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No cogen el telefono

Cómo se escribe coge o coje

Instrucciones para escribir coge o coje

Cuando escribes coge estás escribiendo un verbo. Estás haciendo referencia al presente del indicativo del verbo coger, en su tercera persona (ella/él/la cosa(ello)). Puede tener varios significados que se comprenderán según el contexto en el cual nos encontremos. Por ejemplo, él coge demasiado queso cuando se prepara el bocadillo; ella coge mucho frío en las noches; el sitio me coge mal para aparcar.

En definitiva, el verbo coger puede referirse a sujetar, agarrar o tomar algo. También puede significar atraer o recibir algo. Ejemplos: coge mi mano para no perderte; coge fruta para el colegio; tu perro coge toda la cama para él; etc.

Teniendo en cuenta que es un verbo múltiple en cuanto a significados y en cuanto a conjugación, lo mejor que lo aprendas es que eches un vistazo a los diferentes tiempos y trates de memorizar, pues en este caso, no se puede usar la lógica, sino la memoria. Veamos:

Pretérito imperfecto

Yo cogía, ejemplo: Yo cogía el paquete de encima de la mesa.
Tú cogías, ejemplo: Tú cogías tu sujetador rojo.
Él cogía, ejemplo: Él cogía su hamaca para la playa.
Nosotros cogíamos, ejemplo: Nosotros cogíamos pescado y mahonesa para cenar.
Vosotros cogíais, ejemplo: Vosotros cogíais las flores del jarrón rosa.
Ellos cogían, ejemplo: Ellos cogían un poco pintura para su mural.

Pretérito perfecto simple o pasado común

Yo cogí, ejemplo: Yo cogí una regla.
Tú cogiste, ejemplo: Tú cogiste un cartabón.
Él cogió, ejemplo: Él cogió una tiza.
Nosotros cogimos, ejemplo: Nosotros cogimos un compás de la mesa.
Vosotros cogísteis, ejemplo: Vosotros cogísteis la bolsa de hielo.
Ellos cogieron, ejemplo: Ellos cogieron una mochila amarilla.

Futuro

Yo cogeré, ejemplo: Yo cogeré más tarde el autobús.
Tú cogerás, ejemplo: Tú cogerás un taxi.
Él cogerá, ejemplo: Él cogerá el coche de su padre.
Nosotros cogeremos, ejemplo: Nosotros cogeremos la bici de mi hermana.
Vosotros cogeréis, ejemplo: Vosotros cogeréis el metro.
Ellos cogerán, ejemplo: Ellos cogerán un avión esta noche.

Condicional

Yo cogería, ejemplo: Yo cogería el móvil y el cargador.
Tú cogerías, ejemplo: Tú cogerías 20 euros de su bolso.
Él cogería, ejemplo: Él cogería chocolate porque le encanta.
Nosotros cogeríamos, ejemplo: Nosotros cogeríamos un paquete de galletas.
Vosotros cogeríais, ejemplo: ¿Vosotros cogeríais una manta verde o azul?
Ellos cogerían, ejemplo: Ellos cogerían unas maletas para su viaje.

Presente

Yo coja, ejemplo: Es necesario que yo coja la bufanda porque me duele la garganta.
Tú cojas, ejemplo: Es importante que tú cojas pastillas de menta.
Él coja, ejemplo: Es bueno que él coja su móvil por si nos quedamos toda la noche.
Nosotros cojamos, ejemplo: Es necesario que nosotros cojamos una lámpara para la acampada.
Vosotros cojáis, ejemplo: Os aconsejo que vosotros cojáis un saco de dormir.
Ellos cojan, ejemplo: Mejor que ellos cojan su cámara de fotos.

Yo cogiera o cogiese, ejemplo: Si yo cogiera (o cogiese) un resfriado, ya no saldría más esta semana.
Tú cogieras cogieses, ejemplo: Para cuando tú cogieses (o cogieras) el teléfono, ya habría dejado de sonar.
Él cogiera o cogiese, ejemplo: Si él cogiera (o cogiese) unos cuantos asientos, no tendríamos que estar de pie.
Nosotros cogiéramos o cogiésemos, ejemplo: Sinosotros cogiéramos (o cogiésemos) alfileres, podríamos ponernos a coser.
Vosotros cogierais o cogiéseis, ejemplo: Si vosotros cogiérais (o cogiéseis) algo de comer, mejor.
Ellos cogieran o cogiesen, ejemplo: si ellos cogieran (o cogiesen) a los perros, les sacarían a pasear.

