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Locales de intercambios

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Hace no mucho tiempo el intercambio de parejas era un tema tabú, pero cada vez más se está convirtiendo en algo mucho más cotidiano. Prueba de ello es la gran cantidad de locales de intercambio que está surgiendo en nuestro país.

Desde no hace muchos años ha surgido la fiebre de los “swinger”, para quien no conozca mucho este mundillo este término se refiere a aquellas parejas que se intercambian con otra para mantener relaciones. Este concepto nace a finales del siglo XX. Muchas personas acuden a locales para poder conocer a otras parejas y estos locales guardan cierto secretismos, quizás por mantener un poco su exclusividad, incluso en algunos se necesita invitación.

Locales de intercambio de parejas en Madrid:

Cuenta con Pista de Baile, Túnel de las Rejas (pasillo francés), Cuarto Oscuro, Zona Oscura, Zona Mixta, Zona Parejas, Zona naturista, Round Bed, Columpios X, Privados individuales, 15 metros de reservados…

Los precios son los siguientes:

Parejas de domingo a jueves: Entrada y dos consumiciones 30€

Entrada viernes y vísperas de festivo con 4 consumiciones 40 €

Sábados con 4 consumiciones 50 €.

Chicos solos de domingo a jueves con dos consumiciones 30 €

Chicos solos viernes, sábados y vísperas de festivos 50€

Cerveza 5€, combinados 10€.

Dirección: Calle San Ambrosio, 8, 28011 Madrid

Teléfono: 913 66 96 14

Cap-Madrid:

Esto local está basado en el concepto de saunas mixtas liberales francesas. La sauna tiene tres ambientes diferentes:

Ambiente 1: Destinado a parejas, con una gran sala de relax con 18 m2 de colchones de 17 cms de grosor, un lugar para dejar volar la imaginación.

Ambiente 2: restaurante naturista acogedor y coqueto, su nombre Cap Delice. Rodeado de árboles, plantas, fuente y decoración Zen.

Ambiente 3: una sala de 450 metros cuadrados, en la parte de arriba una barra con todo tipo de bebidas y en la planta inferior con zona de descanso y 200 metros con habitaciones individuales. También te puedes encontrar una zona de Jacuzi con más de 6 metros de largo.

Los precios son los siguientes:

Entrada: 20 €. Acceso a todas las instalaciones excepto a la zona de parejas.

Entrada con botella de cava o dos cocteles: 50 €. Acceso a todas las instalaciones.

Dirección: 31, Calle del Gral. Zabala, 31, 28002 Madrid.

Teléfono: 914 11 89 59

Tabu:

Tabu es un local de intercambio de parejas pequeño y muy cuco en Madrid.

Justo cuando entras al local tienes una zona de copas con una pequeña barra y mesas altas donde poder tomar una copa tranquilamente y poder realizar el primer acercamiento.

Dentro encontraréis reservados para parejas.

También puedes encontrar cómodos sofás y pufs donde tomar una copa sentado tranquilamente y poder conversar.

La iluminación es muy tenue para ir creando ambiente.

Existe también una pista de baile que esta comunicado con un pasillo francés, donde poder hacer juegos y tan solo sentir al contrario.

También existe una zona chillo ut para dos parejas o donde poder hacer tríos. Otra zona chill out mucho más grande para experiencias con más personas a la vez.

Luego también encontraras zona de taquillas y zona de duchas y aseos.

Los precios son los siguientes:

Parejas de lunes a jueves: Entrada y cuatro consumiciones 20€

Parejas viernes y sábados: Entrada y cuatro consumiciones 25€

Chicos: entrada y dos consumiciones 40 €

Chicas: entrada con dos consumiciones 10 €

Dirección: Calle Moreno Nieto, 19, 28005 Madrid

Teléfono: 913 66 76 56

Encuentros:

Un clásico de los clubs liberales de Madrid. Tienen más de 25 años de experiencia en el sector y realizan fiestas temáticas programadas realmente interesantes.

Según entras a la derecha te encuentras una barra y mesas antes, además de sillas bajas para poder sentarte.

Cuenta con Jacuzzi, zona de submaríno (desde la que se accede al jacuzzi), zona privada para relax, cuarto con divanes, cuarto oscuro, chillo out zona de parejas, chill out erótico, camarote submarino.

La decoración está realmente cuidada y es uno de los mejores clubs de swingers de Madrid.

Los precios son los siguientes:

Chicas: entrada con copa 10 €.

Chicos: entrada y copa 15 €.

Parejas: entrada con dos consumiciones: 30 € por pareja.

Dirección: C/ Vicente Caballero, 14 – Madrid

Teléfonos: 91 504 35 21 / 91 504 21 06 / 619 287 738

Locales de intercambio de parejas en Barcelona:

Uno de los clubs más exclusivos de Barcelona, situado en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. En realidad es un club de amigos donde se encuentran parejas atrevidas.

Al club pueden entrar chicas solas, pero no chicos, todos los chicos han de ir acompañados de una chica.

Si quieres pertenecer a este exclusivo club es imprescindible mantener un buen comportamiento y ser muy respetuoso con todo el mundo.

Y lo más importante, antes de entrar tienes que rellenar un formulario en el club.

Dirección: Carrer del Dr. Joaquín Albarrán, 16, 08034 Barcelona

Teléfono: 932 80 63 38

Le Glamour:

Un local en Barcelona elegante, con personalidad y muy versátil. Su norma básica de actitud gira en tono dos palabras: respeto y a la discreción. Es un local de ambiente liberal y también organizan fiestas privadas.

Dirección: Carrer de Teodora Lamadrid, 36. Barcelona

Teléfonos: 619 44 56 82 / 93 417 82 29

Libert Swinger Clubs:

Un local especializado en parejas que abre todos los días de la semana. Las instalaciones están muy cuidadas, cuenta con: barra de copas, zona de sofás, cuartos oscuros, pasillo francés, zona de camas, privados, duchas.

Organiza fiestas temáticas en función del día de la semana.

Dirección: C/ Sepúlveda 31-35. Barcelona.

Teléfonos: 934233635

Da una paliza a su prometida al salir de un club de intercambio de parejas por celos

Agentes de la Policía Nacional vieron cómo le propinaba puñetazos en la cara y en el cuerpo hasta hacerla caer al suelo, donde siguió pegándole

A. FRÍAS Y J. CANO Jueves, 26 mayo 2016, 11:55

Si algún rasgo define necesariamente a los swingers, vocablo inglés que se utiliza para referirse a las parejas liberales, es la ausencia de celos. El pasado fin de semana, una joven de 19 años recibió una «brutal paliza» según el atestado policial a manos de su prometido a la salida de un club de intercambio de Torremolinos. Al ver que los agentes le colocaban los grilletes a su novio, que le dobla la edad, ella trató de que lo dejaran en libertad alegando que «solo era un caso de celos».

