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Mi hija se masturba

Niños: la sexualidad entre los 7 y 11 años de edad

Los niños comienzan a ser más conscientes de las normas sociales a partir de los 6 años de edad y ello les permitirá comenzar a regular su comportamiento respecto a su lenguaje y sexualidad. Es en esta etapa cuando comienzan a ser más pudorosos y recatados, y por ello se dan cuenta que palabras se consideran malas y que no pueden exponer su cuerpo ante amigos sabiendo lo que es privacidad.

Es así, que comienzan a tener curiosidad sobre la sexualidad de las personas del otro sexo distinto al que él o ella tiene. Comienzan a explorar pero con más cuidado, porque temen ser ampayados por los adultos, siendo aún una curiosidad sana y que se agudiza cuando quieren saber más sobre el comportamiento sexual de los adultos o que ellos vivirán en pocos años, eso significa que van aproximándose a la etapa puberal (nombre que evoca a los vellos púbicos que comienzan a aparecer en el cuerpo a partir de los 8 a 9 años. Se vuelven algo usual el querer buscar situaciones con contenido sexual (chistes rojos, bromas sobre genitales o ropa interior, videos, dibujos, revistas, etc. siempre con algún contenido de sexualidad. Así, comienza a aparecer fantasías más ligadas al romanticismo, “enamoramiento” y gustos por otros niños o niñas.

No es malo dar demasiada información. | Fuente: Getty Images

Entonces, en esta etapa, el comenzar a hablarles de sexualidad (que implica además afectos, amor, valores, normas, decisiones, etc. ) les ayuda a manejar sus emociones y la presión de sus amistades. Con una información adecuada pueden tomar control de sus vidas y vivir a futuro relaciones “amorosas” acordes a su momento. Además, que ello les sirve como información de prevención de abusos físicos y emocionales.

¿Es malo dar demasiada información?

No, porque a información no atenta a los niños, niñas o adolescentes a iniciarse sexualmente ni estar pensando en sexo a cada instante. Todo lo contrario, se ha visto que la desinformación hace que no se sientan libres de expresarse y busquen información de forma poco adecuada. Demasiada información la encontrarán en internet u otros lugares siempre que los padres o profesores no les hablen del tema orienten.

Es así, que si desde niños se les comienza a informar y orientar adecuadamente, ya de adolescentes pueden tomar mejores decisiones sobre el sexo cuando tienen la información que necesitan y cuando no hay tabú acerca de lo que se puede hablar en casa. Si consideramos que lo mejor es hablarles cuando sean adolescentes, pues probablemente sea tarde, ya que los niños no viven en burbujas, sino en una sociedad que trae mucha información sin límites de sexualidad.

Es normal jugar a tener novio o novia. | Fuente: Getty Images

Comportamientos sexuales comunes entre los 7 y 11 años

– Tocarse los genitales (masturbación), usualmente en privado.

– Jugar con niños de la misma edad a juegos que involucran comportamiento sexual (como “verdad o consecuencia”, “botella borracha”, “jugar a la familia”, “al novio/novia”)

– Tratar de mirar a otras personas cuando están desnudas o desvistiéndose.

– Mirar fotos de personas desnudas o semidesnudas (en redes sociales).

– Ver, escuchar materiales de contenido sexual a través de medios de comunicación (TV´, películas, juegos, internet, música, etc.)

– Querer más privacidad (por ejemplo rehusar a desvestirse delante de otras personas) y resistirse a hablar con adultos acerca de temas sexuales.

– Empezar a sentir atracción sexual e interés hacia otros niños o niñas de su edad.

– Los pre-adolescentes se preocupan mucho por saber si son “normales” con relación a su cuerpo y sus emociones.

– Los hombres se preocupan por el tamaño de su pene y las mujeres se preocupan por el tamaño de sus senos o glúteos.

– Hablar de temas de sexualidad pero no necesariamente saben qué significa realmente.

Se debe informar con claridad sobre estos temas | Fuente: Getty Images

Información básica que deben tener:

– Información básica sobre reproducción, embarazo y parto.

– Información sobre cambios físicos y menstruación, polución nocturna, masturbación. Hombres y mujeres deben conocer lo que pasa con el otro sexo.

– Riesgos asociados con la actividad sexual.

