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No tener hijos psicología

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‘¿Por qué no quiero tener hijos?’ Ellas nos cuentan cómo tomaron su decisión

Cristina Salmerón / Dic 02, 2017

Foto. Joe Gardner

Hay quien las considera una especie rara, personas que parecen no haber entendido “el ciclo de la vida”, que tienen alterado el reloj biológico y que son ególatras y egoístas. Así algunos prejuicios hacia las mujeres que un día dijeron en voz alta “no quiero tener hijos”, y entonces las opiniones, la preguntas y las miradas juzgonas les cayeron encima.

Este fenómeno comenzó a ser más notorio en Europa, pero ahora en América también. México es parte de esta tendencia en la que cada vez más mujeres deciden no tener hijos. Mundialmente se le conoce como el no-mom o NoMo. El término NoMo fue acuñado en 2011 por Jody Day, una escritora inglesa que no pudo tener hijos por problemas de fertilidad y a raíz de ello creó una gran comunidad online para mujeres en sus mismas circunstancias.

Hasta grupos de Facebook donde mujeres con la misma decisión comentan todo lo que les pasa cuando se atreven a decir que jamás serían madres, hacen memes, videos, comparten testimonios y se dan apoyo mutuo. Comentan incluso sobre decisiones drásticas antinatalidad como esterilizarse voluntariamente y seguir fielmente una filosofía childfree.

El perfil de las NoMo en nuestro país, según el INEGI, es así: Existe un 11% de la población apta para ser madres que, por distintas causas, no lo es (las no-mom están aquí, pero no quiere decir que todo ese porcentaje sea de ellas). La mayoría de quienes no tienen hijos trabaja en empresas (53.1%) seguido por aquellas que laboran en el sector informal (18.5%) y en instituciones públicas o privadas (18.8%).

El rostro de no-mom

Ya sabemos de los prejuicios y de cifras, pero démosle voz a algunas mujeres que han dicho “no quiero tener hijos” y las razones que las llevaron a tomar esa decisión. Para saberlo, le preguntamos directamente a las protagonistas de este tema.

¿Por qué has decidido no tener hijos?

Pamela. No tengo alguna razón en particular ni radical como quienes dicen que “ya somos muchos en el mundo” ni que “qué irresponsabilidad tener hijos”. Simplemente no es lo que busco para mí, no siento esa necesidad ni instinto o como se diga.

Tuve una niñez muy feliz, con relativa estabilidad económica y una mamá que se dedicó a mí mis primeros años y siempre trabajó cerca de casa o medio tiempo hasta que fui a la prepa. No es que crea que así debe ser, pero sí me gustaría poder ofrecer, mínimo, lo mismo, pero no tengo ni el tiempo ni el dinero ni las ganas.

Mariana. Simplemente no siento la necesidad de traer un niño más a este mundo. Amo a los niños, amo a mis sobrinos, y tal vez eso ha influido en mi decisión. Creo que un niño merece todo el amor y tiempo del mundo y siempre he pensado que si algún día quisiera ser madre, mi opción sería la adopción.

Graciela. Quizá porque no vengo de una familia tan tradicionalista, en la que había muchas mujeres divorciadas, con varios matrimonios, criando hijos que no eran suyos o solteras, viviendo las vidas que querían en la medida que podían, y porque en parte fui criada por una tía que no tuvo hijos, pero nos cuidó a muchos de sus sobrinos como madre. Por todo eso, entendí desde muy chica que el parto no necesariamente significa la piedra angular del universo femenino.

Además, considero que el mundo no está para traerle más gente y aventársela criada y educada como mejor podemos (que a veces es bastante peor, por más ganas que se le echen), pero sí está para hacer lo mejor posible con quienes ya están aquí (la adopción me parece un camino perfecto para quien tiene el amor, el deseo, el tiempo y la capacidad emocional y económica de tener un hijo).

No creo en los hijos biológicos como algo que yo haría porque me parece un acto egoísta, me aterra pensar que “mi aportación al mundo” sea otra versión de mí misma. Me aterra más ver cómo la gente que sí tiene hijos no cuida nada el mundo que les está dejando ni cómo los educa, o sea, tampoco cuida qué hijos le está dejando al mundo.

Lilián. Creo que la maternidad no es una experiencia para el todo el mundo. En mi caso, creo que me interesa más vivir otro tipo de experiencias de vida.

¿Alguna vez te viste como madre? Si sí, ¿cómo era ese panorama?

Pamela. Nunca. No sé si cuente que cuando era chica hasta decía cómo se iban a llamar mis hijos.

Mariana. No, realmente nunca he sentido esas ganas de tener hijos.

Graciela. No recuerdo haber tenido nunca ni siquiera las fantasías infantiles del embarazo y la maternidad. Si acaso pensaba nombres de mis hijos para ver cómo sonaban con el apellido del que me gustaba, pero esa fantasía era romántica, no maternal, y creo que así la entendía. Es ahora, a los 35, que sí me veo como madre, que sí me “ilusiona” la idea de una familia, de crear tradiciones, de enseñar y aprender, pero me parece inconcebible crear una vida sólo para satisfacer ese deseo.

Lilián. Cuando era niña, sin duda. A través de los juguetes para las niñas, la sociedad se encarga de meterte en la cabeza que las mujeres sólo estamos hechas para ser mamás y que es el único vehículo de realización. Sólo me visualicé como madre cuando era pequeña. Cuando entré a la adolescencia y comencé a descubrir que tenía otro tipo de intereses. También me fui dando cuenta de que existen más opciones en la vida.

¿Qué es lo que sueles escuchar cuando dices a alguien ‘no quiero tener hijos’?

Pamela. No suelo estarlo diciendo, pero sí me han dicho frases como “te ves bien” (cuando cargas al sobrino bebé) o “ya dale un nieto a tu papá”. Como si sólo fuera el nieto para él y mío nada o que me digan “cuando tengas hijos…” como si dieran por hecho que todo el mundo quiere tenerlos.

Mariana. “¿Y quien te va a cuidar cuando estés grande?”.

Graciela. Que no se conoce amor más grande que el de los hijos (a lo que yo pienso “pues qué corazón tan chiquito tienen”). Que es bueno tener hijos para que alguien te ayude cuando envejezcas (excelente y por demás altruista razón para la maternidad, además como si los hijos no se fueran nunca, eh, un plan infalible).

Lilián. Lo que más escucho es que sería una gran mamá. También intentan convencerme bajo el discurso de que las personas con “otro tipo de conciencia” (lo que sea que esto signifique) son las que tienen la responsabilidad de reproducirse.

