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Me quiero separar

Abogados para separaciones y divorcios Bilbao

Para [email protected] que vivimos entre Juzgados y procedimientos, puede parecer una pregunta sencilla, pero las personas no suelen tener «por costumbre» separarse o divorciarse varias veces a lo largo de la vida y, por lo tanto, no saben qué organizar o qué hacer cuando se ven en la tesitura de tener que iniciar un proceso de separación o divorcio.

¿Por dónde hay que empezar?

Parece obvio, pero la primera decisión que hay que tomar es decidir qué abogado o abogada queremos que nos asista a lo largo de nuestro proceso de separación o de divorcio.

Normálmente (como en otros aspectos de la vida), sino se ha tenido contacto previo con un Despacho de abogados (aunque sea por problemas complétamente distintos: un despido, una multa, una herencia,…) se suele recurrir a la recomendación de familiares, amigos o compañeros de trabajo.

Es importante escoger a un abogado que transmita confianza y con el que exista una buena sintonía personal. Pensemos, por ejemplo, en que cuando vamos al dentista también lo elegimos porque, aparte de buen profesional, nos «cae» bien…

Además, debemos asegurarnos de que el letrado o letrada que hemos escogido entiende nuestro problema y ha empatizado con nuestra «causa». En caso contrario, acabaremos viendo como abogado y cliente reman hacia orillas muy distintas…

A partir de ahí, tendremos que empezar a recopilar información sobre aspectos personales (certificación de matrimonio, certificaciones de nacimiento de los hijos comunes, certificación de empadronamiento,…) y sobre aspectos patrimoniales (consultar al Registro de la Propiedad, pedir un extracto bancario de cuentas y depósitos,…), en orden a que nuestro [email protected] cuente con documentación específica sobre nuestro caso concreto y pueda darnos los primeros consejos legales.

Tomar las primeras decisiones… aunque te lleve tiempo…

Disponiendo ya de asistencia letrada, tenemos que empezar a tratar las cuestiones concretas sobre las que va a versar nuestro proceso de separación o de divorcio, pero antes debemos plantearnos la toma de una serie de decisiones:

¿Quiero separarme o divorciarme?

¿Estoy dispuesto a llegar a un acuerdo que evite el proceso judicial?

Son aspectos que debemos valorar y reflexionar desde un principio, puesto que si dichos conceptos y pautas no están claras, el abogado no podrá plantear una estrategia jurídico-procesal eficaz.

Organizar las cuestiones esenciales de nuestra separación o divorcio…

Teniendo claro lo anterior, a continuación, debemos preguntar a nuestro abogado o abogada todas las dudas que tengamos sobre los elementos eseciales de nuestro proceso matrimonial y, así, poder decidir respecto de los mismos:

¿A quién puede atribuirse la custodia de los hijos menores?

¿Qué régimen de visitas es el más favorable para los menores y para el resto de miembros del núcleo familiar?

¿Qué puede pasar con la vivienda familiar?

¿Es posible que se atribuya una pensión compensatoria a alguno de los cónyuges?

¿Qué pensión de alimentos puede llegar a fijarse?

¿Y a partir de ese momento?

Una vez que ya hemos resulto todas nuestras dudas y tengamos claro cómo se va a plantear nuestro proceso matrimonial, si éste va a resultar finálmente contencioso (ante la imposibilidad de acuerdo entre las partes) debemos prepararnos mentálmente, puesto que será un procedimiento judicial largo y de importante desgaste emocional.

Y ello porque, por ejemplo, tendremos que enfrentarnos a la «valoración» de un Equipo Psicosocial Judicial y pasar por una o dos vistas en el Juzgado (si es que hemos solicitado Medidas Previas o Provisionales) y porque, a lo largo del proceso, se pondrán al descubierto cuestiones muy personales que, hasta ese momento, formaban parte de nuestra esfera privada.

Iuris Bilbao Abogados

Si necesitáis información y orientación, no dudéis en consultar con los abogados expertos en Derecho de Familia de nuestro Despacho de Bilbao: divorcios y separaciones, custodia compartida, pensiones de alimentos, régimen de visitas de hijos menores de edad y todas las cuestiones relacionadas con los procesos matrimoniales.

