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Ley de la mujer

Los derechos de la mujer en España hasta nuestros días

Durante décadas, la lucha por ampliar los derechos de la mujer en España se mantuvo inactiva. Fue en la década de los 60 cuando se aprobó la Ley de los Derechos Políticos, Profesionales y Laborales de la Mujer, un cambio impulsado por las transformaciones socioeconómicas de esos años.

En este entorno surgen figuras como María Aurelia Capmany y Lidia Falcón, así como grupos feministas vinculados a organizaciones políticas, que gozarían de una verdadera proyección con la llegada de la democracia, en 1978.

La Constitución española, redactada precisamente ese año, reconoce en su artículo 14 derechos de la mujer que se habían ignorado hasta ese momento, como por ejemplo el derecho al aborto, la ley del divorcio y, en general, otras reivindicaciones que allanaron el camino para llegar a las leyes de igualdad de género.

Hoy día, tras más de cuatro décadas de la redacción de dicho texto, se han logrado importantes avances en materia de derechos de la mujer en España. Sin embargo, queda mucho por hacer aún y numerosas cuestiones por resolver para proclamar una igualdad de género plena.

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La lucha de las mujeres en la España contemporánea

En la guerra civil no se produjo una verdadera liberación de la mujer. En la zona republicana la incorporación de las mujeres al mundo laboral y a otras facetas de la vida política, social y de la lucha estuvo condicionada por las necesidades bélicas. Hay que destacar la figura de Federica Montseny, primera mujer y primera anarquista que ocupara un puesto ministerial. También es importante el protagonismo político de La Pasionaria. En todo caso la posición de la mujer en la zona republicana sería era más importante que en la del bando sublevado, donde comenzó a aplicarse el modelo falangista-católico de mujer subordinada al hombre. Este modelo se impuso, claramente, durante la dictadura franquista. En este bando tuvo un relativo protagonismo la figura de Pilar Primo de Rivera, que sería la mujer más destacada en todo el régimen franquista.

La situación de la mujer no comenzó a cambiar en España hasta los años sesenta cuando el país sufrió una fuerte transformación socioeconómica y cultural: modernización social, turismo e industrialización. En 1960 se aprueba la Ley de Derechos Políticos Profesionales y Laborales de la Mujer. Los cambios socioeconómicos de la nueva década obligaron a introducir esta reforma para permitir que la mujer se pudiera incorporar a la vida laboral fuera del ámbito doméstico.

Como pioneras del movimiento feminista aparecen figuras como Lidia Falcón, autora de obras como Cartas a una idiota española y Mujer y Sociedad, así como María Aurelia Capmany con su libro La donna en Cataluya. En estas obras se denuncia la situación de discriminación que sufren las mujeres españolas. Es el comienzo de la creación de grupos feministas vinculados a organizaciones políticas, como el Movimiento Democrático de Mujeres, cuyos orígenes debemos encontrarlos en los grupos de mujeres solidarias con los presos políticos del franquismo.

Con la llegada de la democracia el feminismo español alcanza un evidente auge. En diciembre de 1975, recién fallecido el dictador, tienen lugar las Primeras Jornadas Nacionales para la Liberación de la Mujer. Se van a definir dos corrientes del feminismo: uno más radical, que expresaba la necesidad de mantener un movimiento estrictamente feminista, independiente de partidos, sindicatos y organizaciones políticas; y un feminismo que buscaba la reivindicación feminista pero vinculándola con la lucha por la democracia y las libertades en España. En la segunda mitad de la década de los setenta se crearon numerosas organizaciones feministas en toda España, encuadradas en la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Barcelona o en la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid.

Por fin, la democracia estableció una profunda serie de revisiones legales a favor de la igualdad de la mujer: el artículo 14 de la Constitución Española de 1978 establece dicho principio, las leyes del divorcio y del aborto, etc.., aunque el camino hacia la igualdad aún no ha terminado, como lo demuestran las diferencias salariales y laborales, la violencia de género, la persistencia de la mentalidad sexista, así como las renacidas tentaciones reaccionarias de algunos sectores políticos, religiosos y de opinión.

El triunfo del 1 de octubre, sin embargo, no fue definitivo. En la sesión del 1 de diciembre, Peñalba (Acción Republicana) propuso una enmienda que permitiría a las mujeres votar en las elecciones municipales, pero no en las nacionales hasta que los ayuntamientos se hubiesen renovado por completo. Si la enmienda hubiese prosperado, las mujeres se habrían quedado todavía sin voto en 1936. El último intento se produjo en diciembre de 1932 cuando el gobierno anunció su intención de convocar elecciones parciales para cubrir las vacantes en Cortes. Finalmente, las elecciones parciales no llegaron a producirse.

Las primeras elecciones en las que participaron las mujeres fueron las de 1933, e inevitablemente se les echó la culpa de la victoria de la derecha. Era, sin embargo, una conclusión superficial. Aún aceptando que una parte del electorado femenino hubiera podido influir en el resultado favorable a las derechas de los comicios del 33, si se sumaban todos los votos de izquierda emitidos en esas elecciones todavía superaban a los de los conservadores. Se trataba sobre todo de un problema de estrategia y unidad, como se encargaría de demostrar las elecciones de febrero de 1936 con el triunfo del Frente Popular.

En todo caso, las tesis sufragistas acababan de anotarse un triunfo en España. La concesión del voto, como la del divorcio, fueron logros de la mujer en el periodo republicano, pero logros tan efímeros como el propio régimen que los había posibilitado. La Guerra Civil y el nuevo Estado impuesto tras la victoria de las fuerzas franquistas el 1 de abril de 1939 darían al traste con todo lo conseguido. Habría que esperar al cierre de ese largo paréntesis de 40 años para que las mujeres recuperaran el punto de partida que significó la conquista del voto en 1931.

Bibliografía:

NOTA: las imágenes que ilustran este trabajo fueron tomadas de la revista Historia 16. No se citaba su procedencia y de ahí que no se haya indicado.

En España aún no existe la igualdad total entre hombres y mujeres desde el punto de vista legal. Es un país sobresaliente, pero no llega a la matrícula de honor, una posición en lo más alto del podio que somparten únicamente seis países en todo el mundo.

Un reciente informe del Banco Mundial, que se realiza desde hace una década de forma bianual, clasifica a prácticamente todos los Estados según el nivel de igualdad legal —no la situación ‘de facto’, sino sobre el papel— entre hombres y mujeres. Según este índice, España se sitúa en el grupo inmediatamente después del top seis, con una puntuación de 97,5 sobre 100.

Los países más avanzados en normativa igualitaria según el Banco Mundial —que evalúa ocho criterios a partir de 35 cuestiones sobre leyes y empresa— son Bélgica, Dinamarca, Francia, Letonia, Luxemburgo y Suecia, que obtuvieron 100 puntos en ese índice. Esto significa que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres en esos criterios.

Los criterios engloban varias áreas en las que las normativas pueden establecer una base de igualdad: se analiza, por tanto, la libertad para viajar, la entrada en el mercado laboral, las medidas contra la discriminación salarial, las normativas en materia de matrimonio, la maternidad, el emprendimiento, derechos de propiedad (como el derecho a herencia) y el derecho a recibir una pensión de jubilación.

El permiso de paternidad es clave

¿Qué falla en España para no alcanzar esos 100 puntos? Pues la institución detecta que, en concreto, existe margen de mejora en el asunto de la maternidad, en concreto en la baja parental; en el resto de criterios, el Banco Mundial nos otorga la máxima puntuación. Es importante insistir en que lo que mide la institución son las realidades normativas, no la aplicación efectiva de las leyes o las situaciones reales.

Precisamente, el Consejo de Ministros aprueba este viernes un Real Decreto de medidas urgentes garantizar la igualdad de trato entre mujeres y hombres en el empleo, en el que precisamente se recoge un permiso de paternidad intransferible de ocho semanas desde su entrada en vigor (al día siguiente de su publicación en el BOE), que aumentará a 12 semanas a partir del 1 de enero de 2020 y a 16 semanas desde el primer día de 2021. Es decir, el fin es la equiparación de este permiso.

La directora de la Fundación Mujeres, la jurista Marisa Soleto, valora este paso ya que, por un lado, equipara los derechos y «de alguna manera podría eliminar el prejuicio de muchos empresarios contrarios a contratar mujeres por el asunto de la maternidad», y por otro «es una medida claramente natalista, importante dado el problema de la falta de nacimientos que tanto preocupa a los partidos políticos». Esta experta recuerda que la equiparación de las bajas por nacimiento de un hijo es una reivindicación antigua, que además ya aparecía plasmada en el texto de la Ley Orgánica de Igualdad de 2007.

Mujeres senegalesas caminan en el pueblo de Ngor, en el extremo más occidental de África, Dakar, Senegal. EFE

En general, la situación de la igualdad legal entre hombres y mujeres ha mejorado ligeramente en los últimos 10 años, con una puntuación global de 74,71. «Esto indica que en una economía típica las mujeres sólo cuentan con tres cuartas partes de los derechos de los hombres», apunta en una nota la presidenta interina de la institución y directora general del Banco Mundial, Kristalina Georgieva.

Asimismo, existen baches casi abismales entre regiones y áreas: Oriente Próximo y el Norte de África sólo alcanza de media una puntuación de 47,37, en contraste con los países ricos de la OCDE, un 93,5.

Eso sí, los sucesivos informes muestran que hace una década ningún país cumplía con todos los criterios establecidos por el Banco Mundial para medir la igualdad; hoy son seis. En los países que encabezan la clasificación destaca la remontada de Francia, que pasa de 91.88 a 100, gracias a una intensa labor legislativa en materia laboral y de protección contra la violencia machista.

España: el derecho de las mujeres y las niñas a una vida libre de violencia

Una joven prostituta nigeriana trabajando durante la noche en las calles de Barcelona, diciembre de 2003. Miles de mujeres nigerianas son traídas a Europa Occidental cada año y forzadas a trabajar en la industria del sexo para pagar deudas de hasta 50.000 dólares. © Lorena Ros/ GettyImages ¡Gracias!

Esta acción ha finalizado. Hemos sido 24.062 firmantes

Petición antes del cierre

El Gobierno debe acabar con todas las formas de violencia hacia las mujeres y las niñas.

Esta acción ha finalizado. Más de 24.000 personas han pedido al Gobierno español que impulse un Plan marco de acción estatal frente a la violencia contra las mujeres y las niñas, destinado a garantizar la protección frente a todo tipo de agresiones y abusos de género, incluida la trata y prácticas nocivas como la mutilación genital femenina.
Desde que se puso en marcha la acción ha habido avances en la materia como la inclusión de un artículo específico contra la trata de personas dentro de la Ley de Extranjería pero también se han dado retrocesos como la incoación de un expediente de expulsión a las mujeres víctimas de violencia de género en situación irregular.
Desde Amnistía Internacional seguiremos trabajando con el apoyo de la ciudadanía para que acabar con la violencia de género en España.

