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Me quiero IR de casa

3 chicas te cuentan cómo es irse a otro país sin casa ni trabajo fijo

OJITO, porque como poder, podrías. Te vamos a contar qué necesitas con estos tres testimonios de personas que pensaron lo mismo, y se animaron a hacerlo.

LUCÍA — VIVIENDO ACTUALMENTE EN MÉXICO

Lucía tomó la decisión a los 28 y con un proyecto puntual: “Inicialmente me fui para encontrar trabajo de lo que estudié (producción audiovisual) a la ciudad de México. Hacía 7 años que trabajaba en el estado y estaba cansada, aburrida y sin un proyecto concreto”.

MAIA: SIN DESTINO FIJO Y SIN FECHA DE REGRESO.

No es la primera vez que Maia Upstein (27) viaja, pero si la primera que lo hace sin pasaje de vuelta: desde marzo está recorriendo el mundo y ya pasó (entre muchos otros) por Rusia, Londres, y Milán.

“Me fui porque el cuerpo me pasó factura. Soy docente y amo mi trabajo, pero el ritmo de Buenos Aires, por más que me encante, es insostenible. Decidí irme porque quiero tener una vida profesional larga, quiero llegar a los 60 y seguir amando a mis alumnos, seguir enseñando con la misma pasión con la que lo hago ahora. Si seguía a ese ritmo, a los 30 me quemaba”.

MAGALÍ : VIVIÓ UN AÑO EN CHINA, RECORRIÓ ASIA Y VOLVIÓ A BUENOS AIRES.

Magali Tobal se fue por amor: cuando a los 11 meses de conocer a (su ahora marido, entonces novio) Gabriel, le ofrecieron una pasantía en Shanghai, ella decidió acompañarlo. “Lo más importante fue que todo esto me enseñó a vivir de manera más improvisada y que la planificación está buena pero no siempre podemos estar preparados para todo ni controlar lo que va a pasar”

Tomar la decisión ☝

️Maia: Lo primero que hice fue hablarlo en terapia. Saqué uno de esos pasajes baratos en agosto para irme en marzo y de ahí en más fue todo más fácil.

Maga: Llevó una preparación más psicológica que material. En cuanto a los ahorros, estuve juntando por dos años para hacer un viaje (no tan largo como finalmente resultó).

LOS PREPARATIVOS

Maia: Saqué el pasaporte europeo, y todos los meses compraba algunos euros. Sabía que con la guita que tenía, no llegaba a viajar un año, y pensé dónde me gustaría quedarme a trabajar.

Lucía: En el trabajo me tomé los 2 meses de vacaciones acumuladas por si todo salía mal y me tenía que volver pero dejé la carta de renuncia firmada, la cual por suerte fue entregada.

LO QUE DEJÉ

Maia: Vivía en el departamento de un familiar y quería dejarlo vacío para que se alquilara rápido, así que me tomé unas semanas en el verano para vender todas mis cosas. Lo único que me queda cuando vuelva son libros, las cosas que compré en todos mis otros viajes y unas 400 fotos.

Maga: Tuve que entender que dejar el trabajo, la facultad, mis amigos, para irme a vivir a la otra punta del mundo (donde no conocía a nadie), no era tan grave. El problema fue que lo entendí estando allá.

Lucía: El contrato del departamento en el que vivía se terminaba justo en la fecha en la que planeaba viajar, así que vendí o regalé casi todo. Me hice un colchón de ahorros para estar tranquila en caso de que me pase algo o de no tener trabajo por un tiempo.

LO QUE ME ESPERABA ALLÁ

Maia: Antes de irme me aseguré de tener lugar donde quedarme las primeras dos semanas de viaje, armé un perfil en Workaway y mandé mensajes por todos lados pero no me fui con nada seguro. El resto se dio solo.

Maga: Una vez que llegamos teníamos plata para alquilar y vivir por 2 meses sin trabajar (el viaje en total era de 7 meses), por lo que nos vimos obligados a conseguir casa y trabajo a contrarreloj pero todo salió bien.

Lucía: A las 3 semanas de llegar me di cuenta de que la ciudad no me gustaba y no necesariamente quería trabajar de lo “mío”, así que me fui para Playa del Carmen a ver qué onda porque no conocía el caribe y al segundo día ya había conseguido trabajo y me terminé instalando.

Luego mi amiga siguió rumbo por otro lado. Trabajo en bares como mesera y como bartender en fiestas. Mi plan es seguir viajando por México haciendo voluntariados en hostels, granjas o casas en construcción para aprender a hacer cosas nuevas.

EXPECTATIVAS VS. REALIDAD ⚖

Maia: Llegué al Reino Unido con poca guita y ganas de trabajar. Encontré trabajo en dos días como recepcionista, cobré el primer sueldo y me fui. Ahorré de todas las maneras posibles: hice dedo, couchsurfing, comí sanguches del supermercado más barato todos los días. La realidad de viajar es acostumbrarse a la libertad absoluta. Todas las decisiones las tomo yo, y si no me muevo, las cosas no pasan.

Maga: Primero me imaginaba perdidísima y sentía que no iba a poder acostumbrarme ni tolerar el cambio. Otras veces imaginaba que al irme a un país desarrollado, la cuestión económica iba a ser más fácil y me chocó al principio que no lo fuera. Pero como todo, tampoco fue imposible. Casi cuando estábamos a punto de quemar todos nuestros ahorros los dos conseguimos trabajo. Trabajé como recepcionista en una multinacional, di clases de danzas y realicé un doblaje en español para un parque de diversiones.

