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Niño 3 años pega madre

Se suele hablar mucho del maltrato de padres hacia los hijos, pero en menos ocasiones, se trata el tema cuando ocurre a la inversa, cuando son los hijos quienes agreden física o verbalmente a los padres.

En estos casos, la víctima suele ser la madre y generalmente no ocurre porque la familia esté desestructurada, los padres sean demasiado autoritarios o tengan un bajo poder adquisitivo. Entonces, ¿qué lleva a un niño a agredir e insultar a sus padres?

Por qué algunos niños pegan e insultan a sus padres

Todos hemos visto en alguna ocasión a un niño que, en medio de una gran rabieta, intentaba empujar o golpear a sus padres, e incluso insultarles. Son situaciones delicadas, en las que muchos padres se quedan petrificados u otros reaccionan con violencia, pero, sobre todo, no entienden por qué sus hijos tienen esas reacciones agresivas.

Al margen de aquellos casos en que la razón es biológica y está asociada a algún trastorno, las estadísticas muestran que estos niños no tienen unos padres muy autoritarios, tampoco provienen de familias separadas o de aquellas con un nivel socioeconómico bajo.

El principal problema es la falta de normas y límites en la educación. Son niños que reciben una educación demasiado permisiva en la que mantienen una jerarquía de igual a igual con sus padres. Son niños tiranos y mandones, con una baja tolerancia a la frustración, no aceptan un no por respuesta, son impulsivos y manifiestan poco apego hacia los demás.

Qué hacer si el niño agrede e insulta a los padres

Los estudios revelan que los niños que desarrollan conductas agresivas a temprana edad tienen la tendencia de continuar este comportamiento cuando son mayores, para frenarlo los padres podemos:

– Establecer normas y límites: dejar el consabido ‘pórtate bien’ y explicarles qué esperamos de ellos y cómo se han de comportar. No hace falta inundarles a normas, pero sí establecer unas básicas que comprendan y que respeten.

– No razones cuando está en plena explosión: el momento de la rabieta no es el más adecuado para dialogar. En esos momentos intentaremos que no se hagan daño a ellos mismos, a otros niños o a nosotros y esperaremos a que haya pasado la pataleta para hacerles comprender por qué no está bien lo que hicieron.

– No reaccionar con violencia: si gritamos, pegamos o insultamos a nuestros hijos, ellos imitarán esas conductas violentas. Asumirán el maltrato como algo normal.

– Estimular el vínculo: hacerles saber cuánto les queremos, participar de sus aficiones, hablar con ellos, mostrarles afecto, en definitiva, fomentar también la inteligencia emocional en nuestros hijos y el apego es fundamental.

– Controlar su impulsividad: debemos ser un ejemplo en ese sentido, además hemos de establecer consecuencias para que ellos entiendan cuándo no actuaron bien o incluso podemos enseñarles a seguir instrucciones paso a paso, haciendo juegos o recetas de cocina, para que ellos aprendan a auto-controlarse.

– Educar en la empatía: enseñarles a ponerse en el lugar del otro es básico para que controlen esa agresividad y persistan en su actitud hiriente hacia los demás.

Rabietas: ¿Qué hacer si mi hijo me pega?

Ainhoa Uribe, coordinadora del gabinete de psicología especializado en la etapa infantil AITTA, responde:

La edad de 2 años es el momento «álgido» de las rabietas. Los bebés dejan de serlo y se convierten en niños. Empiezan a darse cuenta de que son una persona diferente a sus mamás y de que ya no tienen que hacer lo mismo que sus madres todo el rato. Son independientes y pueden decir «NO».

Decir no y llevar la contraria les ayuda a crecer y favorece el desarrollo de su personalidad, independencia y autonomía, pero evidentemente no dejan de ser niños muy pequeños, que no pueden hacer todo absolutamente solos.