Petición original:
Las mujeres y las niñas, por el simple hecho de serlo, continúan sufriendo múltiples violaciones de derechos humanos en España. En los últimos años, se ha avanzado mucho en la lucha contra la violencia género con respecto a la violencia ejercida por la pareja y la ex pareja. Sin embargo, no existe un Plan Marco que combata la violencia hacia las mujeres y las niñas en todas sus manifestaciones.
La violencia de género no se afronta desde un enfoque de derechos humanos. En España, hay una ausencia clara de medidas para prevenir las agresiones sexuales, proteger a las víctimas y procesar a los responsables. Los aspectos más olvidados y más ocultos de este grave problema son la violencia sexual a manos de agentes estatales y la violencia sexual que sufren las niñas. Además, persiste una falta de equidad territorial alarmante, lo que lleva a una desigual atención a las víctimas en función del lugar de residencia.
Por otra parte, la Trata de personas es un problema de extrema gravedad que, pese a la adopción de un Plan Nacional, contiene todavía muchas lagunas y las víctimas siguen desprotegidas.
Por último, Amnistía Internacional denuncia que el derecho a la reparación de todas las víctimas de violencia de género, cualesquiera que sea el abuso sufrido, así como el de sus familiares no está garantizado hoy en día en España.

El siglo de las mujeres

Gran parte de estas leyes partían de demandas del movimiento feminista y no eran ajenas al profundo cambio social protagonizado por las mujeres españolas durante la democracia. Un cambio que las convirtió finalmente en sujetos políticos capaces de presionar para que se legislase sobre intereses propios con una fuerte carga de transformación social.

Manifestación feminista en Murcia, el movimiento está muy presente en la agenda política actual. (Marcial Guillén / EFE)

La ley de Igualdad española se convirtió en una de las más avanzadas del mundo. No obstante, el advenimiento de la crisis y de las mal llamadas políticas de austeridad impidieron su desarrollo real. El Ministerio de Igualdad, creado en España en el 2008, desapareció en el 2010. A pesar de la apariencia estética del cambio, la herencia de las políticas de igualdad puede considerarse positiva y explica, junto con la profundidad del cambio real, la especial fuerza que las movilizaciones feministas de 2018 y 2019 han tenido en España.

El cambio real no ha parado de hacerse visible, sobre todo en educación y en la participación en el mercado de trabajo y en el ámbito político. Hemos tenido el tercer Parlamento más paritario de la UE y un Gobierno con mayoría de mujeres –de hecho, el Gobierno con mayor porcentaje de ministras del mundo– antes de abril del 2019.

Ya en el año 2001, el número de mujeres con educación media y superior entre la población en edad de trabajar era mayor que el número de hombres con el mismo nivel educativo. En el curso 2016-2017, las universitarias eran un 55% frente a un 45% de los universitarios, porcentaje que aumentaba hasta un 60% entre los graduados.

Estas cifras eran consistentes con la tasa de idoneidad (porcentaje de titulados en los cuatro cursos que dura un grado), un 41,2% para las mujeres frente al 23,7% de los hombres, y la tasa de graduación (porcentaje de los que se titulan en cinco cursos como máximo), un 55,3% para ellas frente al 37,1% de los varones.

España ha tenido el tercer Parlamento más paritario de la UE y el Gobierno con mayor porcentaje de ministras del mundo

Pero esta realidad no se traduce a la participación en el mercado de trabajo, donde las mujeres siguen teniendo menores tasas de actividad y ocupación y mayores tasas de paro y parcialidad, concentrándose en menos sectores y más precarios, llegando en menor medida a la cúspide de las organizaciones y recibiendo menos dinero por su trabajo.

Según los datos del INE en Mujeres y Hombres en cifras, en el 2017, la brecha de género en el empleo era de 11,4 puntos, mayor entre los grupos de población con educación básica (19,4) que entre los que tienen educación superior (7,2). Esto confirma el hecho de que para las mujeres la inversión en educación es muy importante a la hora de garantizar su participación laboral, pero no suficiente.

En parte porque la maternidad aún penaliza a las mujeres, mientras que inversamente, la paternidad favorece el desarrollo laboral de los hombres. En el 2017, la tasa de empleo para los hombres entre 25 y 49 años con criaturas menores de 12 años era de un 88%, y de un 83% para los varones sin hijos, en tanto que apenas alcanzaba un 66,6% entre las mujeres con criaturas menores de 12 años y un 72,4% entre aquéllas sin hijos.

Las mujeres dedican al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado dos horas al día más que los hombres

El contraste de los datos educativos con los laborales ha conducido a la denominación de las mujeres como triunfantes perdedoras. No sólo no se han cerrado las brechas laborales, tampoco lo ha hecho la del tiempo de cuidado, que es inversa y favorable a las mujeres, las cuales dedican al trabajo doméstico y de cuidados no remunerad o dos horas largas al día más que los hombres.

La falta de corresponsabilidad de los hombres en el cuidado, la inexistencia de una organización social del cuidado y la gran segregación y discriminación operante en el mercado de trabajo estarían detrás de esa paradoja.

Esas desigualdades y la falta de desarrollo de la ley de Igualdad y de políticas públicas eficaces explican que España tenga una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo: 1,3 hijos/as por mujer en edad fértil, muy alejada de la tasa de reemplazo. El porcentaje de gasto del PIB en “familia e hijos” es de los más bajos de la UE, con un 1,3%.

Manifestación Feminista en Madrid Dia de la Mujer (Dani Duch)

El mantenimiento de las brechas, la discriminación, la violencia de género y las culturas machistas, el avance del conocimiento y del movimiento feminista a distintos niveles, incluyendo el internacional con el fenómeno #MeToo, la mayor participación de los hombres, y la capacidad de colocar los temas de igualdad de género en la agenda pública y política han alimentado e impulsado las marchas del 8-M en el 2018 y el 2019.

Un éxito contestado por la reacción patriarcal, capitalizada en España por los partidos de derechas y, especialmente, por el ultraderechista VOX. Al igual que la movilización feminista, esta reacción patriarcal tampoco es exclusiva de España, pues las posturas antifeministas y misóginas son centrales en las propuestas de Trump, Bolsonaro, Orban o Salvini.

Hasta el estallido de la crisis económica y política en la que estamos inmersos, el voto femenino siempre había sido más progresista que el masculino, no sólo porque los partidos de izquierda solían propugnar mayores avances en el reconocimiento de derechos para las mujeres, sino porque incorporaban propuestas de gasto público más centradas en el gasto social, que favorece especialmente a las mujeres, todavía responsables naturales del trabajo doméstico y de cuidados y sustitutas de los servicios públicos cuando éstos se deterioran, privatizan o encarecen, como ha ocurrido durante la aplicación de las políticas de austeridad.

Con la irrupción de las propuestas populistas de extrema derecha se han producido ciertos cambios en la orientación del voto. Según los datos del CIS de febrero del 2019 para el conjunto de España, el mayor sesgo de género de cara a las elecciones de abril lo tenía VOX, cuyo electorado potencial está formado por sólo un 27,5% de mujeres.

El cierre de la brecha de desempleo, tras la crisis de 2008, se debió a un empeoramiento relativo de los hombres. Al volver a crearse empleo, el paro masculino disminuyó más que el femenino reabriendo la brecha

Frente a esto, el PP aparece como el partido con un mayor número de mujeres entre sus votantes, lo cual puede contradecir las tendencias previas. Ahora bien, si consideramos el bloque de derechas conjuntamente, estaríamos hablando en realidad de un trasvase importante de votantes hombres desde el PP y Ciudadanos a VOX.

Sin embargo, es cierto que el porcentaje de mujeres que no vota es mayor que el de hombres. Por tanto, podemos afirmar que, aunque el voto de las mujeres, como el de los hombres, está atravesado –especialmente en el agitado contexto actual– por distintas variables que no lo hacen unívoco, en general sigue ofreciendo una tendencia más progresista.

En un sistema democrático, la participación de las mujeres, su mayor capacidad de agencia y su autonomía permiten el establecimiento de una agenda política específica sobre temas de igualdad. En este sentido, no es extraño que el movimiento feminista y las mujeres se hayan erigido, a nivel internacional, como el muro de contención de estas políticas y de defensa de la verdadera política de lo común.

Manifestación Feminista en Madrid Dia de la Mujer (Dani Duch)

Podemos concluir diciendo que las mujeres en España hemos experimentado un cambio muy significativo en estas últimas décadas, pero aún estamos lejos de alcanzar la igualdad real. Y no podemos pensar que el camino de la igualdad será siempre hacia delante. Existen tendencias que pueden hacer peligrar los avances en igualdad de género.

Para empezar, hay que tener presente que el cierre de algunas brechas no implica necesariamente un progreso en igualdad. Durante la crisis, por ejemplo, casi se cerró la brecha de desempleo, cuando, con anterioridad al 2008, la femenina casi doblaba a la masculina.

Pero este cierre se debió a un mayor empeoramiento relativo de los hombres. Al volver a crearse empleo, el paro masculino ha disminuido en mayor medida que el femenino, reabriendo la brecha, al tiempo que asistimos al empeoramiento general de las condiciones de trabajo para hombres y mujeres.

El neoliberalismo deja a las mujeres en una situación de responsabilidad vulnerable extrema, que limita su capacidad de participación política

Dentro de este modelo de crecimiento pro-pobre, en el que la riqueza se concentra cada vez en menos manos, la acelerada precarización de las condiciones de vida y de trabajo puede tener efectos sobre la desigualdad de género aún imprevisibles. Pautas como dicha precarización generalizada entre amplias capas de la población, la expansión de las políticas de corte neoliberal que buscan un adelgazamiento y privatización de lo público, o la también neoliberal incidencia en lo individual frente a lo colectivo están poniendo en jaque los avances de igualdad.

El neoliberalismo tiene fuertes implicaciones de género, puesto que, al individualizar el riesgo y economizar y mercantilizar muchos aspectos de la vida, deja a las mujeres –que aún soportan el mandato social de los cuidados– en una situación que podríamos denominar de responsabilidad vulnerable extrema, con una intensificación de los tiempos que, en muchos casos, limita su capacidad de participación política y, por tanto, su agencia a la hora de transformar su realidad más cercana y el mundo en el que viven y que esperan dejar a las generaciones futuras.

A lo que habría que sumar los efectos aún inciertos de la actual disrupción tecnológica. Pero la masculinización de las carreras tecnológicas nos avanza que los algoritmos que dominarán nuestras vidas estarán principalmente diseñados por hombres y muy posiblemente con sesgos androcéntricos.

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Pocas horas después de que se difundiese la desafortunada frase que declaró el martes –«Las leyes son como las mujeres, están para violarlas»–, el presidente de los españoles en el exterior, José Manuel Castelao Bragaño, ha anunciado su dimisión. El presidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior –órgano consultivo y asesor perteneciente al Ministerio de Empleo–, Castelao Bragaño, ha declarado a El País que en las próximas horas presentará su renuncia al director general de Migraciones. Castelao, de 71 años y que fue nombrado el lunes, ha asegurado que su renuncia no tiene nada que ver con el comentario que realizó ante algunos miembros del consejo en una reunión en Santiago de Compostela. Una frase que despertó las protestas entre algunos miembros de este organismo y por la que después pidió perdón.

“Nadie me ha pedido mi renuncia. Tengo una situación personal por la que no puedo afrontar el cargo. No tiene nada que ver con lo sucedido, aunque es cierto que todo suma”, ha explicado por teléfono. Es la segunda vez que el abogado gallego de 71 años –que fue diputado del PP en el Parlamento de Galicia entre 2005 y 2009— preside este organismo que agrupa a los españoles que viven en el extranjero y que tiene como objetivo garantizar su derecho al voto o a la participación en las administraciones públicas. En esta ocasión su nombre fue propuesto por la ministra de Empleo, Fátima Báñez, y votado después por el pleno del Consejo. Su mandato –que debía durar cuatro años no ha durado una semana. De hecho, explican desde Empleo, a la ministra Báñez no le había dado tiempo ni a firmar su nombramiento.