Lucía: Mi viaje empezó con un objetivo muy claro en cuanto a trabajo y vivienda y terminó siendo algo totalmente distinto a lo que tenía en mente. Jamás imaginé estar sola en otro país trabajando en cosas nuevas, sin un tiempo de estadía fijo y si bien a veces me come la ansiedad, está buenísimo. Según mi experiencia la realidad superó a las expectativas por completo, desde que llegué no hice más que cruzarme con gente buena y generosa que me dio una mano en lo que pudo siempre.

PEGA LA VUELTA ????

Maia: No me costó darme cuenta de que mi vida está en Argentina. Admiro a los que pueden meter todo en una valija y armar la vida en otro lado; yo no podría, ni quiero tampoco. En ningún momento me planteé no volver. Estaba abierta a todas las posibilidades, pero mi vida, mi familia y mis amigos están en Argentina y es irremplazable.

Maga: Volví para terminar la universidad y siempre elegiría volver por el humor y la calidez de nuestra cultura. Además, acá es donde están mis seres queridos y eso es lo más importante para mi. También me impactó que en muchos lugares la sociedad está muy controlada y no hay libertad de expresión o de elección y no me imagino viviendo en un lugar así.

Lucía: Volvería un mes o dos a visitar a amigos, familia porque estoy empezando a extrañar bastante, pero solo para recargar energías, armar mejor el bolso y volver a irme. Siento que desperté después de mucho tiempo y entendí que yo sola puedo sobrevivir en cualquier parte del mundo, así que me queda mucho por recorrer.

CONSEJOS

Maia: Irse es un cambio de estado, nada más. El primer consejo es que pongan fechas: la rutina se te mete tan adentro que no te imaginás estar un día afuera. El mundo no para cuando te vas, y pueden pasar cosas importantes que te estés perdiendo (la gente se recibe, se muda, se casa, se muere). Pero si esperás el momento perfecto, no existe.

Maga: Dejate sorprender por el mundo y disfrutalo. Que nada es tan grave, lo peor que te puede pasar es tener que volver y sigue sin ser grave. El hecho de conocer personas y costumbres tan diferentes, ayuda a que abramos la cabeza y seamos más respetuosos y tolerantes frente a las diferencias.

Lucía: Primero tratá de ahorrar lo más que puedas. Después, no tengas miedo, que hay un lugar para todos en cualquier parte, en el camino recibís y das ayuda constantemente y ese intercambio es el que hace que todo funcione.

‘Me quiero ir a mi casa’: poca resiliencia

Esta semana pasada al terminar una de mis clases de universidad observé a una de mis alumnas que estaba llorando. Al acercarme y preguntarle qué le pasabas y se le podía ayudar en algo rompió en llanto y me dijo: “Maestro, quiero dejar de estudiar y quiero regresar a mi casa”. Tardé varios minutos que se tranquilizara un poco porque no podía hablar de lo que le pasaba. Al preguntarle por qué había tomado esa decisión, me contestó: “Una de mis compañeras me dijo que comentaba mucho en clase y que ya no lo hiciera”. En mi interior reflexioné:

“¡Cómo vas abandonar tu carrera que te apasiona por un comentario de una compañera!”. Hablé con ella para decirle que en la vida hay una gran cantidad de adversidades y obstáculos que tenemos que vencer para lograr nuestras metas. Podemos enfrentarnos a problemas grandes o pequeños y no por ello debemos rendirnos. Esto es parte de la vida. Le comenté que hoy puede ser una compañera, mañana un maestro o tus mismos padres y nunca debes de bajar la guardia.

Michael Jordan, considerado el basquetbolista más grande de todos los tiempos, dijo una vez: “he fallado más de 9 mil tiros a canasta durante mi carrera. He perdido más de 300 juegos. Más de 30 veces he tenido en mis manos la canasta del triunfo y he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida. Y esto es el por qué he tenido éxito”. La resiliencia es la base del éxito en la escuela, en el trabajo, en la familia y en la vida.

Pero, ¿qué es la resiliencia? La resiliencia es una propiedad física que tienen unos materiales que se deforman por presión y calor, pero al final regresan a su estado natural. Una liga es resiliente ya que la podemos estirar y al momento de soltarla regresa a su estado inicial. Este concepto se aplica a la psicología y conducta. Un niño resiliente significa que después de un fracaso o derrota tiene la capacidad de levantarse y seguir luchando. ¿Cuántos de nuestros hijos se rinden fácilmente ante una dificultad? Veo con mucha tristeza niños que al perder en un juego lo abandonan o al tener un pequeño tropiezo en un deporte piden a sus papás que los saquen porque ya les aburrió.

¡Papás, mucho ojo! Si no dejamos que nuestros hijos caigan, jamás aprenderán a levantarse, como esta chica. Dejarán de perseguir sus sueños porque no son capaces de luchar, trabajar duro, ser persistentes y sin tolerancia a pequeñas frustraciones. En nuestro libro “Inteligencia de la Frustración: Hay que Traumarlos Tantito” exponemos la importancia de que nuestros niños y adolescentes vivan pequeñas carencias y fracasos en su vida y que aprendan a sobreponerse ellos solos. Si los sobreprotegemos, en vez de cuidarlos los hacemos más frágiles al mundo. Y termino con la siguiente lección de vida, sé que no es fácil para los padres pero es para el bien de nuestros hijos: “NO PREPAREMOS EL CAMINO DE NUESTROS HIJOS, SINO PREPAREMOS A NUESTROS HIJOS PARA EL CAMINO”.

@JesusAmayaGuerr

Contestado

En relación con lo que pregunta le precisamos lo siguiente: 1) La emancipación puede obtenerse por la mayoría de edad, que no es el caso, por concesión de los que ejerzan la patria potestad o por concesión judicial (art. 314 Código Civil); 2) Para que le puedan conceder el ejercicio de la patria potestad se requiere que el menor tenga 16 años cumplidos, que la consienta y que se otorgue en escritura ante notario o por comparecencia ante el encargado del Registro Civil de que se trate (art. 317); 3) Pero un juez también puede conceder la emancipación, si el hijo la pide y previa audiencia de los padres, en los casos del art. 320 Código Civil: Cuando quien ejerce la patria potestad contraiga nupcias o conviva maritalmente con persona distinta del otro progenitor; cuando los padres vivan separados; o cuando concurra cualquier causa que entorpezca gravemente el ejercicio de la patria potestad; 4) Si desea una ampliación de la respuesta puede ponerse en contacto con nosotros.

Esta respuesta es orientativa y no supone un dictamen jurídico ya que el profesional no dispone de toda la información del caso. Para completar la información, por favor contacte con este Abogado

Emancipación de menores

¿Que es la emancipación?

La emancipación es un término legal para describir cuando un hijo ya no está bajo la custodia y control de sus padres o tutor. La emancipación ocurre automáticamente a los 18 años, pero es posible emanciparse antes obteniendo una orden especial de emancipación. Esta solicitud la pueden hacer jóvenes entre los edades de 16 y 18. Esta orden permite que los jóvenes vivan independiente de sus padres, permitiéndoles tener más control en sus propia vidas.

¿Qué problemas puede resolver una emancipación especial?

Existen varios problemas que un menor puede enfrentar si ya no quiere vivir con sus papás o tutores pero no está emancipado. Si el menor se está quedando en un refugio para menores o en una casa hogar para menores de edad, estos lugares podrían recibir penas criminales si no notifican a los padres sobre dónde se encuentran sus hijos. Además, la policía, un juez, u otro oficial podría obligar al menor no emancipado a regresar a la casa de sus papás aunque el menor no quiera, o también pueden ordenar que el menor se vaya a vivir en un refugio u hogar de crianza, conocido en inglés cómo «foster home». Si no está emancipado el menor podría batallar para rentar un apartamento y algunas agencias de gobierno podrían negarse a dar beneficios o servicios a menores que no tienen el consentimiento de sus padres. La emancipación pudiera ayudar al menor a evitar muchos de estos problemas legales.

Si llego a ser emancipado, ¿como afecta eso a mis padres o tutores?

Una vez que usted esté emancipado, sus padres ya no pueden decidir dónde va a vivir, ir a la escuela o trabajar. Ya no pueden disciplinarlo u obligarlo a trabajar o darles dinero que se gane. Al mismo tiempo, sin embargo, es posible que no tengan que ofrecer apoyo financiero, a menos que obtengas una orden de emancipación, que especifica que deben seguir manteniéndolo económicamente.

¿La emancipación es una opción disponible para todos los adolescentes?

No. Mientras que todos los adolescentes de forma automática se emancipan a los 18 años, sólo los menores «maduros», entre las edades de 16 y 18, pueden llegar a ser emancipados legalmente antes de cumplir los 18 años. Para emanciparse, los menores deben haber demostrado que pueden manejar sus propios asuntos y que ya han vivido todo o en parte de forma independiente de sus padres. Además, los padres no deben oponerse a la emancipación.

¿Quién debe buscar la emancipación y quien no?

Por lo general, sólo los menores que tienen una necesidad especial de emancipación deben considerarla. Ejemplos de estas necesidades especiales pueden incluir:

  • Problemas para conseguir una vivienda debido a su edad o situación legal
  • Barreras educativas, debido únicamente a su edad o situación legal
  • La incapacidad de obtener contratos legales debido a su edad

Los menores que no deben considerar la emancipación incluyen:

  • Los menores de edad que necesitan apoyo financiero aportado por sus padres
  • Los menores que no serán capaz de mantenerse económicamente
  • Los menores que no tienen ninguna necesidad especial para la emancipación

¿Es difícil ser emancipado si tienes entre 16 y 18 años?

Depende. Para obtener una orden de emancipación bajo la Ley conocida como «Emancipation of Mature Minors Act» en inglés, tendrás que presentar un caso ante la corte y convencer al juez que eres un menor maduro. Puede que sea difícil conseguir que el juez ordene la emancipación si:

  • Tus padres se oponen a la emancipación
  • Buscas la emancipación a fin de calificar para ayuda pública y no cuentas con otros ingresos
  • No puedes comprobar que eres maduro
  • Aun vives con tus padres y ellos te mantienen económicamente

¿Cómo puedo demostrar que soy maduro?

La madurez se puede comprobar por medio de testigos, tales como:

  • Amigos
  • Profesores
  • Consejeros
  • Empleadores
  • Otros adultos que pueden decir que eres maduro

Recuerde que usted también es un testigo importante en su caso. Cómo actúa ante la corte y sus razones para buscar la emancipación también harán una gran diferencia para convencer al juez que usted es maduro. Además, las siguientes pruebas son muy útiles:

  • Un buen expediente escolar o vocacional
  • Un buen historial laboral
  • Un plan financiero razonable para sí mismo
  • Una meta a largo plazo para sí mismo
  • Responsabilidades importantes, tal como cuidar a niños más pequeños o personas mayores, trabajo voluntario, o actividades religiosas

Si usted tiene amigos, maestros, consejeros, empleadores, u otros adultos que pueden decir que usted tiene estas señales de madurez, es posible que tenga suficientes «pruebas».

¿Mis padres me pueden obligar a emanciparme aunque yo no quiera?

No. Usted debe estar de acuerdo, también. Los padres no pueden obligar a los niños a ser emancipados (hasta que cumplan los 18 años).

¿Mis padres pueden ser requeridos a mantenerme económicamente si estoy emancipado?

Si. La corte puede ordenarles a sus padres que continúen manteniéndolo económicamente como parte de su orden de emancipación. Una emancipación puede ser parcial o completa: si es parcial, sus padres todavía tienen algunas obligaciones o derechos que le corresponden.

¿Puedo recibir ayuda pública si estoy emancipado?

Tal vez. La corte probablemente no le permitirá emanciparse si su propósito es obtener ayuda pública. Además, es posible que aún se le niegue la ayuda pública debido a su edad. Si eres emancipado y más adelante terminas necesitando la ayuda pública, usted debe solicitarla y deben considerarlo como un adulto.

¿Vivir independiente es lo mismo que la emancipación?

No. El vivir independiente o «independent living» en inglés es un término para los programas especiales con subvenciones estatales para enseñarles habilidades de la vida adulta a los adolescentes mayores. De hecho, si está emancipado, puede ser difícil entrar en un programa de vida independiente.

¿Puedo ser emancipado si estoy bajo la tutela del Estado?

Sí. Una Corte de Menores puede ordenar su emancipación del Departamento de Servicios para Niños y Familias de la misma manera como cualquier otra emancipación de un menor de 16 a 18 años de edad. Recuerde que si está emancipado, sin embargo, no podrá regresar a estar bajo el cuidado del estado, a menos que la corte termine la orden de emancipación. Si su asistente social recomienda la emancipación para usted, asegúrese de hablar con su abogado antes de aceptar una orden de emancipación. Si usted no tiene un abogado busque la sección «Organizaciones Útiles» más abajo para encontrar ayuda legal gratuita.

Si usted no tiene un abogado busque la sección «Organizaciones Útiles» más abajo para encontrar ayuda legal gratuita.

Si me voy de mi casa, ¿eso ayudará a emanciparme?

Probablemente no. Aunque la mayoría de los menores emancipados viven lejos de casa, lo mejor es que ellos estén viviendo en un lugar estable – tal como con amigos, familiares, o en sus propios departamentos – antes de buscar una orden de emancipación.

¿Cuánto tiempo tardaré en emanciparme?

Usted debe permitir al menos 2 meses para que se procese su petición para la emancipación y la decisión del juez. A menos que usted pueda conseguir una orden judicial especial primero, usted tendrá que darles aviso previo de tres semanas a sus padres que usted está pidiendo la emancipación.

¿Qué es una emancipación parcial?

Una emancipación parcial permite a jóvenes de 16 o 17 años sin hogar dar consentimiento para vivir en programas certificados de vivienda transitoria para jóvenes, conocido en inglés como «licensed youth transitional housing programs».

¿Quién califica para una emancipación parcial?

Jóvenes que tienen 16 o 17 años que no tienen un lugar fijo y aceptable para vivir y han estado viviendo independiente de sus padres o tutores legales. Esto incluye jóvenes compartiendo vivienda con otras personas, jóvenes en refugios temporales y jóvenes que no pueden o no tienen la voluntad de regresar al hogar.

¿Que diferencia tiene la emancipación parcial y la emancipación normal?

Emancipación parcial sólo permite que jóvenes vivan en un programa de hogares específicos transitorios. Los jóvenes emancipados parcialmente no tendrán la capacidad de entrar en vivienda por otros programas o poder entrar en contratos válidos.

¿Cómo se obtiene la emancipación parcial?

Primero debe intentar reunificar a su familia a través de la agencia de Comprehensive Community Based Youth Service (CCBYS). También debe de haber una cama disponible para el joven en un programa de «licensed youth transitional housing». El jóven luego podrá presentar un petición con la corte que incluye lo siguiente:

El jóven luego podrá presentar un petición con la corte que incluye lo siguiente:

  • Edad del jóven;
  • Que el jóven vive en Illinois;
  • Nombres de los padres o tutor legal
  • Que el jóven no tiene hogar y ha estado viviendo completamente o parcialmente independiente de sus padres o tutores legales;
  • Que los intentos para reunificarse con la familia fueron intentados por una agencia de CCBYS y que esos intentos fallaron;
  • El nombre del «licensed youth transitional housing», dispuesto y listo para proveer vivienda y servicios a un jóven con el nombre y número de teléfono de un empleado en el programa; y
  • Razón por la cual los servicios y vivienda son apropiadas y necesarias para el bienestar del jóven.

Los padres o tutores legales del jóven tendrán que recibir una notificación escrita de una petición dentro de los 21 días. La petición no será entregada si un padre o tutor no está de acuerdo con la emancipación parcial. Después de que la corte verifique la petición del joven sin hogar, la emancipación parcial será entregada para que el joven pueda dar su consentimiento para recibir servicios y refugio en el programa transitorio de hogar. Un representante del programa podrá ser requerido para presentarse y verificar los hechos, pero ningún otro tipo de cita es necesaria a menos que se solicite por el padre o tutor del joven.

