homosexuales, convocada el 23 de febrero de 2017 para pedir la protección de las personas transgénero y de género no conforme

A propósito del activismo transfronterizo, la solidaridad entre géneros, razas, sexualidades, clases y edades de los que protestan y luchan contra las desigualdades de género es esencial a la hora de abordar problemas cada vez más internacionalizados, complejos e interrelacionados. El argumento de Pelin Dincer (2017), que subraya la importancia de la solidaridad entre mujeres y la colaboración por encima de las diferencias, es relevante para la reflexión sobre la eficacia de los movimientos feministas internacionales, tanto en términos teóricos como de activismo. Dincer se centra en la actual fragmentación del movimiento de las mujeres en Turquía y analiza, por su valor metafórico, el caso de la marcha de mujeres contra la investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En su opinión, las preocupaciones que dichas protestas suscitaron entre los transexuales y otros colectivos, merecen ser expresadas y escuchadas. Sin embargo, Pincer concluye que para que una protesta tenga eficacia política a escala mundial, debemos trabajar con las diferencias mencionadas, no contra ellas. Por lo tanto, es necesario combinar una macroconciencia de los contextos políticos y económicos cambiantes con el microanálisis de las distintas prácticas y movimientos activistas.

Conclusiones

En línea con mi argumentación y con las pruebas aportadas, concluyo que, a fin de seguir incidiendo en el problema mundial de la desigualdad de género de un modo más innovador y fructífero, en lo sucesivo sería útil centrarse en tres aspectos: profundizar en el debate contemporáneo y en el énfasis en la interseccionalidad en relación con la desigualdad de género; poner de relieve la creciente atención académica a la masculinidad y a las relaciones de género y su vínculo con el feminismo, y repensar el feminismo y su conexión con distintos ámbitos, entre ellos el académico, en especial a la luz de los avances tecnológicos. En opinión de Simon Willis: «La desigualdad es un problema urgente y complejo; está imbricado en todas las áreas de la vida y se ejerce y se defiende incluso por parte de quienes la sufren. Para mí, la desigualdad es el principal obstáculo en el camino a la justicia social y, para arrancarlo de raíz, hace falta un enfoque innovador que vaya más allá del mismo cambio nimio e incremental observado en los últimos años» (Willis, 2014, p. 1).

El movimiento LGBTQ (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero y queer) ha permitido cuestionar ideas tradicionales sobre la existencia de solo dos géneros, con una reconceptualización de la idea de género y argumentos a favor de la fluidez entre géneros

Willis también considera que corregir las causas estructurales e institucionales de la desigualdad pasa por el reconocimiento de la multiplicidad e interconexión de las desigualdades, así como por la disposición a trabajar con diferentes tipos de compañeros de viaje y de diversas maneras. De modo similar, en 2015 la Comisión de Género, Desigualdad y Poder de la London School of Economics centraba su atención en el análisis de las desigualdades persistentes entre los hombres y las mujeres en Reino Unido. Una pregunta clave del informe incidía en cómo estaban de interconectadas las desigualdades en diferentes esferas de la vida social. Que los políticos, académicos y activistas no dejen de reflexionar sobre las posibilidades de un enfoque interseccional en diferentes contextos, pese a algunas de las cuestiones complejas que ello suscita, es un indicio positivo.

En las universidades de todo el mundo, mujeres y hombres feministas están impulsando el estudio de los hombres y de la masculinidad desde una perspectiva de género, lo que supone uno de los avances intelectuales más importantes de la última década. Como muestran los ejemplos expuestos en el presente capítulo, los hombres pueden ser opresores, pero también víctimas, así como colaboradores en las causas feministas. Sin ir más lejos, reconocer el poder económico, político y social de los hombres, al igual que los problemas que afrontan los varones pobres y los de razas y etnias minoritarias puede contribuir a dibujar un panorama más completo de la desigualdad de género en su interacción con la raza y la clase, por nombrar solo dos facetas de la desigualdad. Por lo tanto, es importante seguir desarrollando una perspectiva más relacional del género y la desigualdad, sin perder de vista que las mujeres siguen llevándose la peor parte de la desigualdad económica y de otros tipos.

Por último, durante la redacción del presente texto, se ha sabido que el gobierno húngaro ha propuesto un veto de los estudios de género en las universidades del país que entraría en vigor en el año lectivo 2019. El supuesto motivo es la total falta de interés de los empresarios por contratar al número cada vez menor de graduados en la materia, que ya no se considera económicamente viable. Los detractores de una intervención y censura tales del Estado en el ámbito académico húngaro han aducido que, en realidad, la prohibición se debe a la ideología conservadora del gobierno. Desde que se produjo el anuncio, ha habido protestas, tanto en la calle como en las redes. Además, la comunidad académica internacional se ha unido para mostrar su oposición y defender la libertad para estudiar el género y las desigualdades de género en todas sus formas. Como recuerda Ann Kaloski-Naylor: «Necesitamos ampliar la visión de resistencia, maneras de escapar al ir y venir de los argumentos de siempre que parece llevarnos al desastre. Eso es lo que podemos aportar como pensadores, además de llevar nuestros cuerpos y nuestras pancartas a las calles y nuestras ideas y peticiones a la red. visiones alternativas que no se limiten a responder y a recliclar lo inmediato» (Kaloski-Naylor, 2017, p. 7).

Si ni siquiera somos capaces de pensar sobre cuestiones de género, urge cada vez más que académicos, profesionales y activistas sigan buscando nuevas maneras de dialogar. Solo así las fronteras entre el mundo académico, las instituciones cívicas y políticas y aquellos que construyen conocimiento «fuera» de dichas instituciones, como los activistas del día a día, se desdibujarán y debilitarán (Robinson, 2017).

Bibliografía

—Avaredo, F.; Chancel, L.; Piketty, T.; Sáez E. y Zucman, G. (eds.) (2018): World Inequality Report.

—Campbell, B. (2014a): End of Equality (Manifestos for the 2st Century), Reino Unido, Seagull Books.

—Dorius, S. F. y Firebaugh, G. (2010): «Global gender inequality», en Social Forces, vol. 88, n.º 5, pp. 1.941-1.968.

—Rahman, F. (2014): pp. 163-164. Disponible en https://blogs.state.gov/stories/2013/07/10/malala-daypromoting-education-all

La desigualdad entre hombres y mujeres, en gráficos

La brecha salarial sigue lastrando a la economía española.

