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Primer dia de trabajo

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¿Cómo será el primer día de trabajo? ¿Saldrá todo bien? ¿Cómo serán los compañeros? La incertidumbre por saber cómo será el primer día de trabajo es motivo de nervios, ya que desconoces cómo va a ser la rutina habitual en tu puesto y el funcionamiento interno de la empresa. Pero no te preocupes. El primer día de trabajo será tu primera toma de contacto con la organización y el día a día de la empresa. Sólo tienes que tener confianza en ti mismo y mostrar interés por aprender. Esto también se aplica al primer día de prácticas, también puede ser una experiencia complicada.

Con los tiempos que corren es complicado conseguir trabajo y, con ello, conseguir el primer empleo. No obstante, si eres uno de los afortunados que ha logrado un puesto de trabajo es fundamental que sepas cómo superar los nervios del primer día de trabajo y comenzar así con buen pie en la empresa.

Consejos para el primer día de trabajo

El primer día de trabajo es uno de esos momentos que recordarás toda la vida. Es normal que estés nervioso o nerviosa la noche de antes y que te cueste conciliar el sueño. Sin embargo, superar los nervios del primer día de trabajo es posible. Para ello, es importante que te relajes y, sobre todo, que tengas seguridad y confianza en ti mismo. ¡Todo irá bien!

A continuación, te mostramos una lista con los mejores consejos para el primer día de trabajo. Con estas recomendaciones lograrás que la jornada sea un éxito:

  • Confia en ti. Ahora que ya has pasado la primera prueba en el proceso de selección, es momento de demostrar tu valía y talento. Si la empresa te ha seleccionado, es porque cree que tu perfil profesional encaja con las necesidades de la compañía. Por ello, tener seguridad en uno mismo es esencial para que las tareas salgan bien y para que los demás confíen en tu buen hacer.
  • Puntualidad. El horario de llegada es fundamental para causar una buena primera impresión. Llegar puntual al trabajo también es importante para mostrar tu educación y ganarte la confianza del jefe.
  • Cuida tu imagen. La primera impresión en el primer día de trabajo es muy importante y aquí la vestimenta juega un papel fundamental. Si en la empresa visten con traje, lo tendrás mucho más fácil: procura que el color de tu ropa no se salga del gris o el azul marino. En cambio, si puedes vestir con ropa un poco más informal, trata de no llamar excesivamente la atención. Evita camisetas llamativas o que reflejen frases publicitarias o agresivas. Tampoco es aconsejable que vistas con ropa deportiva o de playa. Recuerda que vas a trabajar, ¡las vacaciones ya llegarán!
  • Socializa con tus compañeros. Este es uno de los pasos más difíciles de superar el primer día de trabajo. Intenta no quedarte sentado frente al ordenador durante toda la jornada. Es fundamental socializarse: participa de las conversaciones con tus nuevos compañeros, pero siempre intentando adaptarte a sus costumbres y hábitos. Trata de introducirte en las conversaciones de forma natural. Es aconsejable observar, escuchar con atención y no hablar demasiado si no es preciso.
  • No asumas ninguna responsabilidad sin preguntar. Si no estás seguro de cómo se realiza alguna tarea, es importante que preguntes antes de equivocarte. Y, sobre todo, agradece cualquier ayuda o consejo que te den tus compañeros o tus jefes.
  • Lleva una libreta. Anota los datos importantes en un cuaderno para agilizar el proceso de adaptación a tu nuevo puesto de trabajo. Puedes apuntar los nombres de tus compañeros, los horarios, las claves del ordenador y cualquier otro tipo de información que te ayude a tener una buena organización.
  • Muestra interés por aprender. Pregunta todo cuanto necesites saber para no tener dudas a la hora de ejecutar las tareas. Expón tu interés por los detalles del puesto de trabajo y demuestra una actitud positiva y con predisposición para aprender en todo momento.
  • No te vayas el primero. Pregunta si se te necesita para cualquier otro aspecto cuando finalices tu jornada laboral y antes de irte de la empresa.

Hay muchas primeras experiencias en el mundo laboral, ya sea antes de conseguir trabajo como después, por ello te ofrecemos los siguientes consejos:

Diez pistas para que tu primer día de trabajo sea un éxito

Estrenar empleo no es algo que suela ocurrir mucho en estos tiempos. Sin embargo, cuando ocurre, el primer día de trabajo se suele convertir en un ir y venir de sensaciones, motivadas por la propia persona, al poner en tela de juicio todos los aspectos que rodean a ese día, pudiendo incluso frustrarnos a nosotros mismos.

Los compañeros, jefes, las primeras decisiones, en cualquier minucia que se haga existirá la sensación de que la permanencia en el puesto está en juego.

Según una encuesta realizada por Jobandtalent entre más de 1.500 usuarios, el 67% de los encuestados afirma tener más temor al primer día de trabajo que a la entrevista de selección para el mismo.

Jobandtalent ha elaborado los diez mandamientos para que el primer día de trabajo los nervios no nos jueguen malas pasadas y la jornada sea un éxito:

1.Te vestirás lo más normal posible por encima de todas las cosas. La primera regla comienza en el propio hogar, ya que la vestimenta supone la primera traba que debemos superar. La clave es no desentonar. Si en tu oficina todas las personas van de traje o arregladas, lo tendrás más fácil, siempre que no te salgas de los grises o el azul marino. En los hombres, con las corbatas, el primer día no se debe arriesgar. Con el tiempo tendrás más libertad. Si por el contrario nadie va de traje, se debe ir lo más normal que se considere, es decir, de la manera que uno entienda que no va a llamar la atención. Cualquier aventura en la vestimenta te puede condenar para el resto.

2. No pronunciarás el nombre de ningún compañero en vano. Para tener control de los nombres de tus compañeros, así como su cargo, es recomendable llevar siempre una agenda. Además, se deben apuntar las claves de acceso y sobre todo, anotar las primeras directrices que recibas para comenzar a funcionar. Es un aspecto que poca gente tiene en cuenta, pero que te hará dejar muy buena impresión.

3. Sacrificarás la hora del café. En tu primer día no es recomendable que constantemente te vean levantándote a la cafetería o la máquina dispensadora. Sólo podrás ir a tomar café si los compañeros te invitan a que acudas con ellos, ya que lo contrario produce un aislamiento que a la postre, será peor. Es recomendable hacer lo propio si fumas.

4. No llegarás tarde. El horario de llegada es fundamental en la primera impresión. Si te han dicho que tu hora de llegada es en torno a las 09:00, las 09:05 ya es tarde para tu primer día. Es el primer punto en el que empiezas a ganarte la confianza del jefe.

5. Actuarás con decisión y firmeza. Es normal en los primeros días poner en duda todas las decisiones que creas que debes tomar. Aunque puedan ser erróneas o estar mal enfocadas, es preferible asumirlas con determinación y no mostrar nerviosismo o timidez. El mandamiento segundo puede ayudar, ya que la agenda también sirve para marcar los objetivos a seguir los primeros días, y así tener claras las funciones que debes desempeñar.