Yo cogiere, ejemplo: Si yo cogiere unos cuantos días de vacaciones, me encantaría.
Tú cogieres, ejemplo: Si tú cogieres unos cascos nuevos, dame los tuyos viejos.
Él cogiere, ejemplo: Si él cogiere una silla, díle que te deje sentarte un rato.
Nosotros cogiéremos, ejemplo: Si nosotros cogiéremos buen sitio, podríamos disfrutar más las vistas.
Vosotros cogiéreis, ejemplo: Si vosotros cogiéreis unas bolsas, coge también para nosotros.
Ellos cogieren, ejemplo: Si ellos cogieren unas castañas, las haría asadas.

Imperativo

Sirven para dar una orden:
Coge- tú. Ejemplo: Coge mi cenicero y vacíalo.
Coja- él. Ejemplo: Que coja él su perro.
Cojamos-nosotros. Ejemplo: Cojamos unos bocadillos y vayámonos ya.
Coged-vosotros. Ejemplo: coged el tren temprano.
Cojan-ellos. Ejemplo: Cojan todo lo que dejaron por el suelo.

Del lat. colligĕre ‘recoger, reunir’.

1. tr. Asir, agarrar o tomar algo o a alguien. U. t. c. prnl.

2. tr. Recibir en sí algo. La tierra no ha cogido bastante agua.

3. tr. Recoger o recolectar algo. Coger la ropa, el trigo.

4. tr. Tener capacidad o hueco para contener cierta cantidad de cosas. Esta tinaja coge treinta arrobas de vino.

5. tr. Hallar, encontrar a alguien. Me cogió descuidado. Procura cogerlo de buen humor.

6. tr. Descubrir un engaño, penetrar un secreto, sorprender a alguien en un descuido.

7. tr. Captar una emisión de radio o televisión.

8. tr. Tomar u ocupar un sitio u otra cosa. Están las butacas cogidas.

9. tr. Dicho de una cosa: Sobrevenir o sorprender a alguien. Me cogió la hora, la noche, la tempestad.

10. tr. Alcanzar a quien va delante.

11. tr. Incorporarse a algo que ya ha empezado. Cogió el curso a la mitad.

12. tr. Tomar, prender, apresar a alguien o algo.

13. tr. Tomar, recibir o adquirir algo. Coger velocidad. Coger fuerzas. Coger una costumbre. Coger unas entradas de teatro.

14. tr. Entender, comprender algo. No he cogido el chiste.

15. tr. Aprender algo. Ha cogido enseguida el acento.

16. tr. Tomar por escrito lo que otra persona va hablando. El taquígrafo coge 120 palabras.

17. tr. Escoger, elegir algo. Cogió tales asignaturas opcionales.

18. tr. pillar (‖ aprisionar con daño). La puerta le cogió un dedo. U. t. c. prnl.

19. tr. Dicho de un toro: Herir o enganchar a alguien con los cuernos.

20. tr. Dicho de un vehículo: Atropellar a alguien.

21. tr. Montarse en un vehículo. Ha cogido el avión.

22. tr. Dicho del macho de determinadas especies: Cubrir a la hembra.

23. tr. coloq. Ocupar cierto espacio. La alfombra coge toda la sala.

24. tr. coloq. Contratar o alquilar.

25. tr. coloq. Contraer una enfermedad o empezar a padecer cierto estado físico o anímico. Cogió una pulmonía. Cogió una rabieta.

26. tr. desus. acoger (‖ servir de refugio).

27. intr. Dicho de una cosa: Encontrarse en determinada situación respecto a alguien. Tu casa me coge de camino. Eso coge muy lejos.

28. intr. Encaminarse, tomar una dirección.

29. intr. coloq. tomar (‖ resolverse a efectuar una acción). Cogió y se fue.

30. intr. vulg. caber. Esto no coge aquí.

31. intr. vulg. Am. Cen., Arg., Bol., Méx., Par., R. Dom., Ur. y Ven. Realizar el acto sexual.