La desigualdad entre hombres y mujeres en España se expresa también a través de estadísticas. Los números son fríos, pero elocuentes. Los retos pendientes en España para alcanzar una igualdad efectiva son múltiples, tantos como ámbitos en los que persisten diferencias que atañen a la esfera laboral, de conciliación o de representación política, por citar varios ejemplos.

Empleo

Los últimos datos conocidos esta semana sobre el paro registrado vuelven a poner de manifiesto que el incremento del desempleo en España tiene rostro femenino. La precariedad laboral afecta especialmente a este sector de población y hasta el momento no se percibe que el problema se pueda resolver, ya que la situación amenaza con convertirse en estructural. La alta temporalidad laboral también perjudica a las estadísticas sobre cotización a los distintos regímenes de la Seguridad Social.

Salarios

Por lo que se refiere a los sueldos, la brecha salarial sigue constituyendo un problema de primer orden que, además, supone un serio obstáculo al crecimiento económico de España. Basten los datos del Instituto de la Mujer, que ponen de relieve que la distancia media en España es de un 22%, con una diferencia de casi 6.000 euros entre lo que gana un hombre y una mujer al cabo de un año en nuestro país.

Pensiones

Otro de los aspectos en los que se palpa de manera más cruda la desigualdad entre hombres y mujeres en España es el que tiene que ver con las pensiones. La distancia entre la pensión media de jubilación entre hombres y mujeres. En todas las categorías de estas prestaciones la mujer percibe una cuantía inferior, salvo en la que se refiere a la pensión de viudedad.

Tareas del hogar

Las labores domésticas son otro de los campos donde mejor se aprecia la distancia entre géneros. El progresivo envejecimiento de la sociedad está contribuyendo a reforzar el estereotipo de la mujer como principal sostén en el ámbito de los cuidados asistenciales. Además, mientras la tasa de empleo femenina disminuye con el número de hijos, la de los hombres permanece idéntica. Más del 90% de las personas que trabajan a tiempo parcial para cuidar de sus hijos y de personas dependientes son mujeres. Asimismo, el porcentaje de bajas de maternidad compartidas -4.371 frente a 247.975 asumidas solo por ellas- sigue siendo muy bajo.

Política

El Gobierno de Pedro Sánchez incluye a 11 ministras y 7 ministros, pero en el plano municipal solo 1.604 de los 8.228 ayuntamientos españoles tiene al frente a una alcaldesa, un 19,5%. En el Congreso, de un total de 350 diputados 141 son mujeres mientras que en los escaños del Senado se sientan 98 mujeres de un total de 266 parlamentarios.

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¡Seas hombre o mujer, este asunto te afecta!

Ejemplos que ilustran la desigualdad de género en España

  • Pensiones

    Análisis de Pensiones desde una perspectiva de género es un informe de UGT en el que nos advierten que las mujeres pensionistas en España perciben una pensión alrededor de unos 450 euros menor a la del varón, situándose la media para ellas en torno a los 740 euros y, la de ellos, sobre los 1190.

  • Brecha salarial

    En su informe sobre la igualdad salarial, la Unión General de Trabajadores avisaba de que la diferencia de sueldos entre el hombre y la mujer se situaba en el 24%, la más elevada de los últimos 6 años.

  • Labores domésticas y cuidado familiar

    Según datos del INE de 2016 sobre los usos del tiempo, las mujeres españolas se encargan diariamente, durante casi cuatro horas y media, de las tareas del hogar y del cuidado de menores, mayores o familiares dependientes.

    En cambio, los hombres que se ocupan de estas labores solo les dedican dos horas y media de su tiempo.

  • Liderazgo empresarial

    Gracias al informe Women in business sabemos que se ha incrementado la presencia de la mujer dentro de los cargos de dirección. Aun así, el porcentaje de mujeres españolas directivas es de solo un 27%.

Avanzadoras, el proyecto de Oxfam Intermón contra la desigualdad de género

Las mujeres tienen el valor, el poder o la fuerza suficientes para transformar su vida y cambiar al mismo tiempo su comunidad o construir una sociedad mejor con cada paso que están dando.

No les impidamos avanzar y pongamos de nuestra parte para evitar que la reducción de las ayudas en cooperación al desarrollo de nuestro país ponga en riesgo sus derechos.

En la imagen de la grabación del anuncio para Mediaset del disco libro Avanzadoras, Sole Giménez y Ana Belén en los estudios de Mediaset. © Laura Martínez Valero

Oxfam Intermón ya ha contribuido a ello a través del proyecto Avanzadoras. Este proyecto defiende los derechos de la mujer, tanto en países en desarrollo como en España, permitiendo su empoderamiento y evitando, así, que este colectivo siga estando entre los más desfavorecidos del mundo.

Y no solo eso. También impulsa programas, en los que participan 4,1 millones de personas, para que las mujeres desarrollen sus capacidades y puedan asumir el control de sus vidas y vivir libres de violencia.

La lucha de Teresa Moreno por los derechos laborales de las trabajadoras domésticas

Si tú tienes un trabajo digno donde se respetan tus derechos, ¿por qué las mujeres empleadas en el hogar no deberían acceder a lo mismo?

Mª Teresa Moreno Astudillo dejó en Ecuador a sus hijos y vino a España pensando que era un lugar lleno de oportunidades. Hasta que obtuvo su tarjeta de residencia, el miedo a ser deportada se sumaba al hecho de que los trabajos no estaban bien retribuidos.

Teresa Moreno, avanzadora española y ecuatoriana. © Oxfam Intermón

Llegó la crisis económica y Mª Teresa comprobó cómo el hecho de ser una mujer inmigrante con un empleo doméstico la convertía en una trabajadora multitarea que lo mismo cuidaba a los mayores que a los bebés, que hacía la compra o limpiaba el hogar, pero percibiendo una remuneración muy baja.

Gracias a Pueblos Unidos pudo superar esta situación y comenzar a luchar por sus derechos y los de aquellas otras mujeres inmigrantes que llegan a España. Exigen simplemente que las respetemos, sin aprovecharnos de sus circunstancias. ¡Ponte en su lugar!

Pensando en todo ello… ¿crees que algún día encontrarás un cuento infantil titulado El bello durmiente? Hoy no sabemos todavía si llegará el momento de poder leer nuevas versiones de los cuentos clásicos donde las protagonistas no dependan de un apuesto y valeroso príncipe azul. Mientras tanto, el ejemplo que ofrezcamos a nuestros peques es esencial para no seguir perpetuando estereotipos y para frenar la desigualdad de género en España. ¿Qué opinas tú?

La mujer y la violencia de género

Las víctimas mortales a causa de la violencia de género en lo que va de año hasta febrero de 2019 ascienden a 9, según el último balance del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. En febrero de 2019 un total de 3 mujeres han sido asesinadas víctimas de la violencia machista, lo que representa una variación de 1 respecto al mismo mes del año anterior respecto al mismo mes del año anterior.

La mujer y la conciliación laboral

Los últimos datos disponibles en el INE sobre la brecha de género entre hombres y mujeres muestra que, de forma general, en 2015 los hombres dedicaban más tiempo al empleo principal (39,7 horas a la semana) frente a las mujeres, que dedicaban (33,9). Sin embargo, la mayor diferencia se producía en el trabajo no remunerado (cuidado de hijos, ancianos, tareas domésticas, actividades políticas, sindicales, culturales, etc): las mujeres dedicaban 26,5 horas a la semana, frente a los hombres que usaron 14 horas.

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La mujer y la cultura

En 2018, se entregaron tres Premios Princesa de Asturias a mujeres y cinco a hombres. La única ocasión en la que las mujerese premiadas superaron a los hombres fue en 2005, cuando cuatro reconocimientos fueron para ellas y tres para ellos.

La mujer y la política

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La mujer y la ciencia

Para medir la evolución de las mujeres científicas, el Ministerio de Ciencia presentó hace pocas semanas el informe bienal sobre igualdad de género en la ciencia y en las universidades españolas que mostraba poco cambio en los últimos diez años: La proporción de mujeres en el conjunto del personal investigador en España (en equivalencia a jornada completa) se mantenía en el 39% en el 2016.

¿Qué nos dice el nuevo Informe de Igualdad de Género?

En la actualidad, la igualdad de género es una de las cuestiones que más preocupa a la sociedad europea, y es que todavía hoy queda mucho camino que recorrer para alcanzar la igualdad total y real entre hombres y mujeres.

En algunos ámbitos, como el laboral, esta desigualdad es más destacada. Factores como la brecha salarial, por la que mujeres cobran menos que hombres por realizar el mismo trabajo y tener la misma responsabilidad son importantes obstáculos que hasta que no se salten de manera definitiva nos seguirán impidiendo alcanzar la igualdad.

Como anticipo del día de la igualdad salarial, que se celebra el 4 de noviembre el vicepresidente primero Timmermans y las comisarias Thyssen y Jourová han hecho una declaración conjunta para denunciar que todavía a día de hoy el salario de las mujeres es un 16% inferior al de los hombres, lo que a final de año supone haber trabajado dos meses de manera gratuita.

Además han aprovechado para expresar su apoyo a la iniciativa de la transparencia salarial para que todo el mundo conozca esta discriminación y pueda actuar en consecuencia. Esta y otras ideas, como una distribución equitativa de las labores familiares, creen que serán importantes para acabar con la brecha salarial.

Por otro lado, las mujeres tienen más difícil acceder a puestos de dirección en las empresas y más dificultades para la conciliación laboral ya que suelen ser quiénes sacrifican sus carreras profesionales para cuidar a sus familias.

El Informe de Igualdad de Género realizado por el EIGE nos muestra con datos algunos de estos aspectos y otros igual de importantes para conseguir avanzar hacia una igualdad real y a una mayor velocidad.

Datos del Informe de Igualdad de Género 2019

El último Índice de Igualdad de género realizado por el Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE) muestra que desde 2017 la UE solo ha subido un punto, hasta 67.4, lo que significa un ritmo de crecimiento bajo y con mucho por mejorar.

Este índice muestra una referencia para la igualdad de género en la Unión Europea, y sitúa a casi la mitad de los países por debajo de 60 puntos, una cifra muy baja sobre la que hay que trabajar para que crezca en los próximos años.

Según Virginija Langbakk, Directora del Instituto para la Igualdad de Género (EIGE) señala que avanzar a un ritmo superior en la igualdad de género debe ser una de las prioridades para el nuevo Parlamento Europeo y la nueva Comisión.

El país de la UE que encabeza la lista en cuanto a puntuación que refleja la igualdad es Suecia, que alcanza los 83.6 puntos, y en segundo lugar se sitúa Dinamarca con 77.5. En el lado contrario, la parte baja de la tabla la ocupan Grecia y Hungría, ambos por debajo de 52 puntos, lo que supone un amplio margen de mejora para los próximos años.

Los países que más han mejorado desde 2017 han sido Portugal, con una subida de 3.9 puntos y Estonia, que ha crecido en 3.1 puntos. Por otro lado, Lituania es el único país de la UE que no ha mejorado en cuanto a igualdad de género.

Dentro de los aspectos estudiados para realizar este índice, el que menor puntuación tiene es el del reparto de poder -en este aspecto la puntuación es de 51.9 puntos-, que analiza la igualdad en la toma de decisiones. A pesar de que se está impulsando el ascenso de mujeres a puestos de dirección en empresas, tan solo en Francia, de todos los países de la UE, es en el único donde hay un 40% de cada género en los consejos de administración de empresas que cotizan en bolsa.

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¿Qué mide este informe?

El Informe de Igualdad de Género estudia seis aspectos y cada dos años ofrece nuevos datos sobre el avance de la igualdad de género en la Unión Europea y en cada uno de los países que la forman.

En el apartado del Trabajo sobre todo miden el tipo de contratos que es mayoritario para cada género. La Unión Europea alcanza los 72.0 puntos en este aspecto, mientras que España está casi un punto por encima con 72.9 puntos.

En el del Dinero el tema principal a estudiar es la brecha salarial y cómo está de presente en cada país y el riesgo a estar en situación de pobreza. En este caso la UE está por encima de la puntuación española, con 80.4 y 76.7, respectivamente.

En cuanto al Conocimiento, se observa si existe igualdad de condiciones entre hombres y mujeres para acceder a estudios y a qué tipología de estudios (ciencias, letras o arte). En este apartado la UE obtiene una puntuación de 63.5, mientras que en España la puntuación es de 67.4 puntos.

El Tiempo se refiere a la conciliación laboral y a la distribución de cuidados de familiares y otras tareas del hogar. En este caso, la Unión Europea tiene una puntuación superior a España, con 65.7 puntos por 64.0 puntos.

