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Papa noel sexy

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Los Papá Noel más sexys de las navidades

Los Papá Noel más sexys te desean feliz Navidad, ¡que los disfrutes!

«Querido Papá Noel, este año he sido muy buen, ¿es mucho pedir que me dejes a un hombre barbudo, sin camiseta y con ojazos debajo del árbol esta noche?» Propablemente, así serían nuestras cartas si el mundo fuera justo y pudiéramos pedir lo que más nos apeteciera. En cambio, este año tendremos que volver a conformarnos con perfumes y pijamas que, sí, nos gustan, pero no son lo mismo.

Pero aquí estamos nosotras para que no pierdas la ilusión – y la fé en los tíos buenos – y para que disfrutes de estos días navideños como te mereces. ¿Comiendo hasta no poder moverte? También, pero nos referíamos a lo de ver a tíos buenos medio desnudos vestidos de Papá Noel.

Porque la Navidad no es solo cosa de niños, también nosotras queremos disfrutar de las fiestas. Después de ver a los hombres más guapos con barba, o tíos buenos bebiendo vino, lo justo es celebrar la Navidad con estos hombres vestidos (pero poco) de rojo que tanto nos ponen.

Relájate y disfruta de unos hombres que estamos seguras de que sabrán sacar el espíritu navideño que llevas dentro. ¿Preparada para la galería más hot del año?

No te pierdas a los Papá Noel más sexys de las navidades y cuidado no te atragantas con las gambas. ¡Feliz Navidad!

Sorpresa en pleno vuelo: Papá Noel “se subió” a un avión de Aerolíneas Argentinas y les entregó regalos a los chicos

«Les queríamos comunicar que nos llamó Papá Noel. Justo estaba pasando por acá y nos lo cruzamos. Nos pidió que prendamos las luces, porque quiere abordar para entregarle regalos a los chicos que están en el avión».

El mensaje sorprendió a los pasajeros del vuelo de Aerolíneas Argentinas que había salido de Buenos Aires el 24 de diciembre al mediodía, con destino a Madrid, donde aterrizaría en la madrugada del 25.

Iban a pasar Nochebuena en el aire y el anuncio fue recibido con alegría. Hubo aplausos, se encendieron las luces y todos empezaron a mirar por las ventanas a ver qué estaba pasando, según se pudo ver en algunos videos que se viralizaron en las últimas horas.

Minutos después una de las tripulantes abrió la escotilla que da a una de las bodegas, que está en el piso del pasillo del avión. Muchos se pararon, otros se prepararon para sacar fotos con sus celulares y los chicos se acercaron a ver qué pasaba. De allí, vieron salir a un hombre grandote, de barba blanca y vestido con un traje rojo.

Sorpresa en el aire: Papá Noel «subió» a un vuelo que hacía Buenos Aires-Madrid y le regaló caramelos a los chicos.

«A ver, ¿Papá Noel está por ahí? A ver si lo ayudan a subir que se quedó atorado. Un aplauso grande para Papá Noel», pidió por los altoparlantes el comandante del vuelo, Diego Pérez Bariggi. «¿Estacionó bien los renos?», le preguntó. Él fue quien impulsó la iniciativa, según contaron a Clarín fuentes de la tripulación.

Sorpresa en el aire: Papá Noel «subió» a un vuelo que hacía Buenos Aires-Madrid y le regaló caramelos a los chicos.

La idea se le ocurrió junto a su esposa. Pérez Bariggi iba a viajar junto a sus dos hijos en el avión y quería darles una sorpresa. Mantener la magia. Por eso llevó el traje, pero como era comandante del vuelo no pudo usarlo. Otra integrante de la tripulación se puso el traje y se escondió en la bodega.

Sorpresa en el aire: Papá Noel «subió» a un vuelo que hacía Buenos Aires-Madrid y le regaló caramelos a los chicos.

Para preparar los regalos, según pudo saber Clarín, el comandate se fijó en la lista de pasajeros cuántos chicos viajaban, y les armó bolsitas con nombre y número de asiento.

Después de entregar los regalos, el Papá Noel saludó y se fue por el pasillo tocando la campanita. «Ustedes pensaban que no iba a venir… ¿vieron que iba a venir?», bromeó con los chicos que los seguían y se retiró.

DD

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Santa’s Little Helper Top & Shorts Set

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Hemos organizado un CASTING para buscar el Papá Noel o Santa Claus más sexy.
Queremos saber con que Papá Noel pasarías una «noche buena» inolvidable, y qué regalo le pedirías.

Se acerca la Navidad y el disfraz de Santa Claus es uno de los más utilizados durante esas fechas, y sólo hay que ver que bien le sienta ese disfraz a algunos XDD. En este Casting queremos que nos digas que Papá Noel te gusta más, cual es el que te parece más guapo y más sexy, quien es el que mejor luce el gorrito de papá noel, en definitiva…, a cual de estos Santa Claus esperarías despierta para que te diera tu regalito 🙂

Te dejamos 25 fotos sexis de chicos guapos disfrazados de santa claus para que elijas el que más te guste. Comparte este Casting en tu facebook o twiter para que voten tus amigas también, o descárgate las fotos de de los Santa Claus que más te gusten y envía una felicitación diferente estas navidades.

