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Persona obsesiva y controladora

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Con seguridad, en alguna ocasión, te habrás encontrado con una persona que te ha convencido de lo que a ti te conviene, de manera oportuna resulta que aquello que según ellos te conviene a ellos les va como anillo al dedo y al final caes en la cuenta que lo que estás haciendo no es tu deseo.

Individuos manipuladores y sus vicios

Estos individuos no tienen reparos en el momento de solicitar que dejes a un lado tus necesidades por el bien de todos. Son personas que, al obtener lo que querían de ti, no te dan ni las gracias.

A estos individuos suelen ganarse la etiqueta de manipuladores, y desafortunadamente la sociedad está repleta de ellos. Son muy hábiles haciendo que dudes de tus capacidades sintiéndote vulnerable o por debajo de los demás. La capacidad que tienen para distorsionar las creencias ajenas les fortalece en el momento de atraerte hacia su campo de juego, convenciéndote de que no puedes hacer algo o que lo deberías hacer a su manera puesto que es él quien sabe cómo van las cosas.

Su fortaleza radica en la explotación emocional (y en el chantaje emocional); esto es, manejan tus emociones produciéndote un sentimiento de culpabilidad, una culpa del todo infundada, y que da pie a que termines cediendo a sus deseos.

¿Cómo son los manipuladores?

Así que de esta forma los manipuladores consiguen hacerse con el control hallando recompensa de su presa y además de manera calculada. En el artículo de hoy trataremos de identificar las actitudes manipuladoras para ponerles freno.

1. Están especializados en detectar las debilidades ajenas

Absolutamente todos tenemos debilidades, y son el instrumento que utilizan para herirte, puesto que si titubeas en lo que crees, hay algo que te produce vergüenza y deseas ocultar, la persona manipuladora tratará de averiguarlo y, si se da la ocasión, podrá usarlo en tu contra.

2. No se detendrán hasta conseguir lo que desean

Muestran pocos reparos a la hora de pisar a quien sea, para ellos el fin justifica los medios. Cuando van a actuar no les tiembla el pulso para hacer lo necesario con el propósito de alcanzar sus objetivos, con todo ello sus conductas suelen pasar desapercibidas ya que son buenos actores.

3. Son insaciables

La manipulación les hace sentir poderosos y, como suele ocurrir con el poder, siempre desean más. Sus principios morales están algo dañados, al ser conscientes que por sí mismos son incapaces de alcanzar un objetivo, pero que su capacidad manipuladora puede proporcionarles llegar a su meta haciendo uso de los méritos ajenos, a espaldas de los demás. Les colma la ambición, unas ansias que al igual que la droga les produce una especie de adicción.

4. Necesitan el control

El manipulador suele padecer el conocido como complejo de superioridad; suelen ser personas con rasgos cercanos al egocentrismo y al narcisismo. Les gusta superarse a sí mismas y superar el nivel alcanzado anteriormente, en busca de retos cada vez mayores.

No obstante, las personas que sienten la necesidad de considerarse superiores a los demás, incluso seres perfectos, medrando a través de los méritos ajenos, denotan una cierta inseguridad la cual revisten con la apariencia de poder, pero que en el fondo ocultan un miedo apabullante a mostrarse débiles.

¿Son iguales todos los manipuladores?

Dado que la manipulación es un arte, podemos decir que el don de manipular consta de diferentes capacidades y habilidades, se pueden reconocer distintos tipos de manipuladores dentro de esta categoría. Los conocemos a continuación.

1. El incitador

Un caso típico, en este caso opuesto a los dos anteriores citados. Hace alarde de fuerza, y no solo, sino además de cierta agresividad. En este caso si eres una persona pasiva cederás para ahorrar tener que enfrentarte a él. De tal manera que “ad baculum” el manipulador consigue mediante la coacción lo que quiere, es el caso de las personalidades de tipo antisocial.

2. El desprestigiador

El narcisismo de este sujeto es especialmente marcado. Simplemente se siente perfecto, es un mirlo blanco, jamás ha roto un plato. Él es la medida de las cosas, su regla es la única que vale. Este “don perfecto” hará hincapié en que estas equivocado cada vez que digas algo, cuando tenga la oportunidad pondrá de relieve tus defectos y te ridiculizará con su sarcasmo. Son personas que se dedican a juzgar a las demás pero que no suelen mirarse en el espejo si no es para alabarse a sí mismos.

3. El interpretador

Este tipo en concreto es de especial nocividad cuando de un grupo de personas se trata, ya pueda ser el trabajo o la familia, tiene una personalidad maquiavélica y retorcida, actúa extrayendo tus palabras y cambiarles su sentido, un sentido intencionadamente diferente al mensaje que tu querías comunicar.

Con este ardid conseguirá que desees haberte tragado tus palabras, que estas no eran apropiadas, que te has pasado de la raya o que no has pensado lo que decías hiriendo así a otra persona. Metamorfoseando de esta manera tus palabras, comunicándolas a la persona que más le conviene y modificando su intención, por lo que puedes acabar siendo el malo de la película.

4. La víctima

A este sujeto el mundo le ha hecho daño, no cesa de lamentarse que todo lo malo le pasa a él y de preguntarse a sí mismo “¿por qué a mi?”. Se centra mucho en su propio dolor, escudando sus actitudes y conductas reprobables bajo el victimismo, Siempre es el más desafortunado, muy por encima de los demás.Este tipo de cuadro conductual suele conocerse como el síndrome de Job.

Además, induce a pensar que son los otros los que abusan de él, reclama justicia y se tiene a sí mismo como a un inocente maltratado, de esta manera crea un discurso para que tú te sientas culpable de su infortunio y lo injusto que es el mundo con él. Entonces, suelen aprovechar ese discurso para que bajes la defensa y te obligarte a acceder a lo que te pida por lástima o por culpa. Más tarde te embargará la decepción, porque no es lo tú realmente querías, pero ya ha conseguido su objetivo mediante su lloriqueo.

5. La rémora

Esta clase de manipulador se vale de tu propio ego. Es capaz de hacerte sentir superior, a tu lado él es menos que nada, un ser débil y torpe, y está claro, incapaz de hacer nada mientras que tú sí, de este modo acabarás haciendo lo que él no puede.

La conmiseración que te produce y tu propio ego de fortaleza harán que te obligues, inconscientemente, a realizar aquello que el manipulador no desea hacer. De esta forma tuyas serán las consecuencias de tal ejercicio sin obtener más recompensa que la vacua sensación de capacidad lo que más tarde se convertirá en un derroche de esfuerzo por el cual no ha valido la pena además del consiguiente agotamiento.

¿Cómo protegernos de este tipo de personas?