32. intr. desus. acogerse.

aquí te cojo, aquí te mato

1. expr. coloq. aquí te pillo, aquí te mato.

coger a alguien de nuevas algo

1. loc. verb. coloq. Enterarse inesperadamente de ello.

cogerla

1. loc. verb. coloq. emborracharse (‖ beber hasta trastornarse los sentidos).

cogerla con alguien

1. loc. verb. coloq. tomarla con alguien.

cogerlo suave

1. loc. verb. coloq. Pan. y P. Rico. No apresurarse o no enfadarse.

coge culo

Miguel Gila conquistó a los españoles de la segunda mitad del siglo pasado con la única ayuda de un teléfono modelo Heraldo. El humorista decía aquello de: «¿Está el enemigo?… Que se ponga», y hasta el enemigo se ponía. No como ahora. Irónicamente, atender las llamadas era más común cuando solo había un teléfono para todo el pueblo que ahora que, con el advenimiento de la telefonía móvil, el aparato está en el bolsillo de cualquier español.

Cuando nació la Compañía Telefónica Nacional de España, en 1924, uno de los primeros objetivos que se marcó fue la instalación de 400.000 aparatos, según asegura el profesor Ángel Calvo en el libro Historia de Telefónica. En España vivían entonces unos 22 millones de personas, y las llamadas de teléfono eran pocas, importantes y muy esperadas. La mayoría de las personas no tenía teléfono, así que coger el auricular era un deber sagrado, una cuestión de educación que se convirtió en cultura.

Actualmente, en un mundo de mensajes, esta cultura se ha desmoronado. El primer impulso cuando suena el rutilante smartphone es pensar que se trata de otro comercial dispuesto a convencerte de que cambies de compañía o de que firmes un préstamo aún más ventajoso que el último que te ofreció. ¿Quién iba a ser si no? Uno pasa olímpicamente de contestar la llamada y deja atrás, un poco más, la costumbre de coger el teléfono. Incluso el arte de conversar se ve afectado.

A ti sí, a ti no: ¿para qué sirven ahora las llamadas?

Los primeros privilegiados que tuvieron un móvil en sus manos –un armatoste de nada menos que un kilo, que se llevaba dentro de un maletín– fueron el Rey y el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, a finales de los ochenta. Pero su verdadera expansión comenzó a finales de los noventa, cuando además de Telefónica (Movistar), aparecen otras compañías como Airtel (Vodafone) y Amena (Orange). No había quién no llevase un Nokia 3310 o un Alcatel One Touch Easy.

Ahí comenzó la revolución cultural que conllevó que cada vez haya menos personas que hacen, o contestan, llamadas telefónicas. En cambio, los españoles pueden consultar el móvil una media de 150 veces cada día (y no porque alguien quiera comunicarse con ellos). ¿Qué pensaría el Graham Bell si levantase la cabeza? Seguramente iría a hablar con un psicólogo, y el profesional le explicaría cómo funciona el nuevo orden telefónico mundial, en el que las llamadas telefónicas están en horas bajas, pero no han desaparecido del todo.

La aversión a la melodía del móvil no es algo nuevo, es una fobia que se ha ido fraguando con el tiempo. Cuando uno puede contestar un mensaje con otro, en el momento que le venga bien, o, aún mejor, con un archivo de audio, llamar por teléfono parece una pérdida de tiempo. Pero no siempre lo es, y, de hecho, este tipo de comunicación sigue teniendo su lugar en las relaciones humanas.

Los móviles que acabaron con el teléfono fijo pesaban 1 kilo y se llevaban dentro de un maletín

Según Sergio García Soriano, psicólogo y terapeuta del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, las llamadas han quedado para un grado de intimidad superior. «Implican mantener una conversación y saber llevar ese diálogo, en el que los elementos emocionales están en juego y puedes intuir cómo es la persona», explica García. Y añade: «La voz es un elemento que genera atribuciones sobre la personalidad del interlocutor, recrea una fantasía acerca de la imagen del que está tras el aparato».

En otras palabras, uno ya solo se planteará llamar a su madre o a su pareja en casos de extrema necesidad. En cambio, el experto considera que contestar un wasap requiere menos esfuerzo porque, de alguna manera, nos ayuda a escondernos. Además, podemos tomarnos nuestro tiempo para pensar una respuesta perfecta, incluso consultar Google si necesitamos ayuda. Es algo que, en el caso de una conversación con una futurible cita, puede generar grandes falsas expectativas (no en vano, aplicaciones usadas para buscar pareja como Tinder no dejan de mostrar sus ventajas).