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Me quiero separar (y no me atrevo)

Por Valeria Schapira (experta en relaciones para Match.com)

Solemos quedarnos en relaciones de pareja poco satisfactorias por miedo a la soledad, por no desafiar ciertos mandatos sociales o porque, sencillamente no nos animamos al cambio, entre otras razones. Cierto es que toda pareja atraviesa crisis de mayor o menor magnitud en algún momento de su historia. Y si tu estás en ese punto de cruce, lo importante es que identifiques si quieres seguir apostando a ese vínculo o si estás convencida/a de que el amor ya es cosa del pasado.

Estas preguntas pueden ayudarte:

· ¿Sientes que no hay más nada por hacer?

Construir la relación no llevó un día, así que no pretendas tomar la decisión de decir adiós sin reflexionar el tiempo que necesites. Las actitudes arrebatadas no suelen llevar a buen puerto. Siempre se puede intentar “reflotar” una pareja pero cuando la misma se encuentra “ahogada”, no tiene demasiado sentido. Confía en tu criterio; con seguridad sabrás reconocer si este es tu caso.

· ¿Crees que “fracasaste”?

Sólo fracasa quien no lo intenta. Que un vínculo llegue a su punto final en modo alguno significa que haya algo mal contigo. A veces las cosas funcionan de la manera planeada y muchas otras, no. Así es la vida.

· ¿Tienes miedo al cambio?

Todos sentimos temor cuando no sabemos lo que sigue: lo imprevisto suele desestabilizarnos. Aunque creamos tener todo bajo control, siempre pueden ocurrir hechos que nos modifiquen radicalmente. Anímate a cambiar si sientes que una relación ya no te nutre, no te hace crecer o si no la estás pasando bien en el marco de la misma.

· ¿Te preocupa tu status?

Muchas personas no se separan para mantener una determinada posición social o económica que les garantiza seguridad o status. Si estás en esa situación, revisa si no es demasiado alto el costo emocional que estás pagando – y haciendo pagar a tu compañero – para mantener tu ficción sentimental.

· ¿Te paraliza la culpa?

La culpa es un sentimiento inconducente. No sólo no repara nuestros errores sino que no nos permite evolucionar. Soltar la culpa es una manera de librarnos de las ataduras internas que no nos dejan vivir a pleno. En una separación o divorcio todos salen lastimados. Perdona y perdónate por lo que crees que ambos han hecho mal y harás que el adiós duela menos.

· ¿El apego no te deja avanzar?

El apego es la contracara del buen amor. Estar en pareja significa elegirse a diario desde la libertad, no desde la necesidad de que alguien venga a completarnos. Si crees que sin ese otro no podrás seguir, recuerda que todos podemos salir delante de cualquier situación. Si crees que tú no, quizás puedas pedir ayuda profesional.

· ¿Estás en una relación tóxica?

Quedarnos en relaciones que no nos hacen bien es elegir – aunque sea de manera inconsciente – estar en el rol de víctimas. Mereces lo mejor para tu vida; eres el o la protagonista de la misma. ¿Por qué permanecer en donde no quieres estar?

· ¿Te frenan tus hijos?

Aunque tú y tu pareja no discutan, los niños tienen una sensibilidad tal que perciben que ya no existe la armonía y lo sufren. Aunque al principio les cueste entender que papá y mamá no estarán más juntos, con el tiempo lo aceptarán y será mejor para todos.

· ¿Crees que estás fuera de edad para recomenzar?

La edad es una cuestión de actitud ante la vida. Si crees que porque tienes más de 40 o 50 años, por ejemplo, no podrás volver a tener una relación sentimental, te equivocas. Son cada vez más las personas que se dan una nueva chance en el amor. Portales de citas como Match.com son un buen lugar para buscar personas afines y darse una nueva oportunidad. Recuerda, el amor de tu vida puede estar a un clic de distancia.

“Me quiero separar pero no puedo”

Por: El Sol [email protected]

Sin saber si es amor, costumbre o los años juntos. Sin poder definir qué es ese algo más profundo y entrañable que se resiste a terminar, y que los lleva una y otra vez a reintentarlo, fracasar y separarse. Sin duda que éste es un ciclo recurrente que desgasta a una pareja.