Existen distintos tipos de manipuladores, como hemos podido ver. Ahora bien, ¿qué precauciones podemos tomar para evitar caer en sus juegos psicológicos?

1. Ser conscientes

Lo primero que debemos hacer es tomar consciencia de la manipulación. Hay derechos que son inviolables y que no se pueden traspasar, esos derechos son los siguientes:

  • A ser tratado con respeto.
  • A establecer tus propias prioridades.
  • A expresar tu opinión y como te sientes.
  • A defenderte física o emocionalmente.
  • A decir «no» sin sentir culpa.

Si te relacionas con alguien y sientes que tus derechos están siendo menoscabados, considera que puede que estés siendo víctima de un manipulador.

2. Guarda la distancia de seguridad

Mantén la distancia emocionalmente, al igual que cuando se conduce mantenemos la distancia de seguridad para no topar con el otro vehículo y ahorrarnos un accidente. No permitas que nadie invada tu espacio ni te aproximes a su tela de araña para evitar ser cazado. Nadie podrá herirte sin tu consentimiento.

3. Tú no tienes culpa

Si contestas no a alguna pregunta de las que hemos citado con anterioridad, considera que puede que tú seas la víctima y no al revés. Hay ciertos aspectos de la realidad que te circunda sobre los cuales puedes ejercer un control, sin embargo, la mayoría de las cosas no están en nuestra manos, así pues, no tienes la culpa de lo que sucede a tu alrededor, de manera que si empiezas a sentirte de dicha manera, procura averiguar lo que pasa.

Cuestiona:

  • ¿Te parece que lo que pides es razonable?
  • ¿En tu opinión qué debería decirte?
  • ¿Estás pidiéndomelo o me lo dices?

Cuestiones como estas harán considerar al sujeto manipulador que ha sido delatado y probablemente busque a otra persona a la que embaucar.

4. Tómate tu tiempo

No respondas a sus demandas inmediatamente, antes debes reflexionar. Los manipuladores, frecuentemente, ejercen presión sobre sus víctimas de manera que estas no se demoren en el momento de acceder a sus demandas. Saber reconocer estos momentos es fundamental para no permitir que la presión del momento haga ceder a la racionalidad, haciendo que los intereses de otros nos pasen por delante.

5. No dudes

No vaciles en tus convicciones y mantente firme en tus afirmaciones. Los manipuladores son muy hábiles a la hora de interpretar tu comunicación no verbal, si dudas se percatarán de ello y ejercerán más presión hasta hacer que finalmente cedas.

En conclusión, si te topas con una persona que actúe así es necesario que logres desenmascararla. Si es posible, debes intentar ayudar a ese individuo para que vaya siendo consciente de que su conducta afecta negativamente a los demás y, sobre todo, a sí misma. En cualquier caso, no vaciles y utiliza todas estas herramientas que ahora ya conoces para evitar ser víctima de su manipulación.

Referencias bibliográficas:

8 tips para reconocer a una persona manipuladora

Las personas manipuladoras están en todas partes. Están presentes en nuestro círculo de amigos, nuestras familias, nuestros trabajos; en nuestros círculos más cercanos y también en los lejanos. La realidad es que muchas veces no podemos identificarlas porque su comportamiento es confuso: por momentos se muestran como son, pero por momentos son amables y comprensivas.

Una persona manipuladora es dañina para ti y tu negocio. Más que velar por el éxito del proyecto y por los intereses colectivos, perseguirá sus propios fines sin importar qué tenga que hacer para conseguirlos.

Es cierto que todos nos comportamos de manera manipuladora en algún punto de nuestras vidas, pero también lo es que una persona manipuladora ha hecho de este comportamiento un hábito, una parte sustancial de su carácter.

¿Cómo podemos detectar fácilmente a una persona manipuladora? Éstos son algunos comportamientos comunes:

-Cambia rápidamente de comportamiento. ¿Te ha pasado que una persona que nunca antes había volteado a verte te dice un cumplido de la nada? Los manipuladores suelen acudir a estas acciones para levantar un poquito el ego de la otra persona, y entonces allanar el camino para pedir algo. Si una persona que no es cercana a ti de pronto intenta convertirse en tu mejor amiga, presta atención.

-Detecta tus debilidades o inseguridades. Y, una vez que las encuentra, las usa en contra tuya… una y otra vez.

-Es convincente. Las personas manipuladoras suelen ser convincentes en sus argumentos. Una persona así es capaz de convencerte de que renuncies a tus valores, intereses u objetivos con tal de servir sus propios intereses.

-Es experta en hacerte sentir culpable. Es experta en lograr que sientas remordimiento. Consigue que alguna conducta tuya te haga sentir mal.

-Asume que piensas ciertas cosas, aunque nunca lo hayas dicho. Porque “te conoce muy bien” y “sabe qué es lo que estás pensando”.

-Suele justificar su comportamiento con frases como “es que no soy la única persona que lo piensa”. Ésta es una forma astuta de quitarse cierto grado de responsabilidad y sustentar su argumento

-Crea confrontaciones. Trata de triangular cosas, poniendo a unas personas contra otras.

-Busca que sientas lástima por ella. La lástima es una forma de manipulación muy sutil. Las personas manipuladores suelen ponerse en el papel de víctimas y, de esta forma, usa tu propia empatía en tu contra. Si puede lograr que te sientas mal por ella, sabe que eres sujeto a manipulación.

¿Nuestro consejo? Evita a estas personas en la medida de lo posible. Ahora bien, si te es imposible, por lo menos realiza estas acciones para no caer en su juego:

-No caigas en provocaciones. Antes de creer una palabra de lo que diga, haz las preguntas adecuadas y confirma los hechos. Verifica siempre la información. Crea un ambiente de transparencia para que la manipulación sea prácticamente inviable.

¿Cómo se relacionan las personas manipuladoras?

Sin darnos cuenta, podemos estar inmersos en relaciones con personas manipuladoras. Personas que cambian nuestro modo de pensar o de actuar, solo por su propio bien.

Existen diferentes “categorías” dentro de los manipuladores, según el control que ejerza ese individuo sobre nosotros. Si esa presión es muy grave, los expertos la denominan: “perversidad narcicista” y de ello hablaremos en este artículo.

Seguro has visto varias películas, has leído libros o escuchado historias sobre personas que manipulan a sus parejas, a sus hijos, a sus amigos, etc. Este tipo de personalidad existe en todas las familias y no siempre estamos al tanto de la situación. Es más, hasta podemos ser víctimas de personas manipuladoras ahora mismo y no saberlo.

