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Porque no puedo llorar

¿Qué hacer si quieres llorar y no puedes?

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En ocasiones estás triste por algo y quieres llorar para sentirte aliviada y liberar tu dolor, pero no lo consigues. ¿Qué se puede hacer?

Llorar es un mecanismo que sirve de alivio y desahogo en situaciones tensas y dolorosas. Muchas veces ayuda a avanzar y superar un trauma, por eso los psicólogos recomiendan llorar siempre que se tengan ganas hasta que no quede nada por llorar.

Sin embargo, en ocasiones las lágrimas no salen y no podemos recurrir a ellas para sentir cierto alivio. Este problema suele aparecer cuando sufrimos un bloqueo emocional o estamos en shock, lo que no nos permite afrontar lo que nos está pasando y, por tanto, llorar.

También es cierto que hay personas más lloronas que otras, por lo que ante una misma situación alguien puede comenzar a llorar enseguida, mientras que a otra persona le cuesta más. O personas a las que no les gusta llorar en público y evitan hacerlo delante de los demás, pero se ponen a llorar a “moco tendido” en cuanto se encuentran solas.

No obstante, si quieres llorar y no puedes hacerlo tienes que conseguir abrir esa compuerta para que el dolor fluya y no se quede dentro de ti, causándote negatividad y problemas emocionales.

Para lograrlo, puedes seguir estos consejos:

  1. No te preocupes de los demás ni del qué dirán. El hecho de que llores o no, no significa que no estés sufriendo. Céntrate en ti y en lo que sientes y en cómo afrontarlo. Si para ello necesitas llorar, hazlo. Si no, no pasa nada, no es obligatorio.
  2. El dolor no siempre sale a la luz en forma de llanto. Obsérvate por si lo estás exteriorizando de otra forma y por eso no te sale llorar. Puede que no duermas, no comas o te estés portando de manera extraña con los demás. Averigua cómo tu mente está demostrando el dolor que sientes y canalízalo.
  3. No te fuerces. Intenta seguir con tu día a día y pensar en otras cosas. Cuando tu mente esté preparada para llorar, seguro que empiezas y ya no puedes parar.
  4. Escribe en un cuaderno tus pensamientos y sentimientos. Quizá al ponerlos en un papel salgan a la luz y te permitan liberar el llanto.
  5. Ten paciencia, lo normal es que las lágrimas y el desahogo lleguen en un momento u otro. Y cuando ello ocurra, te sentirás mucho mejor.
  6. Quizá el problema es la vergüenza y no te salga llorar delante de otras personas. Si es así, lo que debes hacer es recluirte en un lugar tranquilo y solitario para poder dar rienda suelta a tu llanto.
  7. Otro problema frecuente es que no hayas aceptado el suceso, por eso aún no puedes llorar. Cuando lo aceptes, seguro que te salen las lágrimas.
  8. No te obsesiones con el tema. Cuanto más pienses en llorar y en que no lo consigues, más te costará. Libera tu mente y practica ejercicios de relajación para dejar que tus emociones fluyan.
  9. Apóyate en aquellas personas que te hacen sentir bien y te comprenden. Contarles lo que te está pasando y cómo te sientes puede liberarte, al igual que un abrazo o un beso suyo. Una vez que des rienda suelta a tus sentimientos, te sentirás mejor aunque sigas sin llorar.
  10. Dibuja, grita, rompe algo… haz lo que necesites para soltar ese nudo que te oprime por dentro y no te deja llorar a gusto.
  11. Practica la meditación. Existen muchas técnicas de meditación y mindfulness que te ayudan a conectar con tu yo interior. Estas técnicas te ayudan a conectar con tus emociones y pueden ayudarte a sentir la tristeza que llevas dentro y que no consigues que aflore.

Y, una vez que hayas conseguido llorar, llega el momento de superar el problema, pasar página y mejorar nuestro estado de ánimo ya que llorar cuando estamos tristes puede ser muy beneficioso puesto que nos ayuda sacar fuera todo el dolor que llevamos dentro, pero no hay quedarse ahí. Debemos avanzar y volver a estar alegres y ser felices.

Si sientes que la tristeza no desaparece, o que incluso se agrava, no tienes ganas de hacer nada y te cuesta hasta levantarte de la cama, es posible que sufras depresión, por lo que deberás buscar la ayuda de un psicólogo.

Llora, no reprimas tus lágrimas

Pero llora, no reprimas tus lágrimas porque entonces vas a entrar en un círculo vicioso en el que no sabrás por qué lloras, y no sabrás por qué te sientes tan triste. Llora cuando estés triste, llora cuando estés agotada, llora cuando no le encuentres sentido a tu vida, llora por una ruptura, llora por una muerte de un ser querido, llora cuando tus ilusiones se rompan… Llora y seguro que se irá parte de ese malestar.

Aunque debes tener presente que solo con llorar no basta. A la vez que lloras tienes que aceptar. Aceptar y reconocer lo que te ocurre, esa emoción que te saca las lágrimas sin remedio. ¿Estás triste? ¿Estás decepcionada? ¿Estás hundida? Seguro que sí y es natural, pero no vas a estar así siempre, así que llora las veces que haga falta.

Llorar es bueno para liberar las emociones que se quedan atascadas o atrapadas dentro de ti. Llorar te libera de tu malestar. Llorar no te hace más débil, te hace más persona, una persona sensible capaz de conmoverse, de tener empatía y de reconocer las emociones negativas. Así que sé auténtica y llora cuando tengas que llorar.

¿Por qué no puedo llorar?

¿Por qué no puedo llorar? Esta es una expresión más habitual de lo que pensamos. Son muchas las personas que tras sufrir, por ejemplo, una pérdida personal son incapaces de llorar, de desahogar su dolor a través de lágrimas. El lloro, el llanto, forma parte del duelo y es parte imprescindible para superar desgracias y traumas. Un alivio fisiológico con el cual liberar tensiones y estrés.

A menudo,solemos asumir la idea de que quien no llora, presenta en realidad una personalidad fría y carente de emociones. Una suerte de alexitimia donde uno no solo evidencia una clara imposibilidad a la hora de entender las propias emociones, sino que además, es incapaz de expresarlas verbalmente. Sin embargo, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Porque las lágrimas son mucho más que simple agua salada. Las lágrimas purgan conflictos y hasta liberan compuestos químicos tóxicos.

Debemos por tanto entender un primer aspecto. La incapacidad de llorar no es sinónimo de frialdad, en realidad responde a un bloqueo,una dimensión psicológica que puede esconder tras de sí un complejo trasfondo emocional e incluso una depresión encubierta. Veamos esas causas con más detenimiento.

¿Por qué no puedo llorar? es uno de los interrogantes más comunes. A menudo, esta incapacidad está asociada a un bloqueo emocional.

No puedo llorar ¿a qué se debe?

Cuando hay una sospecha de un posible trastorno psicológico, lo que siempre debe hacerse en primer lugar es descartar problemas fisiológicos. A menudo, tras una falta de energía, baja motivación, desánimo e insomnio puede habitar por ejemplo, un problema en la tiroides. Por tanto, antes de asumir que la razón por la que uno no puede llorar se debe a algún tipo de depresión, lo preferible es acudir a nuestro médico.

Sabemos que la necesidad de llorar es parte del desahogo emocional, además de un modo de catalizar el el estrés y las tensiones. Ahora bien… ¿qué ocurre si experimentamos el deseo y la necesidad del llanto pero este no se manifiesta?

«No hay mayor causa para llorar que no poder llorar».