Para entenderlo, empecemos por mirar los comienzos: ¿por qué se unieron? Por muchas más razones que las evidentes: la lista es larga. Una pareja se forma por el amor, el deseo sexual, por un proyecto de familia, por soledad, por protección, por repetir a los padres o por alejarse de ellos, por ser únicos para alguien, por tener lo que no se tuvo, entre otros.

En síntesis, una compleja trama de motivaciones adultas e infantiles, conscientes e inconscientes que interactúan entre sí y que se amalgaman haciéndose presentes simultáneamente tanto en las buenas como en las malas. Es por eso que el amor parece un misterio y el conflicto una pesadilla inexplicable.

Si los unieron fuerzas tan disímiles, a la hora de separarse, cada una de aquellas expectativas iniciales necesitará su propio proceso de tiempo y duelo. Si una misma persona ocupó el lugar de objeto sexual, compañera de la vida, vínculo primario sustituto, reafirmación de la autoestima y todo junto y en diferente proporción, es lógico pensar que la separación duela en lugares muy diferentes. Aunque el amor ya no esté, la desilusión puede empujar una decisión, pero por sí sola no alcanza para disolver esta trama.

Una pareja se forma por el amor, el deseo sexual, por un proyecto de familia, por soledad, por protección, por repetir a los padres o por alejarse de ellos.

Es necesario estar atento a esta realidad de nuestros afectos a la hora de separarse. Hay quienes intentan resolverlo a las apuradas tratando de transformar en quirúrgico, un corte que inevitablemente, será imperfecto. Se engañan, los duelos tienen brazos largos y siempre los alcanzan. Con esta comprensión ya no extraña tanto que muchas parejas estén atrapadas en esta madeja. Deberán separar sus hilos de a poco, respetándolos sin negarlos y aceptando que, tal vez, algunos no se corten nunca.

Una separación es duelo y renuncia, y no necesariamente una nueva relación soluciona el problema. Al no haber dos vínculos iguales, uno nuevo nunca reemplaza al anterior y siempre quedarán espacios y necesidades ligados al primero. Como fantasmas en la noche, estos lazos entrañables se harán sentir cada tanto y de su fuerza y de cómo cada persona pueda enfrentarlos dependerá la elaboración del proceso.

10 preguntas que tendrías que hacerte antes de separarte

Vínculos humanos, vínculos frágiles en el siglo XXI, ya lo decía Zygmunt Bauman en “Amor líquido”. En épocas donde las familias se arman y desarman, se disuelven para formar nuevas estructuras “ensambladas”, pareciera que la primera opción frente a los desafíos de estar en pareja es irnos, justamente, de la vida de pareja. Salir raudamente propulsados al cambio –a la soledad o a lo nuevo-, y adiós, si te he visto, no me acuerdo.

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Mariano Vinocur, psicólogo y asesor en empresas, es autor de “No te separes” (Andrómeda, 2017), una ficción interactiva para candidatos al divorcio, según él mismo lo dice “políticamente incorrecta” y desafiante de los paradigmas actuales. A partir del personaje de Natalio Bordeaux (doble ficcional del autor), un flamante separado inmerso en la crisis inicial de su nueva etapa, se suceden las aventuras de un soltero que, conjugando Tinder con los hijos y el trabajo, se pregunta, «¿por qué me separé? ¿Estaba preparado, cuando tomé la decisión, para todo lo que se me venía?» Tips, cuestionarios, listas o planillas para sistematizar la economía y hasta mandalas para bajar el nivel de stress en el transcurso. Barreras para frenar una soltería descontrolada, “¿cómo terminé de novio de nuevo sin siquiera saber que lo estaba?”

Divorcio en puerta.

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Obsesionados con el orden, ¿se puede convivir con ellos?

Tampoco se trata de retener al infinito una relación que no va más, plantear esto sería un absurdo. Se trata de frenar un segundo antes el acelerador para saber si el problema está adentro o afuera, dudar del «canto de las sirenas», en palabras del autor, es dudar de «la creencia en que separarse solucionará todos los problemas sin ver cuánto se arriesga en el camino». No sea cosa que, por no calzarnos las botas y meternos en el barro de nuestro propio corazón, nos dispongamos a repetir ciegamente el mismo error con todas las parejas, hasta el infinito.