Después de que la corte verifique la petición del joven sin hogar, la emancipación parcial será entregada para que el joven pueda dar su consentimiento para recibir servicios y refugio en el programa transitorio de hogar. Un representante del programa podrá ser requerido para presentarse y verificar los hechos, pero ningún otro tipo de cita es necesaria a menos que se solicite por el padre o tutor del joven.

Un jóven no puede ser emancipado si él o ella está bajo la tutela de DCFS.

Me quiero ir de casa. No tengo trabajo

Mejor respuesta Esta respuesta le ha sido útil a 27 personas

Estimado Argeñal:
Antes que nada, necesitas primero respirar hondo y coger aire. Aunque no lo detallas, entiendo que hay muchos conflictos en casa, donde tal vez discutas mucho con tus padres o entre ellos, afectándote a ti. No sé si ya eres mayor edad y si estás estudiando o no. Primero piensa esta pregunta: ¿Vale realmente la pena irme de casa ahora? ¿Qué es lo que me arriesgo a perder?
En primer lugar, creo que habría que pensar en arreglar las cosas en casa. Aunque te vayas de casa ahora, ¿es qué no vas a hablarles de nuevo a tus padres? ¿Crees que vale la pena estar el resto de tu vida enfadado con ellos? Lo primero que deberías hacer es intentar hablar con tus padres acerca de cómo te sientes, y de que te gustaría cambiar las relaciones actuales. Permíteles que ellos puedan expresarse libremente sobre lo que piensan, haceros las preguntas que veáis convenientes y comenzad a negociar cómo vais a cambiar las cosas en casa a partir de ahora para que la convivencia familiar sea positiva. Negociar las normas de forma democrática, con las posibles «sanciones» por no cumplirlas (para todos, incluyendo tus padres), y firmarlas por escrito.
Si veis que la situación es insostenible, puedes contar con la ayuda de un mediador familiar. Podéis ir a su consulta o que él venga a vuestra casa y hacer terapia. Antes de tomar decisiones drásticas, valora esta posibilidad. Podría ayudaros mucho y a obtener resultados positivos a largo plazo para la convivencia familiar, y que puedan ser duraderos.
No te digo tampoco que estés siempre en casa, porque en un futuro estaría bien independizarse y formar tu propia familia. Si eres joven y aún tienes que estudiar, te recomiendo más centrarte en mejorar la convivencia familiar. No puedes arriesgar tus estudios por culpa de esta situación. En un futuro, cuando ya consigas trabajo y logres estabilizarte, pues ya valoras la posibilidad de independizarte pero no para huir, sino porque toca simplemente. Mientras trabajas la convivencia familiar, para desconectar, puedes apuntarte a alguna actividad que te permita desahogarte y no estar siempre metido en casa con los padres (la convivencia nunca ha sido fácil), o estudiar en la biblioteca, entre otros.
Un cordial saludo y mucha suerte.

Los jóvenes preguntan

¿Estoy preparado para irme de casa?

“A veces tengo la sensación de que la gente me mira mal porque con 19 años aún sigo en casa, como si una no fuera adulta hasta que se va a vivir sola.” (Carla)

“Ya tengo casi 20 años y odio tener tan poco control sobre mi vida. He pensado en irme de casa. Estoy harta de que a mis padres no les importe lo que quiero y me digan que ellos saben más que yo.” (Fiona)

EL DESEO de independizarte puede llegar mucho antes de que estés preparado para irte de casa. Eso es normal. Al fin y al cabo, el propósito original de Dios era que, cuando los jóvenes crecieran, dejaran a su padre y a su madre y formaran su propia familia (Génesis 2:23, 24; Marcos 10:7, 8). Pero ¿significa ese deseo de más libertad que ya es hora de marcharte? Posiblemente. ¿Cómo puedes saber si de veras estás listo para dar ese paso? Hay tres preguntas importantes que debes contestar. Veamos la primera.

¿Por qué quiero irme?

La siguiente lista te ayudará a analizar los motivos por los que deseas irte de casa. Te proponemos que los numeres en orden de importancia.

․․․ Huir de problemas en casa

․․․ Tener más libertad

․․․ Quedar bien ante mis amigos

․․․ Ayudar a un amigo que necesita compartir vivienda

․․․ Trabajar de voluntario en otro lugar

․․․ Ganar experiencia

․․․ No ser una carga económica para mis padres

․․․ Otros motivos ․․․․․

Las razones recién expuestas no son necesariamente malas. Sin embargo, los motivos que te impulsen a irte de casa tendrán una profunda influencia en tu felicidad cuando ya no vivas con tus padres. Por ejemplo, si te vas simplemente para escapar de los problemas o para tener más libertad, puede que te lleves una sorpresa.

Daniela, que vivió un tiempo fuera de casa cuando tenía 20 años, aprendió mucho de su experiencia. Ella dice: “De un modo u otro, todos tenemos restricciones. Cuando vives sola, el horario de trabajo y la falta de dinero te limitan”. Carmen, que vivió seis meses en el extranjero, comenta: “Me gustó la experiencia, pero a menudo sentía que no tenía tiempo ni para respirar. Debía hacer las tareas domésticas, como limpiar el apartamento, arreglar cosas, quitar las malas hierbas de las plantas, lavar la ropa o limpiar el piso”.

