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Mezcla gitano y payo

Hola, saludos de nuevo. He esperado unos dias a contestar para ver la opinión de varias personas y así tener una perpectiva mas amplia. Así que iré por partes.
Sobre el comentario de Manzano solo decir que no entiendo el porqué usa el sarcasmo sin venir a cuento. Y aún así le diré algo: hemos apoyado ante la justicia a hermanos gitanos con cargos penales. Y lo seguiremos haciendo con orgullo y alegría. Pero bueno, no merece la pena entrar en discusiones porque no es ese el motivo por el cual escribo en este foro.
el-chuga.. pues si he pedido consejo a mis pastores y estoy escribiendo aquí, no es porque me esté dejando llevar por las «hormonas» ni vaya a hacerlo. Estoy actuando con la mente bien fría, independientemente de mis sentimientos. Y por supuesto, no haría la locura propuesta de escaparme con ella. No me cambiaré de culto por la sencilla razón de que las cosas se hablan sin necesidad de tomar medidas drásticas que no conducen a nada, solo a la autodiscriminación y al victimismo propio. Si
tengo que alejarme emocionalmente de ella, lo haré y no se acabará el mundo ni para ella ni para mi.
Y todo lo que digo a continuación me baso exclusivamente en lo que la Palabra de Dios dice, no en opiniones de nadie.
Lo primero: ¿Que un payo no se merece el honor de un pañuelo? ¿Acaso a los ojos de Dios existe diferencia de razas o culturas? ¿acaso Dios discrimina a alguien por el color de su piel? No, jamás. Es más, si quieres hablar de no ser digno, ni tú, ni yo, ni nadie en este mundo merece que Dios hecho carne, Jesucristo, muriese por nuestros pecados, cuando éramos, y somos, nosotros quienes merecíamos la muerte. Pero aún así, el murió por toda la humanidad, gitanos, payos, negros, blancos, americanos, africanos y chinos. Y si para Él somos dignos, para ningún ser humano somos indignos: «pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús». Y puesto que somos hijos, no hay nadie por encima del otro.
Como muy bien cita el hermano Leo: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús»(Gálatas 3:2. La frase «no mereces..» es homófoba en su totalidad, parece que te has quedado solo con la mitad de la enseñanza de Cristo.
Continuo. Leo, entiendo perfectamente lo que dices de entender y respetar. Creeme que los respecto y ellos mismos lo saben. Como bien dices, está en las manos de Dios, tu postura me parece muy equilibrada y la comparto. Y nunca forzaría nada.
Pero así veo yo las cosas. Sé que son costumbres, pero como cristianos las bases deben de ser bíblicas, que están por encima de cualquier cultura, gitana, paya o cualquiera.
Con tu permiso explicaré un tema: para el tema del pañuelo se basan en ciertos pasajes bíblicos, por citar uno, Deuteronomio 22:13-21:
«Cuando alguno tomare mujer, y después de haberse llegado a ella la aborreciere, y le atribuyere faltas que den que hablar, y dijere: A esta mujer tomé, y me llegué a ella, y no la hallé virgen; entonces el padre de la joven y su madre tomarán y sacarán las señales de la virginidad de la doncella a los ancianos de la ciudad, en la puerta; y dirá el padre de la joven a los ancianos: Yo di mi hija a este hombre por mujer, y él la aborrece; y he aquí, él le atribuye faltas que dan que hablar, diciendo: No he hallado virgen a tu hija; pero ved aquí las señales de la virginidad de mi hija. Y extenderán la vestidura delante de los ancianos de la ciudad. Entonces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán; y le multarán en cien piezas de plata, las cuales darán al padre de la joven, por cuanto esparció mala fama sobre una virgen de Israel; y la tendrá por mujer, y no podrá despedirla en todos sus días. Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti».
En el Antiguo Testamento había tres categorías de Leyes: ceremonial, civil y moral:
1)La ley ceremonial estaba relacionada específicamente con la adoración de Israel. Puesto que apuntaban al sacrificio del “Cordero de Dios”(Jesucristo), esos rituales dejaron de ser necesarias tras la muerte y resurrección de Jesús.
2)La ley civil era la ley de Dios que tenía que ver con el vivir diario de Israel, para aquella época y cultura.
3)La ley moral(como los Diez Mandamientos), mandato directo de Dios y de cumplimiento eterno, era y es para todas las épocas y culturas de todos los tiempos.
Por lo tanto, tanto la ley ceremonial como la ley civil(entre las cuales se encuentra la del pañuelo) no es para los cristianos, sino para el pueblo
judio de aquella época. Si siguieramos con todas aquellas leyes, habría que circuncidarse, guardar el sábado, no comer carne con sangre, no comer escado sin escamas, apedrear a los que violan la Ley, sacrificar cabras y toros, etc. O todo o nada.
Como digo, lo respeto como tradición, pero no lo comparto desde una base bíblica, la cual está por encima de la cultura.
Podemos leer en todo el Nuevo Testamento como Jesús, los apóstoles y el mismo Pablo tuvieron encontronazos continuamente con los judios, porque muchas de las tradiciones humanas provocaban esclavitud y legalismo, cuando Jesús vino justo a lo contrario, a darnos libertad.
Hermano Barriera, quizás te sorprenda mi respuesta, pero sí, para mí si tienen la suficiente importancia como para no seguir adelante si las cosas no cambian. Y volveré a hablar con la familia porque los respeto por encima de todas las cosas.
Como dices, «fusión», me parece perfecto, eso es lo que hacemos en la iglesia, como cantar flamenco y diversos bailes. Y nos encanta ir a conciertos de grupos gitanos cristianos.
Pero lo he hablado también con mi hermano en la «carne» y en la «fe», que es pastor, y me ha contado que en su iglesia cuando se unen un payo y una gitana no ponen en práctica estas tradiciones, ni siquiera la mencionan.
Y nada más, un saludo sincero en Cristo para todos.
p.d: Leo, gracias por la confianza, ¿sobre qué quieres en concreto que de mi opinión sobre cosas que escribes de la Biblia en el foro?

La mujer gitana debe llegar «moza» al matrimonio. La boda es un cante a la virginidad. Un rito vedado al mundo payo, y el único momento en que la mujer más anciana juega un papel importante. Ella es la encargada de realizar la «boa» o desfloración de la moza con un pañuelo de seda blanco. Una vez que la fiesta ha terminado, la autoridad revierte nuevamente hacia el hombre más viejo. Rafaela dice: El día de la boda.. pues el día de la boda… pues, nos sé cómo explicarte… hombre… te preparas, te arreglas tu ropa, tienes mucha ilusión porque vas vestida de novia, y está todala gente esperándote pa que salgas .. y mucha ilusión por estar mocita y casarte de blanco… mi boda duró cuatro días. De lo del pañuelo… yo esa cosa no la he hecho (Su esposo le recuerda: Tú de eso no sabes ná…).

Para Antonia Leyton, la boda fue más discreta porque se le había muerto un pariente. ¡Ay!, yo te lo voy a desir corasón.. . Mira, mi esposo es familia mía, somos primos, entraba en mi casa como un hermano… él dice que yo me namoré de él… total, que nos enamoramos, nos hablamos dos años y nos casamos. Ay!, mi boda muy grasiosa…, fue común y corriente. Me pusieron mantilla, como una tonta, fuimos a la iglesia, unas copitas… fue una boda buena pero muy tranquila, pero me dijo er cura que había sido la boda más simpática. Hasta bailó er cura con nosotros.Si bien las muchachas más jóvenes mantienen frente a ciertos temas puntos de vista críticos, en el caso de la virginidad las opiniones son unánimes. Aunque para Remedios y Azucena la libertad de que disfrutan las jóvenes payas resultan atractivas, como salir de excursión o ir a bailar, no admiten las relaciones sexuales antes del matrimonio.

El adulterio está mal visto y casi no existe entre la familia gitana. Su práctica puede traer el odio, el rechazo o la expulsión del grupo. Sin embargo, cuando es el hombre gitano quien mantiene relaciones adúlteras con una paya, su legítima esposa lo acepta sólo porque considera que «su hombre» ha humillado a la paya.

El divorcio ha existido desde siempre. Es algo considerado natural cuando un matrimonio no puede convivir. Como dice Remedios, uno no puede llegar y mandarse a cambiar, pero si hay signos que lo justifiquen, es aceptado. La pareja queda en libertad.

El cuerpo para la mujer gitana tiene otro significado que va más allá del mero hecho sexual. Lo que nuestra moralidad califica de falta de pudor al ver a una mujer gitana dando el pecho al niño en lugares públicos, es para ellas totalmente normal, porque la primera función de los senos es la de la alimentación. Y aunque nuestras «puras» mentes no puedan creerlo, la gitana es tremendamente pudorosa. Su misma vestimenta de escote siempre amplio tiene su origen en la India donde, en la antigüedad, usaban corpiños clásicos con los senos al aire para facilitar la toma de leche de los niños.

En la actualidad, la lecha materna sigue siendo el principal alimento de los recién nacidos y se prolonga hasta que el niño lo rechaza, generalmente hacia los dos años. Pudiendo una criar a su hija -dice Antonia- ese cariño… que tú te acuestas con tu hijo en la camita y le das el pecho y ves a tu hijo embobao… eso creo yo que… una le tiene más cariño. Para Manuela, los niños deben ser criados por sus madres.

Esta devoción de la gitana para con sus hijos en su primera edad, no llega a plasmarse en la adolescencia en una relación de confianza con ellos. Las hijas llegan al matrimonio sin saber, al menos por boca de sus madres, en qué consiste el acto sexual. Yo de eso ná… ná de eso… nos dice Rafaela. Las nuevas generaciones, sin embargo, opinan que la educación de los hijos debe ser compartida por ambos padres. Azucena y Remedios coinciden en señalar: Daríamos más libertad a nuestros hijos y nos gustaría que gozaran de mayor independencia.