6. No derramarás nada. Parece un aspecto menor, casi anecdótico, pero suficiente para pasar un mal rato innecesario. Siempre es recomendable llevar una botella de casa para evitar tirar un vaso lleno de agua, y ocasionar cualquier percance. Siempre hay que recordar que es mejor prevenir que curar.

7. No usarás cascos de música. El tema de qué elementos se pueden llevar a la oficina siempre genera dudas. La mejor manera para resolver estas incógnitas es comportarse como lo hace la mayoría. En este tipo de aspectos es preferible pasar desapercibido. Si no te ponen impedimento a utilizar cascos, u observas que la mayoría lo hace, recuerda que siempre que alguien te hable es fundamental apagar todo y prestarle la más absoluta atención.

8. No te aislarás frente a tus compañeros. Quizás es uno de los aspectos más difíciles de superar el primer día, ya que tendemos a sentarnos en nuestro ordenador y no movernos del mismo durante toda la jornada. Es fundamental socializarse, participar de las conversaciones, pero siempre intentando adaptarse a sus costumbres y hábitos.

9. No asumirás ninguna responsabilidad sin preguntar. Siempre, por pequeña que sea la duda, es preferible preguntar. Un error siempre será peor que 100 preguntas. Es uno de los aspectos que más nos cuestan por el temor de que parezca que no sabemos hacer lo que se nos pide, pero es nuestro primer día. Con eso se consigue mostrar interés y empeño en tu puesto de trabajo

10. No serás el primero en irte. Al igual que es preciso ser el primero en llegar, no debes hacer lo mismo a la hora de irte. Nunca hay un momento exacto, ya que todo depende de la carga de trabajo que tengas en ese momento. Además, siempre es idóneo preguntar si se te necesita para cualquier aspecto antes de terminar con tu primer día. Esta última pregunta es la guinda perfecta para que tu primer día de trabajo salga todo rodado y según lo previsto.

Qué hacer si tienes miedo a empezar en un nuevo trabajo o sientes ansiedad en el que estás

El miedo al trabajo tiene muchas caras.

La inseguridad cuando buscas tu primer empleo. El vértigo de tener que empezar de cero en uno nuevo. O las ganas de salir corriendo del trabajo en el que estás.

No sé cuál de todas será tu situación pero (-sea en una o en otra-) seguramente lo estés pasando mal. En un artículo que escribí hace ya algún tiempo, hablé de todo lo que implica vivir con este miedo; las sensaciones, los obstáculos, las consecuencias.

Hoy quiero tratar el mismo tema pero desde el otro lado; el de la acción.

Porque conocer lo que te pasa está bien (y es necesario) pero llega un momento en el que te das cuenta de que lo importante es centrarse en la solución y no tanto en el problema. Plantearse “¿qué puedo hacer para cambiar mi situación?”

      1. Tengo que buscar trabajo o empezar en uno nuevo y me da miedo
      2. Tengo ansiedad en mi trabajo

Tengo que buscar trabajo o empezar en uno nuevo y me da miedo

¿Acabas de terminar los estudios pero no te sientes preparado/a para entrar en el mundo laboral?

¿Llevas mucho tiempo en desempleo y estás asustado/a ante la idea de tener que comenzar en un nuevo trabajo?

1. Reconoce el punto en el que estás

El problema no es que no tengas trabajo, es que tienes tantas ganas de tenerlo como miedo de encontrarlo.

¿Lo haré bien?, ¿seré capaz? ¿me adaptaré? Esas dudas que cualquier persona se plantea cuando tiene que hacer algo por primera vez o cuando tiene que empezar en un nuevo trabajo, tú lo has convertido en miedos que te paralizan.

Te alertan de que para no fracasar, es mejor no ponerse a prueba y estás cavando tu propia tumba. No buscas trabajo; mandas currículums con la esperanza de que caigan en saco roto y no te llamen; no acudes a las entrevistas; y/o rechazas puestos de trabajo.

Reconócelo. Sin medias tintas y sin excusas. No es la crisis, no es la falta de trabajo. La razón que te mantiene en la situación en la que estás es el miedo a no saber, a no valer, a fallar, a sentirte inútil, a que los demás lo sepan.

2. Acéptalo. Acéptate

Nadie elige sus miedos ni quiere pasarlo mal.

Por la razón que sea (-no importa cuál-) te asusta enfrentarte a un nuevo trabajo y lo que ahora toca es buscar la manera de derribar esa barrera, no darte de cabezazos contra ella.

El enfado, la lucha, la culpa y el reproche por ser o sentirse así, de poco sirven.

3. No te obsesiones con ello

Tener miedo al trabajo no es una dificultad tonta que se vaya a solucionar por sí sola ni que no tenga importancia.

Tienes que responsabilizarte y saber que vas a tener que poner mucho de tu parte para darle la vuelta al problema, pero no dejes que invada todo tu tiempo y tus energías.

La vida tiene muchas parcelas. El trabajo es sólo una de ellas y no tiene por qué contaminar y ensombrecer las otras (familia, amigos, pareja, ocio, aficiones, estudios, descanso…). Da a cada cosa su espacio. Si tu vida laboral va en picado, al menos, date permiso para desconectar y disfrutar de lo que sí que tienes y sí va bien.

Desde la preocupación y la angustia, con el agobio metido en el cuerpo, no se encuentran soluciones.

3. La oportunidad es ahora

Decir «todavía no estoy preparado/a», «lo haré cuando tenga más confianza en mí mismo/a», «cuando esté más fuerte», «cuando no tenga tantas inseguridades» o «cuando me vea capaz» es una sutil forma de autoengaño.

¿Por qué ahora no pero después sí? ¿Qué va a ser diferente la próxima vez?

La confianza en uno/a mismo/a no se consigue un día de golpe. Por desgracia no funciona así sino en el orden inverso. Tienes que hacer cosas A PESAR de hacerlas con miedo. Y a base de hacer, de intentarlo, de equivocarte y de acertar, las cosas van saliendo y vas ganando de a poco esa seguridad.

Éste es tan buen o mal momento como cualquier otro.

4. Empieza por lo menos difícil

La única manera de vencer el miedo a volar en avión es: volando en avión. Pero ¿a qué a nadie se le ocurriría comprar un vuelo de Madrid a Tokio como primer viaje de prueba para superar ese miedo?

Pues aplica el mismo sentido común a tu situación.

Hay trabajos que te van a exigir menos esfuerzo, que van más contigo, que te van a hacer sentir más cómodo/a.

En esto, sólo tú tienes las respuestas. ¿Qué cosas se te dan bien? ¿qué tipo de trabajos te gustan? ¿para cuáles te sientes más preparado? ¿o cuáles te dan menos miedo?

Elabora una lista de posibles empleos «menos ansiógenos» y empieza a intentar –de verdad- encontrar oportunidades. Haz justo todo lo contrario a lo que has estado haciendo hasta ahora. Entrega currículums, acude a las entrevistas y no rechaces trabajos (cuando la única razón para hacerlo sea por puro miedo).

Como los aviones cuando alcanzan la velocidad de no retorno: una vez que te pones en marcha, es más difícil parar o salir huyendo.

Pero si no puedes saltar el muro, quizás tengas que rodearlo. Prueba con alternativas.

Busca trabajos de media jornada en lugar de 40 horas semanales. Eso te dará la oportunidad de exponerte a los miedos pero te dejará margen para poder rebajar los niveles de ansiedad y volver al día siguiente con energía renovada.

O busca opciones de voluntariado, prácticas, becas… Algo que sea menos exigente y que no te presione tanto pero que te haga salir de casa y hacer frente a situaciones nuevas.

Lo que sea, pero algo.

5. Ni expectativas demasiado altas ni autoexigencias

Olvídate del “esta vez no puedo fallar” o el “es mi última oportunidad”.

Si pones condiciones al cómo tienen que ser las cosas para estar bien, lo más probable es que termines sintiéndote mal porque no salga como esperas.

Rara vez el camino es un camino de rosas.

Cuenta con que en ese nuevo trabajo tendrás días bajos, de recaídas, de inseguridades, de batacazos. Que habrá cosas que no dependan de ti (como las turbulencias en algunos vuelos -o los malos jefes-). Que cometerás errores y que la ansiedad aparecerá de nuevo en algún momento.

Cuando eso suceda, no entres en pánico, simplemente, recuerda que es parte del proceso. No se cambia de la noche a la mañana. Pero estás en ello.

6. Haz algo con tu tiempo

Mientras llega esa nueva oportunidad, no te quedes quieto/a. Peor que estar sin trabajo es estar sin hacer nada.

Si te abandonas, si te recluyes en casa y te pasas las horas autocompadeciéndote de tu vida, se hará más grande tu sentimiento de inutilidad y será fácil caer en estados depresivos.

Aprovecha para llenar tus días con cosas que merezcan la pena, que te impulsen, que den sentido: Lee, haz ejercicio, aprende un idioma, sal a pasear por la naturaleza… Invierte en ti mismo

Tengo ansiedad en mi trabajo

Para algunas personas su trabajo es su infierno en la tierra.

Pasan noches de insomnio dándole vueltas a lo que van a tener que hacer al día siguiente; se despiertan con el corazón a mil cuando suena el despertador; van al trabajo como si fueran corderos camino del matadero; y sufren horrores desde que entran hasta que salen de allí.

¿Es tu caso?

1. Que tu trabajo no te diga lo que vales

En el fondo del fondo del fondo, el problema tiene su raíz en una idea que te está haciendo mucho daño: «valgo por lo que hago».

Cuando de pequeño te preguntaban qué querías ser de mayor o, cuando de mayor, las personas te preguntan «¿a qué te dedicas?» te hacen creer que tienes que hacer algo, para ser alguien.

Pero no es así. Tu valor como persona está más allá de lo bueno o malo que seas en tu trabajo, de tus logros, de tus éxitos, de tus capacidades. En realidad no tienes que demostrar nada a nadie. Ni siquiera a ti mismo/a.

Cuando seas capaz de quererte (incluso cuando estés sin trabajo, o con un trabajo mal visto, o mal pagado), no le darás tanta importancia al qué estás haciendo ni a lo que piensen los demás.

Eres suficiente, seas o no el trabajador del mes de tu empresa.

2. Mata a tu tirano perfeccionista

El perfeccionismo tiene mucho que ver con la ansiedad en el trabajo, así que una de las primeras cosas que vas a tener que hacer para dejar de pasarlo mal es, precisamente, eso: rebajar tu nivel de perfeccionismo.

Para los no-perfeccionistas es muy fácil. Te dicen que no te compliques, que piensas demasiado, que no pasa nada por equivocarte, que las cosas -mejor hechas, que no hechas-.

Pero tú lo intentas y cada vez que cometes un error o haces algo mal, aparece la vocecita de tu cabeza para atormentarte. Para hacerte sentir el último de la clase y el más tonto de la empresa.

En realidad, tienen razón: la única manera de bajarle decibelios a la maldita voz de tu tirano es vincularse a la acción y desvincularse del resultado. Hacer. Tomar decisiones, sin entrar en bucle. Y aceptar que eres humano y falible, un error no es un crimen, no has matado a nadie.

Aprende de los más pasotas. Cierta dosis de «no es tan importante» nunca viene mal. Y una buena de dosis de humor, también. «Vale, soy el más tonto de la empresa, ¿y qué?».

3. Rompe el patrón

Querer no volver a tener ansiedad en el trabajo no es realista. Tal vez tengas que reajustar tu objetivo y entender que no se trata de no bloquearse sino de aprender a desbloquearse.

Oirás una palabra de desaprobación, tendrás un mal día de esos en los que no das pie con bola o tu jefe te dirá que has hecho algo mal y, sí, aparecerán por inercia tus viejos patrones de respuesta y te verás de nuevo bloqueado/a por la ansiedad.

Prevéelo y piensa de antemano qué tipo de acciones puedes llevar a cabo para romper con el patrón. ¿Ir al baño?, ¿hacer un par de respiraciones profundas? ¿dejar lo que estabas haciendo y ponerte con algo más fácil hasta que puedas retomarlo?.

Busca tu «kit anti-ansiedad» y echa mano de él cada vez que lo necesites.

4. La regla del «un día más»

Hace unos meses (-en los meses de no calor-) fui a pasar el día con unas amigas a un pueblo de la costa. Teníamos muchas ganas de ver el mar y se nos ocurrió descalzarnos para pasear por la orilla. El agua estaba fría, muy muy fría, tanto que dolían los pies. Recuerdo que mi primer impulso fue volver a ponerme las zapatillas y caminar por la arena. Pero no lo hice. Seguí caminando por el agua y, unos cuantos pasos después, ya no estaba fría, ya no dolía. Disfruté como una enana.

Te cuento esta anécdota para que entiendas por qué a veces es bueno tener cierto aguante al agua fría- al dolor-al miedo- a la ansiedad.

Las sensaciones desagradables dejan de serlo si permaneces el tiempo suficiente en ellas.

Si no abandonas, puede llegar el día en el que te sientas bien en esas situaciones del trabajo que ahora te resultan incómodas (o, directamente, insoportables).

Aplica la regla del «un día más».

Cuando estés en pleno pico de ansiedad porque todo te está saliendo torcido y te entren unas ganas locas de huir y de dejarlo, no te aceleres. Ponte la condición de no tomar la decisión en caliente. «Hoy no, voy a probar un día más».

