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Los vestidos mas bonitos

La novia con el vestido más bonito del mundo | pexels.

La novia con el vestido más bonito del mundo, existen vestidos que simplemente nos dejan sin palabras, hacen ver a la novia incomparablemente bella, no necesita de un ostentoso atuendo cuando la idea es original.

Muchas chicas buscan un vestido de novia un tanto exagerado, porque quieren lucir espectaculares el día de su boda, por desgracia muchos vestidos son tan extravagantes que impiden que la novia pueda moverse con facilidad.

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— Soy Carmín (@SoyCarmin) 8 de noviembre de 2019

Lo anterior no suena nada divertido, si lo quieres es lucir un vestido de novia hermoso, pero sentirte cómoda y libre a la vez, tienes que seguir el ejemplo de la protagonista de esta historia.

La novia que te presentaremos hoy luce elegante pero delicada, demostrando que para ser la novia más bonita del mundo no se necesita de un vestido de novia que abarque todo el salón.

Si eres de esas novias que aman los vestidos sencillos pero con un toque de magia sin duda te vas a enamorar del siguiente atuendo, hace resaltar la figura de la novia y al mismo tiempo tiene unos brillos que lo hacen ver auténtico.

Este vestido de novia se encuentra causando polémica en redes sociales, ya que para algunos es demasiado sencillo, pero para otros es una muestra de que la elegancia no requiere de inmensos adornos.

Te presentamos el vestido más bonito del mundo, muchos en Instagram se encuentran simplemente enamorados de su diseño y estilo. Nunca olvides que un vestido de novia refleja en su totalidad la personalidad de la protagonista de una historia de amor.

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Grace Kelly de Edith Head (1955) Getty Images

1955. Grace Kelly. Edith Head

Grace es un caso aparte, una actriz que traspasa las fronteras de la gran pantalla para hacer de su vida un argumento de película. Pero antes de la Costa Azul y el glamour del Principado estuvo el glamour de Hollywood, y la actriz de Philadelphia se alzó en 1955 con el premio Oscar por su trabajo en The Gone Girl; para la ocasión, Edith Head –la todopoderosa diseñadora de vestuario de la Paramount– le creó ex profeso un vestido con doble tirante y en tono verde agua. Como todo lo que hizo la princesa en su vida: material para la posteridad.

Elizabeth Taylor de Dior (1961) Getty Images

1961. Elizabeth Taylor. Christian Dior

Fue durante la época de Marc Bohan chez Dior, cuando las grandes Hollywood como Elizabeth Taylor buscaban en París lo que en Los Ángeles no hallaban. Olieron rápido que la ocasión propiciaba elegancia y distinción, por lo que el saber hacer parisino se coló sibilinamente. Cierto es que su cometido fueron las joyas, no tanto los vestidos; pero cuando se la requirió estuvo a la altura.

Lauren Hutton de Halston (1975) Getty Images

1975. Lauren Hutton. Halston

Los 70 (y también los 80) fueron suyos. Lauren Hutton: la modelo norteamericana por excelencia hizo sus pinitos en el cine; American Gigolo llegaría dos años después, pero por entonces ya había mostrado sus encantos en la gran pantalla, en 1968 con Paper Lion y en 1974 con The Gambler. Su llegada al Dorothy Chandler Pavilion parece sacada de un editorial de moda, y es que no es para menos: el vestido lo firmaba otro grande del momento, Roy Halston.

Anjelica Huston de Halston (1975) Getty Images

1975. Anjelica Huston. Halston

La sonrisa más sardónica que haya visto jamás la industria del cine es hija de una leyenda, de una estirpe mítica del sector: los Huston. Anjelica viró sus pasos hacia la moda en un principio pero el amor, que todo lo puede, la volvió al redil. Junto a Jack Nicholson formó una de las parejas más entrañables de Hollywood, y aunque después vinieron trabajos magnífico como El Honor de los Prizzi –por la que se llevó la estatuilla– o La Familia Adams, en aquella ocasión acompañó a un Nicholson ganador (por su interpretación en Alguien voló sobre el nido del cuco); ella ganó en elegancia vestida con un fourreau irisado de Roy Halston.