“Nadie me ha pedido mi renuncia», asegura Castelao. A la ministra Báñez no le había dado tiempo ni a firmar su nombramiento

En su segundo día como presidente de los españoles en el exterior, José Manuel Castelao estaba reclamando el acta de la reunión a una de las comisiones, la mesa de Educación y Cultura, a quien le faltaba un voto para formalizar el documento. “No pasa nada. ¿Hay nueve votos? Poned diez… Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”, dijo, según han explicado varias de las personas que estuvieron en la reunión.

Ana María Navarro, canaria y miembro del consejo por Venezuela, donde vive, explica que se quedó atónita. “Fue una frase absurda y desafortunada, y más viniendo de una personalidad como él, el presidente de un organismo”, dice. Un comentario y un sentimiento que comparten otros miembros de la mesa de Educación y otros delegados del Consejo de Ciudadanía Exterior.

Castelao Bragaña reconoce lo ocurrido. Sin embargo, asegura que su comentario se ha malinterpretado. “No siento para nada el sentido que la frase tiene y no es el sentido que yo le quise dar. Cité la frase, lo reconozco, pero en el sentido inverso, aunque no puedo achacar a otro una responsabilidad que es mía”, explica ahora por teléfono. “Lo siento mucho. Lamento profundamente lo que ha ocurrido. Y doblemente: por quienes lo escucharon, casi todo mujeres, porque les generé un dolor; y por mí, porque construí un edificio que se me viene encima”, dice.

Tras lo ocurrido, los miembros de la comisión de Educación y Cultura redactaron un escrito –firmado por ellos y por otros delegados–, que entregaron al director general de Migraciones, Aurelio Miras Portugal, en el que exigían a Castelao Bragaña disculpas públicas.

«Las cosas hay que pensarlas antes de decirlas y tendría que tener interiorizado que un comentario así es intolerable”, dice Myriam Herrero, miembro del Consejo

Myriam Herrero, representante por Suiza en el Consejo y también miembro del PSOE, explica que cuando supo de la existencia de la carta, el propio Castelao se acercó a la Mesa de Educación para pedirles disculpas personalmente. “Nos pidió perdón, nos dijo que no sentía lo que había dicho y que para nada una frase así o similar volvería a salir de su boca. Pero las cosas hay que pensarlas antes de decirlas y tendría que tener interiorizado que un comentario así es intolerable”, dice.

En la carta, los delegados pedían a Castelao –que fue diputado del PP en el Parlamento de Galicia entre 2005 y 2009– que se retractara ante el pleno del Consejo y se disculpara. Lo hizo, pidió perdón, pero no dijo exactamente por qué. “Si pudiera hacer alguna penitencia para borrar lo que hice la haría”, afirma Castelao ahora. “No tengo para nada ningún pensamiento contra la mujer que me merece todos mis respetos. Es más, soy un devoto de la mujer”, añade.

Francisco Ruiz Vázquez, que presidió el Consejo desde 2005 hasta hace unos días, no escuchó las palabras de Castelao cuando las pronunció. A pesar de esto, fue uno de los firmantes de la petición de disculpas públicas. “Cuando se me explicó lo que había sucedido firmé, como firmaron otros”, dice. Ruiz Vázquez, uno de los representantes, como Herrero, por Suiza, sí oyó después las disculpas públicas del ya expresidente. “Pidió perdón, pero no dijo claramente por qué. Es una triste declaración. Una persona así no tiene capacidad de estar en un foro que agrupa a hombres y mujeres. Hay que tener en cuenta que eso ha salido de la boca de una persona que representa a los españoles en el exterior. ¡Es una barbaridad que no solo no se puede decir, sino que no se puede pensar”, insiste.

La renuncia, explica un portavoz del ministerio de Empleo, ya ha llegado al Consejo de Ciudadanía Exterior, que ahora presidirá la vicepresidenta, Marina del Corral, secretaria general de Inmigración. Desde el departamento que dirige Fátima Báñez, sin embargo, prefieren mantener silencio sobre la polémica. «Nadie del ministerio estaba presente en ese momento», explica un portavoz que aclara, sin embargo, que la carta en la que varios miembros del consejo exigían disculpas sí llegó al departamento. «El comentario fue, como mínimo, muy desafortunado. En cualquier contexto», añade.

‘Las mujeres son como las leyes, para violarlas’: concejal risaraldense

Durante la plenaria de este sábado en el Concejo de Santa Rosa de Cabal (Risaralda), el concejal y vicepresidente Ramón Cardona, del partido Conservador, tomó la palabra. Lo que habría pasado como una mera defensa del plan de gobierno del alcalde del municipio dejó de serlo cuando Cardona afirmó que “las mujeres son como las leyes, para violarlas”, cuando intentaba argumentar que había que acatar las normas.

La frase, inmediatamente, caló mal entre las personas que estaban en el recinto, quienes manifestaron su rechazo por lo dicho por Cardona, además, porque la afirmación no fue solo un ataque contra las mujeres, sino también contra las normas, al decir que también serían «para violarlas». Y aunque también hubo quienes se rieron de la afirmación, las críticas al concejal no se hicieron esperar.

Por ejemplo, una de sus compañeras, la concejal Juliana Ospina le respondió: “Ni siquiera por ser un dicho, ni siquiera por ser una frase, le pido que en este recinto de la democracia jamás se refiera así al género femenino. ¿Cómo así que las mujeres son para violarlas como ley? ¡Respete, respete! Eso aquí no se dice”.

Después de lo dicho, Cardona intentó excusarse, asegurando que era un dicho del “argot popular” y que se disculpaba por “lo expresado por la emoción que genera estar frente al micrófono, diciendo lo que uno cree”, según recogió El Diario del Otún. Pero las disculpas no fueron suficientes para calmar la indignación.

Luego del episodio, varias personas se manifestaron en contra de la situación y convocaron a una protesta para este lunes en Santa Rosa de Cabal. Además, en redes sociales han expresado su desacuerdo con las palabras de Cardona e, incluso, han pedido que sea expulsado de su partido, que ya anunció que investigará al concejal «por sus palabras desobligantes».

«las leyes son como las mujeres, se hicieron para violarlas»
¿Cómo alguien como Ramón Cardona es concejal? #Respete #ustedsaliódeunamujer

— Andrés Trujillo (@afta09) 11 de junio de 2017

@soyconservador deberían quitarle el aval a este tipo, hasta la investidura de concejal a Ramón Cardona. Será que a él lo parió quien? pic.twitter.com/VEpLASvarE

— Andrea del Pilar (@andreaesol) 11 de junio de 2017

Que analogía tan ridícula y que tipo tan detestable, ojalá lo dicho por Ramón Cardona le acarree consecuencias y aprenda a respetar.

— María Bahamón Ortega (@Maria_b26) 11 de junio de 2017

En todo caso, @PartidoConservC ¿cuándo expulsan a Ramón Cardona?

— Miguel M. Benito (@mbenlaz) 11 de junio de 2017

«La dignidad de la mujer jamás puede ser violentada, menos por una autoridad pública»: Procurador frente a concejal

La comparación del concejal del Partido Conservador, Ramón Cardona, en plenaria de este sábado en el Concejo de Santa Rosa de Cabal generó rechazo e indignación. Allí aseguró que “las mujeres son como las leyes, para violarlas”, esto cuando intentaba explicar que las personas no pueden pasarse por la “galleta” la ley.
Este domingo, en diálogo con Semana.com, el presidente del Partido Conservador, Hernán Andrade, aseguró que le ordenó al comité de ética del partido abrir una investigación al cabildante por su afirmación en la plenaria.
“No puede ser uno más bruto, inoportuno, descortés e ignorante sobre la dignidad de la mujer. Rechazo de manera tajante las declaraciones groseras del concejal”, dijo.
La frase de concejal levantó polémica. Apenas Cardona terminó de explicar en medio de titubeos su exposición, la concejal Juliana Ospina, de Cambio Radical, le respondió sin tapujos.
“Le pido que respete al género femenino. Le pido el favor de que en este recinto de la democracia se respete a las mujeres. ¡Respete, respete! Y no se ría. Hemos dado una lucha histórica para que usted venga a decir eso”, afirmó.
Al final, el concejal ofreció disculpas y aseguró que la frase se le “salió” porque hace parte de su argot popular. Se excusó diciendo que ese tipo de pronunciamientos se deben a la “emoción que genera estar frente a un micrófono”, situación que lleva a “cometer errores”.

El procurador general, Fernando Carrillo, también mostró su rechazo. «La dignidad de la mujer jamás puede ser violentada por nadie, mucho menos por una autoridad pública. Doble invitación al delito. Indignante», escribió en su cuenta de Twitter.

Para el Ministerio Público resulta «inadmisible» el lenguaje que sigue reproduciendo la violencia contra la mujer, por lo que «es hora de que el país pase del simple rechazo social a que se impongan sanciones frente a esta clase de conductas».

«Cuando estos hechos provienen de un líder, quien debe ser un agente de cambio, producen un efecto a un más nocivo en una sociedad, que espera de él comportamientos a seguir», aseguró Sonia Téllez, procuradora delegada para la defensa de los derechos de la Infancia, la Adolescencia y la Familia.

Ante la polémica que se ha levantado por sus palabras, el concejal Cardona ha pedido disculpas públicamente. Explicó que es un hombre de familia que valora a las mujeres y que falló. «Estoy arrepentido de corazón, vivo con ocho mujeres en mi casa, no tendría esa premisa», dijo en entrevista con Blu Radio.
¿Quién es el concejal?
Con el número 7 en de la lista del Partido Conservador, Ramón Antonio Cardona Aristizábal se postuló para el Concejo de Santa Rosa de Cabal (Risaralda). Ganó y es uno de los tres cabildantes de los godos en ese recinto.
Es ahora el vicepresidente de ese concejo y desde hace más de un año ha tenido más notoriedad que algunos de sus compañeros en vista de que fue ponente del Plan de Desarrollo que presentó la administración del actual alcalde de ese municipio, Henry Arias Mejía, quien en campaña fue apoyado por Cambio Radical, los conservadores y La U.
En la consulta del Partido Conservador con miras a las elecciones del 2015 para ese municipio, Cardona quedó de segundo de 19 aspirantes, con 514 votos.
En la tarde de este domingo, el Partido Conservador rechazó las palabras pronunciadas por el concejal.

@soyconservador rechaza palabras concejal Ramón Cardona, no son dignas del ideario conservador q valora y defiende a la mujer y su liderazgo

— Partido Conservador (@soyconservador) 11 de junio de 2017

Juan de Dios Ramírez-Heredia||

Abogado y periodista. Diputado constituyente. Presidente de Unión Romaní ||

La Constitución Española de 1978 es la norma jurídica más importante de cuantas se han producido en España a lo largo de su historia. Ha sido, hasta ahora, la de mayor duración en periodo de paz y libertad y ha supuesto, para la mayoría de los ciudadanos, la meta más cercana a la consecución de la justicia en un país como España donde se dan tantas desigualdades. Y no es que en esta parte del mundo no se hayan dado vaivenes de toda índole buscando la norma perfecta que contentara a la mayoría. La historia del constitucionalismo español es densa en acontecimientos aunque, desgraciadamente, muy breve en su duración.

