0

Mujeres y mujeres

Tabla de contenidos

A lo largo de la historia, son muchas las mujeres que han visto cómo su talento, sea cual sea la disciplina que este abarcaba, quedaba oculto tras figuras masculinas. Se discriminaba a las mujer simplemente por el hecho de serlo. A pesar de que quedan muchos pasos que dar hacía delante en la sociedad, la llegada al siglo XXI ha servido, por lo menos, para reconocer la labor de muchas de ellas. Mujeres que dejaron huella y que deben tener su lugar y protagonismo en la historia.

Ahora, con motivo de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la plataforma de reserva de actividades en destino a nivel mundial, Musement, ha querido recoger los ocho nombres de las mujeres que tuvieron un papel fundamental en el arte durante el siglo XX. Un trabajo que debe ser recordado ahora y siempre.

Sonia Delaunay (1885-1979, Ucrania-Francia)

Sonia Delaunay. ImagnoGetty Images

Artista francesa, nacida en Ucrania y que vivió unos años en España durante la II Guerra Mundial, fue cofundadora del orfismo, movimiento artístico donde se exalta el color y se prescinde de elementos figurativos. Una tendencia para la que Sonia se inspiró en una colcha que hizo para su hijo y que refleja a la perfección el salto que dio Delaunay al aplicar este nuevo movimiento no sólo al arte sino también a otras disciplinas como los tejidos, la moda o los libros. Resaltar que fue también la primera artista viva femenina en tener una exposición retrospectiva en el Louvre en 1964.

En la actualidad, en España, el Museo Thyssen-Bornemisza expone dos obras suyas: Contrastes simultáneos y Vestidos simultáneos.

Georgia O’Keeffe (1887-1986, Estados Unidos)

Georgia O’Keeffe. Tony VaccaroGetty Images

Reconocida como una figura clave del modernismo estadounidense, O’Keeffe se engloba dentro del precisionismo, vanguardia que destaca por el detalle y precisión de sus imágenes. Fue admirada por su marcado individualismo y conocida especialmente por sus cuadros de flores y de rascacielos (estos últimos, hasta entonces, sólo eran pintados por hombres).

En 1946, el MoMA le dedicó una exposición retrospectiva, lo que la convirtió en la primera mujer que lo lograba. En nuestro país podemos contemplar cinco de sus cuadros, entre los que se incluyen Calle de Nueva York con luna y Lirio Blanco nº7, en el Museo Thyssen (Madrid).

Frida Kahlo (1907-1954, México)

Frida Kahlo. BettmannGetty Images

El reconocimiento de Frida Kahlo como uno de los exponentes artísticos más importantes del siglo XX es mundial. Es una clara excepción del reconocimiento a las mujeres de la época. Y no sólo eso, si no que Kahlo también se ha convertido en un icono feminista, referente en la lucha por la igualdad.

Toda su obra refleja distintos momentos de su vida, pasión y dolor en cuadros fácilmente reconocibles por el uso del color y por sus autorretratos. El Museo La Casa Azul (México), donde vivió, es el mejor lugar para contemplar sus obras.

Yayoi Kusama (1929, Japón)

Yayoi Kusama. Jose Fuste RAGAGetty Images

Se trata de una artista multidisciplinar que ha llevado su visión al mundo de la pintura, la escultura, instalaciones y perfomances. Aficionada a los lunares, destaca por ser pionera del pop art y el minimalismo. Kusama fue una artista adelantada a su tiempo, vanguardista, tanto que se tuvo que trasladar a Estados Unidos para desarrollar su trabajo pues Japón aún no estaba preparado para asumir su arte.

En su obra conceptual hay espacio para fusionar el feminismo, el surrealismo o el arte marginal con la psicología o el sexo. Se dice que fue una influencia para Andy Warhol, Damien Hirst y muchos otros. Sus obras están expuestas en el Yayoi Kusama Museum en Tokyo (Japón).

Marina Abramović (1946, Serbia)

Marina Abramovic. Laura LezzaGetty Images

La autoproclamada abuela de la perfomance, ha alcanzado las más altas cifras de cotización en el arte, lo que da muestra de su relevancia. Desde que inició su andadura, en los años 70 del siglo XX, se ha convertido en todo un referente artístico y feminista. En todas sus obras, Abramovic incluye su propio cuerpo y lleva el papel del público hasta el extremo.

Una de sus próximas perfomance será electrocutarse en 2020 en la retrospectiva que la Royal Academy of Arts de Londres hará sobre su figura.

Annie Leibovitz (1949, Estados Unidos)

Annie Leibovitz. MIGUEL RIOPAGetty Images

Poca gente habrá que no sepa quién es Leibovitz, fotógrafa estadounidense que ha sido declarada «leyenda viva» por la Biblioteca del Congreso norteamericano y que ha trabajado para las revistas más famosas del mundo. Empezó su trayectoria en los años 70 y desde entonces ha capturado con su lente a infinidad de personajes, muchos de ellos famosos. De hecho, fue la última en retratar a John Lennon, antes de su asesinato en 1980. Se la considera la mejor fotógrafa de su época, además de ser la mejor pagada. Además, fue la primera mujer en exponer en la Galería Nacional de Retratos de Washington DC.

Algunas de sus imágenes más famosas son la de Yoko Ono y John Lennon, Demi Moore embarazada y la Reina Isabel II de Inglaterra en el Palacio de Buckingham.

Shirin Neshat (1957, Irán-Estados Unidos)

Shirin Neshat. Ramin TalaieGetty Images

Neshat es una artista con un marcado carácter feminista que deja entrever en la mayoría de sus obras. Desde su exilio autoimpuesto en Estados Unidos, esta artista visual explora los temas de género y política en países musulmanes. De hecho, su primera obra relevante fue Unveiling, donde refleja y confronta el Irán pre y post revolucionario. En la década de los 90 del siglo pasado inicia su incursión en el mundo audiovisual con films como Anchorage, Rupture o Turbulent.

En 2009 gana el León de Plata como mejor directora en el Festival de Cine de Venecia con su primer largometraje Women without Men. Ha ganado numerosos premios, como el premio The Doroty and Lillian Gish por su aportación a la belleza y al conocimiento del mundo.

Shamsia Hassani (1988, Afganistán)

Shamsia Hassani. SHAH MARAIGetty Images

Hassani es una grafitera urbana y profesora de escultura en la Universidad de Kabul que expone su arte en una de las zonas más peligrosas del mundo. Pionera del street art en su ciudad, pinta, entre otras cosas, imágenes de mujeres con burka en las calles de Kabul que simbolizan el retorno de las mujeres a la cultura afgana e imágenes con las que quiere sensibilizar sobre los años de guerra.

De escultoras del siglo XIX como Camille Claudel a fotógrafas del XX como Cindy Sherman, el libro Grandes Mujeres Artistas, de la editorial Pahidon, reúne la obra de 400 de las creadoras más geniales y relevantes de los últimos cinco siglos de historia ordenadas de la A a la Z. No están todas, pero sí las más relevantes. La más antigua es Properzia de Rossi, que nació en 1490 en Bolonia, y la más joven, Tschabalala Self, que hizo lo propio en 1990 en Harlem, Nueva York. Entre medias, algunas que fueron olvidadas durante siglos, como Angélica Kauffman, Judith Leyster y Artemisia Gentileschi. Y otras que fueron eclipsadas por sus parejas, como Claudel (amante de Rodin), Dora Maar (musa de Picasso), Lee Krasner (Jackson Pollock) o Elaine de Kooning.

© D.R.

También las hay tan conocidas como Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe, Agnes Martin, Barbara Hepworth, Yayoi Kusama, Annie Leibovitz, Bridget Riley, Louise Bourgeois, Carmen Herrera o Maria Lassnig. Cada artista aparece junto a una de sus obras más representativas con un pequeño texto que explica su trayectoria y el significado de su trabajo. Entre las españolas que han pasado el corte, María Blanchard, Cristina Iglesias, Luisa Roldan y Remedios Varo. El libro Grandes Mujeres artistas de Phaidon estará a la venta en septiembre.

Ellas, las mujeres que fueron borradas de los libros de Historia del Arte

02/10/2017 05:00 – Actualizado: 04/10/2017 11:52

El Museo del Prado se marcó hace justo un año un tanto (con décadas de retraso, todo sea dicho) cuando dedicó por primera vez en sus dos siglos una exposición dedicada en exclusiva a una mujer. La pintora flamenca barroca Clara Peeters fue la encargada de romper el tabú del patriarcado artístico. Para muestra, un botón: en la pinacoteca nacional hay obra de más de 5.000 hombres y tan solo de 53 mujeres. De las cerca de 8.000 pinturas catalogadas (expuestas y en los almacenes), solo cuatro de artistas mujeres se exhiben.

La Historia del Arte la han protagonizado infinidad de féminas. Han sido las modelos y musas. Las protagonistas de algunos de los cuadros más importantes de todas las épocas. Ahí están las señoritas de Avignon, las majas, la Mona Lisa, las venus, las bailarinas de Degas o las prostitutas de Touluse-Lautrec. Son solo algunos ejemplos evidentes porque mientras las mujeres se dejan ver en las paredes de los museos, muy pocas son las que firman los lienzos que cuelgan de ellas.

Cuenta Manuel Jesús Roldán en ‘Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte’ (Almuzara) que la concepción decimonónica de la mayoría de los manuales del tema las excluyeron aunque hubiera mujeres retratistas de Corte, escultoras de cámara o pintoras religiosas. “Han sido silenciadas y su rescate del olvido, afortunadamente recuperado en los últimos años, merece todos los empeños”, escribe en esta obra que recopila ‘anécdotas’ artísticas como aquellas obras cumbres del arte que en su momento fueron rechazadas y censuradas, los primeros selfis hechos al óleo, las facetas más escabrosas de algunos creadores y, sobre todo, recupera el nombre y la historia de varias de las artistas más importantes pero aún así olvidadas.

«Su existencia fue ciertamente reducida en muchas épocas, pero hay un buen número de nombres de mujeres que, en cada etapa de la historia, alcanzaron una fama y un reconocimiento público que fue posteriormente silenciado”, escribe Roldán. Mujeres que no aparecen en los libros de arte ni suenan en el imaginario colectivo por culpa, apunta, del concepto de Historia del Arte procedente del siglo XIX, “centuria en la que se vetó especialmente la independencia creadora de la mujer por la moral burguesa reinante, relegó al género femenino a una condición hogareña casi exclusiva, marcando un canon casi exclusivamente masculino en las primeras publicaciones dedicadas al Arte”. Una discriminación que, además, se estandarizó cuando se crearon los grandes museos europeos. Tampoco ayudó la visión de muchos grandes hombres del arte que se despacharon con opiniones similares a la de Renoir: “la mujer artista es sencillamente ridícula”.

‘La partida de ajedrez’, Sofonisba Anguissola (1555) (Museo Nacional de Poznan)

¿El resultado? Un visión androcéntrica del arte que ha borrado a muchas pioneras que merecen un lugar destacado en nuestras conciencias artísticas. Empezando por Ende, considerada la primera pintora de la historia, una copista encargada de iluminar códices en el siglo X que ya firmó entonces “Ende pintrix et Dei aiutrix” (Ende, pintora y sierva de Dios) el manuscrito del ‘Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana’ o por Hildegarda de Bingen, una monja benedictina que fue pionera en el campo de la música, la literatura y la pintura y que ya fue silenciada en su propia época. Roldán recopila el nombre de 14 mujeres imprescindibles de la Historia del Arte que no se queda en las más conocidas como Frida Kahlo o Camille Claudel.

El nombre de Sofonisba Anguissola quizás sea uno de los que más puedan sonar porque es la única mujer cuyas obras se pueden ver en las colecciones del Prado. Esta pintora renacentista cosechó muchos éxitos en su época. Miguel Ángel alabó su obra, Giorgo Vasari la incluyó en su diccionario con 133 biografías de artistas (todos hombres menos la escultora Properzia de Rossi y su mención), se hizo famosa en Italia, Van Dyck la retrató y fue pintora de la Corte de Felipe II (un retrato suyo del monarca está en el Prado), sin embargo como era mujer no podía firmar sus obras, motivo por el cual muchas fueron atribuidas a hombres. ‘La partida de ajedrez’ es uno de los pocos cuadros que tiene su rúbrica, pero otras como ‘La dama del armiño’ hoy siguen generando debate sobre si es obra de su mano o de la del Greco.

‘Autorretrato’, Judith Leyster (Galería Nacional de Arte de Washington)

También en la Italia del siglo XVI Lavinia Fontana fue una cotizada retratista, pero no solo por su reconocimiento sino que se convirtió en pintora oficial de la Corte del Papa Clemente VIII y también trabajó para el Palacio Real de Madrid. Quizás es la pintora más exitosa del Renacimiento y el Barroco, una pionera que realizó cuadros de desnudos de hombres y mujeres (en la época los estudios de anatomía estaban vetados para las mujeres) y en la conciliación: su marido dejó el trabajo para ocuparse de la casa y sus 11 hijos mientras ella sustentaba la economía familiar con sus pinturas.