Así que cuando sus aspiraciones de hacer lo que quieren se frustran: gritan, lloran, patalean y pegan. Los niños son todavía muy pequeños para poder expresar su frustración a través del lenguaje o del pensamiento. Por eso, la «silla de pensar» (que aplica Verónica con su hija) no suele funcionar a estas edades (pero es un recurso práctico para los 4 o 5 años).

No hay maldad en la rabieta. No lo tomemos como algo personal. El niño ni siquiera tiene intención de hacer daño cuando pega. La rabieta es su forma de expresar el enfado y la frustración.

Lo mejor es observar cuáles son las ocasiones en las que estalla. Generalmente coinciden con el momento en que se les dice que dejen de hacer algo que les gusta.

En este artículo sobre rabietas:

  • Consejos para manejar las rabietas
  • Trucos para manejar rabietas con hermanos o gemelos

Consejos para manejar las rabietas

  • Explicarles con claridad la secuencia de las cosas: «ahora vamos a jugar un ratito y después hay que cenar. Cuando yo te avise, dejamos los juguetes».

  • Advertirles del paso del tiempo: «quedan solo 5 minutos, en 2 minutos nos vamos a cenar/dormir/o lo que sea».

  • Darles opciones para que puedan elegir. Esta situación les ayuda a sentir que hay cosas que pueden escoger y que no todo viene impuesto: ¿quieres jugar, leer cuento o ver una película? ¿Cenar arroz o macarrones? No formular preguntar abiertas: ¿qué quieres cenar? (es una elección demasiado amplia para su edad).

  • Valorarles mucho cuando lo hagan bien: «Hoy lo has hecho fenomenal, te estás haciendo mayor y ya sabes que cuando toca cenar hay que dejar los juguetes». Siempre valorar lo mayores qué son y cómo entienden ya las cosas.

  • A la hora de dialogar con ellos, formular siempre en positivo. En vez de «si no comes, no juegas», mejor «termina rápido y así podemos irnos a jugar». En lugar de «¿pero qué has hecho? ¿por qué lo has tirado todo?», mejor «¿necesitas ayuda para recoger lo que se ha caído? ¿sabes dónde guardar cada cosa?».

  • El castigo genera más frustración, así que hay que evitar su uso. Se puede negociar con intercambios: «si recoges eso antes de salir, me llevo al parque la pelota que te gusta».

  • Para manejar patadas y bofetones lo mejor es buscar salida a ese impulso: agarrarles la mano y mostrarles cómo pueden hacer para acariciar o para chocar la mano, buscar algo contra lo que puedan dar una patada sin hacer daño a otros o a ellos mismos.

  • Una vez que estalla: si están en un lugar público (supermercado, centro comercial) llevarlos a un lugar tranquilo y apartado donde poder calmarles. Si están en casa, colocarles en un lugar donde no puedan hacerse daño ni hacérselo a otros.

  • Dejar que chillen o lloren lo que necesiten y tratar de abrazarles fuerte dando contención (como si fueran un bebé). Podemos ayudarles a calmarse con nuestra respiración, consuelo, cantando o contando hasta diez cada vez más bajito.

Trucos para manejar las rabietas con hermanos o gemelos

Ante la llegada de un hermanito

  • Podemos darle ciertas prioridades al hermano mayor. Se le puede dejar ir a la cama más tarde; o que sea él quien llame al timbre; entre primero en el coche; se le lea un cuento primero, etc…

  • Podemos pedirle que nos ayude de alguna manera, ya que él es el mayor (a lo mejor en la cocina cuando estamos preparando la cena o que nos ayude a sacar la ropa del pequeño o a vestirle). Debemos tratar de valorar que él es el primer hijo y que eso se nota en algo.

En caso de gemelos o mellizos

  • Probablemente uno de ellos haya empezado a mostrar más rabietas, bien porque está más desarrollado a nivel cognitivo (no hay que olvidar que las rabietas son un paso evolutivo) o bien porque le resulta más fácil expresarse a través de la rabia que a través del llanto.

  • Cuando hay gemelos o mellizos, existe cierta tendencia a que se diferencien en el temperamento y que tengan caracteres diferentes. Lo más aconsejable es que cuando uno de ellos tenga una rabieta, pongáis en práctica todas las pautas anteriores.

  • No es fácil evitar que el hermano que no tiene rabietas imite al hermano que las tiene. El hecho de que no vea una rabieta tampoco asegura que el hermano vaya a presentar comportamientos similares un poco más adelante (aunque lo más habitual es que cada uno se comporte de manera diferente ante la misma situación).

  • En cualquier caso si el hermano está presente cuando vosotros conseguís manejar las rabietas del otro hermano, esto se convierte en un aprendizaje que les sirve para los dos.

Asesoramiento ofrecido por

«Un niño enfadado es un niño que bajo esa apariencia de dureza está bastante asustado y triste. Por muy pequeño que sea el problema, siente que algo de vital importancia para él está siendo amenazado, y que no tiene otra posibilidad más que la lucha. También se siente solo. Hasta donde él puede ver, nadie le entiende, nadie viene a su rescate, y todo el mundo intenta hacerle daño. Los niños se inclinan con naturalidad hacia el cariño y la compañía. Cuando ves a un niño atacando con fiereza a la gente a la que quiere puedes asumir que está viviendo sentimientos extremadamente dolorosos. Se pone en guardia y nos desafía a darnos cuenta de que está herido y necesita ayuda.» – Patty Wipfler

Sergio, de dos años y medio quiere algo que no puede tener. Mamá dice que no. Sergio se enfurece y empieza a golpearla.

La madre le dice (bloqueándolo con sus manos): «No se pega a mamá»

Sergio le da una patada.

Madre: «¡Ay!» Le ha dado en la espinilla y le ha dolido. De hecho, empieza a sentir ganas de devolverle la patada. La madre ha escuchado que los padres deberían ignorar a los niños cuando pegan, para que no reciban ninguna «respuesta», pero ella tiene otra opinión. Los niños necesitan límites firmes y claros cuando su comportamiento está «fuera del camino», si no, ¿por qué no iban a repetirlo? Y necesitan nuestra ayuda para enfrentarse con cuales sean los sentimientos que están tomando el mando de su comportamiento.

Madre: «Sergio, ¡no des patadas!»

Sergio se ríe y vuelve a intentarlo. Esta risa toca la fibra sensible de su madre. ¿Puede realmente su hijo de dos años estar disfrutando haciéndole daño? Se siente deslizándose hacia la zona más baja de la crianza, esa zona en la que ella empieza a amenazarle con dejarlo en el rincón de pensar por el tiempo más largo de su vida y con tirar todos sus juguetes.

Pero Sergio no se está riendo porque esté disfrutando con el dolor de su madre. Su risa proviene de dejar fluir las tensiones de sus alterados sentimientos.

La madre evita otra patada ladeándose y da unos pasos hacia atrás, lejos de su alcance. Se recuerda a sí misma que Sergio está cansado y hambriento. Inspira profundamente y se dice: «Está actuando como un niño porque ES un niño. Está costándole regular sus propias emociones.»

Madre: (tan calmada como puede) «Estas tan enfadado….»

Sergio vuelve hacia ella. Ella tiende su mano para mantenerle alejado y le habla con cariño pero mucha firmeza. No le está gritando, lo que aumentaría el drama y agrandaría la tormenta. Pero sabe que necesita mostrar a Sergio que está hablando en serio a través de la intensidad de su respuesta: «¡Estás ENFADADO! ¡Pero NO se pega a mamá!»

Sergio: (zarandeándola) «¡NECESITO hacerte daño, mamá!»

Madre: (haciéndole de espejo mientras le esquiva): «¿Estás tan enfadado que necesitas hacerme daño? ¿Estás realmente muy, pero que muy enfadado?»

Sergio: (todavía zarandeándola, pero mirándola ahora que ella está mostrando que le está entendiendo) «¡ENFADADO!»