Los candidatos al SANTA CLAUS MÁS SEXY del año, que os proponemos desde mujerinteligente.com son los siguientes:

Desde nuestra web te animamos a que felicites la Navidad con postales solidarias para colaborar con alguna ONG, te damos algún consejo para elegir un buen juguete para los más pequeños, o que aproveches las OFERTAS DE AMAZON para tus regalos. !FELICES FIESTAS!

Seamos sinceros: la Navidad es demasiado meliflua y muchas veces necesitamos un poco de tralla. Somos conscientes que quizá es desagradable que tus reuniones familiares se conviertan en un relato de terror. Por eso es menos arriesgado disfrutar del salvajismo sentado relajadamente en un sofá. Con estas películas…

– Gremlins

De qué película estamos hablando. Gremlins (Joe Dante, 1984), una comedia negrísima que se convirtió instantáneamente en un clásico, dejó boquiabierto al público infantil y dio origen a la calificación “para mayores de 13 años”.

La escena más salvaje. La madre del protagonista acuchillando, triturando y explotando Gremlins con cuanto utensilio de cocina se cruza.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. Cuando la novia del protagonista le cuenta a este que la Navidad la entristece porque su padre falleció mientras bajaba por la chimenea disfrazado de Papá Noel en Nochebuena, empezamos a intuir que no estamos ante un film navideño convencional por mucho que el tierno Gizmo con sus ojos de anime entone alegres villancicos abrazado a su Casio. Lo que el director, Joe Dante, perpetró en Gremlins es más un cuento de terror gamberro en el que entre juguetes infantiles, cadáveres y explosiones, conviven la crítica al poder destructor de occidente, el consumismo feroz y la cosificación de los animales. Hasta se da un pequeño tirón de orejas a los que no se paran a leer las instrucciones de uso, porque el dulce mogwai solo tenía tres requisitos: no podía comer después de medianoche, no podían mojarse y no podían recibir luz de manera directa. Si ocurría una de estas cosas llegaba la guerra: una manada de gremlins destrozando todo lo que se encuentra a su paso, vidas humanas incluidas.

‘Gremlins’ es un cuento de terror gamberro donde, entre juguetes infantiles, cadáveres y explosiones, conviven la crítica al poder destructor de occidente, el consumismo feroz y la cosificación de los animales.

– Cosa de hembras

De qué película estamos hablando. Cosa de hembras (John Waters, 1974), un nuevo canto de amor del director más salvaje de Baltimore, John Waters, a su musa Divine tras el éxito de Pink Flamingos.

La escena más salvaje. Tras dar a luz sola en su casa, Dawn Davenport corta con los dientes el hilo umbilical. El resto de la relación con su hija será igual de poco convencional.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. Es la mañana de Navidad y el señor y la señora Davenport se afanan en colocar los regalos bajo el árbol, suena Jingle bells y se respira armonía. Pero este año su hija Dawn (interpretada por Divine) no va a recibir lo esperado. En la caja que le entregan amorosamente esos padres que parecen salidos de un cuadro de Norman Rockwell no hay unos zapatos negros de tacón, hay unas inocuas bailarinas, y la furia adolescente de Dawn se dispara: lanza los zapatillas contra la alfombra, destroza el árbol, rasga el espumillón y se escapa de casa dejando a su madre llorando en el suelo. Pero esto no es lo peor que le pasará a Dawn esa mañana de Navidad. Durante su alocada fuga acabará teniendo relaciones con un camionero (interpretado asimismo por Divine, lo que propicia una de las escenas más inenarrables de la historia del cine) y a la sazón quedándose embarazada y llevando una vida de delincuencia que desembocará en la silla eléctrica. El mensaje de John Waters está claro: tomen buena nota de lo que quieren sus hijos y no les decepcionen.

Pincha para ver la escena más salvaje de ‘Cosas de hembras’.

– La jungla de cristal

De qué película hablamos. La jungla de cristal (John McTiernan, 1988), la testosterónica cinta de John McTiernan que convirtió a Bruce Willis en el héroe de acción cínico y mortal que necesitaban los ochenta.

La escena más salvaje. Hans Gruber, Alan Rickman en su primera incursión en el cine, cayendo al vacío.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. Un momento, ¿Es La jungla de cristal una película navideña? Bruce Willis ha dicho que no y el público tampoco se inclina por ello (sí, alguien se ha molestado en hacer una encuesta), pero su guionista Steven E. Souza afirma que lo es y después de todo él y Jeb Stuart son los que escribieron la historia y se sacaron de la manga a un tipo con una sudadera en la que se podía leer “ho, ho, ho, ahora tengo una metralleta”. O sea que sí es de Navidad y por eso encaja en esta lista. La que es considerada como la película de acción total y ascendió a Bruce Willis al Olimpo de los cachas ochenteros no rezuma espíritu navideño, pero suena Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!, hay tipos vestidos de Papá Noel, se compran regalos, el Nakatomi Plaza refulge como una fantasía lumínica de Abel Caballero y su mensaje de venganza y destrucción están en más sintonía con las cenas familiares de Nochebuena que Menudo Santa Claus.

