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Leche sin lactosa propiedades

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La tradicional leche entera de toda la vida ha ido cediendo espacio en la nevera a otras variedades de leche, entre ellas las sin lactosa. Algunas publicaciones destacan su valor ante la gran cantidad de nutrientes que tiene, pero también el proceso de fabricación. En este artículo te explicamos 6 razones para optar por la leche sin lactosa.

1-La puede beber cualquiera

Es ideal para todo tipo de personas, no sólo los intolerantes a la lactosa. Distintos estudios han demostrado que resulta tan nutritiva como la convencional, con la diferencia de que se le añade un componente que suprime la intolerancia.

La intolerancia a la lactosa hace referencia afecta a las personas que no asimilan bien la propia lactosa, que es el azúcar que va en la leche. Los afectados no producen lactasa, que se trata de una enzima que se encuentra en los intestinos y que se ocupa de absorber los nutrientes de esta bebida.

Los intolerantes a la lactosa suelen presentar molestias en el estómago, inflamación de la barriga, gases y colon irritable.

2-Contribuye a perder kilos

En el proceso de eleaboración de esta bebida se van perdiendo la mayoría de las grasa, por lo que puede ser una estupenda opción para adelgazar.

3-Fortalecimientos de los huesos

Entre los principales nutrientes de esta leche se encuentran el calcio, el fósforo y la vitamina C, que ayudan a conseguir unos huesos más fuertes y sanos.

4-Tomarla con la presión elevada

Cuando la presión arterial es alta se recomienda beber lecha sin lactosa. Esto es debido al importante número de minerales que contiene.

5-Reforzar las defensas

Al tratarse de un producto rico en vitamina C, conseguirá que resulte más sencillo prevenir la entrada de virus y bacterias en el organismo.

6-Un corazón más sano

La vitamina B que tiene este tipo de bebida permite generar nuevos glóbulos rojos, que facilitan el tráfico de sangre hacia las arterias y las venas.

Son algunos de los motivos para tomar leche sin lactosa.

Qué es la lactosa: quién puede tomar y quién debe evitarla

En los últimos años se ha popularizado el consumo de leche y productos ‘sin lactosa’, con estimaciones de crecimiento del 27% cada año. Lógicamente, no es porque haya un incremento del 27% en la incidencia de patologías relacionadas con la digestión de la lactosa, sino que responde a otras motivaciones: muchas personas que no tienen problemas para digerir este azúcar optan por productos ‘sin’ pensando que son más saludables.

Así lo refleja AECOC, que indica que un 75% de estos consumidores voluntarios eligen productos sin lactosa porque los consideran “más sanos” y “más digestivos”. Sin embargo, esto no tiene ningún fundamento. Y para entender esta afirmación vamos a tratar de aclarar qué es la lactosa y por qué su ingesta no afecta a las personas sin intolerancia, y cómo sí perjudica de forma negativa a las personas con problemas para digerirla.

Qué es la lactosa

La lactosa es un hidrato de carbono simple, es decir, lo que comúnmente conocemos como ‘azúcar’. Está formado por la unión de dos azúcares más sencillos (llamados monosacáridos), la glucosa y la galactosa.

La leche contiene aproximadamente 4,7 gramos de lactosa por cada 100ml. Es importante destacar que, a pesar de ser un azúcar simple, cuando se encuentra en la leche y los lácteos la OMS no lo considera un azúcar libre, sino intrínseco. Por lo tanto, no conlleva efectos perjudiciales para la salud y no entra dentro del grupo de azúcares que tenemos que limitar en nuestra dieta.

Efectos adversos del consumo de lactosa

En condiciones normales, la lactosa se digiere en el intestino delgado. Las células que recubren la pared intestinal (enterocitos) producen la enzima β-galactosidasa (también conocida como lactasa), que rompe el enlace que une la glucosa y la galactosa. Estas moléculas son más pequeñas que la lactosa y pueden ser absorbidas y pasar a la sangre, que las transporta hasta los tejidos para servir como fuente de energía.

