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Patatas en la barbacoa

Patata asada: 5 formas de preparar esta receta

¿Cómo hacer patatas asadas?

Lo primero que tenemos que saber es cómo vamos a preparar la patata asada. Normalmente, la haremos al horno, pero es posible que en una época un poco más calurosa la preparemos a la brasa en una parrilla.

Patata asada a la parrilla

Si esta última opción fuera la elegida, entonces, solo necesitamos tener encendidas las brasas, y el papel de plata. El primer paso es coger la patata y envolverla en el papel. A continuación, le hacemos unos agujeros con un tenedor traspasando el papel y la patata. La ponemos en la parrilla con cuidado de no quemarnos. Depende del tamaño de la patata, pero en una media hora estarán listas.

Patata asada al horno

Si la opción elegida es preparar la receta al horno, lo haríamos como si la preparásemos en las brasas, pero en el horno. La diferencia es que se tarda algo más en cocinarse.

Lo primero que hay que hacer, es precalentar el horno a unos 220 grados. Saca la bandeja y la parrilla del horno. Después, cortamos un trozo de papel de aluminio y colocamos nuestra patata encima, le echamos un poco de sal y pimienta y la envolvemos. La colocamos encima de la parrilla y repetimos los pasos dependiendo de cuantas patatas queramos hacer. Una vez tengamos todas las patatas envueltas en la parrilla, introducimos la parrilla en el horno, con cuidado de no quemarnos. Lo dejamos una hora, más o menos. Mientras podemos pensar con qué vamos a tomarlas.

5 formas de comer la patata asada

Ya sabemos cómo asar una patata, así que ahora nos toca decidir cómo vamos a tomarlas. Te proponemos 5 formas de comer patata asada:

1-Patata asada con pimienta y sal

Esta receta es todo un clásico. Solo tenemos que desenvolver la patata, partirla por la mitad, echarle un poquito de pimienta y un poquito de sal, y listo. ¡Una delicia de lo más sencillo!

2-Patata asada con queso gratinado

Otra manera deliciosa de comer patatas asadas es la siguiente: una vez hechas, las sacamos, abrimos el papel y la patata y le echamos un poco de queso para gratinar. Las volvemos a meter al horno unos minutos para que se funda el queso y, ¡ya tenemos otra forma de preparar patata asada!

3-Patata asada rellena con jamón y queso

Cuando hacemos patatas asadas, muchas veces el objetivo es rellenarlas después. En este caso, vamos a ponerle jamón y queso. Una receta sencilla, pero con mucho sabor.

Necesitamos unos taquitos de jamón y unos taquitos de queso. Ponemos una sartén con un poco de aceite de oliva y lo salteamos. Sacamos las patatas de horno. Le quitamos el papel de plata y abrimos las patatas por la mitad. Las vaciamos y en un bol, mezclamos el queso y los taquitos de jamón con la patata y las volvemos a rellenar con la mezcla. De esta manera, todos los ingredientes estarán integrados perfectamente en la receta.

4-Patata asada rellena con atún y maíz

Vamos a rellenar otra de nuestras recetas de patatas asadas con maíz Bonduelle y atún. Si nos apetece, podemos echarle un poco de mayonesa. Lo primero es sacar las patatas del horno, y como hemos hecho en las otras recetas, les quitamos el papel y las abrimos. Le echamos el maíz y el atún mezclado en cada una de las patatas. Fácil, ¿verdad?

5-Patata asada con vinagreta

Esta última receta es la alternativa a echarle salsas como la mayonesa a la patata asada. La idea es aliñar la patata con una vinagreta. ¿Qué ingredientes necesitamos para preparar la vinagreta? Necesitamos cebolla, pimiento verde, pimiento rojo, aceite de oliva virgen extra, sal y vinagre de Módena.

Picamos las verduras en cuadrados muy pequeños y lo echamos en un bol con sal, aceite de oliva virgen extra y el vinagre de Módena. Lo mezclamos todo bien.