– Beneficios y placer de la sexualidad

– Salud sexual, higiene sexual

– Información básica sobre métodos anticonceptivos

– La masturbación es común y no está asociada con problemas pero debe hacerse en privado.

– Asegurarles que no hay dos personas iguales.

Es normal compararse con otros adolescentes para saber si se es «normal» | Fuente: Getty Images

¿Qué deben saber como prevención?

– El abuso sexual puede o no puede incluir tocamientos

– Cómo mantener la seguridad y los límites personales al chatear con o conocer a alguien virtual.

– Cómo reconocer y evitar riesgos en situaciones sociales.

– Reglas cuando tienen enamorados/as o cuando tienen citas, reuniones, fiestas, etc.

– Diferencias entre atracción, gusto, enamoramiento, aminovios, amigos con derecho, amor.

– Debemos dejarlos que encajen con sus pares (de su misma edad) pero promover que piensen y tomen decisiones por sí mismos.

– Pautas sobre a dónde acudir y qué hacer en caso de riesgo.

¿Existe riesgo?

¿En ningún caso debe ser motivo de preocupación el hecho de que el pequeño se toque? Desde la AEP explican que, aparte del placer que obtenga, al niño no le pasará nada por masturbarse a menudo. No tendrá ningún daño psicológico, ni será promiscuo, ni se alterará su orientación sexual. «Por supuesto, no tiene ninguna relación con la epilepsia», añaden los expertos.

Y es que, durante la masturbación, muchos niños parecen ensimismados, acalorados, sudorosos, mueven la cabeza o las extremidades de forma rítmica, y al final quedan agotados: con cierta frecuencia, esas señales se confunden con los síntomas de un ataque epiléptico.

Un riesgo (bajo) en las niñas es que se produzca vaginitis -también llamada vulvovaginitis-, sobre todo si se produce mucho rozamiento con objetos duros. Esta inflamación o infección puede ocasionar picazón, dolor en el área genital de las pequeñas. Esto no es, desde luego, la causa de que la niña se toque, sino su consecuencia. Los adultos deben estar atentos por si se produce este problema.

Aceptar y no censurar la masturbación infantil

Por lo demás, los adultos no deberían tratar de censurar esta conducta. En primer lugar, porque, como se ha explicado, no tiene nada de malo. Pero también porque las reprimendas y los castigos no darán como resultado que el niño deje de tocarse: a lo sumo, lo hará cuando esté solo y nadie lo vea. Lo que conviene es enseñarle, con buenas maneras, que no debe hacerlo cuando está en la escuela o en otros espacios públicos.

En todo caso, si los padres creen que el afán del niño por tocarse tiene que ver con el aburrimiento, pueden proponerle actividades para que se entretenga y se distraiga. Explica María Teresa Peinado que «a partir de los cinco años parece que los temas sexuales dejan de interesarle, y esto se explica por la socialización del niño, que debe adaptarse a las normas sociales y culturales que le rodean».

Se estima que, entre los niños menores de cinco años, uno de cada tres se masturba, pero cuando llegan a los siete años lo hace solo uno de cada diez. Las cifras, claro está, se disparan en la adolescencia: según estudios citados por la autora, cuatro de cada cinco niños se masturba con frecuencia a la edad de 13 años.

Peinado apunta también que, en ocasiones, el aumento en la frecuencia de la masturbación de un niño coincide con situaciones de estrés (destete, nacimiento de un hermano, separación de los padres, etc.), con dificultades para conciliar el sueño o con personalidades marcadas por el aburrimiento, la ansiedad o la irritabilidad.

Tocarse sería, en estos casos, «una forma de canalizar las emociones negativas». Los pediatras de la AEP añaden que, en contadas ocasiones, la masturbación está relacionada con abusos sexuales por parte de adultos. A la menor sospecha, desde luego, se debe consultar con un profesional.

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¿Qué debemos hacer cuando descubrimos a nuestro hijo explorando su cuerpo o teniendo juegos sexuales con otros niños?

Muchos padres, maestros o abuelos, tienen la duda del comportamiento sexual en los niños: qué es normal y qué no. Los padres hablan con sus hijos de muchas cosas pero a menudo una de las conversaciones que se esquivan es hablar sobre su desarrollo sexual. Ya desde pequeños los niños y niñas comienzan a explorar sus cuerpos tocándose, estirando y rozando diferentes partes, incluyendo los genitales. Estos tocamientos o masturbación infantil, al principio, tienen como objeto la autoexploración pero, enseguida, tendrán también como objeto el sentir bonito y les causa curiosidad.

Es indudable que, los niños o niñas de estas edades que se tocan, lo hacen porque encuentran sensaciones agradables. No se trata de situarse a favor o en contra, ni de juzgar si es bueno o malo, sino de valorar si la conducta se presenta de forma adecuada o inadecuada. No es igual, ni debemos actuar igual, si la masturbación se realiza, en un restaurante, en un parque público o en el recreo o si lo hace en su casa o a solas en su cuarto.
¿Qué pasa cuando lo hacen con otros niños y niñas?
Es más común de lo que imaginamos que muchos niños y niñas, en algún momento, jueguen a tocarse o a desnudarse y lo suelen hacer por varias razones: por ‘curiosidad’, tanto por el cuerpo propio como por el del otro, ya sea ese otro del mismo o de distinto sexo o por ‘imitación’ de lo que ellos consideran que puede suceder en el mundo adulto y por lo agradable que pueda resultar el juego en sí mismo.
Pero además, ahora, también deberemos estar atentos a que nadie esté jugando a algo a lo que no quiera jugar o con lo que no lo haga sentir bien. Si es un juego, normalmente resulta divertido para los niños o si no dejaría de ser un juego. Estos juegos no tienen trascendencia si sólo son tocamientos y casi siempre son pasajeros pues dejan de resultar novedosos. También podemos aprovechar estas situaciones de charla posterior para hablar de sexualidad de acuerdo a su edad: de diferencias entre los niños y las niñas, de amistad, etc.
Sugerencias para ayudaros a identificar la diferencia entre los comportamientos sexuales «normales» y los comportamientos que pueden indicar un problema.
¿Qué es normal? La psicología determina una serie de comportamientos sexuales normales y comunes en los niños entre 2 y 6 años. Sin embargo, cuando se producen estos comportamientos, es conveniente intentar redirigirlos hacia una actividad que los distraiga ocupándolos y canalizar esa energía hacia el deporte. También hay que reforzar el hecho de que los niños se respeten unos a otros, e insistir en que no está bien tocar las partes íntimas de nadie, así como aconsejarles que nos digan siempre, si alguien toca sus partes íntimas.
Hábitos sexuales comunes en niños:
• Tocar o masturbarse los genitales propios en público o privado.
• Mirar o tocar los genitales de un padre o hermano.
• Mostrar los genitales a compañeros.
• Sentarse o estar demasiado cerca de alguien.
• Curiosidad por ver compañeros o adultos desnudos
• Tocar los genitales de otro menor
Comportamientos peculiares: Los padres también necesitan saber cuándo el comportamiento sexual de un niño parece algo más que una curiosidad inofensiva. Los problemas de conducta sexual pueden suponer un riesgo para la seguridad y el bienestar de los hijos u otros niños, y pueden manifestar abuso físico o sexual, o exposición a la actividad sexual. Los problemas de conducta sexual incluyen cualquier acto que:
• Se produzca con frecuencia y no se pueda redirigir.
• Provoque dolor o herida emocional o física a sí mismos o a otras personas.
• Se asocie a la agresión física.

• Implique la coacción o la fuerza.
• Simule actos sexuales de adultos.
¿Qué es lo que no debemos hacer?
• Hacerles sentir que están haciendo algo malo. Regañar, castigar, insultar.
• Prohibir la amistad con ese niño o niña por jugar ‘a esos juegos’
• Montar un escándalo que involucre a los demás, por ejemplo a familiares u otros padres o niños y niñas.
• Recordar continuamente el hecho y comentarlo con otras personas.
• Cada padre y madre podrá razonar por qué son contraproducentes todas estas reacciones de los adultos. No vayamos a generar un problema donde no lo hay, o a transmitir un concepto de la sexualidad basado en el miedo, en lo prohibido, en lo tabú, concepto que cuando queramos cambiar en otras edades, como la adolescencia o la juventud, ya lleguemos bastante tarde.
Consejos para los padres: Es conveniente que los padres empiecen a educar a sus hijos sobre seguridad corporal entre las edades de 3 a 5 años. Aquí dejamos algunos consejos:
1. Utiliza el lenguaje adecuado: Enseña a los niños los nombres de todas las partes del cuerpo, incluyendo nombres como genitales, pene, vagina, pechos, nalgas, etc. Maquillar los nombres de las partes del cuerpo puede dar la idea de que hay algo malo sobre el nombre propio. Además, enseña a tus hijos qué partes son íntimas.
2. Evalúa el respeto de la familia por la intimidad y el pudor: Aunque el pudor no es un concepto que la mayoría de los niños pequeños puedan comprender, es conveniente establecer las bases para futuras discusiones y modelar un buen comportamiento. Si tienes hijos de diversas edades, es importante enseñar a los niños más pequeños a respetar la intimidad y privacidad de los hermanos mayores.
3. No les obligues a dar abrazos o besos a personas que no quieren: Es su derecho a decir, incluso a la abuela o el abuelo, que no quieren darles un beso o un abrazo. Un tocamiento inadecuado, especialmente proveniente de un adulto de confianza, puede ser muy confuso para un niño. Hay que reforzar constantemente la idea de que su cuerpo es propio y lo puede proteger. Es muy importante que tu hijo sepa decirte a ti o a otro adulto de confianza si se les ha tocado. De esta manera, tu hijo sabe que también es tu trabajo protegerlos.
4. Tocamientos buenos y malos: Explica que hay tocamientos buenos con los que la gente muestra que se cuidan y ayudan mutuamente (abrazarse, cogerse las manos, cambiar el pañal de un bebé), y tocamientos malos cuando al niño no le gustan y quieren que se detenga inmediatamente. Tranquilizar a sus hijos diciéndoles que la mayoría de los tocamientos que recibirá son buenos, pero que tendrá que decir «NO» y contar cualquier tocamiento confuso.
5. Ofrece a tus hijos una regla sólida
6. Control de la exposición a los medios: Conoce los sistemas de clasificación de videojuegos, películas y programas de televisión y haz uso de los controles parentales disponibles a través de muchos proveedores de Internet, cable y satélite. Proporcionar alternativas adecuadas es una parte importante para evitar la exposición al contenido sexual en los medios de comunicación. Ten en cuenta que los niños pueden ver comportamientos sexuales adultos en persona o en las pantallas, y no informar de que esto se ha producido.

7. Revisa esta información con regularidad con tus hijos: Algunos buenos momentos para hablar con sus hijos sobre la seguridad personal son durante el baño, la hora de acostarse y antes de cualquier situación nueva. Desde las prácticas deportivas en clases de baile, por no hablar de campamentos y programas extraescolares, los niños se reúnen e interactúan con muchos adultos y niños diariamente.
8. Espera preguntas: Las preguntas de tu hijo y las respuestas que correspondan dependerán de la edad y la capacidad de entender del niño. Los dos siguientes consejos pueden facilitarles a ambos una buena comunicación: No reír ni reaccionar con rabia. Tu hijo debe sentirse avergonzado por su curiosidad. Ser breves. No hagas una explicación larga. Es mejor responder en términos simples.
Si actualmente estáis teniendo alguno de estos problemas o de otras adicionales, consulta al psicólogo clínico para orientación. Ellos pueden ayudarte a distinguir las conductas sexuales apropiadas para la edad y los comportamientos sexuales que no son apropiados o indican potencialmente un abuso.
PSIC. SARA CAMPOS CHAVOLLA
AV. GREGORIO MÉNDEZ TORRE MEDICA 2DO PISO SALA A

Salud | elmundo.es

  • Dependiendo del lugar/contexto: Enseñarles cuándo pueden hacerlo y cuándo no, según lo que socialmente se espera y el concepto de intimidad que cada familia tenga. Es decir, fuera de casa, será censurado socialmente cualquier tocamiento en público y esa es la norma que la familia debería inculcar en el bebé ‘aquí no’ o ‘ahora no’.
  • Despejar las dudas que tengan: Lo más importante es que el niño aprenda que se quiere y se puede hablar de estos temas, como se hace con otros. Los padres deben tratar el asunto con la mayor naturalidad posible y contestar a las preguntas de su hijo siempre en función de su edad y capacidades. No esperar que sean ellos los que te cuenten. No importa reconocer si algo no se sabe, pues lo más importante es la predisposición que se tenga, que el niño vea una actitud de naturalidad y confianza en ellos.
  • Perder el miedo a educar en sexualidad: El mejor recurso para educar la sexualidad en la familia es utilizar las anécdotas del día a día. Por ejemplo, cuando vemos a una pareja besándose en el parque puede ser una oportunidad para transmitir conocimientos (siempre adecuados a su edad) y estrategias para manejarse, poco a poco, en estos ámbitos, y darles a conocer los valores de nuestra familia. Se trata de educar, no de adoctrinar. Utilizar la primera persona y argumentar con razones las creencias permite aprender que hay muchas maneras de vivir la sexualidad y todas ellas muy válidas siempre que sean coherentes con los propios valores y deseos.