Cómo son las personas manipuladoras

Los perversos narcisistas, como llaman algunos psicólogos a este perfil,son aquellos que constantemente están diciendo al otro qué tiene que hacer, de una manera sutil (o no), pero con una efectividad que realmente asusta, a la vez que coartan su libertad.

Estas personas, a su vez, pueden tener otro tipo de comportamientos negativos, como por ejemplo,excesos emocionales de todo tipo, conductas agresivas y amenazantes, continuas faltas de respeto y desprecios.

Cuando se habla de un individuo perverso, lo es las 24 horas del día, sin distinción. La relación con su víctima se ha determinado de esa manera y no hay nada que pueda cambiarla, a menos que el que está sufriendo la manipulación empiece a querer modificar la situación.

Sobre todo en las relaciones de pareja con una persona manipuladora, puede pasar mucho tiempo hasta que la víctima se da cuenta de lo que ocurre.Esta no desea escuchar lo que le dicen sus seres queridos, cree que todo el mundo está equivocado, que la otra persona lo hace porque la quiere, que puede tomar sus propias decisiones, que no le tiene miedo, etc.

Víctima y manipulador

En algún momento, aún no está claro por qué, la persona que sufre las garras del manipulador se despierta de ese adormecimiento. Imagina por un instante lo que realiza la araña con su presa: la envuelve en su tela, hasta que finalmente se alimenta de ella. Algo similar ocurre con los manipuladores y la energía positiva de su “presa”.

Más allá de decir que la víctima de un manipulador tiene carencias o problemas, debemos indicar que el perverso narcicista es quién necesita ayuda también.

Si bien en las relaciones todos nos complementamos, el que tiene más para perder es el manipulador, no el manipulado. Esto es así, ya que está “consumiendo” algo que la víctima tiene, como puede ser capacidad intelectual, bondad, carisma, solidaridad, autoestima, amistades, trabajo, salud, etc.

Siempre hablamos de las características de las personas manipuladoras y de cómo darnos cuenta si alguien nos está controlando, pero nunca ponemos en tela dejuiciopor qué esa persona reacciona de esta manera, qué es lo que está necesitando y de qué forma pide ayuda.

No estamos con esto diciendo que no sea responsable o culpable de sus actos, sin embargo, habría que analizar qué traumas o problemas del pasado lo han llevado a actuar de esa manera o cuáles son sus necesidades más profundas. Cuando un perverso narcisista se encuentra con alguien fácil de gobernar, es donde puede poner en práctica o depositar todos sus traumas.

Sin ánimos de ofender a nadie, un manipulador actúa cuando la víctima lo permite. No siempre esto ocurre a propósito por parte del manipulado, y hasta hay casos en los que el victimario tampoco se da cuenta.

La razón esa perversidad

La persona manipuladora envidia aquello que el otro tiene, por ello utiliza sus herramientaspara tomárselo. La víctima no puede ver las maniobras usadas en su contra, está ciega de tan enamorada, no toma las acciones del otro como algo negativo, etc.

Pero esto puede influir en su mente y en sus emociones, lo mismo que ocurre con una gota que cae sobre una piedra, tras miles de años la termina desgastando. Cuando un manipulador se encuentra con una persona segura de sí misma, que tiene sus propias opiniones sobre ciertas cosas y hasta le ha ocurrido algo malo con un perverso narcisista antes, cuenta con más armas para no permitir que las telas de la araña lo envuelva.

Pero atención, que nadie está 100% inmune de este tipo de personalidades, ya que algunos saben a la perfección como hacer un “trabajo fino” y casi imperceptible, hasta que el otro se convierte en una marioneta.

Ten mucho cuidado con las personas con las que te relacionas. No es cuestión de sentirte amenazado o perseguido todo el tiempo, pero si de caminar por senderos seguros. No dudes tampoco en hacer un trabajo de introspección para determinar, de manera objetiva, si puedes llegar a tener una personalidad que se puede manipular fácilmente.

Sufrir de personalidad controladora

¿Quién sufre de personalidad controladora?
Decimos que una persona sufre de personalidad controladora cuando dicta a las personas de su entorno el comportamiento que deben adoptar. Quiere controlar todas las situaciones en las que se encuentra. Todo está planificado, calculado y organizado según lo que ella ha decidido con un extremado rigor. Este tipo de personas suelen pensar que su intervención es necesaria y esconden un sentimiento de superioridad, de ahí la necesidad de tenerlo todo controlado. Según ellas, deben tomar el mando de una situación porque los demás no saben gestionar correctamente los imprevistos. El mínimo cambio les afecta por eso nada dejan al azar, piensan en todos los detalles y se adelantan a todos los imprevistos que puedan acontecer.

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¿De dónde nace este carácter obsesivo por tenerlo todo controlado?
Muy sencillo: del miedo al fracaso. Este temor es lo que motiva la sed de poder y control absoluto. El miedo y el sentimiento de inseguridad son los grandes enemigos que convierten a este tipo de personas en eternas insatisfechas. Suelen ser infelices y se obligan a aspirar a la perfección, lo que les resulta realmente imposible de conseguir teniendo en cuenta el grado de exigencia que se imponen. Este miedo es el que les dirige una vida estrictamente organizada. Son personas violentas que complican la existencia de todos los que están a su alrededor.

¡A relajarse!
Quienes sufren este trastorno deben aprender a soltar lastre y dejar que las cosas ocurran, enfrentarse a sus rigurosos principios. Deben abandonar sus constantes mecanismos de defensa y abrirse a los demás, confiar en ellos y comportarse con más soltura y espontaneidad. Este aprendizaje pasa por la recuperación de la confianza en ellos mismos y por la lucha contra ese excesivo temor que los consume y controla. Hay que saber tomar distancia y relajarse de vez en cuando. ¡Es vital! Si ese carácter controlador se convierte en un obstáculo a la hora de buscar la plenitud personal, el afectado podría plantearse seguir un tratamiento del tipo terapia cognitiva ycomportamental centrado en ese rasgo de su carácter para empezar a disfrutar de la vida al máximo. En cuanto den este paso, empezarán a relativizar las cosas.

Ver también:
Controla tu agresividad
Soy hiperactiva

Es fácil detectar a las personas controladoras cuando recurren a la coerción, pero si utilizan técnicas de manipulación más complejas las cosas se complican. A veces el control puede ser muy sutil y se esconde detrás de una broma, una sugerencia, un consejo o incluso una petición de ayuda. También resulta difícil detectar los rasgos que indican que estamos cayendo en relaciones posesivas.

El control, sin embargo, es un arma de doble filo. Le arrebata el oxígeno psicológico a quien es controlado y se convierte en una obsesión insana para quien controla.

¿Cómo es una persona controladora?