Los hechos sucedieron a las 5.35 horas del domingo en un local de swingers donde la pareja había pasado la noche. Testigos aseguran que, tras una disputa entre ambos, ella se marchó y él se quedó tomando copas. Al cabo de un rato, la joven regresó y volvieron a discutir. A los responsables del club no les gustó cómo la trataba al parecer, la cogió con fuerza por las muñecas y los expulsaron.

La agresión tuvo lugar nada más cruzar el umbral de la puerta. Un grupo de policías nacionales que patrullaban por la zona se toparon con la escena. El hombre salió del local pegando a la joven. Los agentes vieron cómo empezaba a propinarle puñetazos en la cara y en el cuerpo. La chica, «totalmente indefensa», según el atestado policial, «se protegía como podía de los golpes», que la hicieron caer al suelo, donde siguió pegándole mientras le gritaba en una lengua que ellos no lograron entender.

Los policías se bajaron del furgón tan pronto como pudieron y corrieron a reducir al agresor, que fue inmovilizado. A continuación, se entrevistaron con la víctima, quien les explicó que el hombre era su prometido y que mantenían una larga relación sentimental. Al parecer, la pareja, de nacionalidad rumana, declaró que estaban pasando unos días de vacaciones en la Costa y se alojaban en casa de una amiga en Fuengirola.

Al ver que le ponían las esposas a su prometido, la chica comenzó a gritar pidiendo que lo soltaran porque «si dormía en comisaría por su culpa iba a ser agredida en cuanto quedara en libertad», siempre según el atestado instruido en comisaría.

Los agentes destacaron el estado de «pánico» de la víctima por miedo a represalias, pidiendo una y otra vez que no se lo llevaran detenido. Ahí fue cuando argumentó que «sólo era un caso de celos» y recalcó que no pensaba presentar denuncia contra él. Pese a las contusiones que tenía, rechazó incluso ser asistida por un médico. Los policías resaltaron en su informe la diferencia de edad los 19 años de ella frente a 38 de él por si «de ello se puede inferir determinadas conductas de dependencia» que la hubiesen llevado a «justificar la paliza».

El detenido compareció el lunes ante el titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Torremolinos, donde se celebró un juicio rápido por un delito de lesiones leves. El fiscal pidió nueve meses de prisión y orden de alejamiento de 500 metros respecto a la víctima durante dos años. El acusado mostró su conformidad con los hechos y la pena solicitada, por lo que se dictó sentencia in voce, que además se declaró firme tras comprometerse las partes a no recurrirla.

El agresor fue condenado finalmente a seis meses de cárcel y se le ha impuesto la prohibición de acercarse a menos de 500 metros de la chica o contactar con ella por cualquier medio durante un periodo de 16 meses. Al carecer de antecedentes penales, el juez decretó la suspensión de la pena privativa de libertad durante dos años, «siempre y cuando el penado no vuelva a delinquir».

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¿Sexo en pareja? Éstos son los mejores locales de intercambio de Madrid

Abrirte a probar nuevas experiencias con tu ‘media naranja’ no suele ser tan sencillo como quitar la chapa a un botellín, aunque tampoco tiene que ser tan complicado como nos pensamos. Aún existen demasiados tabúes respecto a los locales de intercambio de pareja. Muchos de los asiduos lo guardan en secreto por el qué dirán, pero se sorprenderían al descubrir que cada vez más gente se anima a frecuentarlos. Tener la información adecuada y saber sus claves ayuda a introducirse en estos ambientes liberales, también conocidos como swingers.

Lo primero es conocer que son lugares específicos y discretos, acondicionados con salas, saunas, zonas de aseo y diversión para poder poner en practica cualquier fantasía sexual. Podrás intercambiar tu pareja, incluir a una tercera persona o unirte a una sesión de sexo grupal. Eso lo decidirás tú, junto con tu acompañante. Incluso puedes montártelo únicamente con él o ella, si no queréis compartir, pero permitiendo que otros os vean, por ejemplo.

Es fundamental que cada miembro de la pareja aclare previamente sus preferencias y se acuerden las prácticas permitidas. Probar nuevas formas de relacionarse sexualmente tendría que enriquecer la relación, no separarla.

Por supuesto, siendo single te puedes iniciar igualmente en estos ambientes que, por cierto, suelen ser más respetuosos que muchos de los bares tradicionales que solemos visitar donde, sobre todo a las mujeres, se nos invade el espacio e, incluso, tenemos que despegar más de una mano de nuestro cuerpo.

Si vas a acudir solo o sola, tendrás que informarte sobre qué días puedes hacerlo y las condiciones de cada local. Además, suelen tener fiestas temáticas por prácticas u orientaciones sexuales. A continuación, descubrimos los ocho locales más icónicos de Madrid.

Fusion Vip

C/ Cardenal Siliceo 10

FUSION VIP

Es uno de los más modernos de la capital, con un ambiente juvenil, divertido y de ocio. La gente no va tan directa al «aquí te pillo, aquí te mato»… se da un ambiente previo para charlar, bailar o tomarse una copa, si se desea. Fresco y desenfadado, tipo pub y discoteca, realiza actividades de performance -e incluso invita a Dj’s conocidos-. Y, si te apetece, puedes pasar a la zona de reservados donde ya se accedería, desnudo. Encontrarás una piscina grande e instalaciones modernas. Este mes de diciembre celebrará su décimo cumpleaños con una fiesta especial.

Encuentros Vip

C/ Vicente Caballero 14

ENCUENTROS VIP

Éste es uno de los locales pioneros de la capital y sus encuentros, nunca mejor dicho, son más directos. Quizá sea más sobrio o menos festivo y, aunque puedan formarse grupos, suelen verse más intercambios entre parejas. La media de edad es más elevada que en Fusión.

Momentos

C/ Peñascales 1

MOMENTOS

Si lo que buscas es un ambiente muy relajado tipo sauna, éste es tu local. Aquí encontrarás paz y poca fiesta en cuanto a copas y bailes aunque, por supuesto, los encuentros sexuales no faltarán. Interesantes sus tardes nudistas.

Tabú

C/ Moreno Nieto 19

TABÚ

Un local especializado en tríos. Con instalaciones más básicas, sin sauna ni jacuzzi, admiten que «aquí venimos a hacer amigos, no a sudar como pollos». Y razón no les falta.

