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No querer salir de casa

Agorafobia: Miedo a salir de casa

La agorafobia o miedo a salir de casa normalmente va en incremento, empieza como una pequeña idea de que cuando sales te sientes mal y poco a poco, mientras más lo vas evitando, más miedo te va dando y menos vas saliendo de casa, reforzando cada vez más la creencia equivocada de que estar en casa es seguro y salir es peligroso.

El ciclo vicioso de la fobia a salir de casa

Salgo de casa, me da miedo, me siento mal, llegan síntomas extraños, regreso a casa pensando ¿qué me pasó?, llego a la conclusión de que me sentí mal por estar fuera y que en casa me siento bien, la próxima vez que salgo lo hago con cierto temor y con ideas anticipatorias de “ojalá no me sienta mal otra vez”, como ya vas nervioso, sales y te empiezas a sentir mal otra vez, reforzando la creencia de que salir es peligroso.

Regresas a casa y la evitación a salir aumenta, aumentando tu nervio la próxima vez que tienes que salir y aumentando los síntomas extraños cuando sales.

Al hacer esto, dejas de hacer las actividades que realizas, te alejas de las personas que te traen al presente, y aumenta la obsesión sobre la idea y sobre tu ansiedad, haciendo que baje tu motivación, empieces a deprimirte y refuerces la creencia de que no puedes y no debes salir de casa.

De esta forma, es un ciclo vicioso en aumento, y todo empezó por creer que estar fuera era la causante de que te sintieras mal.

El cerebro tiene un pegamento interno

Esto significa que cuando saliste de casa aquella vez y te sentiste mal, con síntomas extraños como el mareo, sudoración y taquicardia, tu cerebro sacó un pritt y pegó la circunstancia o lugar en donde estabas junto con ese episodio tan horrible. Entonces, si te pasó en la calle, llegó a la conclusión de que salir te genera ansiedad, y que lo mejor será evitarlo.

Llegas a la conclusión equivocada de que estar fuera de tu casa es la causa principal de sentirte mal, y esto no es verdad, tan sólo fue que al salir se te activó mucho más tu sistema de alerta y de alarma y tu cuerpo ya no pudo soportar más estar así, pero eso te puede suceder en cualquier situación en la que te sientas en riesgo.

De la misma forma te puede pasar que si la primera vez que te dio un ataque de pánico fue un día que comiste palomitas, llegas a la conclusión de que las palomitas te caen mal.

La otra conclusión equivocada que la mayoría de las personas con ansiedad llegan, es que la noche les genera ansiedad, pues es ahí cuando peor se sienten, pero no es por la noche, es por lo que la noche les hace sentir.

La noche, la calle, los demás, la comida… todo eso es inofensivo, lo que te genera ansiedad es cómo estás interpretando todo eso.

Crees que estar sólo es peligroso

Como realmente crees que si te da un episodio de ansiedad o ataque de pánico estás en peligro, y que realmente te puede dar un ataque al corazón o puedes perder el control de la situación, entonces prefieres estar siempre acompañado.

Te da miedo estar sólo porque piensas ¿y si me pasa algo?. Por eso evitas salir de casa sólo, pues crees que se aumenta el peligro. Sólo, rodeado de gente extraña, expuesto a los peligros de la ciudad… seguro me voy a sentir mal o algo malo me pasará.

Necesitas regresar a tu cueva segura

Como la ansiedad es el extremo de sentirte inseguro y en riesgo, es casi instintivo que quieras regresar a la panza de tu mamá, o a la protección de la cueva de tu papá. Quieres regresar emocionalmente a ese lugar donde no existían preocupaciones y te sentías cuidado por tu papá o tu mamá.

Salir a la calle tu sólo es la expresión máxima de libertad y autonomía, y el que no quieras hacerlo, significa que estás queriendo sentirte seguro y protegido por tu cueva materna. Si pudieras, regresarías a su panza y te instalarías ahí, estaría rico ¿cierto?

Las noticias no ayudan

Además de que internamente te sientes en peligro y en riesgo, las noticias y la violencia en la sociedad no ayudan. El problema es que las noticias no son realmente noticias, son un filtro de todas las cosas que suceden en el día, y ese filtro nada más te muestra lo preocupante o negativo.

Al ver una realidad externa de gente en peligro y sufriendo, llegas a la conclusión de nuevo equivocada, de que eso te puede suceder a ti, y que por eso mejor no hay que salir o ni pensarlo en salir de noche. Es como si todos los delincuentes estuvieran enfocados nada más en ti, y como si estuvieras rodeado de gente con malas intenciones, cuando la realidad es al revés, ellos son los menos, y tu estás rodeado de muchas personas más.