-Séneca-

Enfermedades autoinmunes

Bien, es interesante saber que hay personas que son incapaces de conseguirlo debido a una enfermedad. No es que repriman sus sentimientos, en absoluto, se trata de un problema de origen fisiológico. Estaríamos ante una enfermedad autoinmunitaria en la cual existe una sequedad en el lacrimal, ahí donde es casi imposible filtrar lágrimas. Una realidad que se conoce como síndrome de Sjögren.

Es una enfermedad que suele dar los primeros síntomas alrededor de los 35 o 40 años. Asimismo, es común que aparezca con otras dolencias de origen autoinmune como el lupus o artritis reumatoide.

Lágrimas como parte de un proceso

Hemos de tener claro que no todas las personas somos iguales ni gestionamos los problemas del mismo modo. Cada uno tiene unos tiempos de reacción y procesa su realidad de un modo determinado. Con ello queremos decir algo muy simple. Habrá quien desahogue sus emociones de forma sencilla, rápida y espontánea y habrá quien necesite un periodo determinado.

Que esto sea así no supone ningún problema. No hay nada patológico en quien inicia más tarde el periodo del duelo, en quien por su personalidad o educación es más reacio al liberar sus lágrimas. Tarde o temprano ocurrirá, a menudo se necesita de un disparador, de un estímulo que facilite esa reacción. Puede ser una fotografía, una canción, un paisaje, una situación concreta…

Si sentimos ansiedad o incertidumbre y aún no hemos racionalizado la situación es posible que las lágrimas no lleguen. Pero esto dependerá de la personalidad de cada persona. Personalidades más sensibles suelen recurrir al lloro como adecuado mecanismo de alivio. Perfiles con más necesidad de autocontrol, o de simple necesidad de racionalizar cada aspecto de su vida, tardarán más en experimentar las lágrimas.

Lo decíamos al inicio. Las lágrimas no son solo agua salada. En ellas hay diversos químicos y diversas hormonas, las cuales serán liberadas a su tiempo y en su momento. Mientras ese desahogo aparezca, todo irá bien.

No siento nada: la depresión melancólica

Hay pacientes que llegan a la consulta psicológica con una realidad muy concreta. No solo se preguntan aquello de «por qué no puedo llorar». Además, declaran con total rotundidad «que no sienten nada». Son incapaces de experimentar alegría o tristeza, nada atrae su interés y la vida, es poco más que un tejido sin color, forma y textura. Están suspendidos en el limbo de la nada, de la más absoluta neutralidad emocional.

¿A qué se debe este estado?En gran parte de los casos se trata de una depresión profunda. Es un estado de elevada gravedad que requiere de atención psicológica y de un tratamiento farmacológico. Nuestro cerebro presenta un déficit en neurotransmisores como la dopamina o la serotonina.

Asimismo, hay un hecho importante que no podemos dejar de lado. A veces cuando decimos eso de «no puedo llorar», no significa que hayamos llegado a un punto donde no sentimos nada. En realidad es todo lo contrario: hemos sentido y sentimos demasiado. Ahora, ese exceso se traduce en un bloqueo absoluto, en una desconexión donde el mundo y nosotros mismos quedamos ralentizados.

No puedo llorar: las lágrimas y su connotación social

Además de los factores anteriormente señalados, existe una última connotación que es imposible descuidar: la presión social y la idea de que las lágrimas y su desahogo son sinónimo de fragilidad personal. Debemos entender que no por mostrarlas somos más débiles o más vulnerables. En ocasiones son tan necesarias como respirar y forman parte indispensable, por ejemplo, de cualquier duelo. Debemos experimentarlas para sentirnos mejor.

Sin embargo, en ocasiones nuestra educación,nuestro contexto personal y social puede inculcarnos que aquello de que mejor asumir y callar en silencio.No mostrar debilidad, aparentar fortaleza. Un error que a largo plazo puede traernos graves problemas de salud. Heridas no asumidas que pueden trasformarse en lesiones internas.

No vale la pena.Las lágrimas y la necesidad de llorar forman parte de nuestra personalidad, hay quien mostrará cierta facilidad para dejarlas ir, y otros, simplemente, les cueste más.

Forman parte de un ciclo donde es esencial el autorreconocimiento, el saber identificar las emociones que tenemos en nuestro interior, el sabernos escuchar. Puede que no lleguen cuando más lo necesitemos y nos hagan sentir extraños. Con todo lo que me está pasando…¿cómo es posible que no pueda llorar?

No te preocupes, llegarán cuando deban. En el momento más inesperado, cuando te relajes, cuando seas más consciente y aceptes la situación.Solo entonces, las lágrimas te ofrecerán verdadero alivio.

Llorar. Todos hemos llorado en alguna ocasión, tanto en la infancia como en la adultez. Ocurre algo que hace que nazca una cierta tensión interna, se nos humedecen los ojos, se nos llenan de lágrimas y finalmente rompemos a llorar.

Y aunque para muchos se trata de algo incómodo y con frecuencia se oculta a nivel social, lo cierto es que estamos ante un acto que resulta muy sano y útil para nuestro bienestar. Ahora bien, ¿por qué lloramos? ¿Qué nos puede despertar las ganas de llorar? ¿Por qué a veces lloramos sin motivo? Veámoslo a lo largo de este artículo.

  • Artículo relacionado: «¿Para qué nos sirve llorar?»

Llorar y ganas de llorar: ¿qué ocurre?

Llorar es un proceso complejo, el cual parte de un mecanismo fisiológico el cual tenemos de manera innata, y que aunque a menudo es considerado único del ser humano también es compartido con otros animales. Sin embargo, el hecho de llorar por causas emocionales es más complejo de lo que aparente, puesto que a lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo a llorar como mecanismo para liberar tensión emocional: llorar de pena, alegría o rabia son ejemplos.

Aunque a veces las lágrimas surgen de la nada, por norma general cuando estamos ante un lloro que surge de la emoción la persona ha notado previamente una sensación generalmente descrita como de ahogo o de oclusión en el pecho o en el esófago, así como dificultades para respirar (puede haber también sollozos). Es decir, no es infrecuente notar que tenemos ganas de llorar.

En este proceso el cerebro juega un papel primordial, el cual comienza a gestarse a nivel atencional. En este momento se activan el tallo cerebral, cerebelo y diversos pares craneales (III, IV, V y VII). Posteriormente, la formación reticular ascendente (que controla la activación cerebral) se activa en gran medida, algo que se corresponde con el aumento de tensión y energía que se siente justo antes de romper a llorar. Tras ello se activará la amígdala, hipotálamo, ínsula, cíngulo y prefrontal, de tal manera que se añade a dicha energía la emoción y la cognición detrás del malestar.

Funciones del lloro

Por molesto y sufrido que pueda ser, llorar tiene un papel importante en nuestra psique, y es uno que nos resulta beneficioso: diferentes investigaciones reflejan que en una gran cantidad de casos el hecho de llorar nos lleva a aliviar nuestro estado emocional, al permitir que expresemos nuestras emociones y volquemos la energía que suponen estados de tensión y tristeza profunda. Sirven para reducir aumento del nivel de energía que generan emociones intensas como la tristeza o la rabia, de manera que el cuerpo se relaja y vuelve a un estado más sosegado y tranquilo.

Las lágrimas, cuando son emocionales, tienen una composición que también favorece la liberación emocional. Concretamente ayudan a eliminar manganeso, prolactina y cloruro de potasio, a la par que endorfinas y sustancias analgésicas. Se expulsan pues sustancias que pueden resultar estresantes, a la vez que se liberan otras que ayudan a combatir el dolor y el sufrimiento.