Sin embargo, las células intestinales de las personas que presentan intolerancia a la lactosa no son capaces de secretar esta enzima, aparece hipolactasia (déficit de lactasa). De esta forma, la lactosa no se digiere y llega íntegra al intestino grueso. La presencia de lactosa en esta zona del aparato digestivo tiene un efecto doble:

  • Atrae agua, que pasa de la sangre a la luz intestinal. El agua diluye las heces y produce las típicas diarreas.
  • Sirve como sustrato para la microbiota intestinal. Las bacterias la fermentan y producen metabolitos y gases. Estos gases son los que producen la distensión abdominal y las flatulencias.

Tipos de intolerancia a la lactosa

En muy pocos casos, la intolerancia a la lactosa aparece desde el nacimiento, en cuyo caso se conoce como déficit primario congénito de lactasa y es la forma más grave, ya que el recién nacido no tolera la leche.

Sin embargo, la intolerancia a la lactosa que se presenta tras el destete es una condición fisiológica absolutamente normal: se produce una reducción progresiva de la producción de esta enzima hasta llegar a mantener solo el 10% de la inicial. De hecho, se calcula que entre el 66% y el 75% de la población mundial tiene déficit de lactasa (con grandes variaciones según la etnia). En España, esta condición afecta a un 34% de la población.

Por último, hay un tipo de déficit secundario que aparece cuando hay una patología en el intestino delgado, por ejemplo, una gastroenteritis. Una vez superada la enfermedad, los enterocitos suelen recuperar la capacidad para producir lactasa en más o menos tiempo.

Debe quedar claro que la intolerancia a la lactosa no es una alergia alimentaria. Las alergias involucran al sistema inmune y, cuando la persona se expone al alérgeno, las reacciones adversas pueden ser muy graves y poner en riesgo su vida: es lo que sucede en el caso de la alergia a las proteínas de la leche.

Sin embargo, en las intolerancias alimentarias los efectos negativos se producen a nivel intestinal, y si bien pueden ser molestos y limitantes, no suponen un compromiso vital. Por lo tanto, la intolerancia a la lactosa no es alergia a la leche.

Pros y contras de tomar leche y productos ‘sin lactosa’

Antes de lanzarse a comprar leche ‘sin lactosa’ u otros lácteos o productos ‘sin lactosa’ hay que saber si realmente hay una condición fisiológica que lo justifique. Muchas personas se autodiagnostican como alérgicos o intolerantes a un alimento y lo eliminan de su dieta sin razón. Un reciente estudio publicado en JAMA Network Open estimó que solo la mitad de las personas que se consideraban alérgicos, realmente sufrían esta condición.

Esto, lejos de mejorar su estado de salud, puede suponer un problema doble: se eliminan grupos de alimentos de la dieta y, si realmente hay una patología digestiva, se puede dificultar el diagnóstico y retrasar el abordaje terapéutico.

Es muy positivo que los productos ‘sin lactosa’ inunden el mercado, porque eso supone que están accesibles para las personas con intolerancia a la lactosa (real y diagnosticada) a un precio razonable (aunque sigue siendo superior al de sus homólogos convencionales). Pero en el caso de la población general su ingesta no está justificada, no van a aportar ningún beneficio y, por contra, sí que puede suponer un problema.

Y es que, además de las evidentes restricciones dietéticas, la capacidad para producir lactasa es adaptativa. Si hay lactosa, producimos la enzima; si no hay lactosa, la lactasa va desapareciendo. Es decir, que podemos acabar siendo intolerantes a la lactosa simplemente por no exponernos a ella.

Además, el consumidor sin intolerancia que adquiera estos lácteos ‘sin’ estará pagando aproximadamente un 33% más por un producto que realmente no necesita.

La leche sin lactosa está viviendo un auténtico boom. Ya sea como respuesta a la intolerancia a la lactosa o los nuevos gustos, hoy en día pueden encontrarse en las estanterías de los supermercados una gran variedad de leches sin lactosa: de arroz, almendras, soja… Pero ¿cuáles son los principales tipos que existen y cuáles son sus propiedades? Te damos algunas claves sencillas para que puedas elegir la leche sin lactosa que más conviene en casa.

Leche de almendra

En primer lugar, para despejar dudas, te aclaramos que la lactosa no es más que el azúcar natural que contiene la leche que producen los mamíferos, incluida la materna. Está compuesta a su vez por glucosa y lactosa. En España, se estima que un 34% de la población sufre de intolerancia a la lactosa.

Pero ¿qué es la intolerancia a la lactosa? Se produce por la ausencia de lactasa en el organismo, que es imprescindible para dividir la lactasa en sus dos componentes. Sin este proceso, el organismo no puede absorber la lactosa y es fermentada por la flora bacteriana. Esto origina ácidos grasos y gases que pueden producir náuseas, dolor abdominal, gases, diarrea, etc.

Leche vegetal o animal sin lactosa

Si en casa tenéis este problema, como alternativa podéis elegir entre leches vegetales o leches sin lactosa de origen animal. Entre las vegetales, la oferta es muy amplia: leche de soja, de avena, de espelta, almendras, arroz, etc., ricas en hidratos de carbono, vitaminas, proteínas y fibra. Además, algunas como la de almendras no contienen gluten y otras como la de avena son perfectas para diabéticos.

Por otro lado, están las leches sin lactosa de origen animal: ya sea de vaca sin lactosa o de cabra, que aunque tiene lactosa, su contenido es mucho menor que el de otras y tiene más fácil digestión. Son varias las marcas que las comercializan actualmente.

Una pregunta frecuente suele ser si la leche sin lactosa sabe igual que la leche ‘normal’. A algunas personas les sabe más dulce, debido a operaciones químicas que ocurren durante su procesamiento, aunque las marcas van mejorando progresivamente su resultado, de manera que cada vez más se parece a la leche tradicional.

Propiedades de la leche sin lactosa

Al contrario de lo que suele pensarse, la leche tiene la misma cantidad de calorías que la leche tradicional y mantiene los mismos nutrientes, pero al ser sin lactosa es más digestiva.

Recuerda que el hecho de que seas intolerante a la lactosa no significa que tengas que renunciar a la leche, sino que puedes optar por alguna opción alternativa. No obstante, su consumo

Leches vegetales

se recomienda dentro de una dieta variada y equilibrada y no es apta para las personas intolerantes a la proteína de la leche de vaca.

En nuestros Supermercados MAS puedes encontrar una gran variedad de leche sin lactosa en diferentes productos. Además, hemos incorporado una novedad: la leche sin lactosa de Pascual, para que tengas la confianza de una marca tradicional.

Entre los productos con leche sin lactosa que podemos ofrecerte desde nuestras tiendas se encuentran diferentes leches enteras, desnatadas y semidesnatadas, natas líquidas y en spray, mantequilla, batido de chocolate sin lactosa y quesos, entre otros.

Las 10 (+1) cosas que no sabías sobre la leche sin lactosa

10/05/2017 05:00 – Actualizado: 28/05/2017 11:30

Has oído mil leyendas. Que la leche puede resultar indigesta, que la entera tiene más calcio que la desnatada y, últimamente, se ha puesto de moda la leche sin lactosa. Otra fuente de mitos. ¿Es mejor esta variedad que la leche ‘normal’? ¿Aporta menos calorías? Seas intolerante o no, en este artículo resolvemos todas las dudas que puedas tener.

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1. ¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La lactosa es un disacárido o, lo que es lo mismo, el azúcar natural de la leche. La intolerancia a la lactosa se produce por la ausencia de lactasa en el organismo. Su función es dividir la lactosa en sus dos componentes: glucosa y galactosa; pero si este proceso no se produce correctamente, significa que la lactosa no es absorbida por el organismo. Al no digerirse, es fermentada por la flora bacteriana provocando molestias.