Por: Adriana Felici (Periodista – directora sección En Familia)
¿Quedarse un día entero en casa? De ser posible, ¿en pijama y pantuflas? Placeres como pocos. Es natural e incluso aconsejable quedarse algún día entero en casa, haciendo cosas que nos gustan, o simplemente descansando la mente y el cuerpo. “Esto es especialmente necesario si tomamos en cuenta los tiempos que vivimos, en que la intensidad es la marca que nos atraviesa; en que sentimos que el tiempo no nos alcanza y las responsabilidades nos sobrepasan”, nos dice la Lic. María Sol Altamira (M.P.3151).
La gran pregunta es: ¿Qué pasa cuando el “no tengo ganas de salir de casa” se vuelve una respuesta frecuente a cualquier invitación que nos hagan?
– Ante esta situación, en primera instancia es conveniente analizar la edad y la etapa vital que se está transitando, ya que no es lo mismo que esto se presente en una persona joven o adolescente que en un adulto. Esto significa que para cada etapa vital y situación específica habrá que hacer foco con mayor precisión en otros aspectos que subyacen.
¿Qué es lo que habría que tomar en cuenta?
– Ante todo, las características de personalidad. A grandes rasgos, existen modalidades de interacción con el mundo externo propias de personalidades extrovertidas y otras propias de modalidades introvertidas. Estas últimas tienen una mayor necesidad de conexión y mirada hacia lo interno. Pero aun así hay que tener presente que la personalidad no es estática, y que en determinadas etapas, y sobre todo en determinados momentos afectivos o emocionales, se producen fluctuaciones, tanto hacia el mundo exterior como hacia el mundo interior. Esto forma parte de los procesos de autoconocimiento e incluso de equilibrio y /o auto preservación de la energía psíquica.
¿Esta necesidad de aislarse también puede generarse cuando uno vive una situación conflictiva?
– Sí, sobre todo si se vivencia con mucho estrés. Por eso, hay que tomar en cuenta la o las situaciones vitales conflictivas que está transitando esa persona en el momento presente. Por ejemplo, evaluar si es una persona que tiene una actividad laboral o social que le demanda mucho tiempo y energía; si en los últimos años ha tenido gran parte de su disponibilidad puesta al cuidado de la familia: crianza y cuidado del hogar, administración de la economía y sustento; proveyendo tanto desde lo material como desde lo afectivo.
¿Esto puede ser algo característico de la adultez?
– Esta situación se puede manifestar en las etapas de la adultez, por ejemplo, cuando se transita un proceso de duelo, e incluso cuando los hijos crecieron y esa disponibilidad hacia el cuidado queda fluctuando, sin poder canalizarse efectivamente. La pérdida de un vínculo o persona significativos en lo afectivo pueden llevar a desear aislarse.
¿La pérdida de trabajo o las dificultades económicas también pueden llevar al aislamiento?
– Sin duda. La angustia por lo laboral, la pérdida del trabajo, o en el contexto actual, la disminución de las posibilidades económicas, pueden determinar el no desear participar de actividades sociales
La necesidad de recluirse, ¿sobreviene de repente?
– No. El aislamiento social no se da de un día para otro. Es paulatino, puede incrementarse y producir que cada vez haya menos ganas de salir de casa.
Hasta aquí las posibles causas. ¿Qué hacer ante esta situación?
– Ante todo, dirigir la mirada hacia nuestro interior; cuestionarnos y registrarnos desde la sinceridad. Después, revisar cuánto hace que presentamos este comportamiento. El darnos cuenta hará que tomemos consciencia de que algo nos está ocurriendo. A partir de allí podremos comenzar a buscar herramientas internas para comenzar a resolverlo.
¿Qué otros interrogantes habría que hacerse?
– Identificar qué situación o situaciones pudieron haber causado este deseo de aislarse. Es importante poder determinar qué pudo habernos ocurrido como para no querer salir de casa; que nos llevó a generar el hábito de evitar el exterior, o por qué nos sentirnos seguros en el interior de nuestro hogar. Éstos serían los principales pasos para luego poder plantearse la necesidad de acudir a terapia. El acompañamiento profesional permitirá analizar y poner en palabras los sentimientos y emociones vinculadas a las vivencias que podrían haber determinado el desarrollo de esta situación. Además hay que analizar si este comportamiento podría deberse a una manifestación de un estado vinculado a depresión.
¿Y si la causa es una depresión?
– La terapia permitirá deducir en relación a otras manifestaciones, la existencia o no del desarrollo de un estado vinculado a la depresión, y a su vez analizar si otros aspectos de la personalidad pueden estar influyendo.
¿Por ejemplo?
– Negatividad, una exigencia excesiva por la perfección -ya sea auto-perfección o perfección de los otros o de lo externo-, frustración o baja tolerancia a la misma, que puede deberse a expectativas desmedidas sobre ciertas situaciones o vínculos, y sobre todo la vivencia interna ligada a la autopercepción de uno mismo; es decir la autoestima.

La jaula de la agorafobia: cuando no puedo salir de casa

¿Alguna vez te has sentido imposibilitado para salir de casa? Las personas que sufren agorafobia, en ocasiones, no logran traspasar el umbral de la puerta. La ansiedad, un miedo fuera de lo normal y múltiples reacciones de su cuerpo, provocan que no puedan poner un pie fuera de caso.

En los casos más leves, estas personas pueden confundir la agorafobia con la claustrofobia, al no lograr habituarse a estar en espacios cerrados o con gran concentración de personas.Hoy descubrirás cómo es vivir con agorafobia, una enfermedad que muchas personas sufren, pero que pocos de nosotros sabemos. ¿Sabrías ponerte en su lugar?

No quieres hablar conmigo, te encierras… Te has creado un mundo paralelo para que nadie te haga más daño…

La jaula de la agorafobia

Vivir con agorafobia es como vivir en una jaula. Esta jaula la creamos con nuestros miedos, nuestros traumas, nuestros problemas de la infancia. Se puede decir que esta jaula en la que nos encontramos es como una fortaleza o esos muros que elevamos cuando alguien nos daña. Así evitamos volver a ser dañados, aunque nos estemos haciendo igualmente daño.

La agorafobia no surge porque sí. Hay motivos muy personales tras cada persona que pueden provocar que desarrolle esta enfermedad. En ocasiones, la agorafobia deriva tras sufrir diversos ataques de pánico, ataques de ansiedad, miedo escénico, entre muchos otros problemas.

Sentirse solo y aislado no es algo agradable, pero es la opción que a veces vemos para huir de nuestros miedos

En los casos más graves,la agorafobia puede surgir a causa de una violación, de abusos, de maltratoy otras circunstancias que cursan con miedo y una necesidad de protección. Es difícil saber cómo es posible que sea tan difícil para una persona salir de su propia jaula. La verdad es que ya no solo es una cuestión mental, sino quelos síntomas físicos que muestran también son una fuerzaque los obliga a regresar a su jaula.

Por ejemplo, una persona con agorafobia se encuentra entratamiento psicológicopara empezar a salir al menos, unos pasos más allá de la puerta de su casa. Su mente es resistente, pero ella lucha contra ella y casi lo consigue. Está segura de querer cruzar el umbral de la puerta. Pero, de repente, empieza a sentir náuseas, a vomitar, le duele la cabeza o la barriga… Los síntomas físicos hacen que sus fuerzas flaqueen.

El miedo a situaciones que se temen

La agorafobia no deja de ser un miedo irracional a ciertas situaciones que se rechazan: «No soporto estar con tanta gente a mi alrededor y eso provoca en mí una serie de elementos que se activan.» El cuerpo se pone en alerta, estás ante un peligro, aunque probablemente no sepas por qué le tienes tanto miedo a esa situación. ¿De qué realmente tienes miedo?

  • Miedo de pasar tiempo a solas.
  • Miedo de los lugares donde escaparse sea algo difícil.
  • Miedo de perder el control en público.
  • Miedo al abandono, dependencia hacia los demás.
  • Miedo a sentirse ajeno o separado de los demás.

Todos estos miedos provocan que poco a poco el espacio en el que vives se vaya reduciendo, hasta que este solo ocupa tu propio hogar y, en ocasiones, tu propia habitación. Los temblores, la sudoración, los vómitos, el ahogo, son tan solo algunos de los síntomas que puedes experimentar al salir de tu aparente «zona de confort». La zona en la que te sientes seguro, una zona donde crees no podrás ser dañado por nadie.

Tu miedo se termina cuando tu mente es consciente de que es ella quien crea ese miedo

Quizás te estés preguntando en este momento, ¿hay cura para esto? La respuesta es que sí, pero no es un camino fácil. Será duro, un tratamiento que llevará meses, incluso años. Tu cuerpo está en alerta, tu mente tiene miedo… Debemos descubrir qué es lo que se teme para solucionarlo y hacerle frente. Escapar, enjaularnos, nunca será una alternativa sana para nosotros.

Cuando empiezas a sentir que no encajas en este mundo, cuando solo ves dolor a tu alrededor, cuando te defraudan constantemente, puedes volverte apático, poco sociable… puedes empezar a quedarte demasiado tiempo en casa.

Esto también puede generar que llegado cierto día no logres salir. No temas, el dolor forma parte de nuestra vida y crear una muralla nunca será beneficioso para nosotros, pues el día en que queramos derribarla, no podremos.

Imágenes cortesía de Art D7, Philius Devianart

Photo Credit: varf

Los síntomas de la fobia social suelen aparecer poco a poco. No hay normalmente un «BOOM» sino que la persona se va poco a poco aislando de la sociedad. Normalmente la gente con fobia social suele rehusar las quedadas sociales y prefieren quedarse en casa. Además ahora hay un problema añadido muy gordo que acrecienta el problema; y es el uso de las redes sociales e internet.

Imagina una persona que empieza a coger miedo y vergüenza en público. Para esa persona es más seguro quedarse en casa, chateando por internet, mirando el facebook y entreteniéndose con la televisión y el ordenador. ¿Para que va a salir si tiene sus necesidades sociales cubiertas en casa?

Aunque realmente no las cubre, sino que las «maquilla», una persona con un chat y redes sociales jamás podrá suplir su necesidad real de relacionarse con personas de a pie, pero si que se crea una falsa ilusión que le calma la ansiedad.

Y así poco a poco y con los años se acrecientan los síntomas de la fobia social y la persona se termina aislando muchísimo del resto del mundo. Poco a poco además se va sintiendo cada vez más triste y sola, ¿y como intentan buscarle solución?

Pues se meten en un foro de fobia social y se consuelan unos a otros sin darse cuenta que lo que tienen que hacer es dar un curso de sociabilidad y salir al mundo real a conocer personas reales e interactuar con ellas.

Los primeros síntomas de la fobia social son: exclusión. Esa persona deja de llamar a los amigos y cada vez pone más y más excusas para no salir o simplemente dice: «NO». «No me apetece» o «Es que…» y así los amigos, conocidos y cercanos se cansan de estar llamando constantemente a estas personas y se meten en un bucle de soledad que les hace empeorar a grandes cantidades la fobia social.

Una cosa está clara, si tú no sales casi de casa durante uno, dos, tres, cuatro, cinco años o más ocurrirá que cuando salgas te de mucho vergüenza, eso te asuste, tengas algún tic, te incomode… Y por lo tanto te sientas mal al salir de casa. ¿MALA Solución? Quedarte en tu casa, protegido viendo la televisión o con el ordenador.

¿Para que hacer vida social si existe el chat?

Entre los síntomas de la fobia social el primer inconveniente que causan es que tras insistir e insistir los amigos se cansan porque además cuando las personas con fobia social salen medio arrastradas por conocidos, amigos o quién sea muestran una actitud de aislamiento extrema y esperan cualquier excusa para volver a casa cuanto antes.

Así que las personas con fobia social cuando salen muy de vez en cuando terminan convirtiéndose en zombis con expresión seria y borde, que rehúsan participar en casi cualquier acto divertido y que hacen arrepentir a los amigos por haber sacado a esa persona. Porque la sacan y solo les crea malestar, la ven borde, aislada, sin participar y piensan: «para eso que ni salga».

Y así los primeros síntomas de la fobia social se convierten poco a poco en un aislamiento progresivo que va empeorando con los años y cuanto más encerrado estás más empeora. La primera determinación que hay que tomar a la hora de tener fobia social o en atisbar los primeros síntomas de fobia social es en evitar estar en casa las 24 horas del día.

Hay que forzarse todo lo posible por salir y cuanto más mejor porque una vez comienzan los síntomas de la fobia social y la persona se va quedando cada vez más y más tiempo en casa es cada vez más fácil estar aislado y cada vez más difícil salir.

He conocido muchísimas personas con fobia social que se han tirado años sin salir de casa y no se les ve precisamente felices. Además muchas personas con fobia social e incluso su entorno no lo ven como un problema y no se dejan ayudar. Piensan que así están bien y que quieren seguir así hasta que llega un momento en que la tristeza les invade, sufren leves depresiones y cuando se quieren dar cuenta salir e interactuar con personas les da un auténtico pánico.

Las personas que hemos tenido fobia social y lo hemos superado nos damos cuenta de que lo principal para superar la fobia social es salir de ahí y sobretodo es muy contaminante cuando tu alrededor consiente y ve hasta normal ese comportamiento anti social.

Cuando los síntomas de la fobia social empiezan es como una rueda que va cuesta abajo, si la persona no decide frenar esa rueda seguirá bajando hasta abajo sin límite y lo notaremos por su total rechazo a salir hasta que la cosa se vuelve tan grave que se calman entrando en foros o buscando respuestas en vez de buscar soluciones.

Si algo le cuesta a un ser humano en cuerpo y alma es admitir un error y solucionar sus problemas, así que un fóbico social acostumbrado al chat y redes sociales antes de admitir su problema y luchar para superarlo lo que hará es buscar consuelo y apoyo para justificar su comportamiento.

Ahí es dónde está el peligro en internet, dónde hay foros que no son controlados por nadie y se mantienen simplemente con publicidad. En dichos foros se puede instaurar el pánico social y fóbicos sociales que escriben para ahuyentar sus penas, justificar su comportamiento y conocer otras experiencias similares a la suya para que lo vean algo más normal y no se sientan tan culpables.

El enorme peligro que tienen internet en este sentido es cuando da refugio de a personas con síntomas de fobia social o directamente fóbicos sociales, estas personas pueden verse apoyadas y hasta animadas a seguir manteniendo ese comportamiento que les lleva a estar cada vez más solos y sentirse cada vez peor.

¿La solución? No está en quedarse sentado, sino en practicar la sociabilidad, salir de casa y terminar poco a poco con la fobia social hasta ser una persona relativamente social, con sus amistades, que sale de casa y que disfruta de la vida no solo en soledad, sino en ambientes sociales también.

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Cuando la ansiedad no te deja salir de tu casa

John habló con la BBC sobre su trastorno de ansiedad y la dificultad de que se reconozca como una discapacidad Comentar (0) Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Guardar 16 de marzo de 2017 • 00:31

John es un chico que habló con la BBC sobre su trastorno de ansiedad y la dificultad de que se reconozca como una discapacidad. «Me dan ataques de vértigo, eso es uno de los principales detonantes de mi agorafobia y mi ansiedad de estar afuera. Básicamente, me la paso dentro de la casa y mi mamá se encarga de hacer las compras y traer la comida».

Así describió John (el nombre que dio a un programa de la BBC) los efectos y consecuencias de su trastorno de ansiedad, en el marco de las dificultades que ha enfrentado para lograr ayuda de las organizaciones estatales de seguro social.

John, que vive en Gales, Reino Unido, no ha salido de su casa desde finales de 2016 debido a su ansiedad que está agravada por vértigo y un trastorno neurológico adicional para el cual está en una lista de espera con el sistema de salud público NHS (Servicio Nacional de Salud, por sus siglas en inglés) para que lo diagnostiquen.

«Verdaderos discapacitados»

Los trastornos mentales son difíciles de diagnosticar y eso deja a las víctimas en un limbo cuando se trata de que se les reconozca su discapacidad y puedan recibir fondos y apoyo del gobierno. «Yo soy una de las personas que han sido excluidas. Ya no recibo prestaciones. Solía recibir un subsidio de discapacidad para mi sustento pero ahora se me ha negado y me encuentro en medio de un proceso ante los tribunales para que me lo restauren», explicó John a la BBC.

La situación se ha vuelto más precaria en Reino Unido, con un sistema de salud pública sobrecargado y después de que un parlamentario del gobernante Partido Conservador pidiera que los subsidios se les dieran a los «verdaderos discapacitados» y no a las personas que se quedan en sus casas tomando medicamentos.

El parlamentario conservador George Freeman

El parlamentario conservador George Freeman declaró en la Cámara de los Comunes su oposición al subsidio a ciertas discapacidades psicológicas. No obstante, el dilema que enfrentan los que sufren de trastorno de ansiedad tiene resonancia en muchas partes del mundo.

Pánico paralizante

El problema viene de la dificultad en definir el mal y cómo éste puede debilitar a una persona, algunas veces prácticamente paralizarla y no permitir su funcionamiento en el mundo exterior.

«Todas las personas sufren algún tipo de ansiedad», señala John. Puede ser un nerviosismo o preocupación, como cuando uno tiene que hablar en público y le sudan las manos. Eso es algo muy común pero no es trastorno de ansiedad.

La Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos define el diagnóstico de trastorno de ansiedad cuando ese nerviosismo o preocupación tiene las siguientes manifestaciones:

  • La reacción es desproporcionada, o inapropiada según la edad del individuo, a la situación en particular
  • Un impedimento a la habilidad para funcionar normalmente

Entre los efectos notables están las palpitaciones, confusión mental, problemas con el habla, desequilibrio, fatiga, hasta desmayos. «Tu cerebro empieza a funcionar mal y empiezas a sentirte ansioso en situaciones donde es completamente inapropiado y es completamente debilitante», asegura John.

Agravantes

Hay varios niveles y tipos de ansiedad, que pueden ir desde la ansiedad generalizada hasta un pánico paralizante. La condición se puede agravar si la acompañan otros desórdenes neurológicos o mentales como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y la depresión. En el caso de John, él está afectado por vértigo.

El trastorno de ansiedad puede dejar al individuo completamente inoperable

«No me puedo parar muchas veces pues me dan ataques de vértigo, eso es uno de los principales detonantes de mi agorafobia y mi ansiedad de estar puertas afuera», relata.

John depende del cuidado de su madre, una mujer pensionada de 70 años, que cada vez tiene que prestarle mayor atención pues la mezcla de trastornos que sufre no le permite predecir cuándo le va a dar un ataque.

«Mi condición ha ido en vaivén en los últimos años», explica. «El diagnóstico original fue en 2011 pero tuve una muy mala recaída el año pasado y durante los últimos seis meses del año estuve muy enfermo y muy mareado».

«Mi madre me sacaba en el auto por una media hora, podríamos dar una vuelta o ir a las tiendas pero muchas veces, al entrar en las tiendas, me daban ataques de vértigo muy intensos. Así que hicimos eso cada vez menos hacia el final del año».

Desde entonces no ha salido de su casa y sus subsidios fueron descontinuados porque, dice, según el Departamento de Trabajo y Pensiones no está severamente discapacitado. «Les escribí una carta de siete páginas detallando específicamente cómo sí cumplo con los criterios, con cada una de las categorías de discapacidad, y su fallo, su decisión, fue que eso no es verdad», afirma.

«Mi madre de 70 años me cuida a tiempo completo sin ningún tipo de apoyo. El gobierno no nos ha dado apoyo alguno. Ella ha trabajado toda su vida y esto es un total insulto para ella que nos coloquen en esta situación».

Determinación y superación

Sin embargo, la BBC habló con otro afectado por el trastorno de ansiedad, Stephen O’Reilly, de Dublín, Irlanda, quien asegura que es posible superar la enfermedad forzándose a salir. Lo primero que hay que hacer es buscar un trabajo con voluntad y determinación, luego combinar con medicamentos y ejercicios de meditación.

O´Reilly dice que no se puede permitir que la enfermedad se apodere de la persona y defina su existencia. A pesar de sufrir de ansiedad por muchos años, decidió irse de mochilero a Australia.

Para ayudar a superar estos trastornos se recomienda siempre realizar alguna actividad física Crédito: DPA

Una actividad física, como viajar de mochilero, puede ayudar al individuo a romper el ciclo de su ansiedad, dice Stephen O´Reilly. «Me ponía a llorar en cada lugar que parábamos, sentía náuseas del pánico, no podía mirar a nadie en la cara, tartamudeaba. Literalmente no podía hacer nada», confiesa. «Pero fui porque me dije a mí mismo, así no es como quiero vivir mi vida».

O´Reilly tiene ahora un trabajo, aunque reconoce que algunas veces la situación se puede tornar difícil y se llena de pánico y miedo. «Puedo estar parado allí y de pronto mi corazón empieza a latir muy rápido, sudo y no puedo mirar hacia arriba».

Pero tiene un método que lo retorna a la normalidad. «Empiezo a hacer ejercicios de meditación. Me digo quién soy y dónde estoy. Cuento una por una las baldosas del piso y así lidio con eso. Porque prefiero trabajar y tener esos ataques aleatorios de pánico y recuperar el control».

Stephen O’Reilly exhorta a otros a hacer lo mismo y no depender de la asistencia de la seguridad social. John, por su parte, dice que estaría dispuesto a intentar romper su aislamiento pero insiste en tener asistencia estatal. «Me gustaría poder salir y hacer cosas. Terminar mis estudios, por ejemplo, poder conseguir empleo. Pero no tengo el apoyo para hacerlo; el gobierno me lo está negando y eso es muy insultante y deprimente», concluye.

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“Nuestras vidas están tan ocupadas, y el mundo a veces puede parecer tan espantoso por las preocupaciones económicas, políticas y ecológicas, que la casa se está volviendo un lugar donde realmente poder relajarnos, un antídoto. Y permanecerá así durante muchos años”. Quien habla es Lisa White, directora del departamento de Lifestyle & Interiors de la consultoría internacional WGSN, que ya en 2015 apuntó al housewarming (algo así como “calentarse en casa”), como una corriente de largo recorrido en la que los consumidores buscan redescubrir el arte de vivir el momento, de gozar de su espacio y de los seres que lo habitan o son bienvenidos a él. Fue el sector de la decoración el primero en clamar sobre esta tendencia sociológica, en la que la necesidad imperiosa de un refugio seguro en el el mundo occidental, empuja a reivindicar el papel acogedor y reconfortante de la casa. Y a disfrutarlo, sea esta fija o temporal. Gemma Riberti, experta en adecuación de viviendas de la misma compañía, anunció con estas palabras una tendencia relacionada para 2017 en una conferencia anual del sector en Hong Kong, el grounded living (“estar conectado a la tierra”): “La gente quiere sentirse en casa allá donde esté. Ha dejado de ser un lugar, es un sentimiento. Y el objetivo de su diseño es crear un espacio calmo al que siempre guste volver”. Y cueste mucho abandonar.

Hacer bizcochos o trasplantar macetas le hará más feliz

En este contexto, la actitud FOMO (miedo a perderse cualquier ocasión social) está siendo sustituida por el JOMO (la alegría de perderse) y el FOGO (el temor a salir), un recogimiento que, fundamentalmente, contribuye a potenciar un organismo más saludable. “Somos una máquina biológica, pero a diferencia de las electrónicas o mecánicas, no disponemos de recambios para su reparación o renovación”, explica el doctor Vicente Saavedra, de la clínica Medicina Integral de Barcelona: “Nuestras células y órganos necesitan del descanso para repararse. Un cierto grado de diversión es necesario. Pero si se vuelve una forma de vida es absolutamente insano, física y mentalmente. Cada persona tiene su propio punto de equilibrio. Para encontrarlo es necesario el autoconocimiento, pero la sociedad actual (con valores cada vez más alienantes y materialistas, de consumismo y prisas), no nos encamina a desarrollar la propia responsabilidad sobre nuestra salud. Somos infelices y ansiosos ”.

«La gente quiere sentirse en casa allá donde esté. No es un lugar, es un sentimiento. Y el objetivo del diseño pasa por crear un espacio calmo al que guste volver» (Gemma Riberti, de WGSN)

El nesting busca combatir esta dolorosa realidad, potenciando eso que los anglosajones llaman Me time: reservar momentos para uno y dedicarlos a la cotidianidad del hogar. La cocina ya es una herramienta terapéutica popular en países como EE UU o Reino Unido. De hecho, de todas las terapias ocupacionales para combatir la depresión, la repostería ha demostrado ser una de las más eficaces, según un estudio publicado en British Journal of Occupational Therapy. Por su parte, entregarse al placer de una buena novela reduce el riesgo de demencia, según BMJ. Pero si lo que le roba la paz es el estrés del día día, un estudio de Journal of Health Psychology se inclina por recomendar la jardinería en la terraza, que baja los niveles de cortisol (hormona que lo provoca) en mayor medida que la lectura. Cualquier cosa vale, incluso aburrirse, un sentimiento que lejos de adormecer la mente, vuelve al individuo más altruista y empático, según una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Limerick (Irlanda). “Pararnos en medio de este mundo de locos, conectar con nosotros mismos, con nuestros sentimientos y pensamientos para poder ver hacia dónde vamos, y orientar nuestra vida correctamente, es una absoluta necesidad humana para tener buenas relaciones, disfrutar de las cosas sencillas y gratis que ofrece la vida (la mayoría), así como para cuidar de nosotros, de los nuestros y afrontar los problemas eficientemente con una buena actitud”, concluye el doctor Saavedra.

Una buena decoración ayuda

Esta querencia hogareña tiene en la actualidad otras vertientes más allá del autocuidadio, porque posee, paralelamente, una dimensión decorativa potenciada por blogs y redes sociales, donde gurús del orden como Marie Kondo, o webs como Apartment Therapy o Gardenista, ayudan a redescubrir el placer de crear nidos prácticos y amables a través del embellecimiento y la organización. “Definitivamente, la crisis económica y los sitios web como el nuestro han contribuido a este creciente interés. Nosotros nos centramos en mostrar cómo vive realmente la gente, no hacemos un estilismo especial para nuestras fotos. Durante la última década a los ciudadanos no les incomoda compartir su estilo con el mundo a través de plataformas como Instagram o Pinterest. Y atestiguar los efectos positivos de transformar cualquier rincón en un lugar más agradable anima a otros a hacer lo mismo: el intercambio de inspiración a través de imágenes auténticas es clave”, opina Janel Laban, directora ejecutiva de Apartment Therapy, que anota estas ideas para lograr un oasis de serenidad: maximizar la luz, deshacernos de todo lo que no necesitamos, agregar autenticidad a través de objetos hermosos que evoquen buenos recuerdos y mantener un orden y limpieza regulares.

Cualquier cosa vale, incluso aburrirse, un sentimiento que lejos de adormecer la mente, vuelve al individuo más altruista y empático, según la Universidad de Limerick.

Muchas firmas globales abordan este nuevo concepto de mi casa es mi mundo, como la canadiense Stay at Home Club, cuyo lema es “El club que nunca se reúne” (porque no sale de casa) y que ha hecho del nesting su seña empresarial. Olive Mew, su creadora, confiesa que desde joven siempre prefirió parapetarse en su hogar antes que salir de marcha. “Descansar adecuadamente es vital para levantarse con energía”, comenta Beatriz Peralta, fundadora de Seda Sana, otra marca, en este caso española y ecológica y de ropa de cama. “Esto requiere un entorno adecuado con materiales libres de sustancias nocivas que permitan el proceso natural de regeneración. Una buena inversión en artículos del hogar de larga duración mejora la calidad de vida”, matiza. Ojo, esto incluye los calcetines de estar por casa, que traen consigo beneficios sobre las relaciones sexuales, que aumentan durante el nesting (más ventajas). “Cuando la temperatura de nuestros pies es lo suficientemente cálida y confortable, mantenemos la autorregulación de nuestro cuerpo y, de este modo, la sangre irriga de manera directa al clítoris y los genitales masculinos”, suscribe Cristina Callao, psicóloga especializada en Sexología Clínica y Salud Sexual. Es decir, orgasmos más potentes. Pues no todo va a ser ver de un tirón la segunda temporada de Stranger things en Netflix (que también).

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Hola a todos. Copio parte de un articulo escrito por una persona (se puede encontrar completo en http://www.ciao.es/Francamente_me_importa_un_Bledo__Opinion_1399829 ) ya que me siento bastante identificado con ella y me gustaria saber vuestras opiniones al respecto. Se que es un poco largo pero tengo la esperanza de que haya gente que se lo lea y de su opinion.

Pues no me apetece salir, coñeeeeeeeeee

Salir los sábados por la noche si eres joven es lo normal. Quedarse en casa, lo raro. Más que raro, es ridículo. «¿Que no sales? Tas mal…». Lo guay es salir, gastarse una pasta que no tienes en bebidas que no te apetecen, porque a algunos no nos gusta el alcohol (a excepción de la sangría y el baileys, por diox!!), meterte en diminutos locales con música que no soportas y pasarte la noche bailando, sin poder hablar con tus compis a no ser que te desgañites, y de ligar ni hablemos. Si se te acerca un tío macizo, o vas a lo que vas o ná, porque de qué vas a hablar con la música a todo volumen? A veces creo que sería más fácil si fueramos todos más sinceros. ¿Te molo? Sí. ¿Quieres rollo? Pos mira, va a ser que sí, que esta noche me aburre la música. Y hala. Pero no, hay que disimular, jugar al juego del que te están ligando y demás, hacerte un pelín la difícil, y hale. Bueno, hablo de mis tiempos, algunos no habíais nacido… en los 90 :-P. La de rollos de conversación absurda que me habré tragado… ¡si sólo quería enrollarme un rato y volverme a casa! Qué complicados que somos con tanto disimulo…
Todo esto tiene su aquel, ojo. Que yo he tenido algunos fines de semana inolvidables, de salir con gente con la que estaba muy a gusto, divertirme, reirme a carcajadas, y volver el domingo a comer y echarme la siesta hasta el lunes. De esos he tenido muy pocos, tampoco es que aguante hasta muy tarde yo, pero alguno ha caído. Y claro que he disfrutado, y me ha gustado. Pero para poder estar bien necesito estar con gente con la que me sienta realmente a gusto, y sobre todo, tener ganas. Y yo muchas veces no las tengo.

El problema viene cuando los demás no entienden que no tengas ganas. Luego el lunes te preguntan qué has hecho y si no has estado en los 9 locales de moda de Madrid y has bebido 7 copas, no eres ná. COÑO, NO, ME HE QUEDADO EN CASA TAN A GUSTO LEYENDO. Te miran, te observan… y en sus caras se transparenta la palabra «pringao». Ya la jodimos.
Pues sí, yo me quedo tan a gusto en casa con mis libros, mis revistas, mi tele, y mi cama, que por aquel entonces (siempre hablo de mis años mozos) era una de las partes favoritas de mi vida. Dormir. (pensad que no había internet… dios mío, cómo he podido vivir sin internet… xDDD). Antes dormía como un tronco, ahora eso se acabó. Y siempre tenía dulces sueños aunque estuviera deprimidísima y con ganas de pegarme un tiro. Los sueños me hacían levantarme algo menos triste y con la sensación de que la vida al final sí merecía la pena.

Pero eso rara vez podía hacerlo, tenía que salir los sábados, para así complacer al resto del mundo. A mis amigos, porque no eran capaces de entender que no me diera la real gana pasar la noche del sábado con ellos. A mi familia, porque les prepcupaba que no quisiera tener vida social (bueno, reconozco que mi familia nunca fue muy metiche, pero sé que les preocupaba el hecho de verme en casa los fines de semana). A veces tenía buenas excusas. «Exámenes… lo siento» «tengo un catarrazo…». Pero otras veces me era imposible evitarlo y me tocaba, otra vez, salir el sábado con ese grupo que ni fú ni fá…
A veces me divertía y luego me alegraba de haberme animado a salir. Otras, la mayoría, volvía con la mala leche de haberme gastado una pasta en bebidas que no me apetecían y un taxi, cuando yo me hubiera quedado en casa tranquilita. Y es que si no salía era rara, luego a ver con qué cara le contabas el lunes a los compañeros de clase o del trabajo que te habías quedado todo el fin de semana en casa… por dios, qué aburrida, qué pringada… te rehuían!!!

Afortunadamente las cosas han cambiado mucho. Ahora tengo trabajo estable y pareja. Y cuando curras se entiende algo mejor que no salgas, porque estás cansado. Y si tienes pareja más, porque se supone que los planes los haces con tu pareja, es lo habitual. Pero aún así de vez en cuando me toca quedar bien y salir con los amigos para que no me tachen de ermitaña. También en eso he mejorado, tengo pocos amigos, pero son gente con la que estoy a gusto. Así que si toca salir con ellos, salgo con gusto, aunque a priori no apetezca. Pero por ejemplo este sábado tenía el cumple de una buena amiga, pero iba gente que no conocía de nada, iban a ir a un argentino (la 1ª opción era una sesión de magia en un local pero se truncó), yo paso de comer en sitios donde solo se come carne y poco más. Encima en el quinto pino, que yo no tengo coche. Y con desconocidos… pues pasé de ir. Me dio igual todo, lo siento, mi amiga ya me conoce, y yo ahora valoro muy mucho mi escasísimo tiempo libre. Ya no salgo salvo que A MÍ me apetezca. Y si no lo entienden, me da igual. ¿Por qué no puedo tener derecho a elegir lo que quiero hacer? No a todos nos encanta salir de juerga. A veces apetece, pero a mí quedarme en casa también me apetece. Supongo que tantos años de salir obligada me han traumatizado, por eso ahora si tengo que decir no, lo digo, y si quedo mal lo siento. Aún así me queda ese sentimiento de culpabilidad latente de «he fallado a esta amiga o estos amigos»… pero joer, que no se hunde el mundo porque yo no vaya.
Y perdonadme el coñazo, porque esta opi lo es, pero es que hoy me han vuelto a tocar las narices con el temita. Aquí me tenéis a las 19.25 de la tarde en la ofi, de onde tendría que haber salido hace hora y media, esperando a un amigo… porque hoy nos vamos de cena. Y es que claro, «CÓMO NO VAS A VENIR? ANDA JODER NO SEAS SOSA». Claro, que esté cansadísima porque apenas he dormido y con ganas de llegar a mi casa a cambairme, a nadie le importa. Hay que salir por cojones, porque se ha quedado, y si no se va eres lo peor. ¡El mundo se hunde y el cambio climático se acelera!. Al final he aceptado ir, porque viene un compi de Valencia al que hace años que no veo, y porque si no es esta vez, me tocará otra… al menos ya voy hoy y me lo quito de encima por una temporada. Pero de verdad, tan difícil es de entender que no a todos nos encanta salir? Que a veces nos apetece el irnos a casa a descansar más que un pastel de chocpolate? Y mira que me gustan los pasteles de chocolate!!! ¡Ya está bien de tener que estar siempre aparentando!

Nada más, gracias por aguantarme. Espero al menos pasármelo bien hoy… más vale que me entretengan a base de bien :-þ
Besotes… y las culpas a Asturtest por invitarnos de despotricar en este su apartado xDDDD. Va a matarme, lo presiento…

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