Además de ello, tiene una función relacionada con la socialización: aunque no siempre, por lo general el hecho de llorar provoca empatía por parte del grupo, de tal manera que quien llora a menudo recibe soporte y apoyo al ser percibido como necesitado o vulnerable. También suele reducir la agresividad y hostilidad de otras personas, además de disminuir el deseo sexual hacia ellas.

Otros tipos de lágrimas, como las basales, sirven simplemente para limpiar y lubricar el ojo. Algo necesario y natural. Y además, también limpian el ojo de irritantes e incluso de algunas bacterias.

Algunos de los principales motivos por los que lloramos

Como para bien o para mal ya sabemos, son muchos los motivos que nos pueden llevar a tener ganas de llorar. Entre ellos podemos encontrar tanto elementos emocionales como físicos.

A continuación vamos a ver algunos de los motivos, fundamentalmente los de origen psíquico.

1. Eventos traumáticos y/o sucesos vitales estresantes

Una de las principales causas de que nos entren ganas de llorar y probablemente la más conocida de todas pasa por el hecho de haber sufrido algún tipo de suceso traumático o doloroso.

La muerte de un familiar o un ser querido, una ruptura sentimental, un despido, la quiebra o incluso problema de menor calado pero que también pueden provocarnos sufrimiento a nivel emocional como una discusión o no conseguir una meta u objetivo muy queridos.

2. Dolor físico

A menudo también lloramos cuando sufrimos algún tipo de lesión, golpe, rotura, esguince…. Y es que el dolor físico es una de las causas que pueden hacer que lloremos.

Sin embargo, las lágrimas de este tipo suelen seguir un proceso diferente e incluso su composición química es distinta.

3. Depresión

Otra de las posibles causas que nos pueden hacer tener ganas de llorar, incluso sin saber a nivel consciente exactamente el porqué, es la existencia de un episodio depresivo (sea en una depresión mayor, trastorno bipolar u otras circunstancias).

En este caso se mantiene un estado de ánimo triste y se percibe incapacidad para sentir placer, problemas de sueño o alimentación, desesperanza o incluso desesperación. En este estado no es extraño llorar, si bien también es posible que pese a tener ganas de llorar el sujeto no sea capaz de hacerlo.

4. Ansiedad y estrés

La ansiedad y el estrés son otros factores que pueden llevarnos al borde de las lágrimas. En este caso, nos encontramos en una situación en que nos sentimos sobrepasados por las demandas ambientales o sociales.

Creemos que no tenemos suficientes recursos para hacer frente a lo que se nos pide o sucede, y nos invade la angustia. Nuestro tono energético y emocional se eleva, y es posible que nuestro cuerpo recurra a las lágrimas para aliviarse.

5. Rabia y/o sensación de injusticia

Del mismo modo que la ansiedad y el estrés, la rabia también puede ser un motivo para que aparezcan las ganas de llorar.

Al fin y al cabo, más de una persona habrá llorado de rabia. La causa es la misma que la que que observamos en el punto anterior: podemos encontrarnos en una situación que consideramos injusta y ante la cual no nos vemos capaces de hacer nada.

6. Empatía

Además de las anteriores es necesario destacar que otro motivo por el cual podemos tener ganas de llorar es la identificación de sufrimiento y dolor en otras personas. Es posible nos entren ganas de llorar al ver a otra persona llorando o pasándolo mal. En ello influyen las llamadas neuronas espejo, que nos permiten captar las reacciones emocionales de los demás e incluso reproducirlas.

Esta situación no se da solo al observar a otra persona sufriendo, si no que también puede aparecer ante la visualización de situaciones que de vivir nosotros consideraríamos tristes, o cuando las vemos en películas o novelas.

7. Captación de la belleza

Aunque puede no ser tan habitual como las anteriores, algunas personas pueden llegar a llorar de emoción al ver determinadas obras de arte, sean novelas, cuadros, esculturas, construcciones o películas.

En este caso el motivo de las lágrimas es la emoción derivada de la captación de algo que consideramos bello, aunque no nos genere tristeza per se. Es lo que les ocurre a las personas que sufren el síndrome de Stendhal.

¿Por qué lloramos de alegría?

Hasta el momento hemos hablado sobre por qué pueden llegar a aparecer las ganas de llorar y hemos visto que mayoritariamente lo hacemos como desahogo emocional o en respuesta a algún suceso aversivo o doloroso.

Sin embargo, como probablemente muchos se habrán preguntado ya, en ocasiones también tenemos ganas de llorar cuando ocurren cosas positivas: a veces lloramos de alegría. ¿Por qué sucede?

Encontrar la respuesta a esta pregunta es más complicado de lo que aparenta pero, según reflejan algunas investigaciones, el motivo podría ser que el propio cuerpo intenta autorregularse tras haberse activado con la alegría u otras emociones positivas: intenta volver a un estado base a través de una reacción que reduce el subidón de energía que la emoción provoca. Se trata pues, tal y como ocurre cuando lloramos de rabia, de una manera de recuperar el equilibrio a nivel emocional y energético.

Tengo ganas de llorar… pero no puedo

Es posible que a algunas personas les ocurra que tienen muchas ganas de ponerse a llorar o incluso que deseen hacerlo pero que, sin embargo, sean incapaces de ello. Hay muchas posibles causas para ello, que pueden ir desde lesiones cerebrales y enfermedades de diferentes tipos (por ejemplo algunas autoinmunes) a una mucho más habitual: la existencia de un bloqueo emocional.

En primer lugar hay que tener en cuenta que no hay prisa: cada persona procesa las cosas a su ritmo, y debe respetarse el hecho de que las lágrimas no acudan cuando teóricamente debieran.

El bloqueo emocional

Por otro lado, si la imposibilidad de llorar es absoluta y permanece en el tiempo, es posible que las causas se encuentren ante un bloqueo emocional. Los bloqueos emocionales se producen ante eventos o situaciones que generan gran ansiedad y sufrimiento, y que aparecen de manera inconsciente como mecanismo de defensa para protegerse de dicho dolor.

Sin embargo, este bloqueo impide o dificulta trabajar y procesar lo ocurrido. Estos bloqueos pueden darse de forma normativa, pero también en procesos como depresiones o trastornos por estrés postraumático.

Lo aconsejable en estos casos es en primer lugar darse un tiempo (algunas situaciones necesitan de tiempo para empezar a aceptarse como reales, como ocurre en casos de duelo), y posteriormente si la persona así lo quiere intentar trabajar poco a poco aspectos relacionados con la causa de dicho bloqueo. Si hace falta primero tangencialmente, para poco a poco ir aproximándose al suceso en sí y intentando revivir y reprocesar la situación de forma que podamos llegar a procesarla.

El peso de la cultura

Asimismo y especialmente en el caso de los hombres, llorar se ha visto tradicionalmente como un signo de debilidad, algo vergonzoso. Ello dificulta la expresión en público del llanto. Pero hay que tener en cuenta que de hecho llorar en público implica reconocer la existencia de un momento de vulnerabilidad, algo que por otro lado puede implicar también cierto valor.

Referencias bibliográficas:

Llanto en la lactancia

El llanto es la primera forma de comunicación verbal de un bebé y es un mensaje de urgencia o sufrimiento. El sonido es la forma en que la naturaleza se asegura de que los adultos le presten atención al bebé lo más rápido posible. Es muy difícil para la mayoría de las personas escuchar a un bebé llorando.

