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Mucha hambre embarazo

Es frecuente que durante el embarazo nos asalte el hambre en cualquier momento y lugar. Nuestro cuerpo tiene unas necesidades nutricionales especiales, pero no podemos caer en la tentación de comer cualquier cosa para saciar el hambre. Al menos que sea cualquier cosa saludable. Por ello, durante el embarazo son recomendables los tentempiés saludables.

Veamos qué tipo de snacks podemos tomar durante el embarazo de modo que no afecten negativamente a nuestra salud ni a la del bebé. Porque es importante cuidar la alimentación también entre horas, y es posible hacerlo siguiendo estos consejos.

  • Fruta, sin duda una de las mejores y más sanas opciones. A media mañana o a media tarde, en cualquier momento del día, puede venir bien una pieza de fruta. Alimentos ricos en fibra, la fruta también aporta agua y vitaminas. Recuerda lavar bien la pieza si la vas a comer con piel.

  • Zumos y batidos de frutas naturales. Las propiedades beneficiosas de la fruta las vamos a encontrar también si nos tomamos un zumo de frutas naturales, exprimidas o licuadas. Muchas frutas combinadas con leche en batidos resultan deliciosas, y también nos aportan mucho calcio. Los zumos envasados suelen contener más azúcares, y lo mismo sucede con los batidos, por lo que son menos recomendables.

  • Sorbetes de frutas. Una versión diferente para disfrutar de los beneficios de las frutas son los sorbetes o granizados, que de cara al calor pueden venir muy bien. Hemos de preparar sorbetes ligeros, triturando tres o cuatro piezas de fruta junto al zumo de medio limón. Podemos endulzar ligeramente la mezcla, y remover varias veces mientras está en el congelador para que no quede hecha un bloque.

  • Verduras: las verduras tienen las mismas propiedades beneficiosas de las frutas. Como tentempié podemos escoger palitos de pepinos o zanahorias, tomatitos cherrry… En cualquier decálogo de recomendaciones para una buena nutrición vamos a encontrar el consumo frecuente de frutas y hortalizas.

  • Frutos secos: los frutos secos, preferiblemente crudos (y si son tostados, mejor sin sal), son muy calóricos pero sacian el apetito y aportan minerales importantes como el calcio, junto a las grasas de buena calidad (por ejemplo, el Omega-3 de las nueces). Los frutos secos fritos son los menos recomendables, ya que han absorbido el aceite, engordan más y contribuyen a deshidratarnos.

  • Lácteos: queso fresco, leche, yogur… Son alimentos que van a contribuir a alcanzar la dosis diaria de calcio en la embarazada. El aporte de calcio es importante durante el embarazo, pero hemos de escoger productos no azucarados y poco grasos. Un poco de imaginación hará que los lácteos entren sin darnos cuenta en nuestra dieta: queso fresco en las ensaladas o en los bocadillos, batidos de leche y fruta, yogur con frutas, leche con cereales…

  • Los cereales aportan hidratos de carbono, fibra, vitaminas del grupo B y azúcares complementarios. Las barritas de cereales son muy saciantes, pero hemos de escoger variedades bajas en grasa y azúcar. Lo mismo sucede con los cereales para el desayuno, a veces con exceso de azúcar y grasas saturadas.

  • Bocadillitos: el pan es una manera de tomar cereales saludables. Podemos escoger variedades de pan bajas en sal o integrales, con mayor aporte de fibra. Lo importante es que no abusemos del pan y que lo acompañemos de un buen relleno, también saludable: queso fresco, jamón o pavo cocido, atún, tomate…

Es normal que durante el embarazo nos asalte el hambre varias veces al día fuera de las comidas principales. Pero hay que intentar no picar cualquier cosa, sino atenernos a los alimentos más adecuados para estos casos. Evitar sobre todo golosinas y dulces o bollería industrial, refrescos azucarados, snacks fritos….

También conviene planificar las comidas principales del día y no olvidarse del almuerzo a media mañana y la merienda por la tarde. De este modo evitamos estar todo el día picando. Pero tampoco hemos de renunciar a un tentempié sano y de este modo no llegaremos demasiado hambrientas a la siguiente comida.

En definitiva, no tenemos por qué pasar hambre durante el embarazo, sino que existen muchas posibilidades de tentempiés saludables. No olvides la ingesta de abundante agua y la realización de una actividad física habitualmente, de este modo seguirás contribuyendo a un embarazo sano, ¡y comerás con más ganas!

Fotos | futurestreet, Photos by Lina en Flickr-CC En Bebés y más | En el embarazo, elige snacks saludables, Prepara los snacks y aperitivos más saludables para tus hijos, Alimentación sana en el embarazo: diez cosas que debes saber

Uno de los síntomas de este embarazo está siendo el hambre voraz que padezco casi desde el principio. Y cuando digo hambre voraz me refiero a esa situación de descontrol en la que no puedes parar de comer porque el cuerpo está todo el día pidiendo y no precisamente cosas saludables ni ligeras.

Apetito en el primer y segundo embarazo

Creo que merece la pena echar la vista atrás y recuperar cómo me sentía en anteriores embarazos, porque observo una clara progresión de este síntoma embarazo tras embarazo.

Cuando estaba embarazada de Mayor no tenía hambre. Desde luego, fue el peor embarazo de los tres, tanto en lo físico como en lo psicológico, así que no descarto que esto influyera. Cuando estás verdaderamente mal no tienes ganas de nada.

Además de tener poco apetito y estar desganada en general, tenía auténtico pánico a comer algo que pudiera dañar al bebé así que me reduje tanto los alimentos que consideraba peligrosos que me quedaban cuatro cosas que pudiera comer, ninguna de las cuales me apetecía demasiado.

Fue el embarazo en el que menos engordé, aunque esto quizá pueda deberse también a otros factores, como la edad. Si no recuerdo mal, fueron unos 7 kilos.