Madre: (mirándole a los ojos): «Sí, ¡estás enfadado! ¡Pero no se pega!»

Con el contacto visual, la cara de Sergio se descompone y comienza a llorar. Su madre lo abraza y lo sienta en su regazo. Llora y llora. Finalmente, para.

Madre: «Estabas tan triste y enfadado…»

Sergio: «Triste…»

Madre: «Sí, estabas triste y enfadado. Tenías dolor dentro de ti. Así que querías que a mamá también le doliese, ¿verdad?»

Sergio mira a su madre. La madre sabe que él está haciendo la conexión: a él le dolía así que quería que también le doliese a ella.

Madre:: «Así que pegaste y le diste patadas a mamá, ¿verdad?..¡Ay!»

Sergio esconde su cara en el hombro de su madre.

Madre: (con dulzura): «Estás escondiendo tu cara. Te sientes mal por haberme hecho daño, ¿verdad? Estoy bien, pero las patadas me duelen. No le des más patadas a mamá.»

Madre: «Puedes decirme que estas ¡ENFADADO! Puedes patear el suelo. Pero no pegar.»

Sergio, todavía en el regazo de su madre, golpea con los pies el suelo: «¡Patear!»

Madre: «Sí, puedes patear el suelo con tus pies cuando estés enfadado, así. ¡Patear! Pero ¿qué pasa con pegar?»

Sergio: «No»

Madre: «Eso es. No se pega. Ahora creo que estamos los dos hambrientos y cansados. Vamos a comer algo.»

¿Qué ha aprendido Sergio? Que su madre colocará unos límites en sus acciones para mantener a todo el mundo a salvo, lo que es un gran alivio. Que su madre entiende que él esté disgustado y le ayudará con sus sentimientos. Que cuando le duele dentro, quiere arremeter contra otros, y que quiere intentar que esto no le ocurra. Que su madre le alegra y cuida de su felicidad, incluso cuando le dice que NO. Que es una persona aceptable, con sus sentimientos desagradables y todo. Que los sentimientos pueden ser manejados y disiparse. Y, quizá lo más importante de todo, que el amor de su madre por él es incondicional, sin importar lo que pase.

Supernanny contesta a tus dudas

RABIETAS

Mibebeyyo.com:

Muchas mamás nos dicen que no saben cómo reaccionar cuando su hijo les monta un numerito, sobre todo en público, cuando, además, la mamá se enfrenta a las «miradas» de la gente. ¿Cómo hay que actuar cuando el niño tiene una rabieta (en casa, pero sobre todo en público), se tira al suelo, llora y patalea?

Rocío:

Las rabietas se producen principalmente entre los 2-3 años, edad en la que los niños no tienen suficiente dominio del lenguaje para expresar lo que les pasa. Será función del adulto explicarle qué le ocurre y enseñarle alternativas para solucionar de otra manera. Cuando nuestro hijo tiene una rabieta, tiene que aprender que ese tipo de conductas no son válidas para conseguir lo que quiere luego, no atenderemos este comportamiento y le diremos el que esperamos que tenga: “Juan, entiendo que te enfades, pero no voy a comprarte esta pelota”. “María, cuando estés más tranquila, podremos seguir jugando”. Nosotros nos retiraremos a hacer otra cosa y, en cuanto veamos que deja de emitir el comportamiento, le celebraremos el cambio de actitud. “Estupendo María, traes aquí las piezas y jugamos juntos”. Es cierto que esto es mucho más complicado cuando es en público, lo ideal es empezar a controlar las rabietas en casa antes de hacerlo en la calle.
Tu hijo sabe perfectamente la dificultad que entraña para ti mantener esta actitud delante de gente y llegará a hacer cosas insospechadas; además, siempre está el alma caritativa que dice “pobre niño” y le ofrece lo que tú le has negado. La primera parte de la solución está en que te convenzas de qué es lo que tienes que hacer, el otro no tiene que entender por qué lo haces y es bueno ser independiente de la opinión de los demás. Si esto se te hace muy cuesta arriba, dile a tu hijo que si se produce cualquier tipo de rabieta os volveréis a casa, ¡hazlo, no lo conviertas en una amenaza que no cumplas!