Es cierto que mudarte tal vez te dé algo más de libertad y te haga quedar bien ante tus amigos. Pero serás tú quien tenga que pagar las facturas, cocinar, limpiar la casa y llenar las horas en que la familia y los amigos no estén a tu lado. Así que no permitas que nadie te empuje a una decisión precipitada (Proverbios 29:20). Aun si tienes razones válidas para marcharte de casa, hace falta algo más que buenas intenciones: debes aprender técnicas de supervivencia. Y eso nos lleva a la segunda pregunta.

¿Estoy preparado?

Irse de casa es como salir de excursión a la montaña. ¿Te aventurarías a hacerlo si no supieras instalar una tienda, encender una hoguera, preparar una comida o leer un mapa? Seguramente no. Y, sin embargo, muchos jóvenes se independizan sin tener las habilidades necesarias para cuidar de una casa.

El sabio rey Salomón dijo que “el sagaz considera sus pasos” (Proverbios 14:15). A fin de saber si estás listo para vivir por tu cuenta o no, analiza los siguientes apartados. Marca con ✔ las aptitudes que ya tienes y con X las que debes desarrollar.

◯ Saber administrar el dinero “Nunca he tenido que pagar nada por mi cuenta —dice Serena, de 19 años—. Me da miedo irme de casa y tener que administrar mi propio dinero.” ¿Cómo puedes aprender a seguir un presupuesto?

Un proverbio bíblico asegura: “El sabio escucha y absorbe más instrucción” (Proverbios 1:5). Así que, ¿por qué no les preguntas a tus padres cuánto necesitaría al mes una persona para costearse el alquiler o la hipoteca, la comida y los gastos de automóvil o de transporte en general? Entonces pídeles que te enseñen cómo hacer un presupuesto y pagar las facturas. ¿Por qué es importante que aprendas a vivir con un presupuesto? Kevin, de 20 años, advierte: “Una vez que te independizas, surgen un montón de gastos inesperados. Si no tienes cuidado, te matarás trabajando para pagar las deudas”.

¿Quieres probarlo? Si tienes un empleo, durante algún tiempo entrega a tus padres todo el dinero que cuesta alimentarte, alojarte y cubrir otros gastos mensuales. Si no puedes o no quieres hacerlo mientras estás en casa, difícilmente estarás preparado para vivir por tu cuenta (2 Tesalonicenses 3:10, 12).

◯ Realizar las tareas del hogar Para Bruno, de 17 años, lo peor de irse de casa es tener que lavarse la ropa. ¿Cómo sabrás si estás preparado para cuidar de ti mismo? Aron, de 20 años, ofrece esta sugerencia: “Trata de vivir una semana como si estuvieras por tu cuenta. Come únicamente los alimentos que tú cocines después de haberlos comprado en la tienda con tu propio dinero. Ponte ropa que tú hayas lavado y planchado. Limpia tu cuarto y todo lo que utilices en la casa. Y trata de ir a los sitios por ti mismo, sin que nadie te lleve ni te traiga”. Estas sugerencias te ayudarán de dos maneras: 1) adquirirás habilidades valiosas y 2) apreciarás más lo que hacen tus padres.

◯ Aptitudes sociales ¿Te llevas bien con tus padres y hermanos? Si te resulta difícil, tal vez creas que estarás mejor cuando te vayas a vivir con un amigo. Puede que sí. Pero piensa en lo que cuenta Eva, de 18 años: “Dos de mis amigas decidieron compartir apartamento. Antes de eso eran amigas íntimas, pero después ya no se soportaban. Una era ordenada y la otra era un desastre. Una tenía inclinaciones espirituales y la otra no tanto. Simplemente no funcionó”.

Erica, de 18 años, desea independizarse. Aun así, reconoce: “Mientras vives en casa puedes aprender un montón sobre cómo llevarte bien con los demás, resolver problemas y hacer concesiones. He observado que quienes se marchan para no discutir con sus padres aprenden a huir de los conflictos, no a resolverlos”.

◯ Hábitos espirituales Hay quienes se van de casa con la sola intención de huir de las obligaciones religiosas de sus padres. Otros, en cambio, se proponen sinceramente mantener un buen programa de estudio de la Biblia y de actividades espirituales, pero no tardan en perder sus buenos hábitos. ¿Cómo puedes impedir que tu fe naufrague? (1 Timoteo 1:19.)

No te limites a aceptar sin más las creencias de tus padres. Jehová Dios desea que todos nos convenzamos de lo que vayamos a creer (Romanos 12:1, 2). Así que establece un buen programa de estudio bíblico y adoración, y síguelo sin falta. ¿Por qué no apuntas tu horario de actividades espirituales en un calendario y compruebas si eres capaz de seguirlo durante un mes sin que tus padres tengan que recordártelo?

Por último, veamos la tercera pregunta que debes hacerte.

¿Qué quiero conseguir?

Hay jóvenes que se van de casa para librarse de los problemas o de la autoridad paterna. Solo piensan en lo que dejan, no en lo que les espera. Sin embargo, eso es tan irrazonable como conducir con la vista fija en el espejo retrovisor. Si uno se concentra en lo que deja atrás, no verá lo que tiene delante. ¿Cuál es la moraleja? Si deseas que te vaya bien, no te concentres solo en irte de casa, sino fija la vista en una meta que merezca la pena.