Karma

C/ Orense 26, Bajo

KARMA

De reciente apertura, diseño original e instalaciones diversas, incluida piscina y jacuzzi. Un lugar aún por descubrir. Quizá quieras ser tú quien lo haga.

Trivial

C/ San Ambrosio 8

PXHERE

Es otro de los primeros locales liberales de Madrid y acaba de cumplir 25 años. Quizá por esto, y la fidelidad de algunos usuarios, la media de edad sea bastante elevada y las instalaciones, aunque reformadas, no hacen competencia a los locales más jóvenes. Sin embargo, hay quien puede encontrarle cierta erótica vintage.

Edén Parejas

C/ Londres 12

PXHERE

Dos plantas donde desatar la pasión en la zona exclusiva de parejas o en la zona común, con todo tipo de instalaciones, tú decides.

Triángulo

C/ Dr. Esquerdo 67

PXHERE

Es otro clásico dentro de los locales liberales. Se autodefinen como especializados en tríos, de ahí el nombre, aunque en cualquier local de ambiente liberal se pueden hacer tríos, por supuesto.

Te has vestido para matar, y vaya si lo estás logrando. El ambiente acompaña. La música también. Reinas en la pista. Las miradas te acarician, y te acelera especialmente la de tu pareja, que disfruta viendo cómo te observan los demás. Cómo te desean. Menudo subidón sentirte así, más cuando se te acerca un bellezón que derrocha sensualidad y se pega a tu piel para acompañarte en el baile, su mano en tu culo, su boca en la tuya. Y tu pareja y la suya, en la barra, asintiendo felices, anticipando el festival a cuatro que se avecina.

Si nada se tuerce. Si el cerebro reptiliano (el cien por cien animal, el que funciona por puro instinto) mantiene el sistema límbico (el que genera las emociones, también los celos) bajo control. Si la excitación del momento no os impide respetar las normas innegociables que habéis pactado para esa experiencia que va a cambiar, tal vez de forma irremediable, vuestra vida sexual y la idea que tenéis de vosotros mismos como pareja: nada de gozar por separado, nada de olvidar el placer del otro, nada de llevarle a terrenos que no quiere pisar.

La escena tiene lugar en un club de intercambio de parejas, un ecosistema físico y emocional que disecciona Jordi Clotas en ‘Código Swinger’, mucho más que una guía para quienes quieran adentrarse en el mundo del placer a más de dos: una celebración del sexo y el amor, y la necesidad de cuidarlos, que deberían leer incluso los que jamás se hayan planteado cruzar las puertas de lo prohibido.

RESPONSABILIDAD Y CONEXIÓN CON LA PAREJA

Habrá quien crea que lo del sexo múltiple es un «venga, a lo loco». Nada más lejos de la realidad: lo que Clotas evidencia, tras años como relaciones públicas y orientador en dos clubs ‘swinger’ de Barcelona y muchas conversaciones con parejas que hace tiempo que llevan su sexualidad por esos caminos que se salen de la norma, es que, para que la experiencia sea un éxito, hay que vivirla con enorme responsabilidad, con uno mismo y con la pareja. Saber qué se quiere hacer y, sobre todo, qué no, y estar conectado con ella y con el respeto a sus deseos de un modo que, con frecuencia, el sexo a dos, donde parece que está todo claro, olvida.

Como se evidencia a lo largo de las 200 páginas en las que Clotas sigue los pasos de Candi e Irene, el matrimonio que ilustra todas las fases, gozos y conflictos de la experiencia ‘swinger’, para que el intercambio de parejas pase de fantasía a gozosa realidad no basta con dejar en la taquilla del club, junto con la ropa, el recato y los celos.

Nuestra educación sentimental y sexual se basa en conceptos como intimidad, territorialidad y exclusividad, y hay que tener claro que no todo el mundo, por desinhibido que sea, está preparado para ver a su pareja destrozar a gemidos esos principios. Lo dice el autor: «No hay un guion universal para esta experiencia», y «lo que para muchos es un paraíso, para otros se acaba convirtiendo en un infierno».

En cualquier caso, tener la máxima información es importante para que la aventura esté más cerca del éxito que de la catástrofe. Aquí tenéis algunos aspectos, extraídos del libro de Clotas, que deberíais tener en cuenta si os decidís a probarlo.

CONSEJOS PARA EMPEZAR

1. Pactad las normas de los encuentros con terceros. ¿Siempre juntos o podemos gozar por libre? (o sea, ¿’swingers’ o liberales?). ¿Con o sin penetración? ¿Prohibido repetir invitados (para evitar establecer relaciones afectivas? Es conveniente que fijéis una señal para abortar la operación si alguno de los dos no se siente cómodo con la vivencia.

2. Elegid bien el club. La oferta es grande. Internet os permitirá recorrer virtualmente las instalaciones de los locales y ver si tienen zona de aguas, ‘glory hole’ o mazmorras para ‘bondage’, por citar fantasías recurrentes. Informaos (hay muchos foros sobre el tema) de si son clubs duros o ‘lights’, y optad por estos últimos para la primera incursión. Llegar a un club y encontraros con un ‘bukkake’ os puede intimidar un poco.

3. Hablad de cómo os habéis sentido. Si habéis sido capaces de aplicar las normas pactadas, si creéis que hay que modificar alguna (una cosa es pensar en frío, con el cerebro racional en perfectas condiciones, y otra en plena acción, con el cerebro reptiliano señoreando y el sistema límbico desbocado).

4. No descuidéis la pareja. Conservad un territorio de exclusividad para vosotros dos: el sexo a cuatro es solo un complemento a vuestras relaciones sexuales. Y ojo con engancharse a él.

LOCALES DE AMBIENTE LIBERAL EN BARCELONA

Un local de intercambio de parejas de Barcelona. ELISENDA PONS

En ‘Código Swinger’ encontraréis una lista con 57 locales de intercambio de toda España. Estos son los 7 de Barcelona que elige el autor:

6 y 9

Charlie Privée

Libert

Oops! Barcelona

Tótem Barcelona

Training Pedralbes

Uhomo

PROPUESTAS SWINGER

Además de los clubs, se puede practicar el intercambio de parejas en viajes, cenas, alojamientos, redes sociales… Estas son algunas de las propuestas que destaca Clotas:

-Escapadas liberales: Desire y Luxury Lifestyle vacations son empresas especializadas en la organización de vacaciones para el público swinger.

FIESTAS TEMÁTICAS

Jordi Clotas recomienda las fiestas como una buena forma de debutar en el universo ‘swinger’: permiten pasar más inadvertido que en un club, donde el número de parejas será menor, las veteranas y habituales ganarán por goleada y os convertiréis en el objeto de deseo de todas. Mejor sentirse menos observado y poder observar con libertad para decidir cómo y con quién entrar en materia.

-Eyes Wide Shut: Inspiración Kubrick evidente. «Una de las formas más ‘premium’ de entrar en el universo ‘swinger», dice Clotas, que la valora con un 10. Lo de poder ocultar la identidad es un plus para soltarse. Además, el entorno y la ambientación suelen estar muy cuidados.

-Carnaval: Otro 10 para novatos, por los mismos motivos que la anterior: ser otro ayuda a desinhibirse.

-Sant Joan / Fin de Año: Clotas les pone un 9. El fuego, el cava y la lencería roja predisponen al jolgorio.

-Blanca: Otro 9. Al estilo de las ibicencas, suele coincidir con el final del verano y es ideal para los que empiezan, porque el ambiente es relajado y el ‘dress code’, poco exigente. Basta ir de blanco. Al menos, al llegar.

-Espuma: Es mítica de la Le Glamour, y la copian montones de clubs en toda España. Los biquinis, triquinis, tangas o la desnudez, directamente, lucen más entre las burbujas.

-Lencería: Seguir el ‘dress code’ es fundamental en los clubs y fiestas de intercambio, que suelen exigir siempre un toque sexi en el vestir, especialmente a las mujeres (sí: Clotas reconoce que el mundo ‘swinger’ es bastante machista, aunque también dice que una regla general en el mundillo es que «los hombres proponen y las mujeres disponen»), así que en estas fiestas todo el mundo echa el resto. Y, bien mirado, si superas el pudor de pasearte por un club en ropa interior picante, debe de ser más fácil quitártela…

PELÍCULAS «PARA VER JUNTOS»… Y EMPEZAR A PLANTEÁRSELO

¿Qué tiene de bueno hacer un sesión de cine fórum de temática ‘swinger’? Que os permitirá poneros en situación en un entorno controlado. Clotas recomienda nueve títulos que plantean seriamente el intercambio de parejas y comenta qué os puede aportar verlos.

-Afinidades (Cuba, 2010), de Vladimir Cruz y Jorge Perugorría.

-American Swing (EEUU, 2008), de Jon Hart y Matthew Kaufman.

-Bob, Carol, Ted y Alice (EEUU, 1969), de Paul Mazursky.

-Dos más dos (Argentina, 2012), de Diego Kaplan.

-Four Lovers (Francia, 2010), de Antony Cordier.

-Frente al mar (España, 1979), de Gonzalo García Pelayo.

-Pintar o hacer el amor (Francia, 2005), de Arnaud y Jean-Marie Larrieu.

-La tormenta de hielo (EEUU, 1997), de Ang Lee.

-Shortbus (EEUU, 2006), de John Cameron Mitchell.

A partir de aquí, de vosotros dependerá cambiar el sofá de casa por el de un club.

Los secretos de los intercambios de parejas en Málaga

Una zona de relax de uno de los establecimientos para los swingers, el Play Papúa de Torremolinos

Su discreción está por encima de toda aceptación social. Lo que para unos es inconcebible, para otros es simplemente un estilo de vida que puede llegar a unir más a una pareja. En Málaga, como en el resto del mundo, los swingers se mueven con sigilo

Respeto, higiene y discreción. Un «no» es innegociable, el aseo y el uso de preservativos son sagrados y la discreción, una religión. Estos pueden ser los tres principales mandamientos que todo swinger que se precie cumple sin concesiones. Son parejas normales, de cualquier tendencia sexual, dispuestas a compartir a su media naranja.

Una breve inmersión en el océano de internet permite descifrar un mundo que se mueve con sigilo. Sin estridencias, la Red esconde miles de posibilidades que por supuesto alcanzan a Málaga.

El movimiento swinger ofrece en la Costa del Sol contactos, clubes e información sobre una actividad llena de matices para las parejas que buscan algo más. La oferta más llamativa, la de una asociación cuyos estatutos prohíben tajantemente aparecer en los medios de comunicación. La discreción es su columna vertebral y rechazan cualquier tipo de publicidad: «Somos un grupo privado, muy exclusivo, y elegimos a las parejas que entran». Tienen un cuartel general permanente en la comarca del Guadalhorce, pero sus citas pueden abarcar buena parte del mapa provincial en reuniones privadas que se celebran en las casas de los miembros de «la hermandad». Sin son espaciosas, mejor. «Esto no es un negocio. Seguimos el estilo europeo», insiste uno de los responsables de la asociación, quien presume de tener muy buen cartel en España y en muchos países del mundo, desde donde reciben un buen número de solicitudes y visitas a lo largo del año.
El perfil de los swingers coincide sobre todo en la edad. El bloque mayoritario lo forman parejas que tienen entre 30 y 45 años, pero el resto de tramos también tienen su representación. La clase media-alta es predominante.

Aunque inicialmente están abiertos a gente de todo tipo y orientación, lo único que exigen a sus visitantes es «una mentalidad abierta, un comportamiento amable, y el completo respeto a los deseos, gustos y apetencias de los demás asistentes.» La filosofía swinger se ciñe a parejas, aunque la asistencia de hombres sin pareja se admite bajo ciertas condiciones como estar en permanente contacto con la pareja que le ha invitado.

Comienza el juego

Una vez dentro del «clan», la discreción se acentúa. El uso de móviles y cámaras está terminantemente prohibido durante unas reuniones en las que no hay un programa definido. Charlan, toman copas, bailan y… No tiene por qué pasar nada más. Y si ocurre, ocurre con la complicidad previa de las parejas implicadas. Pueden conocerse de encuentros anteriores o de esa misma noche. A cierta hora, lo normal es que pase algo. Un acercamiento se convierte en charla y una charla da paso a una caricia. Si ésta es aceptada, el juego sexual puede mantenerse ahí o ganar intensidad en las zonas habilitadas para ello.

Desde la asociación se desmarcan de otros tipo de locales que se pueden encontrar en la Costa del Sol y a los que define como empresas de ocio. Utiliza el mismo término que reconoce Rocío, gerente de Play Papúa, un local de Torremolinos que también está orientado al intercambio de parejas. Sin embargo, Rocío también se desmarca de la imagen desvirtuada que ofrecen de estos establecimientos los reportajes que aparecen en la televisión. «Aquí vienen parejas absolutamente normales que buscan complementar sus relaciones personales. Es un lugar destinado a crear morbo, situaciones nuevas en las parejas que nos visitan», asegura la gerente, quien también matiza la accesibilidad: «Hablamos con ellos antes de que entren para conocer la idea que tienen del local y sobre lo que realmente buscan». Rocío incide en que algunos buscan «sexo sí o sí» y esa no es la filosofía que buscan, por lo que no pasan el corte.

A los que prueban por primera vez se les cala pronto. «Cuando les abres la puerta se ponen bastante nerviosos, sobre todo las chicas», dice Rocío, quien añade que ellos suelen ser los que «insisten» en visitar un local de intercambio de parejas y ellas las que finalmente «más disfrutan» y no tienen reparos en volver. Porque vuelven. La mayor parte de la clientela de este tipo de local es habitual.

Los novatos son minoría, pero poco a poco se suman a la familia que se hace más grande los fines de semana. Sobre todo los sábados, cuando en las instalaciones de Play Papúa se concentran «una media de 40 parejas» que pagan, como los viernes y las vísperas de festivos, 50 euros a cambio de cuatro consumiciones. Los precios se mantienen para los chicos que entran solos pero con la mitad de consumiciones y las chicas que llegan solas sólo pagan 10. Una sala de cine X, una zona mixta con espejos, una sauna, un jacuzzi, un cuarto oscuro y varias habitaciones privadas son la tarjeta de presentación para los invitados y para la imaginación del lector.

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Swingers: así funcionan los clubs de intercambio de parejas

05/04/2015 05:00 – Actualizado: 14/06/2017 16:36

Los clubs de intercambio de parejas ofrecen múltiples posibilidades para mentes abiertas y curiosas que quieren experimentar. ¿Has pensado alguna vez en probarlo? ¿Te has preguntado qué puedes encontrar y cómo afectará esto a tu relación? He aquí la respuesta.

Pactar límites

Casi todas las fantasías funcionan como un acicate para estimular la sexualidad y combatir la rutina. Y ello no quiere decir que se tengan que llevar a la práctica. En un momento tórrido se puede hablar de lo excitante que sería estar en medio de una orgía, y eso no significa que al día siguiente se tenga que hacer realidad. Si ambos quieren dar el paso, es imprescindible hablarlo y pactar hasta dónde se quiere llegar. Y sobre todo, ser realista. ¿Te imaginas a tu pareja besando a otra persona? ¿Cómo crees que reaccionarías? Es importante saberlo antes de aventurarse en el mundo liberal. Y ser claros con los límites de cada cual. Hay opciones para todos los gustos: puede que uno de los dos pueda tener sexo con otras personas y el otro no, porque así lo han pactado, puede que el juego se limite a personas del mismo sexo… Allí nadie te va a obligar a hacer nada que no quieras y lo mejor es saber de antemano lo que cada uno está dispuesto a probar.

Paso a paso

En casi todos los locales hay una parte que es un bar-discoteca. Las parejas van allá y entablan conversaciones y deciden si se adentran en otros espacios en los que tendrán que ir despojándose de la ropa. En la mayoría de establecimientos solo está permitida la entrada a parejas o chicas. Los hombres que acuden solos están en otro lugar y únicamente pueden entrar a petición de la pareja. Y ahí es donde entra el juego del glory hole, que es un agujero donde los chicos pueden introducir la parte más sensible de su anatomía para que las parejas jueguen con ella y decidan si los invitan a pasar.

Imagen: Guess

Diferentes salas

Cada club tiene sus normas y sus espacios. Habitualmente, el encargado les explicará a los recién llegados la dinámica. Si el club es grande, hay diferentes salas: en algunas se puede ir vestido, en otras desnudo, otras están dispuestas para parejas bisexuales… También suele haber una zona de duchas o sauna y en los más ‘lujosos’ piscinas y terrazas. Es importante saber qué es lo que se puede hacer en cada uno de los espacios. En algunos lugares existen cuartos oscuros, en los que no se ve y solo se siente.

Los códigos

En las camas redondas los cuerpos se convierten en una amalgama. Pero ello no significa que las personas que están ahí tengan que aceptar cualquier relación. No todo vale. Hay un gesto sutil que se emplea para ‘rechazar’ de forma sutil a alguien. Se trata de hacer simplemente una señal con la mano de que pare (palma abierta, mirando al suelo), de forma elegante (no hace falta ser enfático y parecer un guardia urbano) y la otra persona captará el mensaje.

Imagen: Brian Atwood

Vouyerismo y exhibicionismo

Algunos de los parroquianos no acuden para entrelazarse con otros. El morbo de mirar y de ser mirados es otro de los estímulos de los que se puede disfrutar en estos lugares. No son los casos más habituales, pero no hay ningún problema en establecer este juego en un lugar así.

Días temáticos

Es conveniente ver la programación del lugar al que se va a acudir. Se pueden encontrar propuestas como: noche de tríos, gang bang, veladas para fetichistas de los zapatos de tacón o el BDSM. Es importante puntualizar que el mundo swinger nada tiene que ver con el fetish (es decir, el sadomaso). Sin embargo, existen locales en los que también hay mazmorras y otros espacios habilitados para estas prácticas o se organizan fiestas concretas para dar rienda suelta a este tipo de fantasías.

Fuí sola a un club swinger a investigar como son los intercambios de pareja

Una noche conocí a un hombre que me preguntó: “Tú y yo ya hemos follado antes, ¿verdad?”. Creía haberme penetrado visto en un club swinger. “Ahí no se deben ni presentar”, fue mi primera reflexión sobre el tema, porque calzo un nombre difícil de olvidar. Pero esa extraña pregunta instaló las ganas de tachar de la lista de “Antes de los 30…” una visita a uno de estos lugares de sexo porque sí. Había escuchado hablar de los locales en los que se hace intercambio de parejas o simplemente sexo en grupo y también sabía que se organizaban orgías entre grupos privados. Decidí probar primero con el club. Y lo intenté. He estado en la puerta dos veces. Una, no fui capaz de entrar. Y en la otra, fui incapaz de disfrutar.

Detrás de la puerta del club

Cuando conseguí traspasar la puerta, sentí que la conexión entre las personas era fría, sin ropa o con muy poca. Te juzgan miradas, te eligen por lo que ven, no por cómo eres, no les da tiempo a saberlo. Te desplazas a un reciento donde el sexo lo es todo, sin más. Y no, a veces ni quieren que te presentes.

Soy mujer, soltera y quise ir sola. Teniendo en cuenta esta descripción, el escenario que se me presentaba en el club de swinger era el siguiente:

1. Te sientes más objeto que nunca porque tú entras gratis a diferencia de tus congéneres con pene. Sabes que eres el caramelito del lugar. O tienes muchísima seguridad, o sales corriendo.

2. Tus practicas sexuales se reducen a estas dos: participas en tríos o juegas sola.

No me sentía cómoda, no sabía qué se me había perdido ahí, y en pleno debate personal de si será que al sexo sin compromiso le pido algo más que satisfacer mi lado animal, me llegó un mensaje al móvil. La excusa era un cumpleaños, la propuesta: una orgía privada. Y tuve que preguntar más, claro. El club swinger me había generado dudas e inseguridad y quería volver a sentir el calor que provocan las ganas. La entrevista para escribir este artículo fue la razón profesional de la cita.

Sexo entre amigos

Una película: La Lista. Pablo (que prefiere no dar su apellido al igual que los demás entrevistados), uno de los creadores de la iniciativa, descubrió ese título y desde entonces quiso crear un grupo en el que hacer explotar la libertad a través del sexo. “Nadie es libre desde el momento en que respetas normas en un trabajo o en la calle. El sexo en grupo elimina prejuicios y te permite liberarte de ataduras”, me dice el anfitrión. El primer filtro que superas es intelectual, el grupo no es muy numeroso y nace de amistades en común. Te juzgan conversaciones y, si tienes ganas, te quedas porque sabes que algo pasará. El morbo y la curiosidad iban por delante en esta conversación, pero el sexo no acaparaba cada segundo.

Según avanza la conversación, se ganan mi comodidad. Me preguntan por mis dudas, mis miedos, mi opinión y qué me mueve hasta ellos. Se saben mi nombre y mis razones. Esto promete. Todo empezó cuando Pablo y su pareja contactaron con un grupo de amistades a quienes consideraban con una filosofía sexual similar y comenzaron los juegos. Siempre empiezan con cerveza, otras veces con cine. El día de nuestro encuentro, una sesión de música electrónica.

El respeto y la salud sexual son las únicas obligaciones que se impone a los participantes de estas bacanales. Los encuentros se desarrollan en pisos con pequeños requisitos para satisfacer morbosidades varias —espejos, paredes acristaladas, multitud de baños, habitaciones amplias— o en casas rurales. El grupo lo forman cerca de treinta personas con edades que oscilan desde los 19 a los 40 y pocos. Las profesiones son igual de variadas: una médico, un abogado de familia, una enfermeras especializada en dermatología, un director de cine, un fotógrafo, un guionista, un ingeniero, una nutricionista…

Todos tenemos las mismas dudas

Voy ganando detalles de estas orgías privadas y recupero la excitación robada por la frialdad y sensación de soledad que me despertó el club swinger. Hablar con Pablo y el resto de participantes es acumular historias sentimentales de todo tipo. Hay quien cree en un concepto de amor romántico. Hay quien apostaba por el poliamor para descubrir después que eso no existe, que al final a quien llamas cuando la vida te da un mazazo es a un solo número de teléfono. Hay quien disfruta de la soltería, o quien acude con un ‘follamigo’. Hay bisexuales, heteros, lesbianas.

Detrás de cada nombre hay un miedo que ha sido vencido dentro y fuera de las sábanas donde comparten fluidos y libertades. Hay quien ha vivido con este grupo su primera orgía, como una chica que se llama Irene, que habla de ello con abrumadora belleza. O quienes llevan años practicando la relación amo-sumisa, otro chico que se llama José. Tengo miedo a pecar de ingenua, de inexperta, incluso de cobarde. Pero el desasosiego de no saber qué haría al quitarme la ropa se despeja. “Quien tiene más experiencia guía a quien acumula más dudas”, me tranquiliza Pablo. La orgía en estas condiciones es un ejercicio de generosidad, complicidad y desarrollo de la independencia a través del sexo. Así lo cuentan y así lo veo.

Pienso que para disfrutar plenamente de una experiencia sexual así debes haber trabajado tu individualidad dentro y fuera de las cama. Saber qué te gusta, que te apetece probar. Y si no lo tienes claro, ir abierta a que te muestren, incluso a cambiar de opinión. Y no solo hablo de carne y fluidos. Escuchar con las ganas encendidas y la mente abierta es fundamental. Además de la conversación, veo cómo los veteranos de estas orgías privadas se buscan con las miradas, se sonríen con complicidad, se calientan. La sensación de frío termina por irse al recibir el relato de emociones que han experimentado otros y de inseguridades similares a las mías.

Aquí no eres un trozo de carne

¿Quieres saber qué se siente cuando vas a acompañada y ves como le practican una mamada a tu acompañante? Te lo cuentan: la sorpresa del placer desprevenido. ¿Y si en mi primera vez me bloqueo y necesito marcharme? Tranquila, a Irene le sucedió y así lo comparte con el resto. A cualquier pregunta te brindan respuesta. Me cuentan que las parejas que acuden a las orgías superan siempre un instante de celos, es normal. Y los solteros, una punzada de soledad. Cada persona tiene emociones que gestionar y que al superar a través del sexo les hace más libres cuando pasean en su rutina habitual.

José, que practica el rol de dominante y en esta entrevista es uno de los interlocutores principales, mencionó algo muy interesante: «los lazos son inevitables». «Me van a llamar por mi nombre», se reconforta mi mente sola, «me van a guiar”. A medida que lo pienso, me entran más ganas de participar. Puede que ese vínculo vaya a más y surja una pareja estable, como le sucedió a Mario. O puede que esa lazada me una mientras estoy jadeando y después siga deseando conquistar a mi vecino. Es igual, no me sentiré a la deriva como en el local de swingers al que había ido antes.

Al acabar la entrevista, nos ponemos a bailar. Sé que volveremos a hacerlo, pero la próxima vez será en horizontal. El club swinger ponían etiquetas en su fiestas y quienes participaban también te catalogaban al verte pasar, por tu carne, no por lo que les acabes de contar. De este grupo de sexo entre amigos me llevo la certeza de que no me juzgarán si solo me quedo a mirar. Tampoco si participo en todas las prácticas sexuales. Nadie me obliga a subir las escaleras del piso tras las copas compartidas. Estoy tranquila, no siento frío y empiezo a disfrutar de mi libertad sexual y personal desde que escucho un cálido: «Hola, ¿cómo te llamas?».