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Estas son diez preguntas que deberíamos hacernos, según el autor:

1. Estabilizar tu vida te va a llevar tres, cuatro, tal vez cinco años, ¿estás dispuesto a tener paciencia?

2. ¿Sabés que separarse implica multiplicar los ingresos, no dividirlos? ¿Estás dispuesto a afrontar esta situación económicamente?

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3. ¿Sabés que las sirenas que te llaman te hundirán? En algunos años puede que estés repitiendo la historia. ¿Te pusiste a pensar que el problema quizá sos vos?

4. ¿Sabés que si tenés cuarenta o estás cerca, la crisis es con vos mismo y no con tu pareja?

5. ¿Sabés que después del auto, los juguetes, la moto, el cambio de look, volver a estar flaquito(a), te va a tentar separarte?

6. La crianza se complica -y el rol de padre/madre no se negocia-, ¿estás dispuesto a resolver responsablemente y como un adulto todos los temas?

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7. ¿Sabés que los separados y las separadas a veces se llevan puesto el trabajo a casa?

8. ¿Sabés que los amigos se van a dividir?

9. ¿Estás dispuesto a repensar la vida social con tus hijos, hacer planes creativos, vincularte con ellos a solas?

10. Por último, preguntate si agotaste los recursos: ¿Fuiste a terapia? ¿Reflexionaste acerca de tu comportamiento?

No te separes. Novela interactiva para candidatos al divorcio. Mariano Vinocur.

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5. La separación judicial

La separación judicial terminará con una sentencia judicial, a partir de la cual los cónyuges podrán disponer libremente de su persona y de sus bienes, no poniendo en peligro el patrimonio del otro.

La podemos llevar a cabo de dos formas:

  1. Separación judicial de mutuo acuerdo.
  2. Separación judicial contenciosa.

A. Separación judicial de mutuo acuerdo

Para que podamos separarnos de mutuo acuerdo es necesario que hayan pasado al menos tres meses desde la celebración del matrimonio y que la demanda esté acompañada de un convenio regulador. Será competente el Juez del último domicilio común o el del domicilio de cualquiera de los cónyuges. En él aparecerán los acuerdos a los que hayan llegado los cónyuges en relación a la guardia y custodia de los hijos, el régimen de visitas, las pensiones alimenticias de los hijos, la pensión compensatoria a favor del otro cónyuge si la hubiera, el uso de la vivienda familiar, etc.

No tendremos que alegar ninguna causa para la separación, bastará con el hecho de que ambos cónyuges estén de acuerdo en separarse.

El procedimiento en el Juzgado será muy sencillo y rápido. Los cónyuges pueden estar asistidos por el mismo abogado y procurador, lo que lo hará también menos costos para ambos. Además, si no podemos pagarlo, tendremos la posibilidad de solicitar uno de oficio.

Si los cónyuges deciden separarse de esta forma no se celebrará juicio, sino que se presentará la demanda acompañada del convenio para que posteriormente los cónyuges la ratifiquen (la firmen) ante el juez competente.

Además es el procedimiento menos doloroso para los cónyuges, que no tendrán que enfrentarse y discutir sobre determinados aspectos de su vida en un juicio.

Resumiendo, los pasos que tienen lugar en la separación de mutuo acuerdo serán los siguientes:

1. Presentación de la demanda

Deberá aportarse además la documentación correspondiente, que básicamente será la siguiente:

  • Certificado de matrimonio que solicitaremos en el Registro Civil del lugar donde se celebró.
  • Certificado de nacimiento de los hijos si los hay.
  • Poder general para pleitos, que es un documento por el que le damos poderes al procurador para que nos represente en juicio. Podremos solicitarlo en cualquier notaría y puede costarnos unos 30 ó 40 euros o de forma gratuita en el Juzgado.
  • También podrán pedirnos certificado de empadronamiento o residencia.