En el segundo embarazo sí tuve más hambre. ¿Influyó que estuviera más relajada? Seguramente. Mi segundo embarazo ha sido el mejor de los tres. Tuve los achaques normales de cualquier gestación, más o menos llevaderos, y de ánimo estuve mucho mejor. Además me mantuve activa hasta el final del embarazo, que creo que es algo que influye bastante en el control del hambre. Sí, tuve más ganas de comer que las normales pero cuando realmente empecé a tener un gran apetito fue al iniciar la lactancia.

En ese embarazo engordé más que en el primero, creo recordar que unos 8-9 kilos, seguramente porque no me privé de esos alimentos de invierno que tan calóricos resultan como churros, porras, polvorones y demás…

¿Cuándo empezó el hambre en este tercer embarazo?

Casi diría que desde el primer día. Es más, creo que fue un síntoma silencioso, que sólo asocié al embarazo cuando ya supe que estaba embarazada (al borde de cumplir los dos meses de gestación).

A pesar de haber estado muy revuelta durante el primer trimestre, y con unos jamacucos de estómago casi todas las noches que me dejaban para el arrastre, mi cuerpo me pedía comer y comer. Pero no cualquier cosa, no. Me pedía comer arroz, pasta, gratinados con mucha bechamel y mucho queso, patatas en todas sus formas, pan, cosas con bien de salsa…

Es cierto que de tanta hambre que tengo he tenido muchos antojos, de los cuales no todos han sido insanos. Por ejemplo, en los primeros meses tenía obsesión por las piñas, no sé cuántas me pude llegar a comer. También por las mandarinas cuando empezó la temporada, ahora mismo estoy en 2-3 kilos semanales que caen como si fueran pipas.

Pero para ser sincera, lo que más me pide el cuerpo es todo aquello que yo había desterrado de mi alimentación y por lo que tan contenta estaba. ¿He sucumbido? Sí, lamentablemente sí. A pesar de que yo tomaba muy poco azúcar, he vuelto a consumir. He vuelto al chocolate, he vuelto a las galletas, a las patatas fritas de bolsa, a la coca-cola (zero zero, pero refresco en definitiva)… No me veo capaz de contenerme.

Mi alimentación en esta tercera gestación

Afortunadamente creo que la base de mi alimentación sigue siendo buena.

De hecho, he incrementado mi consumo de legumbres, pues ahora me apetecen más que nunca porque me ayudan a combatir el frío (que no logro sacarme del cuerpo desde noviembre) y me sacian mucho más que otros platos. Además, yo ya consumía muy poca carne, y en el embarazo prácticamente no la pruebo ya que cuando la como me gusta muy poco hecha y eso es arriesgado. Las legumbres me ayudan a mantener el nivel de proteínas que necesito.

¿Qué suelo comer a lo largo de una semana? Os pongo algunos ejemplos: lentejas con verduras, marmitako de salmón, lentejas con calamares (reciente descubrimiento, están buenísimas), potaje de garbanzos y bacalao, guiso de alubias con espinacas, garbanzos con espinacas, menestra con huevo duro y caldo de pollo (en plan plato de cuchara), calabacines o berenjenas rellenas… Raro es el día que no como legumbres y, como véis, las comidas centrales del día no están mal.

También suelo sustituir la pasta normal por la integral. Me parece que llena más, tiene más sabor y no me disgusta. Pero claro, gratinarla con bien de bechamel y queso, muy recomendable no creo que sea.

El problema fundamental, en cualquier caso, es que entre medias estoy comiendo cosas que no debo. El picoteo y los alimentos insanos se han adueñado de mi. Si me vierais comer patatas fritas de bolsa me veríais como el monstruo de las galletas. Un descontrol total.

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¿Cuánto he engordado en este tercer embarazo?

Estando ya bien entrada en los ocho meses, en torno a 9-10 kilos.

La cuestión es que es un engorde con matices porque:

  • Creo que no he cambiado de talla, ni siquiera me veo la tripa más grande que en otros embarazos, así que no sé muy bien dónde están esos kilos. Aunque uso pantalones de embarazada, llevo todo el embarazo tirando con mis camisetas y sudaderas más o menos bien. Es ahora al final cuando ya me empieza a faltar tela. Obviamente estoy más rellena de brazos, piernas y culo, pero si me hubiera inflado mucho está claro que no cabría en mi ropa desde hace meses.
  • Este es el embarazo del que he partido de un peso y una talla menor. Pesaba 48 kilos escasos y usaba una talla 32 (bueno, mis pantalones de embarazo son talla 34 según la etiqueta – H&M – porque encontrar mi talla original en ropa premamá ha sido imposible). Ojo porque hay gente que se rasga las vestiduras cuando hablamos de estas tallas que algunos consideran pequeñísimas, pero que conste que no hablamos en absoluto de delgadez extrema, sino simplemente de mujeres de complexión pequeña. De hecho, mi IMC era de 18.5, es decir, un peso normal.
  • Hay que considerar que llevo más de dos meses haciendo reposo. Relativo, pero reposo. Mi gasto energético está por los suelos y mi ingesta calórica ha subido.

Combatir el hambre en el embarazo

Me encantaría tener la clave para ponerle freno a este hambre voraz, pero por desgracia no la tengo. Mi cuerpo pide y yo no tengo voluntad para detenerlo.

Un consejo que suelo leer habitualmente a los nutricionistas es que cuando tienes hambre te des unos minutos para averiguar si realmente es hambre o es hambre emocional. En mi caso es hambre pura y dura, porque si en ese momento me pusieras un plato de verdura también me lo comería. Obviamente si me pones un plato bien calórico me va a apetecer más, pero un plato de judías verdes con patatas también me vale.