2. ¿Cuáles son los síntomas?

Aunque siempre hay que consultar con el médico para que haga un diagnóstico, puedes empezar a sospechar que padeces intolerancia si, después de ingerir leche u otros derivados lácteos, sufres alguno de los siguientes síntomas: náuseas, vómitos, dolor abdominal, gases, diarrea…

Estas molestias se producen porque se originan ácidos grasos de cadena corta y metano, hidrógeno y dióxido de carbono; unos gases que producen los síntomas característicos de esta patología.

Estos síntomas aparecen entre los 30 minutos y las dos horas después de ingerir alimentos que contienen lactosa. La tipología e intensidad de los síntomas pueden variar según el grado de intolerancia.

3. ¿Es más digestiva la leche sin lactosa?

Si tu cuerpo no es capaz de romper toda la lactosa de la leche, puedes notar el vientre hinchado, ya que esta mala digestión produce gases. La leche sin lactosa, al ser más digestiva, minimiza el efecto de los gases y la sensación de pesadez.

4. ¿La leche sin lactosa sabe igual que la leche ‘normal’?

Por el proceso industrial, la enzima lactasa rompe la lactosa en sus dos azúcares simples: la glucosa y la galactosa. Es por este proceso que los consumidores perciben un sabor más dulce que en la leche ‘clásica’.

El 34% de los consumidores de leche ‘clásica’ que prueban una leche sin lactosa la abandona por su sabor, y a más de la mitad les sabe distinta que una leche ‘tradicional’, según el estudio ‘Descubriendo al consumidor de Leche Sin Lactosa 2013’(1). Marcas como Pascual han conseguido mejorar su proceso para poder ofrecer el mejor sabor; un sabor menos dulce y más parecido a una leche ‘normal’, manteniendo todos los nutrientes de la leche ‘tradicional’.

5. ¿Tiene menos calorías que la leche ‘tradicional’?

Se ha extendido la falsa creencia de que la leche sin lactosa aporta menos calorías que la leche ‘tradicional’. Sin embargo, el contenido total de azúcares es el mismo.

La única diferencia es que a la leche sin lactosa se le añade lactasa para que transforme este azúcar en sus unidades más sencillas (glucosa y galactosa) y, así, puedan ser absorbidas fácilmente por el organismo.

6. ¿Aporta los mismos nutrientes que la leche ‘normal’?

La leche sin lactosa mantiene todos los nutrientes de los lácteos. Sigue siendo un alimento muy completo que debes incluir en tu dieta diaria para conseguir las recomendaciones diarias de calcio o vitamina D.

7. ¿La leche sin lactosa vale para todos?

La ventaja que presenta la leche sin lactosa es que es apta tanto para los intolerantes como para los que no lo son. La leche sin lactosa se recomienda en el contexto de una dieta variada y equilibrada y un estilo de vida saludable.

Los únicos que deben eliminarla de su dieta son los alérgicos a la proteína de la leche de vaca, que podrán sustituirla por bebidas vegetales alternativas, como por ejemplo la de soja.

8. ¿Cuántas personas son intolerantes a la lactosa en España?

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (2), una de cada tres personas en España no tolera la lactosa, en mayor o menor medida, y muchas de ellas no lo saben.

Ante este nuevo panorama, los productos sin lactosa son un mercado en auge. Hasta hace poco, cuando la leche sentaba mal, la única opción era reducir o renunciar a su consumo. Ahora existen como alternativa las leches sin lactosa.

9. ¿Qué tipos de intolerancia existen?

Si eres uno de los afectados por esta patología, se puede deber a tres causas:

– Deficiencia congénita: se produce desde el nacimiento. El bebé tiene ausencia de actividad de la lactasa desde que se expone al consumo de la leche materna. Es una tipología de intolerancia poco frecuente.