Pincha para ver la escena más salvaje de ‘La jungla de cristal’.

– Bad Santa

De qué película hablamos. Bad Santa (Terry Zwigoff, 2003), o Billy Bob Thornton, el tipo que llevaba una gota de sangre de Angelina Jolie al cuello, sentando niños inocentes en sus rodillas.

La escena más salvaje. Willie, Marcus y un niño golpeándose los testículos en el ring.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. “Un antídoto contra la alegría forzada de las fiestas. Una comedia misantrópica y escabrosamente divertida. Definitivamente no es para toda la familia”. Así la definió el crítico de Newsweek David Ansen y no se equivoca: no es para toda la familia, al menos para la que espera una comedia amable. Billy Bob Thornton y el actor enano Tony Cox se disfrazan cada año de Papá Noel y su duende para llevarse la recaudación navideña de los centros comerciales y gastarla después en alcohol, prostitutas y drogas. Una historia muy poco evangelizadora, pero como no deja de ser una película de Hollywood al final hay un mensaje redentor porque como canta Billy Mack en Love actually “si prestas atención, descubrirás que el amor está en todas partes”.

Pincha para ver la escena más salvaje de ‘Bad Santa’.

– El día de la bestia

De qué película hablamos. El día de la bestia (Alex de la Iglesia, 1995), el thriller navideño de Álex de la Iglesia que convirtió a Santiago Segura en una superestrella.

La escena más salvaje. La Bestia naciendo en las madrileñas Torres Kio.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. Un cura vasco, un heavy satánico (y de Carabanchel) y un parapsicólogo televisivo serán los encargados de evitar que el Anticristo (que como ser diabólicamente plenipotenciario podría haber elegido un resort en la Riviera Maya o el Hotel Burj Al Arab de Dubai) nazca en un Madrid abarrotado por las compras navideñas de última hora. Mezclando comedia, terror, mala leche, curas aplastados por cruces gigantes y disparos en Cortylandia, Alex de la Iglesia da un capón a la telebasura, la cultura del pelotazo y la xenofobia (qué premonitorias resultan ahora esas pandillas que vandalizaban la ciudad al grito de Limpia Madrid).

Pincha para ver la escena más salvaje de ‘El día de la bestia’.

– Noche de paz, noche de muerte

De qué película hablamos. Noche de paz, noche de muerte (Charles Sellier, 1984), una especie de reverso tenebroso de Batman: un niño ve cómo un tipo disfrazado de Papá Noel asesina a sus padres y acaba convirtiéndose en asesino disfrazado de Papá Noel.

La escena más salvaje. Papá Noel empalando a una de sus víctimas en una cabeza de ciervo.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. Podría haber sido una más de las decenas de películas de cuchilladas de los ochenta, pero una asociación de padres escandalizada por su tráiler, en el que además de Santa blandiendo un hacha aparecía una monja perturbada, exigió su prohibición y recogió firmas para evitar su exhibición. Eran los tiempos del conservadurismo de Ronald Reagan: la película fue retirada de los cines y su estreno internacional cancelado, pero el ruido generado fue suficiente para convertirla en un clásico del cine de terror y en una de las reinas del videoclub.

Una asociación de padres escandalizada por el trailer de ‘Noche de paz, noche de muerte’ exigió su prohibición y recogió firmas para evitar su exhibición.

– Rare Exports. Un cuento gamberro de Navidad

De qué película hablamos. Rare Exports. Un cuento gamberro de Navidad (Jalmari Helander, 2010), el Hormigas Blancas (aquel programa de Telecinco que repasaba la vida de personajes famosos del corazón) de Santa Claus.

La escena más salvaje. Cientos de ancianos elfos desnudos corriendo por el bosque para liberar a su amado amo. Y ninguno tiene el aspecto de Orlando Bloom.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. El debutante director Jalmari Helander fue el gran triunfador de Sitges 2010 con esta historia sobre el Joulupukki (en Laponia hace frío, pero yo me río, el abuelo Joulupukki es amigo mío, efectivamente no es la primera vez que escuchas ese nombre). Se trata de un ser con forma de cabra que asustaba a los niños y recorría las ciudades en busca de sobras navideñas y acabó dando origen al mito de Santa Claus. Un mito que ha sido envuelto en bonhomía y bondad, pero del que esta película finesa desvela la horrible verdad: el señor Claus es una bestia ansiosa de sangre que no duda en asesinar, secuestrar niños o zamparse a todos sus renos de la localidad.

Esta película finesa desvela una horrible verdad: el señor Claus es una bestia ansiosa de sangre que no duda en asesinar o secuestrar niños.

– Navidades infernales

De qué película hablamos. Navidades infernales (Lewis Jackson, 1980), la película navideña favorita de John Waters. Y con eso lo decimos todo.

La escena más salvaje. Papá Noel asfixiando con su saco a un padre que no había sido bueno. Para qué perder el tiempo mandando indirectas en forma de carbón dulce.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. San Valentín, Halloween, el Día de los Inocentes… Si el cine de terror fagocitaba todas las fechas ilustres del calendario gregoriano, ¿por qué la Navidad iba a ser especial? Eso se planteó el director Lewis Jackson cuando en 1980 dio forma al más icónico de los psicópatas navideños: el Papá Noel asesino. ¿La excusa? En lugar de regalos en un calcetín, cuando el pequeño Harry llega al salón lo que se encuentra es a su padre toscamente disfrazado de Papá Noel y practicando petting (magrearse con la ropa puesta, como adolescentes) con su madre. Algo que podría haberse solucionado con media docena de visitas al psicólogo deviene en un trauma enquistado que llevará al adulto Harry a creerse Papá Noel y actuar en consecuencia, aunque aportando un poco de estilo propio: premiará a los que hayan sido buenos, pero también castigará a los malos.

Si el cine de terror fagocitaba todas las fechas ilustres del calendario gregoriano, ¿por qué la Navidad iba a ser especial? Eso se planteó Lewis Jackson cuando dio forma al más icónico de los psicópatas navideños, el Papá Noel asesino, en ‘Navidades infernales’.

– Elves

De qué película hablamos. Elves (Jeffrey Mandel, 1989), la película que mezcló elfos, nazis e incesto.

La escena más salvaje. La madre de la protagonista ahogando un gato en el retrete.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. La respetada crítica Zena Dixon dijo de ella: “Si por algún motivo tiene una copia quémela, entierre los restos en un descampado y no se vuelva a mirar atrás”. Y consideramos que Zena tenía un buen día cuando la escribió. El típico pacto de sangre que cualquier grupo de amigas realiza de madrugada en un bosque tenebroso acaba despertando a una criatura maléfica que resulta ser parte de un proyecto para instaurar el Cuarto Reich cruzando elfos y mujeres de genética perfecta. Como es de rigor nadie excepto un expolicía alcohólico con un trabajo por horas como Papá Noel de grandes almacenes (Dan Haggerty, que se había convertido en una estrella televisiva gracias al bonachón y sanote Grizzly Adams), es consciente de que la humanidad está en peligro. Pero eso no es óbice para que él solito pueda desmantelar una conspiración nazi de envergadura mundial sin sacarse el cigarrillo de la boca. Propuesta de juego para la cena de Nochebuena: tómense un chupito cada vez que el protagonista encienda un pitillo. Será la cena más divertida de sus vidas.

Pincha para ver la escena más salvaje de ‘Elves’.

– Krampus. Maldita Navidad

De qué película hablamos. Krampus. Maldita Navidad (Michael Dougherty, 2015) o todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz acosada por un demonio alpino lo es a su manera.

La escena más salvaje. Una galleta de jengibre cobrando vida y vengándose del mordisco recibido.

Ojo al mensaje que quiere transmitir. La película que ha captado perfectamente el espíritu navideño contemporáneo —la mayoría de la gente preferiría estar ahogándose en un silo de trigo a compartir langostinos con sus concuñados, pero si llega el fin del mundo mejor tener al lado una carita conocida por muchos memes que hayas hecho a su costa— está destinada a ser el clásico que desbanque a Qué bello es vivir en el imaginario colectivo. Toni Collette, que como el edificio de Cazafantasmas, siempre acaba congregando malos rollos a su alrededor, y Adam Scott son los padres de un niño que a causa de las broncas de su disfuncional familia ha perdido la ilusión por la Navidad. Esto despierta las iras del Krampus, un demonio del centro de Europa que castiga a los que se ponen mohínos en las fiestas. Lo cual muestra muy poco espíritu navideño por su parte, pero no vamos a andarnos con sutilezas conceptuales con un diablo de forma caprina que tiene un ejército de juguetes asesinos.

En ‘Krampus. Maldita navidad’, una galleta de jengibre cobra vida para vengarse del mordisco que ha recibido.

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Papá Noel, al desnudo

Federico AstFollow Dec 22, 2014 · 8 min read

Recuerdo el día en que escribí mi primera carta a Papá Noel como si fuese ayer. Yo tenía apenas seis años, y le pedí una bicicleta. A la madrugada, mientras todos dormían, me escapé de la cama y me escabullí al arbolito. ¡Y allí estaba! ¡Mi primera bicicleta! Corrí al dormitorio de mis padres, exclamando:

“¡Vino Papá Noel! ¡Vamos a usar la bicicleta!”