Algunos adultos jóvenes que son testigos de Jehová se han mudado para predicar en zonas remotas de su país o hasta en el extranjero. Otros lo han hecho para colaborar en la construcción de lugares de culto o para trabajar en alguna sucursal de los testigos de Jehová. Y también hay quienes creen que es conveniente vivir por cuenta propia durante un tiempo antes de casarse.

Escribe aquí una meta que desearías alcanzar al irte de casa. ․․․․․

En algunos casos, es posible que quien se quede en casa demasiado tiempo no adquiera la madurez y las aptitudes necesarias para vivir por cuenta propia. Aun así, no tomes una decisión apresurada. Piénsalo bien. “Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja, pero todo el que es apresurado se encamina de seguro a la carencia.” (Proverbios 21:5.) Sigue los consejos de tus padres (Proverbios 23:22). Pídele ayuda a Dios. Y mientras te decides, ten presentes los principios bíblicos que acabamos de examinar.

La verdadera cuestión no es si estás preparado para irte de casa, sino si lo estás para administrar tu propia casa. Si la respuesta es sí, entonces pudiera ser el momento de hacerlo.

Encontrarás más artículos de la sección “Los jóvenes preguntan” en www.watchtower.org/yps

Se han cambiado algunos nombres.

En algunas culturas, la costumbre es que los hijos, y sobre todo las hijas, vivan con sus padres hasta que se casen. La Biblia no da ningún consejo específico sobre este asunto.

PARA PENSAR

● Aun si tienes problemas en casa, ¿qué ventajas hay en que te quedes durante algún tiempo?

● Mientras vives en casa, ¿qué puedes hacer que beneficie a tu familia y te prepare para administrar tu propio hogar?

LO QUE OPINAN OTROS JÓVENES

“Cuando tus padres te encargan responsabilidades como las que tendrías si vivieras por tu cuenta, vivir en casa es una forma segura de aprender a independizarte.”

“Es normal que uno quiera independencia. Pero si solo te vas de casa para librarte de las reglas, lo único que demuestras es que en realidad no estás listo para vivir por tu cuenta.”

Sarah

Aron

A LOS PADRES

Serena, citada en este artículo, teme irse de casa. Ella explica una de las razones: “Cuando quiero comprar algo con mi dinero, papá no me deja. Dice que para eso está él. Así que me asusta la idea de tener que pagar mis facturas”. No hay duda de que el padre de Serena tiene las mejores intenciones, pero ¿creen ustedes que está enseñando a su hija cómo cuidar de su propia casa? (Proverbios 31:10, 18, 27.)

¿Será que a sus hijos les sobra protección y, por tanto, les falta preparación para vivir por su cuenta? ¿Cómo pueden averiguarlo? Analicen los cuatro aspectos básicos mencionados en el artículo, pero desde su perspectiva como padres.

Administración del dinero. ¿Saben sus hijos mayores llenar un formulario de impuestos o los documentos necesarios para cumplir con las leyes tributarias locales? (Romanos 13:7.) ¿Utilizan responsablemente las tarjetas de crédito? (Proverbios 22:7.) ¿Pueden hacer un presupuesto que se ajuste a sus ingresos y luego atenerse a él? (Lucas 14:28-30.) ¿Han sentido la satisfacción de comprar algo con dinero que ellos mismos hayan ganado? ¿Han experimentado la satisfacción aún mayor que produce invertir parte de su tiempo y recursos en ayudar al prójimo? (Hechos 20:35.)

Tareas del hogar. ¿Saben cocinar sus hijas y sus hijos? ¿Les han enseñado a lavarse y plancharse la ropa? Si conducen un automóvil, ¿pueden realizar sin correr riesgos labores básicas de mantenimiento, como cambiar un fusible, el aceite o un neumático pinchado?

Aptitudes sociales. Cuando sus hijos mayores discuten, ¿hacen ustedes siempre de árbitros y les imponen la solución al problema? ¿O les han enseñado a negociar un acuerdo pacífico y entonces presentárselo a ustedes? (Mateo 5:23-25.)

Hábitos espirituales. ¿Les dicen a sus hijos lo que tienen que creer, o los persuaden? (2 Timoteo 3:14, 15.) En vez de responder siempre a sus preguntas de tipo religioso o moral, ¿les enseñan a desarrollar la “capacidad de pensar” y a aguzar “sus facultades perceptivas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto”? (Proverbios 1:4; Hebreos 5:14.) ¿Quieren que sigan el ejemplo de ustedes en cuanto al estudio personal de la Biblia, o preferirían que ellos tuvieran mejores hábitos que los que ven en casa?

Sin duda, preparar a los hijos en todos estos aspectos exige mucho tiempo y esfuerzo. Pero todo merecerá la pena cuando llegue el día, triste y alegre a la vez, en que les den un abrazo de despedida.

Irse de casa es como salir de excursión a la montaña; antes debes aprender técnicas de supervivencia

“Quiero irme de casa, pero no veo el momento. Nunca he contemplado esa posibilidad”, dice Paula con resignación. Tiene 28 años, es maestra de educación primaria y siempre ha vivido en casa de sus padres. Solo ha trabajado en tres ocasiones como profesora en colegios concertados, siempre en periodos cortos. “El tiempo que más trabajé como maestra fueron cuatro meses”, explica. Ahora tiene un contrato de un mes como monitora de ocio con niños de cuatro y cinco años. En agosto volverá al paro y está dispuesta a salir de España para trabajar. Paula es la radiografía de toda una generación: vive en casa de sus padres, como el 67,4% de los jóvenes entre 20 y 29 años, y cambiaría de país para trabajar, como el 68% de la población entre 15 y 35 años, según el estudio La transición de los jóvenes a la vida adulta: crisis económica y emancipación tardía, publicado por la Obra Social de La Caixa.