Funciona porque si lo piensas mirando a lo lejos, te sobrepasa. En cambio, pensar «un día más» te da la fuerza de intentarlo. Es algo asumible, te ves capaz de soportar «sólo un día más».

Además, lo bueno es que no todos los días son días malos ni tienes la ansiedad por las nubes ni sufres. Alternando los días malos con los buenos, es cuando te vas dando la oportunidad de enfrentarte a la situación, de coger más confianza en ti y de matar al miedo.

5. No te mereces estar mal por esto

¿De verdad crees que esa mierda de trabajo merece tus lagrimas y los malos ratos que te llevas?

Puedes hacer frente a este miedo desde el cabreo. Si no les gusta como trabajas, si de verdad tan mal lo estás haciendo, que sean ellos los que te echen.

Aprende también a decidir hasta cuándo y hasta dónde. Todos sabemos que hay ser responsables y no abandonar al primer traspiés pero nunca a costa de tu salud. Si cruzas esa línea y la situación te supera, plantéate si merece la pena seguir así.

Una retirada a tiempo a veces es la mejor decisión .

No pasa nada, no lo conviertas en un fracaso, en un motivo más para flagelarte. Quizá no es tu momento o no es el trabajo que ahora puedes hacer. Cuando vuelvas a verte con fuerzas, vuelve a intentarlo de nuevo.

Nunca, ninguna, es la última oportunidad que tienes.

6. Eres más fuerte de lo que crees

La gente asocia tener miedo al trabajo con personas débiles pero qué equivocados están.

¿Quién es capaz de enfrentarse todos los días (-día sí y día también-) a sus miedos?.

Los que tienen vértigo a las alturas, no se suben a la Torre Eifell y viven su vida con pie en tierra firme. Se pierden una experiencia que tal vez les gustaría tener pero, si no se ven capaces de hacerlo, lo evitan y nadie les señala con el dedo.

Tú no. El miedo al trabajo no es algo que se pueda esquivar. Tú estás ahí, al pie del cañón. Intentándolo una y otra vez. Reconócete el mérito.

***

¿Qué otras estrategias utilizas para hacer frente al miedo al trabajo? Cuéntanoslo en los comentarios y ayuda a otras personas. Siempre podemos aprender de lo que han hecho otros para superar la parte en la que nosotros estamos encallados.

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Qué es el miedo al trabajo: causas y consecuencias

La ergofobia o miedo al trabajo consiste en el sentimiento de intensa ansiedad que experimenta una persona cuando tiene que acudir y permanecer en su lugar de trabajo. Este temor irracional cursa con unos niveles de ansiedad muy elevados que pueden llegar a tomar la forma de crisis de pánico. Cualquier persona en un momento dado puede sentirse inquieta, insegura, o con cierto temor a ir a trabajar, pero cuando este miedo dura demasiado tiempo, y es lo suficientemente intenso como para que la actividad laboral provoque un malestar constante, deja de ser un miedo convencional para convertirse en ergofobia.

Causas del miedo al trabajo

La ergofobia o miedo al trabajo es un tipo de fobia específica que aparece en mayor medida en individuos que presentan un elevado rasgo de ansiedad, porque este tipo de personas tienden a interpretar como amenazantes un amplio número de situaciones, constituyendo un ejemplo de las mismas diferentes factores relacionados con el trabajo, como por ejemplo: las relaciones con los jefes o compañeros, el nivel de competencia que se posee para realizar las tareas asignadas, consecuencias que se podrían derivar de sus errores, etcétera. Dicha interpretación de amenaza conlleva un incremento de los niveles de ansiedad, con la consecuente puesta en marcha de diferentes conductas de evitación (no acudir al trabajo), o escape (marcharse).

Pero, ¿por qué aparece este pánico a acudir al puesto de trabajo? Para explicarlo debemos recurrir a experiencias negativas que la persona puede haber vivido durante el desempeño de su actividad profesional, tras las cuáles, y combinadas con su rasgo de ansiedad, ha desarrollado un miedo fóbico a su trabajo (modelos de aprendizaje clásico). Algunos ejemplos de ello son:

  • Haber tenido una discusión importante con un superior.
  • El acoso laboral o intimidación por parte de algún compañero.
  • La vivencia de una crisis de ansiedad (por ejemplo, al sentir la presión de no ser capaz de realizar sus tareas o alcanzar los objetivos asignados por la empresa).
  • Sentir un malestar muy intenso durante su jornada laboral (por ejemplo por tener que hablar en público; o bien un empleado de cierta edad al que le cuesta adaptarse a las nuevas tecnologías utilizadas en su desempeño profesional).

En otras ocasiones, el paciente no ha vivido por sí mismo un evento traumático, sino que lo ha observado o se lo han contado, desarrollando él mismo un miedo a padecer las mismas consecuencias que el sujeto observado (modelos de aprendizaje vicario y observacional). Ejemplo de esto sería haber sido testigo de las represarías que se han tomado contra otros compañeros cuando han cometido determinados errores de trabajo, o haber escuchado comentarios realizados por los mismos acerca de algo malo que les ha ocurrido durante su jornada laboral.

Finalmente, para explicar por qué se mantiene esta fobia en el tiempo deberemos de tener en cuenta las consecuencias del problema (modelos de aprendizaje instrumental), ya que algunas personas pueden obtener beneficios directos de la ergofobia (por ejemplo, suscitar una mayor atención por parte de otras personas –ya sean familiares o compañeros–), o beneficios indirectos, es decir, que les permitan librarse de tareas o situaciones que pueden suponerles malestar (por ejemplo, que les faciliten trabajos más sencillos, que no les obliguen a asumir responsabilidades o que les dejen salir antes del trabajo).

Consecuencias de tener miedo a ir al trabajo

En lo que se refiere a las consecuencias de la ergofobia (miedo al trabajo), son evidentes en lo que respecta a la actividad profesional. Las más destacadas tienen que ver con el rendimiento laboral (la calidad de su trabajo es peor, o le lleva más tiempo poder realizarlo), sufren bajas laborales reiteradas que hacen que se acumule el trabajo, o interfiera en el funcionamiento del mismo (especialmente si hablamos de un trabajo en equipo), así como frecuentes problemas con compañeros o superiores, debido a la falta de comprensión del trastorno que padecen.

Las repercusiones negativas de tener pánico al trabajo, sin embargo, no terminan en el ámbito profesional, ya que muchas veces las relaciones personales y familiares también se ven afectadas. El paciente se siente triste (pudiendo llegar a padecer un trastorno depresivo si no recibe tratamiento), experimenta ansiedad anticipatoria cuando se aproxima el momento en el que debe volver al trabajo (por ejemplo, los domingos por la tarde, o unos días antes de finalizar sus vacaciones), así como elevados niveles de irritabilidad que, junto a los posibles problemas económicos por el bajo rendimiento laboral, pueden dar lugar a problemas familiares y aislamiento social.