Mientras que ambas nacieron en ambientes artísticos, la vida de Judith Leyster fue complentamente distinta. Esta artista holandesa del XVII era hija de un cervecero y la pintura apareció como un oficio necesario para sobrellevar las penurias económicas de la familia. Influida por Rembrandt, Vermeer, Frans Hals, su maestro, y la pintura caravaggista apenas hay una cincuentena de obras conservadas de ella porque dejó el arte cuando se casó, pero hoy sigue observándonos directamente a los ojos desde la Galería Nacional de Arte de Washington mientras pinta a un violinista.

‘Judith decapitando a Holofernes’, Artemisa Gentileschi (1612-1613) (Galería Uffizi)

Otro de los grandes nombres del Barroco fue el de Artemisia Gentileschi, una pintora que “llegó a gozar de un notable consideración en la Italia del Setecientos aunque su fama decreció tras su muerte, llegándose al más profundo olvido de su obra un siglo más tarde” en parte por la dispersión, la pérdida y las malas atribuciones. Fue la primera mujer admitida en la selecta Academia del Disegno florentina, lugar donde consiguió el mecenazgo de los Medici. La Galería de los Uffizi muestra una de sus obras, de clara influencia caravaggista, más reconocidas: ‘Judith decapitando a Holofernes’. En ella se representó en los rasgos de Judith y se vengaba de su preceptor artístico y agresor sexual, Agostino Tassi, retratándole como Holofernes. Le llevó a un juicio por violación y, aunque fue desterrado, ella sufrió torturas y un humillante examen ginecológico para demostrar su inocencia. Es, para muchos, la primera pintora feminista de la historia y este año Roma le ha dedicado una gran exposición.

En el mismo siglo en España despunta la sevillana Luisa Roldán, hija del mejor escultor de segunda mitad del XVII de la capital hispalense y más conocida como La Roldana. Dominó la talla de madera y barro, fue escultora de cámara de Carlos II y Felipe V y suyas son tallas como ‘Entierro de Cristo’, que se exhibe en el Met de Nueva York, o el gran ‘San Miguel Arcángel’ del Escorial. A pesar de su profusa actividad pasó muchas dificultades económicas y a su muerte su nombre también cayó en el olvido.

La mujer que puso rostro a Goethe o Reynolds fue Angélica Kauffman, una pintora suiza neoclásica que alcanzó una gran fama en el siglo XVIII al igual que la francesa Marie Loise Elisabeth Vigée Lebrun, una de las retratistas más cotizadas de la época. “No aparecerá en los libros de Historia del Arte pero sí en los de Historia Universal: retrato a toda una corte de personajes cuyas cabezas acabarían cortadas en la guillotina de la Revolución Francesa”, explica Roldán. Pintó, por ejemplo, a Lord Byaron o a María Antonieta hasta en 35 ocasiones. El primer retrato se lo hizo con solo 23 años.

Una mujer observa ‘The eye is the firt Circle’, de Lee Krasner, en la exposición ‘Expresionismo Abstracto’ del Guggenheim de Bilbao (Efe)

En el misógino siglo XIX hay nombres propios ya más reconocibles como los de Berthe Morisot, Mary Cassat y Marie Bracquemond, las tres mujeres de primer nivel que formaron parte del Impresionismo, al igual que la escultora Camille Claudel. Las vanguardias del siglo XX tampoco trataron mejor a sus creadoras. Aunque Frida Khalo, Georgia O’Keefe, Berthe Moristot, Sonia Delaunay (de la que se puede ver actualmente una exposición en el Museo Thyssen de Madrid) o Tamara de Lempicka son más conocidas, en el ostracismo han quedado nombres numerosos nombres como los de Sophie Taeuber Arp, Lenora Carrington, Lee Krasner, un auténtico referente del expresionismo abstracto siempre a la sombra de Pollock, su marido, o Florine Stettheimer, la mujer que hizo el primer autorretrato desnuda de la historia del arte.

Tampoco puede faltar entre las mujeres pioneras y a rescatar de la Historia del Arte el nombre de la española Maruja Mallo. Desterrada de los libros, fue una de las grandes surrealistas —el propio Dalí la calificó como “mitad ángel, mitad marisco”—, además de una mujer comprometida políticamente con la difusión del arte. Fue parte de la Generación del 27, colaboró con las Misiones Pedagógicas republicanas y tuvo que exiliarse a EEUU y Argentina durante la Guerra Civil y la dictadura. “Es una de las creadoras de las que quizá se conozca más su anecdotario (su rebelión contra el uso del sombrero, sus provocaciones anticlericales o el empleo de pantalones prestados, ‘soy la primera travesti’, para acceder a un edificio religioso) que su propia obra”, explica el autor del libro. Cometió, como la definió María Zambrano, “uno de los errores más destructivos e imperdonables: ser libre”. El mismo que todas estas mujeres empeñadas en desmentir esas palabras de Bocaccio que decían que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres”.

Sophie Halart

El vínculo entre arte y feminismo conoce un momento inaugural con la llamada “segunda ola” feminista que surge en un primer tiempo en los países anglosajones a partir de los años sesenta. Esta preocupación por parte de artistas como Judy Chicago, Hannah Wilke o Mary Kelly guarda esencialmente relación tanto con cuestiones relativas a dar visibilidad a experiencias “femeninas”, como con la idea de “re-educar” la mirada para que los cuerpos de las mujeres adquieran agencia y cesen de ser considerados como meros objetos de consumo visual. La tarea del feminismo consistiría, por lo tanto, en “recuperar la historia invisible” como lo dice Julieta Kirkwood (31), mientras ofrecería nuevas miradas sobre historias más conocidas. En Chile, la labor feminista emprendida tan potentemente por la misma Kirkwood tendría a partir de los años setentas importantes ramificaciones en las artes locales. Sintomático de ello, es el surgimiento a fines de esa misma década –y en el contexto de un régimen dictatorial instaurado a partir de 1973– de la Escena de Avanzada, un grupo de artistas que se preocupó por desarrollar nuevas estrategias plásticas de resistencia a la retórica de la junta militar, ya que en efecto la dictadura no implicó solamente el fin de la democracia sino también el regreso al orden patriarcal que intentaba borrar algunos de los logros obtenidos por las mujeres en las últimas décadas. Inspirada por el post-estructuralismo, Nelly Richard, la principal voz teórica del grupo, planteó la idea que el arte vanguardista chileno de aquellos años debía implementar “prácticas de los signos” (49), es decir, producir obras capaces de contradecir la retórica conservadora del poder. En su libro Femenino / Masculino (1993), Richard examina algunas de esas obras a la luz del feminismo y lo define como una lucha por re-apropiarse de lo femenino. “Arte feminista”, escribe, “sería el arte que busca corregir las imágenes estereotipadas de lo femenino que lo masculino-hegemónico ha idea rebajando y castigando” (Richard, 47). En ese libro, Richard estudia las obras de Lotty Rosenfeld, Catalina Parra y Virginia Errázuriz, entre otras. Al examinar el trabajo Una milla de cruces sobre el pavimiento (1980) de Rosenfeld, Richard lo interpreta como una crítica de las normas masculinas que rigen el espacio público y su inteligibilidad. Además, para la autora, “estas dimensiones se construyen a partir de un primer gesto que desidealiza el arte como transcendencia – como inmaterialidad” (Richard, 52) y así, intentan acabar con una concepción sumamente viril del gesto artístico.

Por otro lado, cabría mencionar la dimensión feminista del trabajo pictórico de algunas artistas chilenas contemporáneas a la Escena de Avanzada, pero que no desarrollaron dichos cuestionamientos desde prácticas artísticas conceptuales. Por ejemplo, la pintora Roser Bru nunca dejó de preocuparse por la suerte de las mujeres y su dificultad para emanciparse del recinto doméstico. En su serie de obras tituladas Mujeres que aguantan (1988), Bru presenta la experiencia de la mujer en una sociedad patriarcal como una de petrificación y mutilación, revelando la dimensión simbólica de la violencia ejercida contra las mujeres.

En las últimas décadas, el “afán feminista” en las artes visuales no se ha limitado a una mera tarea iconográfica. Tanto en el ámbito académico como curatorial se ha realizado un trabajo importante de revisión historiográfica, un ejercicio que ha consistido en volver a examinar la manera en la cual la historia ha sido construida y escrita por los centros de poder. Es decir, a partir de la mirada inclusiva de los otros (mujeres, homosexuales, gente de otras etnias, etc.) y no solo desde lugares físicos y/o simbólicos hegemónicos (hombres blancos y heterosexuales). Inspiradas por textos claves como “Por qué no ha habido grandes artistas mujeres” (1971) de Linda Nochlin, las re-lecturas feministas de la historia del arte no solamente consideran la producción de artistas quienes, por su género, han sido relegadas a la oscuridad, sino que además echan luz sobre las desigualdades inherentes a la disciplina. En Chile, las investigaciones de Gloria Cortés permiten reconsiderar el modernismo chileno desde una mirada feminista. En Modernas (2013), Cortés parte de la hipótesis que, a pesar de la presencia en el país de un contingente importante de artistas mujeres, sus historias no han, hasta ahora por lo menos, entrado en el relato oficial. “El caso de las mujeres que ejercieron la profesión de artistas es el que sufre de un mayor número de marginación en nuestra historia del arte. Encontraremos sus nombres en los salones, concursos y exposiciones, en reportajes de revistas magazinescas (…), pero muy pocas veces accederemos al relato de sus vidas y al rol que ejercieron en la escena artística chilena” (Cortés, 16). La tarea del feminismo consiste justamente en desarrollar herramientas analíticas para abrir la historia a esas producciones que escapen el canon.



En el campo curatorial, la primera década del siglo XXI correspondió a un importante momento para el arte feminista en Chile. En 2006, Guillermo Machuca organizó en el Centro Cultural Palacio de la Moneda la exposición Del otro lado. Arte contemporáneo de mujeres en Chile. Si bien la muestra permitió exponer la producción de 21 artistas mujeres nacionales, la propuesta curatorial reveló una cierta incomodidad con el tema del arte feminista que, para Machuca, tenía que entenderse como heredero del fin del modernismo tardío: una afirmación que parece ignorar la producción artística de mujeres feministas previas y contemporáneas al modernismo, en Chile y en el extranjero. Sin embargo, la exposición permitió también plantear la cuestión del género en sus complejidades regionales: “El arte de mujeres desarrollado en las zonas periféricas (…) ha debido oscilar entre las concepciones metropolitanas que reducen sus formas y lenguajes a los haceres menores de lo doméstico y artesanal y las respuestas locales fundamentadas en un lenguaje estético radical a nivel forma y de sentido” (Machuca, 8-9). En este sentido, la obra de Cecilia Vicuña Quipu Menstrual (2006), que combina instalación con lana, vídeo y poema, cuestiona pertinentemente las relaciones entre el cuerpo femenino, el continente latinoamericano y las prácticas creativas ancestrales.

Por otra parte, en 2007, las curadoras Soledad Novoa, Ana María Saavedra y la artista Yenniferth Becerra organizaron la exposición Handle with Care en la sede Quinta Normal del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Santiago. El proyecto parte de un diagnóstico crítico sobre la ausencia de análisis serio de la producción de artistas mujeres en Chile. Como lo escriben las curadoras, “no hemos sido capaces como país de elaborar un discurso que inserte la producción artística femenina dentro de la historia y que también nos permita analizarla desde otras matrices discursivas, como el feminismo, porque la pregunta siempre nos hemos referido a los artistas y no a las artistas” (Trabucco, s.p.). Frente a esa realización, la exposición ofrece un recorrido a través de las obras de artistas de distintas generaciones. Más allá de las obras expuestas, la lógica feminista se aplicó también al formato mismo de las actividades vinculadas a la muestra que, a través de discusiones, mesas redondas y otras instancias discursivas permitían pensar el arte feminista de manera más colaborativa. Un año después, en 2008, la misma Novoa organizó “Esto no es una exposición de género” en el Centro Cultural de España, una exposición colectiva cuyo objetivo era cuestionar irónicamente algunos estereotipos y prejuicios asociados a las diferencias entre géneros.

En el contexto de la creación actual, cabría mencionar el trabajo de la artista Daniela Lara quién, a través de obras pictóricas, bordeados y performance, ha parodiado los lenguajes de la publicidad y más recientemente, ha trabajado sobre el tema del femicidio en el país. En el campo curatorial, la exposición New Maternalisms que tuvo lugar en 2014 en el MAC propone repensar la creación artística a través de la mirada de la maternidad. La exposición incluyó artistas quienes, a través de la performance, el vídeo, la instalación o la escultura evidenciaron vínculos entre creación y procreación. En su video-performance Primeras Palabras (2014), Catalina Bauer produjo junto con la bailarina Amalia Ibáñez un abecedario de palabras a través del cuerpo en movimiento. En este trabajo, las artistas localizan el aprendizaje del lenguaje en el cuerpo de la madre y, así, se oponen a las ideas de una transmisión exclusivamente masculina del saber.

Por último, el arte feminista chileno recién adquirió una importante visibilidad internacional gracias a la exposición colectiva Radical Women (Hammer Museum, EE.UU., 2017) de las curadoras Andrea Giunta y Cecilia Fajardo-Hill. Esta muestra proponía visibilizar la dimensión iconoclasta y radical del trabajo de 120 artistas mujeres latinoamericanas (1960-1985) e incluía las obras de trece artistas chilenas, entre ellas, a Roser Bru, Diamela Eltit, Lotty Rosenfeld y Cecilia Vicuña. Al examinar la doble marginalidad –geográfica y sexual– en la cual produjeron esas artistas, las curadoras no solamente abordaron “un vacío histórico del arte” (Hammer Museum, s.p.), pusieron también en evidencia la capacidad de esos relatos periféricos a perturbar la hegemonía de la historia del arte establecida.

Bibliografía

Lista de imágenes

  1. Lotty Rosenfeld, Una milla de cruces sobre el pavimiento, 1980.
  2. Roser Bru, Mujeres que aguantan, 1988.
  3. Cecilia Vicuña, Quipu Menstrual, 2006.
  4. Daniela Lara, Políptico No 2, 2014.
  5. Catalina Bauer, Primeras Palabras, 2014.
  6. Registro exposición «Esto no es una muestra de género», Centro Cultural de España, 2008.

Sophie Halart (1984) es historiadora del arte, doctora en Historia del arte de la universidad University College London y especializada en arte contemporáneo latinoamericano. Ha escrito varios artículos y capítulos de libros, tanto en inglés como en español. Su artículo «La Piel de las Cosas: Mutaciones Epidérmicas en la Pintura de Roser Bru” fue publicado en el libro Prácticas y discursos en las Artes Visuales de los 70’ y 80’ en Chile Volumen III (LOM Ediciones, 2014). Asimismo, es la co-editora y co-autora del libro Sabotage Art: Politics and Iconoclasm in Contemporary Latin American Art publicado por la editorial inglesa I.B. Tauris en abril de 2016.

El desarrollo de un arte feminista coincide con un interés en las humanidades y la cultura visual por visibilizar sensibilidades de cuerpos e identidades considerados minoritarios; por lo tanto, el feminismo comparte inicialmente ideas con el post-colonialismo y la teoría Queer.

» Back to Glossary Index

Mujeres artistas: 12 talentos que echaron un pulso a la historia

Si hoy en día las mujeres siguen en situación de desigualdad respecto a los hombres en el mundo del arte, nos podemos imaginar por lo que tuvieron que pasar aquellas mujeres artistas de otras épocas. No solo no se valoraba su trabajo, sino que en muchos casos ni siquiera estaban autorizadas para realizar según qué oficios.
Actualmente, todavía vemos que tanto la fama como el valor de las mujeres sigue permaneciendo en un segundo plano. Prueba de ello, son algunos estudios que aseguran que los trabajos de las mujeres artistas más cotizadas tienen un valor hasta 10 veces menor que los de sus compañeros varones.

Tu navegador no puede mostrar este vídeo

Con nuestro artículo queremos homenajear a las representantes femeninas que han hecho historia en el mundo del arte, tanto por su destreza artística como por su desafío a los convencionalismos de su época, eminentemente machista. Además, también incluimos a las artistas contemporáneas mejor valoradas, que incluso a día de hoy siguen luchando, con el talento como arma, para que las mujeres consigan el hueco que merecen dentro del mundo del arte.

© Web

Mujeres artistas que han hecho historia: Frida Kahlo

Esta pintora mexicana combina en su obra, eminentemente personal, los estilos surrealista, naïf y folclórico. La vida de Frida Kahlo (1907-1954) estuvo marcada por una enfermedad infantil y por un accidente en su juventud que le llevó a pasar por quirófano hasta en 32 ocasiones. Estuvo casada con el muralista mexicano Diego Rivera, en una relación que fue tan intensa como tormentosa. Su obra pictórica gira entorno a su vida y sufrimiento además de estar muy influenciada artísticamente por su marido. Aunque su obra fue admirada por varios artistas de la época fue después de su muerte cuando sus trabajos lograron una mayor trascendencia.

Yayoi Kusama

Nació en una familia de clase media alta y desde pequeña ya apuntaba maneras. Estudió en Nihonga (pinturas de estilo japonés) en Kyoto pero este estilo le frustraba así que decidió probar con el avant-garde americano y europeo. En 1957 se instaló en Nueva York donde realizó una serie de pinturas influenciadas por el expresionismo abstracto.
Pero pronto Kusama se pasa a la escultura y la instalación y comienza a adentrarse en el estilo Arte Pop con sus trabajos expuestos al lado de figuras tan representativas de este movimiento artístico como Andy Warhol o George Segal. Su trabajo está basado en el arte conceptual mostrando atributos del feminismo, el minimalismo, el surrealismo, el arte marginal, arte pop todo ello fusionado en una obra autobiográfica, psicológica y sexual.
Las obras de la artista japonesa son de las más cotizadas a nivel mundial y siendo mujer, se encuentra en un buen puesto del ránking de artistas mejor valorados en el mundo del arte ostentando el número 34. En 2008, la casa de apuestas Christie’svendió en Nueva York, una obra de la artista por 5,1 millones de dólares, un récord para ser una artista femenina viva.

Camille Claudel

Desde la infancia, Camille (1864-1943) fue una apasionada de la escultura. En 1876 su familia fue trasladada a Nogent-sur-Seine y allí conoció a Paul Dubois quien la introdujo en la Escuela Superior de Bellas Artes de París. En 1884 comienza a trabajar con Auguste Rodin, quien cayó rendido a sus pies como mujer, y como artista, convirtiéndose en su modelo y musa. Aunque se mueven en los mismos ambientes y hacen viajes de largos periodos de tiempo, Rodin está unido sentimentalmente a otra mujer, Rose Beuret, a quien se niega dejar. Situación que servirá de inspiración para las obras más importantes de la carrera de Camille como por ejemplo, La edad madura. Su fama llega a tal punto que es promocionada por varios artistas de la época, incluso apareciendo en varias revistas de arte.
La escultora comienza otra relación pero vuelve a tropezarse con la misma piedra, ya que su nuevo acompañante Claude Debussy está casado con otra mujer. Comienza aquí su declive con continuos episodios de crisis nerviosas que se agudizaron hasta el punto de encerrarse en su taller y destruir sus obras. Un final triste para una gran artista, ya que por decisión de su familia fue ingresada en un centro psiquiátrico durante los últimos 30 años de su vida.

Beatrix Potter

¿Quién no conoce los Cuentos Completos de Beatrix Potter? La escritora e ilustradora (1866-1943) creció en una familia de buena posición, victoriana y convencional. Su vida estaba encaminada a convertirse en esposa y madre pero desde pequeña tuvo claro que quería ser independiente. Se convirtió en una intelectual especializada en naturaleza e hizo varios estudios sobre líquenes, hongos y plantas que tuvieron que ser presentados por su tío ante el círculo de investigadores ya que a las mujeres no se les estaba permitido; misma razón por la que la autora no pudo estudiar en los Reales Jardines de Kew.
En 1902 publica su primer cuento ilustrado y tal fue su éxito que durante los 8 años siguientes no dejó de escribir historias animadas. En 1905 se casa con el editor Frederick Warne, enfrentándose a la oposición de sus padres, aunque su marido falleció ese mismo año. Fue entonces cuando Beatrix compró la granja Top Hill en Escocia, la que se convertirá después en escenario de muchos de sus cuentos.

Tamara de Lempicka

Tamara de Lempicka (1898-1980) fue un pintora de origen ruso y gran exponente de la corriente Art Decó. Muchos son los adjetivos que podrían definirla: elegante, excéntrica, mundana… La artista vivió diez años en París, durante la época de 1920, muy felices ya que consiguió destacar por ser la retratista más importante del estilo Art Decó. En sus obras siempre se decantaba por la aparición de la figura femenina, la moda, el lujo y el erotismo.
Muchos la califican de femme fatale, bastante superficial y clasista ya que su indiferencia era evidente tanto en los ambientes culturales como por el movimiento feminista. Entre la aristocracia era de las artistas más codiciadas ya que se convirtió en retratista de moda para esta clase social e hizo portadas para la revista de moda alemana Die Dame; aunque poco a poco sus pinturas fueron perdiendo protagonismo ya que el gobierno nazi las consideró porno blando.

Georgia O’Keeffe

Georgia O’Keeffe (1887-1986) pertenece a la escuela modernista norteamericana. Estudió en la Escuela de Arte del Instituto de Chicago, bajo la dirección de John Vanderpoel. En 1907 se trasladó a Nueva York para unirse a la Art Student League donde conoció el arte europeo de Rodin y Matisse. La artista quería dar vida y expresión visual a sus emociones lo que le llevó a pintar abstracciones basadas en la naturaleza. Sus obras más conocidas son las pinturas de flores a gran escala como Black Iris (1926) así como sus series de cuadros, como por ejemplo, Jack-in-a-Pulpit de 1930. En 1946 se traslada a Nuevo México, lugar que había conocido en uno de sus viajes como artista. Durante los años 30 y 40 amplió su registro introduciendo a sus pinturas huesos y cráneos de animales.

Helen Frankenthaler

Helen Frankenthaler (1928-2011) fue una artista expresionista abstracta influenciada por la obra de Jackson Pollock y Clement Greenberg, con quien también se involucró en el movimiento de arte abstracto.
Estudió en la Escuela Dalton con Rufino Tamayo y también en el Bennington College de Vermont. La pintora desarrolló una técnica pictórica propia para aplicar la pintura al lienzo. Dicha técnica, conocida como soak stain (mancha de empapado) consiste en licuar la pintura al óleo con aguarrás y dejar que la tela, todavía sin tratar, absorba para eliminar cualquier sensación tridimensional.
Asimismo, esta técnica inspiró el movimiento campos de color que fue seguido por artistas Morris Louis y Kenneth Noland, y resultó ser el movimiento precursor del minimalismo. Su obra más representativa es el cuadro de Montañas y mar.

Louise Bourgeois

Louise Bourgeois (1911-2010) fue una escultora francesa-norteamericana considerada una de las artistas más importantes del arte contemporáneo, cruzándose con los principales movimientos vanguardistas del siglo XX como el surrealismo, el expresionismo abstracto y el posminimalismo. Sus esculturas de araña, como la que mostramos en la imagen, hechas en homenaje a su madre que era tejedora (así como la representación de la duplicidad de la naturaleza y la maternidad: la madre es protectora y depredadora al mismo tiempo), se han convertido en su seña de identidad y le han valido el apodo de la «mujer araña».
Precisamente, su obra Araña, según recientes informes publicados, se considera una de las más valoradas en el mundo del arte femenino llegando a adjudicarse su venta por subasta en 10,7 millones de dólares. A pesar de su amplia trayectoria con trabajos abstractos sus obras también se relacionan con la figura humana expresando temas como la traición, la soledad o la ansiedad. Una obra claramente autobiográfica y marcada por un trauma de la infancia causado por la relación de su padre con su niñera.

Leonora Carrington

Leonora Carrington (1917-2011) fue una pintora de origen inglés que se inicia en el mundo de la arte de la mano de Max Ernst. Nació en el seno de una familia rica de la industria textil y debido a los cuentos de hadas que le contaba su nana durante la infancia, su posterior obra estará más que influenciada por estas historias de fantasía.
Tras una rebelde adolescencia, en 1936 ingresa en la Academia de Amédée Ozenfantdonde comienza sus estudios de dibujo y pintura. Un año después será cuando conozca a Max Ernst, quien la introduce en los círculos del surrealismo.
Al comienzo de la II Guerra Mundial, en 1939 se traslada a España y Portugal donde conoce a Renato Leduc, amigo de Picasso, con quien se casa, aunque este matrimonio durará tan solo 2 años.
En 1943 conoce a Edward James en México, mecenas de los surrealistas y máximo coleccionista de su obra. Allí vivió durante 43 años donde formó parte del movimiento surrealista y conoció a Frida Kahlo y Remedios Varo, convirtiéndose en grandes amigas. Su lenguaje pictórico combina lo siniestro, lo sobrenatural, los símbolos religiosos y la psicología de Jung en mundos imaginados donde se mezclan sueño y realidad.

Natalia Goncharova

Natalia Goncharova (1881-1962) nació en una familia de alta burguesía rural y era biznieta de Alexander Pushkin. Comenzó sus estudios en 1898 en la Escuela de arte, escultura y arquitectura de Moscú donde conoció a Mijail Lariónov, quien se convirtió en su compañero tanto sentimental como profesional. Sus obras se relacionaban con el arte icónico y el arte popular ruso, mientas que en otras comienza a despuntar su influencia por el futurismo y el cubismo, que evoluciona al rayonismo. Su obra fue bien acogida por el público aunque su estilo de vida, alejada de los convencionalismos sociales, siempre causó polémica.
Con su exposición Le Coq d’or de Diághilev dió el salto a Europa dándose a conocer como escenógrafa. Viajó junto a Diághilev y Lariónov a Italia, Suiza y España hasta asentarse en Francia donde su trabajo comenzó a ser más que fructífero aunque con la muerte de Diághilev comenzó su declive creativo. Pocos meses antes de su muerte el Arts Council de Londres realizó una exposición retrospectiva de la obra de la artista y su marido donde se reconocía su importancia dentro del panorama artístico ruso y europeo del s.XX.
Goncharova, al igual que el caso de Louise Bourgeois, es considerada una de las artistas femeninas mejor valoradas en el mundo del arte, y ejemplo de ello es la venta que se consiguió hacer de su cuadro Flores por 10,8 millones de dólares.