Casi todo mundo reconoce que los bebés lloran por muchas razones y que el llanto es una respuesta normal. Sin embargo, los padres pueden sentir un alto grado de estrés y ansiedad cuando un bebé llora con frecuencia. El sonido se percibe como una alarma. Los padres con frecuencia se sienten frustrados por no ser capaces de determinar la causa del llanto y calmar al bebé. Los padres primerizos a menudo cuestionan sus habilidades para la crianza si no se puede calamar al bebé.

POR QUÉ LLORAN LOS BEBÉS

A veces, los bebés lloran sin una razón aparente, pero en general el llanto es una respuesta a algo. Puede ser difícil entender qué es lo que está molestando al bebé en ese momento. Algunas posibles razones incluyen:

  • Hambre. Los recién nacidos quieren comer de día y de noche, con frecuencia cada 2 a 3 horas.
  • Dolor causado por gases y/o espasmos intestinales después de la alimentación. El dolor se presenta si el bebé ha sido alimentado demasiado o no se le han sacado los gases lo suficiente. Los alimentos que una madre lactante consume pueden causar gases o dolor en su hijo.
  • Cólico. Muchos bebés de edades entre 3 semanas a 3 meses desarrollan un patrón de llanto asociado con cólico. El cólico es una parte normal del desarrollo que puede desencadenarse por muchos factores y generalmente se presenta al final de la tarde o en las horas de la noche.
  • Molestia, como por ejemplo por un pañal húmedo.
  • Sentirse demasiado caliente o demasiado frío. Los bebés también pueden llorar por sentirse demasiado envueltos en frazadas o por el deseo de que los abriguen bien.
  • Demasiado ruido, luz o actividad, lo cual puede agobiar al bebé de manera lenta o súbita.

El llanto probablemente sea parte del desarrollo normal del sistema nervioso central. Muchos padres dicen que pueden oír la diferencia entre el tono entre un llanto por alimento y un llanto a causa de un dolor.

QUÉ HACER CUANDO UN BEBÉ ESTÁ LLORANDO

Cuando no tenga certeza sobre las razones por las cuales su bebé está llorando, trate de eliminar las fuentes que se puedan contrarrestar:

  • Asegúrese de que el bebé esté respirando con facilidad y de que los labios y los dedos de manos y pies estén tibios y de color rosado.
  • Verifique si hay hinchazón, enrojecimiento, humedad, salpullidos, dedos fríos en manos y pies, brazos o piernas retorcidos, lóbulos de las orejas doblados o dedos de manos y pies comprimidos.
  • Cerciórese de que el bebé no tenga hambre. NO espere mucho cuando el bebé muestre señales de tener hambre.
  • Asegúrese de estar alimentando al bebé con la cantidad apropiada y sacándole los gases en la forma correcta.
  • Revise para cerciorarse de que el bebé no tenga demasiado frío ni demasiado calor.
  • Revise para ver si es necesario cambiar el pañal.
  • Asegúrese de que no haya demasiado ruido, demasiada luz o viento, o estimulación e interacción inadecuadas.

A continuación se presentan algunas formas de calmar a un bebé que está llorando:

  • Trate colocando música suave para confortarlo.
  • Hable con el bebé. El sonido de su voz puede ser tranquilizante. El bebé también se puede calmar con el zumbido o sonido de un ventilador o secador de ropas.
  • Cambie la posición del bebé.
  • Cargue al bebé y colóquelo cerca del pecho, ya que algunas veces los bebés necesitan experimentar sensaciones familiares, como el sonido de su voz en el pecho, sus latidos cardíacos, la sensación de la piel, el olor del aliento, el movimiento del cuerpo y el alivio de un abrazo. En el pasado, a los bebés los cargaban constantemente y la ausencia de uno de los padres significaba peligro de depredadores o abandono. Usted no va a malcriar a un bebé cargándolo durante el período de la lactancia.

Si el llanto continúa por un período superior a lo usual y no se logra consolar al bebé con ninguno de los métodos anteriormente mencionados, consulte con su proveedor de atención médica para solicitar orientación.

Trate de descansar lo suficiente, ya que los padres agotados están menos capacitados para cuidar a su bebé.

Utilice recursos de la familia, los amigos o cuidadores externos que le permitan tener tiempo para recuperar su energía. Esto también será beneficioso para el bebé y de ninguna manera significa que usted sea una mala persona o que lo esté abandonando. En tanto los cuidadores tomen las debidas precauciones de seguridad y conforten al bebé cuando sea necesario, usted puede estar seguro de que su hijo estará bien cuidado durante esa pausa.

Llame a su proveedor de inmediato en caso de que el llanto de su bebé se presente con síntomas como fiebre, diarrea, vómitos, salpullido, dificultad respiratoria u otros signos de enfermedad.

Cuando el alma necesita llorar

Me encantan esas noticias que te hablan sobre viejas creenciasexistentes que se van desmoronando con el tiempo. El otro día leía que los científicos ya no consideran que los presentimientos sean solo una leyenda popular que se pierde en la noche de los tiempos. Hoy debes ponerle atención a tus presentimientos, escuchar lo que te dice el alma.

Los estudios muestran que somos capaces de adelantarnos a algo que ocurrirá, en un lapso de menos de cinco seguros, no ocurre siempre, pero ocurre. ¿No es interesante? Claro que sí.

Pero hoy me he enterado de algo que vendrá bien para aquellos que se niegan a exteriorizar sus emociones, los que siempre piensan en la compostura. Siempre he dicho que si tenemos la facultad de reír y llorar ¿por qué privarnos de ello?

«El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.»

-Concepción Arenal-

Llorar es bueno para el alma

Yo suelo reír con total desenfado, si he de reír una broma o un evento feliz lo disfruto al máximo, y si he de llorar, lloro con total libertad, no quiero guardarme en el corazón lágrimas que me hagan sentir frustrada o herida por mucho tiempo. Mejor las dejo correr y que las lleve el viento, suena poético, lo sé.

De todas maneras, estudios recientes afirman que llorar le hace bien al alma. Esto no es nada nuevo, ya que seguro que tú lo has sentido por ti mismo, cuando agobiados por los problemas un día nos dejamos llevar por las lágrimas, cuando hemos perdido alguien que nos era importante, las lejanías, las cercanías que duelen, las frustraciones, las pequeñas victorias y las grandes derrotas, que hemos llorado, claro que sí…

Pero no es lo que debemos hacer según los que piensan insisto, que debemos ser siempre controlados. Hay quien sigue pensando, erróneamente, que las lágrimas son una debilidad.

«Llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo.»

-Charlotte Brontë-

Llorar ayuda a expresar sentimientos de tristezao pena, pero también a arrancar otros como la ira, el dolor o la rabia. Lloramos de felicidad y de alegría. El llanto nos ayuda a liberarnos de sentimientos negativos y a descargar ese estrés que a veces nos paraliza. Entonces, ¿por qué no llorar cuando realmente lo necesitamos?

Llora para liberarte

No pensemos tampoco en aficionarnos al llanto, la vida requiere también de entereza, pero cuando queremos llorar porque nos sentimos derrotados, hay que dejar que esas lágrimas nos liberen del sentimiento. No hay que negarle a la felicidad unas lágrimas que siempre emanan fácilmente y que luego parecen extinguirse sin más…

Dicen que después de la tormenta viene la calma, llorar es saludable por cuanto nos libera de la frustración y la ansiedad, que lo dicen los expertos. Después de llorar seguro nos sentiremos mejor…

«Voy a llorar sin prisa. Voy a llorar hasta olvidar el llanto y lograr la sonrisa.»