– Deficiencia primaria: es un trastorno en el que, con la edad, se produce un descenso fisiológico de la producción de lactasa en el organismo; normal en la mayoría de los mamíferos. La prevalencia es elevada y variable geográficamente, siendo más frecuente en países del hemisferio sur.

– Deficiencia secundaria (o adquirida): suele ocurrir como consecuencia de enfermedades gastrointestinales, enfermedad celíaca o infecciones y, generalmente, tiene carácter puntual.

10. ¿Cómo puedo saber si soy intolerante a la lactosa?

Si ya has observado molestias o sospechas que podrías padecer algún tipo de intolerancia a la lactosa, deberás acudir al médico para que realice las pruebas pertinentes. Estas pueden ser:

– Test de hidrógeno espirado: es la prueba más utilizada y consiste en beber una dosis estándar de lactosa disuelta en agua para posteriormente medir los niveles de hidrógeno en el aliento a los 15, 30, 60, 90 y 120 minutos.

– Test sanguíneo: busca la presencia de glucosa en la sangre. El cuerpo produce glucosa cuando la lactosa se descompone.

– Biopsia de intestino delgado.

10 + 1. ¿Por qué los chinos son intolerantes?

China es uno de los mayores productores de lácteos del mundo y, sin embargo, la mayoría de su población es intolerante a la lactosa; es decir, que su cuerpo no produce lactasa. Una de las hipótesis más comunes afirma que aquellos pueblos que tradicionalmente no han sido ganaderos no han desarrollado esta capacidad de producir lactasa. ¿Sabías que más del 70% de la población mundial es intolerante a la lactosa?

(1) Fuente TNS, Estudio ‘Descubriendo al consumidor de Leche Sin Lactosa 2013’ y Milward Brown 2015/Amber organoléptico marzo 2015/IPSOS: Potencial de Sin Lactosa Cuantitativo. Jun. 2016 (Muestra a 2010 individuos. Amb. Nacional).

(2) EFSA Journal 2010;8(9):1777.

Analía, socia y lectora y socia de eldiario.es, nos escribe el siguiente correo: «En mi familia el tema de la leche sin lactosa se ha convertido ya en una cuestión de Estado. A mí me gusta la leche normal y corriente además de entera, y no tengo ningún problema digestivo cuando la bebo, pero mi marido y mi hija se empeñan en comprar leche sin lactosa porque en el gimnasio alguien les ha dicho que es más saludable, que adelgaza al quitar el azúcar y que hincha menos la barriga. ¿Es eso cierto y me estoy perdiendo algo maravilloso o bien les están engañando como bobos?»

Sin llegar a tildar de ‘bobos’ a los que creen en los beneficios de la leche sin lactosa, lo cierto es que sí son víctimas de una de las últimas modas nutricionales sin sentido y toda la información en forma de leyenda urbana que la acompaña. Los argumentos relatados por Analía en su correo no solo resultan ser falsos, sino que también despistan respecto a los posibles beneficios de la lactosa, así como de los peligros de eliminar su consumo si no somos intolerantes.

Para aclarar este asunto lo mejor es relatar los ocho mitos que se han desplegado en torno a la leche sin lactosa, a veces de modo tan inocente como ignorante, pero otras estando detrás los velados intereses de la industria lechera, que hace uso del marketing menos honesto.

Mito 1: la lactosa es mala

Antes que nada aclarar que la lactosa no es ni buena ni mala, simplemente es el azúcar propio de la leche, que se encuentra en una proporción del 5%. Se trata de un disacárido formado por una molécula de glucosa y otra de galactosa, un azúcar que en el hígado se transforma en glucosa. La lactosa no se puede absorber por vía intestinal, pero sí la glucosa y la galactosa por separado.