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Hablar sobre sexualidad infantil es un tema incómodo para muchas personas, e incluso tabú. Hay quienes pensarán que no tiene sentido hablar de sexo antes de la adolescencia, pero la realidad es que la sexualidad, en sus formas más incipientes, comienza a desarrollarse desde los primeros meses de vida en los que el niño comienza a explorar su cuerpo, a identificar las sensaciones que le produce, a conocer sus gustos y necesidades, a mantener contacto físico con otras personas, etc.

Al igual que sucede con otros tabúes, precisamente por ser algo de lo que no se habla de manera clara y abierta es un tema rodeado de mitos y desconocimiento que nos hacen sentir incómodos. Esto dificulta que reaccionemos de forma sana, fundamentada y eficaz. En cambio, contar con la información correcta nos ayudará a reaccionar de manera constructiva y a identificar cuándo estos comportamientos se pueden convertir en un problema.

¿Por qué los niños empiezan a tocarse los genitales desde tan pequeños?

La respuesta a esta pregunta es evidente si tenemos en cuenta que la masturbación (incluso en sus formas infantiles más simples y exploratorias) es el acto de estimular las zonas erógenas, es decir, aquellas partes de nuestro cuerpo que nos generan placer. Por tanto, es natural que a medida que el niño o niña comience a explorar y a descubrir su cuerpo, desarrolle cierta preferencia por estimularse aquellas zonas que le resultan más agradables.

Este tipo de comportamientos comienza desde los primeros meses de vida y se acentúa con la retirada del pañal, momento en que los genitales (que son las zonas del cuerpo más sensibles a esta estimulación) quedan más accesibles. Esto es algo perfectamente normal y habitual. Además, debemos entender que en este momento, el niño pequeño no tiene ninguna conciencia de lo que está haciendo, no le dota del mismo contenido o significado que un adulto y no sabe valorar cuándo es una conducta socialmente apropiada y cuándo no: esto es lo que debe ir aprendiendo de manera gradual y adaptada a su edad.

Dado que en nuestra cultura la desnudez y la sexualidad suelen considerarse aspectos privados e íntimos, lo habitual es que los niños vayan asimilando esta forma de experimentarlas y que en torno a los 6 años dejen de estimularse en público, guiados por los adultos. A partir de ahí, muchos niños y niñas continuarán estimulándose, con distinta frecuencia y forma, en su intimidad, mientras que otros irán abandonándolo por motivos muy diversos, entre ellos la presión de los adultos.

¿Qué función cumple la autoestimulación?

Podríamos pensar que la tendencia de los niños a tocarse o estimularse no es más que un “accidente”: descubren que algo les gusta y lo repiten, sin que ello tenga mayor utilidad ni importancia. Sin embargo, estos primeros contactos de los niños con su propio cuerpo son importantes y la manera en que lleven a cabo este aprendizaje puede influir en su salud sexual y en su autoestima en la edad adulta.

Se trata de una buena oportunidad para comenzar a descubrir y conocer su propio cuerpo, y en particular sus genitales. También es un buen momento para ir explorando distintas sensaciones, que serán la base para desarrollar, posteriormente, las habilidades y los reflejos que conformarán su respuesta sexual madura en la edad adulta.

Tengamos en cuenta que muchos problemas sexuales adultos son resultado de malos aprendizajes (o ausencia de aprendizajes) en esta área y, como consecuencia, muchas personas se ven obligadas a “reaprender” su sexualidad cuando son adultas, con más dificultad y frustración. Así, por ejemplo, algunos hombres experimentan eyaculación precoz como resultado de un aprendizaje apresurado de la masturbación “para que no les pillaran” cuando eran adolescentes. Por su parte, las dificultades de excitación y orgasmo que experimentan algunas mujeres con frecuencia son resultado de un escaso autoconocimiento que les ha impedido aprender cómo funciona y ante qué responde su cuerpo.

Por ello, permitir que los niños y adolescentes tengan espacios y tiempos apropiados para conocerse puede ser algo muy saludable para su desarrollo. Igual o más importante será que los adultos, en particular los padres, muestren una actitud natural y disponible hacia estos temas, respondiendo con claridad y sencillez a las preguntas que les planteen sus hijos. Mostrarnos cómodos y relajados (aunque firmes en nuestras pautas) facilitará que los niños confíen en nosotros y que nos consulten cuando tengan problemas o necesiten información, en lugar de recurrir a fuentes menos fiables y más peligrosas como Internet.

Esto es particularmente importante en el caso de las niñas ya que, como se explica en este interesante vídeo, la forma en que nos referimos a la sexualidad de las mujeres y la forma en que estas la experimentan no es igual que en el caso de los varones, y les dificulta tener una relación sana con su cuerpo. A esto se suma que los genitales femeninos son menos evidentes, accesibles y llamativos que los masculinos, lo cual supone en sí mismo una mayor dificultad para conocerlos y, por tanto, una mayor necesidad de ello.

¿Cómo podemos reaccionar cuando les vemos tocarse?

Afortunadamente cada vez quedan más lejos los mitos acerca de la masturbación como un comportamiento desadaptado, sucio, insano, obsesivo o patológico y vamos tomando conciencia de que se trata de un comportamiento generalmente inocuo e incluso beneficioso para nuestra salud y nuestro bienestar. Por tanto, lo primero que debemos tener claro para reaccionar de manera adecuada es que estamos hablando de comportamientos que son normales, comunes y que forman parte del desarrollo y aprendizaje humanos.

Por tanto, debemos actuar como con tantos otros comportamientos normales del desarrollo infantil. Igual que les enseñamos a permanecer despiertos durante las clases, a comer en cantidades moderadas y evitar alimentos poco sanos, a vaciar sus esfínteres en el cuarto de baño, a esperar su turno de palabra antes de hablar… nuestro objetivo será que aprendan a conocer y a explorar su cuerpo en los momentos y lugares apropiados, de forma sana y segura y sin que interfiera con otras actividades importantes de su vida.

Por ello, cuando observamos que se están estimulando en situaciones o momentos inadecuados, podemos seguir estas recomendaciones:

  1. Mantén la calma: Recuerda que se trata de un comportamiento infantil normal y que el niño está aprendiendo. Reacciona con la misma normalidad que si estuvieras explicándole que no debe comer entre horas o que debe dormir en su cama. Verte reaccionar de manera tranquila y natural evitará que el sexo se convierta en un tema ansiógeno y tabú y facilitará que en el futuro acuda a ti con dudas o problemas, en lugar de a otras fuentes menos fiables.

  2. No regañes ni castigues: Como ya explicamos en otra entrada, el castigo no es la mejor manera de cambiar los comportamientos de los niños (ni de los adultos). Es más eficaz buscar otras alternativas como, por ejemplo, distraer a los niños más pequeños con otra actividad o explicarles que aunque su comportamiento es normal, no son las circunstancias adecuadas. Regañar a los niños contribuye a que asocien su cuerpo y su sexualidad con emociones negativas, como la culpa y la vergüenza, lo cual puede tener efectos muy indeseados más adelante en su vida.

  3. No prestes mucha atención: A los niños les gusta que les hagan caso y que les “rían las gracias”. Y la forma de conseguir esto a veces consiste en escandalizar o enfadar a los adultos. Si tu hijo observa que tocándose consigue más atención, aunque sea en forma de regañinas o malas caras, es posible que lo haga cada vez con más frecuencia, que es justo lo contrario de lo que pretendías.

  4. No te refieras a su cuerpo o al sexo como algo sucio: Cuando le expliques por qué su comportamiento no es adecuado, evita referirte sus genitales como algo sucio, especialmente en el caso de las niñas. Ayúdalas a entender que el olor de sus genitales es normal y que no tiene nada que ver con la falta de higiene, ya que esto les evitará complejos más adelante. Explica por qué ese comportamiento no es adecuado aquí y ahora, pero evita referirte a él como algo malo en general o hacerle sentir vergüenza o culpa por lo que está haciendo.