-Sara de Ibáñez-

Aunque las cosas no cambien por una lágrima, siempre podemos y en eso estarán de acuerdo conmigo, retomar con más calma, el empeño de la vida… Lloraque es sano, y llora porque eso alivia el alma. “Emociones expresadas, emociones superadas”.

Y no solo hay que dejarse llevar, liberar el alma a través del llanto. También hay que enseñar a los más pequeñosa expresar sus sentimientos sin límites, sin restricciones, porque eso no los hace frágiles, porque les enseña y porque, en definitiva, llorar no solo devuelve la calma, sino que también los hará más fuertes.

Por qué le di mi voz a mi padre: el joven que le donó el habla a su progenitor enfermo de ELA

El llanto se considera una expresión emocional de cualquier ser humano. Es la reacción que tiene el organismo a nivel fisiológico, cognitivo, emocional y social ante distintas conductas.

Cuando se llora se libera adrenalina y noradrenalina, hormonas que hacen que el cuerpo entre en un estado de relajación y desahogo. Según el sitio mejorconsalud.com, después de llorar las personas se sienten más relajadas, porque el organismo desecha con las lágrimas sustancias como el cortisol y, a su vez, genera endorfinas y analgésicos naturales.

De manera científica, el llanto permite descargar hormonas que mantienen al ser humano en equilibrio y la secreción lagrimal es el flujo que se necesita para mantener la córnea en buen estado. Se debe tomar en cuenta que al contener el llanto, los músculos, los vasos sanguíneos, el estómago y el intestino se contraen provocando malestares. A continuación te diremos por qué es bueno llorar.

Libera estrés. Las lágrimas emocionales son las que el organismo produce en momentos felices y tristes. Cuando se expone a preocupaciones el estrés no da oportunidad de pensar. Sin embargo, al llorar permite sentirse más relajado porque en cada lágrima se libera altas dosis de adrenocorticotropina. Además, cuando se llora se derrama prolactina y leucina, que son analgésicos naturales. En resumen es una reacción química para calmar el dolor y reducir el estrés.

Llorar, hidrata. Las lágrimas basales son las que se generan sin un sentimiento, simplemente es una producción de las glándulas lagrimales. Éstas llegan al ojo y se van en las lágrimas y sirven para protegerlo y combatir sustancias extrañas y suciedad. Además, también mantienen la zona hidratada, porque oxigenan la córnea y cuidan la visión. Lo mismo sucede con las lágrimas reflejas, que se presentan cuando se mete un objeto extraño al ojo. Se producen en grandes cantidades porque contienen anticuerpos para proteger de gérmenes y posibles virus.

Reduce el mal humor. En el momento en que el cuerpo genera lágrimas desecha manganeso y cuando el organismo contiene altas cantidades de éste metal experimenta irritabilidad, cansancio, periodos depresivos y cuadros de ansiedad. Sin embargo, al llorar aumenta la cantidad de endorfinas, lo que ayuda manterse de buen humor.

Ayuda a lidiar con el dolor. Una forma de canalizar una pena es a través de las lágrimas. Se puede expresar la vulnerabilidad, pero también comunicarse con los demás. El llanto funciona como herramienta para liberar la emoción negativa y de esta forma se supera el dolor. Así, al levantar el ánimo, proporciona una sensación de bienestar.

El llanto funciona como herramienta para liberar la emoción negativa y genera empatía/

Empatiza. Cuando alguien llora, inevitablemente invita a ponerse en su lugar, es decir, se empatiza de manera automática. Se produce un vínculo emocional, porque las personas profundizan en las relaciones interpersonales. Además se indaga en nuestro interior y se analiza las consecuencias negativas y positivas de la situación.

Calmante natural. Entre los beneficios del llanto está el poder para calmar la angustia. La intensidad de las emociones fuertes es más leve y fluida. Si el llanto es mucho pero justificado (por ejemplo, tras la muerte de un ser querido) es normal hacerlo de manera desconsolada e incluso el corazón segrega más sangre. El caso es diferente si este viene acompañado de los siguientes síntomas: no dormir, dejar de comer, perder peso, apatía e ideas suicidas. Si esta fuera la situación es necesario buscar atención médica inmediata, ya que el llanto es desproporcionado y puede ser señal de un problema mental.

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Llorar conscientemente te ayudará a sentirte mejor

¿Qué es llorar y por qué tiene beneficios?

El llanto es un acto fisiológico de nuestro cuerpo en el que está involucrado el cerebro y el cuerpo al mismo tiempo para generarlo, es algo automático que como casi todo lo automático, tiene su función y su beneficio cuando es realizado de manera natural.

El llanto está regulado principalmente por el sistema nervioso parasimpático, que es el encargado de relajarte una vez que el peligro ya pasó, por eso, algo interesante, es que cuando estás en alerta (frente a un peligro real o imaginario) es casi imposible llorar, por lo que a veces en la ansiedad se nos dificulta hacerlo.

¿Cuáles son los beneficios de llorar?

El principal beneficio de llorar es que calmas la tensión de tu cuerpo, pues la desahogas, la canalizas y la liberas, es como sacar al exterior lo que está atorado, y de hecho por eso cuando te aguantas el llanto se siente un nudo en la garganta.

No es muy bueno cuando nos quedamos con el nudo en la garganta, cosa que hacemos casi siempre por miedo a ser vistos vulnerables, por ser criticados o por estar fuera de lugar, pero si no lo haces en el momento sería bueno por lo menos hacerlo después, para no quedarte con la tensión en tu cuerpo.

Se ha investigado que las principales funciones de llorar tienen que ver con calmar la angustia, liberar la tensión y generar empatía, pues cuando el otro te ve llorar, es una forma de enterarse de que necesitas ayuda o un abrazo. Claro, muchas veces no lo recibimos y entonces hemos de dárnoslo a nosotros mismos.

Y desde el punto de vista psicológico, hay veces que tenemos tantas emociones juntas, tanto acumulado, que no hay palabras que puedan asemejar o explicar ese mundo interior complejo, y es ahí donde entra el llanto, como algo que empatiza con lo que sentimos dentro, que lo expresa, que le da voz.

Y cuando las emociones encuentran resonancia con eso que hacemos y que sale al exterior, es que el cuerpo puede descansar.

Es por eso que obviamente que después de llorar te sientas cansado, pues ya soltaste la tensión y ahora es momento de descansar para recuperar tu equilibrio.

¿Cuándo el llanto deja de ser terapéutico?

Pero también hay veces en las que el llanto deja de ser terapéutico y beneficioso, yo he podido identificar que deja de tener beneficios principalmente cuando le agregamos un pensamiento, un juicio o una creencia detrás; o sea, cuando mientras lloramos nos decimos a nosotros mismos “nadie me quiere, nunca podré sentirme mejor, estoy muy mal, la vida no vale la pena” etc, etc.

A veces creemos equivocadamente que por llorar ya estamos en el hoyo, y entonces en cuanto lloramos pensamos “ya estoy en el hoyo, no sirve de nada la terapia, otra vez voy para abajo, ahora quién me va a querer…etc”. Todos esos pensamientos son agregados innecesarios al llanto y lo alargan más de lo necesario haciendo que te sientas muy mal al hacerlo.

El llanto tampoco funciona cuando lo hacemos para llamar la atención o por berrinche, esperando a que el otro acuda a ese llamado de empatía simplemente porque queremos que lo haga. Y hay veces que el llanto inclusive nos puede generar ansiedad cuando nos dejamos ir al extremo de la desesperación y drama.