Pequeños consejos para que no se me vaya de las manos:

  • Intentar desterrar esos alimentos insanos de mi casa. Es complicado porque los demás no colaboran, pero obviamente no se come lo que no se tiene, así que el verdadero peligro es tener en casa patatas, galletas, chocolatinas y demás.
  • Optar por los mismos alimentos en su versión más sana. Por ejemplo, los frutos secos procuro comprarlos al natural porque por mucho que me apetezca su versión con miel y sal, no me convienen.
  • Intentar comer fruta en lugar de otras cosas. Complicadísimo también ya que cuando me entra el ataque de hambre, mi cuerpo no para hasta que le meto lo que me está pidiendo. A mi no me funciona comerme tres mandarinas, porque después sigo con hambre hasta que consigue lo que quiere.

¿Me preocupa? Pues sí, en mi escala de preocupaciones ocupa un lugar destacado:

  • En primer lugar, por salud, es obvio. Además de tener claro que la nutrición durante el embarazo es importante, no pierdo de vista lo feliz que yo estaba comiendo bien… No echaba de menos para nada esos alimentos y soy plenamente consciente de lo que enganchan y de lo difícil que me será dejarlos después 🙁
  • Habiendo pasado por dos embarazos, conozco mi cuerpo y soy muy consciente de que los kilos que coja que no sean estrictamente del bebé+bolsa+líquido+placenta me va a costar mucho perderlos.
  • Si todo sucede como en anteriores ocasiones, durante la lactancia tendré este mismo hambre o más, con el añadido de que podré comer muchos alimentos que estoy echando muchísimo de menos. Sumemos también el sueño y el cansancio… Mis papeletas de comer aún peor y engordar durante la lactancia son altas.
  • El tema del peso realmente es secundario. Es más, es una cosa que viene dada. Quiero decir que cuando comes sano, la pérdida de peso viene sola, sin que le tengas que prestar atención. Lo mejor de todo es que cuando te alimentas bien, te encuentras mucho mejor tanto física como emocionalmente… Y cuando has experimentado ese bienestar, perderlo da una rabia tremenda. Siento que voy a tener que volver a empezar y no sé si tendré voluntad para ello.

Alimentación durante el embarazo: la opinión de una nutricionista experta

La alimentación durante el embarazo está repleta de mitos, que no ayudan en nada.

Por ejemplo, nos preguntamos:

– ¿Hay una causa real detrás de tanta hambre? ¿Es un aviso del cuerpo de que necesita ingerir más calorías o un determinado grupo de alimentos?

– Parece que poco a poco vamos desterrando el mito de comer por dos pero cuando el cuerpo pide tan fuertemente un determinado antojo, ¿hay una causa física? Porque muchas veces, en las comeduras de tarro que se tienen durante el embarazo, una se pregunta si esa compulsión tan grande, pongamos, hacia las magdalenas, no será porque el cuerpo es sabio y pide lo que necesita.

– ¿También hay un componente emocional, aunque no lo parezca? ¿Es hormonal quizá?

Para resolver todas estas dudas he tenido el placer de hablar con Iria Quintáns, madre de una niña que, en sus propias palabras, me da las mayores lecciones de mi vida y aporta toda la luz que necesito. Iria es Dietista-Nutricionista especializada en la alimentación y nutrición en diferentes etapas de la vida: preconcepción, embarazo, lactancia materna y alimentación infantil.

Os recomiendo su página web y redes sociales (FB: @iriaquintans IG: @nutrienfamilia) para seguirle la pista.

Pues bien, tras plantearle muchas de estas dudas, esto es lo que nos comenta como experta en el tema:

Cuando nos quedamos embarazadas, se pone en marcha toda una serie de mecanismos en respuesta a la nueva vida que se está formando. El crecimiento de nuestro bebé se acelera sobre todo a partir del segundo trimestre. Y ante este rápido desarrollo la energía que necesitamos consumir es mayor, al igual que determinados nutrientes.

¿Pero cuánta energía de más necesitamos? Aproximadamente unas 300 kcal a partir del segundo trimestre. Lo que viene a aportar una unidad pequeña de una patata o de una manzana y unas 3 unidades de sardina o bien unos 80 gramos de garbanzos cocidos.

¿Es esto comer por dos? No. En todo caso se trata de comer pensando en los dos.

¿Hay una explicación para tanta hambre? Durante el embarazo produce una resistencia a la leptina, una hormona que nos dice: hey, no comas más ¡ya estás llena! Éste y otros cambios están destinados en parte a crear una reserva energética y de algunos nutrientes, para el embarazo y la lactancia materna.

Pero más allá de un factor fisiológico, también puede verse propiciado por la idea de que en el embarazo lo normal es tener antojos y que no cumplirlos, cuentan, puede afectar al bebé.

Los mitos con respecto a los antojos no están demostrados, pero lo que sí muestran los estudios es que los 1000 primeros días de vida del bebé, ya desde que está en nuestro vientre, son importantes para su salud futura. Los mecanismos que se ponen en marcha para garantizar su supervivencia, dejan huella y guardan relación con su salud en años posteriores. Esto es una verdad verdadera.

Algunas teorías apuntan a que las mujeres que experimentan aversiones a ciertos alimentos, tienen más probabilidades de desear alimentos que satisfagan necesidades nutricionales similares a las que pueden proporcionar los alimentos que rechazan. Como una especie de compensación.

Y estemos embarazadas o no, lo cierto es que hay determinados aditivos como el glutamato monosódico o los azúcares añadidos que aumentarán nuestro apetito y disminuyen nuestra sensación de sentirnos llenos. Y ya habíamos comentado que algunas hormonas ya ayudaban a que esto fuese así… ¿Y qué alimentos los contienen? Pues aquellos que están muy procesados.

Los cambios hormonales pueden alterar nuestra sensación de sentirnos saciadas y los alimentos que solemos escoger, también. Pero no solo eso, hay más factores que pueden influir. Un peor descanso nos puede llevar a peores elecciones alimentarias y todos sabemos que el insomnio es habitual en el embarazo.