Hoy en día, los cambios de trabajo son algo habitual. La práctica actual de traslado de personal, también denominada rotación, obliga a los trabajadores de todos los sectores y niveles no solo a ofrecer una mayor flexibilidad, sino también a asumir continuamente nuevos proyectos y funciones. Y es que este carrusel perfectamente organizado cada año gira más y más rápido.

De media, los trabajadores cambian a un nuevo empleo, ya sea interno o externo, cada 2 años y medio. ¿Los inconvenientes? Cerca de un tercio falla en este arriesgado cambio de roles en los primeros 12 meses. A menudo, el destino decide el éxito o fracaso del cambio de trabajo en los primeros 90 días. ¿Cómo se puede sobrevivir a este doble periodo de prueba?

En un nuevo trabajo: Consejos de supervivencia para los primeros días

  1. El primer día en un nuevo trabajo es como el primer día de colegio, solo que sin mochila. No conoces el edificio, ni a tus nuevos compañeros, ni tus tareas. Como «el nuevo» de la empresa, estás en una posición difícil; debes encontrar tu sitio en el equipo y tus compañeros se tienen que acostumbrar a ti.
  2. La realidad es que los recién llegados no son recibidos en el equipo con flores y los brazos abiertos. Si hay mucho que hacer, el nuevo representa una carga porque primero tiene que integrarse. Y esto cuesta tiempo y esfuerzo, pudiendo incluso llegar a desestructurar el grupo. En ese caso, el nuevo se convierte en un problema.
  3. Da igual si quieres cambiar de trabajo o empezar tu carrera profesional de cero, los primeros 90 a 100 días son esenciales, especialmente porque estás bajo vigilancia constante.

Claro, todos hemos pasado por esto alguna vez… Así que puedes partir de la base de que tus compañeros al principio comprenderán todo esto:

  • Aportas una gran cantidad de conocimientos especializados (por eso te han contratado).
  • Estás nervioso y te sientes inseguro.
  • Aún no conoces la estructura de la empresa.
  • No sabes nada de los procesos de trabajo ni las jerarquías.
  • No tienes ningún contacto en la empresa.
  • Aún no conoces las leyes no escritas.
  • Vas a cometer errores y a formular muchas preguntas.
  • Estás muy motivado.
  • Eres objetivo (no tienes prejuicios) y traes ideas frescas.

Pese a estas concesiones, el hecho de ser nuevo no te convierte automáticamente en el preferido de todo el mundo. Puede que el jefe te haya contratado para apretar las tuercas al personal. O puede que le hayas robado el puesto a alguien que también lo quería. En estos casos solo sirve una cosa: una conversación directa y abierta a solas con las personas afectadas si tienes la sensación de que están molestas contigo. Mantente firme pero cordial.

Son sobre todo los más jóvenes los que más tienden a tirarse a la piscina sin mirar si hay agua y a colocarse en posiciones para las que no están suficientemente preparados. No es muy sensato empezar un nuevo trabajo con una idea preconcebida sin, al menos, conocer bien las condiciones de antemano. No es raro que existan diferencias entre la empresa que se te presenta en la entrevista y la empresa real.

Periodo de gracia: 9 consejos para los primeros 90 días

Existen un par de normas básicas para los primeros 3 meses que merece la pena cumplir. Naturalmente, se trata de puntualidad y una vestimenta adecuada. Respecto a la etiqueta, se puede aplicar la norma general de que, en caso de duda, al principio es mejor pecar de elegante que de informal. Y es que, al fin y al cabo, la primera impresión deja huella, una que dura mucho tiempo, y no tiene sentido tener que invertir fuerzas en volver a restaurarla.

Por lo demás, durante los primeros 90 días de prueba es importante encontrar el correcto equilibrio entre especialización y adaptación, porque, aunque los demás te vean como a un experto, debes integrarte en el equipo.

Las siguientes 9 recomendaciones suelen resultar muy útiles para ello:

  1. Prepárate a conciencia. Aquellos que aclaran las condiciones relativas al entorno de trabajo de antemano suelen empezar con una sensación positiva y estar más relajados en su primer día. Habla con tu futuro jefe sobre los primeros días: infórmate sobre el proceso de integración y pide material para poder prepararte. Familiarízate también con las formalidades: ¿voy a necesitar autorizaciones de acceso? ¿Dónde hay aparcamiento?
  2. Analiza la situación inicial. Al esperanzador nuevo fichaje se le puede haber asignado una tarea «desafiante» contra la que otros se han dado de bruces antes. En este caso, es un error descubrirlo demasiado tarde. Por eso, deberías plantearte antes estas preguntas de autocrítica: ¿cuáles son mis fortalezas?, ¿cuáles son esenciales para esta tarea?, ¿cuáles son las fortalezas del equipo?, ¿cuál es la vía más rápida para alcanzar juntos el éxito?. Y sobre todo: ¿cuál es la tarea más urgente e importante que debo resolver primero?
  3. Haz preguntas. Que no te dé vergüenza preguntar sobre temas organizativos. Tu primera semana sirve para que conozcas la empresa y te familiarices con los procesos de trabajo. Es mejor preguntar primero cómo hacer algo, antes que hacerlo por tu cuenta y cometer un error. Sin embargo, antes de pedir ayuda a un compañero, asegúrate de buscar una solución previamente, por ejemplo en Internet o en la Intranet de la empresa.
  4. No hagas promesas. Muchos compañeros suelen tener una idea preconcebida de qué es lo que el nuevo debe hacer. A menudo se trata de deseos, esperanzas o ideas (en ocasiones incluso irracionales) que, no obstante, no son tareas que se deban solucionar de inmediato. Por eso no es muy inteligente empezar, según accedes a tu nuevo puesto, a hacer promesas que no vas a poder cumplir después, a medida que vayas descubriendo la política y la cultura de la empresa, que al principio desconocías. Esto solo sirve para provocar enfados y ensuciar tu propia imagen de forma innecesaria.
  5. Entabla contactos. Nadie puede conseguirlo todo solo de buenas a primeras. Aquellos que cambian de trabajo deben esperar cierto grado de oposición, por ejemplo, de competidores derrotados. La herencia dejada por tu predecesor, un competidor enfadado, un jefe informal… Los trabajadores nuevos demasiado resueltos casi siempre acaban encontrándose con obstáculos que les hacen darse cuenta de que han tardado demasiado en establecer una red de contactos personales (incluso ya desde antes de empezar). Por eso deberías emplear momentos como los almuerzos en grupo para charlar e interesarte por tus nuevos compañeros.
  6. Demuestra tus ganas de trabajar. Está claro que tienes que realizar todas las tareas que se te encomiendan rápido y con esmero. Pero también puede ocurrir que las termines más rápido de lo esperado o que haya menos trabajo del que se quisiera. Durante estos tiempos muertos evita quedarte de brazos cruzados. A menudo sirven (de manera no oficial) para poner tu compromiso y motivación a prueba. Ofrécete a ayudar, donde sea. De esta forma te presentarás como un compañero atento y como un trabajador independiente, en el sentido estricto de la palabra.
  7. Aporta ideas. Pero de forma considerada y conjunta. Sobre todo, si te han contratado como jefe. Los trabajadores quieren saber lo antes posible hacia dónde se dirige el barco. Pero también quieren saber qué roles les esperan. A menudo, los cambios de estrategia se suelen considerar insensibles y desproporcionados: o van demasiado rápido, o son demasiado unilaterales o resultan demasiado menospreciativos, porque el recién llegado lo quiere cambiar todo de golpe. Sigue estas recomendaciones de cara al resto de tus nuevos compañeros: no intentes imponer tus propias y revolucionarias ideas en tiempo récord. Esto no se entiende como una muestra de compromiso, sino de arrogancia y enturbia los ánimos y tu reputación. Para evitarte a ti y a tus compañeros un nivel de exigencia excesivo y muchos disgustos, encuentra el equilibrio correcto entre estabilidad y cambio. Preferiblemente a base de escuchar a los otros.
  8. Ten en cuenta el momento. Un cambio de trabajo fructífero no es una carrera contrarreloj, sino un proceso. Tienes que mantener tu nuevo puesto más allá de los primeros 90 días y todo depende de cómo dosifiques tu energía y cómo definas tus prioridades. Lógicamente, también durante los primeros 90 días (90, no 9).
  9. Aprovecha los rituales. Mantén los ojos abiertos y observa. De este modo descubrirás las leyes no escritas y las jerarquías en tu nuevo trabajo. Presta atención a cómo se relacionan unos compañeros con otros, si existen rituales definidos y cómo los puedes usar en tu beneficio. Como nuevo líder del equipo puedes, por ejemplo, recibir a los participantes por su nombre en las reuniones conjuntas («¡Vaya, ya nos conoce!») o asumir personalmente las tareas más incómodas («¡Está dispuesto a todo!»). Estos actos simbólicos no solo transmiten tus valores, sino que también se registran a nivel emocional y resultan bastante más poderosos que las palabras.