Hay que llorar conscientemente para que sea terapéutico

Entonces, el llanto que ayuda es en el que pones tu mente en blanco y permites que tu cuerpo libere la tensión y el sentimiento a través del llanto. Es un llanto consciente porque te dispones a llorar, lo sientes al máximo pero sin agregarle o magnificarlo, lo vives sin juzgarte, sin querer llegar a conclusiones y mucho menos a decisiones.

El llanto consciente es cuando reconoces los beneficios del llanto, aceptando que eres humano y conectando con tu cuerpo, con esa tensión que se va canalizando y calmando poco a poco. Es totalmente válido llorar mientras que sientes tu fragilidad como ser humano, pero eso no significa que seas débil o sin valor, significa, repito, que eres humano.

En otras palabras, el llanto consciente es cuando tu cuerpo es el que llora, en lugar de tu mente.

Así es que la próxima vez que te den ganas de llorar, date un espacio para hacerlo, pero dedícate a hacerlo con atención, diciéndote a ti mismo que te das permiso de llorar y que te dejarás sentirlo.

En mi experiencia personal, he descubierto que cuando lo hago de ésta forma, no dura más de 5 minutos, no termino tan cansada y no agrego drama a la situación, simplemente lo hago para darme ese apapacho interno que necesito.

“No hay mayor causa de llanto que no poder llorar”

Y cuánta razón llevaba Séneca, autor de la frase que he utilizado como titular. Hoy en día sabemos que hay una conexión neuronal entre las áreas del cerebro (nuestro sistema límbico cerebral) vinculadas a las emociones y a la glándula lagrimal.

El sistema límbico es un sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales. Está relacionado con la memoria, atención, instintos sexuales, emociones (por ejemplo placer, miedo, agresividad), personalidad y la conducta.

Todos los mamíferos producen lágrimas, humedecen el ojo y lo mantienen libre de infecciones ya que el contenido de estas lágrimas (las basales y las reflejas) contienen agua, glucosa, componentes antibacterianos e iones como sodio y potasio (por eso nos saben saladas). Sin embargo, únicamente las personas podemos llorar de emoción como algunos hicimos el sábado pasado cuando nuestro equipo levantó la undécima. ¿Y qué hay de diferente en el contenido de estas lágrimas? La presencia de hormonas, en concreto de hormonas que produce nuestro organismo en situaciones de estrés, la hormona adrenocorticotrópica.

De ahí que una de las teorías de por qué lloramos sea que el llanto no sería más que una forma de liberar al cuerpo de una excesiva tensión y recuperar la calma. Otra teoría existente sostiene que es una simple reacción física al dolor, y otras más complejas vinculan el fenómeno a un tipo de comunicación no verbal que intenta describir un determinado estado de ánimo (particularmente uno en el que se intenta llamar la atención o solicitar la ayuda de otros). Estas últimas teorías han ganado terreno, ya que aportan una explicación más plausible también teniendo en cuenta que el llanto se produce incluso causado por emociones opuestas -aunque siempre son emociones intensas- tales como la alegría o la tristeza, y que el llanto representa una válvula de escape a la experimentación de esas emociones.

Como vemos, las razones y el origen del llanto se siguen discutiendo e investigando, pero sí hay cierta unanimidad sobre los buenos efectos que trae asociados el llanto: la reducción de estrés y la claridad de pensamientos, entre otros; así que, si bien muchas veces pasar por la experiencia o por la fase previa no es algo agradable, las emociones son algo natural que no se deben reprimir o intentar controlar y, si conducen al llanto, por algo será, aunque todavía no sepamos bien por qué.

No he llorado en diecinueve años

Echando cuentas, calculo que estuve casi veinte años sin llorar.

Recuerdo llorar cuando era un niño, claro, por razones tanto físicas (como picaduras de abeja o juegos un tanto violentos con mis hermanos mayores) como emocionales (como caerme de la bici cuando estaba aprendiendo a montar). He escrito en otras ocasiones sobre la ansiedad que sentí en secundaria días antes de mi bar mitzvá, que me hizo romper a llorar al menos en dos ocasiones. (Podéis reíros de esto, yo lo hago).

Pero entonces, por alguna razón, cuando tenía unos trece años, paré. Y aunque puede que haya alguna excepción ocasional, de verdad que no recuerdo ningún momento en el que tuviera una buena llorera entre 1998 y el año pasado, cuando tenía 32 años y lloré por una ruptura.

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Tres de mis abuelos murieron en ese periodo de tiempo y no lloré. Un amigo mío murió. Compañeros del instituto murieron. Tuve un verdadero ataque de pánico y varios episodios de depresión y de ansiedad. Vi películas tristes, leí libros tristes y escuché canciones tristes. Fui a bodas y a graduaciones. Tuve rupturas y rechazos sentimentales. Experimenté innumerables decepciones profesionales y desencantos políticos. Viví, como ciudadano, el 11-S, el huracán Katrina, la masacre de Newtown y otra infinita serie de tragedias sociales compartidas. Lo más cerca que estuve de llorar fue un nudo en la garganta, los ojos vidriosos, un leve temblor en los músculos de la cara o un quiebro en la voz. (Cuando eres uno de esos que no llora, te conviertes en un experto en las distintas etapas del casi-llanto). En ningún momento llegué a derrumbarme.

Entonces, hace más o menos un año tuve un episodio depresivo que dio un vuelco a mi vida. Aunque durante años fui un adicto al trabajo centrado de forma obsesiva en escribir sobre temas que no tuvieran que ver conmigo, de repente, me interesé por mí y por descubrir qué me había llevado a ser tan insensible.

Empecé a analizar mi pasado para encontrar pistas que me pudieran haber convertido en la persona que soy ahora y a examinar mi presente para encontrar formas de mejorar mi bienestar. ¿Y si me compro un colchón nuevo? ¿Me cojo unos días libres? ¿Dejo de beber? ¿Como menos comida basura?

En algún punto de este periodo de autorreflexión, me topé con mi falta de llanto y me puse nervioso. ¿Diecinueve años entre llorera y llorera?

¿Es eso sano? ¿Puedo —y debo— aprender a llorar de nuevo?

Llorar es una súplica de ayuda codificada propia de la evolución

Lo seres humanos llevan mucho tiempo hablando sobre llorar. El poeta romano Ovidio escribió: “Es un alivio llorar; las penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas”. El versículo más corto del Nuevo Testamento dice: “Jesús lloró”. Y, por supuesto, en el siglo XXI, canciones de Jay-Z, gifs de James Der Beek, memes de Michel Jordan y páginas de wikiHow están dedicadas al tema de llorar.

Sin embargo, los estudios científicos y médicos rigurosos sobre llorar son bastante recientes. Ad Vingerhoets, profesor de psicología de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, es una de las autoridades mundiales en este tema. En una charla TED de 2015 dijo a la audiencia que “el estudio de las lágrimas está aún en pañales y aún es un tema muy poco ahondado”. Todos sus artículos reflejan una idea similar, como uno de 2011 que dice: “Las llantinas se encuentran entre los comportamientos humanos más dramáticos y únicos, y aun así apenas tenemos un conocimiento sistemático al respecto”.

Pero si echamos un vistazo a la bibliografía y a las charlas de los expertos, descubrimos un par de cosas concretas que pueden ayudarnos a aprender. Sabemos, por ejemplo, que llorar es una súplica de ayuda codificada propia de la evolución. “Llorar debió desarrollarse pronto como una petición de vida o muerte de unos cuidados básicos, no como la risa, que es un vínculo social menos crucial”, escribe Robert Provine en su libro Comportamientos curiosos: Bostezar, reír, tener hipo y más allá. “Llorar es una petición de cuidados y ayuda, y su principal incentivo va variando gradualmente de una herida física en la infancia a un trauma emocional en la vida adulta”.

Por lo tanto, tiene sentido que ver lágrimas tenga un “gran impacto en el cerebro” del observador, como me dijo Vingerhoets. En un estudio reciente en el que los sujetos miraban fotografías casi idénticas de personas con lágrimas visibles y eliminadas digitalmente, los investigadores descubrieron que “llorar despierta una necesidad de ayudar” y que “ver lágrimas genera sentimientos de conexión social”.

La creencia de que llorar es bueno para la salud está cogiendo fuerza. Primero, las lágrimas contienen una enzima que se cree que estimula nuestro sistema inmunitario. Pero aunque un artículo de 2011 analizó 140 años de artículos populares sobre llorar y descubrió que el 94 por ciento apoyaba la idea de que llorar era beneficioso, los investigadores actuales plantean un panorama menos claro. “Los datos empíricos son, como mínimo, inconsistentes, con varios estudios que demuestran que llorar no reporta ningún beneficio”, reza un artículo reciente.

Sin embargo, en lo que respecta a cómo se siente la gente después de llorar (que no es lo mismo que si llorar tiene, objetivamente, beneficios observables sobre la salud), parece que la respuesta de una persona a sus propias lágrimas depende mucho del contexto. Llorar delante de tu madre no es lo mismo que llorar delante de tu jefe.

He aprendido cosas sorprendentes sobre mi propia experiencia mientras investigaba sobre las lágrimas. Sabemos que las mujeres lloran más que los hombres y, por lo tanto, como un tío al que le cuesta llorar, no soy tanto una excepción como podría parecer. Además, como la frecuencia con la que llora un ser humano suele disminuir en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta, he descubierto que mis años de sequía ocular entran más o menos dentro de la franja media de cuándo se llora menos y luego vuelve a aumentar.

Me sentí menos marginado cuando di con una copia del influyente libro de 1982 Crying: The Mystery of Tears (Llorar: el misterio de las lágrimas), en el que su autor, el bioquímico William H. Frey, escribió: “He recibido varias cartas de hombres de entre veinte y cuarenta y tantos años que no han llorado desde la infancia y quieren recuperar su capacidad perdida de llorar”. En un fragmento del libro, el mismo Frey apunta a que él eligió estudiar el llanto porque a sus veintitantos se dio “cuenta de que no había llorado desde que tenía unos doce años” y se preguntó “si su falta total de lágrimas era sana y normal”.

Pero no todo lo que leí me resultó reconfortante. En 2017, Vingerhoets publicó junto a otros autores un artículo pionero, en el que estudiaron a casi 500 personas que decían haber perdido la capacidad de llorar y a 179 que lloraban “con normalidad”. Descubrieron que, aunque los que no lloraban no mostraban una sensación de bienestar inferior, su situación era… algo triste.

“En el total de la muestra, el grupo sin lágrimas se sentía menos conectado con los demás, menos empáticos y mostraban respuestas menos emocionales a casi todas las formas de arte y a la naturaleza”, se explica en el artículo. “Se mostraban menos conmovidos ante los sucesos de la vida humana, que son los que normalmente despiertan las emociones y el llanto”.

Yo no quiero vivir así.

Aunque mis padres nunca me recriminaron explícitamente expresar mis emociones, nunca tuve ningún modelo de adultos que lloran

Una mañana, hace poco, me desperté, miré el móvil y, unos segundos más tarde, me eché a llorar. Quiero guardarme algunos de los detalles de este momento, pero puedo decir que la noche anterior, un amigo mío más joven que yo había pasado por un problema profesional bastante intenso y público.

Esa mañana me desperté con un email suyo en el que me pedía ayuda y, cuando entré en Facebook, vi un largo hilo de comprensivas publicaciones de gente que le mostraba su apoyo. La combinación de compasión por mi amigo y la conexión personal con lo que acababa de pasar (mis veinte fueron una época de turbulencias personales y profesionales que aún estoy procesando) por lo visto desbloquearon algo muy profundo dentro de mí. Y ahí mismo, en la cama, antes de tomarme el primer café del día, rompí a llorar.

A diferencia de otras ocasiones, en vez de pisar el freno, me dejé llevar. Relajé el cuerpo, me metí mentalmente en el momento y evité cualquier tentación de juzgarme a mí mismo. Desde fuera no hubiera parecido algo terriblemente dramático: unos sollozos contenidos y unas pocas lágrimas; duró solo dos minutos, pero para mí, fue una liberación.

Estoy seguro de que gran parte de esto fue porque me había pasado los últimos meses llevando a cabo exhaustivos análisis de aficionado intentando averiguar las razones por las que llevaba tanto tiempo sin llorar. Y me di cuenta de cuántas razones había. A pequeña escala, vengo de una familia hiperintelectual que apenas llora.

Así que, aunque mis padres nunca me recriminaron explícitamente expresar mis emociones, no tuve ningún modelo de adultos que lloran. A esto hay que añadirle el hecho de que soy un hombre en Estados Unidos, y aunque las costumbres sobre llorar están cambiando —véanse los artículos de opinión del New York Times y del Washington Post—, aún queda mucho camino por recorrer para que el hombre puede liberarse emocionalmente. Estoy seguro de que yo absorbí algo de eso.

Quiero dejar de entrometerme cuando siento una ola de emoción, quiero desaprender todas las maneras y razones que he acumulado para no llorar

Después hay otras cosas sobre mí que han limitado mi capacidad para llorar. Por ejemplo, me guío más por el cerebro que por el corazón; verbalizo mis sentimientos en vez de convivir con ellos; soy una persona con ansiedad que vive en un estado permanente de hipervigilancia en el que no me relajo lo suficiente como para llorar; soy periodista, y por lo tanto, parte de una cultura profesional que pone en valor la compostura y el estoicismo; y, como muchos hombres, tras años de dolorosas experiencias profesionales y personales, he construido un muro entre mis emociones y yo que acabo de empezar a derrumbar.

Además de todo eso, cuanto más tiempo pasaba sin llorar, más miedo me daba esa extraña situación que, entre otras cosas, representaba la falta de control. Ambas cosas —lo desconocido y lo incontrolable— desencadenaban mi ansiedad, por lo que suponían dos razones más para no llorar.

Empecé a trabajar en este artículo porque estaba interesado en explorar si podía enseñarme a llorar. Pero en algún punto del proceso me di cuanta de que llorar no es lo que busco, simplemente quiero dejar de entrometerme cuando siento una ola de emoción. Quiero desaprender todas las maneras y razones que he acumulado para no llorar.

Mi objetivo cuando escribo esto no es presentarme como una especie de evangelista del llanto. Puede que algunos de los que estéis leyendo esto tengáis una relación sana con las lágrimas, mientras que otros tengáis problemas por llorar “demasiado”. (Como apunta Provine en Curious Behavior, llorar de una forma extraña es un poco mejor que reír de una forma extraña, que puede “dar miedo, parecer raro o diabólico”, lo que tiene peores consecuencias sociales). Yo lo único que sé es que, ahora mismo, abrazo el llanto.

Esto es más que nada sobre el significado y el simbolismo de llorar. En uno de sus artículos, Vingerhoets y su equipo escriben que llorar puede tener el valioso propósito de “recordar a la persona que la situación o el suceso por que el que está pasando es algo que importa de verdad”. Dicho de otra forma, llorar puede ser un mensaje de nuestro subconsciente sobre heridas y valores, y si lo ignoras o lo rechazas, pierdes esa conexión contigo mismo. Tras años escribiendo “Devolver al remitente” en las cartas que me mandaban mi mente y mi cuerpo, estoy preparado para empezar a abrirlas y a leerlas.