Audrey Hepburn de Hubert de Givenchy (1975) Getty Images

1975. Audrey Hepburn. Hubert de Givenchy

El desaguisado fue de órdago: el costurero sin aparecer en los títulos de crédito, la actriz –tan fina y tan correcta– con un bochorno de tres pares de narices porque ella había pedido ser vestida por él, y la directora de vestuario reina absoluta de la faena por la que además fue premiada. Eso fue mucho antes, cuando Sabrina, para 1975 Hubert de Givenchy y Audrey Hepburn ya habían consolidado una amistad que duraría de por vida y que daría como fruto a la actriz más chic de todos los tiempos vestida de la casa francesa en multitud de ocasiones.

Farrah Fawcett de Stephen Burrows (1978) Getty Images

1978. Farrah Fawcett. Stephen Burrows

El oro abriga, acompaña, epata; la plata en cambio es fría y distante, debió pensar Farrah Fawcett cuando se decidió por el diseño de . Era “la chica dorada” de la década y su vestido era la retranca porque con la melena y la sonrisa le bastaba, eran su sello y ella se podría haber puesto lo que quisiera y de quien quisiera. Pero jugárselo todo al dorado sobre el escenario de la gala sobrepasa con creces a la mente más audaz que deba atender una un prime time del tamaño de los Oscar.

Cindy Crawford de Versace (1991) Getty Images

1991. Cindy Crawford. Versace

Eran pocas las supermodelos que campaban a sus anchas por el olimpo del show bizz, pero Cindy Crawford estaba dentro del ramillete y por mérito propio. No había otro nombre que pudiera conseguir lo que él: Gianni Versace, el diseñador que las convocaba a todas. Y ellas le devolvían el favor vistiendo sus diseños allá adonde iban; como a los Oscar de 1991 acompañando al que por entonces era su pareja: Richard Gere.

Liz Hurley de Versace (1995) Getty Images

1995. Liz Hurley. Versace

Jamás quedó muy claro si Liz Hurley era modelo o actriz; al final, para despejar cualquier posible duda se presentó como empresaria. Pero de vuelta en los 90, cuando era la inseparable de Hugh Grant en las alfombras rojas, su cuerpo voluptuoso y elástico era la percha asegurada de la casa Versace.

Uma Thurman de Prada (1997) Getty Images

1997. Uma Thurman. Prada

Cualquier tendencia –entiéndase las que se admiten a trámite, el resto mueren nada más nacer– crece poco a poco hasta tocar el techo de la gloria, pero de ahí ya se sabe: sólo queda bajar. El exceso y la opulencia duró hasta la mitad de los 90 pero a partir de ahí empezó a surgir una nueva vía más natural, más fresca y más fluida. Prada era el nombre en boga dentro del mundo de la moda al igual que Uma Thurman lo era en el del cine después del bombazo de Pulp Fiction (1994). Una y otra mandaron un mensaje alto y claro desde los Oscar de 1997 gracias al vestido malva en palabra de honor: que empiece una sencillez en el vestir heredera del minimalismo.

Claire Danes de Nina Ricci (1997) Getty Images

1997. Claie Danes. Nina Ricci

La consigna estaba clara: la sencillez de un nuevo minimalismo en el vestir pedía paso. ¿Y cómo? Pues desterrando estridencias, del estampado a los colores; cortes suaves, sin artificios, siluetas tranquilas en tonos deslavazados, y como broche la actitud: entre meliflua y candorosa. Claire Danes vistiendo de Narciso Rodríguez para Nina Ricci en 1997 es el epítome de la corriente. Justo el año antes había estrenado Romeo y Julieta y aunque no tenía ninguna nominación en la entrega de 1997, haber elegido a Narciso Rodríguez fue el mejor premio.

Winona Ryder de Chanel Alta Costura (1997) Getty Images

1997. Winona Ryder. Chanel Alta Costura

Siempre andamos escasos de Winona Ryder, menos mal que el año pasado cayó el maná en forma de Strager Things. De vuelta en el spotlight, Winona ha puesto negro sobre blanco de porqué está donde tiene que estar (de hecho es que jamás debería haberse ido; ¡nunca!). En materia de interpretación ni entramos, porque su registro actoral da para un panegírico pero en lo tocante a moda, a Winona se la podría vestir con lo más complicado del mundo que ella lo seguiría haciendo fácil y agradable con su mirada dócil y su sonrisa etrusca. Y para muestra un botón, vestida de Chanel Alta Costura en la edición de los Oscar de 1997.