Berthe Morisot

Berthe Morisot (1841-1895) fue la primera mujer en unirse al movimiento Impresionista. Nació en una familia de la alta burguesía y fue educada en el mundo del arte y la música. Disciplinas que supo combinar dentro de su papel de mujer moderna y animadora social.
Fue modelo y amiga de Manet, y estuvo casada con el hermano del artista, Eugène. La artista tuvo un papel destacado en el desarrollo del Impresionismo francés y expuso junto a artistas de la talla de Degas, Renoir, Monet. Su obra Detrás del desayuno consiguió batir todos lo récord de las subastas de la famosa casa de apuestas londinense Christie’s, subastado por la cantidad de 11 millones de dólares. Por ello, se le considera la mujer artista mejor valorada del mundo del arte.

Mary Cassatt

Mary Cassatt (1844-1926) era hija de un banquero estadounidese que no veía con buenos ojos los intereses artísticos de su hija y se posicionó en contra de su carrera como pintora. Por fin, en 1861, Mery comienza sus estudios en la Academy of Fine Arts de Filadelfia donde adquiere un acento académico que más tarde la llevará al taller de Chaplin en París. Durante estos años le delata su gusto por el trabajo de Courbet, Velázquez o Rembrabdt. Pero es Degas quien la introduce en el mundo del Impresionismo, y aprende la técnicadel grabado y los tonos pasteles. Es entonces cuando su estilo comienza a acercarse al de su propio maestro, así como al del artista Renoir.
Comienza entonces a trabajar por su cuenta y empieza a ser conocida sobre todo por sus series de niños y madres. Aunque la artista explora también otros aspectos de la vida social y privada de las mujeres en sus obras. Una repentina pérdida de visión le hizo retirarse antes de lo esperado del mundo de la pintura, pero gracias a su trabajo el Impresionismo se introdujo en Estados Unidos.

​Y además:
10 inventos imprescindibles creados por mujeres
¡Ellas toman el mando! 50 películas dirigidas por mujeres

‘¡Feminismos!’: en arte que puso en marcha al movimiento feminista

Decía Simone de Beauvoir que el trabajo es lo único que puede garantizar una libertad completa a la mujer y, a la vez, la manera con la que «ha podido franquear la distancia que la separa del hombre». En un momento en que la lucha feminista vuelve a estar en boca de todos y se insiste en reivindicar para las mujeres derechos que parecían obvios y conseguidos, debe servir como ejemplo y referente la batalla que muchas artistas libraron a través de su trabajo creativo durante los años 70.

Esa fue la década que marcó un antes y un después en el movimiento feminista y que trajo consigo, también, un arte rompedor y efervescente en el que muchas mujeres artistas se atrevieron a tomar la iniciativa para salir del cascarón e innovar a través de los lenguajes y las formas en cuestiones relativas a la construcción del género, la reivindicación del derecho a decidir sobre el propio cuerpo, la denuncia de las violencias machistas o el descubrimiento de que lo personal también es político.

Para rememorar este trabajo y a las mujeres que lo hicieron posible, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, CCCB, acoge actualmente una doble exposición: ¡Feminismos!, un título cuya ‘s’ final hace referencia a la pluralidad de perspectivas que lo integran y que con esas exclamaciones quiere indicar «sorpresa, alerta y reivindicación del carácter lúdico del feminismo de entonces y de hoy», como explica la directora del centro, Judit Carrera.

¡Feminismos! -que puede visitarse hasta el 1 de diciembre- está, a su vez, compuesta por dos muestras: La Vanguardia Feminista de los años setenta. Obras de la Verbund Collection, Viena, que reúne el trabajo de un amplio grupo de artistas que formaron parte de esa explosión de libertad y creatividad que ha servido como fuente de inspiración durante los 50 años posteriores; y Coreografías del género, comisariada por Marta Segarra y protagonizada por dieciséis obras de artistas contemporáneas deudoras de esas pioneras del feminismo artístico.

Para Carrera uno de los objetivos de la exposición es el de rendir homenaje tanto a esas artistas «a menudo invisibilizadas» de la década de los 70 como a las referentes de las nuevas generaciones. «La exposición provoca un diálogo que quiere trazar la genealogía, la continuidad y la ruptura de ambos feminismos».

Annegret Soltau. Selbst / Self / Fotografía en blanco y negro sobre papel de barita (Serie de 14 fotografías) © Annegret Soltau / Bildrecht, Wien, 2019 / The VERBUND COLLECTION, Vienna

Annegret Soltau. Selbst / Self / Fotografía en blanco y negro sobre papel de barita (Serie de 14 fotografías) © Annegret Soltau / Bildrecht, Wien, 2019 / The VERBUND COLLECTION, Vienna

La comisaria Gabriele Schor, fundadora y directora de la Verbund Collection en Viena, realiza un trayecto por varios hitos de la llamada «vanguardia feminista» a través de una selección de más de 200 obras de 73 artistas de Europa, America del Norte y del Sur y Asia nacidas entre 1929 y 1958, que mediante el uso de lenguajes y técnicas como la fotografía, el cine, el vídeo, la performance o los happenings se atrevieron a enfrentarse a los condicionantes culturales y represivos de esa época.

La exposición se divide en cinco bloques que abordan temas como la reclusión de la mujer en los roles de ama de casa, madre y esposa, la visualización del confinamiento opresivo de las mujeres y el acto de huir de ello, la respuesta a los omnipresentes dictados de la belleza, la rebelión contra la violencia sexual y la cosificación de las mujeres, y la representación de los diferentes roles femeninos de la época como estrategia para expresarse contra las restricciones de la sociedad.

Para ello se ha reclutado el trabajo de creadoras como Lynn Hershman Leeson, Renate Eisenegger, Valie Export, Margot Pilz, Lydia Schouten, Gerda Fassel, Betty La Rocca, Carolee Schneemann, Francesca Woodman, Cindy Sherman… y se incorpora a varias artistas nacidas en nuestro país como Esther Ferrer, Pilar Aymerich, Mari Chordà, Eulàlia Grau, Angels Ribé, Eugènia Balcells, Marisa González y Fina Miralles.

«Las mujeres tuvieron que luchar por su espacio porque no eran tomadas en serio, por lo que organizaron conferencias y actividades, como una ‘performance’ en 1976 en la Universidad de Barcelona por parte del grupo ‘Les Nyakes’, inmortalizada por la fotógrafa Pilar Aymerich», rememora Schor.

Por su parte, Coreografías del género explora cómo desde 1970 se ha abierto el sujeto del feminismo y ha impuesto el término ‘género’ y la fluidez de las identidades sexuales y cómo el movimiento feminista se ha vinculado con otras luchas contra las desigualdades como el racismo, la homofobia, la transfobia, el especismo o el desprecio hacia las personas pobres o discapacitadas.

En esta sección puede contemplarse el trabajo de artistas y colectivos como Cabello/Carceller, O.R.G.I.A., Toxic Lesbian, Lúa Coderch, María Ruido, María Llopis, Linda Porn o ideadestroyingmuros.

Nadie apuesta por los artistas jóvenes (excepto ellos mismos)

La falta de ayudas y la crisis agudizan el ingenio de los nuevos en la industria cultural: ellos se lo guisan, y se lo comen

Ya sea en espacios de ‘co working’, o en espacios digitales, proliferan las pequeñas galerías subvencionadas con micro mecenazgo

Actualizado 12/01/201604:41

Parece que el mundo del arte siempre ha estado tocado de muerte en una perpetua agonía. «Hijo, no estudies Bellas Artes, que no tiene salida». Pero tras unos años de crisis, de no ver luz al final del túnel, hay que liarse la manta a la cabeza. Y si no hay salida, te la construyes. Si no me expones los cuadros, ya me los expongo yo. Son jóvenes, artistas y audaces, y quieren hacerlo a su manera.

La Carbonera

Coños de pan. Con la misma masa madre que su familia de panaderos utiliza para producir alimento material, Berta López decidió un día crear alimento espiritual. Coños de pan hechos con las sobras de la panadería familiar y cabellos de la peluquería donde le cortaban el pelo de pequeña, cuando no había tenido una cresta morada, ni el cráneo rapado, ni la melena rubia blanquecina que lleva ahora.

Y con los coños de pan llegó su primera exposición individual. Y su traslado a Madrid, a la tierra prometida y a pesar de recibir premios y menciones encontrarse con un muro alto, rígido y estático que nunca deja pasar al otro lado.

Y en el intento de saltar el muro, tropezar con otros dos artistas argentinos afincados en España, Agustín Miguélez y Agostina Flamini, y entre los tres dar a luz a La Carbonera. «Como artistas hemos vivido la situación de encontrarnos con galerías que ofrecen unas condiciones muy malas», lamenta Agostina. «Si no tenés trayectoria porque sos un artista emergente o si no tenés la plata para participar es muy complicado abrirse camino».

Los tres se quejan de que la mayoría de espacios prestan sus paredes a cambio de mucho dinero o de obras del artista o de porcentajes abusivos de los beneficios de las piezas vendidas. Y contra ese sistema intenta luchar La Carbonera, como un David frente a los innumerables Goliaths de las galerías tradicionales. «Lo que a nosotros nos interesa más que todo es difundir la cultura y darle la posibilidad a quien no puede conseguir un sitio», resume Agustín.

La Carbonera, que recibe el nombre del primer local sede de la asociación, nació en marzo de 2014, casi por generación espontánea. «Vimos por Facebook un anuncio de un local en Malasaña y lo cogimos», explica Berta. «Fue una locura de mes porque hubo que limpiar, inaugurar, convocar a los artistas».

Empezaron sin un duro, pagando un alquiler de 500 euros y sin subvenciones de ningún tipo; a los gastos hay que sumar luz, más inauguraciones y exposiciones. Y como tratan de mantener un perfil accesible para no coartar a nadie, La Carbonera no hace muchos dispendios innecesarios.

«Nos hemos dado a conocer principalmente por las redes sociales, por Facebook, y por el boca a boca. También hemos abierto convocatorias en The Art Boulevard -una red online de artistas- para darnos a conocer. Ahora estamos haciendo un trabajo intensivo para que nos conozcan en Usera, de difusión de los talleres; recorremos nosotros el barrio, entregamos los folletos en mano, en asociaciones culturales, bibliotecas o salas de teatro que estén cerca. Un poco a la antigua», explica Agostina.

De momento, folleto a folleto, ponen en marcha un proyecto que acoge a cualquier tipo de artista cuya propuesta les resulte interesante, sin tener en cuenta currículum y sin unas tasas exorbitantes por exponer. «Si lo pensamos, el único trabajador que paga por poder trabajar es el artista», continúa Agostina. Y en La Carbonera se niegan a dejar a nadie fuera y menos por motivos económicos: «Para nosotros la cultura es sumar. No vale el menos es más, cuantas más aportaciones, mejor», sentencia Berta.

Después de unos meses situados en un local del centro, la Carbonera ha conseguido una beca de residencia en los talleres de Espacio Oculto, en el madrileño barrio de Usera.

Espacio oculto

Guillermo, Amaya y Carmela eran amigos de la infancia y siempre habían compartido inquietudes artísticas. Ya pasada la treintena la vida les hizo volver a cruzarse y se propusieron levantar juntos una plataforma de producción y exposición artística.

En un antiguo taller de aluminio abandonado nació Espacio Oculto, un centro de co working financiado gracias a una campaña de crowdfunding y la «ayuda de familiares, amigos y simpatizantes del proyecto», explica Guillermo. Y tras mucha brocha y varias capas de pintura, el taller volvió a cobrar y crear vida.

Al igual que La Carbonera, en Espacio Oculto están abiertos a cualquier persona que busque un espacio para desarrollar la creatividad, en este caso, como estudio de creación. «Nos interesa que venga mucha gente a trabajar y por eso mantenemos precios asequibles que facilitan el trabajo de los artistas, diseñadores o profesiones creativas en general».

Además, dos veces al año, la asociación lanza convocatorias de residencia con becas y descuentos para artistas y proyectos culturales: «Seleccionamos los trabajos más interesantes y que pueden ayudarnos a mejorar. La intención es crear redes y generar sinergias entre las personas que trabajan en Espacio Oculto», relata Guillermo.

En estos dos años, al antiguo taller ha acogido a más de 50 artistas, como Berta, Agustín y Agostina. En los últimos años han surgido muchas propuestas relacionadas con la gestión cultural en Madrid. Galerías, laboratorios, espacios de trabajo y muchas fórmulas alternativas cada vez más habituales. Eso sí, la mayoría independientes, sin relación con las administraciones.

«Utopic_Us y Impact Hub, dos de los centros de co working más activos de la ciudad, son una referencia a la hora de gestionar el proyecto como espacio de trabajo compartido», admite Guillermo. «Matadero Madrid, MediaLab Prado y CA2M juegan en otra liga pero también nos han servido de inspiración para crear la programación de Espacio Oculto como centro de arte. Además, aprendemos y colaboramos con otras iniciativas como The Art Boulevard, La Neomudéjar, Taller Omnivoros o LaZonaKubik».