Las personas controladoras son aquellas que necesitan que la gente a su alrededor se comporte de una manera determinada. No respetan la individualidad y las barreras psicológicas que todos establecemos porque piensan que solo existe una manera correcta de hacer las cosas: la suya.

  1. Pensamiento dicotómico

Para las personas controladoras, quienes no piensan o actúan como ellos, simplemente están equivocados. Estas personas suelen tener un pensamiento del todo o nada, las cosas están bien o mal, sin términos medios. Como resultado, suelen juzgar y criticar duramente todo aquello que no se corresponda con su visión del mundo.

  1. Rigidez mental

Debido al pensamiento dicotómico, la gente controladora no acepta que los demás pueden tener opiniones distintas y formas de hacer las cosas diferentes. Estas personas tienen una perspectiva limitada, profundamente egocéntrica, que les impide ver las situaciones desde una perspectiva distinta. Es como si fueran con la vida con anteojeras, con la vista fija en un punto sin tomar nota de la enorme variedad que existe en el mundo.

  1. Reglas inflexibles

Las personas controladoras suelen tener muchas reglas, las cuales le confieren sentido y orden a su mundo, transmitiéndoles una sensación de seguridad. Sin embargo, el problema es que esperan que los demás sigan esas reglas. Insisten para que los otros acaten sus normas y para que sus prioridades se conviertan en las de los demás.

  1. Escasa Inteligencia Emocional

Las personas posesivas no han desarrollado su Inteligencia Emocional. Como resultado, cuando alguien no hace las cosas a su manera, suelen molestarse, enfadarse y/o frustrarse. Y a menudo expresan esas emociones sin tamices, recriminando y culpabilizando al otro.

  1. Actitud paternalista

Muchas de las personas controladoras actúan convencidas de que le están haciendo un bien al otro. Asumen una actitud paternalista, ofreciéndose para tomar la decisión en su lugar o indicándoles qué deben hacer. Si la persona no sigue sus reglas, es común que se lo echen en cara y les hagan sentir mal, una estrategia para reafirmarse como un referente y crear una relación de dependencia, de manera que la próxima vez esa persona le haga caso.

  1. Adivinación del pensamiento

Las personas dominantes suelen “adivinar el pensamiento” de los demás. Creen que pueden conocer la esencia del otro mejor que la propia persona y que saben lo que es mejor. Piensan que pueden tomar las mejores decisiones por el otro, aunque no son capaces de ponerse en su lugar. De hecho, es habitual que cuando una persona intente contarle un problema, la interrumpa para explicarle cuál es su “verdadero” problema y brindarle la “única” solución.

  1. Escasa percepción del control que ejerce

Quizá uno de los detalles más interesantes de la Psicología de la persona controladora es que normalmente no es consciente de cuánto control pretende ejercer sobre los demás. Dado que esta persona no concibe que las cosas se hagan de manera diferente, tampoco concibe el disentimiento y, por ende, no considera que está controlando sino tan solo guiando por el buen camino.

¿Por qué se desarrolla la personalidad controladora?

Algunos estilos de crianza tienden a fomentar una personalidad controladora. En el centro de estas relaciones posesivas entre padres e hijos se encuentra una profunda falta de sintonía. La personalidad posesiva se desarrolla cuando:

– El amor que se recibió en la infancia fue condicionado a los logros. De niños, estas personas no eran amadas hasta que cumplían o satisfacían las necesidades de sus padres, una forma de control sutil que siguen poniendo en práctica en sus relaciones al crecer.

– Se valoraban más los resultados que el esfuerzo y las relaciones. Estas personas crecieron con el mensaje de que lo que lograban y producían era más importante de lo que eran o las relaciones que establecían con los demás. Como resultado, aprendieron a centrarse en la eficiencia, aunque ello implique pasar por encima de los derechos de los demás.

– Se generó un apego inseguro, de manera que la persona siente una profunda necesidad de atención y cariño pero también tiene un profundo miedo a perderlos, por lo que ejercita el control como una manera para atar ese “amor”.

En sentido general, detrás de la personalidad controladora suele esconderse el miedo a la incertidumbre. Esta persona busca la seguridad a través de las normas y el control que intenta imponer. No acepta de buen grado los cambios y la incertidumbre de la vida, sino que estos le generan ansiedad e intenta mitigarla controlando todo aquello que puede controlar. Así tiene una ilusoria sensación de control que le reporta calma y tranquilidad.

Esa obsesión por el control también puede deberse a una baja autoestima. En esos casos, la persona controladora intenta camuflarla ejerciendo el control sobre los demás. Como no soporta no tener el control sobre su vida, vuelca esa frustración en los otros, volviéndose dominante y controladora.

No obstante, la personalidad controladora también puede ser el resultado de una pérdida importante en el pasado. Suele ocurrir cuando los padres pierden un hijo y se culpan por lo ocurrido, de manera que para que no se repita la tragedia, se vuelven hipercontroladores con el otro hijo. También ocurre cuando se produce una infidelidad en las relaciones de pareja, en cuyo caso suelen aparecer relaciones posesivas, por el miedo a perder a la nueva pareja.

El problema es que las personas controladoras no se dan cuenta de que un amor posesivo termina asfixiando psicológicamente a quienes se encuentran a su alrededor, obteniendo el resultado opuesto al que perseguían: el abandono.

¿Cómo suavizar una personalidad controladora?

Las personas posesivas y controladoras suelen tener muchos problemas en sus relaciones, tanto en el plano romántico como familiar, profesional y de amistad. Es importante tener en cuenta que una relación posesiva no es una relación sana y equilibrada sino que degenera hacia la dependencia. El auténtico amor es aquel que respeta al otro y le deja libre para que tome sus propias decisiones.

Si tienes una personalidad controladora, es importante que recuerdes hagas de esta frase de Giogio Nardone tu mantra: “El exceso de control conduce a su pérdida”. Aprende a:

– Suavizar tu enfoque. No realices demandas excesivas y no pretendas decidir en lugar del otro. Usa menos el imperativo y aconseja solo cuando te lo piden. Este enfoque enriquecerá la relación, demostrándole a la otra persona que la respetas.

– Fomentar la cooperación. Las relaciones son un dar y recibir, una colaboración en la que las dos partes tienen algo que decir y aportar. Cuando intentas imponer tus puntos de vista y formas de hacer las cosas, anulas la riqueza y potencialidades de la persona que está a tu lado.

– Buscar el origen de tu inseguridad. Para dejar de controlar, es importante comprender de dónde proviene esa necesidad. ¿Quizá estás proyectando tu propia inseguridad sobre los otros? ¿Un trauma del pasado generado por una pérdida? ¿Una crianza demasiado controladora o unos padres negligentes emocionalmente?

¿Cómo lidiar con las personas controladoras?

Lidiar con una persona controladora no es fácil, sobre todo cuando se trata de relaciones cercanas. No obstante, hay que tener en cuenta que nadie puede controlarnos sin nuestro permiso, lo cual significa que, de cierta forma, también somos “cómplices” de esa manipulación. Maya Angelou escribió: «No puedes controlar todo lo que te pasa, pero puedes elegir que eso no te debilite».

Por eso, es importante ser conscientes de que el control no es amor. Cuando las personas nos controlan, “maquillan” nuestra realidad para que veamos el mundo a través de sus ojos. No nos respetan como somos. Quieren cambiarnos, hacer que seamos diferentes, más parecidos a ellos mismos o a la imagen que tienen de ti. Las personas controladoras pretenden que nos ajustemos a su realidad, sin tener en cuenta que esa realidad puede ser errónea o simplemente no es la más adecuada para nosotros.

Hay que establecer límites y no permitir que las personas controladoras los sobrepasen. Da las gracias por su “consejo” y dile que harás lo que sea mejor para ti. No permitas que presionen tus puntos sensibles para generar culpabilidad. Recuerda que los errores forman parte del aprendizaje. Quizá tu forma de hacer las cosas no sea la mejor pero es la tuya y puedes ir perfeccionándola a medida que maduras. No permitas que los demás decidan por ti.

Todo el mundo conoce a alguna persona controladora, y si no conoces a nadie que lo sea ¡probablemente esa persona seas tú!

Por definición, una persona controladora es aquella que siente la necesidad de conducir la situación a donde ellos quieren, cambiando cada detalle para que sea justamente como ellos lo imaginan.

Una persona controladora puede ser sutil haciendo sugerencias para que hagas las cosas como quiere que se hagan o ser más agresiva y rehacer las cosas que ya se hicieron.

¿Crees que tú o alguien que conoces es demasiado controlador?

Señales de que eres una persona demasiado controladora

1. Lavas los platos después de que alguien más ya los lavó

Esto también se puede manifestar como volver a arreglar los platos después de que alguien más los metió en el lava platos y es un rasgo del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Pero no te asustes: muchas personas, alrededor del 28% según la Escuela de Medicina de Yale, tienen rasgos obsesivos y compulsivos sin tener un TOC.

2. Te ofreces a hacer más cosas de las que puedes

Aunque hay personas que siempre se ofrecen cuando alguien necesita ayuda por el deseo de hacer una buena obra, otras personas lo hacen porque quieren controlar la situación. Las personas controladoras suelen llenarse de obligaciones porque sienten que son las únicas que pueden hacer las cosas correctamente.

Dejar que alguien más esté a cargo puede hacer que nos sintamos raros al principio, pero que este sentimiento pase es importante ya que debes aprender a delegar y saber que no eres la única persona que puede hacer las cosas correctamente.

3. Eres demasiado perfeccionista

El perfeccionismo es una compulsión en la cual se tienen estándares muy difíciles de alcanzar y de mantener para uno mismo y para los demás.

Según la Asociación Americana de Psicología, el perfeccionismo, ansiedad y depresión juegan en la misma división. Sin embargo, no todos los perfeccionistas tienen ansiedad y/o depresión.

Existen dos tipos de perfeccionistas: adaptativos y maladaptativos, los primeros tiene altas expectativas pero saben como sobreponerse cuando las cosas no salen a su manera, mientras que los segundos suelen deprimirse cuando las cosas les salen mal.

4. Prefieres tener razón antes que ser justo

Cuando una persona controladora no está de acuerdo con otra persona, su necesidad de tener la razón suele ser más fuerte que su necesidad de ser justo y considerar ambos puntos de vista.

Como tienen su vista fija en un resultado les puede ser difícil ver como un resultado diferente puede ajustarse mejor al panorama.

5. Lo impredecible te saca de tus casillas

Las personas controladoras suelen anticiparse a todos los escenarios posible, por eso cuando pasa algo que no pudieron predecir se revuelve todo en su interior.

Aprender a ir a donde te lleva la corriente te hará más feliz, mientras que pensar mucho en lo que pueda pasar en el futuro hará que pierdas la visión de lo que está pasando ahora mismo.

6. Te gusta criticar

Si los otros no hacen las cosas de la misma forma que las haces tú, piensas que están equivocados y no te da miedo decirlo. Tener un padre controlador puede dejar secuelas de por vida en sus hijos, convivir con alguien controlador es difícil incluso para una persona adulta.

Se ha encontrado que los hijos con padres controladores suelen ser menos felices, están menos satisfechos con la vida y tienen peor salud mental, debido a que sus padres no dejan que tomen decisiones propias, invaden su privacidad y los vuelven dependientes.

7. No te gusta aventurarte

Por naturaleza los seres humanos somos impredecibles, por esto a las personas controladoras no les gustan los riesgos sociales, ya que no saben cuál pueda ser el resultado de sus acciones.

Las personas controladoras, por querer evitar los riegos, suelen llevar vidas más tradicionales y conservadoras.

Conclusión

Si te gusta hacer todo porque los demás no lo harán bien, piensas que siempre tienes razón sobre los demás, te deprimes cuando las cosas no salen como quieres y te gustan las cosas predecibles, es hora de que hagas una pequeña introspección porque puede que seas demasiado controlador.

Hay personas que viven queriendo controlarlo todo.

Que quieren que todo gire a su alrededor.

Que pretenden que las cosas pasen como ellas quieren y que quieren tener siempre la razón.

Tienen mucho miedo de que no sea así.

Necesitan saber lo que está pasando en todo momento y quieren controlar cómo viven los demás, ya sea su pareja, sus hermanos o algún amigo.

Se adelantan a situaciones que aún no han llegado y se pasan la vida planeando lo que van a hacer o cómo van a suceder las cosas. Vamos, que a lunes ya saben lo que van a cenar el viernes o qué van a hacer las próximas navidades ;-).

Es el típico perfil de las personas controladoras.

A corto plazo esa sensación de tener el control hace que se sientan bien porque les calma el miedo y les da seguridad. Pero a largo plazo es muy dañina, porque se enganchan a ella y no dejan que las cosas pasen y que la vida fluya.

¿Te suena? ¿Te identificas con este tipo de personas controladoras?

Algunos casos de personas controladoras

Por ejemplo, si eres una persona controladora seguramente, si alguien hace algo que no entiendes, le des vueltas a la cabeza y te montes tu propia película hasta encontrar una explicación que te permita sentir que tienes el control de la situación. Y no es que realmente lo tengas, pero el simple hecho de sentirlo te aporta calma y seguridad.

O, como me decía una Coachee, “cuando pienso en proponerle algo a alguien me imagino lo que me va a responder y me convenzo de que tiene que ser así. No pregunto más”.

También puede ser que te des cuenta de que necesitas controlar lo que hacen y deciden los demás, o cómo responden a lo que haces tú: que lo aprueben, que les parezca bien lo que haces o que no se enfaden por ello. Sí, es otra forma de controlar.

O, un caso muy típico de la necesidad de control es el que me contaba una Coachee hace tiempo: “A veces quiero hacer algo o planificar alguna cosa, pero como tengo miedo a que no salga no lo hago, para no equivocarme y no perder el control”.

Cómo saber si eres una persona controladora

Aquí tienes diez puntos que caracterizan a una persona controladora (¡ojo, no hace falta que cumplas todos estos puntos para identificarte como una de ellas! Con que cumplas tres o cuatro ya es suficiente).

1.Te crees que tu manera de hacer las cosas es la mejor, o la única válida, y no entiendes que alguien pueda hacerlas de otra forma, así que te cuesta mucho delegar (y no, esto no está reñido con que a veces seas una persona insegura. De hecho, va de la mano).

2.No te gustan los imprevistos ni los cambios de planes y te frustras cuando las cosas no salen como tú quieres.

3.Odias eso de no saber lo que va a pasar o cómo va a ser tu futuro.

4.Procuras controlar lo que muestras de ti ante los demás: que no te vean débil, que te vean fuerte, que no te noten el miedo…

5.No te gusta nada cometer errores y los evitas a toda costa. Tanto que dejas de hacer cosas por miedo a equivocarte.

6.Le das muchas vueltas a la cabeza buscándole explicaciones a algo que ya pasó.

7.Necesitas tenerlo todo planificado y se te da muy mal improvisar en el último momento.

8.Quieres controlar tus pensamientos y tus sentimientos. Evitas pensar y sentir lo que no te gusta y, cuando no lo consigues, te criticas y te culpas por ello.

9.A veces utilizas estrategias para autoengañarte, como trabajar muchas horas para no sentirte incompetente o estar pendiente de todo el mundo para evitar el miedo al rechazo. Nuevamente es tu necesidad de control.

10.Dudas mucho de todo y te cuesta tomar decisiones, por esa necesidad de controlar todo lo que va a pasar y que las cosas salgan como tú quieres. ¿Y si hago esto? ¿Y si hago aquello? ¿Y si no hago nada?

Ventajas y desventajas de ser una persona controladora

Las ventajas, por supuesto, son falsas. Y es que controlar, por un lado, te da una falsa sensación de fortaleza. Es como que te sientes fuerte porque controlas.

Y, por otro, te da una falsa sensación de seguridad. Es decir, te sientes seguro cuando lo tienes todo bajo control.

Ambas sensaciones son falsas, porque lo apropiado sería que te sintieras fuerte y segura (o seguro) sin necesidad de controlarlo todo.

¿Y las desventajas de ser una persona controladora? Pues son muchas y dependen de cada uno, porque no todos lo vivimos igual. Pero, principalmente, estas cinco:

1.Ansiedad. Porque el exceso de control provoca ansiedad.

2.Falta de flexibilidad. No te atreves a dejar que pase lo que tenga que pasar y no te gusta nada eso de “vamos viendo sobre la marcha”, así que te pierdes un montón de aventuras y momentos emocionantes.

3.Indecisión permanente. Claro, de tanto querer controlarlo todo te bloqueas y no tomas decisiones ni haces cambios en tu vida, por más que sepas que los necesitas.

4.Procrastinación recurrente. Como quieres controlar lo que va a pasar y eso es imposible, te entra el miedo y lo que haces es procrastinar.

5.Falta de tolerancia a la frustración. Es decir, no aceptas cuando las cosas salen mal… Y en la vida, por si no te has dado cuenta, siempre habrá cosas que salgan mal…

Lo que te ayudará a dejar de controlar

Antes yo también era una persona controladora, lo reconozco. Me identificaba con muchas de las cosas que te he contado hasta ahora en este post.

Ahora ya no lo soy. Y eso es algo que he conseguido gracias a algunos aprendizajes que la vida me ha enseñado y que también comparten muchas de las personas con las que he trabajado (un cambio de creencias en toda regla ;-). Ahí van:

-La vida no se puede controlar, porque perdería la gracia. Si lo piensas los acontecimientos más significativos y mágicos de tu vida sucedieron así de repente, de un día para otro…. Si todo lo supieras de antemano no harías nada, porque ya sabrías todo lo que te va a pasar…

-No necesitas controlarlo todo. Aunque tú creas que sí, no lo necesitas. Porque la incertidumbre no es un peligro. Al revés, la incertidumbre forma parte de la verdadera vida.

-La vida es mucho más fácil y más agradable cuando dejas que las cosas pasen, en vez de empeñarte en que salgan como habías planeado. Con mucho menos esfuerzo consigues mucho más.

-Las cosas más bonitas de la vida no se pueden controlar. Se viven, se sienten y se disfrutan, pero no se controlan. Y es maravilloso que sea así…

Así que, si hasta ahora eras una de esas personas controladoras, empieza a confiar en la vida, fluye con los momentos que ésta te regala, aprende a ser flexible con tus circunstancias y date permiso para que no todo salga perfecto… Verás qué bien te sientes y qué sencillo parece todo…

18 de Julio de 2018 – 06:26 EDT by Cristina Soria

Las personas controladoras son aquellas que quieren controlar todas las situaciones en las que se encuentran y que dictan a aquellos que tienen cerca cómo tienen que comportarse. Todo está planificado, calculado y organizado según lo que ellas ha decidido con un extremado rigor. El mínimo cambio les afecta mucho, por eso no dejan nada al azar: piensan en todos los detalles y se adelantan a todos los imprevistos que puedan acontecer.

¿Por qué necesitan tener todo controlado?

El principal motivo es el miedo al fracaso y a lo que los demás puedan pensar de ellas. Para evitarlo, surge la necesidad de control absoluto. Pero como el miedo y la inseguridad nunca desaparecen, se convierte en personas insatisfechas, ya que siempre aparecen nuevas situaciones que hay que controlar.

Leer: Cómo enfrentarse a las emociones tóxicas en el trabajo

Formas de saber si eres controladora

Estas son las características que definen a una persona controladora. Si cumples varios de estos puntos, puede que tú también lo seas:

  1. Crees que tu forma de hacer las cosas es siempre la mejor, y no entiendes que alguien pueda hacerlas de otra manera y que sea igual de válida que la tuya.
  2. No soportas que haya imprevistos ni cambios de planes, por eso te altera que las cosas no salgan como tú quieres.
  3. Te desespera no saber qué va a pasar en el futuro porque, evidentemente, escapa a tu control.
  4. Mantienes también el control en cómo te muestras ante los demás, para que no te vean débil en ningún momento.
  5. Odias cometer errores y lo evitas hasta el punto de dejar de hacer cosas por el miedo a equivocarte.
  6. Le das muchas vueltas a las cosas para encontrarle una explicación a todo, aunque se trate de cosas que ya han pasado.
  7. No sabes improvisar en el último momento, por eso siempre llevas todo bien planificado.
  8. Buscas controlar tus sentimientos para que no te sorprendan y te causen incomodidad.
  9. Te autoengañas y buscas estar pendiente de todo el mundo para evitar el miedo al rechazo.
  10. Te surgen muchas dudas antes de tomar una decisión, porque tienes que asegurarte de que las cosas van a salir como tú quieres.

Leer: Los 6 hábitos de las personas de éxito

Cómo afecta a tu vida ser una persona controladora

Cuando te empeñas en tener todo bajo control, y lo consigues, obtienes una sensación de seguridad y fortaleza. Pero esta sensación no es auténtica, porque lo ideal es que lograras sentirte así sin tener la necesidad de controlarlo todo.
En cambio, seguramente sientas ansiedad cuando no consigues que todo salga como tú quieres, además de vivir en un estado de indecisión permanente que te impide realizar cambios en tu vida, por mucho que puedas llegar a necesitarlos.

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Cómo puedo dejar de intentar controlarlo todo

Si has concluído que eres una persona controladora, pero quieres dar el paso de dejar de serlo, has de plantearte hacer un cambio de pensamiento y actitud en toda regla. Y lo primero que has de entender (y no olvidarlo nunca) es que todo aquello que no podemos planificar hace que la vida resulte maravillosa. Porque no hay nada menos estimulante que saber de antemano todo lo que va a ocurrir.

Además, es necesario que entiendas que no necesitas controlarlo todo, porque no saber todo acerca de tu vida no implica ningún peligro. De hecho, las mejores cosas que nos pasan en la vida son aquellas que podemos disfrutar pero no podemos llegar a controlar.

Cuando sientas que puedes improvisar y ser flexible ante los acontecimientos, dándote la oportunidad de que las cosas no salgan siempre perfectas, descubrirás que todo es mucho más sencillo y te sentirás liberada de una carga que te había acompañado más tiempo del necesario.

Leer: Claves para mejorar tu relación de pareja

La posesividad del amor

La posesividad está estrechamente ligada a los celos, uno de los grandes encargados de destruir relaciones. Pero también es un sentimiento autodestructivo relacionado con el miedo, la desconfianza y la inseguridad que sienten las personas posesivas. Un sentimiento que actúa despacio pero de manera constante, minando poco a poco a la pareja hasta conseguir la ruptura.

Pero es fundamental distinguir entre amor y posesividad. Mientras que en el amor existe confianza, deseo de compartir, comodidad y espacio para cada miembro que compone la pareja; en la posesividad existen celos, egoísmo y desconfianza por parte del posesivo. Por tanto,no existe libertad, ni tranquilidad para la otra parte; es una relación que lleva a la destrucción total.

«Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta.»

-Miguel de Cervantes-

Qué desencadena la posesividad

Las personas posesivas tienen antecedentes que pueden ir desde la soledada la discriminación en la infancia. Pueden tener una baja imagen de sí mismos; en algunas ocasiones, puede incluso ser un rasgo genético que se hereda.

De esta forma, bajo el afán de la posesión se puede ocultar el deseo de controlar. Un control que puede estar motivado por una baja autoestima. Al querernos poco, buscamos que los demás nos hagan felices, es decir, responsabilizamos al otro de nuestra felicidad. Por ello, en lugar de amar libremente, nos aferramos a la otra persona y se desencadena la posesividad.

Hay que decir que, con independencia de la causa o el antecedente, las personas posesivas sufren ataques de celos e ira sobre su compañero/a. Esto supone la existencia de epsiodios negativos y dolorosos para ambos miembros de la pareja. Y es incompatible, por supuesto, con la confianza y el amor. Cuando la persona posesiva considera que la pareja no le hace feliz, fácilmente puede verse invadido por la ira.

¿Cómo se muestran las personas posesivas?

La posesividad no solo trata de dominar a la otra parte, va mucho más allá.Las personas posesivas llegan a ver a sus parejas como sospechosos, cuando en realidad no ha hecho nada. Todo aparece como una reacción en cadena, donde la posesión y dominación del otro es mayor cada día. Un círculo vicioso que envenena la relación y la hiere de muerte.

La persona posesiva llega a espiar a su pareja, revisa su equipaje y busca signos de infidelidad en el matrimonio. En resumen, no deja de sospechar de su pareja y no le permite descansar en paz. En casos extremos puede llegar incluso a seguir y espiar a la otra persona en el trabajo para saber si está teniendo una aventura.

Destruyendo una relación

En un principio, la posesividad se interpreta erróneamente como una muestra de amor, pero cuando se convierte en un rasgo persistente y negativo se van viendo grietas en dicha relación. Cualquier relación, independientemente de lo profunda e intensa que sea, debe tener espacio y libertad para ambos miembros de la pareja. Sin embargo, en una relación donde existe un posesivo no hay lugar para ello, desencadenando la ruptura.

La persona posesiva desea hacerse cargo de todo, y causa interrupción en el esquema de vida de ambos, por lo que es imposible que alguien sin libertad ni tranquilidad pueda disfrutar de una relación tan agobiante. Es una relación que está abocada al fracaso. El espacio, el respeto, la independencia, son elementos fundamentales para mantener una relación de pareja sana. El sentimiento de posesión solo acarreará infelicidad y fracaso, por mucho que dure la relación.

«El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad».

-Marcel Proust-

Cómo controlar la posesividad

Para controlar la posesividad, la respiración profunda y la meditaciónpueden ayudar a alcanzar niveles superiores de concentración mental, lo que ayudará a escapara de ese sentimiento de posesión. También la hipnosis conduce a un autocontrol y a dejarse guiar por la razón, evitando ejercer la posesividad sobre los seres queridos.

Evitar ver a la otra persona como un objeto, intentar manifestar los miedos y ser consciente de que ese sentimiento de posesión va a alejar al otro pueden ayudar en el proceso. Como también ayudará el consejo profesional cuando la situación empieza a irse de las manos.

Conocer la diferencia entre amor y apego también nos reportará un gran beneficio para aprender a amar de verdad.

Como afirma la monja budista Tenzin Palmo: «el apego dice, te amo, por lo tanto quiero que me hagas feliz. El amor genuino dice, te amo, por lo tanto quiero que seas feliz. Si eso me incluye, genial, si no me incluye yo solo quiero que seas feliz. El apego agarra fuerte y aprieta. El amor genuino sostiene suavemente de manera nutritiva permitiendo que las cosas fluyan».

Cómo saber si mi pareja es posesiva

Para saber si tu pareja está siendo posesiva contigo, reflexiona acerca de este tipo de cuestiones. En caso de que te sientas identificado(a) con una o más de estas situaciones, lo más seguro es que tus sospechas de que tu pareja es posesiva sean ciertas.

  • Te controla. Esta al pendiente todo el tiempo de lo que haces, conoce perfectamente todos tus horarios y actividades y trata de asegurarse de que realmente estés haciendo eso y no otra cosa que se salga de la rutina. También te limita a la hora relacionarte con las personas, está al pendiente de tus redes sociales, de las personas con las que hablas por el móvil y con las cuales te relacionas. En pocas palabras te pide explicaciones todo el tiempo de lo que haces y de las personas con las que te relacionas.
  • Celos. Está celoso(a) de las personas con las que te llevas, de tus amigos e incluso de tu familia. Le gusta que todo o casi todo el tiempo estés con el(ella) y trata de alejarte de otras personas importantes en tu vida para que estés a su lado. Cuando no están juntos, trata de estar todo el tiempo en contacto contigo únicamente para asegurarse de que no estás engañandolo(a) con alguien más.
  • No toma en cuenta tu opinión. Se preocupa más por si mismo y pareciera que ve únicamente por sus propios intereses. Cuando tu le das tu opinión acerca de algún tema o de hacer o no alguna actividad, esta no es tomada en cuenta y finalmente se termina haciendo lo que el(ella) quiere.
  • No se alegra por tus logros. Notas que cada vez que te sale algo bien, que alguien te felicita por tus logros, que te sientes feliz por alguna situación buena que te ocurrió, en lugar de alegrarse por ti, le da más bien envidia e incluso celos. No te reconoce tus logros e incluso en ocasiones trata aún así de hacerte menos.
  • Te “castiga”. Cada vez que haces o dejas de hacer algo que el no quiere, te hace sentir mal de manera consciente por medio del “castigo”. Por ejemplo, si saliste con tu amigo(a) y no estuvo de acuerdo en que lo hicieras, te deja de hablar por un tiempo como manera de castigarte por haber hecho algo en contra de lo que el(ella) quería.
  • No le gusta que sobresalgas. Si nota que sobresales ya sea en alguna actividad, por tu belleza física, etc. va a tratar por todos los medios de opacarte y de cambiarlo. Por ejemplo, si eres una chica o un chico atractivo, tratará de que te no salgas a la calle tan arreglado(a) para que no llames tanto la atención. Esto lo hace debido a la inseguridad que tiene de sí mismo ya que piensa que podrías conocer fácilmente a alguien mejor que el(ella) y/o simplemente no quiere sentirse “menos” que tu.
  • Te chantajea emocionalmente. Cuando no quieres hacer algo que el(ella) quiere, suele presionarte emocionalmente para hacerte sentir mal y te termina convenciendo de hacer algo de lo que al principio no estabas nada de acuerdo.
  • No te sientes libre de hacer lo que quieres. No te sientes libre de tomar tus propias decisiones ya que te genera miedo y preocupación que es lo que tu pareja pueda pensar y que no pueda estar de acuerdo.

Consejos para los posesivos

Foto: .com | por composita

¿Son tú o tu pareja demasiado posesivos?

Quien se encuentre dentro de una relación con alguien posesivo a tal punto que hasta teme por su seguridad, deberá buscar ayuda de inmediato. Si alguien reconoce que tanto él/ella o su pareja es solamente un poco posesivo, debe darse cuenta de que algo de este sentimiento e incluso algo de celos es absolutamente normal, pero que si se convierte en excesivo, la relación corre un riesgo. ¿Qué se puede hacer?

Los siguientes consejos establecidos por Dwoskin para los posesivos pueden ser de mucha ayuda para dejar de lado estos sentimientos y poder manejar la relación junto a una pareja posesiva de una manera tal que esta logre florecer.

Identificar las razones… por las qué se ha desarrollado ese sentimiento de posesión.

Muy probablemente se trate de un temor al abandono que hace que la persona se vuelva posesiva y no se relacione en lo absoluto con la pareja como tal.

Hay que dejar que el temor…y la inseguridad salgan de nuestras vidas.

Si notamos tendencias posesivas, necesitaremos aprender a elevar nuestra autoestima e impedir que los sentimientos negativos respecto de nosotros mismos nos llenen de temores sobre una posible infidelidad. Dwoskin aconseja que si estamos en una relación con alguien que es posesivo, intentemos comprender que tal actitud proviene de su temor de que lo dejemos. Para ayudarles a manejar esto, es necesario reconocer que nuestras parejas necesitan permanentemente un aseguramiento extra de nuestro amor por ellas.

Ser sinceros con nosotros mismos

Si nuestra pareja es excesivamente posesiva, no dejemos de hacer aquellas cosas que amamos solamente por darle gusto. Podemos reasegurar nuestra dedicación hacia la relación hablando con ellos sobre el tema, pero bajo ninguna circunstancia debemos rendirnos y dejar de lado nuestros intereses por causa de su absurda inseguridad.

Déjele saber su deseo de seguir… adelante o de alejarse.

Parte del ciclo que mantiene el posesivismo dentro de una relación tan tumultuosa es que uno de los dos miembros de la pareja ajusta su garra y el otro trata de alejarse cada vez más. Si ambos deciden dejar a un lado esa necesidad de control o ese deseo de alejarse, habrá mucho menos combustible y el fuego se irá apagando.

Recuerde que todo esto son tan solo… sentimientos.

“Cuando alguien nos persigue sentimos la necesidad de salir corriendo. Tenemos que tener presente que esto es tan solo un sentimiento y no la realidad. Mientas más nos enfoquemos en dejar que los sentimientos negativos se alejen de la relación, más fácil será volver a sentir seguridad en la persona amada y devoción hacia ella, sin necesidad de controlarla”, señala Dwoskin.

Se debe reafirmar el amor

Algunas veces todo lo que una persona necesita para dejar de ser posesiva o celosa es un reaseguramiento de que es amada. Darse el tiempo necesario para revivir la llama del amor en la relación incrementará la felicidad compartida y les dará a ambos tranquilidad y mucha paz. Cuando se permite que Dios forme parte en una relación sentimental habrá menos desentendimientos, y si los hay -cosa que es normal- será más fácil superarlos y vivir felices.

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