Helen Hunt de Gucci (1997) Getty Images

1998. Helen Hunt. Gucci

Y si la reina de la década fue Miuccia Prada, el rey (¡Sol!) fue Tom Ford. El diseñador tejano entró en la casa florentina como un elefante en una cacharrería, barrió con todo lo que encontró a su paso y patentó un sello propio, a base de mucho sexy y unas gotas de la herencia Halston. Mr. Ford convirtió a las celebs en acólitos confesos y la fama –para él y para Gucci– revirtió exponencialmente. Pureza de líneas, colores elegantes y una silueta intuida pero despegada del cuerpo; que ir sumando al look y buscar el efecto es lo sencillo, lo complicado es desarmar de artificio la prenda y que siga resultando increíble. Voilà. Helen Hunt alzando la estatuilla da buena cuenta del saber hacer del señor Ford.

Sharon Stone con falda de Vera Wang (1998) Getty Images

1998. Sharon Stone. Vera Wang

Lo que sentenció Rania de Jordania en el paseíllo ante la Almudena en la boda de los reyes de España ya lo había puesto en práctica más de un lustro antes Sharon Stone; así que al Papa lo que es del Papa y a Roma lo que es de Roma. La eterna Catherine Tramell de Instinto Básico se enfundó una preciosa falda de Vera Wang en tono malva y la combinó con una camisa blanca del que se iba a convertir en breve en su marido: Phil Bronstein (huelga decir que detrás del look habría el sabio consejo de un estilista, pero se vendió que el apaño había sido fortuito y casual; bueno, vale). Ajena al paso del tiempo, ya entonces demostró que lo suyo era llegar y epatar, de los pies a la cabeza; en concreto en la cabeza, donde ha probado hasta la saciedad todos los tipos imaginables de corto despuntado.

Cate Blanchett de Jean-Paul Gaultier (2000) Getty Images

2000. Cate Blanchett. Jean-Paul Gaultier

Ella solita podría ilustrar una galería como esta (¡y más!). Y a menudo aparece en las listas con los dos vestidos que lució para recoger el Oscar, o incluso con el Givenchy Alta Costura de color rosa palo obra y gracia del magnífico Riccardo Tisci, pero hay que recordar una de las apariciones míticas de la australiana, vestida de Jean-Paul Gaultier y entregando la mejor versión de los 2000 y del rutilante bling-bling. El enfant terrible elevó a la máxima potencia la espalda de Cate dividiéndola en dos mitades por una cadena dorada que caía en vertical. Hoy quizás pensaríamos que un look como el susodicho roza el exceso, pero en aquel momento hizo lo que el Cesar: llegó, (se) vio y venció. Lo mejor, con diferencia, de un cambio de década para el olvido estético.

Halle Berry de Elie Saab (2003) Getty Images

2003. Halle Berry. Elie Saab

La actriz y el diseñador tuvieron su momento de oro en los Oscar de 2002, cuando Berry recogió la estatuilla con un vestido que sorprendió a propios y a extraños, sobre todo por lo desconocido del autor; pero sólo hay una cosa mejor que una aparición mítica: dos. Y en la siguiente edición el tándem repitió fórmula de éxito, esta vez convirtiendo a la actriz de Monster’s Ball en una estatuilla en sí misma; con un baño de dorado en la justa medida que demanda el glamour, ni por defecto ni por exceso.

Jennifer López de Valentino (2003) Getty Images

2003. Jennifer López. Valentino

Lo cierto es que no había margen de error, se trataba de revalidar un diseño que ya contaba con todas las loas habidas y por haber gracias a la impecable Jackie O. de visita oficial en Camboya. Para la gala de 2003, Valentino Garavani le ajustó algunos detalles al vestido de Jennifer López como los bordados de flores en cristal en vez del festoneado original; un ligero cambio de color, y la percha de JLo hizo el resto: más morena y con un peinado mucho y unos pendientes que daban un toque elegante al conjunto. Su cuerpo ondulante elevó su aparición a la categoría de legendaria.

Julianne Moore de Yves Saint Laurent (2003) Getty Images

2003. Julianne Moore. Yves Saint Laurent

Cuando Gucci se le quedó pequeño, Tom Ford sintió la necesidad de expandir sus tentáculos hacia otra casa mítica, y repetir de nuevo fórmula de éxito; Yves Saint Laurent fue la elegida. El corazón de la couture se estremeció ante la noticia, pero hay convenciones que sólo valen del Sena para dentro, el mundo entero estaba a otra cosa y pedía más madera. Así que Tom Ford cargó toda su artillería para disparar desde la sofisticación y la maestría de la casa del costurero Yves. Volantes, transparencias, una nueva gama cromática y la provocación en clave parisina se convirtieron en el nuevo santo y seña de Yves Saint Laurent. Julianne Moore, tan blanca y a la vez tan encendida se convirtió en la aliada perfecta para la casa. Su paseo por la alfombra roja de los Oscar 2003 da buena cuenta de ello.

Kate Hudson de Valentino (2003) Getty Images

2003. Kate Hudson. Valentino

También existe la aristocracia en Hollywood, familias que por su linaje cuentan con varias generaciones al frente del sector al más alto nivel. Uno de sus cachorros es Kate Hudson, hija de Goldie Hawn. A falta de un sonoro bombazo que la catapulte al altar de las grandes, Kate vive en un constante errar entre comedias de corte romántico; pero nos separa más de una década de 2003 y aún había que deshojar mucha margarita profesional. Su entrada –triunfal– gracias a un Valentino de corte años 20 hacía presagiar un desenlace más próspero. Por vestido no sería.

Hilary Swank de Guy Laroche (2005) Getty Images

2005. Hilary Swank. Guy Laroche

Hablar de Guy Laroche y de vestidos legendarios es casi tan extraño como hablar de Hilary Swank, una actriz que tocó techo en los Oscars de 2005 y que de repente desapareció de la primera línea aunque siga trabajando en el cine. Aquel era su momento, segunda nominación después de Boys Don’t Cry (con la que ya se había llevado el Oscar a mejor actriz). En 2005 competía por Million Dollar Baby y era la favorita en todas las listas; el resultado ya se sabe: ganó. Pero mucho más arriesgada fue su elección, un vestido azul índigo estricto y severo por delante, una invitación a la sensualidad por detrás. El resultado también se sabe: aquella noche hizo doblete.

Diane Kruger de Elie Saab (2006) Getty Images

2006. Diane Kruger. Elie Saab

Hasta el momento de ella sabíamos que era la perfecta reencarnación de Helena de Troya; eso y que su belleza hecha de delicadeza se contaba por millares. También nos quedaba por descubrir su acertado olfato para la moda, en Diane Kruger los aciertos estéticos también se cuentan por millares (o por millones). Pero en 2006 dejó asomar la patita y si el oráculo hubiese hablado no hubiera ido muy desencaminado, porque la teutona supo separar grano de paja y encontró un vestido de Elie Saab con encajes en blanco y silueta sirena que abrió de par en par un montón de bocas.

Reese Witherspoon de Christian Dior (2006) Getty Images

2006. Reese Whiterspoon. Christian Dior

Pero sin duda 2006 fue el año de Reese Witherspoon, que gracias a su vestido de Christian Dior trajo a la palestra uno de los conceptos más trillados y revisados de la moda (a menudo incorrectamente): el vintage. Witherspoon competía por En la cuerda floja y con el premio en la mano y un discurso para una audiencia global, el mundo entero vio a una joven actriz ataviada con una mítica creación de 1955 firmada por monsieur Dior como una preciosa alambrada de flores bordadas sobre raso y tul. No metamos todo en el mismo saco; un respeto al verdadero vintage (por tiempo y por calidad).

Penélope Cruz de Atelier Versace (2007) Getty Images

2007. Penélope Cruz. Versace Atelier

Una estampa para el recuerdo fue lo de Penélope Cruz en los Oscar de 2007. A ella no le cabía más (de belleza), ni al tampoco (de majestuosidad). Un intrincado amasijo de finas cuerdas, sinuosas y ondulantes, armaban el corsé del que caían una cascada de plumas que terminaban en una cortita cola; una delicia absoluta. Sin estar nominada, la española se alzó con el premio de la noche.