Para romper la lactosa de modo que se pueda absorber tenemos la enzima lactasa, muy abundante en los bebés pero que con la edad vamos perdiendo, ya que se supone que no nos debemos alimentar de leche. No obstante, evolutivamente nos hemos acostumbrado a alimentarnos también de leche, a diferencia de otros mamíferos, y por eso la mayoría de las personas mantenemos ciertos niveles de producción de lactasa.

Pero no todos nosotros: algunas personas, y algunas razas -por falta de costumbre de consumir leche- pierden tras la infancia la capacidad de producir la enzima lactasa y, por tanto, de romper la lactosa. En consecuencia, este azúcar pasa por el intestino sin romperse ni absorberse y llega a la flora intestinal, donde es consumido por las bacterias, que producen gases y agua.

La consecuencia, que no siempre se manifiesta, pueden ser desarreglos intestinales, cólicos, diarreas y deshidratación. Es una cuestión relativa en adultos, pero conviene vigilarla en niños. Por otro lado, la producción de lactasa puede desactivarse si no se toma lactosa o activarse si se toma, por lo que poblaciones que no suelen consumir leche, al hacerlo, padecen desarreglos al principio pero luego acaban acostumbrándose. En estos casos hablamos de intolerancia transitoria frente a la permanente.

Mito 2: la mayoría somos intolerantes a la lactosa

Solo un 3% aproximado de los menores y un 5% del total de personas somos intolerantes permanentes a la lactosa. Dicha intolerancia, por otro lado, debe ser verificada por un médico mediante pruebas de diagnóstico que implican análisis de sangre y biopsias. Es decir: la inmensa mayoría somos tolerantes a la lactosa. Otra cuestión es que si nos pasamos años sin probar la leche, después nos cueste activar la producción de la enzima lactasa y nos convirtamos en intolerantes transitorios.

Mito 3: La leche sin lactosa tiene menos azúcar

Lo que hacen las empresas lecheras para eliminar la lactosa no es quitarla, sino romperla tal como haría el aparato digestivo de los que somos tolerantes. Es decir, le añaden lactasa para que la rompa en glucosa y galactosa, azúcares que sí pueden ser absorbidos por el intestino de los intolerantes. Para ello emplean levaduras y bacterias inocuas y específicas.

Por lo tanto, la leche sin lactosa sigue teniendo exactamente la misma proporción de azúcares que la leche con lactosa, en torno a 5 gramos por cada 100 gramos. Queda así claro que la leche sin lactosa no es ningún remedio para consumir una leche con menos azúcares.

Mito 4: La lactosa causa hinchazón de barriga

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa pueden ser, en efecto, gases, pero se expresan en el intestino grueso, no en el estómago, en forma de flatulencias, no de hinchazón de estómago. Este último fenómeno se produce por otro tipo de fenómenos de rechazo alimentario relacionados con alergias poco definidas.

Mito 5: La leche sin lactosa es más dietética

Este bulo tiene dos orígenes bastante claros. El primero es el uso poco honesto que las empresas hacen del marketing para promover esta modalidad. Este enlace es un ejemplo claro. El segundo es el hecho de que las leches sin lactosa son también mayoritariamente desnatadas o semidesnatadas, con lo que lógicamente implican menos poder calórico. Pero ello se debe a la ausencia de grasas, no a la ausencia de lactosa.

Mito 6: Consumir leche sin lactosa es más saludable

Una argumentación no solo sin base alguna sino también ilegal si figura en el etiquetado de este tipo de leche. La Autoridad Europea se Seguridad Alimentaria (EFSA) ha emitido un dictamen en el que advierte que está prohibidoemplear el reclamo health claim (alegación saludable) para la eliminación de la lactosa de un producto. Todavía no se ha demostrado que, para un individuo sano, la ausencia de lactosa repercuta positivamente en la digestión.