El Efecto Coolidge, acuñado por el etólogo Frank A. Beach hace medio siglo, describe un fenómeno que se da entre los mamíferos por el cual, si los estímulos siempre son los mismos y se repiten en el tiempo, provocan un descenso del deseo. El sexólogo Ignasi Puig da con una solución escueta: cambiar esos estímulos. «Si una pareja solo mantiene relaciones sexuales una vez a la semana y siempre es el sábado después de ir a cenar y al cine, y siempre en el dormitorio, bajará la libido», explica, y advierte: «Una forma de introducir variedad a la relación (desde luego, no la única) puede ser abrirla sexualmente a otras personas, o el intercambio de parejas , pero debe hacerse siempre con sinceridad y comunicación. Si no, por mucho que estén dispuestos a compartirse con otros, llegará la sensación de engaño, y puede ser devastador para la pareja. En el momento en el que entran en la ecuación terceras personas, pueden aflorar los miedos y las inseguridades, esto es: los celos. Por eso es tan importante que esta práctica se haga siempre desde la absoluta sinceridad y entendimiento mutuo».

«Estamos en un ‘boom’ parecido al de los años setenta con las comunas ‘hippies’ y, como ocurría entonces, es peligroso pintarlo como algo fácil. Tener dos parejas en lugar de una cambia un montón de reglas»

Su compañero, Miguel Vagalume, reflexiona: «Estamos en un boom parecido al de los años setenta con las comunas hippies, el llamado verano del amor; había dos mil o tres mil comunas en Estados Unidos, era la misma sensación. Y como entonces, ahora es peligroso pintarlo como algo fácil. Tener dos parejas en lugar de una cambia un montón de reglas del juego que te había inculcado la vida, a ti y a gente de tu alrededor». Y puntualiza: «A mediados del siglo pasado había relaciones abiertas en España, no es algo nuevo. Pero en aquella época, generalmente, jugaba en contra de muchas mujeres: resignadas, aceptaban en silencio que sus maridos tuvieran una amante, incluso otras esposas y familias. Por suerte, eso hoy ha cambiado. Las mujeres son más autosuficientes y eligen, en su caso, la poligamia, o lo que ahora se llama poliamor . Pero de una forma abierta y pactada con su pareja. No hay que olvidar que cambiar ese modelo de relación implica muchas preguntas: ¿Es posible estar con dos personas a la vez, incluso querer a más de una pareja al mismo tiempo? Es importante desmontar muchos mitos, y no siempre es una aventura exitosa. Pero no hay que confundirlo con la parte lúdica, por ejemplo, ir a un local de intercambio. Ahí no estás desmontando ningún mito. Es algo lúdico que haces con tu pareja, solo desmontas la exclusividad sexual». Puig añade: «Un error común es elegir una relación abierta como solución a problemas preexistentes. Hay que darle la vuelta: si tienes problemas de pareja, primero soluciónalos. Y luego plantéate si es mejor cambiar el modelo de relación y abrirla, para que no vuelvan a surgir. Si no, es como intentar apagar el fuego con gasolina».

Biel Duran, Adriana Ugarte y Nilo Mur mantienen una relación a tres en la película ‘Castillos de cartón’ (2008).

Hechas las aclaraciones, pasemos a lo empírico. Cuatro personas que han abandonado la monogamia nos cuentan su experiencia. Algunas utilizan pseudónimos, por razones obvias.

«Tengo relaciones abiertas desde hace 22 años, una principal y amantes varios», Afrodita Puig (42 años, doctorada e investigadora científica)

No soy ‘swinger’, pero me considero liberal. Tengo relaciones abiertas desde hace 22 años, una principal que compagino con varios amantes, con algunos llevo desde hace cinco o seis años. Nos gustamos y el sexo es fabuloso, pero sabemos que nunca llegará más allá. En cuanto a mi pareja, aunque ahora estoy soltera, cuando la he tenido, se convierte en lo más importante. He tenido relaciones duraderas que aceptaban cómo soy cuando se lo planteaba, o directamente eran liberales sexuales, como yo. Tengo claro que si hay total sinceridad desde el principio, los celos no tienen lugar. Mis últimas tres relaciones han sido abiertas y lo hemos llevado bien: uno sale una noche y dice que no vendrá a dormir. Al día siguiente: «¿Te lo has pasado bien? Sí, cariño». Y todo perfecto. Nuestra vida sexual y afectiva es mucho mejor. Por supuesto, con algunas normas básicas, como no traer nunca a un amante al hogar que compartimos. O no especificar quién es gratuitamente, si la otra persona no lo pregunta. Los problemas que hemos tenido no han venido por ahí. Han sido problemas de convivencia, los de cualquier pareja.

«Mis últimas tres relaciones han sido abiertas y lo hemos llevado bien: uno sale una noche y dice que no vendrá a dormir. Al día siguiente: ‘¿Te lo has pasado bien? Sí, cariño’. Y todo perfecto»

Muchas veces chocas con la incomprensión de tu entorno, por ejemplo el laboral, donde obviamente, no comparto esta parte de mí. Al final, tu círculo de amigos es gente que comparte esta forma de vida. Vamos a la playa, de vacaciones, o hacemos planes sin que tenga que haber sexo de por medio… Hace unas semanas estuve en una fiesta de cumpleaños. La sorpresa es que aparecíamos todos sus amigos y amigas liberales, unas 30 personas. Terminamos en la piscina, pero no en plan orgía, sino con mucho cariño y respeto los unos por los otros. Porque en este mundo un «no» es un «no». Y en una discoteca convencional dices que no y vuelven a insistir, por lo general. Ser liberal es una actitud de vida, no una medida desesperada para tener sexo. Es habitual que quede con mis amigos y acabe en orgía. Pero con muchísima seguridad siempre. Todos pasamos cada tres meses por pruebas de enfermedades de transmisión sexual que acreditamos a quien nos las pida. Somos promiscuos con sensatez. Somos mucho más sanotes que mucha gente que sale a ligar a un bar una noche.

«Llevamos casados 16 años, tenemos tres hijos y practicamos el intercambio de parejas desde hace cuatro años», Jorge y Rita (37 y 42 años, trabajan en empresas de software)

Llevamos unos cuatro años en esto, llegamos de forma natural, un día lo hablamos porque nos apetecía a los dos. Era una manera de expandir nuestra sexualidad, de añadir juntos más posibilidades y experiencias. Nos hemos vuelto bastante populares con nuestro seudónimo de pareja, Kisshunters. No damos nuestros nombres reales porque entendemos que en algunos entornos en los que nos movemos, como el laboral, no tienen por qué compartir esta forma de vida. Los dos cumplimos con nuestra jornada laboral y obligaciones familiares, es una afición como cualquier otra. Somos ‘swingers’, practicamos el intercambio de parejas, pero siempre juntos. Llevamos casados 16 años y tenemos tres hijos, uno ya adolescente. Aunque llevamos esto con normalidad, no llegamos al punto de contárselo. Y mucho menos de practicar intercambio de parejas en nuestra casa. Eso pertenece a nuestra intimidad. Los hijos saben, cuando llegan a cierta edad, que sus padres tienen relaciones sexuales, pero eso no implica que tengan que conocer los detalles. Alguna vez una pareja nos ha invitado a su casa, hemos visto niños y nos hemos ido.