Como ya hemos comentado, en el ámbito del Poder se mide el reparto de los puestos de trabajo que requieren una responsabilidad y una toma de decisiones, tanto en el ámbito privado como en el público. Tanto en la UE como en España este aspecto es el que recibe la puntuación más baja, con 51.9 puntos para la UE y 62.0 puntos para España.

Otro apartado a analizar en este informe es el de la Salud, en el que se supervisa el acceso a los servicios sanitarios, de hombres y mujeres. La Unión Europea se sitúa en 88.1 puntos, justo dos puntos por debajo de la cifra de España, con 90.1 puntos.

Por último este informe incluye un apartado sobre la violencia, en el que se miden datos sobre violaciones, asesinatos y tráfico de personas, delitos que suelen afectar a las mujeres en su mayoría, pero no ofrece puntuaciones por falta de datos de los países.

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¿Qué dice este índice de la igualdad de género en España?

España tiene una puntuación de 70.1 y se sitúa como noveno clasificado en el ranking creado por la EIGE al realizar este informe. Con esta cifra, España se sitúa 2.7 puntos por encima del resultado obtenido de media para la UE en su conjunto, y destaca que desde 2005 ha aumentado en crecido su puntuación en casi 8 puntos, lo que indica que está avanzando hacia la igualdad de género a un ritmo más rápido que otros países de la Unión Europea.

Su puntuación más alta la encontramos en salud, donde destaca con 90.1 puntos, mientras que la más baja, como en el caso de la Unión Europea es en el ámbito del poder. Aunque en este aspecto es el que más ha crecido desde 2005, con 16.1 puntos más, en España las mujeres todavía son solo un 18% en los consejos de administración de las empresas que cotizan en bolsa.

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Si en sociedades desarrolladas como la española, donde el avance hacia la integración de la mujer y su progresiva igualación con el hombre ha sido espectacular, tenemos conciencia del camino por recorrer que nos queda, peor aún lo tienen en otras partes del mundo, donde nacer mujer es una verdadera condena a muerte o a una vida de servidumbre.

Las principales organizaciones internacionales recogen la igualdad de género como uno de sus principios fundamentales. No se les escapa que, en el interior de las sociedades de muchos de los países que las integran existe un alto grado de desigualdad, violencia y discriminación hacia las mujeres. Nacer mujer es casi una condena a muerte en muchos países donde el infanticidio femenino es práctica habitual, así como condición que imposibilita o dificulta enormemente su acceso a bienes básicos como la educación, empleos y salarios dignos o la mera posibilidad de elegir por sí mismas con quien se quieren casar.

Las Naciones Unidas recogen en su Carta fundacional este propósito en su artículo 1, al referirse a la lucha contra la desigualdad y al respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religion.

Apenas creada la ONU, ya estaba funcionando en 1947 la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, cuyos primeros logros serían el uso de un lenguaje más inclusivo (algo novedoso en la época) en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer en 1953; además de otras muchas convenciones sobre otras cuestiones: nacionalidad de la mujer casada (1957), consentimiento para el matrimonio, edad mínima para contraerlo (1962) y otros.

Pero su mayor éxito es sin duda, tras la declaración por parte de la ONU de 1975 como Año Internacional de la Mujer, y la organización la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en México ese mismo año, la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer en 1979.

La actividad de la ONU se ha extendido al ámbito de los conflictos armados, donde la mujer está siempre sometida a un plus añadido de indefensión y violencia. El Consejo de Seguridad ha aprobado desde el año 2000 diferentes resoluciones específicas para incluir una perspectiva de género en la prevención y solución de los conflictos, la consolidación y el mantenimiento de la paz. Se trata de unos muy necesarios instrumentos de empoderamiento de las mujeres que se encuentran acompañados por la creación de estructuras, dentro de la familia de Naciones Unidas, como ONU Mujeres en 2010

¿Y qué pasa en Europa? Ya el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea recogía en 1957 el principio «a igual trabajo, igual sueldo». Desde entonces, el avance ha sido imparable y muy notable en las áreas de legislación sobre la igualdad de trato, integración de la perspectiva de genero en el conjunto de las políticas comunitarias y adopción de medidas concretas para la promoción de la mujer.

¿Cómo se materializa todo esto? Entre otras cosas, en la Estrategia para la Igualdad de Hombre y Mujeres 2010-2015 de la Comisión Europea, que era un programa marco global para promover la igualdad de género en todas sus políticas, con estas prioridades:

Independencia económica equivalente para las mujeres y los hombres.

Igualdad de retribución para un trabajo de igual valor.

Igualdad en la toma de decisiones.

Dignidad, integridad y fin de la violencia de género.

Promoción de la igualdad de género en el exterior de la UE.

Cuestiones horizontales (roles asignados a los sexos, legislación e instrumentos de gobernanza)

En diciembre de 2015 se aprobó su sucesor, el Strategic engagement for gender equality 2016-2019 (Compromiso Estratégico para la Igualdad de Género), centrado en cinco áreas similares, pero cuyas descripciones hacen ver una mayor madurez de las políticas de género:

-Incrementar la participación de la mujer en el mercado de trabajo e independencia económica equivalente.

-Reducir las brechas de genero en salarios, ganancias y pensiones y lucha contra la pobreza femenina

-Promover la igualdad entre hombres y mujeres en la toma de decisiones

-Combatir la violencia de género y proteger y asistir a las víctimas

-Promover la igualdad de género y los derechos de las mujeres alrededor del mundo.

Para más información en relación a los progresos realizados por la Unión Europea en esta materia, se puede acudir a los informes sobre igualdad entre hombres y mujeres que presenta anualmente la Comisión. Además, es posible encontrar en eur-lex síntesis de la legislación comunitaria en materia de igualdad de género.

España, en virtud de la firma y ratificación de tratados internacionales y de su pertenencia a la Unión Europea, ha ido adoptando legislación conforme a estos principios de igualdad. En 1983 se crea el Instituto de la Mujer, actual Instituto de la Mujer y para la igualdad de oportunidades, cuya misión es: «promover y fomentar la igualdad de ambos sexos, facilitando las condiciones para la participación efectiva de las mujeres en la vida política, cultural, económica y social, así como la de impulsar políticas activas para el empleo y el autoempleo de las mujeres y la de fomentar y desarrollar la aplicación transversal del principio de igualdad de trato y no discriminación».