Zoe Saldana de Givenchy Haute Couture Getty Images

2010. Zoe Saldana. Givenchy Haute Couture

Es la época de los grandes estilistas, los que trasladan las grandes creaciones de la pasarela a la alfombra roja como vasos comunicantes; y en esas estaba Zoe Saldana cuando llegó a los Oscar en 2010 vestida de Givenchy Alta Costura. A la actriz, el look parece que le resulta tan ajeno como a un gorrión un sombrero de copa, pero la pieza se merece una sonora ovación. La vuelta de Riccardo Tisci al circuito se hace cada día más necesaria.

Gwyneth Paltro de Tom Ford (1012) Getty Images

2012. Gwyneth Paltrow. Tom Ford

Julio Verne no llevó de viaje al centro de la Tierra, Gwyneth Paltrow y Tom Ford al centro del universo del glamour. El último rey Midas de la moda y la reina del estilo de vida sellaron una aparición magistral en la gala de 2012. Porque no es tan difícil llegar y dar el gran bombazo como llegar con una propuesta nueva que traiga aire fresco, que resulte atractiva y que además consiga que todo el mundo claudique en su favor. En cualquier campo sería ardua tarea, pero en un evento como los Oscars en el que se ha visto tanto de todo es una verdadera misión imposible. Pues bueno, siempre hay una excepción a la regla, y Gwyneth Paltrow vestida de Tom Ford fue la última de ellas.

Lupita N’yongo de Prada (2014) Getty Images

2014. Lupita N’yongo. Prada

Y cerramos este repaso con la actriz de 12 años de esclavitud. Lupita N’yongo era una absoluta desconocida hasta que apareció en el reparto de la película de Steve McQueen y revolucionó el cotarro con su actuación en el film. La Academia la premió por ello y además de un discurso inspirador, Lupita premió al público con un vestido perfectamente equilibrado de Miuccia Prada. Lástima que la diseñadora italiana se prodigue tan poco por las alfombras rojas, porque cuando lo hace triunfa.

Vestidos para mujer

Los vestidos de mujer más chic te están esperando para que resaltes el dorado bronceado de tu piel o para que acudas a una cita con la luz de la luna de fondo. Elegantes, cómodos, sofisticados, alegres, los vestidos se presentan como una prenda ultra femenina para brillar con luz propia. La evolución de esta prenda no tiene desperdicio, y es que según la época y el papel que ocupó la mujer así fueron sus ropajes. En la Revolución Francesa, los corpiños y las faldas con formas redondeadas estaban a la orden del día y mientras que en el siglo XX las prendas se acortaron y la moda deportiva empezó a causar sensación, tendencia que todavía es muy actual.

Vestidos largos, cortos y hechos en casi cualquier material

La sofisticación está rodeada de múltiples diseños y en la pasarela han tenido cita los vestidos más espectaculares de la temporada. Tanto igual sucede con las propuestas más desenfadadas cuyos diseños forman parte de los estilismos de calle más creativos. Apuesta por un vestido de fiesta para tus noches más alocadas o un vestido largo para una noche llena de glamour. Súmale en cualquier caso uno de los mágníficos stilettos que disponemos en nuestra colección y remata el utfit con un clutch de mano.

Encuentra el vestido perfecto para cualquier ocasión

Tonos pasteles para vestidos de mujer estivales, tentación bohemia con vestidos de corte midi o propuestas con faldas de vuelo para imitar el estilo lady más auténtico. Escoge colores intensos que transmitan luz y energía a tu rostro o declárate fan de los colores básicos con los que poder combinar complementos estrella. Ya sea en la playa, en la calle o en algún restaurante de lujo adáptate a estas piezas must have y mézclalas con todo tipo de accesorios modernos. En Zalando apostamos por los vestidos frescos y dinámicos para que en todo momento te muestres estilosa y confiada, y creemos que los vestidos camiseros son un atuendo muy chic del que podrás sacar mucho partido. Apuesta por un vestido de invierno junto con abrigo de paño, medias y botines o un vestido primaveral junto con unas sandalias con paltaforma y una chaqueta de cuero. En nuestra tienda online hemos hecho una selección de vestidos para según qué ocasión para que puedas encontrar lo que estás buscando..

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