A pesar de la marginación sufrida por el pueblo gitano, España ha sido considerado como el país que les ha dado una acogida más favorable, ya que tras siglos de represión han logrado obtener una «libertad casi total». Una libertad traducible a cifras: de los 400.000 gitanos que viven en España el 90% son analfabetos y dentro de este porcentaje, la mujer ocupa el 85 %. Más. El 75% continúa viviendo en barracas o chabolas, sumidos en la más profunda miseria.

Una de las razones por las que la mujer gitana muestra un bajo índice de escolarización es la llegada de la primera menstruación. A partir de los trece años -y obligatoriamente si es la mayor- la hija debe permanecer en su casa ayudando a su madre, tanto en la crianza de los hermanos menores, como en las labores de la casa. Rafaela: No, no pude ir a la escuela porque mi madre tenía muchos hijos y tenía que estar ayudándola. Como yo soy la mayor, no tuve la suerte de poder ir al colegio y saber leery escribir como todos mis hermanos… ¡hombre!, claro… eso me hubiera gustado una barbaridad, porque para todo es importanle.

La educación y la vivienda, junto a la igualdad de oportunidades frente al trabajo, son los integrantes de lo que se ha dado en llamar «el problema gitano».

Muchas son las instituciones que han surgido con el fin de canalizar las reivindicaciones de la comunidad gitana. Unos lo entienden como un apostolado, la Acción Social Gitana. Otros, la Unión de Jóvenes Gitanos, piensan que son las instltuciones civiles -a través de una toma de conciencia del propio pueblo gitano y de sus movilizaciones- las que tienen que traer las soluciones. Por el momento, los datos concretos que existen son los entregados por las asistentes sociales de la ASG, que han creado, en colaboración con el Ministerio de Educación, 143 escuelas-pueritt a las que asisten 943 niños gitanos, de un censo de 200.000.

Con respecto a la mujer, según datos recogidos, se considera que las niñas asisten más a la escuela y están más interesadas en el aprendizaje. Si bien esto ocurre a nivel de los pequeños, en los cursos de alfabetización para adultos la presencia de la mujer es casi inexistente.

Una maestra gitana, Adelina Jiménez, sintetiza las contradicciones que, en estos momentos, viven las jóvenes calés: La mujer gitana no posee libertad, estando sujeta a una jumisión que a veces raya en situaciones absurdas, y francamenle creo que estas cualidades son algo extraordinario y que, a veces, esta sumisión y esta humildad, este obedecel a sus mayores, alcanza una belleza ideal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 1978

Emotiva boda entre una gitana y un payo en Palma

Damián García, campeón del mundo de Kick Boxing, además de trabajador de Emaya, se casó con la bella Samara Maldonado. Lo curioso de esta boda es que se trata de una boda de un payo con una gitana. La primera parte se desarrolló dentro el ritual católico, en la iglesia de Sant Francesc. La segunda de acuerdo al rito gitano.

Es decir, verificación de la virginidad de la novia -en este caso, verificación positiva-, paseo de los novios a hombros de familiares y amigos con lanzamiento de peladillas, con rotura de la camisa por parte de él, cena y fiesta hasta que el pueblo aguantara.

Damián, que como hemos dicho es payo, conoció a la que hoy ya es su mujer en otra boda gitana, de lo cual hace ya año y medio. «Fue en la boda de su prima, Sesa, con Estoquio. «¿Que si he respetado su virginidad durante este tiempo? Por supuesto que lo he hecho. Sobre todo por ella y también porque soy muy respetuoso con las tradiciones gitanas, cosa que por otra parte no me es difícil entender: al haber vivido durante muchos años en San Magín, donde viven muchos gitanos, me he acostumbrado a ellas».

Por supuesto, las relaciones entre ambas familias, la de ella con la de él, son también excelentes. «Los gitanos -señala Damián- no son como muchos payos piensan. No roban gallinas para vivir, como cuenta la leyenda, sino que trabajan. ¡Hombre!, los hay que no son buenas personas, pero también hay payos que no lo son».

La boda se prolongó hasta la mañana del día siguiente, «y si no continuó más tiempo fue porque el local cerró, que si no hubiera podido durar hasta hoy».

Damián está convencido de que el matrimonio entre el payo y la gitana ha de durar toda la vida, «y más cuando la pareja se quieren, como nosotros, y nuestras familias están de acuerdo en que nos casemos».
Hasta ahora Samara no trabajaba, pero ahora, «como hemos comprado una casa, trabajará con mi hermana, y así, con dos sueldos, podremos hacer frente a los gastos».

En cuanto a si Samara acepta que Damián boxee, «… por supuesto que no quiere, pero lo acepta, pues me conoció boxeando». Por tal motivo, en marzo no estará con él en Angola, a donde va a disputar un combate con el campeón Humberto Ebora, «que espero ganar a pesar de que el tipo es muy bueno, pero yo soy mejor que él».

Los conflictos entre payos y gitanos están creciendo de forma alarmante en los últimos años. Los medios de comunicación social nos hacen despertar periódicamente a un mundo de relaciones sociales que creíamos, hipócritamente, ausente (le nuestros suelos patrios: el racismo. Los últimos acontecimientos de Zaragoza y el incendio, en Jaén, de una vivienda gitana, con dos mujeres y tres niñas dentro, ha avivado, una vez más, el fuego de la discusión sobre el problema payogitano, un problema. que tiene una larga historia de cinco siglos, marcada por el etnocidio, la persecución y el desprecio. En 1499 se promulgaba en Medina del Campo, por los Reyes Católicos, la primera Pragmática antigitana, que ordenaba que tomaren «asiento en los lugares y sirvan a señores que les den lo que hubieren menester y no vaguen juntos por los reinos; o que, al cabo de 70 días, salgan de España, so pena de 100 azotes y destierro la primera vez, y que les corten las orejas y los tornen a desterrar la segunda vez que fueren hallados». Luego vendría el intento de extirpar su cultura «y que no puedan usar el traje, nombre y lengua de gitanos y gitanas, sino que, pues no lo son de la nación, quede perpetuamente: este nombre y uso confundido y olvidado», como ordena la Real Cédula de 1619, de Felipe III. De la discriminación cultural se pasaría al genocidio y extirpación de personas, ordenando «cazar a los gitanos por el hierro y por el fuego» (Felipe IV, 1633), llegando a decretar la pena de muerte contra los gitanos ambulantes (Carlos 11, 1695), siendo «lícito hacer sobre ellos armas y quitarles la vida» (Felipe V, 1745). Las Ordenanzas de 1942 de la Guardia Civil contenían un artículo que mandaba la «vigilancia escrupulosa sobre los gitanos», siendo anulado por el voto unánime del Parlamento español. Hoy no existe en España ninguna legislación discriminatoria contra los gitanos, pero, ¿cuáles son los hechos?En los últimos años el tema gitano es noticia frecuente en los periódicos, y con muy diversas valoraciones. Cuando existen delitos, reyertas y muertes entre gitanos, los periódicos, automáticamente, añaden el apelativo de raza gitana, ensombreciendo aún más la ya deteriorada imagen gitana. A su vez, los mismos medios de comunicación social, particularmente la Prensa y la radio, ofrecen sus espacios a la denuncia de la marginación social gitana y a la defensa de su singular cultura. Un tercer tipo de noticias con los conflictos payos-gitanos complementa el espacio simbólico-semiótico de la imagen colectiva que la sociedad española tiene sobre los gitanos. Todo este cúmulo de señales, aunque contrapuestas en sus significaciones parciales y en sus actitudes de aprecio o desprecio, han logrado un efecto muy positivo en la opinión pública española, como es enfrentarnos ante una realidad tan evidente como es que los gitanos existen y existirán entre nosotros, viven entre nosotros y son ciudadanos españoles como nosotros. Ya no se puede por más tiempo seguir autoengañándonos, escondiendo la cabeza como la avestruz o pensando que se trata de problemas marginales y anecdóticos, que pueden resolverse con orden público, remiendos administrativos o gestos de piadosa tolerancia mutua. El problema es estructural y sólo puede resolverse atacando a las raíces.

  • La caza del gitano
  • El linchamiento de ‘Los Ramplines’

Una saga de conflictos

Los enfrentamientos en los barrios de los payos con sus vecinos gitanos son un botón sociológico de muestra en esta trama estructural de la sociedad española. Esos conflictos son algo más que explosiones accidentales de sentimientos de grupo; responden a ciertas pautas estructuradas y a específicos patrones de conducta colectiva, que vienen enmarcados en un nicho ecológico determinado y en unas condiciones socioeconómicas específicas. Los conflictos son los síntomas de un problema que esparce sus raíces por niveles más amplios y profundos.

Pero primero partamos de los datos; aunque sean repetitivos y cansinos, ellos nos proporcionarán pistas orientativas. Hagamos un poco de historia sobre los conflictos de los últimos cinco años que fueron noticia en la Prensa nacional. En 1979, mientras Televisión Española nos presentaba Holocausto y Raíces, los gitanos de la Lonja de Murcia eran víctimas del repudio ciudadano por parte de sucesivos barrios, que se oponían a la instalación de 15 casas prefabricadas para los gitanos; hubo cortes de tráfico, duros enfrentamientos y manifestaciones de asociaciones de vecinos. En el verano de 1980 el tema gitano ocupó el récord de su aparición en la Prensa; en los meses de julio y agosto fue noticia en 350 ocasiones; de ellas, 150 estuvieron referidas al caso Hernani. El 8 de julio de 1980 el Ayuntamiento de Hernani acuerda expulsar a unos gitanos de la localidad, provocando en los dos meses siguientes una catarata de réplicas, cartas y protestas en los medios de comunicación social. Para algunos, este escándalo público fue un poco farisaico, ya que en esos mismos meses se producen acciones antigitanas en los más diversos puntos de España. En el mes de mayo unos vecinos de Lugo se manifiestan pidiendo protección frente al poblado gitano de Carqueixo; en agosto, los vecinos de Alcantarilla, de Madrid, protestan ante las posibles viviendas gitanas en su barrio; en Santander, los residentes del Zapatón de Torrelavega no quieren por vecinos a los gitanos; en esos mismos meses de agosto y septiembre tiene lugar en Bilbao la protesta del barrio de Churdínaga, y surgirán conflictos vecinales en Campanar, de Valencia; en barrios de Avilés y Oviedo, en Asturias; en Peñafiel, de Valladolid, y en El Prat, Torre Romeu y San Cosme, de Barcelona. ¡Un verano realmente caliente!