CONTROL DE ESFÍNTERES

Mibebeyyo.com:

Algunas mamás nos explican que sus niños, a pesar de hacer pipí en el inodoro, no consiguen hacer lo mismo con la caca, y evitan el orinal y el w.c a toda costa. ¿Cómo se puede conseguir que un niño “mayorcito” deje de hacerse caca en el pañal?

Rocío:

La escuela infantil es la mejor aliada a la hora de empezar el control de esfínteres con tu hijo. Sus profesionales te informaran de cuál es el mejor momento, las señales que da tu hijo para advertirte de que está preparado…Una vez iniciado el proceso y pasado un tiempo prudencial, si se mantienen algunas conductas como controlar en la escuela y no en casa o controlar sólo el pis o dejar de controlar sin que haya un motivo aparente, será bueno que te plantees visitar a un profesional. Cada niño es un mundo y en cada caso hay que atender las características individuales.

SÓLO MASTICA Y COME LO QUE LE GUSTA

Mibebeyyo.com:

Este problema lo comparten muchas amigas; a veces, los niños sólo comen las cosas que le gustan y se niegan totalmente a comer otras que las mamás les ofrecen. Incluso, se niegan a masticar alimentos que no sean pan o galletas. ¿Cómo se puede lograr que el niño coma lo que la mamá le ofrece, y no sólo las cosas que le gustan?

Rocío:

Pasar de los líquidos a los sólidos se ha convertido en un problema que va en aumento en los últimos tiempos. Mucho tiene que ver la prisa que metemos a nuestros hijos, por ejemplo: los padres prefieren meter todo tipo de alimentos en un puré, asegurándose de que se lo comerá, se alimentará y no supondrá llegar tarde, a… pasar tiempo delante del plato para que mastique y trague. Aprender a comer de todo requiere tiempo, paciencia y constancia.
El planteamiento debe ser pasar de los líquidos a los purés e ir aumentando el tamaño de los tropezones hasta que pase a los sólidos. Los pediatras te informan claramente del momento en que tienes que ir haciéndolo, así como de los alimentos a introducir. Una forma de introducir alimentos nuevos puede ser poner en un plato más cantidad de lo que le gusta y algún alimento nuevo e ir aumentando la cantidad del nuevo y disminuyendo la del que ya conoce, y así sucesivamente con otras novedades.
Ayuda mucho ponerle imaginación a la presentación del plato: una cara, un castillo etc.
El problema que presenta esta fase es la angustia que produce a los padres que el niño no coma. Si lo pensáis, esta etapa coincide con ingesta de leche, luego, no es tan importante la cantidad que coma como la diversidad de los productos y, si nuestro hijo no pica entre horas y llega con apetito a la mesa, estará generando un buen hábito de alimentación y aumentaremos las probabilidades de que se coma lo que hemos preparado. De cualquier manera, sabed que cuando no aprenden a masticar y/o tragar en el período que les corresponde evolutivamente, probablemente necesitéis a un logopeda a medio plazo, ya que todos los músculos que ejercita tragando y masticando se usan en el habla.

PEGA A LOS PAPÁS

Mibebeyyo.com:

Algunos niños reaccionan agresivamente cuando se les da una orden que no quieren cumplir o se les niega un deseo, ¿qué hay que hacer si el niño pega a los padres ante una contrariedad?