Un repaso de los primeros 3 meses

En general, los primeros 90 días, o los primeros 3 meses, se pueden resumir así:

  • Primer mes: Hacer preguntas, escuchar, observar e integrarse donde sea necesario. Los primeros 30 días deben servir sobre todo para familiarizarte con la empresa, su cultura, su organización, los nombres y las jerarquías.
  • Segundo mes: Ahora llega el momento de entablar relaciones y contactos y de encontrar tu sitio en la empresa y en los equipos y grupos sociales individuales. Sin embargo, cuidado con quién entablas amistades. A menudo son los más criticones y reticentes los que más abiertos se muestran con los recién llegados. Sin embargo, no suelen ser buenos ejemplos ni buenas compañías a la hora de hacer carrera.
  • Tercer mes: Una vez que has ganado la confianza suficiente, por fin puedes probar tu valía. Demuestra tu creatividad y competencia para resolver problemas, pero con delicadeza, sin comprometer a tus compañeros.

de Jochen Mai

¡QUÉ MIEDO, EMPIEZO MAÑANA!

¿Cómo serán mis compañeros? ¿Caeré bien? ¿Qué ropa me pongo?…

Aunque no es definitiva, la primera impresión es crucial. Recuerda que nunca tendrás una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. Ya has conseguido el trabajo y ahora te toca empezar en un nuevo centro, con nuevos compañeros, jefes y clientes. ¿Cómo me tengo que comportar en mi primer día? ¿Qué actitud tengo que tener durante mi primera etapa profesional?

Tener nervios en el primer día de trabajo es algo, no sólo normal, sino que deseable siempre que seamos capaces de controlarlos. Más aún si te encuentras en tu primera o primeras experiencias profesionales. Vas a formar parte de un entorno nuevo, por lo tanto los nervios te ayudaran a mantener un nivel de lucidez mental adecuado. No obstante, al igual que en su momento te preparaste la entrevista has de tener en cuenta una serie de puntos en tu primer día de trabajo.

Recopila información previa: En la entrevista no es el momento más oportuno para preguntar ciertos asuntos. Aunque en tu primer día todo está perdonado, puede resultarte útil preguntar por teléfono aspectos como el código de vestimenta, o la disponibilidad de cantina y/o microondas. Conectarás más fácilmente si vistes con el estilo de tu departamento y si compartes con tus compañeros el tiempo de comida.

Llega con antelación: A lo mejor cuando hiciste la entrevista fuiste a última hora de la mañana o de la tarde. Ten en cuenta el tráfico y el tiempo que tardarás en hora punta para llegar con 10 minutos de antelación en tu primer día.

Prepárate una breve presentación: En los primeros días te presentarán a muchas personas que seguro quieren saber algo más de ti o te harán las preguntas de cortesía. Ensaya 2-3 frases sobre quién eres, experiencia previa, situación académica y qué puedes aportar.

Recuerda los nombres: Aunque es prácticamente imposible aprenderse los nombres de todas las personas, presta atención a las personas cuando te las presenten. Si has de dirigirte a ellas y no recuerdas bien cómo se llamaban, pregunta a un compañero. Como decía Dale Carnegie, “el nombre de una persona es para ella el mejor sonido posible”.

No juzgues: En ningún momento es conveniente juzgar a los compañeros de trabajo y menos aún en tu primer o primeros días. Tendrás tiempo para identificar los roles de cada compañero y de conocer mejor a los jefes. Tú has de causar una buena primera impresión, pero no has de dejarte llevar por primeras impresiones.

Sé humilde: No es momento para hablar de tus logros en la universidad o trabajos anteriores. Aunque no sea tu intención, puedes dar imagen de prepotencia. Escucha la historia de la empresa, del departamento y de tus compañeros. Demuestra interés y elogia los esfuerzos y la manera de trabajar. Tiempo habrá para aportar ideas de mejora. Escucha y acepta consejos. Durante las primeras semanas o incluso meses, no trates de impresionar ni de ir de sabelotodo

No aparentes: En nuestros primeros días estamos ansiosos por caer bien a nuestros compañeros. Si no eres extrovertido, no te fuerces en serlo. Piensa que va a resultar complicado comportarte de una manera que no eres durante toda la relación laboral. No obstante, si eres tímido, evita aislarte. Aprovecha que los primeros días tus compañeros pueden empatizar más contigo. Entabla conversaciones fáciles sobre su experiencia, tiempo en la empresa o cómo fueron sus primeros días. Los temas más personales, déjalos para más adelante o para cuando te den pie a hablar de ellos

Sé positivo: Los primeros días es normal que la gente se preocupe por “no meter la pata”. Si focalizas la atención en un objetivo negativo, te creas inseguridad y aumentas la posibilidad de cometer esos errores que estás tratando de evitar. Relájate y respira hondo. Si te han elegido a ti para empezar es porque creen que vas a desempeñar bien el trabajo. Cambia tu mensaje interno del “no tengo que meter la pata” por “voy a escuchar todas las instrucciones y preguntar cuando tenga alguna duda”. Tu confianza y tus nervios te lo agradecerán

Espera a ser invitado: Si se hace una pausa para el café o la comida, no te unas a un grupo si no te han invitado. Aunque ya las sepas, puedes dar pie a esa invitación preguntando directamente cuáles son las costumbres para el almuerzo o si hay alguna máquina de café donde ir a desconectar cinco minutos.

Fin de la jornada: Es probable que los primeros días tengas que leer mucha información, por lo que tienes cosas en las que invertir tu tiempo. La hora de salida puede ser flexible, por lo que procura no ser el primer en irte. Antes de hacerlo, avisa que te marchas y si puedes ayudar en algo más.

Sonríe: No solo en tu primer día, sino en toda tu estancia en la empresa. Y no sólo en el ámbito laboral, sino también en el personal. Si sonríes, tu cerebro interpreta que estás contento y liberará sustancias capaces de alegrarte. Además ganarás en confianza en ti mismo y se abrirán más puertas para establecer nuevas relaciones, ya sean personales o profesionales.

Estos consejos te pueden valer para el primer día y para meses sucesivos. Depende de la rotación que haya en el departamento, puede que se tarde tiempo en quitarse el cartel de “el nuevo, la nueva” No te preocupes, aprovecha todo ese tiempo para aprender e integrarte. Seguro que al poco tiempo, serás aceptado como un trabajador más y desempeñarás el papel más beneficioso para ti y tu departamento. ¡ A POR ELLO!

Pablo Sastre Pacheco

Licenciado en Psicología, Master en RRHH y Master en Alto Rendimiento y Coaching Deportivo. 10 años de experiencia en Selección, Formación y Desarrollo de talento en distintas empresas.

10 consejos para tu primer día de trabajo

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Si acabas de conseguir un nuevo trabajo, en primer lugar enhorabuena. A menos que seas una persona impasible, es probable que estés un poco nervioso antes de tu primer día. . Empezar con buen pie es una de las claves.

Si tienes dudas sobre cómo actuar y qué hacer en tu primer día, estos consejos te ayudarán a causar una primera buena impresión:

1. Duerme bien

No te acuestes tarde el día antes de empezar tu nuevo trabajo. Dormir poco es un gran enemigo de la productividad y el estado de ánimo. Intenta dormir al menos 7 horas para estar al 100% en tu primer día y acostumbrar al cuerpo a tu nuevo horario.

2. Infórmate sobre la empresa

Si has seguido las buenas prácticas de una entrevista de trabajo, este punto ya lo tendrás cubierto. Informarte bien sobre la compañía es clave para causar una buena impresión y mostrar tu interés por la empresa. También te permitirá estar más preparado para integrarte con más facilidad en las conversaciones y responder posibles preguntas que puedan hacerte

3. No llegues tarde

Llegar tarde en tu primer día, aunque hayas tenido algún imprevisto, puede causar muy mala impresión.Planifica bien tu horario y tiempo de trayecto al trabajo para contemplar posibles imprevistos y asegurarte de que llegas puntual. Si puedes, llega incluso 10 minutos antes.

4. Viste acorde con la compañía

Vestir con americana si trabajas en un lugar informal puede hacerte desentonar, pero vestir demasiado informal también es arriesgado, sobre todo si trabajas en un ambiente ejecutivo. Lo ideal es encontrar un punto medio acorde con la compañía. Recuerda cómo iban vestidos cuando acudiste a la entrevista de trabajo e intenta elegir la ropa que más encaje con los valores de la empresa.

5. Toma notas

El primer día de trabajo te presentarán a muchos compañeros nuevos y sus funciones dentro de la compañía. A menos que tengas una memoria de elefante, lo más probable es que no recuerdes todos los nombres y vayas un poco perdido los primeros días. Trae un bloc de notas o teléfono contigo para anotar los cargos y nombres más importantes con los que trabajarás de cerca. Si no recuerdas un nombre al principio, no tengas miedo a preguntar. Los compañeros comprenderán que eres nuevo y es imposible que recuerdes los nombres de todos.

6. Socialízate

Para causar una buena impresión e integrarte en el equipo es importante que te socialices con tus compañeros de trabajo.Adáptate a sus rutinas y pregunta proactivamente a tus compañeros si tienen planes para comer ese día. Una comida de equipo es una buena manera de romper el hielo y empezar a conocer la cultura de la empresa.

7. Evita los rumores

Si ves que hay personas que critican a compañeros internamente intenta cambiar de tema para evitar formar parte de posibles rumores. La rumorología en el trabajo es muy peligrosa. No sólo impide la sinergia entre equipos, sino que incluso puede llegar a costarle a uno el puesto de trabajo.

8. Pregunta con moderación

El primer día te surgirán muchas preguntas y dudas sobre el cargo y las dinámicas de la empresa. Aunque es importante que las aclares durante los primeros días, no abuses de las preguntas ni interrumpas demasiado a tus compañeros. Pedir ayuda los primeros días es importante, pero siempre respetando los tiempos de los demás.

9. Revisa las políticas internas

Cuando firmes el contrato con Recursos Humanos, asegúrate de preguntar cualquier duda que puedas tener en relación a las condiciones de tu contrato, los beneficios, el salario o las vacaciones. Confirma también los horarios establecidos para tu cargo e infórmate de las políticas internas de la compañía para asegurarte de que cumples con ellas.

10. Muestra una actitud positiva y sé agradecido

Evita a toda costa hablar de tus problemas personales en el trabajo.Muestra siempre una actitud positiva e intenta dar las gracias siempre que puedas. Ser agradecido en el trabajo te abrirá muchas puertas.
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Consejos para tu primer día de trabajo

No hay decálogos mágicos ni recetas milagrosas. Pero es cierto que el primer día de trabajo es fundamental para que jefes y compañeros se lleven una buena impresión de ti. Lejos de tratar de impresionarles, bastará con que ese día no metas la pata. Te contamos algunos consejos. Ojalá la información que aquí te damos te resulte útil. Significará que empiezas en un nuevo trabajo.

He aquí nuestro particular decálogo de consejos prácticos para tu primer día de trabajo:

Sal de casa con tiempo de antelación si no vas habitualmente hacia la zona donde se encuentra tu nuevo lugar de trabajo. Sería muy incómodo que el primer día te perdieras o llegaras tarde. Independientemente de que conozcas mejor ó peor el camino ten en cuenta que es recomendable que llegues al menos 15 antes de la «hora de fichar» para hacerlo con tranquilidad.