Mito 7: Consumir leche sin lactosa no entraña peligros

Sí los entraña. Para empezar, porque desactivamos nuestra capacidad de producir lactasa y si eventualmente quisiéramos volver a consumir leche normal, quizá pasaríamos por un periodo de intolerancia transitoria. Si multiplicamos este datos por millones de personas consumiendo leche sin lactosa por norma, nos podemos poner en un escenario en el que el gen evolutivo que nos permite producir lactasa una vez pasada la lactancia se desactive completamente.

Es por ello que se desaconseja consumir leche sin lactosa si no se es intolerante. Adicionalmente se ha demostrado que incluso los individuos intolerantes lo son hasta cierto nivel y que es bueno para ellos consumir ciertas dosis de lactosa, pues alimentan a determinada flora intestinal que, a su vez, permite aumentar la capacidad de absorción intestinal de calcio. Un estudio demostró que los individuos intolerantes que beben algo de lactosa absorben mejor el calcio de la leche que los tolerantes.

Mito 8: La leche sin lactosa cuesta lo mismo que la normal.

Falso, ya que es de media un 33% más cara.

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En los últimos años cada vez son más las personas que sufren algún tipo de problema digestivo. Si de forma habitual después de beber un par de vasos de leche acaban en el cuarto de baño, lo asocian con la intolerancia a la lactosa. Al margen de que solo un diagnóstico médico podría confirmarlo, es importante tener claras algunas claves para distinguir una intolerancia de otras posibles fuentes de malestar.

La intolerancia a la lactosa tiene grados

Curiosamente, en Europa —sobre todo en los pueblos con una tradición ancestral ganadera, como los holandeses y los suecos— la incidencia de la intolerancia a la lactosa no está tan extendida como en otros países gracias a una peculiar adaptación genética.

Aunque no existen cifras oficiales, el colectivo médico calcula que entre un 30% y 50% de la población podría ser intolerante a este azúcar, según un estudio publicado en 2015 por la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), a partir de encuestas entre facultativos. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria afina más y señala el máximo de incidencia en un 34% para la población española.

Estas personas sufren en general hinchazón, dolor abdominal y diarrea después de consumir productos con un alto contenido en lactosa; como leche de vaca, oveja y cabra, helados con base de leche, nata y algunos quesos frescos.

¿Por qué sucede esto? La lactosa es un azúcar o disacárido natural de la leche, compuesto por dos monosacáridos —la glucosa y la galactosa—, que el organismo debe dividir para poder absorberlos. De ello se encarga la lactasa, una enzima que se produce en el intestino delgado; pero si se tiene un déficit de esta enzima, el organismo no puede metabolizar —transformar los alimentos para su absorción— correctamente la lactosa y aparecen las molestias intestinales. Por grados, puede ir desde una ligera sensibilidad hasta una intolerancia grave que conlleva la retirada de la leche de la dieta.

Aunque en ningún caso la intolerancia llega a una gravedad extrema, como explica el doctor Gabriel Olveira Fuster, miembro del Comité gestor de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición) y presidente de la Sociedad Andaluza de Nutrición Clínica y Dietética (SANCYD): «Dado que no presenta una amenaza para la salud, el tratamiento aquí consiste en minimizar la incidencia y la intensidad de los síntomas. Después de eliminarla de la dieta se puede ir introduciendo e ir comprobando la tolerancia».

Además, si se consume leche habitualmente se establece una cierta “tolerancia adquirida”, ya que «la flora intestinal se adapta en cierta forma a la presencia de lactosa», añade el catedrático Miguel Calvo, coordinador del Grupo de Investigación en Bioquímica de las Proteínas de la Leche de la Universidad de Zaragoza.

No todo es intolerancia: puede ser colon irritable

“No todo el que se considera intolerante a la lactosa lo es: existe mucha desinformación y se puede confundir con otros problemas digestivos, como el síndrome de colon irritable. Pero también es cierto que a veces quien nunca tuvo problemas con la leche, de la noche a la mañana puede sufrir problemas intestinales», puntualiza Calvo.