2. Admisión de la demanda por parte del Juzgado

3. Señalamiento de día y hora para la ratificación

Se firma un día y hora para que se ratifique (se firme) el convenio en el Juzgado. Acudirán las dos partes así como el Ministerio Fiscal si hubiese hijos menores o incapaces.

4. Sentencia

Finalmente tiene lugar la sentencia de separación de mutuo acuerdo.

5. Inscripción

Se inscribe la sentencia en el Registro Civil.

B. Separación judicial contenciosa

Cuando las partes no pueden alcanzar ningún acuerdo, no tendremos más remedio que acudir al Juzgado de Primera Instancia del domicilio de los cónyuges o, en el caso de que ambos vivan en partidos judiciales distintos, podrá elegirse el Juez del último domicilio del matrimonio o el de residencia del demandado y presentar demanda de separación contenciosa.

En este caso lógicamente no se presenta convenio regulador, puesto que no hay acuerdo sobre la guardia y custodia de los hijos, el régimen de visitas, las pensiones alimenticias de los hijos, la pensión compensatoria a favor del otro cónyuge si la hubiera, el uso de la vivienda familiar, etc., y será el Juez quien decida.

Al igual que en la separación de mutuo acuerdo, no tendremos que alegar ninguna causa para la separación. Eso sí, también será necesario que hayan pasado al menos tres meses desde la celebración del matrimonio, salvo en casos de violencia de género y doméstica.

Este procedimiento será más largo y caro, además de más doloroso para las partes. Los cónyuges también deberán estar asistidos de abogado y procurador (si no podemos pagarlo, podremos solicitar uno de oficio).

Dependiendo de cómo sea el caso, podrán pedirse las llamadas medidas provisionales, que regulan aspectos importantes en relación a la guardia y custodia de los hijos, régimen de visitas, pensiones de alimentos, etc, hasta que no tengamos una sentencia definitiva.

Si una vez comenzado este proceso, las partes llegaran a un acuerdo, se convertiría inmediatamente en un proceso de separación de mutuo acuerdo, lo que facilitaría mucho las cosas, para lo que habrá que elaborar y firmar un convenio regulador.

Los principales pasos son los siguientes:

  1. Se presenta la demanda acompañada de los documentos antes mencionados más aquellos documentos que indiquen la situación económica de los cónyuges, como declaraciones de la renta, nóminas, cuentas bancarias, etc.
  2. Cuando la demanda es presentada, el otro cónyuge la contestará y el Juez citará a las partes a una vista ( juicio) al que tendrán que acudir con sus abogados y procuradores. Si hay hijos menores también será parte el Ministerio Fiscal. Se practicarán las pruebas sobre las cuestiones sobre las que el Juez habrá de decidir. Podrá escucharse a los hijos menores o incapaces si el Juez lo considera conveniente.
  3. El Juez dictará una Sentencia de separación en las que se establezcan todas las medidas que a partir de ese momento van a regir las relaciones de los cónyuges y de éstos con sus hijos.
  4. Se inscribirá la Sentencia en el Registro Civil. También podrá inscribirse en el Registro de la Propiedad o en el Mercantil, si alguno de los cónyuges es empresario.

Si alguna de las partes no está de acuerdo con esta sentencia, podrá interponer recurso de apelación ante la Audiencia Provincial.

Los acuerdos que recoja la sentencia, así como aquellos a los que se llegara en el convenio regulador, podrán modificarse en el Juzgado cuando se alteren sustancialmente las circunstancias, por ejemplo si el cónyuge que pasa la pensión alimenticia a sus hijos, pierde su empleo.

No niego el divorcio como solución a algunos conflictos de pareja -es más, en algunos casos lo considero el menor de los males-, como tampoco niego el derecho de las personas a buscar un matrimonio feliz; pero esta reflexión intenta alertar acerca del perjuicio que las separaciones suelen ocasionar en los hijos.

Los hijos en medio de la ruptura de la pareja

Esos frutos siempre hermosos del amor que en un momento existió, pueden encontrar que, de pronto, su hogar ha quedado roto y sufren las disputas de sus padres, las frases hirientes, el ambiente hostil, las divisiones de bienes y la separación, a la par que aprenden conductas poco constructivas que podrían comprometerles su futuro.

Quizás a estas alturas del siglo XXI estamos siendo testigos de una modificación de los modelos de familia tal cual los heredamos. Quizás los matrimonios ya no sean más «hasta que la muerte los separe», pero más allá de predicciones y vaticinios, las rupturas matrimoniales traumáticas dejan alarmantes secuelas en los hijos que nada tienen que ver con proyecciones o especulaciones sociológicas.

Otra de las circunstancias que se deben evitar a toda costa, es discutir sobre el divorcio delante de los pequeños. Se ha comprobado que muchos niños terminan culpándose de la separación de sus padres con las impredecibles secuelas que esto provoca en su autoestima y en su equilibrio psicológico. Se recomienda abordar con ellos las causas que motivaron la separación, de que manera que entiendan que el derecho a la felicidad sobre el que se sustenta el divorcio, nada tiene que ver con el amor materno o paterno.

Pero prudencia con precipitar la entrada de los pequeños en una nueva familia: antes de presentarles a una pareja, es preciso saber que el pequeño tiene la capacidad de asimilar esa relación. Una vez consumado el divorcio, es preciso librarse de odios, rencores y resentimientos, más aún para con los hijos.

Resulta imperdonable condenarlos al abandono afectivo con tal de evitar los encuentros con la ex pareja. Es importante que, por difícil que sea la ruptura, el vínculo padre-hijo no sufra más de lo que la propia separación implique. Ese vínculo, a fin de cuentas, sí es para toda la vida.

Nada justifica convertir a los pequeños en espías que informen qué hace la otra parte, ni en rehenes del cariño para conseguir una negociación ventajosa. En caso de ser preciso establecer un régimen de visitas, no se debe perder la perspectiva de que la prioridad es satisfacer la necesidad de compartir juntos, hijo y progenitor, sin hacer de esto un mecanismo de sanción.

Algunos estudios aseguran que el divorcio figura entre las causas de stress más intensa que afecta a la infancia y que esta situación puede generar por sí misma ansiedad, miedo, inseguridad, sentimientos ambivalentes y diferentes trastornos de conducta.

Consejos para divorciarse sin afectar a los hijos

De modo que si tienes conflictos en su matrimonio y el divorcio es inminente o, al menos, es una de las soluciones posibles, no olvides que:

1. Los hijos no son culpables de los conflictos matrimoniales y no deben pagar los errores de sus padres.

2. A pesar de la distancia, ellos deben saber que contarán con el cariño y apoyo de ambos padres como si nada hubiera pasado.

3. El bienestar, la seguridad y la salud de los hijos bien merecen dejar a un lado rencores, deseos de venganza, odio… Es tu opción hacer que prevalezca un ambiente amistoso en la separación.

Si has crecido en una familia de padres divorciados y la experiencia le ha marcado su vida o le ha servido para algo, te invitamos a dejarnos sus opiniones e incorporarte al debate.