En 1981, el tempo más conflictivo va a ser la primavera. Se inicia, en febrero, en Valencia, al expulsar a cuatro familias gitanas del barrio de Nazaret; pero es en el mes de abril cuando tiene lugar una punzante floración de cardos sociales; en la Rioja, de Logroño, se oponen a que los gitanos construyan casas; en el barrio de La Carisa de Oviedo se oponen a que se instalen allí los gitanos de Matablima; en Figueras, de Gerona, se intenta llevar a cabo la operación limpieza, antigitana; en el barrio de San Antón de Elche, en Alicante, surgen problemas de convivencia, y al final de este año, en noviembre, los vecinos del Peñascal de Bilbao se oponen a que en el barrio se instalen más gitanos: «Ya tenemos bastantes con los que residen aquí». En 1982 va a tener lugar, en abril, un rechazo generalizado a la construcción de viviendas gitanas en algunos barrios de Zaragoza; en el mes de agosto surgirán conflictos contra los temporeros agrícolas gitanos en la Rioja, de Logroño, y en Palau de Anglesola, de Lérida. Pero serán los gitanos de Cataluña los que serán este año noticia nacional: en Maresme se oponen, en junio, a la construcción de viviendas para gitanos, y durante el mes de septiembre estallarán contra el barrio gitano de La Perona las violentas manifestaciones de los vecinos de La Verneda, de Barcelona, con cortes de tráfico y con intervención de la policía. En 1983 el epicentro conflictivo se situará en Madrid y en Zaragoza, aunque también retoñarán los viejos problemas de Murcia y de Logroño. En el barrio madrileño de Vicálvaro miles de vecinos cortarán, en mayo, el tráfico en protesta contra un núcleo gitano cercano, y en noviembre tendrá lugar en Madrid la batalla de San Cristóbal, con graves enfrentamientos entre payos y gitanos, habiendo pedradas y tiros, lo cual genera la intervención de 150 policías, ante una manifestación de unos 2.000 payos. La Nochebuena y la paz del Año Nuevo de 1984 fue celebrada por algunos vecinos de Zaragoza en ritual vigilancia ante la proyectada instalación de viviendas gitanas, y hace unos días, como medallón final de este holocausto, una vivienda gitana es rociada con gasolina e incendiada en Torredonjimeno, de Jaén.

¿Quién podrá, ante este repetitivo rosario de hechos violentos, cerrar los ojos, atribuyéndolos a actos fortuitos y accidentales? La anterior exposición nos revela algunas pautas estructuradas de tiempo y espacio. El conflicto puede surgir en cualquier tiempo, pero existe una tendencia a que, una vez ocasionado un choque payo-gitano, se desencadenen otros conflictos en puntos diversos, pero dentro de grupos con similares problemas. Con referencia al espacio social, en casi todas las partes parece que suceden los enfrentamientos, pero son mayores y más numerosos en las zonas urbanas y dentro de barrios de gitanos recientemente instalados. El índice menor de conflicto está en Andalucía, y eso que casi el 50%. de los gitanos viven en Andalucía y Badajoz; y en Granada y en Sevilla, que, con Barcelona y Madrid, son las ciudades de mayor concentración gitana, tampoco se dan, en las dos primeras, este tipo de enfrentamientos payos-gitanos; y esto no hay que atribuirlo sólo, ni principalmente, a los buenos sentimientos de los andaluces y extremeños -aunque esto sea un valor apreciable-, sino al largo proceso de residencia y de convivencia de payos y gitanos; es en el Sur donde los gitanos han logrado mayor integración y aceptación, aunque también sea preciso añadir que en todas partes se cuecen habas, pero en algunas, a calderadas. Dentro de esta coordenada habría que interpretar sociológicamente el hecho lamentable de Jaén, no sólo como una excepción que confirma la regla, sino como un fenómeno con características singulares, como es el de acontecer en un pueblo de 13.000 habitantes y contra una familia gitana determinada.

Y, ¿cuáles son las causas de estos conflictos? El detonante puede ser de la índole más diversa,

pero, a nivel más profundo, siempre parece repetirse la misma urdimbre. Algunos analistas sitúan este común denominador en la existencia de prejuicios étnico-raciales en una gran parte de la población española; de ahí que en casi todos los conflictos, antes de ser acusados, los vecinos dicen una y otra vez que ellos no son racistas, que no tienen nada contra los gitanos en general, sino contra los gitanos «que roban y atemorizan a nuestros barrios». En mi opinión, existen en la sociedad española ciertos estereotipos étnico-raciales contra los gitanos que dificultan la convivencia y ahondan y perpetúan la marginación. Pero la explicación psicológica no es suficiente, hay que llegar a las causas profundas sociológicas del fenómeno conflictivo payo-gitano, que se enmarca dentro de la estructura social; hay que evitar, en la comprensión de estos hechos, la manoseada y simplista historia de buenos y malos.

Clase, raza y etnia

La minoría gitana es discriminada por su peculiaridad racial y étnica; pero el factor fundamental de su marginación -no el único- es su situación estructural de clase en la sociedad española. Si aceptamos esta premisa, al menos como hipotética, comprenderemos mejor algunas claves del problema. Los gitanos han cambiado más en estas últimas décadas que en los anteriores 100 año: de tratantes ambulantes de ganado han emigrado a las grandes ciudades, buscando nuevos nichos marginales de trabajo, como la chatarrería y la venta ambulante; y ha sido contra estos grupos de gitanos contra quienes preferentemente han surgido las manifestaciones. Y debemos preguntamos: ¿qué les ha hecho cambiar a los gitanos sus modos tradicionales de vida? ¿Su voluntad individual o de grupo? Fundamentalmente, los cambios económico-sociales de la industrialización española y de la mecanización del campo, que desestructuró su segregada pero bien ajustada forma de vida nómada, controlada por el autoritarismo de la parentela. Se acabó el carro y la tienda y se asentaron en los cinturones de pobreza de las ciudades españolas, conviviendo por primera vez en barrios de payos-pobres y gitanos-pobres. Y esto nos facilita otra clave para comprender el conflicto. ¿Por qué son casi siempre los barrios proletarios los que originan estos conflictos? Sería pueril afirmar que los ricos españoles son vírgenes de racismo; sólo se pelean los que viven juntos, y los poderosos tienen formas más sutiles y eficaces de alejar a los presumiblemente molestos de su nicho ecológico.

Esta trama de explotación por clase y discriminación secular por raza y etnia engendra como resultado el cuadro de la pobreza gitana. Entre los jóvenes gitanos de Madrid, únicamente un 7% ha acabado la EGB, teniendo el 70% padres totalmente analfabetos y habiendo terminado solamente un 1 % de los padres la Primaria. Entre los jóvenes madrileños payos, un 43% está estudiando, mientras que entre los gitanos, sólo un 6%. Las casas de los gitanos están peor equipadas en 1981 que lo estaba la media nacional en 1969; la mitad, aproximadamente, de las familias gitanas no tienen Seguridad Social, de ahí la frecuencia de ciertas enfermedades, la corta vida de los gitanos y el raquitismo en muchos niños. En uno de los barrios en conflicto, un periodista entró en una chabola gitana y la describe así: «Entrar en las chabolas… es delirante. Un recinto apestoso, con dos colchones en el suelo raso, cubierto con plásticos mugrientos. Sin espacio alguno para desenvolverse, se cobijan nueve personas, los padres y siete hijos: cuatro niños en un colchón y los padres, con los más pequeños, en el otro… Y luego, las ratas, que muerden a los niños gitanos y contaminan el pan que luego se llevan a la boca». Y luego están los tristes sucesos de la muerte de una familia gitana de nueve miembros, entre ellos cinco niños, al derrumbarse, en 1979, su casucha en Logroño; y la muerte de cuatro niños madrileños, en abril de 1980, al incendiarse la chabola, en la que dormían sobre paja».

La búsqueda de soluciones

Si los niños gitanos son escolarizados, las familias tienen la debida asistencia médica, poseen una vivienda digna, se respeta su cultura, a la vez que tienen acceso a los servicios sociales y culturales básicos y no son discriminados, según manda la Constitución, entonces los gitanos habrán tenido el mayor cambio revolucionario experimentado en sus cinco siglos de marginación y discriminación en el territorio español.

Y, en primer lugar, los gitanos: en la conquista social no se mendiga ni se limosnea, se lucha y se pelea por los derechos juntos.

Por otra parte, los gitanos deben autoeducarse en ciertas pautas de comportamiento que exige la convivencia ciudadana. Los artistas gitanos y las asociaciones gitanas tienen un papel irreemplazable en esta creación de la educación y orgullo étnico, readaptando el simbolismo y ritual gitanos a los tiempos modernos, como lo ha hecho Camelamos naquerar.