Sin embargo, esta escasez de ayudas institucionales dificulta la supervivencia de los proyectos independientes, abocados a la precariedad, el desgaste progresivo y, finalmente, el cierre.

Espositivo

Pero no hay que dejarse llevar por el desánimo. En enero de 2014, en el madrileño barrio de Malasaña abría sus puertas por primera vez Espositivo, un espacio de arte desenfadado gestionado por siete amigos de entre 26 y 28 años dedicados al mundo del diseño, el periodismo y la ilustración.

Su enfoque al arte urbano se percibe desde la misma fisonomía del local, de aspecto neoyorquino: vigas, aluminio, cristal y ladrillo visto. Muros de intervención donde, como grafitis, nacen y mueren obras de arte efímeras, lienzos tradicionales, ventanas, vidrios, y hasta puertas de muebles reciclados son los soportes de las obras de jóvenes creadores sin complejos. El vídeo se puede entremezclar con la pintura, la música con la fotografía, cualquier material es válido, no hay reglas.

Poco a poco, y a pesar de las dificultades económicas, Espositivo ha conseguido acoger las obras de seis artistas y una exposición colectiva de fotografía en la que participaron más de 20 retratistas.

Una de las premisas de esta galería es que «la calidad de los artistas está por encima del nombre». «Consideramos la proyección que pueda tener el artista, ya que cada exposición es una fuerte apuesta por esa persona y su obra», explican. «Además, para nosotros, uno los objetivos principales de las galerías es descubrir nuevos talentos y potenciarlos».

Sin embargo, de nuevo aparece el lamento por la falta de apoyo por parte de las administraciones. «En nuestro caso, las ayudas institucionales han sido inexistentes. Espositivo ha surgido de nuestro esfuerzo, tanto económico como laboral, y de nuestras ganas», afirman. «Y aunque a raíz de la crisis han surgido infinidad de proyectos culturales o de arte emergente, no se debe a una apuesta de la ciudad, sino más a la necesidad e iniciativa de gente con ganas de luchar y de ofrecer algo bonito y diferente».

3k ART

¿Nada que hacer este fin de semana? Si estáis por Barcelona os esperamos en @swabartfair. #3kart #galleryweekend #barcelona #swabartfair

Una foto publicada por 3kart (@3kart) el 3 de Oct de 2015 a la(s) 6:23 PDT

Tampoco han recibido un duro los creadores de 3K ART, pero han sabido aprovecharse del tirón de para llevar a cabo su proyecto: «una galería de arte on line que nació con el propósito de poner en contacto a jóvenes artistas con jóvenes curadores, ofertándoles un espacio gratuito en el que realizar exposiciones en Internet y poder darse a conocer».

Carlos Mozas Rueda dirige esta propuesta salida de un grupo de ex alumnos inquietos de Historia del Arte y Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Todos menores de 27 años. Gente con talento, sin miedo y con ganas de lanzarse a la aventura. «Nuestra idea es asentar nuestro trabajo en la red, siendo precursores en el mundo de las galerías on line en España, y mirando hacia un futuro en el que poder abrir un espacio físico, serio y dinámico, sin abandonar el mundo on line», cuentan desde 3K ART.

Y poco a poco lo van consiguiendo con la participación en diferentes ferias de arte contemporáneo -como SWAB Barcelona- y con muestras en diversas salas de exposiciones a lo largo de la geografía española.

En una sociedad que sufre un bombardeo constante de productos audiovisuales a través de la pantalla del televisor, el ordenador, la tableta o el móvil, cualquier persona conectada a Internet puede consumir diariamente miles de imágenes procedentes de cualquier parte del mundo.

«Hoy es posible ver la inauguración de un museo desde casa, o acercarnos a las obras de un artista desde nuestro sofá con una calidad envidiable. Un primer paso para visitar una galería física es haberla conocido antes a través de nuestras pantallas. Conocer sus artistas, sus trabajos o incluso sus recomendaciones, como si de un restaurante se tratase», reflexionan en 3K ART. Una nueva forma de abrir el buffet del arte a todos los paladares.

20 fotografías artísticas que te darán ideas para jugar con las sombras y la luz

“Lo más importante no es la cámara, sino el ojo», Alfred Eisenstaedt.

Tener una cámara profesional ayuda muchísimo a la hora de tomar una buena fotografía, pero sin el conocimiento básico sobre este arte no podrás experimentar demasiado. Las sombras y el juego con la luz son algunas de las cualidades más exquisitas de la fotografía y toda persona que desea un buen resultado tiene que saber manejarlo. Las sombras son capaces de vestir a una persona y darle el sentido que necesitas para expresar lo que quieres.

Si estás aventurándote en el mundo de la fotografía, estas son algunas ideas que pueden servirte para retratar un momento increíble con la luz y la oscuridad al mismo tiempo.

1. Las palmeras durante el medio día

kristinsundberg

2. Cuando el sol está directo puedes crear este efecto

thewildflower__

3. Sombras de encaje

Heather Mason

4. Líneas en blanco y negro

Francis Giacobetti

5. La sombra viste todo el cuerpo de la modelo

Greg Lotus

6. Las ramitas parecen tatuadas

Cristiana Pantea

7. Tatuajes de sombras

Ferdinando Scianna

8. La textura de la luz

Neil Snape

9. Curvas en la oscuridad

Lucien Clergue

10. La pluma de un pavo real es capaz de vestir el cuerpo de una mujer usando la luz adecuada

Emilio Jimenez

11. Textura

Solve Sundsbo

12. ¿Marea un poco esta imagen, cierto?

Vladimir Zotov

13. Medias panties de mentira

David Basanta

14. Flores sobre la espalda

Sophie Delaporte

15. Solo un ojo

Wendy Hope

16. Una flor sale de su boca

Juras Duo

17. Desnuda y vestida al mismo tiempo

George Mayer

18. La completa oscuridad se apodera del cuerpo y el resto está perfectamente iluminado

George Mayer

19. Líneas bajo el sol

Abbie Wyatt

20. Textura de puntos

MichelleClement

Las cuarenta mujeres más guapas de la historia de la pintura

25. Dánae (Gustav Klimt, 1907)

Dánae es un personaje de la mitología griega, símbolo del amor divino. Dánae ha sido representada decenas de veces por artistas de todas las épocas y estilos. Entre ellos Rembrandt, Tiziano y Chantron. Pero mi preferida es la Dánae de Gustav Klimt.

Dice el mito que tras ser encerrada por su padre en una torre de bronce, Dánae fue visitada por Zeus. En el cuadro de Klimt, Zeus es el chorro dorado que fluye entre sus piernas. La cara de Dánae y el gesto de su mano derecha parecen indicar que agradece, con entusiasmo, la visita.

El fuerte de Klimt no era desde luego la sutileza.

24. La bella Betty (Albert Lynch, fecha desconocida)

Albert Lynch, pintor de origen peruano afincado en Francia desde los veintisiete años, es una figura de segunda fila (y soy generoso) de la historia del arte de principios del siglo XX. Lynch fue un artista arquetípico de la Belle Époque y no existen razones de peso para dedicarle poco más que una nota a pie de página en los libros dedicados al modernismo. Pero la tal Betty se marca un aire a la Ygritte de Juego de tronos y eso es más que suficiente para incluirla en esta lista.

.

23. Autorretrato (Leonora Carrington, 1937-38)

El surrealismo me repele y solo lo soporto en pequeñas dosis y en el contexto de una narrativa sólidamente asentada en la realidad. Ya saben: como una minúscula pirámide de sal Maldon sobre un solomillo de proporciones generosas. Pero este autorretrato de la pintora mejicana de origen británico Leonora Carrington me obsesiona.

Ella, por cierto, era una mujer de una extraña belleza. Un gusto adquirido, si lo prefieren. Aún ando decidiendo, como me ocurre con el surrealismo, si la belleza carringtoniana me atrae o me desagrada.

22. Brujas yendo al Sabbath (Luis Ricardo Falero, 1878)

Una lista de bellezas femeninas sin brujas ni es lista ni es nada. Además, algún pintor español había que meter. Ha costado lo suyo: el hedonismo bien entendido (el botellón y la jarana son otra cosa) no forma parte precisamente del recio carácter español. Por desgracia para nuestras mujeres, que se han visto obligadas a casarse e incluso a procrear con una raza de cabreros, horteras y pitofloros a los que todo aquello ligeramente más sofisticado que un cencerro les suena a sospechoso amaneramiento. Que un español se pone cosmopolita y se mete en un restaurante de cocina molecular a comer espuma de humo de éter al vacío de ausencia, señores. ¡Y luego le escribe una glosa! A fin de cuentas, el tenebrismo no lo inventamos nosotros por casualidad (con el permiso de Caravaggio). De la quema se salva Zurbarán y poca cosa más.

Por otro lado, buscar una sola belleza en una tradición pictórica abarrotada de reinas e infantas es, bueno… un martirio que no se paga con dinero. Digamos tan solo que la endogamia ha hecho estragos por estos lares.

21. Oh, Jeff… I Love You, Too… But… (Roy Lichtenstein, 1964)

Roy Lichtenstein era un jeta. Todas sus obras son copias de viñetas dibujadas por artistas del cómic como Gil Kane, Joe Kubert o Jack Kirby. Ninguno de los dibujantes a los que Lichtenstein copió recibió ni un solo dólar de las decenas de millones que ganó con sus obras. En los años sesenta no existía internet y la mayoría de los que contemplaban sus cuadros desconocía que las imágenes originales habían sido dibujadas por otros artistas a los que Lichtenstein, sistemáticamente, olvidaba acreditar. Se han escrito decenas de ensayos y de artículos para justificar el expolio de Lichtenstein, pero son solo cháchara barata, y generalmente muy mal escrita, de licenciado en Bellas Artes. Pero no estamos hablando de honradez sino de belleza. Así que ahí lo tienen: la rubia americana arquetípica en todo su esplendor.

El autor de la imagen original copiada por Lichtenstein es Tony Abruzzo.

20. La joven de la perla/Muchacha con turbante (Johannes Vermeer, 1665)

La joven de la perla es un tronie, un tipo de retrato típico del barroco holandés protagonizado casi siempre por el busto de personajes con expresiones faciales exageradas o vestimentas peculiares. Los tronie eran, más que una pintura al uso, un ejercicio de virtuosismo con el que los artistas demostraban a los clientes su habilidad con los pinceles.

La joven de la perla no es una mujer especialmente guapa, y menos desde que resulta imposible ver el cuadro sin que te venga a la cabeza de inmediato la choni de Scarlett Johansson. Pero si esta es una lista de bellezas pictóricas emblemáticas, es justo que figure en ella. Gustos personales aparte.

19. Wendy (Anthony Devas, 1950)

Entre los años 1950 y 1957, la empresa británica de chocolatinas y golosinas Rowntree (absorbida por Nestlé en 1988) compró veinte retratos de mujeres jóvenes pintados por artistas como Anthony Devas, Norman Hepple o Henry Marvell Carr. Las pinturas fueron utilizadas para ilustrar anuncios de la marca de chocolatinas Aero (y de ahí que las veinte modelos fueran rebautizadas como las Aero Girls). Wendy era una de las veinte.

18. Nighthawks (Edward Hopper, 1942)

Las especulaciones sobre el simbolismo oculto del cuadro más famoso de Hopper abundan. Hopper solía negarlas todas y a lo máximo que llegaba era a conceder que «quizá», solo «quizá», había retratado «inconscientemente» la soledad de la vida urbana. Así que mejor nos olvidamos de las teorías que dicen que la mujer es una prostituta o que el bar no tiene puerta de salida. Lo que sí es seguro es que la modelo para la mujer de la blusa roja fue la propia esposa del artista, Josephine Hopper. Cualquier parecido de la mujer del cuadro con la Josephine real es pura coincidencia, pero a fin de cuentas la belleza está en el ojo del que mira.

17. La convaleciente (Gwen John, 1923-24)

Gwen John fue una pintora galesa eclipsada por la popularidad de su hermano Augustus John, también pintor. De hecho, se suele hablar más de Gwen John como la obsesiva amante de Rodin (y modelo de algunas de sus más famosas esculturas) que como pintora con todas las de la ley.

De La convaleciente, uno de sus cuadros más conocidos, existen diez versiones, todas ellas ligeramente diferentes. Mi preferida es esta. Me gustan la taza rosa, la silla de mimbre y el vestido azul de la guapísima protagonista del cuadro. Dan ganas de prepararle una taza de caldo de pollo para que se recupere pronto.

16. Lady Maria Conyngham (Sir Thomas Lawrence, 1824)

Lady Maria era la hija del marqués de Conyngham y de Elizabeth Conyngham, que a su vez era una de las amantes del muy extravagante rey británico Jorge IV. Entre 1823 y 1826, Elizabeth y sus tres hijos posaron para Sir Thomas Lawrence, el retratista oficial de la aristocracia de la época. Lady Maria era la preferida de Jorge IV, y de ahí que su retrato fuera colgado en las paredes del dormitorio del rey en el palacio de St. James.

De Elizabeth se dice que era una mujer vulgar y excesivamente voluptuosa. Su hija Maria no heredó, por suerte para ella, su chabacanería.