Relájate. Es tu primer día de trabajo. Ya has pasado el proceso de selección. La empresa ha demostrado que confía en ti. En el primer día de trabajo lo más importante es lo que puedas aprender.

Prepárate alguna pregunta de tipo práctico. Seguramente te van a explicar muchas cosas y lo más importante es que escuches atentamente. Pero también deberías hacer alguna pregunta ya que de esta forma demostrarás curiosidad y deseo de aprender. Toma nota si fuera necesario de lo que te digan pero no pidas que te repitan nada.

Prepara un elevator speech para contar en 30 segundos quién eres, qué hacías antes y cuál es el trabajo que vas a desempeñar en la empresa cuando te pregunten tus nuevos compañeros de trabajo.

Estudia el paisaje social y las jerarquías. Observa cómo se toman las decisiones. En todos los trabajos hay distintos grupos. Y no siempre se llevan bien. Es inevitable. No te dejes llevar por la primera impresión. Ya tendrás tiempo de identificarte más con unos o con otros.

En caso de dudas, sé conservador. Tanto en lo que digas como en lo que hagas. También en la manera de vestir. E incluso en la manera de presentarte a los demás. En cada tipo de trabajo la etiqueta dicta si debes dar la mano ó es mejor dar dos besos a las personas que te presenten. Una vez te hayas decidido por una de estas dos fórmulas, hazlo con naturalidad. Y recuerda, en caso de duda, sé conservador y opta por dar la mano.

Pregunta no sólo cuáles son tus responsabilidades sino también qué se espera realmente de ti.

Pon tu teléfono móvil en silencio. Es importante que demuestres a tus jefes que en la oficina pueden contar 100% contigo.

No seas tímido ni tampoco te esfuerces demasiado para impresionar a los demás. No es el día para ello. Además te estresará y transmitirás nerviosismo. Simplemente sé tú mismo, habla con tus nuevos compañeros y empieza a conocerlos. Por otra parte, su conocimiento de la empresa y su funcionamiento desde dentro te será fundamental. Por cierto, si los compañeros te invitan a almorzar con ellos, guarda para otro día la comida que trajiste en el tupper e involúcrate con tu nuevo equipo.

Sonríe. Por dos razones fundamentalmente. Porque tu primer día de trabajo es un momento feliz que tienes que disfrutar. Y porque una sonrisa te abrirá muchas puertas ya que la primera impresión que se lleven los demás de ti es fundamental. Recuerda que no se te va a valorar tanto por tus habilidades aún como por tu actitud. Todo el mundo quiere trabajar con alguien optimista y entusiasta a su lado.

Recuerda que es tu primer día de trabajo, no el último. No seas demasiado duro ni demasiado exigente contigo mismo porque eso te puede llegar a abrumar.

5 consejos para que tu primer día de trabajo sea un éxito

Ya te has reunido con tu reclutador y has conseguido tu primera victoria, ¡el empleo es tuyo! Sin embargo, tienes miedo a tu primer día de trabajo y andas con los nervios revolucionados. No te preocupes, esta situación es muy habitual y nos ocurre prácticamente a todos. Pero tenemos las claves para que superes la situación y obtengas otro éxito. Atento a estos 5 consejos para que tu primer día de trabajo sea un éxito.

Cómo prepararte antes de empezar en tu nuevo trabajo

¿Cómo será el nuevo jefe? ¿Qué ambiente laboral reinará en la empresa? ¿Cómo te recibirán los compañeros? ¿Sabrás estar a la altura? Todas estas preguntas pasan por la cabeza de la mayoría de las personas que consiguen un nuevo empleo.

De hecho, se han llegado a realizar encuestas acerca de esta cuestión y los resultados no dejan lugar a dudas. Alrededor de un 70% de los empleados sienten más miedo a su primer día de trabajo que a las entrevistas de selección.

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Así, seas una persona en prácticas u ocupes un puesto de CEO, está demostrado que la mayoría de nosotros pasamos por esta situación. La impresión de compartir un espacio con un jefe nuevo y compañeros que no conocemos de nada nos agobia.

A pesar de ello, puedes prepararte para ese momento, incluso antes de que llegue el primer día de trabajo. Como norma general, cuando pasas un proceso de selección transcurre un tiempo hasta que comienzas a trabajar.

Aprovecha esos días para informarte sobre la empresa, su política corporativa, la imagen de marca, qué opinan otros trabajadores… Utiliza internet y las redes sociales, te serán muy útiles para encontrar estos datos. Cuanta más información poseas menos incertidumbre tendrás y podrás afrontar tu primera jornada con más confianza.

Top 5 para tener un primer día de trabajo exitoso

Antes de nada debes pensar que has pasado todas las entrevistas y que has resultado ser la persona elegida para desempeñar un puesto. Esto quiere decir que ya han visto en ti unas cualidades que se adecuan al perfil que buscaban y que confían en que eres la persona idónea para el trabajo. ¡Así que refuerza un poco tu autoestima y vamos con los consejos!

  1. Puntualidad. Bajo ninguno de los conceptos se te ocurra llegar tarde en tu primer día de trabajo. De hecho, lo más conveniente es que estés en tu nueva empresa unos minutos antes de tu hora de entrada. Eso reforzará tu confianza y no te hará incrementar tu ansiedad por culpa de un retraso.
  2. La indumentaria. Si la entrevista la tuviste en la empresa, tal vez pudiste ver cómo iban vestidos los trabajadores. Procura copiar ese estilo: desenfadado, formal, clásico… Si no has tenido esa ocasión, no tengas miedo en preguntar antes del primer día cuál es el código de vestimenta de tu nueva empresa.
  3. Toma notas. Ve preparado con un dispositivo móvil o un simple bloc y toma notas de los datos importantes: passwords, horarios, rutinas… y, por supuesto, no temas preguntar.
  4. Predisposición. Mantén una actitud proactiva y predispuesta a aprender. Interésate por los detalles del puesto e infórmate acerca de los objetivos de la empresa.
  5. Ubícate. Haz un esfuerzo por retener los nombres de tus superiores y de los compañeros con los que trabajarás de manera más estrecha. Ubica también dónde está cada lugar: el despacho de tu jefe, la sala de reuniones, el sitio de la fotocopiadora, la cafetería…

Vencer tus propios temores

Además de estos consejos resultará muy importante que intentes vencer tus propios temores. Si no lo haces solo conseguirán lastrar tu valía y mermar tu autoconfianza. Piensa que, en unos días, estarás integrado y que estás pasando por una situación transitoria.

Lo más probable es que, una vez que llegues a la nueva empresa, en unos minutos de interrelación con el resto de personal, esos nervios se irán esfumando y la tranquilidad irá ocupando su espacio.

No olvides, en ningún momento, que es tu primer día de trabajo. Eso quiere decir que han confiado en ti y que estás capacitado para llevarlo a cabo.


Etiquetas: consejos, empleo

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