La Administración y la clase

política no pueden cerrar los ojos al problema, ni contentarse con buenas intenciones y medidas coyunturales. El Gobierno de UCD, presionado por la Coordinadora de Asociaciones Gitanas, proclamó la primera ley positiva pro-gitana, en 500 años, al crear por real decreto la Comisión Interministerial para el estudio de los problemas que afectan a la comunidad gitana; pero a dicha comisión, aunque dio algunos pequeños frutos positivos, no se la dotó ni de mandato ni de presupuesto, por lo que resultó ineficaz. Felipe González fue el primer presidente español que en su discurso de investidura nombró positivamente a los gitanos; pero los gitanos ansían medidas más eficaces e integrales, esperando la proyectada ley de los Servicios Sociales. Por otra parte, han sido las administraciones autónomas y municipales las que han dado en los últimos años los más decisivos pasos en la promoción del pueblo gitano.

También los ciudadanos payos tienen un papel en este drama. En primer lugar, porque son los más afectados por el problema; los vecinos de barrios populares en general y las asociaciones de vecinos en particular, que, con alguna frecuencia, dirigen algunas de estas manifestaciones, deben convencerse -igual que los gitanos pobres- que, a la postre, todos son partícipes de las mismas circunstancias.

Los gitanos son un pueblo con una cultura singular. Si hoy la población gitana se estima en medio millón, dado su alto índice de crecimiento vegetativo y su población joven, para el año 2000 el número de gitanos será de un millón, y no es previsible, ni deseable, que los gitanos terminen en una asimilación total paya, aunque abandonen algunas de sus costumbres, ligadas a su situación de pobreza más que a su cultura. En definitiva, la piedra de toque de una democracia es el respeto a las minorías, sean éstas étnicas, raciales o ideológicas. Y el pueblo gitano tiene también el derecho, como otros pueblos territoriales o nacionalidades patrias, a tener su identidad cultural propia y su singularidad histórica, sintiéndose plenamente gitanos y españoles.

Más información en las páginas 16 y 17

Tomás Calvo Buezas es profesor de Antropología de la Universidad Complutense, ex secretario de la Comisión Interministerial para Gitanos y autor del libro sobre chicanos: Los más pobres en el país más rico.

Discusión:payo

La etimología de payo como derivado del nombre de propio Pelayo no tiene base documental suficiente, pues en la época en que los gitanos llegan a España aquel es un nombre ya minoritario y el que derivara de él no explicaría el claro tono despectivo con el que los gitanos lo utilizan. La etimología más probable es remontarla a las primeras andanzas de los gitanos por España, en concreto por los territorios de la Corona de Aragón, donde se produjeron las primeras fricciones entre los nómadas gitanos y los campesinos catalanes o payeses. El singular es payés, pero en rom las palabras terminadas en é son plurales, de modo que su singularización en romaní sería payó o payo para el masculino y payí o paya para el femenino. – El comentario anterior es obra de 81.39.236.170 (disc. · contr.) °, quien no lo firmó. 13:20 31 jul 2007

Gracias por la opinión, pero ¿tienes alguna fuente publicada que avale lo que dices? No sería la primera vez que la Academia mete la pata hasta el cuadril, pero es preferible tener el trabajo de algún etimólogo avalando las entradas. 193.145.41.239

Apellido

payo tambien es apellido!!!!!!!!!!!!! – El comentario anterior es obra de 85.85.181.185 (disc. · contr.) °, quien no lo firmó. 19:16 2 mar 2008

Cuando es apellido lleva mayúscula inicial. Wikcionario distingue entre iniciales mayúsculas y minúsculas. –Piolinfax (Cuéntame) 19:24 2 mar 2008 (UTC) Si actualmente el wikcionario de hoy si distingue entre mayusculas y minisculas,sin en cambio el wikcionario del siglo XI que es donde aparece dicho apellido NO Xd, no habia la minuscula cursiva, asi como tampoco en la epoca romana, ni los idiomas contemporaneos a roma, como pudiera ser el griego o el arameo o el hebreo, la minuscula cursiva aparece siglos mas adelante,es muy significativo observar como este apellido es el que de igual mencionan pasados años de su peregrinar por españa hasta su aposentamiento «nomada» impuesto por las pragmaticas reales los gitanos, en sus inicios de entrada utilizan la palabra del idioma Rhom que todo gitano universal utiliza aun y es Gayé en masculino y gayí para el femenino, mas tarde se fue mezclando y se observa en andalucia la palabra «gachó» y «gachí» para despues de su asentamiento en toda españa quedar como Payo, este apellido data del siglo XI al XV aunque aun perdura en la actualidad, y hay incluso personas que tienen este mismo apellido doble,proviene segun la heraldica de galicia concordando las incursiones que rapidamente llegaran a esa region de gitanos peregrinos al camino de santiago,es mas factible creer que probenga la palabra actual de payo de dicho apellido que de la deribacion de paio o pages sencillamente porque es la misma que se utiliza desde las dataciones historicas.

Separar

Hola. Hay que separar por etimología, las acepciones no parecen compartir un origen común. Saludos. Lin linao ¿dime? 09:32 12 mayo 2008 (UTC)

Las he separado así pero no estoy seguro de si es a eso a lo que te refieres o a alguna acepción más. –Piolinfax (Cuéntame) 18:44 13 mayo 2008 (UTC) No estoy seguro de ninguna :(. La 2 y la 4 parecen lo mismo, la 1 podría estar relacionada con ellas, pero dice que la etimología es incierta, ¿es una variante de gayé?. La que tú separaste hay quienes la hacen descender de payun («barba»), pero parece sólo una teoría… descabellada. Saludos. Lin linao ¿dime? 19:41 13 mayo 2008 (UTC) Mmmm :/. En principio, aunque sea un teoría improbable tal vez convendría comentarla en el segundo lema. De todos modos la cosa parece complicada, ¿qué crees que es mejor, dejarlo así o revertir lo que hice? –Piolinfax (Cuéntame) 20:15 13 mayo 2008 (UTC) No revertir, pero ¿corresponde separar alguna de las otras? ¿el apelativo para los homosexuales tendrá algo que ver con los gayé o con los campesinos? ¿payo=no gitano es sólo propio del lenguaje de los gitanos españoles entonces? No lo sé. Lin linao ¿dime? 00:01 14 mayo 2008 (UTC)

Te contesto yo a tu pregunta que soy Gitano:Si, la palabra payo generalizada de comun, es hecha no utilizaria la palabra «lenguaje» sino idioma de los gitanos españoles, en concreto de la tribu caló, que fueron los que se aposentaron en España y sur de Francia, la palabra Gayé es la que se usa para decir de igual manera un «NO GITANO» el que no pertenece a esa etnia, y pertenece al idioma «madre» de todos los gitanos del mundo, el cual es el Rhom o Rom dependiendo de que pais estes, no entiendo con tanta informacion que hay hacerca de esto que esta constatado por organismos gitanos como no aveis ido a estos a recabar esta informacion, sobre la definicion de gayé o payo que es la misma, es la misma excepcion y significado que para un judio un NO JUDIO, que es Goy y todos los pueblos que no son judios son GOYIM, es decir traducido significa «gentiles».

Uso en Costa Rica

Es erróneo mencionar que «payo» en Costa Rica sea un sinónimo de homosexual. En realidad es el término «playo» el que localmente puede referirse a este tipo de tendencia.

Payo, del nombre gallego-portugués Paio

Payo es la adaptación a la ortografía castellana de Paio, equivalente y cognado (no derivado ni apocope) del castellano Pelayo. Paio fue nombre muy usual en Galicia y Portugal, de ahí su importante presencia en la toponimia (con abundantes São/Sam Paios en ambos territorios). No es extraño que se encontraran gallegos pobres emigrados a Castilla y gitanos en el lumpen de la sociedad y, debido a la abundancia del nombre Paio, no es raro que se aplicara por los gitanos para los que, conviviendo con ellos dentro de ese ambiente de marginalidad, no eran de su etnia, igual que a los españoles se les llama «los Pepes» en Cuba.Que yo sepa a los españoles se les llama «gallegos» tambien GAITO y GALIFARDO y desde hace unas decadas PEPES, gallego no es peyorativo, sin en cambio las otras si lo son, en cuanto al NOMBRE que argumentas, mas bien era un apellido que aparece en el siglo XI y tiene heraldica, pero tambien es posible que fuera un nombre, como bien dices Sanpayo da nombre a un Santo que porto ese nombre.Payo Enríquez de Rivera nacido en Sevilla, 1622 por ejemplo, de ahí que para esas fechas ya esta diseminado el nombre de payo por toda España