Rocío:

En general, a ninguno nos gusta recibir órdenes y tu hijo no es una excepción; a pesar de que necesite límites y normas, se resistirá a llevarlas a cabo (sobre todo al principio). Una de las reacciones que puede tener es ponerse agresivo con los padres.
Tendremos que tener en cuenta que no es lo mismo que nuestro hijo de dos años nos de un azote a que lo haga el de seis. Dos intervenciones son importantes una vez que se ha producido esta conducta: – Que el niño tenga consecuencias a su conducta (parar la actividad que se está haciendo con él, sentarlo un tiempo en su habitación, indicándole que se incorpore cuando pida perdón, realizar, en definitiva, alguna tarea reparadora a lo que ha hecho). – Una vez se disculpe, le contaremos en primera persona lo que su conducta nos provoca: “Cuando tu me das una torta yo me pongo triste y enfadado, si tu me contaras que te ocurre yo no me enfadaría y podríamos intentar arreglarlo. El niño repite conductas que ve en los adultos: si hemos solucionado situaciones con algún cachete, aprenderá que esa es una buena forma de poner fin a los conflictos y la utilizará. Otra de las cosas que se dan con cierta frecuencia es que reímos a los niños la primera vez que insultan o pegan, de manera que, sin darnos cuenta, aumentamos la posibilidad de que nuestro hijo repita esa conducta en el futuro, ya que tanta gracia hizo a sus padres.

SÓLO QUIERE ESTAR CON UNO DE LOS PADRES

Mibebeyyo.com:

¿Cómo hay que actuar si el niño sólo desea estar con uno de los dos papás (padre o madre) y evita al otro?

Rocío:

Plantearos un intercambio de tareas. Al principio, y para que no haya rechazo del niño, comienza el padre que lo hace normalmente y el otro padre se suma a mitad de actividad, mientras el primero se retira y deja que finalice su pareja. Luego, intentad que sea el padre “rechazado” quien lleve a cabo la tarea. Otras fórmulas son: irse el otro a hacer recados mientras los deja solos o al revés. Que el padre “rechazado” durante un tiempo delegue dar órdenes en la pareja y aumente los momentos de juego.

Mi hijo pega ¿qué puedo hacer?

Cuando escucho mi hijo pega, enseguida me llega la desesperación e impotencia que sienten los papás. Se hace muy cuesta arriba abordar la situación con calma, especialmente cuando tu hijo te pega.

Cuando un niño te pega una vez y le regañas o le castigas y vuelve a ocurrir, significa que algo estás haciendo mal. Cuando un comportamiento se repite una y otra vez, acaba convirtiéndose en un hábito que después es mucho más complicado modificar. Cuando detectemos un problema es importante que lo solucionemos a la mayor brevedad para que no se convierta en un hábito.

Es importante que analices muy bien la situación y seas consciente de por qué tu hijo te pega. Cuál es el motivo por el que lo hace. Me refiero a por qué lo necesita, no a que si te ha pegado porque no le has dejado hacer algo o porque no le has comprado un juguete. Tienes que buscar cuál es la necesidad que tiene tu hijo para que de manera habitual te pegue. Si encuentras su necesidad más básica, lo que realmente le motiva a hacerlo, simplemente con cubrir esa necesidad tendrás la solución.

Mi hijo pega: ¿Qué necesita tu hijo?

Un ejemplo de necesidad puede ser la toma de control. Los niños y los adultos tenemos muchas necesidades y una de ellas es la toma de control. Hay personas que no tienen inconveniente en dejarse llevar por otras, se sienten cómodas y les gusta, pero hay otras que necesitan llevar el control no sólo de sí mismos, sino de parte de lo que les rodea. Si no tienen ese control entran en un círculo de frustración, que para un adulto puede ser un enfado que controla y que entiende que no puede dirigir la vida de los demás, pero que en un niño es más complicado.

Un niño que necesita controlar y no puede hacerlo (porque lógicamente ni es posible ni sano), le lleva a descontrolarse en sus emociones, entrando en un estado de ira que expresa de forma violenta. La solución en este caso es fácil, darle el control sobre ciertas situaciones. Tenemos la tendencia a pensar que como son niños no pueden hacer ciertas cosas, pero hay niños que necesitan hacer esas cosas. Da igual la edad que tengan. Además pueden hacer muchas más cosas de las que creemos que pueden hacer.