Por otro lado, si bien hubo antecedentes de leyes autonómicas en materia de igualdad entre hombres y mujeres, no es hasta 2007 que se aprueba a nivel nacional la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres. Previamente fue aprobada en 2004 la Ley Orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género y creados juzgados específicos de violencia sobre la mujer. Por cierto, fantástico el trabajo que realizan diversos observatorios, como el Observatorio Estatal de Violencia de Género y el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del poder judicial.

*Politólogo y abogado.

  1. Por otro lado, si bien hubo antecedentes de leyes autonómicas en materia de igualdad entre hombres y mujeres, no es hasta 2007 que se aprueba a nivel nacional la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres. Previamente fue aprobada en 2004 la Ley Orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género y creados juzgados específicos de violencia sobre la mujer. Por cierto, fantástico el trabajo que realizan diversos observatorios, como el Observatorio Estatal de Violencia de Género y el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del poder judicial.

El papel de la mujer en el mundo actual

Mesa redonda: El papel de la mujer en la sociedad actual

Con motivo de la clausura de la exposición del país africano de Benín (ubicado en el Golfo de Guinea), consistente en una muestra de 42 fotografías que recoge la vida y costumbres de los habitantes de este país que vive principalmente de la agricultura y donde la mujer adquiere un papel de protagonista. Continuando con las actividades en torno a la Mujer, la Fundación General de la Universidad de Salamanca, en el marco del programa de Empresas Amigas de la Universidad de Salamanca y con la colaboración de la Escuela Municipal de Hostelería de Santa Marta, el Ayuntamiento de Santa Marta y el C.C. El Tormes organizaron el pasado 27 de mayo una mesa redonda bajo el título: “EL PAPEL DE LA MUJER EN EL MUNDO ACTUAL». Este acto que contó con la presencia y participación de más de una veintena de mujeres de distintos perfiles que debatieron sobre el papel de la mujer en el ámbito, familiar, político y social.

El objetivo de este encuentro fue recoger las reflexiones de mujeres de diversos ámbitos, que ofrecieron su pensamiento sobre la igualdad de oportunidades a las que aspiran las mujeres, sobre el estado actual y sobre lo que todos tenemos que hacer para alcanzar la deseada igualdad real y efectiva.

Del evento se recogieron algunas conclusiones; muchos logros conseguidos (especialmente según la experiencia de las mujeres participantes que pertenecían al sector político, público, del sector del transporte, del diseño, del sector cárnico, empresarial…) aunque todavía quedan retos por delante como la gran asignatura pendiente es aún la brecha salarial entre hombres y mujeres especialmente gran diferencia en el sector privado, pero todas opinaron que la educación, el respeto y la igualdad son los motores para mejorar el papel de la mujer.

Participaron Empresas Amigas como C.C. El Tormes, Fely Campo, RB Solución de Conflictos, Instituto de Paz y Desarrollo, Bureau Veritas, Hergaher Morcillas y Farinatos entre otras.

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España en el espejo

Mª Ángeles Durán, de 74 años, fue la primera catedrática de Sociología y pionera del feminismo académico. Bárbara Butragueño acaba de aprobar la oposición de administradora civil del Estado y empieza su carrera con 30 años. Dos luchas distintas pero paralelas. Por Virginia Hernández, Javier Nadales y Mario Viciosa

¿Jueces? Las mujeres no pueden ser jueces. No estudian ingeniería de minas. Sólo viajan al extranjero con el permiso de su padre o marido. Al casarse, recibirán una dote por dejar el trabajo con el que ayudaban en casa y cuidar a su familia como es debido. Y, por supuesto, serán ellas las que lavarán más blanco y posarán con la mejor sonrisa en los anuncios de la tele. Aunque para esto último, reconozcámoslo, no haya que viajar a otra época.

Con sentar a una abuela, a una hija y a una nieta en la misma mesa tendríamos tres versiones muy distintas de España. De lo que fuimos y de los posos que aún quedan. De logros y avances, y de retrocesos y viejas herencias, que pueden tener como ejemplos más escandalosos la violencia de género y el creciente control de sus parejas por parte de los más jóvenes (el 52% de los chavales dice a sus novias con quién puede hablar y dónde, según un estudio del Centro Reina Sofía). La nieta se quedaría perpleja con lo que cuenta la abuela y la abuela admiraría orgullosa hasta dónde ha podido llegar su nieta.

El artículo 14 de la Constitución consagró la igualdad de hombres y mujeres, pero el camino tenía mucho recorrido ya trazado y aún le esperaba un horizonte lejano. «Por favor, que las de tu generación no olviden nunca lo que hicimos nosotras». Esa frase, que suena a máxima, fue la que hace unos años la escritora Ana María Matute, fallecida en 2014, espetó a la joven poeta Elena Medel, de ahora 30 años. «Luego me plantó dos besos y se fue. Me quedé rota», recuerda con cariño la cordobesa, también editora del sello literario La Bella Varsovia.

‘Mis 40 años de democracia’

España en el espejo: Mis 40 años de democracia

La autora de este vídeo, Maite Vaquero, nació en 1975, el año en que murió el dictador. Nuestras vidas son tan distintas ahora… ¿O quizás no tanto? Hagamos un viaje de ida y vuelta. Vayamos al ayer para poder compararlo con el hoy.

Aquel encargo de peso de la veterana, Medel lo lleva a su campo y trata de recuperar los nombres de escritoras que fueron sepultadas durante la dictadura, así como dar oportunidad a jóvenes autoras que todavía lo tienen más difícil que sus semejantes. Habla de que las mujeres se signifiquen y no haya tanto miedo a destacar («lo he visto en la universidad, profesoras brillantes que no quieren hacer ruido, aunque luego den conferencias en la Sorbona») y anima a los periodistas, por poner un ejemplo que llega a una gran audiencia, a que descarten la vía fácil y busquen fuentes femeninas expertas para la elaboración de sus reportajes.

«Es una cuestión de voluntad y, seré muy utópica, pero creo que puedes utilizar tu pequeña parcela para cambiar las cosas. Y los que tengan más poder, aún podrán hacer más. Nuestro país es muy abierto en muchos sentidos, pero ahora parece que estamos volviendo hacia atrás. Hay un polo muy fuerte de conservadurismo que retiene los avances», asegura Medel, que explica cómo ve actitudes de otra época en su propia generación, nacida ya a mediados de los 80.