Rosa Mañas. Redactora

Ya no amo a mi mujer me quiero separar y tengo dos hijos

Realizada por Ben rey el 14 may 2017 Terapias de pareja

Hace 6 meses más o menos conocí a una mujer en mi trabajo que cambió mi vida totalmente, salíamos juntos y con el pasar del tiempo me enamore de ella. Con mi esposa convivimos hace 13 años, pero la verdad desde que decidimos irnos a vivir empezaron muchos problemas insultos y hasta golpes por parte de los dos, con el pasar del tiempo todo se volvió monótono y ya no sentía lo mismo por ella como al principio, y hace tres años ella me fue infiel y eso hizo que yo cambiará mi forma de pensar hacia ella, hoy en día la quiero por ser la madre de mis hijos, pero no la amo y al estar con ella no me siento cómodo, aveces siento fastidio hacia ella, ya que también es muy posesiva y celosa y antes de que yo le fuera infiel siempre me montaba amante sabiendo que nunca tenía nada con nadie. Mi primer hijo lo tuve a los 17 años y desde ese momento me tocó trabajar y la verdad nunca pude vivir mi vida plenamente por la responsabilidad que tenía enzima en ese momento, ya pasaron 13 años y me doy cuenta que no he hecho nada productivo con mi vida y eso a hecho en pensarla dejar y reiniciar de nuevo mi camino así sea solo. A la mujer que conocí ya no está por que solo fue una pasante y ya se terminó su contrato, no quiso tener nada conmigo por mi mujer y mis hijos y al momento que se fue me dolió mucho.
Pensé que al irse ella se iban a arreglar las cosas con mi mujer, pero no, hoy me doy cuenta que no siento lo mismo por ella y que quiero reiniciar una nueva vida solo.
El otro problema es que tenemos una deuda grande y si me voy la verdad no me quedaría dinero libre como para pagar un arriendo o el dinero que hay que darle a los hijos cuando uno se separa, ya que ella también me colabora económicamente, pero las deudas están a nombre mío. Aunque ella dice que me ama demasiado, yo no siento lo mismo y a veces me da miedo por que siento que ella tiene una obsesión conmigo y pienso que podría pasar algo grave al momento que tome la decisión de irme de la casa. Mi hijo mayor tiene 11 años y ya entiende todo lo que está pasando entre nosotros y dice que ya está cansado de escucharnos discutir y la verdad prefiero separarme que seguir lastimándolos con discusiones y peleas. Mi mujer dice que va a cambiar, pero apenas pasan 15 días vuelve a armarme problema por cualquier cosa así sea estupida la verdad, ya no sé qué hacer me siento confundido y aburrido con esta situación.

Ya no le quiero, pero aguanto por mis hijos

Son muchas las personas que ya no quieren a sus parejas, que se desencantan… que se dan cuenta de que esa relación es un sinvivir y no quieren estar más al lado de esa persona. Tiran la toalla, están cansadas de luchar por algo que parece que no tiene solución. Pero la paradoja a todo esto es que a pesar del dolor y sufrimiento emocional que puede derivar de estar con una persona a la que no se ama, es que muchas de estas personas deciden anularse y aguantar el tiempo que sea necesario, por no hacer daño a los hijos.

Muchas personas deciden anularse y aguantar el tiempo que sea necesario

Parece una decisión absurda, pero la realidad es que parece que está llena de valentía. Es una decisión que aunque equivocada, es valiente. Una persona que tiene hijos y que ve en sus ojos la felicidad de estar con unos padres que le aportan alegrías. Unas rutinas y una vida hecha y construida por dos personas y que los hijos disfrutan… ¿cómo se puede echar todo eso por tierra cuando se acaba el amor?

El amor se acaba

Pero, hay que pensar con claridad cuando esto ocurre. Si en una relación de pareja con hijos el amor se acaba, los hijos tarde o temprano se darán cuenta de que no hay amor entre sus padres, que la relación tiene baches e incluso, podrían vivir aspectos negativos de esta situación como el estrés, la ansiedad e incluso la depresión de uno o los dos progenitores.

Los hijos tarde o temprano se darán cuenta de que no hay amor entre sus padres

Sin lugar a dudas, ‘aguantar’ parece una decisión valiente pero es más bien todo lo contrario. Es cobardía por seguir en el mismo lugar y no querer avanzar. Tener miedo al qué ocurrirá después, al típico: ¿Y si…? ¿Y si luego me arrepiento? ¿Y si mis hijos no me perdonan? ¿Y si mi pareja no acepta que ya no le quiero? ¿Y si realmente me quiere pero soy yo quién está todo el tiempo equivocado/a? Los miedos pueden ser muchos, pero los miedos solo paralizan y no te dejarán avanzar.

Entre dos mundos

Si eres una persona que aguanta una relación por miedo a lo que ocurrirá después o lo que les pasará a tus hijos, es necesario que pienses en cuáles son tus mundos y cuál es el que realmente te puede hacer sentir bien. Si no te sientes bien, a la larga llegará un momento en que ese estado emocional se apoderará de ti y tus sentimientos empezarán a ser más oscuros, no te sentirás bien emocionalmente y poco a poco, te darás cuenta de que enfermarás más veces de la que te imaginas. Porque cuerpo y mente están conectados.