Si llorar delante de alguien que me importa conlleva conectar a un nivel más profundo con ellos, entonces claro que quiero llorar. Si llorar implica rechazar las estúpidas ideas sobre la masculinidad, entonces me apunto

Para mí llorar representa también un paso adelante en muchas de las formas en las que quiero crecer. Me cuesta ser vulnerable, pedir ayuda y desconectar de mi hipervigilancia con ansiedad, y llorar es la materialización de todas esas cosas. Llorar es también un estado físico de comunicación abierta con mis sentimientos. Consulté con una experta, Amy Blume-Marcovivi, editora del libro When Therapists Cry: Reflections on Therapists’ Tears in Therapy (Cuando los terapeutas lloran: reflexiones acerca de las lágrimas de los terapeutas en terapia) si llorar es saludable y ella me respondió que depende de la situación.

“Si alguien, mediante la introspección, se da cuenta de que siente un rechazo por llorar como forma de evitar las emociones o de reprimirse, aprender a llorar y dejar que las lágrimas salgan como forma de tener un contacto más directo con su verdadera experiencia emocional sin importar lo que duela puede ser saludable para ellos”, apunta. Bingo.

Este último año me ha dado la oportunidad de analizar mi actitud frente al llanto y de cambiarla para acercarme a la persona que quiero ser. Si llorar delante de alguien que me importa conlleva conectar a un nivel más profundo con ellos, entonces claro que quiero llorar. Si llorar implica rechazar las estúpidas ideas sobre la masculinidad, entonces me apunto. Si llorar es un ejercicio de conciencia que requiere estar presente en el momento en vez de hablar, pensar o distraerme, entonces acepto el reto.

Hacia el final de mi conversación sobre el llanto con Michael Trimble, profesor de Neurología en el Instituto de Neurología de Londres y autor de Why Humans Like to Cry: Tragedy, Evolution, and the Brain (¿Por qué a los seres humanos les gusta llorar?: Tragedia, evolución y el cerebro), le pregunté por qué había invertido tanto tiempo y esfuerzo en investigar el llanto. Me dijo que le interesaba el hecho de que los chimpancés y los simios no lloran por razones emocionales mientras que los humanos sí lo hacen. “En algún punto de la evolución, las cosas cambiaron y llorar se volvió un código para una característica concreta del comportamiento que tenía que ver con conectar a los seres humanos entre ellos”, explica.

Por lo tanto, no llorar —ya sea en una boda, en la ópera o tras un trauma personal o una tragedia— es un acto de “reprimir esta parte tan, tan importante del comportamiento humano y, a mi parecer, un rasgo distintivo de ser un Homo sapiens, de ser humano”, me dice.

Así que puede que la razón más convincente por la que quiero llorar es algo más elemental, más primitivo. Me acuerdo de una idea del libro de Provine: “La exclusividad de las joyas de la corona de la humanidad —el lenguaje, la risa y el uso de herramientas— se ha visto cuestionada, pero el llanto emocional sigue siendo un rasgo único del ser humano”.

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¿Por qué lloramos y cuál es el papel de las lágrimas en nuestra salud?

Derechos de autor de la imagen Thinkstock Image caption El sollozo como respuesta al dolor o a un choque emocional continúa intrigando a los científicos.

Puede ser en respuesta a un dolor extremo, a un choque emocional o a una escena emotiva de una película.

¿Cuántas veces nos sorprendemos a nosotros mismos sollozando cuando miramos una película, aunque sea de personajes animados como Dumbo o Buscando a Nemo?

Llorar es algo tan común que rara vez nos planteamos cuáles son las razones científicas que lo explican o qué efectos tiene esto en la salud.

Y los humanos son los únicos seres vivientes que lloran en respuesta a las emociones o al dolor.

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Por qué se produce esto es una de las preguntas que aún se hacen los científicos.

Pero sí sabemos que hay tres diferentes tipos de lágrimas.

Y cada uno cumple una función diferente.

Basales, reflejas y psíquicas

«La primera es la lágrima basal, y su función es esencialmente mantener lubricado y libre de polvo al ojo», le dice a la BBC el doctor Nick Knight, del West Middlesex hospital del Reino Unido.

«El segundo tipo es la refleja. Si, por ejemplo, algo te irrita, como cuando cortas una cebolla o si el ojo entra en contacto con gases lacrimógenos».

Derechos de autor de la imagen Thinkstock Image caption Las lágrimas reflejas protegen al ojo de objetos extraños.

«Este es el tipo de lágrimas que vas a producir, y el objetivo es limpiar al ojo de partículas extrañas o sustancias irritantes».

El tercer tipo, según el doctor Knight, «es la lágrima producto del sollozo, que es resultado de un amplio espectro de emociones, y es la más importante».

«Puedes llorar por un dolor intenso, por tristeza, felicidad… Se le llama lágrima psíquica y es la que genera más interés entre los científicos», le dice a la BBC.

Sin embargo, la lágrima psíquica continúa siendo un misterio, según el investigador de la unidad de ciencia de la BBC Adam Rutherford.

«Es un tema que no ha sido muy investigado. No se sabe por qué lloramos en respuesta al dolor físico o a un trauma emocional o incluso en momentos de felicidad. Pero ya que somos seres sociales, puede ser una forma de manifestarle a los demás nuestro estado mental y buscar consuelo», explica Rutherford.

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Una forma de comunicación

Charles Darwin sostenía que las lágrimas psíquicas o las que responden a la emoción, no tienen ningún propósito.

Para él, las lágrimas en general tenían un sólo propósito: proteger el ojo.

Derechos de autor de la imagen Thinkstock Image caption Hay tres tipos de lágrimas, un tipo para lubricar el ojo, otro para proteger de irritantes y un tercer tipo que responde a las emociones.

Sin embargo, Claudia Hammond, autora del libro «Emotional Roller Coaster» o «Torbellino Emocional», señala que hoy en día los psicólogos piensan que las lágrimas psíquicas sí tienen un propósito, aunque hay un debate en relación a cuál exactamente es.

«Muchos psicólogos piensan que es una forma de comunicación y que si lloras, usualmente la gente simpatiza contigo, o si te están maltratando, llorar les hace saber que están yendo demasiado lejos», explica Hammond, de la Unidad de Ciencia de la BBC.

Y hay evidencias de que dar una buena llorada tiene efectos positivos en la salud mental.

En 2015, el psicólogo holandés Ad Vingerhoets, de la universidad de Tilburg, en Holanda, le pidió a un grupo de voluntarios que llenaran formularios explicando cómo se sentían antes de mirar dos películas muy emotivas. Posteriormente llenaron el mismo formulario inmediatamente después de mirar el filme, 20 minutos después y dos horas después.

Los resultados fueron muy claros. Quienes no lloraron, no reportaron ningún cambio en su estado psíquico. Los que sí, señalaron que su estado de ánimo había mejorado significativamente.

Image caption Llorar es la principal forma de comunicación de un bebé.

En otras palabras, llorar había tenido un efecto catártico. Ese es otro ejemplo de cómo la gente se siente mejor después de una buena llorada.

Los estudios señalan que sollozar tiene efectos inmediatos en el cuerpo. «Todo nuestro cuerpo siente el efecto, los latidos del corazón se aceleran, las venas y arterias se dilatan, el cuerpo suda más y el ritmo respiratorio se desacelera», señala Adam Rutherford.

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