El teléfono como escudo móvil para el compromiso

Escaquearse de las llamadas quizá no sea mera cuestión de pragmatismo. «Utilizar solo WhatsApp puede ser una forma de miedo al compromiso, los minutos que implican una llamada generan una relación más personal. Al igual que acaba con la distorsión o la ambigüedad que puede generar lo escrito, da lugar a menos malentendidos», sentencia García. Pero también es cierto que el enorme volumen de información que las personas están acostumbrándose a intercambiar no podría fluir en un intercambio a viva voz.

La llamada es un paréntesis que interrumpe lo que uno está haciendo en un momento dado, algo que incomoda a la gran mayoría. Con un mensaje o un audio elegimos el cómo y el cuándo. Y los que han vivido este cambio, se han adaptado a él. Pero los jóvenes han ido más allá, y han desarrollado un nuevo lenguaje y una forma de interactuar que está en las antípodas de los de sus progenitores. Y no es algo necesariamente bueno.

«Podríamos estar generando una sociedad donde faltan relaciones de calidad, el reflejo lo tenemos en nuestra manera de comunicarnos a través de las nuevas tecnologías», señala el psicólogo. Lo más irónico de todo es que seguimos llamando teléfono a un aparato que ya no utilizamos como tal, bajo el lema de: «no me llame, mejor mándeme un WhatsApp que ya lo leeré». Eso sí, ten en cuenta que tener muchos grupos de WhatsApp puede acabar en divorcio.

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¡Que no me cogen el teléfono!

Como se sabe, las elecciones municipales y autonómicas del pasado mayo han trastocado el mapa político español, aunque los primeros cambios comenzarán a notarse el próximo sábado, en los ayuntamientos. Al relevo de nombres en las corporaciones seguirá después un trasiego semejante en otras instituciones mientras que, de forma paralela, se observará una discreta revolución motivada por los cambios de titularidad de despachos oficiales, tarjetas de visita, titularidad de teléfonos móviles y otras menudencias administrativas de semejante índole. Se trata de elementos accesorios del poder que casi nunca aparecen reflejados en las crónicas periodísticas. No tardando, pues, comenzará el traspaso de poderes. Alguien dejará para siempre un despacho oficial y otro alguien ocupará su lugar, repitiendo así en la tarima administrativa lo que la naturaleza recuerda inmutable a través de los tiempos: que todo termina y empieza, que nada ni nadie es imprescindible y que hasta el tiempo está de paso. En ese día alguien recogerá sus enseres, se despedirá y se irá. E instantes después, cuando pise la calle, la partida habrá terminado para él. Fin. Comenzará otra en la que no participará. Luego, mientras camine hacia su casa, acompañado de la soledad del momento, la sociedad decidirá desde el patio de butacas si el cortometraje de lo que fue su paso por el servicio público retrata una gestión eficaz y honesta o la cabalgada atrabiliaria y montaraz de un garañón. En su caso particular, como en el de la mayoría, es lógico pensar que la reincorporación a la vida cotidiana sea sencilla, lo que no excluye la posibilidad de que a ratos se sienta invadido por idéntica sensación a la de Colón cuando llegó a la otra orilla del Atlántico. No sería de extrañar, pues, que redescubriera que hay vida lejos del boletín oficial, que hay familia y amigos, que España existía antes de la creación de las autonomías, que fuera de la sombra de la higuera no se ha muerto nadie de un golpe de calor y que en las mañanas de junio se puede apañar uno con un simple jersey. Sin embargo, necesitará una prueba palpable de que ha vuelto a ser un ciudadano normal, y para ello bastará con sacar el móvil del bolsillo, llamar a unos cuantos números y esperar a ver qué pasa. Partiendo de la premisa de que a un alto cargo como Dios manda le responden todos instantáneamente, unos cuantos “ring, ring” sin respuesta al otro lado ayudarían a demostrar que el tronío se esfumó. “¡Coño!, que no me cogen el teléfono…”. Algunas personas con responsabilidades públicas en el pasado han reconocido que este silencio es uno de los síntomas que, por regla general, más acusan al reintegrarse a la vida normal. Pero tampoco es para tanto. A fin de cuentas, todos o casi todos saben perfectamente quién, tarde o temprano, va a responder a la llamada. Otra cuestión muy diferente es que el despacho le cante a uno en su despedida cosas como “Para que no me olvides”. Eso sí que es un flechazo. Antonio Álamo. Periodista.