Juan de Dios Ramírez-Heredia (Puerto Real, Cádiz, 1940) es el primer gitano del mundo investido doctor Honoris Causa. En 1971 participó en Londres en la fundación de la Unión Romaní Internacional, en las primeras elecciones democráticas (1977) fue elegido diputado por Barcelona y durante los siguientes 20 años se dedicó a la política, tanto en el Parlamento español como en el de la Unión Europea en Estrasburgo. Tiene dos carreras, ha sido profesor, periodista, abogado y hoy sigue presidiendo la Unión Romaní Española, que fundó en 1986. Su despacho está decorado con fotos de él acompañado de numerosas personalidades –como la Reina Sofía o el president Pujol- y presidido por una imagen con el lema “Somos gitanos, ciudadanos del mundo. Nuestro techo es el cielo y la tierra toda, nuestra patria. Las fronteras siempre fueron divisiones artificiales para separar a los seres humanos”.
-El racismo es una enfermedad contagiosa, un virus que se extiende fácilmente. En los momentos de recesión económica, de crisis, los racistas se crecen. Hay un caldo de cultivo en la sociedad que lleva entonces a la creación de un chivo expiatorio, de alguien en quien descargar la ira, la indignación, la preocupación. Los gitanos casi siempre hemos sufrido eso.
-Hay muchos tipos de racismo que se van superando, pero el prejuicio hacia los gitanos parece que sigue arraigado en buena parta de la sociedad.
-A los gitanos se nos ve. Algunos como yo, con la piel menos morena, disimulamos más, pero somos una minoría visible por antonomasia. Ha llegado un momento en el que el racismo contra los gitanos parece que se ha convertido en una especie de mal endémico. Convivimos con ese racismo desde los Reyes Católicos: en el año 1499 Don Fernando y Doña Isabel dictan la primera pragmática en contra de los gitanos y desde entonces se han venido sucediendo una serie de disposiciones hasta Carlos III. Después ya es otro tipo de discriminación.
-¿Y porqué es eso?
-El racismo contra los gitanos forma parte casi del diario vivir de una parte de la sociedad y cuesta batallar contra él. Ha llegado a infiltrarse de tal manera en la sociedad que una madre buena y cariñosa le dice a su hijo “se bueno o vendrá el gitano y te llevarᔠo “estás más sucio que un gitano”. Ha llegado a formar parte del sambenito, de una imagen colectiva que cuesta mucho trabajo quitar. De muy poco nos van a servir las guarderías, las escuelas, los cursos de desarrollo comunitario y los programas de promoción de la mujer, de potenciación de la salud -todas aquellas cosas que se hacen cuando se dirigen a una población fundamentalmente necesitada, pobre y analfabeta- mientras no logremos cambiar esa imagen.
-Precisamente esa imagen responsabiliza a los propios gitanos de su marginalidad.
-El análisis de los hechos dice que hay una parte de rechazo por parte de los propios gitanos, no sé si justificada o no. Formamos un pueblo que a lo largo de la historia ha sufrido tanto -y que sigue sufriendo todavía- que ha instalado a su alrededor una especie de muro que, en términos sociológicos, se llama autodefensa. Tal vez sea por eso que oímos tantas veces aquello de “los principales racistas son los gitanos, son ellos los que no se quieren integrar”.
-¿Hay un conflicto entre el concepto de nación gitana y el funcionamiento del Estado?
-En febrero de 1979 las Naciones Unidas nos dieron exactamente el mismo reconocimiento que en aquel entonces tenía la OLP de de Arafat. A diferencia de los palestinos, los gitanos no pedimos ningún territorio así que el reconocimiento de nuestro pueblo, de 14 millones de personas y extendido por todo el mundo, es textualmente el de “minoría cultural no gubernamental”. Esto quiere decir que los gitanos españoles somos españoles y queremos seguir siendo españoles y no queremos ser otra cosa.
-¿Qué une a todos los gitanos entonces?
-Un sentimiento, una cultura y una lengua común que hemos mantenido a lo largo de los siglos. Unas costumbres, unas tradiciones y el sentimiento de pertenecer a una misma familia, a una misma fraternidad. Los sentimientos son libres, no tienen fronteras. Yo antes que ser andaluz, de Cádiz, de Puerto Real e incluso antes de ser gitano, que soy todo eso, soy un ciudadano humano investido de un principio de dignidad que me iguala a ti. Y a ti a mi. Y esos principios de dignidad están por encima de todo lo demás, por encima de nacionalismos de vía estrecha, por encima de los estados. Para nosotros las fronteras son la dificultad de las montañas o de vadear los ríos.
-¿El nomadismo dificulta la integración de los gitanos?
-Quedan muy pocos nómadas, yo diría que de la población gitana queda el 10 %. No ha de ser un motivo de especial dificultad para la integración de los gitanos en el resto de la sociedad. Quedará como una imagen romántica de los gitanos.
-Ahora muchos gitanos viven en lugares donde se concentra la marginalidad.
-Los más pobres sí, claro, viven en el lumpen, en las conurbaciones de las grandes ciudades. Pero también es verdad que la lucha contra el barraquismo gitano, especialmente desde que llegó la democracia, ha sido muy eficaz.
-¿Es imaginable un pueblo gitano con identidad propia pero más disperso, integrado mayoritariamente en comunidades no gitanas?
-Yo pienso que sí, que la gitaneidad -la romipen, como se dice en romanó- siempre irá paralela al nivel de formación humanística que se tenga. A medida que creces, te desarrollas, haces una carrera o ejercitas un oficio y eres una persona que responde a unos patrones comunes de la gente mínimamente culta de la sociedad podrás seguir manteniendo tus señas de identidad. A veces me preguntan la definición de gitano y no sé cual es… Al final, después de pensar mucho, la que más me gusta es que ser gitano es tener un estilo de vida gitano.
-También hay tópicos en sentido positivo sobre los gitanos, como su alegría o su arte.
-Me da mucho miedo que pueda prevalecer algo que yo llamo la discriminación de la indiferencia. Si el gitano sale artista, torero, bailaora, pintor, la sociedad paya que buena y generosa es que se rompe las manos aplaudiéndole y le tiene allá arriba. Lo hacen sinceramente, sin ningún tipo de prejucio y les importa un carajo que sea gitano. Es más, hasta le ven una gracia al hecho que sea gitano. Pero si, al mismo tiempo hay miles de gitanos que se mueren de hambre en la conurbación de las grandes ciudades, si sigue habiendo un 40% de niños y de adultos que no saben leer ni escribir, si seguimos ocupando el último lugar en el ránking de desarrollo, si tenemos la infravivienda, si los sueldos que ganan los gitanos son los más pequeños y el índice de paro el mayor de este país…
-¿Las administraciones están tratando de corregir esta situación?
-Siempre se puede hacer más, pero no sería justo dejar de reconocer que la administración está trabajando con eficacia. Desde ese punto de vista, quiero rendir tributo y reconocimiento al gobierno de Cataluña. Nos escucha, cuenta con nosotros. El plan catalán de desarrollo del pueblo gitano está hecho por la administración pero por los gitanos también. La catalana es una administración absolutamente abierta… y la política gitana está en manos de Esquerra Republicana de Cataluña. ¡Nunca hemos sido mejor tratados! Esa es la realidad.
-¿Cómo está afectando a vuestra comunidad la llegada de gitanos de Rumanía?
-De todos los problemas que los gitanos tenemos en estos momentos en España el más importante es el de la población rumana que convive con nosotros. Primero, porque son muchísimos: la población gitana de Rumanía está cifrada en tres millones de personas y Rumanía es ya un país de pleno derecho en la Unión Europea. Todos los rumanos tienen libre circulación, igual que los españoles. Por lo tanto, la presencia masiva de gitanos rumanos entre nosotros comporta, como mínimo, una distorsión visual. Estas familias, estos hombres, estas mujeres, y esto es lo grave, viven como vivíamos los gitanos españoles hace 30 años.
-En la declaración que acaba de aprovar por la Comisión Europea sobre los gitanos se menciona mucho la integración. ¿Qué tipo de costumbres gitanas se mantienen hoy en día?
-La boda por el rito gitano es una de las costumbres que está evolucionando. Sigue celebrándose, pero los gitanos no estamos en una burbuja, estamos en este mundo que evoluciona a una velocidad espantosa. Hacer que algunas costumbres se mantengan en esta sociedad de cambio vertiginoso que duda cabe que es difícil. Un pueblo de cultura ágrafa que ha sido capaz de mantener sus señas de identidad y su lengua durante tantos siglos ahora se siente zarandeado por todas partes. Tenemos que hacer un ejercicio muy importante para mantener aquello que merece la pena ser mantenido: la romipen, la gitaneidad. Esto es, el respeto a los mayores, el no llevarlos a los asilos; la palabra dada: entre los gitanos no hacen falta documentos escritos… Todas esas cosas que son hermosas y que merece la pena conservar y transmitir al resto de la sociedad. En este sentido, sería bueno que los payos se hicieran todos un poco gitanos.
-¿Qué otras cosas de la tradición gitana sería bueno que se preservaran?
-Son cuatro cosas. El respeto de los hijos hacia los padres, para el buen hijo gitano el mandamiento de su padre es palabra de Dios. La veneración a la ancianidad. Se dice que cuando muere un gitano viejo se quema toda una biblioteca, toda una sabiduría.

historias de hortaleza

Lucía Jiménez Jiménez

Lucía y Adela Jiménez Jiménez, viven en el Barrio de los Ángeles con y para su madre. A través del escrito de la una y la entrevista de la otra nos dejan ver como viven y como sienten dos mujeres gitanas de hoy.

Mi hermano solía salir los viernes y los sábados de fiesta con sus amigos y un día de esos días conoció a una paya con la que empezó a salir.

Nosotros nos enteramos unos meses después de que estaba con ella pero al enterarnos no pensábamos que fuese a ser un noviazgo en serio, cuando de repente, a los cinco o seis meses la trajo a casa para que la conociésemos.

La impresión que nos dio es que era muy tímida, apenas hablaba, y se ponía muy nerviosa cuando la decíamos algo. Y claro a nosotros nos gustan más entrantes, porque nosotras cuando entramos a la casa de nuestros suegros, para ganarnos su cariño, nos ponemos a echar café a los suegros y a los cuñados.

Esa es una de las maneras de ganarnos a la familia de los maridos y no demostramos que tenemos lache.

Sin embargo las costumbres de mi cuñada son distintas a las nuestras.

Lucía Jiménez Jiménez

Proyecto Puente Hortaleza

Muerte en el acantilado era el título de un reportaje escrito por Javier Cuartas (véase EL PAÍS del 10 de diciembre último) acerca de la desaparición de cuatro niños que cayeron al mar cuando acompañaban a su madre en una paseo por los acantilados de La Peñona, en la población asturiana de Salinas. En la narración, Cuartas decía: «María Jesús Jiménez, de 28 años y de raza gitana, madre de cuatro hijos y casada con un albañil en paro (José Antonio Leiva, de 46 años, natural de Jaén y de raza paya), del que actualmente estaba separada…».Desde Suiza, el lector Hernán Rodríguez-Campoamor escribe al periódico para lamentarse: «Era de esperar que en ese diario se hubiera terminado con el tema racista respecto de los gitanos, pero, por desgracia, no sólo se reincide, sino que ahora se inventa la raza paya, denominación impagable que supongo habrá aparecido en esas páginas por primera y última vez».