La Constitución no es, bien lo sabemos, una varita mágica que resuelve los problemas de los ciudadanos. La Constitución no es un programa político de gobierno, ni en ella aparecen soluciones milagrosas a los múltiples problemas que cada individuo pueda tener. Sin embargo, ninguna Ley ha suscitado en la ciudadanía tanta ilusión como la Constitución de 1978. Recién salidos de una larga y durísima Dictadura, la elaboración de una Constitución democrática era el reto más importante de los nuevos Diputados y Senadores elegidos en los primeros comicios en libertad celebrados en España después de casi cincuenta años.

Durante algo más de un año, el Congreso de los Diputados y el Senado trabajaron duro para confeccionar un texto que diera satisfacción a la mayoría de los españoles y, al final, lo logramos. Hubo que superar muchas barreras. El recuerdo del franquismo era muy fuerte todavía. Entre los Diputados constituyentes había muchos antiguos colaboradores del viejo Régimen para quienes la Constitución representaba la negación de todo aquello que para ellos había sido tan importante. Razón por la que algunos votaron en contra y otros se abstuvieron.

Recuerdo con especial satisfacción la votación de la Disposición Derogatoria con la que se cerraron definitivamente los debates constitucionales en el Congreso de los Diputados. Aquel día teníamos todos la sensación de los buenos estudiantes que, sabedores de haber trabajado bien y con ahínco, eran merecedores de buenas notas. Habían sido muchos meses de trabajo intenso, de discusiones en ocasiones sumamente enconadas y de mucho tira y afloja entre los líderes políticos de todas las formaciones con presencia en las Cámaras. Pero, al fin, el trabajo se había finalizado. El edificio constitucional estaba terminado. Ahora quedaba tan sólo limpiar la casa de trastos inútiles, de tabiques inservibles y de soportes innecesarios tras la nueva estructura que tenía el complejo armónico de tan alta norma jurídico-política.

El Presidente del Congreso, Fernando Álvarez de Miranda, dio la palabra a uno de los secretarios para que procediera a la lectura del contenido de la Disposición Derogatoria con que se cierra la Constitución. Subió a la tribuna el señor Ruiz-Navarro y Gimeno, de la Unión de Centro Democrático y dio lectura, con cierta intencionada torpeza, al texto de la Disposición:

―“El texto del dictamen correspondiente a la disposición derogatoria es del tenor literal siguiente: 1. Queda derogada la Ley 1/1977, de 4 de enero para la Reforma Política, así como, en tanto en cuanto no estuvieren ya derogadas por la mencionada Ley, la de Principios del Movimiento Nacional, de 17 de mayo de 1958.”

Desde diferentes ángulos del hemiciclo, pero muy especialmente desde los escaños de la izquierda, se oyó un profundo y casi unánime “¡bien!”. El Secretario hizo una pausa sin poder evitar una sonrisa de complicidad y continuó leyendo:

― “Queda derogado el Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945.”

Esta vez la exclamación impidió que el señor Ruiz-Navarro pudiera continuar con la lectura porque ahora la expresión jubilosa del “¡bien!” partió de toda la Cámara. Recompuso la compostura el Secretario y añadió:

― “Queda derogado el Fuero del Trabajo del nueve de marzo de 1938.”

Ahora fueron los viejos sindicalistas, los representantes de la clase obrera, los luchadores que convivieron con el Sindicato Vertical minando sus estructuras en plena represión franquista, los que elevaron su voz, coreados por todos nosotros diciendo “¡¡bien, bien!!”. El presidente de la Cámara, Fernando Álvarez de Miranda, que en su día fue represaliado por el franquismo y deportado a la Islas Canarias, se removía complacido en su asiento, mientras los Diputados franquistas que habían sido ministros o habían desempeñado altos cargos en el viejo régimen exhibían un gesto de adusta seriedad.

― “Queda derogada -continuó leyendo el Secretario- la Ley Constitutiva de las Cortes, de 17 de julio de 1942“.

“¡Bien, bien, bien!”. Aquello era un clamor. Algunos casi gritábamos exultantes de alegría. La piqueta de la democracia estaba echando por tierra los últimos ladrillos del complejo jurídico que la dictadura había entretejido a lo largo de tantos años. Los constituyentes no queríamos que quedara ni rastro de aquel entramado y estábamos dinamitando los cimientos del franquismo, cuyas piedras angulares se colocaron en plena guerra civil.

― “Queda derogada la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de julio de 1947, todas ellas modificadas por la Ley Orgánica del Estado, de 10 de febrero de 1967, y en los mismos términos esta última y la de Referéndum Nacional de 22 de octubre de 1945.”

El bueno del presidente había perdido, a estas alturas, el control del Congreso de los Diputados. Aquello no parecía una cámara legislativa. Era más bien la imagen de un instituto de bachillerato, el último día de curso, cuando los estudiantes cierran los libros para disfrutar de unos meses de playa o montaña, lejos de la disciplina y de las obligaciones escolares. El espectáculo mereció ser filmado por muchas cámaras ocultas. Santiago Carrillo sonreía socarronamente. Dolores Ibárruri mantenía una expresión de serena alegría. Rafael Alberti tal vez pensaba que su marinero había encontrado, al fin, un puerto en el que establecerse sin sobresaltos. Manuel Jiménez de Parga, primer Ministro de Trabajo de la democracia y que luego fue Presidente del Tribunal Constitucional no podía disimular su alegría. Felipe González y Alfonso Guerra se abrazaron fraternalmente. Y Adolfo Suárez, el gran artífice del complejo constitucional, impasible en su escaño, con la misma impresionante seriedad con que aguantó años más tarde la entrada de Tejero en el hemiciclo, no podía ocultar un brillo de emoción en sus ojos. Nadie mejor que él, que se había formado al amparo de aquellas carcomidas vigas antidemocráticas, sabía lo que representaba el montón de escombros que tenía ante la vista. Algunos jamás se lo perdonaron.

Pero el delirio llegó cuando Ruiz-Navarro, tomando aire, carraspeando para propiciar que guardásemos silencio, levantando la voz y empinándose sobre su larga y desgarbada figura, leyó:

― “Quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a lo establecido en esta Constitución”.

El Diario de Sesiones, muy parco en sus descripciones, dice tan sólo: “Los señores Diputados, puestos en pie, aplauden el resultado de esta votación”. Pero no fue así. Yo doy fe de ello, porque yo estaba allí y porque participé en la votación como Diputado por Barcelona. Y, si hubiera tenido la oportunidad de redactar esa parte del Diario de Sesiones, yo habría escrito: “Los señores Diputados, puestos en pie, aplauden desaforadamente al tiempo que gritan como locos ¡¡bien, bien, muy bien!!. Algunas de Sus Señorías se trasladan desde sus escaños para acercarse a los de los bancos contrarios y se funden en abrazos con quienes son sus adversarios políticos. Finalmente, el señor presidente, advirtiendo tamaña algarabía y consciente de que nadie le escucha ya, da un fuerte golpe con la maza sobre la mesa y levanta la Sesión”.

Las 8 leyes que cambiaron para siempre España y la vida de los españoles

Andrés Boix, profesor de Derecho de la Universidad de Valencia, califica esta norma como “revolucionaria”. “La Constitución no reconoce la Sanidad como derecho, pero se reconoce por medio de una ley que ha cambiado radicalmente el país. Cuando todo el mundo tiene asistencia sanitaria garantizada da una seguridad que permite programarse la vida de otra manera. Si comparamos esa ley con el otro gran servicio público prestado por el Estado, que es la Educación y también se reformó en esa época, vemos que en Sanidad hay mucha más igualdad e integración”.

Ley del Ejército profesional

De los años de Aznar también hay una ley que quienes la recuerdan lo hacen con plena satisfacción, sobre todo los nacidos en la década de los años 70. Es la supresión del servicio militar obligatorio. Ángel lo recuerda así: “Si no querías hacer la mili, tenías que pasar por un servicio de voluntariado que duraba un año entero. Perdías mucho tiempo. Recuerdo que había gente que había ido agotando todas las prórrogas y se plantaba con treinta años, que igual ya tenía un hijo y un trabajo, y no le quedaba más remedio que ir, porque te llamaban a filas. Yo pasé un año en un colegio, de voluntario, perdiendo soberanamente el tiempo”. Igual que Alberto: “Yo había pedido una prórroga, ya había ido a que me tasaran, unas pruebas médicas que te hacían en el ambulatorio médicos militares. Cuando de repente Aznar la eliminó fue quitarme un peso de encima que no te puedes imaginar. Y luego en el curriculum, estaba la preocupación de que si no ponías que tenias el servicio militar cumplido igual no iban a querer contratarte”.

Ley de Asistencia Jurídica gratuita

Carlos Carnicer, presidente del Consejo General de la Abogacía Española, quiere destacar que a la hora de integrar a la población menos favorecida fue de gran importancia la Ley 1/1996 de Asistencia Jurídica Gratuita: “Es la que desarrolla los artículos 24 y 25 de nuestra Constitución. La justicia gratuita es la última esperanza de defensa de sus derechos de los ciudadanos más desfavorecidos. Sobre todo, es una inversión en paz social. Es un servicio muy valorado por los españoles que se encuentra a la vanguardia a nivel mundial de la asistencia jurídica a los ciudadanos más vulnerables”.

En este sentido, el profesor Boix considera que la democracia española “ha funcionado bien a la hora de dotarnos de derechos colectivos”. Joaquín Bosch, juez y portavoz de Jueces para la democracia coincide en el diagnóstico y cree que lo más destacable que se ha hecho para mejorar la vida son las legislaciones “en materia de protección de determinados derechos o libertades o de no ingerencia del Estado en determinadas conductas”.

Ley del matrimonio homosexual

Esta última norma, la conocida como la de las ‘bodas gais’, es la que más recuerda la población joven. La mayoría de los entrevistados nacidos en los noventa, de citar alguna, sólo suelen referirse a ésta. Aunque lo normal es que consideren que ninguna ley ha mejorado su vida. En este caso, Díaz Arias opina que “quien dice eso es porque ha nacido en democracia, en un estado relativamente próspero y social, y desconoce el progreso de este país en todos los aspectos”.

Pero esa es claramente la percepción de los jóvenes. Hablamos con un skater en la calle, se queja incluso de un endurecimiento progresivo de la ley: “recuerdo que antiguamente las leyes eran menos rígidas, ahora cada vez lo son más”. Porque es casi imposible encontrar un joven actual que sea mínimamente entusiasta con el periodo democrático del que ha sido testigo. “No veo que la política sea un instrumento para mejorar mi vida, no la usan así”, dice el aludido skater. “Ninguna ley ha habido que yo haya celebrado con mis amigos o con mi familia”, comenta otro.

Plan de regularización de inmigrantes

Sólo una chica de 24 años cita sin dudar una ley que le supuso un cambio a mejor. Pero claro, es argentina y se refiere a la regulación de inmigrantes del gobierno de Zapatero, que dio papeles a 700.000 de los que residían en España: “Nosotros nos íbamos a ir a Estados Unidos, que tenía un acuerdo de visados con nuestro país, pero el de la agencia de viajes estafó a mi padre, le robó el dinero de cuatro billetes de avión y una estancia de un mes para cuatro en un hotel, todos sus ahorros. Entonces decidió ir a Galicia, donde tenía un contacto, pero tuvo que hacerlo como turista. Aquí empezó a trabajar en negro, no cotizaba, que es un problema para un hombre de 45 años. Nos empadronamos, lo que nos dio Sanidad, aunque podrían habernos echado cuando hubieran querido porque ahí estaba donde vivíamos. Después, con esta ley a mi padre le dieron la residencia, pudo trabajar en condiciones, y a los seis años obtuvo la nacionalidad, que yo también tengo ahora”.

¿Por qué el desencanto?

No obstante, esta chica es la excepción a la norma. La distancia entre los jóvenes españoles y las instituciones democráticas es notable. Elsa González Díaz, presidenta, Federación de Asociaciones de Periodistas de España, explica este fenómeno por la ausencia de ejemplaridad: “Vivimos un momento falto de referentes en todos los órdenes de la vida, la política, le economía, hasta en el periodismo. Es preciso reforzar la ética, porque las leyes las tenemos, pero hay que cumplirlas y respetarlas. Hemos vivido una etapa que deja mucho que desear y eso ha contagiado esa sociedad viciada; ha contagiado hasta a las capas medias e inferiores de la sociedad. Atravesar esta situación tan dura, vernos en esta imagen es deleznable”.

En nuestra democracia tenemos el problema de que las leyes se hacen con poco debate, con poca participaciónPara Joaquim Bosch el problema reside en un problema estructural de los partidos: “hay muy poca comunicación entre las cúpulas de los principales partidos y la sociedad. Los partidos tienen una estructura interna muy jerarquizada, poco democrática, esto hace que la organización política se convierta en un fin en si mismo, primen más los intereses de conservación del poder y de los aparatos a su servicio. En otros países con democracias más avanzadas es habitual que los políticos atiendan a los ciudadanos, escuchen sus quejas. Aquí hay confusión entre el partido y el gobierno cuando ocupan las instituciones; aquí se aísla a los gobernantes. Son necesarias formulas para poder escuchar de forma real a la ciudadanía”.

Justo esa es una de las razones que daba un chico para mostrar su desencanto: “mientras el pueblo no tenga verdadera soberanía… el ejemplo lo tienes en la ILP (Iniciativa legislativa popular), se reunieron un millón y medio de firmas en la calle, pero todo se desvirtuó completamente en la tramitación parlamentaria, cuando una verdadera iniciativa legislativa popular debería ser votada en referéndum”.

Es también lo que apunta Boix: “En nuestra democracia tenemos el problema de que las leyes se hacen con poco debate, con poca participación. Es una cultura legal y jurídica de poca discusión, poca integración, se mejoran poco los proyectos. En otros países, como Italia, tienen modelos de participación de iniciativa popular más generosos. La desconfianza hacia la interacción con los ciudadanos penaliza la calidad de la democracia y de las decisiones que se terminan adoptando”.

Díaz Arias, en este punto, no es muy optimista: “por supuesto, el sistema puede complementarse con instituciones de democracia directa y de democracia participativa. Pero luego ¿quién quiere participar? ¿Cuántos asisten a las juntas de las comunidades de vecinos? ¿cuántos padres y madres participan en asociaciones y en consejos escolares? Para el Senado ya hay listas abiertas ¿quién escoge a los candidatos y quién la papeleta de su partido sean cual sean los nombres? Es más fácil echarle la culpa de todo a partidos y los sindicatos mientras que las empresas y cada uno de nosotros parecemos seres angélicos”.

Volvemos a preguntar en la calle. Ahora conversamos con un jubilado que está paseando: “Ninguna ley ha cambiado mi vida. Yo viví fuera antes de que llegase la democracia y estuve mucho mejor. En España se han montado un tinglado los políticos que no podemos pagar. El sistema es muy caro, nos cuesta mucho dinero. Como no podemos mantener lo que han organizado, hay que recortar donde más nos duele. Ahora en Madrid quieren reducir el número de parlamentarios. ¿Crees que ellos mismos se van a dejar?”

Estimados don Fernando y don Jesús:

Enhorabuena, Fernando, por su certero post: pone el punto de mira en uno de los males sociales más asentados de nuestro tiempo (la inflación legislativa) y expresa en palabras lo que muchas veces es una constante sensación de todos aquellos que tienen que lidiar – juristas y no juristas – de cualquier manera con el ordenamiento jurídico. Esa falta de seguridad y de certidumbre que nuestras autoridades generan, a la larga, tan sólo se traduce en un descrédito del verdadero Derecho, que es lo que importa, cuando éste claudica ante la apisonadora legislativa y los espurios intereses de las Administraciones. A río revuelto, ganancia de pescadores. Como bien se dice, en última instancia quien paga los platos rotos son los terceros: el contribuyente y el ciudadano.

Por mi parte, me gustaría contribuir también – y eso que don Jesús se me ha adelantado, siempre presto a recurrir a los clásicos, que tanto tienen que enseñarnos – haciendo referencia a una serie de ideas, lecturas y nociones de fondo que creo son de interés y en las que llevo un tiempo enfrascado, por si pudieran ser de utilidad a cualquiera de los lectores. Créanme, es mucho lo bueno que puede fructificar de estas lecturas.

Como bien decía don Asís Timmermans en Twitter, me gustaría recomendar aquí el “Derecho, legislación y libertad” de Hayek, pero no sólo, sino también obras como el “La libertad y la ley” de Bruno Leoni, “La teoría evolutiva de las instituciones” de César Martínez Meseguer o “El orden jurídico de la libertad: La aportación de F.A. Hayek al estudio del Derecho”, de José Carlos Herrán Alonso. Son obras muy valiosas, lamentablemente apenas leídas y conocidas (no digamos ya enseñadas o discutidas) en nuestras Facultades de Derecho, y yo lo sé muy bien como estudiante de Cuarto que soy, a punto de “terminar”: demasiados – no todos – todavía no han salido de las malsanas estrecheces positivistas y kelsenianas, olvidando la esencia de lo jurídico. Los resultados de una errónea concepción del Derecho, de la ley y del Estado son lo que nos han llevado hasta aquí.

¿Qué es lo que creo que puede aprenderse, en resumen, del enfoque de estos autores?

1. Que el Derecho es un orden creado – que no diseñado – espontáneamente, i.e., fruto de las muy variadas aportaciones que, durante generaciones y generaciones, una inmensa cantidad de personas han ido realizando a la hora de resolver una serie de problemas concretos que afronta(ba) una sociedad dada, en un proceso interminable de prueba, error y mejora de las soluciones dadas. Piénsese, por ejemplo, en que innovaciones tan importantes en el moderno Derecho de Sociedades como las “poison pills” o las “proxy fights” son resultado de innovaciones (“soluciones”) que dieron una serie de abogados norteamericanos a finales del siglo pasado. Qué voy a contarles aquí a Uds. sobre las muchas creaciones o respuestas que nos han dado los notarios. Y así con todo.

2. Como dice Juan Iglesias en su “El espíritu del Derecho Romano” (gracias, don Jesús, porque fue por Ud. que yo leí ese libro), el Derecho es fruto de la tradición y del progreso, además de (Hayek) no haber sido creado por mente alguna y comprender una cantidad incalculable de información, información que se va transmitiendo evolutivamente. Como nos cuenta Cicerón, poniéndolo en boca del viejo Catón, la superioridad y el genio del sistema romano frente al griego se basaba en que el “ius civile” era el resultado de la sabiduría de muchos, no en la visión de un único “iluminado”, como Solón o Licurgo. Podemos tener “ius sine lege” y hoy, a poco que nos demos cuenta, comprobaremos la verdad de esta aserción en fenómenos tan variados como la “lex mercatoria” o el denominado “global law”.

3. Los principios formales son los mismos desde tiempo inmemorial, v.gr., desde el tiempo de los romanos (buena fe, propiedad, cumplimiento de los pactos, reparación del daño, etc.), si bien su contenido puede variar históricamente. Por ejemplo, la propiedad es la propiedad pero, en cada momento histórico, hay que ver dónde limita con la expropiación, con su función social, con la tributación, etc., y es esto lo que varía, evolutivamente. Como decía don Joaquín Garrigues, captando esta profunda verdad, el Derecho es el problema de determinar los límites.

4. Existen los órdenes (espontáneos, impersonales, evolutivos, “inconscientes”, sin perseguir fines) y existen las organizaciones (creadas por el hombre, “racionales”, finalistas). El Derecho es un orden, el Estado es una organización (hiper-privilegiado, por cierto), como también lo es una empresa o una sociedad mercantil. Las normas que rigen los órdenes son leyes (en sentido material) mientras que las que rigen las organizaciones son mandatos. Y no hay que confundir su ámbito ni su tipo de normas, aunque esto tampoco significa que haya que aceptar “ciegamente” cualquier producto de la evolución y la costumbre (véase lo que pasó con Lincoln y la esclavitud). Pero, en todo caso, las reformas han de ser siempre prudentes, incrementales y no “totales”, porque de lo contrario se estaría cayendo en un racionalismo extremo, que ingenuamente piensa que se puede organizar – revolucionar – desde cero la sociedad (recuerdo la anécdota de cómo los soviéticos derogaron en algunos países del Este, de la noche a la mañana, toda la legislación burguesa… el resultado fue que al poco de hacerlo se vieron forzadas a reinstaurarla, porque simplemente “no podían” hacer eso, porque era “ir en contra de la realidad”).

5. El Estado puede recoger en su legislación Derecho, pero ni todo lo que aparece en sus normas es Derecho y éstas normas son o suelen (deben) ser de tipo organizativo, dos ideas que debo a don Álvaro d’Ors (Hayek aquí diría que estamos ante mandatos). Por ejemplo, no me digan que son iguales las lógicas subyacentes del derecho de usufructo o la regulación de las sociedades mercantiles… que la de los procedimientos de inspección tributaria o la regulación del IIVTNU. Ahora bien, ¿qué prevalecerá? ¿La sociedad o el Estado?

6. Insisto, el Estado puede recoger, preservar e incluso mejorar el Derecho, mediante ajustes prudentes y puntuales, pero en ningún caso lo puede crear. Lo que sí que puede es hacerle mucho daño. Es más, la práctica demuestra que el legislador (nosotros tenemos 18, más Europa) normalmente lo pervierte y lo destruye, cuando por exceso de celo y por falta de prudencia lo mangonea constantemente y sin cuidado, como estamos viendo. Cuando ese ocurre, ni siquiera segundos frenos como pueden serlo los jueces, doctrina y/o operadores pueden prevenir los consiguientes males. Y el que pierde es el ciudadano que, legítimamente y de buena fe, espera encontrar en el ordenamiento un mecanismo que le proteja, le asista y vele por sus legítimos intereses. ¿Es eso lo que tenemos hoy? Las épocas malsanas son aquellas en las que un exceso de organización prevalece sobre el orden, si es que no lo llega a destruir. Y la Historia está ahí para certificarlo.

En resumen, hemos de aprender, como juristas, a valorar más las virtudes de la estabilidad, del enfoque dinámico “bottom-up”, de las mejoras incrementales hechas desde abajo y no desde arriba (recurrir a una ley ha de ser la última instancia). Hemos de ser sinceros con los estudiantes, y enseñarles lo que de verdad es la sabia medular del “ius”, sin ocultarles la realidad (siempre compleja, siempre poliédrica) mediante fábulas formalistas y estériles que sólo te cuentan lo que es la punta del iceberg. Las normas y lo que aparece escrito son sólo el principio, y a veces ni siquiera es lo más importante.

Y hemos de tratar de promover, en la medida de lo posible, una reflexión generalizada y crítica sobre: (i) cómo se hacen y cómo se modifican hoy nuestras leyes (hay que leer a la Public Choice, a Buchanan y a Tullock), (ii) cuál es la virtualidad actual del principio de seguridad jurídica en nuestro sistema constitucional, (iii) el papel de la – buena – doctrina en todo esto (aquí recomiendo mucho leer a Aurelio Gurrea) y (iv) la posibilidad de introducir en nuestra cultura jurídica criterios de regulación de contención y de “red tape”, como aquellos que impongan que cada vez que se aprueba algo haya que derogar otra cosa (en esta línea algo ya se ha hecho en Canadá), etc.