«En el papel de la mujer se ha ganado mucho terreno», asegura el sociólogo Salvador Giner, «pero el último trecho del camino es el más duro». Giner lo compara a los avances y retrocesos de las minorías negras en EEUU, país en el que vivió durante muchos años. «Todavía hay que que educar al hombre. Yo tengo más de 80 años y he cambiado los pañales de mis hijos y los he llevado a la escuela. Es una cuestión de acuerdos: no cocino, porque mi mujer lo hace mejor, pero voy a la compra».

La mujer de ayer y la de hoy

Pongamos una foto junto a la otra para poder comparar. ¿Qué diferencias hay entre una española de 2015 y una de 1975? Para la catedrática de la Universidad de Lyon (Francia) Matilde Alonso, autora de numerosos trabajos sobre la situación de la mujer en España, la mujer de hoy («muy formada, económicamente solvente y dueña de sus actos y su cuerpo») tiene una deuda con la de ayer: «A las mujeres de 1975 les debemos avances importantísimos como fue la ley del aborto y otros progresos básicos que, gracias a ellas, se alcanzaron rápidamente después. No se puede olvidar que entonces la mujer era considerada por la sociedad como menor de edad y estaba arrinconada en las labores del hogar», reflexiona sobre una historia reciente que a veces se olvida.

Alonso opina que la revolución de la mujer ha sido la más importante en nuestro país. Cree que los principales avances se han podido constatar en el número de tituladas universitarias, un 28,1% superior al de hombres graduados según los últimos datos del INE, en la independencia económica que ha traído su plena incorporación al mercado de trabajo (aunque ellas aún cobren de promedio un 14,7% menos que ellos), y el control sobre su propio cuerpo y su sexualidad, «con la libertad y el acceso a los anticonceptivos».

Pero esta investigadora añade que los grandes logros, como han sido las leyes de igualdad que se han aprobado durante estas cuatro décadas, no pueden ocultar el trabajo que todavía queda pendiente: «Aunque la sociedad haya avanzado y jurídicamente no haya ninguna diferencia, el poder sigue concentrado en manos de los hombres. Ellos manejan las redes. Es evidente que es muy duro compartir lo que durante siglos ha sido privativo. Seguramente ésta sea una de las razones por las que los machismos continúan. Es importante que se abra la puerta a las mujeres a los puestos de responsabilidad y que haya unos horarios racionales que permitan la conciliación para los dos. Por el momento, son los hombres los que entronizan a otros hombres», sentencia.

Señala, además, que el miedo de ellas al éxito y al fracaso, y a perder las relaciones sociales ha jugado en su contra: «Quizá la mujer se sienta en muchas situaciones como una intrusa y no se atreva a avanzar», apunta Alonso, «pero sólo tener más mujeres en todas las instancias podrá traer más mujeres, al tejerse relaciones de influencia y ofrecer un modelo a las más jóvenes».

La presión de la maternidad y la familia

Jóvenes que como Bárbara Butragueño , poeta y conocida en su otra faceta como artista callejera como Chincheta, empieza su camino profesional ya con 30 años. Acaba de aprobar la oposición de administradora civil del estado después de cinco años de preparación intensa e, igual que planificó con cuidado ese periodo, ahora piensa en que pronto tendrá que plantearse ser madre: «Acabo de entrar en el mundo laboral y a los 35 ya tengo que empezar a pensarlo. Siento bastante presión por mi reloj biológico e incluso tendré que barajar congelar mis óvulos. Hay mucha dificultad para plantearte tener una carrera profesional y compaginarlo con tener hijos».

Ella tiene el trabajo ya garantizado, pero la situación se complica más para las mujeres de su edad que tienen que enfrentarse a una entrevista de trabajo. Su futura maternidad podrá ser determinante, aunque al tratarse de un asunto personal no debería por norma plantearse siquiera en la conversación. Da igual la respuesta de la candidata: «Es una idea aberrante que piensen que si vas a tener un hijo les vas a fallar», señala Butragueño sobre un asunto que le preocupa.

Los patrones se repiten y las mujeres todavía dedican más tiempo a las tareas domésticas y al cuidado de la familia que sus parejas o hermanos (las mujeres que trabajan fuera de casa dedican tres horas y 46 minutos diarios a las actividades de hogar y familia, mientras los hombres, dos horas y 21 minutos, según el INE). Suelen ser, además, las encargadas de atender a los enfermos y los mayores. María Ángeles Durán, socióloga, ha dedicado buena parte de sus investigaciones a este grupo de personas, que considera «una nueva clase social que todavía no está teorizada y que no está protegida por las garantías que cubren al resto de la población». Para Durán las grandes bolsas de pobreza no están entre los parados sino en los cuidadores de personas enfermas de larga duración, que en la mayoría de los casos son mujeres.

«Ellos sufren la expropiación del tiempo que supone aceptar, generalmente por razones morales, el cuidado de una persona que necesita tantas horas al día que es incompatible con el empleo o con la educación. Son el sector que la sociedad ha decidido que asuma los costes de los que el resto quiere liberarse», explica esta socióloga, cuya historia personal puede verse en el vídeo superior.

Pone el ejemplo de la mujer madura que deja su puesto para atender a sus mayores. Podrá acceder a una pequeña ayuda y sobrevivir con la pensión. Pero cuando sus padres fallezcan, no le quedarán ingresos y será complicado que vuelva a acceder a un empleo. «La sociedad no ha encontrado el modo de corresponder a la tarea que asumen estas personas, se las sacrifica estén dispuestas o no a hacerlo, y una de las razones es que la inmensa mayoría de las cuidadoras son mujeres y políticamente tienen muy poca capacidad de presión», sentencia Durán.

«El cambio irreversible de la posición de la mujer es muy superior a las deficiencias que han ido apareciendo», opina el historiador Juan Pablo Fusi. Cita a Ortega y Gasset y menciona que «es fácil legislar, pero muy complicado que estas leyes cristalicen de forma natural en una conducta ejemplar. La sociedad tiene que estar en un ejercicio permanente para superar esas deficiencias». Fusi apunta a la mayor presencia de las féminas en todos los ámbitos, palpable desde 1975, pero evidencia cómo los consejos de administración de las empresas están poblados de trajes y corbatas. Y denuncia que la utilización publicitaria de la mujer ha hecho que la belleza se convierta en una nueva exigencia laboral: «Ahora parece que una mujer convencionalmente no atractiva o gruesa no sea una buena profesional».