  5. Habla sobre sexo con ellos desde temprano: Evidentemente de manera progresiva y adaptada a su edad y el nivel de comprensión, dando solo aquella información que te vaya pidiendo o que vaya siendo oportuna en cada momento. No esperes a que sea mayor para hablar de sexo: comienza nombrando sus genitales igual que le enseñas a nombrar otras partes de su cuerpo, responde sus dudas acerca de las cosas que ve u oye en el colegio, comenta los contenidos que veis en la televisión y que puede no estar entendiendo bien, etc.

  6. No espíes: Como madre o padre, es lógico que quieras (y debas) estar informado de lo que hacen tus hijos. Sin embargo, a medida que se van haciendo mayores, también es sano ir dándoles cada vez más espacio para la intimidad. Para que esta intimidad sea segura, es importante que compartáis momentos comunes, os comuniques abiertamente y habléis de los riesgos que puede enfrentar. Pero si estás demasiado pendiente o intentas “pillarle in fraganti”, lo notará y le afectará negativamente.

  7. Comunícate con sus profesores y con otros familiares: Cuando estos comportamientos se den en público o en situaciones en que tú no estás presente, otras personas intentarán participar y reaccionar de la forma que creen mejor, aunque no siempre sea la más adecuada. Si su profesor te comenta este tema, es importante que puedas hablar con él abiertamente, explicarle cómo lo estás gestionando y poneros de acuerdo para tener una forma similar de abordarlo. Otros familiares es posible que también intervengan. En este caso, asegúrate de que reaccionan de manera saludable, sin regañar ni avergonzar, y si no fuera así, explícales con claridad y firmeza cómo te gustaría que actuaran en el futuro (por ejemplo, ignorando el comportamiento o diciendo “Ahora no es el momento de hacer eso” y proponiendo otra alternativa).

¿Cuándo se convierte en un problema?

Todos los comportamientos (p. ej., comer, dormir, hablar…), por normales y habituales que sean, pueden acabar convirtiéndose en un problema en ciertas circunstancias. La clave para saber si un comportamiento es un problema es analizar las consecuencias que está teniendo o las que podría tener si se mantiene. Aquí tienes algunas claves:

  1. Irritación o dolor en la zona: En ocasiones, debido a la frecuencia con la que el niño se estimula o al material con el que lo hace (p. ej., se frota contra algún material duro o áspero) puede generarse irritación o hacerse daño. Cuando esto suceda, es bueno explicarle lo que está pasando y cómo se está lastimando y evitar que lo siga haciendo de la misma manera o con tanta frecuencia. No está de más una visita al pediatra para comprobar que no se ha hecho ningún daño importante.

  2. Infección de orina: Debido a la proximidad física entre el sistema urinario femenino y sus genitales, cuando se produce una infección de orina en las niñas a veces esto provoca que se toquen o estimulen con más frecuencia. Si sospechas que este puede ser el caso, acude al pediatra para que revise que todo está bien.

  3. Busca llamar la atención: Si el niño observa que estimulándose en público consigue la atención de los adultos (aunque sea en modo de enfado o regañina), es posible que recurra a ella siempre que desee llamar la atención. En estos casos, ignorar al niño siguiendo las pautas que comentábamos anteriormente puede ser lo más indicado. A cambio, asegúrate de prestarle atención cuando esté haciendo otras cosas que sí son adecuadas (p. ej., jugando, leyendo, cooperando con un hermano…).

  4. La masturbación es constante: Si tu hijo se masturba o estimula varias veces al día cada día, dedicándole un tiempo o una atención excesivos, puede ser aconsejable tomar medidas para reducir los tiempos que dedica a tocarse. En algunos casos esto puede deberse a que el niño está excesivamente tenso y utiliza la masturbación como un medio para relajarse, por lo que puede ser útil enseñarle otras vías para conseguir este fin (p. ej., masajes corporales, respiración abdominal, deporte, hablar con él sobre aquello que le preocupa…). Otras veces puede deberse a que el niño se aburre y tiene pocas fuentes de estimulación, por lo que recurre a lo más accesible y conocido. Si crees que este es el caso, intenta proponerle y favorecer otras actividades atractivas para él y prémiale por animarse a hacer cosas nuevas.