15. Muchacha dormida (Balthus, 1943)

De Balthus me gusta su antimodernidad, aunque como a todo hijo de vecino me incomoda su fijación con las niñas. Fijación teóricamente platónica, aunque vayan ustedes a saber, que yo sigo viendo diferencias evidentes entre el punto de vista de las fotografías de Sally Mann, que a fin de cuentas está retratando a sus hijos, de la mucho más dudosa obsesión de Balthus. Por algo se dice en las novelas de Thomas Harris que Hannibal Lecter es primo lejano de Balthus.

Así que puestos a escoger una de sus obras, me quedo con esta Muchacha dormida, que no es una niña sino una mujer joven que duerme (o que finge dormir) en una postura calculadamente ambigua.

Y vamos a dejarlo aquí que Balthus es un puto campo de minas y el voyeurismo tampoco es mi perversión favorita.

14. Almuerzo de remeros (Pierre-Auguste Renoir, 1881)

Dice Jean Renoir en su libro Pierre-Auguste Renoir, mon père que su padre ya pintaba una y otra vez el retrato de Aline Charigot, su futura esposa, treinta años antes de conocerla. En Almuerzo de remeros, Aline es la figura sentada de la izquierda, la que sujeta a un pequeño Yorkshire terrier.

Y añade Renoir hijo: «La figura de Venus del jarrón que desapareció de mi casa durante la ocupación nazi es una materialización de mi madre diez años antes de que ella naciera. Y el perfil de María Antonieta, que mi padre pintó tantas veces en su taller de la fábrica de porcelana, ¡tenía una nariz pequeña! (…) Nadie sabe si él escogía deliberadamente a sus modelos o si era su imaginación la que guiaba su mano».

La predestinación romántica: qué interesante fantasía.

13. Las cuatro estaciones (Alfons Mucha, 1900)

Las cuatro estaciones de Mucha tuvieron tanto éxito en 1896 (fueron creadas para ser utilizadas como paneles decorativos) que Ferdinand Champenois, el impresor de Mucha, le encargó dos versiones más sobre el mismo tema. El artista checo realizó la segunda versión en 1897 y la tercera, mucho más contenida y en la que las cuatro mujeres aparecen con el pelo recogido, en 1900. Mi favorita es esta última, quizá porque es la menos facilona de todas.

12. Marguerite Kelsey (Meredith Frampton, 1928)

Tras la I Guerra Mundial, un pequeño sector del mundo del arte europeo dijo «basta de tanta gilipollez», repudió las vanguardias y abogó por una vuelta al realismo y el clasicismo. El nombre del movimiento lo dice todo: Return to order (retorno al orden). El pintor Meredith Frampton fue uno de sus principales abanderados en Inglaterra.

La Marguerite Kelsey del cuadro es una modelo profesional de la época conocida por su capacidad para mantener la misma pose durante largos periodos de tiempo. Me gusta la elegancia artificiosa de su postura, su rigidez, su solemnidad, sus zapatos rojos (escogidos por el mismo Frampton) y su corte de pelo estilo garçon, popularizado en la década de los veinte por Coco Chanel.

11. Los felices azares del columpio (Jean-Honoré Fragonard, 1767)

Los felices azares del columpio es la pintura más conocida, y también la más representativa, del estilo rococó. En un primer momento, el cuadro fue encargado por un barón de la corte francesa al pintor Gabriel François Doyen. Doyen rechazó el pedido al considerarlo demasiado desvergonzado incluso en el contexto de la frivolidad habitual de la época. La pintura debía representar a una mujer joven (probablemente la amante del barón) que se columpia empujada por un anciano (probablemente su marido) mientras permite que un joven (el barón) mire bajo su falda.

El columpio rebosa picardía: el hecho de que el anciano permanezca en la sombra, el zapato que la joven lanza en dirección a la estatua de Cupido de la izquierda del cuadro o su sombrero de pastorcilla (en el siglo XVIII las pastoras eran consideradas un símbolo de inocencia y virtud).

Pero sobre todo me gusta la irónica metáfora del cuadro: ese columpio que lleva a la mujer desde su decrépito marido hasta su amante para devolverla de nuevo al anciano, que la vuelve a empujar hacia el joven una y otra vez.

10. Las mujeres de Anfisa (Sir Lawrence Alma-Tadema, 1887)

Lawrence Alma-Tadema fue un tipo peculiar, capaz de pintar con el más exquisito detalle las más suntuosas escenas ambientadas en la Roma y la Grecia antiguas, de retozar como gorrino en charca en bacanales muy similares a aquellas que dibujaba en sus cuadros, y de dejar de pintar temporalmente en 1883 porque su obsesión por la decoración de su nueva vivienda no le dejaba tiempo para nada más. Alma-Tadema ganó más dinero con sus cuadros del que se puede gastar en toda una vida y recibió a cambio el desprecio de buena parte de la crítica. Y es que los tiempos estaban maduros para que las vanguardias embistieran con sus cuernos de roña y feísmo todo atisbo de belleza que encontraran en su camino.

Y sí: quizá Alma-Tadema fuera un poco excesivo y si me aprietan incluso un poco fallero, pero al menos era un bon vivant y no tenía un palo de escoba metido en el culo como buena parte de los soplapollas de los vanguardistas.

La modelo para buena parte de las figuras de Las mujeres de Anfisa fue Laura Theresa Epps, a la que conoció cuando ella tenía diecisiete años y él treinta y cuatro, y con la que se casó dos años después, tras superar la resistencia de su futuro suegro.

9. Head of a Girl (John William Godward, 1896)

Godward fue si no el último sí el penúltimo de los grandes pintores clásicos antes de la llegada de las vanguardias. Se dice que la nota de su suicidio, a los sesenta y un años de edad, rezaba «el mundo no es lo suficientemente grande para mí y para Picasso». Probablemente la anécdota sea falsa, pero describe a la perfección la frustración a la que se enfrentó Godward durante toda su vida: ser uno de los mejores pintores de su generación… en un estilo que estaba a punto de morir. Cualquiera de sus cuadros podría estar en esta lista pero había que escoger uno y ha sido este.

8. Desenredo del cabello (Andrey Remnev, 1997)

Todo un descubrimiento, el del pintor ruso Andrey Remnev. Por supuesto, el hombre no puede estar más demodé, pero deduzco que a él le importa un soberano rábano y que ya le pueden ir dando a la modernidad (y a Occidente: el tipo se resiste a irse de Rusia) mientras a él le queden iconos religiosos medievales en los que inspirarse.

7. Sol ardiente de junio (Frederic Leighton, 1895)

La obra maestra de Frederic Leighton se encuentra en el Museo de Arte de Ponce, en Puerto Rico. Posiblemente fue allí donde Luis Miguel vio por primera vez el cuadro y decidió dedicarle una de sus canciones. A veces estas cosas pasan y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Se cree que la modelo del cuadro pudo ser la actriz Dorothy Dene o la también actriz Mary Lloyd. La primera fue la modelo de otras dos pinturas de Leighton (Crenaia, the Nymph of the Dargle y Cymon and Iphigenia). Aunque solo sea por descarte, yo voto por la segunda: la mujer del cuadro no se parece a Mary Lloyd pero mucho menos a Dene.

6. Hilas y las ninfas (John William Waterhouse, 1896)

Se sabe muy poco de las modelos de John William Waterhouse, si es que las tuvo. Quizá su hermana Jessie fuera una de ellas. Otra hermana, Mary, presumía de que un retrato suyo fue utilizado por el artista para la realización de La dama de Shalott. Pero quién sabe. No existe tampoco la más mínima pista de que su mujer Esther posara jamás para él.

Lo que sí está claro es que Waterhouse solía pintar casi siempre a la misma mujer. Y si no era la misma, se le parecía bastante. Tanto, en realidad, que cualquier despistado podría reconocer de inmediato el modelo de belleza Waterhouse echándole un vistazo rápido a sus obras más conocidas. Y el ejemplo más claro de lo dicho son las siete (preciosas) ninfas de Hilas y las ninfas. Está claro que el pobre Hilas no tenía nada que hacer: el cuadro debería haberse titulado Date por follado, Hilas.

5. Godiva (John Collier, 1898)

Creo que estoy abusando de los prerrafaelistas, pero en esta lista no podía faltar la Godiva de Collier. La Lady Godiva de la leyenda era la esposa de Leofric, señor de la ciudad de Coventry a principios del siglo XI. Godiva le pidió a su esposo que bajara los impuestos abusivos que les cobraba a sus vasallos, a lo que él accedió siempre y cuando ella aceptara pasearse desnuda por las calles de la ciudad. Leofric, obviamente, pensaba que su mujer no pasaría jamás por el aro. Pero Lady Godiva accedió y se paseó por la ciudad como Dios la trajo al mundo y a lomos de su caballo. En señal de respeto, todos los ciudadanos de Coventry cerraron puertas y ventanas (excepto uno, Peeping Tom, que la miró por la rendija de una puerta y quedó ciego por ello).

4. Retrato de Millicent, duquesa de Sutherland (John Singer Sargent, 1904)

El cuadro más conocido y polémico de John Singer Sargent es Madame X, que el artista tuvo que retocar tras el escándalo provocado por su exhibición en el Salón de París de 1884 haciendo que uno de los tirantes del vestido pareciera un poco más «ajustado» que en su versión original (donde al parecer amenazaba con deslizarse peligrosamente por el hombro de la modelo).

Pero mi preferido es este retrato de la duquesa de Sutherland, a la que Sargent tampoco le escatimó escote aprovechando la bien ganada fama de «progresista» que ostentaba la dama. Reto a duelo a todo aquel que opine que esta no es una de las mujeres más elegantes de la pintura del siglo XX.

Aunque en realidad, muchos otros cuadros de John Singer Sargent podrían aparecer en esta lista. Entre ellos este.

3. Ofelia (John Everett Millais, 1851)

La modelo de la Ofelia de John Everett Millais fue la poeta y artista Elizabeth Siddal, que por aquel entonces tenía diecinueve años y que posó también para muchos otros artistas de la época, entre ellos su marido Dante Gabriel Rossetti. Elizabeth parece mucho más guapa en una de las pocas fotografías que se conservan de ella que en las pinturas que la retratan.

Millais obligó a su modelo a posar durante horas en una bañera calentada con velas. Un día de invierno especialmente frío, las velas se apagaron. Pero Millais siguió pintando, ajeno al sufrimiento de Siddal. El resfriado que pilló la chica, apoteósico incluso en el contexto de una época en la que aún no se había descubierto el Frenadol, le costó a Millais una reclamación del padre de la muchacha, que finalmente se solventó con el pago de poco menos de cincuenta libras.

Elizabeth Siddal se suicidó con láudano en 1862, un año después de la muerte de su primer hijo durante el parto.

2. El nacimiento de Venus (Sandro Botticelli, 1484)

Cuenta la leyenda que Simonetta Cattaneo, La bella Simonetta, fue la mayor belleza de su época y la musa por excelencia del Renacimiento italiano. Simonetta fue la modelo de la Venus de El nacimiento de Venus y de muchas otras obras de Botticelli, entre ellas la Primavera. Piero di Cosimo también la retrató, varios poetas de la época le dedicaron decenas de sus poemas, y se dice que no hubo aristócrata florentino que no se enamorara de ella. Entre ellos, Lorenzo y Giuliano de Médici. Si la leyenda es cierta, Simonetta fue una de las mujeres más guapas que han pisado este planeta y sin duda alguna una de las más influyentes de la historia del arte.

Simonetta podía aparecer varias veces en el mismo cuadro. En El nacimiento de Venus, Simonetta es Venus pero también Primavera, la ninfa de su derecha. En Primavera, Simonetta es Flora pero también una de las tres Gracias de su izquierda.

Simonetta murió de tisis a los veintitrés años.

1. Jeanne Hébuterne (Amedeo Modigliani, 1919)

Para qué mentir: la Jeanne Hébuterne de Modigliani está la primera de mi lista porque me recuerda a alguien. Más en esta foto que en cualquiera de los retratos que Modigliani hizo de ella. Pero del cuadro también me podría enamorar.

Del final de Amedeo y Jeanne mejor no hablamos.

De la 25 a la 40:

26. Santa Casilda (Zurbarán, 1630-35)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

27. Vanidad (Frank Cadogan Cowper, 1907)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

28. El sueño (Henry Rousseau, 1910)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

29. Oberón, Titania y Puck bailando con las hadas (William Blake, 1786)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

30. Bailarina con ramo de flores (la estrella del ballet) (Edgar Degas, 1878)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

31. La dama de armiño/La dama de lince (Sofonisba Anguissola, 1580)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

32. Los amantes por interés (Quentin Massys, 1520-25)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

33. Madame de Pompadour (François Boucher, 1756)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

34. Las damiselas de Tongres (Paul Delvaux, 1962)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

35. La dama del armiño (Leonardo da Vinci, 1489-90)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

36. Descansando (Antonio Mancini, 1887)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

37. Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa (Jan van Eyck, 1434)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

38. Autorretrato con sombrero de paja (Marie-Louise-Élisabeth-Vigée-Lebrun, 1782)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

39. Garland (Mark Demsteader)

(Click para ampliar)

.