¿Qué pasaría si le dejas elegir?

Cualquier comportamiento tiene una necesidad de fondo y en los niños lo más habitual es expresarla de manera violenta, ya sea tirándose al suelo en mitad de la calle, encerrándose en alguna habitación, escapándose o la que más suele afectarnos: Pegarnos. Observa mucho a tu hijo y busca esa necesidad. No es fácil, entre otras cosas porque seguramente ni tu propio hijo sepa cual es exactamente su necesidad, pero la tiene y entre los dos podéis averiguarlo.

Mientras lo hacéis y siga ocurriendo es muy importante que mantengas firme tu límite de no pegar. Hace días hablábamos de los límites y os contábamos que muchas veces tienen demasiados límites lo que hace que se cansen de todo y los ignoren, por lo que os decíamos que a veces hay que ampliarlos, pero pegar es uno de los límites que no se puede ampliar. No se pega, de ninguna manera se pega. Al igual que nosotros no pegamos a nuestros hijos ellos no nos pegan a nosotros. No hay opción en esto, no se pega.

¿Qué hacemos cuando pegue?

  • Protegerle y protegerte

Si su ira es muy fuerte y está muy descontrolado, sal de la habitación donde os encontréis. Aléjate. Tranquilamente le dices que vas a irte a otra habitación hasta que se calme y podáis encontrar una solución. Sin reproche, sin gritarle y sin que sea un castigo. El mensaje que le debe llegar es “entiendo tu enfado, voy a esperar a que te calmes para poder hablar y que podamos encontrar juntos una solución”. Es importante que aunque no entendamos el por qué se está comportando de esa manera, le hagamos saber que aceptamos y entendemos su enfado.

Pueden ocurrir 2 cosas. Tu hijo se sorprende y deja de pegar o se pone más furioso, te agarra, sigue pegando y no te deja ir.

Si ocurre lo primero, es el momento de poder hablar, sin reproches y valorando la situación. El otro día comentábamos alternativas para los premios y castigos que puedes aplicar en ese momento.

Si ocurre lo segundo, sigue enviando el mismo mensaje pero protégete, no dejes que te pegue. Con mucho cuidado, colócate por detrás para abrazarle y poder evitar que te pegue, sin hacerle daño. Ofrécele la posibilidad de iros a otro lugar donde podáis calmaros si no quiere que te vayas tu. Cuando se le pase, muy importante que le expliques que le sujetas para defenderte, porque cuando te pega te duele, que no le estás castigando, solo quieres abrazarle para que se calme y no quieres que se haga daño, ni que te lo haga a ti tampoco.

A veces la ira y la frustración que sienten es tan intensa, que tienes que protegerte, pero para ellos también es muy intenso que los sujetes. Si lo puedes evitar solo retirándote o alejándote un poco y diciéndole que estás esperando a que se le pase, mucho mejor. Muchos niños en el momento del abrazo al notar el contacto se relajan y ese momento tan tenso termina.

Depende muchísimo de tu estado. Si estás calmado, en cuanto entres en contacto con él y note tu abrazo y tu calma, se calmará. En cambio si tu abrazo es violento y lo haces demostrando superioridad y control, no va a parar, va a seguir luchando contigo. Es un trabajo de control por ambas partes.

Por eso la primera opción suele ser la más efectiva, porque permite que tanto niños como adultos nos calmemos. Después de la marea, llega la calma y podemos encontrar una solución respetuosa para todos.

  • Dejar claro que pegar no es una opción.

Repetirlo las veces que hagan falta incluso cuando no esté sucediendo. No es cuestión de darle la tabarra todo el día con lo mismo, pero puedes hacerlo mediante cuentos o situaciones similares que aunque te parezca que no lo van a relacionar, sí lo hacen, pero no lo van a tomar como «la charla que me da mi madre». Con independencia de que el niño tenga 2 años o 10, el mensaje que debemos hacerles llegar es, que entendemos su situación y su enfado, pero pegar no es ninguna opción, pegar está mal y duele.