  5. Deja de lado otras actividades importantes: Si observamos que la masturbación está empezando a jugar un papel demasiado central en la vida de nuestro hijo y que se aísla de otros niños, no juega, no dedica suficiente tiempo a los deberes escolares, no se relaciona con otros miembros de la familia, etc. también se trata de un problema que podremos abordar siguiendo las pautas anteriores.

Si deseas conocer más sobre este tema y saber qué esperar en cada una de las etapas del desarrollo psicosexual de tu hijo o hija te animamos a consultar estos Estándares de Educación Sexual para Europa elaborados por la Organización Mundial de la Salud.

Confiamos en que estas pautas te ayuden a favorecer un desarrollo sexual y social saludable en tus hijos, aunque sabemos que no siempre es posible reaccionar bien ante todos los desafíos que nos ponen los niños, que saben cómo sorprendernos y tomarnos desprevenidos. Si estas indicaciones no son suficientes y necesitas que hagamos una valoración individualizada de tu caso y que te proporcionemos pautas específicas, contacta con nosotros.

¿Qué hacer si mi hijo se toca con otro niño?

Eric Cote/iStock/Thinkstock

A lo largo de la vida los seres humanos pasamos por diferentes etapas, y cada una tiene sus particularidades. Una de ella tiene lugar a partir de los seis años, etapa en la que comenzamos a sentir curiosidad por el aspecto sexual y de forma natural deseamos explorar y saber más al respecto. Es por eso que tal vez sorprendas a tu hijo tocándose con otro niño. ¿Estás preparada para ese momento?, ¿sabes qué deberías hacer?.

En primer lugar debes saber que aproximadamente entre los seis y siete años los niños comienzan con los juegos que implican un contacto más personal. Es común ver como en sus juegos asumen roles de mamá y papá para simular que son una familia que vive en una casa, o también les agrada jugar al doctor, haciendo uno el papel profesional y otro el del paciente, lo cual suelen intercambiar mientras dura el juego.

Estos papeles que reproducen jugando son ideales para que de algún modo la exploración cercana a lo sexual o muchas veces directamente sexual se perciba como más natural, como parte del mismo juego.

El que estos juegos o experiencias se realicen entre niños del mismo sexo, nada tiene que ver con que tomen luego una u otra orientación sexual, simplemente están explorando así es que no es el momento de sacar otras conclusiones.

Como padres lo recomendable es tener información y comprender que es algo habitual para la edad, pero también es conveniente estar relativamente cerca para poder darse cuenta si ambos niños están de acuerdo y no hay ninguno que fuerce al otro a hacer nada que el otro no quiera.

Aspectos que conviene considerar

Para estar tranquila y saber que todo macha con la naturalidad propia de la edad, observa que no haya mucha diferencia de edad ni de tamaño entre tu hijo y el otro niño, e infórmate acerca de los juegos que realizan para saber si se corresponden con la edad que tienen.

Por ejemplo, ten en cuenta que no es habitual permitir o que suceda algún tipo de penetración o sexo oral; sin embargo, el tocarse las partes íntimas con la famosa frase “si tú me muestras yo te muestro”, son totalmente normales. Además, muchos niños han visto en la televisión o han sorprendido a sus padres uno sobre otro e imitan las posturas y comportamientos.

Ver más: Por qué los niños se tocan los genitales

Jupiterimages/Creatas/Thinkstock

Observa la actitud de tu hijo

Si ves que está triste, irritable o molesto, pregúntale quién tuvo la idea de jugar. Por lo general, cuando todo es de mutuo acuerdo, las emociones negativas no tienen lugar.

Puedes tener una conversación con tu hijo para explicarle de forma conveniente a su edad, cuáles son los limites o qué es lo que no tiene que estar dispuesto a hacer.

Ver más: Cómo enseñar a los niños a proteger sus partes íntimas

Si los sorprendes en pleno juego, intenta no actuar por impulso ya que podrías reaccionar de forma inapropiada y provocar malestar en los niños, o que de algún modo sientan que hacen algo malo o sucio que les haga sentir vergüenza en relación a sus cuerpos.

Siempre que el comportamiento de los niños esté dentro de lo que puede considerarse normal, no hay porqué alarmarse si éstos se tocan jugando. Pero en caso contrario, es importante que los padres de la otra parte involucrada tengan conocimiento de la situación y llegado el caso recurrir a una profesional.

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