Disculpen la profusión, pero son ideas que me gustaría compartir con todo el Blog y en las que espero seguir profundizando para que algún día puedan llegar a cristalizar en propuestas concretas y potencialmente fructíferas para todos, pues de algo estoy convencido: sólo un Derecho sano, vigoroso y no zarandeado por nuestras “prolíficas” autoridades puede preservar el “rule of law” y el Estado de Derecho.

Un saludo muy cordial a todos,

Alberto.

Ridículas prohibiciones para las mujeres durante el Franquismo

Del hogar a la playa, la libertad de las mujeres durante el Franquismo fue muy limitada a causa de un pensamiento nacional-católico, adoptado por el mandatario Francisco Franco durante su gobierno de 1939 hasta 1975.

Se le conoce como la dictadura de Franco o Franquista, al periodo de la historia de España en la que gobernó el general Francisco Franco, quien lo hizo hasta su muerte. El mandatario incorporó una gran influencia de los gobiernos tanto alemán como italiano en el país; además, instauró un pensamiento nacional- católico en la sociedad. Desde 1939 hasta cerca de 1975, el Régimen Franquista impuso en España una rígida moral de corte católica que restringió, llegando al ridículo, las libertades femeninas que iban desde el derecho a votar obtenido en 1931, hasta la ropa que se podía utilizar.

De esto va este artículo: la libertad de las mujeres durante el Franquismo, de las normas de vestimenta que se impusieron en España durante esta dictadura, apoyada por la Iglesia católica, la cual se enfocó en imponer valores tradicionales, vigilar y condenar cualquier comportamiento o actitud de las mujeres que diera lugar a «malas intenciones».

“es contra la modestia el escote, y los hay tan atrevidos que pudieran ser gravemente pecaminosos por la deshonesta intención que revelan…”

En el baile

durante décadas, el baile fue la principal forma de entretenimiento de una sociedad que vivía sesgada por el género. Los hombres y las mujeres encontraron en estas reuniones animadas con música una forma de relacionarse, de conocerse y de encontrar pareja. En 1952, el escritor Emilio Encino Viana, publicó una obra llamada La muchacha y la pureza, en la que criticó a las mujeres que “por frivolidad, tontería de la moda o por descuido” decidían acortarse las faldas o ceñirse los vestidos.

En la playa

La playa, el lugar de recreo por excelencia, estuvo sometido al control de la Dirección General de Seguridad, organismo encargado de vigilar la moral y evitar las tentaciones de los veraneantes. Las normas impuestas por el Franquismo prohibía el uso de prendas de baño indecorosas, obligaban a las mujeres a llevar faldas y pantalón a los hombres. Se prohibió estar fuera del agua en trajes de baño y los baños de sol sin albornoz.

En 1957, el periódico Falange recogió una nota de prensa en contra del bikini, prenda que desde su aparición en los años 40 tenía el mismo número de seguidores que detractores. El primer bikini había llegado a España cuando un grupo de estudiantes Francesas en Santander que decidió acudir a un concurso de regatas con dicha prenda.

En el día a día

En los años 40, el arzobispo Enrique Plá y Deniel señaló lo siguiente: “Los vestidos no deben ser tan cortos que no cubran la mayor parte de las piernas; no es tolerable que lleguen sólo a la rodilla”, “es contra la modestia el escote, y los hay tan atrevidos que pudieran ser gravemente pecaminosos por la deshonesta intención que revelan…”, “es contra la modestia el llevar manga corta de manera que no cubra el brazo al menos hasta el codo” o “a las que han cumplido doce años deben llevar medias”.

La situación de las mujeres comenzó a tener un cambio durante la década de los 50, principalmente a finales, como consecuencia de las transformaciones económicas y sociales que se produjeron en dichos años. Con el fin del régimen de Franquista, la presencia de mujeres fue más notable tanto social como laboralmente, así como en en interior de la familia, actos que contrastaban notoriamente con los valores provocados por el discurso de Francisco Franco.

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La sexualidad en el franquismo

Con la llegada de la II República se produce una explosión de derechos civiles y la sexualidad sale del cuarto oscuro donde la tenía metida el poder político y la Iglesia. Toda esta expresión de libertad republicana cambia de forma radical con el estallido de la guerra civil y la llegada del franquismo al poder (1939-1975)

Uno de los aspectos del cambio que había realizado la II República es la implantación de la coeducación en el sistema educativo. Una de las primeras medidas del régimen franquista, una vez finalizada la guerra civil fue la prohibición de la coeducación, medida tomada, el uno de mayo de 1939. Es sabido, que los maestros republicanos fueron fuertemente represaliados, provocando la muerte de miles de ellos.

Uno de los principales promotores del fin de la coeducación fue Onésimo Redondo, porque consideraba “la coeducación como un capítulo de acción judía contra las naciones libres, un delito contra la salud del pueblo, que deben penar con sus cabezas los traidores responsables”.

En el artículo 26 del Concordato firmado entre España y el Vaticano en el año 1953, decía: “Todos los centros docentes, de cualquier orden y grado, sean estatales o no estatales, la enseñanza se ajustara a los principios del dogma y de la moral de la Iglesia católica”.

Con la llegada de la Ley General de Educación LGE de 1970, tampoco se introdujo la coeducación por la oposición que mostró la iglesia española. Esta afirmación se puede comprobar a través de la FERE (Federación Española de Religiosos de la Enseñanza) que en el diario el Pueblo decía: “Los riesgos morales son grandes. La iglesia no se opone a una convivencia de sexo, sino a sustituir fácilmente una legitima comunidad por una promiscuidad de carácter tendenciosamente igualitaria”.

Luis Alonso Tejada en su libro “La represión sexual en la España de Franco” nos analiza como el sistema educativo creado por el franquismo tenía como objetivo la limitación de las posibilidades intelectuales de las niñas y las mujeres, cuya única finalidad era encaminarlas a actividades de inferior rango cultural y social, es decir. al mundo del hogar y cumplieran su finalidad reproductiva.

El discurso franquista hablaba de la necesidad de una educación adaptada a cada uno de los sexos, para que así se pudieran desarrollar las características masculinas y femeninas. La mezcla de los sexos resultaba pues muy peligrosa para el desarrollo de los individuos, suponiendo una masculinización para las mujeres y una feminización para los hombres.

Botella Llusía rector de la Universidad Complutense de Madrid lo dejaba bien claro, cuando decía lo siguiente:

“En esta educación juvenil de la mujer, es un error educar a las mujeres igual que a los hombres: la preocupación que deben recibir para la vida es radical y fundamentalmente distinta. Un formación encaminada no a hacer de ella un buen ciudadano, sino una buena esposa y una buena madre de familia o, si se queda soltera, en un ser útil a sus semejantes”.

En el año 1943, Pilar Primo de Rivera decía: “Las mujeres nunca descubren nada, les falta talento creador, reservado por Dios para las inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer más que interpretar mejor o peor lo que los hombres nos dan hecho… por eso hay que apegar a la mujer con nuestra enseñanza a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta, tenemos que hacer que la mujer encuentre allí toda su vida y el hombre todo su descanso”.

Como podemos comprobar actualmente, todavía quedan rasgos muy importantes de la educación franquista en nuestra sociedad de 2017. No hemos avanzado mucho cuando hoy en día, los colegios del OPUS DEI segregan por género, renunciando a un principio básico cual es la igualdad de género y la coeducación.

Se practicaba la doble moral en el franquismo y regía tanto en los comportamientos masculinos como en los femeninos. La feminidad significa pertenecer a un solo hombre y por tanto era fundamental conservar la virginidad para el matrimonio. Sin embargo, se aconseja que los hombres fueran castos hasta el matrimonio, pero sí se les permitía tener relaciones con prostitutas.

Esta doble moral impone una legislación durísima para las mujeres viudas. Debían esperar un año desde el fallecimiento de su marido para poder volverse a casar. El incumplimiento de esta norma significaba una fuerte sanción económica

EL MATRIMONIO FRANQUISTA

Otro de los aspectos más llamativos de la II República fue la instauración del matrimonio civil en el año 1932. Con el triunfo franquista en la guerra civil, estos matrimonios civiles realizados entre 1932-1939 fueron declarados nulos y en consecuencia, debían casarse nuevamente por la iglesia si querían tener validez. Además, para poderse casarse tenían que demostrar que eran católicos practicantes.

Otro de los aspectos muy importantes de la II República fue la implantación del divorcio. El franquismo anula todos los divorcios que se habían realizado y se da la paradoja, que de pronto muchos hombres y mujeres divorciados se encuentran legalmente casados con su primer matrimonio, que era el único que reconocía le franquismo.

Por Orden ministerial del diez de marzo de 1941, se plantea que las parejas que no deseasen casarse por el matrimonio religioso, podían hacerlo solamente por lo civil siempre y cuando justificasen el no ser católicos mediante un certificado. Prácticamente nadie empleó esta disposición, porque era considerado esto ser republicano y en consecuencia una traición política al régimen franquista, poniendo en riesgo su libertad.

Un aspecto muy llamativo dentro del franquismo es la prohibición del uso de los anticonceptivos, de ahí que muchos seamos hijos del método anticonceptivo de la “marcha atrás”. Estaba prohibida cualquier cosa que impidiera la reproducción.

En el Código Penal del año 1944 aparece la figura “del parricidio por honor”, cuando se sorprendía a la mujer en adulterio, no así el hombre. Esta figura del adulterio estuvo vigente hasta el año 1963.

Las mujeres solo podían pertenecer a un solo hombre. En cambio, el marido cometía el delito del adulterio solo cuando su amante vivía con él, o sea en el hogar familiar, cn la esposa y los hijos, o cuando la relación era públicamente conocida y provocase un escándalo público.

Para la familia franquista la virginidad femenina era esencial, ya que si se perdía no sólo se ponía en duda la honestidad de la chica, sino también la de la familia. Cuando una chica soltera comunicaba a sus padres su embarazo algunos la protegían escondiéndola o ayudando al aborto o al infanticidio. Sin embargo muchos padres decidían echar a la hija del hogar para salvar el honor de la familia.

Los chicos que mantenían relaciones sexuales antes del matrimonio no eran culpables de nada, sino que aparecían como los más viriles del mundo. Muchos fueron clientes adictos de las prostitutas y la sociedad nunca los juzgó como sí hacían con las mujeres, como estamos viendo.

Las mujeres no podían denunciar a sus maridos por adulterio cuando éste mantenía relaciones sexuales con otra mujer. La legislación franquista les obligaba a demostrar la existencia de una vida en común entre los dos amantes.

El padre Quintín Sariegos en su libro “La luz en el camino” dice: “En el 90% de los casos son ellas las que desperezan la fiera que duerme en la naturaleza del hombre con el ofrecimiento de su celo apetitoso”.

Las chicas de la burguesía franquista con la educación que recibían acaban siendo frígidas. Su práctica sexual era timorata, haciendo el amor a oscuras, siempre con pijama y exclusivamente con fines reproductivos y no como forma de placer. Si una mujer tenía un orgasmo ultrajaba al marido e inmediatamente se iba a confesar. En el trabajo “Las españolas en secreto, comportamiento sexual de la mujer en España” realizado por José Antonio Valverde y Adolfo Abril, publicado en el año 1975 decía lo siguiente: “Podemos estimar las insatisfacciones sexuales femeninas entre un 74% y 78%. Esto es muy claro, que cada cien españolas con actividad sexual generalmente dentro del matrimonio, setenta y seis no encuentran satisfacción; de cada cien, setenta y seis no alcanzan el orgasmo y, en muchas ocasiones, ni lo han conocido”.