Puede ser que la perspectiva de 40 años todavía sea muy corta, pero este historiador señala un termómetro de los cambios muy notable: «Uno se queda estupefacto cuando va a un pueblo pequeño y se encuentra a una mujer mayor que habla con toda libertad, aunque fue educada en las tinieblas más oscuras sobre su condición. Y ahora ha asumido esta nueva situación de la mujer con una celeridad admirable». Son las mismas mujeres que no podían abrir una cuenta en el banco. Ni se lo planteaban siquiera.

@vir_hernandez | @JotaNadales | @marioviciosa

Los 8 datos más impactantes sobre la desigualdad de género

Para garantizar una mayor igualdad a la mujer así como las mismas oportunidades que a los hombres, independientemente de su procedencia o edad, son muchos los Gobiernos y asociaciones que trabajan en diferentes áreas para mejorar su situación en todo el mundo con el fin de erradicar las desigualdades de género. En este sentido, la Plataforma de Acción de Beijing de 1995 identificó 7 esferas importantes con las cuales era urgente actuar, que veremos a continuación.

La mujer y la pobreza

Las mujeres sin recursos sufren una doble discriminación a causa de su género y de su nulo poder adquisitivo.

La educación de la mujer

La educación es básica para ofrecer las mismas oportunidades a hombres y mujeres y que de esta manera, las féminas lideren el cambio. Las mujeres que han estudiado mejoran el entorno y la sociedad en la que viven, contribuyen en la economía y ayudan a cambiar los estereotipos de género. Hoy en día continúa habiendo grandes diferencias en la educación entre hombres y mujeres.

La violencia de género

Acabar con la violencia contra las mujeres es una de las prioridades de los Gobiernos, ONGs y asociaciones. Dos terceras partes de los países han creado leyes específicas para poner fin a la violencia doméstica. No obstante siguen existiendo vacíos legales respecto a la protección o insuficiencias para acceder a los servicios básicos.

Diferencias en salud

La salud abarca áreas tan amplias como la alimentación o el bienestar físico, pero también derechos sexuales y reproductivos (matrimonios infantiles, ablación, abortos clandestinos…), así como gozar de salud mental.

La mujer en el trabajo

Las mujeres contribuyen de una forma muy notoria a las economías de los países, ya sea trabajando en empresas, en el campo, como cuidadoras o emprendedoras. La desigualdad en el entorno laboral se hace evidente en la brecha salarial y en el tipo de trabajo y condiciones que desempeñan muchas mujeres. Muy pocas ocupan puestos directivos.

La política sigue siendo cosa de hombres

Aunque cada vez hay más mujeres que se dedican a la política o tienen cargos de responsabilidad, su representación sigue siendo mínima si la comparamos con la de los hombres.

¿Cómo tratan los medios de comunicación a las mujeres?

Los ‘mass media’ tienen un importante papel en la creación de opiniones y actitudes. La información que se ofrece en los medios puede deshumanizar a la mujer cuando habla de casos de violencia de género pero también puede dar voz a mujeres que representen un modelo a seguir para muchas otras. Otra crítica muy obvia hacia las ediciones informativas es la poca presencia, por no decir nula, que tienen las mujeres deportistas en los diarios o webs.

La mujer en los conflictos armados

Las guerras causan una profunda herida en la sociedad y dejan a las mujeres y a las niñas en una situación muy vulnerable. Violaciones y agresiones son utilizadas como tácticas de guerra.

Infografías: beijing20.unwomen.or

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Desigualdad de género: el caso de las jugadoras del fútbol argentino

El fútbol es una de las atracciones deportivas por excelencia en Argentina. Se trata de un fenómeno social y cultural que atravesó a todas las generaciones desde fines del siglo XIX a la actualidad. En las últimas décadas, al igual que en el resto del planeta, se vio absorbido por el poder mediático, el cual aumentó la espectacularidad de la práctica y la convirtió en uno de los negocios más rentables del momento.

El poderío económico que manejan las asociaciones más importantes del mundo y sus respectivos clubes, no sólo los lleva a pagar fortunas por un jugador, sino también a incrementar el nivel de profesionalidad, potenciar la marca deportiva y en la mayoría de los casos a fomentar, además del fútbol jugado por varones, también el practicado por mujeres.

El fútbol femenino no es un fenómeno de la historia reciente, sino que se remonta a la Gran Bretaña de finales del 1800. Si bien no tuvo la visibilidad del practicado por hombres, a través de los años fue ganando un lugar dentro de la sociedad británica, sobre todo durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial, cuando la mujer comenzó a ganar espacios dentro de las fabricas y por consiguiente, en los torneos de balompié que allí se organizaban y gozaban de gran popularidad.

Esto apenas fue el comienzo de una historia que llevó varios años hasta el reconocimiento de la FIFA como ente regulador. Desde entonces la mayoría de las potencias de este deporte reforzaron la idea de la profesionalizar esta disciplina. Países como Estados Unidos, Alemania, Brasil, Suecia y Noruega, cuentan con estadios, centros de entrenamiento y un presupuesto que fomenta exclusivamente la práctica, permitiendo que las futbolistas solo se dediquen a jugar.

@rod_herrera @bianchileiton aquí tienen amor a la camiseta. Tenemos que presionar para cambiar la realidad de nuestro fútbol femenino. Urge más apoyo de la federación, de las marcas a las jugadoras y sé que ustedes estarán de acuerdo. Recordé caso noruego https://t.co/nwABWgaBAJ

— Lucía López (@lucialopezchile) 3 de marzo de 2018

En la Argentina de Messi y Maradona, un país que se supone potencia deportiva y dos veces ganador de la Copa del Mundo, el fútbol femenino es ninguneado por la dirigencia, los medios especializados y gran parte del público. Las jugadoras no cuentan con un apoyo económico por parte de los clubes y la AFA, más allá de que la FIFA otorga un presupuesto anual que debe ser destinado a la financiación de los entrenamientos y las diferentes competiciones.

Claudio “Chiqui” Tapia, el titular de la Asociación del Fútbol Argentino, ha manifestado en la presentación de la temporada 2017/18 del Campeonato de Fútbol Femenino, tener la intención y el deseo de ser “el presidente de la igualdad de género”. Esto a la práctica aun no fue llevado: las jugadoras no cobran sueldos ni viáticos y además son relegadas a entrenarse de manera nocturna, algunas lo hacen en la medianoche, ya que no cuentan con un lugar adecuado en horarios centrales, acordes a la realidad nacional, en la cual han aumentado los casos de desapariciones y femicidios.