Su cerebro termina de formarse aproximadamente a los 20 años por lo tanto hay que ser muy claros con este mensaje.

  • Solucionar

Pegar está mal, no es un juego y lo vamos a solucionar. Importante que sepan que lo vamos a solucionar y además que no es un juego. A veces cuando son muy pequeñines lo inician como juego y acaba haciéndose hábito. Somos sus padres y familiares los que no queremos que peguen pero que de manera “graciosa” jugamos a pegar desde que son pequeños haciendo bromas con ellos. Cuidado con esas bromas. Por tanto, no jugar a pegar.

Evitar decirles «no se pega», cambiarlo por pegar duele y está mal, evitemos todo lo posible la palabra no.

Hay que hacerles sentir seguros y si comprendemos que tipo de necesidad es la que tienen, que como padres y observándoles lo vamos a saber, la solución la tendremos en nuestra mano. A veces tardamos un poquito porque nosotros mismos estamos cegados con que “este niño qué mal se porta” y no vemos más, pero cuando nos damos cuenta de que podemos ver más allá de lo mal que se porta y lo que hay detrás, vemos rápidamente la solución. Todo comportamiento tiene de base una necesidad, busca esa necesidad en tu hijo.

Os propongo un ejercicio bastante útil que haciéndolo hábito conseguimos que el niño sea más consciente de la situación, hasta que encontremos cuál es la necesidad que tiene para dejar de pegar.

«La palabra llave» Este ejercicio se llama palabra llave.

En un momento en el que el niño esté relajado y esté dispuesto a escuchar, hacerle la propuesta.

Explicarle que como hay ocasiones en las que perdemos los nervios y a veces nos pega y nosotros nos enfadamos mucho, qué le parece (preguntarle para que se sienta partícipe), si escogemos una palabra, su favorita (que sea él quien la elija), y cuando ocurra esta situación cualquier miembro de la familia tiene que decir esa palabra para avisar que hay que parar, que no está bien lo que estamos haciendo.

Que no sienta que sólo va a ser una palabra que nosotros usemos para pararle a él. Explicarle que esta va a ser una palabra que va a abrir una puerta (palabra llave), que vamos a usar para sacar al enfado por esa puerta.

Cuando cualquier miembro de la familia tenga un comportamiento no adecuado ya sea papá, mamá o el niño, uno de los miembros tiene que decir la palabra llave para que todos reaccionemos y abramos esa puerta, ya sea una puerta real o imaginaria.

Cuando se diga esa palabra, tendremos que parar lo que estemos haciendo, calmarnos de la forma que necesitemos, ya sea tumbándonos en el suelo, o quedándonos en otra habitación, (acordar durante la propuesta qué es lo que haréis cuando algún miembro de la familia diga esa palabra) y acabar con ese enfado, dejarle al otro lado de la puerta.

Para un adulto el tema de abrir una puerta imaginaria y sacar un enfado nos puede sonar un pelín raro, pero estamos hablando de un niño, para el que va a suponer una liberación saber que puede hacer algo más a parte de pegar y que va a ser algo que va a poder usar para cuando nosotros nos enfademos y gritemos.

Para un adulto imaginar la puerta y abrir con una llave imaginaria que va a sacar un enfado nos resulta muy raro, pero cuando tu hijo te dice esa palabra llave porque le estás gritando, te paras en seco, te quedas helado, no te hace falta ni puerta ni nada. Este ejercicio es muy útil para todos.

Soluciona muchos de los conflictos en casa, peleas entre hermanos o desacuerdos familiares.

Para que sea eficaz debe ser una propuesta, no una obligación, debe ser partícipe del ejercicio. Tú como padre debes asumir que él va a usar esa palabra para “pararte” a ti también.

Con este ejercicio poco a poco irá cambiando su hábito de pegar, no va a ser algo inmediato pero sí le va a ir haciendo frenar. Mientras irás averiguando qué es lo que necesita realmente.

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