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No quiero ser madre

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¿Cómo saber si estoy preparada para ser madre?

Ser madre es el deseo natural y normal de la mayoría de las mujeres, pero también es cierto que no se trata de un juego ni de una decisión que haya que tomar a la ligera. Por eso, es bueno que toda mujer sepa si está preparada para ser madre tanto física como emocionalmente.

El deseo de ser madre…

Ser madre implica ser responsable, tener tiempo y ganas. No se aprende con ningún curso académico o universitario. Ser madre es algo natural que nos sucede en un determinado momento de nuestra vida. El reloj biológico de la mujer se pone en marcha y aparece el deseo de ser madre dentro de ella.

En el momento en que un niño nace, la madre también nace. Ella nunca antes había existido. La mujer existía, pero la madre, nunca. Una madre es algo absolutamente nuevo

–Rajneesh–

¿Cómo saber si estoy preparada?

Tener las ganas de ser madre

Si dentro de ti aparece un deseo que no puedes controlar, unas ganas irrefrenables de formar una familia, un pensamiento que se repite a cada rato, probablemente sea el momento adecuado para ser madre. No tengas miedo a fracasar o a lo que otros te puedan decir. Ser madre es algo que se aprende con el tiempo. Una vez que te sientas preparada, tener a tu hijo en brazos te enseñará cómo ser una buena madre día a día.

Si por el contrario solo el pensar en ser madre te provoca ansiedad o frustración, si el miedo puede más que la emoción o si la idea de tener un hijo te causa inquietud, quizá tengas que pensarlo mejor, esa inseguridad exagerada puede indicar que no estás lo suficientemente preparada.

Debes prepararte emocionalmente

Ser madre no es un pasatiempos ni una diversión, es una seria responsabilidad que tendrás toda la vida. Una madre no deja nunca de ser madre, aunque los hijos hayan crecido y tengan su propia familia.

Por eso cada mujer debe sentirse preparada para ser madre, sin recibir presiones de cualquier tipo por motivo de su edad, del entorno o las circunstancias. Ser madre implica estar dispuesta a renunciar a tu tiempo para compartirlo con alguien que te necesita, a dejar de lado muchas veces tus placeres y tus metas para intentar conseguir otras nuevas.

Planifica la economía

Aunque está de más decir que lo más importante para tu hijo no será un hogar lleno de lujos y caprichos sino un hogar lleno de amor y cariño, es cierto es que a la hora de plantearte ser madre tendrás que planificar bien la economía del hogar.

No solo deberás pensar en los gastos que ya de por sí ocasionará la llegada de un miembro nuevo al hogar, sino también los costes adicionales que irán apareciendo posteriormente: la previsión de gastos médicos, de educación, ropa etc.

Decisión de pareja

Si tienes pareja, la decisión de ser madre no es solamente tuya. Debe ser una ilusión compartida por ambos y los dos debéis desearla con anhelo. Debéis estar convencidos de que ser padres supondrá un cambio en vuestras vidas, pues como hemos dicho antes, tener un hijo es una seria responsabilidad además de, por supuesto, una alegría.

No te obliges a ser madre

Nunca tomes la decisión de ser madre obligada por nadie. Probablemente la decisión de ser madre será una de las más importantes de tu vida. Debe ser una elección tuya y de tu pareja, que tiene que estar bien pensada y planificada.

Si después de darle muchas vueltas decides que ser madre no es para ti y que prefieres llevar una vida en pareja o sola, no te preocupes.Tal vez tu momento todavía no ha llegado. Lo más importante es que estés segura y feliz con la decisión que tomes.

Ten claro que tu vida cambiará

Es importante que tengas claro quela llegada de un hijo cambiará tu vida por completo; es más, en muchos aspectos sentirás que la pone del revés. Si tienes esto claro y no te importa vivir este nuevo desafío, estás preparada para emprender la nueva aventura de ser madre.

Cuando se es madre, nunca estás realmente sola en tus pensamientos. Una madre siempre tiene que pensar dos veces, una vez por sí misma y otra vez por sus hijos

–Sophia Loren–

Además, ser madre no significa que ya no puedas disfrutar de nada en la vida, ni mucho menos,pero sí tienes que ser consciente de que la vida que empieza será muy distinta a la que has tenido hasta ahora.

A partir de ahora tus planes, metas, objetivos y todo lo que decidas y hagas tendrá que estar en función de tu hijo. Piensa que muchas veces sus necesidades tendrán que superponerse a las tuyas.

No tengas miedo, muy pronto te darás cuenta de que tener un hijo es una experiencia maravillosa que te hace feliz, saca lo mejor de ti y te regala una oportunidad nueva para sonreír cada día. Ser madre te hará sentir imprescindible en la vida de esa nueva persona que llegará indefensa a este mundo y será sin duda la mejor experiencia que hayas tenido nunca.

Cómo saber si estás preparada para ser madre

Cuando una mujer desea y trata de quedarse embarazada, es conveniente llevar a cabo una serie de medidas antes de intentar el embarazo. Para asegurarse de que proporcionamos las mejores condiciones para la concepción debemos tener en cuenta factores como la alimentación o los hábitos de vida. Abandonar constumbres como el alcohol o el tabaco, llevar una dieta sana y realizar una visita al médico son algunas de nuestras recomendaciones.

Consejos previos al embarazo

Consulta preconcepcional. Se aconseja pedir cita con el médico de familia dentro del año que precede al comienzo del embarazo. En ella, el profesional evaluará tu estado de salud y te dará diversos consejos sobre hábitos de vida saludables. Asimismo, podrá prescribirte una serie de suplementos vitamínicos (ácido fólico y yodo).

Alimentación. Es importante realizar una dieta equilibrada y variada, que incluya todos los grupos de nutrientes (hidratos de carbono, grasas y proteínas). Un buen estado de hidratación también es básico, por lo que se recomienda beber al menos 2 litros de agua al día.

Riesgos asociados al consumo de drogas y fármacos. El alcohol y el tabaco pueden repercutir negativamente sobre el inicio y el mantenimiento de la gestación. Por ello, su consumo está contraindicado. Con respecto a los medicamentos, debe tenerse en cuenta que ciertos fármacos no deben tomarse durante el embarazo, ya que pueden causar daños al futuro bebé. Por lo tanto, sólo se consumirán aquellos medicamentos pautados por el médico.

Ejercicio. Practicar ejercicio con moderación, sin que produzca fatiga, contribuye a conseguir un peso adecuado y a mantener el cuerpo flexible y ágil. Las mujeres que llevan una vida sedentaria pueden comenzar a realizar actividades como caminar, hacer yoga, nadar…, con el fin de sentirse bien con su cuerpo.

Actividad laboral. Cuando una mujer se queda embarazada, puede desarrollar su trabajo habitual siempre y cuando no le cause fatiga física o psíquica excesiva. Se desaconsejan los trabajos que conllevan el uso de productos tóxicos, la exposición a radiaciones, el transporte de cargas pesadas…

Signos y síntomas de embarazo. Si sospechas que estás embarazada debido a la ausencia de menstruación o a la presencia de ciertos síntomas (tensión mamaria, nauseas, somnolencia…), puedes realizarte un test de embarazo. En caso afirmativo, se recomienda pedir cita con el médico de familia o la matrona lo antes posible para iniciar el control y seguimiento de la gestación.

Aurora Fernández-Cañadas. Matrona

6 señales de que estás lista para ser madre

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¿Conoces a alguna mujer que se haya arrepentido de ser madre?