«Raza paya» resulta, en verdad, una «denominación impagable», nueva en las páginas del diario (como payos son todos lo que no son gitanos, en la raza paya habrá que incluir al resto de la humanidad, lo cual simplificaría mucho el traba o de los etnólogos); lo de «raza gitana», sin embargo, se ha escrito más de una vez, contraviniendo el mandato del Libro de estilo: «Los gitanos no constituyen una raza, sino una etnia con rasgos físicos y culturales comunes», dice. «No puede hablarse, por tanto, de un individuo de ‘raza gitana’. El hecho de que una persona sea gitana no debe citarse en las informaciones a no ser que constituya un elemento. fundamental de la noticia». ¿Era fundamental consignar que la madre de las criaturas era gitana? Parece que si: el reportaje se hacía eco de la solidaridad que habían expresado a la familia Jiménez «representantes de toda la comunidad gitana de Asturias». Pero lo de «raza gitana» no debió escribirse.

El Diccionario de la Real Academia Española explica así la palabra gitano: «Dícese de cierta raza de gentes errantes y sin domicilio…»; pero la norma del periódico es tajante al respecto: no puede hablarse de un individuo de raza gitana.

El autor del trabajo admite y lamenta el lapsus, que vulnera el Libro de estilo, «cometido al intentar describir el entorno social de la familia de las víctimas y las extrañas circunstancias, como declaró el juez», que rodearon el suceso: la madre, gitana, y el padre, payo, habían mantenido «aparentemente, una fuerte discusión poco antes de la tragedia».

La misma explicación del fallo ofrece el equipo. de edición que elaboró finalmente el texto de Cuartas.

Sexismo

El Libro de estilo de EL PAÍS, que ha alcanzado ya siete ediciones (está en preparación la octava), ha sido muy difundido, y son numerosos los lectores que lo conocen; no faltan los que leen el periódico con ojo crítico en función de las normas que contiene -que son de obligado cumplimiento para los redactores- y acuden al Ombudsman en demanda de rigor en su cumplimiento.

Entre las quejas de éstos hay una reciente que no se refiere a algo publicado, sino a una clara contradicción que ha advertido en el mismo Libro.

El principio 1. 14 del manual dice que «nunca deben utilizarse palabras o frases que resulten ofensivas para una comunidad». «Pues bien», escribe Álvaro García Meseguer, «en el apartado 7.18 se dice lo siguiente al hablar de visitas oficiales: ‘Por lo general, en las visitas oficiales a España, el jefe del Estado extranjero y su esposa (si es que le acompaña) son recibidos en el aeropuerto…’. Al mencionarse a la esposa del jefe del Estado se está ofendiendo al colectivo de mujeres, ya que se excluye la posibilidad de que tal colectivo genere jefes de Estado (cosa que, por cierto, ya ha sucedido y sucede)». Sucede, en efecto. Valgan los nombres de Corazón Aquino, presidenta de Filipinas, o Violeta Chamorro, presidenta de Nicaragua, por poner dos ejemplos de jefas de Estado.

Tiene razón García Meseguer. «El sexismo del párrafo», propone, «es fácil de solucionar: basta con cambiar esposa por cónyuge». Así se hará en la próxima edición, que saldrá este año de 1992.

El teléfono directo del Ombudsman es el 304 28 48.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de enero de 1992

Las actrices de ‘Carmen y Lola’: «Ser mujer es más difícil que ser gitana, es lo peor»

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Viven a hora y media del centro de Madrid, en los márgenes de la urbe, pero estos días prefieren pensar que lo hacen en una burbuja. Rosy Rodríguez y Zaira Romero, Carmen y Lola respectivamente, se definen por dónde están: nominadas al Goya a la Mejor Actriz Revelación; y por lo que son: primero mujeres, gitanas, mercheras o actrices después.

Las intérpretes, que hasta hace dos veranos habían coqueteado con el modelaje pero cuyas aspiraciones no apuntaban al cabezón, son las protagonistas del amor prohibido que dirige con pulso neorrealista Arantxa Echevarría en Carmen y Lola. El pasado verano, cuando la directora explicó a EL MUNDO el proceso de cásting, palabras como «carisma» y «valentía» eran las más recurrentes.

El arrojo al que hacía referencia la realizadora, más allá de dar el paso y ponerse delante de las cámaras sin experiencia previa, pasa por algo tan trivial como fumar en pantalla: «A día de hoy, sigo escondiéndome el cigarro cuando veo a un gitano por la calle», confiesa Rodríguez. Romero, que se declara «más abierta de mente», no ceja en reivindicar su condición de merchera, una categoría distinta a la gitana pero que comparte muchas similitudes culturales: «No me molesta que la gente se confunda, me molesta que me señalen y me encasillen. Me molesta que digan ‘mira, ahí va la gitana’, porque soy y somos mucho más que eso».

Lo que la actriz que da vida a Lola, la más joven de las jóvenes lesbianas de la película, resume en un simple «eso» encierra un sinfín de prejuicios racistas y clasistas que han querido volcar en su interpretación: «Hay una escena», explica Rodríguez, «en la que mi personaje va a buscar trabajo y la miran con desprecio después de preguntarle si es gitana. Eso me ha ocurrido a mí también».

También el «eso» mira hacia la propia industria audiovisual: «Nos avergüenzan programas como Los Gipsy Kings (Cuatro), donde se deja a todos los gitanos de cutres, materialistas o extravagantes», explican complementándose. La solución al choque, según Romero, pasa por la integración: «Si no convives día a día con alguien te va a parecer un extraterrestre».

A pesar de pertenecer a dos colectivos poco representados en la ficción, ambas nominadas tienen claro que hay un factor mucho más determinante en su día a día: «Ser mujer es más difícil que ser gitana», dice Rodríguez, y Romero la apoya: «Ser mujer es lo peor. Entre payos también me parece más difícil ser mujer».

El machismo, según las nominadas, «llama más la atención entre los gitanos y entre los mercheros, que entre los payos». Rosy Rodríguez, que ahora sí se desmarca para dar su opinión personal, lo intenta explicar: «Hay costumbres gitanas que no son machismo, son tradición. Nosotros somos de tradiciones. Nosotros, si tiene que fregar un hombre, lo hace, pero en una casa no se suele ver». Zaira Romero, que le devuelve una mirada contrariada, le responde que hay tradiciones con las que está en «total desacuerdo», como la prueba del pañuelo. Rodríguez, solo entonces, matiza: «Puede que sea machismo, pero no es cuestión de machismo o feminismo. A mí también me gustaría que mi marido llegara virgen al matrimonio, pero la prueba del pañuelo es algo muy bonito. Si yo no quisiera haber pasado por eso, me habría casado con un payo y no con un gitano como hice».

En lo que sí están de acuerdo ambas noveles es en su cambio de actitud respecto a la homofobia. «Yo tengo un primo gay con el que no me hablaba y con el que me he reconciliado después de la película», explica Rodríguez, que ahora recibe varios mensajes a la semana de jóvenes homosexuales que se han visto representadas en la película. Romero, cuya crianza no evangélica le permitió seguir sorprendiéndose con los procesos de «curación» o «exorcismo de la homosexualidad», cuenta que siempre le había chocado «ver a dos hombres besándose por la calle», pero que con la película ha aprendido a «comprender esa realidad y respetarla». «En nuestras culturas, los hombres son muy machos y nunca van a querer mostrar nada asociable con la feminidad», remata.

Recién llegadas a un mundo como el de la actuación, que consideran «demasiado farandulero y falso», las intérpretes confiesan haber sufrido grandes decepciones personales: «Sin dar nombres, aunque se lo merecerían, hay quien ha rechazado posar en una foto con nosotras hasta que les han explicado en qué película salíamos o quiénes éramos», explica Romero. «Ahí es cuando te das cuenta de cómo se lleva el postureo y cómo cada cual mira por su imagen», afirma soliviantada la actriz que da vida a Carmen.

Eso sí, del rodaje solo se llevan cosas buenas: «Ahora tenemos dos familias, la normal y la de la película», se solapan. Además de su doble nominación, el filme también opta a seis premios más, entre ellos el de Mejor película y Dirección novel.

En una carrera por el Goya en la que compiten contra la favorita Eva Llorach y contra Gloria Ramos, la carismática Collantes de Campeones, las protagonistas de Carmen y Lola se dan por «satisfechas» por haber entrado en la pelea, pero lo consideran solo un paso más. Mientras Rodríguez está aún cerrando proyectos, Romero ya está rodando su segundo largo, El silencio del pantano.

Antes de marcharse para seguir con una apretada agenda que las lleva de una sesión de fotos con abrigos de piel hasta la proyección de la película en un barrio obrero, Rosy y Zaira, «Carmen y Lola», lo repiten una vez más: «Todas las gitanas deberían estar orgullosas de la película».

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Gitanos los hay de todas condiciones:honrados,trabajadores,universitarios…vividores,drogatas,delincuentes.
Un porcentaje de ellos,como las chicas estas,en su día optaron más por vivir como payos que como gitanos.La mayoría sigue apegada a sus costumbres,en grupo endogámico,con sus tradiciones,leyes y costumbres.Quieren que haya un respeto a su arquetipo de vida pero a la par beneficiarse de lo que la sociedad paya ofrece a los menos favorecidos.
El tema de una disciplina laboral muchos lo llevan mal,otros como los demás.
Si no me han engañado,su concepto de grupo etnico-cultural se basa en los gitanos y payos (el resto de la humanidad, y cuando no nos llaman jambos despectivamente).A veces miran de reojo a otros congeneres suyos venidos de otros pagos (p.e.:los gitanos rumanos,los hungaros antaño,los portugueses,…)
Que un payo no se beneficie a un gitana (que ha de llegar virgen al matrimonio),pero ellos si a las lacorillos que como son payas da igual.No les suele hacer bastante gracia lo de los matrimonios mixtos,asunto que los payos lo llevan mejor ya que se fijan más en los valores de la persona que en su origen racial.
Jode que a los que tenemos un matrimonio mixto como éste,ellos llamen a nuestros hijos mercheros,cosa que a los payos ni se nos ocurre mentar.Bien por ellas,tal vez dentro de un siglo cambien de opinión,idiosincracia o como coño queramos llamarlos.