#SFFRadio – Nicole Moscovich sobre la charla de «Violencia de Género en el Deporte»: «Hay ciertos dirigentes que actúan de mala manera, salen con el cartel de «Ni Una Menos» y después insultan a las jugadoras»

— Sólo Fútbol Femenino (@SoloFutbolFem) 7 de marzo de 2018

Lejos está el fútbol argentino de lograr una paridad de género. Lejos está del ideal que en estos días han alcanzado federaciones como la noruega, donde las jugadoras de la selección nacional y sus colegas varones comenzaron a percibir el mismo sueldo. En nuestro país hay un machismo que sobrevuela las tribunas, el campo de juego, las oficinas y algunos de los medios de comunicación, donde el deporte practicado por mujeres sigue siendo una mera nota de color y los titulares centrales tienen que ver con el mostrarse arriesgado, atrevido y audaz, como sinónimo de “tener huevos”, de ser un juego “exclusivamente de hombres”.

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Claudio “Chiqui” Tapia / Fútbol Femenino / AFA / Fútbol / Deportes

Se han sugerido numerosas causas para explicar por qué las mujeres cobran menos, tienen contratos más precarios y menos posibilidades de ascender en su trabajo. La causa que subyace es el machismo, que deriva en desigualdad de género en todos los ámbitos de la sociedad. Pero si vamos al detalle, vemos que las explicaciones tradicionales socialmente aceptadas sugieren que las mujeres se sienten impostoras en sectores dominados por hombres —y esto nos hace más conservadoras a la hora de pedir aumentos o ascensos— y también que las mujeres se comportan de forma diferente y no tienen las mismas redes de contactos. Esta última hipótesis ha sido recientemente desmentida por un estudio de la Universidad de Harvard que ha monitoreado el comportamiento de hombres y mujeres en la oficina y concluye que no hay diferencias en la forma de actuar, trabajar y relacionarse con el entorno laboral. En este caso, la desigualdad se debe a prejuicios: no a cómo se comportan las mujeres sino a cómo se interpretan sus acciones.

  • ¿Las mujeres y los hombres actúan de forma diferente en la oficina?

Hasta la fecha hay muy poca información sobre cómo los empleados se desenvuelven en su entorno de trabajo. Y la mayoría de los estudios que hay se basan en encuestas y evaluaciones autoinformadas —cuando el trabajador informa sobre su propio comportamiento—. Estos métodos de recogida de datos suelen estar sesgados por la subjetividad de las personas informantes. Para solucionar este problema, los responsables del estudio han tirado de tecnología y han diseñado unos sensores que permiten medir con mayor precisión el comportamiento en el lugar de trabajo.

Desarrollaron un estudio de caso con una multinacional de la que no han publicado más detalles que las conclusiones. Eligieron una compañía donde había falta de representación femenina en los altos cargos. Ellas constituían entre el 35% y el 40% de los empleados en el nivel más bajo, pero ese porcentaje iba disminuyendo conforme tenían en cuenta los cargos de dirección. Es decir, había muchas mujeres en la empresa pero pocas llegaban a dirigir departamentos. La definición gráfica del techo de cristal.

A lo largo de cuatro meses, recopilaron datos de cientos de empleados y repartieron 100 sensores que medían el comportamiento de la persona: registran los patrones de comunicación usando sensores que miden el movimiento, la proximidad a otros sensores y el habla (volumen y tono de voz, pero no contenido). Así pudieron saber quién hablaba con quién, dónde se comunican esas personas y quién domina las conversaciones. Trabajaron con los datos anónimos, sin saber la identidad de las personas pero controlando el sexo y la posición de cada participante. «Para conservar la privacidad, no recopilamos el contenido de ninguna comunicación, solo los metadatos, es decir, quién se comunicó con quién, en qué momento y por cuánto tiempo», explican los responsables de la investigación, Stephen Turban, Laura Freeman y Ben Waber en un artículo de HBR.

  • Hipótesis 1: Las mujeres ocupan menos puestos altos porque no se relacionan tanto con los directivos.

Una de las hipótesis que los responsables de la investigación quisieron comprobar para explicar por qué la mujeres siguen aplastadas por el techo de cristal fue que tal vez ellas tienen menos mentores porque pasan menos tiempo con los gerentes o no son tan proactivas como los hombres al hacer contactos con los altos directivos. Pero lo cierto es que no encontraron casi ninguna diferencia en el comportamiento de hombres y mujeres.

Ellas tenían el mismo número de contactos que los hombres y pasaban tanto tiempo como ellos con los jefes. «No pudimos ver los tipos de proyectos en los que estaban trabajando, pero descubrimos que los hombres y las mujeres tenían patrones de trabajo indistinguibles en la cantidad de tiempo que pasaban conectados y en conversaciones cara a cara», explican. Y en las evaluaciones de desempeño, ambos sexos recibieron puntuaciones estadísticamente idénticas. Sin embargo, las mujeres no avanzaban y los hombres, sí.

  • Hipótesis 2: Las mujeres ocupan menos puestos altos porque no acceden a las redes informales de contacto o porque no pasan tiempo con los hombres

Esta hipótesis tampoco se mantuvo en los datos que encontraron Stephen Turban y sus colegas. «Encontramos que la cantidad de interacción directa con la gerencia era idéntica entre los géneros y que las mujeres eran tan centrales como los hombres en la red social del lugar de trabajo», explican. La métrica que usaron para esto se llama centralidad ponderada. Eres un trabajador central si estás cerca de las decisiones que se toman o de un individuo con muchos contactos. La centralidad ponderada tiene en cuenta la cantidad de tiempo que los empleados pasaron hablando con diferentes personas, de lo que dedujeron la fortaleza de la relación que los unía. Las mujeres eran tan centrales como los hombres en la compañía, pero ellas no avanzaban y ellos, sí.

  • Entonces, ¿las mujeres y los hombres actúan de forma diferente?

No. «Nuestro análisis sugiere que la diferencia en las tasas de promoción entre hombres y mujeres en esta empresa se debió, no a su comportamiento, sino a la forma en que fueron tratados», explican los investigadores. Esto indica que la desigualdad de género se debe a prejuicios, no a diferencias de comportamiento. En este caso, dos grupos de personas están actuando de forma idéntica pero se les trata de manera diferente. «Nuestros datos implican que las diferencias de género pueden residir no en cómo actúan las mujeres, sino en cómo las personas perciben sus acciones», explican. «Si las mujeres hablan con los altos mandos en tasas similares a las de los hombres, entonces el problema no es la falta de acceso, sino la forma en que se ven esas conversaciones».

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