Si quieres planificar un embarazo pero te cuestionas si estás lista, o te preguntas si serás una buena madre, te tranquilizará leer lo que sigue a continuación.

Por lo general, una mujer sabe cuándo es el momento de ser madre porque lo siente, lo intuye y lo desea con todo su ser. Sin embargo, siempre es bueno contrastar los sentimientos con las opiniones de un profesional para tener la certeza de que llegó el momento.

Conoce las señales de que estás lista para ser madre, a continuación.

#1 Tienes mucho amor para dar

mikanaka/iStock/Thinkstock

Te encuentras en una etapa de tu vida en la que sientes que deseas trascender para transmitir tus valores a otra persona. Quieres que ese mismo modo de ver y enfrentar la vida que a ti te ha dado tantas alegrías y felicidad, también sea vivido por otra persona.

Esto es importante tenerlo claro, no se trata de pensar en otro ser como la forma de recibir el amor que necesitas porque te sientes vacía, sino todo lo contrario, se trata de dar. Un hijo no debe ser un sustituto de nadie ni nada.

#2 Te emocionas ante las embarazadas

Jupiterimages/Stockbyte/thinkstock

Ya sea que recibas la noticia de que una amiga está embarazada, o que veas una película donde la protagonista será mamá, tú no puedes evitar emocionarte por todo lo que significa el gestar una vida.

Tu primer pensamiento no es «voy a dormir poco», sino que tu mente se extrae a otros pensamientos más profundos. Tal es así que de pronto te encuentras haciéndote la pregunta: ¿cómo será que te digan «estás embarazada»?, y comienzas a imaginar cuál sería tú reacción.

#3 Tienes pensadas algunas cosas para un hijo

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Ya tienes pesando el nombre que le pondrías a tu bebé si fuera niño o niña, quién lo cuidaría cuando te reintegres al trabajo, en qué hospital te gustaría que naciera, cómo tendrías que organizar tu casa para la llegada de un bebé.

No se trata de que ya hayas pagado la primera cuota del colegio, sino de que sabes qué tipo de formación te gustaría que recibiera conforme a la educación y valores que deseas que tenga.

Te imaginas con un bebé tuyo en brazos y no te asusta la idea.

  • Descúbrelo ahora: 6 errores al elegir nombres para bebés

#4 Fantaseas con todo lo relacionado a la maternidad

danr13/iStock/Thinkstock

Pasas tiempo informándote acerca de todo lo relativo a ser madre, cosas que una embarazada puede y no puede hacer, cuánto dura la lactancia materna, si las embarazadas se pueden teñir el cabello, si podrás seguir teniendo relaciones sexuales con total normalidad… hasta cómo harás para organizarte con tu trabajo.

También has guardado algunas de esas prendas que te han quedado enormes gracias a que has bajado de peso, con la ilusión de que te servirán una vez que quedes embarazada.

  • Ver más: Qué siente un bebé en el vientre cuando la madre tiene relaciones sexuales

#5 Te replanteas la decoración del dormitorio de invitados

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Comienzas a pensar que si tienes un bebé va a necesitar un dormitorio propio, por eso has comenzado a buscar posibles formas de decorar y dejar arreglada la habitación del cuarto de huéspedes para cuando llegue el momento.

Piensas que es mejor hacer las refacciones, el trabajo de pintura y albañilería ahora que cuando llegue el bebé.

#6 No encuentras motivos para no ser madre

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Eres tan metódica que hasta has hecho una lista de las razones para ser o no ser madre, y la columna del «no» está casi vacía. Piensas en cómo un hijo podría afectar tu vida, tu carrera, tus estudios, la vida en pareja, pero a cada cosa le encuentras una solución.

Concluyes que un hijo podría demorar otras cosas, pero no es un impedimento para lograrlas. Hasta te imaginas llegando a casa del trabajo y siendo recibida por un hermoso niño que va corriendo a tus brazos.

Si reconoces las señales en ti, eso quiere decir que estás más dispuesta ahora que antes a ser madre, la idea ya no te desagrada o no te asusta tanto. Pero claro, una vez que reconoces que quieres ser madre, es inevitable que te preguntes cuándo. Antes de apresurarte a abandonar los métodos anticonceptivos, conversa del tema con tu pareja para saber qué piensa él.

>> 5 señales para descubrir si tu chico quiere ser padre

¿Estás indecisa? 4 pasos para averiguar si realmente lo que quieres es ser madre

4 claves para ayudarte a saber si quieres ser madre realmente

«Cuando tenga un trabajo más estable», «cuando nos mudemos de casa», «cuando termine el curso», «cuando termine de pagar el coche y me vaya de vacaciones», son algunas de las frases que esbozan algunas mujeres para dilatar la maternidad, sin darse cuenta muchas veces que lo que está haciendo es poner situaciones personales por delante para disuadir la verdadera decisión.

Es cierto que uno debe estar muy bien preparado para la llegada de un hijo, y que es bueno tener una vida organizada y sentirse plenos y confiados con el futuro. Sin embargo, si esperas demasiado siempres tendrás algún «pero». Plantéate si tal vez lo que estés haciendo es poner excusas ante la negativa de la maternidad. Las expertas opinan que evaluar las situaciones externas sólo es útil cuando uno tiene en claro realmente qué quiere. «Nuestro programa alienta y apoya a las mujeres a dejar de lado lo externo en su vida al ayudarlos a comprender los beneficios de hacerlo», explica Carlini.

2. Deja de sentir vergüenza

Muchas mujeres se sienten solas y muchas experimentan vergüenza cuando no pueden decidir si quieren o no convertirse en madre», dice una de la autoras del libro, «La vergüenza puede darse porque aún no saben lo que quieren, y sienten que, como mujer, deberían desear ser madres».

Sin embargo, dejar de sentirse avergonzadas por ello es un paso adelante para configurar las propias emociones. Lo ideal es apoyarse en aquellas personas que no te juzgarán y que ayudarán a ver el camino con más claridad. Si todas tus amigas tienen hijos es normal que te sientas algo aislada, pues aún no sabes bien si lo que quieres es formar parte del clan de las madres. La vergüenza sólo te hará alejarte más. Si aún estás indecisa en la decisión de ser madre o por el momento saber que no es lo que quieres en tu vida, enfrenta con determinación tu presente.

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3. Explora tus temores

¿Realmente lo que quieres es no tener hijos o existe algún temor oculto que temes enfrentar? «Los miedos juegan un papel importante en la indecisión. La mayoría son naturales y deben ser aceptados, otros deben ser explorados y desguazados», edxplica Carlini.

«Los más comunes son el miedo a vivir con arrepentimiento, el miedo a tomar una decisión equivocada, el miedo a perder una pareja o una relación que se vuelve agria.Algunos temores adicionales incluyen: no serás perfecto, serás juzgado por otros, miedo a la pérdida o temores físicos sobre el embarazo y / o el parto», explica. Las autores advierten que en lugar de ignorar un miedo, es más importante explorarlo y comprender de dónde viene para poder enfrentarlo. «Muchos temores provienen de suposiciones o conclusiones que se hicieron al principio de la vida, y si no se explora o se acepta, ese miedo puede continuar», dicen las expertas.

El miedo a la maternidad es algo natural, que recorre todo el camino, desde que tomamos la decisión de tener hijos, y nunca se irá por completo, pues la vida de nuestro hijo es lo más preciado. Por lo tanto, si es el miedo el que te está impidiendo tomar una resolución acerca de la maternidad, enfréntalos y trata de explorar sus orígenes. Busca ayuda profesional, y apóyate en amigas de verdad.

4. Acepta tu decisión sea cual fuere

Las autoras advierten que hay dolor en cualquiera de las dos decisiones, y que elegir una opción eso le dice automáticamente que «no» a la otra opción. Cualquiera sea tu elección, es importante saber que habrá dolor en algún momento. «Cada elección que hacemos da como resultado oportunidades perdidas, pero esto no es realmente lo que es tan importante con una opción tan definitoria como ser padre o no», dice Carlini.

«Hasta que sepa lo que quiere para usted y por qué lo quiere, no sabrá qué es lo que tendrá que llorar. Sí, es cierto que cualquier elección implica pérdida, pero no sabrá los detalles de esa pérdida hasta que haya resuelto qué es lo que quiere. Es muy diferente para cada persona y es muy personal «, argumentan. Pues entonces, se trata de tomar una decisión a conciencia y hacerse enteramente responsables por ello.

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¿Por qué no quiero ser madre?

Esa es otra de las preguntas que deberías hacerte a conciencia. Una mirada retrospectiva sobre nuestras vivencias, las relaciones con nuestros padres, la forma en la que vivimos nuestra vida como hijos, o cómo vimos a nuestros padres ejercer la maternidad y paternidad pueden ayudarnos a esclarecer los verdaderos motivos por los que aún no hemos resuelto si en verdad queremos tener hijos o no. Y, si ya has decidido que la maternidad no es lo que quieres para tu vida, una análisis personal tampoco vendrá mal para entender tu decisión.

En las mujeres que deciden no ser madres puede haber un fuerte arrepentimiento luego de unos años y ello es lo que se trata de evitar. En cierta forma, coincido con las palabras de mi psicóloga que me dijo una vez que las experiencias «hay que transitarlas», porque si nos quedamos en el potencial, en lo que «podría ser» o «podría haber sido», nunca sabremos qué hubiera pasado «si». Entonces, las riendas hay que tomarlas y hacer lo que uno decida y hacerse responsable de ello.

Busca ayuda y contención si no has podido tomar una decisión concisa acerca de la maternidad o si deseas ser madre pero no sabes cómo enfrentar tus miedos. Y si tu decisión es no tener hijos, rodéate de aquellas personas que no te juzgarán y te apoyarán en tu determinación.

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No sé si quiero tener hijos o no

Conforme vamos cumpliendo años, las personas que están a nuestro alrededor siempre nos hacen preguntas incómodas del tipo «¿Cuando piensas ser madre? Se te va a pasar el arroz». En muchas ocasiones, esta es la típica pregunta que se hace sin animo de ofensa, pero que puede llegar a crear un problema de inseguridad y de autoestima.

Desde que nacemos nos preparan para vivir una vida en la que tenemos que tener un trabajo digno, una pareja estable, habiendo contraído matrimonio y formar una familia en la que los hijos sean los protagonistas. Esta situación, en la mayoría de los casos, es la que venimos viviendo desde nuestros ancestros, por lo que se supone que es lo correcto en la vida.

En la actualidad, vivimos en un mundo en el que la libertad y la felicidad de cada uno se antepone ante lo que puedan pensar los demás de nosotros y de lo que este visto como lo correcto y lo que no. En este caso podemos incluir a aquellas mujeres que no están seguras de si quieren ser madres, ya que piensan que su papel en esta vida es otro totalmente diferente que el de formar una familia y tener hijos.

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Cómo saber si quiero tener hijos o no

Ser madre no es solo una cuestión fisiológica, ya que entran en juego otros muchos factores. Hoy en día, muchas mujeres dan prioridad a sus carreras profesionales, o prefieren tener una vida independientes, o simplemente la razón es que su situación económica es muy precaria, por lo que tener un hijo supondría un gran esfuerzo para ella.

Tener un hijo es una decisión que hay que tomar con calma, tener un tiempo de reflexión, madurar la propuesta. Hay muchas mujeres que tienen claro toda la vida que quieren ser madres porque es su ilusión desde bien pequeñas, pero hay otras que llegan a la treintena sin tener muy claro todavía si quieren tener hijos o no. Por un lado, la presión social puede afectar en su decisión porque puede verse demasiado egoísta, pero por otro lado no se encuentran preparadas para educar a sus hijos, por lo que entran en un conflicto que solo puede resolverse con un tiempo de maduración de la situación.

¿Qué puedo hacer para decidirme?

Para aquellas mujeres que se encuentren en esta situación, siempre hay algunos consejos que pueden venir muy bien en el tiempo que tomamos la decisión de tener hijos o no.

Lo primero de todo, lo que tienes que hacer es tomar consejo de tus familiares más allegados y de tus amigos más cercanos, esos que siempre te dicen las cosas tal y como son. Ellos pueden decirte cómo les cambió la vida cuando decidieron tener hijos, así puedes hacerte alguna idea de cómo puede cambiar tu vida si decides tener hijos.

No tienes por qué tener hijos porque sea lo que se espera de ti, puedes ser feliz igualmente

Hablar con tu pareja, si la tienes, es un paso que tienes que dar sí o sí, ya que él o ella también forma parte del proceso de tener hijos. Esta conversación puede terminar de convencerte tanto para un sí como para un no. Un hijo es cosa de dos y tomar un tiempo para decidir es muy importante. Aunque también podemos decidir si tenerlo sin pareja.

Por último, tienes que tomarte muy en serio esta decisión por lo que meditar si estás dispuesta a que tu economía, tu tiempo y tu espacio se vean invadidos por un bebé sería una buena opción ser madre, por otro lado, si crees que no estás preparada, no lo hagas.

Un niño requiere mucho tiempo, muchos cuidados y mucha paciencia. Recuerda que no todas las mujeres tenemos por qué cumplir con los cánones que están establecidos y si no te ves preparada para tener hijos, lo mejor es que no lo hagas, porque al final quien lo acabarás sufriendo serás tú y tus propios hijos. La decisión es tuya.

Voy a ser mamá, ¿y ahora qué?

En Sapos y Princesas sabemos que ser madre por primera vez no es fácil y está lleno de dudas e interrogantes. Por eso hemos hablado con la matrona Gema Magdaleno quien nos ayuda a resolver las cuestiones más comunes que surgen a los padres primerizos.

El parto

El mayor deseo de toda mujer que va a dar a luz es que todo salga bien en el parto y no haya complicaciones. Aunque existe el miedo al dolor, éste siempre queda en una segunda posición frente al bienestar de nuestro bebé. En la gran mayoría de los casos no se dan complicaciones, ya que estamos preparadas por naturaleza para dar a luz. Además, en los hospitales contamos con grandes profesionales preparados para subsanar cualquier problema que pueda surgir.

Pero, ¿cómo saber si estamos de parto? Para Gema Magdaleno, “hay que saber escuchar a nuestro cuerpo, que siempre tiene mecanismos para hacernos saber que algo está pasando. Pero si se tiene alguna duda, lo mejor es acudir a nuestro centro hospitalario para que la matrona o el ginecólogo nos explique qué está ocurriendo”.

Además, ahora tenemos la oportunidad de elegir muchas cosas respecto al mismo. Cada vez son más los hospitales españoles que están introduciendo otros tipos de parto más naturales. Tal y como nos explica la matrona, “la tendencia general es intervenir cada vez menos en el proceso y dejar que la naturaleza actúe por sí misma. Siempre teniendo en cuenta que si hay alguna complicación los profesionales tendrán que intervenir, ya que lo primero es el bienestar de la madre y del niño”.

La lactancia

La lactancia es otro de los temas que más preocupan a las madres. Como mamíferos, los seres humanos estamos preparados de forma natural para poder alimentar y alimentarnos de la leche materna, pero a veces, surgen ciertos problemas que, según Gema Magdaleno, “en el 99,9% de los casos, tienen solución. Tenemos que dejarnos llevar por nuestro cuerpo y, si no somos capaces, buscar ayuda en la matrona de nuestro centro de salud. La lactancia no es fácil, pero salvando los problemas de los primeros días, siempre es lo mejor para la madre y para el niño”. Sin embargo, si finalmente no puedes, o has decidido no dar el pecho a tu bebé, no te preocupes, existen excelentes leches de fórmula para que tu hijo se alimente de forma completa acorde a su edad.

El llanto

Un recién nacido solo puede comunicarse a través del mismo, le pase lo que le pase. Los primeros días de vida de nuestro bebé no es fácil saber por qué llora, pero poco a poco iremos aprendiendo a diferenciar su tipo de llanto en función de los horarios, o en el momento en que se produzca. “Muchas veces lo que busca el niño es el contacto humano. Por eso, generalmente, cuando lloran y les cogen en brazos se calman. Hay que pensar que el recién nacido es un mamífero y necesita el contacto y el olor de su madre, escuchar su voz. Eso simplemente les tranquiliza”, apunta la matrona.

Uno de los motivos por los que puede llorar son los dolorosos y molestos cólicos del lactante, que suelen deberse a la inmadurez del intestino del recién nacido. A medida que las digestiones del niño se van normalizando van desapareciendo espontáneamente, pero tenemos que conocer a nuestro bebé para ver qué movimientos le tranquilizan. “Les alivia mucho el contacto físico, que los padres les den un masaje en la tripa, ponerles boca abajo o de lado, o sujetarlos por debajo de las axilas poniendo el cuerpo en vilo. Identificar qué es lo que calma a nuestro hijo será clave para aliviarle en este proceso. Sin embargo, si vemos que los cólicos son demasiado frecuentes y no se pueden calmar de ninguna manera, hemos de acudir a nuestro pediatra, que nos indicará si el niño tiene que tomar algún tipo de medicación o hacer algún cambio en su alimentación”.

El sueño del bebé

Aunque sabemos que tenemos que estar preparados para dormir poco en esta primera etapa, siempre surgen dudas respecto al sueño de los recién nacidos ¿Cuánto tiene que hacerlo? ¿Cada cuánto tengo que despertarlo? Desde su experiencia como matrona, Gema nos avisa de que “no es normal que un recién nacido duerma ocho horas. Lo habitual es que duerma y se despierte habitualmente para comer”. Tened en cuenta que los primeros días de vida, su estómago es del tamaño de una moneda de un euro, por lo que se sacia muy rápidamente y pronto vuelve a tener hambre.

Es recomendable que la madre aproveche para descansar en las horas en las que lo hace su bebé. Poco a poco, sus patrones de sueño empezarán a relacionar los ciclos de luz-oscuridad y estará más predispuesto a dormir más horas por la noche. Con el tiempo, iremos cogiendo el ritmo de nuestro hijo para disfrutar al máximo de nuestra maternidad.

S.O.S: ¡Que voy a ser MADRE!

Los miedos antes de ser madre existen y no pasa nada por reconocerlo. Por lo menos a mi me pasó poco antes de que Claudia llegase a este mundo. Después de sortear toda clase de síntomas incómodos y cuando parecía que el embarazo llegaba a su fin, a mi me entraron los mil males.

Mi hermana y mi madre llegaron a mi casa para ayudarme con la dichosa maleta del hospital de la que ya os hablé el otro día. Pues bien, el conflicto comenzó con la decisión de elegir la ropita que llevaría al hospital para el bebé. A todo eso, la ropa es un tema del que no me ocupé en ningún momento durante todo el embarazo, mis tías y mi madre estaban tan emocionadas que le compraron un montón de conjuntos y de cositas y yo me despreocupé por completo. ¿Y qué se yo sobre moda infantil? cuando me vi en la tesitura de tener que tomar una simple decisión, como es elegir entre unas poláinas y otras, eché a llorar como una niña pequeña.

– Para empezar… ¿pero qué demonios es una poláina? – acompañado de un llanto desgarrador.

– ¿Qué te pasa? No te agobies, que ya lo preparamos nosotras, tú tranquila- me dijeron mi hermana y mi madre.

– ¡Qué no es eso!, ¡es que no quiero que salga!, ¡quiero que quede ahí dentro un poco más!, …¡que no me veo siendo madre!

Pelín tarde para eso, ¿no?

– Pero a ver, ¿qué te preocupa?, ¿el parto?

– No, ¡el parto no me preocupa lo más mínimo!, ¡me preocupa lo que viene después! … ¡¡¡SER MADRE!!!

Bueno, visto ahora con cierta perspectiva, he de defenderme a mi misma y puntualizar. Ese ataque que me entró probablemente fuera fruto del cansancio extremo acumulado que me gastaba en aquel entonces. Porque llega un punto en el que parece que vayas a explotar en cualquier momento, moverte es toda una hazaña, dormir teniendo que hacer pipí cada 10 minutos es agotador, comer y sentir cómo fuego la acidez por el esófago no molaba nada, tumbarte y no poder respirar porque notas la barriga aplastándote la garganta tampoco y asi un largo etcétera. Vamos que, evidentemente, en esa tesitura una no se ve con fuerzas de cuidar de una misma, menos aún de un ser chiquitito e indefenso.

¡Por amor de Dios!, ¡si ni siquiera puedo quitarme los calcetines yo sola!

La tontería me duró poquito, pero tuve varios episodios de “entre tú y yo, quédate ahí dentro y no salgas, ¿vale?” durante el embarazo. Mientras todas las embarazadas querían que llegase el gran día y conocer a sus pequeños, yo me sentía hasta mala madre -todavía sin serlo- porque hubiera alargado el embarazo, más todavía si cabe, con tal de retrasar el momento de convertirme en madre para toda la vida. Es que es muy heavy, “madre para toda la vida”, que no es una cosa que coges pruebas y luego decides si se te da bien o no, NO, que cuando te entregan el carné de madre ya no hay vuelta atrás y es “para toda la vida”. Presión máxima. No pude esconder mi preocupación, me sentí carne de cañón para una depresión posparto y eso me aterraba todavía más. Además lees cosas horribles por internet (¡ni se os ocurra buscar en google historias para no dormir de depresiones posparto!).

Al final nada ha tenido que ver lo que pensaba con lo que ha sido, cuando das a luz te despides de los síntomas y te sientes con las energías de siempre e incluso con algunas más. Esto de ser madre se me está dando muchísimo mejor de lo que yo me esperaba, es más, me mola ser madre y no lo cambio por nada del mundo. De hecho estoy casi convencida de que al fin he decubierto mi auténtica vocación.

Si cuento esto es porque seguramente haya más madres como yo en alguna parte del mundo y leerlo puede aliviarles de alguna manera, a mi me hubiera encantado que alguien me dijera que tener miedo era normal. Si es tu caso, no te preocupes, tener miedo es, a fin de cuentas, un mecanismo de defensa y es ese instinto el que deberás seguir para hacer tu labor de madre, que no es tan complicado como nos parece “antes de”.

Ese es el mejor secreto para afrontar la maternidad, estar tranquila y seguir vuestro instinto que, aunque no haya aflorado todavía, llegará para no marcharse en el momento en el que tengas a tu bebé en brazos.

¡Si ya me lo decía mi madre! Y por si no lo sabes, en el carné de madres pone que siempre, o casi siempre, tenemos la razón 😉

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Cuando empecé a buscar bebé con mi compañero, tenía pocas esperanzas de quedarme embarazada. Tenía 38 años, comencé mi vida sexual a los 15, y nunca tuve ningún susto, ni retrasos de regla, aunque tuve algunos accidentes con el condón y algún olvido de píldora. Creo que esto me ayudó porque me lancé con tranquilidad al tema, asumiendo que lo tenía muy difícil, y sin arrepentirme de haber pospuesto mi maternidad durante tantos años. Cuando se acercaba el fin de mi etapa reproductiva me entraron las ganas, y me lancé al abismo sabiendo que llegaba tarde.

Pasaron los meses y no me quedaba embarazada. No podía hablar mucho de ello porque cada vez que sacaba el tema mi gente me decía: «Relájate, no te obsesiones, no le des vueltas». Yo necesitaba ilusionarme y compartirlo con mi gente tanto como cuando empiezo un romance, empiezo un libro, o me meto en un nuevo proyecto, pero me encontré con que todo el mundo pensaba que era mejor no darle demasiada importancia al tema. Yo no podía vivir una aventura tan increíble haciendo como que no pasaba nada, así que dejé de hablar sobre ello mientras me iba metiendo cada vez más en Internet a buscar información, y meterme en el mundillo «quiero tener un bebé».

Primero leí artículos científicos y me di cuenta de que un embarazo es un verdadero milagro. Saqué la conclusión de que era casi imposible quedarme embarazada. Me quedó claro desde el principio: la tecnología puede introducir al esperma en el óvulo y ahorrarle la carrera, pero no puede intervenir en el proceso de implantación en el útero. Los milagros de la ciencia tienen un límite y no se puede hacer nada más que esperar, o rezar si tienes fe, mientras compras papeletas para el sorteo. Sin embargo, no fue tan fácil resistirme al mito romántico de la maternidad: en realidad, fue una tarea titánica.

Yo hacía tiempo que ya había decidido que no quería sufrir por amor, que si me enamoraba y me emparejaba era para disfrutarlo. No más relaciones esperando un milagro, no más relaciones sin reciprocidad plena, no más relaciones que no funcionan, nada de despilfarrar mis energías y mi tiempo en amantes que no me amaban. Y entonces pensé en afrontar la búsqueda de bebé de la misma manera: no quería sufrir, no quería vivir atada a la espera del milagro, no quería centrar en el bebé toda mi capacidad para amar y para cuidar y no quería empezar a sentirme culpable si no lo lograba. Quería bajar mis niveles de estrés, claro, porque cuando se mezclan con la culpa, se retroalimentan mutuamente y es muy difícil salir de ese círculo vicioso.

Me ayudó empezar a nadar, pero lo que más me sirvió fue el consejo de una amiga ginecóloga: «El estrés es uno más entre los muchos factores que influyen en el proceso, claro, pero mira las mujeres que viven en guerras terribles o huyendo del horror: ellas están sometidas a mucho estrés, mucho miedo y mucho sufrimiento, y aún así se quedan embarazadas. Lo mismo que nuestras abuelas en la Guerra Civil: a pesar del hambre, de la huida, de las penalidades que pasaban, también se quedaban embarazadas».

Cuando empecé a leer los blogs de las mujeres que quieren ser mamás y no pueden, me vi un poco reflejada en ellas y me dio miedo. Muchas habían convertido su deseo de ser madres en el centro de sus vidas y sentían que les faltaba algo para ser felices y sentirse completas. Cuanto más tiempo pasaba sin poder concebir, más se intensificaba el nivel de mitificación de la maternidad como el paraíso del amor y la felicidad.

Yo estaba un poco dividida por dentro, porque me ilusionaba mucho cada vez que llegaba la fecha de mi regla. Fantaseaba con un retraso y hasta llegaba a ver las dos rayitas de la maquinita que te da la buena noticia. Me las compraba a escondidas para que no me dijeran lo de: «tú relájate, no te obsesiones, no le des vueltas», y me comía la decepción a solas.

Y apareció el capitalismo

Mientras, empecé a leer sobre trucos, estrategias y remedios naturales para quedarse embarazada, y aparecieron en mi pantalla guías, libros, manuales, tratamientos infalibles, brebajes mágicos, pastillas fantásticas, dietas para aumentar la fertilidad: ante mis ojos había todo un mercado lleno de gurús, chamanes, doctores estrella, y expertos y expertas en fertilidad que me explicaban que mi problema tenía varias soluciones con todos los precios posibles, al acceso de casi todos los bolsillos.

Empecé a hacerme sesiones de reiki para relajarme un poco y darle espacio al bebé en mi vida, pero me repetía mucho lo de que si no me quedaba embarazada, la culpa no era mía, sino cosa de la suerte o de la naturaleza: lo estoy intentando, pero si mi cuerpo ya no puede, no puede, me decía yo, no hay por qué forzarlo.

Muchos científicos explican el origen del big bang como un producto del azar: podría haber estallado, o no haber estallado. Y la vida en la Tierra, igual: surgió y desapareció varias veces hasta que se abrió paso. Pero podría no haber triunfado. Cuestión de suerte.

Esto era lo que yo me decía a mí misma para no sufrir, pero claro, en el fondo deseaba tener buena suerte. Pensaba que sería una mamá estupenda, que estaba preparada, que tenía mucho amor para dar, que sería una gran cuidadora y educadora, que iba a ser una aventura fascinante. Así que seguía leyendo para comprender la enorme complejidad de la reproducción, y para ver si podía al menos facilitar el proceso: todo me llevaba a actos de consumo, y a las clínicas de reproducción asistida.

Me metí a leer para saber si merecía o no la pena meterse en tal follón. Llegué a la conclusión de que todas las clínicas ensalzan sus porcentajes de éxito para ocultar la imposibilidad de la ciencia de controlar plenamente la reproducción humana en estos inicios del siglo XXI. Ningún médico, ninguna máquina, ningún tratamiento hacen posible lo imposible. Ayudan en algunos casos, pero no en todos. Sólo el capitalismo te ofrece una vía para alcanzar tus metas: la compraventa de óvulos y de bebés. Me quedé sobrecogida ante la monstruosidad del negocio a medida que iba leyendo y tuve muy claro que mi deseo de ser madre no podía jamás atentar contra los derechos humanos de los bebés y de las mujeres pobres.

A medida que pasaba el tiempo, aumentaba mi miedo a no poder quedarme embarazada. Y cuanto más miedo, más trabajo tenía que hacer para no caer en la trampa. Era un acto de resistencia política diaria: por un lado, mi deseo de ser madre, por otro, el sistema entero tratando de meterme prisa y de seducirme para que convirtiera mi deseo en el centro de mi vida.

La solución mágica estaba siempre ahí, en la publicidad personalizada que me aparece en el correo y en las redes sociales: Google sabía que estaba buscando un bebé y me ofrecía el milagro todos los días. Yo no sabía si quería realmente pasar por un proceso tan tremendo de hormonación, análisis, pruebas, medicamentos, principalmente por el tema emocional: veía a las mujeres sumidas en ese círculo de ilusión-decepción en cada inseminación o fecundación en vitro y me acordaba de lo que sufrimos también las mujeres con la búsqueda del amor romántico.

Hice la conexión enseguida: para estar bella hay que sufrir, para encontrar el amor hay que sufrir, para ser madre hay que sufrir. Lo mismo que caemos en la trampa del príncipe azul, caemos también en la trampa del amor hacia un bebé perfecto, sano, que duerme 22 horas al día, no crece, no molesta y nos regala a diario sonrisas de amor.

Ser mamá no es lo más maravilloso del mundo. Es una experiencia brutal, especialmente en un mundo anti-niños y anti-madres en el que nos invitan a tener hijos pero no nos dejan criarlos porque tenemos que volver a estar listas para producir. Nos seducen con la idea de la maternidad como un paraíso de amor pero no para que disfrutemos de la maternidad, sino para que nos convirtamos en una consumidora más del mercado reproductivo.

Las mamás rubias, blancas y felices

Yo veía todo el bombardeo dirigido a la necesidad y al miedo de las mujeres que queremos ser madres y me parecía monstruoso: no nos estaban vendiendo productos, sino un sueño. Nos seducen con una idea completamente falsa sobre la maternidad biológica para que nuestras emociones nos lleven al consumo. Y no sólo la publicidad: todos los productos culturales y de entretenimiento nos inoculan ese sueño de la maternidad plena y feliz. Se aprovechan de nuestra vulnerabilidad, de nuestra ilusión y nuestros miedos, y nos engañan con la idea de que todo es posible si pensamos en positivo, si tenemos fe, si nos esforzamos, si nos disciplinamos, si nos gastamos todos los ahorros, si perseveramos en nuestro empeño.

Yo me trabajé mucho esta necesidad diciéndome a mí misma que mi vida sin bebé era maravillosa, que no siempre se consigue lo que una quiere y no pasa nada, que podía volcar todo mi amor y mi capacidad de cuidar en mi gente querida y en su descendencia, que la maternidad era una aventura maravillosa, y que yo no he vivido todas las aventuras maravillosas que podrían vivirse porque solo tengo una vida.

Me recordaba a mi misma una y otra vez que no me compensaba sufrir tanto para intentar ser feliz, que el proceso tenía que hacerlo desde la alegría, no desde la angustia. No tenía sentido sufrir para ser feliz. No me compensaba, me decía, ni por una pareja, ni por un hijo o hija.

Me trabajaba mucho la mitificación de la maternidad analizando lo que me estaban vendiendo en esas fotos de mamás blancas, rubias y felices con sus bebés sanos, y esos mensajes cargados de falsas promesas. Yo me planteaba escenarios que no me planteaban en la publicidad, en los medios y en las redes. Por ejemplo, me preguntaba a mí misma: puedes tener un bebé con problemas de salud, malformaciones, con retraso cognitivo, puedes morirte en el parto, puedes tener dos o tres bebés en vez de uno, puede que no todo salga tan bien como tú querrías, ¿estás realmente preparada para cuidar un ser humano sean cuales sean las condiciones?

Empecé a hacerme las pruebas de infertilidad cuando llevaba un año y un mes intentando quedarme embarazada, aunque ya había empezado a trabajarme la aceptación, con la idea de que la ciencia podría ayudarme, o no, y que si no se podía, no pasaba nada.

Y cuando empecé a renunciar a mi maternidad, me quedé embarazada.

Entonces todo el mundo me dijo: “¿ves?, llegó cuando te relajaste por completo, cuando creías que ya no iba a suceder, ya te lo decía yo, que no hay que obsesionarse, mujer”.

Yo me sentía orgullosa por haber resistido tan bien a los miedos y a los encantadores de serpientes que te ofrecen soluciones mágicas. Pero inmediatamente empezaron otros miedos y otras angustias: las del embarazo, por supuesto. Cada miedo con sus problemas, sus soluciones y sus productos mágicos para hacer de tu embarazo una vivencia maravillosa.

¿Estoy preparada para ser madre?

Seguro que lo has oído más de una vez, pero es cierto que, si te paras a pensar cuándo es el mejor momento para ser madre o si estás preparada, no te decides nunca. De todas formas, si te lo estás planteando y tienes dudas, o si ya te has quedado embarazada y te ha entrado miedo, tranquila, seguro que todo va bien.

Ser madre es una experiencia maravillosa, probablemente, lo mejor que te pueda pasar en tu vida. Sin embargo, aparte de felicidad, conlleva muchos miedos, responsabilidades, dudas… por lo que es normal que, tanto si te lo estás planteando como si ya estás embarazada, tengas dudas acerca de si estás preparada o no.

Para cualquier experiencia nueva, y más si hablamos de una tan compleja como la maternidad, nunca se está totalmente preparada. Es normal que a lo largo del camino surjan dificultades y dudas, pero no conviene adelantarnos a ellos ni agobiarnos por lo que pueda pasar, hay que ir disfrutando de cada etapa y afrontando poco a poco los baches que puedan surgir.

¿Qué debes tener en cuenta?

Hay una serie de cuestiones que puedes plantearte para saber si estás lista o no:

– ¿Por qué quieres ser madre? La respuesta no puede ser “porque mi pareja quiere” o “porque ya tengo edad”, tiene que ser “porque realmente lo deseo”. Solo así, cuando es una decisión propia y segura, se harán frente a todos los problemas sin agobiarnos.

– ¿Estoy en un momento estable de mi vida? Siempre pueden surgir contratiempos laborales, en la familia, la pareja… Pero es importante que cuentes con una cierta estabilidad laboral, económica y, sobre todo, de pareja ya que un niño supone muchos cambios en la relación de pareja, y ambos debéis estar preparados.

– ¿Estoy dispuesta a renunciar a muchas cosas y cambiar mi día a día? Debes ser realista, un hijo te cambia la vida. Ya no podrás salir hasta tarde todos los fines de semana, ni levantarte a la hora que te dé la gana, ni dormir del tirón todas las noches…Son muchas las cosas a las que hay que renunciar, aunque es cierto que hay vida después de ser padre, pero una vida diferente que hay que estar dispuesto a adoptar.

– ¿Mi pareja quiere ser padre? Es fundamental que los dos estéis de acuerdo y realmente deseéis ser padres, si no, seguro que surgirán discusiones y dificultades en vuestra relación que, muchas veces, pueden llevar incluso a una separación.

Algunos consejos más…

Si tienes todas estas cuestiones claras, ¡estás lista! No lo pienses más y disfruta del proceso de convertirse en madre, que realmente es mágico. Eso sí, para el largo camino, te damos unas cuantas recomendaciones más que te pueden venir bien:

– Hay que ser fuerte y no derrumbarse ante la primera dificultad

– Prepárate para el nacimiento y resuelve todas las dudas que tengas buscando información fiable

– Apóyate en tu pareja si tienes dudas o miedos

– No te sientas culpable por sentirte a veces sobrepasada, es normal

– Disfruta de cada momento

Cómo saber si estoy preparada para ser madre, 4 factores importantes


¿Cómo saber si estoy preparada para ser madre? El psicólogo Carl Pickhardt comparte cuatro factores que determinan si estás lista para tener un [email protected]

Carl Pickhardt, es un psicólogo que ha publicado varios libros sobre la crianza, como “Claves Para Desarrollar La Autoestima de Sus Hijos” entre los más destacados.

“La disposición a invertir su amor y cuidado en esta pequeña persona” es con frecuencia lo que hace que la gente se sienta como si estuviese preparada para tener un hijo, según explicó Pickhardt a Business Insider.

Sin embargo ese sentimiento es sólo uno de los cuatro factores, que Pickhardt ha identificado y que determinan si estás preparado para ser padre o madre.

Cómo saber si estoy preparada para ser madre, 4 factores importantes según Pickhardt

1.Lo primero es a tener en cuenta si estás pensando en quedarte embarazada es contar con una sólida red de apoyo o tribu. Esta red de apoyo puede ser una pareja, familiares y/o [email protected]

Si está planeando criar a su hijo con tu pareja, Pickhardt afirma que, “vas a conocer a tu pareja de una manera que nunca habías llegado a conocer antes”, surgen nuevos conflictos sobre decisiones de crianza.

Esto es algo que también ocurre si eres madre soltera y decides apoyarte en tus padre y madre, ellos también se sentirán que su opinión es importante y se pueden generar tensiones.

2. La capacidad de cuidar de sí mismo, según este psicólogo la base de la crianza no debe basarse en el auto-sacrificio. “Aunque es tentador hacer de nuestros hijos la máxima prioridad en la vida, lo primero es nuestro bienestar y salud de su asociación”. Si descuidamos éstos aspectos, en su opinión “haremos a todos infelices tarde o temprano.”

3. El tercer factor es la autodisciplina, ser capaces de terminar lo que empezamos. Según él este punto es importante, porque la crianza supone un gran esfuerzo y es posible que nos agote, si no estás preparados.

4. Una visión de auto-realización en tener [email protected], este es el principal motivo para pensar en ser madre o padre.

Pickhardt explica que según su experiencia la mayoría de las personas no contemplan los tres primeros factores hasta que ya tienen un [email protected]

“Por supuesto, nada de esto quiere decir que si no logras los cuatro factores de preparación antes de tener un hijo, serás un padre o madre terrible. Probablemente no”. Sin embargo añade “que si sólo tienes ese deseo de auto-realización y esa voluntad de amar, y no estás preparado de otras maneras, vas a tener dificultades para criar a un niñ@”.

Yo creo que más que dificultades, puedes tener momentos en los que te sientas superado, antes algunas situaciones.

¡Comparte algún factor que ayude a los demás a cómo saber si están preparadas para ser madre o padre!

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Fuente: Business Insider.

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Si estás pensando ser mamá o escribir una carta a la cigüeña, espero que esta líneas te puedan al menos ayudar en cumplir tu maravilloso sueño de ser madre, de traer una vida, todo ello con lo que conlleva: ilusión esperanza, serenidad, felicidad, lágrimas de emoción y muchas cosas más.

En los últimos años en consulta me he encontrado con parejas que querían ser padres, todo estaba bien, pero no veían su sueño cumplir, no llegaba el hijo buscado o deseado.

¿Estás preparada para ser madre?

El deseo de ser mamá, de tener y cuidar a los hijos, llega a casi todas las mujeres en un momento u otro, pero la decisión depende mucho de la realidad, de los valores y la forma de pensar de cada una de ellas.

La decisión de ser madre no debe transformarse en una obsesión ni tampoco en una circunstancia sin consecuencias, no siempre una se queda embarazada a la primera vez. Cuando una mujer siente que está preparada para tener un hijo, el deseo de ser madre le llevará a realizar grandes cambios en su vida…¿lo has pensado?

¿Estás pensando ser madre?¿Quiere él realmente tener descendencia?
No estoy hablando de la parte mental consciente, sino de la parte inconsciente, la que no controlas…pero que ella te controla a ti.

“La concepción se basa principalmente en el inconsciente, liberarle los registros y memorias que impiden la procreación”.

La mente inconsciente es la que almacena todas aquellas experiencias vividas por nuestra especie en todos sus millones de años de existencia. Es la encargada de gestionar todas las funciones fisiológicas tales como la respiración…
4 Factores bajo mi punto de vista que te pueden Ayudar a ser Mamá.
Fácilmente puedes controlar de manera consciente tu respiración y aumentar, disminuir o detener su ritmo en cualquier momento.

Pero cuando no lo haces, y estás ocupado en muchas otras cosas, tu mente inconsciente toma el control y te permite seguir respirando sin darte cuenta.

La mente inconsciente es una mente reactiva y cuyos patrones de acción están determinados por situaciones y vivencias milenarias. Debido a que sus funciones vienen determinadas por una genética increíblemente fuerte de muchos, pero muchos años de aprendizaje y error.

¿Sabes que la mente inconsciente puede impedir y bloquear tu deseo de ser madre o padre?

¿Te has preguntado alguna vez, si realmente tu parte inconsciente, quiere ser madre, si te permite tener hijos? ¿Te has preguntado si aceptas al compañero como padre de tu futuro hijo?
Y evidentemente está también el lado de tu pareja, el futuro padre.
¿Se permite tu compañero, ser padre de tu futuro hijo?
¿No puedes conseguir tu sueño de ser mamá?

“Tener el control absoluto sobre tu mente inconsciente te permitirá tener el éxito, lograr liberar tus memorias, registros ancestrales y poder conseguir tu sueño… ser Mamá”.

Te voy a exponer los 4 Factores bajo mi punto de vista que te pueden Ayudar a ser Mamá.

El chakra sexual es el centro energético de la creatividad y la fertilidad. Es el primer lugar en el que habita el futuro bebé, en el que la madre lleva al hijo. Por lo tanto, el útero simboliza el hogar, el refugio y la vida. Es importante y prioritario que el sistema de chakras estén correctos, limpios, activados y alineados. Esto preparar el futuro hogar del bebé y que este sea bien acogido por el útero.

En el útero de cualquier mujer se guarda la memoria de los úteros de todas las mujeres de su árbol. Un problema actual con la maternidad puede tener su raíz en un conflicto con la maternidad de una abuela o bisabuela. El deseo de ser madre despierta las memorias y registros energéticos antiguos y salen a la luz ahora, en el momento adecuado para hacerse ver y entender.

2º.Factor de Memorias Familiares

Otro factor importante que hace que tu cuerpo pueda concebir, gestar y dar a luz a un hijo es tu propia historia familiar. La memoria de un aborto tuyo anterior, la muerte de un niño o aborto en tu genealogía familiar. Dificultades de parto de tu madre, hombres que se quedaron viudos al fallecer la mujer de parto, mujeres que se quedaron viudas con niños pequeños, por las líneas de mujeres y hombres de tu familia pueden dificultar o cargar la concepción de tu propio hijo. Es como si tuvieras un programa interno que dice no a tu deseo de ser madre o padre.

“Hay cargas en tu historia familiar y personal que no te permiten tener hijos, pero estas cargas se pueden liberar”.

3º. Factor Emocional

Es trabajarte la parte emocional. Puedes tener mucho miedo al parto, a que el niñ@ salga bien, a perder el trabajo, la libertad, a la obesidad, y lo principal, ¿seré buena madre?

Con todos estos factores, más el auto-sabotaje que te puedes hacer, puede que te asustes el dar cabida a un hermoso bebé en tu seno.

Otras preguntas que deberías responderte:

  • ¿Tienes realmente ganas de ser madre?
  • ¿O quieres hacerlo porque se te está pasando el arroz?
  • ¿Aceptas todos los cambios que conlleva ser mamá?
  • ¿Pasa una mala racha de convivencia de pareja y piensas, crees que tener un hijo lo va a solucionar? La respuesta es No, no va a solucionar nada.
  • ¿Tengo que cambiar mis hábitos? ¿Alimenticios, deporte, tabaco, alcohol?
  • Te puedes ver reflejada en tu madre? ¿Te preocupa?
  • ¿Tienes estabilidad económica para hacerte cargo de los gastos que te supone tener un bebé?
  • ¿Qué vas hacer con los hábitos que tanto te gustan, teatro, cine, discotecas, fines de semana?

Todos estos miedos, inseguridades, decisiones, dudas, preocupaciones que tú tienes, son normales. Casi todas las futuras mamás pasan por ellas, pero no te preocupes, todas tienen solución.

4º.Factor a tener en cuenta si ya te encuentras en la fase de fecundación in vitro o reproducción asistida

Hay que liberar las memorias y registros de los ovocitos fecundados antes de colocarlos en el útero. Y limpiar, activar y alinear los chakras de los cuerpos energéticos, para que todos los cuerpos estén preparados y recibir a los ovocitos fecundados.

Una pregunta que soléis hacer:

¿Cuándo se tiene un negativo: ¿tengo que seguir adelante o parar y tomarnos un tiempo?

Yo sí recomiendo tomar un tiempo para tener en cuenta que ha habido una pérdida. Es un embrión que no se implantó es un ser vivo lo que se perdió y por tanto es una pequeña muerte junto con las expectativas puestas en él. Pero lo más importante, escucha tu alma y tu corazón, ellos nunca que equivocan.

Sería interesante también si pudieras saber cuántos ovocitos fecundados vivos te implantaron. También cuantos murieron en la probeta, para poder liberarlos y limpiarles los registros.

Y si tú eres de las que han tenido suerte y has dado positivo, también sería conveniente liberar los registros y memorias de los ovocitos que no han cuajado, para despejar el camino del futuro feto.

“No olvides que el inconsciente es quien guía y dirige nuestra vida”.

Si tú llevas mucho tiempo pensando en ser madre y a pesar de haber barajado los pros y los contras no logras decidirte, tienes problemas en quedar embarazada o de infertilidad, seguramente estás agobiada. Ves que el tiempo pasa y sientes que esto juega en tu contra. Es el momento de buscar ayuda en terapias complementarias y energéticas para trabajar la parte emocional, energética y familiar. Y así detectar qué puede estar estancándote en la duda, impidiéndote tomar una decisión y no alcanzar tu deseo de ser madre. Después de liberarte de tus miedos podrás elegir qué es lo que realmente quieres.

Por qué deseo ser madre

El deseo de ser madre tiene un origen biológico, que se acompaña de un componente social muy poderoso. Nuestras células están programadas para transmitir nuestros genes y en virtud de esta programación natural de algún modo nos piden que nos reproduzcamos para que dicha transmisión se produzca.

Todas las mujeres no experimentan de igual modo este deseo, de hecho hay mujeres que no lo llegan a sentir, pero es cierto que la mayor parte de las mujeres lo percibe y desea en un momento u otro de su vida la maternidad. Este deseo además se suele agudizar cuando se acercan los últimos años de edad fértil sin haber sido madres.

El deseo de ser madre también es cultural y nuestra sociedad suele ejercer presión sobre las mujeres para que seamos madres. Históricamente, de hecho, se ha repudiado a las mujeres infértiles y la esterilidad se ha llevado discretamente. Esto ha afectado también especialmente a los hombres, quienes culturalmente han relacionado fertilidad con masculinidad y con potencia sexual.

La frustración y el dolor a causa de un deseo insatisfecho de maternidad todavía están considerados en nuestra cultura como una debilidad, además particular de las mujeres, a pesar de que sin este deseo de las mujeres nuestra especie probablemente se habría extinguido.

La consideración social de este sufrimiento como debilidad provoca que muchas de las mujeres guarden para sí las emociones, la tristeza y el temor que experimentan en los procesos de reproducción asistida o las minimicen ante los demás. Es muy común pensar que si se exterioriza la intensidad con la que se vive el proceso se las va a tomar por débiles y exageradas.

No todas las mujeres en esta situación de infertilidad muestran con orgullo su deseo de ser madre y la intensidad y a veces gravedad con la que están viviendo el proceso.

En el origen del deseo de hijo se encuentra un deseo de dar vida, de crear, que puede llegar a convertirse en un anhelo muy difícil de eludir.

Este deseo de maternidad no está exento de contradicciones, sobre todo en la actualidad, cuando la maternidad puede significar para las mujeres especialmente realizar importantes sacrificios en el ámbito personal y laboral.

El deseo de hijo se agudiza en muchas mujeres al cumplir determinada edad sin haber conseguido un embarazo, porque se acerca el momento en que o son madres biológicas en un plazo relativamente corto de tiempo o ya no podrán serlo de manera definitiva.

El deseo de ser madre, según un reciente estudio de Margarita Delgado para el Instituto de la Mujer, sigue siendo el mismo en las mujeres españolas en la actualidad que hace 20 años. Si las mujeres en la actualidad tienen menos hijos no es porque este deseo haya disminuido. Es por otras razones, entre ellas las dificultades para conciliar la vida laboral con la personal o familiar.

Para saber más…

Ser mamá. ¿Mandato o deseo?

Desde chica soñé con ser mamá. Jugaba a las muñecas y tenia «varios hijitos», el bebote era Gastón y mi nena era Gisela.
Ahora que soy mamá, mi hija también juega con sus «hijitos» y soy la «abuela» de dos lindos muñecos, que entre nosotras merecen ser lavados ya!, Lola y Quique.
Más allá de las anécdotas, desde bien pequeñitas el jugar a la mamá y por ende hacer con los juguetes lo que vivimos como hijas es parte del juego de tantas niñitas. Entonces obligamos a comer, les acunamos y le damos besos, las cuidamos y le enseñamos como en el cole.
Pero si ya de chicas jugamos a las mamás, será porque existe el instinto maternal? Ser mujer implica necesariamente ser madre? Si así fuera, entonces porque hay mujeres que deciden no ser madres?

Para muchos, quien toma la decisión de no tener hijos se convierte en una persona rara.
No cambio por nada ser madre y el amor que siento por mis hijos es tan profundo que no lo cambio por nada, pero eso no habilita a no respetar a quien puede sentir diferente, a quien opta por dar prioridades a otras cosas y para quien los hijos no entran en sus planes.
Creo que la cuestión pasa en que cada mamá elige ser madre por cuestiones que pueden variar y ser diferentes, hay mujeres que lo han sido por imposiciones sociales sin apenas cuestionamientos, otras que han tomado la decisión luego de haber priorizado su vida personal o profesional, están quienes no han encontrado a esa pareja con quien cumplir su sueño de ser mamás, en fin múltiples razones como también son muchas las razones por las que una mujer no quiere ser madre.
Ayer escuhé con atención decir a un psicólogo que a veces una mujer con una mala relación con su madre origina a que en la adultez no haya deseo de ser madre. También están los casos contrarios, en los que mujeres intentan no repetir vínculos no muy sanos y dan todo en la relación con sus hijos siendo madrazas.

Ser madre es un camino no siempre de rosas, y por otro lado hay una mirada muy ingenua e idealizada del ser mamá. La escritora Mará José Eyras en su interesante libro «La maternidad sin máscaras» cita lo siguiente de Osho «Nace un niño, pero nos olvidamos completamente de una cosa: en el momento en el que nace el niño, también nace la madre, ésta no existiía antes».
La aventura de ser mamá se vá construyendo, con sus bajos y altos, con el amor profundo e incondicional que une a un hijo, con lo maravilloso de un vínculo eterno.

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