Esta falta de placer de la mujer casada española era algo impuesto por la educación que se les proporcionaba. Si seguimos al famoso rector de la Universidad Complutense de Madrid, Botella Llusía decía:

“Hay muchas mujeres, madres de hijos numerosos, que confiesan no haber notado más que muy raramente, y algunas no haber llegado a notar nada, el placer sexual, y esto sin embargo, no las frustra, porque la mujer, aunque diga lo contrario, lo que busca detrás del hombre es la maternidad… Yo he llegado a pensar alguna vez que la mujer es fisiológicamente frígida, y hasta la excitación de la libido en la mujer es un carácter masculinoide, y que no son las mujeres femeninas las que tienen por el sexo opuesto una atracción mayor, sino al contrario”.

El matrimonio franquista solo busca una sexualidad procreadora que dependía del plano divino. Los hombres y las mujeres solo debían colaborar con Dios y se les prohibía que utilizasen la relación sexual con el único fin de gozar.

LA MASTURBACIÓN

Siempre ha sido una obsesión del franquismo y de la iglesia católica española. El padre García Figar atribuía a la masturbación problemas físicos y mentales y decía “Desnutrición orgánica. Debilidad corporal. Anemia general. Caries dental. Flojera de piernas. Sudor en las manos. Opresión grande en el pecho. Dolor de nuca y espalda. Pereza y desgana para el trabajo y hasta la imposibilidad de realizarlo. Acortamiento de la vida sexual, imposible de rescatar más tarde. Pérdida de atracción para el sexo contrario y repugnancia al matrimonio. Esterilidad espermatozoide. Retentivo nulo. Oscuridad en el entendimiento. Obsesiones y desvarios. Voluntad débil. Incapacidad para el sacrificio. Aficiones animales”.

Personalmente sufrí la educación franquista de la época Estudie en un colegio privado de Zaragoza, pero era un centro no religioso. En aquellos años nos daba la clase de religión un canónigo de la basílica del Pilar que pusimos de sobre nombre “cara condón”. Siempre empezaba sus clases con la siguiente reflexión: “Hijos míos no os masturbéis, porque si lo hacéis tendréis hijos subnormales”. En el colegio estando de interno dormíamos en habitaciones de 16 personas y en literas. Cuando llegaba la noche y como buenos adolescentes, teníamos amplias necesidades sexuales, recordábamos la reflexión de clase de religión pero rápidamente nos podían los instintos juveniles y una vez apagada la luz, todas las literas tenían un movimiento continuado que rompían las recomendaciones del canónigo.

Existían manuales, que señalaban como debían dormir los niños/as. Siempre las manos fuera de las sábanas y de la manta. Se intentaba que los colchones fueran duros y se recomendaba no llevar ropa interior de lana, porque producía mucho calor y podría excitar al portador.

En los internados (que eran muy numerosos en esas épocas pues era la forma de que los chicos/as de los pueblos pudiéramos estudiar) se recomendaba que por la mañana, una vez despierto, no permanecieras más tiempo en la cama, pues puedes caer en el pecado de la impureza. Se llegaba al extremo de prohibir a los chicos meter la mano en los bolsillos.

El escritor Francisco Umbral en su libro “Memoria de un chico de derechas” describía lo siguiente:

“Nos enseñaron a odiar el propio cuerpo, a temerlo, a ver en su desnudez rojeces de Satanás, repeluznos de Luzbel, frondosidades infernales. Odiábamos nuestro cuerpo, le temíamos, era el enemigo, pero vivíamos con él, y sentíamos que eso no podía ser así, que la batalla del día y la noche contra nuestra propia carne era una batalla en sueños, porque ¿De dónde tomar fuerza contra la carne sino de la propia carne? Había un enemigo que vencer, el demonio, pero el demonio era uno mismo”.

EL NOVIAZGO

Emilio Encisó Viana escribía en el año 1952 el libro “La muchacha y la pureza”, en el decía:

“Cuando los vestidos, por frivolidad o por tontería de la moda o por descuido, se achican, se ciñen, o de otro modo resultan provocativos, son inmodestos… Haya quien dice ¿Qué tiene que ver en el vestido femenino un centímetro más o menos? Son tonterías de los curas y las beatas ¿No han de tener nada que ver? Ese centímetro hace que en el vestido no exista la moderación, la regla, el equilibrio que exige la decencia cristiana, y es ocasión de que, al verlo, ofenda la pureza ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, que los novios vayan cogidos del brazo? ¿No ha de tener que ver? Esas intimidades, esa licencia de coger el novio el brazo de la novia, es una puerta que se abre al pecado, es una facilidad para él, es un incentivo, es una hoja arrancada a la flor de la pureza, es la corteza que se ha quitado a la fruta”.

Era habitual en esta época franquista que en la prensa provincial aparecieran relaciones de parejas que habían sido multadas por atentar a la moral con actos obscenos en la vía pública.

El padre Antonio Aradillas escribió un título ¿El beso…?, decía: “Pero un día pudo más la pasión que el cariño, y el novio sorprendió a Maribel con un beso brutal clavado con saña de bestia en la mejilla de nieve de la chica piadosa. El beso del novio se había clavado punzante en la mejilla, y con rabia comenzó Maribel a restregar su cara, intentando borrar toda huella posible. Y claro, la huella se hizo más ancha, más roja y más profunda. Se le ve a simple vista en su cara… Ha llegado a sentir auténtico asco de todos los labios humanos”.

Era habitual en las familias burguesas franquistas tener criadas. Era cotidiano que los chicos de esas familias iniciaban sus primeras experiencias sexuales con las criadas familiares.

La conocida literata Carmen Martín Gaite escribió el libro “Usos amorosos de la postguerra española”. En dicho libro, nos relata como era habitual en esta época que las chicas con pocos recursos que trabajaban como criadas, no podían aguantar la presión de los chicos. Cuando eran sorprendidas en este tipo de relaciones eran despedidas, lo que provocaba que muchas acabaran en la prostitución al no tener otra posibilidad para poder sobrevivir. Se decía que los chicos se podían sobrepasar con las criadas todo lo que querían y para ello utilizaban el chantaje.

Una figura típica española del franquismo era el “bastonero” que se encargaba de vigilar a los bailadores y castigaba o echaba a las parejas cuyo comportamiento pensara que fuera indecente. Se reservaba a los hombres la posibilidad de sacar a bailar a las chicas, mientras que siguiendo la práctica de la decencia las chicas debían permanecer sentadas esperando la decisión del hombre

OTRAS SEXUALIDADES

Para el franquismo la relación sexual era lícita, normal y natural, si se realizaba dentro del matrimonio. Todas las otras formas de sexualidad como el adulterio femenino, la homosexualidad, masturbación, las relaciones prematrimoniales siempre se consideraban aberraciones sexuales y perversiones del comportamiento.

La iglesia católica era la que tenía el saber total de la sexualidad y señalaba las prácticas normales de las ilícitas. Ante esta situación la pareja diseñada por el franquismo se imponía como modelo y no era posible plantear otro modelo sino querías ser acusado de traidor al régimen.

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL FRANQUISMO

En un principio, el franquismo se centró en perseguir y eliminar cualquier tipo de disidencia política, dejando a un lado a los homosexuales. El Código Penal no se modificó hasta 1944. En el nuevo Código Penal no se introdujo la homosexualidad como delito. Sin embargo, si se incluyó “la corrupción de menores”, para actos homosexuales con jóvenes entre trece y veinte tres años.

El Código Penal Militar del año 1945, castigaba “actos deshonestos por un militar con una persona del mismo sexo” con una pena de presidio correccional de seis meses y un día a seis años.

La iglesia veía la homosexualidad como una sexualidad no reproductiva y pecaminosa. Desde el punto de vista militar, era una traición a los valores militares, y desde el punto de vista del poder franquista se veía como prácticas de la izquierda, es decir, rojos, ateos y decadentes. La palabra “maricón” se convirtió en el insulto por excelencia.

Cuando el franquismo se asentó, se empezó a perseguir a la homosexualidad de una forma más clara, los llamados “violetas”. El 15 de julio de 1954 se aprueba la Ley de Vagos y Maleantes, y se incluye a los homosexuales. Dicha ley decía:

“A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:

– Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás.

– Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.

– Sumisión a la vigilancia de los delegados”,

Los hombres considerados homosexuales durante el franquismo eran tachados de enfermos y sometidos a terapias muy duras.

El régimen había creado los modelos del hombre y la mujer, basándose en la ortodoxia de la moral del nacional catolicismo. El hombre debía ser viril, fuerte y líder, mientras que la mujer, relegada al hogar, tenía que mostrarse buena esposa y madre al cuidado de la prole. La dictadura entró en la vida privada de las personas indagando en las conductas desviadas y en las inclinaciones impropias de los verdaderos españoles. El clima social opresivo condenó a los homosexuales al miedo y a la clandestinidad.

Los hombres que rompían las normas se vieron obligados a expresar sus sentimientos de forma no pública y a enfrentarse al dilema moral que les surgía en sus relaciones con sus familiares y amigos. La incomprensión les condujo a reprimir sus afectos, temerosos de las consecuencias, a mantener relaciones disimuladas o al engaño, incluso llegar a la prostitución.

Se calcula, que entre cuatro y cinco mil homosexuales fueron encarcelados en la época franquista, acusados de escándalo público y de ser un peligro social. Se llegaron a crear centros especiales para, supuestamente, corregir su desviación, aunque en muchos casos fueron maltratados, vejados o violados por otros reclusos, e incluso obligados a prostituirse por funcionarios.

Un caso simbólico fue el de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en la isla de Fuerteventura (Canarias). Estaba situada en un desierto donde los homosexuales sufrían destierro, obligados a realizar trabajos forzosos en condiciones inhumanas.

El régimen contó con el importante apoyo de la Iglesia que siempre ha condenado la homosexualidad y fue un factor decisivo en la represión los actos contra natura que ellos denuncian. Los homosexuales fueron tratados como enfermos mentales e internados en manicomios. Eminentes psiquiatras como Antonio Vallejo Nájera o José Luis Ibor trataron con electroshock o lobotomías a sus pacientes desviados, provocándoles un enorme daño físico y psicológico.

Para el franquismo la relación sexual entre dos mujeres era algo que no se podía concebir. Era impensable que una mujer pudiera disfrutar de su sexualidad y en consecuencia no estaba permitido salirse del papel que la sociedad del régimen les había encomendado que no era otro que el de tener hijos y atender el hogar. Es decir, para el régimen franquista el lesbianismo no existía. De esta forma, dos mujeres podían pasear y estar juntas siempre, sin que se pusiera en cuestión su sexualidad, mientras que esto era imposible en el hombre.

La homosexualidad masculina, como estamos viendo se reprimió con dureza y claridad: leyes de peligrosidad social, listas de maleantes, detenidos. Sin embargo, para el franquismo el lesbianismo no se contemplaba, en consecuencia se silenciaba y negaba su existencia. Si algo se ignora o se niega, no existe: así pensaba el régimen.