¿Cómo ha sido este tema con tu pareja?

Pamela. Por alguna extraña razón, desde que llevábamos muy poco tiempo, y yo ni sabía si quería o no, él dijo que no quería hijos. Yo pensé que si algún día eso era problema para mí, le diría. Casi 10 años después, todavía no llega ese día (ni creo que llegue).

Mariana. Con mis parejas anteriores, tal vez porque estaba más chica, era algo que discutimos y decían comprender, pero creo qué tal vez nunca lo creyeron por completo. Con mi pareja actual lo hemos hablado con frecuencia, principalmente porque desde el principio yo quería dejar claro que por el momento no está en mis planes tener hijos y es posible que eso nunca vaya a cambiar.

Graciela. Siempre intento ser clara con que no quiero tener hijos biológicos, y no es algo que cambiaría por el deseo de una pareja, de ninguna manera.

Lilián. Fácil. Lo discutimos mucho y lo hablamos todo el tiempo. Ambos llegamos a la conclusión de que, en este momento de nuestras vidas, necesitamos experimentar otras situaciones que no tienen que ver con la crianza de niños.

¿Crees que existe un estigma en la sociedad con las mujeres que no quieren tener hijos?

Pamela. Sí, y tristemente mucho de ese estigma se propaga por las que no tenían hijos y tuvieron y “la vida les cambió” y creen que todas las personas somos iguales. También hay muchos que siguen sacando el tema de “el reloj biológico” y creen que debes tener quieras o no, porque si quieres tenerlos cuando ya no puedas… Afortunadamente, en mi círculo cercano he encontrado gente con mi misma postura y con postura diferente que respeta mi decisión.

Mariana. Muchísimos. Antes, cada que me preguntaban cuándo iba a tener hijos, siempre respondía que no quiero tener. Intentaba explicar mis razones, pero siempre terminaba justificándome porque me respondían cosas como: “¿No le vas a dar nietos a tus padres?” o “Es el sueño de toda mujer”.

Ahora me da infinita flojera, estoy cansada de intentar explicar y defender mis decisiones, así que prefiero evadir el tema y no esperarme a que me respondan una tontera.

Graciela. Claro, pero su intensidad depende del lugar. En los círculos que frecuento en el DF no he visto este problema. La mayoría o piensan en tener hijos en algún futuro (que no es que nos quede tanto tiempo fértil, por suerte) o también creen que no es ni buena idea ni buen momento. En Guadalajara, de donde soy, la cosa es diferente. Sí hay más estigma, la gente cree que no quieres tener hijos por egoísmo o hedonismo o flojera o las tres, pero, al menos en mi caso, justo no los tendría por todo lo contrario: por amor al mundo y a los mismos hijos (a los que ya están aquí y los tienehijos no están haciendo nada por ellos, y a los que no van a venir a llenarse de problemas).

Lilián. Existe, pero creo que cada día hay más apertura. La sociedad en conjunto ha ido creciendo y se ha percatado de que abundan las mujeres cuyo máximo en la vida no es estar amamantando ni cambiando pañales.

¿Crees cambiar de opinión en un futuro?

Pamela. Yo también aplico la del reloj biológico y digo “cuando quiera ya no voy a poder”, jajaja. No creo cambiar de opinión pero tampoco es que sea tan radical de “voy a ir hoy a ligarme las trompas”.

Mariana. No lo sé, creo firmemente en el cambio. No soy la misma persona que era a mis 20 años, y definitivamente no creo ser la misma en cinco años, no creo que cambie, pero, todo puede suceder.

Graciela. La claridad de que no quiero tener hijos es algo que he tenido desde adolescente, y con el tiempo sólo se ha ido reafirmando.

Lilián. Claro. Ahora tengo 36 años, no descarto que en un par de años me pegue ese reloj biológico mágico del que tanto hablan. Pero lo dudo.

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¿Por qué no quiero tener hijos? 6 testimonios de mujeres que decidieron no ser madres

HASLOO/istock/thinkstock

Tengo una amiga que siempre dijo que no quería tener hijos y que no cambiaría de opinión. Siempre me había extrañado su postura y le decía que algún día le picaría el bichito de “quiero ser mamá”. Sin embargo, aquí seguimos, yo ya tengo 3 niños y ella es una tía maravillosa que aún no quiere ser madre. ¿Y saben qué? Al final comprendí que hay mujeres que no quieren ser madres y sus argumentos son totalmente razonables.

Te invito a conocer 6 testimonios de mujeres reales que han decidido no tener hijos.

#1 No quiero traer un hijo al mundo como está hoy

Creatas/Thinkstock

Alicia, cuenta que fue criada en medio del campo, jugando afuera, con animales y con su madre y padre siempre presentes porque trabajaban en la granja. Es por eso siente que, si tiene un hijo, lo criará en un mundo muy distinto.

Para ella es peligroso y no quiere ser responsable de traer un alma para que sufra, para que esté dominada por la tecnología, para que ella no pueda darle el amor y la atención necesarios por ser esclava de un sistema en el que tiene que trabajar el día entero para sobrevivir.

Yo no comparto, pero la entiendo, ¿tú qué piensas?

#2 No quiero atarme a una responsabilidad de la que no podré salir

audeproyect/iStock/Thinkstock

Ana decide no tener hijos porque no está completamente segura y no quiere tomar una decisión irreversible. Para ella, ser madre es el trabajo más complicado y meritorio del mundo, por lo que cree que no será capaz de realizarlo.

¿Qué opinas de este testimonio?

#3 Será egoísta, pero elijo vivir mi vida

Wavebreakmedia Ltd/Wavebreak Media/thinkstock

Andrea dice que apenas puede cuidarse a sí misma, por eso siente que no podrá cuidar a un niño. Incluso, se considera una persona peligrosa para ellos. ¡Vaya, vaya!

Ella decide vivir su vida sin hijos, enfocarse en su carrera, en sus pasatiempos, en lo que disfruta hacer. Y bueno, debemos entender que no todas las mujeres disfrutan de ser madres, ¿no?

#4 No puedo tener hijos y no quiero adoptar

diego_cervo/iStock/thinkstock

Sabrina no puede quedar embarazada y ha decidido que prefiere no adoptar y vivir una vida sin hijos. Cree que por algo no ha podido quedar embarazada y que es una señal de que no sería buena madre o de que hay otras cosas para las que su alma está destinada.

#5 No me siento bien con niños

Jupiterimages/Creatas/Thinkstock

La madre de Romina tenía una guardería cuando ella era pequeña, por lo que creció rodeada de niños. Uno pensaría que eso la haría muy pegada a ellos y que seguro sería madre de muchos, pero en ella produjo el sentimiento contrario.

Dice que toda la vida estuvo “invadida” por niños, en su recámara, en su casa, en su jardín y por eso ahora decidió no tener niños propios y vivir su libertad.

#6 Tener hijos debe ser algo hermoso, pero no es para mí

Alliance/iStock/thinkstock

Cristina dice que no la malinterpreten al no querer ser madre. Ella dice ser una tía espectacular que ama a sus sobrinos, pero solo puede estar con ellos poco tiempo porque se siente aturdida. Según ella, los niños son hermosos un rato, luego que vuelvan para su casa.

Ya habías escuchado a una mujer decir «Yo no quiero ser mamá», ¿no? Yo, infinidad de veces y no solo de la boca de mujeres que decidieron no ser madres.

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El estigma de las mujeres que deciden no ser madres

Estaba feliz… hasta que intenté que me hicieran la operación. Marie Stopes, que hace el procedimiento, me dijo así nada más que no había ningún cirujano disponible, que tendría que volver a ver a mi médico de cabecera. Entretanto, me mudé a un lugar administrado por otro organismo del sistema de salud, lo que significaba que debía empezar de cero.

Image caption Quiere dedicarle tiempo a su carrera (foto: Holly Brockwell).

Podrías estarte preguntando por qué no elijo un método anticonceptivo menos dramático. La píldora me ha provocado efectos secundarios por años y la otra opción es un dispositivo intrauterino, que no quiero porque conozco dos casos de personas a las que les ha provocado efectos horribles.

No necesito un método reversible. Hay una operación de 10 minutos que puede resolver este problema de una vez y para siempre, y no puedo creer que con casi 30 años de edad, en 2015, tenga que pelear para que me la hagan.

Es posible elegir ser madre a los 16 años pero no declinar la posibilidad de la maternidad a los 29. Parece que nuestras decisiones sólo son tomadas en serio cuando son coherentes con la tradición.

Plantearse ser madre es una decisión, no un deber de género. Yo preferí dedicarme a estudiar y lograr mis metas… Y mientras tenga vida seguiré; ser madre no está en mis planes»

Yaris Fontanes, vía Facebook

Bueno, nunca he sido tradicional. Recientemente abrí un sitio de internet sobre tecnología escrito por mujeres. Me enorgullece decir que es el único bebé que tendré jamás.

Karin Ruis

Pues mi decisión de no tener hijos viene, de hecho, ya grande, cuando termine la carrera. Aun tenía el gusanito. Conocí a mi esposo desde la vocacional (del instituto politécnico en México). Y pues sí lo platicábamos. Pero cuando entré a la carrera y me di cuenta que lo que yo quería era trabajar en carreteras (soy ingeniero civil) empecé a sopesarlo.

Entre que no conseguía un trabajo «que me diera para mantenerlo bien», y mi esposo que tampoco conseguía, lo aplazamos.

Entonces, vino para mí una buena oportunidad y decidí tomarlo. Aparte, hay algo en lo que no he madurado: me encantan los videojuegos. Compramos consolas, juegos, viajamos, y ahí fue donde me dije: ¿sabes qué? Vamos a platicarlo y a decidirlo, pero ya.

Derechos de autor de la imagen Thinkstock Image caption Algunas, como Karina, han pasado por etapas de muchas interrogantes, pero permanecen firmes en su decisión de no tener hijos.

Mi esposo sí se sorprendió cuando le dije «creo que no tengo el chip de ser madre, a mi parecer estamos bien, no siento que un hijo vaya a ser una bendición para nosotros. ¿Me apoyas en mi decisión?»

Ya tenía yo 28 años. En ese momento, no estábamos casados. Si fue un poco un estira y afloja. Pero al final decidimos entre los dos no tener hijos. Eso nos costó casi 3 años; ahora llevamos 5 de casados, y la idea de hijos ya no tiene lugar en nuestras pláticas del futuro.

A mi madre, pues, no le gusta la idea. Pensaba en que yo le iba a dar sus primeros nietos. Sin embargo, respeta mi decisión, y si hay algo que le agradezco es que es la única persona que cuando me ve, lo primero que pregunte no es «¿para cuándo los niños?».

Mi padre, él sí. En definitiva, me elogia. Dice que ya hay demasiadas personas en este mundo. A veces me dice que por qué no decido adoptar.

Es horrible. Cuando expresas tu decisión, te llueven preguntas e interrogantes, como quién te va a cuidar, qué vas a hacer sola toda la vida, ¿es que no puedes?

Y eso que no hablamos de la incomodidad: en mi caso, de sentirte aislada de todas tus amistades, ya que su plática empieza a cambiar de trabajos, juegos, libros, a tips de crianza, qué hizo su hijo tal día… Poco a poco, terminas buscando un nuevo círculo social donde no sientan «lástima» por ti y tu deseo de ser nini (ni pañales, ni mamilas).

Prefiero quedarme así. Mi idea de felicidad es otra completamente diferente. Sin embargo respeto a las personas que deciden ser padres.

Nina Nikoo

Image caption Nina Nikoo: «nunca me he sentido maternal».

Creo que tengo mucha suerte de ser mujer, pero a diferencia de muchas, nunca me he sentido maternal. Siempre he creído que es un crimen traer, sin quererlo, un niño a este mundo.

He trabajado muy duro para establecer mi propio negocio. En estos momentos empleo a seis personas y nada me es más satisfactorio que mi trabajo.

Algunas personas creen que soy egoísta. No lo sé, quizás lo soy. Pero sin importar lo que otros piensen, no puedo abandonar un sueño que se hizo realidad recientemente, después de tantos años.

Mis padres quedaron en shock cuando les dije que no quería tener hijos. Todavía sacan el tema a colación cada vez que pueden.

Y no son los únicos. Otros miembros de la familia intentan convencerme de que estoy cometiendo un error.

Recuerdo los primeros años después de que me casé, hace unos 10 años. Muchas personas nos criticaron. Incluso insinuaron que mi esposo o yo éramos infértiles y que lo ocultábamos.

Image caption Nina está cansada de que le digan que el «reloj biológico» la hará querer ser madre tarde o temprano.

Ahora más o menos se han rendido, pero mis padres son muy persistentes. Mi papá dice que un día mi cuerpo va a hacer que quiera tener un hijo. El otro día mi mamá me estaba peinado y dijo que la ponía muy triste pensar que nunca podré experimentar lo que ella ha experimentado. Como mi padre, piensa que voy a cambiar de opinión.

Creo que el hecho de que muchas de mis amigas no tienen hijos, aunque han estado casadas por años, ayuda bastante. Tener un hijo es una carga para las mujeres educadas en Irán. Significa que no puedes concentrarte en tu trabajo, que tu libertad está limitada y que si tu matrimonio no funciona, las posibilidades encontrar otro marido son bajas.

Mi cuerpo no está ‘programado’. El hecho de que tenga la posibilidad de ser madre no me obliga a serlo»

Renata Goulart, vía Facebook

No me malinterpreten, amo a los niños. Soy paciente y puedo ponerme a su nivel fácilmente, y pasar horas jugando con ellos… siempre y cuando no sean míos. Cuando veo a un niño colgado del cuello de su madre, siento que me sofoco. Me hace tan feliz pensar que no es mío.

Desde el primer día le dije a mi esposo que no quería hijos, y parece que él está conforme con la idea. A veces puedo ver en la forma en que mira a los niños que no le importaría ser padre, pero respeta mi decisión. Convencer a sus padres también fue difícil.

Pienso en ello todos los días, sin embargo. De hecho, desearía encontrar sentimientos maternales dentro de mí. Espero que llegue el día en que yo pueda cambiar, aunque eso parece improbable.

No quiero ser madre

Es un rol que la sociedad ha querido atribuir absolutamente a todas las mujeres; sin siquiera haberles preguntado a todas si quieren ejercerlo o no. Estoy hablando de la maternidad.

Se suele pensar que todas las mujeres están preparadas para ser madres, y que todas quieren serlo. Además, se piensa también que cuando llega ese hijo, el instinto maternal aparece. Lo cierto es que no siempre es así.

Las presiones sociales sobre la maternidad

Expresiones tan repetidas como, ”y tú para cuándo?”, o “se te va a pasar el arroz”, llevan mucho tiempo ejerciendo una presión importante sobre las mujeres; cosa que no ocurre con los hombres y la paternidad.

Según los últimos estudios sobre el tema, cada vez hay más mujeres que deciden voluntariamente no ser madres. Y no por problemas económicos o laborales, sino simplemente porque no quieren serlo.

Es cierto que en algunos casos, la poca estabilidad económica, o el deseo de un mejor desarrollo en el terreno laboral, pueden ser factores que hagan a una mujer decidir que no quiere tener hijos. Pero, esto no ocurre en todos los casos: como decía, en muchos de ellos la razón es tan simple como que la mujer no se ve en el papel de madre. O lo que es lo mismo; el ser madre no es un deseo que tienen todas las mujeres, ni mucho menos.

Y, a pesar de que esta decisión voluntaria es cada vez más frecuente, la sociedad la sigue interpretando como una decisión poco natural y extraña. Mucha gente se sigue sorprendiendo cuando una mujer afirma no querer tener hijos. Bueno… en realidad se ve como extraña y sorprendente en el mejor de los casos; lo habitual es que se tache de “egoísta” a la mujer que libremente decide no tener hijos.

La definición de egoísta, según el diccionario es, “persona que antepone el interés propio al ajeno”. ¿Podríamos concluir entonces que, para mucha gente, una mujer que no quiere dedicar su tiempo y su esfuerzo al cuidado de unos hijos, es egoísta?

¿Madres por convicción o por obligación?

Algunas mujeres lo han tenido y lo tienen muy claro desde siempre; algunas quieren ser madres y otras no. Sin embargo, muchas otras podrían tener dudas de si realmente quieren ser madres o no. Y se pueden sentir presionadas para serlo; por la sociedad, por su entorno, por su pareja, y hasta por su religión.

Podría pasar incluso que muchas de ellas ni siquiera se lo planteen. Podrían entender que es lo que les toca, es… a lo que se las “obliga” de una manera implícita. De hecho, en una conversación entre mujeres y sobre el tema de los hijos, se puede escuchar a alguna de ellas decir aquello de, “yo ya cumplí”, y… la pregunta sería, “con quién?”.

Según los estudios al respecto, las mujeres que no desean tener hijos, se sienten realizadas en muchas otras áreas de su vida: en la laboral, en la sentimental, social, etc… y no tienen la necesidad ni tampoco las ganas, de tener hijos.

Cuáles son las causas de no querer ser madre

No existe una única causa para que se tome esta decisión, cada mujer tendrá la suya.

Una de las causas para no querer hijos puede ser, que esa mujer no quiera asumir esa responsabilidad; que es una responsabilidad importante. Que tenga otras prioridades donde no entra la de ser madre: como por ejemplo, dedicar el tiempo a su desarrollo profesional.

También puede ocurrir que no tenga el instinto maternal que se nos presupone a todas las mujeres. Que no le gusten los niños; y este motivo se podría decir que es, de todos, el que está peor visto por los demás. Pero es que no te tienen por qué gustar los niños. Y también puede ser que no haya ninguna causa en concreto, simplemente que no quieren.

Todo esto, provoca que el entorno de estas mujeres hagan unos juicios de ellas, de manera despectiva claro está. Se suele decir que son personas egoístas, inmaduras, irresponsables, etc.

Se piensa incluso que las mujeres, o las parejas (que también las hay) que no quieren tener hijos, no van a ser felices; como si la felicidad radicara exclusivamente en si se tienen hijos, o no.

Los expertos en este tema, niegan que las personas que tienen hijos sean más felices que las que no los tienen. Por supuesto, todo depende de los objetivos que tenga cada persona en su vida. Si uno de los objetivos de una pareja es tener hijos, el no poder tenerlos sí que puede ser un motivo de infelicidad; pero no es así cuando es una decisión voluntaria.

Además, los expertos también alertan de que las parejas que no quieran tener hijos, se verán presionadas por la sociedad: que verá esta decisión como egoísta y antinatural.

Tanto es así, que cuando una pareja no tiene hijos, su entorno social empieza a pensar que es porque no pueden tenerlo. Es decir, no se contempla la opción de que sea porque no quieren.

Tener hijos no tiene por qué hacerte mas feliz

A mi me parece que esto es bastante obvio, es obvio que tener hijos no tiene por qué hacerte más feliz que no tenerlos. Es obvio también, que no es una obligación tener hijos.

Pero entonces… ¿por qué hay gente que lo critica y lo ve como extraño? ¿Quizá porque es una norma social que, aunque no esté escrita en ninguna parte, sí que es una norma preestablecida que tendemos a cumplir?

Se trata, en realidad, de un prejuicio más. De la asignación de unos determinados roles dependiendo del género. El estereotipo de que una mujer debe aspirar a ser madre; para poder convertirse en una persona completamente realizada. Sin embargo, y aunque a mucha gente le parezca extraño, lo cierto es que no querer tener hijos, es una decisión igual de buena; y por supuesto, igual de respetable que sí querer tenerlos.

Si eres de ese grupo de personas que no entiende del todo esta decisión, hay varias cosas que puedes hacer.

Como por ejemplo, respeta las decisiones de los demás. No pienses que si no hacen lo mismo que haces tú, es que están equivocados. No des consejos que puede que a otras personas no les vengan tan bien como a ti.

Y sobre todo, no hagas juicios de lo que deciden los demás. Una mujer que no quiere tener hijos, no es egoísta; es simplemente, una mujer que no quiere tener hijos.

Hola, me llamo Adrián. Mi mujer y yo hace tiempo que le damos vueltas a si queremos tener hijos o no, y a veces nos surgen dudas por todo lo que nos dicen. En principio preferimos no tenerlos por el tipo de vida que llevamos, pero en ocasiones nos hacen dudar. ¿Alguna recomendación? Muchas gracias, un saludo.

Os acabáis de casar o lleváis mucho tiempo como pareja estable y, justo en ese instante, una vez ya habéis pasado a la tercera fase de la relación (siendo la primera conocer a la persona indicada y la segunda ir a vivir juntos), llega el momento en que os empiezan a preguntar: ¿y para cuándo los niños?

Os dais cuenta que vuestros amigas y amigos cercanos están inmersos en el baby boom, y parece que lo que toque sí o sí es tener hijos, ampliar la familia… Pero os dais cuenta que no queréis, que ya estáis bien como estáis y que os gusta vuestra vida tal y como la tenéis montada: viajando, disfrutando, durmiendo la siesta, teniendo momentos para vosotros mismos y para la pareja.

Pero el resto del mundo os hace dudar, os hace pensar que lo que estáis decidiendo es malo, que no es lo correcto, que seguramente os arrepentiréis y además, empiezan a querer saber los motivos del por qué no y a generar una especie de conversación donde os tenéis que justificar por el simplemente hecho de haber elegido un camino minoritario (que por suerte cada vez está más normalizado pero queda mucho recorrido por hacer).

Las recomendaciones

Para poder afrontar todo lo mencionado y vivirlo con bienestar dentro de la pareja y con uno mismo os recomiendo seguir los siguientes puntos:

1. Pensarlo mucho

El hecho de tener o no hijos hemos de pensarlo mucho. Es una decisión que marca un antes y un después. Por lo tanto, tenemos que plantearnos todas las posibilidades. Normalmente las mujeres que no quieren tener hijos lo deciden cuando entran en la etapa de fertilidad; en cambio, los hombres dependen más de la situación que vivan. Se ha estudiado que su decisión tiene que ver más con su momento vital (si hay pareja o no, la estabilidad laboral, etcétera). Asimismo, si después de valorar todas las posibilidades y de pensarlo mucho seguís creyendo que la posición de no tener hijos es la viable para vosotros, simplemente se trata de asumirla y hacerse fuerte en la convicción.

2. Lista de pros y contras

Durante el proceso de decisión y de plantearnos las diferentes posibilidades es interesante hacer una lista de pros y contras. Podemos utilizar lo que el entorno nos dice, las dudas que os plantean para crear una lista y reafirmar la decisión tomada, dudar de ella o replantearla.

3. Evitar justificarse

Toca luchar contra el pensamiento social de que toda pareja ha de tener hijos y evitar justificarnos ante ella, dado que esto comporta un sentimiento de culpa e infelicidad debido al conflicto interno entre lo que queremos y lo que socialmente parece ser lo correcto. Por tanto, no se debe entrar en la tendencia de responder el porqué, de explicar y justificar la decisión.

4. Analizar alternativas

Si en algún momento hay dudas siempre podemos tomar precauciones para evitar arrepentirnos de la decisión y que sea demasiado tarde, como por ejemplo la vitrificación de óvulos y/o esperma o reflexionar sobre la posibilidad de la adopción (si nos gustaría o no).

Pero, ¿qué sucede si no tenemos problemas en gestionar nuestra decisión respecto al entorno, sino que hay diferencia de opiniones en la pareja? En este caso es muy difícil poder llegar a un entendimiento, puesto que son estilos de vida y proyectos incompatibles, y tarde o temprano tienden a marcar un punto de inflexión. Tampoco es bueno que uno de los dos acepte cediendo, porque a lo único que llevará será al rencor, a la culpabilidad hacia el otro, destruyendo así la base de la pareja.

Algunos datos interesantes

En el debate sobre si tener o no tener hijos, también ayuda conocer cómo evoluciona la sociedad y qué pasa en el mundo. El 20% de las europeas no quieren ser madres, y tan solo un 3% es debido a la infertilidad. El perfil de estas mujeres es de 20 a 40 años con una personalidad independiente y una vida activa.

La exigencia de algunas profesiones contribuye a que muchas mujeres renuncien a la maternidad. Poike / Getty

Hemos de tener presente que esta situación es cada vez más común, pues cada vez hay más mujeres con profesiones absorbentes donde se plantea un conflicto entre producción y reproducción, entre crecimiento y desarrollo profesional y maternidad.

No hay estudios sobre la decisión de paternidad de los hombres, ni sobre parejas de chicos homosexuales. Pienso que aún queda mucho por recorrer ya que ellos también pueden decidir si son padres o no.

Algunos libros que os puedo recomendar sobre esta temática son:

Dos es suficiente: guía para parejas que han elegido vivir sin hijos (Laura Scott)

¿Por qué tener hijos? (Jessica Valenti).

¿Tienes alguna duda?

Envía tu consulta a: [email protected]

El tabú de no querer tener hijos

El tabú de no querer tener hijos

«Os vais a arrepentir», «sois unos egoístas» y sobre todo «¿por qué?» son algunas de las frases que las parejas que deciden no tener hijos tienen que escuchar una y otra vez a lo largo de su vida. Pese a que el número de hogares formados por parejas sin hijos aumentó un 45% en una década, quienes deciden renunciar siguen siendo minoría. «Hay muchos prejuicios sobre este tema y las parejas sufren la presión de toda la sociedad», reconoce la psicóloga gallega Mercedes Carreño, quien asegura que solo quienes «hacen frente a la norma social» llevan a cabo el modelo de vida que siempre habían deseado. Los expertos niegan además que sean más felices quienes sí tienen descendencia. «Todo depende de los objetivos de vida que tenga la pareja», sostienen

Cuando una pareja estable ronda los 40 años y no tienen hijos, casi todo el mundo cree que no los pueden tener. Si aclaran que realmente es que no quieren convertirse en padres, las caras de pena tornan rápidamente en asombro y frases como «sois unos egoístas» o «ya verás como os arrepentís» pasan a formar parte del argumentario de su entorno. Expertos aseguran que el hecho de no tener hijos por elección es todavía uno de los tabúes de la sociedad del siglo XXI, lo que hace que estas parejas tengan que hacer frente a las múltiples presiones que le llegan de su entorno. «Es uno de los prejuicios más extendidos todavía. La mayoría de la gente que ve una pareja sin hijos cree que no los puede tener porque se considera antinatural, raro, que sea que no quieren», explica la psicóloga Mercedes Carreño, miembro del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia y trabajadora en un Centro de Orientación Familiar (COF) en Santiago.

Para los expertos, los prejuicios a nivel social están vinculados con los roles de género tradicionales. «Se basan en el estereotipo de que la mujer debe aspirar a la maternidad, a formar una familia para de alguna manera convertirse en un ser completo», explica Carreño, quien añade: «Es un estereotipo que, pese a que han cambiado los tiempos, se interioriza de mil maneras». Algo que, unido a la presión social, hace que muchas mujeres que no soñaban con ser madres, finalmente sí lo sean.

«Lo habitual es que hasta los 30 años no pase nada, pero después la gente empieza a hablar de que se te pasa el arroz, que si eres una egoísta… una presión que genera temor: ‘que si después te vas a arrepentir’, que ‘quién te cuidará de mayor’… Eso hace que finalmente muchas parejas sucumban a la presión y se conviertan en padres», señala esta psicóloga. «Solo aquellos que sean capaces de luchar contra esos estereotipos, contra la norma social» serán los que mantengan el modelo de vida que habían planeado, sostiene Carreño, pero no todos lo logran. «De hecho, en los últimos años han aumentado en mi centro las consultas de mujeres sin hijos que quieren esterilizarse. Quieren evitar que después no sean capaces de enfrentarse a la norma social», sostiene.

Carreño destaca que decidir no tener hijos es una decisión tan normal y respetable como quienes apuestan por la llegada de un bebé a sus vidas. Por ello, defiende que las parejas sin hijos por elección no oculten que lo son. «Hay que decirlo claramente, es una forma de autorizarse y autoafirmarse. Cada persona y pareja decide cómo ser feliz, en qué invertir su tiempo y su vida», señala esta psicóloga, quien asegura que hay múltiples factores que llevan a no desear tener familia. «Gente que quiere invertir el tiempo y el esfuerzo que supone tener un hijo en otras cosas, por motivos profesionales, gente que tal y como está la situación social en el mundo no quiere traer más niños al planeta, etc.», explica.

Otro debate instalado en la calle y al que expertos de todo el mundo han dedicado varios estudios es si las parejas que tienen hijos son más felices que quienes no los tienen o viceversa. La investigación Enduring Love de la universidad británica The Open University que lleva años analizando la calidad de vida en pareja -ha encuestado a más de 5.000 parejas- revela que las parejas sin descendencia consideran mejor su relación y se sienten más felices con ella que quienes sí tienen hijos. Por el contrario, otro estudio de realizado por las universidades estadounidenses de Princeton y Stony Brook señala que apenas existen diferencias a nivel de satisfacción con su vida entre quienes son padres y quienes no lo son.

Para la psicóloga gallega Mercedes Carreño todo dependerá «de las expectativas que tenga la pareja» sobre su vida. «Si se trata de una pareja que desea tenerlos y formar una familia, no poder tenerlos supone una frustración e infelicidad; pero si la pareja no tiene estas expectativas y desea no ser padres, estos no influyen en nada para ser feliz», explica esta psicóloga, quien reconoce que el primer año de vida de un hijo es duro y puede hacer que algunas parejas se resientan. «Tener un hijo supone una dedicación psicológica y física que resta tiempo para la pareja. Además, tal y como están repartidos los papeles aún hoy en día, la figura paterna se resiente durante este primer año», sostiene Carreño, quien tiene claro que a nivel global, los hijos no influyen para ser más o menos feliz.

Pese a que las parejas que no tienen hijos por elección todavía son una minoría, los hogares formados por parejas sin descendencia -en donde se incluyen también quienes no pueden tenerlos o cuyos hijos ya se han independizado- aumentaron un 45% en solo una década, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al año 2011. En el caso de Galicia habría más de 280.000 hogares formados por parejas sin hijos, la mayoría (116.000) en A Coruña. Una opción, sin embargo, que gana adeptos. La socióloga británica Katherine Hakim -autora del estudio Sin hijos en Europa- asegura que sobre un 20% de las mujeres europeas no son madres y solo un 3% es debido a su infertilidad.

Pero ¿qué ocurre si un miembro de la pareja quiere ser padre y el otro no? «El deseo de paternidad no se puede cambiar, es tener un objetivo vital determinado y por tanto ningún miembro de la pareja debería ceder porque a la larga puede ser peligroso, puede crear frustración por no tener lo que se desea», señala Carreño, quien cree que si ser padre es un objetivo vital, lo ideal es buscar otra pareja. Y la otra cara la viven quienes pese a desear ser padres no pueden por problemas de infertilidad. «Lo viven como algo dramático, frustrante. Se centran solo en lograrlo y pierden otros objetivos. Es un error, no deben descuidar otras facetas y ver que no tener hijos es otra opción más», apunta Carreño.

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Por qué no quiero tener hijos con mi pareja

Como lo mencionamos anteriormente, existen muchas razones por las cuales puedes estar eligiendo no tener hijos con tu pareja. A continuación vamos a explicarte brevemente algunas de las más comunes.

Tienes hijos con tu pareja anterior

Probablemente ya tuviste la experiencia de ser padre(madre), por lo que ahora no sea tu prioridad volver a tener hijos por mucho que ames a tu pareja actual.

No te sientes preparado(a)

Puede ser el caso de que no te sientas lo suficientemente maduro(a) emocionalmente y temes no poderle brindar a tu hijo la educación y el trato que desearías. Otra de las razones por las cuales podrías no sentirte preparado(a) es la situación económica y/o la falta de tiempo, debido a que te encuentres en un trabajo donde tengas que estar muchas horas, que no tengas en este momento la solvencia económica que necesitas para mantener a un hijo y/o que no te sientas seguro(a) con tu pareja en ese aspecto ya que tampoco tiene una estabilidad económica.

Cuestiones de salud

Podría ser el caso en el que tu o tu pareja no dispongan de una buena salud física y el hecho de tener un bebé suponga un gran riesgo para su vida.

Temor a perder la libertad individual y de pareja

Otra razón por la que no deseas tener hijos con tu pareja es que sientes que al tenerlos vas a perder tu capacidad de actuar con libertad, que no vas a poder hacer lo que quieres porque vas a tener a alguien que siempre va a depender de ti. También te puede estar preocupando el hecho de que vas a disponer de menos tiempo para hacer cosas con tu pareja como irte de viaje, salir o simplemente pasar tiempo juntos sin hacer nada.

No te visualizas a largo plazo con tu pareja

Si no te ves con tu pareja a largo plazo y tienes muchas dudas acerca de su relación, es normal que aunque quisieras incluso tener hijos, no quieras hacerlo con tu actual pareja. La decisión de tener hijos a veces no es fácil pero cuando se decide hacerlo es porque aunque sabemos que siempre existe la posibilidad de una futura ruptura, por lo menos en estos momentos se desea continuar con la pareja por mucho tiempo.

Lo que no podemos hacer es ceder sin estar convencidos, puesto que esto podría ser un detonante para que la relación empeore a corto y largo plazo. “La frustración que no se gestiona adecuadamente en su momento se puede proyectar en forma de queja o de reproche en una relación; y esto a la larga la termina minando por completo el proyecto de vida común”, alerta la psicóloga.

Por tanto, “en el momento que cada uno de los miembros de la pareja tienen intereses y metas que no pueden ir de la mano, cuando impida el crecimiento personal de cada uno y, por supuesto, cuando existe una sumisión y faltas de afecto y de respeto (esto nunca se puede permitir) hay que plantearse la ruptura”, afirma la psicóloga Cristina Pérez.

En este sentido, la doctora Marina Díaz insiste en recordar que el deseo de maternidad o paternidad es de una naturaleza distinta a otros proyectos vitales por su carácter primario y animal. La maternidad o paternidad pertenecen a una categoría diferente a otras necesidades de desarrollo personal. La renuncia al deseo de tener hijos sin una razón de peso, sólo por la negación del otro miembro de la pareja no puede llevar sino al resentimiento y al deterioro paulatino de la pareja».

– Relacionado: Ejercicios de terapia de pareja que podéis realizar en casa

Los jóvenes cada vez se van más tarde de casa. Los contratos cada vez son peores. Comprar casa es imposible. Alquilar casi también. La esperanza de vida crece, la juventud se alarga. Viajar es barato. Los hijos son caros. Conciliar, Con este panorama es comprensible que la tasa de natalidad no deje de caer. Aún así miles de personas siguen tomando la decisión de traer un bebé al mundo. ¿Por qué?

“La gente tiene hijos como quien hace salchichas”. Eso pensé un día viendo a unos padres despreocupados que no prestaban atención a las maldades de su hijo. O su hija, no recuerdo. Hacía unos días que, mirando a mi alrededor, me parecía que muchos padres (y madres) no se plantean demasiado la responsabilidad que supone educar a una persona.

Eso me llevó a varias preguntas ¿Cuáles son esos motivos para tener hijos? ¿Nos lo pensamos demasiado? ¿La gente sabe lo que implica tener un hijo? ¿Seguimos teniendo hijos porque toca, por presión social? Busqué respuestas en una filósofa, una escritora y una pediatra. Carolina del Olmo, Eva Millet y Lucía Galán Bertrand. Las tres conocen bien de lo que hablamos. Las tres son madres. Las tres han estudiado el tema.

Empecemos por el principio: ¿por qué sigue teniendo hijos la gente? Según Carolina del Olmo, filósofa y autora de ‘¿Dónde está mi tribu?’, por muchos motivos; el primero (y el más obvio) por instinto: “Cuando pensamos en motivos para tener hijos creo que hay un resto que se nos escapa, y que seguramente tiene que ver con nuestra naturaleza: las explicaciones que nos damos a nosotros mismos y a los demás muchas veces son racionalizaciones más que explicaciones precisas de las causas… Es curioso que nos cueste tantísimo admitir que la naturaleza pueda tener algo que ver ahí. Supongo que tiene que ver con que, cuando hablamos de naturaleza, biología o instinto, inmediatamente nos imaginamos algo parecido a un mandato divino, cuando no es así, lo natural está tan imbricado con lo cultural que reconocer la naturalidad de una pauta no significa admitir que sea necesario, ni obligatorio, ni mejor, ni nada…».

Lo cultural es, de hecho, una de las claves para explicar por qué tenemos o no tenemos hijos. Eso me dice Eva Millet, periodista y autora de ‘Hiperpaternidad’ y de ‘Hiperniños: ¿hijos perfectos o hipohijos?». “Aunque nos creamos muy modernos, el ser humano es un ser tradicional, que vive en sociedad y replica lo que ha visto en su entorno. Además, se suele dar un ‘efecto dominó’ que se da entre amigos, familiares, hermanos… Cuando una pareja del entorno social tiene hijos enseguida le siguen otras”.

Que se te pasa el arroz

Es decir, hay un momento en el que, a la vez, suena el reloj biológico y tus amigos tienen hijos. Un momento, en el que todo te recuerda que “es el momento”. Sara, una compañera de trabajo de 33 años, vive hoy en ese momento exacto. Con pareja estable desde hace años y casa en propiedad, está rodeada de padres y madres que, en muchos casos, van ya a por la segunda criatura. Cada vez que Sara entra en Youtube el algoritmo decide mostrarle un anuncio de Clearblue, no vaya a ser que se le pase el arroz. Presión por todas partes.

Esa presión es una conversación recurrente. Sara tiene clarísimo que quiere ser madre, pero no encuentra el momento. Sabe que cuando ocurra tendrá que renunciar a muchas cosas, es lo que llama el “reloj biológico inverso”. Habrá menos viajes, menos salidas sin planear, menos libertad, menos terraceo, menos Tailandias, menos cañas, menos cigarros, menos capacidad para hacer jornadas extras en el trabajo… Resume esa sensación a la perfección un comentario que me hizo hace poco otra amiga: “¿Cuánto puedo esperar antes de que se me pase el arroz?”

A Carolina del Olmo no le sorprende este relato, para ella es parte de “un medio ambiente ideológico hedonista y consumista en el que la decisión de tener hijos (con lo que implica de compromiso duradero y cierre de otras opciones vitales) aparece como algo poco atractivo”. Desde esa perspectiva, tener hijos “te impide estar en plena forma para todas las experiencias guays que el capitalismo de consumo promete”.

No me quiero perder nada

Por ahí surge el primer motivo para no tener hijos: no me quiero perder nada. El segundo motivo tiene que ver con este primero. Para hacer cosas, que diría Rajoy, hace falta dinero. Y para tener dinero hay que trabajar. Y compatibilizar trabajo y maternidad es difícil.

Le pasó a Lucía Galán Bertrand, (Lucía mi pediatra): “Eres joven, terminas tu formación y quieres seguir aprendiendo, ascendiendo… pero con un bebé, esa velocidad de crucero necesariamente desciende. Y es ahí donde empieza el encaje de bolillos para sentirte realizada como profesional, como madre, como mujer. Quitas de aquí, pones allí, compensas a unos, a otros… Es tremendamente complicado”.

Lo confirma Carolina del Olmo, que sintió como lo que la sociedad le decía era: “Trabaja, trepa, compite, consume, disfruta… No te metas en líos de pañales que son una carga, un lastre, algo que te impide darlo todo en el trabajo”.

Y ese mensaje, cala. Según Eurostat, en 2016 (últimos datos disponibles), las mujeres en España tenían su primer hijo, de media, a los 31 años. Casi dos puntos por encima de la media europea. Si miramos atrás, en 1988 ese primer hijo se tenía a los 26 años, cinco años antes. No existen datos medios para toda la UE en ese año pero en 1988 la edad media en Dinamarca para tener un primer hijo era también de 26 años. Hoy en ese país la media es de 29, igual que la media europea. Es decir, en 1988 estaríamos en sintonía con el resto de Europa.

Nos encontramos con la paradoja de que la sociedad te dice, a la vez, que tengas hijos y que no. Te dice que vivas la experiencia de ser padre mientras te ofrece cientos de experiencias que no podrás vivir si lo eres. Te dices que no te pierdas la experiencia de la maternidad mientras te pide que trabajes y ocupes tu lugar en una sociedad eminentemente patriarcal. Y todo, como dice Del Olmo, en un país en el que “las políticas sociales familiaristas brillan por su ausencia y en donde tenemos cifras récord de pobreza infantil”.

¿Cómo lo mantengo?

Así llegamos a otro de los grandes motivos para tener o no tener hijos: el dinero. Algunos datos. Según UGT, el 91% de los nuevos contratos que se firman en España son temporales. El 48% de los contratados en España de entre 25 y 29 años tienen un contrato temporal. El 17% de los trabajadores en España gana menos de 12.900 euros al año y, de ellos, el 64% son mujeres.

Con ese panorama ya no hablamos de querer o no querer tener hijos, quizás es más correcto hablar de poder tenerlos, de poder garantizarles una vida digna. Ese factor está detrás de la decisión de muchas mujeres de no tener hijos, como bien nos contó en este artículo Noemí López Trujillo.

Menos de la mitad de las personas menores de tres años asiste a la escuela infantil. Una cifra que sube al 62,5% en el caso de las familias con ingresos altos. A la vez, 477.700 mujeres aducen que tienen que cuidar de niños o dependientes para no buscar empleo, una razón que aducen solo 28.200 hombres. Otra vez, las mujeres en casa cuidando a la familia.

Y aquí hablamos sólo de una etapa educativa que no es obligatoria. A una hija o a un hijo hay que darle de comer, hay que vestirle, conviene comprarle juguetes, darle medicamentos, ponerle vacunas, van a la escuela…. Algunos estudios hablan de un mínimo de 100.000 euros por hijo. Eso me dice Eva Millet, que critica que “en tiempos hipercapitalistas, la crianza se ha inundado de ofertas, de expertos, de opciones y de más y más gastos…”.

A la vez, me dice Lucía Galán, nos estamos convirtiendo en una sociedad urgente que lo quiere todo a golpe de click y eso con los hijos no funciona. “En la consulta veo a parejas muy impacientes: quieren que duerma toda la noche con cinco, que coman perfectamente con siete, que caminen a los doce, que lean a los 4 años… Pero la vida no funciona así”.

En paralelo, me cuenta Millet, “el estado del bienestar se desmantela y su papel en la educación de nuestros hijos se debilita. Las familias extensas, en las que todos participaban en la crianza de los pequeños, también son parte del pasado. Los hijos hoy cada vez cuestan más dinero, tiempo y esfuerzos y los padres somos enteramente responsables de todo. Por ello, ya se habla de padres quemados, ansiosos y, especialmente, de madres agotadas que nunca se sienten lo suficientemente buenas como tales”.

Qué es criar un hijo

Esa presión surge, en parte, por la falta de referentes. Del Olmo cree que pese a que hoy en día hay “mucha información disponible, vivimos más de espaldas que nunca a la realidad de la vulnerabilidad y los cuidados. Antes era común haber participado del cuidado de un bebé antes de haber abandonado la infancia. Ahora la gente llegue a adulta sin haber rozado siquiera la experiencia del cuidado: eso produce una gran distorsión en la apreciación de lo que es la vida que es difícil de corregir y que puede llevar a que tener hijos se viva como un verdadero shock. No se trata tanto de tener información o no sobre lo mal que se duerme, sino de asumir una relación de interdependencia tan profunda, aceptar e incluso disfrutar de algo que al mismo tiempo es una atadura bien fuerte”.

Lo mismo piensa Lucía Galán: “Mis padres, hace 30 años, no se hacían las preguntas existenciales que se hacen los padres de mi consulta. Hay una necesidad exagerada de búsqueda de información, Y entre toda esa información hay mucha desinformación. Por lo tanto no es fácil encontrar voces tranquilas, avaladas, que hablen con rigor y al mismo tiempo que sepan empatizar con el momento individual de cada uno de nosotros. Que no existen dos familias iguales, que no existen los manuales del perfecto padre, de la perfecta madre, ni los trajes de talla única, que no”.

A modo de conclusión, Carolina Del Olmo cree que “si tienes lo básico más o menos cubierto, darle muchas vueltas a todo o buscar el momento idóneo no creo que sea muy útil, la verdad, sobre todo porque la experiencia siempre tiene un plus que sorprende, incluso a los más preparados”.

En definitiva, yo pensaba escribir un artículo sobre lo listo que soy, lo bien que hice en pensar bien cuántos hijos iba a tener y de qué forma los iba a educar y si me iba a llegar el dinero para esos planes. Y lo termino pensando que ni recetas mágicas, ni salchichas, ni tu tía, que diría aquel.

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