«Es un tipo de diversión, un plan que haremos hasta que nos deje de motivar. Por el momento, nos motiva y nos hace crecer como pareja. Y nunca hemos sentido celos, porque lo hacemos siempre juntos»

No nos lo tomamos como un estilo de vida. Es un plan que haremos hasta que nos deje de motivar. Por el momento, nos motiva y nos hace crecer como pareja. Nunca hemos sentido celos, porque lo hacemos siempre juntos. Nos hemos hecho un hueco en el mundillo porque hemos organizado fiestas. Los primeros de cada mes organizamos lo que llamamos cena de novatos, donde juntamos a gente que ya lleva tiempo en esto con quienes quieren empezar, siempre parejas avaladas por nosotros, con un perfil no agresivo, que mantenga la compostura, que no busquen el puro encuentro sexual ni sean fríos en cuanto al trato. Luego vamos a Fusión VIP, de Madrid, nuestro local de referencia, porque están separadas la zona de interactuar y la de tomarte una copa. Y puedes ir adentrándote a tu ritmo. A veces solo presentas o te presentan a gente, y no pasas de ahí. La última fiesta que organizamos en el hotel Silken Puerta América reunió a 382 parejas de toda España. Había que ir de etiqueta. La parte de arriba era una discoteca normal, las cuatro últimas plantas tenían salas cerradas para que quienes quieran, jueguen. También tenemos un blog, Kisshunters, dirigido a quienes quieran iniciarse, y no saben cómo. Creamos una comunidad de gente con la misma inquietud. Nosotros no tuvimos a nadie que nos lo explicara de primera mano ni una comunidad, y al principio nos llevamos varios batacazos y malas experiencias.

Kristen Stewart y Garrett Hedlund en la película de Walter Salles ‘En la carretera’ (2012).

«Practico el ‘poliamor’ desde que tengo una madurez sentimental y sexual», Karen Moan (44 años, escritora)

Practico el poliamor –amar a más de una persona a la vez de manera pactada y ética– desde que tengo madurez sentimental y sexual. En este tiempo he tenido momentos de amor pletórico, algunos han durado años, cuando sentía que tenía una pareja que me daba libertad para estar con otras personas, de ser yo misma y de crecer juntos. También he tenido periodos monógamos de años, pero que yo prefiero llamarlos ‘exclusivos’. Cuando conozco a alguien y me enamoro me entran ganas de dedicarle mi energía en exclusividad a esa persona. También he tenido parejas que no han sido capaces de sobrellevar que yo sea poliamorosa. Pero esas personas han vuelto a mi vida como amigos, porque siempre quedó claro que no era una falta de respeto, una infidelidad ni ruptura de ningún acuerdo. Sencillamente, les desbordó que yo pudiera estar con otras personas, aunque fuera algo pactado de antemano. La sinceridad es la clave para sobrellevar los posibles celos, aunque no siempre es suficiente.

«Hay mucha incomprensión en torno al ‘poliamor’ porque se confunde con apertura sexual. Y lo cierto es que una persona casada puede tener el mismo sexo o más que una persona ‘poliamorosa»

También he tenido momentos de tristeza, de sentirme incomprendida y presionada por el entorno. Pienso que el camino a seguir no es el amor egoísta y posesivo. No estoy en contra de la monogamia, sino de cómo se practica: por falta de libertad. El entorno también es un problema. Salgo en medios, escribí un libro, llevo el Moan Club con el objetivo de difundir este tipo de relación y apoyar a mujeres que decidimos vivir nuestra vida afectiva y sexual de forma abierta y libre. Es una red de apoyo. Algunos amigos lo entendieron, y otros se apartaron. Mi familia, por suerte, me ha comprendido, pero no es lo habitual. Hay mucha incomprensión en torno al poliamor. Se confunde con apertura sexual. Una persona casada puede tener, si les va bien, el mismo sexo o más que una persona poliamorosa. Con el trabajo y las obligaciones diarias, el tiempo es el que hay, para todos. Pero es más complicado tener relaciones sentimentales con más de una persona. Todo lo malo y lo bueno se multiplica.

«Hace dos años tuve mi primera relación abierta y no funcionó. Lo veo como una experiencia más que no tengo necesidad de repetir», Álvaro Martínez (29 años, ingeniero)

Tuve mi primera y única relación abierta hace dos años y no funcionó. Me metí casi sin darme cuenta, porque nunca me lo había planteado. Me dieron una beca para trabajar en Berlín y allí empecé a salir con una chica. Una noche de juerga terminamos en su casa con una amiga suya y me propusieron hacer un trío. Me sentí muy afortunado porque nunca había tenido una experiencia así, y fue maravilloso. Pensé que sería algo puntual, pero después, cada vez que salíamos a un bar o una discoteca y bebíamos, ella empezaba a plantearme hacer tríos con otras chicas. Me lo tomaba como una especie de juego. Pero llegó un punto en que lo hacíamos por sistema, y para mí todo se enrareció.

«Una noche me propuso un trío con otro tío y yo me sentí obligado a satisfacerla, porque antes siempre habíamos estado con chicas. Al final aquello no fructificó, pero el hecho de que me lo propusiera, empezó a carcomerme por dentro»

Creo que soy monógamo por naturaleza y aquello, de continuado, no iba conmigo. El colmo llegó una noche en que me propuso un trío con otro tío. Yo me sentí de algún modo obligado a satisfacerla, porque antes siempre habíamos estado con chicas. Al final aquello no fructificó (creo que el tipo se asustó, porque desapareció al poco de planteárselo), pero el mero hecho de que me lo propusiera, empezó a carcomerme por dentro. Me moría de celos cada vez ella salía por ahí sin mí. Eso fue perjudicando nuestra vida en pareja, también la sexual. Y no lo podía compartir con nadie, mucho menos con los compañeros de trabajo, porque sentía que no iban a entender que hubiera llegado a este punto con mi pareja. Un día me confesó que era bisexual (algo que obviamente yo ya sospechaba) y que había tenido relaciones abiertas en el pasado, que incluso había estado en locales de intercambio. Me dolió mucho y tuve que romper con ella, por mucho que me gustara y ya lleváramos casi un año juntos. Respeto a las parejas que deciden tener sexo con otras personas. No es un tema moral, pero lo veo como una experiencia más, que no tengo necesidad de repetir. Sencillamente, no va conmigo.

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