Las lesbianas desarrollaron hasta redes económicas para no depender de los hombres. Eran solidarias y crearon increíbles espacios de libertad: desde acampadas hasta zonas bohemias, como el Paralelo o las Ramblas de Barcelona. Sus relaciones eran clandestinas, pero disimulables: nadie podía imaginarse que dos amigas del brazo podían llegar a tener una relación «tan subversiva”, como dice Matilde Albarracín.

LA PROSTITUCIÓN FRANQUISTA

La prostitución fue prohibida por la Segunda República. Sin embargo, Franco por el decreto de 1941 levantó esa prohibición y permitió la prostitución. Se buscaba el control de los prostíbulos. Sin embargo, ante las hambrunas del país y su mala situación económica de los primeros años de la Dictadura provocó, que muchas mujeres buscaran la prostitución callejera como la única forma de poder vivir.

Esta forma de prostitución femenina sin ningún tipo de control provocó un fuerte desarrollo de las enfermedades de transmisión sexual y en consecuencia se procedió a reprimirlas y a llevar a muchas de ellas a las cárceles acusadas de algún delito, en reformatorios del Patronato de Protección a la Mujer si las prostitutas eran adolescentes y en conventos de las Adoratrices.

La mujer no era dueña de su cuerpo, sino que éste era un objeto jurídico propiedad del Estado y del varón. Para controlar el cumplimiento de esas normas se establecieron mecanismos que, amparados en un discurso de protección, recogían y reeducaban a mujeres descarriadas.

El más destacado era el Patronato de Protección de la Mujer, que fue creado en el año 1942 y presidido por Carmen Polo, la mujer del Caudillo. Su objetivo consistía en: «velar por todas aquellas mujeres que, caídas, desean recuperar su dignidad». Esa redención terminaba, muchas veces, en manicomios como el de Ciempozuelos o cárceles como la de Calzada de Oropesa, Toledo, donde acabaron miles de mujeres que, víctimas de la miseria, se prostituyeron para sobrevivir o alimentar a sus hijos. Burdeles, casas de tolerancia, casas de citas, meublés…

Hasta 1956, la prostitución era legal en España. En los lugares nombrados, las mujeres podían prostituirse y eran sometidas a controles sanitarios y policiales. No era legal, en cambio, la prostitución callejera, reprimida y perseguida con dureza. Esta confusa situación cambió en el año 1956, cuando la prostitución pasó a ser alegal. «Quedó en un limbo, en el que se perseguía más el proxenetismo. Una situación similar a la actual», afirma.

El discurso nacional catolicismo considera la prostitución como un mal necesario para preservar la virginidad y la pureza del resto de mujeres españolas, es decir, de las buenas mujeres.

Sin embargo, en la década última del franquismo se empiezan a producir cambios en las prácticas sexuales de los españoles debido a la llegada del turismo y aparecen en el país los métodos anticonceptivos. La prostitución del final de régimen franquista cambia y se inicia un proceso de tráfico de personas y se transforma como una forma de explotación económica.

Todos los informes respecto a la prostitución en la España franquista desaparecieron de los fondos policiales y nunca más se supo de ellos.

Ahora ya tienen una información básica, de lo que fue el sexo en el franquismo y como aun hoy en día ésta nos sirgue marcando duramente, sobre todo en las políticas de género y en los de la igualdad de sexo.

restricciones impuestas por la falange y los franquistas a las mujeres durante la Dictadura

Algunas de las restricciones impuestas por la falange y los franquistas a las mujeres durante la Dictadura
La siguiente lista ofrece tan sólo una simple ojeada sobre la infernal vida que las mujeres españolas estuvieron obligadas a llevar bajo la dictadura franquista y no puede sino levemente reflejar la profundidad de sus privaciones y sufrimientos. El movimiento nacionalcatolico y los falangistas trataron a las mujeres peor que a sus animales. como si de pájaros y animales enjaulados, encarcelaban a las mujeres españolas entre las cuatro paredes de sus hogares. Las mujeres no tienen la menor importancia a ojos de los fascistas católcos españoles, menos cuando están ocupadas en la procreación, satisfaciendo los deseos sexuales de los varones o haciéndose cargo del pesado trabajo doméstico a diario. Los nacionalcatólicos han cometido los más pérfidos y naudeabundos crímenes contra las mujeres españolas.
Durante la guerra civil, cuantas más áreas caen bajo el control fascista, aumenta el número de violaciones y asesinatos perpetrados contra las mujeres republicanas, las resrictiones de los franquistas -comparables a las de la edad media- continúan matando el espíritu de todo un pueblo mientras los despojan de toda existencia humana. Consideramos a los franquistas y falangistas más dañinos e ignorantes que los nazis. Los nazis mataron con armas movimiento nacionacatólico español ademas nos silenció con la religión.
Las restricciones y maltratos contra las mujeres por durante la dictadura franquista:
1- a finales de 1938 se prohibió a las mujeres inscribirse como obreras en las
oficinas de colocación, salvo si eran cabezas de familia y mantenían a ésta con su trabajo,estaban separadas, se hallaba incapacitado su marido, o eran solteras, bien sin medios de vida, bien en posesión de un título que les permitiera ejercer alguna profesión
2- se prohibió el trabajo de la mujer casada si el marido tenía un mínimo de ingresos determinado. La Ley de reglamentaciones de 1942 implantó la obligatoriedad de abandono del trabajo por parte de la mujer cuando contraía
matrimonio y algunas importantes empresas como Telefónica hicieron constar en sus cláusulas esta normativa al contratar: si había una reincorporación posterior, debía contar con la autorización del marido.
las menores de edad (entonces hasta los veintiún años, aunque las hijas no podían abandonar el hogar paterno hasta los veintitrés años, “salvo para tomar estado”) estaban bajo la tutela de los padres y las casadas bajo la tutela de sus maridos. ¿En qué se traducía esta tutela? Por ejemplo, en que las mujeres no podían elegir por sí mismas una profesión y ejercerla,
realizar ninguna operación de compraventa, firmar un contrato de trabajo o la apertura de una cuenta bancaria sin la correspondiente “autorización marital”.
3- Las mujeres durante la dictadura no podian disponer de sus propios bienes sin la autorización del marido, sino que ni siquiera podían disponer de sí mismas: cualquier cosa que quisieran hacer debía contar con la firma del
marido.
4- En el Código Civil se equiparaba a las mujeres –por el solo hecho de serlo– a los locos y dementes.
El artículo 57 del Código Civil sancionaba ese su retorno a la edad pueril en su relación con el hombre, aun dentro del matrimonio: “El marido ha de proteger a la mujer y ésta obedecerle ”.
Hasta 1958 no fue autorizada por la ley a ser tutora o testigo en testamentos, aunque la casada seguía necesitando permiso del marido, y hasta 1973, en las postrimerías del final de la dictadura aunque fuera por la muerte del dictador en la cama, las solteras no pudieron abandonar el
hogar paterno y organizarse su vida antes de los veinticinco años, pasando a partir de ese año a equiparar la edad de emancipación legal –los veintiunocon
los varones.
La mayoría de las ordenanzas laborales y normativas de trabajo en
empresas públicas y privadas establecieron despidos forzosos de las trabajadoras al contraer matrimonio y en determinadas empresas algunos reglamentos de régimen interior prohibían a las mujeres ejercer puestos de dirección.
5. la mujer casada continuó necesitando el permiso de su marido para firmar contratos de trabajo, ejercer el comercio y usufructuar su salario.
6- Prohibición a las mujeres de estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa (los talibán han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos).
7. Hasta 1966 no se permitió a las mujeres ejercer como magistrados, jueces y fiscales de la Administración de Justicia y, por fin, la autorización marital para firmar un contrato laboral y ejercer el comercio sería abolida en la reforma de los Códigos Civil y de Comercio de 1975.
Cuando el régimen económico del matrimonio era la sociedad de
gananciales, los salarios de ambos cónyuges constituían bienes gananciales, cuya administración siguió correspondiendo hasta 1981 al marido. Por último, a finales de 1975 el acceso a algunos puestos de trabajo permanecía cerrado para las mujeres, por ejemplo, en la Policía o las Fuerzas Armadas.
La “licencia marital” se mantuvo hasta la reforma legislativa de 1975.
8. El organismo que en España asumió la organización de las mujeres fue la Sección Femenina de FET y de las JONS, encabezada por la hermana del fundador de Falange, Pilar Primo de Rivera . También intentaba emular a las organizaciones nazis y fascistas, con sus propias peculiaridades, en este caso con una gran presencia del elemento religioso. Esta organización tenía como misión organizar la aceptación del régimen entre las mujeres a través de distintos mecanismos,
9. Dentro del marco de la cultura católica imperante su espacio se reducía a la familia, donde cumplirían el imprescindible papel de “proporcionar hijos a la Patria”. Se diseñó un prototipo de mujer, un modelo expuesto desde la escuela, la propia Iglesia y los medios de comunicación:
“debía ir convenientemente vestida, es decir, con mangas largas o al
codo, sin escotes, con faldas holgadas que no señalaran los detalles del cuerpo ni acapararan atenciones indebidas. La ropa no podía ser corta y mucho menos transparentarse. Las mujeres jóvenes no debían salir solas ni ir acompañadas de hombres que no fueran de la familia” .
10. El artículo 416 del Código Penal castigaba con arresto mayor
o multa a todos aquellos que indicaran, vendiera, anunciaran, suministraran o divulgaran cualquier medio o procedimiento capaz de facilitar el aborto o evitar la procreación. Sin embargo, en el caso del aborto, se contemplaba la reducción de la condena si se alegaba la deshonra que suponía para la familia una madre soltera.
El aborto era delito. Nada de información sexual y ningún medio anticonceptivo.
11. El adulterio estaba especialmente penado (pero solo si lo cometía una mujer). La religión católica a las mujeres de hablar o estrechar las manos a varones que no sean sus familiares.
12- Prohibición a las mujeres de tener presencia en la radio, la televisión o reuniones públicas de cualquier tipo.
13- Prohibición a las mujeres de practicar deportes o entrar en cualquier centro o club deportivo, sino es solo para mujeres.
Prohibición del acceso de las mujeres a los baños públicos. (baños y piscinas solo para mujeres)
Prohibición a las mujeres y a los hombres realizar actividades juntos Los sitios públicos se dividen ahora en «sólo hombres» o «sólo mujeres».
27- Prohibición de pantalones, solo faldas, y largas.
(mi madre solo se pudo poner pantalones y biquini cuando se fué a vivir a Casablanca en 1962)
Aparte de las anteriores restricciones a las mujeres, los franquistas también:
-Censuraban todo tipo de actividades cuturales como escuchar cierta música, televisión y vídeos, a todas las personas, no sólo a mujeres sino también a los hombres.
– Prohiben celebrar el tradicional carnabal y otras fiestas. Los franquistas proclamaron que esa estividad es pagana.
– Se desautorizo el día internacional del trabajo (1º de mayo), porque es tachado de festividad «comunista».
– Han ordenado que toda aquella persona con nombre no cristiano se lo cambie.
– Obligan a la juventud española a raparse el pelo.
– Ordenan que los varones vistan indumentaria apropiada.
– Ordenan que los hombres que se afeiten o recorten sus barbas, solo se pueden dejar bigotillo ridículo
– Ordenan que todo el mundo vaya a misa y si no estas bautizado no puedes matricularte en un colegio.
– Obligan a todos a cantar el cara al sol, el himo, decir viva españa dando aplausos.
Y así aún más…
Ami todo esto me parece surrealista y si es real cuanto menos indigno.
Última edición por mariporris; 26/04/2008 a las 23:17
Restricciones impuestas por falange y los franquistas a las mujeres en Afganist

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