¿Coger o cojer? ¿Con g o con j?

Comentarios en estandarte- 31

1 | mario capasso 13-11-2012 – 13:19:51 h
amigos, me dieron una buena idea, no lo tenía en mis planes para hoy, acá, en un suburbio de Buenos Aires, ahora sólo me falta alguien,

2 | Rodolfo Bassarsky 13-11-2012 – 15:11:30 h
AMOR GATUNO Una gatita española rubia, muy bella fue a pasear a Buenos Aires y se enamoró perdidamente de un gato atorrante de Mataderos que se la llevó a Palermo. Caminaban por el Rosedal en silencio (entre enamorados es muy poco lo que se necesita hablar) y al cabo de 1 hora se produce el siguiente diálogo pedagógico: GATO (con un mohín de aburrimiento): Che gatita, ¿tenés un cigarriyo? GATA (gesto recriminatorio pero cariñoso): ¿Qué es eso de cigarriyo? Se dice pitillo (pronuncia la ?c? como ?c? y la ?ll? como ?ll?).Toma, aquí tienes un Marlboro. GATO: Gracias mi amor. ¿Tenés un fósforo? GATA: Que no se dice fósforo. Se dice cerilla (pronuncia la ?c? como ?c? y la ?ll? como las gatitas españolas). GATO: Gracias, simpática. (enciende el pitillo y fuma plácidamente) Admirando la extraordinaria variedad de colores de los rosales palermitanos, las mayólicas del Patio Andaluz y el laguito de aguas verdosas, transcurre otra hora de silencio durante la que se respira el aire puro del parque. Ambos enamorados, muy juntitos sus aterciopelados cuerpos, se miran, se sonríen pero no se hablan: ya dije que no es necesario y además sus intereses, sus historias y sus lenguajes son diferentes, lo que dificulta la comunicación verbal. GATA: (tiene hambre, pero no se atreve a sugerir un restaurante a su novio. Está, además, un tanto aburridilla. Piensa en su Barcelona natal y en la Ciutadella que nada tiene que envidiar al Palermo porteño): Gatito, estimado, ¿quieres coger un ratón? GATO: Che, gata, no se dice ?RATÓN?. Se dice ?RATITO??

3 | Jasón y los argonautas 13-11-2012 – 15:53:54 h
jajaja, muy bueno ese chiste para aprender las diferencias entre el coger argentino y el coger español, Rodolfo…

4 | Rodolfo Bassarsky 13-11-2012 – 16:44:49 h
Quiero hacer justicia y tributar un muy merecido homenaje a quien le escuché el chiste- creo que por radio- hace unos 30 o 40 años. Vaya un recuerdo cariñoso y de admiración a Juan Carlos Altavista, Minguito Tinguitela. Yo solamente escenifiqué la historia.

5 | Luis Angel Llarens 22-11-2012 – 17:34:39 h
EN TREN Uno no escoje nacer uno no escoje morir pero ya en tren de existir lo que uno escoje es coger (de mi libro «Versos Zafados»)

6 | Espita Pulgarcita 01-04-2013 – 12:14:43 h
¿Coger o cojer? ¿Escoger o escojer? ¡Siempre dudo si son con g o con j! Gracias.

7 | Domingo Vivanco 02-04-2013 – 07:39:46 h
Pues no he podido evitar la risa. Gracias por esta jocosa entrada. A propósito, solo un comentario: en ciertas partes de América Latina, «coger» se emplea del mismo modo que en la península. A decir verdad, se emplea de los dos modos, el suyo y el nuestro, y cada quien le entiende dependiendo del contexto de la conversación. Es habitual en zonas donde hay poblaciones numerosas de inmigrantes españoles que, naturalmente, le transmiten el uso del término a sus descendientes ?y, además, afirman que nuestro «agarrar» es un barbarismo porque, como cualquiera puede ver, las personas no tienen garras?.

8 | Amílcar Bernal Calderón 02-04-2013 – 15:44:38 h
Quiero aprovechar que no está usted ocupado cogiendo por ahí para preguntarle por qué (en muchas novelas españolas que he leído) cuando ustedes llaman a un teléfono y está ocupado dicen que EL TELÉFONO COMUNICA, cuando precisamente lo que hace es NO COMUNICAR. Gracias.

9 | Estandarte.com 02-04-2013 – 16:21:19 h
Tiene razón, Amílcar… ¡No lo habíamos pensado nunca, pero en efecto es un tanto paradójico! La paradoja llegó hasta el diccionario: COMUNICAR: intr. Dicho de un teléfono: Dar, al marcar un número, la señal indicadora de que la línea está ocupada por otra comunicación.

10 | Anais 23-01-2014 – 20:47:47 h
Creo que se entendería mucho mejor si dijeses que se escribe con g siempre, salvo cuando no es posible por el sonido de la g. Es decir el sonido ja no se puede hacer con g pues es ga. sin embargo ge y je o gi y ji suena igual, por lo que siempre es g. No me explico excesivamente bien. Pero vamos esa es la norma y si la recuerdas nunca fallarás.

11 | Harlan 27-05-2014 – 12:38:41 h
Al comentario de Amilcar queria responder que el telefono si esta comunicando, de hecho al estar comunicando (con otro telefono, no con el tuyo) no es posible que comunique con el tuyo. (disculpen la falta de tildes, no las tengo en mi teclado)

12 | Antonio 02-09-2014 – 11:30:45 h
Gracias Anais, tu regla me parece práctica y es la que voy a memorizar.

13 | jose 14-03-2016 – 08:15:57 h
Esto de los verbos, es un lio, que no se aclara nadie.

15 | Daniela G. 12-10-2017 – 08:40:54 h
Me gusta el comentario de Anais sobre cómo se escribe coger y cómo ha de conjugarse: coger se escribe siempre con g, salvo cuando no es posible por el sonido de la g.

16 | Adriana 11-11-2017 – 15:11:58 h
Muy buen tip de Anais, para estar más seguros en casos de que cueste pensar en el sonido de las conjugaciones del verbo también es bueno hacer algo un poco más mecánico: si la J/G vienen seguidas de una E o de una I siempre se escribe con G, si en cambio después de la J/G viene una A o una O se escribe siempre con J. Ej: coGE, coGI, coJO, coJA. El orden de los factores no altera el producto.

17 | Miguel Púzel 17-11-2017 – 10:40:50 h
Muy cierto … Hasta que los usuarios nos pongamos de acuerdo en simplificar (un poco) nuestra ortografía, como proponían Juan Ramón Jiménez y GGM, usando siempre el grafema j para el fonema j

18 | Gustavo con G 19-12-2017 – 21:50:18 h
Creo que Alanis ha recogido el guante, escogió el modo más sencillo de explicarlo y se lo cogió al autor del artículo. Ahora amablemente deja que cojamos su método. Cójanlo confiados, asumo que la idea tendrá una buena acogida.

19 | Javier P. 30-12-2017 – 10:10:00 h
Excelente explicación. Coger se escribe siempre con g salvo que no permita el fonema j.

20 | roberto 28-03-2018 – 04:58:02 h
no entiendo porqué nos atribuye a los latinoamericanos el significado de «coger» como sinónimo de practicar el coito cuando es bien sabido que ese significado lo pusieron en práctica los españoles en tiempos de la conquista. Resulta que cuando vinieron las primeras mujeres blancas los aborígenes solían secuestrarlas en forma violenta, las cogían y las llevaban como esclavas para todo servicio. Algunas veces los familiares de estas mujeres las recuperaban y como con frecuencia estaban embarazadas decían que habían sido cogidas.

22 | Pepe 09-04-2018 – 09:28:32 h
No me ha gustado la explicación

23 | Alberto 12-04-2018 – 14:34:58 h
PARAjE.

24 | Henar 02-11-2018 – 16:35:27 h
Pues coger en Argentina tiene un significado muy concreto…

25 | Edel 21-11-2018 – 13:17:15 h
Y yo toda la vida escribiendo cojiendo, con j.

27 | Preto 28-01-2019 – 11:07:10 h
El otro día leí «se cojen» cuando lo correcto habría sido «se cogen».

29 | Ramón 18-04-2019 – 18:10:28 h
Se coge, coge eso… No es tan difícil.

30 | Carmen 01-05-2019 – 08:59:28 h
Coge-coje, el gran dilema.

31 | CarlosQuinto 29-12-2019 – 08:47:22 h
«Estoy cogiendo» sería el Presente Perfecto

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