«Cuando las payas estaban en casa cuidando de sus hijos, la mujer gitana ya trabajaba fuera»

Virginia es cuarterona o mezclada . «El que era gitano-gitano era mi abuelo», subraya. Ella primero estudió Relaciones Laborales y luego se sacó el grado en Ciencias del Trabajo. Trabajó 10 años de camarera para pagarse sus estudios. Sobrina del Tobalo el de la burra, un personaje muy popular en Écija, y descendiente de tratantes de ganado. En el Congreso de los Diputados es portavoz de Infancia.

María Rubia nació y se crio en Sant Boi del Llobregat. «Quizás mis rasgos nunca me identificarían con el prototipo de mujer gitana. Pero en el colegio siempre fui María la gitana porque la mía era prácticamente la única familia gitana que había en el barrio. Estuvo 15 años trabajando como mediadora social y forma parte desde hace cuatro del Consejo Municipal del Pueblo Gitano de Barcelona. En julio asumió su vicepresidencia: «El racismo nos sale muy caro», afirma, como si no fuera suficiente con los argumentos al uso para defender políticas inclusivas. «Hacen falta muchos recursos, muchas estructuras, mucho activismo y muchos programas para luchar contra un antigitanismo que, en España, tiene 600 años». «Es curioso que los planes interculturales se hayan activado a raíz de la llegada masiva de inmigración extranjera. Pero los gitanos llevamos aquí 600 años y la única integración que se nos ha propuesto ha sido siempre la de la asimilación, la de la eliminación de nuestras señas culturales».

Los promotores escolares de la Fundación Pere Closa o la red de agentes antirrumores contra el antigitanismo de Barcelona trabajan para separar el grano de la paja en el imaginario colectivo. «Porque no es cierto que cuando un niño gitano no va a la escuela sea por una cuestión cultural, ni es cultural el autoempleo. Ambas cosas son el resultado de generaciones y generaciones de exclusión y de antigitanismo».

La gitana que pinta la diversidad y la integración

“Mi padre es gitano y mi madre paya. Yo me he criado entre dos aguas y a veces es complicado encontrar tu sitio”. A su madre la llamaban la rubia y a su padre el negro. Sandra Carmona Durán tiene 35 años y es de Málaga. Tiene los ojos azules, la piel blanca y el pelo tirando a claro. Sandra es una orgullosa gitana por parte de padre.

Vive en el barrio de Santa Rosalía-Maqueda a las afueras de Málaga, en la zona del interior. Como ella misma dice nada más abrirme la puerta: “Esto es campo”. Vive en el piso de arriba de una casa campestre con cuatro gatos. Tiene también un pequeño huerto y una gallina. Para ella es importante vivir en el campo, le encanta.

Me dice que es tímida y que lo que más le preocupa de contar su historia son las repercusiones que pueda tener en su familia.

Encontrar tu sitio entre gitanos y payos

Al principio Sandra sentía que no encajaba “ni aquí ni allí”, ni entre payos ni entre gitanos. “Empiezan a enseñarte que las cosas de la familia gitana es lo salvaje, lo sucio, lo de que no sabes comportarte. Y que todo lo payo es lo fino, y mira cómo habla, se cree más que nadie”. A Sandra le llegaban estos mensajes por parte de sus familias materna y paterna. “Mis padres se separaron cuando yo tenía 9 años. Me he criado en esta barriada con mi madre y en Cártama con mi padre. Yo llegaba aquí y era la salvaje, y cuando iba a Cártama era la fina, la pija”.

Está sentada en su amplia cocina con las piernas cruzadas sobre una silla. Es agradable, tranquila y cuidadosa. La preocupación por no herir a nadie de su familia está presente durante toda la charla. No mide sus palabras, pero sí está pendiente de cómo hacer llegar su mensaje de manera que no resulte ofensivo.

“No tuve una infancia fácil. Mi madre para mí es un ejemplo de fortaleza, ha luchado muchísimo”. En aquella época interiorizó que todo lo que había vivido de la parte gitana era doloroso, no que ser gitano fuera malo, sino doloroso. Ahí empezó un desapego de lo gitano. “Soy hija única. En la adolescencia tenía muchos conflictos emocionales y de identidad, y para mí apartarme del dolor era apartarme de la parte gitana. Pero no renegar de raza. Era algo mío personal y tampoco quería dar explicaciones de si era gitana, así que no decía ná”.

A este alejamiento de lo gitano contribuyó su propio padre. “Me decía que con un gitano no me fuera a ir, que él lo había pasado tan mal siendo gitano que no quería que yo pasara lo mismo. ‘Tú no pareces gitana, no tienes la necesidad de pasarlo mal’, me insistía. Todo esto lo hemos hablado después y es cuando me ha explicado por qué me decía lo que me decía”.

Cuando era pequeña Sandra no entendía nada de gitanos y payos, ocurrían cosas a su alrededor que se escapaban a su comprensión. Como que su padre le dijera lo que le decía. “Me acuerdo un día que yo estaba en la escuela, en el patio, y vino mi padre a verme por la reja y la profesora dio la alarma. Me llamaron de dirección para ver quién era esa persona porque había profesores que no sabían que mi padre era gitano. Me dijeron que si quería hablar con una asistente social y yo no entendía nada”.

Sandra iba notando cosas y todas relacionadas con ese dolor vinculado a lo gitano. Estas cosas “hicieron en mí que yo hasta hace poco firmara como Durán”, –anulando su apellido gitano Carmona–. Y así firmó desde que era adolescente hasta hace un par de años. “Como tuve muchos conflictos en la adolescencia por tener padres separados y pensaba que todo lo gitano me hacía daño, empecé a firmar como Durán”. El tiempo transcurrió y “he pasado de estar enfadada con esa parte de mí, a decir: yo soy esto y yo no tengo la culpa, la tenéis vosotros” por el trato que da la sociedad al pueblo gitano.

Sandra vive en el campo con cuatro gatos, una gallina y tiene un pequeño huerto.

Orgullo gitano

A pesar de no haber usado el apellido Carmona durante años, lo de Sandra no fue una ruptura. No llegó a desvincularse, por eso le dolía cuando oía según qué cosas en relación a los gitanos. “Siendo adolescente ya empiezas a escuchar cosas que te afectan y yo siempre he estado muy orgullosa de ser la hija de mi padre por cómo es mi padre”.

Sandra recuerda que “estaba en la escuela, en ESO, y un niño se puso a hablar de que éramos flojos, que teníamos piojos, que éramos unos puercos. El niño se pinchó el dedo con un compás y me dijo: ‘mira, esta sangre es sangre limpia’. Y se me quedó grabado. Fue de los primeros comentarios que más me chocaron. Qué conciencia podría tener este niño, porque éramos muy pequeños… supongo que sería lo que oía en casa. Y luego ya veinte mil cosas más, y si yo estaba enfadada, saltaba”.

A día de hoy Sandra es una orgullosa gitana. Incluso su padre ahora está orgulloso “de que yo hable de la comunidad gitana”. Pasó de advertirle sobre lo que suponía ser gitano a decir con satisfacción: “Mi niña trabaja con la comunidad”.

Sandra lleva en su mano izquierda una pulsera con la bandera gitana. Bandera que simboliza también el tipo de vida que es muy importante para ella: “El estar unida a lo rural. Yo salgo aquí fuera”, dice señalando el campo, “y a mí me da la vida”. Sandra se considera de pueblo, afirma que su barriada es como un pueblo y es cierto. “Yo quiero seguir en lo rural y dar vida a lo rural”. No comparte en absoluto la realidad urbanita, “en las ciudades cada vez hay un sentimiento más grande de soledad aunque viva un porrón de gente junta en el mismo edificio”.

Precisamente eso es lo que más le gusta a Sandra de los gitanos, el sentido de comunidad, “que te abren las puertas de las casas”. A Sandra también le encanta una juerga flamenca. De su padre ha heredado su cultura musical, que incluye a Bob Dylan, Patti Smith o The Velvet. Y a los dos les encanta también el flamenco. “Me encanta bailar, pasármelo bien. Yo tengo primas que bailan mejor que yo, pero no importa, lo importante es divertirme. No hay ese corte ni esa timidez. ‘Con lo paya que parece qué bien baila’, han llegado a decirme a veces”.

Estereotipos gitanos

“Al crecer no he llegado a sentir que no estaba integrada en la sociedad, pero es por mi aspecto físico”. Sandra no encaja en los clichés, estereotipos, prejuicios o ideas preconcebidas de lo que se supone que tiene que ser una gitana. Pero no son solo los estereotipos que tenemos los payos, sino que también hay gitanos que creen en estos clichés. “No encajo en el estereotipo gitano. Para mí el hecho de que el ser gitana conlleve hablar de una manera, me supera”. De hecho, Sandra no solo no tiene el más mínimo deje gitano, sino que tiene poco acento malagueño.

Sandra tampoco soporta los estereotipos de la manera de comportarse o expresarse que se supone tienen los gitanos o el cliché de que son poco higiénicos. “Yo he entrado con mi padre a algún supermercado y automáticamente el de seguridad detrás. Que te vamos a engañar, timar, todo eso me molesta mucho”.