Si no te sientes bien, a la larga llegará un momento en que ese estado emocional se apoderará de ti

¿Esta es la realidad que quieres para tus hijos? ¿Realmente quieres que tus hijos crezcan viendo que su hogar es una mentira? ¿Que no quieres a tu pareja pero que aguantas por miedo a lo que podría ocurrir? ¿Quieres que tus hijos crezcan dándose cuenta de que el miedo es lo que puede controlar vuestras vidas? Los dos mundos deben convertirse en uno para ti, para tu felicidad y tu bienestar. Si te separas de tu pareja, para tus hijos sí será vivir entre dos mundos. Pero en ocasiones merece la pena vivir entre dos mundos felices, que en uno solo lleno de amargura y tristeza, ¿no crees?

Piensa en todos, pero también en ti

Está claro que si aguantas una relación que está acabada por tus hijos es porque estás pensando en todos menos en ti. Es cierto que tus hijos necesitan que les protejas y que les quieras más que a nada en este mundo, pero en ocasiones, por este mismo motivo lo mejor que puedes hacer es pensar con claridad cuál es la situación que sería mejor para todos, también para ti.

Piensa con claridad cuál es la situación que sería mejor para todos, también para ti

Si te auto castigas aguantando en una relación rota acabarás emocionalmente perjudicado/a y por eso, la mejor opción sin duda es que pienses en los demás, pero también en ti. Piensa qué es lo que quieres realmente en tu vida y si quieres acabar con la relación, ¿qué pasos deberías dar para que fuera una buena decisión para todos?:

  • Decidir pensando únicamente en ti
  • Ser una persona clara y comunicar la decisión de forma contundente
  • Hablar con los hijos fruto de tu matrimonio (si tienen edad de entender) y explicarles lo sucedido
  • No dejar nada a la suerte o el destino: decidir de forma clara
  • Las dudas siempre estarán presentes, pero las decisiones forman parte de la vida

Puedes hacerlo sin perjudicar a los niños

Sí, puedes separarte o divorciarte sin que perjudiques a tus hijos si lo haces correctamente. No tienes que seguir al lado de una persona a la que no amas. Tienes derecho a ser feliz, a dejar marchar a quien no te corresponde y a que tus hijos puedan crecer en un entorno lleno de amor y felicidad, sin hostilidad ni resentimientos, conductas poco adecuadas para su desarrollo.

Puedes hacerlo para que tus hijos puedan crecer en un entorno lleno de amor y felicidad

Una ruptura de pareja traumática puede dejar graves secuelas emocionales en los niños. Por eso, cuando quieras dar el primer paso lo mejor es hacerlo sin que los niños estén delante. No discutas con ellos presentes, se podrían culpar de vuestra separación y deben saber que ellos no tienen absolutamente nada que ver. Es necesario que cuando hables con tu pareja y la decisión esté tomada, habléis con vuestros hijos de forma que entiendan lo que ocurre y descubran que a veces, la felicidad de todos se basa en el divorcio y que nada tiene que ver con el amor de los padres hacia ellos.

Para abordar bien la situación los niños deberán tener sus mismas rutinas, no deben apenas notar cambios en sus vidas, al menos al principio para que se adapten poco a poco a sus nuevas vidas. Aunque eso sí, si existe separación o divorcio y existe la posibilidad, los padres deberán vivir en hogares separados para que los pequeños no se confundan de situación, sobre todo de cara al futuro, cuando alguno de sus progenitores pueda tener una nueva pareja.

Los padres deberán vivir en hogares separados para que los pequeños no se confundan de situación

Libérate de cargas emocionales negativas

Una vez que des el paso y te divorcies o te separes, es preciso que te olvides de odios, rencores, resentimientos o cualquier sentimiento negativo. Esto sí es necesario que lo hagas por tus hijos. Por muy difícil que sea tu ruptura el vínculo de tus hijos con su otro progenitor no debe romperse ni verse resentido a causa de resentimientos o cualquier sentimiento negativo que tengas hacia tu ex. Tus hijos no deben sentir ansiedad ni estrés por esta decisión.

Pero recuerda, que si decides seguir aguantando, estarás metido/a en una cárcel de la que solo tú tienes la llave en el bolsillo para sentirte libre y poder encontrar un camino que junto con tus hijos, te aporte felicidad.

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