.

.

.

.

.

40. Paseo a orillas del mar (Joaquín Sorolla, 1909)

(Click para ampliar)

10 Pintoras famosas que todo amante del arte debe conocer

Seguramente puedes nombrar a diez hombres que marcaron la historia de las artes visuales—como Leonardo da Vinci, Vincent Van Gogh, Pablo Picasso, etc.—pero ¿qué hay de las mujeres? Al igual que en muchos otros campos, las mujeres históricamente fueron disuadidas de desarrollar una carrera en las artes; aún así, varias mujeres increíbles perseveraron. Estas pintoras famosas tienen muchas cosas en común además de su profesión y género: todas fueron pioneras a su manera, rompiendo barreras tanto en su vida personal como pública.

Probablemente, a estas mujeres no les hubiera agradado formar parte de una lista de pintoras y “artistas mujeres”, ya que hubiesen preferido que su obra fuera valorada independientemente de su género. Desafortunadamente, la lucha por la igualdad en todos los campos continúa, por lo que es muy importante tener presente sus historias. Hoy más que nunca, estas mujeres extraordinarias están ganando la distinción que merecen, y sus contribuciones a la historia del arte por fin empiezan a ser reconocidas. Varias organizaciones como Advancing Women Artists trabajan para asegurarse de que el talento femenino no se quede fuera de los libros de historia.

Explorar las vidas de las grandes pintoras del pasado nos ofrece una cronología de la historia del arte, ya que las mujeres han sido protagonistas en todos los movimientos artísticos, desde el Renacimiento italiano hasta el modernismo estadounidense. Desde la pintora de la corte del rey Felipe II hasta la icónica Frida Kahlo en el siglo XX, echemos un vistazo a la fortaleza, el carácter y el talento de estas mujeres excepcionales.

Si eres amante del arte, entonces tienes que conocer a estas 10 pintoras famosas.

Sofonisba Anguissola (1532 – 1625)

“Tres niños con perro” de Sofonisba Anguissola. c. 1570-1590. (Foto: Dominio público vía Wikimedia)

La pintora Sofonisba Anguissola fue una figura clave del Renacimiento italiano. Nacida en una familia noble relativamente pobre, su padre se aseguró de que ella y sus hermanas tuvieran una educación integral que incorporara las bellas artes. Esto incluyó ser aprendiz de varios pintores locales, lo que sentó un precedente para las futuras artistas, que hasta ese momento sólo eran aprendices si un miembro de la familia tenía un taller. El talento de Anguissola llamó la atención de Miguel Ángel, quien fue una especie de tutor informal a través del intercambio de dibujos.

Anguissola nunca pudo estudiar anatomía o dibujar modelos porque era considerado vulgar para una mujer, pero aún así logró tener una carrera exitosa. Gran parte de su éxito se debió a su rol como pintora de la corte del rey Felipe II de España. A lo largo de 14 años, la artista desarrolló sus habilidades como retratista oficial de la corte, además de producir retratos más íntimos de la nobleza. Sus pinturas son conocidas por capturar el espíritu y la personalidad de sus retratados, y hoy pueden encontrarse en colecciones de todo el mundo.

Artemisia Gentileschi (1593 – 1653)

“Autorretrato como alegoría de la pintura” por Artemisia Gentileschi. 1638–39. (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

Hija de un pintor exitoso, Artemisia Gentileschi tuvo acceso al mundo del arte desde muy joven. En un principio se dedicó a mezclar pinturas en el taller de su padre, y él apoyó su carrera al darse cuenta de que poseía un talento excepcional. Como pintora destacada del Barroco italiano, Artemisia Gentileschi no dejó que su género fuera un obstáculo. Pintó cuadros bíblicos y mitológicos a gran escala, igual que sus homólogos masculinos, y fue la primera mujer aceptada en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Florencia.

Su legado a veces queda obscurecido por su historia personal, ya que sus sangrientas representaciones de Judith y Holofernes suelen ser interpretadas como una respuesta a su violación a manos de otro artista. Sin embargo, su talento es innegable y sigue siendo reconocida por sus representaciones realistas de la figura femenina, la profundidad de sus colores, y su uso magistral de luz y sombras.

Judith Leyster (1609 – 1660)

“La alegre pareja” por Judith Leyster. 1630. (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

Nacida en Haarlem, Judith Leyster fue una figura clave del Siglo de Oro neerlandés. Al igual que otros pintores de su época, Leyster se especializó en pinturas de género, naturaleza muerta y retratos. Se sabe poco acerca de su formación artística, pero fue una de las primeras mujeres en ser admitida en el gremio de pintores de Haarlem. Más tarde dirigió un exitoso taller con varios aprendices varones y fue conocida por la naturaleza relajada e informal de sus retratos.

Aunque tuvo mucho éxito durante su vida, su reputación se vio afectada debido a circunstancias desafortunadas. Tras su muerte, toda su obra fue adjudicada al pintor Frans Hals o a su marido. En muchos casos, su firma fue cubierta por coleccionistas que buscaban ganar dinero debido al alto valor de mercado del trabajo de Frans Hals. Estos errores se descubrieron hasta finales del siglo XIX y los académicos comenzaron a apreciar de nuevo la habilidad de Leyster como artista.

Élisabeth Vigée Le Brun (1755 – 1842)

“Autorretrato con sombrero de paja” por Élisabeth Vigée Le Brun. 1782. (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

La retratista francesa Élisabeth Vigée Le Brun produjo casi 1,00 retratos y pinturas de paisajes a lo largo de su carrera. Hija de un pintor, fue entrenada por su padre desde temprana edad, y pintaba retratos profesionalmente desde la adolescencia. El gran salto de su carrera ocurrió cuando fue nombrada retratista de María Antonieta, y más tarde se le concedió el ingreso a numerosas academias de arte.

Sus pinturas contienen elementos tanto del teatral estilo rococó y el más medido periodo neoclásico. Gozó de éxito continuo durante su carrera, aún en su exilio después de la Revolución francesa, puesto que la aristocracia europea adoraba su trabajo. Le Brun tenía una habilidad para hacer que sus modelos se relajaran, resultando en retratos vivaces que carecían de rigidez. La desenvoltura de sus retratos era considerada revolucionaria en una época donde la alta sociedad era representada de manera formal.

Rosa Bonheur (1822 – 1899)

“La feria de caballos” por Rosa Bonheur. 1852–55. (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

Al igual que otras mujeres de esta lista, el padre de Rosa Bonheur era artista. La pintora realista francesa es considerada una de las artistas más famosas del siglo XIX, y es conocida por sus pinturas de gran formato de animales. Expuso su obra regularmente en el aclamado Salón de París y tuvo éxito en el extranjero, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña. Bonheur dedicó mucho tiempo a bosquejar animales vivos en movimiento, lo que explica su notable habilidad para retratarlos sobre el lienzo.

Bonheur también es celebrada por romper con los estereotipos de género. A mediados de la década de 1850 comenzó a vestirse con ropa de hombre, e incluso recibió autorización de la policía para hacerlo. Aunque fue criticada por usar pantalones y blusas sueltas, continuó vistiéndose así a lo largo de su vida, citando que era mucho más práctico trabajar con animales de esta manera. Bonheur nunca ocultó el hecho de que era lesbiana, viviendo con su pareja Nathalie Micas durante más de 40 años y luego, después de la muerte de Micas, forjando una relación con la pintora estadounidense Anna Elizabeth Klumpke. Al vivir su vida abiertamente en una época en la que el gobierno no aceptaba el lesbianismo, Bonheur quedó establecida como una figura innovadora tanto en su carrera como en su vida personal.

Berthe Morisot (1841 – 1895)

“Mujer en el baño” por Berthe Morisot. 1875. (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

Considerada una de las grandes mujeres impresionistas, Berthe Morisot tenía el arte en las venas. Nacida en una familia aristocrática francesa, Morisot era sobrina nieta del célebre pintor rococó Jean-Honoré Fragonard. Inicialmente, expuso su trabajo en el respetado Salón de París antes de unirse a la primera exposición impresionista con Monet, Cézanne, Renoir y Degas. Morisot tuvo una relación particularmente cercana con Édouard Manet, quien pintó varios retratos de ella, y finalmente se casó con su hermano, Eugène Manet.

La mayor parte de su obra consiste en escenas domésticas a pequeña escala creadas con pasteles, acuarelas y carboncillo. Su estilo ligero y aireado era a menudo criticado por ser demasiado “femenino”, y Morisot luchaba por ser tomada en serio como pintora. “No creo que haya habido nunca un hombre que haya tratado a una mujer como su igual y eso es todo lo que yo pido, porque sé que valgo tanto como ellos”, escribió la pintora en su diario.

Mary Cassatt (1844 – 1926)

“El baño del niño” por Mary Cassatt. 1893. (Foto: Dominio público vía Wikipedia)

La pintora estadounidense Mary Cassatt pasó toda su vida adulta en Francia, donde se convirtió en un miembro integral del grupo de los impresionistas. Cassatt nació en una familia acomodada que en un principio no estuvo de acuerdo con su deseo de convertirse en artista. Eventualmente dejó la escuela de arte al frustrarse con el trato distinto que recibían las estudiantes—no podían practicar con modelos vivos y tenían que dibujar basándose en figuras de yeso.

Al mudarse a París a la edad de 22 años, Cassat trabajó como aprendiz y dedicó su tiempo libre a copiar pinturas en el Louvre. La carrera de Cassatt ya estaba despegando cuando se unió a los impresionistas y forjó una amistad de por vida con Degas. Al mismo tiempo, habló abiertamente de su descontento con el sistema formal de arte, que en su opinión requería que las mujeres artistas coquetearan o se hicieran amigas de los clientes masculinos para poder seguir adelante. Cassat forjó su propio camino profesional con los impresionistas, utilizando pasteles para producir piezas suaves y ligeras que solían mostrar a mujeres como cuidadoras. A lo largo de su vida, Cassatt continuó luchando por la igualdad para las mujeres, incluso participando en una exposición en apoyo al sufragio femenino.

Georgia O’Keeffe (1887 – 1986)

View this post on Instagram

⠀ “Color is one of the great things in the world that makes life worth living…” – Georgia O’Keeffe⠀ ⠀ #GeorgiaOKeeffe #Flowers #OKeeffeInspired #Quotes #Art #Interpretation #ISaidWhatISaid ⠀ ⠀ Georgia O’Keeffe. Series I White & Blue Flower Shapes, 1919. Oil on board, 19 7/8 x 15 3/4 inches. Georgia O’Keeffe Museum. Gift of The Georgia O’Keeffe Foundation. © Georgia O’Keeffe Museum.

A post shared by Georgia O’Keeffe Museum (@okeeffemuseum) on Jun 13, 2019 at 1:00pm PDT

Como una líder del movimiento modernista estadounidense, Georgia O’Keeffe es una de las pintoras más célebres de la historia. Sus primeros dibujos y pinturas la llevaron a experimentar con la abstracción, usando la pintura para expresar sus sentimientos y marcando el comienzo de una era de “arte por el arte”. Durante su vida, su carrera se entrelazó con la de su marido, Alfred Stieglitz. Si bien el renombrado fotógrafo defendió la idea de que el arte estadounidense podía igualar al de Europa y que las mujeres pintoras podían crear arte tan extraordinario como los hombres, su relación también dificultó la interpretación de su obra.

Stieglitz veía la creatividad como una forma de expresión de la sexualidad y esta teoría, junto con sus retratos íntimos de O’Keeffe, impulsó la idea de que sus pinturas de flores representaban genitales femeninos. Es un concepto que la artista siempre negó, aunque su obra es sin duda sensual. O’Keeffe pasó gran parte de su carrera luchando contra la interpretación de su arte únicamente como un reflejo de su género. A lo largo de su vida se negó a participar en exposiciones de arte exclusivamente femeninas, deseando ser definida simplemente como una artista, sin importar su género.

Tamara de Lempicka (1898 – 1980)

La artista polaca Tamara de Lempicka es conocida por sus retratos de mujeres en su elegante estilo art déco. Lempicka pasó gran parte de su carrera en Francia y los Estados Unidos, donde se volvió una de las favoritas entre la aristocracia. Una de sus pinturas más famosas, Tamara en el Bugatti verde, ejemplifica la naturaleza fría y distante de sus figuras. En la pieza, que fue creada para una revista alemana, Lempicka captura su belleza, su feroz independencia y su riqueza.

Sus pinturas a menudo contenían elementos de deseo, seducción y sensualidad moderna, haciéndolas revolucionarias para su época. Lempicka tuvo éxito hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pero su obra tuvo un resurgimiento cuando el art déco volvió a ser popular en los años 60. Su estilo inmediatamente reconocible la convierte en una de las favoritas de los aficionados a la pintura art déco y hoy en día su trabajo es más popular que nunca; Madonna es una ávida coleccionista de sus pinturas.