Mi padre protestó pero aceptó. Medio dormido, salió conmigo a la calle. Subí a la bicicleta, tomé impulso y ¡crash! ¡La rueda delantera se desprendió! Pasé la Navidad en el dentista. De regreso en mi casa, con un diente menos, escribí a Papá Noel para expresarle mi indignación por la pobre calidad de sus productos. A las pocas semanas, recibí una respuesta.

Sr. Ast, gracias por sus comentarios sobre nuestros productos. Su reclamo está siendo revisado por nuestro equipo.

Cordialmente,

Atención al Cliente — Santa Industries

Como no volví a oír de ellos, algunos meses después volví a escribir. Pero recibí la misma respuesta. Desde ese entonces, adquirí la costumbre de enviar una carta por mes para recordarles mi problema. Y siempre recibía la misma monótona respuesta.

Sr. Ast, gracias por sus comentarios sobre nuestros productos. Su reclamo está siendo revisado por nuestro equipo.

Cordialmente,

Atención al Cliente — Santa Industries

Como dice el refrán popular, “persevera y triunfarás”. La semana pasada, tres décadas después del incidente, recibí la respuesta que tanto había esperado. Cuando regresé del trabajo, en la puerta de mi casa alguien había dejado una caja. Adentro estaba la mismísima bicicleta que mi padre había echado a la basura después de que rompió mi diente. Había una carta sobre el manubrio.

Sr. Ast:

Nos complace anunciar que hemos localizado la bicicleta averiada y la hemos reparado. Papá Noel desea disculparse personalmente por el inconveniente.

Por favor, acepte estos boletos para visitar la casa matriz del Polo Norte de Santa Industries.

Esperamos que, tras esta desafortunada experiencia, usted siga eligiéndonos.

Cordialmente,

Atención al Cliente — Santa Industries

“¡Despierte!”, exclamó mi vecino, mientras me cacheteaba. “¡Despierte!”

Cuando abrí los ojos, estaba tendido boca arriba.

“¿Qué pasó?”, pregunté.

“¡Se desmayó!”

“¡Oh, no! ¿Fue sólo un sueño? ¿Papá Noel no me envió la bicicleta?”

“¿De qué está hablando? Aquí está la bicicleta. ¿Qué tiene que ver Papá Noel? Parece que usted se golpeó fuerte la cabeza…”

Me levanté de un salto, recogí los boletos del suelo, y salí corriendo hacia la estación de tren.

“¿Está loco?”, me gritó mi vecino. “¡Acaba de desmayarse! ¡Llamaré a un médico!”

Pero nada ni nadie podrían haberme detenido en mi carrera hacia la terminal para tomar el Expreso Polar.

Papá Noel. Fundador y CEO de Santa Industries, líder mundial de la ultracompetitiva industria infantil. Su fortuna se estima en 155 millones de bitcoins.

El viaje pareció eterno entre los infinitos campos árticos de hielo. Una voz áspera me despertó de mi letargo: “¡Polo Norte! ¡Fin del recorrido!”. Mi corazón latía violentamente cuando puse los pies en el andén.

“Bienvenido al Polo Norte”, me saludó una bellísima elfa de ojos azules. “Soy Finduilas, Directora de Relaciones Institucionales de Santa Industries. Acompáñeme, por favor”

Comenzamos a caminar entre enormes depósitos. Cientos de duendes descargaban contenedores y envolvían regalos en un ambiente de febril excitación. Eran los preparativos para la Navidad. No pude contener la emoción y saqué una foto con mi smartphone.

“¿Qué hace?”, dijo Finduilas.

“¡Oh! Sólo quería tomar algunas fotos…”

“¡Eso está estrictamente prohibido!”

Guardé el móvil, avergonzado. Entramos a una imponente torre vidriada. Docenas de duendes iban y venían con tablets en las manos. Otros hablaban desde dispositivos telefónicos de manos libres.

“¿Qué quiere decir con que los fondos aún no se acreditaron en la cuenta?”, exclamó un duende.

“Su producto volvió a fallar las pruebas de calidad”, dijo otro. “Esta es su tercera infracción. Usted ya no califica como un proveedor confiable. Lo siento, son las reglas. No hay nada que pueda hacer al respecto”.

“¡Usted prometió que las cabezas de muñeca llegarían hoy!”, gritó otro. “¿Adónde están?”

“¿Navidad difícil?”, dije a Finduilas.

“¡Al contrario!”, replicó. “Este año esperamos cumplir con todas las metas de producción. ¡Será la mejor Navidad de todas!”

Ingresamos a una amplia habitación con las paredes cubiertas de monitores de LCD.

“Espere aquí, por favor”, dijo ella. “Papá Noel llegará enseguida. ¡Y ni se le ocurra tomar una foto!”

“¡Oh! ¡Claro que no!”

Mis rudimentarios conocimientos de IT me bastaron para entender que aquellos monitores mostraban pantallas de SAP con información sobre los mercados geográficos de la empresa: Estados Unidos, Europa Occidental, América Latina, etc. Curiosamente, las unidades de cuenta financieras no parecían estar en dólares, sino en bitcoins. Tan concentrado estaba en descifrar las largas columnas de números que me sobresalté cuando se abrió la puerta. Frente a mí, el mismísimo Papá Noel.

“Un placer conocerte, Federico”, me dijo con la sonrisa más cálida que haya visto. “¿Qué te pareció tu bicicleta? ¡La dejamos como nueva!”

“¿Cómo la encontraron?”

“Tuvimos un equipo trabajando en eso desde que recibimos tu reclamo”

“¿Un equipo trabajó treinta años en mi caso?”

“¡Por supuesto! ¡Somos una empresa enfocada en el cliente!”

“¡Oh! Pero no era necesario… Un simple pedido de disculpas habría sido suficiente. O quizá una bicicleta nueva…”

“¿Estás bromeando? ¡Nos enviaste 354 cartas a lo largo de 30 años! Una bicicleta nueva no habría sido lo mismo. ¡Tenía que ser ésa misma!”

Papá Noel abrió su maletín y vació el contenido sobre la mesa. ¡Allí estaban todas mis cartas!

“Siéntate, por favor”, dijo Santa mientras se quitaba el abrigo y apoyaba su iPhone 6 sobre la mesa. “Tu bicicleta no fue la única defectuosa. Ese año, más de 12 millones de unidades se rompieron. Fue la peor Navidad de nuestra historia”.

Papá Noel señaló a una pared tras de mí. Había recortes enmarcados de viejos artículos amarillentos de periódicos y publicaciones de negocios: “Niño con brazo roto en monopatín demanda a Papá Noel”, “Santa Industries retira del mercado 30 millones de automóviles de juguete tóxicos”.

“Esos recortes son un alarmante recordatorio de los costos de la mala gestión”, dijo el CEO con un largo suspiro. “Estábamos demasiado seguros de nuestro liderazgo. Creímos que los niños nunca dejarían de elegirnos, y caímos en la parálisis organizacional. Pero estábamos equivocados. Todos los años, perdíamos participación de mercado. Hasta que un día tomamos conciencia de que, si no cambiábamos, estábamos condenados a desaparecer”

Papá Noel sorbió de un vaso de chocolate caliente y prosiguió:

“Rediseñamos nuestros procesos y apostamos por la innovación. Imagina que no ha sido sencillo en una organización de nuestro tamaño. Santa Industries tiene miles de productos y un mercado global de 2000 millones de clientes”.

“¿Y cómo logran que todo funcione?”, pregunté. “¿Cómo hacen para dar a cada niño del planeta el regalo que pidió?”

“Todo empieza por conocer la demanda”, explicó Papá Noel. “En el pasado, miles de duendes leían cada carta y registraban los pedidos en formularios estandarizados. Era un proceso desesperadamente lento, costoso y plagado de errores. Hoy, las cartas son escaneadas y analizadas por un sistema de OCR que identifica palabras clave como ‘muñeca’, ‘bicicleta’, ‘videojuego’, etc.”

“¿No sería más eficiente recibir los pedidos a través de una plataforma online?”, pregunté.

“¡Pues claro que sería más eficiente!”, replicó Papá Noel, fastidioso. “Pero, ¿qué pasa con el espíritu navideño? ¿Acaso podemos reemplazar las cartas por un frío formulario? Nosotros no somos Amazon”

“Es cierto que no sería lo mismo…”, admití. “Entonces, una vez que analizan las cartas, empiezan a producir, ¿verdad?”

“¡Jo, jo, jo! ¡Recibimos 2000 millones de cartas en diciembre! ¿Cómo podríamos producir todo en un mes? ¡Eso generaría enormes cuellos de botella en las fábricas! Producimos los juguetes a lo largo del año, en base a las estimaciones de nuestros algoritmos de predicción de demanda. Tenemos un talentoso equipo de Data Mining. En diciembre, nos dedicamos únicamente a los pedidos específicos”.

“Ahora la pregunta del millón. ¿Cuál es el secreto del sistema de distribución?”

“¿Secreto? No hay ningún secreto. Yo distribuyo los regalos con mi trineo. ¿No lo sabías?”

“¡Vamos! ¿Cómo podría distribuir 2000 millones juguetes en una noche? ¿Y cómo resuelven el típico problema logístico de la última milla? ¿Tienen una alianza con Fedex? ¿Utilizan drones?”

“¡Claro que no! Yo mismo distribuyo los regalos”

“Pero, ¿cómo podrían caber 2000 millones de paquetes en un trineo?”

“¡Así es como ocurre!”, contestó Papá Noel, enojado. “La navidad es magia. Es una pena que no puedas sentirla. Ahora, si me disculpas, tengo mucho trabajo que hacer. Gracias por tu visita. Buenas tardes”.

Papá Noel abandonó la habitación. Un minuto más tarde, apareció Finduilas.

“Venga conmigo, por favor”, dijo. “Lo llevaré a la estación”.

Nos echamos a andar por los pasillos, entre los duendes que seguían transmitiendo desesperadas órdenes desde sus dispositivos de manos libres.

Finduilas. Corporate Affairs Manager de Santa Industries, la elfa más poderosa del Polo Norte.

“Disculpe mi intromisión…”, dijo Finduilas tímidamente. “¿Qué pasó allí dentro? Nunca había visto a Papá Noel tan molesto”.

“Sólo le pregunté por el sistema de distribución. No creía que él mismo pudiera distribuir 2000 millones de regalos en una noche”.

“¿Por qué preguntó eso?”

“El público tiene derecho a saber”, contesté con firmeza.

“En Navidad, los niños de todo el mundo se despiertan temprano para abrir el regalo que Papá Noel les ha llevado personalmente. ¿Qué necesidad hay de investigarlo?”

Seguimos avanzando con paso cansino hasta el Expreso Polar, que aguardaba humeante en la estación. Me recliné con pesar sobre mi asiento. ¿Tenía el extraño honor de ser la primera persona en hacer enojar a Papá Noel?

Bitcoin. Santa Industries reemplazó el oro por el bitcoin como unidad de cuenta para sus activos financieros.

El tren partió. Tras girar en la primera esquina, ví a decenas de duendes cargando bellísimos paquetes en un trineo, mientras otros peinaban y acicalaban a los renos. Allí estaba el CEO dando indicaciones. De pronto, Papá Noel se dio vuelta y me sonrió. Aquella sonrisa de indescriptible calidez me convirtió en un creyente.

“Sólo la magia de Papá Noel puede meter 2000 millones de regalos en un trineo…”, dije a mi compañero de asiento, un duende de largas barbas grises.

“Está bromeando, ¿verdad?”

“Claro que no. ¿Por qué lo dice?”

“¡Sólo un imbécil creería eso!”

“¿Y cómo hace entonces?”

“Cuatro viajes, con 500 millones de regalos en cada uno”.

“¡Imposible! ¿Cómo podría cargar el trineo cuatro veces con 500 millones de regalos en una sola noche?”

El duende me echó una mirada de desprecio.

“¡Pobre idiota! ¿Aún no entiende? ¡Papá Noel tiene cuatro trineos!”

Se lo sabe casi todo de memoria. Ha estudiado durante un año y ahora llega el momento de la verdad: el día veintitrés de diciembre a las nueve de la mañana.

Pedro, un hombre gris dentro de un entorno gris. Se viste, en esta ocasión, de azul marino con el traje de boda que le ha prestado su hermano.

Se levanta a las siete de la mañana. Por la ventana, las luces del amanecer se reflejan en la veleta de la torre, mientras el viejo reloj toca las campanas, anunciando el día a los que vuelven a casa después de una larga noche de fiesta. Y a los madrugadores despertándose para acudir a sus obligaciones.

Nieva copiosamente.

Pedro se dirige al viejo edificio del Ayuntamiento de la ciudad donde en un decrépito salón de actos, va a tener lugar el examen.

Señores, señoras, por favor vayan entrando por orden alfabético. Tienen un lugar destinado para cada uno. En las filas de adelante están de la A a la E, a continuación de la F a la J. Luego viene la H…

Una bella mujer morena vestida con un traje rojo ceñido y cuello de visón, da la bienvenida a las trecientas personas que han acudido la víspera de Nochebuena a demostrar sus conocimientos. Sólo tres van a ser admitidos.

Se escuchan cercanos a los niños de la escuela municipal, ensayando villancicos para la fiesta de Navidad.

Sobre el lucernario del salón, caen los copos de nieve, dando al recinto un aire entrañable y navideño, a pesar de la seriedad del asunto.

Pedro, de apellido Fernández y Fernández, está cerca del estrado. A su lado, otros hombres y mujeres, disimulan su nerviosismo masticando chicle u observando a sus rivales con curiosidad.

Primera pregunta, ¿saben ustedes el color de los calzoncillos de Papá Noel?

Murmullos y alguna risa floja por el nerviosismo, se escuchan en la sala.

No es una broma, continúa la mujer. Debido a las fechas señaladas en las que nos encontramos, la dirección ha querido hacer esta pregunta que no viene a ni a cuento, ni en el temario. Quien la responda, obtendrá mayor puntuación.

Segunda pregunta: Fecha en que Goya pintó “Los Fusilamientos del Dos de Mayo”. Tercera pregunta, y esta es para extenderse: “El Arte Rupestre en Santillana del Mar”. Cuarta pregunta: nombre completo del arquitecto, escultor y pintor italiano Miguel Ángel ¿a qué época y a qué estilo pertenecía? Quinta pregunta:

Mientras suelta las preguntas y los opositores las copian en sus hojas de papel, Pedro nota un vuelco en el corazón. Como si estuviera quedándose sin aire. Bebe un sorbito de agua de la botella que trae, lo que le ayuda a relajarse y a sentirse mejor.

La cuestión es que, de las preguntas número dos a la veinte, se las sabe todas. Pero la primera, ¿es una pregunta trampa? ¿Una broma de mal gusto? ¿Acaso un guiño a la época del año? ¿O qué?

Necesita pensar para intentar salir del atolladero que se le ha ocurrido a algún graciosillo para dar más emoción al momento.

Intenta recordar las cosas buenas de la Navidad. Tiene un amigo que ha sido director de intangibles de un periódico de gran tirada, y en una ocasión le dijo: el espíritu de la Navidad, está dentro de uno, Pedro, hay que saber encontrarlo…

La preguntita tiene sus bemoles. Nuestro hombre recuerda la vestimenta de Santa Claus. Un traje rojo con cuello y puños de borreguillo, botas de cuero negras y un gran gorro también rojo.

Pero, en todo caso, la ropa interior nunca aparece en las felicitaciones navideñas. Así que hace un esfuerzo por recordar.

Y recuerda una de un bar de alterne donde en una ocasión fue a tomar una copa. Nada más que a eso. Su timidez le impidió avanzar. A la Navidad siguiente le enviaron un Christma.

En la tarjeta estaba Papa Noel desnudo rodeado de mujeres algo ligeritas de ropa, -ahora lo recuerda bien-. Y sus atribuciones masculinas a la vista y en posición de asalto.

No le vale.

Todo esto le distrae.

Una compañera, sentada delante, gordita y pecosa, se vuelve y le guiña un ojo. El muchacho de al lado, le ha dado un ataque de pánico y los securatas han tenido que llevárselo entre gritos y puñetazos. Rosa, su vecina mejicana, con la que ha compartido algún café en aburridas tardes de oposición, tararea una ranchera con aguda voz de soprano. El aire se corta a cuchillo.

Entonces, ocurre algo no previsto. El alcalde de la ciudad entra en la sala vestido de Papá Noël, seguido de sus concejales que llevan bolsas de polvorones, peladillas y globos y que reparten entre los presentes. Le sigue la orquesta municipal de gala tocando “Los peces en el río”.

Todo es absurdo y rocambolesco. Una jovencita examinanda con coletas, pregunta a voz en grito al alcalde:

¿De qué color es su calzoncillo, jefe?

Sin querer escuchar el grito, el alcalde, abraza a los presentes mientras va repartiendo décimos de lotería.

Cambio de escenario.

En una sala de juntas de fría decoración minimalista, un joven ejecutivo, explica con entusiasmo lo ocurrido en la escena anterior.

Esto es lo que he pensado… Creo que sería un buen anuncio, dice Pedro, después de su presentación en Power Point, ante una larga mesa, donde le escuchan atentamente unas veinte personas, de las cuales casi todas son ciegas.

Magnífico, dice una voz al fondo de la sala. Pero, se me queda una pregunta en el tintero que se harán todos los que vean el anuncio en Navidad, un anuncio que tiene que ser el más visto de todo el año y que tiene que acabar lógicamente con un buen final. Un final feliz. Así que:

¿De qué color son los calzoncillos, Pedro?

Señor, musita Pedro, mientras piensa ¿qué le importará a este ciego de los cojones si no puede ver los colores?

Barry McBee dijo que sólo quiso provocar sonrisas a sus vecinos con la figura de 1.53 metros (5 pies), en contraste con la imagen tradicional del personaje gordito y sonriente, conocido en diversos países latinoamericanos como San Nicolás, Papá Noel y Viejo Pascuero.

Sin embargo, algunos residentes empezaron a llamar a las autoridades municipales de Big Spring para decirles que sus hijos les preguntaban por qué Santa Claus estaba desnudo.

«Me gusta asombrar a la gente para hacerla reír, como para romper un poco la monotonía por aquí», dijo McBee, que tiene todo tipo de ornamentos en el garaje.

La semana pasada, las autoridades encargadas de hacer cumplir los códigos edilicios recibieron una queja informal y un agente fue a fotografiar el lugar donde McBee había colocado la estatua, que está normalmente en el jardín trasero.

La escultura, en un vértice del lote, no violaba ninguna ordenanza municipal y la copia de una de las estatuas más famosas del mundo tampoco implicaba obscenidad, dijo Linda Sjogren, abogada de la municipalidad en Big Spring, a unos 465 kilómetros (290 millas) al oeste de Dallas.

Sin embargo, Sjogren, preocupada de que siguieran las quejas, decidió consultar a otros sobre una posible solución. Escribió una pregunta en el cibersitio de la Liga Municipal de Texas, a la que alguien respondió en Facebook.

Sjogren dejó un mensaje telefónico a McBee la semana pasada pidiéndole que le pusiera más ropa al David. McBee accedió después que sus propios amigos le hicieron una broma poniéndole a la estatua unos pantaloncillos cortos con un moño navideño.

«Creo que si ofende a algún niño, ésa no fue mi intención», afirmó McBee.

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