Y, por otro lado, nuestras emociones tanto negativas como positivas, pueden afectar a nuestro comportamiento alimentario. Por su composición, esos productos, activan rutas en las que intervienen hormonas de la felicidad. Así que acabamos eligiendo X alimento porque nos hará sentir de X manera. Pero esta asociación se aprende mucho antes del embarazo; ya desde bien pequeños forman parte de premios, recompensa…

Por tanto, el embarazo nos ofrece la oportunidad de conectar con nuestro bebé también a través de la alimentación, pero hemos de tener en cuenta que son varios los factores que pueden influir en nuestras elecciones. Un buen descanso, tener alimentos saludables a mano de forma habitual, el control del estrés y tratar de entender nuestras emociones, así como poder expresarlas, puede ser útil.

Como mamá de niños muy delgados, que nacieron pequeñitos, he querido preguntar a Iria por la creencia de que una mamá con una alimentación cuya base sea la fruta o la verdura (o que directamente sea vegetariana o vegana), está mal-alimentando a su bebé porque no ingiere las calorías suficientes… Que la fruta y la verdura son aire y no alimentan. Parece ser que hay quien opina que si quieres tener un bebé grande, tienes que comer alimentos contundentes, que engorden.

¿Hay alguna relación entre las calorías que ingiere la madre y el peso con el que finalmente nazca el bebé? Dicho de otro modo, ¿una mujer que sigue una dieta saludable, comiendo alimentos de calidad y probablemente tomando pocas calorías diarias tiene más posibilidades de tener un bebé de bajo peso? O, al revés, una mamá que ingiere muchas calorías diarias, probablemente porque consume muchos alimentos poco saludables, ¿tiene más posibilidades de tener un bebé grande?

A continuación podéis leer la respuesta de Iria Quintáns sobre este planteamiento:

Un aumento excesivo de peso en el embarazo aumenta el riesgo de preeclampsia, función tiroidea alterada, diabetes gestacional y parto por cesárea. A veces incluso no es necesario que llegue a producirse hiperglucemia en la madre embarazada para que sí exista hiperinsulinemia fetal, que es lo que puede dar lugar a un tamaño mayor al que correspondería para su edad gestacional y esto puede aumentar el riesgo de obesidad en un futuro.

En el caso contrario, si hay un estado de desnutrición y/o pérdida de peso, puede dar lugar a un crecimiento intrauterino retardado y a un bebé con un peso pequeño para su edad gestacional.

Hay unas recomendaciones por parte del Institute of Medicine de ganancia de peso recomendado. Es orientativo. Se debe hacer una valoración global.

Cualquier tipo de alimentación debería estar basada en alimentos de origen vegetal. Esa debería ser la base. Porque esos alimentos están asociados con mayores beneficios para la salud. Verduras principalmente, seguido de frutas. Pero también tenemos las legumbres o tubérculos, muy interesantes desde el punto de vista nutricional e incluso cultural, que hemos ido dejando mucho de lado…cereales integrales o que hayan pasado un proceso de larga fermentación como el pan hecho con masa madre. Y si realizamos una alimentación no vegetariana, alimentos de origen animal, pero siempre manteniendo un equilibrio nutricional y teniendo en cuenta la sostenibilidad.

El problema es que no es tan sencillo realizar estudios con embarazadas. Ya que generalmente presentan varias limitaciones, por lo que no podemos afirmar tajantemente ciertas asociaciones como: «esta dieta produce esta consecuencia» o «esta alimentación no va a producir este efecto». A veces pueden mostrar una asociación pero esto no significa que un factor cause determinado efecto o deje de hacerlo.

Lo mejor sería valorar cada caso en concreto y ante las circunstancias que se presenten, dar recomendaciones personalizadas. Una pena que los D-N no estemos en la sanidad pública…

7 trucos para controlar el hambre durante el embarazo

Durante el embarazo tu apetito puede variar mucho. Es posible que pases por épocas en las que no te apetecerá comer nada y que también existan otros momentos en los que sientas tanta hambre que corras hacia la nevera a comer grandes cantidades de alimentos y a hacer combinacionesextrañas entre ellos. Es cuando te das cuenta de que es necesario controlar el hambre.

Esas ganas de comer mucho y esos antojos extraños son sensaciones muy particulares del embarazo. No todas las mujeres las experimentan de la misma manera, pero aun así es muy importante vigilar la dieta y aprender a controlar el nivel del hambre, ya que los antojos propios de embarazo pueden hacer que ganes más peso del que deberías.

Así que lo primero que debes hacer antes de poner en práctica es vigilar tu dieta. Eso es muy importante, ya que cada vez es más habitual que el consumo alimenticio durante el embarazo se ajuste poco a las necesidades reales del niño y de la madre. Por suerte, la naturaleza es sabia y se ocupa de hacer los ajustes necesarios en los procesos alimenticios para que las necesidades nutricionales de ambos sean satisfechas, aunque estas no sean las ideales.

Y si tu dieta es sana, pero aun así sientes mucha hambre a muchas horas, entonces ten en cuenta que pasas por una etapa muy normal del embarazo y que para sobrellevarla sanamentedebes poner de tu parte, intentando comer racionalmente. Tranquila comer sano no significa que morirás de hambre solo tienes que seguir algunos de estos trucos.

Trucos para controlar el hambre

Desayuna como una reina

Si desayunas de manera completa y balanceada, no deberías sentir hambre hasta la hora del almuerzo. Debes comer un desayuno completo. No olvides tampoco beber agua nada mas levantarte, así como a lo largo del día. Un ejemplo de los alimentos y las cantidades que debes tomar en la primera comida del día es el siguiente:

  • Una infusión (evita el café y el té)
  • 1 vaso de leche, 1 yogur o 150 gramos de queso fresco
  • Un puñado de cereales sin azúcares añadidos, como la avena, o dos rebanadas de pan integral.
  • 1 pieza de fruta

Cuando te sea imposible desayunar de forma completa por cuestiones de tiempo, reserva parte de tu raciónde cereales o frutas para antes del mediodía.

Fracciona las comidas

Si al organizar tu día notas que vas a pasar muchas horas sin comer entre el desayuno y el almuerzo, entonces debes fraccionar tus comidas aún más, para que no transcurran más de cuatro horas entre cada una.

Por ejemplo, si desayunas a las 7:00 a.m., puedes hacer una media mañana abundante o fraccionarla en dos medias mañanas, por ejemplo comer una ración de fruta y una un puñado de frutos secos o un yogur . Luego, a la hora del almuerzo, no olvides añadir a tu plato una ración de verduras, así como hidratos de carbono y proteínas.

Ten en cuenta que ya quedaron atrás los tiempos en los que se recomendaba comer por dos, pues no se trata de comer desaforadamente sino bien y sano

Cena temprano

Si las ganas de comer aparecen por la tarde, la puedes vencer con una merienda y cenando temprano. Por la tarde, por ejemplo, puedes comerte un yogur o un vaso de leche, pan y fruta. La cena debe ser más ligera que el almuerzo y contener alimentos de los principales grupo, como hemos dicho anteriormente.

Hazte amiga de los frutos secos

Aportan grasas de buena calidad y minerales como el calcio sobre todo las almendras, solo que no abuses de ellos porque son muy calóricos. Tómalos en pequeñas cantidades y tostados o crudos, evita que lleven exceso de sal y no sean fritos.

Galletas de cereales inflados contra el hambre

Las hay de arroz, de maíz o de mezcla de varios cereales. Tienen gran poder para lograr hacerte sentir saciada y aportan azúcares complejos, vitaminas del grupo B y mucha fibra. Al igual que los frutos secos, procura que sean sin sal.

Come muchas frutas

En el embarazo, debes tomar de 3 a 4 piezas de fruta al día y dar especial importancia a los cítricos, pues necesitas más vitamina C que antes. Si tienes mucha hambre, cómete una manzana que aporta pocas calorías y te hace sentir llenita.

Síntomas del embarazo: primeros signos

Has oído de todo sobre los síntomas del embarazo durante los primeros días; hay quien se quedó hecha polvo y quien ni siquiera se enteró. Cada mujer tiene su propia manera de sentir que va a tener un bebé, pero hay determinados indicios que pueden darte una pista. ¡Nestlé te los cuenta! .

Signos de embarazo que no engañan

Los médicos los llaman «síntomas tempranos de embarazo». ¿La causa? El tsunami hormonal que te invade. En el día a día estos signos no siempre son agradables, pero tranquila, ¡quizá a ti no te afecten!

  • Dolor en los senos: Es uno de los primeros síntomas del embarazo y el más habitual. Ya desde los primeros días, los pechos se hinchan, están duros y supersensibles, los pezones se oscurecen, las venas se hacen más visibles… La progesterona y los estrógenos, dos hormonas que se liberan desde el principio del embarazo, ya están preparando tu cuerpo para la lactancia…
  • Náuseas: Si eres propensa, también son unos de los primeros síntomas del embarazo ya que suelen aparecer unas dos semanas después de la fecundación y se presentan sobre todo por las mañanas, aunque a veces también después de las comidas. ¿Qué las provoca? Probablemente la hCG, una hormona producida por la placenta desde su formación. El test de embarazo se basa precisamente en detectar su presencia. Alcanza su máximo entre la 8ª y 10ª semana y desciendo progresivamente, para alivio de las futuras mamás con predisposición a las náuseas. Un consejo: a pesar de ellas, nunca te saltes ninguna comida; en su lugar, fracciónalas.
  • Punzadas de hambre: Mientras algunas mujeres pierden el apetito o aborrecen determinados alimentos u olores, otras están todo el día hambrientas. ¡Hay a quien le ocurren las dos cosas! Dicen incluso que el 73% de las futuras madres experimenta antojos alimentarios irresistibles…
  • El cansancio, las ganas de dormir o de hacer la siesta también son habituales.
  • Las ganas de orinar pueden darse con más frecuencia. Las causantes siguen siendo… ¡las hormonas, claro!

Otros síntomas del embarazo durante los primeros días son: dolores de estómago o de cabeza, calambres en el bajo vientre, un sabor metálico en la boca y una mayor salivación. Puedes tener uno o tenerlos todos. Sea como sea, ¿sabías que hay trucos para paliar los efectos de los signos de embarazo?

¿El retraso menstrual es un indicio fiable de embarazo?

Uno, dos, tres días sin que te venga la regla, y tú ya te ves siendo madre. Sin embargo, ¡no te precipites en anunciar la noticia a toda la familia, porque el retraso menstrual no es un indicio fiable al 100%! Puede que tengas reglas irregulares (sobre todo después de dejar de tomar la píldora), o que algunos meses prácticamente no la tengas (amenorrea). Ten en cuenta también que, incluso si eres de las que tienen reglas regulares como un reloj suizo, cualquier acontecimiento nuevo en tu vida (emoción, viaje…) o hasta el mismo deseo de quedarte embarazada puede ocasionarte un retraso menstrual. A veces, incluso, se sufren sangrados leves los días siguientes a la fecundación que puedes confundir con la regla. No lo es, es un fenómeno corriente y normal, aunque si dudas, acude a tu médico.

Para estar segura, ¡hazte el test!

Si tienes varios de los primeros síntomas de embarazo, la única opción antes de ir al ginecólogo que te lo puede confirmar es el test de embarazo. Se compra en las farmacias y es una sencilla prueba de orina que, práctica y rápida, se hace en casa. ¡Fiable al 99%, pero debe reconfirmarse mediante un análisis de sangre que solicite personal facultativo!

¿Lo tienes algo más claro? ¿Estarás embarazada? Tal vez dentro de 9 meses te hayas convertido en una autentica madraza…

6 síntomas curiosos del embarazo de los que nadie me contó

Las punzadas en las nalgas

Unas cuantas semanas después de enterarme de que Lucas venía en camino, sentí una punzada intensa justo en el centro de la nalga derecha. Pensé que era un dolor pasajero y sin razón de ser, pero se repitió varias veces hasta que entendí que me ocurría cuando pasaba mucho tiempo de pie, sin caminar, como cuando lavo los platos, por ejemplo. Y después de una sesión de lavado, la punzada debilitaba la pierna y cojeaba un rato. Al principio, la ubicación de la picada me parecía inconveniente y un poquito vergonzosa, pero ya me acostumbré, ya me da risa el dolor de nalga y ya sé que solo tengo que sentarme un rato para que se me quite. Corroboré con una amiga si a ella también le pasó, y sí. Y mi médica me dijo que probablemente el desplazamiento de órganos dentro de mi cuerpo esta presionando un nervio o un músculo, así que me recomendó que intensificara mis sesiones de yoga prenatal, que buscara un centro de pilates o una masajista.

El crecimiento de las tetas

Sospechaba que pasaría. Era de esperarse. Pero el proceso no lo tenía lo suficientemente claro en mi cabeza. El aumento no se da de un momento para otro, es paulatino, y empieza a percibirse porque se vuelven muy sensibles. Con rozarlas, molestan. Luego sientes que algunos brasieres te empiezan a incomodar y, entonces, las miras con detenimiento y te das cuenta de que están diferentes. Ves que su tamaño es otro y que los pezones han crecido y cambiado de color. Es raro notar estas transformaciones en tu cuerpo, pero es bonito y asombroso. La sensibilidad, aunque a ratos vuelve (incluso en forma de picadas), va diminuyendo. Y cuando encuentras el brasier que necesitas, se te olvida que hay algo distinto, hasta que vuelves a verte en el espejo y entiendes que tu cuerpo crece proporcionalmente y está más lindo que nunca.

El hambre voraz

Había oído del hambre en los últimos meses de embarazo. Me parecía un síntoma obvio: tienes que alimentarte y nutrir, de paso, a una personita que ya tiene el tamaño de una patilla. Lo que no me imaginé fue sentir tanta hambre en los primeros meses, cuando uno alimenta básicamente a una semilla. Los médicos te recomiendan comer cinco veces al día en porciones pequeñas para evitar las náuseas. Yo sentía que necesitaba unas 16 comidas diarias, al menos una por cada hora que estaba despierta. Terminaba mi paquete de maní y rogaba por que pasaran rápido los minutos para no sentirme tan culpable de abrir las galletas de soda. Menciono los alimentos saludables que me esforzaba por comer, pero mi boca, echa agua, me pedía Chocorramo, bocadillo con queso, brownie. Nunca he sido muy glotona y mi estómago insaciable me mataba de remordimiento. Me preocupé por subir demasiado de peso y se lo comenté a mi ginecóloga: “Estás perfecta, no te preocupes, aprovecha el embarazo, si yo llego a ver que estás aumentando mucho, te cuento y lo manejamos”, me dijo. En realidad, era puro trauma. Se supone que uno debe crecer un kilo por mes de embarazo, yo tengo cuatro meses con Lucas en la barriga y cuatro kilos de más. Y, por otra parte, ya no tengo tanta hambre.

El sueño excesivo

También pensé que esto podría ocurrir en los últimos meses, cuando cargar con esa barrigota sería desgastante, pero al parecer el sueño da desde el principio, por todo eso que pasa dentro del organismo aunque no nos demos cuenta. Es inevitable cabecear frente al computador (lo cual hace que me demore el triple en todas mis tareas), y al llegar a la casa solo pasan cinco minutos antes de que caiga profunda y vestida sobre la cama. Mi esposo ha tenido que ver muchas series solo, pero no es posible controlar el peso de los párpados. En el fondo pienso que debería aprovechar para descansar todo lo que pueda, porque en unos meses vendrán largas horas sin dormir.

A mí no me dieron náuseas y mi esposo no tuvo que aguantar esos cambios repentinos de ánimo que son tan frecuentes en las mujeres embarazadas. A mí me atacaron síntomas curiosos y llevaderos que me han permitido disfrutar de este proceso tan raro y extraordinario.

Primeros síntomas de embarazo

¿Cómo puedo saber si estoy embarazada? Es la pregunta que se hacen todas las mujeres que quieren tener un bebé y desean saber si se han quedado embarazadas. Aunque los síntomas varían mucho de una mujer a otra, existen unos cuantos síntomas que se pueden considerar como precursores del embarazo. Las posibilidades de embarazo son mayores cuando coinciden varios de estos síntomas:

Quedar embarazada: los primeros síntomas del embarazo

– Amenorrea o falta de menstruación. La primera falta en nuestro periodo suele ser el primer signo que aparece y el que nos debe hacer sospechar de un embarazo. En este caso el útero no tiene la necesidad de eliminar su revestimiento puesto que ya se ha producido la implantación del embrión en la matriz. A veces ocurre que con la implantación se produce un pequeño manchado que suele coincidir con la fecha de regla, por lo que puede llevar a error.

– Aumento de las mamas y mayor sensibilización. Notar el pecho más sensible es un signo que suele aparecer de manera muy temprana y que nos indica con mucha fiabilidad que existe un embarazo.

– Cansancio y fatiga. El cansancio de los primeros días de embarazo no es un signo muy esclarecedor, pero si lo unimos a los anteriores nos puede dar más pistas. Durante el embarazo se produce un mayor gasto de energía y, por eso, es frecuente encontrar embarazadas con sueño constante o cansancio durante las primeras semanas.

– Náuseas y vómitos. No ocurre en todas las embarazadas, pero si existen son un claro signo de embarazo, sobre todo cuando las náuseas son matutinas. También puede ocurrir que tus gustos alimenticios cambien un poco y te apetezcan cosas que antes no se incluían en tu dieta. Las náuseas y vómitos son debidos al aumento de hormonas producidas por el embarazo, sobre todo por la hormona gonadotropina coriónica humana.

– Presión arterial más baja. Las hormonas del embarazo producen vasodilatación y, por lo tanto, bajan la tensión arterial.

– Aumento del sentido olfativo. Sentirás los olores más intensos e incluso algunos te resultaran desagradables, a pesar que la gente de tu alrededor no sienta lo mismo.

– Ganas de orinar con más frecuencia. La presión que ejerce el útero sobre la vejiga hace que sientas más ganas de hacer pis que de forma habitual.

– Pequeños dolores abdominalres. Pueden ser similares a los de la regla, aunque un poco menos intensos. Pueden asustar ya que dan sensación de peligro. Siempre que estos dolores sean muy intensos o vayan acompañados de un sangrado importante, deberás acudir a tu médico.

Mª Jesús Montes Montes. Matrona.

Síntomas de la semana 5, 6 y 7 del embarazo

Esta vez os voy a resumir mi experiencia con los síntomas de la semana 5 6 y 7 del embarazo, así, todos de golpe y para mataros de la impresión. ¡Qué va! De momento, este segundo embarazo se muestra tan asintomático como el primero que tuve, por lo que ya no me atemorizarán con eso de que dos embarazos en una misma mujer pueden ser radicalmente diferentes y que tu experiencia previa no te sirva de nada para afrontar la gestación de cara a la bimaternidad. No sé cómo se desarrollará el resto de mi preñez de aquí al día del parto, pero por ahora, no puedo quejarme de mi estado. Vamos allá con mis mini síntomas.

1. Semana 5 del embarazo.

– Menos necesidad de orinar de día y de noche. Durante el primer embarazo me sorprendió el hecho de que necesitase levantarme a orinar con más frecuencia durante las primeras semanas que cuando ya tenía un bombo más que evidente y que debía presionar mucho más mi vejiga por todas partes. Sin embargo, será por el calor y la evaporación de líquidos a través de la transpiración, que durante esta preñez estoy batiendo récords de pocas visitas al baño. Y me hidrato a conciencia, porque sed sí que tengo, pero no sé a dónde va a parar lo que ingiero.

– Llegó el sueño temprano. Para empezar, siento una necesidad tremenda de echar la siesta, pero con mi bichilla por casa es misión imposible, así es que enseguida descarté mi plan de relax veraniego. Esto hace que a las 6 de la tarde ya empiece a ponerme de mala leche, que a las 9 de la noche prefiera acostarme que cenar, pero que al no ser posible, me arrastre por las sillas y el sofá hasta que la niña se duerme y yo puedo irme derechita a mi cama.

– Continúa el manchado. Durante la semana 5 del embarazo continuó el flujo algo sanguinolento del sangrado de implantación. Fue poca cosa, pero nos preocupamos como si se tratara la mayor tragedia de nuestras vidas. Por suerte, se mantuvo muy poco abundante y desapareció en la siguiente semana, aunque me valió una visita a urgencias durante la semana 4 del embarazo y una nueva ecografía de control durante la semana 6.

2. Síntomas de la semana 6 del embarazo.

– Mucha frecuencia al orinar. Durante esta semana empecé a convertirme en una embarazada meona y estándar. De día y también un par de veces de noche. Los despertares a causa de la orina son mortales para mí, porque mi bichilla tiene un oído de lo más desarrollado para sentir mis pasos sobre el parquet y salir de su cama para invadir la mía. Esto me hizo aguantarme las ganas, arriesgando el bienestar de mi suelo pélvico, hasta el último momento posible. Antes reventar por el pis que tener que colechar en julio desde primera hora de la madrugada.

– Dolor en los pezones. Sobre todo durante la lactancia. Tengo una sensibilidad extrema en los pezones que no recuerdo que fuese tan dolorosa durante el primer embarazo. Me molesta el roce del sujetador y hasta el del pijama. Por lo que cuando mi bichilla demanda su teta ¡veo las estrellas! Creo que esto ha influido en mi agitación del amamantamiento, pero por suerte, aunque el dolor me ha durado muchas semanas, se ha vuelto más llevadero con el tiempo.

– Fin del sangrado de implantación. De la noche a la mañana, esa miseria de sangrado de implantación que nos había mantenido en vilo durante 2 semanas, desapareció para siempre y la calma volvió a esta nueva preñez. Justo coincidió con la semana 6 del embarazo, momento en el que me habían programado una ecografía especial de control tras mi visita a urgencias. Allí me confirmaron que todo se veía normal y que efectivamente, estaba embarazada de 6 semanas y 6 días y no casi de 9 como decía mi matrona.

– Mucho sueño de día e insomnio de noche. He vivido en un mundo al revés que no se ha adaptado para nada a mis circunstancias personales. De día me voy cayendo de sueño y de noche me desvelo exactamente entre las 4 y las 6 de la mañana. Y así durante toda la semana 6 del embarazo.

– Estreñimiento de 4 días pero después explosión y consistencia normal. Ea, pues resumido queda. Que ya sé que estas cuestiones son muy escatológicas pero si os contara los cientos de visitas que recibe este blog buscando información acerca del estreñimiento y las diarreas en relación al embarazo ¡entenderíais por qué lo detallo! Yo soy como las del anuncio ese de cereales que funcionan como un reloj para estas cuestiones, pero el embarazo me trastoca algo. Nada grave, pero en cuanto disminuye mi frecuencia de ir al baño, ya sé que se avecinará un episodio nada agradable de exceso caquil.

3. Síntomas de la semana 7 del embarazo.

– Ansiedad por lo dulce. Estaba a dieta cuando me quedé embarazada, y llevaba casi 3 meses con ciertas privaciones respecto a las cosas dulces, muy grasas, etc. Con la llegada de la preñez ¡todo se ha ido al traste! Soy incapaz de resistirme a lo dulce y, aunque no como todo el que me gustaría, durante la semana 7 del embarazo no pude evitar atacar una bandeja de napolitanas de chocolate antes de llegar a pagar a la caja del supermercado. Y también me ha pasado con las galletas, y los helados… Esto tengo que dominarlo o acabaré la preñez rodando como una bola.

– Hartazgo rápido. ¡Una cosa buena! Y es que por mucha hambre que tenga o por muchos atracones que me quiera dar, con 2 bocados me quedo a punto de estallar y se me quitan las ganas de seguir engullendo. Una suerte para mi tipo de vaca-burra, porque a punto de llegar al segundo mes de preñez ya he perdido 4,5 kilos y sin un vómito, oye.

– Cansancio. De verdad que durante mi primer embarazo no recuerdo este agotamiento constante ni de lejos. Definitivamente creo que la mayor diferencia entre la primera preñez y las siguientes es que ya convives con un bichillo que lo revoluciona todo en casa, y claro, tu nivel de actividad se multiplica hasta el infinito.

– Ni náuseas ni vómitos pero algo raro en el estómago. Como si tuviera hambre y estuviera empachada, todo a la vez. Creo que todo esto influye en que tenga la sensación de que me pasa algo en el estómago, que estoy saturada y no sienta mucho apetito.

– Dolor en la lactancia. Los pezones siguen hipersensibles y dar el pecho se está convirtiendo en una tarea poco agradable. No sé si mi churumbelita notará algo, pero lo cierto es que ahora sólo demanda la teta para dormir de noche y si se desvela de madrugada. El resto del día no se acuerda de ella, lo que me ayuda a hacer más llevadero este trastorno.

Y hasta aquí mi resumen de los síntomas de las primeras semanas del embarazo. El mes que viene seguiré con las demás. ¿Recordáis si las primeras semanas de vuestros embarazos fueron similares o muy diferentes entre sí?

Trucos para controlar tu apetito en el embarazo

Durante el embarazo pasar por épocas en las que no te apetece comer nada y otras en las que asaltas la nevera a escondidas sin poder remediarlo es de lo más normal. Es habitual que el comportamiento alimentario de la futura mamá se ajuste más bien poco a las necesidades reales de su hijo y de ella misma. Por suerte, la naturaleza es sabia y se ocupa de hacer los ajustes necesarios en la alimentación para que las necesidades nutricionales de ambos sean satisfechas. Pero tú también debes poner de tu parte, intentando comer racionalmente.

Hambre a todas horas

Si comas lo que comas sientes hambre cada muy poco tiempo, aún ingiriendo algo de fruta o un tentempié, te recomendamos que sigas estos pasos.

  1. Revisa tu dieta. Si desayunas bien, no deberías sentir hambre hasta la hora de comer. Estos son los alimentos y las cantidades que debes tomar en la primera comida del día: 1 ración de lácteos (con café o cacao si quieres), 1 yogur o 150 g de queso fresco; cereales (60 g de pan o cereales); y 1 pieza de fruta o su zumo. Necesitarás unos 15 minutos para tomar tu perfecto desayuno. Cuando te sea imposible desayunar así, reserva parte de tu ración de cereales o fruta para el tentempié del mediodía, que puede consistir en una rebanada de pan con una loncha de queso o 1 manzana y 1 yogur.
  2. Fracciona las comidas. Si vas a pasar muchas horas ayunando entre el desayuno y el almuerzo debes fraccionar más aún las comidas y hacer dos paradas antes de la principal, para que no transcurran más de cuatro horas entre cada una. Por ejemplo, desayuna a las 7 de la mañana dejando la fruta para las 10 y a las 13 tómate un bocadillo de queso, atún o jamón o un puñado de frutos secos. Así, a las 16 podrás tomar la comida principal con una ensalada, un plato de pasta con tomate y algo de pescado, por ejemplo.
  3. Si necesitas picar, prueba estos trucos:
    • Bebe agua.
    • A la hora de desayunar puedes sustituir la pieza de fruta por un vaso de zumo de no más de dos piezas, pero no hagas lo mismo entre horas. Los zumos carecen de la fibra que sí tiene la fruta entera y que ayuda a saciar el hambre.
    • El pan del “tentempié” ha de ser integral por la misma razón.
    • Si estás en la oficina, levántate y camina un rato y, si estás en casa, sal a dar un paseo. Muchas veces el hambre se produce por el aburrimiento.
  4. Cena pronto. Si la tentación aparece por la tarde, es fácil vencerla con una merienda y cenando pronto. La primera consistirá en un yogur o un vaso de leche, pan y fruta. En cuanto a la cena, recuerda que ha de ser ligera y contener alimentos de los principales grupos: cereales, verduras, pescado o huevos y ensalada o fruta. Antes de acostarte, toma un vaso de leche.

Los tentempiés más sanos

Si te ves obligada a acabar picando entre horas elige alimentos que aporten vitaminas y minerales y pocas calorías.

  • Frutos secos. Aportan grasas de buena calidad y minerales como el calcio (sobre todo las almendras). No abuses de ellos porque son muy calóricos. Tómalos en pequeñas cantidades y tostados, porque crudos resulta más indigestos, y preferiblemente sin sal.
  • Galletas de cereales inflados. Las hay de arroz, de maíz o de mezcla de varios cereales. Tienen gran poder saciante y portan azúcares complejos, vitaminas del grupo B y mucha fibra. Al igual que los frutos secos, procura que sean sin sal.
  • Fruta. En el embarazo, has de tomar de 3 a 4 piezas de fruta al día y dar especial importancia a los cítricos, pues necesitas más vitamina C que antes. Pero si tienen mucha hambre, echa mano de una manzana que aporta pocas calorías y sacia. No olvides lavar la fruta antes de consumirla.
  • Lácteos. El aporte diario recomendado es de 750 ml-1 l al día, o su equivalen en yogur o quesos. Ten en cuenta que 200 ml de leche equivalen a 125 g de queso fresco, 40 g de queso semicurado o dos yogures. Aprovecha esos momentos de hambre para completar tu ración diaria.

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