A continuación, sacamos las patatas del horno, les quitamos el papel de aluminio y las partimos por la mitad. Podemos sacarles el relleno y mezclarlo con la vinagreta y rellenar después las patatas, o bien, podemos servir la vinagreta aparte para que cada comensal vierta lo que quiera en la patata. ¡Que aproveche!

Pataticas en la chimenea

He vuelto a analizar el registro de visitas y referencias de la página web y vuelvo a encontrar una y otra vez gente que accede aquí buscando «Cómo asar patatas en la chimenea». Me dan pena, que aquí las patatas son tabú.

¡Patatas! Demoníaco invento que consigue que unas albóndigas, por ejemplo, te engorden (además de estar deliciosas, claro), que hacen que, friticas en aceite de oliva, tu colesterol le moje los dobladillos de la túnica a San Pedro, que crujienticas recién sacadas de su bolsa se te pongan los michelines a bailar una conga, etc. etc.

¡No más patatas, por Dios! Cuentan que a los irlandeses, tan sabios ellos -no olvidemos que inventaron la música de taberna, más o menos- hubo de convencerlos con artimañas para que las comieran y que los pobres, engañados, enganchados y, supongo, más gordos que antes se murieron a puñados cuando llegó el escarabajo y los despatató sin piedad.

Se puede vivir sin patatas. Yo hace año y pico que no las pruebo y no me ha pasado nada. Se puede tener chimenea, hace muchos años que la tengo y nunca (Ejem, ejem…) he asado una patata en ella. Pero también se puede tener una web anti-patatas y aún así poner una receta de cómo se asan las malditas engordadoras en la chimenea.

Por tanto, y por penica que me dan todos los que habíendose acabado de comprar una chimenea -o estufa, que también vale-, cayendo con ello en la esclavitud del «tráete unos tronquicos» de su mujer, y asediados por el «ahí unas pataticas asadas tienen que estar buenísmas ¿Eh, cariño?», entran desesperados en esta web buscando soluciones, os doy una receta de «Cómo hacer patatas asadas en la Chimenea».

Partidicas y con papel de aluminio
PATATAS ASADAS EN CHIMENEA. Receta ideada para rentabilizar todos los viajes a la leñera y para quitar de tus dedos el olor a pastilla de queroseno de encender el maldito invento.

Ingredientes:

Patatas medianas
Ajos
Sal
Pimienta
Aceite de oliva
Vino tinto del bueno
Aceitunas amargas

No pelar las patatas, tan solo lavarlas bien y llevadlas a la mesa con el resto de los ingredientes. Allí, cada uno elije la/s suya/s y, sacando tu navaja si eres hombre o pidiéndola a tu marido, si no lo eres, las cortas por la mitad. El más habilidoso y de navaja más afilada, pela unos dientes de ajo y los corta en láminas.

En una de las mitades cada uno se pone unas láminas de ajo, sal, pimienta negra y unas gotas de aceite según su gusto y luego vuelve a unir las dos mitades y las envuelve en papel de aluminio.

Esperáis hasta que en la chimenea sólo queden brasas, no troncos ardiendo, hacéis un huequito en las brasas, colocáis en él las patatas (que cada uno se quede con la posición de la/s suya/s, para que no haya lío) y las cubrís con más brasas. Las dejáis allí hasta que al presionar la patata notemos que esta ceda y sea blanda al tacto. No hay un tiempo fijo, porque depende del tamaño de la patata y de lo fuertes o flojas que estén las brasas. Digamos que entre 30 minutos, una hora o más.

Tal que así, las brasicasQue el tiempo de espera sea ambiguo no es un problema, al contrario, permite a todo el mundo hurgar en las brasas con el atizador, cosas muy emocionante para los niños, hablar, discutir y hacer pruebas y apuestas a la rojiza luz de las brasas, mientras se le dan tientos al vino y se echan al fuego los huesos de las aceitunas. Parte importante de la cuestión que si vas a engordar que sea pasándotelo bien.

Cuando estén hechas, las retiras, quitas el papel de aluminio, las abres y les puedes añadir un poquito más de aceite y más pimienta y sal. A tu gusto.

Ya está puesta la jodía receta. Si tenéis chimenea, a comer y engordar. Si no tenéis, pasaos por casa cualquier tarde de éstas de invierno (que la Consu no trabaje, claro, que si no dice que la discrimino) y nos echamos unas risas mientras vosotros os hacéis y coméis las patatas y yo, mientras, os predico la bondad de la vida sana. Haréis feliz a la Consu y a mí también.

¿Que cómo salen de buenas?… ¡Para qué os voy a contar! que se dice en mi pueblo.

Entrecot a la brasa con patatas asadas y pimientos, un plato del menu. – Picture of La Cantera, Zaragoza

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Las patatas asadas son uno de los manjares más sencillos y sabrosos que se pueden preparar en un horno o unas brasas: mientras algunos miran con ojos tiernos el chuletón que chisporrotea sobre la parrilla, otros esperamos con ansia a que estas deliciosas solanáceas se quiten el traje de papel de plata para zampárnoslas sin piedad. Prepararlas no tiene demasiado misterio, siempre que sepas qué tipo de patata escoger, cómo cocinarlas y con qué aderezarlas para que den lo mejor de sí mismas. ¿Que todo esto te suena a chino? Estás a cinco minutos de lectura de ser un experto patatero.

La variedad

Empecemos por lo más importante: ¿qué tipo de patata debemos escoger? La Monalisa es un clásico de los más apañados, aunque son un poco sosas. Si buscamos un sabor un poco más intenso podemos apostar por la Kennebec, la agria o la flamenco, como nos contó Ana Vega ‘Biscayenne’ en este completísimo artículo patatero. Si usamos una patata nueva tirando a pequeña -como las de platillo o “del chef”- y las lavamos muy bien previamente, podremos disfrutar del delicioso contraste entre la piel fina y la carne tierna y melosa.

Al fuego

El papel de aluminio protege las patatas del calor directo de las brasas o la llama, además de permitirnos darles sabor durante la cocción, por ejemplo añadiendo unas hojas de tomillo o romero. En la web Livestrong recomiendan usar doble capa si se van a hacer sobre el fuego y no sobre brasas, además de hacer unos agujeros con un tenedor y frotarla con un poco de mantequilla. También pueden abrirse por la mitad, rellenar con hierbas y un poco de mantequilla, volver a cerrar y envolver en papel de plata: quedan melosas y listas para comer (añadiendo un poco de sal y pimienta). Podemos asar patatas grandes de una en una o de tamaño más pequeño en paquetitos de tres o cuatro: lo importante es que queden planas para que todas tengan contacto por igual con la fuente de calor.

Nunca vegetarianos y carnívoros estuvieron tan de acuerdo. MIREIA RODRIGUEZ

Una lata vacía con las patatas dentro también puede hacer las veces de pequeño horno en este tipo de cocción, en la que hay que vigilar de cerca las patatas y darles la vuelta cada cinco minutos -el tiempo total depende del tamaño, puede rondar los 20 minutos- para que no acaben churrumadas. Si lo que queremos es aprovechar unas brasas, podemos ponerlas sobre ellas y luego cubrirlas con más brasa: es la mejor opción si queremos que se hagan solas mientras estamos a otras cosas (como comer). Si son de tamaño mediano, cuando la brasa se haya enfriado -en una media hora- estarán listas.

Al horno

En este caso, podemos escoger si queremos cocinar las patatas enteras o troceadas y previamente aderezadas, una sutileza que el fuego no permite. No suele fallar mezclar diferentes tipos de patatas -lo que nos dará diferentes sabores y texturas en un mismo acompañamiento- cortadas en trozos de tamaño parecido y llevarlas al horno en una bandeja con ramas de tomillo y romero, chalotas y dientes de ajo a los que hayamos dado un golpe para que suelten aroma. Un buen chorro de aceite, sal y pimienta y un minuto de masaje para que se mezclen los sabores y ya podemos olvidarnos: el resto del trabajo lo hace el horno.

Para conseguir una patata tierna por dentro y crujiente por fuera podemos darles una doble cocción: unos 30 minutos a 180 grados -removiendo un par de veces para que se hagan uniformemente- y unos cinco más a 220 nos ayudarán en nuestra búsqueda del Santo Grial patatero. Para que haya aún más variedad de sabor -y color- podemos invitar a un par de boniatos a la fiesta.

Los restos

Si habéis calculado mal la cantidad y sobran, se pueden reciclar las patatas en una ensalada fresca con pepino y cebolla marinada para la cena -después de una barbacoa tampoco cabe mucho más-, una con curry y espinacas o unas falsas bravas con tres salsas. Cortadas pequeñas y doradas con un poco de aceite en una sartén antiadherente pueden acabar en una tortilla tan poco canónica como apañada, y aplastadas en una olla a fuego lento, con un poco de mantequilla y algo de leche, en un rico puré que podemos rematar con un huevo cocido cuatro minutos y medio.

Hay vida más allá del chuletón. MÒNICA ESCUDERO

Para recalentarlas -y de paso conseguir una apetitosa costra crujiente-, pueden abrirse por la mitad y dorarse por la parte de dentro durante dos o tres minutos en una sartén a fuego alegre con un chorrito de aceite o una nuez pequeña de mantequilla. Lo ideal es consumirlas como mucho de un día para otro para que no tengan que pasar por la nevera: si lo hacen, cogerán una textura chicletosa y nunca volverán a recuperarse.

SIETE ACOMPAÑAMIENTOS PARA PATATAS ASADAS

Mantequilla de hierbas

Mezclar 100 g de mantequilla en pomada aromatizada con hierbas picadas y especias al gusto (albahaca, perejil, romero, pimienta, pimentón, comino, chile, ajo…), sal en escamas y pimienta. También puede usarse para untar en pan, aliñar un plato de pasta o rematar un estofado, además de un filete a la plancha o barbacoa.

Crème fraîche con cebollino

Mezclar 250 g de crème fraîche o queso quark con cuatro cucharadas de cebollino finamente picado. Añadir sal y pimienta al gusto y la ralladura de la piel de medio limón (solo la parte amarilla). Si se quiere, añadir también un chorrito de limón, batir bien y llevar a la mesa: también queda muy bien con remolachas asadas o cocidas.

Aliño de ajo confitado y vinagre de Módena

Confitar a fuego muy lento –sin que borbotee– ocho dientes de ajos pelados y partidos por la mitad a lo largo en medio vaso de aceite de oliva. Dejar enfriar, aplastar los ajos con un tenedor (o en un mortero) y añadir un chorro de vinagre de Módena, una cucharada de perejil y sal y pimienta al gusto.

Mantequilla de sardinas y piparras

Mezclar 100 g de mantequilla en pomada con medio diente de ajo rallado o picado muy fino, una lata de sardinas bien escurridas sin escamas ni espinas, ½ cucharadita de hojas de tomillo seco, media docena de piparras bien escurridas y troceadas, sal y pimienta. Si se guarda en la nevera en un tarro o cubierta con film de cocina, dura tranquilamente un par de semanas. Puede usarse en canapés.

Ricotta, tomate seco, aceitunas y albahaca

Triturar o picar muy finos 80 g de tomates deshidratados en aceite (si los tenemos secos, ponerlos media hora en agua caliente, escurrir y dejar en aceite con un par de dientes de ajo hasta el momento de consumirlos). Mezclar con 200 g de ricotta o requesón, aceitunas verdes sin hueso picadas y albahaca. Ajustar de sal y pimienta y servir.

Salsa de aguacate y pollo asado

Picar a cuchillo una pechuga de pollo asada (es perfecto para reciclar alguna que se haya quedado un poco seca en la barbacoa). Mezclar con dos aguacates maduros, cebolla picada al gusto, zumo de lima y cilantro.

Tofunesa brava

Triturar 200 g de tofu suave con 60 ml de aceite de oliva suave, un diente de ajo -o al gusto- y salsa picante o cayena en polvo. También puede usarse para mojar crudités de pepino, pimiento o calabacín, palitos de pan o regañás.

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