En su caso “el problema viene porque si tú no tienes esos rasgos, ya no perteneces. Pasa con gitanos y payos. Tenemos que ser morenas, ojos negros, con los corales y el moño. El moño es importante. Yo a veces siento que tengo que demostrar en la parte gitana que soy gitana, y yo quiero que me vean como igual para integrar la idea de la diferencia. El hecho de que yo sea diferente hace que algunas de las mujeres se planteen cosas. Algo que en su mente no está, pero al conocerme se lo plantean. En mi familia paya también está el ‘ay, hija por qué te está interesando ahora lo gitano’. Pero yo creo que tengo el mismo derecho y me afectan y me enfado por los prejuicios gitanos. Me duelen como a cualquier gitana y me tengo que preocupar”.

“Yo soy gitana por parte de padre y paya por parte de madre, ¿qué tengo que hacer para ser gitana según tú? El problema no es mío, es tuyo. Cuando me dicen que no soy gitana –ya sean payos o gitanos– me molesta porque soy yo. Para mí lo ideal es que digan: pues ya está, eres gitana. Como si dijera que de parte de padre soy de Washington, entonces a mí no me dirían tú no eres americana. Como yo he tenido la suerte de tener la piel blanca y de poder estudiar, pues claro, que tengo que demostrar que soy gitana. Pero ahora siento que ya no tengo que demostrar nada a nadie”.

Sandra no soporta muchos de los estereotipos ligados al pueblo gitano.

Diversidad entre las mujeres gitanas

Sandra está encantada y muy ilusionada porque actualmente uno de sus trabajos es con mujeres gitanas a través de Fundación Secretariado Gitano. “Mi objetivo es que ellas entiendan que yo soy igual de gitana que ellas. Que entiendan los estereotipos y que nosotras no podemos ser nuestras propias verdugas y darnos con el látigo entre nosotras. Está tan integrado el estereotipo que hasta entre nosotras mismas decimos que estás apayada, que es no vivir las costumbres gitanas”.

“Es importante que se vea que las gitanas somos muchas y muy diferentes, pero igual de gitanas. Somos más de las que parece que somos, estamos en muchas partes. Todavía hay trabajo por delante, mucho por hacer. He llegado a escuchar hablar de feminismo en India, en África, pero nada de la población gitana, y eso que puede que haya una gitana escuchándote. Si no hablas de nosotras, cómo vamos a existir”.

En su afán por tender puentes entre la comunidad paya y gitana, así como dentro de la propia comunidad gitana, Sandra a veces se pregunta en qué lío se ha metido. Tiene la sensación de que en otros contextos hay más camino recorrido –LGTBI o refugiados, por ejemplo– que en el mundo gitano. “Yo eso es lo que siento, que no se conoce tanto la situación ni la problemática. Hay que visibilizar a las mujeres gitanas porque no existimos. Dime una gitana que no se dedique al flamenco, a la música, a la farándula… Bueno, ahora está de moda poner una gitana en tu partido político…”, dice con una media sonrisa. “Pero las mujeres no se conocen, son invisibles y es importante que salgan del contexto de la comunidad gitana. Que pierdan el miedo al rechazo y empiecen a hablar de ellas mismas. Nos daremos cuenta entonces de que no hay tantas diferencias. El contexto no es el mismo, pero las mujeres payas y gitanas tenemos muchas cosas por las que pasamos que son iguales. Hay que escuchar de verdad a las mujeres, apoyarnos entre nosotras”.

“Yo como gitana –ella viene de una familia que no sigue al pie de la letra todas las tradiciones– hay cosas que tengo que decir con mucho tacto. Yo no soy más gitana si me hago el pañuelo, si me piden, si me caso con un gitano, si vivo dentro de todas las tradiciones gitanas. Y eso hay personas en la comunidad gitana que no lo entienden y es normal. Hay personas que respetamos esas costumbres pero no las hemos vivido ni estamos en ese punto. Tienes que entender a la que te dice eso y a la otra. Guardar la honra, por ejemplo. Mi tía dice ahora que ella le guardó la honra al abuelo, pero que no quiere eso para su nieta porque conlleva muchos conflictos. Se debería tener en cuenta qué quieren ellas, aunque a veces son tan niñas que tienen un criterio prefabricado. Yo he visto a niñas que te dicen que no quieren pañuelo pero que lo van a hacer por sus padres, para que estén orgullosos de ellas. Y tú tienes que entender que lo haga o no lo haga, yo soy igual de gitana que tú. Y claro que el pañuelo me choca, me gustaría que avanzar en las tradiciones no fuera perder tu identidad. Pero esto es muy difícil, hace falta apertura de mente, perder el miedo a integrar la palabra cambio e integrar que dentro de la comunidad hay gente que no piensa como tú”.

“Yo respeto todas las posturas porque pienso en mi familia. Yo quiero respeto y he aprendido a respetar. Si tú como minoría no eres capaz de interiorizar el respeto, malamente lo llevas”.

Gitana, lesbiana, feminista

Así se define Sandra. En cuanto a diversidad, ella va servida. Sandra es feminista por “cómo he visto a mi madre luchar. He visto contextos muy machistas y desde adolescente yo ya sabía que las mujeres teníamos que tener nuestros derechos. Lo tenía súper claro. Hay machismo en el lado gitano y en el payo. En el gitano lo de guardar la honra, el pañuelo, que se le obliga a ella a ser virgen y no a él. A mí eso me choca mucho”.

En cuanto al hecho de ser lesbiana, Sandra se sintió muy sola al principio. “Cuando me empezó a gustar una niña y no sabía a quién decírselo. En esa época yo era súper homófoba”, dice con una carcajada, “para que no dijeran nada de mí” y no levantar sospechas sobre su condición. “Pero duró poco”, añade con una sonrisa divertida. “Yo también he vivido en un contexto payo y eso me da fuerza para decir: soy lesbiana. Me ha costado llegar a este punto pero ya hay cositas que se han superado”.

Su padre es “súper colega de mi pareja. Se siente orgulloso de ella. Mi padre se ha criado con leyes gitanas y no es homófobo. Le costó al principio y todavía hay cosas que tiene que integrar”, pero tienen una relación muy buena. Así que de nuevo no todos los gitanos son iguales, aunque Sandra conoce a “personas que se han tenido que ir de casa por su homosexualidad. Yo tengo el apoyo de mi familia –y aun así tiene familiares payos y gitanos que no lo entienden–, pero hay más personas como yo que necesitan ese apoyo. No los rechaces, ese es el mensaje que quiero dar. Se pasa muy mal y se sufre mucho, así que no rechaces a alguien que has conocido y querido, es tu hijo, tu primo, tu amigo… Que los apoyen y que los quieran porque son la misma persona que eran”.

“Lo cuento por si alguien se puede sentir identificado conmigo para que no se sienta tan solo. Si siente un rayito de luz, yo me doy por satisfecha. Que sepan que hay personas en su misma situación que pueden ayudarles, apoyarles”. Sandra sueña con tener un espacio al que “estas personas puedan acudir y sentirse a gusto, así como sus familiares, porque se necesita un apoyo que no existe”.

Sandra es ilustradora y lleva en su mano izquierda una pulsera con la bandera gitana.

Integración entre payos y gitanos

Sandra cree que si se da a conocer la comunidad gitana y su diversidad, empezará a haber cambios. A ella le da rabia que los payos se pregunten por qué los gitanos no quieren integrarse. “¿Qué sabe la gente sobre la historia del pueblo gitano? Llevan siglos queriendo ser exterminados por ti, payo. Aquí no conocemos la historia de los gitanos. En el siglo XVIII hubo un decreto de exterminio, se nos quería borrar del mapa. Llega la Segunda Guerra Mundial y existe un holocausto gitano”. Según Secretariado Gitano, se calcula que entre medio millón y un millón de gitanos fueron asesinados en los campos de exterminio nazis. “Luego viene aquí la Ley de vagos y maleantes que también afecta a los gitanos, y ¿quién sabe todo eso hoy?”.

“No es fácil integrarse cuando has sido un pueblo oprimido durante siglos y ahora convives con el opresor. Y el opresor ni siquiera sabe que es opresor. Si conoces el pasado, quizás entiendas mejor el presente. Claro que yo también tengo que integrarme, pero no es lo mismo ser el pueblo oprimido que el pueblo opresor. A ti tu padre no te dice que no seas paya. El mío sigue viviendo ese miedo y ese rechazo por ser gitano y no lo quiere para mí”.

Así pues, lo que menos le gusta de los payos es que piensen que los gitanos no se quieren integrar. Y dicho esto añade que lo que menos soporta de los gitanos es que piensen que los payos no los van a integrar. “Y ese bucle es eterno. Pero no es así, hay payos dispuestos a esa apertura. Hay gente que quiere integrarse y que quiere integrar”.

Sandra es técnica de caracterización. Es una apasionada del arte, aunque como desde pequeña le dijeron que de eso no se vivía, se pasó 12 años trabajando en una empresa. Estudió Magisterio también porque le encanta la enseñanza. “Para mí la educación es la base de todo”. También hizo un ciclo superior de ilustración, por lo que Sandra a día de hoy se considera artista e ilustradora, además de profesora de dibujo e ilustración. También da clases a mujeres gitanas en distintas ciudades con Secretariado Gitano. “Me puedes quitar un plato de comida pero no me puedes quitar un lápiz y un pincel. El arte es lo que me ha ayudado, lo que me mantiene viva, lo que me ayuda a levantarme cuando me he caído. No es un hobby, es aire, mi aire”. Pero no es solo arte. El compromiso de Sandra con la integración y el respeto a las personas lo lleva también a la escena laboral. “Me encantaría unir la intervención social y el arte. Intentar cambiar las conciencias a través del arte, eso es para mí la ilustración”. Recientemente ha ganado el concurso del cartel de la Feria del Libro de Málaga.

El arte como forma de cambiar conciencias. “Y me gustaría también que lo que yo cuente hoy les haga una lucecita en la cabeza –a su entorno gitano–: es gitana, es lesbiana, es feminista y no pasa nada. Necesito además que la gente se interese por la comunidad gitana, la tiene al lado. Para mí es importante que haya esa apertura por las dos partes: gitanos y payos”.

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