En un estudio de cohortes —en un grupo de población seleccionado, en este caso pacientes diagnosticados de colon irritable— llevado a cabo por la Universidad Sophia-Antipolis de Niza, solo el 19% de aquellos que, en la soledad de su casa y echando mano del doctor Google, habían llegado a la conclusión de que eran intolerantes resultaron serlo. Además, los investigadores encontraron que aquellos pacientes que manifestaron síntomas de malabsorción a la lactosa durantes las pruebas —test del aliento— tenían un cuadro de colon irritable más severo que aquellos que dieron positivo al test, pero no presentaron síntomas en el momento de realizárselo. De aquí la importancia de buscar un diagnóstico profesional.

Nada que ver con la alergia

Si la intolerancia a la lactosa y el colon irritable pueden compartir síntomas, ninguna de las dos puede confundirse con la alergia a la proteínas de la leche, muy diferente en sus síntomas y en sus consecuencias, pues compromete el sistema inmunológico.

La reacción alérgica se produce ante proteínas lácteas —no frente al azúcar (lactosa), que es la causante de la intolerancia— como la betalactoglobulina y la caseína. Los síntomas de esta alergia —que es poco frecuente, suele aparecer en la infancia y puede remitir posteriormente— son urticaria, picores en la lengua y la garganta, problemas respiratorios y en caso extremo, anafilaxia.

Aquí no basta con retirar la leche de la dieta, sino que dependiendo de la intensidad de la alergia conviene controlar también los productos procesados y algunos medicamentos que pueden haber estado en contacto con estas proteínas en su elaboración.

¿Sabe que puede tomar yogur o mantequilla?

Además de las leches sin lactosa, los intolerantes a este azúcar tienen una amplia variedad de productos derivados de la leche que pueden consumir sin preocuparse por la motilidad gastrointestinal, como yogures, kéfir, cuajadas, mantequilla y quesos curados. Esto es posible gracias a las bacterias lácticas —lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus— que se utilizan para la fermentación, rompen la lactosa y producen ácido láctico. Cuanto más ácido sea el producto, menos cantidad de lactosa y mejor digestión: un yogur, por ejemplo, es más ácido que el kéfir.

Una buena noticia para los intolerantes a la lactosa, ahora que la artesanía del yogur amenaza con sustituir a la de la cerveza. No solo se pueden comprar, si se está al otro lado del océano, recetas muy especiales con leche de oveja como las que propone Bellwetherfarms, o lanzarse a los ecológicos de Vrai que pueden encontrarse en España (si son enteros, tiene más ácidos grasos que los convencionales, lo que los hace aún más aptos para los intolerantes): lo próximo será hacerlos en casa. Eso sí, cuanto más ácidos mejor.

“Lo que influye en que un yogur sea más o menos ácido es el microorganismo que se ha incorporado a la leche para su fermentación», explica Miguel Calvo, y añade: «En esa elaboración, las bacterias lácticas rompen la lactosa en galactosa y glucosa, y por tanto ahorran ese trabajo al intestino. Si una persona tiene una intolerancia leve y puede beber medio vaso de leche, podrá consumir dos yogures. Y además el efecto no es acumulable: en un mismo día puede comer un yogur por la mañana y otro por la noche y no pasa nada. Lo que no tiene ninguna base científica es la diferencia entre yogures ecológicos y no ecológicos para evitar la intolerancia a la lactosa. Pueden ser más o menos cremosos, pero el efecto en cuanto a la intolerancia será el mismo”, concluye el investigador.

En cuanto a las personas afectadas de colon irritable, numerosos estudios han concluido que los alimentos con probióticos, como los yogures, ayudan a mejorar los síntomas. Sí y no. En una revisión de estos estudios llevaba a cabo por la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington (EE UU) observaron que, según los síntomas que presenta el paciente y el tipo de probiótico, estos suplementos pueden ayudar a revertir la irritación mejorando la flora intestinal o no reportar ningún beneficio en absoluto.

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