“La emancipación juvenil ha vuelto a niveles de 2000”, explica Almudena Moreno, doctora en sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona y coordinadora del informe, difundido este martes, revela que los jóvenes entre 16 y 34 años que necesitan la ayuda económica de sus padres para vivir se elevó del 40,7% de 2005 hasta el 44,1% de 2011. Las conclusiones de la investigación, iniciada en enero del año pasado, señalan que la precariedad laboral y el paro están en el origen del problema.

La edad media de abandono del hogar familiar en España se mantiene en 29 años, mientras que en otros países europeos, como Finlandia, se sitúa en los 23. “La diferencia con los finlandeses no solo se explica por factores culturales: los jóvenes cuentan con un apoyo institucional muy diferente”, explica Moreno. La escasa inversión pública destinada a los jóvenes españoles, que es el 2,9% de todo el gasto social, contrasta con el 6,6% del Reino Unido, que se sitúa a la cabeza de la Unión Europea.

Desde 2008, con el inicio de la crisis, aumenta la proporción de personas de hasta 34 años que continúan en el hogar familiar. El dato dibuja una curva ascendente que esconde proyectos vitales que, truncados, descansan en el domicilio familiar o vuelven a él.

Los españoles se independizan con su pareja; apenas lo hacen en solitario

Es el caso de David García, farmacéutico de 27 años al que le gustaría vivir con su novia, de la misma edad, farmacéutica como él y estudiante de posgrado sin beca. Aunque desde hace cuatro meses cobra “algo más de 1.000 euros” por explicarle a los médicos los principios activos con los que experimentan en los ensayos clínicos, la temporalidad le impide independizarse. Su contrato termina en octubre, aunque ha dejado de darle importancia a la estabilidad. “Te echan por cuatro perras”, dice con sorna en referencia a la última reforma laboral del Gobierno que abarata el despido de los contratos fijos.

Un dato que se les escapa tanto a académicos como al Instituto Nacional de Estadística (INE) es la cantidad de jóvenes que vuelven a casa de sus padres después de haberse independizado. Es lo que el sociólogo Alessandro Gentile, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, llama “boomerang kids”: chicos que entran y salen de casa en función del mercado de trabajo. El estudioso cree que ahora habría que investigar para distinguir entre los jóvenes que viven en casa porque “no les queda otra opción”: “parados o trabajadores precarios, quienes prefieren quedarse en casa y aquellos que, una vez fracasado su ‘itinenario de emancipación’, tienen que volver a casa”.

También hay que diferenciar, explica Gentile, entre las emancipaciones de “la generación de herederos”, aquellos que tienen a su disposición propiedades familiares donde vivir, o que reciben la ayuda económica de los progenitores, y quienes gracias a sus ingresos por trabajar consiguen independizarse.

Daniel Garcés, de 29 años, conoce bien el fenómeno búmeran. Es psicólogo y ha vuelto al domicilio familiar, aunque coordina un programa de pisos para la autonomía de personas con discapacidad por el que cobra unos 1.300 euros mensuales. Cuando hace dos años murió su padre, dejó el piso que compartía para irse a vivir a casa de su madre, que tenía una hipoteca de 900 euros al mes. “A mi madre le quedó una pensión de viudedad con la que no podía hacer frente al crédito que firmó con mi padre cuando contábamos con su salario. Me vine con ella y pagamos la hipoteca juntos”, explica.

Un finlandés abandona el hogar paterno seis años antes como media

A pesar de que la crisis ha afectado especialmente a los jóvenes, estos apenas recurren a los servicios sociales en busca de ayuda. En 2009, solo el 1,2% de los usuarios de servicios sociales fueron jóvenes. Para Antonio López, catedrático de Trabajo Social de la UNED e investigador del estudio difundido este martes, esto se explica por la desconfianza de los jóvenes en las instituciones y la clase política, valoran con solo 2,8 puntos sobre 10. “Los jóvenes no acuden a los servicios sociales porque existe una invisibilidad mutua entre las administraciones públicas y los jóvenes, que se deslegitiman entre sí”, explica. “La realidad es que los planes de juventud no cuentan con la participación de los jóvenes. Y es un gran problema”, opina. “¿Hasta cuándo van a mantener las familias a sus hijos?”, se pregunta López.

La familia en España está actuando como un refugio social para los jóvenes, pues aporta recursos y acomoda frustraciones. Para el doctor en Psicología social José Manuel Martínez, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y una referencia académica en cuestiones de juventud, “hay dos puntos de apoyo: por un lado, los amigos, que son grupos de iguales. Padecen los mismos problemas asociados a la crisis y estos se socializan. Por otro, la familia, que ejerce de colchón social para los jóvenes”. Esta realidad permite que las causas de la situación, al ser generales y afectar a miles de personas, se socialicen en vez de ser asumidas de manera individual. El problema de uno es el mismo que el de los otros. Así, la autoestima se ve afectada en menor medida.

Laura Nuño, psicóloga de 27 años, siempre ha vivido en casa de sus padres, que se instalaron en los años 70 en el distrito madrileño de Villaverde. Su contrato como psicóloga comunitaria a jornada partida, por el que percibe poco más de 600 euros, termina a finales de mes y no tiene alternativa al domicilio familiar. “Me quedo en casa, como tantos”, concluye.

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