Frida Kahlo (1907 – 1954)

View this post on Instagram

“Autorretrato con collar de espinas”. (1940) #FridaArt #FridaKahlo #Painting #Art #Legend #Mexico #Artist #Painter #Kahlo

A post shared by Frida Kahlo (@fridakahlo) on Jul 7, 2019 at 5:09am PDT

Actualmente, no hay ninguna otra artista del siglo XX que sea tan famosa como Frida Kahlo. Aunque el trágico accidente de su juventud y su tumultuosa relación con su esposo Diego Rivera a veces han eclipsado sus habilidades artísticas, el poder de su pintura es innegable. Es particularmente conocida por sus autorretratos, que tratan temas de identidad, sufrimiento y cuerpo humano.

En vida, Kahlo era a menudo conocida simplemente como la “esposa de Diego Rivera”; sin embargo, su trabajo se ha vuelto más y más relevante tras su muerte. Sus pinturas más famosas hoy se encuentran en grandes museos alrededor del mundo, y se ha convertido en un ícono del feminismo, del movimiento chicano y de la comunidad LGBT.

(CNN) — Cada año, miles de millones de dólares en arte pasan por las casas de subastas internacionales, mientras que los principales museos tienen decenas de miles, incluso cientos de miles, de obras de arte en sus colecciones. Pero muy pocos logran la fama requerida para ser realmente considerados nombres conocidos.

Como “famoso” es un término subjetivo, CNN Estilo recurrió a Google para ver qué cuadros encabezaron los resultados de búsqueda en todo el mundo durante los últimos cinco años.

Comparamos docenas de obras maestras populares, desde clásicos como “Mona Lisa”, “The Great Wave off Kanagawa” y “Salvator Mundi”, hasta obras más modernas como “Nighthawks” e incluso la serie “Dogs Playing Poker”.

  • Investigadores tumban el mito sobre la mirada de Mona Lisa

Basado en esos resultados, estas son las 10 pinturas más buscadas del mundo:

1. ‘Mona Lisa’

Si tenías dudas sobre la gran popularidad de “Mona Lisa”, las multitudes en el Louvre lo convencerán. (Crédito: Eric Feferberg / AFP / Getty Images)

Artista: Leonardo da Vinci
Fecha estimada: 1503 a 1519
Dónde verlo: Museo del Louvre (París)

No debería ser una sorpresa que la pintura más famosa del mundo sea esa misteriosa mujer con la enigmática sonrisa. Pero esa es una de las pocas certezas sobre esta obra de arte.

Se cree que la modelo de la pintura es Lisa Gherardini, la esposa del comerciante de Florencia Francesco del Giocondo, pero los expertos no están seguros. Representaba una innovación en el arte: la pintura es el primer retrato italiano conocido que se enfoca tan de cerca en la modelo en un retrato de medio cuerpo, según el Louvre, donde se instaló por primera vez en 1804.

Sabías que: Antes del siglo XX, los historiadores decían que la Mona Lisa era poco conocida fuera de los círculos artísticos. Pero en 1911, un exempleado del Louvre robó el retrato y lo escondió durante dos años. Ese robo ayudó a cimentar el lugar de la pintura en la cultura popular desde entonces y expuso a millones de personas al arte renacentista.

2. ‘La última cena’

Visitantes toman fotos de “La Última Cena” (“Il Cenacolo o L’Ultima Cena”) en el Convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, Italia. (Crédito: Miguel Medina / AFP / Getty Images)

Artista: Leonardo da Vinci
Fecha estimada: 1495 a 1498
Dónde verlo: Santa Maria delle Grazie (Milán, Italia)

Leonardo, el “Hombre del Renacimiento” original, es el único artista que aparece en este lista dos veces.

Pintado en una época en la que las imágenes religiosas todavía eran un tema artístico dominante, “La Última Cena” representa la última vez que Jesús partió el pan con sus discípulos antes de su crucifixión.

La pintura es en realidad un gran fresco: mide 4,6 metros de alto y 8,8 metros de ancho, lo que lo convierte en una vista memorable.

Sabías que: El fresco ha sobrevivido a dos amenazas de guerra: las tropas de Napoleón usaron la pared del refectorio en el que se pintó el fresco como práctica de tiro. También estuvo expuesto al aire durante varios años cuando los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial destruyeron el techo del convento dominico de Santa Maria delle Grazie en Milán.

3. ‘La noche estrellada’

Turistas miran “La noche estrellada” de Vincent Van Gogh en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. (Crédito: Victor Fraile Rodriguez / Corbis / Getty Images)

Artista: Vincent van Gogh
Fecha: 1889
Dónde verlo: Museo de Arte Moderno (Nueva York)

La pintura comparativamente abstracta es el ejemplo característico del uso innovador y audaz de pinceladas gruesas de van Gogh. Los llamativos azules y amarillos de la pintura y la atmósfera de ensueño y remolinos han intrigado a los amantes del arte durante décadas.

Sabías que: Van Gogh vivía en un manicomio en Saint-Rémy, Francia, en tratamiento por enfermedad mental, cuando pintó “La noche estrellada”. Se inspiró en la vista desde la ventana de su habitación.

4. ‘El Grito’

“El Grito” de Edvard Munch siendo instalado para una exposición especial en el Museo Metropolitano de Arte de Tokio. (Crédito: The Asahi Shimbun / Getty Images)

Artista: Edvard Munch
Fecha: 1893
Dónde verlo: Museo Nacional (Oslo, Noruega – apertura en 2020) y Museo Munch (Oslo – hasta mayo de 2020)

Primero lo primero: “El Grito” no es una sola obra de arte. Según el blog del Museo Británico, hay dos pinturas, dos pasteles y luego un número no especificado de impresiones. Las pinturas residen en el Museo Nacional y el Museo Munch, y en 2012, uno de los pasteles se vendió por casi 120 millones de dólares en una subasta.

Al igual que el caso de “Mona Lisa”, los atrevidos robos (1994 y 2004) de las dos versiones de pintura de “El Grito” ayudaron a elevar la conciencia del público sobre las obras de arte. (Ambos fueron finalmente encontrados).

Sabías que: La figura andrógina en la vanguardia de la pintura de estilo Art Nouveau no está dando un grito, sino que está tratando de bloquear un grito penetrante que proviene de la naturaleza. Se inspiró en una experiencia real que Munch tuvo mientras daba un paseo al atardecer en Oslo cuando un tono rojo dramático abrumaba sus sentidos.

5. ‘Guernica’

Vista del “Guernica” de Pablo Picasso en el Museo Reina Sofía de Madrid, España. (Crédito: Denis Doyle / Getty Images)

Artista: Pablo Picasso
Fecha: 1937
Dónde verlo: Museo Reina Sofía (Madrid)

Esta es la pintura más reciente en esta lista, y representa el bombardeo aéreo alemán de la ciudad de Guernica en la región vasca durante la guerra civil española.

La pintura tiene ese estilo distintivo de Picasso, y su examen inquebrantable de los horrores de la guerra la convirtió en una parte esencial de la cultura y la historia del siglo XX.

Sabías que: El “Guernica” fue trasladado al Museo Metropolitano de Arte Moderno de Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial para su custodia. Picasso solicitó que se extienda la estancia hasta que la democracia regrese a España. Finalmente regresó a Madrid en 1981, seis años después de la muerte del dictador español, el general Francisco Franco.

6. ‘El beso’

Visitantes admiran “El beso” de Gustav Klimt en el Belvedere Superior de Viena, Austria. (Crédito: Omar Marques / Agencia Anadolu / Getty Imagesges)

Artista: Gustav Klimt
Fecha estimada: 1907 a 1908
Dónde verlo: museo Upper Belvedere (Viena, Austria)

Con el número 6, pasamos de un estudio de odio a un estudio de amor con el amado beso de Gustav Klimt.

Del “Período Dorado” de Klimt, las influencias artísticas bizantinas se pueden ver en las túnicas altamente decorativas que usa la apasionada pareja de tamaño natural.

El museo Upper Belvedere dice que con “El beso”, Klimt hace una “declaración alegórica general sobre el amor como el corazón de la existencia humana”. Dado su atractivo magnético, parece que la gente está de acuerdo.

Sabías que: Si bien “The Kiss” no está a la venta, otras obras de Klimt se compran y venden por grandes sumas. Oprah Winfrey se quedó con la obra de arte de 1907, “Retrato de Adele Bloch-Bauer II”, por $ 150 millones en 2016, con una ganancia de $ 60 millones.

7. ‘La joven de la perla’

Un periodista toma una foto de “La joven de la perla” de Johannes Vermeer en el Museo Mauritshuis en La Haya, Países Bajos. (Crédito: Michel Porro / Getty Images)

Artista: Johannes Vermeer
Fecha estimada: 1665
Dónde verlo: Mauritshuis (La Haya, Países Bajos)

Este intrigante favorito a menudo se compara con la “Mona Lisa”. Además de las diferencias estilísticas, técnicamente “Girl With a Pearl Earring” no es ni siquiera un retrato, sino un “tronie”, una palabra holandesa para una pintura de una figura imaginaria con rasgos exagerados.

La obra maestra del óleo sobre lienzo es brillante en su simplicidad. La niña, que llevaba un turbante azul y dorado y un arete de perlas de gran tamaño, es todo el foco con solo un fondo oscuro detrás de ella.

Sabías que: Mientras que los Mauritshuis fueron renovados de 2012 a 2014, esta obra de arte hizo una gira en Estados Unidos, Italia y Japón. Atrajo a grandes multitudes, reforzando aún más su estatus como una de las obras de arte más famosas del mundo.

8. ‘El nacimiento de Venus’

Un periodista examina “El nacimiento de Venus” del pintor italiano Sandro Botticelli durante una vista previa de la prensa en la Galería Uffizi en Florencia, Italia, en octubre de 2016. (Crédito: Alberto Pizzoli / AFP / Getty Images)

Artista: Sandro Botticelli
Fecha estimada: 1485
Dónde verlo: Le Gallerie Degli Uffizi (Florencia, Italia)

‘El nacimiento de Venus’, es la pintura más antigua en el top 10 y compite con “El beso” entre los más sensuales fue probablemente comisionado por un miembro de la familia Medici, rica y amante del arte, que gobernó Florencia y las áreas cercanas durante siglos.

Al casarse con un renovado interés en la cultura griega clásica con el estilo del Renacimiento temprano, Botticelli crea una figura inolvidable con la Diosa del Amor que emerge de una enorme concha de vieira.

Sabías que: “Venus” de Botticelli presenta dos desviaciones significativas de la mayoría de las otras obras de sus contemporáneos.

Primero, pintó sobre lienzo en lugar de la madera, que era más popular. En segundo lugar, la desnudez era rara en este momento, por lo que era atrevido que Venus estuviera completamente expuesta menos su cabello largo y suelto y una mano (apenas) cubriendo las partes más íntimas de su cuerpo.

9. ‘Las Meninas’

“Las Meninas” de Diego Velázquez se ve en el museo del Prado el 19 de noviembre de 2013 en Madrid, España. (Crédito: Denis Doyle / Getty Images)

Artista: Diego Velázquez
Fecha: 1656
Dónde verlo: Museo del Prado (Madrid)

Madrid es la única ciudad en este resumen donde encontrarás dos de las 10 pinturas más famosas; la primera es “Guernica” en el número 5 y “Las Meninas”, aquí en el número 9.

Ubicado en el popular (y vasto) Museo del Prado,”Las Meninas” no es solo la pintura más famosa de Diego Velázquez, sino también una de las más grandes. La complejidad del trabajo ha fascinado a los críticos de arte y al público durante siglos.

La pintura cumple una doble función como retrato. Sirve como un retrato grupal de la realeza española, pero también es un autorretrato del propio Velázquez en la obra (a la izquierda).

Sabías que: “Las Meninas” fue encargada por el rey Felipe IV de España, que gobernó desde 1621 hasta 1665. Permaneció en el palacio real hasta 1819, cuando fue al Museo del Prado.

10. ‘Creación de Adán’

Artista: Miguel Ángel
Fecha: 1508 a 1512
Dónde verlo: Capilla Sixtina (Ciudad del Vaticano)

La obra más famosa del reconocido artista Michelangelo cubre una sección del techo de la Capilla Sixtina (tienes que mirar hacia arriba para verlo). La escena representa a Dios y a Adán con los brazos extendidos, sus dedos casi tocándose. Es una de las imágenes más replicadas de la historia.

La forma muscular de Adán insinúa el otro talento de Miguel Ángel: su “David” es posiblemente la escultura más famosa del mundo. Puedes ver la imponente estatua de mármol en la Galleria dell’Accademia en Florencia.

Sabías que: El techo de la Capilla Sixtina había sido opacado por siglos de exposición al humo de las velas, entre muchas otras cosas. Después de una limpieza larga y extensa que terminó en 1989, la gente se sorprendió al ver los colores brillantes y vibrantes que Miguel Ángel usó originalmente.

Otras cinco pinturas que se acercaron

Aquí hay cinco pinturas más famosas que estuvieron cerca de entrar en la lista de las 10 principales:

– American Gothic (Grant Wood, Instituto de Arte de Chicago)
– Serie “Lirios de agua” (Claude Monet, varios museos en todo el mundo)
– “La persistencia de la memoria” (Salvador Dali, Museo de Arte Moderno de Nueva York)
– “La Guardia Nocturna” (Rembrandt, Rijksmuseum en Amsterdam)
– “El Jardín de las Delicias” (Hieronymus Bosch, Museo del Prado, Madrid )

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *