0

Opiniones colegio san patricio madrid

Honorarios

Los honorarios de la enseñanza incluyen:
• Asistencia a excursiones de un día y actividades culturales
• Material didáctico corporativo
• Aplicación de tests de diagnóstico psicopedagógico obligatorios
• Servicio de atención sanitaria (enfermera del centro)
• Seguro de Accidentes en todas las actividades
• Seguro de Continuidad de Estudios (ver Reglamento Administrativo)
• Servicio de orientación psicopedagógica y preuniversitaria
• Programas extra curriculares (debate, investigación, salud, voluntariado, etc.)
• Participación en premios o concursos (académicos, artísticos, deportivos, etc.)

Curso 2017/2018

CONCEPTO

Honorarios anuales

0. DERECHOS DE INSCRIPCIÓN (Alumnos nuevos)

800 € (Pago único)

1. ENSEÑANZA – El abono de los mismos se pasará al cobro en 10 mensualidades (Septiembre-Junio)

1.1. Educación Infantil

– Special Nursery (2-3 años)

6.950 €

– Nursery A, B, C (3-6 años)

6.950 €

1.2. Educación Primaria

Primer Ciclo

– School A (6-7 años)

7.150 €

– School B (7-8 años)

7.150 €

Segundo Ciclo

– School C (8-9 años)

7.150 €

– School D (9-10 años)

7.150 €

Tercer Ciclo

– School F (10-11 años)

7.150 €

– School G (10-11 años)

7.150 €

1.3. Educación Secundaria Obligatoria

– 1º de E.S.O (12-13 años)

7.550 €

– 2º de E.S.O (13-14 años)

7.550 €

– 3º de E.S.O (14-15 años)

7.900 €

– 4º de E.S.O (15-16 años)

7.900 €

1.4. Bachillerato

– 1º de Bachillerato

8.550 €

– 2º de Bachillerato

8.550 €

– Bachillerato Internacional Bilingüe

10.150 €

– Bachillerato Doble Titulación (Int+Nac)

12.000 €

1.5. Becas de enseñanza para hermanos

– Tercer hermano cursando estudios en el Colegio

25%

– Cuarto hermano cursando estudios en el Colegio

50%

– Quinto hermano cursando estudios en el Colegio

100%

2. SERVICIOS

2.1. Comedor – El abono del mismo se pasará al cobro
en 10 mensualidades (Septiembre-Junio)

Serrano y Moraleja

2.150 €

Becas de comedor en los Centros de Serrano y La Moraleja

– Tercer hermano utilizando el servicio

25%

– Cuarto hermano utilizando el servicio

50%

– Quinto hermano utilizando el servicio

100%

Soto

1.950 €

Becas de comedor en el Centro de el Soto

– Segundo hermano utilizando el servicio

25%

– Tercer hermano utilizando el servicio

50%

– Cuarto hermano utilizando el servicio

100%

2.2. Transporte – El abono del mismo se pasará al cobro en 10 mensualidades
(Septiembre-Junio)

2.2.1. Recorrido de ida y regreso

ZONA A

1.250 €

ZONA B

1.500 €

ZONA C

1.750 €

2.2.2. Recorrido Único (ida o regreso)

ZONA A

900 €

ZONA B

1.050 €

ZONA C

1.200 €

2.2.3. Recorrido de ida y regreso (Rutas Mediodía Centro La Moraleja)

ZONA A

550 €

ZONA B

650 €

2.2.4. Recorrido de ida y regreso (Rutas Mediodía + Rutas Ordinarias Centro La Moraleja)

ZONA A

1450 €

ZONA B

1800 €

2.2.5. Recorrido de ida o regreso (Rutas Mediodía + Rutas Ordinarias Centro La Moraleja)

ZONA A

1050 €

ZONA B

1300 €

2.3. CENTRO DE ARTE SAN PATRICIO (Ver tarifas de los programas en www.centrodeartesanpatricio.es)

2.4. CLASES ESPECIALES DEPORTIVAS – El abono del mismo se pasará al cobro
en 8 mensualidades (Octubre-Mayo)

2.4.1. Escuelas Deportivas

512 €

2.4.2. Deportes de Competición

760 €

Colegio internacional San Patricio Madrid

Descripción

Una educación completa para un mundo global.

Fundado hace 60 años y líder en educación internacional, San Patricio tiene tres colegios en Madrid, un colegio internacional en la capital toledana (Patrimonio de la Humanidad) con una residencia mixta de estudiantes y una Fundación para la investigación educativa y la cooperación social.

San Patricio está siempre en la cima de los rankings de escuelas en España y sus resultados en las pruebas internacionales (PISA) son inmejorables.

Su modelo educativo se centra en el perfil del estudiante y en la innovación para mejorar el aprendizaje. Tiene instaurado el plan de estudios de Bachillerato Internacional (BI); en Madrid imparte el Programa Diploma. Uno de sus principales objetivos es garantizar que los alumnos adopten una actitud de aprendizaje activa para la vida.

PILARES:

  1. MULTILINGÜISMO: además del inglés, se enseñan a partir de los tres años el alemán y el francés.
  2. EDUCACIÓN EMOCIONAL: desde los 3 hasta los 18 años de edad, impartido de una manera programada y transversal adaptada al desarrollo por medio del programa i3e (Inteligencia emocional en entornos escolares).
  3. PERFIL INTERNACIONAL: Además del programa BI, existe un programa completo de internacionalización.
  4. POTENCIAMOS EL TALENTO: a través del Centro de Arte san Patricio que desarrolla los programas de música, arte dramático y artes plásticas y visuales. Además se ofrece la oportunidad de cursar el Bachillerato Artístico (español-inglés).

Fui un pijo adolescente en el Madrid de los 90

Todas las fotografías cortesía del autor

«Alcemos los corazones como se alza la bandera. Marchemos a la gloria por sendas de amor y luz. Adelante compañeros, la victoria nos espera. Compañeros adelante por España y por la cruz». No sé si ahora es normal que los colegios tengan himno. El mío lo tenía.

Mi colegio está frente al Bernabéu. Es igual de blanco pero mucho más grande. Creo que aún tengo el récord, de preescolar a COU repitiendo 8º de EGB. Catorce años, los diez primeros de educación diferenciada. Sin tías hasta BUP. Aun así quiero pensar que soy una persona normal.

Había un hombre en el colegio que organizaba el tráfico a golpe de silbato. Se llamaba Domingo, era una persona con discapacidad y tenía un toque de balón impecable, además de un gancho que ni Abdul Jabbar. Domingo era como el cicerone que te daba la bienvenida al infierno diario para un estudiante tan mediocre como yo. Una figura extraña y entrañable.

En el monumento a Don Pelayo

Tanto yo como mi grupo éramos pijos de perfil bajo, hijos de trabajadores que medraron y se instalaron en el norte de Madrid. Sin llegar a la esfera de dinero y contactos sin fin pero con bastantes posibles. Puedes llamarme colaboracionista o algo así. Vivía a tiro de gapo del colegio, pero no tanto como otros de mis amigos. Alguno podía oír los altavoces del patio desde su casa, qué agobio más grande. Uno era vecino de Gento, mítico extremo del Madrid.

Como buena leyenda deportiva tenía su propia leyenda extradeportiva, y esta era que había matado a un Guardia Civil con el coche. Se decía que Franco le indultó porque tenía partido esa semana. El caso es que le veías siempre en la terraza del mismo bar con su chándal y su perro, siempre igual. Era una farola más. A veces también veías por ahí a Hugo Sánchez, que parecía salido de un episodio de Miami Vice.

En un colegio solo de tíos podías hacer tres cosas: jugar al fútbol, suspender y conseguir porno. La peña compraba revistas usadas en el Rastro que luego te prestaba y que luego eran objeto de redadas por parte de los curas. Era la época de hitos tales como el Interviú de Marta Sánchez, las Mama Chicho y ¡Ay qué Calor! En Italia sabían lo que se hacían, está claro.

Vivías, y más en una educación separada por sexos, rodeado por esa niebla de erotismo continuo, y la metáfora de aquella represión cristalizó en las pelis porno del Plus, que decían que estaban menos codificadas y si entornabas los ojos te hacías a la idea.

En aquel mundo funcionaban bien los tópicos. En mi grupo nuestro primer coche fue un Ford Fiesta Blanco. Era el tope gama, tenía la tapicería de terciopelo rojo, como en la discoteca Bocaccio. El dueño luego tuvo un accidente con otro coche que heredó. Salió despedido por la ventana y le quitaron el bazo. No llevaba el cinturón porque casi nadie llevaba, ni casco tampoco. En aquella época la vida se basaba en cosas que hoy serían directamente terrorismo, como fumar en el metro o conducir sin tener carnet.

A veces pasábamos la tarde haciendo derrapes por los túneles de Azca, bastante antes de los 18. El maletero era un espacio muy aprovechable para que viajasen personas, claro que sí, cuantos más seamos más reiremos. A veces veías llegar un coche del que salían dos cifras de personas.

No sé cómo estará ahora el tema, pero me da la sensación de que o la calle estaba menos vigilada o nosotros nos sentíamos portadores de una valija diplomática imaginaria para el destrozo urbano, un afán destructivo per se. El sendero de vuelta a casa era fácilmente identificable, solían ser calles de coches sin retrovisor, cabinas rotas y alguna papelera ardiendo.

Los 90 eran la época de entrar con zapatos a las discotecas y enseñar el carnet falso. Recuerdo estar dentro descalzo porque a veces a alguno iba en zapatillas y otro le sacaba los zapatos, que solían ser las Timberland o los náuticos de suela gorda, mar y montaña en un solo calzado. Los «deneís» también se prestaban, y tenías que memorizar los datos por si te los preguntaba el portero, la vida no dejaba de ponerte a prueba. En mi caso eso de que mi escuela fueron las calles fue cuando descubrí en un carnet ajeno que Vitoria es oficialmente Vitoria-Gasteiz.

La primera zona de salir fueron los bajos de Azca y la calle Orense, con sitios de puro glamour como el Specka, La Nuit o Fun (el anterior Caché). Aquel urbanismo demodé era el lugar ideal para que te robasen con bachata sonando al fondo. Incluso los atracos eran algo como muy coreografiado, un intercambio educado de ropa y dinero. Luego empezaría la época del botellón en Avenida de Brasil, Tribunal y la discoteca Morasol, por el parque de Berlín.

Efectivamente, los pijos cantábamos todos juntos en Pachá el Killing In The Name de RATM con esa ingeniosa traducción de «que me chupes la polla» y El Imperio contraataca de Los Nikis con mucha convicción. Sentido de la ironía no nos sobraba. A pesar de esto —o debido a esto—, éramos blanco fácil de skins, y a alguno le midieron el lomo a base de bien en los bajos de Moncloa. A mí mismo me hicieron un dos por uno, dos ojos morados en una misma pelea. También hicimos amistad con raperos y bakalas, gente muy amable.

Como buenos pijos, no es que no pasásemos de Kapital, es que más allá de Atocha acababa la Tierra. Nosotros éramos más de mirar al Norte, a la Sierra. Muchos teníamos casas allí y padres que se iban de viaje de vez en cuando, así que subíamos a dar rienda suelta a nuestro angst adolescente.

Nos debíamos creer en una especie de «Menos que cero» regional, con calimocho, Eristoff, Fortuna y Nobel. Supongo que desarrollé cierto olfato para este wabi sabi juvenil, porque solía ser yo el de la cámara, aunque luego me daba mucha vergüenza llevarlas a revelar. El calvo nos parecía el acto nihilista definitivo, nunca faltaba un culo amigo para salir en la foto.

Echando la vista atrás veo un grupo bastante confundido e inocentón, y muy influenciable. Teníamos una visión bastante sesgada de la vida, dando mucho por sentado sin pensar cómo eran las cosas. Es un poco paradójico que nuestro entorno fuera tan limitado teniendo tantas posibilidades, porque para fastidio de tus padres, el curso de inglés en Irlanda no te daba una visión del mundo muy amplia precisamente, entre otras cosas porque tus compañeros de viaje eran tus compañeros de clase. Seguimos haciendo la misma broma, la de cuándo vamos a montar el grupo de música. Ahora puedo entender que no tuviésemos excesivas inquietudes y la curiosidad fuera de servicio. A veces más es menos.

Colegios públicos, políticos «modelnos» y papás pijos

La saturación que padecen los colegios concertados de Santiago, en realidad de toda España, y la escasa demanda que, por contra, registran un buen número de centros públicos ha vuelto a reabrir el debate sobre cuáles ofrecen mayor calidad educativa y en cuáles nuestros hijos están más seguros y más controlados, que en el fondo es lo que más preocupa a la mayoría de los padres, y no tanto si el profesor tal o la maestra cual es una eminencia en matemáticas o hermanéutica cuántica.

Unos opinadores hablan de clasismos mal entendidos -al parecer da más caché ir a un colegio privado o concertado que al cole del barrio, aunque funcione de maravilla-; otros, incluso, de racismo, porque, dicen, muchos papás pijos no quieren que sus hijos bien criados se junten demasiado con futuros latin kings y otras yerbas similares llegadas de ultramar o de Alalandia, y otros admiten abiertamente que están hasta los santos bemoles de ver cómo sus churumbeles sirven de conejillos de indias a políticos deseosos de cambiar cada dos por tres los planes educativos, funcionen bien o mal.

Sea por las razones que sea, lo cierto e innegable es que los colegios privados y concertados están saturados y que bastantes públicos -otros, en cambio, tienen un prestigio que supera al de cualquier centro clasista-sudan tinta china para llenar todos los pupitres. Y lo cierto es, también, que en ciudades como Madrid infinidad de padres, tanto los que votan a Gallardón como los que van de rojeras (ojo al dato con esto último), se dan de puñaladas para meter a sus hijos en colegios con fama de rígidos y, por qué no decirlo, de tradicionales, o sea, en los que la disciplina impera, en los que no se admiten las chorraditas de los iluminados de turno, en los que las notas buenas hay que currárselas y en los que quienes mandan son el director y su plana mayor, no el político cambiante de turno.

Eso lo que hay, y habría que preguntarse por qué ocurre eso en la educación infantil y primaria y no, en cambio, en la universitaria (de hecho, en esta parcela ocurre, muchas veces, todo lo contrario y socialmente se valoran mucho más los títulos públicos que, salvo escasísisimos casos, los privados).

Que los expertos de verdad contesten sin marear con conceptos políticamente correctos. Que de supuestos progres con hijos matrículados en las mejores Pijo»s Schools de Londres está el mundo lleno. Pero claro, una cosa son los churumbeles propios y otra muy diferente los de los demás. Con esos sí que nos mola una barbaridad hacer nuevos experimentos educativos.

«Colegios Mayores: libres de pijos reaccionarios». Esto es lo que rezaban las decenas de panfletos que alguien lanzó a primera hora de ayer en los patios de los colegios mayores de la Complutense que aún mantienen a sus residentes separados por sexo. Tras la concentración del pasado martes llegó el lamento porque la oposición a los colegios mixtos haya acaparado todos los focos.

«Que somos del Opus, que somos de derechas, que somos niños pijos, que no nos gustan las chicas…», ya hemos escuchado de todo, enumeran indignados varios jóvenes del colegio masculino Diego de Covarrubias, con 130 colegiales, que el curso que viene se convertirá en mixto, como otros dos, el Teresa de Jesús (femenino, 155 plazas) y el Antonio de Nebrija (masculino, 130).

No sólo es una cuestión de igualdad, mantiene el rector, Carlos Berzosa, que pretende seguir la senda por la que ya transitan colegios de órdenes religiosas o militares (15 de los 34 colegios mayores privados adscritos a la Complutense son mixtos). También de necesidad, ya que el 60% del alumnado son mujeres. Pero la mayoría de los hombres que viven aquí quieren seguir conviviendo con hombres.

«Se nota que los que hablan nunca han estado aquí», añade uno de ellos. ¿Son pijos? Los 929 residentes en sus colegios son de clase media. Algunos datos: más de la mitad (un 55%) son hijos de funcionarios, y un 35% de autónomos; pagan entre 792 y 832 euros al mes y sólo un tercio dispone de alguna beca, según datos oficiales. Para tener plaza puntúan las notas y la renta familiar más baja. ¿Son conservadores? «No tenemos miedo a lo mixto, de hecho, consideramos que el conjunto de los colegios mayores son un gran centro con varios edificios de chicos y chicas juntos. ¡Si estamos unos pegados a los otros y compartimos algunas instalaciones!», se defienden. Y confiesan: «Además, ellas entran en nuestros cuartos y nosotros a los suyos, ya me entiendes». «No venimos de colegios de curas, sino de centros públicos. Nos gusta cómo es esto», mantienen, en una conversación en grupo.

Lo cierto es que una mañana en el Covarrubias es un constante ir y venir de chicas que entran, salen, conversan y se ríen con ellos. No hay un ambiente extraño. ¿Y qué preferís, mixtos o segregados? «Están bien como están», responden los que no se obcecan en defender que no es esa la cuestión, si no que sólo piden que se les consulte.

Una convicción tradicionalista les lleva a afirmar a muchos de ellos que los colegios deben mantener sus estructuras porque así funcionan bien. Reconocen que se adaptarían a un colegio mixto, pero gran parte de ellos valoran por encima de todo el tipo de vida que llevan allí, «algo parecido a una hermandad de las universidades americanas», explica un colegial.

«El problema no es tener a un chico en el pasillo, es no saber qué va a pasar. Aquí hay comisiones, una jerarquía para llegar a las becas o a subdirectora… Todo se organiza desde el colegio, me parece que tenemos bastante que decir», dice Puerto González del Teresa de Jesús.

En la habitación 301 del Santa María de Europa, el único colegio mixto de los seis, Guadalupe, Ana y Sofía no tienen ni idea de a que se refieren otras colegiales cuando hablan de los inconvenientes de convivir con chicos. Casi todas sus actividades diarias las comparten con ellos. «No hacemos distinción entre chicos y chicas», dice Guadalupe. Los del Europa, a pesar de convivir chicos y chicas, apoyan la queja de sus compañeros porque, dicen, es una decisión que «cambiará la estructura de los colegios y se ha de consultar», explica Javier Zaldívar, su portavoz.

La particularidad del Ximénez Cisneros que, de momento se ha salvado de la integración, es que parte de su identidad colegial llega por su selección de rugby. «Hay que tener en cuenta la tradición que durante 60 años haya sido masculino con determinadas actividades y que en seis meses se cambien… pues es difícil adaptarse. Nos tienen que avisar», dice un residente. «Cuando vine a Madrid quería venir a un colegio mixto, pero ahora que estoy en uno masculino lo prefiero», dice otro. Y vuelve a escaparse la frase de «hay cosas que con las chicas no podríamos hacer». Más información en la página 30

– Cuanto más bajo sea el nivel de renta del estudiante más fácil resultará su admisión. Los ingresos familiares mensuales inferiores a 6.000 euros se premian con tres puntos, el máximo. A partir de 14.000 euros no puntúa.

– Un 55% de los padres de los colegiales son funcionarios públicos y un 35% autónomos.

– Entre un 25% y un 30% disfruta de becas que les financian parte de sus estudios o estancia.

– La mayoría de los colegiales estudia periodismo, ingenierías, arquitectura y derecho. Sólo una minoría alarga su estancia en el colegio más de tres años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de marzo de 2010

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *